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AFEHC : articulos : Futuros deseados y temidos: representaciones sobre el porvenir político en la Centroamérica independentista, 1821-1824 : Futuros deseados y temidos: representaciones sobre el porvenir político en la Centroamérica independentista, 1821-1824

Ficha n° 3088

Creada: 27 julio 2012
Editada: 27 julio 2012
Modificada: 28 julio 2012

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Autor de la ficha:

David DíAZ ARIAS

Editor de la ficha:

Ronny VIALES HURTADO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Futuros deseados y temidos: representaciones sobre el porvenir político en la Centroamérica independentista, 1821-1824

Este artículo analiza la forma en que varios próceres de la independencia imaginaron el futuro de Centroamérica entre 1821 y 1824. Su objetivo es encontrar las particularidades de las representaciones sobre el porvenir; tanto aquellas que imaginaron un futuro deseado y feliz, como las que provocaron temor por lo que podría pasar una vez que se volviera real la emancipación política de las provincias que formaron el antiguo reino de Guatemala.
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Palabras claves :
Centroamérica, Independencia, Futuro político, Representaciones
Autor(es):
David Díaz Arias y Ronny Viales Hurtado
Fecha:
Junio de 2012
Texto íntegral:

1

Introducción

2 Este trabajo busca rastrear las formas en que algunos personajes vinculados con el poder político entre 1821 y 1824, divisaron lo que sería el futuro de Centroamérica después de la independencia. Su objetivo es encontrar las particularidades de las representaciones sobre el porvenir; tanto aquellas que imaginaron un futuro deseado y feliz, como las que provocaron temor por lo que podría pasar una vez que se volviera real la emancipación política de las provincias que formaron el antiguo reino de Guatemala. ¿Cuáles fueron esas representaciones? ¿Quiénes se refirieron a ellas y por qué? ¿Cambiaron esas imágenes en el periodo que va entre las declaraciones de independencias en 1821 y la fundación de la República Federal de Centroamérica en 1824? Si bien los rastros sobre el imaginario del futuro que se encuentran para este período son fragmentarios y es necesario buscarlos entre un conjunto de actas, notas, opiniones y manifiestos, es posible con esas pocas pistas leer la manera en que se podía percibir lo que sucedería, a partir de las subjetividades de los actores sociales estudiados que sin duda compartían un imaginario político regional.

3El periodo escogido está lleno de sucesos políticos ya conocidos1, aunque necesitados de una nueva exploración que ya forma parte de una agenda investigativa en construcción compartida, aunque no necesariamente planificada, por varios investigadores e investigadoras, algunos de los cuales ya han publicado algunas obras que permiten visualizar la riqueza de la actual reinterpretación histórica de la coyuntura de la independencia y la Federación2. En síntesis, se trata de un periodo que en alguna medida se inicia con la independencia mexicana y de Chiapas y Yucatán al precipitar la reunión del 15 de septiembre en Guatemala que, a su vez, encendió la llama de las declaraciones de independencia en las otras provincias del istmo y con ellas las deliberaciones acerca de las opciones políticas que se podían seguir. Es en ese espacio en donde se jugaba la representación y el imaginario de las elites sobre el futuro político.

Un futuro feliz, pero con esfuerzo

4Una visión sobre el futuro apareció prontamente en la época de la independencia en Centroamérica y fue sistematizada por el intelectual José Cecilio del Valle (1777-1834) en un ensayo que publicó en su periódico El Amigo de la Patria a finales de noviembre de 1821, es decir poco más de dos meses después de la declaración de la emancipación política de Guatemala. En la introducción de ese trabajo, Valle reconoció que su deseo era visualizar el pasado con miras a lanzarse “a lo futuro3”. Ese texto de Valle constituye un repaso por el choque entre la historia de España y la de América desde la conquista, que Valle realiza con el fin de justificar la independencia de la segunda4. El repaso de la sociedad colonial evidencia un deseo de Valle por subrayar el sometimiento de los indígenas y su separación de los españoles, así como la falta de libertad en la opinión; en palabras de Valle: “El derecho de hablar es natural como el de andar; y el de escribir es lo mismo que el de hablar. Pero no era permitido este derecho de la naturaleza. No había libertad de hablar: era coartada la de leer: se prohivia la de escribir; y no se conocía la de imprenta5”. El recurso del uso del pasado, le servía a Valle en este ensayo para dejar en evidencia la segregación social y la injusticia del sistema colonial y, por tanto, la necesidad de echarlo abajo. Para Valle, ese movimiento de derrumbe del orden colonial venía a América desde la misma Europa en forma de ideas y de revoluciones. Y justamente, con la independencia, era con lo que Valle pensaba que crecería el ideal del futuro: “Guatemala, colocada en el centro de los movimientos del medio día y del septentrión, recibió al fin el que era preciso que tuviese. Las dos Américas han proclamado su independencia; y este suceso grande, mas memorable que el de su descubrimiento, producirá en la marcha progresiva del tiempo efectos que lo serán también6”.

¿Cuál y cómo era el futuro que Valle imaginó a finales de 1821? En primer lugar, Valle idealizaba un futuro americano, es decir, soñaba con un porvenir continental. En ese sentido, Valle no particulariza sobre Guatemala sino sobre toda América unida. El gentilicio que utiliza constantemente en el ensayo citado es el de “americano”, sin más. En ese mundo futuro, como podría esperarse del contraste que Valle quería lograr con el pasado, América, una vez independiente, pondría fin a las injusticias creadas por el imperio español.

5En el orden en que presenta ese futuro, Valle parte primero de la explotación: “El nuevo mundo no será en lo futuro, como ha sido en lo pasado, tributario infeliz del antiguo. Trabajará el americano para aumentar los capitales productivos de su propiedad: trabajará para presentar al Gobierno, protector de sus derechos, las rentas precisas que exija la conservación del orden7”. El trabajo como promesa futura, empero, sería para el desarrollo interno y del gobierno local y no para el bienestar de un imperio en ultramar. El segundo nivel de esa promesa futura, conectado con el primero, era para Valle la libertad de comercio. Y junto a eso, la América del futuro se interesaría en abrir caminos, calzadas y puertos, lo cual produciría una auténtica revolución en el cultivo, al decir de Valle: “La agricultura que multiplica el número de espigas a proporción que se aumenta el número de consumidores, dilatará sus cosechas abriéndose el mundo entero a sus consumos. Las pendientes de los Andes: las faldas de esas montañas, las más elevadas del globo, serán cubiertas de frutos; y los campos que ostentan en vegetaciones inútiles la energía de su fecundidad, la manifestarán en plantas provechosas, origen de la riqueza8”. Esta visión antropocéntrica, que se fundamentaba en el potencial y el “derecho” de la sociedad para transformar la naturaleza en función de sus intereses, se convertiría en una ideología del desarrollo: las “vegetaciones inútiles”, como imágenes, eran percibidas así en función del desarrollo de la agricultura, del poblamiento de los territorios y de la construcción de vías de comunicación, elementos que posteriormente se consolidarían en un tipo de política agraria liberal9.

6Según Valle, en el futuro americano, “la riqueza distribuida sabiamente por la libertad”, permitiría que la población se multiplicara: “No habrá desiertos sin vida, ni campos sin verdor10”. La población, además, se alimentaría de migrantes europeos, de quienes el americano primero imitaría su “genio”, y, luego, se liberaría para crear por sí mismo. Además, la división producida por la sociedad colonial, cuyo profundo mestizaje Valle a propósito olvidó mencionar, sería revertida en el futuro en donde sí habría un cruce entre “los indios y ladinos con los españoles y suisos, los alemanes e ingleses” que serviría para poblar América, acabando con “las castas, división sensible de los pueblos: será homogénea la población: habrá unidad en las sociedades: serán unos los elementos que las compongan11”.

7Valle, como queda en evidencia, no menciona otras regiones del mundo en esa llegada masiva de inmigrantes al continente. Para él, el ingenio y el trabajo vendrían de Europa. Incluso, en un momento anota que ya no llegarían “negros a las costas de América”, indicando que la independencia y felicidad del Nuevo Mundo evitarían la esclavitud de los africanos12. Así, Valle no daba espacio para los afrodescendientes en el sueño futuro continental. Aún así, un elemento central que conviene destacar en ese futuro imaginado, es la creencia en que el mestizaje produciría homogeneidad y que esa homogeneidad daría como fruto la estabilidad. Se trata de una evidencia temprana de una asociación muy fuerte que pervivirá en la mente de los liberales centroamericanos durante todo el siglo XIX: la que planteaba que la manera de evitar la guerra civil, y particularmente la “lucha de castas”, era que el futuro debía impulsar el contacto y la reproducción entre los diversos grupos que habían salido de la época colonial13.

8Si Valle concibió ese futuro de encuentro a partir del desarrollo del comercio y la agricultura, su razonamiento con respecto a la cultura fue similar. Desde su posición, el desarrollo económico produciría un fuerte contacto cultural entre Europa y América que daría como resultado el reconocimiento mutuo de cada continente:

9“Las ciencias recibiendo luces de todos los pueblos en el comercio con todos ellos, harán progresos rápidos. La Europa que hasta ahora no ha existido para nosotros, será un mundo nuevo descubierto a numerosos ojos: desenvolverá todas sus riquezas: presentará todos sus conocimientos. La América no conocida mas que en la superficie de algunos puntos, será otro mundo, descubierto también a nuestra vista. Los sabios que no osaban penetrar regiones vastas asechadas para la desconfianza, vendrán a observar los tres reynos y derramar sobre ellos nuevas luces. Caerán los sistemas existentes, y se levantarán otros apoyados en bases más sólidas y observaciones mas numerosas. El americano dulce y sensible, dará su carácter a las artes y ciencias. Recordando su antigua esclavitud hará llorar a sus semejantes: cantando su libertad penetrará de dulce gozo a la especie entera. Su imaginación fecunda creará nuevos géneros de poesía y elocuencia, otras ciencias, modelos nuevos de sentimental, tipos originales de bello. Si en la temperatura feliz de Italia se escribió el arte de amar, en el clima dulce de Quito es donde se hermoseará, glosará y perfeccionará[14]”.

10En ese futuro feliz, según Valle, la competencia por el progreso de las ciencias sería ganada por América frente a Europa. Valle no dudaba que la “lengua Castellana” iba a transformarse hasta formar muchos dialectos en el Nuevo Mundo y que, al mismo tiempo, una vez que dejaran de ser oprimidos y cayera “el muro de la separación que los ha dividido de los ladinos y españoles”, los indígenas abandonarían sus lenguajes y hablarían un solo idioma que sería el “de todos15”. Es en ese nivel que Valle creía que se alcanzaría esa sociedad mejor, unida, con progreso, ilustrada e igualitaria en términos políticos:

11“Ilustrados con las luces de las ciencias: restituidos al goce de sus derechos: libres bajo un gobierno protector: iguales en una legislación justa e imparcial: sin reglamentos en la elección de trabajo, ni opresión en el goce de sus productos: ricos con el desarrollo progresivo de gérmenes nuevos de prosperidad, los Americanos conocerán al fin que son hombres: sentirán toda la dignidad de su ser: sabrán que el rico y el pobre, el sabio y el ignorante, el título y quien no lo tenga, Newton y el indio son hijos de una familia, individuos de una especie16”.

12En efecto, Valle imaginaba la igualdad del futuro en términos de una integración social igualitaria y del acceso a los derechos políticos, pero no en términos económicos. Es decir, la nivelación social se alcanzaría por medio de estos derechos políticos, puesto que desde su mirada, la ley sería el instrumento para la homologación de los habitantes de América. Así lo demarcó: “Habrá ricos y pobres, ignorantes y sabios… Pero el pobre y el millonario: el ignorante y el sabio serán iguales ante la ley17”. Por lo tanto, la desigualdad social y económica se naturalizaba en su pensamiento. La imaginación sobre ese futuro dichoso y parcialmente igualitario, incluso mudaría la fisonomía de los americanos, no solamente por el mestizaje predicho por Valle, sino porque la igualdad y la ciencia transformarían a los habitantes de la región: “Esos americanos tristes, y desmedrados que solo hablan ayes y suspiros se tornarán en hombres alegres, altos y hermosos como los sentimientos que darán vida a su ser. No serán humildes como los esclavos. Tendrán la fisonomía noble del hombre libre18”. Y ese cambio de humor y fisonomía, según Valle, harían desaparecer el crimen y harían “nacer la moral19”. Con todos esos cambios, como ya se anunciaba en varias partes del ensayo de Valle, América se tornaría en el centro del comercio y la cultura mundial. Así resumió Valle su visión del futuro del continente después de la emancipación:

13“La América será por último lo que debe ser. Colocada en la posición geográfica mas feliz: dueña de tierras mas vastas y fecundas que las de Europa: señora de minerales mas ricos: poblada con la multiplicación de medios mas abundantes de existencia; ilustrada con todos los descubrimientos del europeo, y los que estos mismos descubrimientos facilitarán al americano: llena de hombres, de luces, de riquezas y de poder, será en la tierra la primera parte de ella: dará opiniones, usos y costumbres a las demás naciones: llegará a dominar por su ilustración y riqueza: será en lo futuro en toda la extensión del globo lo que es al presente en Europa la rica y pensadora Albión – antigua forma de llamar a Gran Bretaña20”.

14Como queda claro, el futuro que imaginaba Valle estaba basado en cierta medida en el presente que divisaba o imaginaba para Europa y especialmente para el centro neurálgico de la Revolución Industrial21. Pero para que ese futuro fuese real, se precisaba lograr construir una unidad del gobierno y la ley que Valle idealizaba. Seguramente por eso, en los siguientes números de El Amigo de la Patria, Valle se refirió a la evolución de la ley y el gobierno en Europa y América y debatió sobre sus problemas históricos y sus bondades22. Valle imaginaba el futuro del continente comparándolo con el pasado de América y con el presente de Gran Bretaña y, al mismo tiempo, empeñado en dar herramientas para que ese futuro soñado fuese posible23.

Futuro deseado y temido

15El elogio a un futuro deseado y aparentemente real fue una expresión idealista de lo que significó el proceso de independencia para individuos como Valle. Seguramente, muchos de sus contemporáneos que tenían una posición social similar a la suya, compartían esa representación del futuro. Así, en ese marco, la independencia política inauguró un deseo general por destruir las diferencias sociales coloniales, al menos las jurídicas, para construir sociedades “mejores”. La idea era que un gobierno republicano fundaría las bases para que creciera una sociedad que fuese inclusiva e igualitaria en términos políticos, sociales y, en menor medida, económicos. De esa forma, según algunos de los próceres de la independencia centroamericana, en una sociedad independiente, se podría alcanzar más fácilmente la felicidad y la igualdad, ya que, en esa soñada sociedad independiente, no existirían ni hombres esclavos y tampoco provincias o ciudades esclavas. Como señaló Pedro Molina en un editorial de El Genio de la Libertad: “¡Bendita sea la independencia! ¡Ya no habrá más distinción entre los americanos que la que da el mérito y la virtud24!”.

16No obstante, como es evidente en lo escrito por Valle, la perspectiva de ese futuro deseado partía de una unidad geográfica grande que fundiera, como en el régimen colonial, todos los territorios americanos que se separaban del imperio español. El cura Dr. José María Castilla lo expresó así en un sermón que dio el 23 de septiembre de 1821 en la Catedral Metropolitana de Guatemala:

17“Si queréis que se prolongue este dichoso estado: si queréis que nuestros hijos pronuncien con ternura nuestros nombres bajo el frondoso árbol de la libertad, sofoquemos todo lo que pueda disolver nuestra unión: descansemos con seguridad en las manos de los gobernantes que dirigen nuestra nave política. No hay distinción entre ladino o indio, entre negro y blanco, entre europeo y americano: que la fraternidad y la paz, hijas predilectas de la libertad, estrechen más y más nuestros vínculos, y formen de todos nosotros un solo corazón, un solo deseo, una sola alma25”.

18Como se ve en este sermón, el deseo por la unidad partía de la idea de que no debía haber cambios políticos y de que debía haber una transición hacia un gobierno independiente sin alterar la paz (elemento central del discurso de Castilla) que había caracterizado el proceso de separación de Guatemala del imperio español. Esta apreciación hacía un aporte político importante, puesto que sobre esa paz relativa se construiría el orden que, fundamentado en la ley, pondría límites al conflicto, aunque no así a las desigualdades. Así, allí, en medio de ese deseo de unidad, radicaba también la otra cara del futuro, es decir, la de que no sucediera lo predicho y ocurriese lo contrario. Desde esa perspectiva, el futuro más que halagüeño podía volverse negro y no deseable si no se lograba el ideal de unidad, o bien si se alteraba la jerarquía política que se arrastraba del pasado colonial.

19Esa imagen del futuro no deseado, aparece por eso atada a la del futuro soñado aunque sea de forma obligada y marginal. Y si se revisan algunas reacciones que se desarrollaron en Centroamérica entre septiembre y octubre de 1821, por efecto de la independencia de Guatemala, es posible visualizar tanto el ideal del futuro mejor, como el que pedía cuidado con el camino que se tomaría. En ese sentido, la visión sobre el futuro está ya implícita al inicio del acta de Guatemala del 15 de septiembre cuando justifica la emancipación para “prevenir las consecuencias q. serían temibles en el caso de q. la proclamase de hecho el mismo pueblo26”. Esta acta fija, asimismo, el ideal de unidad futura al pedir a las provincias elegir y enviar diputados para formar un Congreso que se encargaría de decidir el tipo de gobierno y ley (bases de las que hablaría Valle en su artículo de noviembre de 1821) que debían regir en el futuro. Pero ese ideal de unidad también estaba expresado en la forma en que el acta reiteró que no habrían cambios políticos hasta que el Congreso determinara “lo q. sea mas justo y benefico” para el territorio, en la medida que decretaba que la religión católica seguiría siendo profesada como lo había sido en “los Siglos anteriores” y en el ruego a los prelados de “las comunidades religiosas” para que cooperaran con la “paz y sociego”, exhortando “a la fraternidad y la concordia” de forma que pudieran sofocar las “pasiones individuales que dividen los ánimos, y producen funestas consecuencias27”. Dos días después, ante el temor de que el futuro no fuera esa unidad, Gabino Gaínza publicó un bando en que, ya no como deseo sino como advertencia, indicó que toda aquella persona que intentara dividir “de palabra, o de hecho”, sería tratado como “perturbador público con arreglo a las leyes28”. El futuro imaginado, de repente, podía ser peligroso y en eso otra vez los protagonistas de la independencia en Centroamérica comparaban el presente-futuro con el pasado y buscaban en él ejemplos de cómo las transiciones o cambios habían llevado a la anarquía.

20El temor a la desunión fue confirmado por el acta de la Diputación Provincial de León de Nicaragua. De hecho, el primer punto de ese documento confirma la “absoluta y total independencia de Guatemala”. No obstante, en dicha acta también se insistió en la continuidad de las autoridades29. Pero el miedo a la separación futura era todavía más profundo y en esto, el caso costarricense puede dar varias pistas.

21El 14 de octubre de 1821 se reunió en San José un cabildo extraordinario, teniendo como invitado al gobernador de Cartago, Juan Manuel de Cañas quien presentó a los concurrentes las noticias sobre la independencia de Guatemala y la resolución de las autoridades de la Diputación Provincial de León de esperar a que se aclarasen los nublados del día. Cañas pidió entonces que se votase nominalmente qué camino político seguiría la ciudad de San José, al tiempo en que él ratificaba la posición que había tenido un día antes en Cartago, es decir: “Que se mantenga esta provincia unida a la de León de Nicaragua en cuya Excelentísima Diputación Provincial existen sus representantes con todos los poderes amplios que previene la Constitución”. Luego, el Alcalde Primero de San José, Rafael Gallegos, razonó su votó y dejó ver en su alocución una preocupación por el futuro político del territorio que decidía sobre su emancipación. Gallegos dijo:

22“Que supuesto Goatemala [sic] siendo un Gobierno Provincial como el de Nicaragua ha proclamado la independencia del Gobierno de España sin determinar una potestad suprema y que por consiguiente se trasluce intenta reasumirla en sí misma como estado absoluto independiente, debiendo considerar que esto no es conveniente al interés general del Reino por la estensión de su terreno, su despoblasión y pobresa, circunstancias todas que lo expondrían en tal caso a ser presa de más extrangeros o de aventureros y que por estas resones impuesta la independencia general, su posición y circunstancias llaman a la provincias de todo el Reyno para su seguridad y buena administración a incorporarse como miembros del Estado mexicano, entre tanto la suerte de los suscesos decide la futura de esta provincia tan remota y aislada y exausta de recursos y relaciones, debe ésta adherirse al sistema adoptado por la Excelentísima Diputación Provincial de León y conformarse con sus disposiciones con tanta más rasón que es la corporación de que depende inmediatamente y en cuyo seno tiene sus representantes y lo firma30”.

23Gallegos, como lo deja ver el razonamiento de su voto, pensó en el futuro a partir de una comparación con la situación del presente que vivía y enmarcado en la cultura política hispanoamericana de principios del siglo XIX. Para Gallegos, en el futuro un territorio como el del antiguo reino de Guatemala no podía intentar siquiera construir un país. En ese sentido, Gallegos podía pensar igual que Valle, al imaginar como única salida la unidad territorial como salvadora del futuro. De hecho, al concentrarse solamente en el Antiguo Reino de Guatemala, las características que Gallegos enumera la presentan en desventaja frente a cualquier posibilidad de volver real la independencia: extensión del territorio, falta de población, pobreza, posición remota y aislada, sin recursos que explotar y sin relaciones reconocidas con alguna otra nación. Esa desazón con respecto al futuro, en caso de decidir una independencia absoluta, quedó mejor expuesta en la carta que Gallegos, como Alcalde Primero de San José, le envió al Muy Noble y Muy Leal Ayuntamiento de Cartago comunicándole lo acordado en aquella sesión. En esa misiva se recupera el razonar del voto de Gallegos, pero luego de apuntar las características del territorio centroamericano, el Alcalde agregó: “circunstancias todas que lo expondrían en tal caso a ser presa de naciones extranjeras, o de aventureros31…”. O como lo apuntó el acta del cabildo de Alajuela del 16 de octubre de 1821, cuando sus miembros decidieron tomar nota de las actas de independencia de Guatemala y León, pero sin realizar ellos ninguna novedad y no plegándose al plan de San José de convocar a una Junta Gubernativa: “porque si la ciudad de León ha tenido a error el que Guatemala siendo la más vasta, se haya querido separar de México, qué se diría de Costarrica siendo la más débil, con quererse separar de todas con unos procedimientos que no tiene jurisdicción32”.

24Así, el temor a la independencia absoluta procedía del miedo a la pequeñez, territorial, política y político-administrativa, que eventualmente atraería a cuerpos políticos más fuertes que intentarían aprovechar la debilidad de la región para conquistarla. Era un temor fundado por un futuro independiente, que quizás se había expresado el 13 de octubre en Cartago al recibir la documentación de Guatemala y León cuando el cabildo pidió al gobernador Cañas: “se sirva tener la bondad de adoptar sus providencias sabias, y justas que sirvan de tranquilizar los espíritus, que en una época tan crítica a todos nos tiene consternados33”.

25El temor que provocaba el futuro en 1821 era el de la orfandad política. Pero, al mismo tiempo, ese temor sobre lo que vendría involucraba un posicionamiento político presente que avistara las posibilidades de sostener o construir unidades políticas. En el caso centroamericano, la rueda del futuro de integración pasaba por dos veredas: la de unirse al imperio mexicano y la de construirse como entidad federal centroamericana. El acta del 15 de septiembre de Guatemala, proponía en cierta medida la segunda, al hablar de la celebración de un Congreso. Pero la presencia de México al norte, obligaba a considerar la unidad con ese ente en la medida en que era posible una invasión de tropas mexicanas que integrarían a Centroamérica a su vecino a la fuerza. El futuro político que se imaginaba, en ese sentido, estaba muy condicionado a esas dos visiones y eso provocó la división política frente a lo que se debía hacer una vez lograda la independencia.

26La división política, así, aumentó el temor por el futuro y provocó nuevas visiones al respecto. El mismo Valle, soñador del futuro integracionista y feliz, divisó el problema del futuro divisionista en un ensayo que publicó en marzo de 1822 y en el que insistió en tratar de evitar el rompimiento de las antiguas colonias en estados pequeños: “Volvamos los ojos a lo futuro. Ya está proclamada la independencia en casi toda la América: ya llegamos a esa altura importante de nuestra marcha política: ya es acorde en el punto primero la voluntad de los americanos. Pero esta identidad de sentimientos no producirá los efectos de que es capaz, si continuaran aisladas las provincias de América sin acercar sus relaciones, y apretar los vínculos que deben unirlas34”. Aún así, Valle seguía imaginando lo mejor y seguía esperanzado en la unidad americana.

27No obstante, el futuro de unidad continental muy pronto se disipó como posible para los patriotas americanos como Valle. El sueño integracionista no se realizó y en el caso centroamericano eso significó en un primer momento el triunfo del ideal de federación. Así, el 29 de junio de 1823 se instaló el Congreso o Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas de Centroamérica que se encargaría de producir la constitución federal que enmarcaría la dichosa ley de unidad con la que soñaba Valle en 1821 para América entera. Como podía presumirse, el temor al futuro de una entidad federal en el istmo se presentó junto con los diputados a las sesiones, pero pronto se le enfrentó para justificar la nueva asociación política. Así, en la sesión del 30 de junio de 1823 se presentó un dictamen de una comisión especial que se refería al estado del territorio y que resumió los miedos por el futuro, pero también los contestó:

28“¿Millón y medio de habitantes situados en esta extensión de terreno de 250.000 leguas cuadradas, es número competente para poder formar una nación? La Comisión juzga que para tanta tierra es muy corto el número de hombres que la habitan; pero hasta ahora jamás ha visto en ninguna estadística sujetarlo a cálculo, el que bastaría para formar un Gobierno independiente. Todos los hombres han nacido libres, y un puñado de ellos en sociedad íntima entre sí, y sin sujeción alguna a otra sociedad, pudiera llamarse en concepto de los que forman una nación: tendría un régimen de Gobierno: subsistiría de lo que la tierra le diere: se multiplicaría: inventaría medios de satisfacer sus necesidades; y llegaría a ser grande y opulenta con tal que un enemigo poderoso no viniese a exterminarla o sujetarla a la esclavitud. Esta idea tomada de la misma naturaleza, representa el origen de todas las naciones, pequeñas en sus principios, y grandes con el tiempo, si no han sido exterminadas por otras. Debería, pues, calcularse el número de individuos que pueden formar un pueblo independiente, no en razón precisamente de sus fuerzas, o recursos para subsistir aislado, sino en razón de los riesgos que le rodean por parte de otros pueblos, contra los cuales tendría que defenderse. Supongo que no existe ningún riesgo, y entonces en nada influye el número de habitantes, o la extensión de terreno en que viven, para que puedan ser libres, y formar de suyo una nación35”.

29Como se puede ver, hacia mediados de 1823 el futuro imaginado seguía siendo dividido en dos partes: el de la posibilidad de crear una nación “grande y opulenta”, pero, al mismo tiempo, el que podía presagiar la venida de “un enemigo poderoso” que diera al traste con el sueño. Los diputados constituyentes de 1823 apostaron por imaginar el primer futuro y dejar el segundo como una posibilidad que debía contemplarse, pero nunca como una barrera que debiera impedir la unidad federal. Ahora bien, el riesgo imaginado, tal y como se razonó en el informe de la comisión especial, era de ubicación geográfica. Así, los diputados previnieron que Guatemala (refiriéndose por tal a todo el territorio del antiguo Reino de Guatemala) confinaba con Colombia y México, pero que no temía “la invasión de estas naciones” y que si bien era posible una invasión por las costas, una posible unidad con México no sanaría ese temor. Es más, evaluando el pasado para prevenir el futuro, la comisión insistió en que una unidad con México sería un error para la región. Por lo tanto, el dictamen finalizó apuntando: “¿Podremos constituirnos? Intentémoslo36”. Con esa convicción, en julio de 1823 se decretó la independencia absoluta de Centroamérica37. El futuro, al menos el imaginado, dependió entonces de llevar a cabo tal intento.

30La creación de la Federación Centroamericana fue celebrada por quienes pensaban que el federalismo representaba el futuro. El mismo Valle, americanista y centralista en 1821-1822, comenzó a plantear el proyecto ya en términos centroamericanos (o quizás es mejor decir, en su vocabulario, guatemaltecos) en lugar de continentales38. El imperio mexicano ya no era opción; era la hora de soñar a partir de lo ístmico. Y Valle presentó el proyecto federal en mayo de 1824 como el que realizaría por fin el milagro anunciado por la independencia, pero que dependía de las elecciones de “hombres” que pudieran asegurar el buen gobierno:

31“Elegid hombres penetrados de la necesidad de ser independientes de las dos Españas, antigua y nueva, si queréis serlo en lo sucesivo; elegid a aquéllos que hayan dado pruebas inequívocas de adhesión a vuestra independencia absoluta si queréis consolidarla; elegid a aquéllos que amen a este suelo si queréis su cultivo y riqueza; elegid a aquéllos que llenos de consejo y prudencia puedan guiaros con ella a igual distancia de la licencia que olvida los deberes y el despotismo que destruye los derechos; elegid a aquéllos que tienen energía bastante para elevarse sobre los intereses mezquinos de individuos o cuerpos y decretar leyes que tiendan al mayor bien posible del mayor número posible; elegid a aquéllos que siendo rectos como la línea que tira el geómetra sin inclinación a un lado ni otro, puedan administraros justicia con igualdad rectitud; elegid a aquéllos que hayan aprendido la ciencia difícil del gobierno y la experiencia aun más dificultosa de saberla aplicar al momento y circunstancias en que se halla la nación
…Obrando de este modo las naciones extranjeras reconocerán la independencia absoluta de ésta; y consolidada como es justo, planteando el nuevo gobierno y dedicada la atención a las fuentes de riqueza, estos estados serán en la América, el centro de la paz y felicidad al mismo tiempo que las convulsiones agitan desgraciadamente al norte y al mediodía39”.

32De esta forma, Valle presentó una imagen que tendería a repetirse en el futuro: la de Centroamérica como centro de progreso y felicidad. Su quimera era ahora la Federación Centroamericana. Era el sueño por el futuro que comenzaba en 1824, pero que, por efecto de las desavenencias entre algunos Estados y el gobierno Federal, además de las intrigas y luchas internas entre los partidos que se habían construido al calor de los primeros años de la independencia, terminó siendo un sueño imposible.

El futuro como juez

33
El anhelado futuro político federal de Valle, y otros como él, no cuajó y eso hizo que nuevamente el tiempo por venir fuese imaginado de diferentes maneras, pero ese cambio también motivó un primer abordaje del pasado reciente que entrelazó nuevamente, ahora con la memoria, el pasado, el presente y el futuro. Se trata de lo que se podría considerar como las primeras memorias de la época de la independencia en donde se puede visualizar otro temor por el futuro: el de ser juzgados. Así, en 1839 el guatemalteco Alejandro Marure, quien veía el ideal de Federación Centroamericana y con ella de unidad ístmica romperse en pedazos, valoró con pesimismo el futuro al advertir sobre el periodo posterior a la independencia:

34“No tiene pues duda, que el periodo de que tratamos es el mas notable de nuestra revolución, porque es el periodo de una gran metamorfosis. La faz de los negocios cambia enteramente. Las doctrinas que habían prevalecido se desacreditan; los hombres que habían mantenido un influjo exclusivo sobre la opinión, lo pierden: todas las antiguas ilusiones, todas las quimeras de una perfectibilidad mentida se desvanecen ante la evidencia y la realidad de las cosas. Empero, este periodo es un periodo de crisis. Lo que había de extravagante en nuestras pretensiones, de quimérico en nuestras esperanzas, de inasequible en nuestras empresas, todo se ha rectificado; pero la sociedad ha quedado en la mayor confusión: las leyes sin vigor, la autoridad desvirtuada, relajados todos los resortes del poder público y destruido todo elemento de órden [sic]. Cuando se ha rasgado el velo de nuestras ilusiones, ha sido para mostrarnos, en lo pasado, el caos de nuestros errores, en lo presente, los peligros de nuestra situación, en el porvenir, una perspectiva alarmante40
”. La “perspectiva alarmante” sobre el futuro fue, según Marure, endosada por aquellos que habían querido dominar sobre todos (quizás los mismos que Valle soñaba con que fueran electos en 1824), determinando los futuros del pasado:

35“He aquí los resultados prácticos a que nos ha conducido la serie de sucesos que nosotros mismos hemos provocado, sin experiencia ni previsión. Separándose de la antigua Metrópoli, una facción de la sociedad se imaginó que iba a ser la reguladora de los destinos del país: que su regeneración le estaba exclusivamente encomendada, y que podía emprenderla a su arbitrio: en el orden de las cosas no estaba dispuesto así, y harto hemos tenido ya que lamentar las tristes consecuencias de nuestra decepción41”.

36 Marure, como se ve, ata su presente, es decir, el futuro imaginado de aquellos que vivieron el proceso de la independencia, a un carro de sucesos ya en cierta forma determinados. El sueño del ayer no se había cumplido y sus forjadores eran culpables por ello. La consecuencia de ese incumplimiento, al parecer inevitable según él, sería el alzamiento de “las grandes masas42”. De esa forma, Marure, utilizando la misma explicación historiográfica de Valle sobre la independencia, parecía pensar que los hombres que la disputaron no habían sido verdaderos propulsores del futuro deseado que ellos mismos habían imaginado ayer. De hecho, en su trabajo histórico sobre el periodo 1811-1834 (publicado por primera vez en 1837), Marure ya había adelantado su visión al apuntar:

37“Esta se verificó el 23 del mismo Setiembre [se refiere a la jura de la independencia de Guatemala en 1821] en la plaza mayor de la capital con toda la pompa y magnificencia correspondientes a tan augusta ceremonia: el júbilo mas puro, el entusiasmo del patriotismo, los sentimientos dulces de la unión y concordia tenían enajenados todos los ánimos; Guatemala presentó, en estos momentos, un espectáculo tan interesante como nuevo, el de un pueblo que desde la triste condición de esclavo se elevaba al alto rango de la soberanía e independencia, que desde el seno de las preocupaciones se levantaba orgulloso proclamando los grandes principios del siglo; y que verificaba esa transición prodijiosa sin que se derramase una sola lágrima, sin que hubiera una sola víctima. ¡Quién había de pensar que tan hermoso fenómeno ocultase bajo su esplendor el foco horrible que iba a lanzar mil elementos de muerte sobre la mas bella sección del nuevo mundo! ¡Quién se habría imaginado entónces que algunos pocos ambiciosos harían pasar a las jeneraciones futuras, con la memoria de la gloriosa emancipación de Guatemala, los tristes recuerdos de la guerra civil que ha desolado a la República Central43!”.

38Como se ve en la cita anterior, Marure resiente el que las posibilidades de haber vuelto realidad el sueño futuro independentista, se hayan esfumado y que hubiese sido la guerra civil la que los destruyó. En ese sentido, Marure se queja de esa herencia nefasta en nombre de las “generaciones futuras”, porque en su argumento eran esas generaciones las que juzgarían desde el futuro el pasado que fue al imaginar el que podría haber sido. Una posición similar tuvo Manuel Montúfar y Coronado, quien al escribir sus memorias (publicadas en 1832) sobre casi el mismo periodo histórico del que hablaba Marure, sentenció: “La crítica, y el examen desapasionado de las generaciones sucesivas, juzgando en qué hechos están conformes los partidos opuestos, y hasta qué punto han confesado sus faltas respectivas, fallan sobre los hechos mismos y sobre las causas que los produjeran, y de ese fallo ya no hay apelación44”. Para personas como Marure y Montúfar y Coronado, el problema con el incumplimiento con el sueño futuro sería el juicio del pasado por parte de los habitantes del porvenir.

Epílogo

39Marure no se equivocó en sus apreciaciones sobre las masas alzadas, porque la revuelta de Rafael Carrera en Guatemala efectivamente se alzó sobre las masas y echó abajo el sueño de los liberales que como Valle pensaban el futuro con una nueva ley y con un nuevo gobierno45, que ampliaría la ciudadanía en un contexto de desigualdad socioeconómica. La unidad centroamericana también se truncó, aunque ese sueño seguiría apareciendo de forma obstinada cada año46, siempre con la idea de que esta porción de tierra sería inevitablemente una sola nación. Casualmente, un día excepcional para soñar ese futuro de prosperidad y quizás del resurgir de nueva federación, fue el 15 de septiembre, que en su esencia terminó siendo aceptado como el día de la emancipación política por los cincos estados de Centroamérica que habían pertenecido a la Federación Centroamericana. En ese día, aunque ya a finales del siglo XIX se comenzó a nacionalizar (es decir, fue enarbolado como particular por cada Estado, lo cual es especialmente evidente en el caso costarricense47), se empezaron a crear nuevos sueños sobre el futuro. Y, efectivamente, los próceres del período 1821-1824 se rescataron por las generaciones futuras tal y como lo veían Marure y Montúfar y Coronado, pero no para cuestionarlos o condenarlos, sino, al contrario, para modelarlos como héroes y ejemplos para las generaciones futuras. Pero eso es tema para otro trabajo.

40Notas de pie de página

411 Ver al respecto Jorge Luján Muñoz , La independencia y la anexión de Centroamérica a México (Guatemala: Serviprensa, 1982) y Rafael Obregón Loría¸ Costa Rica en la independencia y la Federación (San José: Editorial Costa Rica, 1977).

422 Entre algunos de esos trabajos se encuentran: Víctor Hugo Acuña , “Las concepciones de la comunidad política en Centroamérica en tiempos de la independencia (1820-1823)”, en TRACE 37 (2000), págs. 27-40; María Teresa García Giráldez, “Los espacios de la patria y la nación en el proyecto político de José Cecilio del Valle”, en Anuario de Estudios Centroamericanos, 22: 1 (1996), págs. 41-81; Hugo Vargas, “Procesos electorales y luchas de poder en Costa Rica. Estudio sobre el origen del sistema de partidos (1821-1902)” (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica, San José, 1996); Jordana Dym y Christophe Belaubre , editores, Politics, Economy, and Society in Bourbon Central America,1759-1821 (Boulder: University Press of Colorado, 2007); Ana Margarita Gómez y Sajid Alfredo Herrera , editores, Los rostros de la violencia: Guatemala y El Salvador, siglos XVIII y XIX (San Salvador, El Salvador: UCA Editores, 2007); Ethel García Buchard , Política y Estado en la sociedad hondureña del siglo XIX (1838-1872) (Tegucigalpa: Instituto Hondureño de Antropología e Historia, 2008); David Díaz Arias, La fiesta de la independencia en Costa Rica, 1821-1921 (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2007); Xiomara Avendaño Rojas , Elecciones indirectas y disputa del poder en Nicaragua: el lento camino hacia la modernidad (Managua: Lea Grupo Editorial, 2007); Xiomara Avendaño Rojas, Centroamérica entre lo antiguo y lo moderno: institucionalidad, ciudadanía y representación política, 1810-1838 (Castellón de la Plana: Universitat Jaume I, 2009) y los ensayos reunidos en David Díaz Arias y Ronny Viales Hurtado, editores, Independencias, Estados y política(s) en la Centroamérica del siglo XIX (San José: Centro de Investigaciones Históricas de América Central, 2012).

433 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), en José Cecilio del Valle, El Amigo de la Patria. Del número 1 (7 de marzo de 1821) al número 24 (1 de marzo de 1822) (Guatemala: Editorial “José Pineda Ibarra”, 1969), págs. 171-191.

444 Valle sigue así una tradición interpretativa que se estaba construyendo en América Latina al final del siglo XVIII. Ver: David A. Brading, The First America: the Spanish Monarchy, Creole Patriots, and the Liberal State 1492-1867 (Cambridge University Press, 1991), págs. 465-674.

455 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 177. En todo momento, se respeta la ortografía de los textos originales.

466 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 183.

477 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 183.

488 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 184.

499 Ronny Viales Hurtado, “Las bases de la política agraria liberal en Costa Rica. 1870-1930. Una invitación para el estudio comparativo de las políticas agrarias en América Latina”, en Diálogos 2: 4 (2001); y del mismo autor: “Poblar, comunicar y buscar capitales: tres fundamentos de la política agraria liberal en Costa Rica entre 1870-1930”, en Revista Agronomía Costarricense 24: 1 (2000), págs. 99-111; y “El fomento de la agricultura y el cambio técnico: dos ejes centrales en la política agraria liberal en Costa Rica entre 1870 y 1930”, en Revista Agronomía Costarricense 24: 2 (2000), págs. 89-102.

5010 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 185.

5111 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 185.

5212 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 188.

5313 David Díaz Arias, “Entre la guerra de castas y la ladinización. La imagen del indígena en la Centroamérica liberal (1870-1944)”, en Claudia Leal y Carl Langebaek, editores, Historias de Raza y Nación en América Latina (Colombia: Ediciones Uniandes, 2010), págs. 135-168.

5414 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), págs. 185-186.

5515 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 186.

5616 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), págs. 186-187.

5717 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), págs. 187-188.

5818 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 187. La cursiva es del original

5919 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), págs. 186-187.

6020 El Amigo de la Patria (30 de noviembre de 1821), pág. 189. Lo que está entre paréntesis cuadrados es nuestro.

6121 Valle parece haber estado influido por Adam Smith en su forma de visualizar el progreso de las sociedades y el papel de la ley y el gobierno en la concepción de un futuro feliz. Sobre la visión de Smith al respecto ver: Ronald L. Meek, Social Science and the Ignoble Savage (New York: Cambridge University Press, 1976), págs. 99-130. Agradecemos esta idea de asociación entre Valle y Smith a Iván Molina Jiménez.

6222 Nos referimos a los números de El Amigo de la Patria publicados el 25 de enero, el 16 de febrero y el 1 de marzo de 1822.

6323 Otros americanos idealizaban como Valle a Gran Bretaña. Simón Bolívar era uno de ellos.

6424 Citado por Frances Kinloch Tijerino , “La independencia: una reconciliación frustrada”, El Nuevo Diario (11 de septiembre de 1999).

6525 “Sermón del Dr. y canónigo José María Castilla ‘Al heroico pueblo de Guatemala’, leído en el púlpito de la Catedral Metropolitana de Guatemala, el 23 de septiembre de 1821”, en Carlos Meléndez Chaverri (selección, introducción y notas), Textos fundamentales de la independencia centroamericana (San José: EDUCA, 1971), págs. 298-304, cita en págs. 303-304.

6626 “El acta del 15 de septiembre de 1821”, en Meléndez Chaverri, Textos fundamentales de la independencia, págs. 242-245, cita pág. 242.

6727 Meléndez Chaverri, Textos fundamentales de la independencia, págs. 243-244.

6828 “Bando del 17 de septiembre de 1821”, en Meléndez Chaverri, Textos fundamentales de la independencia, págs. 252-254, cita pág. 253.

69fn29.“Acta de la Diputación Provincial de León”, en Meléndez Chaverri, Textos fundamentales de la independencia, pág. 274.

7030 “Actas municipales de San José. 1820-1821”, en Revista del Archivo Nacional, Año XXXIX (1975), págs. 210-211.

7131 Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia de Centroamérica, Actas del Ayuntamiento de Cartago 1820-1823 (San José: Imprenta Nacional, 1972), pág. 119.

7232 “Acta de Alajuela en 16 de octubre de 1821”, en Francisco María Iglesias, compilador, Documentos relativos a la independencia. Actas de los ayuntamientos desde fines de 1821 hasta diciembre de 1823 (San José: Tipografía Nacional, 1899), pág. 22.

7333 Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia de Centroamérica, Actas del Ayuntamiento, pág. 111.

7434 El Amigo de la Patria (1 de marzo de 1822), pág. 234.

7535 Citado por Andrés Townsend Ezcurra, Las Provincias Unidas de Centroamérica: fundación de la República (San José: Editorial Costa Rica, 1973), pág. 127. Las actas de la Asamblea Nacional Constituyente del año 1823 están publicadas, pero sería deseable que se publicaran nuevamente con una mejor calidad y con una mejor organización: Actas de la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América. Año 1823 (Guatemala: Editorial Ejército, 1971).

7636 Citado por: Andrés Townsend Ezcurra, Las Provincias Unidas de Centroamérica: fundación de la República (San José: Editorial Costa Rica, 1973), pág. 130.

7737 “Decreto de la independencia absoluta de las Provincias del Centro de América”, en Documentos fundamentales de la independencia de Guatemala (Guatemala: Editorial “José de Pineda Ibarra”, 1967), págs. 21-25.

7838 Ese cambio en la visión de Valle es importante de subrayar. Para una profundización sobre el sentido de patria, nación y federación en los escritos de Valle ver: García Giráldez, “Los espacios de la patria y la nación en el proyecto político de José Cecilio del Valle”. Para las diferencias de perspectivas políticas entre Valle y Pedro Molina, ver: Arturo Taracena, Etnicidad, estado y nación en Guatemala, 1808-1944, Vol. I (Guatemala: Nawal Wuj, 2002), págs. 58-62.

7939 José Cecilio del Valle, “Manifiesto del gobierno supremo de los Estados del Centro de América”, en Carlos Meléndez Chaverri (introducción y selección), José Cecilio del Valle. Ensayos y documentos (San José: Libro Libre, 1988), págs. 129-134, cita en págs. 133-134.

8040 Alejandro Marure, Observaciones sobre la intervención que ha tenido el ex-Presidente de Centro-América, General Francisco Morazán, en los negocios políticos de Guatemala, durante las convulsiones que ha sufrido este Estado, de mediados de 837 a principios de 839 (Guatemala: Imprenta de la Academia de Estudios, 1839), pág. i.

8141 Marure, Observaciones sobre la intervención, pág. i.

8242 Marure, Observaciones sobre la intervención, pág. ii.

8343 Alejandro Marure, Bosquejo histórico de las revoluciones de Centro-América, desde 1811 hasta 1834, Tomo Primero (Guatemala: Imprenta de la N. Academia de Estudios, 1837), pág. 30.

8444 Manuel Montúfar y Coronado, Memorias para la historia de la revolución de Centro-América (Guatemala: Tipografía Sánchez & de Guise, 1934), pág. 16. La primera edición de esta obra se produjo en 1832.

8545 Sobre el levantamiento de Carrera, ver: Ralph Lee Woodward , Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Athens: University of Georgia Press, 1993) y Juan Carlos Solórzano , “Rafael Carrera, ¿reacción conservadora o revolución campesina? Guatemala 1837-1873, en Anuario de Estudios Centroamericanos 13: 2 (1987), págs. 5-35.

8646 Thomas L. Karnes, Los fracasos de la unión: Centroamérica 1824-1960 (San José: ICAP, 1982), págs. 137-255.

8747 David Díaz Arias, La fiesta de la independencia.

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Para citar este artículo :

David Díaz Arias y Ronny Viales Hurtado, « Futuros deseados y temidos: representaciones sobre el porvenir político en la Centroamérica independentista, 1821-1824 », Boletín AFEHC N°53, publicado el 04 abril 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3088

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