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AFEHC : bibliografia : El puerto de Truxillo, un viaje hacia su melancólico abandono : El puerto de Truxillo, un viaje hacia su melancólico abandono

Ficha n° 1755

Creada: 06 octubre 2007
Editada: 06 octubre 2007
Modificada: 21 noviembre 2008

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El puerto de Truxillo, un viaje hacia su melancólico abandono

Se trata de una monografía del puerto de Trujillo centrada sobre el siglo XIX (1780-1880).
Palabras claves :
Historia, puertos, Hinterland, regiones, Honduras, afrodescendientes
Categoria:
Libro
Autor:

Elizet Payne Iglesias

Editorial:
Editorial Guaymuras
Fecha:
2007
Reseña:

1La dinámica casa editorial Guaymuras1, de la ciudad de Tegucigalpa, ofrece a los lectores centroamericanos una monografía del puerto de Trujillo – fundado el 18 de mayo de 1525 (según el documento de fundación conservado en Sevilla en la sección del Patronato) -, centrada sobre el siglo XIX (1780-1880). La autora, Elizet Payne Iglesias , es docente de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (San José), especialista de historia colonial y egresada del programa de doctorado centroamericano de historia de esta misma Universidad.

2Hay que destacar el doble mérito de la historiadora, puesto que pocos son los investigadores que se arriesgan a introducirse en el siglo XIX centroamericano, debido a la desorganización (o la falta de organización cuando los documentos no han desaparecidos) de los archivos, y que ponen de relieve el papel de las zonas marginales de la región centroamericana, desde una perspectiva braudeliana. Mas allá, el trabajo también es pionero puesto que no se trata solamente de resaltar los principales aspectos de la economía de aquella región, sino de entender la dinámica social en una zona dominada por actores históricos afrodescendientes, en particular los negros franceses (milicianos llegados de Haití dispersos cerca de la Ciudad entre Quebrada Chorro y Rió Negro), ingleses y caríbales (64 % de la población del puerto y sus alrededores sin hablar también de otras categorías de negros como los morenos, los morenos ingleses y los franceses y los mulatos (véase p. 192). De hecho, este libro aporta su piedra al edificio historiográfico que quiere devolver a esa parte de la población centroamericana su verdadero lugar en el panteón de la memoria colectiva2.

3Si este tipo de publicaciones – científica y rigurosa – surge siempre como fruto del encuentro de una investigadora apasionada por su oficio y de un editor consciente de su función social y cultural en la sociedad hondureña, hay que citar también las instituciones que respaldaron el sueño de Elizet Payne Iglesias : la Cooperación Francesa para Centroamérica y las diversas instituciones de la Universidad de Costa Rica como el CIHAC o el CIICLA , que siguen apoyando programas específicos que fomentan trabajos de investigación que requieren una inversión a largo plazo.

4Siete capítulos dividen el libro que nos invita, como lo indica el título, a seguir las huellas de varios viajeros del siglo XIX – George Washington Montgomery, Arthur Morelet, Thomas Young, John Bailly entre otros -, cuyos testimonios son enriquecidos por otras fuentes primarias conservadas principalmente en el Archivo General de Indias, el Archivo General de Centroamérica y el Archivo Nacional de Honduras, que permiten establecer una lectura más completa de la historia del puerto de Trujillo, puesto que estos relatos de viaje dejan una impresión desoladora, valiosa desde el punto de vista climático y poblacional, pero parcial, si se tienen en cuenta los planes ofensivos y defensivos de España ante la presión de los ingleses, deseosos de colonizar esa parte del Imperio y después de 1821 la omnipresencia de los ingleses – y estadunidenses – que tienen la vía libre para desarrolar sus redes mercantiles en la zona.

5No es fortuito si el primer capítulo aborda el papel de Trujillo en la defensa del territorio centroamericano, un puerto de cierta manera aislado de las principales rutas comerciales del Reino de Guatemala, a veces próspero y muy a menudo con una actividad muy reducida, pero nunca olvidado por las autoridades coloniales que intentaron recuperar la zona utilizando tanto medios militares como proyectos de colonización, que finalmente fracasaron. Se puede leer con mucho provecho el segundo capítulo (pág. 98-126) quien trata de las tentativas de colonización, haciendo un análisis meticuloso de dicha inmigración a partir de 1787, formada por una población canaria, gallega y asturiana que se asentó en el puerto con la esperanza quimérica de fomentar una colonia agrícola. De la actividad portuaria (capitulo III) se desprende la importancia de las obras de fortificación, de la construcción de la Iglesia, del Hospital y de la Aduana, edificios que se realizaron en la segunda mitad del siglo XVIII. Queda demostrado plenamente cómo la disposición de los distintos espacios del puerto reflejaba la jerarquía social, ubicándose la élite comercial y la burocracia – presencia de una Tesorería – en la parte superior del puerto, en casas de teja, y el resto de la población negra en las partes bajas. Cabe señalar las excelentes líneas que la autora dedica a los ingresos y egresos de la Tesorería de Trujillo, que dejan ver una situación financiera bastante equilibrada entre 1788 y 1802, tramposo equilibrio que se debe a los envíos de plata provenientes de otras cajas, en particular de Cuba (véase el cuadro 5 pág. 157), envíos que cubrían los altos gastos militares que implicaba el mantenimiento de una guarnición de 110 soldados. En cuanto a la población, podemos resaltar el capítulo IV donde la autora hace un novedoso análisis del padrón efectuado en enero de 1821 por el comandante don José María Palomino, documento elaborado cuidadosamente y que incluye el nombre de todos los habitantes, estado civil, ocupación, sexo, edad, localidades y grupo étnico3. En los dos capítulos siguientes el puerto de Trujillo es estudiado en su papel “estructurante” del espacio local y regional4. Dentro del primer círculo de relaciones económicas figuran los nexos establecidos con el poblado de Sonaguera (poblado “de mulatos y negros inútiles” según la opinión de las autoridades locales), las islas de Roatán y Guanaja, la laguna de Guaymoreto, hasta las orillas del río Aguán, zona de extracción de zarzaparrilla y de madera donde unos caminos mal trazados eran recorridos por mulas. Las regiones de Olancho, Olanchito y Yoro estuvieron vinculadas a Trujillo sobre todo durante el periodo de recolonización, como centro de abastecimiento en carne. En el extenso capítulo VII el lector sigue las vías marítimas que relacionaban al puerto con el Caribe, espacio geográfico más próximo en donde se hacía sentir la fuerte influencia de la isla de Cuba, con la región de Belice controlado por los ingleses, y en menor medida con los Estados Unidos, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX. Finalmente hay un pequeño capítulo sobre el mundo aun mas reducido de los comerciantes del puerto, entre los que sobresalían Tomás Urdiroz y José Del Valle para la época de la independencia; después se formó un grupo de poder alrededor de la familia Melhado.

6En un conjunto de buena factura, pueden sin embargo lamentarse algunos aspectos. Si la obra de Manuel Rubio Sánchez, Historia del puerto de Trujillo, fue ampliamente utilizada, la autora no parece conocer la excelente tesis de licenciatura de Rodolfo Hernández Méndez, Proyectos de Colonización en Guatemala (1787-1880)“, defendida en 1995 en la Universidad San Carlos de Guatemala. Hay un esfuerzo notable para cartografiar algunos aspectos (pág. 64 mapa sobre Trujillo y defensa española, pág. 79 mapa sobre los enfrenamientos hispano-ingleses, pág. 107 sobre Trujillo y sus establecimientos, pág. 234 Trujillo y sus recursos, pág. 248 Trujillo y su espacio de influencia, y pág. 284 el comercio exterior de Trujillo) pero esos mapas resultan ser de difícil lectura por haber sido dibujados (quizás) con pocos puntos, es decir con una definición demasiado pequeña. Se hace sentir también la falta de un índice onomástico, herramienta que facilita el trabajo de investigación y que no debe ser considerada como un lujo para manejar un libro de este tamaño.

7En cuanto al fondo del ensayo uno podría preguntarse si se puso la suficiente atención en el contrabando. El fenómeno no está ausente del ensayo (véase las paginas 329-342) pero creo que el lector puede quedar con la idea de que se trataba de un fenómeno marginal y difícil de medir – de hecho lo es – cuando en Trujillo no cabe la menor duda que era el motor de la economía local y de su hinterland, en particular para sacar del Reino clandestinamente la plata de las minas hondureñas a cambio muchas veces de productos ingleses. Es cierto que es un tema todavía poco estudiado –en el que se puede ver la “unión sagrada” entre blancos, indígenas y negros a la hora de organizarse para robar al fisco– a la espera de su historiador puesto que nadie, que yo sepa, se ha acercado a dicha temática de manera sistemática5.

8Al fin de cuentas los lectores tendrán a la mano un libro serio y bien documentado en donde uno se proyecta bastante bien en el ambiente melancólico de un puerto que se resistió a morir durante siglos6, a pesar del rechazo de las élites capitalinas del Reino de Guatemala y del desinterés palpable de las autoridades coloniales (salvo quizás durante el periodo breve de las reformas borbónicas). Sus fuerzas vivas resultaron ser no tanto esos pocos “blancos” (menos de 40 familias en una zona que contaba cerca de 6000 habitantes) que el viajero francés Henri de Suckau sólo quiso ver como los únicos actores importantes durante su visita (pág. 368), sino las poblaciones negras (en su entrañable diversidad) que laboraron – sin dejar muchas huellas de archivo – para sostener las actividades agrícolas y comerciales de toda una región.

Notas de pie de pagina

91 Editorial Guaymuras Av. Cervantes – 1055, Tegucigalpa, Tel: 504 222-4140, [editorial@sigmanet.hn]

102 Esta escuela historiográfica centroamericana es principalmente animada por Lowell Gudmunson, Paul Lokken , Jorge Amaya , Dario Euraque , Mauricio Meléndez Obando y Rina Cáceres.

113 Este padrón es conservado en el Archivo General de Centroamérica: A1. (4), leg. 99, exp. 21159 (1821).

124 Véase también a Jean-Philippe Priotti, Bilbao et ses marchands au VI° siècle, Genèse d’une croissance, Histoire et civilisations, Lilles, Presses Universitaires du Septentrion, 2004.

135 Sobre esta cuestión véase, “Bibliografía sobre comercio marítimo, contrabando y piratería en las Antillas y el Caribe (artículos, ponencias y tesis desde 1980)”, in Anuario de estudios americanos, Vol. 51, Nº 2, 1994 , pags. 203-232.

146 Un ejemplo significado de estos altibajos que marcaron la vida de Trujillo es la historia del cabildo, que funcionó durante el siglo XVII (siendo uno de los alcaldes, el alcalde ordinario Francisco Mejía Tobar en 1638; véase AGCA, A1.25, leg. 1683, exp. 10338) y que casi desaparece en el siglo XVIII, hasta tal punto que a raíz del proceso de recolonización los vecinos iniciaron un trámite para erigir un cabildo, deseo combatido por las élites de Comayagua y Guatemala, pero que fue aprobado por real cédula en 1804, según Manuel Rubio Sánchez.

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