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AFEHC : diccionario : ALVARES, Maria Fulgencia : ALVARES, Maria Fulgencia

Ficha n° 1843

Creada: 22 febrero 2008
Editada: 22 febrero 2008
Modificada: 22 junio 2014

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

ALVARES, Maria Fulgencia

Una mujer mulata que abrió un juicio a finales de la epoca colonial para que los herederos del cura Juan Miguel Menéndez reconozcan su derecho a herencia por ser este cura su padre.
Palabras claves :
Mujer, Mulata, Cura, Herencia
Cargo o principal ocupación:
No se conoce su oficio ni los cargos que desempeñó.
Nació:
8 de enero de 1758 en el Sagrario de Guatemala
Murió:
Después de 1812
Padres:

1No se conocen

Resumen:

1Si el presbítero don Juan Miguel Menéndez no menciona a Fulgencia Antonia Álvares en su testamento, el juicio que esta mujer mulata, analfabeta, abrió en la Real Audiencia de Guatemala demostró plenamente que él era su padre. El capitán Don Diego Menéndez, hermano del cura, dice que supo de su paternidad del cura Bruno Victorio, de 82 años, testigo en el pleito, quien vivía en la casa de su tía doña Gregoria Morga. Este Bruno Victorio dijo que vio llegar a la casa de Morga a Fulgencia cuando sólo tenia tres o cuatro años, y que la llevaba el mismo padre Juan Miguel montada en su mula. Otros testigos declararon que el cura asistió a su hija durante su vida con algunos alimentos y mesadas, y el albacea testamentario don José Díaz le dio 200 pesos por vía de alimentos. De manera que para Miguel Larreynaga, abogado de Fulgencia, no hay duda sobre la paternidad de una niña que nació en 1758 cuando el padre Menéndez era todavía diacono — se ordenó de subdiácono en diciembre de 1760 —. Los documentos hablan de un “tiempo hábil,” es decir que la niña fue concebida antes que don Juan Miguel hubiera recibido las Órdenes sagradas; pequeña hipocresía social que permitía salvar difícilmente las apariencias y el origen de una niña doblemente castigada por el orden colonial al ser hija ¡de un cura y de una negra!

2Del pleito resulta claramente que la familia del cura presionó a la mujer para que aceptara 200 pesos: “fue obligada de su miseria, temiendo que si no pasaba por este convenio o transacción no le daban nada de contado”. En consecuencia, y al tomar en cuenta el estado de los bienes del cura Menéndez, el abogado Larreynaga pidió 1000 pesos para Fulgencia. Los bienes se componían de una casa y, sobre todo, de la hacienda El Jute lo cual hizo que la testamentaria ascendiera a 9.232 pesos, y de este caudal se destinaron solamente 2.000 pesos para fundar una capellanía en el beaterio de Belén, más el valor de la alcabala.

3 Otro aspecto que hay que subrayar en la vida de aquella mulata de la ciudad de Guatemala es su valentía. Si no hubiera sido por el testimonio del hermano del cura Juan Miguel, no se hubiera reconocido su paternidad, pues muchos otros testigos que ella citó se negaron a declarar, tal como el cura don Diego José Morga y doña Maria Manuela Muñoz. Este silencio de Diego José de Morga se vuelve elocuente al leer el testimonio del tejedor Juan Callejas: “ que entonces vio alli en la que era del padre don Diego José de Morga a la Feliciano (sic) Antonia Alvares como de cuatro o cinco anos y diciéndole entonces a la esclava Paula Morga que después resulto casada con Blas el Correo, que aquella muchachita era su hija, y respondió dicha esclava que no, sino que la avia llevado alli el padre don Juan Miguel Menendez”. El canónigo Manuel Ángel de Toledo no podía creerlo cuando decía que era una persona distinguida porque “su piel ace (sic) increíble esta razon”.

4 Fulgencia Antonia Álvares seguía en vida en 1812, pero su salud se había deteriorado y su situación económica no era muy buena, pues estaba viviendo en un rancho alquilado fuera de la Ciudad. Su condición social no parece haber mejorado mucho. Había ganado un pleito contra María Engracia Lara de quien requería el pago de 64 pesos, a plazos. Sin embargo, posteriormente solicitó de nuevo la intervención de la Justicia porque después de la sentencia a su favor sólo le pagaron 4 pesos. Una frase de este pleito nos hace pensar que Miguel Larreynaga , el abogado que la asistió, fue quien permitió al final de cuentas que pudiera ganar su pleito contra los herederos de la familia Menéndez, porque ella dice: “de la justicia que me asiste que a su amparo he estado acogida, y en cuya caritativa protección he tenido afiando el buen éxito y mis suspiradas esperanzas”.

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