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AFEHC : diccionario : POLANCO, Francisco : POLANCO, Francisco

Ficha n° 1797

Creada: 09 diciembre 2007
Editada: 09 diciembre 2007
Modificada: 20 julio 2012

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

POLANCO, Francisco

Un obispo que quiso implementar reformas profundas en la segunda mitad del siglo XVIII y que se enfrentó particularmente a su cabildo eclesiástico.
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Palabras claves :
Reforma, Clero secular, Obispo, Visita
Cargo o principal ocupación:
Obispo de Chiapas (1777-1784). Nombrado el 13 de noviembre de 1775 por el papa Pío VI.
Nació:
El 11 de abril de 1717, en Cianca y Parbayón, Santander
Murió:
El 20 de noviembre de 1784, en Ciudad Real, Chiapas
Padres:

1Se ignora

Resumen:

1Según la Gran Enciclopedia de Cantabria, el obispo de Chiapas Francisco Polanco estudió con los jesuitas de Santander y en el curso 1738-1739 se matriculó en la Facultad de Cánones de la Universidad de Salamanca, hasta el curso 1743-1744, en que figuró como pasante. En 1758 fue nombrado chantre del recién fundado cabildo de Santander. Era doctor en teología cuando el 14 de marzo de 1776 Carlos III lo presentó para el obispado de Chiapas y Soconusco (salió de Cádiz posiblemente en junio). Fue consagrado obispo en Puerto Rico el primero de septiembre del mismo año tras haber cruzado el océano en el paquebote Nuestra Señora del Rosario. Tenía entonces cerca de 60 años. Como era frecuente, llegó a América con su comitiva, es decir, junto con seis individuos, todos jóvenes, un verdadero equipo administrativo capaz de contrarrestar el poder social de las élites locales. Su “familia” se componía, entonces, de un provisor (el presbítero Manuel Antonio Quiroga), un secretario (el clérigo tonsurado don Santiago Moreno Sanz, graduado de abogado, de 27 años), un mayordomo (seguramente un pariente suyo llamado don Antonio Becerro Polanco, de 19 años), un fiscal, dos pajes y un criado. Una de sus primeras iniciativas fue intentar recuperar a beneficio del colegio seminario de Nuestra Señora de la Concepción de Ciudad Real los bienes de los jesuitas (que incluían una biblioteca), los cuales estaban administrados por la Real Junta de Temporalidades. Ya en enero de 1771 se habían hecho las primeras gestiones ante la Corona, las cuales se hicieron efectivas en diciembre de 1772, pero el chantre De la Barrera no quiso entregar la biblioteca que se hallaba bajo su cargo desde 1767. Opuso resistencia hasta que el 8 de octubre de 1779 la remitió finalmente al Teniente General de la Provincia, don Esteban Gutiérrez de la Torre. Ademas de esto aseguró Polanco la gestión de las rentas de la Santa Iglesia Catedral de Guatemala al permitir el nombramiento de un mayordomo de confianza en la persona del francés don Bartolomé Gutiérrez (con un sueldo de 500 pesos anuales), quien obtuvo el cargo mediante la fianza de Sebastián Olaechea , Salvador Esponda y Juan de Oliver . Fueron los mismos que afianzaron los bienes de la Iglesia y que fueron objeto de severas críticas por Polanco por el repartimiento de mercancías a los indígenas, sistema que explicaba “que se vean los Yndios desnudos, afligidos, Pobres y Suspirados sin más remedio, que padecer o sufrir”.

2 Su diócesis era una de las más pobres de América. Pudo inmediatamente darse cuenta de que su tarea iba a ser muy difícil porque sólo podía contar con 64 sacerdotes (43 párrocos y el resto eran coadjutores, cifra que incluía 20 dominicos y cinco franciscanos) para cubrir las necesidades religiosas de más de 72,000 feligreses. Se aterró verdaderamente del estado de su feligresía ante el ministro don José de Gálvez al dar un testimonio elocuente en noviembre de 1778: “(…) las costumbres están como pudieran estar a los treinta años de conquistado”. Era borrar de un plumazo más de 200 años de historia colonial como si no hubiese nadie en Chiapas. A pesar de todo, Polanco puso mano a la obra “civilizadora” haciendo recomendaciones para mejorar las actas bautismales de los indígenas cuando, por ejemplo, visitó el pueblo de Acala en enero de 1778: “(…) debía mandar y mandó que a cada partida de bautizados asiente el cura en ella a más del nombre del bautizado, padre, madre y padrino, los nombres también de los abuelos y abuelas paternos y maternos”. Sin embargo, no mostró el mismo empeño que Pedro Cortés y Larraz en Guatemala, quien se tomó la pena de visitar todos los curatos de la diócesis de Guatemala. Polanco se limitó a 19 curatos, que inspeccionó entre julio de 1777 y febrero de 1778, delegando el resto a dos sacerdotes de confianza: el dominico fray Tomás de la Roca (explicable por el poder de los dominicos en la diócesis, pues controlaban 14 curatos) y al bachiller Esteban de Valdivieso. Otra tarea importante que se encargó de seguir paso a paso, fue el levantamiento de un censo de la población de su diócesis. Según Tadashi Obara, el censo desglosa las cifras en “españoles”, “castizos y mestizos”, “mulatos y negros” e “indios y naboríos”, como entre “casados”, “viudos”, “viudas”, “hijos” e “hijas”, por lo que parece tratarse de la población total. Sin embargo, es necesario examinarlo curato por curato porque las fuentes del censo fueron las “certificaciones” y “padrones” que entregaron los curas. Según David Sydney Markman, mandó también reparar, después de 1781, el Hospital de San Juan de Dios y posiblemente la Iglesia (información que aparece incluso abajo del retrato del obispo conservado en el archivo histórico diocesano de San Cristóbal de Las Casas). Según Vicente Paula de Andrade el 14 de enero de 1781, el Señor Polanco se encaminó a la isla del Carmen, situada en el Golfo Mexicano, para consagrar el Señor Pina y Mazo, Obispo de Yucatán.

3 Frente a las presiones de las familias de poder local se mostró también inflexible al condenar la actitud del presbítero José Gabriel Chacón, quien quiso atacar el honor del presbítero don Juan de la Fuente Albores, el cual había ganado un concurso a curato. Sin embargo, su autoridad se mermó frente a la autoridad del alcalde mayor y de los canónigos del cabildo eclesiástico. Con estos últimos tuvo un enfrentamiento largo y duro – en particular con el arcediano José de la Barrera – al faltar a sus obligaciones religiosas, por “ la poca formalidad que ha tenido y tiene el cabildo con sus papeles ”… Vale la pena reproducir aquí las desilusionadas palabras del obispo: “ Provey (con término) que el cabildo me presentase el Descargo general de los veinte años. Fueron muchas las cuentas parciales, cuadrantes, apuntes y otros papeles no legitimados, e inútiles, que presentaron; sin poder sacar de ellos otro juicio, que ser todo un testimonio de administración simple, o maliciosa, para confundir los hechos y robar la defensa ”.

4Su sucesor fue Francisco Gabriel de Olivares y Benito .

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