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AFEHC : bibliografia : Atemorizar la tierra. Pedro de Alvarado y la conquista de Guatemala, 1520-1541 : Atemorizar la tierra. Pedro de Alvarado y la conquista de Guatemala, 1520-1541

Ficha n° 4465

Creada: 08 junio 2017
Editada: 08 junio 2017
Modificada: 08 junio 2017

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Autor de la ficha:

Sajid Alfredo HERRERA

Editor de la ficha:

Laura MATTHEW

Atemorizar la tierra. Pedro de Alvarado y la conquista de Guatemala, 1520-1541

Una pequeña, pero muy bien escrita y documentada, narrativa sobre el proceso de conquista de lo que actualmente es Guatemala y una parte de El Salvador.
1527
Palabras claves :
Conquista, Historia, Alvarado
Categoria:
Libro
Autor:

W. George Lovell, Christopher H. Lutz y Wendy Kramer

Editorial:
F&G Editores
Fecha:
2016
Reseña:

1“El comportamiento violento y codicioso de [Pedro de] Alvarado (…) habría de dejar una profunda huella, hasta hoy en día, sobre las tierras y las gentes que [Hernán] Cortés lo había enviado a conquistar” (pág. 160). Así finalizan uno de los capítulos los autores de esta pequeña, pero muy bien escrita y documentada, narrativa sobre el proceso de conquista de lo que actualmente es Guatemala y una parte de El Salvador. Para Lovell, Lutz y Kramer, tres prominentes centroamericanistas, la conquista de estos territorios liderada por Alvarado no solo implicó el inicio de su incorporación a la Corona hispana, sino también significó la sedimentación de prácticas como la impunidad, la construcción del miedo, la explotación y la violencia que hasta el día de hoy son palpables en Guatemala. Más allá de que algunos pudieran discrepar de esta afirmación, lo cierto es que nos encontramos ante una revisión crítica de la narrativa de la conquista española en la región mesoamericana a partir de la consulta de nuevas fuentes, como el Libro Segundo y Tercero del Cabildo de Guatemala, acompañada de extensas y detalladas notas que enriquecen el texto. Asimismo, los autores han realizado una cuidadosa selección de veinte imágenes procedentes de la “Historia de Tlaxcala” (1582) y nos proporcionan una pedagógica cronología del proceso de conquista desde 1521 hasta 1541.

2La conquista hispana de la actual Guatemala y de una parte de El Salvador por parte de Pedro de Alvarado fue más compleja de lo que parece. Conscientes de ello, los autores de este libro articulan las diversas piezas de este entramado a partir de tres capítulos que llevan al lector a seguir el camino de las huestes españolas con sus auxiliares desde Tenochtitlán hasta la muerte de Alvarado en 1541. El primer capítulo analiza cómo comenzó a fraguarse el proyecto de conquista desde Tenochtitlán, la salida de Alvarado y su comitiva, los enfrentamientos con los k’iche’s, los tz’utujiles y los pipiles del occidente y centro del actual El Salvador, así como los motivos de la ruptura entre Alvarado y sus aliados kaqchikeles. Además, plantea la irresuelta controversia en torno a “Tecún Umán”, el líder indígena que es mencionado en cuatro textos k’iche’s, cuya redacción es posterior a las primeras batallas realizadas entre españoles e indígenas, y que fueron consultados por cronistas criollos como Antonio Fuentes y Guzmán.

3La comitiva de Alvarado estuvo compuesta por sus tres hermanos, sus tres primos, su futuro yerno, así como por un numeroso contingente de guerreros indígenas, procedentes de Tenochtitlán, Cholula, Tlaxcala, entre otras regiones. El dato nos permite comprender dos aspectos esenciales de la conquista. Primero, que este proceso no solo se trataba de un proyecto de expansión europea, de expansión global / imperial en donde se buscaba entronizar el “yo conquisto”, el principio de “cristianízate o te mato”, como nos lo han señalado acertadamente diversos intelectuales latinoamericanos (Dussel, Grosfoguel, etc.). También, a nivel micro, se trataba de “un asunto de familia” (pág. 121) con respecto al reparto del botín de guerra: prisioneros, piedras preciosas, territorios, etc. El segundo aspecto tiene que ver con el auxilio prestado por los indígenas del actual México. De hecho, en las imágenes de la “Historia de Tlaxcala” que los autores nos muestran al final del libro, queda en evidencia tanto el auxilio prestado por estos indígenas a los españoles como también los efectos de la iconografía del poder. Mientras los vencidos son representados con atuendos sencillos (“bárbaros”) y en posición de derrota, los tlaxcaltecas son representados con indumentarias suntuosas, mostrando la dignidad del vencedor, su lealtad a la Corona y, por supuesto, la prueba de que eran acreedores de las gratificaciones correspondientes por esta muestra de servicio. Sin embargo, los guerreros auxiliares del actual México no se llevaron todo el mérito. Los contactos que los kaqchikeles tuvieron con los españoles asentados en Tenochtitlán fueron decisivos para convencerlos a emprender la conquista hacia el sur.
Ahora bien, fue un mérito que más temprano que tarde terminó esfumándose. Y sobre ello se nos relata en el capítulo dos. Ciertamente, la alianza kaqchikel-española se logró gracias a las rivalidades que los primeros tenían con otro pueblo de origen maya: los k’iche’s. De ahí que los europeos no entraban a un espacio homogéneo sino más bien diverso, “una verdadera colmena de nichos ecológicos” con un gran mosaico humano (Héctor Pérez-Brignoli), en donde las disputas por la hegemonía regional eran una constante. Alvarado y los suyos sacaron ventaja de esta situación a partir de las negociaciones con los kaqchikeles. Lovell, Lutz y Kramer reflexionan, partiendo de los análisis de Michel Oudijk y Matthew Restall, que la alianza militar era una manera estratégica de proceder y que los mesoamericanos la concebían en términos de igualdad de fuerzas, no como una subyugación. Por lo anterior, el proceso de conquista de Guatemala manifestaría patrones de continuidad de las disputas de poder entre los diversos pueblos indígenas de la región tenidos durante la era prehispánica.

4El mérito de los kaqchikeles como guerreros auxiliares fue efímero para los españoles por el temperamento vengativo, volátil, impulsivo e imprudente de Alvarado. A su regreso de la expedición de Cuzcatlán (1524), ya en Iximché, Alvarado fue acusado — según una fuente indígena: El Memorial de Solola — de tomar una mujer kaqchikel; pero también, de abuso de poder por un juicio realizado contra él en México. Sobre este último caso, se le acusó de haber aprehendido al rey kaqchikel, Cahí Ymox, y a su mujer, Súchil. La desesperación de Alvarado por no haber encontrado suficientes riquezas en las tierras conquistadas lo llevó a tomar estas y otras medidas insoportables (pago de tributos, trabajo obligatorio, etc.) que llegaron a romper la alianza creada, así como a echar por la borda el reconocimiento de los kaqchikeles como guerreros auxiliares. La correlación de fuerzas cambió, pues los kaqchikeles se unieron a sus antiguos rivales, los k’iche’s, entrando a partir de ese momento en la categoría de traidores.

5Cahí Ymox y Belehé Qat fueron los dos principales líderes kaqchikeles de los alzamientos, de la guerra declarada a los españoles pero también de la rendición. En 1530, luego de su regreso de España como “Adelantado”, Alvarado tomó medidas denigrantes contra los rendidos sin importar sus jerarquías, lo cual obligó a Cahí Ymox a huir. Unos años más tarde fue hecho prisionero para ser finalmente ejecutado en 1540. En torno a estos hechos y lo que sigue a continuación se nos relata en el capítulo tercero. Las ambiciones sin límites de Alvarado, es decir, sus rivalidades con los proyectos de conquista sobre el Perú llevados a cabo por Francisco Pizarro y Diego de Almagro, las pretensiones sobre el Atlántico de la actual Honduras, la fundación de dos ciudades en esa provincia (Puerto Caballos y Gracias), así como su partida para tomar parte de la gran expedición a las Islas Molucas, todo ocurrido entre 1534 y 1540, reveló el poco interés que tenía para él estar regiones conquistadas años atrás. Lovell, Lutz y Kramer señalan cómo Alvarado pudo esquivar las miradas judiciales de los visitadores regios y cómo pudo sortear sus años de ausencia de Guatemala a través de las figuras de autoridad que asumieron sus parientes.

6Un aspecto fundamental de este libro es que recoge las memorias indígenas construidas en el siglo XVI sobre las experiencias de la conquista por parte de “los vencidos” para llenar vacíos narrativos o para contrastar ciertos hechos con lo registrado por las memorias peninsulares. En definitiva, estamos ante un texto que, sin perder el rigor metodológico y teórico, puede ser leído por un amplio público. La narrativa refrescante que nos presentan Lovell, Lutz y Kramer del proceso de conquista de la región norte de la actual Centroamérica posibilita repensar los modos cómo estos territorios fueron incorporados a los imperios ibéricos, en un momento crucial de su expansión y dentro del escenario atlántico de las primeras etapas del capitalismo. Asimismo, nos lleva a ver, en un diálogo con otros estudios sobre períodos posteriores, las diversas maneras en las que fueron construidas históricamente las relaciones sociales de nuestras poblaciones; relaciones sociales basadas en la injusticia social, la desigualdad y la violencia.

7Sajid Alfredo Herrera Mena
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas
El Salvador, C.A.

Fuentes :

http://www.fygeditores.com/emails/Atemorizar/Atemorizarlatierra_info.htm

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