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AFEHC : articulos : Las vendedoras de los espacios públicos y de los mercados en el Salvador a travès del diario La Tribuna (1944-1948) : Las vendedoras de los espacios públicos y de los mercados en el Salvador a travès del diario La Tribuna (1944-1948)

Ficha n° 1283

Creada: 04 diciembre 2006
Editada: 04 diciembre 2006
Modificada: 08 diciembre 2006

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Autor de la ficha:

Claudia PONCE PRUD'HOMME

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Las vendedoras de los espacios públicos y de los mercados en el Salvador a travès del diario La Tribuna (1944-1948)

Este artículo es producto de los primeros resultados de la tesis en historia, sobre las vendedoras de los mercados y de las calles de San Salvador entre junio de 1944 y diciembre de 1948, sujeto de historia no estudiado hasta ahora en El Salvador.
Autor(es):
Claudia Ponce Prud´ homme
Lugar de Publicación:
Diciembre de 2006
Categoria:
Inédito
Texto íntegral:

Conformación del objeto de estudio: acercarse a las vendedoras de las calles en la primera mitad del siglo XX

1Este artículo es producto de los primeros resultados de la tesis en historia, sobre las vendedoras de los mercados y de las calles de San Salvador entre junio de 1944 y diciembre de 1948, sujeto de historia no estudiado hasta ahora en El Salvador.

2Estudiar a las vendedoras de las calles es una iniciativa colectiva reciente. La idea surgió al enterarse del proyecto lanzado a partir del 2002 por el geógrafo francés, Jérôme Monnet1, quien proponía estudiar las ventas ambulantes desde los vendedores ambulantes, sus prácticas de ocupación del espacio y sobretodo su movilidad, y no solo desde las preocupaciones de los poderes públicos y empresariales, o retomando un enfoque económico que planteaba estas prácticas alrededor del debate sobre la informalidad y el dinamismo micro-empresarial. Este planteamiento novedoso llama la atención por la posibilidad de estudiar la temática más allá de sistemas de explicación y de conceptos que opacaban a las vendedoras como actrices sociales.

3En El Salvador, se formó un pequeño equipo de investigación alrededor de este objeto de estudio2. De este equipo, nacieron tres proyectos en El Salvador: dos tesis, una, de la que se tomaron las informaciones para este articulo, otra, la del egresado de antropología de la Universidad Tecnológica, Raúl Valencia, acerca de las relaciones familiares adentro de un puesto de ventas en la calle Rubén Darío de San Salvador; y el catálogo de imágenes sobre “Las ventas en los espacios públicos de tránsito en El Salvador entre 1890 y 1940”, realizado por Oscar Campos, Lorena Olmedo y Olivier Prud’homme. Además, motivados por difundir este proyecto y ampliar este equipo pluridisciplinario de investigación, se organizó un encuentro sobre el tema de “Las ventas ambulantes en los espacios públicos de tránsito en El Salvador” en la Universidad Centroamericana3.

Un nuevo abordaje de las prácticas de ventas en los espacios públicos

4Jérôme Monnet plantea que “la presencia del comercio ambulante no se debe explicar sólo como una estrategia informal de empleo, tal como ha sido teorizado (…), sino también como una respuesta a una demanda consciente que no encuentra su satisfacción en el comercio llamado “formal” (registrado) o “establecido” (tiendas). Las necesidades específicas de los ciudadanos mientras se movilizan para otros propósitos hacen de ellos clientes ambulantes atendidos por ciertas clases de comercios y servicios que no se categorizan siempre como “informales” pero que son típicos de los cruces de la ciudad4.”

5Jérôme Monnet formula la hipótesis que una parte de las actividades comerciales en los espacios públicos se ha desarrollada con prácticas móviles de consumo de parte de los compradores, es decir es una explicación de índole cultural que permite entender las prácticas de ventas en los espacios públicos de tránsito en el marco de la metropolización actual.

6El planteamiento del “ambulantaje” se ha elaborado desde la geografía cultural alrededor de la cuestión del comercio y del consumo5, este despertó la atención por su capacidad a renovar el cuestionamiento historiográfico más interesado por el comercio capitalista a nivel nacional.

7“El ambulantaje”, “la venta en la calles y aceras” y “la venta en los mercados” son prácticas comerciales, comunes y antiguas para el historiador, actualmente, numéricamente en expansión en varias ciudades de la región, poco incluidas en los planes de ordenamiento y de higienismo de las autoridades urbanas. Si bien en este estudio el ambulantaje es el punto de partida, sin embargo se ha ajustado este planteamiento a los objetivos historiográficos definidos para este estudio. Así esta investigación se propone estudiar: primero a los actores de estas prácticas, es decir a los vendedores que, por las fuentes encontradas, se ha tenido que limitar a dar prioridad a las vendedoras de San Salvador entre 1944 y 1948.

Pensar las prácticas “informales” antes de la “informalidad”.

8El abordaje propuesto por el “ambulantaje” seduce sobretodo por la posibilidad que da al historiador de usarlo. Por eso, mientras que el uso de la noción de “informalidad” muy ocupado por los sociólogos, psicólogos sociales y economistas es muy problemático para los historiadores, el ángulo creado por el “ambulantaje” brinda una oportunidad de escribir una explicación diacrónica, más allá de los últimos treinta y cinco años.

9De esta manera, la preocupación provocada por una insatisfacción historiográfica alrededor de la categoría “informalidad” y por realizar una nueva propuesta analítica, hace a este estudio compartir las dudas de Jean Piel acerca de la validez de ciertas “categorías clasificatorias de lo social”. Este investigador reflexiona también sobre la cuestión de la “informalidad”, y, en su caso, se pregunta sobre la validez de categorías heredadas del pasado colonial (“criollo”, “indios”, “ladinos”) que son usadas por la historiografía, tanto para explicar realidades actuales, por ejemplo el llamado “sector informal”, como para abordar los fenómenos de informalidades sociales del pasado6. Sin embargo, al contrario de este acercamiento, Jean Piel propone el uso de la noción de “informalidad”; pero historisandola.

10Teniendo presente lo anterior, en este apartado, se va a explicar porque no se usa el término de “informalidad” en este estudio aunque se considera que, primero, se tiene que pensar las dinámicas mayoritarias como informales antes de los años 1970, y en eso se sintoniza con Jean Piel; segundo, que es una necesidad que se entable una diálogo recíproco desde la historia con las metodologías, las categorías y las conclusiones producidas desde la sociología, la economía y la psicología social.

11Para desarrollar esta reflexión acerca de “la informalidad”, se propone, primero, reconocer lo valioso y lo incentivador de esta noción en esta época contemporánea para el investigador en ciencias sociales; segundo, demostrar las inquietudes de este estudio de cara al uso de esta noción para estudios históricos anteriores a los años 1970. Se terminara por explicar el marco en que parecen ubicarse las vendedoras de los mercados y de las calles de San Salvador entre 1944 y 1948.

12En cuanto al concepto de informalidad, se retomara la definición propuesta por Juan Pablo Pérez Sáinz y Rafael Menjivar Larín, quien fuera el gran especialista del sector informal tanto a escala centroamericana como a escala salvadoreña7: “El fenómeno informal ha sido abordado a partir del establecimiento (unidad que produce bienes y servicios mercantiles), (…) unidad económica que combine factores productivos asumiendo riesgos empresariales. Lo que excluye el empleo doméstico. (…) Un establecimiento es informal cuando su división de trabajo es incipiente: baja relación capital/trabajo; división del trabajo poco desarrollado8.”. Elementos a los cuales, se podría agregar otros aspectos generalmente aceptados: “Es una actividad de emergencia, no protegida por la legislación laboral, no hay prestaciones y existe una constante autogeneración de empleos9.

13Rafael Menjivar Larín insistía que la informalidad era sobretodo un proceso laboral más que productivo, es decir un “_fenómeno de generación de empleo_”, en el cual se puede analizar _ “dos momentos de existencia de la capacidad laboral: su intercambio (o sea, el mercado de trabajo) y su reproducción (o sea, el hogar10)”_. Por lo cual, se recalca la naturaleza heterogénea, característica fundamental de este fenómeno, y por ende la necesidad de una tipología. En esta línea, logra identificar tres tipos de informalidad que le son útiles a su estudio: las microempresas dinámicas caracterizadas por su tendencia al incremento de la relación capital/trabajo y con capacidad acumulativa; las situaciones a caballo entre la dinámica acumulativa y la reproducción simple de subsistencia y por último las lógicas de subsistencia de reproducción simple11.

14Para un historiador que estudia a las vendedoras de las calles y de los mercados de San Salvador, la tipología propuesta resulta muy interesante. Primero, porque como se va a demostrar en este estudio, se considera que la mayoría de las actividades comerciales de las vendedoras encajan en “las lógicas de subsistencia en reproducción simple”, mientras que no se descarta la posibilidad que se puedan encontrar “situaciones a caballo entre la dinámica acumulativa y la reproducción simple de subsistencia”.

15Los debates que aproximadamente, desde hace cuarenta años se han desarrollado alrededor del uso de la noción socio-económica de “informalidad” proporcionan métodos, pistas de investigación, y categorías interesantes para la historia social, porque insta a ir más allá de las representaciones sociales estáticas y generales de “pobreza” y de “marginalidad”, de las relaciones de caridad y de dependencia, para analizar las trayectorias laborales y las estrategias socio-económicas de estas personas. Leído desde la historia, este enfoque es muy dinamizador ya que permite romper con categorías con las cuales ya no existe un cuestionamiento suficiente, a las nociones de “pobreza” y de “marginalidad12”.

16Sin embargo, si el incentivo es cierto y muy tentador, a la vez, el uso de esta noción por el historiador es poco factible por dos razones. Primero, porque la categoría “informalidad” se construyó desde una época y para estudiar esa época. Sería un anacrónico usar una categoría que procede del modelo del Estado de Bienestar en el marco de un proceso de industrialización considerado como una panacea a todos los problemas sociales.

17La gran mayoría de los sociólogos y economistas que presentan el tema de la informalidad remiten siempre a los primeros estudios en los años 1960 con antecedentes hasta los años 195013, contemporáneos de los primeros intentos de realización de un Estado de Bienestar y del proyecto de “substitución de las importaciones” en Centroamérica como en el resto de la región latinoamericana. “En los años 60 se visualizó a los trabajadores informales como marginales y como tales constituía la vergüenza de un promisorio proceso modernizador que, afortunadamente, les sacaría de esa condición estigmatizante14.

18Respecto a El Salvador, el economista Carlos Briones afirma que “el primer intento de caracterización del sector informal urbano en El Salvador se encuentra en un trabajo realizado por PREALC (1975) en el año de 1974 con el objetivo de evaluar la situación y perspectivas del empleo en El Salvador. (…) En este trabajo se hace énfasis en las características socio-económicas del trabajador informal debido a que la fuente de datos es una encuesta demográfica y de mano de obra realizada en el Area Metropolitana de San Salvador con el objetivo de evaluar la situación ocupacional en el principal polo urbano del país15.”

19De esta innovación en la sociología, la economía y la psicología social, los “pobres urbanos” se habían vuelto “informales marginales”, sin provocar grandes problemas epistemológicos. Sin embargo, desde el análisis histórico, esa categoría era de un uso muy difícil. Por un nuevo ángulo institucional, herramienta de evaluación de un nuevo proyecto político-económico, los mismos trabajadores precarios de antes de los años 1950 se convertían en “informales” a partir de estos años. Las ciencias sociales habían fabricado una nueva categoría social para abarcar al grupo de trabajadores que tenían que beneficiarse del proceso modernizador basada en la industrialización y en la protección social. Desde entonces, bien los trabajadores se beneficiaban y eran formales, bien se ubicaban en la informalidad. Si estas categorías socio-económicas eran aplicables a partir de los años 1950, uno puede preguntarse ¿Tienen sentido en el caso de los periodos anteriores?

20Este estudio demostrará que no tiene sentido. En El Salvador, justo antes de 1948, la industrialización era inferior a un 7% del empleo urbano16, y la protección social era solo un proyecto en debate. El concepto de “informalidad” no existía. Más aún, se considera que, fuera de unos grupos sociales muy reducidos, la pauta era la informalidad, a nivel laboral, residencial, educativo, para más de un 70% de la población salvadoreña. El cuestionamiento es ¿Qué hacer de esa noción de “informalidad” si abarca un grupo tan amplio, tan diverso respecto a sus prácticas sociales, y tan polimorfo? La respuesta es hay que fabricar una noción más precisa y apegada a las dinámicas sociales de la época. De esta manera, se sostiene la hipótesis que el perfil social de las vendedoras de los mercados y de los espacios públicos de tránsito entre 1944-1948 pertenecen a un marco de prácticas “informales”, antes que a la “informalidad” entendida en el sentido actual.

21En cuanto a la elección de los años 1944-1948, esto se justifica por la intención de este estudio sobre las vendedoras de los mercados y de las calles, por ser un primer elemento de diálogo con las nociones, de “informalidad” en El Salvador, usadas desde hace más de treinta años, y del “ambulantaje”, usadas hace pocos años. Por esta razón, se ha escogido el periodo de los años cuarenta para, primero, dialogar con los numerosos estudios posteriores, realizados en El Salvador por sociólogos y economistas sobre el tema de la “informalidad”; segundo, cuestionar el “inicio” y por ende la “genesis” del fenómeno en los años cincuenta17. No se quiere extraviar en la búsqueda del origen, sino cuestionar las explicaciones macroeconómicas y sobre todo el apartado de “los antecedentes”, en muchos de estos estudios.

Historia social: una metodología

22Este estudio, se propone estudiar el perfil social a partir de representaciones seleccionadas de manera sistemática en el periódico La Tribuna, publicado en San Salvador. Tanto los sujetos y objetos de estudio como la metodología utilizada, se fundamentan en los planteamientos de la historia social que se ha desarrollado desde hace más de quince años en Europa. En este apartado, se va a presentar los lineamientos de la investigación en el marco historiográfico.

Identificar el perfil o los perfiles sociales de las vendedoras de los mercados y de las calles de San Salvador

23A partir de las representaciones de la fuente, se ha planteado preguntas básicas para discernir el perfil social o los perfiles de los actores y actrices de las ventas de los mercados y de las calles de San Salvador: la procedencia, la edad, el estado civil, la residencia. Desde el inicio, se ha buscado identificar a las personas que practicaban las ventas de las calles y de los mercados, ya que “Vale la pena señalar que no consideramos a los trabajadores en las calles como marginales, pues esta categoría sume por definición a estos actores en una posición de exclusión dentro un sistema social. Por el contrario, se ha encontrado que estos actores sociales participan en la vida cotidiana con las posibilidades que les brinda cada momento y cada espacio social, se adaptan a las circunstancias para lograr mínimas condiciones de sobrevivencia18.”

24Se observó la poca visibilidad de las vendedoras urbanas de los mercados y de las calles, en las categorías sociales usadas por los investigadores que estudiaron la primera mitad del siglo XX. Fuera de las campesinas y de las pocas obreras de fábricas, las vendedoras cuando no eran campesinas, eran invisibles. De repente, aparecen en una frase, u otra, o en alguna foto, no más. No se distingue y ni siquiera se conoce si estaban incluidas, concientemente, en categorías macroscópicas como “las masas populares”, “el proletariado”, “los trabajadores”. A partir de estas observaciones, se comparte la opinión de Bernard Lepetit cuando escribe: En lugar de reifiar los grupos (estamentos, clases, ciudades, tribus, etc.) y de considerar como dado, en la base de una batería de criterios esenciales (una posición de linaje, una posición económica, etc.), la pertenencia de los individuos a estos grupos que los encierran y los definen, ahora las ciencias sociales invierten la perspectiva19.

25Este estudio retoma esta nueva perspectiva de las ciencias sociales, lo que implica partir de los sujetos y de sus prácticas a través de la fuente estudiada para construir un perfil o varios perfiles sociales que quizá permita vislumbrar dinámicas sociales poco visibles hasta ahora. A esta escala, este estudio se inscribe en esta historia social lanzada a finales de los años 1980, en la cual “ya no se ancla en una crítica de los hábitos de la disciplina en nombre de las innovaciones de las ciencias sociales, sino en una crítica de los postulados de las propias ciencias sociales. El fundamento intelectual del salto están claros: la vuelta a una filosofía del sujeto que rechaza la fuerza de las determinaciones colectivas y los condicionamientos sociales y que pretende rehabilitar “la parte explicita y meditada de la acción20” .

Pensar el trabajo femenino desde la historia de las mujeres

26La mayoría de personas que ejercían el oficio de las ventas ambulantes y de los mercados eran mujeres, tanto en los resultados de la fuente utilizada en este estudio, como en el “Cátalo de imágenes21”. Es por ello, que en se incluye esta reflexión sobre el trabajo femenino desde la historia de las mujeres, como parte de la historia social.

27En el balance publicado en 1997 sobre los aportes de la historia de la mujer y de género en América Latina, Virginia Mora Carvajal presenta el trabajo femenino, en especial el de las mujeres de los sectores populares como uno de los temas que presentan más dinamismo en la historia de género22. Sin embargo, si estudiamos la bibliografía en la cual se basa la investigadora, las obras citadas datan todas de los años 1980, lo que lleva dudas sobre el seguimiento de este dinamismo en los años 1990. Otro elemento que lleva a dudar: en el balance propuesto esta vez por Eugenia Rodríguez Sáenz, a escala de Centroamérica, no recalca este tema del trabajo femenino en los sectores populares, entre los más estudiados en la región. Esto puede explicar el hecho que al investigar sobre este tema en Centroamérica en 2006, se encuentran pocos estudios históricos publicados. En este caso, sólo se ha encontrado un artículo de la misma Virginia M. Mora Carvajal, titulado “los oficios femeninos urbanos en Costa Rica. 1864-192723.

28La primera conclusión a la que llega la historia del trabajo femenino, es la invisibilidad de las mujeres en este campo, tanto en Centroamérica como en Europa. Las dos causas más destacadas y vinculadas son la ceguera estadística del Estado24 y las representaciones culturales que descartan o menos valoran las actividades que no tienen una relación con la maternidad y el hogar.

29En el caso salvadoreño, en primer lugar, el Estado respaldaba sus categorías estadísticas en las representaciones socio-culturales producidas en el país y, por ende, consideraba que las mujeres no se debían salir del espacio doméstico, sino como ayudantes del jefe de hogar – padre, esposo…-, es decir, no representaban actores reconocidos de la economía nacional. En segundo lugar, en los años cuarenta, el mundo asalariado, incluso en las ciudades, era una excepción en la economía salvadoreña, y aún más para las mujeres. Lo que significa que no sólo las mujeres, sino la mayoría de los campesinos quedaban fuera de las estadísticas.

30En el caso de El Salvador en los años cuarenta, primero, no hay que olvidarse que las herramientas estadísticas eran muy incipientes, mucho más por ejemplo que en Costa Rica. Esto significa que la invisibilización no se limita a las mujeres sino a una gran parte de la población, de hecho no asalariada en aquella época. Segundo, en los dos primeros censos en el país, los censos de 1930 y de 1950, se eluden las actividades femeninas agrícolas y comerciales. Tercero, las memorias estatales, como el proyecto de elaboración del Seguro Social entre 1944 y 1948 no se fijaban en las actividades femeninas. Sin embargo, retomando a Michelle Perrot y a Sylvie Schweitzer25, obviamente las mujeres siempre trabajaron, y una parte no marginal de ellas26.

31Siguiendo la hipótesis general que la práctica de la informalidad era generalizada, entre 1944 y 1948, en lugar de considerar que estas mujeres pertenecían a una economía informal. Se demostrara en este estudio que desde el Estado, la invisibilidad-informalidad-marginalización de estas mujeres era total, no sólo en cuanto a su práctica de subsistencia, es decir en el campo laboral y económico, sino también en el campo residencial o de la ocupación del espacio urbano, y en el campo educativo27.

Fuentes escritas sobre el comercio en los mercados y las calles. Proceso de búsqueda y selección

32Al identificar el perfil social, se han tenido que buscar fuentes apropiadas para alcanzar el objeto de estudio. Como no se han escrito libros de historia sobre este tema, sino solo tres libros de sociología y economía sobre las informales28, se ha tenido que seguir un recorrido largo para decidirse sobre la fuente más apropiada. En este caso fue el periódico La Tribuna.

33La búsqueda se realizo en diferentes tipos de fuentes, como las estatales, municipales, literarias, fotográficas y periodísticas. Entre las primeras se tienen a la fuentes estatales, el recorrido inició en la Colección Salvadoreña “Claudia Lars” de la Biblioteca Nacional donde se encuentran los libros nacionales más antiguos de la Biblioteca: la mayoría entre 1885 y hasta 1925, otra parte hasta 1950. Las series de Memorias de Labores de varios ministerios del Estado salvadoreño (Hacienda, Economía, Asistencia Pública) entre finales del siglo XIX y el medio del siglo XX no se referían a este tema del comercio urbano al detalle en los mercados y en las calles.

34Asimismo, en el Archivo General de la Nación (A.G.N.), se hizo un sondeo en el fondo de Gobernación entre 1890 y 1940. Se encontró un fondo reducido pero muy interesante: el fondo de Mercado. El catálogo hecho por los encargados del acervo presenta varias cajas: 1927, 1940-1941, 1948, 1953, 1967. La fuente es valiosa: se puede encontrar cartas de las locatarias del Mercado dirigidas al “Administrador del Mercado” e informes administrativos que tratan del traslados de local, renta del local, tensión entre las “vendedoras” (sic) y vigilantes del mercado, robo en el mercado, tren de aseo. Sin embargo, no se pudo escoger este fondo por el desfase entre el tamaño reducido del fondo, la gran discontinuidad de la fuente y los requisitos de una tesis de Licenciatura.

35En las fuentes municipales, se indagaron cuatro dependencias de la Alcaldía de San Salvador: el Archivo Municipal de San Salvador, la oficina del Distrito Central, la Gerencia de los Mercados Municipales de San Salvador y la sede del Cuerpo de Agentes Municipales.

36En el Archivo Municipal de San Salvador, se pudieron consultar las actas municipales de la Alcaldía, producidos durante la primera mitad del siglo XX. De hecho, se pudieron hallar debates en la Alcaldía sobre la administración de los mercados capitalinos, el papel de las calles y de los edificios públicos para realojar a las llamadas “vendedoras”, y las relaciones entre las locatarias de los mercados, las vendedoras de la calle y la administración municipal. Sin embargo, otra vez, si los datos son interesantes, resultan insuficientes para obtener una serie a trabajar en la investigación

37Entre las fuentes literarias: varias obras de la primera mitad del siglo XX mencionan, incluso describen las ventas en los mercados y/o en los espacios públicos de ciudades y pueblos salvadoreños. Las crónicas y novelas de Masferrer, de Ambrogli son dos ejemplos concretos que la literatura es una fuente muy valiosa para abordar este tema. Lastimosamente, estas fuentes sólo pueden ser complementarias. De hecho, no se encuentra una obra literaria que se enfoca sobre un vendedor de la calle o del mercado. De igual manera que todas las fuentes citadas anteriormente, no se puede hablar de una serie suficiente amplia para que se volviera el corpus principal de las fuentes de una tesis. Por esa razón, hubo que dirigirse hacia una fuente muy prolífica en el siglo XX pero también que uno tiene que manejar con mucha cautela: la fuente periodística.

38Se realizó un sondeo en el campo periodístico de la primera mitad del siglo XX. Se consultaron sobre todo periódicos nacionales de los decenios 1920, 1930 y 1940, por tener una oferta informativa más amplia: Diario de Hoy, Prensa Gráfica, Diario de El Salvador, La Tribuna, Diario Latino. En varios de estos diarios, se encontraron informaciones sobre los vendedores de los mercados y de los espacios públicos de El Salvador.

39Al final de este recorrido muy enriquecedor, pero también bastante largo, a través de fuentes posibles para tratar las ventas de los mercados y de las calles, se realizó la selección del corpus documental y precisión del marco histórico y geográfico. Así se optó por seleccionar un periódico llamado La Tribuna, publicado entre julio de 1944 y diciembre de 1948 y enfocarse en las vendedoras y vendedores de los mercados y de las calles de El Salvador. A través de sondeos, era la fuente que parecía tener una de las más altas frecuencias de noticias sobre estos sujetos y actrices de los mercados y los espacios públicos principalmente de San Salvador.

Presentación de la fuente seleccionada: el periódico La Tribuna

40Es difícil caracterizar la línea editorial del diario, ya que se observo una gran inestabilidad de los directores, asimismo del perfil político de ellos y del grado de coacción estatal entre 1944 y 1948. Se propone distinguir cuatro momentos que marcaron bifurcaciones en la orientación política del diario. El primer momento fue muy breve, solamente de cuatro meses pero, a la vez, muy determinante. Se definió por el único momento de libertad de expresión que permitió el gobierno de turno, entre el 18 de junio de 1944 y el 20 de octubre de 1944. Fue en aquel marco que se fundó La Tribuna bajo la dirección de un director que se manifestaba comprometido con las aspiraciones democráticas y de justicia social expresadas fuertemente en aquella época, Pedro Geoffroy Rivas29. Se considera que este momento tenía las características internas y externas más favorables para que el diario produjera noticias y artículos sobre “lo popular”, “lo social”, y que se enfocara en las vendedoras de los mercados y de las calles de San Salvador.

41El segundo momento, fue marcado por continuar con la línea editorial iniciada por Pedro Geoffroy Rivas, es decir, hasta el 1º de marzo de 1946, los dos directores que se sucedieron, se proponían participar a los debates políticos desde una postura favorable a los mecanismos democráticos y a una intervención pública más importante en el área social, cuando las relaciones con el Estado habían pasado repentinamente de la no intervención pública a la coacción estatal sobre la prensa. Esto había sido expresado por La Tribuna durante la dirección de Pedro Geoffroy Rivas sin cohibirse, luego lo presidentes de la República, Osmín Aguirre, primero, y el General Castaneda Castro, luego, lo consideraba como una provocación y lo censuraban. Se considera que si bien la intención del diario podía seguir enfocada en la cuestión social, e interesarse por las vendedoras de San Salvador, las presiones del jefe de gobierno pudieron afectar la escritura de las noticias “sociales”.

42A partir de marzo de 1946, ocurrió una ruptura en la orientación del diario. La llegada de Hugo Lindo, su rechazo al comunismo marcó una postura más aceptable para el General Castaneda Castro. Una parte del equipo de redacción cambió y uno de los dueños del periódico se volvió el gerente del diario. El periódico se ajustaba al control estatal. Hugo Lindo como su sucesor, y aún más José Quetglas que tuvo la dirección más larga del diario, defendieron una postura que creían auténtica, hasta crítica en ciertos momentos, pero que acataba las reglas de control de la libertad de expresión impuestas por el General Castaneda Castro. Ya no buscaban como en el primer año de La Tribuna la defensa del espacio total de libertad de expresión en el cual se fundó el diario. Definitivamente, este ajuste interno a la presión externa pudo provocar un cambio de escritura en ciertas noticias sociales que el General Castaneda Castro podía considerar como de índole político.

43Los últimos cuatro meses de La Tribuna marcaron la culminación del control de Castaneda Casto sobre el diario. Al volverse el jefe de estado el accionista mayoritario del periódico, el pequeño margen de libertad desapareció. Con los dos últimos directores, Alberto Rivas Bonilla y Francisco Espinosa, La Tribuna se transformó en una herramienta de difusión de los discursos del General Castaneda Castro.

Perfil social de los actores de las ventas: actividad dominada por mujeres, poco visibles

44En este estudio, se espera lograr lo planteado por la historia dominica D. T. Dávila: “Un principio importante para el estudio de los protagonistas históricos “invisibles”, debe comenzar por hacerlos visibles con la mirada fresca y sensible de nuevas ideas, el uso de métodos renovados y la elaboración de preguntas que generen problemas para ser resueltos analíticamente por el investigador30.

45Si entre 1944 y 1945, la economía salvadoreña padeció por la coyuntura internacional desfavorable, a partir de 1945 y hasta 1957-1958, es decir mucho más allá del final del periodo de estudio, esta misma economía creció rápidamente debido a la elevación de los precios mundiales del café. Después de la Segunda Guerra Mundial, el nuevo arranque de la economía occidental por la reanudación de los intercambios comerciales alimentó este periodo de bonanza en El Salvador. Héctor Dada Hirézi lo demuestra muy claramente: Los precios del café salvadoreño pasaron de un índice de 100 en 1945 (37.24/qq para el café salvadoreño), a 275 en 1950 (102.53/qq). Hacia 1950, el café representaba más del 80% de las exportaciones. (…) A raíz, por ejemplo, de los continuos saldos favorables de la balanza de pagos, las reservas internacionales habían aumentado de 21 millones y medio de colones en 1941, a 156 millones de colones en junio de 195131.

46La economía salvadoreña de agro exportación, era “dual”, es decir, dependía del mercado mundial y a la vez debía articularse con la economía de subsistencia que permitía alimentar no solo a la mano de obra necesaria para el desarrollo de este sector sino a toda la población, cualquiera fuera su rol económico32. Esto permite entender las explicaciones de Alexander Segovia sobre la precariedad generalizada que tenía que aceptar una gran parte del campesinado centroamericano: _Debido a que dichos cultivos (de agro-exportación) se caracterizan por su estacionalidad en el uso de mano de obra, el mercado de trabajo salvadoreño (y centroamericano) ha registrado históricamente una marcada inestabilidad laboral. (…) El sistema agro-exportador requería anualmente cientos de miles de trabajadores migratorios para recolectar los cultivos de exportación durante el periodo de cosecha, pero no era capaz de garantizarles un salario para todo el año, por lo cual se apoyaba en la perpetuación del sistema de subsistencia campesina. En la medida en que la mayor parte de los costos de reproducción de esa fuerza de trabajo eran provistos por el trabajo impago de los miembros del grupo familiar campesinado que trabajaban en los minifundios, el sector agro-exportador podía ofrecer salarios mucho menores que los que se habrían requerido para mantener a un trabajador asalariado durante todo el año33 _.

47En este marco de una economía dual en la cual la agricultura de exportación alrededor del café se beneficiaba de precios muy favorables, se tiene que ubicar a las vendedoras de los mercados y de los espacios públicos de los pueblos y ciudades de El Salvador, sin desvincularlas del crecimiento poblacional y de la situación precaria generalizada en la ciudad y en el campo, y que, debido al bajo nivel de ingresos y al desarrollo de los transportes más rápidos, empujaba a la movilidad hacia la ciudad.

La hiper representatividad de las ventas y de las vendedoras de los espacios públicos y de los mercados de San Salvador

48Existe una clara hiper representatividad de San Salvador durante todo el periodo de difusión de La Tribuna. La ciudad de San Salvador, es mencionada 228, entre 368 noticias que abordan las ventas callejeras y de los mercados en todo el país. En segundo lugar, se observa a Santa Ana y Usulután, y de manera más reducida, a Chalatenango y San Miguel como las ciudades más mencionadas entre un total de 26, dependiendo del periodo.

49Ya se había observado esa hiper representatividad en el catálogo de 42 imágenes – fotos y grabados que procedían de 10 fuentes distintas, revistas, diarios y libros – entre 1890 y 1939, ya que, entre 12 ciudades y pueblos, San Salvador representaba un 40% de las imágenes encontradas34.

50De acuerdo a los resultados, por una parte, se considera que esta hiper representatividad resulta de la fijación de los periodistas por San Salvador, debido a la ubicación de la sede del diario, y a su interés por la capital. En buena medida, también, refleja la geografía de las ventas en El Salvador. Por otra parte, se observa que la distribución de las ventas, siempre céntricas – en los pueblos y ciudades – se distribuían entre los mercados los espacios públicos – calle, plaza, parque –, y que muchas veces, los periodistas relacionaban las vendedoras de las calles con las de los mercados, ya fuera por una razón urbanística, social o/y económica.

51Esta presencia numerosa de mujeres del mercado y de las calles tiene que ver con la aceleración y por ende el aumento de todos los tipos de flujos – diarios, estaciónales, y sin vuelta – hacia la capital, lo que provocó una densificación y una expansión de la ciudad. En los años 1944-1948, este proceso ya tenía entre 15 y 20 años. Era un nuevo centro35.

52La población urbana nacida en San Salvador vio llegar a emigrantes rurales y, en una menor proporción, a urbanos de ciudades segundarias nacidos fuera de la capital, y que probablemente representaron por lo menos un tercio de la población de la capital en los años 1940: Un problema que afecta seriamente a la capital y a las grandes poblaciones del país, es la escasez de la vivienda. Sencillamente: no hay casas en las ciudades. La causa, una de tantas, es la incesante inmigración de los pueblos. El entusiasmo por las ciudades está despoblando a las poblaciones pequeñas. En El Salvador hay pueblos que tienden a desaparecer: San Juan Opico, Ciudad Barrios, Alegría, San Alejo han visto el éxodo interminable de sus habitantes que buscan la vida en otras partes, generalmente la capital. Resultado: las poblaciones pequeñas se extinguen y la capital se congestiona36.

53En este mundo rural dominante, los flujos masivos e intensos, los conformaban los campesinos ocupados permanentemente en la agricultura de subsistencia, o estacionalmente entre regiones de cultivo de exportación y de subsistencia, campesinos-artesanos, campesinos-albañiles; artesanos; trabajadores que ya no pueden nombrarse campesinos: pasando de obras de construcción a un taller, trabajando estacionalmente como jornaleros, desvinculados de la tierra, de la comarca y del ritmo de la agricultura de subsistencia; y mujeres, sobretodo campesinas-domesticas, campesinas-artesanas, campesinas-vendedoras. Más de la mitad de ellos, probablemente más de un 60%, tenían menos de 30 años. De esta forma, las vendedoras de los mercados y de las calles hacían parte de estos flujos, pero a la vez se valían de ellos y de su concentración en San Salvador, en busca de clientes potenciales.

54De lo anterior, interesa dejar claro es que estas mujeres venían más por una razón de tipo cultural y comercial, más que industrial, es decir, las vendedoras, como parte de los flujos migratorios se sentían atraídas a la ciudad, debido a la concentración de población, al mercado potencial que ello significaba, más que por buscar un empleo en una industria marginal, ya que el fenómeno de industrialización se quedó muy limitado hasta los años 1950, pues antes esta no superaba el 7% del total37. La función industrial, tan debatida durante el periodo de bonanza de los años 1910 y 1920, y de nuevo en el centro de los debates más apasionados en los años 1940, aún era marginal hasta 1948 a no ser que se incluyan las actividades artesanales múltiples.

Una actividad mayoritariamente femenina

55El análisis de los artículos de La Tribuna, permite concluir que las prácticas de las ventas en los espacios públicos y los mercados de El Salvador, y principalmente de San Salvador estaban dominadas por mujeres. La frecuencia de las referencias femeninas, las categorías usadas, como los comentarios periodísticos respaldan esta afirmación.

56Primero, entre 360 recurrencias que dan un nombre a los actores de las ventas, solo 18 son específicamente masculinas. Lo que significa que una gran mayoría de los términos usados para nombrar a estos actores son, o femeninos, o neutros que incluyen a mujeres. Segundo, al fijase en la tipología periodística, de manera comprobada, entre 75 tipos de nombres dados a los actores, 57 son femeninos y neutros. Para finalizar esta demostración basada en La Tribuna, se observa que entre 360 recurrencias, el término “locatarias” aparece en primer lugar con 151 frecuencias, “vendedoras” en segundo con 70, “señoras” en tercer lugar con 42 y “vendedoras ambulantes” con 26.

57A partir de ese análisis cuantitativo, se concluye, primero que se observa una presencia dominante de las mujeres. Segundo, era la práctica comercial sin referencia de otra índole, que caracterizaba a las vendedoras. Tercero, el único termino de otro tipo es el de “señoras”, el cual es una prueba de la relevancia de la relación de género en el abordaje de las actividades de venta en el centro.

58El análisis cualitativo fundamentado en los comentarios periodísticos confirma las conclusiones precedentes y da más precisión sobre la importancia numérica de las mujeres en las ventas de los mercado y en la calles. Así, un periodista alude a las vendedoras del mercado central de San Salvador que “representan el sostén de miles de hogares capitalinos”, evaluando más adelante a más de 1,200 vendedoras, las mujeres afectadas por una medida municipal38. De igual manera, respecto a las vendedoras de los espacios públicos de la capital, otro artículo se refiere a “miles de vendedoras que ahora inundan las calles de la capital, hasta el grado de haber alterado el tránsito en muchas de ellas39”.

59El análisis cuantitativo y cualitativo del diario confirma las conclusiones que se habían extraído del análisis de las 42 imágenes del catalogo de ventas en los espacios públicos de los pueblos y ciudades del país, entre 1890 y 1939, ya que en 33 de las 42 imágenes, se observan mujeres vendedoras40.

60Definitivamente, el centro de la ciudad se veía mucho más feminizado que otras partes. El análisis de los censos de 1930 y de 1950 puede aportar una parte de la respuesta entorno de esta dominación espacial femenina. Según el censo de 193041, mientras que la población total del casco urbano de la ciudad capitalina representaba 88. 508 personas, 41. 860 eran varones y 46.648 mujeres, lo que significa que casi un 53% de las personas que radicaban en el centro eran mujeres. En el censo de 1950, la feminización de la ciudad se puede vincular con el déficit de mujeres que se observa en el campo. De hecho, la población rural masculina representaba un 65.71 %, mientras que la población rural femenina representaba un 61.36 %. Podría ser el resultado de una migración campo-ciudad más fuerte de parte de las mujeres que de los hombres. En esta población que procedía del campo se podría encontrar a más empleadas de casa, vendedoras y obreras que a albañiles, artesanos, obreros o empleados, fueran del sector privado o público.

Una actividad precaria pero no marginal

61Si se retoma la tipología de los economistas de la informalidad, Rafael Menjivar Larín y Juan Pablo Pérez Sáinz, se observa que de las tres categorías propuestas – “lógicas de subsistencia en reproducción simple”, “situaciones a caballo entre la dinámica acumulativa y la reproducción simple de subsistencia” y “la dínamica acumulativa” –, solo se distinguen “las lógicas de subsistencia en reproducción simple”. En 368 noticias, no se pudiron identificar otros perfiles sociales que el de subsistencia. Tampoco, se pudo diferenciar la situación socio-económica de las vendedoras de las calles y de los mercados en El Salvador, y principalmente de la capital.

62Los ejemplos que aluden a la situación social de las vendedoras de los mercados y de las calles son numerosos, tales como “pobrecitas mujeres que se ganan el pan de sus hijos vendiendo frutas por la calle42”; o los “pequeños intereses de las humildes locatarias43”. Entre estas mujeres vendedoras, unas noticias aluden a la presencia de campesinas, “pobre gente del campo44”.

63En el catálogo de imágenes de las ventas entre 1890 y 1939, se había percibido esta homogeneidad social de las vendedoras, casi todas vestidas de un fajo y de una camisa sencilla, confundiéndose con sus clientes, empleadas de casa, a menudo ex compañeras de ventas.

64En una situación precaria, las vendedoras hacían parte de la mayoría socio económico de la población fuera rural o urbana. Eran parte de este 92% de la población que tenía un 48% del producto nacional según una encuesta de las Naciones Unidas de 195145. Eran a la vez las proveedoras y una parte de esta categoría C, que describe el economista Héctor Dada Hirezi: que compuesta por el 61% de la población, recibe solamente el 19,5% del ingreso total. Las capacidades de consumo que permite el ingreso medio de esta última categoría no pasa más allá de los bienes no duraderos; es más, difícilmente alcanzan $58 al año para cubrir las necesidades básicas de una persona46. (…).

65Entonces estas mujeres eran informales en una sociedad en la cual la pauta era la precariedad y la informalidad, un tiempo vendedoras, otro, domésticas o costureras. Las mujeres vendedoras seguían trayectorias laborales muy inestables comparables a las de los hombres mencionados por el director del proyecto de Seguro Social en 1947: Este núcleo de población que clasifico como asalariados temporales puede aún dividirse en dos categorías. La primera estaría compuesta por aquellos trabajadores que se dedican a trabajos temporales en propiedades cercanas a su domicilio. Viven en un pueblo determinado ejerciendo alguna actividad especial en un pueblo y cuando hay demanda de trabajo en las fincas circunvecinas se convierte en asalariado temporal. La segunda categoría estaría formada por trabajadores que se encuentran en los centros de trabajo pero que viven en lugares distantes, viajan constantemente de un lugar a otro en busca de trabajo o de acuerdo con el ritmo de la producción agrícola47.

Las vendedoras de los espacios públicos y de los mercados: principal aporte a la economía domestica

66Para terminar, el análisis de las noticias de La Tribuna, permitió distinguir la importancia del papel económico de las vendedoras en la economía domestica.

67Sin conocer el estado civil de las vendedoras, varias expresiones aluden al papel central de las vendedoras en la economía doméstica: “proveedoras del pan de la familia48”, “pobrecitas mujeres que se ganan el pan de sus hijos49”; “actividades que son licitas y que constituyen el único patrimonio para la subsistencia de las mismas vendedoras y sus hijos50”. “representan el sostén de miles de hogares capitalinos51” ¿Madres solteras? ¿Jefas de familia que aportaban la mayoría de los ingresos al hogar, en el caso que vivieran en pareja? Lo cierto es que las representaciones de estas vendedoras construyen una imagen de mujeres económicamente independientes, en la cual los hombres eran totalmente ausentes. Sin escoger una de las dos interpretaciones acerca de la situación familiar de las vendedoras de los mercados y de las calles, el rol de las vendedoras en la economía doméstica era central.

68Su rol en la economía domestica se refuerza con el cuidado de los niños a cargo de las mujeres y visible, como todavía hoy, en los espacios de venta. Así, en una noticia sobre un mercado, un periodista representó a “niños encanastados o rodando por el suelo, recibiendo la contaminación directa de todos los microbios disponibles”, por lo cual se pedía la construcción de una sala infantil52. En otra noticia: “Todas las locatarias del mercado municipal No. 2 gozan de comodidad y de muchas ventajas, sobre todo, las señoras que tienen hijos recién nacidos, o niños pequeños, porque hay en el edificio sala cuna, escuela, un buen provisto botiquín y servicio de emergencia53 (…)”.

69En una noticia más detallada, una locataria manifestaba que: Se entiende que las locatarias somos gentes pobres, y que en tal concepto, no podemos pagar de una china para que cuide de nuestras criaturas. Por otra parte, nuestros hijos en edad escolar llegan a comer donde nosotros trabajamos, pues a causa de nuestra misma pobreza alquilamos piezas de los mesones alejados del centro de la ciudad (…) ¿Cómo vamos a dejar a nuestros hijos encerrados en las piezas en que habitamos? ¿Quién les daría de almorzar si en las horas del mediodía es cuando tenemos más trabajos54?

70Esta cita precisa otra característica de la economía doméstica de las mujeres vendedoras: el lugar de residencia, que confirma las conclusiones del apartado anterior sobre la precariedad de estas mujeres. De hecho, en 368 noticias sobre el tema de las ventas y de las vendedoras, no se hizo mención de otro tipo de lugar de residencia que las piezas de los mesones, los cuales eran de gran proliferación a finales de los años 30 e inicios de los cuarenta constituyéndose en lugares de residencia del proletariado urbano antiguo y del proletariado rural recién establecido, temporalmente o permanentemente, en la capital. Las vendedoras pertenecían al proletariado urbano y rural, ambos caracterizados por la pobreza y la precariedad.

71Así, el centro no sólo tenía una función económica para una mayoría proletariada sino también una función residencial para ese mismo grupo. Obviamente, antes de los años 1920, una gran parte vivía como domésticos en las mansiones burguesas del centro, o en la periferia rural cercana dedicada al café o a un cultivo alimenticio. A partir de los últimos años de 1910, con un testimonio de Miguel Mármol, se tienen las primeras referencias de mesones populares en el centro55. Sin embargo, las referencias se multiplican a partir de finales de 1920, 1930 y hasta el periodo de estudio. Mario Lungo Uclés, Sonia Baires, América Rodríguez Herrera56, y graduados de tesis de arquitectura plantean el gran desarrollo de los mesones sobretodo a partir de los años 1930.

72Entre 1944 y 1948, el tema era recurrente en los periódicos como La Tribuna. A la par de la peligrosidad del tráfico automovilístico, de la ocupación de las ventas en la ciudad, la cuestión de los mesones símbolo de insalubridad en los discursos periodísticos y políticos era una preocupación urbana muy mediatizada. En 1946, los encargados de llevar a cabo el proyecto del seguro Social escribía: El problema de la vivienda es algo horripilante en las ciudades y en el campo. (…) y los fétidos, insalubres e inmorales mesones en que se amontan la mayor parte de nuestra población urbana, ¿mejoran la solución57?.

73De hecho, en los años 1940, el tipo de alojamiento más ocupado por el proletariado urbano y también por algunos estudiantes y empleados del Estado, era el mesón. Lo que ciertos arquitectos llaman el sector informal o mayoritario cuando hacen una tipología de la vivienda popular urbana: informal por ser construcciones antiguas, cuyo uso habitacional es colectivo y permanente, en condiciones de hacinamiento e insalubridad, contando los servicios comunes”; mayoritarios por ser “_el sector de la población que posee mínimo o nulos ingresos económicos y dentro de sus condiciones de vida pueden verse características: como hacinamiento, promiscuidad, desempleo, pobreza58…_.

74Según un análisis urbanístico posterior a al período de este estudio, la mayor parte de la población urbana precaria vivía en los mesones hasta 197559, mientras que se iniciaban los primeros asentamientos no controlados ya fueran colonias no registradas o tugurios60.

75Entre las motivaciones más comunes para alquilar una pieza o varias piezas, solo o en familia se pueden mencionar, la cercanía del lugar de intercambios más activo del país61, de una gran concentración de empleos temporales y, de vez en cuando, mejor pagados que en el campo, el alquiler más barato del centro (según una encuesta de 1947, una pieza de un mesón costaba 0,35 colones al día62), el ahorro del transporte (0,12 colones al día63), una cultura urbana única en el país por la densidad y el nivel de ciertos lugares de sociabilidad fueran iglesias, plazas, parques, cantinas, cines, espectáculos, prostíbulos. Más, no se puede limitar el mesón a una vivienda sino a un lugar de producción64, o elemento de una cadena comercial. En la pieza, se podía fabricar artesanía, arreglar, coser, almacenar, guardar mercadería para la venta, entre otras actividades.

76A manera de conclusión, desde el análisis cualitativo, en la medida que disminuye el número de noticias sobre las ventas ambulantes y en las calles, disminuyen las informaciones del perfil social. Cuatro características aparecen: lo numeroso que eran estas mujeres, su actividad como una economía de subsistencia, su aporte a la economía domestica y su papel de madres.

77Las mujeres que trabajaban en el comercio ambulante o en el mercado eran representadas por los periodistas de La Tribuna, a partir de su oficio. Estas “señoras”, fueran “locatarias” o “ambulantes” practicaban un comercio que participaba de una lógica de subsistencia, en el cual, su aporte a la economía domestica era muy importante, por ser el sostén de la familia y por cargar con la responsabilidad del cuido de los niños, sin un aporte masculino relevante. También, los silencios periodísticos no permiten conocer otros aspectos importantes del perfil social, como la edad, el estado civil, la residencia, la procedencia y la educación.

78Conclusión

79Siguiendo el enfoque de la historia de las mujeres, también, hay que explicar los silencios de los periodistas, los cuales, eran varios, entres estos: la edad, el estado civil, la residencia, la procedencia, la educación. Como se ha concluido del análisis cualitativo del perfil social de las vendedoras, hay indicios acerca de que estas mujeres eran jefas de hogar que aportaban la mayoría y probablemente los únicos ingresos, lo que se refuerza con el hecho que fueran las encargadas de cuidar los niños. Muchas veces, se lee que eran las encargadas de proveer a la familia y de ganar el alimento de sus hijos. Con seguridad, se concluye que estas mujeres eran independientes a nivel económico, ámbito en que los hombres estaban ausentes. Esto afirma su rol en la economía domestica. Por ende, en este articulo, a pesar que se comparte el análisis de Thomas Anderson65 sobre la precariedad, factor de movilidad laboral y de inestabilidad familiar en los años treinta y que se puede extender a los años cuarenta, no se puede apoyar su conclusión sobre las relaciones entre estos hombres y mujeres que conformaban la mayoría de la población salvadoreña.

80Se considera que su análisis da énfasis a la movilidad masculina y descarta el trabajo femenino móvil. El ejemplo de las vendedoras de San Salvador demuestra que las mujeres alimentaban también los flujos hacia la capital, y por ende eran móviles. Segundo, la última frase del párrafo citado presenta a las mujeres pobres como totalmente dependientes de los hombres: “esperando el paso de otro trabajador que se interese por ofrecerle una ayuda temporal”. Invisibiliza el trabajo femenino, como el de las vendedoras, que al parecer trabajaban casi a diario, con jornadas muy largas, y con sus hijos a la par, sin esperar a un hombre que llegara temporalmente para mantenerles.

81Un editorial de La Tribuna confirma de manera magistral la interpretación defendida en esta tesis: “(las mujeres) las vemos en las oficinas de gobierno, en las escuelas, en los bancos, en los almacenes y en los mercados. (…) una de las ocupaciones que más atraen a las mujeres son las ventas en las calles. San Salvador y otras ciudades de población densa exhiben en sus lugares céntricos una multitud de vendedoras de frutas, pan, dulces, trajes ya confeccionados y objetos de achinería66”.

notas

821 En aquel entonces, director del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos.

832 Que se ha reunido en la Universidad Centroamericana con el apoyo del historiador Sajid Herrera.

843 En este encuentro, se pudieron compartir reflexiones y pistas de investigación no sólo entre investigadores y estudiantes interesados por el tema en El Salvador, sino con investigadores de México: el historiador Arnaud Exbalin que está estudiando las prácticas de ventas en las calles de la ciudad de México en el siglo XVIII, y la antropóloga Olivia Domínguez que estudió específicamente este tema en la misma ciudad enfocándose, en el liderazgo femenino en las asociaciones de vendedores ambulantes – en su tesis de maestría –, y en las prácticas de los músicos en el metro de México – en su tesis de doctorado –. Estas propuestas, estas experiencias compartidas sobre varios aspectos de un mismo objeto de estudio permitieron entrar en un diálogo enriquecedor y propicio a la investigación.

854 Jérôme Monnet: “Cruces comerciales: ambulantaje y servicios a la movilidad en la ciudad de México” en Comercio y movilidades urbanas en tiempos de metropolización, (México D.F.: Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, Universidad Iberoameriacana, Ciudad de México, 11-13 de julio de 2005).

865 Esta propuesta geográfica se articula muy bien con el cuestionamiento historiográfico contemporáneo entorno a la historia del consumo, que varios historiadores centroamericanos han compartido a partir de un proyecto lanzado en la Universidad de Costa Rica y presentado en el VIII Congreso Centroamericano de Historia (La Antigua Guatemala, 10-14 de julio de 2006).

876 Jean Piel, [fiche$1278$”La informalidad social en América Latina: ¿un objeto sin antecedentes históricos? Algunos apuntes a propósito, sacados de la historia de Guatemala”] La Antigua Guatemala: ponencia no impresa, presentada en el VIII Congreso Centroamericano de Historia, mesa de Historia Social, 10-14 de julio de 2006, pág. 14.

887 La Biblioteca de Economía de la Universidad de El Salvador tiene una gran parte de las obras y de los artículos que Rafael Menjivar Larín público en FLACSO-Costa Rica.

898 Rafael Menjivar Larín y Juan Pablo Pérez Sáinz, Ni héroes ni villanas: Género e informalidad urbana en Centroamérica, (San José: FLACSO-Costa Rica, 1993), pág. 16.

909 Edgar S. G. Mendoza, “Perspectivas de análisis de la economía informal urbana en ciudad de Guatemala”, San Salvador: ponencia no publicada, presentada en el VI Congreso Centroamericano de Antropología, en la mesa de Antropología Urbana, 15-18 de agosto de 2006, pág. 3.

9110 Rafael Menjivar Larín y Juan Pablo Pérez Sáinz, Ob. Cit., pág. 16.

9211 Ibid., págs. 16-17.

9312 El sociólogo guatemalteco Edgar Mendoza recuerda la necesidad de relacionar los estudios de economía informal con la evolución histórica de la pobreza: “_El esquema de Mannheim de una sociología del conocimiento nos permitió entender el campo científico de la investigación sobre informalidad, tratando de mantener constantemente un puente con algunos de los aspectos históricos, sociales, económicos y políticos de Guatemala._” Más adelante, propone una periodización “que abarcaría la historia de los pobres en Guatemala de 1524 a 2004”. Edgar Mendoza, Ob. Cit., págs. 12-13.

9413 La creación de la enorme reserva de pobreza y miseria humanas ha sido bien documentada y discutida desde los años cincuenta. Una nueva categoría conceptual ha sido inventada, con la cual los pobres han a empezado a ser vistos como marginales, aquellos que están excluidos del proceso de modernización.” Gabriele Quinti, “Exclusión social: sobre mediación y sobre evolución – algunos modelos –““, en Rafael Menjivar Larín, Dirk Kruijt, Tijssen Vucht y Van Lieteke (editores), Pobreza, exclusión y política social. (San José: FLACSO-Costa Rica, 1997), pág. 205.

9514 Rafael Menjivar Larín y Juan Pablo Pérez Sáinz, Ob. Cit., pág.7.

9615 Carlos Briones, “Los analisis realizados sobre el sector informal urbano en El Salvador: una evaluación general”, en R. Menjívar Larín y J.P. Pérez Sáinz (compiladores), Informalidad Urbana en Centroamérica. Evidencias e Interrogantes, [Lugar y fecha de publicación?], pág. 60.

9716 Ver: Juan Mario Castellanos, El Salvador 1930-1960, (San Salvador: D.P.I., 2001), pág. 138-140.

9817 José R. López Mira, Dinámica estructural del sector informal en El Salvador, (San Salvador: DYGESTIC, marzo de 2004).

9918 Mario Barbosa Cruz, “Trabajadores en las calles de la ciudad de México: Subsistencia y pobreza urbana al comenzar el siglo XX”, Ponencia presentada en el Colegio de México, en febrero de 2006.

10019 Bernard Lepetit, “Histoire des pratiques, pratique de l’histoire” En Les formes de l’expérience : une autre histoire sociale, (París : Albin Michel, 1995), pág. 17.

10120 Roger Chartier, “El mundo como representación”, en Historia Social, nº 10, primavera-verano 1991, pág. 164.

10221 Oscar Campos, Olivier Prud’homme, y Lorena Olmedo, “Catálogo de imágenes sobre las ventas ambulantes entre 1890 y 1940”, Presentación en coloquio: Las ventas ambulantes en los espacios públicos de tránsito, San Salvador: UCA 3-6 de julio de 2006.

10322 Virginia Mora Carvajal, “Mujeres e historia en América Latina: En busca de una identidad de Género”, en Entre silencios y voces. Género e historia en América Central (1750-1990). (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica y INAMU, 2000), pág. 8.

10423 Virginia M. Mora Carvajal, “Los oficios femeninos urbanos en Costa Rica”, en Mesoamérica, nº 27, junio de 1994.

10524 Sylvie Schweitzer, Les femmes ont toujours travaillé : une histoire du travail des femmes au XIX et XXe siècles, (Paris: Odile Jacob, 2002), págs. 77 y 79.

10625 “_Retomo la íronica pregunta que Michelle Perrot plantea sobre el trabajo: “¿Habría que recordarlo?: las mujeres siempre trabajaron…_” Como en este trabajo, la historiadora dominicana Dora T. Dávila cita esta frase de Michelle Perrot en su artículo sobre el papel que desempeñaron las mujeres en las actividades económicas en Santo Domingo durante la época colonial. Dora Teresa Dávila, “Mercaderes esenciales. Los comerciantes y las redes informales de la economía colonial en Santo Domingo”, siglo XVIII, en Mujeres, Género e Historia: En América central durante los siglos XVIII, XIX y XX, (San José: UNIFEM y Plumsock Mesoamerican Studies, 2002), pág. 5, la historiadora Sylvie Swcheitzer publicó un libro sobre la historia del trabajo femenino en Francia con esta exclamación.

10726 Como lo analiza Virginia Mora Carvajal en su artículo sobre Los oficios urbanos en Costa Rica, a partir de cuatro censos entre 1864 y 1927 – en el caso de El Salvador, el primer censo a escala nacional se hizo en 1930 –, los oficios más feminizados y con más empleos, las cocineras, las costureras, las lavanderas, las sirvientas ocupaban, cada oficio, miles de mujeres. Por lo menos, un 96% de los cocineros registradas de las 2,858 en 1864 y de las 3,127 en 1927 eran mujeres; las costureras eran 5,232 en 1864, 2,129 en 1927; las lavanderas alcanzaron ser 5,873 en 1892 y un 90% de los 2,561 sirvientes eran mujeres en 1883. Sorprende que no se lea el oficio de las vendedoras de las calles y de los mercados entre los doce oficios urbanos registrados por Virginia Mora Carvajal a partir de los cuatro censos costarricenses entre 1864 y 1927, mientras que se podía leer la presencia de los “comerciantes” en los oficios urbanos de la población total. Parece ser otra evidencia de la invisibilidad de una actividad femenina, en este caso, la actividad que se va a estudiar en esta tesis. Virginia M. Mora Carvajal, Ob. Cit., pág. 131. Ver el cuadro 2.

10827 La mayor parte de las mujeres trabajadoras parecen haber tenido un aprendizaje más bien de carácter informal en el seno del hogar, ligado más a valores y a conductas sociales que al desarrollo de habilidades específicas para el desempeño de ciertas labores. Ibid., p. 132. Algunas coincidieron que su falta de estudios y de preparación no les permitió otra forma de ganarse la vida. Aída Redondo, y María Juárez, “Las vendedoras de los mercados y su consciencia feminista”. Managua: X aniversario de ANICS: Agresión externa, sobrevivencia y democracia popular, ponencia dactilografiada, 1986, pág. 14.

10928 Carlos Briones, “Los analisis realizados sobre el sector informal urbano en El Salvador: una evaluación general”, en R. Menjívar Larín y J.P. Pérez Sáinz (compiladores), Informalidad Urbana en Centroamérica. Evidencias e Interrogantes. Rafael Menjívar Larín y Juan Pablo Pérez Sáinz. Ni héroes ni villanas. Género e informalidad urbana en Centroamérica. San José: FLACSO-Costa Rica, 1993. Héctor Salazar, Las informales. Estudios sobre el sector informal urbano femenino en El Salvador, (San Salvador: HECSAL, INCIDE-PRONAFORD, 1994).

11029 Al basarse en los elementos seleccionados por Carlos Gregorio Flores, en junio de 1944, Pedro Geoffroy Rivas regresaba de México donde se había graduado en Derecho. Tenía una experiencia política – ¿Pasada o todavía actual? – como militante del Partido Comunista y había escrito dos libros de poemas: Rumbo en 1934 y Canciones en el Viento en 1936. Carlos Gregorio Flores, Biografías de escritores salvadoreños, (San Salvador: Editorial Libertad, 1994), pp. 70-71. Esta pequeña biografía en aquel contexto de aspiraciones liberales y democráticas, liberadas después del Martinato dan a pensar que al primer director de La Tribuna, los dueños de la “sociedad anónima” lo habían escogido por su libertad de tono y su postura política – ¿vanguardista? –, Pedro Geoffroy Rivas “continuando así su labor en pro de la causa revolucionaria (…)”. Julian de Cuscatlán, Historia del periodismo salvadoreño, (San Salvador: Exposición continental del periodismo, 1960), pág. 29.

11130 D. T. Dávila, Ob. Cit., pág. 9.

11231 Dada Hirézi, Héctor, La economía de El Salvador y la integración centroamericana 1945-1960, (San Salvador: UCA Editores, 1987), pág. 30.

11332 En este sentido ver a: Victor Bulmer Thomas, La economía política de Centroamérica desde 1920. (San José: Banco Centroamericano de Integración Económica, 1989), p. 149.

11433 Alexander Segovia, Transformación estructural y reforma económica en El Salvador. (Guatemala: F. y G. Editores, 2002), pág. 60.

11534 Oscar Campos, Olivier Prud’homme, y Lorena Olmedo, Ob. Cit.

11635 “Al tiempo que se daba un proceso urbano inédito en la ciudad de San Salvador, de diferenciación horizontal profunda clasista del espacio urbano que habría de expresarse final y precisamente en esta década de los treinta, en las primeras expansiones urbanas del siglo XX, dando lugar a la constitución de un nuevo “centro” de la ciudad de San Salvador, compuesto ahora, ya no sólo por la vieja traza española, sino también por sus muy viejos barrios coloniales en los que empezaría la subdivisión de las construcciones que los propietarios empezaron a dejar abandonadas en alquiler a los trabajadores y pobres sin trabajo para convertirse en mesones, emigrando ellos al Poniente de San Salvador.” Flora Leticia I. Salazar Ledesma, Memorias de la antigua ciudad de San Salvador: Historia del barrio de La Concepción, 1553-1926. (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2004), pág. 101.

11736 Sin nombre de autor, “Crónicas de El Salvador”, en E.C.A., julio-agosto de 1946, pág. 74.

11837 Ver: Castellanos, Juan Mario, Ob. Cit., p. 138-140.

119n38. Vendedoras del mercado están muy preocupadas: Y ayer se presentaron al ministerio para exponer su punto de vista, La Tribuna, Tomo 13-1, 17 de agosto de 1944, Año I, No. 44, pág. 1-4

12039 “Negociantes que serán retirados del mercado. Gestiones para que se instale allí exclusivamente a locatarias. Personas pesimistas creen que surgirá allí nuevo problema”, La Tribuna, Tomo 13-2, 2 de abril de 1946, Año II, No. 472, pág. 1 y 4.

12140 Oscar Campos, Olivier Prud’homme, y Lorena Olmedo. Ob. Cit.

12241 Rodolfo Barón Castro, La población de El Salvador, (San Salvador: D.P.I., 2002), pág. 445.

12342 “Casos y cosas/Lo que se ve y lo que no se ve: Las carretillas fruteras” , La Tribuna, Tomo 13-1, 16 de agosto de 1944, Año I, No. 43, pág. 3.

12443 “Atropello a las señoras del mercado. El alcalde promete darles pronta ayuda”, La Tribuna, Tomo 13-2, 19 de febrero de 1946, Año II, No. 436, págs. 1 y 6.

12544 “Situación anómala: retiran de una calle a unas vendedoras”, La Tribuna, Tomo 13-1, 18 de septiembre de 1944, Año I, No. 70, pág. 1.

12645 Eduardo Colindres, Fundamentos económicos de la burguesía salvadoreña, (San Salvador: UCA Editores, 1977), pág. 40.

12746 Héctor, Dada Hirézi, Ob. Cit., pp. 43-45. Por un articulo en la E.C.A., se pudieron alcanzar los costos de la vida para un obrero probablemente de San Salvador en 1947: Un solo individuo consume diariamente, sin tener en cuenta los gastos superfluos y ayuda a la familia, lo siguiente es: por comida C 1.20, por alquiler de casa (en mesón) 0.35, por calzado 0.20, por vestuario 0.20, por transporte al trabajo 0.12, por medicina, refrescos 0.20, por alumbrado de velas 0.05, por lavado de ropa 0.09, total: C 2.41. Agregaba: actualmente en El Salvador, y aproximadamente sucede lo mismo en los demás países del istmo, el peón gana solamente C. 1,50, y el oficial o maestro C. 3. S.J. Alfonso Ma. Landarech, “El salario: justicia o caridad”, en E.C.A., nº 8, marzo de 1947, pág. 9-10.

12847 Francisco Roberto Lima, “El seguro social”, en E.C.A., nº12, Julio de 1947, p.6.

12948 “Acosan a funcionarios de la municipalidad: Mucha demanda de puestos para vender”, La Tribuna, Tomo 13-1, 13 de jul de 1944, Año I, No. 16, pág. 1.

13049 “Casos y cosas/Lo que se ve y lo que no se ve: Las carretillas fruteras”, Op. Cit.

13150 Contra alcalde presentan queja las vendedoras. Piden justicia a las altas autoridades”, La Tribuna, 9 de septiembre de 1945, Año II, No. 299, pág. 1 y 4

13251 “Vendedoras del mercado están muy preocupadas: Y ayer se presentaron al ministerio para exponer su punto de vista”, Op. Cit.

13352 “Sala cuna se necesita en un mercado. Magnífica sugerencia de la municipalidad”, La Tribuna, Tomo 13-2, 19 de febrero de 1946, Año II, No. 436, pág. 1.

13453 “Hay espacio en el mercado numero 2. Pueden trasladarse allí vendedoras callejeras”, La Tribuna, Miércoles 1º de diciembre de 1948, pág. 1.

13554 “Agentes municipales no permitieron niños en unos mercados de la capital”, La Tribuna, Tomo 12-2, 18 de mayo de 1946, Año II, No. 508, pág. 1.

13655 Hacia 1917, “Comerciantes hondureños venían a San Salvador a traer zapatos y se quedaban en los mesones que al efecto empezaron a levantarse, precisamente en la entrada de la ciudad, después de la garita de San Sebastián y en los terrenos que ya se identificaban como el barrio de Concepción, en la “plazuela de Ayala” y que eran también habitación de los primeros inmigrantes pobres que llegaban a la ciudad a buscar trabajo. Entre ellos hubo mujeres que se ocupaban en la elaboración de tortillas, y posiblemente también en el servicio doméstico.” Flora Leticia I. Salazar Ledesma, Ob.Cit., pág. 99.

13756 Américo Rodríguez da el ejemplo de los mesones del barrio Esteban en los años 1930. Américo Rodríguez, San Salvador. Historia urbana (1900-1940), (San Salvador: D.P.I., 2002).

13857 Salvador Martinez Lovo y Francisco R. Lima, “Sobre el departamento de trabajo”, en ECA, mayo-junio de 1946, pág. 12.

13958 Elmer Heno Aguirre Meza, Rosa María Narch Menendez y otros, La problemática de la vivienda en El Salvador, (San Salvador: Tesis de arquitectura, Universidad Albert Einstein, 1986), sin nº de página.

14059 En 1975, 54,600 familias, 284,000 personas vivían en cuartos de mesón en El Salvador, cerca del 37% de la población urbana. Según Claudia López Naies, La perspectiva del mesón: una contribución en la estabilidad social, (San Salvador: Tesis de arquitectura, Universidad Albert Einstein), pág. 8. Lo que podría significar que la mitad de la población urbana vivía en los mesones en los años 1970, al tomar en cuenta este comentario: “El estudio de la vivienda popular urbana de San Salvador señala que casi dos terceras partes de la población de las ciudades principales vive en tres tipos de vivienda popular: tugurios, mesones y colonias ilegales”. Richard Willie: “El mercado urbano en El salvador: diagnostico y opciones al alcance del Estado.” Revista de arquitectura, Nº 32, enero-febrero de 1978, San Salvador: Colegio de Arquitectura de El Salvador. En: Elmer H. Aguirre Meza y otros, Ob. Cit., sin nº de página.

14160 “(…) en la década de los cuarenta, específicamente en 1948 (…) se da por primera vez en la historia brotes de urbanización y viviendas en serie.” Figueroa Rodríguez y otros, La percepción del espacio en la arquitectura habitacional de El Salvador, 1988, pág. 20. El efecto de la migración comienza también a tener sus manifestaciones a nivel urbano, especialmente en San Salvador, con el “surgimiento de los asentamientos marginales”: como La Fortaleza, en 1948 (…). Guillermo Felipe Castro Umaña. Estudio sobre la modificación del espacio urbano del centro de San Salvador en el presente siglo. San Salvador: Tesis de Arquitectura, Universidad Albert Eintein, 1991, págs. 15-16. “La integración del pueblo de yndios colonial de Mejicanos como otro “barrio” de San Salvador se sitúa en el proceso que se desencadenó a partir de éste, en la década siguiente, de los años cuarenta, cuando se empezó a diversificar la agricultura y en la ciudad de San Salvador empezaron los primeros asentamientos ilegales.” Flora Leticia I. Salazar Ledesma, Ob.Cit., pág. 99.

14261 Se encuentran como cinturón de vivienda de alta densidad rodeando los centros de mayor movilidad de la ciudad. Por encima de los otros tipos de vivienda popular, el mesón goza de esta gran ventaja: su ubicación cerca de los centros de trabajo y la oportunidad que eso significa para la población de captar mayores ingresos, además de la economía de gastos de transporte. Claudia López Naies, Ob.Cit., pág. 9.

14362 S.J Alfonso Ma. Landarech,Ob. Cit., págs. 9-10.

14463 Ibid.

14564 Según Flora Salazar Ledesma, el barrio de Concepción en los años 1920 tenía numerosos talleres de zapateros en piezas de mesones. Flora Leticia I. Salazar Ledesma, Ob. Cit., pág. 99.

14665 Una explicación obvia la proporciona el estilo de vida de la gente pobre del país. Teniendo en cuenta las condiciones de vida marginal del trabajador rural, la frecuente necesidad de “elevar anclas” para trasladarse de una parte a otra del país, y el costo agregado que por lo general significa vivir con mujer e hijos, no es nada sorprendente que, en muchas ocasiones, el hombre que se ve forzado a ir de un lugar a otro en busca de trabajo tome a la mujer que encuentre más a mano. Viva con ella por un tiempo, le ayuda a sostener a todos los niños que pueda haber tenido de previos visitantes, y luego, cuando el patrono se pone muy pesado o pasa la cosecha de café, sigue su camino. La mujer, cargada con una prole cada vez mayor, se queda en el lugar, esperando el paso de otro trabajador que se interese por ofrecerle una ayuda temporal. Thomas R. Anderson, El Salvador 1932, (S.S.: DPI, 2001), pág. 84.

14766 “Editorial: Las ventas callejeras”, La Tribuna, Miércoles 20 de octubre de 1948, pág. 3.

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Para citar este artículo :

Claudia Ponce Prud´ homme, « Las vendedoras de los espacios públicos y de los mercados en el Salvador a travès del diario La Tribuna (1944-1948) », Boletín AFEHC N°27, publicado el 04 diciembre 2006, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1283

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