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AFEHC : articulos : La informalidad social en América Latina : La informalidad social en América Latina

Ficha n° 1278

Creada: 25 noviembre 2006
Editada: 25 noviembre 2006
Modificada: 25 noviembre 2006

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Autor de la ficha:

Jean PIEL

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La informalidad social en América Latina

La informalidad social en América Latina : ¿un objeto sin antecedentes históricos? (Algunos apuntes al propósito sacados de la Historia de Guatemala)
Autor(es):
Jean Piel
Lugar de Publicación:
Inédito
Fecha:
Noviembre de 2006
Texto íntegral:
El llamado “sector informal” en América latina parece ser una categoría analítica reservada a las ciencias sociales de lo actual o de lo reciente. No sin razón dado que ese fenómeno no emerge significativamente antes de los años 1940 – 1960, cuando aparecen inquietudes relacionadas con la generalización de las primeras favelas, barriadas, ciudades-miserias y otros “barrancos” – suburbios donde se revierten crecientes éxodos rurales que el mercado de trabajo urbano se revela incapaz de absorber . Designando (fuera tanto de las sociabilidades tradicionales como del sector ya integrado al modo de producción capitalista cumplido) los sectores sociales que escapan a las estadísticas del Estado o de las empresas “asalarizantes”, el término promete no desaparecer pronto ni del vocabulario ni de la realidad. Todo lo contrario, porque desde hace 20 o 25 años las políticas de ajuste estructural parecen generalizarlo por todo el continente. Con lo cual, aunque siempre son ellos capaces de definir con exactitud ese “conjunto confuso”, antropólogos, sociólogos, economistas y urbanólogos no han terminado de hablar de dicho “sector informal” . Y los historiadores ? Salvo raras excepciones, parecen ausentes del debate. Eso se puede entender si tomamos en cuenta que:

11/ por ser relativamente reciente, el fenómeno parece escapar de las responsabilidades de una disciplina ante todo dedicada al estudio del pasado.

22/ por ser relativamente nuevo, el fenómeno (consecuencia de la evolución acelerada de América latina hacia el capitalismo en sus últimas etapas keynesiano-fordista – de 1935 a 1975 – y neo-liberales – desde 1980) no tiene, tal cual, antecedentes históricos que los historiadores hubieran podido encontrar en sus investigaciones.

3Pero inmediatamente se presentan dos objeciones a esos dos argumentos:

41/ a pesar de ser reciente, el fenómeno existe ya desde hace 2 o 3 generaciones. Es entonces de historia reciente, por lo tanto “historicizable”;

52/ por cierto, el fenómeno es nuevo, pero si tiene ciertos antecedentes de “informalidades sociales” en el pasado : no las relacionadas con el actual capitalismo empresarial – financiero mundializado, sino las relacionadas con el capitalismo liberal importado en el siglo 19 o, antes, con las sociabilidades mercantiles – organicistas predominantemente precapitalistas del Antiguo Régimen colonial.

Por supuesto los historiadores clásicos, legítimamente fascinados por la monumental obra institucional de España en sus colonias o, después, por la difícil construcción institucional del Estado independiente, en su inmensa mayoría prestaron – y todavía prestan hoy, cuando se mantienen neo – institucionalistas – muy poca atención a esos fenómenos de informalidades sociales pasadas, hasta cuando los archivos oficiales (a condición de leerlos entre las lineas) confiesan algo al respecto . Salvo, por supuesto, cuando una crisis mayor e inocultable de la sociedad estudiada (desórdenes que siguen la Conquista, revoluciones contemporáneas) deja aflorar por un momento los de abajo o los de afuera en las narrativas de los historiadores los mas tradicionalistas o conservadores. Pensándolo mejor, se puede decir que hasta hace poco la mayoría de la corporación histórica latino-americanista ha producida una visión artificialmente majestuosa de la acción de las elites dirigentes y de la potencia reguladora de las instituciones que produjeron, inspiradas por el “Espíritu de la Historia” (según el caso : neo-escolástico, liberal o neo-corporativista). En tales condiciones, por supuesto que los historiadores poco iban a contribuir a los debates con los demás científicos sociales con respecto a los fenómenos de informalidad social de ayer o de hoy ! Cierto es, repitamos lo, que estructuralmente las informalidades del pasado, por haber sido producidas en condiciones tan diferentes de las de hoy, no pertenecen a las mismas lógicas de producción y reproducción y no tendrán las mismas características. Por lo tanto : ¿nada paso del gaucho pampeño al descamisado porteño ? ¿de las sociedades artesanales coloniales o primo-republicanas al movimiento obrero naciente? ¿de las plebes delincuentes finicoloniales a ciertas subculturas criminales actuales? ¿de los indios o esclavos fugitivos de los siglos 16 XVI al 19 XIX a los migrantes que subvierten las fronteras oficiales de América central por los mismos senderos clandestinos a través del desierto o la jungla ? ¿de los bandolerismos y montoñerismos del siglo 19 a ciertas guerrillas “marxistas” o “antisubversivas” que todavía operan en 2006 en rincones del continente? Apoyándome sobre lo poco que se de la historia de Guatemala, y más particularmente de la historia del Quiché, pretendo aquí no digo demostrar, pero sugerir que sí es posible intentar reconstituir la historia de fenómenos de informalidad social que pueden haber tenido cierta influencia en los acontecimientos posteriores y hasta recientes de la historia del país – a condición, bien evidentemente, de alejarse mínimamente de los prejuicios de una historiografía exclusivamente arqueo o neo institucionalista.

Evidencias de informalidades sociales y de su importancia en la historia de Guatemala desde la Conquista

El punto de partida : “ El estado escandaloso de la Gobernación de Guatemala1” 20 a 30 años después de su Conquista

6Ante todo, hay que recordar como la Audiencia de Guatemala se institucionalizó muy tardíamente, emergiendo difícilmente del caos que siguió aquí a la Conquista española – y más particularmente en el ex Reino de Utatlán destruido por Pedro de Alvarado en 1524. Todavía para 1545-1549 y a pesar de las prohibiciones de la Corona y de la exclusión decretada de los encomenderos de guerra de la zona, se extraen centenas y centenas de esclavos indios capturados en guerra en Chiapas o Teculutlan (la actual Rabinal2). Situación no mejorada diez años después cuando en su visita realizada desde México hasta el Istmo Alonso de Zorita constata en 1555 “nada es estable en Nueva España porque la gente del común ha perdido el temor a sus príncipes y señores naturales3“. Un siglo más tarde, cuando se agota el zelo misionario dominicano en los confines septentrionales de la Audiencia al punto de replegarse más al sur de Coban a Salama (en 1608) y de Sacapulas a Santa Cruz del Quiché (en 1649 y, totalmente, en 1715), las autoridades parecen resignarse a abandonar a su paganismo a los naturales de la región situada al norte de la Sierra de los Cuchumatanes denominándola a partir de entonces la “Provincia de los infieles de las montañas de Lacandon, Chol y Sierra de Sacapulas4“. Aunque cierta historiografía comparte con Antonio de Remesal su impaciencia apologética para antefechar los progresos institucionales del poder colonial, todavía en 1545 dicho poder no controla más que 84 pueblos y 70 000 habitantes5, es decir solamente 8,8% de la población estimada en 1492 por Rosenblat y 9% de los pueblos y 14% de la población censada por el Presidente Escobedo en 16756. Es decir que la bien denominada “Audiencia de los Confines“, a través de sus 80 encomenderos asistidos de sus caciques colaboradores, deja todavía escapar alrededor de 90 % del territorio y de la población del actual Guatemala.

7 En cuanto a los 10% ya sometidos pero gobernados por encomenderos que raras veces distinguen entre encomiendas de paz y encomiendas de guerra, que dominan un Ayuntamiento que más se parece un síndico de condottiere en conflicto que una institución regaliana, difícilmente se puede hablar de legalidad formalizada. Con todas las consecuencias negativas previsibles para las sociedades indígenas así dominadas : deportación de decenas de miles de indios muy lejos de sus familias y pueblos para servir de mano de obra gratuita en trabajos viales ; astilleros plantaciones de algodón, cacao y añil en tierras bajas tropicales o más lejos todavía7 o, para compensar la carestía de las mulas, como “tamemes” cuyas interminables filas permiten los transportes terrestres entre Puerto de los Caballos y Guatemala Ciudad – sin hablar de los que se extenúan a extraer en los ríos auríferos “granos de oro” que se les exige con rapacidad a título de tributo o de trabajo forzado .
Para la Corona y su aliada la Iglesia, esa situación no podía perdurar y, después de la promulgación de las Nuevas Leyes de Indias por 1540-1542 tuvieron éxito en recuperar progresivamente los derechos regalianos tan imprudentemente delegados a los Conquistadores y encomenderos. No idealicemos por lo tanto ! Si se confía a los dominicos la Conquista espiritual de Chiapas a Verapaz y si la administración real retoma poco a poco el control de la situación, es al precio de un compromiso con los descendientes de los primeros colonos en vía de enraizarse en el país . Se consolida así una “Patria del Criollo” mejor formalizada, pero cuya extensión territorial tuvo que seguir – no pocas veces – utilizando episodios de conquista brutalmente militar hasta muy tarde8. Es indudable que ya en 1594 la orden dominicana puede alabarse de controlar 65 doctrinas9 y, en 1685, 127 curatos con 150 000 feligreses indígenas10 – vale decir un 30% de la población censada por Escobedo en 1675 . Entonces, de 1548 a 1685 y a pesar de las perdidas demográficas, la población formalizada y controlada por el poder colonial aumentó de un 665% . Por lo tanto : ¿han desaparecido los sectores no controlados que representaban 90% del territorio y de la población en 1545 ? De ningún modo, al punto que – algunos, tradicionales desde el siglo XVI ; otros, nuevos y producidos por el propio funcionamiento del sistema – obsesionan los poderes instituidos

Dos sectores informales duraderamente al margen de la sociedad colonial : “vagos” e “indios” remontados”
Primero de esos sectores : la vagancia, verdadera plaga que impone restricciones notables al éxito de la política de reducciones indígenas y de control fiscal de la República de Indios como bien lo atestigua en 1683 ese funcionario encargado de levantar el padrón fiscal en 6 pueblos de las Alcaldías de Solola y Tecpan Atitlán cuando tiene que confesar “aquí el censo tributario … yo no puedo hacer con claridad11“. A consecuencia de los abusos de los encomenderos con la mano de obra indígena, las huidas frente a las obligaciones fiscales o de trabajo forzado se convierten en fenómeno estructural de los Altos por lo menos hasta 1944, y son una reacción duradera a la permanencia de los “mandamientos”, de las requisiciones forzadas y de las leyes de represión de la “vagancia” . Desarraigando trabajadores forzados de sus familias, calpules y pueblos, esos mandamientos alimentan por reacción y recurrentemente una masa incontrolada de vagos, fugitivos e disconformes que incluso los archivos oficiales no pueden ocultar (cf anexo N°1).

8Segunda obsesión de las autoridades coloniales : los “indios remontados” que, al margen o afuera de las reducciones indígenas, escapan al control fiscal de la administración y a las predicas de los curas. Difusa, pero omnipresente,esa informalidad rural de proximidad – por su naturaleza, difícil de cuantificar con exactitud – alejada de la catolicidad ortodoxa y tridentina, alimenta incontroladas fronteras de lo imaginario surnatural afuera de alcance de las jerarquías civiles y eclesiásticas. Hasta terminan contaminando las propias parroquias reputadas cristianas – y eso, hasta hoy día (cf anexo N°2)

Fabricación de un sector difícil de formalizar en la sociedad colonial: los ladinos
Sin que se sepa claramente si la elite hispano-criolla se alegra o desconsola del fenómeno, aparece y se consolida otro sector duraderamente muy mal formalizado a pesar de ser producido por el propio sistema colonial : el de los ladinos. Denegado por el “apartheid” instituido por las Leyes de Indias que sólo reconocen la existencia de la “ República de los Españoles” y de la “República de Indios”, ignorando entre los dos la masa creciente de sangres mezcladas (mestizos, mulatos, pardos, zambos, etc…) o de los que, por alguna razón, escapan de su estatuto personalizado de “Español” (niños ilegítimos, primos alejados y olvidados de los linajes hispano-criollos, blanquillos sin protección de un compadre o padrino) o de “Indio” (por ser, por ejemplo, uno de esos” vagos” o “ naboríos” desarraigados de toda relación familiar o comunitaria). Dentro de esa masa mixta y sin estatuto jurídico por lo menos hasta fin del siglo XVI, además situada abajo en la escala de los desprecios de una sociedad jerarquizada y organicista, éstos de los cuales se pretende que ni siquiera saben pronunciar correctamente la palabra “ latino “, los ladinos llegan a formar la masa principal . Mestizos (biológicos y/o culturales), blanquitos pobres en vías de mestizar su descendencia por no tener acceso a las mujeres “ blancas” de la elite, indios “desindianizados” – todos pobres de recursos económicos y sociales, pero escapando de las obligaciones serviles de los negros y tributarias de las reducciones – se los encuentra en los espacios urbanos periféricos o, en caso de Guatemala donde las sociedades urbanas tardan a consolidarse, más frecuentemente en los espacios rurales donde tratan de sobrevivir de actividades de intermediación (clientelas de los encomenderos, doctrineros, hacendados ; comercio al por menor ; etc…) Excluidos del acceso a los privilegios (latifundistas, burocráticos, clericales, comerciales) de la elite hispano-criolla en vías de oligarquización, sólo pueden esperar promoción económico-social o en el clientelismo de los potentes (para una minoría de ellos) o, en la proximidad de las “reservas indígenas”, aprovechando su estatuto jurídicamente libre de obligaciones personalizadas, beneficiándose de la complicidad de las autoridades locales para vivir a expensas de las reducciones .

9Cuando todavía existía en Guatemala una aproximación verdaderamente histórica de las problemáticas del país (vale decir, interrogándose no sobre “esencias” sociales, fijas y tales como podían aparecer en el momento de su observación, sino sobre su génesis y su función variable en la totalidad social) un buen historiador, García Peláez, bien caracterizó en 1841 esa dialéctica de la latinidad : “Instalados en los pueblos indígenas es preciso suponer que con mucha naturalidad comienzo una lucha entre ladinos e indios primero para obtener derecho de residencia, enseguida para participar en la repartición de tierras comunales, y una vez iniciado el conflicto, la victoria debió depender de la actividad o la violencia empleada por los primeros como de la prevención y resistencia opuesta por los segundos … Pero, en todo eso, no hubo reglas sino vías de hecho12“ . Ahora bien, García Peláez tiene razón de escribir “es preciso suponer”, porque evidencias documentales de ese proceso tenemos muy pocas antes del fin del siglo XVIII, lo cual confirma que antes, todo eso pasó en la más total informalidad, fuera de control de las autoridades centrales y regionales. Las cuales, de hecho, Obispos o Oidores, parecen repugnar cada vez más a lo largo del siglo XVII a visitar el terreno y dejan peligrosamente relajarse la disciplina de sus subalternos locales13. Y todavía cuando en 1768 el Arzobispo Cortés y Larraz rompe con esas malas costumbres cabalgando a lo largo y lo ancho de su diócesis, eso no lo impide subestimar la población ladina en solamente un 7,2% de la población total de la Audiencia14 . Lo cual fácilmente se explica por las respuestas de sus curas-informantes a su cuestionario que, deseando esconder a su superior sus parentelas ladinas ilegalmente instaladas en sus reducciones que deberían proteger de ese tipo de invasión, declaran casi todos “ en ese pueblo, no hay Español o ladino15“.
Por suerte para el historiador, el auge de los peligros militares exteriores en el Caribe a fin del siglo XVIII le favorece el acceso a estimaciones cuantitativas, sino totalmente confiables, por lo menos más precisas y que confirman un indudable proceso de ladinización de 1650 a 1950. Un documento de 180416 incluso nos ofrece una espectrografía sociológica del mundo hispano-ladino de Guatemala y nos enseña que solamente 8,7% de las familias hispano-ladinas son propietarias frente a 37% cuyos jefes son arrendatarios o jornaleros y que (lo cual contradice la idea de plebes mestizadas ante todo urbanas o suburbanas en el momento de las Independencias ) más de un 60% de ellas son rurales, residiendo en “villas, reducciones y pueblos indígenas” (43,5%) o “valles y haciendas” (16,7%) .

10Eso dicho, no por casualidad ese documento ha sido encontrado, a pesar de su firmante de apellido hispánico, en archivos británicos. Con toda evidencia fue establecido a pedido de servicios de inteligencia ingleses preocupados de evaluar con precisión las reservas de milicias de América Central dos años antes de la batalla decisiva de Trafalgar. Por el lado español, y a pesar de las mejoras administrativas inducidas por las reformas borbónicas, no se llega a similar eficacia hasta poco antes de la Independencia. De ahí el interés de ocuparse de una documentación generalmente desdeñada por los historiadores monomaniacamente institucionalistas : los archivos locales (cuando escaparon de la desaparición) y, también, los archivos centrales que no solamente nos hablan de las instituciones y de los monumentos de derecho del Concejo de Indias o de las Asambleas Constituyentes sino también de sus aplicaciones jurisprudenciales, administrativas y fiscales en el terreno . A título de ejemplo de la utilidad de tal andar, voy a intentar empezar a aplicarlo al caso de la historia del quiché.

Estudio de caso: La informalidad social en la historia del actual departamento del Quiché

Los límites del encuadramiento formal de la sociedad quicheense de la conquista la dictadura liberal (1524 – 1880)
A pesar de lo dicho por Antonio de Remesal, ningún archivo me pudo comprobar su afirmación que haya existido reducción indígena alguna al norte de la Sierra de Chuacus antes de los anos 1580-159017. Bien es cierto que al sur de dicha sierra la iglesia de la nueva Santa Cruz Utatlán es inaugurada y que encomenderos han empezado a reagrupar sus poblaciones indígenas dependientes desde ya 1538-1540 . Pero al norte, y según el propio Remesal, cuando los dominicos erigen su nuevo convento de Sacapulas en 1553, lo hacen con la ayuda de los caciques locales, no con la de autoridades indígenas de reducciones – todavía inexistentes. Cuando en 1570 dicho convento liquida por toda la zona sus “estancias de vacas por la gran distracción que de ellas se seguía“, hasta Remesal tiene que señalar que la evangelización del ex Reino de Utatlán es practicada por los conventuales dominicos de Sacapulas que convierten yendo “de visita dos por dos“, no por párrocos ya residentes en su doctrina. Los actuales pueblos del Quiché sólo aparecen en los archivos a partir de 1580-1610 : en listas tributarias (1580-1590), en juicios de deslinde de tierras comunales o de calpulis (1596-1602), en relación de visita episcopal18 (1610). Eso significa que por lo menos durante dos generaciones después de la destrucción de Gumarcaj-Utatlán por Pedro de Alvarado en 1524, el actual departamento del Quiché vive sin duda bajo dominio español (de los encomenderos hasta 1540, de los dominicos después), pero un dominio que tarda mucho en formalizarse. Pensándolo, lo único que mantiene un mínimo de continuidad de orden formal a nivel local en esa región hasta 1570-1590 es lo que queda de autoridad a esos caciques aliados de los encomenderos y, después, de los dominicos que se aprovecharon la destrucción y/o el abatimiento de la casa real de Utatlán para afirmar su papel de colaboradores incontornables de un poder español todavía muy mal formalizado (caciques de calpules o, a lo más, de federación de calpules que, reagrupados al fin, darán nacimiento a las reducciones al fin del siglo XVI.

11Después de esa fecha si, es verdad, el Quiché se institucionaliza según criterios de Madrid . Pero no impide por lo tanto la permanencia – o la aparición – de sectores importantes de la sociedad regional que siguen escapando al control de las autoridades coloniales. En lo que de lo imaginario sagrado y de las representaciones mentales colectivas se trata, además de las ya vistas (cf anexo N°2), es particularmente evidente tan tarde como en 1794 cuando el común de San Andres Sajcabaja defiende sus tierras comunales frente al Juez Visitador de Tierras invocando, no las Leyes de Indias, pero un derecho etno-mágico precolombino establecido por nahualismo por un antepasado-brujo fundador que les dio posesión “volando de monte a monte, centandose en los mojones hasta impresión de sus plantas19“. A pesar de haber sido “ evangelizados” por los dominicos desde 250 anos, el hecho señala claramente los límites de dicha evangelización ! Eso, para lo espiritual . En cuanto a lo administrativo, a pesar de aparecer globalmente sin movimiento la situación de entre 1550 a y 1800, tampoco corresponde al mito de un absolutismo monárquico todo potente en sus provincias lejanas. La progresión del control español en la zona es primeramente lenta en el siglo XVI : los dominicos, dueños de la región, no pueden jactarse de haber evangelizado más de 1 500 fieles en 1570, un poco más del doble en 1603. La situación no cambia notablemente cuando es controlada por los Alcaldes Mayores hasta fin del siglo XVIII. ¿Impotencia administrativa ? ¡ Sin duda ! Pero también resultado de un compromiso tácito concluido por los agentes de la Corona con las autoridades indígenas y sus tutores dominicos y que forma parte de las reglas no escritas del “ buen gobierno “ local : a cambio de una paz relativa y de una renta fiscal estabilizada (tributo, mandamientos, diezmos, primicias,etc…) las autoridades regionales y centrales cierran los ojos sobre la imprecisión de los padrones y censos. De ahí esas extrañas contradicciones en las cifras cuando, al fin del siglo XVIII, funcionarios mas escrupulosos nos desvelan realidades hasta el momento insospechadas e insospechables. Por ejemplo entre los censos de 1809 y de 1821, el segundo nos da a creer que en 12 años la población de Sajcabaja, sin ninguna epidemia reciente que lo podría explicar, ha bajado en un 45% . O, peor todavía, el censo de 1815 para el conjunto del Quiche, que nos quiere hacer creer que de 1809 a 1815 la población habría bajado de … 85% !)

12Tampoco el Quiché escapa, como el resto de la Audiencia, del problema de los “indios remontados”, como bien lo percibe Cortés y Larraz durante su visita episcopal en la zona . El episodio que ocurre en Sajcabaja en 1794-1796 es particularmente ilustrativo al respecto. Aquí, una vez más20, una “peste” (esta vez, de tabardillo) azota duramente el pueblo, disminuyendo de un golpe al 65% de la población sometida al tributo entre 1794 y 1796 (58 “muertos y huidos”, mas 28 o 30 “no se sabe21“). Cuando se adivina donde huyeron los fugitivos – a la Costa pacifica donde, desde antes de la Conquista, los Sanandresinos tienen tradiciones de migraciones libres o forzadas – alcaldes indígenas y cura dominico confesan “donde no sabemos donde estan porque siempre se ban a la costa y cuando los buscamos no los encontremos“. Conmovidas, las autoridades fiscales revisan el padrón tributario en 1797 … y llegan a una cifra de tributarios de un 40% superior a la de 1791, antes de la epidemia ! Todo lo cual indica bien los límites y contradicciones del encuadramiento de la población por las autoridades coloniales, y su incapacidad o no voluntad de formalizar estrictamente sectores enteros de la sociedad dependiente de su poder. Y en eso, la Independencia no cambia fundamentalmente las reglas del juego hasta la revolución liberal de 1868-1873. Cuando en 1880 la nueva Jefatura Política instalada por la dictadura liberal de Justo Rufino Barrios en Santa Cruz del Quiché evalúa en 73 096 los habitantes de las 12 municipalidades de ese departamento creado en 1872, puede localizar 45,2% de ellos concentrados en las “cabeceras municipales y principales anexos“ que ya existían a fin del periodo colonial pero 41% de la población vive ya dispersada de nuevo en 36 “caserios y haciendas” y 28 “aldeas indígenas”. No hay dudas : la milenaria tradición maya, anterior a la política de reducciones de la Corona de España, de dispersión del habitat rural no ha muerto a pesar de un eclipse de 300 años (y por razones similares de presión agro-demográfica). Pero agravada por el hecho que en 1880 más de 13,7% del resto de la población, sin ningún titulo de posesión (ni judicial, ni municipal) vive remontada y fuera de control en los “baldios y realengos” que ocupan 92,4% de la superficie de ese departamento de frontera forestal de altura. Así, todavía en 1880, unos 10 000 habitantes escapan de la mirada tanto de la Jefatura como de las municipalidades caídas en manos de unas familias ladinas notables. Esa contra-sociedad, informal sino francamente clandestina, por supuesto que ha escapado también a la atención de los historiadores tradicionales.

De la informalidad a la marginalidad socialmente diferenciada e incompletamente formalizada : los ladinos del quiché

13Históricamente, los ladinos aparecen aquí de hecho, pero no de derecho. Sus únicas puertas de entrada en esa zona que les estaba en principio prohibida por la tutela protectora de la orden dominicana sobre sus doctrinas indígenas, están en el sur las tierras quichés que no pudieron escapar del régimen precoz de encomienda (Joyabaj, Zacualpa) o de tributo (Santa Cruz y sus anexos) y, al este, las tierras donde tempranas composiciones de tierras vieron aparecer el sistema de hacienda. En ese último caso se puede discutir si el “cacique indio” silvestre Grave se convierte en “indio ladinizado” cuando accede a la propiedad privada por los años 1600-1610 en Rabinal. Pero no hay dudas en cuanto a una cierta Teresa Sical cuando se convierte de nueva hacendada en San Andrés Sajcabaja. Probable descendiente de una familia cacical señalada en documentos del siglo XVI (los Sica) y, según el testimonio de sus descendientes en Canilla en 1973, amante del cura dominico de Rabinal, ella denuncia para composición a su favor las tierras comunales de “Canya y Patzite” pertenecientes a la comunidad indigena de Sajcabaja en 1794. Es entonces registrada por el Juez Privativo de Tierras como “_india natural de Rabinal, residente en el pueblo de Salcabaxa22_”. Cuando ya entra en su posesión en 1797, se ha oficialmente convertido en “_india ladinizada del pueblo de Sajcabaja23_” y, cuando su hija Micaela reinvindica a su turno las tierras comunales de Aguascalientes (siempre a expensas del común de Sajcabaja) ella es actuada como “_mestiza de primer orden (por supuesto : hija de una cacica cacique y de un cura !), natural del pueblo de San Andres Sajcabaja24_”. Pero esos casos son los de una elite ladina: la mayoría de los ladinos quicheenses tienen origines y estatutos mucho más oscuros y cuando esos últimos aparecen por fin en los archivos (libros parroquiales, papeles judiciales o administrativos ), son marcados ante todo bajo los signos de la clandestinidad, de la marginalidad, de la informalidad, de la pobreza y, no pocas veces, de la delincuencia. De la clandestinidad: no solamente, cuando en la clientela de los curas de doctrinas indígenas, son escondidos a las autoridades superiores (véase el caso durante la visita de Cortés y Larraz) pero cuando su propia existencia es, muchas veces, el fruto de amores prohibidos. Por ejemplo en Sajcabaja donde encontré a partir de 1728 nueve casos de niños o niñas “españoles” abandonados a la puerta de la iglesia y después “apadrinados” por alguna familia ladina ya instalada en ese pueblo indígena25. De la marginalidad y de la pobreza : en Joyabaj el cura pelea entre 1718 y 1813 para hacer reconocer la creación de la hermandad de “Nuestra Señora de los dolores”, asociación de socorro mutuo donde “_no se rehusara a nadie la entrada…que sea español, mestizo, ladino, mulato o indio…_” con el particular fin que puedan integrarla “_a muy poca costa los pobres ladinos, los cuales podrían al fin a su muerte ser enterrados no como animales – como ocurría hasta ahora a la mayoría de ellos, enterrados sin cruz, ni cirio, ni auxilio – sino como cristianos26_”. De la informalidad : tanto a nivel de los archivos locales como de los de las administraciones centrales, me fue imposible realizar el descuento de los ladinos del Quiche antes de fin del siglo XIX – lo cual no fue casual. De la delincuencia : por su presencia originalmente ilegal , por su situación dependiente de los “potentes” locales y por su generalizada falta de recursos iniciales, nada extraño que la ladinidad en el Quiché colonial sea muchas veces sinónima de delincuencia, particularmente a fines del siglo XVIII, cuando crece peligrosamente el número de ladinos sin recursos27. Por ejemplo en 1811 cuando pandillas de abigeos ladinos de Chiche al servicio del cura de Joyabaj enfrentan, armas en mano, al común indio de Chichicastenango con respecto a las tierras comunales de su posesión o, en 1820 en Sajcabaja, cuando los guardas-espaldas de Teresa Sical roban el ganado, destruyen los cercos y encarcelan abusivamente los alcaldes indígenas – provocando para terminar un alzamiento general de los indios que obliga las autoridades a mantener el pueblo en estado de sitio durante varias semanas28.

14Tal es el sector ladino del Quiché del cual hereda la República independiente en 1821. Aquí, como en el resto del país, la República significa casi inmediatamente la posibilidad para las familias ladinas más influyentes (“mestizos de primer orden”, comerciantes, hacendados finicoloniales) el acceso al nuevo poder municipal creado por la Independencia para sustituir al antiguo poder local de los “comunes de indios”, definitivamente eliminados del cuadro constitucional del nuevo Estado29. Compartiendo primero ese poder municipal, acaparándolo totalmente después bajo la dictadura liberal, esas elites municipales ladinas aprovechan la situación para seguir su ofensiva en contra de las antiguas tierras colectivas indígenas transformadas en reservas ya sea municipales por nuevas composiciones de tierras con la ayuda sistemática de las autoridades judiciales, sea alquilando a las municipalidades a su devoción tierras colectivas a censos enfitéuticos – censos por definición suficientemente duraderos para dejar tiempo de consolidar ahí haciendas de hecho sino de derecho . El segundo paso en esa conquista del poder – pero esta vez más que municipal, departamental – es la revolución liberal de 1868-1873. No solamente algunas familias ladinas próximas al coronel-prefecto que ejerce el poder regional en nombre de la dictadura en el nuevo departamento aprovechan la situación para constituirse del día a la mañana en neo-latifundistas a expensas de las tierras comunales todavía no apropiadas (disminuyendo de un 75 a un 80% las antiguas reservas agro-pastorales indígenas entre 1880 y 1910)[30] pero se erigen en intermediarios de la oligarquía agro-exportadora de la costa pacifica facilitándole el reclutamiento por el sistema de la “habilitación” de su mano de obra indígena barata – tanto más barata que el crecimiento demográfico por una parte, la disminución drásticas de sus reservas de tierras por otra parte, obliga a esa mano de obra a aceptar las condiciones de los habilitadores31.

De la informalidad a la inconformidad: el retorno de lo aplazado por las historias oficiales del Quiché y de Guatemala en el siglo XX
Pero, para la gran masa de los ladinos del departamento – cuyo crecimiento demográfico es superior al no obstante muy fuerte crecimiento demográfico indígena – la situación no es envidiable hasta cuando, como en el caso de Sajcabaja, la ladinización creciente de este pueblo siempre indígena un 64,2% de su población en 1964 puede todavía permitir a los ladinos seguir despreciando y explotando sus vecinos indios. En la próxima Canilla, autonomizada en municipio independiente de Sajcabaja en 1893, bien se ha deteriorado la arrogancia inicial de los fundadores ladinos-ladinizados de los años 1794-1845. Tres generaciones después, los fraccionamientos sucesorales y la inmigración de recién instalados en búsqueda de recursos agrícolas (ladinos) o laborales (indígenas), agravada por una natalidad prolífica in situ, tienen por resultado: a/ que el municipio mantenga su carácter predominante ladino en un 68% en 1964 b/ pero sufriendo un proceso global de minifundizacion. Según el II Censo agropecuario de 1964 se descontaría sobre el territorio antaño unitario del latifundio fundado por Teresa SICAL en 1797 no menos de 331 fincas ganaderas (no más de 8 bovinos por finca !) y 613 fincas avícolas (con un promedio de 7 pavos o gallinas por finca).

15Porque si bien es cierta la tesis según la cual la revolución liberal que triunfa en 1873 corresponde, en el Quiché como en el resto del país, a la entrada en fuerza del elemento ladino en la dirección política de Guatemala, lo anteriormente dicho nos debe inducir a matizarla. No solamente mirando lo que ocurre casi un siglo después con la pauperizacion y marginación de una masa creciente de ladinos hasta en regiones donde, como en el Quiché, las herencias racialistas coloniales y primo-republicanas no impidieron a la larga el descenso estatuario de una mayoría de ladinos, pero porque desde el principio de la dictadura liberal no hubo acceso al poder y a las prebendas del Estado clientelista para todos los ladinos. Así en el Quiché en 1880, si bien es cierto que la dictadura se apoya sobre milicias y clientelas ladinas (y, en el caso de San Bartolomé Jocotenango, indígenas), analizando la situación de mas cerca, uno se da cuenta que para todo el departamento los inscritos en las listas electorales oficiales representan solamente un 3,5% de la población (2710 electores sobre 73 096 habitantes ) – vale decir mucho menos no solamente de la parte masculina adulta de la población oficialmente censada, sino de la parte ladina de esa población32 . Lo cual significa que en el Quiché subsiste durante largo tiempo la costumbre poco republicana de mantener en la informalidad política-electoral no solamente la masa indígena, sino también la mayoría de la masa ladina pobre y/o subalterna – quizás menos víctima del racismo que la indígena, pero igualmente despreciada, manipulada y marginada por la elite (ladina) departamental o municipal.

16Todo lo cual nos puede explicar que existan aquí tradiciones no solamente de informalidad social sino también de inconformidad social. Largo tiempo ignoradas o denegadas por las narraciones históricas de las familias prepotentes del departamento relevadas por las historias oficiales del país- que todavía por los años 1970-1975 se complacían en señalar el Quiché como una homogénea “Vendea” clerical- conservadora, hermética a toda tentación reformista o revolucionaria y, por su carácter todavía ampliamente indígena, encerrada en cosmovisiones “arcaicas” incompatibles con la recepción de la modernidad – solamente ellas en definitiva pueden contribuir a explicar la violencia extrema que azotó la región por los años 1978-1983 y que no surgió de la nada pero si tenía antecedentes históricos. Recordemos : “indios remontados o en huida“ del periodo colonial, abigeato y delincuencia de los ladinos de Joyabaj a Chiche por los anos 1810-1815, vías de hecho (ladinas) y motín (indígena) en San Andrés Sajcabaja en 1820, milicias ladinas e indígenas que fueron esenciales en el éxito final de la revolución liberal de 1873. Recordemos como esas milicias se convirtieron después en una preocupación para el dictador Estrada Cabrera y, no por casualidad en el caso de Cubulco, contribuyeron (creando aquí la tradición de conflictividad agraria de los descendientes de los milicianos de 1873 ) a la fama de “comunistas” de esos ladinos que habían apoyado antes de 1953 la tentativa de reforma agraria de Jacobo Arbenz. No hay duda, en el Quiché como en tantas otras regiones de los Altos, no faltaron síntomas de tradiciones de inconformidad derivada de la permanencia o de la refabricación de informalidades sociales mucho antes que el tema del “sector informal” se pusiera tan de moda en el vocabulario de las ciencias sociales

17Y aquí, tocamos un punto muy importante de reflexión con respecto a la cuestión de saber si existen, o no, continuidades entre las informalidades sociales del pasado y las de hoy . En eso si, el caso quicheense es, a pesar de su indudable especificidad, instructivo. ¿Sin la informalidad originaria en el marco de la cual la subcultura ladina tuvo que desarrollarse aquí, las tensiones etno-sociales hubieron sidas tan dramáticas en la historia reciente de los años 1970-1980 ? ¿Sin la duradera incapacidad del Estado central (primero, colonial ; después, primo-republicano ) para formalizar completamente su control sobre la totalidad de la población y del territorio, habría existido para sus ejecutores regionales esa tradición, para compensar esa debilidad estructural, de administración de carácter militarista (cuya eficacia alcanzó sus limites hasta en lo peor de la represión ejercida por el ejército entre 1978 y 1983 cuando ni masacres, ni napalm, ni torturas bastaron para erradicar totalmente guerrillas y comunidades de resistencia) ? ¿ Sin tradiciones instaladas desde el siglo XVI de huidas del orden establecido al monte o a la costa hubieran reencontrado esas comunidades de resistencia o, más recientemente, los migrantes y “coyotes” que les explotan para tratar de llegar a los suburbios de Tapachula, Comitan o Los Angeles, los senderos clandestinos conocidos de sus antepasados que les permitieron escapar de los controles ? ¿Y – pero eso en el estado actual de las “ciencias sociales de terreno” me temo que nos lo pueden decir solamente los policías, no los socio-etnólogos : no harán algunas filiaciones comportamentales entre las “ maras” y los “dealers” de barrios de hoy y (por cierto, poco estudiadas hasta hoy por los historiadores!) formas de delincuencias suburbanas del siglo XIX ? En el caso del Quiche, una cosa es cierta : los estudios realizados por Matilde [33] en el caso de los emigrados de San Bartolomé Jocotenango bien demuestran como los conflictos dramáticos (y masivos) heredados aquí del pasado reciente y más lejano han contribuido, vertiendo la mitad de su población inicial a la costa, a los barrancos de Guatemala Ciudad o más lejos todavía, a alimentar directamente los actuales sectores informales de América Central .

En forma de conclusión ?

18Todo lo cual, para terminar, plantea tres cuestiones importantes : 1/ La primera, dirigida a los historiadores . ¿ Podrán ellos, prolongando una tradición institucionalista y elitista que tuvo su necesidad cuando se trataba en el siglo XIX de construir la historiografía de un Estado antes que de un Pueblo-Nación, seguir ignorando más allá lo que pasó en las profundidades o en los márgenes de la sociedad (prefiriendo dejar ese conocimiento a los militares y antropólogos extranjeros, quizás ) ?

2/ La segunda, dirigida a esos científicos sociales (dentro de los cuales los simpáticos, pero a veces excesivos, historiadores de los “ subalternos “ ) que, ellos si, no desdeñan de interesarse a “ los de abajo “ . ¿ Acaso no exageran ellos, bajo apreciable pretexto de redignificarlos – comunidades indígenas, mujeres, pobres, informales, minorías visibles o invisibles, etc … – erigiéndolos en monadas en sí, totalmente aisladas de las relaciones dialécticas con la sociedad global que les fabricaron “ subalternos “ o “ informales “ ? En eso, me parece mucho más fructífera la aproximación de un Arturo Taracena34 quien, reestudiando la historia del Estado secesionista de los Altos, no se contenta con llorar sobre la “ pesadilla indígena “, sino que si la correlaciona muy pertinentemente con lo que fueron aquí el” sueno ladino “ y la “ invención criolla “. 3/ Y una tercera pregunta para terminar, dirigida a historiadores y científicos sociales (entonces, también a mí mismo, particularmente después de revisar la historia reciente del Quiché donde esas categorías heredadas de la historia ofrecen evidentes signos de alteración ) : ¿ Hasta dónde las categorías clasificatorias de lo social heredadas del periodo colonial (“criollos”, “indios”, “ladinos” ) continuan siendo válidas para analizar, no solamente realidades actuales como el llamado “sector informal” (un emigrado controlado por la policía yanqui a la frontera mexicano-estadounidense es para ésta “indio”,“ladino” o, más genéricamente en su nomenclatura : “latino” ?), pero también para abordar los fenómenos de informalidades sociales del pasado ? Basta recordar lo ambiguo de la definición de lo que es un “ladino” (mestizo, blanquito, indio ladinizado, mulato libre ?) desde los orígenes hasta en una situación tan radicalmente separada entre “República de Españoles” (reducida al partir a unos encomenderos, dominicos y funcionarios ) y una “República de Indios” aislada bajo tutela clerical, para dudar fuertemente, hasta en el caso del Quiché. En eso, y por discutidas y discutibles que hayan sido en su tiempo ciertas afirmaciones de Herbert y Guzmann Bockler35, hay que reconocer que esos dos autores tuvieron el mérito de plantear el problema. Por mala suerte desde entonces, con pocas excepciones como la de Taracena, la cuestión teórica de fondo ha sido replanteada en términos exclusivamente etnicistas – como si la inteligentzia guatemalteca y/o guatemalista tardara a abandonar una percepción colonial y a elaborar conceptos renovados que le permitieran elaborar una mejor inteligencia no solamente del estado actual de la cuestión sino también de sus antecedentes históricos que, en ningún caso, se pueden reducir y encerrar en el marco conceptual inducido por las normas clasificatorias oficiales del siglo XVIII que, como lo acabamos de ver, dejaban escapar ampliamente las realidades informales de la sociedad que tenían por función de ignorar, esconder o denegar.

191 Alonso Garcia- “ Carta al Rey : 1545 “ in Colección Muñoz ; 2300-124 ; ff.351-381 y 375-376

202 Colección Muñoz, t. 66 ; A/111 ; f.111 v¡ y Archivo General de Centro America (Guatemala ) notado AGCA; leg 151 ; f. 128

213 AGCA, leg 4575 ; f.129

224 Antonio de Remesal, Historia General de las Indias occidentales y particular de la Gobernación de Chiapas y Guatemala (1619), Biblioteca Goathemala. Sociedad de Geografía e Historia, Guatemala, 1932, pp. 491-497

235 Ernesto Chinchilla Aguilar, El ayuntamiento colonial de la Ciudad de Guatemala, (Guatemala, Editorial Universitaria, 1961)

246 Francisco de Paula García Peláez, Memorias para la Historia del Antiguo Reino de Guatemala, 1841, (Guatemala, Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, 1943-1944), pág. 156

257 De los 30 000 indios extraídos de América central para servir a Francisco Pizarro en sus expediciones a los Mares del Sur y al Perú, ninguno regresara jamas a su tierra natal.

268 Por ejemplo en Verapaz, exenta de la encomienda de guerra en 1540, pero duramente sometida al tributo y trabajo forzado después de 1564 – al punto de provocar una rebelión generalizada en 1574 y la resistencia tenaz de los indios del Peten quienes, atacando el Convento de los dominicos de Coban, les obligan a replegarse en Salama en 1608

279Liquidación de doctrinas servidas por los frailes de Santo Domingo “ – AGCA ; A 111-13 ; exp. 48792 ; leg. 5794

2810 Archivo General de Indias (Sevilla) notado AGI, Gobierno ; leg 181

2911 AGI, Contaduria ; leg 815 ; cuaderno 2 (Guatemala : 1682 )

3012 Francisco de Paula García Peláez, Memorias…op. cit., pp. 156-163

3113 Véase los testimonios : – del Obispo visitante del Quiche en 1679 : “_ …desde la Conquista no se ha entrado otro prelado alla (lo cual es inexacto)...quisa por lo destemplado deste paiz…de montanas inascesibles…caminos incomerciables…y tiempo inclemente _” – AGCA; leg 334 – de su sucesor en 1697 : “esta región dista de la capital cuarenta leguas de malos y peligrosos caminos“ – AGCA; leg 334 – o, a propósito de los conventos de Chiapas y Guatemala en 1745 : “Que se ordene una información sobre el relajamiento escandaloso de la disciplina de los conventos franciscanos y dominicos “ – AGI ; Gobierno ; leg 380

3214 Pedro Cortés y Larraz, Descripción geografica moral de la diocesis de Goathemala, (Guatemala, Sociedad de Geografia e Historia de Guatemala, Biblioteca “Guatemala”, vol. 20, 1958) y Francisco de Solano y Pérez-Lilá, “La economía agraria de Guatemala: 1768-1772, Revista de Indias, (Madrid, 1971), pp. 123-124..

3315Cartas respuestas de los curas regulares y seculares de la Audiencia de Guatemala…dadas en la Visita que de ellos hizo el Arzobispo de aquella diócesis (1771) “ – AGI ; leg 328

3416Resumen general de las familias de españoles y ladinos domiciliados en el Reyno de Guatemala por Alexandro Ramirez (1804) “- British Museum Library ; 1240 ; hoja 14(11)

3517 Antonio de Remesal, Historia General de las Indias …op. cit. y las criticas formuladas en su contra por Marcel Bataillon, “La Verapaz, roman et histoire”, Annales de la Faculté des Lettres de Bordeaux, Bulletin Hispanique, (1953) y André Saint-Lu, La Vera Paz, Esprit Evangélique et Colonisation, (París: Centre de Recherches Historiques, Institut d’Etudes Hispaniques, 1968).

3618 Jean Piel, Sajcabaja. muerte y resurrección de un pueblo de Guatemala, 1500-1970, (Mexico, Cemca, 1989) : capitulos III a V.

3719 AGCA, exp 5330 ; leg 6049 ; ff 7 y 8

3820 Sajcabaja es azotado por la viruela en 1607, 1631, 1666, 1678, 1686, 1741. Por el sarampión en 1694 y 1733 . Por el tabardillo, el “gucumatz” y varias “pestes” en 1601, 1650, 1704, 1708, 1714 y 1741 – AGCA ; exp 5010 ; leg 210 y Archivo Histórico de la Arquidiocesis de Guatemala (Guatemala) notado AHAG ; tomos 5, 8 y 9.

3921 “_Instancias de las justicias del pueblo de San Andres Sajcabaja…sobre que se proceda a revisar tasacion de tributo (1797)_” – AGCA, exp 4784 ; leg 240 ; ff 1-4.

4022 AGCA, exp 5330 ; leg 6043 ; ff 4-7

4123 “Acto del 15/05/1718”- Juzgado de Paz de Canilla ; f. 10.

4224 Archivo General Sección Tierras – Alcaldia Mayor de Solola.

4325Libro de bautizos de 1720 a 1780“ – Archivo parroquial de San Andres Sajcabaja

4426Libro de razón de la estancia de la Virgen del Rosario de Joyabah“ – Archivo parroquial de Joyabaj y AGCA ; exp 52859 ; leg 6004.

4527 AGCA, exp 54491 ; leg 6052 ; f 1

4628Provisión contra los autores del motín habido en el pueblo de San Andres Sajcabaja (1826) “ -AGCA ; A.24.14 ; leg 1676 ; ff 59 a 128

4729 Vease al propósito el espíritu del Decreto N° 14 del 28/11/1824 : “...que aquellos que se llaman ladinos se establezcan entre los indígenas con el fin de promover la extinción de sus lenguas nativas y su ilustración“ – AGCA ; Asamblea Nacional Constituyente; Poder legislativo federal

4830 Jean Piel, Sajcabaja. muerte y resurrección de un pueblo de Guatemala, 1500-1970, (Mexico, Cemca, 1989) – capitulo X : 345-350

4931 Censo nacional de población de 1880

5032 Jean Piel, El Quiche bajo la dictatura liberal ( Guatemala, Cemca, 1995 ).

5133 Véase sus distintos estudios sobre el pueblo de San Bartolomé Jocotenango.

5234 Arturo Taracena Arriola, Invención criolla, sueño ladina, pesadilla indigena : los Altos de Guatemala de regióna estado (1740-1850). Guatemala, CIRMA, 1999.

5335 Jean Loup Herbert y Carlos Guzmann Bockler – Guatemala , una interpretación historico-social – Mexico – Siglo XXI – 1970

54
ANEXO N°1

55TESTIMONIOS DE LA OBSESION DE LAS AUTORIDADES COLONIALES A PROPOSITO DE LA VAGANCIA

561541 – “...que los indios que viven en zonas frias sean elevados temporalmente a trabajar en lugares de la costa o calidos “ – AGCA ; leg 4575 ; f 52

571550 – “...que los indios desocupados sean dados en arriendo para trabajar en las granjas, trabajos de campo y obras debeneficiencia publica “ – AGCA ; leg 4575 ; f 137

581550 – “ Con el fin de evitar la vagancia que los indigenas con oficio se dediquen a el…y los que no tengan sean dados en alquiler en haciendas, labores y obras “ – AGCA ; leg 4575

591553 – “ Que a los indios vagabundos se les obligue a cultivar la tierra “ – AGCA ; leg 1511 ; f 191

601568 – A proposito de los indios del Peten deportados por los dominicos para servir de cargadores entre el Atlantico y la ciudad de Guatemala a traves de la Verapaz : “...la mayoria no vuelve y se queda en lejanas tierras donde mueren, mientras que sus mujeres e hijos se quedan solos y sin proteccion “ – AGI ; Guatemala 394; leg 4 ; ff 331-332

611611 – “ Que se cobre por servicio de tostones…a los indios naborios…que se declare ser los que andan afuera de sus pueblos y no estan empadronados en ellos “ – AGCA ; leg 2245 ; f 4v¡

621663 – “ Que se obliga a bajar a las plantaciones a los indios que se quedan vagantes y ociosos “ – AGI ; Gobierno ; leg 132

63ANEXO N° 2

64OTRA OBSESION DE LAS AUTORIDADES COLONIALES : LOSINDIOS REMONTADOS

651560 – “ Cedula real ordenando que sean reducidos a pueblos los indios que durante la Conquista se remontaron “AGCA ; leg 1511 ; f 201

661602 – “ Testimonio del Obispo de Guatemala sobre idolatria entre indios que viven en lugares remotos y apartados “ AGI ; Gobierno ; leg 156

671629 – RUIZ de ALARCON, Bernardo – Tratado de idolatrias, supersticiones, deidades, ritos, brujerias y otra costumbres gentilicias de las razas indigenas de Mexico – Mexico – 1629 (2a ed : Mexico – 1892 ; 3a ed : Mexico(2 vol) – 1948-1952

681645 – Ereccion por la Audiencia de Guatemala de la “ Provincia de los Infieles del bosque de los Lacandones, de los Choles y de la Sierra de Sacapulas “ – AGI ; Gobierno ; leg 386 (1738 – 1743 )

691676 – Fray Francisco GALLEGOS (O.P.), cura en Verapaz, atestigua que “ en la cumbre hallamos un cercadito de palos y, en medio, bastante copal ardiendo “ – AGI ; Aud. de Guatemala ; leg 152 ; f 146

701707 – “ Sobre indios de Santiago el Sambo (Suchitepequez ) acusados de hechiceros “ – AGCA ; leg 1576 ; f 80

711770 – El cura de Sacatepequez informa que los indios “ procuran ocultar sus idolatrias yendose al monte “ in “ Cartas respuestas de los curas al Arzobispo de Guatemala dadas en su visita que hizo de su diocesis “ – AGI ; Gobierno ; Audiencia de Guatemala ; leg 948

721770 – El cura de Totonicapan informa que “ ciertos dias, hacen los indios decir misa en un altar portatil en el centro de la Iglesia…y despues se inicia una procesion con muchas luces y candelas a cierto monte, a quemar copal “ – in ibid.

731770 – El cura de Iztapan informa que “ los indios nada espiritual creen, ni Dios, ni Trinidad, ni alma, ni se persuaden que haya otro Jesucristo, ni otra Santisima Madre mya, ni otros santos que las imagenes que estan en las iglesias in ibid.

741775 – En los alrededores del ex convento dominico de Sacapulas, que tanto habia hecho para la evangelizacion de la zona, se abre una causa “ contra la india Dominga CHIRIS, por bruja “ – AGCA ; exp 2934 ; leg 153

75

Para citar este artículo :

Jean Piel, « La informalidad social en América Latina », Boletín AFEHC N°27, publicado el 04 diciembre 2006, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1278

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