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AFEHC : articulos : La quiebra de la economía familiar de los Rubio en Guatemala : la historia de una red social de antiguo regimen. : La quiebra de la economía familiar de los Rubio en Guatemala : la historia de una red social de antiguo regimen.

Ficha n° 1126

Creada: 23 junio 2006
Editada: 23 junio 2006
Modificada: 18 enero 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La quiebra de la economía familiar de los Rubio en Guatemala : la historia de una red social de antiguo regimen.

Micro historia de la familia en Guatemala. Se trata de una versión modificada y ampliada del artículo publicado en Venezuela en la Revista Tierra Firma.
181
Palabras claves :
Historia, Familia, Sociabilidades, Mayordomía
Autor(es):
Christophe Belaubre
ISBN:
0798-2968
Fecha:
abril-junio 2002
Texto íntegral:

1Jean-Louis Flandrin, con sus numerosos trabajos contribuyó de manera decisiva a ubicar la historia de la familia al cruce de las ciencias sociales dando una nueva impulsión a una de las ciencias más antigua del ser humano1. Desde entonces los trabajos se han multiplicado dejando de lado los individuos para desarrollar estudios de antropología social e histórica con el fin de estudiar las relaciones sociales tejidas entre algunos grupos sociales bien determinados. En ese campo los trabajos clásicos en la historiografía hispanoamericana siguen siendo los de David Brading, John E. Kicza, Doris Ladd, Susan Socolow y John Tutino2. A dentro de esa escuela historiográfica, los historiadores que se han dedicado al papel de la Iglesia no fueron más allá de una descripción de la importancia de los nexos con las instituciones eclesiásticas como medio para tener acceso a determinados beneficios económicos3. Son pocos los trabajos que subrayan el papel de la iglesia institucional en la conformación de un espacio de poder familiar con características especificas y que aceptan la operatividad del concepto de “red social”. La toma en consideración de la red nos ayuda a rebasar los acercamientos clásicos considerando la Iglesia como un agente social en sí capaz de servir a los intereses de algunos grupos reducidos de familias4. Siguiendo los trabajos de Giovanni Levi intentamos demostrar como la familia Rubio vivía adentro de una red muy densa de relaciones e intercambios entre padres, es decir con grupos familiares y con individuos que pertenecían a diferentes “núcleos” familiares5. El tratamiento de dicha problemática presenta un carácter “operativo”, debido a que su único objeto consiste en utilizar la red como un instrumento de trabajo para entender el proceso de integración y de consolidación social de la familia Rubio. La información cualitativa sobre la red de sociabilidad, recaudada en las fuentes notariales, nos permite calificar el grupo familiar dentro de los redes de “antiguo régimen” vinculados con la Iglesia6.

2Estudiaremos el conjunto de decisiones que permiten a un hombre de consolidar una posición social sin pasar por el casamiento con la vieja elite criolla y apoyándose principalmente en la Iglesia y en su círculo de parientes para organizar sus actividades comerciales. Con la segunda generación de los Rubio, se celebro una alianza matrimonial “clásica” dentro del pequeño grupo de familias de poder de la Ciudad de Guatemala pero la estrategia de utilizar los fondos de la Iglesia sin separar claramente esos fondos de los de la empresa familiar provocaron reveses de fortuna. Más allá de un caso aseverado de concusión, la naturaleza de la red social de los Rubio excesivamente centrada en la parentela podría explicar la rapidez de la quiebra.

Felipe Rubio y Morales, su parentela y su “estrecha” red social

3Felipe Rubio, de fuerte corpulencia (murió a la edad de 88 años), emigró a América en 1733, siendo entonces criado del presidente interino recién nombrado de la Audiencia de Guadalajara Tomas de Rivera y Santacruz. Su padre, natural de Madrid y entonces difunto, era caballero de la orden de Alcantará y capitán de caballería de corazas grado prestigioso y tenía la calidad de hijodalgo7. Cuando Tomas de Rivera y Santa Cruz fue nombrado para ocupar el cargo de presidente de la Audiencia de Guatemala en 1742 el joven Rubio le servía de secretario de cámara. Tras un poco más de seis años de servicios, Rivera y Santa Cruz fue enviado a la ciudad de México para ocupar el puesto de alcalde del crimen honorario: Rubio decidió entonces radicarse en Santiago de Guatemala. Suponemos que sus calidades de administrador habían sido apreciadas en la Real Hacienda donde fue nombrado, poco después, tesorero interino8. De hecho sus primeras amistades se formaron adentro de la Real Hacienda donde sirvió dos años. Estaba en relación con el tesorero Francisco Nájera quien declaraba haber conocido en Madrid antes de viajar a Guatemala a Francisco Rubio y Peñaranda, primo hermano de Felipe. Sus relaciones en Madrid y sus nexos con los oficiales de la Real Hacienda lo llevaron a ocupar la prestigiosa función de Gobernador interino del Soconusco, cargo que ejerció entre 1749 y 1751.

4Carecemos de detalles sobre su red de sociabilidad “local” en esa primera fase de su integración. Parece que mantuvo relaciones estrechas con su grupo familiar de origen en particular con Francisco Rubio y Peñaranda, un santiaguista quien era teniente general de los Reales Ejércitos y Gobernador de la villa de Madrid9. A su muerte le recayó a Felipe el regimiento perpetuo de la villa de Madrid. También mantuvo correspondencia con su hermano el Dr. Francisco Rubio y Morales. Cuando este último murió en 1786 los capitales de capellanías recayeron en beneficio del hijo mayor de Felipe quien hacia su carrera en España10.

5En 1753, Felipe decidió casarse con una criolla nativa del Reino de Perú. Ese primer matrimonio se celebro en la ciudad de Guatemala con Ana de Benítez y Marín de Valenzuela, hija de un Sargento Mayor oriundo de la ciudad de Trujillo radicado en el Reino de Guatemala. Su esposa solo tuvo tiempo de darle un hijo y murió durante el parto. Ese niño, Manuel quien hizo una brillante carrera en la Península, nació en marzo de 1754 en la ciudad de Antequera cuando Felipe estaba en camino de la ciudad de Mexico. La madrina fue su cuñada, Josefa Benitez11. Tenemos poca información sobre bodas y bautismos de la parentela (porque han viajado mucho y la familia Benitez aparece poco en la historiografía centroamericana) pero la elección de compadres hacia la propia parentela nos es sorprendente. Los Rubio estaban entonces en una posición social bastante débil y el compadrazgo servía a reforzar los lazos internos de la parentela e incrementar las obligaciones mutuas con los Benitez.

6La muerte repentina de la esposa de Felipe no fue sin consecuencia sobre la historia de la casa Rubio. El matrimonio con la casa de los Benítez tenía una lógica especifica cuyo propósito era el de constituir una alianza estrecha con una de las casas comerciales mas activa en la Capitanía General de Guatemala. Sabemos que la dote de ese matrimonio era de 7.300 pesos. Felipe no cobró el dinero para dejarlo en poder del padre de su esposa esperando sacar beneficio del comercio de ropa de China pero, según su testimonio, en once años jamas tuvo utilidad. Logró solamente recuperar el capital al momento de la muerte de su suegro Francisco Benitez12. No tuvo mucha suerte porque la casa de Benitez era muy activa y exitosa cuando se trataba de administrar sus intereses. Cuando murió Francisco Benitez el capital familiar superaba los 300.000 pesos lo que seguramente lo ubicaba al nivel de los comerciantes más pudientes de la primera mitad del siglo XVIII (hay que tomar en cuenta que el auge del añil solo empezaba). Francisco Benitez y Felipe Rubio se conocieron bien y mantuvieron una relación estrecha entre 1753 y 1764, año en el cual murió el primero. ¿Pero cómo y porque esa relación pudo mantenerse tan estrechamente a pesar de la muerte repentina de su primer esposa y del segundo matrimonio en 1755 con María Gemmir y Lleonart ? La genealogía social (es decir la reconstitución de la parentela mas allá del tronco de la familia Rubio : véase el gráfico n° 1) de la familia nos da la respuesta a esa pregunta13. Nos dimos cuenta que después de un corto periodo de viudez, Felipe Rubio volvió a casarse con la hija del gobernador de Costa Rica, Juan Gemmir y Lleonart (1740-1747). Esa alianza permitía a Felipe de volver a estrechar sus nexos con los Benitez porque su cuñada, María de la Concepción Gemmir y Llenoart, se había casado con Francisco Benítez, hermano de su difunta esposa. Esa pareja tuvo hijos, Felipe y José Leandro, los cuales formaban un verdadero pedestal a la red de poder de la familia Rubio en la capital del Reino de Guatemala.

7

La familia Rubio y Gemmir
La familia Rubio y Gemmir

8Puesto que los hijos de Francisco Benitez eran muy jóvenes, Felipe tuvo que hacerse cargo de la fortuna de Francisco Benitez de mancomún con María Benitez y María Concepción Gemmir. La administración del caudal fue confiada a Juan José Montes de Oca quien ejerció el oficio de cajero entre 1764 y 1767 con el salario de 200 pesos anuales en los cuatro primeros años. Este Montes de Oca se mantuvo durante toda su vida al lado de Felipe y cuando la quiebra de la familia Rubio se hizo pública, Montes de Oca aparecía en las cuentas como un apoderado que estaba especialmente encargado de cobrar a los inquilinos de diezmos en las Provincias de San Salvador, San Vicente y San Miguel. Juan José Montes de Oca debía por lo menos 20.000 pesos a la Iglesia pero sus bienes estaban igualmente concursados y el juicio de los acreedores se seguía ante el Real Consulado14.

9La documentación no nos permite saber si la fortuna de la familia Benitez fue utilizada por Rubio y Montes de Oca para dar un impulso nuevo a sus respectivas actividades comerciales pero lo podemos sospechar15. En 1767 se celebro un contrato entre María Benítez, Felipe Rubio y María Concepción Gemmir para que Montes de Oca quede en calidad de compañero para interesarse en la tercera parte de los acrecentamientos que se pudieran hacer en el caudal. Siendo entonces alcalde mayor de Totonicapán Montes de Oca introdujo 6000 pesos de su caudal. Con el segundo matrimonio de María de Concepción con el comerciante Joseph de Plazaola todo terminó. Plazaola consideraba que la administración de Montes de Oca no le convenía ni a su mujer ni a sus menores y que podía ser muy perjudicial según sus propias palabras. Plazaola le reprochaba de haber fiado crecidas cantidades de meraderías a los Provincianos, y de haber formado una nueva compañía con María Benítez para cuyo giro contrajo el crecido empeño del comerciante Francisco Pacheco. Resultaba hallarse la casa Benítez exhaustos de dinero. Con los mandamientos de Plazaola se hizo un estado de cuentas de los negocios que manejaba entonces Juan Montes de Oca16. Entre muchas partidas, aparece Juan José Montes de Oca como deudor de la casa Benítez de una suma cercana a los 10.000 pesos.

10El núcleo familiar formaba una red eficaz de solidaridad pero no cabe duda que, a pesar de casi diez años al servicio de su rey, la integración social de los Rubio era lenta e imperfecta. En ese caso el cuadro de la parentela alía racionalidad económica, seguridad objetiva y legitimación moral. Pero la red social nos aparece muy reducida y de todos modos lejos de ser adaptada a una época marcada por el aumento de los intercambios trasatlánticos.

11Felipe iba a tener cincuenta años en 1760 y estaba todavía lejos de poder comprar una regiduría en la ciudad capital. En Santiago Guatemala, en la primera mitad del siglo XVIII, era prácticamente imposible a un “emigrado” de permanecer en el país sin haber sido previamente integrado por la aristocracia local. Felipe Rubio lo intentó, casándose dos veces con mujeres sin vínculos con esos grupos criollos de la ciudad de Guatemala, y apostó que su casa podía salir adelante aprovechándose de su trabajo al servicio de Dios. La documentación notarial deja pensar que el hombre no se arriesgaba en asuntos comerciales y que estaba bastante aislado en el reducido mundo de la elite de la ciudad de Guatemala. Además su segunda esposa en 1755 no le había dejado ninguna dota y, a pesar de su buena integración al pequeño mundo de los “chapetones”, podemos decir que su influencia económica era reducida. Un evento cambio totalmente la vida de ese hombre hasta ubicar su casa en menos de 20 años al nivel de las familias más honorables de la ciudad de Guatemala: su nombramiento en 1757 al puesto de mayordomo y administrador de los propios y bienes de la Iglesia Metropolitana. La muerte de su compadre Francisco Benitez le dio además algunas facilidades financieras para entrar en el negocio muy cerrado de la importación a grande escala de productos españoles.

Los caminos “piadosos” de la integración social: el papel de la mayordomía

12El puesto de mayordomo de rentas, Felipe Rubio y Morales lo obtuvo en 1757 y lo conservo durante 38 años hasta 1795, fecha de su fallecimiento. Cuando el arzobispo Francisco Figueredo y Vitoria lo nombro en ese puesto estratégico del sistema financiero de la Iglesia Felipe tenía todas las cualidades requeridas. Sus años de servicio real le daban mucho crédito y, como empleado de la tesorería, era de manifiesto que sabía contar. Sobre todo, no estaba casado con unas de las viejas familias de la ciudad lo que implicaba un cierto grado de independencia enfrente de ellos. Cuando dejó el puesto a su hijo la familia se había “creolizado” pero el grupo mantenía una coherencia y se encontraba poco enredado en las redes de poder de las familias preeminentes de la capital. Toda la familia estaba organizada alrededor de las actividades de Felipe en la mayordomía.

13En teoría su puesto estaba controlado por el arzobispo, el cabildo eclesiástico y sobre todo por la contaduría de diezmos (cuando esta empezó a funcionar con la reforma de 1785) pero vamos a ver que él trabajaba con gran libertad. Dentro de sus numerosas obligaciones, la más importante era la supervisión del proceso de remate de los diezmos. Informaba a los jueces hacedores lo que producían los diezmos de cada partido. Se encargaba de abrir pleito contra los que no cumplían? como en 1793 cuando Francisco Carbonell no quería pagar una deuda de 320 pesos17. Felipe Rubio y Morales nos explica en un informe redacto de su puño en que consistía su trabajo, en un tono lamentoso porque pedía un aumento de su salario. Según el, la parte más penosa de sus actividades era la venta de los productos diezmados por los decimadores en los mercados de la capital. Además el recibía cada año mas de 150 zurrones de añil que debía separar en tres categorías. ¡Era lo mismo por el cacao ! Tenía que presentar todo a la aduana, pesar el conjunto y dar cuenta de su cantidad en libras. Los colectores o arrendatarios siendo siempre atrasados para pagar lo debido, el tenía que gestionar los intereses sobre las sumas prestadas y multiplicar las cartas de créditos o de pagos. Por último tenía que entregar los salarios a los prebendados, capellanes y otros acólitos, elaborar índices porque los documentos que recibía le venían de los cuatros lados de la diócesis (véase el dibujo que hemos encontrado en el archivo de la curia diócesis y que representa Felipe Rubio trabajando y atrás se pueden ver los libros que confeccionaba para hacer funcionar su administración). Recibía un sueldo 1032 pesos en 1793 más 350 pesos porque era también encargado de gestionar la fabrica de la catedral18.

14En realidad Felipe no tenía porque quejarse de su salario. Solo la situación financiera delicada de la casa de los Rubio motivaba su descontento. El empleo de tesorero, al igual del de alcalde mayor permitía en si de enriquecerse por otros medios que los del salario. No hay que perder de vista que el factor fundamental que permitía la movilidad social vertical en la escala social era la riqueza. De hecho el ascenso social de Felipe estuvo estrechamente vinculado con sus actividades a dentro de la catedral.

15Como hemos visto, el puesto de mayordomo implicaba un trabajo intenso y Felipe debía disponer de una red de hombres de confianza sobre todo ubicados en la diócesis de Guatemala. El producto de los diezmos de añil estaba vendido directamente a sus correspondientes en Cádiz, principalmente con Miguel Langton19. También utilizaba su salario para comprar en la provincia salvadoreña su propio añil y venderlo en Cádiz. En la década de los ochenta, el hijo de Felipe, Juan Miguel Rubio y Gemmir tenía mas de veinte años y estaba encargado mas específicamente de organizar el comercio transatlántico con su socio Felipe Benitez y Gemmir. Entre 1786 y 1805 los dos pasaron mas de 150 contratos por una cantidad que superaba los 250.000 pesos20. Este Felipe Benitez estaba casado con María Josefa Ortiz de Letona lo que aseguraba conexiones con el cabildo eclesiástico de la capital21. Los dos dejaron deudas cuando fallecieron lo que provoco pleitos judiciales ante el Consulado de Comercio. En 1807, el sindico del concurso de acreedores de Juan Miguel Rubio, Francisco Del Campo, intento recuperar une deuda de 3221 pesos que quedaba de la liquidación de cuentas hechas entre los dos comerciantes al final de 1804. El documento contiene una reproducción minuciosa de la contabilidad de los dos comerciantes. Felipe Benítez compraba la tinta que le vendía Juan Miguel Rubio (19 tercios en 1786, 20 en 1790, 38 en 1791, 33 en 1793, 72 zurrones en 1795, 70 tercios en 1800) y Juan Miguel compraba mercancías de Cádiz. (Véase el cuadro n° 1).

16Cuadro N° 1

17El señor Don Felipe Benítez y Gemmir, su cuenta con Juan Miguel Rubio y Gemmir, calculado en pesos. FUENTE: AGCA, A1.5, Leg. 2415, Exp. 18379 (1807).

18
Fecha Detalle de las operaciones Debe Haber
1786/04 Valor de 19 tercios de tinta corte con 408 libras reales que le compre - 5.010
1786/04 Valor de tercios dicha sobresaliente con 1503 libras a 13 reales - 2.442
1786/04 Valor de 4 tercios dicha flor con 864 libras A 15 reales - 1.674
1786/04 30 Costales a 20 reales - 75
1786/05 Libranza de 4 de dicho entregue a los sensores don Luis Galeano y don Martín Barrundia 3.953 -
1786/05 De su orden entregue a dichos señores 246 -
1786/05 Libranza De un pagare otorgado por dicho señor Benítez a favor de don Tadeo Pinol, quien los endoso a don José Mariano Roma y este le dio en pago a mi padre por ciertas tintas 3.044 -
1786/06 Orden verbal de entregue a los Sres. Don Luis Galinao y don Martín Barrundia 3.300 -
1786/11 Pague al arriero Domingo Blanco por el flete a San Miguel de 28 arrobas 3 libras. Que pesaron 3 tercios y un envoltorio con 62 V de Gerga y 20 Cortes de un alto, que llevo dicho arriero y tenia yo para remitirle por habermelos dejado pasar este efecto. 42 -
1786/12 Pagados en la administración de correos por el porte de sus cartas de España de dicho mes. 3 -
1786/12 Pague por el flete de un tercio N° 4 que recibí del Gofo y es de su pertenencia. 13 -
1786/12 Por su carta de 18 del mismo me entrego don Manuel Antonio Rivera. - 61
1787/02 Pague al correo Juan de Dios Santelices por flete de un envoltorio que le remití de varios efectos que me pidió de los que compro a don Rafael Ferrer. 12 -
1787/02 Valor de las tintas que de su pertenencia vendía a don Juan Bautista Marticorena. - 1709
1787/03 Me entrego cajero don Manuel de las ventas de la tienda. - 747
1787/03 Pague al arriero Francisco Rivero de Zacapa por el flete de 27 arrobas 20 libras peso de los tercios N° 1,2,3, 4 y 6 Y yo de Bodegas de los venidos a don José Plazaola en las Fragastas Jesús Nazareno y Pincipe de Asturias. 45 -
1787/03 Me entrego antes de su viaje a Provincia. - 200
1787/03 El empedrado del frente de la Casa de Plazaola. 100
1787/03 Que le di en 9 de agosto de 86 en una libranza a su favor y contra don José Antonio Andrade de San Miguel girada por mi padre y la cobro. 700
1787/04 Que le entregue en reales. 200
1787/04 Que por su libranza del 7 de dicho entregue a don Policarpo Landero. 150
1787/05 Que me pidió y le entregue. 78
1787/05 Por 5 y medio varas de a 9 reales que me vendió. 6
1787/05 Por 1 ¾ vara de tercio pelo a 6.5 pesos. 11
1787/05 Que me entrego. 126
1787/05 Por 16 1/3 vara de Tafetán de doble blanco a 18 reales. 36
1787/09 Que me dio orden entregue de su cuenta a Montes de Oca a quien se los abono a su cuenta a fojas 16 en este libro. 209
1787/09 Valor de 10 laminas que le vendí. 160
1788/04 35 libras metas cardenillo que le vendí a 14 reales. 62
1788/05 Que le dio en una libranza contra don Vicente García que cobro. 200
1788/05 En virtud de su encargo pague en la Real Audiencia por los derechos de alcabalas y monte de 29 tercios de tinta, que le remitió don José Plazaola y es en esta forma 353 pesos de alcabala y 112 pesos de derecho de Monte según Boleta que le entregue. 465
1788/06 35 Valor de los efectos que le vendí, de la pertenencia de don Pedro Alonso Derouley vecino de Cádiz y constan por menor en mi libro de compras y ventas a fox 12 , cuya cantidad debe pagar en diciembre de 1789, según su obligación. 1781
1788/06 Valor de los efectos que le vendí de mi pertenecía como por menor de dicho libro a fox 10,11,12 cuya cantidad debe satisfacer en diciembre de 1789 según su obligación. 16789
1788/10 Que entrego en esta forma, ciento en libranza de Don Ricardo Yzaguirre contra mi, ciento en libranza de géneros que se le tomaron para casa. 120
1788/06 Que libre en su contra y a favor de Rafael Ibáñez y Navarro. 767
Total 31557 12987

19Es evidente que la función de mayordomo dio la liquidez que hacían falta a los Rubio para incorporar el pequeño círculo de las casas comerciales de entrada. La posición de Felipe era ideal para favorecer los miembros de su parentela y crear una red de clientes. Lo encontramos en 1784 como fiador y a la vez prestamista del hermano de su segunda esposa, José Leandro Benítez y Gemmir22. La solidaridad interna y la reciprocidad de los servicios daba coherencia al grupo. Todos podían tener la impresión de trabajar no por su provecho individual sino por el conjunto del grupo Rubio-Benitez-Gemmir. Por otra parte, Felipe se encargaba de los depósitos confidenciales de muchos sacerdotes. Por ejemplo, en 1805 el obispo de la diócesis de Comayagua, Vicente Navas le había confiado 19.000 pesos para que estuviesen a su disposición cuando los necesitaba. De la misma manera el presbítero Francisco Angel de Toledo tenía allí más de 2500 pesos. Ese dinero Felipe no lo dejaba en la caja fuerte de la mayordomía sino que aprovechaba para ofrecer préstamos a unos clientes que le podían servir de protectores. En 1805, entre sus deudores, aparecían nada menos que el obispo de Chiapas Ambrosio Llano (600 pesos) y el regente Francisco Robledo (1689 pesos).

20Esos hombres eran potentes protectores pero la documentación consultada nos hacer pensar que la red de colaboradores era poco diversificada. Los intercambios de productos no salían de la ruta tradicional entre Cádiz y la Ciudad de Guatemala y la mayor parte de los fondos provenían de la Iglesia. Hemos encontrado un solo caso de fianza dada por Felipe a una persona que no fuese miembro de su parentela. Se trataba de Pedro Toriello, un comerciante de poca relevancia23, aunque ubicado en un lugar estratégico puesto que operaba en el puerto de Trujillo.

21De hecho la debilidad de esa red social no es sorprendente porque el poder del mayordomo se extendía a muchos sectores de la Iglesia y ese poder era tan fuerte que uno podía pensarse invulnerable. Logró muchas veces tener la oreja de los arzobispos. Por ejemplo, no cabe duda que Felipe apoyo la candidatura de Felipe Benítez y Gemmir cuando se trato de gestionar los fondos del monasterio de Santa Catalina (Se trataba de recaudar los réditos de un capital de 150.000 pesos divididos en más de 100 censos o depósitos). Se mantuvo allí entre el 18 de octubre de 1778 y el 17 del mismo mes de 1785. Lo que significa que fue nombrado por el arzobispo Pedro Cortez y Larraz y que su sucesor lo dejo a su puesto. Algunos años más tarde el arzobispo Juan Felix de Villegas apoyo sin reserva Felipe quien pedía que su puesto de mayordomo recaiga en su hijo24. Cuando Blas Rodríguez de Zea tomo su lugar e hizo una revisión de sus cuentas denunció nada menos que catorce irregularidades. Por ejemplo, en el capital prestado a Esteban Godoy entre 1782 y 1785, Benítes debía cobrar 290 pesos de interés y solo ingresó 190 pesos en caja. En total, aparece que Benitez debía 3686 pesos al convento25 pero esas quejas no provocaron mayor investigación. El cura Gabriel Muñoz y Barba dio un dictamen favorable a Benitez quien había jugado, según las declaraciones de las monjas un papel muy positivo durante la época penosa del traslado del convento a la nueva capital.

22La época del traslado coincide con la fase de gran actividad financiera de la red de poder de los Rubio-Benitez-Gemmir. Felipe adopto una postura de firme oposición a la decisión real de trasladar el sitio de la capital al valle de la Ermita. Estábamos entre 1773 y 1779. Nuestro mayordomo apostó a seguir ciegamente las posiciones del arzobispo Cortes y Larraz. Los dos mantenían buenas relaciones y seguramente apreciaban sus respectivas capacidades de trabajo. Fue un error porque el traslado se hizo y el arzobispo fue destituido. La salida del Capitán General Matías de Gálvez y la muy buena conjuntara económica facilitaron seguramente la rápida “rehabilitación social” de Felipe. En la década de los ochenta, obtuvo que su hijo sea nombrado al puesto de Canciller de la Real Audiencia. Era más que todo un puesto honorífico que no llevaba muchas responsabilidades. Su hijo, Juan Miguel, nos aparece muy cercano a Nicolás Obregón, el tesorero de la Real Hacienda, el cual se mostró favorable al traslado de la ciudad. De la misma manera, logró levantar una casa de gran valor que fue valorada en un poco menos de 50.000 pesos (incluyendo el ajuar) al momento de su quiebra en 1805. Tenia por otra parte dos casas accesorias de valoradas en 11.000 pesos y un trapiche de moler azúcar de 25.000 pesos26.

23Su posición personal estaba tan asegurada que lograba sin presentar muchas garantías que el cabildo eclesiástico le preste 10.000 pesos y que al mismo tiempo, el canónigo Juan José González Batres haga lo mismo con 6000 pesos de la tutela del subdiácono Francisco Batres. Felipe era entonces regidor perpetuo del ayuntamiento y capitán de una de las compañías de Dragones provinciales de esta ciudad. Cuando hizo en 1785 une información de limpieza de sangre los hombres más influyentes de la ciudad dieron testimonios: el aristócrata Francisco Delgado de Najera, el Marqués de Aycinena, el coronel Melchor Mencos, el canónigo Juan de Dios Juarros, el Capitán comandante de la primera compañía de Dragones provinciales Juan Antonio de la Peña y por fin el Coronel del Regimiento de Dragones, Miguel de Eguizábal. En el año de 1786 el Rey le concedió el goce del fuero militar por su título de capitán de los 12 compañía de Dragones27. Según Palma Murga, entre 1770 y 1821, la familia Rubio importo mas de 100.000 pesos de mercancías pero el comercio fue intenso en la década 1770-1800 cuando la familia Rubio formaba parte de las elites coloniales de la ciudad de Guatemala y podía sostener un suntuoso estilo de vida.

La quiebra de Juan Miguel Rubio y Gemmir: debilidad de su red social ante la crisis económica

24El papel importante que jugó esa familia durante la segunda mitad del siglo XVIII en la sociedad colonial contrasta con su total ausencia del poder después de la independencia. Solo Francisco Benítez se incorporó en el ejercito del General conservador Mariano Aycinena y tuvo que salir exiliado en 1829 con rumbo a América del Sur28. A la viuda de Juan Miguel Rubio le quedaba para cuidar a sus menores solamente los intereses de un capital de 16.000 pesos formado por su madre María Josefa Arroyave y Mencos. En 1822, con el fallecimiento de Mariano Najera los intereses dejaron de ser pagado y la mujer se encontraba completamente desamparada y con la obligación de abrir juicio con la pudiente familia Nájera29. ¿Cómo los Rubio pudieron encontrarse en una situación tan penosa en tan corto tiempo? ¿Como este “nuevo rico” pudo dejar los grupos elitistas establecidos?

25A la vez que nos demuestra la posibilidad de tablear sobre él “impero financiero de la Iglesia colonial” para asegurar a un grupo familiar una vertiginosa ascendencia social nos muestra muy bien los límites. Esa estrategia familiar estaba basada exclusivamente en una red de parientes cercanos. El nuevo sistema administrativo de los Borbones incremento la centralización pero esa politica no fue sin consecuencias negativas. Queriendo saltarse del viejo sistema que consistía a equilibrar los poderes entre las familias criollas más pudientes, los Borbones lograron imponer la persona de Rubio para ejercer un mejor control sobre la mayordomía, esa oficina céntrica del poder económico de la Iglesia. El riesgo de ver esos fondos caer en mano de la parentela de los Rubio existía pero el decreto real de 1785 que creaba la junta de diezmos debía asegurar un cierto grado de control. Resultó fatal y muy gravosa la reforma como lo notaba el arzobispo Luis Peñalvez quien subraya la responsabilidad de la contaduría de diezmos: “El mismo en sus cesiones dice ser deudor a la gruesa de 20.000 pesos que tomó por mano de Don Juan José Montes de Oca, los que no se distribuyeron en los cuadrantes posteriores. Asegura allí mismo que recibió 28.740 pesos del diezmatorio pendiente sin intervención de la contaduría, entre ellos 15.000 pesos poco días antes de su quiebra, según expone el contador real (...)”. El manejo arbitrario de Rubio (tomaba muchos riesgos porque no separaba claramente sus negocios personales de los de la Iglesia y usaba de su posición de poder para conseguir prestamos sin mucha garantía) y la falta de firmeza por parte de la junta causaron la quiebra. Entre los miembros de la Real Junta de Diezmos figuraba Juan de Dios Juarros (ocupo la silla de juez hacedor durante mas de quince años) quien firmaba los cuadrantes de diezmos sin nunca tomarse la pena de averiguar las cifras. De la misma manera el propio contador de diezmos Pedro de Vidaurre hacia, segun sus propias palabras, una total confianza al mayordomo. El presidente de la Audiencia cerro el caso sin modificar nada : no era el empleado de Tesorero que había producido el descubierto sino el abuso de la confianza, la falta de caución y de reglas y la inercia de muchos años de parte de los inmediatos celadores. Se proponía de remediar a ese desorden con una aplicación más estricta de la Ordenanza de Intendente (artículos de 169 hasta 184).

26Volvemos a nuestra familia cuando en 1795 todo parecía sonreír. Nadie en la ciudad podía sospechar que el “coloso” tenia los pies de Argel. Por ejemplo, cuando se decidió a elegir el sucesor de Juan Miguel, la elite de la capital se movilizó en apoyo al hijo. Ellos subrayaban que desde 1778, “hasta la presente en obsequio de su padre no solo al despacho diario de la administración sino formando libros nuevos de cada ramo con cuanto aseo y claridad”[30]. La carta estaba firmada por todos los miembros de la municipalidad. De la misma manera cuando en 1793, Felipe pidió un aumento salarial, los oidores no se dieron cuenta del apuro en que se encontraba entonces el mayordomo. Por fin cuando Juan Miguel quiso casarse, en septiembre 1798, con María Inés Alvarez de las Asturias, el padre de esa vieja familia “criolla” dio su consentimiento ofreciendo una dote de 16.000 pesos. Los miembros de esa familia no sospechaban la debilidad financiera de los Rubio y tenían una perfecta apreciación de la utilidad estratégica que confería el puesto de mayordomo. Cuando Juan Miguel tuvo que ceder sus bienes, los hermanos Asturias se apuraron a pedir al arzobispo que se nombre en su lugar uno de ellos.

27Todo estaba bien escondido y solo el padre y el hijo tenían un conocimiento exacto de su situación. Felipe había preparado su sucesión ubicando su hijo Juan Miguel en los cuerpos sociales más influyente de la Iglesia. Por ejemplo, en 1791, encontrábamos Juan Miguel sentado al lado de José Mariano Roma, Manuel José Juarros, Juan Manrique y Vicente Aycinena como rector diputado de archicofradía del Santísimo Sacramento de la catedral31. Desde la temprana edad de 21 años, Felipe había usado su influencia para que este mismo hijo se encargase de la gestión de los fondos de la cofradía del Santo Entierro fundada en el convento de los Dominicos. Cuando llego el momento de tomar el asiento de su padre, hacía mas de 20 años que Juan Miguel se encargaba de distintos fondos religiosos. En 1798, sus conocidas actividades comerciales le permitieron acceder al rango de prior del Consulado de Comercio32. Un poco antes de su fallecimiento, llevaba dos títulos prestigiosos : Capitán Retirado de Dragones y Canciller de la Audiencia. Como muchos otros comerciantes, Felipe empezó a padecer del problema de la baja de los precios del añil en el mercado internacional en la década de los noventa33. La crisis se agudizó y el frágil equilibrio de la Casa Rubio se transformo rápidamente en un ruidoso fracaso a principio del siglo XIX.

28La quiebra se hizo pública en el transcurso del año de 1805. El presidente de la Audiencia obligo Juan Miguel a salir de su casa donde el mismo había aceptado de guardar arresto algunos días antes bajo su palabra de honor. Salió con ropa y con algunos muebles y dejo desamparada la casa. Perdió también su labor la cual se encontraba en 1807 en mano de Francisco Del Campo, que actuaba como administrador judicial y quien hacia frente a nuevo mayordomo muy duro en contra de los intereses de los Rubio. Seguramente que por primera vez esa labor iba pagar los diezmos34. Nos informa también el arrendatario que su sucesor Mariano Paniagua no pudo cobrar de este inquilino el diezmo de granos de sus arrendantes de tierras, ni el de sus esquilmos propios, como tampoco una cuenta puntual y exacta de lo producido en su labor35. En 1809, Juan Miguel Rubio escribía al rey de esa manera: “siendo en el día mi situación bastante lastimosa por los contratiempos de fortuna que he padecido” suplicaba que lo coloquen en algún destino honroso en la carrera de Real hacienda36. Sus bienes fueron vendidos en almoneda pública37.

29De la minuta de los bienes y deudas presentada por Juan Miguel Rubio, según el propio fiscal de la Real Audiencia, resultaba un descubierto de solo 60.112 pesos, pero el concurso de acreedores y el remate de los bienes hizo constar una cifra mucho mayor. Juan Miguel falsifico las cuentas. Muchas de las deudas que presentaban como recuperables no lo eran. Por ejemplo, la deuda de Francisco Sebastian Chamorro no era cobrable por la quiebra de su casa mayorista. De la misma manera, Francisco Del Campo síndico por los acreedores de Juan Rubio, nunca pudo cobrar la deuda de 3230 pesos de Felipe Benítez. El cuadro siguiente nos permite apreciar la repartición de las deudas. Tomando en cuenta las sumas que Juan Miguel y su padre pudieron sacar de la Iglesia y de sus amigos en el alto clero, llegamos a casi 60 % de las deudas. Cada año los Rubio devengaban más de 7.000 pesos de intereses solo en la Iglesia. Muchos esperaban desde años esos intereses cuando se hizo pública la quiebra. Por ejemplo el Marqués de Aycinena esperaba desde más de un año de recaudar los intereses sobre un capital de 16.000 pesos.

30
Cuadro N° 2
La quiebra de la familia Rubio en 1805 (cifras en pesos)

31
Tipo de deudas En pesos En porcentaje
Con la Iglesia 95.983 40
Con curas o canónigos 38.320 16
Con la Real Hacienda 9.553 4
A particulares como comerciantes 82.100 36
Deudas no definidas 10.574 4
_.Total 236.530 100

32Después de la crisis de 1805, Juan Miguel estuvo completamente arruinado. Los vínculos estrechos entretenidos con la familia González Batres no fueron sin incidencia sobre esa quiebra. Esa familia pudiente padeció también de la caída del mercado y de sus estrechos vínculos con la Iglesia. Los dos grupos compartían intereses y una posición social muy fuerte dentro de la Iglesia. La casa Aycinena los controlaba a todos pero a principios del siglo XIX todo ese sistema de dependencias activas y pasivas estaba fragilizado. Los Aycinena se mantuvieron en posición dominante después de la quiebra porque Luis Francisco Barrutia, quien era aparentado con ellos fue nombrado en su lugar a la mayordomía.

33Conclusiones

34Desconocemos cuantos niños tuvo Juan Miguel y el destino de cada uno. Solo una de sus hijas, María Manuela, ingresó de velo negro en el convento de Santa Teresa38 y, como ya lo hemos dicho, los hijos y los otros miembros de la parentela desaparecieron completamente de la vida pública en la ciudad de Guatemala. Ese ejemplo, y el de los González Batres que hemos desarrollado en otro trabajo39, cada uno a su manera, ilustra a la vez la importancia y los limites del papel económico de la parentela y de una estrategia basada en una red social de “antiguo régimen” adaptada a un mundo en evolución. Los Rubio supieron aprovecharse de un puesto estratégico en el sistema colonial (la mayordomía) y del desarrollo del comercio trasatlántico en la segunda mitad del siglo XVIII logrando constituir una verdadera casa mayorista40. Los Rubio y los Benitez formaban un verdadero grupo social hegemónico dentro del sistema financiero de la Iglesia y se aprovechaban ampliamente de él.

35Sin embargo, la historia de esa familia, demuestra muy bien el peso creciente del mercado en la vida familiar y la poca facultad de adaptación de la reciente nacida casa mayorista de los Rubio. Las estrategias familiares no se inscribieron dentro de ese contexto económico cambiante sino apoyándose sobre un comercio de tipo señorial. El negocio que hacían de los diezmos no se diferencia mucho del de los negociantes de la época medieval quien era encargado de vender los “surplus” de la producción señorial. Al contrario de la red social que supo tejer Juan Fermín de Aycinena, quien se estructuraba a partir de la parentela pero que disponía de muelles para transferir cierta parte de su firma comercial a otros socios41. Los Rubio vivían del comercio trasatlántico sin tener los recursos sociales y económicos adaptados a las relaciones de larga distancia. Cuando el mercado se volvió muy desfavorable, las casas comerciales que habían empezado a separar sus propios negocios de los de su familia estuvieron en posición de resistir más eficazmente. En el caso de los Rubio todos estaban tan estrechamente vinculado que cuando Montes de Oca dio signos de debilidad, los Benitez y los Rubio fueron empujados a la quiebra. En 1805 Juan José Montes de Oca debía 38.000 pesos a la casa Rubio y estaba completamente insolvente.

36Notas de pie de página

371 Defendía en 1978, siguiendo en eso los preceptos de los “Annales” que el tema podía reunir historiadores de diferentes horizontes y especialistas de otras ciencias sociales Véase : Jean-Louis Flandrin, “Famille”, en Le Goff, Jacques, Roger Chartier y Jacques Revel, La nouvelle histoire. Les idées, les oeuvres, les hommes, (Paris, 1978). Véase el mismo autor : Familles, Parenté, maison, sexualité dans l’ancienne société, (Paris : Editions du Seuil, 1984).

382 Todos ponen en evidencia la importancia de la familia y los factores económicos, utilitarios y de honor que llevaban a su formación. Kicza John Edward, Empresarios coloniales. Familias y negocios en la ciudad de México durante los Borbones, (Mexico : F.C.E., 1986) ; Doris Ladd, La nobleza mexicana en la época de la Independencia (1780-1826), (Mexico : FCE, 1975) ; John Tutino, “Creole Mexico : Spanish Elites, Haciendas, and Indian Towns, 1750-1810”, Ph. D. diss University of Texas, 1976 ; Susan M. Socolow, The Merchants of Buenos Aires, 1778-1810, Family and Commerce, (Cambridge : Cambridge University Press, 1978). Algunos de esos trabajos hacen uso de los términos de la historia de las redes como Stephanie Blank, “Patrons, Brokers and clients”, The Americas, XXXI, 1, 1979.

393 Véase los trabajos de Paul Ganster et Rosalva Loreto. Véase Paul Ganster, “Miembros de los cabildos eclesiásticos y sus familias en Lima y la Ciudad de México en el siglo XVIII” in Familias novohispanas Siglos XVI a XIX, (México : El Colegio de México), págs. 149-162.

404 Véase el ejemplo de la familia González Batres en nuestro trabajo : En España este tema ha sido trabajo por J. Montemayor, “Municipalité et chapitre cathédral au coeur de l’ascension sociale à Tolède (1521-1700)”, in Jean Pierre Amalric, dir., Pouvoir et Société dans l’Espagne moderne. Hommage à B. Bennassar, Toulouse, Presses universitaires du Mirail, 1993, págs. 67-76.

415 Giovanni Levi, “Famiglia e parentela : qualche tema di riflessione”, in Storia della famiglia italiana, de M. Barbagli, D.I Kertzler, Bologne, 1992, pág. 307-321.

426 Para poder reducir la escala de observación y ver funcionar la microeconomía de la casa Rubio partimos de las fuentes notariales y sobre todo del pleito que fue provocado por la quiebra familia en 1805 el cual nos permite ver como se agencian las relaciones entre la red de parentesco, la empresa familia y las finanzas de la Iglesia.

437 AGCA, A1.39, leg. 5, exp. 104 y AGI, CONTRATACIÓN, 5481, N.2, R.5, Expediente de información y licencia de pasajero a Indias de Tomás de Rivera y Santa Cruz, presidente de la Audiencia de Guatemala, con su criado Felipe Rubio, natural de Madrid, hijo de Julián Rubio y de Margarita González, a Nueva España. (18 de agosto de 1733). Documento que se puede consultar en pares.

448 AGCA, A1.23, leg. 4614, fol. 11v. (1743) y A3.1, leg. 1767, exp. 28330, fol. 11, (1744) ; Un poco mas tarde se emitió una Real Cedula por la cual el rey aprobaba las medidas dictadas por el Presidente, nombrando a don…, tesorero Contador Oficial real, por haber sido dispuestos los propietarios don Santiago Núñez de Villavicencio y don Pedro Martínez Ugarrio, Tesorero y Contador respectivamente quienes habían cometido algunos fraudes.

459 Francisco Rubio Peñaranda (1700-1773) nació en Madrid siendo hijo de Nicolas Rubio Morales y Maria Peñaranda.

4610 AGCA, A1.20, leg. 944 ; Libro de protocolo de José Santa Cruz (1786), fol. 53-63. Las capellanías formaban un capital 30000 Pesos. Francisco Rubio y Morales era capellán de honor de su majestad y de su Real Capilla, de los Santos Reyes nuevos de Toledo en la villa de Madrid. Su hijo, José quien recupero el goze de esa capellanía era entonces alférez de Granaderos de los Reales Guardias Españolas y regidor perpetuo de la Villa de Madrid.

4711 AGCA, A1., leg. 4683, exp. 40373 (1754).

4812 AGCA, A1.20, leg. 944 ; Libro de protocolo de José Santa Cruz (1786), fol. 53-63.

4913 Véase los datos genéalogicos sobre esa familia en los trabajos siguientes : Ramiro Ordóñez Jonama, “La familia Varón de Berrieza” in R.A.G.E.G.H.H., 1987, p. 737 y Edgar Juan Aparicio y Aparicio, Conquistadores de Guatemala y fundadores de familias guatemaltecas, México, 1927, pág. 53.

5014 AGCA, A1., leg. 2317, fol. 82 (1805).

5115 AGCA, leg. 2317, fol. 82 (1805) Cuando los jueces empezarón a tramitar el concurso de la familia Rubio, tomaron la decisión de no juntar el concurso de Juan Montes de Oca con el de Juan Rubio “por ser intricada y grave seria mui embarasoza su accumulación al concurso que pende en esta superioridad del Tesorero de las rentas decimales don Juan Rubio (....)”.

5216 AGCA, A1.15, leg. 133, exp. 2653 (1767). Aparece que los efectos alcanzaban la suma de 34.155 pesos (subraya los fieros por mas de 5700 pesos, un botecito de plomo de valor de 1600 pesos, muchas piezas de nagua por un valor de 1600 pesos, 4 tercios de añil por 1221 pesos) El dinero que entro en su poder era de 108.403 pesos (menos los 34.155 pesos de efectos). La Casa Benítez comerciaba con muchos provincianos como el minero de Tegucigalpa Francisco De La Rosa (2632 pesos), le chiapaneco Juan Joseph Guillén (886 pesos) o el salvadoreño Miguel Virto (790 pesos).

5317 En este caso fue el hijo de Felipe quien logro recuperar esa deuda en 1809 sobre los bienes de los herederos del fiador de Carbonell! AHA, Libro de diezmatorios de Escuintla, fol. 170-185. Les bienes del fiador José de Bargas pasaron en las manos del alcalde mayor de Suchitepequez Pedro de Ariza quien era casado con Ana Josefa de Bargas la hija de José.

5418 AGCA, A1.11, leg. 105, exp. 2233 (1793). Felipe pedía 3000 pesos al igual que el salario devengado al tesorero de las cajas reales. La respuesta fue positiva pero aun lejos de sus pretensiones. Le acordaron un sueldo de 2000 pesos y el salario de su secretario paso de 202 à 300 pesos.

5519 AGI, Guatemala 956 (1794) Ese ano, Felipe mando en una balandra nombrada “Jesus Maria y José” una carga de añil, destinada a Miguel Langton, uno de los numerosos comerciantes extranjeros establecidos en Cádiz. Se trataba de envió que superaba los 10.000 pesos.

5620 AGCA, A1.5, leg. 2415, exp. 18379 (1807).

5721 Maria Josefa era la hija del pudiente comerciante Pedro Baltazar Ortiz de Letona y Sierra, quien fue alcalde mayor de Tegucigalpa, de Quesaltenango y Correo Mayor. Pero en la segunda parte del siglo XVIII la familia Ortiz de Letona nos aparece en una posición económica bastante fragilizada.

5822 AHA, T5, 52, fol. 107 (1784). José Leandro Benítez obtuvo ese año 2900 pesos con la garantía de Felipe Rubio y Morales. En 1785, tenia en la capital una casa de un valor cercana a 6000 pesos. Véase por lo que toca a la casa de José Leandro: AHA, T5,52, fol. 175. Felipe comerciaba regularmente con Ricardo Yzaguirre y José Ximénez Rubio.

5923 AHA, T5, 52, Libro de capellanía (1784).

6024 AGCA, A1.11, leg. 111, exp. 2436 (1795).

6125 AHA, T2, 90, exp. 2706, Convento de Santa Catarina, Cuentas rendidas por los administradores del Monasterio de Santa Catarina de 1800 a 1807.

6226 AGCA, A1.13, leg. 1758 (1805).

6327 AGCA, A1.40, leg. 2654, exp. 22270, fol. 16-17 (1785).

6428 AGCA, B118.9, leg. 2436, Exp. 51653 (1829).

6529 AGCA, B., leg. 1293, exp. 31374 (1822). Ynes Álvarez de Las Asturias pedía a la viuda de Mariano Najera de vender la hacienda del Ojo de Agua quien según sus informaciones valía más de 30.000 pesos. Ella contestaba que el dinero lo había gozado Francisco Pacheco y Beteta y Juan Sebastián Micheo y que eran ellos que debían entregarlo por lo que ella había abierto juicio encontra de sus bienes.

6630 AGCA, A1.11, leg. 111, Exp. 2436 (1795). Desde esa fecha y en adelante, las cuentas de fábrica espiritual de la Catedral fueron presentadas a la Contaduría Mayor de Cuentas con la doble firma de Felipe y la de su hijo. Véase AGI, Guatemala 956. El año siguiente Juan Miguel aseguraba solo la presentación de las cuentas.

6731 AGCA, A1-20, leg. 943, fol. 231 (1791).

6832 AGCA, A1.5, leg. 5920, Exp. 51210 Comunicando al Ayuntamiento de la ciudad de Guatemala en fecha del 11 de mayo de 1797, que Juan Rubio y Gemmir fue electo Prior del Consulado de Comercio y Francisco de Campo para su teniente de Prior. Los conciliaros electos fueron don Rafael Trulle, Pedro Ariza y Ignacio Coronado.

6933 Miles Wortman, Government and society in central America, 1680-1840, New-York, Columbia University Press, 1982, p. 122. Con la entrada de la Corona española en la guerra europea en 1793, la situación económica en el Reino de Guatemala se volvió muy difícil con muchas quiebras de los comerciantes de la capital y de los productores salvadoreños.

7034 El arrendatario de diezmos del valle de la Ermita en 1807 se quejaba amargamente ante la Real Junta de Diezmos de la actitud de Francisco Del Campo quien era encargado de la labor que pertenecía a Juan Miguel Rubio : “he requerido mi parte a Don Francisco Del Campo repetidas veces para que liquide, forme y entregue las cuentas de los esquilmos diezmables que hayan producido su labor”.

7135 AHA, T3, 50, “Libro de diezmos de la Ermita”, fol. 206, 207. Este mismo libro nos informa también que el potrero de Juan Rubio se recaudaba en 1811 270 atados de panelas sea un valor de 67 pesos (1418 atados en todo el valle sea un valor de 294 pesos). En 1811 Del Campo entrego 25 pesos por los quesos producidos, 5 pollos a medio real, nueve decimos muletos.

7236 AGCA, A1.29-5, leg. 2331, Exp. 17427 (1809) Atestado de los servicios del Capitán Juan Miguel Rubio y Gemir. En esa fecha los miembros del ayuntamiento acordaron apoyar sus demandas al rey para un empleo.

7337 AGCA, A1- 20, leg. 820, exp. 9313, fol. 149 (1806).

7438 AHA, T2, 98, exp. 2804. (1818).

7539 Christophe Belaubre, “Cuando los curas estaban en el corazón de las estrategias familiares: el caso de los González Batres en el la Capitanía General de Guatemala”, Anuario de Estudios Bolivarianos, n° 7/8, (1999), pp. 119-150.

7640 El asesor ordinario decía que siendo Rubio un comerciante le correspondía caer bajo la Real ordenanza de Bilbao.

7741 Véase la monografía familiar de Richmond F Brown., Juan Fermin de Aycinena, Central American Colonial Entrepreneur, 1729-1796, (Norman and London : University of Oklahoma Press, 1997).

Para citar este artículo :

Christophe Belaubre, « La quiebra de la economía familiar de los Rubio en Guatemala : la historia de una red social de antiguo regimen. », Boletín AFEHC N°22, publicado el 04 julio 2006, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1126

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Comentario enviado el Friday 19 de November de 2010 por Raúl SANZ

Realmente interesante. Soy coleccionista filatélico y recientemente ha llegado a mis manos una carta de Felipe Benitez de Gemmir a Juan Miguel Rubio y Gemmir; buscando por Internet para averiguar algo de estos personajes he llegado a este trabajo de investigación. Es apasionante descubrir, 200 años después, que detrás de una simple carta hay una red de intereses y contactos e intrigas y que además, se ha dejado testimonio de ello.

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