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AFEHC : diccionario : MARTÍNEZ BATRES, Juana : MARTÍNEZ BATRES, Juana

Ficha n° 1258

Creada: 03 noviembre 2006
Editada: 03 noviembre 2006
Modificada: 18 diciembre 2006

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

MARTÍNEZ BATRES, Juana

Una viuda muy activa en los círculos sociales de la Ciudad de Guatemala en la segunda mitad del siglo XVIII.
Cargo o principal ocupación:
Impresora
Casó:
con Sebastián de Arévalo (…-1772) en 11 de marzo de 1750
Nació:
Hacia 1730
Murió:
Alrededor de 1800
Padres:

1Don Nicolás Martínez Batres y de doña Manuela Macal

Resumen:

1La subordinación de la mujer en materia de derecho público y privado es un elemento concomitante de la política colonial en la América Hispánica. La mujer casada no podía realizar ventas ni juicios sin el consentimiento de su marido, su actividad económica era mal remunerada -y a menudo mal percibida socialmente – y era casi sistemáticamente excluida de la gestión del patrimonio familiar. Sin embargo la viudez de las mujeres no era cosa infrecuente bajo el Antiguo Régimen (debido a la alta mortalidad de los varones) y podía producirse cuando las mujeres tenían todavía hijos muy jóvenes que vivían en la casa familiar. Juana Martínez Batres fue precisamente confrontada a esta situación cuando su marido, Sébastián de Arévalo, falleció en marzo de 1772, tras 22 años de matrimonio. Tenía por entonces al menos seis hjos (que continuaban vivos en 1800) o quizá más pues, según su testamento, la pareja tuvo 12 niños en total, pero perdieron algunos en edad temprana ; se trataba de: « José Mariano, casado con doña Marta Sáenz; a Manuel José, casado con doña Dionisia Galiano; José Miguel, casado hoy de segundas nupcias con Petrona Aragón; a Fray Ignacio, religioso profeso de la militar orden Redempción de Cautivos Nuestra Señora de las Mercedes; a María Petrona, María Josefa y Paulina Antonia, en estado doncellas; y muertos: Inés, José Domingo, Bartolomé José, Pedro José, Feliciana y María Teresa, menores de edad».

2Doña Juana heredó un patrimonio de 7000 pesos que incluía una imprenta. Esta cantidad no provenía, sin embargo, de su dote, puesto que se había casado llevando al matrimonio tan solo una esclava -que falleció al poco tiempo de casarse – y después recibió 200 pesos al fallecer uno de sus hermanos, seguramente Julián Martínez Batres. En la sociedad colonial donde las mujeres se hallaban en una posición socio-jurídica vulnerable, el problema de la conservación de este patrimonio familiar se hizo sentir inmediatamente. Los terremotos del año de 1772 aumentaron las dificultades de una mujer sola que, sin embargo, benefició seguramente en esta época del apoyo de sus familiares cercanos. Con todo, Juana enfrentó su situación y tomó la decisión de seguir en las actividades de su marido. Esta voluntad suya no resulta extraña, puesto que las actividades profesionales solían producir un cierto tipo de cohesión familiar y hay muchos casos de familias que se especializaron en ellas durante muchas generaciones (véase por ejemplo el caso de la familia Carranza en Costa Rica).
Juana decidió entonces hacer una inversión y pidió al alférez real don Manuel Batres que le comprase una nueva imprenta “ hecha en París, compuesta de veinte y siete paquetes de letra y moldes, su peso bruto nueve arrobas siete libras, y neto doscientas una y media libras, prensa y todos los utensilios necesarios para ella, en la cantidad de ochocientos cincuenta pesos”. Desde entonces, adquirió la costumbre de firmar los trabajos que publicaba con el apelativo de « Viuda de Sebastián de Arévalo ». Su hijo Manuel José de Arévalo trabajó junto con ella en el taller.

3Juana Martínez hizo sus negocios con mucha capacidad y dinamismo. Se aprovechó de sus vínculos con la familia González Batres para acercarse a la pudiente familia Aycinena y de esta forma logró que el marqués Juan Fermín de Aycinena, patriarca de la misma, consiguiese para ella en España una nueva imprenta más moderna. Más tarde, aún esta segunda imprenta se reveló insuficiente, lo que la llevó a obtener un crédito del comerciante don Mariano Nájera para comprar una tercera imprenta todavía mas costosa : 3500 pesos. Así, aunque sus negocios no fueron siempre muy cuantiosos, parece que entre 1780 y 1800 no le faltó trabajo. Su clientela se incrementó con los numerosos encargos que le hacían tanto la Iglesia como la Universidad. Entre ellos, tuvo el gran honor de imprimir las Honras fúnebres del marqués de Aycinena.

4Su capacidad de resistencia y su valentía política se hicieron visibles cuando litigó en justicia contra el impresor Ignacio Beteta, quien buscaba obtener la exclusividad para publicar en el Reino la Guía de Foresteros. Finalmente, su testamento revela que vivía con desahogo puesto que estaba en capacidad mostrarse generosa. Prestaba dinero ( por ejemplo, 100 pesos a doña Paula Godoy y otros 100 a su hermana Josefa), ayudó muchas veces a su hijo José Miguel – quien no tuvo suerte en sus negocios -, y actuó con esplendidez para con los suyos (por ejemplo hizo una donación de 200 pesos a su nieto Juan Joseph y tomó a su cargo los gastos de la educación de una nieta, María Agustina, hija de su hija María Teresa y de don Joseph Castillo). Por otra parte, aunque no tenemos ninguna prueba documental al respecto, parece posible que Juana Martínez Batres beneficiase también durante su vida profesional del apoyo financiero de su hermano Julián Martínez Batres, el cual formaba parte del clero local y gozaba de una posición económica aparentemente muy acomodada, como que era dueño de una hacienda y de una casa valuada en 1788 en 20.000 pesos (hipotecada, pero solo por 2000 pesos).

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