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AFEHC : bibliografia : Costa Rica imaginaria : Costa Rica imaginaria

Ficha n° 1139

Creada: 01 julio 2006
Editada: 01 julio 2006
Modificada: 01 julio 2006

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Autor de la ficha:

Patricia FUMERO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Costa Rica imaginaria

Este libro agrupa las reflexiones que en torno a la construcción del imaginario costarricense.
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Palabras claves :
Costa Rica, nacionalismo, memoria colectiva
Categoria:
Libro
Autor:

Alexander Jiménez, Giovanna Giglioli y Jesús Oyamburu

Editorial:
EFUNA
Ubicación:
agotado
Fecha:
1998
Reseña:

1El libro Costa Rica imaginaria (Heredia, EFUNA, 1998) agrupa las reflexiones que en torno a la construcción del imaginario costarricense se realizaron en el Centro Cultural Español entre setiembre y octubre de 1996. Así, los diecinueve expositores nos llevan a través de una diversidad de perspectivas ideológicas y metodológicas, de esta forma, se transita por una reflexión en torno a la construcción de la patria, de lo nacional, de lo costarricense, la idiosincrasia, el nacionalismo, la memoria colectiva, la nacionalidad, el pluralismo cultural, la participación ciudadana y los proyectos alternativos, desde un punto de vista humanista.
En estas tertulias se renunció a la descripción de la totalidad social para enfrentar el problema de la construcción imaginaria de Costa Rica y, del análisis de las prácticas y las temporalidades (sociales, económicas, culturales y políticas) desde una aproximación alternativa, más libre y menos técnica. Es así, que tomamos las palabras de Roger Chartier que expresan que se debe
“...considerar que no hay práctica ni estructura que no sean producidas por las representaciones, contradictorias y enfrentadas, por las cuales los individuos y los grupos den sentido al mundo que les es propio.”

2En cinco sesiones esta comunidad de intelectuales intentaron desentrañar eso que llamamos Costa Rica. En la primera reunión se discutió alrededor del tema de “Los colores de la patria, los colores de la idiosincrasia”, en ella queda claro que estamos frente a una multiplicidad de Costa Ricas, y que es a partir de la invención de la nación a finales del siglo XIX que se concibió una unidad imaginaria que representaría lo que hoy llamamos los ticos. Dos son los mitos fundacionales de la patria: la homogeneidad racial y la democracia rural. Toda construcción ideológica se hace a partir de la exclusión de los otros, pues es precisamente a partir de la definición de lo que no somos que circunscribimos nuestra identidad. ¿Es realmente esta construcción de lo nacional y de la nación ahistórica e inmutable?
Hoy en día en el marco de la globalización y la crisis de identidad planetaria cuestionamos la pertinencia de la construcción nacional efectuada en la lejana realidad del período liberal del cual somos herederos. Esta ruptura supone posibilidades de construcciones alternativas de nuestra realidad e identidad.
La segunda sesión giró en torno a “Territorios y fronteras, los otros, los de al lado, nosotros”. Imaginar… imagen formada por la fantasía. ¿Es Costa Rica una fantasía o es algo tan real como el ejército de niñas de la noche? En este apartado se reitera en la preocupación alrededor de la construcción de la identidad basada en la definición del otro. A lo largo de las tertulias el problema de la identidad fue abordado integralmente con la exposición de sus elementos constituyentes: lo político, lo económico y lo social. Pues, es en este espacio simbólico que se construyen las identidades en forma múltiple y a la vez integral. Así, la identidad es “la consciencia de la cultura propia y apropiada”, que nos asemeja y nos diferencia, la cual es organizada a partir de un conjunto de valores, de símbolos y signos reproducidos por el Estado.
A la par de eso que se considera Costa Rica existen otras manifestaciones propias de la construcción de la identidad nacional, el decorado de la nación con su imaginería nacionalista, que se une al proceso de configuración y consolidación de la memoria colectiva. De esta forma

3la realidad ontológica es aprendida a través de las representaciones, los símbolos cívicos, la estatuaria cívica, de esta forma, los iconos de la nación se convierten en las representaciones sagradas de sí misma. Los símbolos cívicos, van constituyendo “un conjunto de signos ideológicos, que conjuntamente con los cotidianos, artísticos, filosóficos o literarios, configuran el ambiente ideológico” y forman la conciencia social (identidad) de la comunidad. La realidad que reflejan está definida por una visión socialmente establecida, por ello son un fenómeno ideológico. De allí la importancia de la significación cultural de los monumentos, puesto que es a su alrededor que se funda una comunidad de símbolos, signos y ritos. Ejemplo de ello es el reciente comunicado del presidente electo, Miguel Ángel Rodríguez, en el cual dio a conocer su gabinete frente al Monumento Nacional. El uso simbólico de este espacio, no es gratuito.
“Los poderes y los saberes” fue el tercer punto reflexión. Como anotamos anteriormente no se puede estudiar la construcción de la identidad sin incluir el análisis del poder. En efecto, es a partir de la hegemonía que podemos entender la búsqueda del consenso, la concertación y la creación de la memoria y una comunidad colectiva, en otras palabras, la búsqueda de una coherencia inconsciente. Es en la pluralidad y la polifonía de los espacios de lo cotidiano, de las ciudades, de las iglesias, de las escuelas, de los hogares, en los cuales se reproduce y se asume la identidad hegemónica. Bien lo apunta uno de los expositores al manifestar que
“la complejidad de la vida social siempre es expresada por discursos que, si bien ciertamente son imaginarios, no por ello debemos creer que sean irreales.”

4“El sexo de la patria”, la cuarta sesión. En ella se discute la sexualidad de la patria o matria. Más bien pregunto ¿no es la patria un ente andrógino? En el concepto sociocultural moderno todos deben tener una “nacionalidad” de la misma forma que se tiene un sexo. Explicaría esta condición necesaria todavía en la actualidad la exigencia de inventarse en una nación determinada. Los postulados económicos contemporáneos desafían este tipo de definiciones particulares, ¿cómo nos inventaremos en el próximo milenio?

5En la última sección se examinan “Los márgenes de la pasión”, y se discute alrededor de la pasión nacional: el fútbol. Claramente se propone que
“Las pasiones nos colocan en situación de pérdida. Nos ponen en juego. Nos juegan. Es decir, juegan con nosotros. La pura verdad es que no tenemos pasiones: las pasiones nos tienen a nosotros, nos arrebatan, nos perturban, nos ponen a delirar y así perdemos el sentido de la realidad, la vida, el patrimonio.”

6Benedict Anderson define la nación como una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana. Esta propuesta de principios de la década de 1980 se ve cuestionada con las transformaciones económicas de fines de milenio. Las naciones que siempre se habían creído consolidadas, hoy se ven desafiadas por los “sub” nacionalismos, el fin de la era del nacionalismo se vislumbra a corto plazo, pues hoy en día, la nacionalidad es un valor político cuestionado por preceptos económicos.
Podemos concluir señalando que los conceptos de nacionalidad, identidad nacional y nación son difíciles de definir y de analizar, en efecto, sus formas han cambiado sus significados en el tiempo. Precisamente, cuando estudiamos las naciones no debemos buscar en su desarrollo histórico su falsedad o veracidad, sino más bien debemos analizar la forma en que estas son imaginadas. Por ello las propuestas metodológicas actuales enfatizan en el hecho de que las comunidades imaginadas, esas que llamamos naciones, deben estudiarse como redes infinitas de parentesco y clientela.
En la era de la globalización se propone una redefinición de las comunidades imaginadas, pues, las naciones imaginadas con fronteras definidas, o sea limitadas en el concepto de Anderson, no tienen mucho sentido. Tal vez podamos retomar la definición de los límites de las naciones de la antigüedad, justamente los estados se definían por sus centros (¿el Valle Central?) y sus fronteras se fundían imperceptiblemente unas con otras.

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