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AFEHC : diccionario : MIGUELENA, Benito : MIGUELENA, Benito

Ficha n° 1229

Creada: 02 octubre 2006
Editada: 02 octubre 2006
Modificada: 17 junio 2011

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

MIGUELENA, Benito

Una figura del movimiento independentista en Centroamérica.
745
Palabras claves :
Rebeldes, Infidencia, Independencia
Cargo o principal ocupación:
Fraile de la orden de la Merced en Guatemala
Nació:
Segunda mitad del siglo XVIII
Murió:
Primera mitad del siglo XIX
Padres:

1No se conocen.

Resumen:

1Mientras las élites de la Capitanía General utilizaban el pretexto de la entrada de las tropas napoleónicas en España para cuestionar el sistema político en el cual la Corona los encerraban desde hacía más de dos siglos, algunos hombres decidieron, más que luchar para tener un tratamiento igualitario, reivindicar la separación política de su territorio con respecto a la Corona Española. Estos hombres eran muy pocos. Los orígenes sociales eran a menudo modestos, lo que hace el trabajo de investigación bastante difícil. Pero no cabe duda de que estos hombres se convencieron poco a poco en la primera mitad del siglo XIX de que la emancipación era posible.

2Entre ellos la figura del religioso mercedario Benito Miguelena, poco conocido y a apenas mencionado por la historiografía centroamericana – salvo algunas líneas en el trabajo clásico de Tomas Ayón en Nicaragua-, cuya experiencia merece ser mencionada, con la esperanza de suscitar nuevas investigaciones que permitan conocerlo mejor algún día.

3De hecho, en el estado de nuestros conocimientos, este religioso ha dejado muy pocas huellas escritas hasta tal punto que sólo podemos deducir su pensamiento político basándonos en sus acciones. Hay que intuir además que sus convicciones evolucionaron entre principios del siglo XIX y el periodo conocido como la Independencia (1810-1821).

4Localizamos a Benito Miguelena por primera vez en 1802. Era entonces un religioso sencillo de la Orden de la Merced. Vivía en la ciudad de Guatemala que estaba entonces marcada por una singular efervescencia intelectual, debido a la fuerte personalidad del oidor de la Audiencia, Jacobo de Villaurrutia .

5¿Qué edad tenía en ese momento? ¿De qué familia provenía? ¿Se trataba de un niño ilegítimo escondido en un convento como ocurría muy a menudo?
Sabemos que en marzo de 1803 Miguelena dejó el convento de la capital para dirigirse al de la ciudad de San Salvador, la cual estaba espiritualmente administrada por los presbíteros Nicolás de Aguilar y Matías Delgado . Imaginamos que estos hombres pudieron entonces cruzarse y evocar las razones de la crisis económica que desestabilizaba la provincia salvadoreña, y quizás también para pensar en las posibles soluciones… Desde ese momento perdemos su huella hasta 1810, cuando los archivos de la curia diocesana nos revelan que se encontraba en Nicaragua. El deán del cabildo le dio 12 pesos para decir misas que salvaran el alma del coronel José Miguel Yrias. Luego aparece como uno de los promotores del levantamiento popular que sacudió la ciudad de León el 13 de diciembre 1811, al lado del padre Benito Soto. Sin citar fuentes Tomas Ayon dice : « Fray don Benito Miguelena tenía en su celda armas blancas y de fuego, y allí se formaron las primeras reuniones sediciosas; él fue quien combinó el plan del levantamiento popular que se verificó en León el 13 de diciembre de 1811; el quien redactó las peticiones hechas por el pueblo a la junta gubernativa; a su extraordinaria actividad se debió el que se pusiesen en relaciones los revolucionarios de esta ciudad con los de Granada, Chontales y Segovia, aunque en este último partido no se llevó a efecto la sublevación proyectada; y por último, en la noche del 13 de diciembre y en la de los dos días subsiguientes, Fray Benito, llevando su sable y su bastón encabezó rondas armadas e hizo derramar todo el aguardiente que había en los estanquillos y en los puestos clandestinos » Rebelión contra los impuestos para algunos autores, verdadero movimiento independentista para otros, esta revuelta se extendió a toda la provincia nicaragüense y fue reprimida.

6Es posible que Benito Miguelena haya huído (o que, según Edgar Zúñiga, haya beneficiado de un indulto por su condición de sacerdote por parte del obispo García Jerez ) en dirección de la región salvadoreña, antes de ser arrestado, puesto en prisión y enviado a la Capital del Reino. Desde la cárcel habría, según Zúñiga, obtenido del obispo García Jerez la gracia de ser juzgado en diciembre de 1812 en Nicaragua. Una vez allí, es posible según este autor que haya sido condenado canónicamente de manera leve y liberado.

7Benito Miguelena tomó después la decisión de volver a la capital, por estar convencido de que el grito de independencia tenía que hacerse oír lo más cerca posible del poder colonial. Desde allí, David Vela nos dice que José Francisco Barrundia fue convencido por el padre Miguelena para que se comprometiera abiertamente con la revuelta. Sus cómplices son bien conocidos: el doctor Tomás Ruiz , Saturnino Ruiz, Andrés Dardón, Manuel Ibarra, Mariano Cárdenas, Cayetano y Mariano Bedoya, Francisco Montiel, José Venancio López y muchos religiosos como José Victor Castrillo , Juan de la Concepción y Manuel de San José.

8Al ser descubierta lo que iba ser conocida como la Conspiración de Belén, el padre Miguelena fue seguramente condenado en ausencia a una pena que ignoramos. Este acontecimiento le valió un largo periodo de vida clandestina, hasta que fue visto nuevamente en marzo de 1819. Cuando el Capitán General Carlos Urrutia señaló su presencia, el arzobispo Casaus y Torres , quien lo conocía entonces muy bien, entró en contacto con el provincial de la orden mercedaria para que “ dijiere orden por el correo de anoche al padre comendador de San Miguel a fin de que obligase a dicho padre restituirse inmediatamente al convento de esta capital sin pretexto ni excusa “. Para asegurarse que el religioso no se escapase una vez más, pidió también al cura de San Miguel estar al tanto de los eventos y de acudir a los militares en caso de resistencia del fraile. Las peregrinaciones de este revoltoso fraile no habían terminado todavía, puesto que los documentos de archivo mencionan que el 22 de enero de 1820 obtuvo el permiso de dejar su celda (donde seguramente estaba confinado sin luz) para reponerse de sus afecciones físicas en el convento de Choluteca. El médico Mariano Larrave apoyó entonces su pedido con el fin de “ recuperar su salud achachora ”, y añadía: “ padece de un rumatismo chronico por haber vivido la vida cedentaria ”.

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