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AFEHC : articulos : Música, fiesta y poder en la Sierra Totonaca: El son huasteco de Filomeno mata del siglo XVI al XX. : Música, fiesta y poder en la Sierra Totonaca: El son huasteco de Filomeno mata del siglo XVI al XX.

Ficha n° 4441

Creada: 21 febrero 2017
Editada: 21 febrero 2017
Modificada: 22 febrero 2017

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Autor de la ficha:

Luz Carolina MÉNDEZ HERRERA

Editor de la ficha:

Eric ROULET

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Música, fiesta y poder en la Sierra Totonaca: El son huasteco de Filomeno mata del siglo XVI al XX.

Se desarrolla inicialmente un encuadre histórico de los municipios serranos totonacas de la llamada Sierra de Papantla, revisando las situaciones políticas y las estructuras productivas instauradas en la región en las cuales la fuerza de trabajo principal fueron los pobladores totonacos. A partir de esto, se rastrean indicios de actividades festivas de raíz totonaca y se buscan analizar sus posibles relaciones de encuentro y conflicto con el contexto político-productivo previamente desarrollado, haciendo una reflexión final en cuanto a las prácticas musicales totonacas que acompañan las ocasiones festivas y la memoria colectiva de estas poblaciones serranas. Este análisis se hace bajo la idea de que la música que se encuentra ligada a los ámbitos festivos, no es solo un contexto sonoro al margen de los eventos rituales que se llevan a cabo en la fiesta o celebración, sino que es una forma de referente colectivo que a la vez que hace marcas en la memoria del grupo y toma ciertos sentidos, contenidos y formas de reproducción del contexto complejo en que se desarrollan.
1520
Palabras claves :
Música festiva, Fiesta indígena, Totonacapan historia
Autor(es):
Luz Carolina Méndez Herrera
Fecha:
Diciembre de 2016
Texto íntegral:

1

2¿qué sería lo más importante en Filomeno Mata?
‘la fiesta, el café, el maíz, el frijol’.
Monografía sociocultural de Filomeno Mata
2003, pág. 188
Eric Castillo entrevistando al señor Manuel García.

3… pero los indios resistieron de mil modos a su felicidad.
Se negaron a vender sus tierras, también a arrendarlas.
Fue indispensable suprimir a algunos, comprar a los herederos o inventarlos,
cohechar a los jueces y hasta sostener verdaderos ejércitos regionales
que entendían bien la necesidad del progreso de la patria.
Desde entonces, el decoro de México está unido a la facilidad con que el petróleo surge de su entraña. El problema del indio, 1973, pág. 79. Vicente Lombardo Toledano.

4La música en sus diversas formas y expresiones es parte fundamental de la vida de los grupos sociales; refleja sus interacciones y su sensibilidad, acompaña los momentos más significativos del tiempo de vida e inclusive identifica a los miembros de un grupo brindándoles de alguna forma representación. Los usos asociados a la música abarcan ámbitos de la vida diversos, transitando entre el tiempo ordinario y el extraordinario. A su vez, las prácticas de la misma implican arraigo a un espacio vivido, constantemente recreado en la memoria colectiva e individual de los sujetos. Pero también al ser recreaciones de los actores locales y de su memoria colectiva, la música y la fiesta son espacios contestados que, desde los momentos de organización previa a su reproducción, reflejan lógicas diversas que en ocasiones interfieren o son interferidas por los esquemas de poder que imperan en los contextos sociales donde son (re)creados y (re)producidos.

5El presente texto busca hacer un análisis de las prácticas musicales en esquemas de fiesta entre la población totonaca de la región serrana del Totonacapan, en contraste con las relaciones de poder imperantes en distintas épocas con el objetivo de reflexionar respecto a la relevancia de las prácticas festivas como manifestaciones vivas y dinámicas de la memoria colectiva que deja marcas en el tiempo del devenir de las poblaciones indígenas. El análisis aquí presentado es producto en gran medida del proyecto de investigación realizado por la autora de 2013 a 2015 para obtener el grado de maestría, junto con la actualización de datos y el estudio de nuevos documentos históricos que serán citados a lo largo del texto.

6Desarrollaremos inicialmente un encuadre histórico de los municipios serranos analizados en este estudio, revisando las situaciones políticas y las estructuras productivas instauradas en la región en las cuales la fuerza de trabajo principal fueron los pobladores totonacos. A partir de esto, se rastrearon indicios de actividades festivas de raíz totonaca y se buscan analizar sus posibles relaciones de encuentro y conflicto con el contexto político-productivo previamente desarrollado, haciendo una reflexión final en cuanto a las prácticas musicales totonacas que acompañan las ocasiones festivas y la memoria colectiva de estas poblaciones serranas. Este análisis se hace bajo la idea de que la música que se encuentra ligada a los ámbitos festivos, no es solo un contexto sonoro al margen de los eventos rituales que se llevan a cabo en la fiesta o celebración, sino que es una forma de referente colectivo que a la vez que hace marcas en la memoria del grupo, (re)produce y (re)crea las interacciones del devenir actual, ya que “parece que los individuos tienen la capacidad de imprimir un sentido musical al mundo, y que pueden, a través de ciertos tipos de ejecución y afinación con otros, transformar estructuras de cognición y afecto en formas culturales y sociales1”.

El Totonacapan y su estructura política del siglo XVI al XX

La región de estudio se encuentra en la zona del Golfo de México. El Totonacapan es una región pluricultural habitada por indígenas totonacos, nahuas, tepehuas y otomíes entre otros. Actualmente, “es un espacio de aproximadamente 7,000 km², se ubica al norte del estado de Puebla y en el centro-norte del estado de Veracruz. Se conforma por dos zonas: la Sierra, un sistema de montañas conocido como Sierra Madre Oriental; y la Llanura Costera del Golfo2”. El foco del estudio es la parte serrana del Totonacapan, específicamente la región denominada «Sierra de Papantla» que incluiría en el Estado de Veracruz los municipios de Coahuitlán, Coxquihui, Coyutla, Chumatlán, Filomeno Mata, Mecatlán y Zozocolco de Hidalgo3. Y en el Estado de Puebla los municipios de Cuetzalan, Tuzampan, Huehuetla, Xochitlán de Vicente Suárez, Zapotitlán de Méndez, Hueytlalpan, Ahuacatlán, Olintla, Xicotepec de Juárez, Jopala, La unión (Zihuateutla), Pahuatlán y Naupan; denominada también Sierra Media que es en general habitada por población totonaca. Esta es una “zona cafetalera ubicada entre los 200 y 1500 metros sobre el nivel del mar. Es una región muy húmeda, con clima templado-cálido, óptimo para cultivar el café y la pimienta4”. Algunos elementos fundamentales que distinguirían a las comunidades totonacas de esta región son las vecindades étnicas (nahuas, otomíes y tepehuas), las condiciones geográficas e hidrológicas particulares, así como la reproducción de la música huasteca, el cultivo de maíz, café y caña de azúcar; y un cierto desarrollo histórico compartido, entre otros5.

7Para el presente estudio etnohistórico, la búsqueda documental se realizó analizando varios procesos históricos que han tenido origen en distintos lugares como Zozocolco, Xicotepec de Juárez, Papantla de Olarte, Poza Rica, Ciudad de México que han impactado directamente en la región y específicamente en tres municipios en los que se centró el foco de estudio etnográfico con fines de acotación metodológica.

8

Mapa de Veracruz, marcado de rojo Filomeno Mata
Mapa de Veracruz, marcado de rojo Filomeno Mata

9Estos son Filomeno Mata, donde se hizo la mayor parte del trabajo de campo (Ver imagen 1), junto con los municipios veracruzanos de Coyutla y Mecatlán. Se escogieron estos tres ya que se encuentran unidos desde hace siglos por varios factores. Por una parte, Filomeno Mata (anteriormente llamado Santo Domingo Meztitlán) era parte de Mecatlán al parecer desde tiempos prehispánicos, y durante la época virreinal eran un solo pueblo de indios, parte de la misma jurisdicción estando sujetos a Papantla. Así, el “camino real” que hasta el siglo XX fue la ruta para subir hasta estos asentamientos serranos conectó desde tiempos remotos a los tres municipios (Ver imagen 2).

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Camino Real que va de Filomeno a Mecatlán y a Coyutla, 2015, LCMH archivo personal
Camino Real que va de Filomeno a Mecatlán y a Coyutla, 2015, LCMH archivo personal

11A la fecha, ir a Filomeno o a Mecatlán desde Coyutla es “subir”. De ahí que Coyutla sea conocido como “la perla de la Sierra” ya que desde ahí, asentamiento “enconchado” en las faldas serranas, empieza la subida a las cimas escarpadas de la cordillera entre Veracruz y Puebla que es la región definida previamente.

12En tiempos precolombinos esta amplia región interétnica, posiblemente dominada lingüística y políticamente por totonacos, tenía relaciones significativas y probablemente tensas con otros enclaves políticos. “Durante el periodo Posclásico, del siglo X al XVI, los totonacos fueron vecinos y contrincantes tanto de los tepehuas, que habitaban en lugares cercanos, como de los beligerantes pobladores de los valles centrales de México, los texcocanos y los mexicas, contra quienes tuvieron que enfrentar feroces batallas en una lucha infructuosa por mantener su independencia6”. Desde ese entonces el Totonacapan fungía como un lugar de abastecimiento de productos agrícolas por lo que “el control del Totonacapan aseguraba una fuente permanente de abastecimientos alimenticios al Imperio7” jugando un papel fundamental para hacer frente a las hambrunas acaecidas antes de la llegada de Cortés, documentadas por Gerónimo de Mendieta.

13Considerando que muchos topónimos de la Sierra Totonaca son de raíz náhuatl, presumiblemente estos territorios estarían mayormente ligados al centro de México en esta época, ya sea por relaciones de dominio o de tránsito y comercio. De hecho, en diversas listas de conquistas mexicas identificadas en documentos del siglo XVI hay dieciocho pequeños Estados que aparecen entre los que se cuenta “Achachalintlan8” que incluye a Mecatlán. Cabe aquí considerar que la fundación de algunos de estos pueblos se hizo décadas después de la caída de Tenochtitlán, cuestión que no dejaría fuera la posibilidad de que las fundaciones se hicieran en náhuatl. Lo relevante aquí es que Filomeno Mata, antiguamente Santo Domingo Meztitlán, pudo haber sido fundada en ese tiempo por totonacos que huían ya sea de las epidemias que azotaban las partes bajas de la costa “como la varicela, la viruela, el vómito negro, motivo que les hizo emigrar hacia estas montañas”; o evadiendo el dominio de los españoles: “los totonacas, enemigos de la guerra y amantes de la paz, huyeron de las costas hasta tocar las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, lugares de difícil acceso para los conquistadores9”. Si bien todo el territorio mesoamericano se enfrentó a profundos cambios estructurales ante la invasión europea, la región serrana se mantuvo al margen de algunos procesos por su lejanía y difícil acceso. Se mantiene en la memoria colectiva local la idea de que “acá en la Sierra como no había oro casi no llegaron los españoles10”. Así, “el Totonacapan no era un gran productor de minerales, particularmente oro o plata. Su especialización eran los alimentos y consecuentemente los conquistadores mantuvieron los tributos en alimentos a los que agregaron tributos en dinero11”.

14De esta forma, se instauró en la Sierra del Totonacapan el sistema virreinal con “las dos instituciones del gobierno que dominaban la vida diaria de los campesinos: el Alcalde Mayor y la República de Indios12”, llegando hasta nosotros noticias de su existencia a partir de quejas ante la jurisdicción de Papantla por parte de “naturales de Mecatlán, Santo Domingo, Coyutla, Quahuytlán por graves daños, molestias y malos tratamientos del Alcalde Mayor13”. Esto llega a provocar que los habitantes de Mecatlán soliciten “a la justicia de Papantla para que no hagan más visitas14”.

15Se sabe que desde las primeras décadas de la conquista espiritual se reconoció el importante papel de la música y la danza entre los pueblos indígenas, situación que fue aprovechada por los evangelizadores para introducir la nueva fe. Respecto a los instrumentos en la región, es difícil saber exactamente en qué época se introdujeron cordófonos en la zona. Estos en adición a la flauta y tamborcillo usadas para Qosnuntlin o la danza de los Voladores. Se sabe que los instrumentos de cuerda rápidamente se hicieron populares entre población indígena, al grado “que en el diccionario de fray Alonso de Molina 1571 ya hay una palabra para tañer vihuela o arpa15”. Es probable que el arraigo de las primeras guitarras y vihuelas en poblaciones como Santo Domingo Meztitlán llegaron con las autoridades eclesiásticas, al igual que ciertas referencias dancísticas. Y se tienen indicios de que en muchas regiones las músicas europeas con sus instrumentos fueron bien aceptadas por la población nativa, quienes incorporaron con relativa rapidez las formas, estéticas y usos musicales y dancísticos a sus costumbres locales. Estas prácticas desde tiempos precolombinos se encontraban ligadas a las prácticas de los tiempos festivos. Tanto en el calendario totonaca como en el mexica, desde al menos el periodo Posclásico, tenían una fiesta al final de cada uno de los meses de veinte días, costumbre muy difundida en Mesoamérica16. Se impuso en el Nuevo Mundo el calendario gregoriano, también basado originalmente en los ciclos del sol, la luna, las estaciones y en los ciclos agrícolas17, obligando un reacomodo de los ciclos festivos y cotidianos aunque no sin resistencias. En 1539 totonacos de Matlatlán comunidad serrana nahua y totonaca, denuncia Fray Andrés de Olmos, practicaban todavía tanto los ritos del calendario de los “meses” como los del calendario de los días18”.

16Pero a pesar de que tenemos noticia de la pervivencia de estas fiestas prehispánicas, en general se aceptaron las prácticas impuestas por los europeos incorporándolas al entramado de costumbres autóctonas: “podría decirse que los totonacas – por hacer trueque tal vez con los religiosos que los evangelizaban – paganizaron a los santos católicos sin guardar de éstos sino los rasgos que podrían corresponder sus propias divinidades. Puede uno preguntarse si la Iglesia tuvo su parte en ese ingenuo ensayo de sincretismo o de sustitución que refleja, sin embargo, un certero conocimiento de los evangelios y de la vida de los santos19”. La práctica de la fiesta patronal es un ejemplo muy importante ya que en esta práctica festiva se generó una interfaz interesante entre las formas de organización colectivas indígenas y los miembros eclesiásticos, ya se infiere que estos mostraban sospechas constantes acerca del sentido real de algunas de las prácticas festivas que presenciaban. Desde mediados del XVI se habían publicado prohibiciones contra las danzas en los oficios sagrados, exhortando a las comunidades “que si no existiera sacerdote en su comunidad no se les llevara a cabo […] el concilio prohibió los areitos y las danzas, recreadas para las fiestas indígenas de los santos patronos. Así como su celebración en el interior de los templos. También se prohibieron en estas fechas los areitos antes de salir el sol y antes de la misa20”. Pero se infiere que para comunidades serranas como las que aquí se estudian, la presencia de un párroco para las celebraciones del pueblo no era una constante; un factor que provoca esta inferencia es la lejanía y la dificultad para trasladarse hasta estas comunidades, muchas de las cuales solo fueron accesibles a pie o a caballo hasta las últimas décadas del siglo XX. Aparte, está el hecho de que las fiestas practicadas en el calendario anual aún a la fecha son muchas cuestión que dificultaría aún más que siempre hubiera un párroco en cada fiesta de cada una de las provincias pertenecientes a la arquidiócesis de Puebla, en tiempos virreinales.

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Danza de los voladores en Filomeno Mata, Veracruz durante la feria de Santo Domingo de Guzmán, 2015, LCMH archivo personal
Danza de los voladores en Filomeno Mata, Veracruz durante la feria de Santo Domingo de Guzmán, 2015, LCMH archivo personal

18La danza del volador es el ejemplo más característico de las danzas que se practicaron en contextos de fiesta muy posiblemente desde tiempos prehispánicos y se puede inferir que fue de las primeras danzas en recrearse en el Totonacapan en el virreinato (ver imagen 3). En 1783, un inquisidor describe21 que: “cavado el hoyo donde estaba el volador descubrió muchos tamales, gallinas sazonadas y otros comestibles de la fiesta, con cuya demostración reprendió a los indios para que no pusieran jamás aquel palo, y a los de razón les hizo ver la práctica de abusos que observan los indios22”. Durante todo el siglo XVIII se multiplicarían las denuncias respecto a prácticas asociadas a las fiestas y reuniones colectivas como los oratorios, antecedentes del fandango23. Sería también ese periodo en el que estarían en plena expansión las diversas danzas españolas, producto a su vez de una sociedad pluriétnica y diversa. Estas danzas se adoptarían en las localidades no sin un proceso de encuentro entre las prácticas vigentes y las prácticas novedosas. Recordemos que en gran medida por la orografía serrana del Totonacapan: “cada población totonaca, al no tener la posibilidad de desarrollar una relación con otras comunidades de la misma cultura, tiene la responsabilidad en este nivel celular de mantener su identidad cultural y lingüística24”, conformándose así variantes muy locales en cada municipio de la Sierra de Papantla.

19Pero a pesar de la frecuencia de denuncias de este tipo, la mayor parte de los documentos históricos son quejas interpuestas en contra de funcionarios civiles y eclesiásticos25 ante abusos contra los pobladores que suelen incluir la expulsión de familias, azotes e incluso venta de mano de obra: “el excelso dicho cura […] ha vendido (hombres) en diferentes trapiches de la jurisdicción donde han fallecido muchos en el trabajo y que al presente se hallan hasta número de diez naturales vendidos26”. Esta queja, datada en 1699, además de dar cuenta de las situaciones de explotación estructural de las poblaciones indígenas en la época virreinal, también nos habla de la presencia de trapiches y por lo tanto, del cultivo de la caña y su explotación en la región desde estos tiempos aunque para entonces “el cultivo de la caña de azúcar y su transformación en los ingenios era una actividad poco rentable y escasamente competitiva con la producida en otros lugares, dadas las dificultades de transporte, por esta razón se realizó en pequeña escala27”.

20Esto nos resulta significativo ya que en la concepción totonaca registrada en el siglo XX por Ichon se tiene especial respeto a realizar la costumbre del trapiche que busca purificar “el carácter particularmente peligroso del molino, la caña y el refino, propiedad del Diablo28”. Si bien es difícil afirmar que esta ocasión festiva de la costumbre del trapiche tenga arraigo desde el siglo XVI, podemos inferir que pudieron existir representaciones asociadas al simbolismo del trapiche y la caña. En particular, la caña o refino conocida como kuchu en totonaco es un elemento imprescindible en las ocasiones festivas, incluidos los rituales de costumbre. Se suele regar en la tierra el destilado de caña a manera de ofrenda ritual. Por ejemplo, cuando se ejecuta la danza del volador o qosnultin, desde el derribo del árbol que posteriormente se trasladaba al atrio donde sería ejecutada por hombres adultos de la comunidad, un rezandero describe Ichon que “está acuclillado al pie del árbol, con la cara hacia el este, y reza a la vez que riega aguardiente en el suelo29”. Esta ofrenda muy posiblemente es una de tantas que se realizaban en el contexto sagrado de la danza. Aún en la actualidad, “en el poste30 que (es en el que) van a volar, el primer y el último día vas a poner ahí su tamal, vas a poner su refino […] antes lo enterraban ahí donde está el palo y hasta muy antes, antes, dicen que echaban dentro de la tierra tamales, y hasta sangre31”. Y la acción de regar refino como ofrenda ritual sigue vigente en muchas otras ocasiones festivas, al igual se mantiene la costumbre de que antes de dar el primer trago a la bebida derramar un poco en el suelo, ya sea refino, algún otro destilado o cerveza.

21Siguiendo con las actividades productivas, si bien en las regiones costeras la introducción de ganado fue una actividad importante, “en la Sierra la escasez de pastos y la falta de rutas dificultó el establecimiento de estancias, por lo cual la población india se reconstituyó lentamente pero sin mayor presión de los españoles mestizos ni negros32”. Se infiere que la población de las regiones serranas pudo tener participación de los procesos de dinámica capitalista como la ganadería y la explotación del tabaco principalmente como mano de obra; los totonacos en general fueron “sometidos a los designios de la cruz y la encomienda que hizo de la cruzada cristiana su mejor aliado para alimentar de fuerza de trabajo los campos de caña, las casas de tabaco y los obrajes33”, esto en vista de que la Sierra “ante la imposibilidad de desarrollar ganadería y otras actividades rentables de la época, careció de atractivo para los españoles34”. En este periodo al parecer fueron practicadas algunas maneras más pasivas de resistencia y negociación que no implicaban un enfrentamiento armado. Se menciona, por ejemplo, que había familias que se iban del pueblo durante el levantamiento de la matrícula de tributarios35 refugiándose en comunidades en la sierra; también en un documento referente a Santo Domingo se dice que “es de tal suerte el mal trato que hace a todos los naturales destos pueblos que muchos se han huido36”.

22El devenir de las localidades totonacas ya en los albores del siglo XIX estaba ligado en gran medida a un sistema clasista que propició la segregación racial, el control político detentado por una minoría dominante, así como el control y dependencia de la metrópolis; todo esto consolidado a través de la acción evangélica, justificando en gran medida la subordinación y el abuso37. Hacia fines del Virreinato se habían conformado en varias regiones elites mestizas y nahuas, cuya estaba centrada en la explotación comercial de los productos agrícolas de las distintas localidades, principalmente vainilla, pimienta, tabaco y maderas. La inconformidad con las condiciones de vida pudo llevar a las poblaciones totonacas a hacer levantamientos de los que ya tenemos noticias para el siglo XIX. Es el caso de la rebelión insurgente encabezada por Serafín Olarte quien luchó durante años desde 1812 en Coxquihui, municipio serrano totonaca38; dejando a su vez las bases para que en 1835 se levantaran varias rancherías de Papantla bajo el mando de Mariano Olarte, movimiento que también “involucró a toda la población totonaca, incluyendo a la de la Sierra de Puebla39”.

23Las causas de esta rebelión totonaca en particular dejan ver aspectos interesantes sobre sus formas de vida y el tipo de relaciones que habían entablado con el sistema colonial y el Estado naciente. Luchaban contra varias cuestiones: “la primera, que los terratenientes de la región habían invadido con ganado los terrenos de los pueblos indios […]; la segunda fue que el administrador de la aduana de la barra de Tecolutla había acusado a los campesinos de realizar un intenso contrabando de armas, y la última, que el obispo de Puebla, Francisco Pablo Vázquez, a cuya diócesis pertenecía Papantla, prohibió las procesiones de Semana Santa40”. Sabemos que ya para inicios del siglo XIX la práctica de las fiestas anuales impuestas por los cánones europeos como la fiesta patronal y las conmemoraciones de Semana Santa se encontraban ampliamente difundidas y eran practicadas tanto en pueblos como en ciudades novohispanas. Las diferentes localidades ya para ese entonces tendrían establecido un cierto repertorio de prácticas festivas reiteradas colectivamente dentro de su ciclo anual y marcadas en la memoria colectiva de los actores locales. Esto me parece interesante ya que en las rebeliones del Totonacapan del siglo XIX el tema de las fiestas es relevante. Para la década de los años treinta del decimonono los comerciantes españoles constituían un factor de discordia en la región de Papantla, eran ellos quienes controlaban la comercialización de la vainilla. “Mientras tanto, un grupo que se dedicaba a balacear ciudadanos durante la noche diseminaba el pánico entre la población. Sin embargo, el detonador del conflicto fue la prohibición del obispo de Puebla de celebrar las procesiones de la Semana Santa41”. Y no solo la rebelión de Mariano Olarte estuvo profundamente ligada a cuestiones de la fiesta. En 1885, para el líder rebelde Antonio Díaz Manfort “una de las demandas fundamentales fue el restablecimiento de las procesiones en los días de fiesta42”, a su vez se pronunciaron contra las cuotas por nacimientos y defunciones (enterramientos), ya que bajo la lógica de los totonacos del movimiento “la Tierra no reconoce ningún dueño43” por lo que resultaría ilógico tener que pagar por el derecho a un pedazo de tierra.

24Al malestar de las localidades indígenas frente a las elites acaparadoras en estas regiones y a la explotación del sistema de haciendas se sumó el proceso de desamortización de tierras que desde sus inicios provocó respuestas organizadas por parte de pueblos totonacos y nahuas en 1845 y 1846, llegando inclusive en 1848 a redactarse el “Plan de Amatlán” en Papantla que contemplaba cuestiones agrarias44. Conforme fue avanzando el siglo “aun cuando las comunidades totonacas eran de las más dinámicas, e integradas económicamente al mercado gracias al oro y plata obtenidos por la venta de vainilla, pimienta y tabaco, sus tierras fueron blanco no sólo de especuladores sino de empresarios con intereses para la producción dirigida al mercado45”. En Papantla se reconoce un proceso de disolución de las tierras comunales de 1893 a 189846; y en la misma época, el territorio de Zozocolco, municipio serrano, en 1880 fue fraccionado en tres grandes lotes47. Por su parte, tenemos noticia de que para 1876 hay algunas solicitudes por parte de Santo Domingo y Mecatlán para obtener títulos de tierras48. De esta forma, el fin de siglo en la costa totonaca fue escenario de rebeliones motivadas en gran medida por la aplicación de las leyes sobre división de los terrenos comunales, como por ejemplo la rebelión encabezada por Antonio Díaz Manfort en Papantla hacia la década de los ochentas del siglo XIX49. Y en la sierra totonaca al parecer mantuvieron o inclusive ampliaron su poder los grupos de acaparadores locales: “en el periodo colonial y en los siglos XIX y XX los caciques locales empleaban el mercado local para obtener recursos que comercializaban en el mercado nacional. Con las ganancias financiaban su dominio, generando así un mecanismo de redistribución muy eficiente50”. Para este entonces se tienen datos de que Filomeno, entonces Santo Domingo, estaba sujeto al Cantón de Papantla que era una de sus 72 congregaciones y rancherías “que produce muy buen algodón51”. En Filomeno Mata para ese entonces “dicen los abuelos que las primeras danzas que fueron tocadas con instrumentos musicales fueron las de las Malinches, (y) los Negritos52”.

25Ya en los albores del nuevo siglo “la avanzada del progreso arribó más rápidamente con el descubrimiento de petróleo en la región […] Si bien Coxquihui y Zozocolco se hallaban alejados de la zona donde se ubicaban los yacimientos de “oro negro”, no se salvaron de la invasión de especuladores de tierras53”. Se infiere que las poblaciones serranas más alejadas no necesariamente participaron de este proceso, aunque la posterior aparición de las ciudades petroleras como Poza Rica, el aumento del uso de productos diversos derivados del petróleo y las alteraciones ecológicas fueron y siguen siendo consecuencias del auge petrolero de los siglos XIX y XX. En el ámbito festivo, un reflejo actual de esto es el exacerbado uso de platos y cubiertos desechables de unicel54 en sustitución a las vajillas de cerámica, jícara o barro usadas anteriormente.

26Por otro lado, respecto a las luchas revolucionarias, la lejanía de algunas poblaciones serranas pudieron aislarlas relativamente de estas dinámicas. Aunque cabe considerar también que los municipios serranos más apartados, desde tiempos anteriores y a lo largo de diversas luchas fueron lugares de resguardo y reorganización de los movimientos armados. Por ejemplo en las rebeliones encabezadas por Olarte hacia 1836 en las que “algunos líderes fueron capturados (Manuel Castellanos y Mora) y otros continuaron libres, ocultándose en la Sierra del Coyuxquihui (Agustín Ortega y Mariano Olarte) de quienes no pudieron sofocar las actividades55”. También se encuentra el movimiento de Gabriel Barrios, de filiación carrancista, “en lo apartado de la sierra56” aunque su enclave fue en Cuacuila, Puebla, a unos 60 km de Filomeno Mata. Y es que en general los modos de operar y las tácticas de lucha de los indios típicamente “no contaban con una fuerza organizada y militarizada, sino que sus movimientos se asemejan a una táctica de guerrillas, de acoso al enemigo y retirada57”, donde el dominio de los terrenos serranos es fundamental.

27Pero aunque la lejanía propia del territorio de la Sierra mantuvo a estas localidades hasta cierto punto aisladas, el proceso de liberalismo y modernización llegaría paulatinamente a todo el Totonacapan alcanzando hasta los puntos más remotos de la Sierra. No había marcha atrás, había empezado el tiempo de la modernización. Si bien desde principios del siglo XX la propia prensa veracruzana admitía que aunque pareciera paradójico, un “aislado cantón del norte de Veracruz (Papantla) […] se encontraba directamente inserto en el comercio internacional y sujeto a las fluctuaciones de precio de este mercado a través de la exportación de vainilla a países como Estados Unidos58”, no fue sino hasta los años cuarenta que los procesos de incorporación al mercado internacional se dieron en plenitud en buena parte de las regiones del Totonacapan: “en la década de los cuarenta, […] los agricultores capitalistas se adecuaron y beneficiaron con la propuesta de desarrollo regional de la clase política dominante a nivel nacional59”.

28Los grupos que controlaban gran parte de las ganancias agrícolas concentraba la explotación comercial de la vainilla, la pimienta, el tabaco, la madera y, cada vez con mayor presencia desde el siglo XIX, el café. De igual forma, la tenencia de la tierra en varios municipios se concentró en pocas manos; en los municipios serranos de Coxquihui, Chumatlán y Zozocolco: “siete familias acapararon en la región el equivalente al 50% del territorio […] lo que significó el despojo de lotes y parcelas a las comunidades totonacas60”. En Filomeno Mata al parecer también hubo un proceso de acaparamiento de tierras por parte de ciertas familias, «mestizas» principalmente, que también ocuparon cargos políticos gubernamentales en el municipio. Por otra parte, el proceso del reparto agrario impulsado por las luchas revolucionarias se estaba llevando a cabo, aunque en general fue sumamente lento, generando incluso rebeliones en la región. En algunos lugares empezó a realizarse desde 1915, llegando a pasar hasta cincuenta años para que se hiciera realidad para algunos campesinos, como por ejemplo en Zozocolco de Hidalgo61. De esta forma, se plantea que en la década de los cuarenta hubo una necesidad del sistema económico global de desarrollar la industria nacional y la agricultura comercial, al tiempo que los grupos de poder en el Totonacapan buscaron crear las condiciones necesarias para la expansión y consolidación de la producción capitalista.

29En algunas regiones la comercialización se facilitó por la construcción de líneas férreas desde el Porfiriato, en particular en la Sierra de Puebla. La Sierra de Papantla, donde se encuentra enclavado Filomeno Mata, tuvo relaciones comerciales principalmente con la Sierra Norte de Puebla desde al menos el siglo XIX mediante caminos de arriería, situación que perduraría hasta la construcción de la carretera en la década de los ochenta como se detallará más adelante. Las relaciones a través de la arriería propiciaron en cierta medida el mantenimiento y crecimiento de los grupos poderosos en la región. Se tiene noticia de que empresarios extranjeros (italianos y libaneses) “establecieron alianzas con los arrieros, es decir, grupos de comerciantes que venían del Norte a instalar mercados en las localidades principales de la Sierra62”. Así, el sistema tradicional de mercadeo estuvo dominado por comerciantes que operaban en monopolio; se menciona que en las plazas principales “se observaban largas caravanas de mulas que llevaban café y regresaban con básicos. En algunos casos, las familias mestizas de la localidad comerciaban y, en otros, los “habilitados” de los grandes comerciantes de los centros rectores lo hacían […] Las ganancias de los comerciantes mestizos eran exorbitantes y actuaban en condiciones monopólicas, tanto de oferta como de demanda63”.

El son huasteco

30En este contexto general, desde principios del siglo XX el «Son Huasteco» empezó a conformarse como el género que reconocemos en la actualidad. El «son huasteco» se define en general a partir de su organología, esto es, según los instrumentos que se utilizan en su práctica musical ya que es la conjunción del sonido particular o voz de cada uno de los instrumentos lo que conforma el sonido característico de un género. El «son huasteco» se conforma de violín, jarana huasteca (guitarra pequeña de voz aguda) y huapanguera (guitarra grande de voz grave), resultando así la alineación común un trío de músicos. Ordinariamente al menos dos de los integrantes además de tocar su instrumento, cantan ya sea versando o respondiendo al verso con coros. En gran parte de los lugares donde se toca el «son huasteco» a los músicos se les dice huapangueros ; en Filomeno Mata, como ya se mencionó antes, también se les conoce como tlaqná’ o tocadores. Dado que este género es definido particularmente a partir de su organología, para fines metodológicos consideramos válido incluir en este conjunto cultural las interpretaciones de formas musicales que aunque se tocan con los mismos instrumentos que el «son huasteco» son al parecer más antiguas dentro de las prácticas festivas de la localidad. Este es el caso de las danzas de costumbre que se interpretaban en diversas ocasiones dentro del calendario festivo totonaco y un son de costumbre conocido como xalaqsú’, la flor o sones de los chiquitos. Evidentemente, en términos históricos esta agrupación de las formas musicales dentro de la categoría podría suponer un dilema ya que se infiere que, por ejemplo, las danzas pudieron ser interpretadas en la región desde tiempos virreinales contexto en el que el género del «son huasteco» estaría en ciernes posiblemente en los ámbitos populares de la Europa barroca64. Valga reconocer que la justificación para esta agrupación dentro de la categoría de «son huasteco» radica en que en la actualidad, y desde tiempos inmemoriales de nuestros colaboradores en campo, los mismos músicos o tocadores que interpretan el son ritual del xalaqsú’ tocan acompañando a alguna de las danzas de costumbre (ver imagen 4) y también amenizan reuniones interpretando huapangos del género huasteco que llegó a la región en la primera mitad del siglo XX.

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Feria de Santo Domingo de Guzmán en Filomeno Mata Veracruz, 2015, LCMH archivo personal
Feria de Santo Domingo de Guzmán en Filomeno Mata Veracruz, 2015, LCMH archivo personal

32Para el caso de la Sierra de Papantla el arribo de este género se dio hasta pasada la década de los cincuenta, fecha sumamente tardía en la que se deben de considerar dos aspectos de la localidad que nos ocupa: primero, su aislamiento y lejanía, ya que hasta hace poco tiempo fue muy difícil el acceso principalmente en época de lluvias, lo que explicaría no solo la ausencia de electricidad y aparatos de reproducción sonora sino también la dificultad para transportar instrumentos delicados de madera, como son las guitarras, el violín y el arpa65 hasta estas latitudes. Así desde tiempos inmemoriales el instrumento que se utilizó era un violincito hecho con materiales locales, como ya se comentó. Por otra parte, el otro aspecto a considerar que explicaría la llegada tardía del «son huasteco» a esta localidad refiere a la llegada de varias epidemias a la región, situación extraordinaria que rompería con buena parte de los ciclos cotidianos y posiblemente con la reproducción periódica de las prácticas lúdicas y festivas. Ya en 1877 se tiene noticia del llamado “vómito prieto” en la congregación de Espinal que muy posiblemente se propagó a varias localidades serranas totonacas66. Para el siglo XX, en Filomeno “llegó primero, por 1917, una gripa que mató mucha gente. Casi ya no había niños, no cabían en el panteón los muertos67”, y otra vez hacia 1930 “volvió una gripa que se murieron [sic] casi todos, no quedaba gente, los niños, los viejos, las mujeres muchos se habían muerto68”.

33Por estas condiciones, el «son huasteco» llegó hacia 1950 a la localidad que nos ocupa. La llegada de esta forma musical se vio reflejada en dos aspectos fundamentales: primero, la incorporación de las guitarras, jarana y huapanguera, a manera de acompañamiento para el violín; y segundo, la introducción del repertorio de Huapangos huastecos que implicó la incorporación de nuevas melodías, cadencias rítmicas y, posteriormente, el canto en las interpretaciones de los huapangueros, y fue también ese tiempo cuando se les empezó a llamar así a los músicos o tlaqná’, literalmente tocadores en Totonaco. Se admite que las tecnologías de telecomunicaciones, difundidas a mediados del siglo XX, contribuyeron fundamentalmente en el encuentro del «son huasteco» con la música de costumbre de Filomeno Mata, incorporando usos y prácticas para así reinventar la figura del músico y, de paso, también las maneras en que se usaba la música de costumbre influyendo posiblemente de igual forma en los estratos, categorías y valores de la práctica. Así, este proceso se dio gracias a la aparición de la radio en la región, hacia 1960 donde se escuchaban “programas de Huapangos a las 6 p.m. en la radiodifusora de Tampico69”. Los músicos filomatenses empezaron “copiando los Sones Huastecos, de los trovadores Huastecos de “EL VIEJO ELPIDIO, NICANDRO CASTILLO” interpretaban la música pero no cantaban los versos70”, incorporando este repertorio a su práctica. A este periodo que pudo haber sido de revitalización o renovación siguió uno de depresión en las costumbres. En esa época a varios lapsos de crisis económica, motivados en gran medida por la situación agraria mencionada previamente, siguió una intensificación en la migración a las ciudades.

34La realización de las fiestas durante las primeras décadas del siglo XX se mantuvo aunque siguió vigente la inconformidad entre la población, agudizada por los procesos del capitalismo agrario durante las primeras décadas del siglo XX. Los totonacos de la sierra se incorporaron a la Revuelta Gasquista hacia 1961 en gran medida por el descontento ante la lentísima tramitación ejidal, pero nuevamente uno de los detonantes definitivos fue en la fiesta del Santo Patrono de Chumaltlán “cuando puxkus y danzantes fueron blanco de la metralla de las fuerzas del orden. Este episodio, sin embargo, contribuyó a la agilización del reparto agrario que realizó el gobierno federal71”. Esto podría corresponder en cierta medida a lo que “los estudios antropológicos y etnohistóricos han evidenciado: que en un complicado proceso de ideologización se localiza la resistencia popular que sólo formalmente acepta los símbolos propuestos por los intereses dominantes. El culto (a los Santos Patronos y a otras imágenes católicas) se desarrolló, entonces, priorizando las lealtades devocionales de la comunidad frente a las de la jerarquía eclesiástica72”.

35El siglo XX siguió su curso aparejado a procesos de modernización e institucionalización de las explotaciones productivas con la creación de órganos estatales regularizadores como el Inmecafé, la Comisión Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo) y otras como Fertimex, agroindustria paraestatal instaurada en 1970. Resultando en consecuencia de estas, la consolidación de experiencias organizativas como la Cooperativa Agropecuaria Regional Tosepan Titataniske73 además de las UEPC (Uniones Económicas de Productores de Café) entre otras. Reconfigurándose así el esquema de reproducción y recreación no sólo de prácticas festivas sino de los símbolos arraigados en estas, contexto que requeriría un análisis separado que ahonde en sus transformaciones e implicaciones.

36Cabe al respecto decir que, en la memoria de los pobladores de Filomeno Mata se reconoce en general que antes había mayor respeto por la tradición y las costumbres; de igual forma, había para el caso de las danzas más ocasiones aparte de la fiesta patronal en que se ejecutaban: el 12 de diciembre (día de la Virgen de Guadalupe) y posiblemente también el 1 y 2 de noviembre, fechas de Todos Santos. Así mismo se tiene registro de que antiguamente se hacían danzas de carnaval74.

37En general, el proceso de incorporación a mercados internaciones y de instauración de cierta modernidad se vio consolidada con la construcción de las carreteras. Que fueron mucho más que una conexión terrestre entre municipios y regiones dispares; se conectaron así no solo tierras sino formas muy diferentes de recrearse y hacer marcas en el tiempo. Las diferentes interrelaciones entre las localidades serranas de esta región y los diversos actores del Estado, la Iglesia y el Mercado nos hablan de sistemas de pensamiento diferentes, lógicas de vida que aunque encontraban convergencia en varios aspectos en muchos otros, que llegan a ser fundamentales, se oponían. Comenzando así una nueva etapa dentro del devenir de los pobladores de esta región.

Reflexiones finales

38Observamos tras este breve recuento histórico que las prácticas festivas y musicales de la localidad han sido escenario de constantes encuentros y convergencias entre sistemas de vida, formas de dominio y maneras de (re)crear el mundo vivido. Observamos que para los actores locales en la región que estuvieron sujetos a esquemas de dominación sistemática, en especial hacia la distribución y explotación de recursos, las prohibiciones y condiciones en la reproducción de prácticas festivas en términos locales fue causa de ciertas confrontaciones y momentos de tensión que se podrían pensar como enfrentamientos entre formas de (re)crear el mundo vivido y hacer marcas en la memoria del devenir individual y colectivo.
Dentro de esto, es sobresaliente lo que los movimientos del siglo XIX abordados previamente reflejan de estas interacciones. Se observa no solo la importancia que tienen las prácticas festivas para ciertos actores locales sino también nos hablan de las fiestas como un espacio de tensiones, resistencias y negociaciones por parte de los grupos de poder. Al reconocerse como causa de las revueltas las prohibiciones respecto a cuestiones festivas, es notorio que existía una concepción diferenciada entre las formas festivas de los que subordinaron a las poblaciones totonacas a través de la imposición de relaciones político-económicas específicas y las de quienes fueron dominados como mano de obra de los sistemas de explotación, es decir los totonacos. Además, se hace manifiesta la importancia intrínseca de la reproducción de las formas festivas de un grupo social siendo que al no verse satisfechas las formas locales para hacer procesión los días de fiesta, o para enterrar a sus difuntos por ejemplo, es legítimo para los actores afectados protestar. Lo contestado a través de estos conflictos sería el orden público y la obediencia al sistema, las devociones y sus expresiones, y la fe con sus diferentes construcciones e interpretaciones. Aunque comúnmente prevalece la relación de dominio tras el clímax y disolución del conflicto.

39Por otra parte este tipo de conflictos nos muestran el gran valor de un enfoque que estudie los fenómenos sociales en interrelación con su contexto, especialmente el político. Esto, que podría parecer evidente, considero que es importante de remarcar dado que las (re)creaciones y (re)producciones festivas de un grupo social son a su vez un aspecto del devenir y la memoria de los actores que impacta en todos los ámbitos de los individuos, por lo que en términos políticos hay un interés intrínseco en tener el mayor control posible sobre las prácticas festivas en situaciones de dominación. Esto hace relevante el hecho de que tengamos noticia de movimientos sociales en la región serrana del Totonacapan que se originan ten la demanda de tener derecho a reproducir estas prácticas, en resistencias pasivas donde de una forma oculta ante el actor investido del poder se garantiza la pervivencia de símbolos y costumbres, etc.

40Se busca con este análisis a su vez, brindar un sentido más profundo a las pervivencias de las costumbres festivas y rituales que se observan a la fecha en las distintas localidades, ya que considero que una reflexión de la música como expresión histórica de un conjunto de actores locales en específico aporta nuevas facetas al estudio de este tipo de manifestaciones sociales que tradicionalmente se han estudiado con base en la visión de que estas prácticas valen en sí mismas en medida de su originalidad, su exotismo o su “pureza” en relación una raíz prehispánica, por ejemplo. Así, este enfoque resulta sugerente para reflexionar en trabajos futuros respecto a la incorporación de factores que reconfiguran los significados, procedimientos y jerarquías de las prácticas festivas en relación a los nuevos contextos de poder desarrollados en las postrimerías del siglo XX y las primeras décadas del nuevo milenio.

41Finalmente, esta revisión de las manifestaciones festivas y musicales de los totonacos serranos en contraste a las estructuras de dominio busca sumarse como propuesta de revisión histórica ante la problemática de la escasez de fuentes sobre la historia de pueblos subalternos, especialmente de documentos que den cuenta de temáticas fuera de los intereses de los productores de las pocas fuentes que sí tenemos a nuestro alcance. Se busca invitar así al debate sobre el campo de oportunidad que representaría el análisis de la interfaz entre estructuras de dominio económico y manifestaciones específicas de los dominados, exhortando también a reflexionar sobre su validez y sus dilemas.

referencias bibliográficas

42Archivo General de la Nación, Archivo de buscas y traslados de tierras, Vol. 8, exp. 6, fs. 34-37 ‘Santo Domingo y Mecatlán piden títulos de tierras’.
Archivo General de la Nación, Indios, 1641, Vol. 13, exp. 119, f. 96.
Archivo General de la Nación, Indios, Indios, Vol. 34, f. 49 ‘Quejas contra Don Joseph Blanco de Vega, cura beneficiado del pueblo de Mecatlán de dicha Jurisdicción’.
Archivo General de la Nación, Inquisición, Año 1783, tomo 1283, expedientes 3 y 5, ff. 67-68 y 75-171.
Archivo General de la Nación, Vol. 38, exp. 22.

43Báez-Jorge, Félix. La parentela de María, (Sincretismo, cultos marianos e identidades nacionales en Latinoamérica). 2a. Edición. Xalapa, Ver., México: Universidad Veracruzana, 1999.

44Blacking, John. “Towards a reintegration of musicology”. En Proceedings of the British-Swedish conference on musicology: Ethnomusicology. Gotenburgo:, 61–69. Göteborgs Universitet, Institute of Musicology, 1991.

45Blanco Rosas, José Luis. “La muerte de Quihuikolo. Territorialidad de tres municipios totonacos del siglo XX”. En Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz. México: CIESAS, 1996.

46Camacho Díaz, Gonzalo. “Del oratorio al fandango: la subversión del orden social”. En Las músicas que nos dieron patria. Músicas regionales en las luchas de la Independencia y la Revolución, 43–62. México: Ediciones del Programa de Desarrollo Cultural de Tierra Caliente, 2011.

47Chenaut, Victoria. “Fin de siglo en la costa totonaca: rebeliones indias y violencia regional, 1891-1896”. En Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz, 75–99. México: CIESAS, 1996.

48del Amo Rodríguez, Silvia, y Sergio Moctezuma Pérez. “Bienestar o calidad de vida en una comunidad de la Sierra Totonaca”. Iberóforum. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, junio de 2008.

49Ducey, Michael T. “Viven sin ley ni rey: Rebeliones coloniales en Papantla, 1760-1790”. En Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz, editado por coord. Victoria Chenaut, 15–50. México: CIESAS, 1996.

50Escobar Ohmstede, Antonio. “El movimiento olartista, origen y desarrollo, 1836-1838. Una revisión histórica”. En Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz, 51–74. CIESAS, 1996.

51Franco González Salas, Ma Teresa, Gerardo Bustos, y Rafael Doniz, eds. El mundo huasteco y totonaco. 1. ed. México, D.F: Editorial Jilguero, 1993.

52García Juárez, Tomás. [entrevista] Danzas de Filomeno Mata, 2014.
———. “FILOMENO MATA”. Consultado el 14 de junio de 2015. http://filomenomata.blogspot.mx/ .

53Gerhard, Peter, Stella Mastrangelo, y Reg Piggott. Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821. [Mexico City]: Universidad Nacional Autónoma de México, 1986.

54Gómez Poncet, Jorge. “La Costa del Golfo, umbral de la historia mexicana”. En El mundo huasteco y totonaco, 87–122. México, D.F.: Jilguero, 1993.
Guadarrama Olivera, Mercedes. “El espacio y el tiempo sagrados en tres comunidades totonacas de la Sierra de Papantla”. En Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz, 183–205. México: CIESAS, 1996.

55Hemeroteca Nacional Digital de México, ‘El Monitor Republicano’, el 16 de septiembre de 1877.

56Hemeroteca Nacional Digital de México, ‘El partido liberal’, el 15 de julio de 1887.

57Hernández Peralta, Gabriel Alejandro Tonatiuh. “Del Canario barroco al Canario huasteco. Las huellas del barroco español en la tradición musical de México.” Master en musicología y educación musical, Universitat Autónoma de Barcelona, 2011.

58Ichon, Alain. La religión de los Totonacas de la Sierra. México, D.F.: Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes : Instituto Nacional Indigenista, 1973.

59Jerónimo, Miguel [entrevista]. Filomeno Mata en la antigüedad, traducción de Tomás García, en nota de campo de 10 de diciembre de 2014., 2014.

60Jurado Barranco, María Eugenia, y Camilo Raxá Camacho Jurado. Arpas de la Huasteca en los rituales del costumbre: teenek, nahuas y totonacos. Colección Huasteca. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social : Fondo Nacional para la Cultura y las Artes ; San Luis Potosí : Secretaría de Cultura del Estado de San Luis Potosí : Universidad Autónoma de San Luis Potosí : Colegio de San Luis, 2011.

61Lammel, Annamária, y Jesús Ruvalcaba Mercado. “Huastecos y Totonacos de hoy”. En El mundo huasteco y totonaco, 123–48. México, D.F.: Jilguero, 1993.

62Masferrer Kan, Elio. Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla. México: Editora del Gobierno del Estado de Veracruz, 2006.

63Matías, Flora, [entrevista] el 10 de diciembre de 2014.

64Méndez Herrera, Luz Carolina. “Son Huasteco en la Sierra Totonaca. Un análisis del entorno sonoro de la fiesta en Filomeno Mata, Veracruz.” Maestría en Antropología Social, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Unidad Golfo, 2016.

65Quezada, Noemí. “La Danza del Volador y algunas creencias de Tempoal en el siglo XVIII”. Tlalocan, 1977.

66Ricard, Robert. La conquista espiritual de México: ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523 – 1524 a 1572. 2. ed., 6. reimpr. México: Fondo de Cultura Económica, 2001.

67Solís, Felipe. “Pueblos y culturas en el Totonacapan”. En El mundo huasteco y totonaco, 65–86. México, D.F.: Jilguero, 1993.

68Stresser-Péan, Guy. “El antiguo calendario totonaco y sus probables vínculos con el de Teotihuacán”. Estudios de cultura Náhuatl, 2003.

69Trejo, Leopoldo. “Totonacapan, Huasteca y totonacos huastecos”. La Jornada, suplemento La Jornada del Campo. el 15 de diciembre de 2012, Número 63 edición.

70Velázquez Hernández, Emilia. Cuando los arrieros perdieron sus caminos: la conformación regional del Totonacapan. Zamora, Michoacán: el Colegio de Michoacán, 1995.

71Ventura Hernández, José. “Creadores de Huapangos y Sones Tradicionales”. Manuscrito. Cerro Grande, Filomeno Mata, Veracruz, 2008.

72Villanueva Hernández, Luis Alejandro. “El trío huasteco en la comunidad totonaca del municipio de Huehuetla, Puebla”. Maestría en Música en el área de Etnomusicología, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012.

73Notas de pie de página

741 John Blacking, “Towards a reintegration of musicology”, en Proceedings of the British-Swedish conference on musicology: Ethnomusicology. (Gotenburgo: Göteborgs Universitet, Institute of Musicology, 1991), págs. 68–69.

752 Emilia Velázquez Hernández, Cuando los arrieros perdieron sus caminos: la conformación regional del Totonacapan (Zamora, Michoacán: el Colegio de Michoacán, 1995), págs. 29–30.

763 Emilia Velázquez Hernández, Cuando los arrieros perdieron sus caminos, pág. 44.

774 Elio Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla (México: Editora del Gobierno del Estado de Veracruz, 2006), pág. 175.

785 Leopoldo Trejo, “Totonacapan, Huasteca y totonacos huastecos”, La Jornada, suplemento La Jornada del Campo, el 15 de diciembre de 2012, Número 63 edición.

796 Felipe Solís, “Pueblos y culturas en el Totonacapan”, en El mundo huasteco y totonaco (México, D.F.: Jilguero, 1993), págs. 81–82.

807 Michael T. Ducey, “Viven sin ley ni rey: Rebeliones coloniales en Papantla, 1760-1790”, en Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz, ed. coord. Victoria Chenaut (México: CIESAS, 1996), pág. 110.

818 Peter Gerhard, Stella Mastrangelo, y Reg Piggott, Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821 ([Mexico City]: Universidad Nacional Autónoma de México, 1986), pág. 224.

829 Tomás García Juárez, “FILOMENO MATA”, consultado el 14 de junio de 2015, http://filomenomata.blogspot.mx/ .

8310 José Santiago, plática informal. Esta idea fue expresada por varios de los totonacos de la sierra con los que interactué, no sólo de Filomeno Mata. Ver Méndez, 2016.

8411 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 134.

8512 Ducey, “Viven sin ley ni rey: Rebeliones coloniales en Papantla, 1760-1790”, pág. 16.

8613 “Archivo General de la Nación, Vol. 38, exp. 22.” s/f.

8714 “Archivo General de la Nación, Indios, 1641, Vol. 13, exp. 119, f. 96.” s/f.

8815 María Eugenia Jurado Barranco y Camilo Raxá Camacho Jurado, Arpas de la Huasteca en los rituales del costumbre: teenek, nahuas y totonacos, Colección Huasteca (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social : Fondo Nacional para la Cultura y las Artes ; San Luis Potosí : Secretaría de Cultura del Estado de San Luis Potosí : Universidad Autónoma de San Luis Potosí : Colegio de San Luis, 2011), pág. 61.

8916 Guy Stresser-Péan, “El antiguo calendario totonaco y sus probables vínculos con el de Teotihuacán”, Estudios de cultura Náhuatl, (2003), pág. 17.

9017 Mercedes Guadarrama Olivera, “El espacio y el tiempo sagrados en tres comunidades totonacas de la Sierra de Papantla”, en Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz (México: CIESAS, 1996), pág. 192.

9118 Stresser-Péan, “El antiguo calendario totonaco y sus probables vínculos con el de Teotihuacán”, pág. 17.

9219 Alain Ichon, La religión de los Totonacas de la Sierra (México, D.F.: Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes : Instituto Nacional Indigenista, 1973), pág. 168.

9320 Robert Ricard, La conquista espiritual de México: ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523 – 1524 a 1572, 2. ed., 6. reimpr (México: Fondo de Cultura Económica, 2001), pág. 295.

9421 Noemí Quezada, “La Danza del Volador y algunas creencias de Tempoal en el siglo XVIII”, Tlalocan, 1977.

9522 “Archivo General de la Nación, Inquisición, Año 1783, tomo 1283, expedientes 3 y 5, ff. 67-68 y 75-171.” s/f.

9623 Gonzalo Camacho Díaz, “Del oratorio al fandango: la subversión del orden social”, en Las músicas que nos dieron patria. Músicas regionales en las luchas de la Independencia y la Revolución (México: Ediciones del Programa de Desarrollo Cultural de Tierra Caliente, 2011), págs. 48–50.

9724 Annamária Lammel y Jesús Ruvalcaba Mercado, “Huastecos y Totonacos de hoy”, en El mundo huasteco y totonaco (México, D.F.: Jilguero, 1993), pág. 128.

9825 Otros documentos con quejas similares ver AGN, Indios, 1616, Vol. 7, exp. 102 “Contra el Corregidos de Tonatico y Zozocolco para que quite teniente”. AGN, Indios, 1659, Vol. 23, exp. 289 “Piden no pagar al encomendero en ropa de los tributos”. AGN, Indios, 1712, Vol. 38, exp. 22, fs. 24-26 “Queja ante el Virrey por naturales de Santo Domingo por malos tratos”.

9926 “Archivo General de la Nación, Indios, Indios, Vol. 34, f. 49 ‘Quejas contra Don Joseph Blanco de Vega, cura beneficiado del pueblo de Mecatlán de dicha Jurisdicción’.” s/f.

10027 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 139.

10128 Alain Ichon, La religión de los Totonacas de la Sierra, pág. 359.

10229 Alain Ichon, La religión de los Totonacas de la Sierra, pág. 382.

10330 Desde la década de los 90 del siglo pasado, los gobiernos locales y los propios pobladores y danzantes optaron por instalar en los atrios de las iglesias un poste fijo donde se ejecuta la danza, sustituyendo la costumbre de ir al monte a cortar un árbol, limpiarlo y volverlo poste, cargarlo y colocarlo en el atrio. Esta decisión se realizó por razones de seguridad pero principalmente como medida ante la deforestación aguda que prevalece en la región.

10431 Flora Matías, el 10 de diciembre de 2014.

10532 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 136.

10633 Ma Teresa Franco González Salas, Gerardo Bustos, y Rafael Doniz, eds., El mundo huasteco y totonaco, 1. ed (México, D.F: Editorial Jilguero, 1993), pág. 13.

10734 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 141.

10835 Ducey, “Viven sin ley ni rey: Rebeliones coloniales en Papantla, 1760-1790”, pág. 20.

10936 “Archivo General de la Nación, Vol. 38, exp. 22.”

11037 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 131.

11138 Jorge Gómez Poncet, “La Costa del Golfo, umbral de la historia mexicana”, en El mundo huasteco y totonaco (México, D.F.: Jilguero, 1993), pág. 102.

11239 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 80.

11340 Antonio Escobar Ohmstede, “El movimiento olartista, origen y desarrollo, 1836-1838. Una revisión histórica”, en Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz (CIESAS, 1996), pág. 58.

11441 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 149.

11542 Escobar Ohmstede, “El movimiento olartista, origen y desarrollo, 1836-1838. Una revisión histórica”, pág. 60.

11643 Luis Alejandro Villanueva Hernández, “El trío huasteco en la comunidad totonaca del municipio de Huehuetla, Puebla” (Maestría en Música en el área de Etnomusicología, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), pág. 212.

11744 Masferrer Kan, 2006, pág. 146.

11845 Blanco Rosas, 1996, pág. 114.

11946 Chenaut, 1996b, pág. 81.

12047 del Amo Rodríguez y Moctezuma Pérez 2008, pág. 4.

12148 “Archivo General de la Nación, Archivo de buscas y traslados de tierras, Vol. 8, exp. 6, fs. 34-37 ‘Santo Domingo y Mecatlán piden títulos de tierras’.” s/f.

12249 Victoria Chenaut, “Fin de siglo en la costa totonaca: rebeliones indias y violencia regional, 1891-1896”, en Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz (México: CIESAS, 1996), pág. 82.

12350 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, pág. 25.

12451 “Hemeroteca Nacional Digital de México, ‘El partido liberal’.” el 15 de julio de 1887.

12552 Tomás García Juárez, Danzas de Filomeno Mata., s/f.

12653 José Luis Blanco Rosas, “La muerte de Quihuikolo. Territorialidad de tres municipios totonacos del siglo XX”, en Procesos rurales e historia regional: sierra y costas totonacas de Veracruz (México: CIESAS, 1996), pág. 116.

12754 O poliestireno expandido (EPS, por sus siglas en inglés).

12855 Escobar Ohmstede, “El movimiento olartista, origen y desarrollo, 1836-1838. Una revisión histórica”, pág. 58.

12956 Blanco Rosas, “La muerte de Quihuikolo. Territorialidad de tres municipios totonacos del siglo XX”, 1996.

13057 Chenaut, “Fin de siglo en la costa totonaca: rebeliones indias y violencia regional, 1891-1896”, pág. 97.

13158 Ibid., pág. 77.

13259 Velázquez Hernández, Cuando los arrieros perdieron sus caminos, pág. 20.

13360 Blanco Rosas, “La muerte de Quihuikolo. Territorialidad de tres municipios totonacos del siglo XX”, pág. 107.

13461 Silvia del Amo Rodríguez y Sergio Moctezuma Pérez, “Bienestar o calidad de vida en una comunidad de la Sierra Totonaca”, Iberóforum. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, (junio de 2008), pág. 4–7.

13562 Masferrer Kan, Cambio y continuidad entre los totonacos de la Sierra Norte de Puebla, págs. 169–70.

13663 Ibid., pág. 231.

13764 Gabriel Alejandro Tonatiuh Hernández Peralta, “Del Canario barroco al Canario huasteco. Las huellas del barroco español en la tradición musical de México.” (Master en musicología y educación musical, Universitat Autónoma de Barcelona, 2011), pág. 26.

13865 Esto explicaría que en Filomeno Mata, a diferencia de otros municipios totonacos de la Sierra estudiados por Camacho y Jurado (2011), el instrumento más antiguo donde se tocaba toda la música de costumbre no fue el arpa de la que no se tiene memoria alguna en la localidad, sino un violín tosco hecho con materiales locales.

13966 “Hemeroteca Nacional Digital de México, ‘El Monitor Republicano’” el 16 de septiembre de 1877.

14067 Miguel Jerónimo, Filomeno Mata en la antigüedad, traducción de Tomás García, en nota de campo de 10 de diciembre de 2014., 2014.

14168 Ibid.

14269 José Ventura Hernández, “Creadores de Huapangos y Sones Tradicionales” (manuscrito, Cerro Grande, Filomeno Mata, Veracruz, 2008).

14370 Ibid. Se respetaron las tipografías del original, en este caso, las mayúsculas en los nombres de los trovadores.

14471 Blanco Rosas, “La muerte de Quihuikolo. Territorialidad de tres municipios totonacos del siglo XX”, pág. 122.

14572 Félix Báez-Jorge, La parentela de María, (Sincretismo, cultos marianos e identidades nacionales en Latinoamérica), 2a. Edición (Xalapa, Ver., México: Universidad Veracruzana, 1999), pág. 166.

14673 Sus orígenes se relacionan con la puesta en marcha del “Plan Zacapoaxtla” ver Masferrer Kan 2006, 88. Esta cooperativa (Unidos Venceremos, en náhuatl) “fue la primera Cooperativa que se constituyó con el fin de encontrar solución a la carestía de los productos básicos, ya que en aquellos tiempos era la demanda más sentida por toda la población” consultado en: http://www.tosepan.com/index.htm

14774 García Juárez, [entrevista] Danzas de Filomeno Mata. 2014.

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Para citar este artículo :

Luz Carolina Méndez Herrera, « Música, fiesta y poder en la Sierra Totonaca: El son huasteco de Filomeno mata del siglo XVI al XX. », Boletín AFEHC N°71, publicado el 04 diciembre 2016, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4441

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