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AFEHC : articulos : Honduras-Brasil: Un siglo de afinidades electivas, de solidaridad y de cooperación para el desarrollo (1906-2007) : Honduras-Brasil: Un siglo de afinidades electivas, de solidaridad y de cooperación para el desarrollo (1906-2007)

Ficha n° 1846

Creada: 27 febrero 2008
Editada: 27 febrero 2008
Modificada: 27 febrero 2008

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Autor de la ficha:

Carlos Federico DOMÍNGUEZ AVILA

Editor de la ficha:

Ricardo ARGUETA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Honduras-Brasil: Un siglo de afinidades electivas, de solidaridad y de cooperación para el desarrollo (1906-2007)

El propósito de este artículo es proponer un balance de las relaciones políticas y económicas erigidas a lo largo de una centuria entre Honduras y Brasil. Trátase del resultado de una investigación básica que puede ser encuadrada en el marco general de la historia de las relaciones internacionales de América Latina y Caribe.
Autor(es):
Carlos Federico Domínguez Avila
Fecha:
Febrero 2008
Texto íntegral:

Introducción

1El propósito de este artículo es proponer un balance de las relaciones políticas y económicas erigidas a lo largo de una centuria entre Honduras y Brasil. Trátase del resultado de una investigación básica que puede ser encuadrada en el marco general de la historia de las relaciones internacionales de América Latina y Caribe.

2Confírmase, aquí, que los vínculos formales entre las partes siempre fueron cordiales y amistosos, aunque modestos. La ausencia de resentimientos o diferendos históricos, bien como algunas afinidades político-ideológicas y el surgimiento de crecientes vínculos económicos, moldearon y consubstanciaron las relaciones bilaterales. Con todo, obstáculos de naturaleza geopolítica, problemas logísticos y de desconocimiento mutuo –inclusive algunos preconceptos – precisaron ser reconocidos y superados antes de conseguir vínculos realmente provechosos y constructivos para las sociedades y gobiernos en cuestión.
bq. El presente artículo se orienta por tres indagaciones principales: ¿Cuáles fueron los reales fundamentos y factores que cíclicamente impulsaron y/o restringieron las relaciones hondureño-brasileñas desde 1906? ¿Qué continuidades y mudanzas inspiran la agenda hondureño-brasileña en la actualidad? ¿Qué escenarios es plausible proponer para el futuro?

Fundamentos conceptuales y empíricos de las relaciones hondureño-brasileñas durante el siglo XX

3Las relaciones económicas, políticas y culturales entre Honduras y Brasil demostraron una tendencia orientada para una gradual convergencia de intereses, cordialidad y fortalecimiento de los diferentes vínculos. De hecho se trata de una relación centenaria, amistosa, constructiva y promisoria –aunque relativamente modesta. José Carlos Brandi Aleixo atribuyó tal situación fundamentalmente a las siguientes causas generales:
bq. las distancias geográficas; la inexistencia o precariedad de los medios de transporte y comunicación; la vinculación excesiva de las colonias con sus metrópolis; la escasez de información mutua sobre la historia, la geografía, la economía, la política y la cultura de modo general; la ausencia por mucho tiempo de Legaciones con Ministros residentes en los respectivos países; la diferencia de lenguas; etc. Consecuentemente la presencia del Brasil en Centroamérica y de Centroamérica en Brasil, particularmente hasta la primera mitad de este siglo [XX], ha sido muy limitada1.

4Para los fines de este artículo parece pertinente sugerir tres fases para los antecedentes de las relaciones bilaterales: a) los contactos iniciales bajo el signo del monroísmo (1906-1950), b) la consolidación de las relaciones político-diplomáticas y económicas plenas (1950-1979), y c) los años del conflicto regional en Centroamérica y su correlato en la llamada tesis brasileña sobre dicho conflicto regional (1979-1996).

Fundamentos de la precoz política de Brasil hacia Honduras y el istmo centroamericano (1906-1950): una crítica al monroísmo y a la tesis Root-Nabuco de las “dos Américas”

5Durante el período de los contactos iniciales las partes comenzaron a interactuar. Particularmente expresivo terminó siendo en ese sentido la Tercera Conferencia Internacional Americana, celebrada en la ciudad de Río de Janeiro, entre los días 23 de julio y 27 de agosto de 1906. Tal acontecimiento impulsó un vínculo más próximo y duradero entre las partes, ya que hasta entonces las relaciones políticas, económicas o culturales eran prácticamente nulas. Nótese que tres meses después del conclave, el presidente brasileño Augusto Moreira Pena autorizó la apertura de una Legación –con sede en La Habana – ante los gobiernos de Cuba y de las naciones centroamericanas. Consecuentemente, se acepta que el año de 1906 marcó el inicio de las relaciones formales y del diálogo multilateral entre los pueblos y gobiernos de los países en cuestión. En consecuencia, Antônio da Fontoura Xavier se convirtió en el primer representante permanente del Brasil ante los gobiernos del istmo2.

6 Desde los primeros momentos la política de Brasil hacia Honduras y el istmo centroamericano se caracterizó por el surgimiento de un conjunto de regularidades. En el plano político-diplomático y estratégico, por ejemplo, la política brasileña aparentemente reconoció una cierta preponderancia de los intereses estratégicos de los Estados Unidos en la cuenca del Caribe, en general, y en el istmo centroamericano, en particular3. Esto último derivó en una virtual relación triangular, en la cual la política de la potencia mediana (Brasil) con relación a las potencias menores (Honduras y otros países de Centroamérica) terminó siendo definida no solamente por tópicos esencialmente bilaterales o presiones domésticas, sino también por la evaluación de las visiones, aspiraciones y prioridades de la potencia hegemónica del continente (los Estados Unidos) – bien como de otras potencias con vínculos e intereses en la región (México, Cuba, Colombia y Venezuela, entre otros).

7Tal vinculación entre la potencia hegemónica del continente, la potencia media y las pequeñas potencias fue particularmente evidente durante la primera mitad del siglo XX, cuando el gobierno brasileño implementó una política esencialmente de bajo perfil y una actitud relativamente discreta y complaciente delante del intervencionismo –inclusive delante del intervencionismo militar– del gobierno estadounidense en Honduras y otras naciones localizadas en la cuenca del Caribe, argumentándose que Brasil no tenía intereses nacionales vitales en aquella región4.

8 Evidencia documental, tanto primaria como secundaria, bien como literatura especializada, sugieren que tales conductas y políticas eran inspiradas en la lógica del espíritu imperialista de la época y en algo que, a falta de mejor denominación, puede ser llamado de tesis Root-Nabuco de las “dos Américas” – derivada de la así llamada doctrina Monroe5. En esta línea, Lars Schoultz pondera que una de las innovaciones de política interamericana impulsada en el primero decenio del siglo XX por el entonces Secretario de Estado estadounidense Elihu Root habría sido “agrupar las naciones de la región en dos clases diferentes – una, la turbulenta región del Caribe, la otra, los países estables, progresistas del sur de América del Sur y México.” Dicha visión fue plenamente aceptada y compartida por el entonces embajador brasileño en Washington, Joaquim Nabuco. En términos operativos y resumidos dicha tesis de las “dos Américas” terminaba implicando un virtual apadrinamiento hegemónico de los países hispanoamericanos en favor de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos y de Brasil en las mitades norte y sur del continente, respectivamente6.

9 Nótese que la lógica de la tesis Root-Nabuco de las “dos Américas” aparentemente era funcional a los intereses inmediatos de las autoridades brasileñas de la época. Presentarse como co-garante de la doctrina Monroe en la América del Sur posibilitaba, por ejemplo, fortalecer los vínculos bilaterales con la principal potencia del continente, asumir una posición de liderazgo – aunque, vale resaltar, por delegación estadounidense – en las regiones platina y amazónica, contener y/o alejar eventuales amenazas a los intereses brasileños de parte de potencias suramericanas o extra-continentales, entre otras alternativas. En este sentido, y desde una perspectiva de realismo clásico – que era predominante en la época en cuestión –, la tesis Root-Nabuco de las “dos Américas” podría parecer correcta y adecuada a los intereses nacionales específicamente brasileños.

10 Con todo, en lo concerniente a la formulación e implementación de la precoz política centroamericana de Brasil la tesis Root-Nabuco de las “dos Américas” también implicaba consecuencias profundas, negativas y duraderas. Así, la opción monroísta de las autoridades brasileñas suponía, como mínimo: (a) una virtual desagregación de la América Latina – o específicamente de la comunidad hispanoamericana, algo que difícilmente podría ser admitido por estos pueblos y gobiernos –, (b) un alejamiento consentido de las realidades y oportunidades políticas, económicas y estratégicas propias de la región caribeña y, peor, autoridades brasileñas de la época – demostrando una cierta prepotencia y arrogancia – llegaron a descalificar, ofender y denegrir la dignidad, las luchas de liberación nacional y la propia viabilidad histórica de los países de la región identificándolos peyorativamente como “_republiquetas_” o “_paisecos_”.

11También, (c) la opción monroísta y las veleidades hegemónicas brasileñas en momentos dramáticos para muchos pueblos latinoamericanos en conflicto contra la presunción imperial estadounidense terminó comprometiendo la credibilidad y confiabilidad de la política externa de Brasil delante de las sociedades y gobiernos de los países vecinos, y (d) el entusiasmo y la ingenuidad de ciertas autoridades brasileñas frente a la teoría y la practica del monroísmo en su fase imperialista también provocó cierto escozor entre la propia intelectualidad brasileña de la época –así, por ejemplo, el diplomático e historiador pernambucano Manoel de Oliveira y Lima alertó persistentemente contra las incoherencias e inconsistencias del discurso monroísta de Washington y de sus seguidores y acólitos en el gobierno brasileño7.

12 Paralelamente, el pueblo y el gobierno de Honduras siempre reconocieron en Brasil un país amigo y potencial fuente de oportunidades y de solidaridad fundamentadas en los ideales y principios de comunidad geográfica, de armonía política y de intereses hemisféricos –o específicamente intra-regionales. Vale agregar que durante la primera mitad del siglo XX la política exterior hondureña se concentró en las relaciones bilaterales con los Estados Unidos y con países vecinos de la cuenca del Caribe.

13 En síntesis, inicialmente las relaciones formales entre Honduras y Brasil fueron condicionadas en el marco general de la lógica y de las políticas del monroísmo en su fase imperialista. La tesis Root-Nabuco de las “dos Américas” es importante para los fines de este artículo, ya que ayuda a comprender algunas tendencias de política externa global, regional y específicamente centroamericana de Brasil. Con todo, dicha opción monroísta, aunque duradera, conllevaba internamente contradicciones que finalmente la tornaron impresentable e indefendible. El diálogo, la solidaridad y la cooperación hondureño-brasileña asumieron nuevos contornos después del fin de la Segunda Guerra Mundial y en el marco global de los emergentes conflictos Este-Oeste y Norte-Sur –bien como del diálogo Sur-Sur.

Consolidación de las relaciones político-diplomáticas y económicas (1950-1979): anticomunismo y comercio asimétrico

14El día 12 de enero de 1953, las cinco Legaciones brasileñas acreditadas en los países de Centroamérica fueron elevadas a la categoría de Embajadas. Esta importante determinación de las autoridades brasileñas favoreció tanto la continuidad del diálogo político-diplomático entre las partes, como el surgimiento de flujos comerciales y culturales cada vez más significativos.
En lo concerniente a los aspectos político-diplomáticos parece interesante subrayar que durante los decenios de 1950, 1960 y 1970 las relaciones hondureño-brasileñas fueron favorecidas por las convergencias ideológicas – básicamente anticomunistas y eventualmente desarrollistas – preponderantes en los regímenes autoritarios cíclicamente dominantes en ambos países8. Cabe registrar que la cooperación hondureño-brasileña con relación a la dinámica geopolítica vigente en la cuenca del Caribe en esta fase alcanzó uno de sus momentos más significativos en la controversial intervención conjunta en República Dominicana, en 1965, en el marco de la Fuerza Interamericana de Paz – auspiciada por los Estados Unidos y por la Organización de los Estados Americanos9.

15 En el plano económico y comercial, las relaciones hondureño-brasileñas se caracterizaron por dos regularidades básicas y que son vigentes aún en la actualidad. De un lado, en las convergencias de intereses en lo concerniente a la defensa de los precios del café y del azúcar en el mercado internacional, dado que los países citados son importantes proveedores de los productos. Consecuentemente, la coordinación de las políticas cafetaleras y azucareras, y la mutua verificación y adscripción por las respectivas cuotas de exportación pactadas en el marco general de los acuerdos internacionales específicos fueron – y continúan siendo – tópicos expresivos en la agenda económica entre las partes10.

16Paralelamente, el otro motivo que estimuló la intensificación de las relaciones económicas fue el persistente interés de los exportadores brasileños en penetrar el mercado hondureño. De este modo el comercio entre los países comenzó a tomar cierto vigor. Inicialmente los productos brasileños con mayor demanda potencial en Honduras fueron textiles finos, productos farmacéuticos, electrodomésticos y productos odontológicos.

17En contraste, las exportaciones hondureñas hacia Brasil continuaron siendo virtualmente nulas, debido, fundamentalmente, a que todos los productos de exportación de Honduras – café, plátano, carne, algodón, azúcar, entre otros – eran esencialmente agrícolas y, también, eran prácticamente los mismos que el Brasil producía con igual finalidad. Consecuentemente, las exportaciones de productos agrícolas de Honduras y de Brasil normalmente terminaban compitiendo entre si en el mercado internacional. El proteccionismo brasileño de la época y las considerables restricciones logísticas (transportes y comunicaciones) también eran importantes obstáculos para el comercio. De ahí que las características más evidentes y duraderas de las relaciones económicas hondureño-brasileñas hayan terminado siendo: (i) la considerable asimetría en la pauta comercial, (ii) la ausencia de complementariedad en el intercambio, (iii) los problemas logísticos, (iv) el carácter relativamente modesto del valor y volumen del intercambio, y (v) el perturbador y persistente superávit en la balanza de pagos en favor de Brasil.

18Obsérvese, por ejemplo, que entre 1962 y 1964 las exportaciones brasileñas hacia el mercado hondureño promediaron los US$ 15 mil, pero entre 1965 y 1968 ocurrió un salto expresivo, llegando a promediar más de US$ 130 mil. Ese significativo incremento en las importaciones hondureñas procedentes del Brasil – que no fue recíproco – puede ser atribuido a la convergencia política e ideológica de los gobiernos de la época como consecuencia de los episodios en República Dominicana, en 1965. No obstante, es evidente que la incapacidad o indiferencia para colocar productos hondureños en el mercado brasileño generaba un déficit en la balanza de pagos que no podría ser sustentado por mucho tiempo. En consecuencia, el comercio bilateral comenzó a disminuir después de 196911. Tales regularidades y tendencias políticas y económicas se manifestaron durante la visita de trabajo a Honduras y a otros países del istmo del entonces canciller brasileño Mario Gibson Barboza, en julio de 1971. Nótese que se trató de un acontecimiento sumamente importante en las relaciones bilaterales de Brasil con Honduras y con cada uno de los otros países del istmo centroamericano, ya que era la primera vez que un representante diplomático brasileño de tan alto nivel recorría las naciones centroamericanas. En cada uno de los cinco países el canciller Gibson Barboza fue recibido por las máximas autoridades. Se firmaron cinco Declaraciones Conjuntas, además de los respectivos discursos12.

19Las Declaraciones Conjuntas fueron muy parecidas. En el ámbito político, las partes destacaron: la tradicional y estrecha amistad entre Brasil y cada uno de los países centroamericanos; el compartido respeto de las partes por los principios generales del Derecho Internacional que rigen (o deberían regir) en las relaciones internacionales; el respaldo a la participación activa de las partes en los foros multilaterales (ONU, OEA, CECLA, UNCTAD, etc.); la condena al terrorismo; el estímulo a la cooperación y a la solidaridad interamericana; la creación de Comisiones Mixtas; etc.

20En ámbito económico, las Declaraciones Conjuntas abordaron la necesidad de insistir ante los países industrializados en procura de la implementación de sistemas de preferencias generalizados no recíprocos ni discriminatorios en favor de los países en desarrollo; el reconocimiento de los derechos del mar (200 millas de uso exclusivo, etc.); la protección de los precios de productos básicos (café, etc.); la intensificación de las relaciones comerciales entre los países miembros del Mercado Común Centroamericano (MCCA) y de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC); el apoyo financiero para la importación de productos brasileños mediante la apertura de líneas de crédito por un valor de US$ 1 millón para cada uno de los países centroamericanos; la inauguración de líneas de transporte marítimo; etc.

21Además, en el ámbito cultural, se colocó en discusión la necesidad de ampliar y profundizar los intercambios científicos y artísticos, bien como la implementación de programas de cooperación técnica mediante el ofrecimiento de becas para que estudiantes centroamericanos pudiesen ingresar en las universidades brasileñas.

22En su discurso ante las autoridades hondureñas, el canciller Gibson Barboza subrayó, entre otras cosas, lo siguiente,

23No deseo que escape a persona alguna el sentido de esta visita que hago a Honduras y a los países centroamericanos. A través de ella, Brasil desea afirmar que asume la parte de responsabilidad que le cabe en el proceso de adhesión de esfuerzos e intercambio de experiencias, que emprendemos para el desarrollo común de la América Latina. Estamos dispuestos a establecer un firme y progresivo régimen de cooperación, para ampliar los contactos culturales, crear corrientes de comercio constantes y crecientes, favorecer las inversiones mutuas, para que, paulatinamente, mas de forma segura, sea creado, con la conciencia de que formamos una unión espiritual, la realidad de una alianza en que la mayor parte de nuestro intercambio se haga entre nosotros mismos13.

24En términos más amplios y de largo plazo la visita del canciller Mario Gibson Barboza al istmo centroamericano puede ser interpretada como otra de las consecuencias generadas por las significativas transformaciones económicas y sociopolíticas que el capitalismo brasileño estaba experimentando en el contexto del así llamado milagro económico (1969-1973). Desde esta perspectiva, aparentemente Brasil estaba procurando consolidar su presencia comercial en mercados poco explorados, llevando en cuenta las facilidades tecnológicas tropicalizadas ofertadas por sus exportadores. También, establecer relaciones internacionales con base en objetivos propios, con énfasis en la necesidad de promover el crecimiento económico e insistiendo en la posibilidad de impulsar relaciones más equilibradas y justas entre los países industrializados del Norte y las naciones en desarrollo del Sur14.

25Al mismo tiempo, la visita del canciller Mario Gibson Barboza a Honduras y Centroamérica puede ser interpretada como consecuencia de la alegada declinación del poder hegemónico de los Estados Unidos en la región y, por tanto, como una oportunidad para redefinir los acuerdos tácitos y/o explícitos entre brasileños y estadounidenses surgidos en el primer tercio del siglo XX sobre las respectivas políticas frente a la cuenca del Caribe, con mayor beneficio comercial y político para los primeros. En esta línea, la cuenca del Caribe dejaría de ser una región de hegemonía exclusiva de los Estados Unidos, afirmación dudosa desde el triunfo y consolidación de la elite revolucionaria cubana, abriendo las condiciones y posibilidades para que potencias industriales emergentes, como el Brasil, consiguiesen construir un espacio para alcanzar objetivos propios – de naturaleza económica, política y estratégica – en aquella y en otras regiones del mundo.

26En el caso específico de las relaciones políticas Honduras-Brasil vale resaltar su normalidad y cordialidad, fundamentadas tanto en la ausencia de conflictos como en el surgimiento de un curioso acuerdo tácito que puede resumirse en el intercambio de votos hondureños favorables a las propuestas brasileñas en organismos internacionales a cambio de oportunidades de estudio para hondureños en universidades y academias militares brasileñas. En ese sentido se pronunció, por ejemplo, el Embajador brasileño en Tegucigalpa al informar a sus superiores que: “Las relaciones con Brasil, del punto de vista político, continuaron normales. El Estado Mayor del Ejército Brasileño ofreció al Gobierno Hondureño, en 1977, cinco oportunidades en escuelas militares de Brasil, para perfeccionamiento de oficiales y sargentos de este país. […] De parte de Honduras, el Gobierno brasileño continuó a recibir el apoyo para sus candidaturas a puestos en organismos internacionales, siendo concedidos 10 votos en el año próximo pasado15.”

Honduras y Brasil durante los años del conflicto regional en Centroamérica (1979-1996)

27Entre 1979 y 1996, tuvo lugar en Centroamérica un violento y dramático conflicto regional. Aunque no es posible analizar detalladamente en este espacio los orígenes, los actores, la evolución y/o las consecuencias del conflicto regional en cuestión, es sí importante mencionar brevemente algunas de sus connotaciones endógenas y exógenas16.

28 Desde el punto de vista endógeno, parece evidente que hubo en la Centroamérica de los años setenta el gradual paso de lo “inaceptable” hacia lo “insoportable” – esto es, “lo que viola la dignidad humana17.” El orden económico, social y político dominante en las naciones del istmo a partir de la implantación de las así llamadas reformas liberales decimonónicas comenzó a ser nueva y vigorosamente cuestionado por diferentes actores o agentes –inclusive por “nuevos” movimientos guerrilleros o de liberación nacional. En otras palabras, la dimensión endógena del conflicto regional en Centroamérica sugiere que se trató de la relación dialéctica entre el deseo de los pueblos de superar la injusticia social, el autoritarismo político y la notoria desigualdad en la distribución de la riqueza, por un lado, y la natural resistencia de parte del así llamado bloque dominante en los países del istmo – particularmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua –, por otro lado. Ó, como afirmó categóricamente el Diputado Federal Aluízio Bezerra (PMDB-AC), en el Parlamento de Brasil, el día 11 de marzo de 1982, se trataba de la contradicción entre “las fuerzas que quieren la libertad, la independencia, el desarrollo objetivo y emancipador, contra los que quieren la continuación de la miseria, de la opresión y del retroceso social18.” Entretanto, en la dimensión exógena se constata que el conflicto regional centroamericano provocó reacciones de carácter regional, hemisférico y global, ya que los actores en conflicto solicitaron la ayuda de actores externos de diferentes orientaciones ideológicas en el espectro Este-Oeste vigente en la época. Particularmente importante para los fines de este artículo es resaltar los procesos negociadores de Contadora (vigente sobretodo entre 1983 y 198619) y de Esquipulas (vigente a partir de 1986). Conviene resaltar que desde el punto de vista de la historia de las relaciones internacionales contemporáneas de América Latina y del Caribe, el proceso negociador de Contadora se erigió en una extraordinaria experiencia de coordinación política entre Estados20.

29Nótese que la iniciativa multilateral de mediación en aprecio se destacó por su estricto apego al derecho internacional, por su convincente diagnóstico de las causas y de la evolución del conflicto regional, y por una nueva praxis en la metodología de resolución de conflictos, entre otras ponderaciones. Los esfuerzos político-diplomáticos de los países latinoamericanos encuadrados en el proceso negociador de Contadora consiguieron contener la violenta lógica del conflicto, abrir canales de comunicación y negociación, influir en el proceso negociador de Esquipulas – dirigido por los propios gobiernos y actores no estatales de Centroamérica – y preparar las condiciones que permitieron la creación del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política21.

30 La relativamente exitosa pacificación y democratización de las naciones de Centroamérica – aunque padeciendo de ciertos inconvenientes, contradicciones y limitaciones – es ciertamente una conquista extremadamente relevante desde la perspectiva de la historia de las relaciones internacionales contemporáneas de América Latina y del Caribe. Sin olvidar que Brasil, junto a otros países del subcontinente, persistentemente demandaron tanto la restricción de las – antijurídicas e inmorales – aspiraciones y presiones hegemónicas e intervencionistas de las superpotencias, como de una salida negociada, justa, equilibrada y duradera para el conflicto regional citado.

31 En lo concerniente específicamente a la participación brasileña en las gestiones para lograr una solución política para el conflicto centroamericano parece importante subrayar que las fuentes actualmente disponibles, sobretodo las fuentes primarias rescatadas en el Arquivo Histórico do Ministério das Relações Exteriores (AHMRE), sugieren que la política brasileña se formuló e implementó a través de un conjunto relativamente permanente de criterios que, colectivamente, dieron lugar a la tesis brasileña sobre el origen, la evolución y los posibles mecanismos de resolución para el conflicto regional imperante en el istmo.

32La tesis brasileña sobre el conflicto regional en Centroamérica terminó erigiéndose en una especie de marco conceptual de la política centroamericana de Brasilia durante gran parte de los decenios de 1980 y 1990. La misma surgió y evolucionó mediante la tensión entre seis ponderaciones básicas documentalmente verificables: (a) la constatación del carácter estructural y sistémico del conflicto, (b) la necesidad de procurar una salida negociada y congruente con los principios del Derecho Internacional, (c) la favorable predisposición para participar – activa y solidariamente – de iniciativas multilaterales serias y constructivas a favor de la pacificación del istmo, (d) la oposición frente a las aspiraciones hegemónicas y al intervencionismo de potencias extra-regionales, así como a la transferencia de las tensiones, competencia y confrontación entre las superpotencias a la América Central, (e) el reconocimiento de la limitada influencia de Brasil en los acontecimientos sociopolíticos, económicos y estratégicos imperantes en el istmo, y (f) el reconocimiento de las graves consecuencias internas y externas en todos los países del hemisferio – inclusive en el propio Brasil – que podrían ser desencadenadas por el agravamiento de las tensiones centroamericanas22.

33 Desde la perspectiva de la lógica de la tesis brasileña parece congruente, constructivo, lógico y coherente el apoyo político-diplomático de Brasilia a los procesos negociadores de Contadora y Esquipulas. En términos resumidos, el apoyo brasileño a Contadora y Esquipulas se tradujo en una serie de gestos, declaraciones y acciones diplomáticas concretas. Tales actos diplomáticos fueron de naturaleza unilateral y/o multilateral. Estas iniciativas cristalizaron en significativas determinaciones de cuño político-diplomático tales como las siguientes: (a) Brasil fue el segundo país del mundo en expresar oficialmente apoyo diplomático al entonces recién creado Grupo de Contadora (en 1983); (b) participó del Grupo de Apoyo a Contadora; (c) integró el Grupo de Rio (GRIO); (d) formó parte del mecanismo de verificación y seguimiento emanado del Acuerdo de Esquipulas II; (e) emitió una serie de documentos oficiales –unilaterales, bilaterales y multilaterales– en los cuales se expresó firme apoyo para Contadora y Esquipulas y vigoroso cuestionamiento frente a las (espurias) aspiraciones y presiones hegemónicas de las superpotencias; (f) ofreció significativa asistencia técnica, científica, cultural y económica, a pesar de la compleja coyuntura económica y sociopolítica del propio país, agravada por los perversos efectos de la crisis de la deuda externa; y (g) en el marco del proceso de Esquipulas, Brasil participó de todas las operaciones de paz de la ONU en Centroamérica (ONUVEN, ONUCA, ONUSAL, MINUGUA, etc.), y de iniciativas comparables de la OEA (MARMINCA, etc.), fuese con peritos civiles y/o militares.

34 Naturalmente, aquellos y otros ejemplos son significativos. Parece evidente que tales gestos, iniciativas, declaraciones y acciones concretas caracterizan un compromiso constructivo, ejemplar, digno y solidario, cuyo impacto en las relaciones brasileño-centroamericanas, en general, y hondureño-brasileñas, en particular, ha sido extremadamente positivo. Por tanto, parece lícito concluir que la relativamente exitosa pacificación y democratización de Honduras y Centroamérica también significó la plena confirmación y convalidación de la tesis brasileña.

35Conviene agregar que las relaciones bilaterales hondureño-brasileñas en el contexto general del conflicto centroamericano experimentaron importantes convergencias y divergencias. Entre las primeras vale mencionar, por ejemplo, el hecho que Honduras y Brasil fueron los dos primeros países del mundo en anunciar apoyo a la capacidad negociadora del grupo de Contadora (en 1983), las exportaciones brasileñas de material de empleo militar para las fuerzas armadas hondureñas (incluyendo el importante caso de los EMB312 Tucano, en 1986) y el esfuerzo de ambas sociedades y gobiernos en los respectivos procesos de consolidación democrática. Entretanto, también es importante citar algunas divergencias bilaterales especialmente en lo concerniente a los constantes cuestionamientos de la sociedad y específicamente del parlamento brasileño frente al polémico papel del gobierno hondureño en apoyo a la contrarrevolución nicaragüense y a otras iniciativas estadounidenses en el istmo, así como el escaso entusiasmo de las autoridades hondureñas frente al proceso negociador de Contadora –donde Brasil invertía importante capital político-diplomático.

Continuidad y cambio en la agenda hondureño-brasileña vigente: caracterización de una relación abajo de sus reales posibilidades (1996-2007)

36La democratización de Honduras en el marco de los procesos negociadores de Contadora y de Esquipulas, junto a la positiva, solidaria y constructiva conducta de la política exterior brasileña delante del conflicto regional, favorecieron el surgimiento de oportunidades para profundizar, intensificar y expandir los diferentes vínculos económicos, político-diplomáticos y culturales.

37En el plano económico, las relaciones hondureño-brasileñas – que nunca fueron muy intensas – experimentaron continuidades y mudanzas, especialmente en las tendencias de comercio y de inversiones. Efectivamente, en el campo comercial es fácil constatar que los flujos entre Honduras y Brasil continúan siendo caracterizados por regularidades tales como las siguientes: la gran asimetría en la pauta comercial, la ausencia de complementariedad en el intercambio, los problemas logísticos, y el persistente superávit en la balanza comercial en favor de Brasil – y consecuentemente dado el carácter estructural del desequilibrio en el balance de pagos, en prejuicio de la economía hondureña. Efectivamente, entre 1996 y 2006 el intercambio comercial hondureño-brasileño fue ampliamente favorable para el lado brasileño, ello incluyó en 2006 un superávit de 137 millones de dólares favorable para el país sudamericano (véase Cuadro 1).

38
Cuadro 1: Evolución del comercio Honduras-Brasil (1996-2006)
(Millones de US$FOB)
Año Exportaciones hondureñas con destino al Brasil Importaciones hondureñas procedentes del Brasil
_.1996 0.0 21.9
_.1997 0.1 28.5
_.1998 0.1 33.6
_.1999 0.2 35.8
_.2000 0.7 31.6
_.2001 0.4 34.8
_.2002 0.4 47.9
_.2003 0.4 72.4
_.2004 0.9 90.3
_.2005 1.8 138.9
_.2006 2.0 140.0
_.2007 3.1 139.1

39Fuente: Ministério de Desenvolvimiento, Industria e Comércio Exterior de Brasil (http://www.aliceweb.desenvolvimiento.gob.br ). * Estimación para el año 2007.

40La pauta de exportaciones brasileñas hacia el mercado hondureño incluye los siguientes productos y servicios: material y equipo de construcción, medios de transporte (automóviles, etc.), maquinaria agrícola, productos químicos (fertilizantes, etc.), papel, artículos eléctricos y electrónicos, material médico-hospitalario, material de oficina, y juguetes. En contrapartida, las importaciones brasileñas de productos hondureños continúan siendo extremadamente limitadas.
En lo concerniente al financiamiento y a las inversiones, las relaciones hondureño-brasileñas tienen como importante referente al Programa de Incentivo a las Inversiones Brasileñas en Centroamérica y Caribe (PIBAC), anunciado por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, en Guatemala, en septiembre de 200523. El PIBAC es coordinado por la cancillería de Brasil, y cuenta con el apoyo financiero del Banco Nacional de Desenvolvimiento Econômico e Social (BNDES). En términos resumidos, este programa pretende incentivar las inversiones de capitales privados brasileños en los países centroamericanos, sea para proveer productos con demanda reprimida en aquellos países ó para aprovechar las facilidades derivadas de los acuerdos de comercio que los países centroamericanos tienen con terceros mercados. En este último caso se trata de invertir en Honduras y demás países centroamericanos, entendidos como plataformas exportadoras, con el propósito de producir bienes exportables fundamentalmente para los mercados de los Estados Unidos, México, Canadá y la Unión Europea. Entretanto, las inversiones de capitales hondureños en Brasil son prácticamente inexistentes.

41Procurar alternativas para reducir esta relación asimétrica y estructuralmente deficitaria es un ineludible desafío para el presente y para el futuro de las relaciones económicas bilaterales. Entre las alternativas para conseguir alcanzar, gradualmente, relaciones económicas mutuamente más ventajosas pueden incluirse las siguientes: (a) implementar activamente el citado PIBAC; (b) favorecer el financiamiento y la participación de empresas constructoras de Brasil en proyectos de infraestructura económica y social a ser realizados en Honduras; (c) avanzar en la apertura unilateral y no recíproca del mercado brasileño para los productos hondureños; (d) incentivar la organización de eventos de promoción comercial que permitan una más intensa aproximación de productores y consumidores de ambos lados; y (e) estimular la coordinación y convergencia de políticas entre autoridades del MERCOSUR y del Sistema de Integración Centroamericano (SICA).

42En el plano político y cultural, la agenda vigente gira entorno de los acuerdos logrados en abril de 2000, cuando el entonces presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso se reunió, en la capital costarricense, con los gobernantes de los cinco países centroamericanos, además de la República Dominicana, de Panamá y de Belice. De esta primera cumbre de presidentes de Brasil y de Centroamérica surgió la llamada Declaración de San José[24]. En dicho documento, los Jefes de Estado y de Gobierno identificaron, en líneas generales, algunos de los criterios y prioridades económicas, políticas y estratégicas que pautan la relación entre las partes en la actualidad.

43Resumidamente, en la Declaración de San José los mandatarios de Brasil y de Centroamérica reafirmaron “el compromiso de nuestros Gobiernos de estrechar los tradicionales lazos de amistad y cooperación existentes entre nuestros países y nuestro renovado empeño en intensificar los mecanismos de integración económica en América Latina y Caribe”. Seguidamente son enunciados 11 tópicos o puntos particularmente significativos en la actual agenda brasileño-centroamericana, que son: (a) la preservación y fortalecimiento de la Democracia, (b) la superación de la pobreza y promoción del desarrollo sustentable, (c) la protección del medio ambiente, (d) la promoción y protección de los Derechos Humanos, (e) la manutención de la paz y de la seguridad internacionales, (f) la lucha contra la corrupción, el narcotráfico, el terrorismo y sus delitos conexos, (g) una inserción más competitiva en la economía internacional, (h) la crisis financiera internacional, (i) el perfeccionamiento de los mecanismos de integración y coordinación regional, (j) el fortalecimiento de los acuerdos multilaterales, y (k) el fortalecimiento de la cooperación. Las partes también expresaran la “disposición de mantener consultas políticas en el nivel apropiado en todas las ocasiones en que sea posible, inclusive al margen de reuniones multilaterales o regionales.” Consecuentemente, se trata de una agenda internacional amplia, positiva y plausible. Se infiere, por tanto, que las posibilidades de lograr una relación más estrecha, madura, equilibrada, constructiva y duradera son extremadamente favorables25.

Consideraciones finales: algunos escenarios plausibles para el futuro de las relaciones hondureño-brasileñas (2007-2017)

44¿En que sentido evolucionarán las relaciones bilaterales hondureño-brasileñas después de un siglo de vínculos político-diplomáticos y económicos? Esta pregunta no tiene en este momento una respuesta categórica ni definitiva. Obviamente, el futuro de las relaciones en cuestión dependerá tanto de las transformaciones globales, hemisféricas y transnacionales, como de las opciones de política internacional a ser implementadas por los diferentes actores gubernamentales y no gubernamentales con vínculos e intereses en la temática específica tratada en este estudio – esto es, hondureños y brasileños fundamentalmente; aunque terceros actores puedan eventualmente influir y ser afectados positiva o negativamente por la relación entre las partes directamente interesadas.

45 Entretanto, en el marco temporal del próximo decenio es posible y plausible imaginar como mínimo tres grandes escenarios para la relación bilateral. Tales escenarios podrían ser denominados de: (a) inercial, (b) optimista, y© pesimista o neomonroísta.

46 En el escenario inercial las relaciones hondureño-brasileñas continuarían siendo dominadas por las regularidades económicas y políticas de los últimos anos. En la práctica, esto implicaría que los vínculos económicos no tendrían cambios relevantes o previsibles. Desde la perspectiva hondureña, la asimétrica y estructuralmente deficitaria trayectoria comercial provocaría creciente insatisfacción – que eventualmente terminaría abriendo la posibilidad para políticas restrictivas con relación a las importaciones procedentes de Brasil. Las actualmente positivas perspectivas de comercio rápidamente llegarían a su máximo aceptable, se estabilizarían y eventualmente tenderían a declinar – siguiendo la lógica del famoso principio de “comprar de quien nos compra”. Nótese que en este escenario económico las exportaciones hondureñas con destino a Brasil continuarían siendo claramente limitadas e insatisfactorias.

47 En el campo político, las relaciones en cuestión continuarían siendo positivas y fundamentadas en los criterios emanados de la Declaración de San José. Paralelamente, el dialogo multilateral entre el MERCOSUR y el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) persistiría, aunque con pocos resultados realmente satisfactorios. También, los grandes temas de interés común podrían ser tratados en foros más amplios –tales como el Grupo de Rio, la Comunidad Iberoamericana de Naciones, la Organización de los Estados Americanos o aún en la Organización de las Naciones Unidas.

48En suma, se trataría de un escenario inercial con pocas mudanzas. En el mismo se confirmaría una relación correcta, amistosa, franca y solidaria, aunque modesta y poco significativa para las partes.

49 Un segundo escenario, que podría ser denominado de optimista, implicaría una sensible aproximación de los vínculos económicos y políticos. En esta hipótesis, el superávit comercial brasileño sería compensado con significativas, pertinentes y duraderas iniciativas de cooperación técnica, con transferencia de tecnología (etanol, exploración de petróleo en aguas profundas, biotecnología, etc.), con inversiones productivas de capitales brasileños en Honduras, con trato realmente preferencial y apertura del mercado brasileño a las exportaciones hondureñas, con la creación de foros empresariales específicos, y con el ofrecimiento de apoyo financiero (inclusive la incorporación de Brasil como socio extra-regional al Banco Centroamericano de Integración Económica), entre otras iniciativas. Eventualmente, Honduras podría venir a formar parte –como miembro asociado– del MERCOSUR.

50 En el campo político, el escenario optimista presupone que el diálogo entre las partes conseguiría avanzar de modo más rápido y profundo, favorecido por las afinidades electivas existentes entre las autoridades, así como por la ausencia de resentimientos históricos, por la madurez político-ideológica de los gobiernos y, en general, por la gobernabilidad democrática predominante en todos los países en cuestión. En esta hipótesis optimista, el gobierno de Honduras apoyaría activamente las reivindicaciones brasileñas más importantes en el escenario global y regional. Brasil pasaría a ser un actor relevante en el istmo centroamericano y en la cuenca del Caribe –siguiendo, talvez, el modelo implementado por otras potencias medianas y extra-regionales como España, Chile, Japón, Francia, Alemana, Suecia, Taiwán, Corea del Sur, entre otros, cuyas características fundamentales son precisamente la cooperación para el desarrollo, el trato comercial preferencial para el país centroamericano, y la constructiva participación en la política regional.

51 Cabe acrecentar que en este escenario se tornarían inaceptables iniciativas brasileñas que, intencionalmente o no, terminan desagregando o excluyendo actores centroamericanos de la permanente y definitiva unidad y solidaridad latinoamericana. Consecuentemente, se alejaría del discurso brasileño cualquier pretensión de tutela, apadrinamiento o similar, así como ciertas apreciaciones o imágenes que terminan siendo ofensivas, discriminatorias o peyorativas para los países del istmo. En otras palabras, se trataría de una relación entre países que se reconocen como socios, amigos e iguales.

52 El tercer escenario, denominado pesimista o neomonroísta, implicaría una revitalización de la tesis Root-Nabuco de las “dos Américas”. En términos económicos tal alternativa supondría la consolidación de dos polos claramente diferenciados: el gran Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, del Centro y del Caribe (NAFTA+CAFTA+otros países caribeños y andinos), de un lado, y el gran MERCOSUR (Brasil y otros países suramericanos), de otro. Llevando en consideración los llamados desvíos de comercio e inversiones que normalmente acontecen entre antiguos socios cuando alguno de ellos pasa a formar parte de un proceso de integración restrictivo, las positivas tendencias de las relaciones económicas hondureño-brasileñas tendrían que ser reevaluadas –para abajo. En esta hipótesis, los bienes y servicios brasileños exportados al mercado hondureño seguramente terminarían siendo substituidos por otros proveedores. El pretendido uso del territorio hondureño como plataforma exportadora de empresas brasileñas para terceros mercados podría compensar en parte tales desvíos. Sin embargo, a largo plazo las consecuencias serían negativas tanto para brasileños como para hondureños.

53 En el campo político, la tesis Root-Nabuco de las “dos Américas” bloquearía, nuevamente, los mecanismos de dialogo y cooperación entre los países examinados. La amenaza de virtual “balcanización” de América Latina –o específicamente de los países hispanoamericanos – retomaría cierta credibilidad. Anacrónicas y veleidosas pretensiones imperiales (y subimperiales) podrían surgir con desastrosas consecuencias para los pueblos y democracias latinoamericanas – aunque en beneficio de los intereses geopolíticos de la potencia dominante del continente y de sus acólitos en las Américas Central y Sur. En suma, se trataría de un escenario poco favorable para el dialogo, la cooperación y la solidaridad hondureño-brasileña, en particular, y hemisférica, en general .

54 Cree el autor de este artículo que las relaciones bilaterales hondureño-brasileñas terminarán avanzando por algún punto intermedio entre los escenarios inercial y optimista. En esta hipótesis, se trataría de un escenario de moderado optimismo que permitiría trabajar simultáneamente bajo criterios fundamentados en el pragmatismo, en las afinidades electivas, en la sensibilidad, en la solidaridad y en el sentido de comunidad de intereses y de valores. Naturalmente, el futuro de las relaciones bilaterales también dependerá de las voluntades, de las prioridades de los “hombres de Estado”, y de las coyunturas global, regional y transnacional.

55 Así, se concluye que después de un siglo de trayectoria conjunta es posible y necesario continuar trabajando a favor de una relación madura, sólida y constructiva. Tornase imprescindible reconocer las capacidades existentes, aceptar que se trata de una empresa colectiva y reconstruir los sentidos de pertenencia, de identidad compartida y de destino común. O, retomando las palabras del ex-canciller brasileño Mario Gibson Barboza, aceptar y comprometerse con una relación que “aunque constante, aún no ultrapasó los limites de la elección afectiva para fundamentarse en la solidaridad de los intereses, en la coincidencia del trabajo, en el encuentro de los esfuerzos para un fin común.”[26]

56Post-data de septiembre de 2007

57La visita del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a Honduras, el día 7 de agosto de 2007, sugiere que el escenario de moderado optimismo realmente está siendo confirmado. Nótese, de inicio, que se trató de la primera visita de un presidente brasileño a Honduras, lo que sugiere un alto simbolismo.

58 En la oportunidad, fue firmado un Comunicado Conjunto por los presidentes José Manuel Zelaya Rosales y Lula da Silva.[27] En tal documento se identificaron y actualizaron los tópicos más importantes y relevantes de la agenda bilateral. Las partes reafirmaron su adhesión a los valores democráticos, a la justicia social y a la promoción de los derechos humanos. Reafirmaron el interés por avanzar en la cooperación técnica horizontal para el desarrollo, especialmente en lo concerniente a la difusión de la tecnología brasileña para generación de energía – biocombustibles, hidroeléctricas y prospección de petróleo en el Caribe hondureño. También, se comprometieron a explorar alternativas económicas para conseguir una relación comercial más justa, equitativa y mutuamente ventajosa.

59 En el campo político y de seguridad internacional las partes se comprometieron a intensificar el diálogo y la solidaridad. Esto último incluye el apoyo hondureño a la candidatura brasileña para un eventual puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Asimismo, se reconoció la necesidad de una creciente aproximación económica y política entre el Sistema de Integración Centroamericano y el Mercado Común del Sur (SICA-MERCOSUR). El presidente brasileño aprovecho la ocasión para manifestar, enfáticamente, que: “un país que quiere ser soberano no puede quedar dependiendo apenas de uno o de dos socios. Es necesarios que tengamos una relación bastante plural28.” Nótese que tal ponderación es de interés en la política externa hemisférica y global de ambos países. Para el gobierno del presidente Zelaya una aproximación al así llamado Coloso del Sur –gobernado por una izquierda progresista, moderada y democrática – es una buena alternativa frente a los extremismos de derecha y de izquierda. Aparentemente el gobierno hondureño pretende reconfigurar de forma coherente sus relaciones con la potencia hegemónica del continente, sin que ello implique una aproximación demasiado estrecha a la Venezuela chavista. Entretanto, para el lado brasileño se trata de buscar nuevos aliados y socios en la cuenca del Caribe – especialmente en el marco de su declinante proyecto sudamericano, dada la poca sensibilidad y resonancia que el mismo ha despertado en la mayoría de las cancillerías amazónicas, andinas y platinas.

60 En consecuencia, la aproximación hondureño-brasileña ilustrada por el relevante encuentro Zelaya-Lula es claramente benéfica, coherente y funcional, especialmente llevando en consideración el escenario de moderado optimismo propuesto para las relaciones bilaterales en el próximo decenio.

61 Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales por la Universidad de Brasilia (UnB). Actualmente trabaja como docente e investigador en UNIEURO e IESB (en Brasilia). Correo electrónico: cdominguez_unieuro@yahoo.com.br.

Notas de pie de página.

621 José Carlos Brandi Aleixo. O Brasil e a América Central, (Brasilia: Câmara dos Deputados/Comissão de Relações Exteriores, 1984), pág. 22.

632 La apertura de relaciones diplomáticas entre Rio de Janeiro y los gobiernos de América Central ha sido atribuída principalmente a razones de prestigio, habida cuenta que no existían intereses nacionales vitales brasileños –fuesen políticos, económicos o culturales– que justificasen dicha decisión.

643 E. Bradford Burns. A aliança não escrita/ O Barão de Rio Branco e as Relações Brasil-Estados Unidos, (Rio de Janeiro: EMC Ed, 2003).

654 Amado Luiz Cervo, y Clodoaldo Bueno. História da Política Exterior do Brasil, (Brasilia: EDUNB, 2002).

665 Luiz Alberto Moniz Bandeira. De Martí a Fidel/ A Revolução Cubana e a América Latina, (Rio de Janeiro: Civilización Brasileira, 1998).

676 Lars Schoultz. Estados Unidos: poder e submissão/ Una história da política norte-americana em relação à América Latina, Bauru: EDUSC, 2000, pag. 217s.

687 Kátia Gerab Baggio. “Duas interpretações brasileiras sobre a América Latina no final do século XIX e início do XX: Joaquim Nabuco e Manoel de Oliveira Lima”, en Jaime de Almeida (organizador): Caminhos da História da América no Brasil/ Tendências e contornos de um campo historiográfico, (Brasilia: ANPHLAC, 1998), págs. 79-93.

698 En 1958, el presidente Ramón Villeda Morales se erigió en el primer mandatario de Honduras que visitó oficialmente al Brasil. En la ocasión, el gobernante hondureño condecoró a su contraparte brasileña, el presidente Juscelino Kubitschek, con la Orden Francisco Morazán.

709 Luiz Alberto Moniz Bandeira. Relações Brasil-Estados Unidos no contexto da globalização/ II Rivalidade Emergente, 2a ed. rev. y ampl., (São Paulo: Editora SENAC São Paulo, 1999).

7110 Victor Bulmer-Thomas. La historia económica de América Latina desde la independencia, (México: Fondo de Cultura Económica, 1998).

7211 Fernando Ronald de Carvalho a MRE, Ofício confidencial N° 33, Tegucigalpa, 26.2.1971, AHMRE: Cx 122.

7312 Aleixo, op. cit.

7413 “Discurso do Ministro Mário Gibson Barboza, por ocasião da assinatura da Declaração Conjunta Brasil-Honduras. Tegucigalpa, em 17 de Julho”, Documentos de Política Externa V 1971, (Brasilia: Ministério das Relações Exteriores, 1973), págs. 177-178.

7514 Cervo y Bueno, 2002, op. cit. Moniz Bandeira, 1999, op. cit. Lima, Maria Regina Soares de, “La crisis centroamericana y Brasil: Política reactiva y solidaridad discreta”, en Cristina Eguizábal (compiladora): América Latina y la Crisis Centroamericana: En busca de una solución regional, (San José: CSUCA, 1990), págs. 223-235.

7615 O. L. de Berenguer Cesar a MRE, Ofício confidencial-urgente N° 71 (DCS), Tegucigalpa, 20.2.1978, AHMRE: Cx 71. La creación de una serie de Comisiones Mixtas integradas por representantes gubernamentales del Brasil y de cada uno de los cinco países de América Central fue otro mecanismo utilizado para discutir problemas comunes de índole política, económica y cultural.

7716 Alain Rouquié. Guerra y paz en América Central, (México: Fondo de Cultura Económica, 1994).

7817 Jean-Baptiste Duroselle. Todo Império Perecerá/ Teoria das Relações Internacionais, (Brasilia: EDUNB y São Paulo: Imprensa Oficial, 2000), págs. 194s.

7918 Aluízio Bezerra, “Discurso do Sr. Deputado Aluízio Bezerra, proferido na sessão vespertina de 11-3-82”, Diário do Congresso Nacional, 13.3.1982, pp. 876-879.

8019 Originalmente el Grupo de Contadora fue integrado por los gobiernos de Colombia, Panamá, México y Venezuela. El nombre del grupo provino de la isla panameña de Contadora, donde se realizó la primera reunión de los cancilleres de los países miembros del grupo. En 1985 surgió el Grupo de Apoyo al proceso negociador de Contadora, integrado por los gobiernos de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay.

8120 Alicia Forman. Puentes sobre la Turbulencia/ La Concertación Política Latinoamericana en los Ochenta, (Santiago de Chile: FLACSO, 1990).

8221 Debe reconocerse que los esfuerzos diplomáticos del grupo latinoamericano nunca fueron coronados con la firma del Acta de Contadora para la Paz y Cooperación en Centroamérica –debido a la feroz y persistente oposición de la potencia hegemónica del continente y de sus acólitos en Honduras y en otros países del istmo centroamericano.

8322 Carlos Domínguez Ávila. “Opondo-se ao intervencionismo: O Brasil frente ao conflito regional na América Central (1979-1996)”, Tesis de doctorado, Universidad de Brasilia, 2003.

8423 Ministério das Relações Exteriores do Brasil, “PIBAC”, en Internet: http://www.braziltradenet.gob.br/PIBAC/P/DestaquePIBACP.aspx . Consulta el día 10 de enero de 2006.

8524 “Declaración de San José”, San José, 5.4.2000, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, en Internet: http://www.rree.go.cr/Brasil-2000-Decl.html . Consulta el día 5 de enero de 2006. La Declaración de San José fue firmada por el presidente Carlos Roberto Flores Facussé.

8625 Toledo Diego, “Brasil lança programa para investimientos na América Central”, BBC Brasil, 14 de setembro de 2005, en Internet:
http://www.bbc.co.uk/portuguese/reporterbbc/story/2005/09/050914_diegoguatemalacg.shtml
Consulta el día 5 de enero de 2006.

8726 “Discurso do Ministro Mario Gibson Barboza, ao fazer entrega, ao Ministro das Relações Exteriores da Guatemala, da Grã-Cruz da Ordem Nacional do Cruzeiro do Sul. Guatemala, em 13 de Julho”, Documentos de Política Externa V 1971, (Brasilia: Ministério das Relações Exteriores, 1973), págs. 163-165.

8827 “Comunicado Conjunto de la Visita de Estado del Presidente de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a Honduras”, Tegucigalpa, 7.8.2007, en Internet: http://www.mre.gov.br Consulta el día 17 de septiembre de 2007.

8928 Luiz Inácio Lula da Silva, “Declaração à imprensa do Presidente da República, Luiz Inácio Lula da Silva, por ocasião da visita a Honduras”, Tegucigalpa, 7.8.2007, en Internet: http://www.mre.gov.br Consulta el dia 17 de setembro de 2007.

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Para citar este artículo :

Carlos Federico Domínguez Avila, « Honduras-Brasil: Un siglo de afinidades electivas, de solidaridad y de cooperación para el desarrollo (1906-2007) », Boletín AFEHC N°34, publicado el 04 febrero 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1846

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