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AFEHC : articulos : - El viaje de Lionel Wafer - Un imaginario del Darién : - El viaje de Lionel Wafer - Un imaginario del Darién

Ficha n° 1668

Creada: 16 agosto 2007
Editada: 16 agosto 2007
Modificada: 16 agosto 2007

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Autor de la ficha:

Nara FUENTES CRISPÍN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

- El viaje de Lionel Wafer - Un imaginario del Darién

En este texto se quiere mostrar que el tardío interés por el reconocimiento de la complejidad geográfica costera de la Nueva Granada – con las Expediciones y otras medidas propias de las Reformas Borbónicas -, son elementos que contribuyeron a reforzar un imaginario sobre el istmo Darién al final del XVIII; tierra rica, codiciada y, a la vez, indomable. No son los documentos emanados de las acciones derivadas de una política gubernamental durante este periodo, las únicas fuentes útiles para reconstruir el imaginario geográfico sobre esta región. Desde su 'descubrimiento', las ventajas estratégicas del Darién fueron apreciadas por sujetos no españoles y no precisamente 'legales', quienes, en acciones como las propias de la piratería, recorrieron la zona y lograron trazar allí su huella interoceánica. Es el caso del viajero ilegal Lionel Wafer y de sus fascinantes memorias publicadas en 1720 ; estas aportan descripciones y ricas apreciaciones y devela la fluida dinámica entre el mar y el continente. Es un relato que se adelantará en casi un siglo a la Ilustración española en su acertada forma de mostrar la geografía, en general, y , en particular las dinámicas y relaciones económicas y culturales del Darién.
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Palabras claves :
Navegación, Expediciones, Diarios, Caribe Colonial, Nueva Granada, Costas
Autor(es):
Nara Fuentes Crispín
Categoria:
Inedito
Fecha:
Agosto de 2007
Texto íntegral:

1El abandono de las costas durante el periodo posterior a la Independencia de la Nueva Granada y la poca importancia dada a este espacio en el diseño de proyectos regionales o de nación en los albores del siglo XIX, son fenómenos que encuentran una génesis posible en dos elementos: por una parte, una débil o tardía política de defensa de las costas durante el periodo colonial, por otra, la rica complejidad de espacios costeros como el denominado istmo de Panamá. En consecuencia de estos dos, ocurrió un tardío interés por un conocimiento profundo de esta complejidad geográfica; un interés circunscrito al marco de las Reformas Borbónicas de cuyo espíritu surgieron importantes acontecimientos científicos como la Expedición del ingeniero Joaquín Fidalgo, cuyo derrotero comprendía desde la Guajira hasta la actual Panamá. El istmo panameño, también denominado del Darién, fue un punto clave desde el inicio del siglo XVI, con el denominado ‘primer ciclo económico’ de extracción que se extendió desde Santa María la Antigua hacia todo el litoral de la que sería la Nueva Granada. Desde la primera expedición interoceánica emprendida por Balboa, se consolidó como un lugar estratégico: en primera instancia, como la zona desde la cual se inició la colonización del actual Caribe colombiano, en segunda, como paso clave entre los mares del Norte y del Sur, y eje de la gran ruta comercial entre estos.

2Ahora bien, las ventajas estratégicas de esta zona también fueron apreciadas por sujetos no españoles y no precisamente ‘legales’, quienes, como los famosos Hermanos de la Costa, hicieron de la piratería – extendida con algunas transformaciones desde el siglo XVI hasta finales del periodo colonial -, un fenómeno comercial de importancia y de serias repercusiones. Una de ellas, la preocupación por adelantar proyectos transoceánicos1 que permitieran al gobierno español proteger la conexión entre el Caribe y Lima y de allí hasta la frontera austral. Uno de esos sujetos no españoles e ilegales es Lionel Wafer, en cuyas memorias se describe con asombro una región que quizá, en su momento, un relator oficial no pudo ver con la misma fascinación ni claridad. Esto, a pesar de que se trata de un relato cuyas descripciones no son literarias o especialmente imaginativas y que más bien, sorprende por su pretensión de cientificidad a pesar de estar escrito casi un siglo antes al periodo de las expediciones científicas del XVIII. El relato de Wafer, escrito a finales del XVII y publicado a inicios del XVIII, revela dinámicas propias de la relación entre el mar y continente del imperio hispánico. Sus descripciones se asemejan, en muchos detalles, a las que encontramos en algunos documentos de finales del XVIII. Sorprende, entonces, que los términos en que se refiere al istmo sean tan similares a aquellos de autores de muy distinta formación y de una época ilustrada que aún para Wafer no se vislumbraba, al menos en lo que se refiere a la importancia científica que se le daría al ‘viaje’ y a la exploración como ejercicio científico. Así que, desde la ilegalidad al inicio del XVIII y, desde la lectura de fuentes de final del mismo siglo, mostraremos la paradoja de un espacio de particulares naturaleza y paisaje, entendiendo paisaje como síntesis de la interacción entre los hombres y el espacio y de las relaciones económicas y culturales.

3Publicado en Europa en 1720 El viaje de Lionel de Wafer responde a un imaginario geográfico especial. En 1679 Lionel Wafer se embarcó en Londres con el fin de encontrarse con su hermano en una plantación de Jamaica. De allí pasó a Cartagena y, en extrañas circunstancias, se unió a un grupo de bucaneros rumbo a Panamá en el rol de médico de una tripulación concentrada con la misión específica de asaltar a las ciudades de Santa María la Antigua y ciudad de Panamá. En el gremio pirata la definición de roles es importante; capitán, práctico, cocinero, astillero, etc. Uno de los mas importantes, cirujano, “ducho en cauterizaciones al rojo vivo y al que se le atribuía la responsabilidad en tantas patas de palo y tantos garfios como han ilustrado la iconografía de los piratas2.” Entonces, es su profesión, muy probablemente, la razón por la cual llevaron a Wafer.

4Al llegar al istmo, la tripulación se separó en dos grupos; el grupo de Wafer se dirigió al Golfo de San Miguel en donde se perdió. En los dos capítulos introductorios encontramos detalles de la tragedia del viajero e importantes descripciones geográficas, las impresiones de su estancia con los indios que constituyen, si se quiere, un ensayo etnográfico, y su búsqueda a pié, de una salida a la costa que le permitiera retornar a Londres. En el capítulo III, en tono de naturalista, Wafer se ocupa de la descripción ordenada de las riquezas naturales, en especial los árboles. En el capitulo IV describe la fauna. En el V, “todas las aves de tierra y de mar y los insectos”; en el capítulo VI “los peces de mar y de agua dulce”. En el capítulo VII y XVIII se ocupa de la descripción de la población indígena, sus características físicas, sus costumbres; las habitaciones, plantaciones y oficios. En donde más se detiene en la descripción geográfica es en el Capítulo II “Descripción del istmo”, que es la que resulta más oportuna para nuestro análisis, el cual, no sigue la cronología de los acontecimientos de la obra ya que se trata de un texto en donde el autor mismo advierte: “No se debe esperar que sea un diario completo, o una relación histórica de todo lo ocurrido en el teatro de mis correrías, sino como una descripción, tan particular como puedo darla, del istmo del Darién, donde se me dejó entre los indios salvajes3.” Nuestro interés se centra en el istmo del Darién como teatro y geografía de las correrías a que nos conduce Lionel Wafer.

Delimitar el istmo

5En 1718 el Virreinato de Santafé se estableció con los siguientes límites: “Comprende sobre el mar del Norte toda la costa que se extiende desde las fronteras de Guatemala hasta el saco de Maracaibo4.” Esta visión amplia y comprensiva de un pensador de finales del XVIII es la misma de un geógrafo actual acerca del Caribe. Se trata de un espacio que, desde comienzos del siglo XVI, conformó una unidad a partir de Cuba y la Española. Específicamente para la Nueva Granada, el espacio costero es la conexión con el mundo. El istmo de Panamá, por el ideal y el reto que constituían el cruce transistmico, se destacó como clave de esa conexión. Esta zona del Caribe trascendió el interés de España y fue codiciada y, de diversas maneras, apropiada por otras potencias. Esta penetración se facilitó por la situación que Gerard Sandners describe como una ‘posición estratégica española consistente en una concentración relativamente pequeña alrededor del río Chagres que colapsó en 1739’; y es que estos son los bordes costeros en los cuales las políticas de poblamiento y de control fueron tardías o no exitosas5. En fuentes como los relatos de Wafer y los de otros viajeros ilegales de su época, la importancia estratégica dada al istmo contrasta con la conclusión a la que, no sin razones, llega Sandner al observar la política del siglo XVIII: ‘El istmo se mantuvo como periferia’. Esta percepción es contraria al imaginario filibustero para el cual el gran espacio Caribe no tenía límites sino puntos claves en una ‘especie de unidad territorial’.

6Delimitemos el istmo, entonces, como lo hace Wafer: “Si debiese fijar los límites de esa parte, la más estrecha del istmo, trazaría, como límite occidental, una línea que pasara de la boca del río Chagres, en el punto donde desagua en el mar del norte, a la parte más próxima del mar del Sur, y al oeste de Panamá; de suerte que encerraría esta ciudad y a Portobelo con los ríos Chepo y Chagres”. Nos circunscribimos así al espacio del istmo como centro del circuito Caribe Occidental –Océano Pacífico: “Está bien limitado al norte y al sur por ambos mares. Si se observa que es el terreno más estrecho que los separa, y que hay que hacer un rodeo prodigioso para ir por mar de una costa a la otra, habrá de admitirse que su situación es muy singular y muy halagadora6.” Este espacio, desde la visión de pasajero ilegal de su autor, es el espacio en el que se ubicaron otros como él, sujetos que ayudaron a configurar el uso del istmo como lugar de paso. Muestra de ello es que Morgan en 1670 entró por el Castillo de Chagres, pasando por el puerto Cruces, llegó a Panamá y la saqueó. Son esas constantes las que terminaron por abrir la ruta Nombre de Dios/Portobelo/Rio Chagres/Panamá, la cual se consolidó como la ruta transoceánica usada por diversos actores. El Chagres fue, por mucho tiempo, la clave del paso entre los dos mares. Una ruta que no era nada fácil de cruzar y la única promesa trasistmica visible. Como escribiera el ingeniero Joaquín Fidalgo un siglo después de Wafer: “En el curso de este río se encuentran algunos obstáculos, ya por los troncos de árboles que desbarrancados de las orillas se hallan varados en el fondo sin descubrirse y que es preciso evitar para no zozobrar sobre ellos, y ya también por los parajes en que hay poco agua y llaman raudales que obligan a alijar la carga volviendo a cargar luego que pasan a suficiente agua, lo que retarda el viaje7.”

7Las rutas comerciales oficiales que confluían en las ferias anuales, cuya frecuencia decayó a lo largo del siglo XVII, fueron la guía de las autoridades españolas para la protección del tesoro más que el dominio el espacio geográfico en sí. A finales del siglo XVII la idea de proteger militarmente el istmo se tradujo en algunas acciones como el inicio de las fortificaciones de Panamá iniciadas por Alonso de Villacorta en 1674. A pesar de dichas acciones, adelantadas a veces en puntos geográficos aislados, la soberanía absoluta siempre estuvo cuestionada y el comercio ilegal fue en asenso al igual que la introducción de los ingleses, como muestran documentos como el de Wafer o las memorias de su contemporáneo el filibustero Alexander Exquemelin, sujetos que no por ser ilegales a los ojos españoles, carecían de un organizado sistema económico8. Posiblemente las memorias de Wafer o Exquemelin, – especialmente porque describen las posibilidades de supervivencia en las costas americanas -, funcionaron como mecanismo retórico que ayudaba a garantizar la continuidad de dicho sistema, ente otras cosas, por que una correcta información sobre las condiciones de las costas evitaba cometer errores que podían salir muy caros. Estas fuentes nos muestran, también, territorialidades diversas en el sentido que entiende Guillermo Castro, lo transistmico. Este autor destaca ciertas constantes en el istmo, entre los siglos XVI y XIX: monopolio del tránsito por una sola vía – la del Chagres -, la tensión producida por la sujeción de la ruta al control estatal y la presencia de diversos actores que ponen en cuestión dicho control9. El paso interoceánico nos habla de una sociedad integrada por grupos sociales que se organizan en el marco de una estructura de poder en medio de conflictos y tensiones que se pueden apreciar en documentos como el que nos ocupa y en otros más elaborados como los proyectos del Virrey Antonio Caballero y Góngora, escrito a finales de 1.700, que citaremos más adelante.

Las condiciones climáticas

8El istmo panameño, según las fuentes citadas, tiene características particulares que lo hacen húmedo y bochornoso. “La estación lluviosa comienza en los meses de Abril y Mayo, y las lluvias son muy violentas durante los meses de Junio, Julio y Agosto. Pero en ese mismo tiempo, si el sol llega a penetrar una nube, hace un calor sofocante porque entonces las brisas que sirven para refrescar el aire, no soplan por lo regular10.” “Desde la Calidonia hasta la punta de San Blas, es también la costa brava en tiempo de brisas, pero las muchas islas, cayos y bajos que cerca de ella hay, forman algunos surgideros, y canalizos muy abrigados y seguros en todo tiempo y a donde van los extranjeros para hacer el comercio ilícito con la Provincia de Panama11.” Estas, como otras informaciones de Wafer, fueron útiles tanto para la navegación como para la elección de sitios de supervivencia en el tiempo en que se desarrollaban las incursiones. La zona del istmo se explica por su condición climática también y en las diversas descripciones no se niega la importancia de este aspecto. Ingenieros como Fidalgo, harán, a la manera de Wafer, algunas observaciones que recurren a la naturaleza para explicar el clima de Portobelo; según él, como la ciudad está rodeada de cerros, el viento no la atempera, por lo tanto el calor es excesivo y los árboles “exhalan vapores que forman nubes que se convierten en aguaceros frecuentes12”.

9El relato de un italiano a mediados del siglo XIX describe el clima del Darién. Recién graduado en Ciencias Naturales en Turín, Enrico Festa viajó por Túnez y Siria y diseñó un plan para viajar al Amazonas. La frustración de dicho plan lo condujo al Ecuador en 1895; en su periplo, y mientras esperaba en Panamá que cesaran los levantamientos en el Ecuador, debió quedarse por largo tiempo en el istmo de Panamá. Durante ese tiempo, el Darién se convirtió en el objeto de su mirada de naturalista. Zoólogo por excelencia, Festa se quejaba – como lo hubiera hecho Humboldt -, de los permanentes daños causados por el clima en las piezas de animales y de la dificultad para conservar material biológico. Como para Wafer en sus días, para Festa, el clima, con sus cambios repentinos en las corrientes de los ríos, los rumbos de vientos o mareas, fue una caja de sorpresas. Un ejemplo de ello es su llegada al Archipiélago de las Perlas en donde el viento mantuvo parada dos días la goleta en que viajaba: “Además sobrevino una llovizna que duró un día entero y no se empapó; todo esto se agregaba la incomodidad de la sed, ya que los marineros se han olvidado de renovar la provisión de agua dulce13.” Festa refiere también la extrema incidencia de los periodos de lluvias en el desarrollo de los viajes y desplazamientos:

10“ El clima del Darién es caluroso y húmedo; las estaciones son dos: la seca o verano, que dura desde diciembre hasta mediados de Mayo, y la lluviosa o invierno que dura desde mediados de Mayo hasta fines de noviembre. Latente, la temporada de lluvias tiene un breve intervalo de relativa tregua, llamado ‘veranito de San Juan’, que dura de mediados de junio a mediados de julio. Durante la época de lluvias, éstas no duran todo el día: comienzan al atardecer, llueve toda la noche y en la mañana el cielo está despejado14.”

11Si tenemos en cuenta las estaciones de lluvias descritas por Wafer y su incidencia en su viaje, vemos que en mucho, coinciden con las descritas por Festa. Concluiremos, entonces, que no fue precisamente un ‘Veranito de San Juan’ lo que tuvo que vivir Wafer a su llegada el 10 de mayo de 1681, fecha en que se detiene en el Darién junto con dos compañeros de extravío. Después de tres o cuatro días durante los cuales permaneció preso por los indios, se encuentra con Spratlin y Bouman, otros compañeros, junto a quienes permanece quince días, tiempo en que Wafer se sana de una herida que trae en su pierna a causa de un accidente con pólvora a bordo del navío. En los días siguientes, con un clima lluvioso, no ocurre mucho; los indios esperan y se toman su tiempo para decidir qué hacer; al fin deciden quemar a los ingleses en la hoguera, pero Lacenta – jefe indígena con quien después Wafer trabará amistad a raíz de un intercambio en conocimientos de medicina -, los disuade de ello y les ordena llevar los cautivos al Norte. Marcharon hacia el Norte durante tres días continuos, bajo fuertes lluvias que generaron tal desbordamiento en el río por cuya orilla caminaban, que se vieron obligados a acostarse bajo los árboles, a cuyo amparo, se queja Wafer, era imposible preservarse de la humedad. Al tercer día, los escoltas indios abandonan en un lugar laberíntico a los ingleses. Al cuarto día, los ingleses encuentran una colina y allí acampan; al quinto día prosiguen al Norte y cruzan el río; Bouman es arrastrado por la corriente y tenido por muerto. Al cuarto día lo encuentran vivo. Durante la ocurrencia de estas peripecias, las tormentas fueron tan fuertes que al ver la inundación causada, Wafer y sus compañeros, en lugar de atribuir a las fuertes lluvias el rápido crecimiento y decrecimiento del río, juzgaron que esto provenía del contacto del río con una marea, y asumieron erróneamente estar cerca del actual mar Caribe. Al sexto día, encontraron otro río que se juntaba con el anterior y quedaron así atrapados sobre una colina en la que confluían los dos. Allí, superado el asombro y haciendo ingentes esfuerzos por ignorar el hambre y el cansancio, resuelven hacer balsas para bajar el río hasta la costa del Mar del Norte. Pero al día siguiente, poco tiempo después de amanecer, se desató una nueva tormenta que duró hasta media noche; tal fue la intensidad que el agua llegaba, según Wafer, a unos cuatro o cinco pies, lo que hizo que se vieran obligados a treparse en los árboles de algodón y aún así el agua les llegaba a las rodillas.

12Siguiendo la cuenta de los días, partiendo de la llegada de Wafer al Darién, los finales de mayo e inicios de junio, el comportamiento de las aguas en la estación de las tormentas, no era solamente el peor tiempo para llegar al lugar sino para adelantar en él reconocimiento alguno y menos, – como sabemos por el relato acerca del ánimo de Wafer -, aspirar a encontrar prontamente la costa para regresar a Inglaterra.

Ríos y Montañas

13Sea de viva voz, o a través de la lectura de las narraciones escritas por los expedicionarios que lo antecedieron, todo navegante desea conocer las condiciones de la costa a que llega. Aún más, cuando el caso es que ‘nadie le espera’, que es el caso del filibustero, y tendrá que intentar aproximarse de manera suprepticia para atracar. Por ello prevalece un tono instructivo. Este párrafo, por ejemplo, más instructivo que el de Wafer, muestra en qué lugares se puede navegar seguro en el Agua profunda; y también advierte: “but at Segnetta, which is on the N. E. side, you may ride safe in deep Water, and free from any denger15”, para garantizar que el recorrido sea exitoso. Se trata de un fragmento de un narrador que Wafer citará como autoridad, al Capitán William Dampier quien aconseja cómo lograr un buen acceso a la costa. Una vez asegurado este acceso, queda por iniciar el avance al interior, por valles pantanosos, mangles, y cadenas de montañas. Ahora bien, son justamente las montañas las que aparecen insistentemente en los relatos que nos ocupan a finales del XVII. A veces aparecen como las causantes de que el caminante se extravíe.

14Son las mismas montañas a las que Alexander Von Humboldt se referirá, más de un siglo después, como retos a superar en su Proyecto de comunicación entre dos mares. Preocupado por establecer una comunicación entre los dos mares, Humboldt insistirá, en sus palabras, en que es necesario hacer un estudio antes de descartar – como al parecer hacían algunos de sus contemporáneos -, el proyecto del canal interoceánico. Humboldt manifestó estimar ‘sin fundamento y completamente prematura’ la de que no es posible establecer un canal oceánico. Pero para ello, había que adelantar el siguiente estudio:

15“La exploración ipsométrica del istmo en toda su longitud, pero en especial cerca del golfo del Darién, en el sitio en que se enlaza con la tierra firme por la antigua providencia de Biruquete y sobre las playas del mar del sur, entre el Atrato de la bahía de Cupica, en el lugar en que la cadena de montañas que atraviesa el istmo se desvanece casi por completo16.”

16Es muy frecuente y llamativo en toda la cartografía colonial del istmo de Panamá, el detallismo con que se muestran las montañas. Así nos lo deja ver un mapa del Archivo General de la Nación17. Pueden apreciarse sobre el Mar del Sur, la ciudad de Panamá, al frente las islas Taboga, Taboguilla, Naos, Flamenco y Perico. Vistas desde el Mar del Norte, se aprecia la ciudad de Portobelo y se impone la desembocadura potente del Río Chagre. Se aprecian las diferentes montañas en cadena. También, aquellas de que nos hablan los relatos, montañas escarpadas sobre el Mar del Norte a instancias de Portobelo y Chagre.

17Al leer relatos como los de Wafer, la representación cartográfica de las montañas del istmo, pueblos, ríos y caminos, traduce lo que experimenta quien, luego de haber superado las montañas a pie, la describe. Wafer, por ejemplo, afirma que rara vez conoció un terreno tan desigual, lo que para él significa que el paisaje es formado por pequeñas montañas escarpadas. “Esas montañas no son de roca pura, y no producen sino arbustos”. Pero Wafer no sólo se ocupa de las montañas cuando ellas, como si se tratara de seres mentirosos, le han hecho perder el camino, con la promesa de que al superarlas, se podrá fácilmente encontrar una salida a la costa. Las montañas y su relación con las costas, son una constante en la narración que nos ocupa, y en muchas descripciones del Darién:

18“En el interior del país sólo se ven altas montañas escarpadas, cuyo terreno sin embargo es bueno, y donde hay grandes selvas, excepto en los lugares que los indios sometidos, tributarios de Portobelo, han desmontado para hacer sus plantaciones. Estas son las primeras que se hallan en la costa, bajo el gobierno español, y no se ven enseguida hasta Portobelo, y aún más allá, sino casas aisladas, dispersas a uno y otro lado, o pequeñas aldeas. Se ve también algunos centinelas hacia el mar, que ponen para seguridad de la ciudad18.”

19Cuando el narrador da importancia a las montañas no sólo nos habla de su condición de caminante desesperado. Es preciso anotar que cuando quiere escapar de los indios ha intentado algunos caminos en un intento frustrado, entre otras cosas, por la dificultad de superar cadenas de montañas en las cuales le es imposible orientarse. Llama la atención que en distintos relatos sobre caminantes en esta zona, haya un momento en que se tiene una vista del Mar del Sur, desde una montaña, el caminante piensa que ha cruzado el istmo, pero, en realidad ha seguido el curso del Chagres y tiene de nuevo la vista del mismo Mar del Norte. Esa cumbre era muy conocida por los indios, quienes guardaban el secreto de cómo alcanzarla.

20Allende su tragedia personal, la conciencia narrativa de Wafer está orientada a futuras expediciones para alcanzar el Pacífico. Futuras expediciones que, gracias a los relatos, pueden garantizar su éxito con la prevención de innecesarios y peligrosos extravíos. Esta conciencia es evidente, por ejemplo, en su descripción de las posibles condiciones de desplazamiento y distancias desde el istmo hasta Buenaventura y, desde allí, a las islas Gorgona y la del Gallo. En cuanto a montañas y ríos, el relato que nos ocupa destaca la particularidad de la geografía se resalta y, en ella, la abundancia: “Se ven allí gran número de ríos, arroyos y fuentes que no se secan nunca. Los unos desaguan en el mar del Norte y los otros en el del Sur19.” Aquí el narrador tiene un importante motivo para detenerse en las calidades de estas corrientes, las cuales, ofrecen también, una promesa de vía interoceánicas. Las mismas que, un siglo después, hacen parte de los proyectos ilustrados en los cuales se planteaba ‘unir estos ríos’. Entre el río Chepo y Panamá, más al oeste, hay tres ríos que no son de grande importancia – continúa el narrador– “La costa es baja e igual, seca casi por todas partes – y cubierta en algunos puntos, cerca de la ribera, de zarzales.” Wafer nos está hablando de una zona en la que se puede apreciar aquello que Braudel enunciaba como sujeto histórico, el poder de la naturaleza, su lento fluir y, por qué no decirlo, la imposición de su lógica. No es extraño que en el istmo se generen acciones derivadas de la naturaleza del espacio; tanto aquellos que escribieron al inicio del XVIII como quienes lo hicieron al final, no dudaron en mostrarlo. Es el caso del traslado de ciudades como Nombre de Dios, relevada por Portobelo, entre otras cosas, por la condición morfológica de las costas de esta segunda, mucho más apta para recibir los buques. Muy a propósito, encontramos en un texto de inicios del XIX esta definición:

21“- Portobelo: Esta ciudad recibió su nombre de Cristóbal Colon por la belleza de su bahía. Su clima es tan insalubre que se la ha llamado la tumba de los europeos; podría decirse que lo es de los hombres, pues la influencia de su atmósfera es igualmente fatal a todos20.

Transitando entre islas

22Las islas son para los filibusteros una promesa de abrigo, comida y supervivencia, por eso las detalladas descripciones de las mismas son vitales. Así lo entendió el Capitán William Dampier, famoso por sus ilegales correrías marítimas, quien tempranamente publicara su colección de viajes por el mundo, y con quien Wafer hubiera viajado en otra oportunidad. Dampier destaca la importancia del espacio insular, no sólo como amparo en las correrías sino por un aspecto que resulta determinante y es la posibilidad de acercarse al istmo.

23“From Chepelio to the island of Planta, is seven leagues. It lieu’s a league from the Main, and the water about it is indifferently deep; but near the Main it is all along shole water, not above four Foot, though you be a league from the shore. Y más adelante: From Point Garachina to Port Pinas, seven leagues. North and South.The Port of Pinas has two small islands at the Mouth of it. But, if you please, you may sail close by them; for there is no danger; neither is there less than twelve or fourteen Fathom water. At this place is good wooding and watering. The Land is high and very woody, and goes up hollow in the middle. It is very full of Pine – Trees, and thence called Port Pinas21.

24Otros factores que adicionan importancia a las islas son la abundancia de madera para los barcos, la posibilidad de un buen puerto y de establecerse temporalmente. Ahora bien, las islas interesan a William Dampier también por su relación estratégica con el continente por ello describe en el Golfo de San Miguel muchas islas y ríos. Y afirma que, en la medida en que iba describiendo iba diseñando los asaltos lo cual vuelve a resaltar el carácter práctico de la descripción geográfica.

25“This Cape is low Land, full of Creeks, and near it, is shole water. At this Cape begins the of St Michael, in which are a great many islands, Rivers and Sholes; although in some places the Water is deep and smooth, and good anchoring. It was up one of these Riveres that we went, designing, to take the Town, which we called Scuchadero22.”

26Advierte también que, al sur de Puerto de Quemado, está el de Santa Clara, que es un puerto malo pues queda abierto y expuesto a fuertes vientos. Luego, en un orden tan riguroso como el de un derrotero científico describe “a lo largo de la costa”, varios puertos buenos, paisajes agradables y agua fresca.

27Cuando Wafer describe la ruta que de Jamaica conduce al Pacífico, se detiene en Cartagena, desde donde la ruta debe seguir en el punto Escribano hasta Nombre de Dios – o sus vestigios -, Portobelo y Panamá. En la mitad del tránsito cobran vital importancia como eje de toda la ruta, las islas denominadas Sampallas. Esto nos muestra uno de los elementos más encantadores de la visión del dominio que tenían los sujetos ilegales; el control de las islas y del tránsito entre ellas. A tres leguas de la punta de Sampallas está el puerto Escribano que según Wafer es bueno cuando ya se ha anclado, pero con una entrada rodeada de rocas que lo hace un paso muy peligroso. “Aun parece que no haya fondo para recibir los buques de tamaño regular23.” El uso de este lugar Escribano no es frecuente según Wafer “a menos que un corsario entre en él por casualidad24.”

28Estas islas son, en cierto sentido, una promesa de acceso al interior y, como no están fortificadas, un óptimo punto de partida hacia el continente. Es lo que se puede deducir del tono de la siguiente descripción en donde se nota la paciente observación que se ha hecho del comportamiento de las mareas y de las diversas épocas del año. “Esta isla no está separada del Istmo sino durante la marea alta, y aún entonces los buques no pueden pasar por entre las dos tierras25.” Se refiere a la isla Pinos, la cual, nos cuenta Wafer, junto a otras dos, forman con ella una especie de triángulo: “Su terreno es notable cuando se viene de la alta mar, y parece dividido en dos montañas; está cubierta de grandes árboles, que son propios para toda especie de usos, y tiene una hermosa aunque pequeña fuente de agua dulce26.” Esta comunicación interinsular es constante en los relatos. Ejemplo de ello es otra referencia a las islas Sampallas también conocidas como Mulatas: “Hay un número infinito que se siguen en línea recta, y otras están a los lados a distancias muy desiguales de la costa y entre sí, algunas a una milla, otras a dos o a dos y media. Su vista, unida a la de las montañas y de las grandes selvas que se ven sobre la costa cuando uno viene del mar, forman una perspectiva encantadora27.” “Sea cual fuere el viento que sople, un número considerable de buques puede hallar siempre lugares propios para anclar en la parte interior de una u otra de esas pequeñas islas. Por esto han sido el lugar de reunión más común de los corsarios28.” Y la razón que expone es suficiente: buen abrigo para carenar y posibilidad de cavar para hallar agua dulce.

29Casi un siglo después de la publicación de las contemporáneas obras de Wafer y Dampier, Joaquín Fidalgo en el informe sobre su Expedición ultramarina volvería a hacer notar el valor estratégico de la posición de las Islas Mulatas pero se refiere aquí a las serias dificultades que representa un proyecto para protegerlas. Anota que el escaso conocimiento de ellas, sus canales, bajos fondos y arrecifes amerita iniciar un reconocimiento exacto: “Con el fin principal de que los buques guardacostas pudiesen con conocimiento de dichas interioridades pasar a explorarlas, y evitar el trato ilícito que con los indios hacen los extranjeros, y al mismo tiempo embarazar se establezcan en algún punto de dicha costa caso de intentarlo. En cumplimiento de la orden de dicho jefe aprobada por Su Majestad se procedió con el mayor tesón y cuidado al reconocimiento y posiciones indicadas, sin perdonar para el logro medio alguno por penoso y arriesgado que fuese29.” Los peligros ofrecidos por la naturaleza son advertidos en el siguiente párrafo.

30“To the South East of these islands is a great range of islands, called the Kings islands; they are most of them pretty low and pleasant islands, and very well clothed with tall straight Trees of several forts. About them are a great many very good anchoring places; and upon most of them is good Wood, Water and Fruit. They are in all about forty in number. On the great island called the Kings island (which gives name to all the rest) the Spaniards build good Vessels, which are commonly counted pretty good Sailers30.”

31Esta advertencia la encontraría el lector de comienzos del XVIII en la obra de Dampier. Wafer la cita con justa razón, pues reconoce dos cosas; que dicho Capitán Dampier ya había hecho anteriormente una lograda descripción de la zona, entre otras cosas porque reconocía su autoridad al haber sido tripulante en un barco en donde Dampier había sido Capitán; y que no valía la pena ignorar las recomendaciones del relato para repetir tan arriesgada exploración con menos éxito31.

Movilidad

32El famoso intento de poblamiento de los escoceses en el Darién en 1698 en Puerto Escondido, y su toma de posesión de la costa entre Cabo Tiburón, nos hace reflexionar sobre las dinámicas de la población en la zona. El descuido de España sobre ciertas posiciones – clave siempre fue aprovechada. Tal descuido puede verse reflejado en que los censos de población. Como señala Marta Herrera, al estudiar las sabanas del Caribe colombiano, los censos de población no incluyeron arrochelados, palenqueros, ni otro tipo de grupos que se establecieron temporalmente32. El caso de las largas visitas de filibusteros que se establecieron en las islas y costas y que generaron un comercio dinámico y una amplia gama de intercambios culturales y económicos en las costas de la Nueva Granada y, en general las costas del Caribe, se pueden inscribir allí. Un ejemplo de la movilidad de estos pobladores no censados nos lo puede dar la siguiente observación;

33“España abandonó definitivamente la Tortuga, y Francia empezó un desde allí el desenvolvimiento de una empresa Haitiana. A los bucaneros habían unido los colonos, que sucesivamente fueron estableciéndose a lo largo de la isla para entregarse a la plantación de tabaco. De vez en cuando llegaban españoles y los desalojaban; pero el número de colonos que decía, con lo que el peligro de la desocupación se atenuaba. El colono o habitante, como le llamaban los franceses, constituía ya a una clase de grandes propietarios. Sus riquezas les venían de la explotación pues la tierra está a disposición del primer ocupante33”.

34Esa situación de hecho, debía reforzar la actitud con que ciertos sujetos se instalaban en donde querían. Desde la segunda mitad del siglo XVI personajes como los piratas Hawkins y Drake costearon las costas del Caribe e incluso del Mar del Sur, y poblaron temporalmente algunas islas y costas; esta presencia no se debilitó con el tiempo. Se hicieron famosos algunos de estos visitantes como Pierre Le Grand quien se convirtió en un hombre rico con un solo golpe que asestó en el Cabo Tiburón, tan rico, que no necesitó ninguna incursión más en su vida, lo que nos deja ver la dimensión de las ganancias que buscaban quienes se embarcaban en esta arriesgada aventura transoceánica. Esto muestra también la utilidad que tenía para muchos el establecerse temporalmente en busca del fortalecimiento y el plan de una estrategia exitosa.

35A pesar de que, durante todo el periodo colonial, la ruta por Portobelo – Panamá no fue la única, y de que, las rutas ilegales tenían otros pasos como el San Juan en Nicaragua para cruzar del Mar del Norte al del Sur, los atractivos del istmo eran evidentes. Estos atractivos se hallan descritos en los diarios de sujetos que, como Dampier o Wafer, iniciaron sus periplos finalizando el XVII. Dichas memorias iluminan, tangencialmente, los motivos que asistieron a los pobladores temporales ilegales a que hacemos referencia. Es el imaginario de la búsqueda de un ‘nuevo comienzo’, de un paraíso para iniciar una nueva vida, de un lugar en donde ‘arrancar de cero’. El protagonista de nuestra historia, por ejemplo, en su paso por Virginia, hizo un proyecto para establecerse antes de su regresó a Inglaterra en 1690.

36Ahora bien, acerca de las fuentes para el estudio del peso específico que pudieron tener estos pobladores temporales, y, a pesar de la riqueza de información que pueden aportar fondos documentales como las Causas Criminales, hay cierta dificultad de encontrar reflejados en documentos oficiales de archivo asuntos como la presencia o el control de ilegales; habría que buscar pistas sobre la manera en que en el istmo del Darién pudieron haberse establecido temporalmente filibusteros como los miembros de la tripulación de Wafer. En cambio, son más frecuentes los estudios sobre poblamientos como el famoso caso de los escoceses de la Nueva Calidonia mencionado anteriormente; y se puede acceder a esa información en los documentos oficiales, sin duda, porque se trata de una acción militar – exitosa, además – emprendida por la Corona Española para desbaratar una aldea extranjera que había sido organizada en sus narices.

La respuesta ilustrada a final del XVIII

37La resistencia de los indios del Darién al gobierno español y el permanente riesgo para dicho gobierno, de las alianzas de estos indios con los ingleses, fue una constante hasta los albores de la Independencia de la Nueva Granada. También fue constante en los informes producidos durante estos albores, la necesidad de pacificar principalmente la península de la Guajira y el Golfo del Darién. Del primero de estos aspectos, es conocido el Pacto de Paz que se firmó en 1777 entre el gobierno español y los misquitos. Los atentados indígenas en la costa del Darién motivaron ocupaciones militares en mandatos como los del Arzobispo Virrey Antonio Caballero y Góngora. Antonio de Arévalo se encargó de dicha expedición en 1786; una de las obras más destacadas de este impulso fue la construcción de fortalezas para proteger las poblaciones del Golfo de San Blas.

38

indigenas del Darien: ataviados con sus más hermosos vestidos
indigenas del Darien: ataviados con sus más hermosos vestidos

39El programa ilustrado de Carlos III se ocupó, entre otros aspectos, de la revitalización del comercio marítimo y el control del espacio costero. Para ello, las expediciones se proponían conocer mejor las costas. En las fuentes producidas por los expedicionarios oficiales como Joaquín Fidalgo, encontramos información que tiene un fin militar inmediato y un fin político a mediano plazo, el fortalecimiento geopolítico. Los expedicionarios, autores oficiales, estaban equipados de un aparato científico. Jorge Conde ha señalado que, por las eventualidades políticas anteriores a la Independencia, durante los quince años que duró su expedición, Fidalgo pudo visitar un mismo sitio más de una vez. Si tenemos en cuenta su formación y la oportunidad de estas repetidas visitas, sorprende aún más que coincidan sus descripciones con las de un observador como Wafer, quien no tuvo la libertad para explorar a profundidad las principales costas34. Wafer aporta una suerte de detalles que reaparecerán en las notas de Fidalgo un siglo después. Lo que podemos concluir de lo anterior, es que el conocimiento empírico y la información previa con que los ingleses ampararon las empresas filibusteras era de tal calidad que fue conservada y publicada. Como coincidencia, el derrotero de Fidalgo tuvo la dirección del que había seguido Wafer junto a Dampier. Aunque se puede profundizar más sobre los motivos de nuestro narrador, podríamos decir hasta aquí, que la visita de Lionel Wafer, sus finas observaciones y su experiencia, son las bases de la construcción de un imaginario geográfico que encuentra su vigencia en la naturaleza misma del espacio. Es ella, la particular geografía del istmo, – la que ocupa a los ilustrados -, la misma que lo condujo a Wafer a la escritura.

40La respuesta del siglo XVIII a la situación en que se encontraban las costas y, en general el istmo del Darién, estuvo enfocada a dos aspectos generales que, según se vea, estaba dirigida a dos actores principales que habían entrado en contacto a espaldas de la corona española, de una parte, los extranjeros ingleses o franceses o de cualquiera otra nacionalidad y de otra, los indios que habían resistido al control. Muy significativo es el temor de los representantes de la Corona a la relación que se pudiera tejer entre los extranjeros y los indios. Un interesante argumento es el de Andrés Ariza, último gobernador de la Provincia del Darién. Ariza enfocó sus esfuerzos a promover el progreso, a través, entre otras obras, de la construcción de una red de caminos. En su búsqueda del progreso, reflexionaba así acerca del rol de los habitantes en su proyecto:

41“Los indios de la parte, como son los de Calidonia, Gandi al norte y los de Chucunaque, Sacanas y Bayano al sur, que se comunican entre sí por varios breves caminos les ofrece su traficado terreno del istmo, todos son muy crueles y tiranos acaso también por los influjos que les comunica nuestros cautelosos enemigos los extranjeros situados por la costa de las mulatas; persuadiéndoles que los españoles por vía de la religión son unos usurpadores de la libertad de los hombres, y por tanto de algunos años a esta parte no tan solamente resisten nuestra amistad con tanto empeño, sino que por todos los medios posibles procuran con inhumanidad nuestro exterminio – si fuera posible en sus débiles fuerzas35.”

42Otro ilustrado, Francisco Silvestre, relaciona estas calidades de los indios con el atraso en la agricultura, la cual es sinónimo de progreso en el proyecto ilustrado. Se refiere a la libertad en que se mantienen los habitantes y la dificultad de concentrarlos. Así se refiere a la situación del Darién:
bq. “La fertilidad de su terreno es grande en cua¬renta leguas o más que se extiende a lo largo, y en cator¬ce o diez y seis que ocupa a lo ancho, aunque es en unas partes más y en otras menos. Mas los indios rebeldes que corren por todas ellas, impiden en lo interior su población y labranza36.”

43Estos elementos, libertad, ausencia de control, sumados a un terreno traficado, son los que reflejan los temores de los informes de estos ilustrados. Pareciera que la descripción de las calidades de los indios cobra importancia justamente en la expresión ‘traficado’ terreno como podemos observar bien en este mapa37. Es precisamente al gobernador Andrés Ariza, a quien debemos este mapa que reposa en el Archivo General de la Nación, Plano de la Provincia del Darién del Sur. En muchos detalles se puede suponer que es un mapa de trabajo; aparece información que, a la manera de las citas de autoridad de Dampier usadas por Wafer, le dan, irónicamente, a este Capitán un reconocimiento en la zona. Se trata de la línea punteada en la parte superior izquierda en la cual sobresale de su puño y letra: Viaje que dos veces hizo William Dampier volviendo por Chucunaque a Calidonia o Carolina desde la Punta de San Lorenzo. Pueden verse, entre otros detalles, sobre el Mar del Norte, al final de la frase anterior, las famosas islas de Los Pinos y Calidonia y el Puerto Escocés. Del lado opuesto en diagonal a este conjunto de islas, ya sobre el mar del Sur, se ve el Golfo de San Miguel. Al lado inferior derecho hay otra huella de los sujetos ilegales similar a la de Dampier: es la Punta Cana en donde escribe en el dibujo, como una prolongación de sus preocupaciones: “Las minas de oro de Cana son las más ricas de la América y han sido saqueadas varias veces por los piratas.” Ariza repasa los caminos de los indios y de otros habitantes para comparar la facilidad de las comunicaciones. En el mapa mismo se puede leer: Las líneas de puntos manifiestan los caminos conocidos y practicados varias veces de unos pueblos y ríos a otros. Así evalúa el gobernador, la situación cuyo análisis refleja en su mapa:

44“Después de un examen bastante prolijo haciendo reflexión para la serie de los tiempos, vine a sacar por consecuencia que su mucha riqueza fue la causa de su desolación por la codicia de los extranjeros, que celosos de la abundancia de oro que producía los minerales de Santa Cruz de Cana y otros muchos que hay a la parte del sur de dicha provincia la saquearon tan rigurosamente, que algunos a sangre y fuego llevaron la población38.”

45El mapa de Ariza refleja la respuesta ilustrada a que nos referimos, pues en sus trazos aparecen las huellas de los actores sobre el territorio. Sus caminos punteados proyectados sobre el papel, parecen la promesa del ejercicio del control. Ariza, como otros que fueron funcionarios en el Darién, era conciente de las desventajas frente a la libertad de algunos sujetos. En el siguiente documento, otro funcionario, Don Ygnacio de Quiroga informa al Virrey acerca de las ventajas de retirar una prohibición de navegar el Río Atrato. En primera medida, el informe lamenta el hecho de que la prohibición solo cobijara a españoles pues esta situación, según argumenta, sirve de apoyo a los indios rebeldes y a los extranjeros para afianzar su comercio. Su argumento es que los españoles no conocen bien el terreno:

46“… aquellos por necesidad son ignorantes del terreno, y curso del Río, y de las mas o menos ventajosas situaciones, como que se les impide su conocimiento; por el contrario los Extranjeros, con el seguro de que los Españoles no tienen defensa, ni arbitrio de navegar el río, ni traficar sus márgenes; pueden sin recelo fondearlo; demarcarlo, y establecerse donde les pareciere oportuno39.”

47En los anteriores ejemplos, la legalidad es, irónicamente, la cuerda que parece atar a los agentes del Estado para controlar el territorio del Darién. Como el anterior documento, un expediente criminal contra Francisco Humphaius, ciudadano inglés, por haber enviado un negro a reconocer un camino de Portobelo a Panamá, nos muestra el alcance de estas relaciones, su importancia en la apropiación del territorio y su relación con la ilegalidad40. Los contactos, aquellos a los que recurrió Wafer para sobrevivir, como muy seguramente hicieron otros extranjeros, hablan de la recurrencia al conocimiento de los habitantes de su espacio, las claves secretas de su control; sin el contacto con los indios, cualquier tránsito para los visitantes, como para los funcionarios –quienes en ocasiones usaron indígenas como vigías – hubiera sido imposible.

48Podemos comparar algunos fragmentos de los documentos que contienen esa respuesta estatal. El primero: en 1779 José de Gálvez da al Virrey noticias de que los ingleses están interesados en La Calidonia – en donde se habían antes establecido los escoceses -. En estos términos advierte:
“En fin, los ingleses desde que tuvieron el asiento de negros, conocen por palmos todas las costas del istmo, de que levantaron planos exactísimos, y no es extraño que formen sus proyectos contra ellas; pero el rey tiene justa confianza de que Vuestra Excelencia hará por su parte los últimos esfuerzos para que sus tentativas sean tan inútiles y desdichadas, como lo han sido hasta el presente41.”

49El segundo: Caballero y Góngora titula su informe Defensa y colonización del Darién (1784-1788) relata dos principales acciones a que están dirigidas las reformas en el marco de la mentalidad borbónica. Hasta el final del periodo colonial hubo acciones colonizadoras aunque no tuvieron el éxito esperado; proyectos como los de Caballero y Góngora para someter los indios del Darién y colonizar su territorio. Lo mismo ocurrió con relación a la costa de los Mosquitos. La ilusión de la prosperidad con la idea del poblamiento no desaparecería hasta entrado el tiempo de la Independencia. Hubo una confianza en poblar el Darién en los términos de someter la población existente: “Que poblada por nosotros esta Provincia, no podrán intentar los extranjeros algún establecimiento en ella, porque aún cuando lo consideren y se fortificaren siendo nuestra la tierra, se deberían ser precisados a mantenerse encerrados en sus fortalezas, y traer de sus colonias todo lo necesario para su subsistencia, expuestos así a perecer si por cualquier accidente les faltase, y como la idea ante ellos es que les sirviese de almacén para extender su comercio con las Provincias del Perú, pasando sus géneros a la Mar del Sur por esta angostura ocupada por nosotros42.”

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indigenas del Darien: ataviados con sus más hermosos vestidos
indigenas del Darien: ataviados con sus más hermosos vestidos

51El historiador Rafael Abella asegura que durante el último cuarto del siglo XVIII ocurre la gran retirada de la piratería por la acción de los gobernadores y por las órdenes de ejecuciones y empresas de barcos caza – piratas. La desaparición de la piratería o de la filibustería a comienzos del siglo XVIII, que obedece a otras transformaciones mucho más lentas que las señaladas por Abella, – como aquella de pirata a contrabandista43 – nunca garantizó la ausencia de sujetos ilegales que pusieran en cuestión el control de la corona sobre el istmo del Darién como clave de acceso; esto, a pesar del éxito económico obtenido a partir de las Reformas Borbónicas que antecedieron a la Independencia de la Nueva Granada. Enrico Festa, quien se interesó vivamente en la tradición oral del Darién durante el tiempo de su permanencia, asegura con base en las informaciones que recoge, que, a principios del siglo XVIII todavía la región era visitada por sujetos de diversas nacionalidades que eran ‘saqueadores’ de la riqueza de la zona44.

Relatos que encandilan

52“Este Istmo que une las dos Américas, es por su situación la parte más noble de ellas, y la más capaz de dar paso a los ambiciosos deseos de otras potencias de Europa, que envidiosas tal vez de ver los progresos y fomentos de nuestras posesiones intentasen por él darnos un golpe mortal en nuestras costas del Sur, donde una vez establecidos perturbarían nuestro comercio y tal vez nuestra tran¬quilidad y gobierno, con detrimento de nuestros intereses y de la soberanía de nuestro cathólico monarca; cosa que no han podido emprender tan fácilmente, aunque lo han deseado, por los inmensos obstáculos, dificultades, gastos y peli¬gros que tienen que superar por el Cabo de Hornos45.”

53Así reflexionaba, dirigiéndose al Rey en 1787, el Arzobispo Virrey Antonio Caballero y Góngora en un informe en que exponía las causas del atraso del Darién. Ya el gobernador Ariza en sus ‘Comentos’ nos ha mostrado que cree también que las causantes son la envidia y la ambición de los extranjeros. Vimos como en su mapa quedó plasmada la huella del temor a esa ambición en las minas de Cana. Pero recurriremos a Alejandro de Humboldt para ahondar en otro sentido de la ambición que reflejan los relatos de quienes visitaron la zona. La ambición del conocer la geografía del mundo y de disfrutar de la naturaleza. Humboldt se refiere a este conocimiento, no sólo como uno de los goces más elevados del espíritu, sino como un: “Antiguo e indestructible derecho de la humanidad; figura entre sus riquezas, y es frecuentemente la compensación de los bienes que la naturaleza repartido con parsimonia sobre la tierra46.” Y esta será, una vez ocurrida la Independencia de la Nueva Granada, y suspendida la secuencia de producción de informes oficiales sobre el estado del Darién, la explicación de que la geografía del istmo haya sido siempre, desde su ‘descubrimiento’, el objeto de relatos y descripciones. Es también la razón, de que haya seguido siendo objeto de extensos relatos para el XIX como es el caso de Festa.

54Por una parte, es cierto que, como se afirma en el primer texto oficial de geografía de la Nueva Granada independiente, la Provincia de Panamá forma ‘la garganta entre las dos Américas septentrional y meridional’, y que por ello: “La posesión del Ismo es bien preciosa, porque él parece destinado a ser el entrepuente del comercio entre la Europa y la Asia, y el centro del de América. Colocado en medio de esta y de los dos grandes océanos, a una distancia casi igual entre la parte occidental y la oriental del antiguo mundo, con hermosos puertos en ambas – costas, y un transito brevísimo de la una parte a la otra parece que nada deja que desear47. Pero, por otra parte, – y sin intentar desconocer la riqueza económica de la zona y la cruel expoliación a que fue expuesta a lo largo de los siglos -, Humboldt ha otorgado al Darién un lugar de privilegio en sus notas que no está reducido a la geopolítica o a la economía, y que pertenece, también, al lugar en la narrativa.

55“En las épocas heroicas de su historia, no se dejaron en guiar los portugueses y castellanos únicamente por la sed del oro, como se ha supuesto interpretando mal el espíritu de aquellos tiempos. Todo el mundo se sentía atraído arrastrado hacía los azares de las expediciones lejanas. Los nombres de Haití, Cubagua, y de Darién, habían seducido las imaginaciones a los comienzos del siglo, como sucedió después de los viajes de Anson y de Cook, con los nombres de Tiñan y Taiti48.”

56Las memorias de Festa también ofrecen testimonio del anterior motivo de viaje. En sus frecuentes conversaciones con los habitantes del Chepillo cerca al Río Tuira, ha cambiado sus rutas a causa de sus relatos. “Ellos habían hablado de una gran laguna que se encontraban no muy lejos de la ribera del río, casi frente a su pueblo, y describiendo la rica vegetación poblada por innumerables y extraños animales lacustres. Seducido por su relatos, decidí ir a explorarla49.” En ese sentir, Festa reconoció la importancia de las descripciones y su relación con las posteriores exploraciones de una zona. Hemos mencionado arriba, el famoso caso de los escoceses de la Nueva Calidonia y de la acción militar exitosa de su expulsión por parte de la Corona Española. De esta acción Festa, hace su muy particular reflexión histórica:

57“En 1698 el escocés Patterson, encandilado por los relatos de un tal Wafer, quien fuera antes cirujano del Corsario Drake, intentó colonizar la rica región. Organizó una expedición militar, desembarcó en la bahía de Caledonia y fundó allí una colonia a la que llamó Puerto Escocés. Pero a los pocos años, por falta de auxilio, desde Inglaterra, se encontró en condiciones críticas: los indios se rebelaron, los colonos fueron diezmados por las epidemias, de suerte que en 1710 no les fue difícil a los españoles expulsar a los pocos colono supervivientes50.”

58Sin entrar ahora en el análisis de las probabilidades de que Patterson y Wafer se hubieran conocido personalmente en Londres, resulta fascinante la afirmación de Festa; la responsabilidad histórica y retórica que otorga a Lionel Wafer. Si hasta el momento, la naturaleza ha cobrado su lugar como sujeto histórico, arrebatando al sujeto mismo que es el viajero, el turno es ahora para Los viajes de Lionel Wafer al Istmo del Darién. Esta mirada cambia completamente la percepción del Darién como un lugar saqueado y violentado por sujetos sin derecho legal alguno sobre su territorio. Es la naturaleza de esta región subyugante, su ‘preciosa’ posición, la que nutre el espíritu del relato. Y es el relato el que despierta, entre muchos efectos en el ánimo, el de la codicia. El relato es casi otro viajero, el que carga sus paisajes y noticias darienitas, el que trasciende las fronteras y el que conquista a otros viajeros.

Notas de pie de página

591 Sandners señala que a mediados del s. XVI la Audiencia de Guatemala planteó la iniciativa de un paso transistmico entre El Salvador y Puerto Caballos como alternativa a la ruta por el Chagres. También el río San Juan en la actual Nicaragua ofrecía una vía más expedita al Pacifico. Véase: Gerard Sandners, Centroamérica y el Caribe Occidental, Coyunturas, crisis y conflictos 1503 -1984, Universidad Nacional de Colombia, Sede San Andrés, Traducción de Jaime Polania, Bogotá, 2002.

602 Rafael Abella, Los piratas del Nuevo Mundo, Colección Memoria de la Historia, Editorial Planeta, Barcelona 1989, pág. 87.

613 Lionel Wafer, Los viajes de Lionel Wafer al Istmo del Darién, Editado por Biblioteca Popular, Tercera Edición hecha por Vicente Restrepo, Medellín 1990, pág. pág.21

624 Pedro Fermín de Vargas, Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana- Ensayos, Volumen VI , Bogotá, 1944, pág. 3.

635 Portobelo, fundado en 1597, pareció una respuesta de España a la fuerza que iba tomando la estratégica situación que el istmo y la experiencia del comercio tanto legal como ilegal en la zona. Aún así la inversión en administración no fue suficiente.

646 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 50.

657 Joaquín Francisco Fidalgo, en Notas de la Expedición Fidalgo (1790-1805), Editadas por Jorge Conde Calderón, Fondo Editorial del Bolívar Grande, Bogotá, Colombia, 1999, págs. 75-84.

668 Esto puede verse por ejemplo en los relatos de Exquemelin, famoso por instaurar el código de honor de los “Hermanos de la Costa” con su No hay botín, no hay paga.

679 Sandners, Centroamérica y el Caribe Occidental.

6810 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 65.

6911 Cartagena de Indias, 31 de Marzo de 1761.Don Antonio Arévalo en: Cuervo, Antonio B., La Comarca del Chocó (El Golfo de Urabá, el río Atrato, las provincias del Zitará y Darién), en: Conquista del Nuevo Reino de Granada en: Geografía y la Historia de Colombia, Casa Editorial de J. J. Pérez, Bogotá, 1892, pág. 261-273.

7012 Fidalgo, Notas de la Expedición, 1999.

7113 Enrico Festa, Nel Darien e Nell’Ecuador, Diario di viaggio di un naturalista, Torino 1909, Traducción María Victoria de Vela, Ana María Soldi y José Alvarez, Ed. Monumenta Amazónica, Quito 1993, pág. 79.

7214 Festa, Nel Darien e Nell’Ecuador, pág. 23.

7315 William Dampier, A Collection of voyages, Printed for James and Jonh Knapton, at the Crown, Institute Paul’s Church, London, Vol. IV, MDCCXIX.

7416 Alejandro de Humboldt, Proyecto de comunicación entre los dos Mares. En Enrique Pérez arbeláez, Alejandro de Humboldt en Colombia – Extractos de sus obras compilados y prolongados con ocasión del centenario de su muerte en 1859. Santafé de Bogotá, 1959, pág. 142.

7517 Archivo General de la Nación pieza MP4-REF 565 A 2 VER MAPA.

7618 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 58.

7719 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 50.

7820 “_Sobre la geografía política de Colombia, proporcionada para la primera enseñanza de los niños en este importante ramo de su educación reimpresa con la mayor exactitud y esmero bajo la inspección de un colombiano en New Cork_ – 1827. Archivo Histórico de la Biblioteca Nacional VFDU1-1138 – Folio 141.

7921 Dampier, A Collection, pág. 156.

8022 Dampier, A Collection, pág. 151.

8123 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 56.

8224 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 56.

8325 Los viajes de Lionel Wafer, pág.56.

8426 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 53.

8527 Los viajes de Lionel Wafer, pág.54.

8628 Los viajes de Lionel Wafer, pág. 55.

8729 Joaquín Fidalgo, Notas a la Expedición, págs.75 – 82.

8830 Dampier, A Collection, pág. 151.

8931 El siguiente prólogo a la primera edición de A Collection, Dampier, circulante entre los ávidos lectores europeos, nos da idea de la credibilidad a que se hizo acreedor el autor. “_The Voyage and Descriptions formely published by Capitan William Dampier, have met with so good Reception and universal Approbation in the World; and there has been so general an Expectation of the Success of the present Expedition, under the command of a Person so perfectly acquainted with those Parts of the World to which we were bound, and so well skilled in the Trade, Shipping, Customs and Designs of the Spaniards, against whom we were employed; that I presume there needs no Apology, for publishing the following Account_”. (tomado de la edición citada).

9032 Marta Herrera, Ordenar para Controlar, Ordenamiento espacial y control político en las Llanuras del Caribe y en los Andes Centrales neogranadinos siglo XVIII, Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICANH, Academia Colombiana de la Historia, Ministerio de Cultura, Bogotá, 2002.

9133 Carlos Pereyra, Historia de la América Española –Tomo V- Los países antillanos y la América central- Piratas y pechelinges, Editorial Saturnino Calleja, pág. 211.

9234 Como han estudiado Horacio Capel, entre otros, la cientificidad del periodo reformista de Carlos III se concentró en la institucionalización del pensamiento geográfico en las academias de Ingenieros militares de las cuales se formaban ilustrados con las herramientas necesarias para proponer estrategias de control de los territorios de ultramar.

9335 Andrés de Ariza, Comento de la rica y fertilísima Provincia del Darién año de 1774. Editado en La gobernación del Darién a finales del siglo XVIII – El informe de un funcionario ilustrado. Compiladores Álvaro Baquero Montoya y Antonino Vidal Ortega, Ediciones Uninorte, Barranquilla, 2004, pág. 85.

9436 Francisco Silvestre, Apuntes reservados particulares y generales del estado actual del Virreinato de Santafé de Bogotá, for¬mados por un curioso y celoso del bien del Estado, que ha manejado los negocios del Reino muchos años, para auxiliar a la memoria en los casos ocurrentes y tener una idea sucinta de los pasados. En Germán Colmenares – Relaciones e Informes de lo gobernantes de la Nueva Granada. Tomo II, capítulo VII, Volumen 135, Ediciones Banco Popular, Bogotá, 1989.

9537 Archivo General de la Nación pieza MP. 2 Ref 1302 – C.

9638 Andrés de Ariza, Comento de la rica y fertilísima Provincia, pág. 35.

9739 Archivo Histórico de la Biblioteca Nacional – FA-Manuscrito 317-doc12- f153 – 1774.

9840 Archivo Histórico de la Biblioteca Nacional – FA- Manuscrito 317- Doc 1 – 1739.

99
fn41. Archivo Histórico Nacional de Santa Fe. Colonia “Protocolo”, 1605 a 1810, No. 6, 162 folio 140. Citado en la Revista Archivo Nacional de Bogotá, No. 44, 1942, pág. 30.

10042 Antonio de Arévalo, La Comarca del Chocó (el Golfo de Urabá, el río Atrato, las provincias del Zitará y Darién), Cartagena de Indias, 1761. En Cuervo, Antonio B., Conquista del Nuevo Reino de Granada en: Geografía y la Historia de Colombia, Casa Editorial de J. J. Pérez, Bogotá, 1892, pág. 261-273.

10143 Adelaida Sourdis Nájera, “Un aspecto de la lucha contra el tráfico ilícito en el Caribe durante el siglo XVIII” Boletín de Historia y Antigüedades, Órgano de la Academia Colombiana de Historia –Separata no. 825, Bogotá, año 2004.

10244 Festa, Nel Darien e Nell’Ecuador.

10345 Informe de Antonio Caballero y Góngora, Arzobispo Virrey de Santafé, Turbaco, 26 de julio de 1787. En José Manuel Pérez Ayala, Virrey y Arzobispo de Bogotá, 1723-1796, Ediciones del Concejo de Bogotá, año MCMLI .

104
fn46. Humboldt, Cosmos, Selección y comentario de Miguel Ángel Miranda, Geocrítica, Cuadernos Críticos de Geografía Humana, número 11, Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona, 1977.

10547 Sobre la geografía política de Colombia, 1827.

10648 Enrique Pérez Arbeláez, Alejandro de Humboldt en Colombia. Extractos de sus obras compilados y prolongados con ocasión del centenario de su muerte en 1859. Santafé de Bogotá, 1959, pág. 23.

107
fn49. Festa, Nel Darien e Nell’Ecuador, pág. 81.

10850 Festa, Nel Darien e Nell’Ecuador, pág. 94.

Bibliografía

109ABELLA, Rafael, Los piratas del Nuevo Mundo, Colección Memoria de la historia, Ed Planeta, Barcelona 1989

110ARÉVALO, Antonio, en Cuervo, Antonio B., “La Comarca del Chocó (el Golfo de Urabá, el río Atrato, las provincias del Zitará y Darién)”, en: Conquista del Nuevo Reino de Granada en: Geografía y la Historia de Colombia, Casa Editorial de J. J. Pérez, Bogotá, 1892

111COLMENARES, Germán, Historia económica y social de Colombia 1537-1719, 3ra. Edición, Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1983.

112——————————-, Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, Tomo 1, Biblioteca del Banco Popular Volumen 134., Bogotá, 1989.

113DAMPIER, A Collection of voyages, London, printed for James and Jonh Knapton, at the Crown, Institute Paul’s Church, MDCCXIX – vol. IV.

114DE HUMBOLDT, Alejandro V, Proyecto de comunicación entre los dos Mares. En Enrique Pérez arbeláez, Alejandro de Humboldt Colombia. Extractos de sus obras compilados y prolongados con ocasión del centenario de su muerte en 1859. Santafé de Bogotá, 1959.

115DE VARGAS, Pedro Fermín, Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana , Ensayos Volumen VI , Bogotá, 1944.

116FESTA, Enrico, Nel Darien e Nell’Ecuador, Diario di viaggio di un naturalista, Torino 1909, Traducción María Victoria de Vela, Ana María Soldi y José Alvarez, Ed. Monumenta Amazónica, CETA, ABYA-YALA, IIAP, Quito 1993.

117FIDALGO, Joaquín Francisco, Notas de la Expedición Fidalgo (1790-1805), Fondo Editorial del Bolívar Grande, Bogotá, Colombia, 1999, pág. 75-84.

118GARCÍA, José Luis, Antropología del territorio, Madrid, Taller de Ediciones Josefina Betancur, 1976.

119HERRERA Angel, Marta, Ordenar para Controlar, Ordenamiento espacial y control político en las Llanuras del Caribe y en los Andes Centrales neogranadinos siglo XVIII, Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICANH, Academia Colombiana de la Historia, Ministerio de Cultura, Bogotá, 2002.

120KONIG, Hans, “Nacionalismo y Nación”, en Cuadernos de Historia Latinoamericana no. 8, Asociación de Historiadores Latinoamericanos, 2000.

121PEREYRA, Carlos, Historia de la América Española –Tomo V- Los países antillanos y la América central- Piratas y pechelinges, Saturnino Calleja Editorial.

122SHARP, William, Slavery in the spanish frontier, Oklahoma, Oklahoma University Press, 1976.

123WAFER, Lionel, Los viajes al Istmo del Darién, Ed. Biblioteca Popular 1ª edición Repertorio colombiano 1880, Tercera Edición Vicente Restrepo Medellín 1990.

124WERNER, Eric, Ni aniquilados ni vencidos. Los embera y la gente negra del Atrato bajo el dominio español. Siglo XVIII. Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2000.

125SANDNERS, Gerard, Centroamérica y el Caribe Occidental, Coyunturas, crisis y conflictos 1503 -1984, Universidad Nacional de Colombia, Sede San Andrés, Traducción de Jaime Polanía, Bogota, 2002.

126
SOURDIS Nájera, Adelaida, Un aspecto de la lucha contra el tráfico ilícito en el Caribe durante el siglo XVIII, Boletín de Historia y Antigüedades Órgano de la Academia Colombiana de Historia – Bogota, – Separata no. 825 – año 2004.

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Para citar este artículo :

Nara Fuentes Crispín, « - El viaje de Lionel Wafer - Un imaginario del Darién », Boletín AFEHC N°31, publicado el 08 agosto 2007, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1668

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