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AFEHC : bibliografia : Instrucción sobre el modo de practicar la inoculación de las viruelas : Instrucción sobre el modo de practicar la inoculación de las viruelas

Ficha n° 1225

Creada: 23 septiembre 2006
Editada: 23 septiembre 2006
Modificada: 04 octubre 2012

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Instrucción sobre el modo de practicar la inoculación de las viruelas

Este texto impreso en 1794 revela el grado de compromiso del doctor José Flores en la lucha contra las epidemias de viruelas.
Palabras claves :
Impreso, Viruela, Inoculación
Categoria:
Impreso
Autor:

José de Flores

Editorial:
Impreso de orden del superior gobierno, en la Oficina de Don Ignacio de Beteta
Fecha:
1794
Reseña:

1
Este texto , impreso en 1794, es muy interesante; seguramente su tiraje fue mayor de los quinientos ejemplares (por lo menos un ejemplar en cada parroquia), aunque en este campo es siempre difícil especular. Revela el grado de compromiso del doctor José Flores en la lucha contra las epidemias, más que todo la viruela, y seguramente una de los enfermedades mortales con mayor incidencia en el Imperio español. Quien fuera contagiado con esta enfermedad tenía la probabilidad, de uno a siete, de morirse; en caso de salvarse podía quedar ciego o desfigurado. La epidemia estaba, a finales del siglo XVIII, a la puerta del Reino de Guatemala. Así lo afirmó el doctor Flores en una carta fechada del 28 de febrero de 1803, mientras se encontraba en Madrid : “ A principios del año 1794, el Intendente de Ciudad Real de Chiapa, dio cuenta al Gobierno de Guatemala, de que en Campeche y Villahermosa se padecían viruelas, las que se extendían hasta los pueblos de Tabasco.” (Ver José Aznar López, El doctor don José de Flores , p. 29-30). A pesar de todo, la epidemia fue vencida; y en esta misma carta-informe el doctor Flores precisaba que catorce mil personas habían sido inoculadas y cuarenta y seis habían fallecido.

2En esta época, y a pesar de algunas resistencias, la práctica de la inoculación de la viruela era conocida en los círculos de médicos y casi aceptada tanto en España como en el Imperio. (Este método de lucha contra la viruela existía desde hacía siglos en el Oriente, de manera empírica). La primera inoculación en Europa se había hecho en Inglaterra, en 1721, y se hizo en Francia en 1754. En España el famoso padre Feijoo dio a conocer un texto en 1773, donde explicaba la incontestable utilidad de la inoculación (Véase Jean Sarrailh, La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, pág. 51). En cuanto a Flores, hizo oposición a la cátedra de medicina de la Universidad San Carlos de Guatemala en 1778. El tema que escogió entonces, con la esperanza de vencer a Manuel Vázquez de Molina, fue : “Ventajas de la inoculación de las viruelas y necesidad de establecer esta operación en este Reino para precaver los estragos de esta funesta enfermedad”. Durante la epidemia de viruelas de 1780, tuvo que luchar para conseguir el plácet de su método. La Real Orden de 1782 le dio toda la razón, pues en ella se estableció que la vacunación debía ser obligatoria en todo el Reino de Guatemala. (Ver José Aznar Lopez, El doctor don José de Flores, págs. 29-30).

3En la lectura del texto se nota la influencia del padre Feijóo: Flores fue convencido que la medicina debe ser experimental, que la observación debe ser más importante que las enseñanzas de los ancianos. También fue persuadido que una buena alimentación es un elemento determinante en la lucha contra la enfermedad. Sus consejos en la materia demuestran que este médico conocía bien las altas tierras de Guatemala. Al hablar de las tortillas nos dice lo siguiente: “Es preciso que las tortillas se hagan con mas cuidado, que se limpie y se muela bien el nistamal, para que saliendo blancas, delgadas y suaves, sean mas fáciles de digerir (...)”. Es particularmente interesante leer algunos pasajes del texto donde se siente el temor del padre Flores a la resistencia del pueblo indígena. En este sentido la situación era bastante igual en España. Flores argumentaba que las costumbres de la población indígena debían ser bien conocidas y tomadas en cuenta a la hora de hacer la inoculación. El cura del pueblo debía ser el personaje de referencia que debía hacer aceptar la nueva medida: “Pero de quien principalmente se aguarda el acierto, es del Padre Cura, el que interponiendo su respeto, y asistiendo personalmente á todo, con la caridad propia de su ministerio, y con sus persuasiones, hablando á los Indios en su lengua y con cariño”. Notamos también numerosas recomendaciones para mejorar el nivel de higiene: “La casa ha de estar abierta de dia, y se la ha de barrer y regar, para que se respire el ayre fresco, y puro.” Sin embargo Flores sigue prescribiendo la sangría, aunque con cuidado: “Si alguna de las muchachas de doze á catorze años se enciende mucho con la calentura, y es robusta, se le sangrará”. No es pues tan sorprendente en la época, puesto que el cirujano Quesnay (futuro fisiócrata) empezó su carrera médica con redactando un Arte de curar con las sangrías (1737).

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