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AFEHC : articulos : Historiografía de las visiones autóctonas como reto metodológico : Historiografía de las visiones autóctonas como reto metodológico

Ficha n° 1871

Creada: 13 abril 2008
Editada: 13 abril 2008
Modificada: 25 abril 2008

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Autor de la ficha:

Laura MATTHEW

Editor de la ficha:

Luis Pedro TARACENA ARRIOLA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Historiografía de las visiones autóctonas como reto metodológico

En el interés metodológico de integrar las múltiples visiones analiza la probanza 291, la cual demuestra la compleja existencia de una diversidad de mesoamericanos participando como conquistadores indígenas junto con los españoles. Lo que sugiere la importancia y el liderazgo de los indígenas en las invasiones del siglo XVI.
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Autor(es):
Laura Matthew
Fecha:
Abril de 2008
Texto íntegral:

1Trascripción de ponencia: Jornada “Participaciones Indígenas en la ‘conquista’ y las nuevas interpretaclones historiográficas”, Antigua Guatemala, 7 de junio del 2007

2Agradezco a CIRMA y a Luis Pedro Taracena por haberme invitado a participar en esta jornada. A la Agencia Española de Cooperación Internacional y a la Embajada de Holanda en Guatemala por facilitar y apoyar la realización de esta jornada. Y también a todos ustedes, que incluye a académicos e historiadores locales. La historia es algo que tiene que ver con todos.

3Voy a hablarles de los retos metodológicos que suponen e implican el trabajo con fuentes historiográficas del siglo XVI. Pero me centraré en la documentación española y esto no supone que los autores sean exclusivamente españoles. Tal es el caso de “las probanzas”, a las cuales ya hizo alusión Michel.

4Mi acercamiento original al tema fue a través de otros temas como suele pasar con muchas investigaciones. Al comenzar, no me interesaba para nada la conquista. Lo que yo quería investigar y documentar era la formación de pueblos indígenas alrededor del valle de Panchoy y de la ciudad de Santiago. Pueblos que se formaron de una manera muy caótica, con grupos indígenas de distintos lugares: del altiplano, de El Salvador, del valle, del oriente; hablando distintos idiomas y con experiencias muy diferentes. Habían esclavos de los españoles, refugiados de la violencia, así como forasteros que llegaron al valle de Panchoy para aprovechar las oportunidades que ofrecía la nueva ciudad española, y, como en el caso de Ciudad Vieja, conquistadores y aliados.

5Pero escogí a Ciudad Vieja por tener una historia muy particular, muy única, puesto que había dejado estas huellas documentadas en los archivos. Por esa razón decidí investigar a este pueblo. Esto no fue porque haya decidido cambiar mis ideas sobre la conquista. Tengo que confesar que para mi la conquista era lo que ya es, una narrativa ya conocida, una cronología de fechas y de batallas y de personajes famosos. Esto suponía para mi trabajo, que resumiera este momento lo más rápidamente posible para llegar al momento interesante para mi y que sigue siendo muy interesante, por supuesto, el siglo XVII.

6Entonces para mí fue una sorpresa. Cuando comencé a leer documentos y aprender de ellos, me dieron una visión muy nueva y para mí, inesperada de la conquista. En este caso la visión autóctona de los indígenas del centro y sur de México que llegaron aquí, a Centroamérica. Esta es sólo una visión autóctona por supuesto. Yo creo que estamos hablando de múltiples memorias y visiones de la conquista, desde distintos puntos de vista. Yo estoy hablando de una en particular. Sin embargo, poco a poco, conforme fui enfrentando los datos que encontré en estos documentos y fui confrontando la narrativa tradicional de la conquista, en un momento tuve que sentarme y pensar en la necesidad de reinventar las cosas, en especial, en cuanto a los números y también en la cantidad de datos y testimonios, no sólo desde los indígenas sino también de los españoles, conquistadores poco conocidos. Y ahora realmente no veo la conquista como la veía antes.

7Para la historia de Ciudad Vieja el documento que refleja más directamente la visión autóctona de estos conquistadores es el lienzo de Quauhquechollan. Pero también hay una probanza, en formulas muy exactas y escrita en castellano. Está archivada en el Archivo de Indias bajo el nombre Justicia 291, con una copia incompleta también archivada en Contratación 4802. Varios historiadores han usado este documento en tiempos recientes, William Fowler, Pedro Escalante Arce, y Andrea Martínez Baracs. Michel y yo trabajamos con ella por muchos años sin saber que otra persona lo hiciera. Y, sin embargo, creo que aún nos falta comprender el significado de este documento.

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9La probanza abarca más de diez años, de 1564 a 1576. La primera parte sigue un formato muy cómodo, que se encuentra en todas las probanzas hechas por los españoles para probar a la Corona española sus servicios, sus méritos, el por qué deberían de recibir encomiendas, etc. Los indígenas aliados habitantes de Ciudad Vieja siguieron exactamente el mismo formulario que los españoles y presentaron este documento a la Real Audiencia de Guatemala, aquí en Santiago, por medio de dos indígenas. El primero de ellos, don Francisco de Oñate, era un tlaxcalteca. El mismo que había escrito una carta algunos años antes describiendo su situación como un tlaxcalteca noble que había dejado su herencia en Tlaxcala y que pedía lo que debía recibir aquí en el sur, en Guatemala. El segundo de ellos, don Juan de Tapia, sólo se identifica como un “mexicano”, palabra que se usaba durante aquel período para cualquier hablante nativo del náhuatl del centro de México.

10Ellos hicieron esta petición y la presentaron en nombre de todos los aliados, mexicanos, tlaxcaltecas, zapotecas, mixtecas; gente que vivía en Ciudad Vieja, Soconusco, San Salvador, Gracias a Dios, Comayagua y Chiapas. La probanza iba representando a todos los conquistadores que querían recibir esta exención de tributo. Esto para mi es muy interesante. Normalmente encontramos probanzas a nombre de individuos o, cuando están hechas por las elites indígenas del centro de México, en nombre de un altepetl o ciudad particular. Pero esta es una probanza regional y refleja muchísimo trabajo, porque ellos tuvieron que hacer un interrogatorio cuyas preguntas podrían reflejar todo el trabajo que habían hecho en la conquista y también, en organizar la verificación de todos los textos de cada uno de estos lugares. En cada lugar donde hallaron nuevas colonias de aliados “mexicanos, taxcaltecas, mystecas, y zapotecas,” estos conquistadores indígenas incluyeron copias de los edictos de la reina y otros oficiales exonerándoles de servicio personal y tributo. Se presentaron 29 testigos en total en esta primera parte de la probanza, mitad españoles, mitad indígenas. Los españoles son en su mayoría conquistadores, algunos más famosos que otros, como Álvaro de Paz, Alonso de Loarca, Pedro González Nájera, y Pedro Çeron. Mucho del testimonio que Michel presentó viene de estos españoles y hay otra información de españoles en sus propias probanzas, estudiadas y publicadas por historiadores como Francis Gall, Adrian Recinos, y Wendy Kramer. Entonces tenemos ejemplos de los españoles mismos recordando la participación de los aliados.

11También se encuentra en la probanza a muchos indígenas en cada lugar, individuos que nos indican su participación en una serie de campañas. No todos vinieron con Pedro de Alvarado en 1524 ni tampoco con Jorge de Alvarado en 1527. Algunos llegaron en grupos pequeños de 50 o 100 guerreros, con españoles particulares, para reforzar las tropas que ya estaban en Centroamérica. Otros llegaron más tarde, por ejemplo, para la conquista de Honduras en los años 30. Unos recuerdan la inspiración de las primeras campañas saliendo de su altepetl en México. Dicen: “_yo me acuerdo cuando era niño, viendo a Pedro de Alvarado y todas las tropas del altepetl juntándose y reuniendo las tropas que iban al sur. Y era tan impresionante que posteriormente cuando ya era adulto, decidí participar en las campañas hacia lo que hoy es Honduras_.” Entonces en este documento se observa una diferencia de generaciones, una continua ola de personas saliendo del norte para participar y ganar lo que pudieran en las conquistas.

12También es muy interesante que entre los testigos de este documento no aparece ningún testigo maya, ni uno. Para mí es muy claro, cuando se ve esta fuente, que es una probanza de conquistadores: los conquistadores indígenas del centro y sur de México que pretenden fortalecer su alianza con los conquistadores españoles y, al fin, distinguirse de los indígenas locales. Para ello tener un testigo maya no sirve. Porque en esta visión de la conquista los mayas son los propios conquistados. La probanza de Justicia 291 refleja una visión autóctona, no la única pero una visión. También se aprecia cómo los españoles así como los quauquecholtecas en su lienzo están dispuestos a crear una explicación de sus propios éxitos, que es lo que pasa también con esta probanza desde el punto de vista de los aliados “mexicanos, tlaxcaltecas, y zapotecas” ahora viviendo en Centroamérica.

13Esta primera parte de la probanza fue entregada al juez de residencia en Santiago de Guatemala, Francisco Briceño, quien decidió enviar el caso al Consejo de Indias en 1565. Pasó varios años en España con un procurador que representaba a los indígenas conquistadores, pero el Consejo de Indias decidió en contra de lo solicitado en la probanza en 1571. Entonces, la segunda parte de este gran documento fue otro intento por lograr lo que anteriormente habían solicitado. El tono de esta segunda parte es mucho más insistente. Parece que los dirigentes principales en Ciudad Vieja quieren dejarle muy claro al rey de España – ese rey que está del otro lado del mar, que vive tan lejos que es casi una abstracción, y que ellos reconocen que fue bajo su bandera que ellos estaban luchando – que ellos son: nobles, guerreros y aliados poderosos.

14Es por ello que el formulario de la probanza cambia un poco. De veintinueve testigos bajan a nueve. Cuatro son españoles originales conquistadores. Uno muy importante y muy impresionante, don Francisco de la Cueva, esposo de la hija de Pedro de Alvarado y la princesa tlaxcalteca Luisa Xicotencatl, doña Leonor, y por eso pretendiente de sus bienes y encomiendas. Los otros cuatro testigos son todos “mexicanos y tlaxcaltecas” viviendo en Ciudad Vieja. En esta nueva etapa no se ve la diferencia de generaciones. Esos cuatro testigos que se seleccionaron para la segunda probanza provenían de los antiguos conquistadores, los originarios, los que habían venido con Pedro y/o Jorge de Alvarado. Que ahora eran ancianos, quizás entre 70 y 75 años. Había uno de Cholula, otro de Tlaxcala, uno de Huitzilopochco que es uno de los pueblos que se llaman de Chinampas en el lago de Texcoco, y por último uno de Coyoacán. Se ve aquí algo que ya dijo Michel, que estamos hablando no sólo de de tlaxcaltecas o quauhquecholtecas (refiriéndonos al lienzo), sino gentes de varios lugares. Para la gente de Ciudad Vieja esas diferencias seguían siendo muy importantes. Muchos de ustedes saben que Ciudad Vieja tenía a lo largo del periodo colonial nueve parcialidades divididas por los altepetl de sus primeros habitantes. Se incluyen los de Texcoco, de Tlaxcala, de Tenochtitlan, de Cholula, de Quauhquechollan, de las ciudades de las Chinampas, de Otumba, de Tlatelolco, y de Tehuanatepec. Entonces las parcialidades en Ciudad Vieja reflejan las distinciones étnicas entre los conquistadores indígenas.

15También el interrogatorio o formato de la probanza cambió. Ahora reflejaba una insistencia en cuanto a los orígenes de los conquistadores de México, que los capitanes y muchos de los guerreros venían de las familias más nobles y pertenecían a las órdenes de guerra más importantes. Por eso se incluyeron listas de cientos de conquistadores indígenas individuales y sus hijos viviendo en Centroamérica, separados entre mexicanos, cholultecas, taxcaltecas, y zapotecas.

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19También insistían en su legitimidad según las normas de la Iglesia Católica, intimando no solo su aceptación de las normas de la nueva religión, sino también estableciendo un paralelismo entre las reglas de la sociedad cristiana y las de la sociedad mesoamericana. Dicen que en tiempos prehispánicos, como en esos tiempos, siempre habíamos recibido lo que merecemos por nuestros servicios en conquistas. Y como bien dijo Michel, ellos esperaban que fuera a ser igual durante los años de 1530, 1540 y 1550 y estamos llegando hasta las décadas entre 1570 y 1590 incluso. Al mismo tiempo, se nota la percepción o el darse cuenta por parte de los indígenas conquistadores, que las reglas de la sociedad hispana-americana y su posición dentro de ella eran radicalmente diferentes que en épocas anteriores. En este documento creo que se puede ver esta transición, de una época de fuertes alianzas entre europeos y mesoamericanos, a una sociedad colonial dominado por la burocracia española.

20Ahora bien, ¿qué información está en esa probanza que realmente pueda añadir algo nuevo a nuestra comprensión de la conquista de Guatemala? Voy a referirme a algo que ya decía Michel, primero que nada los números. Las palabras de Bernal Díaz del Castillo, que refiere a los 300 aliados con Pedro de Alvarado, no necesariamente son incorrectas. Es muy posible que el día en que Pedro de Alvarado salió de la ciudad de México en 1524 quizás haya salido solamente con 300 mexicanos o tlaxcaltecas. Pero sabemos a través de los testimonios de la probanza Justicia 291 que mucha otra gente se unió en el camino hacia Tehuantepec en Oaxaca, y se reunieron allí en la ciudad zapoteca, a finales de 1524. Un testigo tlaxcalteca en este documento recordaba que tal vez iban alrededor de dos o tres mil personas yendo hacia territorio K’iche’ con Pedro de Alvarado. Un español recordó que tal vez habían como siete mil, aunque no es muy claro si se refería a la campaña de Pedro o de Jorge de Alvarado o una combinación de varias entradas. Sabemos de otros documentos españoles que en la entrada de Jorge de Alvarado de 1527, representada en el lienzo de Quauhquechollan, vinieron entre tres o cinco mil personas del centro de México. Creo que hay que tomar muy en serio estos números. Si hablamos de unos 300 españoles aliados con unos cuatro mil indígenas, ¿cómo podemos – o debemos – reimaginar los hechos? Esa visión de la conquista, desde el punto de vista de los conquistadores indígenas de México y también de algunos españoles, es muy distinta de la visión ofrecida por una sola mención en la crónica de Bernal Díaz del Castillo. Sugiere la posibilidad que en su presencia y también en su liderazgo, los españoles no eran los únicos ni los más dominantes actores en las invasiones del siglo XVI en Centroamérica.

21Segundo, es importante repetir que estamos hablando de una serie de invasiones y campañas, con la participación de una gran diversidad de gente mesoamericana. Por supuesto, las invasiones de Pedro de Alvarado en 1524 y de Jorge de Alvarado en 1527 son muy importantes. También, la participación de los famosos tlaxcaltecas. Sin embargo, habían muchas otras entradas más pequeñas, de un español y cincuenta tlaxcaltecas y xochimilcas, por ejemplo, o de cincuenta españoles y cien o doscientos guerreros de Coyoacán. Las probanzas como Justicia 291 están llenas de referencias a tales entradas. También, como las probanzas y también el Lienzo de Quauhquechollan nos recuerda, no hablamos sólo de los tlaxcaltecas ni de los llamados ‘nahuas’ del centro de México, ni siquiera de invasiones siempre del norte hacia el sur. Estamos hablando de guerreros e inmigrantes cruzando y moviéndose por toda Mesoamérica. Una vez en Centroamérica, las fuerzas invasores también se reunían con guerreros centroamericanos para iniciar nuevas campañas: Zapoteca y Mixe en Guatemala, Kaqchikel en el altiplano, K’iche’ en Honduras y Chiapas, y Lenca en Yucatán. Algunas personas fueron forzadas, otras era gente que estaba participando de una manera involuntaria. Hay múltiples visiones, hay múltiples experiencias, múltiples versiones que todavía no hemos visto todas. Pero en cualquier caso, nos recuerda del caos y de la violencia de la época y nos indica un constante movimiento de la gente.

22Creo que hacer la historia es una tarea colectiva, y no sólo de historiadores académicos. Porque los retos metodológicos no consisten a mi parecer sólo en hacer paleografía o buscar los documentos en los archivos. Los retos residen también en nuestra habilidad de imaginar otras narraciones que podemos aceptar al lado de las narraciones de los españoles, en las cuales los éxitos de los españoles no siempre se ponen en el centro. No se trata que las narraciones españolas sean mentira. Pero se trata de buscar, interpretar y balancear todos los aspectos de este período que es muy complejo e intentar cuestionar las narraciones que hemos repetido por muchos años, preguntándonos sobre la posibilidad de que haya otras maneras de ver los hechos que ofrecerían una visión más completa de la historia. También, es un reto aceptar e integrar las múltiples visiones de la conquista, hablando no solo de una división entre conquistadores y conquistados (aunque este discurso tiene su lugar), sino también de conquistadores indígenas, de experiencias locales, de la literatura maya, etc.

23Finalmente, para los profesionales académicos es un reto el poder buscar otras versiones que se quedan silenciadas en la historia local, que se quedan quizás en la geografía de un lugar y en las memorias de personas que no puedan escribir uno o varios libros, y añadir esto a lo que nosotros hemos encontrado en archivos. Así podemos comenzar con una discusión mucho más amplia de lo que expusimos y podemos hacer hoy. Muchas gracias.

Obras mencionadas:

24Pedro Escalante Arce, Los tlaxcaltecas en Centroamérica (San Salvador: Concultura, 2001, rev. 2004).

25William Fowler, The Cultural Evolution of Ancient Nahua Civilizations (Norman, OK: University of Oklahoma Press, 1989).

26Francis Gall, ed., “Probanzas de méritos y servicios de Diego de Usagre y Francisco Castellón,” en Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, 41: 2 (1968), 141-198.

27Wendy Kramer, Encomienda Politics in Early Colonial Guatemala, 1524-1544: Dividing the Spoils (Boulder, CO: Westview Press, 1984).

28Andrea Martínez Baracs, “Colonizaciones tlaxcaltecas,” en Historia mexicana, XLIII: 2 (1993), 195-250.

29Laura Matthew y Michel Oudijk, eds., Indian Conquistadors: Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamérica (Norman, OK: University of Oklahoma Press, 2007).

30Adrian Recinos, Pedro de Alvarado (México: Fondo de Cultura Económica, 1952).

Para citar este artículo :

Laura Matthew, « Historiografía de las visiones autóctonas como reto metodológico », Boletín AFEHC N°35, publicado el 04 abril 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1871

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