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AFEHC : articulos : Compadrazgos, negocios y política: las redes sociales de Gerardo Barrios (1860-1863) : Compadrazgos, negocios y política: las redes sociales de Gerardo Barrios (1860-1863)

Ficha n° 1550

Creada: 18 junio 2007
Editada: 18 junio 2007
Modificada: 12 agosto 2007

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Autor de la ficha:

Carlos Gregorio LÓPEZ BERNAL

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Compadrazgos, negocios y política: las redes sociales de Gerardo Barrios (1860-1863)

Este artículo estudia la manera como se mezclaban las relaciones sociales, los negocios y la política en la sociedad salvadoreña a mediados del siglo XIX. Utilizando la correspondencia privada y oficial del caudillo Gerardo Barrios, quien estuvo en la cima de su poder entre los años 1858-1863, se explora la forma cómo el poder político favorecía los negocios, y como las relaciones sociales, en este caso el compadrazgo, ayudaba a establecer y consolidar relaciones comerciales y políticas. Se demuestra asimismo, que los gobernantes usaban recursos del incipiente Estado en beneficio de intereses privados y se cuestiona ademas la tradición aceptada de que Barrios fue un cafetalero e impulsor decidido de la caficultura en El Salvador. Su correspondencia demuestra, que más que cafetalero era terrateniente, añilero y comerciante.
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Autor(es):
Carlos Gregorio López Bernal
Categoria:
Revista Cultura, N° 96, mayo-agosto, 2007
Fecha:
2007
Texto íntegral:

1El autor1 es profesor en la Licenciatura en Historia de la Universidad de El Salvador

Introducción

2Gerardo Barrios ha sido una figura prominente en la historiografía salvadoreña. De los caudillos decimonónicos es el que más atención ha recibido por parte de los historiadores. Sin embargo, la mayoría de los trabajos sobre Barrios adolecen de un enfoque apologético. Más que tratar de comprender al personaje y la época en que vivió, se ha tratado de justificarlo y mitificarlo. Además, la mayoría de trabajos se centran en la vida política o en las acciones militares del caudillo2. Por otra parte, en muy pocos de ellos hay un uso sistemático de fuentes primarias. En este último aspecto, el trabajo de Ítalo López Vallecillos es una interesante excepción. Este autor hizo acopio de abundante documentación, la mayoría oficial. Lastimosamente, fue muy poco crítico con las fuentes y creyó todo lo que en ellas aparecía3.

3A inicios de la década de 1990, Héctor Lindo escribió un artículo que rompió con la línea apologética y comenzó a ver a Barrios como un interesante problema de investigación histórica. En pocas páginas Lindo cuestiona sistemáticamente los mitos construidos alrededor de la figura de Barrios, desde la aparente popularidad del caudillo, las obras a él atribuidas, hasta la fortaleza misma del estado barrista4.

4En todo caso, a Barrios se le ha visto únicamente como político y caudillo. Se ha olvidado una cuestión obvia. John Lynch y François Chevalier coinciden en señalar que cualquier caudillo necesita tener una base económica que le permita financiar, en parte, sus proyectos políticos, pero, sobre todo, “recompensar” el apoyo que sus adeptos le brindan5. Es decir, al caudillo se le sigue porque tiene un carisma que atrae a las masas, pero también porque apoyándolo se tiene la posibilidad de ganar algo. Es decir, se establecen relaciones de clientelismo que suponen, en palabras de Lynch, “un intercambio personal e informal de recursos —económicos o políticos— entre partes cuya situación resulta marcadamente desigual6”. Por lo tanto, tan importante como estudiar las acciones políticas de Barrios, será el estudio de sus actividades económicas.

5Lynch señala que la vinculación de un caudillo con sus seguidores supone el intercambio de bienes económicos y políticos. Sería interesante agregar los “bienes simbólicos”, entendidos estos como algo que, si bien no implica un inmediato beneficio político o económico, abre la posibilidad de tenerlo, pero, sobre todo, da lugar para que los agraciados establezcan o refuercen un vínculo social y afectivo con el caudillo. Para el caso, este estudio se propone explorar el compadrazgo, recurso que fue muy usado por Barrios.

6En tal sentido, este trabajo considerará tres facetas de la vida de Barrios: compadrazgos, negocios y política. Los tres aspectos suponen relaciones sociales y vínculos personales más o menos densos, más o menos duraderos y condicionados por intereses y circunstancias específicas. Lo anterior implica conocer qué movía a Barrios a tales relaciones, pero también, por qué lo hacían los otros, así como saber quién y por qué tomaba la iniciativa7. Seguramente, en el actual estado de la investigación, algunas cuestiones no serán respondidas, pero al menos se plantea la posibilidad de hacer un acercamiento diferente, no solo a Barrios, sino a la sociedad en que vivió.

El compadrazgo como práctica social

7El 10 de junio de 1860, A. Guirola, importante vecino de Zacatecoluca, escribió a Gerardo Barrios para darle una buena nueva: “Cordelita salió felizmente de sus cuidados, habiendo dado a luz una hemvrita, nueba subdita de SS EE.” Dado lo poco desarrollado que para entonces estaba el sistema de salud en el país, que una señora tuviera un parto casero sin mayores problemas, ciertamente era una buena noticia. Pero, hacer llegar esa noticia al despacho presidencial, requería tener una cercana relación con el presidente o estar buscándola. Este último era el interés de Guirola, quien, unas líneas después, decía, “Cordelita y yo nos tomamos la livertad de ofrecerla [a la niña] como humilde servidora y amiga de SS EE. queremos tomarnos la franqueza al mismo tiempo de que el alto honor de que SS EE nos faborescan aseptandola como aijada8”.

8La solicitud tuvo buena acogida y Barrios aceptó apadrinar a la recién nacida. Ya para septiembre del mismo año, Guirola se dirigía a Barrios como “Excelentísimo señor y compadre”, agradeciéndole su invitación para asistir a los actos del 15 de septiembre, en San Salvador, lamentándose de no poder hacerlo “por las incomodidades de llevar a la chiquita”. Pero había una cuestión más, al final de su misiva, Guirola hacía referencia a un negocio que se había complicado un tanto y en el que Barrios tenía que dictaminar: “Confió mucho en la bondad de SE y en su favorable disposición respecto a mí en el negocio de sal, y no dudo emitirá una sabia resolución9”. Esta forma de proceder, mezclando relaciones sociales e intereses económicos y políticos, era bastante común en El Salvador de mediados del siglo XIX, de hecho, lo sigue siendo en la actualidad10. El compadrazgo fue una de las estrategias usadas por Gerardo Barrios en aras de construir y consolidar negocios y alianzas políticas, a tal grado que a veces resulta difícil distinguir la esfera pública de la privada, una cuestión que al parecer no preocupaba mucho en aquel entonces.

9El bautizo de la pequeña se realizó el 8 de julio. Debido a sus múltiples ocupaciones como presidente y a las dificultades de transporte, a menudo Barrios no asistía a los bautizos pero delegaba en alguien para que lo representase. En esta ocasión fue el general Rafael Osorio, Gobernador del departamento de La Paz y hombre de confianza del presidente. Según Osorio, el acto fue “un espectáculo variado en que el público estuvo divertido durante todo el día y la noche”; decía que a las once salió de casa de Guirola una gran concurrencia que “en ordenada procesión acompañando a la recién nacida para la Iglesia Parroquial bajo una galería cubierta de mantas, cañas y ramas de coco que entrelazadas formaban arcos sencillos y bonitos, y con el suelo cubierto de alfombra se prolongaba hasta el lugar donde debía administrarse el sacramento.” Para darle más realce al evento, y aprovechando su condición de Comandante departamental, Osorio sacó al batallón, que “vestido de uniforme formaba en ala por ambos costados de la galería y hacía los honores de ordenanza al representante de S E; la música militar marchaba a retaguardia de la comitiva y el cañón por su parte hacía pausada y sucesivamente sus fuegos. El regreso se hizo por el mismo orden hasta llegar a la casa de Guirola, donde se vailó bajo buen humor todo el día11”.

10Hay varios detalles interesantes en la nota de Osorio. En primer lugar, se nota que los Guirola eran una familia importante en Zacatecoluca, al grado que podían darse el lujo de alfombrar y cubrir “a modo de galería” el trayecto desde su casa a la Iglesia. Por otra parte, Osorio señala que hizo formar al batallón a su paso, porque él estaba representando al presidente, una medida lógica si el bautizo hubiera sido un acto oficial, pero era un acto privado. Sin embargo, en el siglo XIX las fronteras entre lo público y lo privado aún no estaban bien definidas, por lo tanto, Osorio no percibía ninguna contradicción.

11En abril de 1862, Osorio representó nuevamente a Barrios en el bautizo de otra hija de Guirola. La ceremonia fue incluso más ostentosa que la anterior, “pues a más de los cañonazos de ordenanza hubo cimulacro de batalla, que a la par que aumentó la fiesta, dio la utilidad de la disciplina del Batallón12”. Hombre pragmático, Osorio aprovechó la oportunidad para matar dos pájaros de un tiro: cumplir los compromisos sociales de su jefe y a la vez disciplinar las milicias locales. “Me gusta siempre que las diversiones tengan relación con la utilidad pública. Jamás había logrado una reunión de soldados como la del domingo, el total exedía de 600 plazas. El señor Guirola dio un baile y un vanquete, todo muy animado y en el mejor orden”. Y es que era muy difícil lograr que los milicianos se presentasen a los ejercicios y paradas militares, pero, si además de la parada militar había fiesta, es claro que la asistencia aumentaría. Osorio sabía como maximizar recursos, un poco de diversión y disciplina no le venían mal a nadie, menos a los milicianos viroleños.

12Por su parte, Guirola escribió a Barrios para agradecerle y darle pormenores de la fiesta. “Mi muy apreciado compadre… Ayer tubo lugar el Bautismo referido de la segunda ahijada de SS EE, mediante la honorable representación de SS EE en el sr. General y Gobernador Don Rafael Osorio, digno sustituto de SS EE”. Agregaba que él había “hecho lo posible por corresponder al encumbrado honor que he recibido, sin que por esto deje de arder en mi corazón una llama constante de entusiasta adhesión y eterna gratitud hacia S E.” Ciertamente, Guirola se convirtió en uno de los más fieles aliados de Barrios en el departamento de La Paz. Al grado que incluso en la fiesta de bautizo estuvo atento a percibir los vaivenes políticos. Informó a Barrios que Cevallos, Piña y Berrillos no concurrieron al bautismo y menos al banquete y baile, “no hay duda que estos Caballeros persisten en su diabólica antipatía a la actual Administración13.” Ciertamente que esos individuos eran contrarios a Barrios, pero Guirola iba más allá: no habían asistido a su fiesta porque él era allegado del Presidente. Ésta era una forma de decir, ‘tan fiel soy a usted que sus enemigos se indisponen contra mí’. Tal fidelidad fue compensada, para junio del año siguiente, Guirola fungía como gobernador (al parecer suplente) del departamento de La Paz, y como tal escribía a Barrios14.

13En principio, el compadrazgo es un vínculo religioso. Personas que comparten la fe católica acuerdan que uno de ellos será el padrino de uno de sus hijos. Ante la Iglesia, los padrinos se comprometen, llegado el caso, a sustituir a los padres y hacerse cargo del ahijado. Lo cierto es que el compadrazgo va más allá y trasciende a lo social. El compadrazgo era una forma de sellar alianzas que garantizarían, a futuro, protección y lealtad. En tal sentido, el compadrazgo vincula familias y fortalece relaciones políticas y económicas15.

14Pero el compadrazgo es también un mecanismo de ascenso social. A menudo, las personas buscan compadrarse con individuos de igual o mejor condición social, lo cual supone buscar para su hijo un protector que pueda hacer por él tanto o más que los propios padres. Por ejemplo, los Morán eran una importante familia de Ahuachapán, como tal debían apadrinar frecuentemente. En diciembre de 1861, Fabio Morán, gran amigo de Barrios, escribió a éste para pedirle que aceptara que Doña Adela Guzmán de Barrios fuera la madrina de una hija del señor Magaña, quien ya era compadre de Morán16. Los Magaña también eran una familia importante de Ahuachapán, pero querían afianzar vínculos con los Barrios, y para ello recurrían a su compadre Fabio Morán17.

15Manuel Medina era otro compadre de Barrios. Medina residía en las riberas del río Lempa y estaba interesado en manejar el pasaje de personas y mercaderías en el paso de Parras Lempa, pero, para que el negocio fuera rentable, necesitaba controlar ambas márgenes. Los señores Oliva, dueños de Parras, le daban en arrendamiento dicha hacienda y su puerto por 500 pesos anuales. Para mayor seguridad, Medina puso en autos a su compadre, a quien aseguró que en tiempos de feria se establecería en el Lempa con cuatro barcas de servicio y que iba a construir las galeras para que se hospedasen los pasajeros. Consideraba que su presencia en el lugar evitaría demoras, borracheras, muertes y que los bogas cobraran más, que es de lo que más se quejaban los viajeros. Medina también pidió a Barrios el derecho exclusivo del paso del Lempa, pues él se arriesgaría viviendo en un clima malsano y exponiendo su dinero en la empresa18. Es claro que Medina buscaba sacar ventaja de su relación con el presidente.

16Así como el vínculo del compadrazgo coadyuvaba a los negocios, también ayudaba a afianzar alianzas políticas o a aminorar las diferencias y podía contribuir a atemperar los conflictos. Desde su juventud, Barrios fue muy amigo de Miguel Santín. Ambos residían en San Miguel, eran añileros y hacían negocios frecuentemente. Su amistad se mantuvo hasta 1858, cuando Santín fue electo presidente y Joaquín Eufrasio Guzmán, suegro de Barrios, fue designado vicepresidente mediante sorteo. El cónsul francés señalaba: “el señor Santín pertenece al partido liberal, pero es un hombre de opiniones muy moderadas y su nominación ha sido en general bien acogida. La composición del nuevo gabinete respondió a todas las esperanzas”. Sin embargo, ese gabinete fue rápidamente disuelto; el mismo funcionario señalaba que “Gómez y Menéndez renunciaron y desgraciadamente ellos parecen haberse retirado por las intrigas de los liberales más exaltados, que dirige el mismo general Barrios19”.

17Santín nombró a Barrios gobernador de San Miguel, puesto que tenía mucho peso político. Desde la gobernación, Barrios maniobró para lograr una mejor posición, y el 31 de marzo de 1858 fue nombrado ministro de relaciones20. A partir de entonces, Barrios se dedicó a conspirar contra el presidente, éste no resistió la presión y “depositó el mando” en Barrios, alegando problemas de salud. En los siguientes meses, Barrios trabajó diligentemente para fortalecer su posición política. Sabedor de que Cojutepeque no lo apoyaba, ordenó el traslado de la capital a San Salvador. Igualmente, ordenó que la Corte Suprema de Justicia se trasladara a San Salvador, disposición que fue rechazada por cuatro magistrados, a los cuales Barrios capturó, pero esto no bastó para conjurar la crisis.

18Barrios debió hacer una pausa en sus proyectos, porque enfrentaba una fuerte oposición. El 18 de septiembre devolvió el mando a Santín, quedándose con el despacho de Relaciones Exteriores y asumiendo, a la vez, la Comandancia General del Ejército. La Gaceta destacó que esta acción era el “mentis más absoluto” a los rumores de que Barrios pensaba perpetuarse en el ejecutivo. Sin embargo, era obvio que Barrios seguía manejando los hilos del poder, en tanto que conservaba la jefatura del Ejército y sus aliados ocupaban los puestos claves. El cónsul francés percibió claramente la correlación de fuerzas que Barrios había establecido: “El señor Feliz Quiroz, rico comerciante de la ciudad de San Miguel, ha sido nombrado Ministro del Interior, una escogencia que indica la diligencia con que el general Barrios trabaja para fortalecer su partido. El general Cabañas es en efecto su cuñado y el señor Quiroz es uno de los hombres más influyentes del departamento de San Miguel, departamento completamente entregado al general Barrios.” Sin embargo, advertía la conformación de una oposición numerosa, a la cabeza de la cual se encontraba Francisco Dueñas21.

19En su calidad de Comandante del Ejército, Barrios visitó varios departamentos durante el mes de octubre de 1858, gira que aprovechó para “preparar” las elecciones de diputados que se realizarían en la primera semana de diciembre, como parte de los preparativos ordenó la persecución y encarcelamiento de sus opositores.[22] Quizá tratando de rescatar su posición política y aprovechando que Barrios se encontraba en Chalatenango, el 10 de noviembre, el presidente Santín se dispuso a visitar San Miguel en compañía del ministro de hacienda, don Cayetano Bosque, pero Barrios fue informado de la maniobra y los alcanzó en Cojutepeque, acompañándolos en todo el viaje que se prolongó hasta el 20 de diciembre. Lógicamente, la compañía de Barrios bloqueó cualquier intento del presidente para desestabilizar la red de poder que apoyaba a Barrios. Para entonces, el distanciamiento entre ambos era evidente.

20Barrios decidió presidir las sesiones de la Junta Preparatoria de la Cámara del Senado, algo que era incompatible con su empleo de Comandante General, por lo que Santín le instó a renunciar: “espero que Ud. no dejará de dar este paso, porque de otra suerte me obligaría, si no renuncia, a dictar un acuerdo reasumiendo la Comandancia General.” Barrios hizo caso omiso a la prevención. En las semanas siguientes, tanto Barrios como Santín, movilizaron sus peones preparándose para el choque definitivo. Santín nombró ministro de gobernación a Francisco Dueñas y destituyó a José Félix Quiroz del ministerio del interior y a Trinidad Cabañas del de hacienda y guerra. Ante esa situación, el vicepresidente, Joaquín Eufrasio Guzmán —suegro de Barrios— llamó a las Juntas preparatorias de las cámaras legislativas a “cooperar en el mantenimiento de la paz”, pero se aseguró de que éstas fueran presididas por Barrios23. Éste, por su parte, procedió a la captura de Francisco Dueñas y de José María Zelaya la noche del 11 de enero y los expulsó del país.

21Con la expulsión de Dueñas, Santín perdió a uno de sus aliados claves; el 13 de enero firmó un convenio por el cual dejaba la presidencia y llamaba al ejercicio del poder al vicepresidente. Santín se retiraría a sus haciendas y Barrios renunciaría a la Comandancia General. Sin embargo todo mundo estaba claro que el poder quedaba realmente en manos de Barrios y que su suegro, simplemente, cubría las apariencias. Así lo entendió la municipalidad de Sonsonate que publicó un acta en la que denunciaba tajantemente que tal maniobra no tenía más razón que entregar el poder a Barrios: “en tal caso la Municipalidad protesta solemnemente contra la nulidad de tal paso, y en consecuencia no reconocerá ni acatará la persona que suba al Poder, hollando nuestra Ley Fundamental.” Con el pragmatismo que le caracterizaba, Barrios simplemente mandó a capturar a la municipalidad y expulsó del país al alcalde Sebastián Sicilia24.

22A principios de febrero, el cónsul francés informaba a sus superiores: “Este estado atraviesa en este momento una crisis, que desgraciadamente viene a dar serias inquietudes sobre la conservación de la tranquilidad pública. Es el general Barrios quien ha provocado esta crisis. Vuestra Excelencia sabe que según el artículo 44 de la Constitución, el presidente es electo solo para dos años… por su ambición personal el general Barrios exige la revisión de la constitución y la modificación de ese artículo. Sin embargo, contrario a lo que esperaba, el señor Santín se opone a esta medida y la ha rechazado formalmente… Barrios, apoyado de los otros dos ministros, el general Cabañas y el señor Quiroz, el primero cuñado y el segundo amigo de Barrios, terminó dando un golpe de estado25.”

23Al final, Barrios logró sus objetivos. El 7 de febrero, la Asamblea amplió el periodo presidencial de dos a seis años y estableció que las cámaras legislativas se reunirían cada dos años. Una semana después, Guzmán depositó la presidencia en José María Peralta y éste confirmó a Barrios en la Comandancia General del Ejército. El 2 de abril, el cónsul informaba que las cosas habían pasado tal y como él había previsto: Peralta había entregado el poder a Barrios. “El señor Santín se ha retirado a la vida privada y el general va a gobernar el país durante todo el tiempo que debía durar la presidencia legal del primero; él está seguro, por los medios de que dispone, de hacerse nominar en seguida, para los seis años siguientes. Un largo periodo de poder, toda vez que una revolución no venga a cortarlo26”. Barrios asumió el poder en calidad de “senador presidente”. Ante la evidente consolidación del partido barrista, la oposición optó por el exilio. Entre los exiliados se encontraban Dueñas y Santín.

24Pero además de hacer política, la elite salvadoreña también hacía negocios. En octubre del 59, León Ávila, uno de los exiliados, pedía a Barrios —por intermedio del general guatemalteco Víctor Zavala— un salvoconducto para poder atender sus negocios en la feria de noviembre. Barrios contestó que no daría el pasaporte mientras Ávila no lo solicitara en debida forma. Zavala había intentado convencer a Barrios para que diese una amnistía a sus opositores, pero éste la rechazó tajantemente:

25“porque nunca me he echado el hábito de ningún santo; lo que me he puesto a la cintura es un sable pa’ abrirle la cabeza a los insolentes. U me dice que más moscas se agarran con un poco de miel que con vinagre; pero aquí solo se llaman así, las que produce el añil. Las jentes que U ha querido calificar de moscas, son tábanos que chupan sangre, para los cuales es necesario otro atractivo que no estoy dispuesto a presentarles, porque sería en perjuicio de la República… Un plato lleno de destinos públicos, una palangana llena de fluidos de Hacienda Pública, otra de negocios ventajosos, y otra de toda clase de tolerancias serían suficientes pa’ atraer cerca de mi á toda la tabanada; pero como mi objeto al venir al Gobierno ha sido establecer el Orden, la Moralidad, las economías, las mejoras, y la obediencia a la Autoridad, no puedo ni debo poner banquetes de aquellos platos que mencioné, porque sería obrar contra mis propósitos; y más me he decidido a sacudir fuerte a esos tábanos y espantarlos para que no chupen donde no es debido chupar27”.

26Las sugerentes imágenes que Barrios usa para describir a sus enemigos y sus propias actitudes hacia ellos revelan hasta qué punto Barrios era un hacendado metido a político. Sin embargo, el caudillo no calificaba de la misma forma a todos sus adversarios, al final de su carta aclaraba que León Ávila y Miguel Santín eran moscas, no tábanos, por lo tanto “merecen la miel, pero los demás, ah Señor, Dios nos guarde”.

27La última expresión no fue producto del azar. En junio de 1860, Santín solicitó a Barrios un salvoconducto para regresar a El Salvador. Barrios le respondió rápidamente y junto a la carta de contestación le envió el pasaporte. En la carta intentó limar asperezas con su compadre: “Las desgracias y trabajos que U ha experimentado, han apesadumbrado a mi corazón… Día llegará en que U despejado de toda preocupación será el primero en hacerme justicia, y reconocerá que cuanto U ha sufrido no ha venido de mí, sino de la sencillez de U y de la maldad de aquellos que mal le aconsejaron”. Más adelante rememoraba tiempos pasados y hacía votos por una reconciliación:

28“…y su U lo quiere, vuélvame a tratar como antes; como cuando estuve en San Antonio, su hacienda, dando punto a sus pilas. Yo tendré el gusto de tratarlo y servirlo con la misma confianza como cuando dándonos un baño en el río de la hacienda del Espíritu, y comiéndonos un melón me contó U, sus amores con la comadre Luisa… Entonces éramos jóvenes y buenos amigos, no teníamos más intereses que amar y enlazarnos con las que hoy son nuestras esposas; no queríamos ni entendíamos la política, cuya fruta para U, compadre, que la mordió sin precaución tenía gusanos venenosos, como Zelaya, Dueñas, Zamora y Samayoa, que picándole la lengua, le envenenaron la sangre y el corazón, hasta perturbar con la fiebre el recuerdo de aquellos días felices… Un abrazo a los chiquillos, a mi comadre, y si Luís no está confirmado yo seré el Padrino28.”

29Resulta realmente interesante constatar cómo la reconciliación de dos viejos amigos, distanciados por la política, parece sellarse con la confirmación del compadrazgo. Vale decir que Barrios nunca consideró a Santín un enemigo irreconciliable, más bien lo veía como un hombre bien intencionado, pero débil de carácter y, por lo tanto, fácilmente manipulable por políticos más avezados como Dueñas. Como decía el cónsul francés, Santín era un hombre de ideas moderadas, pero Barrios no. Quizá de esa oposición provinieron sus conflictos.

Las empresas comerciales de Gerardo Barrios: licores, añiles y política

30Barrios se valía de su posición política para sacar ventajas en sus negocios, que eran muchos. Y es que contrario a lo que sus apologistas afirman, el café nunca fue el interés central del caudillo. Más que cafetalero, Barrios fue comerciante y añilero; pero siempre estaba dispuesto a explorar otras posibilidades de hacer dinero. Así, estableció sociedades con extranjeros —que a menudo se aprovechaban de su ignorancia o buena fe—, y se aventuró en la explotación del hule, del bálsamo, las salinas, la comercialización de cueros y la venta de telas y de todo tipo de mercadería importada de Europa29. Barrios tenía crédito con importantes casas comerciales de Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Francia, lo cual le facilitaba el comercio exterior.

31Para mediados de 1860, el gobierno enfrentaba serios problemas fiscales, específicamente con los rubros de estancos de aguardiente y la importación de coñac, que proveían una parte muy importantes de los ingresos estatales30. Los estancos de aguardiente de cada pueblo eran “rematados” y adjudicados al mejor postor. Con el tiempo ese mecanismo se había viciado; los “asentistas de aguardiente” hacían arreglos con testaferros que presentaban ofertas muy bajas, con lo cual el estanco terminaba adjudicándose a la persona que siempre lo había tenido. Obviamente este sistema impedía que la renta de aguardiente aumentara. Además, la producción y venta de aguardiente clandestino —que se decía, era de superior calidad— atentaba contra el fisco.

32El licor importado también pagaba impuesto, pero los mecanismos de recaudación eran inapropiados. Se cobraba un aforo, cuya aplicación dependía del interés y capacidad de los encargados de las aduanas. Barrios intentó arreglar la situación y dictó las medidas que consideró pertinentes: perseguir con más ahínco la producción de aguardiente clandestino y contratar directamente el licor importado. Con el pretexto de ordenar las rentas estatales, Barrios puso la importación de licores bajo la potestad del Estado, pero él se encargaba personalmente del negocio, lo cual justificaba por la ineptitud de sus funcionarios. Esto le valió acres críticas de los opositores, a quienes no se ocultaban los beneficios que Barrios obtenía de lo que él llamaba “sacrificios por el bien del país”.

33Pese a la oposición, Barrios siguió controlando la venta de licores. El 10 de agosto de 1861, Alejo Cáceres, Comandante de plaza de Cojutepeque, informaba a Barrios que el coronel Juan Cañas pasó por esa ciudad y realizó el corte de caja de la tercena de licores, quedando plenamente satisfecho del estado de las cuentas. Sin embargo, Cáceres hizo referencia a ciertos comentarios que daban a entender que él estaba contrabandeando licor. Indignado dijo: “Primero comeré tierra, Señor, que obrar de esa manera”. No obstante, el escrupuloso funcionario le pedía a Barrios que tuviese más cuidado con los licores que le enviaba, pues la ginebra que le había llegado era enteramente inútil y el coñac de botella entera, del cual hacía tiempo tenía cuatro cajas, no se vendía porque también era de muy mala calidad31.

34Unos meses antes, Cáceres había informado a Barrios de los excesos de un misionero de apellido Subirama que andaba predicando en esa zona. Éste decía que todos los que no se confiesan, que no oyen misa, que no van a los sermones estaban “escomulgados de Dios, del Espíritu Santo y de él mismo”. Una noche dijo que no se debía hablar con los excomulgados, “porque la excomunión será trascendental a los que los traten, de manera que ya se han dado varios casos que algunas mugeres contesten por señas á algunos sujetos que les han dirigido la palabra.” Pero las preocupaciones de Cáceres iban más allá, el celoso cura examinaba todo, al punto que preguntó al mismo comandante por qué no vivía con su esposa, “mas yo lo dejé satisfecho con mi contestación”. Lo que Cáceres temía era que el misionero intimara más con los lugareños. “Recordará el señor General que los indígenas de este pueblo por su número son temibles, y que siempre están dispuestos a dar en tierra con los que tienen pellejo blanco y yo temo que algo suceda si el señor misionero por fin desciende a particularidades que es el camino que lleva32”.

35Las particularidades que preocupaban a Cáceres incluían sus actuaciones como funcionario público y sus negocios personales. En junio de 1860, informaba sobre la situación del negocio: “Estoy bien fregado por la escasez de dulces, la del maíz, la estadía del misionero [Subirama], y otras mil cosas, nos hacen perder en el estanco un dineral cada mes33”. El poder de persuasión del religioso estaba atentando contra las arcas del Estado y contra los bolsillos de Barrios y Cáceres. Si a lo anterior se agrega la tradicional rebeldía de los cojutepeques, la preocupación del comandante es entendible.

36Barrios resolvió la cuestión escribiendo al obispo para que trasladara a Subirama, a lo que aquél accedió. Al final. Barrios salió ganancioso, pues el obispo envió al Padre Ramón Mejía, íntimo amigo de Barrios. Cáceres escribió muy alegre diciendo que “los vecinos de Cojutepeque están tan contentos con él y tan agradecidos con U como si nos hubiera regalado 10 mil pesos. De esta fecha en adelante verá el señor presidente quienes son los cojutepeques34.” Y es que el padre Mejía era más tolerante y además tenía negocios de tintas. Es decir, Mejía podía conciliar intereses materiales y espirituales, con lo cual ganaba Dios y dejaba ganar a los hombres. Cáceres tenía razones de sobra para temer a Subirama y apoyar a Mejía, pues era a la vez comandante de Cojutepeque y agente de Barrios en los negocios de añiles; además, manejaba el estanco del pueblo en sociedad con Barrios.

37Cuatro meses después, a finales de noviembre de 1860, Cáceres informaba a Barrios que acababa de llegar a Cojutepeque procedente de San Miguel, que se disponía a marchar para Sensuntepeque, cuando el señor Oviedo le dijo que no era necesario pues solo disponían de 3000 pesos, los cuales pensaba usar junto con Leiva en Sensuntepeque. Que además ya no tenían efectos que vender, pues se acabaron las sarazas y mantas35. El 19 de agosto de 1861, Cáceres escribía a Barrios diciéndole que a la feria del 29 llegarían añiles, “Dígame si le comienzo a comprar y que claces son las que necesita”. Luego le pedía consejos para hacer “compra de añiles, para mi gobierno”. Al parecer, Cáceres ya se sentía lo suficientemente fuerte y quería empezar sus propios negocios, sin perder sus tratos con Barrios que podían ser de mucho beneficio a la hora de negociar36.

38Y es que el negocio de tintas era sumamente atractivo. El 5 de noviembre de 1860, Manuel Suárez escribió a Barrios informándole de los resultados de la feria de Chalatenango. Decía que se calculaba que se habían vendido 2000 zurrones; que él vendió a monsieur Borland 45 tercios, que el precio corriente fue de 8 pesos. Finalizaba diciendo. “En Sensuntepeque espero sus órdenes, si es que se digna favorecer con ellas a su más atento servidor37”. Calixto Oviedo era otro conocido comerciante y agente de negocios de Barrios. Además, aprovechaba sus visitas al interior para informarse de la situación política, espiar a los opositores del gobierno y transmitir órdenes que Barrios consideraba debían circular con la mayor discreción. En diciembre de 1860, Oviedo estuvo en Sensunteque, pero no pudo hacer ningún negocio, “me quedé helado al oír los precios de estos bayuncos”. Según Oviedo, otros comerciantes llegaron y arrebataron las partidas “con un furor extraordinario; las han comprado a 8 reales flores y 6 los números bajos”. Al final, “decidió ahorcarse” con el lic. Suárez que tenía una partida de 30 tercios, pero que, cuando ya estaban por cerrar trato entró, en competencia Joaquín Bustillo y terminó ganándole con malas artes.

39Oviedo decía resentir que él y Barrios habían quedado en ridículo y eran el hazmerreír de los añileros. “Esta burla de un hombre tan desagradecido y tan ruin, es objeto de ayer a hoy de grandes corrillos en el camino… ¿Con qué cara podré presentarme hoy proponiendo algún negocio, cuando el señor Suárez, jefe de sección del ministerio, persona de confianza del señor presidente, desaira su firma y prefiere la del negro Bustillos? Yo no soy un tonto y le aseguro que aquí han habido trabajos para hacerme representar un papel muy feo. Ponga cuidado”. En una nota anexa a la carta y bajo el título de “Reservado”, agregó: “En San Miguel supe que se maquina una conspiración seria y aquí se habla de un viaje de Ud. a Guatemala del cual se quieren aprovechar. Por todas partes noto descontento. Esté U alerta porque pierde terreno38.”

40Manuel Suárez dio su versión de lo sucedido. A su juicio Oviedo tenía pocas aptitudes para el comercio. Además, los enemigos de Barrios hicieron circular el rumor de que éste caería luego del poder. Oviedo se enojó con Suárez porque este no quiso venderle sus tintas, que antes había ofrecido a Barrios, pero luego alegó que ya las había negociado con otra persona. Suárez decía que Oviedo “me amenazó con privarme de los sueldos con que ud. me ha agraciado, y aún con su cólera, y esto último hizo significar igualmente a otras personas que no trataron con él; anunciándose con todos no como un servidor o dependiente de ud. sino como un socio de comercio y hombre político39”. Al final, le decía que sus negocios lo obligaban a ausentarse de la capital, por lo que le pedía lo relevara de los empleos con que lo había favorecido. Aunque Suárez insistía que no lo hacía por las amenazas de Oviedo, es difícil establecer la verdad. Otra carta de Oviedo a Barrios confirma la tesis de Suárez. Pero Oviedo alega que no compró en Sensuntepeque por seguir las órdenes de Barrios, quien creía que en las próximas ferias de la temporada los precios bajarían.

41Lo cierto es que en las ferias cualquier recurso era válido para sacar ventajas, y negociar con un agente del presidente tenía obvias implicaciones, no solo económicas sino políticas. En tiempo de feria, importantes funcionarios de gobierno dejaban sus despachos y acudían a las plazas para negociar. Así lo hacían Cáceres, Eusebio Bracamonte y otros funcionarios de Barrios, que en un principio se limitaron a comprar y vender para Barrios, pero cuando reunieron más recursos, también negociaron por cuenta propia. En diciembre del 62, el general Bracamonte informaba sobre los resultados de la última feria, la cual no estuvo muy buena. Después fue a Sensuntepeque, pero los añileros estuvieron “irresolutos”; hizo algunas propuestas, siguiendo las instrucciones de Barrios, pero ninguno contestó. Consideraba que era posible que aceptasen vender a 10 reales, pero hasta después. Tampoco tuvo suerte con la ropa, que se pensaba estaría al alza, pero no fue así. Sin embargo, hubo algo positivo: “en lo referente al orden y seguridad nada hubo que desear”, y que se reunieron las milicias, en número de 700 hombres40.

Gobernantes y hacendados: los tenues límites entre lo público y lo privado

42Barrios poseía varias haciendas, una de ellas era Umaña. Dicha hacienda estaba ubicada en el camino que de San Vicente conducía a Usulután y San Miguel. Se dedicaba principalmente al añil, cereales y ganadería. Buena parte de sus tierras eran cultivadas por “aparceros” que pagaban el uso de la tierra con “corretajes”: una parte de la cosecha que debía ser entregada a la hacienda. Colonos y apareceros también debían hacer trabajos extras, por ejemplo, zanjas para evitar que el ganado entrara a los campos de cultivo.

43Los hacendados del XIX enfrentaban dos grandes problemas: encontrar administradores competentes y suplirse de mano de obra. Lo primero podía resolverse más fácilmente, era cuestión de buscar y probar hasta encontrar a la persona adecuada, o cambiarla si no funcionaba. Más complicado era el problema de la mano de obra. Sin embargo, en este punto, los hacendados contaban con apoyo del incipiente Estado. La legislación del XIX insistía en la persecución de vagos y en la obligación de las autoridades a ayudar a los propietarios a conseguir trabajadores. Al igual que en los casos anteriores resulta difícil establecer hasta qué punto esa insistencia respondía a un interés nacional o a los intereses particulares de los hacendados-gobernantes, como sucedía con Barrios41. En todo caso, la legislación sugiere que las autoridades, especialmente municipales, debían colaborar con los hacendados supliéndolos de mano de obra y persiguiendo a los “quebradores de trabajo”, término con el que se designaba a los peones que, habiendo recibido dinero por adelantado para ejecutar un trabajo, defraudaban al empleador.

44En junio de 1860, Manuel Loucel, administrador de Umaña, informaba a Barrios que inició las aradas el 25 de mayo, con 34 aradores que le proporcionó el alcalde del Triunfo y unos pocos que consiguió en la hacienda, que continuará con esos trabajos toda la semana, sin guardar el 29, día de San Pedro. Nótese que eran más los trabajadores proporcionados por el alcalde que los colonos de la hacienda. Agregaba, que un día antes llegaron “41 Sansimones que tengo en la arada sacudiendo cabezón, con los cuales principiaré mañana la limpia de la cosecha. Esta ha sufrido mucho con la falta de agua42.”

45Dos semanas después, Loucel había acabado de “regar ocho fanegas de mostaza en la arada [sembrar semilla de añil], a pesar de que calculaba que allí solo regaría seis”. Decía que la semilla que se sembró primero nació perfectamente, y que en cuanto pudiera le haría una limpia rigurosa. Calculaba que si llegaba toda la gente que esperaba para el día siguiente, podría terminar la limpia del jiquilite de cosecha en una semana y quedaría esperando al 8 de agosto para iniciar el corte, “porque antes está muy pequeño”. Además, estaba pendiente de un problema de linderos con los ejidos de Tecapa, del cual se mantendría muy atento con el fin de que la medición no afectara negativamente a la hacienda. Una vez hecho el deslinde, comenzaría a zanjear el nuevo potrero que según sus cálculos llegaría hasta las orillas de Tecapa, y tendría capacidad para al menos mil novillos43.

46Para 1862, el mayordomo de Umaña era José María Porras, también compadre de Barrios. Una extensa carta de Porras permite entrever las conflictivas relaciones de la hacienda con sus vecinos y trabajadores y, lo que es más interesante, cómo los negocios de Barrios se entrecruzaban con su vida política y su gestión en el poder. En esa misiva, Porras dedica varias páginas a explicar cómo los enemigos de Barrios —entre los cuales incluía a parientes y allegados del caudillo—, habían usado una orden para indisponer a trabajadores en contra de Barrios. Éste quería abrir una zanja, una tarea pesada que interfería con las labores propias de colonos y aparceros. La disposición generó mucho descontento, el cual aumentó cuando comenzó a correr el rumor de que no se les pagaría por el trabajo. Porras dice que tuvo que esforzarse mucho para recordarles “la bondad de Barrios”, evidenciar la maldad de los instigadores y el “desagradecimiento” de aquellos que tan fácilmente habían olvidado las muchas mercedes que Barrios les concedía.

47Previendo que sus alegatos no tuviesen acogida, pidió a las autoridades que “castigasen con toda severidad como falsos calumniantes, a los que hubiesen con su mordaz lengua empañado el brillo de su resplandeciente honor y delicadeza” y echó en cara a los parientes y adictos a Barrios permitir que circulase la especie de que “se exigía a los arrendantes que trabajen dos semanas debalde, pues lejos de eso S E me había dado orden de que se les mantuviese [diera alimentación] durante el trabajo de zanja que hacían para asegurar sus siembras de la invasión del ganado; y además por su generosidad de V E les dispensaba medio carretaje44”.

48Porras dice que presentó a las autoridades la lista de las personas que trabajaron en la zanja “para liquidar su trabajo y pagárselos en el acto, y todos unánimemente renunciaron a dicho pago, manifestaron que por el contrario, más bien me darían el duplo del valor de la zanja, que dejar de trabajar sus huatales. Todos señor se exaltaron contra los deslenguados, que querían ponerlos en desgracia de V E, pidiendo unánimemente a las autoridades se castigue á los mordaces que ponían boca en el buen nombre de VE y a mí me rogaban para que los representara cerca de V E y alcanzar por mi medio volverlos a la gracia de V E y que fuese muy seguro de que aquellas poblaciones ahora y siempre le eran adictas45”. Hay dos posibilidades: que realmente los trabajadores fueran fieles vasallos de Barrios o que temían los resultados adversos en un litigio ante autoridades que seguramente serían más apegadas al presidente que celosas de defender los derechos de los trabajadores. Esta última posibilidad, se refuerza al considerar que el mismo Porras había manifestado antes que Barrios estaba muy disgustado con los trabajadores, con lo cual es lógico que estos pensaran que los expulsaría de la hacienda.

49Lo cierto es que no pagó por la excavación de la zanja, con lo cual ésta le salió gratis a Barrios. Pero, conciente del abuso y de que no era prudente dejar que el descontento anidase en los trabajadores, Porras les hizo algunas concesiones: “me pareció que V E no me tomaría a mal el que por primera vez no le complaciese con que no viera una sola mata de milpa sembrada en las tierras de Umaña… les dije que continuaran con sus huatales por parecerme muy oneroso el desposesionarlos de ellos”.

50Pero había otros problemas. Emprendedor como era, Barrios había decidido aprovechar la ubicación estratégica de la hacienda (a una jornada de camino entre Usulután y San Salvador) para montar en sus terrenos un hotel. A Barrios le pareció un negocio redondo. Los cansados viajantes estarían encantados de encontrar un lugar cómodo y seguro en donde cenar, pernoctar y alimentar o mudar sus cabalgaduras. Pero los cálculos fueron errados. Según Porras, el hotel era un fracaso, pues los pasajeros no querían pagar lo que se les cobraba: “me han tocado casi en la generalidad huéspedes que solo piden queso, frijoles y tortillas, y porque el manojo de zacate se los he cobrado por un cuartillo, han tomado por bien dejar sus bestias sin senar. Y algunos nos han atisbado hasta vernos acostados para entrar a robar con gran primor el sacate46”. Porras le recuerda a Barrios que desde un principio tuvo muchas reservas para entrar en la empresa.

51Vale decir que unos meses antes, Ignacio Enríquez, inspector de policía, había escrito a Barrios informando que había cumplido escrupulosamente una comisión, habiendo recorrido los pueblos de Estanzuelas, El Triunfo, Tecapa, Jucuapa, Chinameca, Lolotique, Sesori y San Juan Lempa. Que se reunió con las autoridades, a quienes exhortó a cumplir con las leyes de policía. Al final decía que al pasar por la hacienda de Umaña “reduje a cenizas cinco o seis casas solas que había en el camino real por haberse trasladado sus habitantes a la hacienda contigua de Santana, y no podían servir más que para guarida de hombres olgazanes y criminales47” Tales acciones eran comunes a mediados del XIX y, podría decirse que, solo reflejaban el interés de las autoridades por mantener el orden y combatir los vicios y la delincuencia. Pero, a veces había algo más que el deseo de velar por el bien público.

52En la carta en cuestión, Porras dice que pudo escuchar una conversación en la cual el lic. José María Silva, en presencia de don Nicolás Vázquez, del oficial Angulo y de otras personas, dijo que:

53“V E había mandado a quemar las casitas de Umaña para estancar en su Hacienda la agencia de aquellos infelices. Yo al oír tales espresiones me exalté demasiado y dije que… S E tiene un capital bastante conocido y que sabido era, que ni se ocupaba y jamás había pensado en ocupar en poner su pensamiento en tan ratera agencia, que si había mandado a quitar las dichas casitas del camino real, era porque aquellas habitaciones eran nocivas a los pasajeros, y además era notorio que dichas habitaciones estaban fuera de las condiciones de la ley; que la mente de V E fue, al hacer quitar tales casas el hacer desaparecer de aquel lugar gentes llenas de vicios y muy perjudiciales a los mismos transeúntes48”.

54Lo extenso de la cita se justifica por la indignación del sirviente de Barrios, quien fue más allá y dijo “que el Hotel es agencia mía [lo cual no era cierto] y que S E me concedió el que la tuviera para sustituirle al transeúnte la falta de aquella infernal posada con una casa decente que da toda seguridad y buena asistencia en la mesa al pasajero.” Porras, que no tuvo escrúpulos para mentir, afirmando que el hotel era suyo, le dijo al señor Silva que “estaba dispuesto a romperle la boca a bofetadas al que tuviera la audacia de proferir expresiones tan agraviantes”. Ante tan agresiva reacción, Silva optó por apaciguar las aguas y se declaró adicto a Barrios, diciendo que también a él le dolían las especies que se hacían circular sobre los negocios del general.

55Con tales antecedentes de conflictividad y abusos, era lógico que la hacienda tuviera problemas. Bien sabido es que las tensiones que se generan en el agro pueden encausarse por diferentes vías y no necesariamente por la violencia abierta. Los trabajos de Patricia Alvarenga ilustran al respecto49. Ciertamente que los vecinos y trabajadores de Umaña no podían enfrentar directamente a Barrios. Éste tenía a su favor a los jueces y alcaldes, a la policía y la fuerza militar. Pero recursos hay muchos. De pronto sucedió algo que Porras calificó como “catástrofe”. Él estaba trabajando en el campo, cuando de repente “maliciosamente me le dieron fuego al llano, y encontrándome sin más que quince hombres, me lancé al fuego para ver si lo podía apagar. No lo logré a pesar de los vigorosos esfuerzos… nos encontramos en riesgo de ser envueltos en las llamas”. Dice que apenas se salvaron unas pocas aradas. Es fácil deducir quiénes podían estar detrás de esa acción. El problema era que probar una acusación en un caso como ése era muy difícil. A Porras no le quedó más consuelo que atender los comentarios de otros hacendados que ya habían vivido esa experiencia, quienes decían que “el jiquilite produce más cuando se quema”. Porras estableció que el incendió inició en el lugar del “Aguacate” y sus indagaciones apuntaban a que los culpables eran Salvador Cisneros, Joaquín Cisneros y Melitón Castro. Agregaba que ya tenía testigos “mandados por el alcalde de Estancuelas” por si Barrios decidía proceder contra los incendiarios.

56Después de los incidentes mencionados, Porras redistribuyó las tierras y estableció los “carretajes” que, según él, fueron unánimemente aceptados y que serían de “medio carretaje por cada tres medios de sembradura media fanega de maíz”. Es más, algunos arrendantes le pagaron cuatro pesos en defecto del trabajo que no hicieron en la zanja; el dinero recaudado lo gastó en el pago de planillas y habilitaciones de los zacateros que trabajarían en la temporada de añil que estaba por iniciar. Para entonces, tenía trabajando 75 hombres en los campos de añil y preparaba una nueva arada, en la que calculaba sembrar ocho fanegas de mostaza. Además, pensaba sembrar la antigua chacra de Loucel con maíz y frijol, pues los precios iban a la alza; con dificultad se conseguía un medio de frijol pagando 8 reales y el maíz costaba 8 pesos la fanega. Barrios tenía bastantes granos en sus trojes, pero se dañaron por el gorgojo, cuando doña Adela pasó por el lugar comprobó que el grano estaba inservible50.

57Al parecer, Barrios no quedó muy satisfecho con la administración de Porras. Para junio del 61, Manuel Loucel era de nuevo el administrador de Umaña. Como su antecesor, seguía teniendo problemas de mano de obra, por lo que Barrios envió una nota al alcalde de Jucuapa para que lo proveyera de mozos, pero éste no se mostró muy entusiasmado y más bien puso reparos legales, diciendo que “desea darnos todo el auxilio necesario en la limpia de la cosecha y demás trabajos de esta hacienda; pero encuentra algunas dificultades que no puede allanar sin hacer uso de su autoridad, y que pa’ esto necesita, ó que se dé un acuerdo autorizando terminantemente a los Alcaldes pa’ obligar a trabajar en las haciendas á los jornaleros desocupados, ó que le ofrezca yo sostenerlo en caso de una acusación51”.

58La actitud del alcalde resulta sumamente interesante. Si bien no se opone abiertamente al requerimiento de Barrios, no está dispuesto a obedecerlo, y llega a poner en entredicho la licitud de la acción. Es claro que para reclutar a los mozos el alcalde debía hacer uso de su autoridad, eso no era ninguna novedad. Lo interesante es que se pida un acuerdo autorizándolo “terminantemente” y que, en caso de que eso no procediera, se le dieran garantías de ser apoyado si, como consecuencia de la acción solicitada, se presentaba alguna acusación en su contra. En cierta forma, el alcalde está cuestionando el uso de la autoridad municipal en función de intereses particulares. Era casi una forma de decir ‘definamos la cuestión’, porque si él se viera acusado por los afectados ¿qué alegaría?, ¿qué estaba cumpliendo sus obligaciones edilicias? Bien podía hacerlo, pues la ley lo establecía. Pareciera más lógico pensar que el alcalde era opositor a Barrios, y utilizaba argumentos legales para demorar el cumplimiento de una tarea que era de su competencia. Otra posibilidad era que este alcalde separase los intereses públicos de los privados. Él, como funcionario municipal, debía velar por los intereses de sus vecinos, los cuales obviamente eran violentados por Barrios y los hacendados que los obligaban a descuidar sus propios trabajos para ir forzosamente a las haciendas. Los de Barrios y los de los hacendados, eran evidentemente intereses privados, aunque la ley les diera privilegios. Es decir, el alcalde estaría comenzando a separar lo público de lo privado.

59Vale decir que tales “abusos” no eran exclusivos del presidente; también los gobernadores incurrían en acciones similares. Así lo deja ver una nota enviada a Barrios por P. López, vecino de San Isidro, quien denuncia al gobernador, Miguel Lagos, porque manda a capturar hombres para trabajar en sus propiedades, por lo cual, López pedía a Barrios mandara cesar tal proceder52. En enero de 1863, Barrios comisionó al coronel francés Gallinier para que organizara las milicias de Sonsonate y Ahuachapán. Éste tuvo muchos problemas para cumplir su cometido y se quejaba de la falta de patriotismo y disciplina de los comandantes del ejército, quienes capturaban a los desertores, pero para mandarlos a trabajar a sus propiedades; decía que estos jefes iban incluso a los pueblos vecinos y amenazaban a los alcaldes con arrestarlos si no les entregaban mozos para sus trabajos. Asimismo, atraían trabajadores diciéndoles que si trabajaban con ellos no serían filiados en las milicias53.

60La actitud del alcalde preocupó a Loucel, más que todo por las implicaciones que una respuesta de este tipo podía tener. El día anterior a la reunión con el alcalde, Loucel ya tenía más de 40 hombres listos para ir a trabajar, pero “hoy se han resistido muchos de ellos á venir, alegando que no se les puede obligar por fuerza, sin duda por sugestiones de algún malintencionado”. Es claro que los hombres no llegaban a las haciendas por su voluntad. Menos lo harían si atisbaban que las mismas autoridades no estaban del todo convencidas y anuentes a satisfacer las demandas de los hacendados. Lo cierto es que este alcalde corrió un gran riesgo, pues al tomar partido por sus vecinos estaba contraviniendo los intereses del presidente.

61Ante la falta de hombres, Loucel decidió aumentar el número de bueyes. Para mediados de julio, le llegaron unas yuntas que pidió a Cacagüatique, otra de las haciendas de Barrios, pero los animales llegaron en tan mal estado que no pudo trabajarlos, “no han podido jalar la carreta, no son bueyes sino esqueletos”; pidió seis yuntas más a San Jacinto, pero eran tan ariscos que no pudieron atraparlos. Con tales contratiempos el corte de xiquilite se retrasó[54].

62Para esos días, Barrios y algunos amigos suyos estaban entusiasmados “experimentando” métodos más eficaces para extraer la tinta del añil. El 6 de junio de 1861, Pedro Chávez decía que en compañía de un francés (del cual no da nombre) había estado experimentando con sustancias a fin de mejorar el procesamiento del añil. Junto con la carta enviaba unas muestras de las tintas obtenidas, las cuales califica de calidad 8, e incluso 9. “No admite duda que el nuevo procedimiento empleado con siertas sustancias en la fermentación y batido en las pilas, produce excelentes resultados, de buena calidad y cantidad sorprendentes. La operación de 30 cargas, ha sido defectuosa en razón de ser suelta fuera de punto por ser la primera, pues todos sabemos por experiencia lo difícil que es acertar desde el primer día”, decía, además, que esa carga quedó “mal prensada por ser la mitad del número de cargas que toma el obraje” y que al francés le faltó “una parte de una sustancia muy interesante”, por lo que se fue a San Miguel a traerla55.

63Al parecer, la noticia se expandió rápidamente; un mes después, una de las hermanas de Barrios hablaba con entusiasmo del éxito que Manuel estaba teniendo con el nuevo método para procesar el tinte: “saca más tinte que cualquiera y todos los vecinos quieren conocerlo56”. Por la terminología que usa en la carta, se nota que la señora era una experta en el cultivo y que estaba totalmente al tanto de los manejos de la hacienda. Y es que estas mujeres, que a la vez eran esposas y hacendadas, no solo estaban al tanto de los negocios de sus hombres y opinaban al respecto, sino que también negociaban por su cuenta. Cuando en noviembre de 1860, Joaquín Eufrasio Guzmán, suegro de Barrios, informaba a éste sobre la feria recién pasada, le decía con orgullo: “Adela se hizo de bonitos añiles de Honduras y baratos: va saliendo buena tintorera la muchacha57”. El mérito era mayor considerando que, a juicio de Guzmán, la feria no había sido muy buena.

64En junio de 1862, José María Porras informaba que la falta de lluvias había dañado la plantación de xiquilite, la sequía no les había permitido sembrar las milpas. Esto le preocupaba, pues con ayuda de los alcaldes había “habilitado” a más de sesenta hombres y no podía utilizarlos58. Éste es un dato interesante, significa que los alcaldes no solo “reclutaban forzosamente” a los trabajadores, sino que les adelantaban dinero, que seguramente recibían del administrador de la hacienda. Es más, a menudo las autoridades de los pueblos, en los que Barrios tenía propiedades, debían asumir el cuidado de tales posesiones. El 3 de marzo de 1863, Paulino Rayo, Juez de Cacahuatique, escribía a la “Excelentísima señora presidenta doña Adelaida Guzmán”, para informarle que, atendiendo una nota de Barrios, le ha sido encargada la hacienda de café “a esta autoridad”, para que cuidara de ella mientras consiguen una persona que se haga cargo, “cumpliendo con este deber no he vacilado un momento haciendo que se retiren los ganados golosos, mandando a componer cercos fallidos, haciendo que el auxiliar y las patrullas recorran diariamente el cafetal… haciendo que duerma un alguacil en el corredor de las casas cuidándolas59”. Este documento no deja lugar a dudas del uso de funcionarios públicos para cuidar los intereses privados de los Barrios. Pudiera ser que Rayo hubiera pagado por los trabajos realizados en la hacienda, pero obligaba al alguacil a que durmiera en el corredor de las casas para cuidarlas.

65Para finales de 1862, la hacienda de Umaña era administrada por Victoriano Ruiz. Aunque ya era tiempo de colectar los terrajes (censos), no lo había hecho porque aún no se iniciaban las tapizcas. Decía que se esmeraba en los trabajos y la economía de la hacienda, al grado de que él mismo fungía como despensero, mientras esperaba la llegada de su familia para nombrar a uno de ellos. Al parecer este administrador tenía mejores conocimientos, ya que afirmaba llevar las cuentas bajo el sistema de cargo y data, “con el cuidado de no imitar al señor Porras”, uno de los administradores anteriores, y que sus cuentas arrancaban desde el día 3 de noviembre, las cuales esperaba fueran revisadas por Barrios cuando llegara al lugar60.

66A mediados de mes, Calixto Oviedo pasó por la hacienda y se reunió con Ruiz. Como siempre, el mayor problema era la falta de brazos. Ruiz mandó a pedir gente al alcalde de Tecapa, pero no obtuvo la cantidad que deseaba; le urgía hacer los cercos del cafetal, porque el ganado lo estaba dañando y estaba regando los almácigos de café; “aún así hay algunos palitos tristones61”. Para entonces Ruiz, preparaba una carga quesos secos que enviaría a la capital, junto con la mantequilla. También había mandado a inspeccionar las casas que algunos están haciendo al otro lado de la barranca y a “estorbar su construcción”. Aunque la expresión es ambigua, es fácil entender que podía significar destruir las casas62.

67A finales del año 62, la hacienda Umaña seguía enfrentando la escasez de operarios. Ruiz fue al pueblo de Tecapa, pero su gestión no fue muy positiva: “en ocasiones me bienen, y en otras dice el Alcalde no se hayan, por estar en las tapizcas unos y otros enfermos. Hoy solo tengo dos regando y sigo tocando con el alcalde para ver si consigo la jente necesaria”. Además, uno de sus mayordomos estaba enfermo y debió retirarlo. Éste tenía unos hijos, pero según Ruiz no beneficiaban a la hacienda, “solo matan los cabayos, todo lo quieren hacer montados. Ellos son seis y la hacienda sufre este gasto, pues tienen dos días de leche cada mes”. Además, reclamaban que se les aumentara el sueldo, aduciendo que había aumentado el ganado63.

68Los casos estudiados dejan ver que las relaciones sociales en el campo podían ser muy conflictivas, y que ante la escasez de mano de obra, los hacendados dependían del auxilio de las autoridades, colaboración que no estaba exenta de conflictos. Por su parte, los colonos, aparceros y trabajadores eran capaces de reivindicar sus derechos por diferentes vías, llegando, incluso, al sabotaje, una práctica que se siguió usando hasta bien entrado el siglo XX, como lo confirman los trabajos de Patricia Alvarenga. Por último, es necesario recalcar que la correspondencia de Barrios evidencia la estrecha vinculación entre poder político e intereses económicos.

Extrayendo hule de la costa: la sociedad Barrios-Shlessinger

69En mayo de 1860, Barrios recibió una carta del francés Louis Shlessinger, quien le informaba de los negocios que pensaba emprender en el país, entre ellos, la explotación y exportación de hule. Hombre muy preciso y práctico, pide a Barrios “hacerse partícipe de la empresa… prestándome su influencia privada, sus concejos y si el negocio lo exigiese parte de fondos para el trabajo64”. A Barrios le pareció un negocio prometedor y entró en la sociedad aportando lo que podía: dinero para adelantar los pagos y sus influencias políticas para allanar el camino de su socio.

70Para agosto de ese año ya se tenían los primeros resultados. Shlessinger informaba que el negocio del hule daba buenas señales. “Habrá mucho hule en el verano, no menos de 50 qq mensuales, pues muchos de los mejores terrenos están inaccesibles en el invierno, cada día me dan nuevas de terrenos hulares; esta semana tengo 20 mozos lechando, los aumentaré con 10 la semana entrante.” Pero, al parecer, otras personas estaban interesadas en el hule, por lo que aconsejaba a Barrios no permitir que el general González entrara al negocio, pues “despertaría la codicia en grado mayor”. Señalaba que no valía la pena buscar hule en la zona de La Libertad, pues la mayor parte de las tierras eran ejidales y eso obligaba a negociar con las municipalidades, que no siempre eran buena contraparte. Recomendaba buscar la concesión de derechos en dos haciendas de Zacatecoluca, que le parecían muy a propósito para este negocio65.

71El procedimiento era muy sencillo. Los agentes de Barrios buscaban aquellos lugares en que había hule, luego negociaban con los dueños la concesión del derecho a explotar los árboles. El 14 de agosto de 1860, Shlessinger informaba que había pagado al señor Prado 35 pesos por el derecho a explotar 3000 árboles que existían en sus terrenos y que consideraba que era un buen trato. Agregaba que un señor Chávez le ofreció sus terrenos por 15 pesos, en los cuales había más o menos 2000 árboles; que en otro lugar habían descubierto “una mancha de más de 1000 árboles y se me asegura de mucho hule en terrenos no accesibles hasta el verano”. Además, viajaría a Usulután, pues sabía que allí había más árboles, al grado que podrían sacar 100 quintales por mes. Además Shlessinger había comenzado a negociar con cueros y compró 200 por su cuenta, y pensaba establecer una tienda66.

72Siguiendo las indicaciones de su amigo, Barrios contactó a Felipe Guzmán, vecino de Jiquilisco, a quien encargó comisiones en ese lugar. Éste informó que en la zona había bastante hule, pero advertía que “sería bueno que V E recordara á los alcaldes de tiempo á tiempo, para que diesen el auxilio que llo les pido para los trabajos. Se lograría esto más fácil, teniendo yo facultad para hacerlas yo cumplir.” Tal y como Shlessinger previó en su primer contacto con Barrios, las influencias políticas de éste eran fundamentales para facilitar los negocios. Guzmán agregaba que un tal Dolores Gallegos estaba “trabajando a grande perjuicio de los palos, pues están arruinados, tanto que los palos picados por él, el año anterior son tan macheteados, que apenas dan leche; y también hace escasez de los pocos brazos”. ¿Por qué tanta aplicación y eficiencia? Resulta que Guzmán también era funcionario del gobierno de Barrios. Después de tratar de los negocios, informaba que también había “quitado un caballo a un malvado fugitivo, llamado Yrineo del Salvador”, además, daba cuenta del decomiso de otros dos caballos, los cuales entregó a las autoridades de la localidad67.

73En septiembre, Shlessinger decía: “el hule va aumentándose y cien quintales están listos para la vuelta del Guatemala”. Aunque podía embarcarlo antes, prefería esperar pues ese vapor le cobraba solo 2000 pesos por los 100 quintales. Informaba que había tenido algunos problemas con un señor Rivera, quien inició unos reclamos por la invasión de los terrenos en Nancuchiname, pero llegaron a un acuerdo. Shlessinger consideraba que podrían acopiar unos 500 qq. de hule. Informaba, además, que el gobernador de San Miguel había girado una nota a los alcaldes de esos pueblos para que le auxiliaran con mozos. Pero Shlessinger pedía más: “es menester que se dirija al Sr. gobernador para decirle que el gobierno no debe de meterse a proporcionar auxilio a empresarios de hule68”. Por supuesto, Shlessinger como socio de Barrios no entraba en esa prohibición. A tal grado dependía Shlessinger de Barrios, que cuando tuvo problemas para explotar los bosques de Nancuchiname y otros terrenos, sugirió a Barrios trasladar los casos a San Salvador, para así tener dictámenes favorables. En la misma carta se extendía sobre el tema y agregaba la solicitud que presentaría ante las autoridades:

74“El infrascrito empresario de los trabajos de Hule reside en San Salvador, y por esto suplica al Supremo Gobierno que se le sirva conceder, y de tal concesión avisar por decreto, que todas las demandas por invasiones de terrenos ajenos, sean hechas contra mi persona, y no contra mi agente ó dependiente mío; que sean hechas ante un tribunal en la ciudad de San Salvador a donde ese infrascrito reside, que además de la prueba, por medio del título de la propiedad se le exija al reclamante que pruebe los daños y prejuicios que ha sufrido, y que hasta probado que sea el derecho del reclamante en la propiedad, no podrá impedir a mis agentes que siguen en sus trabajos, pues yo responderé de los resultados de tales trabajos.”

75Trasladar los litigios a San Salvador tenía muchas ventajas. En primer lugar, Barrios tenía sus oficinas allí y podía comunicarse rápidamente con cualquier juez que llevase los casos. Pero sobre todo, complicaba las diligencias de sus rivales, la mayoría de los cuales vivían en el interior y difícilmente tenían los recursos, las habilidades y los contactos necesarios para llevar a buen término un juicio en la capital. En síntesis, la buena marcha del negocio dependía de qué tantos “privilegios y exenciones” pudieran lograrse usando la preeminencia política de Barrios. Es por eso que Shlessinger insistía en la necesidad de contar con la “buena disposición de los funcionarios, particularmente del gobernador69”.

La fábrica de ladrillos de San Miguel

76Barrios era un típico hacendado del siglo XIX. Había heredado tierras y, combinando las actividades agropecuarias con el comercio y la política, acrecentó su riqueza hasta convertirse en un hombre respetable, no solo por su poder político, sino por su capital. Si nos atenemos a su testamento, pareciera ser que al final de su vida su fortuna estaba harto menguada, él lo atribuye a haber usado su crédito personal para cubrir compromisos del Estado, afirmación realmente dudosa. De hecho, uno de los delitos de que fue acusado en el juicio que le costó la vida fue lo hoy se llamaría “apropiación indebida de fondos públicos”. Efectivamente, se descubrió que, siendo presidente, compró con fondos del Estado un barco en los Estados Unidos, que puso a su nombre. El barco naufragó y Barrios cobró el seguro70.

77A falta de estudios más exhaustivos sobre sus negocios, es plausible sugerir que en realidad Barrios era un comerciante excesivamente imprudente y a veces bastante ingenuo. Es evidente que los extranjeros que formaban sociedades comerciales con Barrios se aprovechaban de él y explotaban a su favor el ego del caudillo, exaltándolo a niveles increíbles. Negocios como los realizados con Shlessinger y Rousean para la extracción de hule, bálsamo, o la compra de maquinarias que luego resultaban inservibles, no hablan muy bien de sus habilidades comerciales.

78Pareciera que le iba mejor en el cultivo y comercialización del añil y con la importación de mercaderías norteamericanas y europeas que distribuía en el interior por medio de agentes comerciales, aprovechando los métodos tradicionales de ferias y habilitaciones. En realidad, Barrios era parte de una extensa y complicada red comercial que hacia mediados del XIX aún mantenía muchos rasgos heredados de la colonia. Los productores y comerciantes locales dependían de los agentes de las grandes casas comerciales, quienes les “habilitaban” con efectivo y mercadería a cambio de los productos locales. Vale decir que el comercio comprendía mucho más que añil; aunque en grado menor, el país exportaba otros productos como cueros, productos manufacturados (sombreros, petates, jarcia, loza, etc.), metales y, ya para inicios de la segunda mitad del XIX, un poco de café[71].

79Por supuesto, Barrios y en general los políticos de la época aprovechaban sus puestos públicos para lograr mejores condiciones en el mercado, algunas veces de manera sutil, otras usando descaradamente los recursos del Estado en su favor. Como muy bien lo ha señalado Héctor Lindo, uno de los factores más importantes para sobrevivir en el mundo de los negocios del XIX era el acceso a la información, y ésta circulaba y se podía aprovechar mejor estando ligado al gobierno72. Por ejemplo, el 27 de junio de 1860, el señor Borland informaba a Barrios que había tenido noticias de que el añil tendría excelente precio en Inglaterra, por lo que anticipaba que las partidas enviadas por Barrios lograrían muy buenos precios. Decía que esperaba que Barrios tuviera otro buen lote y que si necesitaba podía asistirlo con más fondos73.

80Ese documento da una idea de cómo funcionaba el sistema de habilitaciones. Borland era agente de una casa europea; él proveía fondos y mercaderías a Barrios, quien a su vez los entregaba a personas como Oviedo, Quiroz y Guzmán, que actuaban como sus agentes en ferias, ciudades y pueblos. De esta manera se creaba una cadena crediticia que ligaba a los pequeños pueblos y estancias del interior con las grandes metrópolis europeas. Los cónsules eran casi siempre comerciantes, y estos necesariamente tenían que relacionarse con los gobernantes —que también comerciaban—, de tal manera que podían sacar el máximo provecho de sus puestos. Lo ideal hubiera sido que en esos tratos ganasen tanto los Estados como las personas, pero cuando esto no era posible es fácil colegir a quien se daría prioridad.

81Como ya se dijo, Barrios poseía haciendas y negociaba añil. A juzgar por los asuntos de su correspondencia —no por los números, pues no ha sido posible localizar sus cuentas—, el caudillo podía vivir holgadamente dependiendo de esos rubros y especular con el comercio de importación y otras empresas, que si bien no le reportaban mayores ganancias, como las ya mencionadas explotaciones de hule, bálsamo, sal y otras, le daban un aura de hombre emprendedor y progresista, que se acomodaba muy bien a su ego y sus ideas políticas.

82Barrios siempre andaba a la búsqueda de novedades. Quienes lo conocían sabían que una oferta tentadora podía convencerlo de participar en empresas tan arriesgadas como montar una fábrica de hielo en San Miguel. Eso fue lo que le propuso Julio Lozano, quien le escribió desde Panamá, para decirle: “Se ha descubierto en Inglaterra, o inventado hace algún tiempo, una máquina para congelar el agua, en cualquier temperatura por cálida que sea, al mismo grado de densidad y solidez que tiene el hielo en Europa, sin que los gastos sean mayores que los del hielo que se trae de los Estados Unidos”. Le proponía a Barrios establecer esas máquinas en los departamentos de San Salvador, San Miguel y San Vicente. La oferta era tentadora: “no dudo que se podría hacer un negocio de grandes utilidades”, siempre y cuando se tuviera privilegio exclusivo por seis o siete años. Aceptaba que después de un año podría pagarse un impuesto de 5% sobre las ganancias. Muy generoso, ofrecía a Barrios una parte en el negocio74. Para fortuna de Barrios, Lozano desapareció sin volver a dar señales de vida.

83En sociedad con Lorenzo Campos, Barrios estableció una máquina para fabricar ladrillos en San Miguel, la cual hubo de transportarse en carretas desde La Unión, para luego montarla en San Miguel. En mayo de 1862, Campos le informaba que tenía en su poder las máquinas para fabricar ladrillos y tejas, que le había ordenado comprar para el Supremo Gobierno75. Nótese que la maquinaria no fue comprada a nombre de Barrios, pero las ganancias de su operación nunca aparecieron en los informes de las rentas estatales. Para septiembre de ese año, Campos decía que la máquina era capaz de hacer 5,000 ladrillos, pero se le había roto una pieza que repararía pronto. Además, le comunicaba el pedido de 10,000 ladrillos por parte de la parroquia, a condición de que lo diesen a 10 pesos el millar, lo cual estaba por debajo del establecido por Barrios, que eran 14 pesos.[76] Lo cierto es que los ladrilleros locales cobraban a diez pesos por millar. Barrios debió de usar sus influencias para convencer a los curas de aceptar su oferta, pues un mes después, Campos informaba que la parroquia le había encargado once mil ladrillos.

84Aún así, las cuentas no cuadraban, al grado que Campos escribió a Barrios explicándole por qué le había girado una letra de 480 pesos. Estos correspondían a gastos hechos en la máquina; Campos decía que los reembolsaría pronto. Sin embargo, el contrato hecho con la parroquia (el mayor hasta entonces conseguido) solo produciría “ciento setenta y tantos pesos77”. Para finales de año, habían conseguido una orden más: proveer los ladrillos que se usarían en la construcción de la penitenciaría de San Miguel. Pero, ya para entonces, Campos se mostraba muy escéptico del negocio. “El trabajo de la máquina no dejará cuenta, porque hay días en que no tenemos los hombres necesarios. Por lo que digo a U. que el negocio es muy expuesto y más que el ladrillo que se hace, con nada de viento se raja.” Aún así, consideraba que “los gastos no dudo de sacarlos de cualquier modo78.”
Para finales del 62, la situación del país no era nada halagüeña, soplaban vientos de guerra. La fábrica de ladrillos no escapó a ellos. A principios de diciembre, Campos pedía a Barrios le diese una orden “para que los mozos que son soldados vayan únicamente a la parada los domingos, y que cuando se necesiten dichos mozos no vayan los escoltas a meterse [a la fábrica] sin contar conmigo, pues ayer Domingo fue una patrulla y se metió al trabajo”, el resultado fue una desbandada de mozos, que si bien no eran milicianos, tuvieron miedo de ser reclutados. Campos fue a ver al Comandante General para que le diera la orden que había pedido a Barrios, pero él le manifestó que pasara donde el mayor; mas éste le contestó “que la justicia tenía que entrar por la casa y que tenía órden expresa de ud. para no permitir a nadie ninguna clase de favor79”. Habría que ver cuál fue la reacción de Barrios ante la actitud de este cumplido funcionario, para ver si el caudillo sostenía para sí el cumplimiento del deber que exigía a los empleados de gobierno. Lo cierto es que el negocio no andaba. El tiro de gracia se lo dio la guerra que Barrios debió enfrentar en 1863. De hecho, Campos debió cambiar la máquina de hacer ladrillos por la espada, pues se incorporó en la fuerzas barristas. Ni de él ni de la famosa máquina se volvió a tener noticias.

Conclusiones

85La vida política de Gerardo Barrios es bien conocida. Sin embargo, esta investigación demuestra que la actividad política del caudillo no puede entenderse al margen de sus relaciones sociales y sus intereses económicos. La correspondencia personal de Barrios así lo evidencia. Al despacho presidencial llegaba correspondencia con una variedad de temas, incluso hay cartas que tocan la vida íntima del caudillo. Barrios no se preocupaba por diferenciar si contestaba a título personal o como presidente.

86La documentación que toca el tema del compadrazgo deja ver el valor que este vínculo tenía en la sociedad salvadoreña del XIX. Si bien es cierto que “compadrar” con alguien podía conllevar un interés particular —afianzar una relación de amistad, de negocio, o facilitar una carrera política—, no puede negarse que una vez establecido el compadrazgo, podía contribuir a atemperar conflictos, esto era así porque los individuos reconocían que esa relación sancionada por la Iglesia implicaba un compromiso que iba más allá de los intereses personales. El compadre debía responder ante Dios por el vínculo contraído. Pareciera que hacer negocios o establecer alianzas políticas entre compadres daba una garantía extra de cumplimiento y lealtad.

87Barrios tenía un “espíritu empresarial” innato; le gustaban los negocios y siempre estaba dispuesto a explorar nuevas posibilidades. Al no tener acceso a sus cuentas personales, resulta imposible establecer fidedignamente el éxito o fracaso de sus empresas, pero sí queda claro que muy a menudo usaba su poder político y los exiguos recursos del Estado en sus tratos comerciales o para suplirse de mano de obra en sus haciendas. La combinación de negocios y política, que tanto se critica en la actualidad, ha sido una práctica recurrente a lo largo de la historia. El problema es que los hagiógrafos de Barrios han ocultado, o en el mejor de los casos, ignorado ese aspecto.

88Si queremos ir más allá de la historia convencional, necesitamos tener una visión más integral, no solo de los individuos, sino de la sociedad. La política es solo parte del quehacer diario de los hombres. Además de ocuparse del poder, deben atender obligaciones sociales y ganarse la vida. El aparato estatal del XIX no permitía a ningún político vivir de la política, pero era posible hacer más y mejores negocios aprovechando los puestos públicos. Los funcionarios de confianza de Barrios que viajaban al interior del país siempre llevaban cartas e instrucciones que tenían que ver con la gestión gubernamental, pero también con los negocios privados de Barrios y los suyos.

89A primera vista, pareciera que para mediados del XIX aún no se distinguía entre interés público e interés privado. Pero no es cierto. Por el contrario, se sabía muy bien que desde una oficina gubernamental se podía manejar mejor un negocio; es más, nadie lo cuestionaba si no había una razón especial para hacerlo. Para Barrios era más fácil deshacerse de un enemigo cuando éste ocupaba un puesto público, acusándolo de corrupción. En varios casos los acusó por lo que él mismo hacía.

90Aldo Lauria afirma que el estado decimonónico no era la institución más idónea desde la cual pudiera formarse y fortalecerse una oligarquía económica80. Si nos atenemos a su testamento, Barrios confirmaría esa tesis. Pero la cuestión puede matizarse; este trabajo demuestra que si bien es cierto Barrios no inició sus negocios partiendo de la nada, tampoco desdeñó cuanta oportunidad tuvo de acrecentar su fortuna o facilitar sus negocios amparándose en la política y el gobierno. Que luego perdiera su capital por azares de la política era parte del riesgo que él, como cualquier hombre de empresa, debía considerar. Otros estudios dan pie para pensar que las acciones de Barrios no eran la excepción y que otros políticos usaron estrategias parecidas en sus negocios. Geraldina Portillo sugiere que la familia Dueñas se valió del prestigio y poder político del patriarca de la familia para acumular gran cantidad de tierra en los departamentos de La Libertad y San Salvador.[81] Seguramente que como estos habrán otros casos que esperan ser estudiados.

Notas de pie de pagina

911 Una primera versión de este trabajo fue presentado como ponencia en el VIII Congreso Centroamericano de Historia, Antigua Guatemala, julio 2006. La investigación fue realizada con el apoyo del Consejo de Investigaciones Científicas de la Universidad de El Salvador (CIC-UES), dentro del proyecto (03-18) Los municipios en el marco de la consolidación del liberalismo en El Salvador (1870-1900). Agradezco los comentarios de Xiomara Avendaño, Fina Viegas y Adolfo Bonilla, así como la colaboración del asistente de investigación Jorge Alberto Martínez Rauda. Agradezco a Isabel Villalta la revisión final. Una versión impresa aparecerá en la Revisa Cultura, # 96, mayo-agosto, 2007, San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos, CONCULTURA.

922 Véase, por ejemplo, Rafael Reyes, Lecciones de historia de El Salvador, San Salvador, Se, 1892, Ídem, Nociones de historia de El Salvador, San Salvador, Imprenta Rafael Reyes, 3ª edición, 1920; José Dolores Gámez, Gerardo Barrios ante la posteridad, San Salvador, Ministerio de Educación, Dirección General de Publicaciones, 3ª edición, 1966; y Emiliano Cortés. Biografía del Capitán General Gerardo Barrios, San Salvador, Editorial Lea, 1965.

933 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, 2 Tomos, San Salvador, Ministerio de Educación, 1967.

944 Héctor Lindo-Fuentes, Los límites del poder en la era de Barrios. En Jean Piel y Arturo Taracena (comp) Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica, San José, FLACSO, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995.

955 Lynch señala que la autoridad del caudillo “emanaba de la propiedad de la tierra y el control que ejercía sobre los recursos locales, sobre todo el acceso a hombres y abastecimientos. Asimismo, poseía un historial que incluía la realización de determinadas hazañas que causaban viva impresión por su importancia o por el grado de valor mostrado en ellas.” John Lynch. Caudillos en Hispanoamérica 1800-1850, Madrid, Editorial Mapfre, 1993, pág. 18. Por su parte Chevalier señala que “En países en donde los recursos son pocos, el primum vivere es un imperativo insoslayable, el jefe debe primeramente ser capaz de dar de comer a sus parientes, sus seguidores… y a los soldados que lo apoyan.” François Chevalier, The roots of Caudillismo. En Hugh M. Hamill (editor), Caudillos. Dictators in Spanish America, University of Oklahoma Press, 1992, pág. 34.

966 John Lynch, Caudillos, pág 20.

977 Los estudios prosopográficos pueden ser una buena alternativa para el estudio de este tipo de relaciones. Véase Michel Bertrand, “En busca de una identidad social: Redes familiares y elite colonial en tiempos de crisis”; y Michel Bertrand y Gabriela Dalla Corte, “Parentesco, redes familiares y sociabilidad en el mundo hispanoamericano en los siglos XVIII y XIX”, Anuario de Estudios Bolivarianos, # 7-8, 1991; José Manuel Santos Pérez, Elites, poder local y régimen colonial. El cabildo de Santiago de Guatemala 1700-1787 , Salamanca, Gráficas Varona, 1999; Diana Balmori Et.Al., Las alianzas de familia y la formación del país en América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1990; Juan Luis Castellanos et Jean-Pierre Dedieu, Réseaux, familles et pouvoirs dans le monde ibérique à la fin de L’Ancien régime, Paris, CNRS editions, 1998; Zacharias Moutokias, “Burocracia, contrabando y autotransformación de las elites. Buenos Aires en el siglo XVII”, Anuario del IEHS, vol. 3, 1988. Para una aplicación a la historia salvadoreña decimonónica, véase Christophe Belaubre, Redes sociales y poder: Microhistoria de una confrontación política en Centroamérica (1822-1827). En Carlos G. López y Margarita Silva (editores) Memoria del Primer Encuentro de Historia de El Salvador, San Salvador, Licenciatura en Historia-CONCULTURA, 2005.

988 A. Guirola a Gerardo Barrios, 10 de junio de 1860. Archivo General de la Nación, Colección Correspondencia de Gerardo Barrios, Tomo 4, exp. 92, 1860. En adelante se citará AGN-CGB. En todas las citas se conserva la ortografía del original.

999 A. Guirola a Gerardo Barrios, 7 de septiembre de 1860. AGN-CGB, Tomo 4, exp. 88, 1860.

10010 Carlos Rodolfo Paniagua Serrano y Ana Mercedes Chávez Henríquez, El bloque empresarial hegemónico salvadoreño, Tesis de licenciatura en economía, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, 2000.

10111 Rafael Osorio, Gobernador del departamento de La Paz, a Gerardo Barrios, 9 de julio de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 316.

10212 Rafael Osorio, Gobernador del departamento de La Paz, a Gerardo Barrios, 22 de abril de 1862. AGN-CGB, Tomo 14, doc. 107.

10313 A. Guirola a Gerardo Barrios, Zacatecoluca, 14 de abril de 1861. AGN-CGB, Tomo 14, doc. 113.

10414 A. Guirola a Gerardo Barrios, Zacatecoluca, 27 de junio de 1862. AGN-CGB, Tomo 17, doc. 109.

10515 Los estudios prosopográficos pueden ser una buena alternativa para el estudio de este tipo de relaciones. Véanse los trabajos de Michel Bertrand y Gabriela Dalla Forte en Anuario de Estudios Bolivarianos, # 7-8, 1991; y Christophe Belaubre, Redes sociales y poder.

10616 Fabio Morán a Gerardo Barrios, Ahuachapán, 21 de octubre de 1861. AGN-CGB, Tomo 12. doc. 152.

10717 Sobre la carrera política de Fabio Morán y sus redes políticas resulta muy ilustrativo el trabajo de Raymundo Calderón, Ahuachapán; ciudad y Memoria: Historia urbana. (Inédito)

10818 M. Medina a Gerardo Barrios, San Vicente, 16 de junio de 1861. AGN-CGB, Tomo 4, exp. 23, 1861.

10919 Archives du Ministere des Affaires Étrangeres, Paris. Amérique Centrale, Correspondance politique, Vol. 16, 1857-1858, M M Botmiliau, despacho # 184, Guatemala, 3 de abril de 1858, folios 259-260. En adelante se citará AMAE-ACCP.

11020 Francisco J. Monterrey, Historia de El Salvador. Anotaciones cronológicas, 1843-1871, Tomo II, San Salvador, Editorial Universitaria, 1996, pág, 237.

11121 AMAE-ACCP, Vol. 17, 1858-1859, despacho # 193, M Botmiliau, Guatemala, 2 de enero de 1859, fol 189. Barrios intentó una maniobra similar en 1857, cuando conspiró para derrocar al presidente Rafael Campo, pero esa vez sus cálculos fallaron y debió renunciar a sus aspiraciones. Carlos Gregorio López, Implicaciones político-sociales de la campaña contra los filibusteros: La conspiración de Gerardo Barrios, 1857, Ponencia presentada en el Simposio Internacional Filibusterismo y Destino Manifiesto en las Américas, Costa Rica, mayo de 2007.

11222 Francisco Monterrey, Historia de El Salvador, Tomo II, pág, 243.

11323 Ídem. pág. 248.

11424 Ídem. pág. 249.

11525 AMAE-ACCP, Vol. 17, 1858-1859, despacho # 194, M Botmiliau, Guatemala, 4 de febrero de 1859, fol. 190.

11626 AMAE-ACCP, Vol. 17, 1858-1859, despacho # 196, M Botmiliau, Guatemala, 2 de abril de 1859, fol. 221.

11727 Gerardo Barrios al general Víctor Zavala, 7 de octubre de 1859. AGN, Gobernantes de El Salvador, Gerardo Barrios, correspondencia Tulane, caja 1, doc. 19.

11828 Gerardo Barrios a Miguel Santín, 8 de junio de 1860. AGN-CGB, Tomo 27, exp. 16, 1860.

11929 Curiosamente, Barrios no se mostró muy interesado en la minería. En una carta dirigida a Carlos Meany, en septiembre de 1860, hacía referencia a unas minas propiedad de unos “Barrios” y que se intentaban reactivar. Para ello formaron una compañía con unos ingleses, pero el negocio no fue rentable. Uno de los ingleses terminó peleado con los Barrios. Gerardo no quiso meterse en el negocio, alegando que las minas no le atraían. “Ya pasó el tiempo de las minas, porque los malos resultados de las de Mejico y otros puntos de América han hecho más cautos a los europeos”. Dice que la única manera de rescatar las minas es encontrar una veta rica, “entretanto sembremos café y esperemos”. Gerardo Barrios a Carlos Meany, San Salvador, 17 de septiembre de 1860. AGN, Gobernantes de El Salvador, Gerardo Barrios, correspondencia Tulane, caja 1, doc. 53.

12030 Para 1851, la renta de aguardiente representó el 32% del total de ingresos del Estado. Para 1877, ascendió al 31%. Gaceta del Salvador en la República de Centro América, Tomo 3, # 24, 31 de octubre de 1851, pág. 1; y Presupuesto de gastos e ingresos de la administración pública para el año de 1877. En María de Leistenscheneider, Doctor Rafael Zaldívar. Documentos relativos a su administración, Tomo II, Colección Antropología e Historia, N° 10, San Salvador, MINED, 1977.

12131 Alejo Cáceres a Gerardo Barrios, Cojutepeque, 10 de agosto de 1861. AGN-CGB, Tomo 11, doc. 69.

12232 Alejo Cáceres, comandante de Cojutepeque, a Gerardo Barrios, 19 de abril de 1860. AGN, Gobernantes de El Salvador, Gerardo Barrios, correspondencia Tulane, caja 1, doc. 32. El énfasis es mío.

12333 Alejo Cáceres a Gerardo Barrios, Cojutepeque, 30 de junio de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 381.

12434 Alejo Cáceres a Gerardo Barrios, Cojutepeque, 3 de julio de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 378.

12535 Alejo Cáceres a Gerardo Barrios, Cojutepeque, 25 de noviembre de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 352.

12636 Alejo Cáceres a Gerardo Barrios, Cojutepeque, 19 de agosto de 1861. AGN-CGB, Tomo 11, doc. 63.

12737 Manuel Suárez a Gerardo Barrios, 5 de noviembre de 1860. AGN-CGB, Tomo 4, exp. 52, 1860.

12838 Calixto Oviedo a Gerardo Barrios, 4 de diciembre de 1860. AGN-CGB, Tomo 4, exp. 34, 1860.

12939 Manuel Suárez a Gerardo Barrios, Chalatenango, 8 de diciembre de 1860. AGN-CGB, Tomo 4, doc. 73. El énfasis es mío.

13040 Eusebio Bracamonte a Gerardo Barrios, San Vicente, 7 de diciembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 16, doc. 124.

13141 Para conocer más sobre el control de la mano de obra y la persecución de la vagancia, véase Isidro Menéndez, Recopilación de las leyes del Salvador en Centro América, [1855] San Salvador, Imprenta Nacional, 2ª edición, 1956; y Jorge Arias Gómez, “El Salvador. Fuerza de trabajo cautiva, 1821-1900”, Revista Repositorio, Archivo General de la Nación, III época, # 1, junio de 2003.

13242 Manuel Loucel a Gerardo Barrios, Umaña, 3 de julio de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 459.

13343 Manuel Loucel a Gerardo Barrios, Umaña, 22 de julio de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 439.

13444 José María Porras a Gerardo Barrios, Umaña, 11 de abril de 1861. AGN-CGB, Tomo 14, doc. 64. El “carretaje o corretaje” era una especie de impuesto que un hacendado o municipalidad cobraba por cultivar en sus tierras. En tiempos de Barrios, se pagaba “medio carretaje” por cada tres medios de sembradura o media fanega de maíz. El carretaje se cobraba en tiempo de cosecha.

13545 Ídem.

13646 Ídem.

13747 Ignacio Enríquez, inspector de policía, a Gerardo Barrios, San Vicente, 6 de febrero de 1862. AGN-CGB, Tomo 27, exp. 74, 1862.

13848 José María Porras a Gerardo Barrios, Umaña, 11 de abril de 1861. AGN-CGB, Tomo 14, doc. 64.

13949 Véase Patricia Alvarenga, Cultura y ética de la violencia. El Salvador 1880-1932, San José, EDUCA, 1ª edición, 1996.

14050 José María Porras a Gerardo Barrios, Umaña, 11 de abril de 1861. AGN-CGB, Tomo 14, doc. 64. En diciembre de 1862 hubo otro incendio en el llano de Umaña. Ramón P. escribió a Barrios informándole al respecto. AGN-CGB, Tomo 16, doc. 56.

14151 Manuel Loucel a Gerardo Barrios, Umaña, 16 de junio de 1861. AGN-CGB, Tomo 14, doc. 7. El énfasis es mío.

14252 P. López a Gerardo Barrios, San Isidro, 19 de junio de 1861. AGN-CGB, Tomo 5, doc. 115.

14353 El coronel Gallinier a Gerardo Barrios, Sonsonate, enero de 1863. AGN-CGB, Tomo 22, doc. 250.

14454 Manuel Loucel a Gerardo Barrios, Umaña, 18 de julio de 1861. AGN-CGB, Tomo 12, doc. 20.

14555 Pedro Chávez a Gerardo Barrios, Hacienda San Antonio, 6 de junio de 1861. AGN-CGB, Tomo 14, doc. 17.

14656 AGN-CGB, Tomo 14, doc. 17

14757 Joaquín E. Guzmán a Barrios, San Miguel, 24 de noviembre de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 389.

14858 José María Porras a Gerardo Barrios, Umaña, 7 de junio de 1862. AGN-CGB, Tomo 7, doc. 2.

14959 Paulino Rayo, Juez de Cacahuatique, a Doña Adelaida Guzmán de Barrios, 3 de marzo de 1863. AGN-CGB, Tomo 24, doc. 110, fol. 203-204.

15060 Victoriano Ruiz a Gerardo Barrios, Umaña, 7 de noviembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 16, doc. 84.

15161 Vale decir que era muy común que cada vez que una tropa salía en misión se le encomendara llevar correspondencia, materiales o ganado a las haciendas de Barrios. Una forma de maximizar recursos.

15262 Victoriano Ruiz a Gerardo Barrios, Umaña, 17 y 26 de noviembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 19, docs. 25 y 194.

15363 Victoriano Ruiz a Gerardo Barrios, Umaña, 4 de diciembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 16, doc. 136.

15464 Louis Shlessinger a Gerardo Barrios, San Miguel, 12 de mayo de 1860. AGN-CGB, Tomo 4, exp. 190, 1860.

15565 Louis Shlessinger a Gerardo Barrios, Zacatecoluca, 13 de agosto de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 185.

15666 Louis Shlessinger a Gerardo Barrios, Zacatecoluca, 14 de agosto de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 186.

15767 Felipe Guzmán a Gerardo Barrios, Jiquilisco, 21 de agosto de 1860. AGN-CGB, Tomo 8, doc. 203.

15868 Louis Shelesinger a Gerardo Barrios, Usulután, 7 de septiembre de 1860. AGN, correspondencia Barrios, 1860, caja 5 y 6, Tomo 5, carta # 003, pag. 5.

15969 Louis Shelessinger a Gerardo Barrios, San Miguel, 12 de septiembre de 1860. AGN-CGB, Tomo 5, doc. 27.

16070 Después de su caída, abundaron las acusaciones contra Barrios, tanto por individuos como por las municipalidades. Buena parte de ellas hacía referencia a cuestiones fiscales, por ejemplo, el estanco de licores “para hacer un negocio propio y privado, puesto que como comerciante compraba dichos licores de muy mala calidad, a precio ínfimo, por supuesto, y los hacía comprar en su tienda por la administración del ramo a un precio tres o cuatro veces mayor… asimismo negociaba con los rifles, con la pólvora, con los vestidos de la tropa, haciéndose pagar por la tesorería el triple o cuádruplo de lo que le costaba.” Seguramente que en esas acusaciones hay sesgos motivados por las pasiones políticas; aún así, es claro que los negocios de Barrios se favorecían de su poder político. Véase Miguel Ángel García, Diccionario histórico enciclopédico, Tomo 4, pág. 484.

16171 Un panorama de la producción y el comercio interno para mediados del siglo XIX se encuentra en Estadística general de la república de El Salvador (1858-1861), San Salvador, Academia Salvadoreña de la Historia, 1990. Para un análisis interesante del tema, véase Aldo Lauria-Santiago, Una república agraria. Los campesinos en la economía y la política de El Salvador en el siglo XIX , San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos, CONCULTURA, 2002.

16272 Véase Héctor Lindo, La economía de El Salvador en el siglo XIX , San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos, 2002, cap. 5.

16373 Borland a Barrios, Sonsonate, 27 de junio de 1860. AGN-CGB, Tomo 4, exp. 118, 1860.

16474 Julio Lozano a Gerardo Barrios, Panamá, 30 de noviembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 16, doc. 90.

16575 Lorenzo Campos a Gerardo Barrios, San Miguel, 18 de mayo de 1862. AGN-CGB, Tomo 16. doc. 16.

16676 Lorenzo Campos a Gerardo Barrios, San Miguel, 5 de agosto de 1862. AGN-CGB, Tomo 15, doc. 47.

16777 Lorenzo Campos a Gerardo Barrios, San Miguel, 8 de septiembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 17, doc. 293.

16878 Lorenzo Campos a Gerardo Barrios, San Miguel, 29 de diciembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 19, doc. 215.

16979 Lorenzo Campos a Gerardo Barrios, San Miguel, 1 de diciembre de 1862. AGN-CGB, Tomo 19, doc. El énfasis es mío.

17080 Aldo Lauria Santiago, _Una república agraria_… pág. 336.

17181 Véase, Geraldina Portillo, La tenencia de la tierra en El Salvador. La Libertad, 1897-1901; Santa Ana, 1882-1884, 1897-1989, San Salvador, Imprenta Criterio, 2006, págs. 52-56.

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Para citar este artículo :

Carlos Gregorio López Bernal, « Compadrazgos, negocios y política: las redes sociales de Gerardo Barrios (1860-1863) », Boletín AFEHC N°30, publicado el 04 junio 2007, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1550

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