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AFEHC : articulos : Filibusteros, financieros y cuestiones de límites entre Costa Rica y Nicaragua. : Filibusteros, financieros y cuestiones de límites entre Costa Rica y Nicaragua.

Ficha n° 1926

Creada: 07 junio 2008
Editada: 07 junio 2008
Modificada: 19 octubre 2013

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Filibusteros, financieros y cuestiones de límites entre Costa Rica y Nicaragua.

En este artículo se estudian dos contratos firmados por el Presidente Juan Rafael Mora Porras con William R. C. Webster para el transporte de pasajeros por la denominada ruta del tránsito que corría a lo largo del río San Juan y el lago de Nicaragua. El tema ofrece gran riqueza y complejidad pues se inscribe en una época en la que confluyen diversas circunstancias como la guerra que se libra en Centro América contra los filibusteros de William Walker, las disputas de los grandes financieros de la época, como Cornelius Vanderbilt y Charles Morgan, por el control de la ruta del tránsito y las diferencias limítrofes entre Costa Rica y Nicaragua que se habían agudizado a partir de la década de 1840.
286
Palabras claves :
Filibusteros, Juan Rafael Morra, Financieros
Autor(es):
Luis Fernando Sibaja Chacón
Fecha:
Junio de 2008
Texto íntegral:

1

Introducción

2 Por razones geográficas e históricas Costa Rica jugó un papel fundamental en la vía del tránsito, pieza clave en la lucha contra los filibusteros. En este trabajo se estudian dos concesiones para el transporte de pasajeros por dicha ruta, firmadas por el Presidente Juan Rafael Mora con William R. C. Webster. El tema era prácticamente desconocido en la historiografía hasta la aparición de la obra de Paul Woodbridge y el posterior estudio de Clotilde Obregón1. Aquí se pone el énfasis en la relación de los grandes empresarios de la época con los contratos Webster-Mora y en la repercusión de tales convenios en las cuestiones limítrofes entre Costa Rica y Nicaragua2.

Algunos antecedentes necesarios.

3 La formación territorial de los Estados que hoy integran la América Central se inició desde el año 1502 con el cuarto y último viaje de Cristóbal Colón. En esa oportunidad dicho navegante recorrió desde el cabo de Honduras hasta las cercanías del golfo de Urabá y ese territorio fue adjudicado a sus descendientes en 1511, cuando se iniciaron los prolongados y complejos procesos judiciales conocidos como “pleitos colombinos”. Está claro que Veragua se extendía no sólo por la costa sino que penetraba hasta la divisoria de aguas de la América Central. También está muy claro que el afán de encontrar un paso que comunicara ambos océanos originó diversas expediciones que llevaron a choques entre los conquistadores y originaron las provincias de Castilla del Oro (Panamá), Nicaragua, Honduras y Guatemala. Así, la posibilidad de la comunicación interoceánica fue un factor fundamental en la temprana fragmentación territorial de la América Central, como se aprecia en el mapa adjunto3. Finalmente la Veragua colombina pasó a dominio de la Corona y de ahí surgieron, entre 1536 y 1573, las provincias de Veragua, en la parte occidental de Panamá, y Costa Rica.

4 Al concentrarse los conquistadores en la parte central y sureste de Costa Rica, la que tenía más fama de riquezas, esta provincia perdió el territorio situado al norte del río Desaguadero o San Juan. El 1° de diciembre de 1573 la Corona definió que Costa Rica se extendía por la Mar del Norte desde las bocas del Desaguadero hasta la provincia de Veragua. A la parte que quedó al norte del Desaguadero se le denominó Taguzgalpa y en 1576 se nombró a Diego López de Salcedo gobernador y capitán general de ese territorio el cual comprendía “…desde la boca del desaguadero á la parte norte fasta la punta del camarón en el mesmo rumbo donde comienza la provincia de Honduras, con toda la demás tierra adentro, fasta confinar con lo que agora es término y jurisdicción de la provincia de Nicaragua y Nueva Segovia4.

5 Como se puede apreciar, Nicaragua no tenía costas en el este, pues al norte de las bocas del Desaguadero y toda la restante tierra adentro, se extendía Taguzgalpa y al sur de dichas bocas estaba Costa Rica. Por ello, en la misma Real Cédula del 1° de diciembre de 1573 se estableció que el Desaguadero era de Nicaragua. Así se solucionó un problema que había tenido siempre esta provincia debido a que desde antes de su fundación existía ya la Veragua colombina la cual se extendía a lo largo de la vertiente atlántica de América Central. Aunque no se expresa en el documento de 1573 cómo era el límite al oeste de las bocas del Desaguadero, los mismos antecedentes históricos citados aclaran el punto. Si Veragua se había extendido hasta la divisoria de aguas y Taguzgalpa se hizo llegar explícitamente tierra adentro hasta donde se encontraban Nicaragua y Nueva Segovia, y, además, de Nicaragua era sólo el río, todo esto indica que la región en la margen derecha del río formaba parte de Costa Rica.

6 Un importante esfuerzo por colonizar la región adyacente al río San Juan fue hecho en 1540 por Jerónimo de Retes, quien fundó una población a orillas del río San Carlos, como a legua y media de su desembocadura en el San Juan. Sin embargo, el interés en la zona se perdió porque en la década de 1660 se inició el cultivo de cacao en Matina y esta importante actividad absorbió los esfuerzos de muchos costarricenses durante el siguiente siglo y medio.

7 En 1744 el ingeniero Luis Díez Navarro, enviado por el Capitán General de Guatemala a una visita de inspección, expresó que las bocas del río San Juan formaban el límite. Probablemente la fuente citada fue utilizada por Juarros quien en su obra indica también que Costa Rica se inicia en la boca, en singular, del río San Juan5. La evidencia documental también demuestra que la obra de Juarros fue utilizada por los costarricenses para declarar, en la Ley Fundamental del año 1825, que el límite norte era la boca del río San Juan6.

8 Ante la decadencia del cultivo del cacao y el mal estado del camino a Matina, desde los primeros años de vida independiente Costa Rica procuró salir al río San Juan por los ríos San Carlos o Sarapiquí. En eso estuvieron de acuerdo los gobiernos de León y Granada en agosto y setiembre de 1823, pues aceptaron la propuesta de Costa Rica de contribuir para la construcción de una fortaleza y el sostenimiento de una guarnición en el río San Juan.[7] En la vertiente del Pacífico la situación limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua tuvo un cambio fundamental con la anexión de los pueblos de Nicoya y Santa Cruz a Costa Rica el 25 de julio de 1824. Esto fue confirmado por el Congreso de la República Federal en diciembre de 1825 pues dispuso que el partido de Nicoya continuara separado de Nicaragua y agregado a Costa Rica hasta que se hiciera la demarcación del territorio de los Estados, prevista en el artículo sétimo de la Constitución. Esto nunca se llevó a cabo por la disolución de la República Federal.

9 El 30 de abril de 1838 una Asamblea Constituyente separó a Nicaragua de la República Federal. Eso entusiasmó a algunos militares costarricenses quienes el 27 de mayo dieron un golpe de estado y entregaron el mando a Braulio Carrillo para que siguiera tal ejemplo8. Aún cuando Costa Rica se separó de la Federación hasta el 14 de noviembre de 1838, porque era necesario primero convocar a un Congreso Constituyente, desde finales de julio Carrillo dio instrucciones a Francisco María Oreamuno para que se trasladara a Nicaragua a celebrar un tratado que contemplara el reconocimiento recíproco de independencia, soberanía y libertad, una alianza de mutua defensa y un arreglo de la cuestión limítrofe.

10 Aunque el asunto limítrofe no se resolvió, de esas gestiones diplomáticas se destacan dos aspectos de interés. En primer lugar, en las instrucciones reservadas que le dio Carrillo a Oreamuno se señala que la línea divisoria debe correr por la vega derecha del río San Juan, aguas abajo hasta el mar, aunque las aguas correspondan a Nicaragua9. En segundo lugar, en el tratado de amistad y alianza que firmaron Francisco María Oreamuno por Costa Rica y Pablo Buitrago por Nicaragua el 20 de diciembre de 1838, se estableció que “El puerto de San Juan del Norte, como perteneciente a ambos Estados, será administrado por los dos gobiernos, por ahora y hasta que se señale la línea divisoria10.”

11 En resumen, en 1838 estaban bastante claros los siguientes aspectos: la pertenencia del río San Juan a Nicaragua, la boca de dicho río como límite entre ambos Estados, la salida de Costa Rica al Atlántico por los ríos San Carlos o Sarapiquí y San Juan y la pretensión de Costa Rica a la margen derecha del río San Juan como límite. En el mismo tratado que acabamos de citar se estableció que la cuestión de Nicoya quedara en manos del futuro gobierno federal que se esperaba organizar.

12 En 1846 ese panorama cambió en forma sustancial, como se puso en evidencia con la misión de los costarricenses, Juan de los Santos Madriz y Juan Vicente Escalante a Nicaragua. Esa misión se originó porque en Costa Rica se dio un extraordinario crecimiento de las exportaciones de café, que pasaron de 283 toneladas métricas en 1839 a 3.350 toneladas en 184511. El costo de enviar ese producto a Europa por Puntarenas y el cabo de Hornos era muy alto y como el camino que había construido Braulio Carrillo estaba abandonado se optó entonces por la salida al Atlántico mediante el río San Juan.

13 En esta oportunidad el cambio por parte de Costa Rica consistió en que en las instrucciones dadas a Madriz y Escalante se expresa que el gobierno de Nicaragua debe reconocer y declarar que el río y puerto de San Juan corresponden en lo sucesivo y para siempre jamás, con igualdad de condiciones en todo concepto, a los dos Estados de Costa Rica y Nicaragua12. Significa esto que ya Costa Rica no pretende como límite la margen derecha del río San Juan sino que aspira a compartir dicho río con Nicaragua.

14 Nicaragua por su parte planteó en esta oportunidad una posición radical pues no sólo no reconoció la boca del San Juan como límite sino que propuso que las tierras deshabitadas que había entre Matina y el puerto de San Juan tenían que repartirse entre ambos Estados. Además, la aduana de Costa Rica tenía que establecerse en la hacienda San Alfonso en el río Sarapiquí, lugar muy al interior de Costa Rica cerca de la actual población de Puerto Viejo de Sarapiqui13. Esta posición de Nicaragua se debió al interés de alejar a Costa Rica de la futura vía interoceánica. En los años de 1838 y 1843 este Estado había firmado sendos tratados de canalización y en abril de 1846 firmó otro con Luis Napoleón. En esta oportunidad Nicaragua ofreció un millón doscientos mil acres en tierras que posiblemente abarcaban importantes extensiones al sur del río San Juan14.

15 En 1848 hubo nuevas negociaciones entre Felipe Molina y Gregorio Juárez. Al final se acordó someter tanto la cuestión de Nicoya como la “…definitiva línea divisoria entre ambos países…” a la decisión del gobierno de Guatemala. Todo terminó cuando Gregorio Juárez, representante de Nicaragua propuso posteriormente cambiar tal frase por “…línea divisoria entre San Juan y Matina15…” Las posiciones se continuaron radicalizando. En 1849 Felipe Molina firmó en Londres un contrato para un canal interoceánico que el gobierno de Costa Rica no llegó a ratificar16.

16 Por su parte, también Nicaragua firmó en 1849 un contrato de canalización con el empresario Cornelius Vanderbilt y otros magnates de la época a quienes se les otorgaron extensos territorios a ambos lados del río San Juan17. A Vanderbilt le interesaba no sólo evitar la oposición del gobierno británico, el cual pretendía controlar la ruta interoceánica mediante el protectorado que ejercía sobre la denominada Costa de Mosquitos, sino también obtener financiamiento en Londres. Esto explica su relevante papel en las negociaciones que llevaron a la firma del tratado Clayton-Bulwer, el 19 de abril de 1850, que garantizaba la neutralidad del canal18. Como los estudios demostraron que construir un canal era difícil y caro y Vanderbilt no obtuvo financiamiento, optó en 1851 por negociar con Nicaragua una vía de tránsito, empresa factible a corto plazo y, además, muy lucrativa. Surgió así la Compañía Accesoria del Tránsito. Costa Rica se opuso a los contratos de Vanderbilt por considerar que afectaba sus derechos. A principios de 1852 protestó por los trabajos preliminares que realizaba la Compañía del Canal y solicitó una indemnización de cien mil dólares por uso que haría tal empresa de unos 43.000 acres en la margen derecha del río San Juan19.

17 La necesidad de allanar las dificultades para la comunicación interoceánica hizo que el 30 de abril de 1852 el Secretario de Estado, Daniel Webster y el Ministro Plenipotenciario de la Gran Bretaña, John F. Crampton, presentaran una propuesta a Costa Rica y Nicaragua que constaba de tres principios generales que tuvieron un peso fundamental en las posteriores gestiones limítrofes entre Costa Rica y Nicaragua. En primer lugar, el derecho exclusivo de Nicaragua al canal interoceánico, en segundo lugar la renuncia de Nicaragua a sus reclamos sobre el antiguo Partido de Nicoya y, por último, la salida de Costa Rica al Atlántico por el río San Juan. Estas propuestas fueron aprobadas por Costa Rica pero rechazadas por Nicaragua20. A muy grandes rasgos, esa era la situación limítrofe que prevalecía entre Costa Rica y Nicaragua cuando irrumpieron los filibusteros.

La toma de la vía del tránsito y el primer contrato Webster-Mora.

18 Desde el momento mismo en que se declaró la guerra a los filibusteros, el Gobierno de Costa Rica tenía claro que, por su posición geográfica, su papel en la alianza militar centroamericana que se haría contra Walker consistía en controlar la ruta del tránsito. Así se planteó en las instrucciones del 29 de febrero de 1856 del delegado costarricense ante los gobiernos de Guatemala y El Salvador21.

19 Después de la epidemia del cólera y superadas las dificultades políticas internas del movimiento conocido como “Conjuración de Iglesias y Tinoco”, los costarricenses decidieron reanudar la guerra contra los filibusteros, lo que se concretó con la autorización dada por el Congreso el 16 de octubre. Sin duda alguna la carencia de recursos económicos era un obstáculo importante y por ello se aprobó un empréstito interno de 45.000 pesos y se gestionó un crédito de 100.000 pesos ante el gobierno peruano, el cual se hizo efectivo muchos meses después de terminado el conflicto.

20 Los vapores y las instalaciones de la vía del tránsito estaban en poder de William Walker porque desde el 18 de febrero de 1856 el Presidente Rivas, a las órdenes de Walker, había anulado tanto el contrato firmado en 1849 con la compañía que construiría el canal interoceánico, como el contrato firmado en 1851 con la compañía accesoria encargada del tránsito por el istmo y había confiscado todos sus bienes. De inmediato el filibustero puso la compañía en manos de su amigo Edmund Randolph y de los empresarios Charles Morgan y Cornelius K. Garrison, exsocios y rivales de Vanderbilt. Con esas decisiones Walker se ganó la enemistad del magnate Cornelius Vanderbilt, principal accionista de la empresa, quien tomó diversas decisiones como la de quejarse ante el Departamento de Estado, donde recibió una fría respuesta, y demandar a sus enemigos Morgan, Garrison y Walker22.

21 En los últimos meses de 1856 tomó fuerza el proyecto de atacar a Walker en la vía del tránsito. El 16 de setiembre y el 3 de octubre Luis Molina, Ministro de Costa Rica en Washington hizo sendas cartas de recomendación a William Robert Clifford Webster para que las presentara a las autoridades costarricenses. Según expresó Molina muchos meses después, el 19 de junio de 1857, en esas comunicaciones “…que son las que Mr. Webster debe haber puesto personalmente en manos del Señor Ministro, manifestó: que el nominado me era desconocido, que llevaba un proyecto sobre el cual había yo tenido otras veces la honra de llamar la atención de ese Ministerio; que lo que él proponía prestaba, a mi ver, por si mismo, todas las garantías apetecibles y era digno de tomarse en consideración, que el General Herrán pensaba de la misma manera, aún con cierto grado de entusiasmo y también escribía sobre el particular, que los últimos decretos de Walker contra la antigua compañía daban más garantía a la empresa y que por tanto me permitía recomendar a los empresarios23.” El criterio del General Herrán, o sea el colombiano Pedro Alcántara Herrán, era importante pues había sido designado para sustituir a Luis Molina a quien se le había encargado una misión en Europa que no se realizó.

22 Señala Molina que el 18 de setiembre comunicó que el proyecto de Webster consistía solamente en la toma de posesión del río San Juan por las fuerzas costarricenses. Además, en nota del 6 de noviembre confirmó lo que había dicho del proyecto de Webster “…siempre que, según me manifestó, sólo exija el reembolso de los gastos sin comprometer en manera alguna el futuro del país en contratas ruinosas.” Conviene agregar que Webster manifestó a Molina que obraba de acuerdo con Vanderbilt.

23 En su correspondencia Molina hace referencia a un proyecto para bloquear San Juan del Norte en el que aparecen involucrados diversos personajes. En nota del 19 de octubre Molina comunica que adelantó un viaje a Nueva York para “…tomar conocimiento de una negociación que me escribió el señor Irisarri tiene entre manos para bloquear el puerto de San Juan del Norte…el negociado del señor Irisarri es con Mr. Vanderbilt, promovido, en mi concepto, por el señor Herrán: y se dirige a conseguir un buque armado en guerra que nacionalizado en Costa Rica verifique el bloqueo para cortar los recursos de Walker.” Molina no sólo estaba poco enterado del proyecto de bloqueo sino que tenía serias dudas. En la ya citada nota del 20 de octubre, manifestó que el plan podía ser muy útil o extremadamente gravoso y arriesgado. Por ello no daría la recomendación que se le había pedido para que en Costa Rica se facilitara la nacionalización del buque.[24]

24 Una vez descartado el proyecto del bloqueo quedó en pie la propuesta de Webster que había sido apoyada por Molina. Apareció también de nuevo en escena Vanderbilt, quien desde el 2 de octubre había dado un poder al capitán Sylvanus Spencer para que tomara los vapores y propiedades de la Compañía del Tránsito en el lago de Nicaragua y el río San Juan y los retuviera hasta recibir nuevas instrucciones de la compañía.[25] Con estas propuestas que perseguían un mismo fin viajaron juntos Webster y Spencer a Costa Rica a fines de noviembre de 1856 y juntos negociaron con Lorenzo Montúfar, Ministro de Relaciones Exteriores, y el Presidente Juan Rafael Mora.

25 El 4 de diciembre Webster firmó con Mora y Montúfar un contrato en el que aparecen relacionados tres aspectos: la toma de los vapores y propiedades de la Compañía del Tránsito, o sea la empresa de Vanderbilt, un empréstito a Costa Rica por 200.000 libras esterlinas y la cesión por parte de este país de los derechos de navegación en el río San Juan y el lago de Nicaragua a Webster y sus asociados.[26] El convenio fue aprobado sin mayor trámite porque el presidente Mora gozaba de poderes omnímodos que le había otorgado el Congreso desde el 16 de octubre.

26 Algunas fuentes reflejan que cuando Webster llegó a Costa Rica tenía relación con Vanderbilt. Por ejemplo, aunque Montúfar en su obra no hace referencia al contrato que él mismo firmó, expresa que Vanderbilt “…dio algunas sumas de dinero a dos hombres de acción, Mr. Webster y Mr. Spencer, para que vinieran a Costa Rica a combinar con el Gobierno la manera de destruir la empresa de tránsito que sostenía Walker27.” La idea de que no sólo Spencer sino también Webster eran agentes de Vanderbilt es planteada por la mayoría de los escritores que tratan el tema de toma de la vía del tránsito. Scroggs señala que Vanderbilt había estado previamente en comunicación con los presidentes de las repúblicas centroamericanas instándoles para que se unieran contra el enemigo común y envió a San José a los agentes Spencer y Webster. Según los planes del empresario, cuando fuera tomada la vía del tránsito el agradecido gobierno de Nicaragua le otorgaría una nueva concesión de dicha ruta28.

27 Los aspectos mencionados parecen ser parte del plan que en los últimos meses del año 1856 Vanderbilt había puesto en práctica para recuperar la Compañía del Tránsito y vengarse de sus enemigos. El magnate inició negociaciones con Antonio José de Irisarri, Ministro de Nicaragua en los Estados Unidos que aún no había sido reconocido por Washington, para que se repusiera a la Compañía del Tránsito el goce de sus privilegios29. Parece también que la misión de Spencer no se limitaba sólo a tomar la citada vía pues en una nota de junio de 1857, Luis Molina expresa que el señor Royal Phelps, cónsul de Costa Rica en Nueva York, se entrevistó con Vanderbilt quien le comunicó que él había enviado a Spencer “…para conseguir un grant en regla de Costa Rica, y entonces con la [concesión] que él tiene de Nicaragua procederían a formar de nuevo la línea de vapores30.”

28 También Vanderbilt demandó en diciembre de 1856 a Morgan, Garrison y Walker por $1.000.000 por diversos cargos como los de uso ilícito de bienes ajenos y conspiración fraudulenta31. En ese contexto, y como regalo de navidad, Vanderbilt publicó el 25 de diciembre una nota en el Herald de Nueva York comunicando a los accionistas lo siguiente: “Las apariencias presagian la realización de mis esperanzas respecto de que pronto la Compañía recuperará sus derechos, concesión y bienes en el Istmo de Nicaragua, tan injustamente invadida32.”

29 Aunque algunos elementos citados sugieren que Webster entraba en los planes de Vanderbilt, lo cierto es que esto no se refleja en el contrato firmado el 4 de diciembre. En el artículo primero del documento se expresa lo siguiente: “En caso de que las tropas de Costa Rica que operan bajo el mandado del Capitán Silvestre (sic) M. Spencer, tengan buen éxito, y cuando ellas o el Gobierno de Costa Rica estén en posesión del río San Juan y de las propiedades de la Compañía del Tránsito, o a lo menos de los vapores del río y del Lago, pertenecientes a la misma Compañía, entonces el Gobierno de Costa Rica, en virtud de lo hecho, se obliga y compromete a expedir a favor del señor Webster o a su orden, cuando él lo pida, o a favor de sus herederos, administradores o asignados, bonos que representan el valor de veinticinco mil libras esterlinas…”. En el artículo segundo el Gobierno de Costa Rica se compromete a no entregar, disponer ni hacer uso de los enseres de la Compañía del Tránsito “…sin que antes la parte o partes, compañía o contratantes o cualquiera que sea el individuo a quien el Gobierno de Costa Rica entregue, venda o traspase aquellos objetos…” no asegure el interés y la amortización de los bonos cedidos a Webster.

30 De la transcripción se desprende que había una estrecha relación entre Webster y Spencer. En un documento posterior, los oficiales de vanguardia que marcharon a tomar la vía del transito se refieren a Spencer como un “adjunto” a la comisión que encabezaba Webster para tratar del tránsito con Costa Rica33. También queda claro no sólo que Webster recibiría una jugosa bonificación sino que la responsabilidad económica se trasladaría a la empresa que se quedara con los enseres capturados. Diversos escritores coinciden en que Webster y Spencer procuraron sacar provecho personal de sus gestiones. El mismo Montúfar lo plantea en los siguientes términos: “Webster y Spencer querían dinero. Por recompensas pecuniarias servían a Vanderbilt, y no siendo suficientes, en concepto de ellos, pidieron más al Gobierno de Costa Rica34.” Se establece un vínculo con Vanderbilt cuando se reconoce que los enseres son propiedad de la Compañía del Tránsito. Sin embargo, en el artículo segundo se abre una gama de posibilidades para que el Gobierno de Costa Rica entregue, venda o traspase tales bienes a compañías, contratantes o individuos sin mencionar específicamente a la Compañía del Tránsito.

31 Los hechos posteriores demostraron que Spencer nunca estuvo en posesión de los vapores y propiedades de la Compañía del Tránsito en espera de instrucciones de Vanderbilt y que tampoco negoció una concesión de tránsito con Costa Rica en nombre de dicho personaje. Parece entonces que Webster y Spencer se asociaron para participar con el gobierno costarricense en la expedición militar al margen de Vanderbilt. Aunque Molina sólo había recomendado el plan que Webster le presentó para tomar la vía del tránsito, éste fue más lejos en sus planes pues se comprometió a prestar 200.000 libras esterlinas al gobierno de Costa Rica, por la concesión de los derechos, privilegios y todo lo necesario para la navegación del río San Juan, el lago de Nicaragua y la embocadura del río Sapoá y para el tránsito entre dicho río y la bahía de Salinas35.

32 Aquí Costa Rica decidió en forma unilateral que tenía derecho a utilizar las aguas del río y el lago pues sólo se compromete, mediante el artículo decimoprimero a solicitar al gobierno de Nicaragua, bajo palabra de honor, el derecho de tránsito para Webster entre la bahía de La Virgen y San Juan del Sur por seis u ocho meses mientras se hacía el camino entre Sapoá y Salinas. Aunque Costa Rica no pretendía el control exclusivo de la ruta interoceánica, sí estableció en la misma cláusula decimoprimera el deseo de establecer un contrato con Nicaragua para que ese país no concediera derechos de tránsito sin su previa aprobación.

33 Se puede apreciar que esas decisiones estaban en el marco de las disputas limítrofes que se habían planteado desde fines de la década de 1840, cuando no se había llegado a ningún acuerdo y tanto Costa Rica como Nicaragua habían concedido derechos ya fuera para construir un canal o para habilitar la vía del tránsito. Era muy difícil que Nicaragua aceptase este contrato con Webster y el problema se complicó aún más porque en el artículo decimonoveno se estableció el derecho de Costa Rica de tomar el fuerte de San Carlos, donde nace el río San Juan, y de fortificar cualquier otra parte del río para garantizar las condiciones del contrato y proteger los intereses del tránsito.

34 El 29 de enero de 1857 el General José María Cañas fue nombrado Comisionado Especial ante las autoridades de León para que les diera a conocer el contrato firmado con Webster y le adjuntaron varias cartas dirigidas tanto al Gobierno de Nicaragua como a los demás gobiernos de Centro América. Cañas no tenía que entregar la correspondencia de inmediato, sino que tenía que esperar el momento oportuno, cuando considerara que la situación en Nicaragua permitiera dar a conocer el contrato. Se solicita a Cañas que, con toda la habilidad y diplomacia que le caracteriza, procure que el Gobierno de Nicaragua no haga oposición al convenio. Que haga ver las ventajas del contrato pues al Gobierno de Nicaragua se le darán cien mil pesos seis meses después de que lo apruebe. Además, participará Nicaragua de las utilidades que rinda el tránsito, después de deducirse un millón de pesos que se ha tomado en calidad de empréstito. Se expresa finalmente en las instrucciones sexta y sétima que el Gobierno de Costa Rica ya está estrictamente obligado hacia Webster y sus asociados y entonces “…si desgraciadamente el Gobierno de Nicaragua se opone a lo estipulado, este Gobno se vería en la precisión de sostener el convenio con las armas, viéndose así el país envuelto en una nueva guerra36.”

35 La misión que le esperaba a Cañas era muy difícil no sólo por las disposiciones del tratado con Webster sino también por los extremos a que estaba dispuesto a llegar el Gobierno de Costa Rica. Desde principios del mes de noviembre del año anterior, Cañas se encontraba en el sur de Nicaragua luchando contra los filibusteros. La acción conjunta de los ejércitos centroamericanos hizo que desde el 26 de marzo Walker se atrincherara en la ciudad de Rivas, en espera de los refuerzos que nunca le llegaron por el río San Juan. Probablemente en marzo Cañas comunicó su misión a las autoridades nicaragüenses, pues el 4 de abril Máximo Jerez expresó a Juan Rafael Mora que de León le habían insinuado que le conferirían poderes para entrar en negociaciones con Cañas y él estaba persuadido de la importancia de llegar a arreglos para el futuro bienestar de ambos países37.

36 Debe también haberse cruzado alguna correspondencia que no conocemos, pues el 8 de abril se le enviaron a Cañas las bases para que propusiera un tratado de límites territoriales. De acuerdo con las mismas el límite estaría constituido por el río San Juan y el lago de Nicaragua hasta la desembocadura del río Sapoá, y luego “…aguas arriba de este hasta el punto de donde comience un camino o ferrocarril al puerto de las Salinas en el Pacífico, según la última contrata de tránsito celebrada por el Gobierno de Costa Rica con una compañía extranjera…respecto del río San Juan ha de considerarse trazada una línea imaginaria que por su longitud le divida en dos partes iguales38” Se proponía también que los puertos de San Juan del Norte y Salinas fueran libres para la importación y exportación de ambas repúblicas.

37 Este documento es importante porque se autoriza a Cañas a negociar un tratado de límites que seguramente los nicaragüenses estimaron importante para considerar el convenio con Webster. Además, se plantea la posibilidad de compartir la bahía de Salinas que era valorada como el mejor lugar para construir un puerto a la salida del futuro canal interoceánico por el Pacífico. Sorpresivamente el Gobierno de Costa Rica cambió de criterio y el 30 de abril se pidió a Cañas que, no obstante lo que se le había dicho, hiciera lo posible para que el río La Flor fuera reconocido como límite39.

El fin de la guerra y los tratados Cañas-Juárez.

38 Después de la rendición de Walker, el primero de mayo de 1857, el reto más importante que enfrentaron los centroamericanos fue lograr la estabilidad política en Nicaragua. La tarea era difícil ante la larga tradición de conflictos entre granadinos y leoneses. El mes de mayo de 1857 fue de intensa actividad política en Nicaragua. Un primer intento para lograr la unidad mediante el nombramiento del conservador Juan Sacasa fracasó y siguieron días tan difíciles que en algún momento la guerra civil casi se hizo inevitable pues se llegó a afirmar que era mejor arreglar las cuestiones políticas en el campo de batalla.

39 El tenso ambiente descrito explica por qué el 21 de mayo un grupo de importantes granadinos solicitó a Cañas que gestionara la anexión de dos departamentos del sur de Nicaragua a Costa Rica si la política interna de su país no daba suficiente garantía al trabajo y la propiedad. Como lo constatan dos historiadores nicaragüenses de la época, Cañas estaba en esos días trabajando con importantes personalidades en pos de la unión y estabilidad de Nicaragua40. Por eso contestó que aunque Costa Rica acogería con la más sana intención y mejor buena fe una anexión voluntaria, confiaba en que tal caso no llegaría a suceder “…porque las cosas, a mi entender, tomarán un giro justo y conveniente a ambos partidos41…” La apreciación de Cañas era correcta pues poco después se creó en Nicaragua un gobierno dual o binario, una junta de Gobierno de carácter dictatorial, con Tomás Martínez y Máximo Jerez, quienes tomaron posesión el 12 de junio.

40 Una vez aclarado el panorama político, Cañas inició su difícil misión de lograr la aceptación del contrato Webster-Mora. Le correspondió tratar con Gregorio Juárez, quien ya tenía la experiencia de haber participado en las negociaciones limítrofes del año 1848 con Felipe Molina. En las conversaciones se estuvo de acuerdo en primer lugar en que el contrato de Webster no podía tener efecto sin un tratado ad-hoc entre ambas repúblicas y sin terminar definitivamente las cuestiones de límites. Luego, al iniciar el análisis del documento, no se pudo avanzar mucho en este tema porque, según se anotó en la minuta de la reunión, “…habiéndose omitido diez artículos del contrato, de los que el Comisionado del citado Gobierno manifiesta no tener conocimiento, y antes sí, datos privados de que talvez no tendrá efecto dicho contrato por fallo del señor Webster, hemos convenido en suspender las negociaciones a ese respecto42…” De lo expuesto se destaca no solamente la inexplicable situación de intentar negociar un tratado incompleto, sino también la posibilidad de que ya no tuviera sentido tal negociación por incumplimiento de Webster, lo que se confirmó pocos días después.

De estas reuniones surgió el tratado de límites conocido como Cañas-Juárez del 6 de julio de 1857. En el artículo primero de este documento Nicaragua desiste de sus reclamos sobre el Guanacaste en gratitud por los grandes sacrificios de Costa Rica en la guerra que acaba de terminar. Se define luego el límite que en la parte occidental consiste en una línea imaginaria que se traza desde un punto medio del golfo de Salinas hasta dos millas del Castillo Viejo, aguas abajo del río San Juan. El límite establecido en la parte oriental es muy parecido al acordado algunos meses después en el tratado Cañas-Jerez. Corre a dos millas inglesas aguas abajo del Castillo Viejo y continúa por la orilla derecha del río San Juan hasta llegar a la punta de Castilla. Se indica además que ambas repúblicas usarán libremente las aguas del río San Juan para la navegación y transporte de artículos de comercio de importación y exportación, respetando las leyes de aduanas y derechos fiscales sobre los artículos que se introduzcan por sus respectivas aduanas43.

41 El mismo día 6 de julio de 1857 Cañas y Juárez firmaron un tratado de paz entre Costa Rica y Nicaragua. Este es un documento muy poco conocido, del que vale la pena transcribir algunas partes44. Como está presente el temor por un posible retorno de los filibusteros, en el artículo cuarto se establece que si el río San Juan y el lago de Nicaragua son tomados por el enemigo “…se comprometen a establecer la mayor seguridad posible en guarda de dicho río; Costa Rica en la parte que le pertenece según el tratado de límites celebrado con Nicaragua en esta misma fecha, y Nicaragua en todo lo demás del expresado río, quedando a elección de sus respectivos gobiernos los puntos que mejor convenga fortificar.” Este importante aspecto de la responsabilidad que le corresponde a Costa Rica en la guarda de parte del río San Juan aparecerá luego en el artículo cuarto del tratado Cañas-Jerez.

42 El artículo quinto es importante pues explica por qué Costa Rica entregó a Nicaragua el fuerte de San Carlos, que había capturado a los filibusteros, y también por qué mantuvo el control del Castillo Viejo. Dice así “ Teniendo la República de Nicaragua en la parte del río que según este tratado le corresponde vigilar, dos fortificaciones de primer orden, el Castillo Viejo y el fuerte de San Carlos, y siéndole necesaria la ayuda y asistencia de la República de Costa Rica para que dichas fortificaciones sean convenientemente servidas, el Gobierno de Nicaragua consiente en que el de Costa Rica se encargue de la custodia del Castillo Viejo por diez años previa indemnización por el de Nicaragua del costo de las obras útiles y necesarias que haga para la mejor defensa del Castillo; o por veinte años previo reconocimientote dicho costo a elección del propio Gobierno de Nicaragua. Los diez o veinte años se comenzarán a contar el día 1° de enero de mil ochocientos cincuenta y ocho.”

43 Los artículos sétimo y octavo se relacionan entre sí. En el sétimo se expresa: “En caso que Costa Rica hubiere de establecer algún camino de tránsito que tenga que tocar con territorio de Nicaragua, no se opondrá dicho Gobierno a concluir un arreglo sobre este negocio en beneficio de ambas partes.” El artículo octavo dice así: “En todo tratado que cualquier de las Repúblicas contratantes celebre con gobiernos extranjeros o con personas y compañías de la misma especie, la otra tendrá voto consultivo; el cual será oído antes que la contratista lo ratifique; pero este voto no podrá en manera alguna menguar la soberana resolución de ninguna de ellas.” En estos dos últimos artículos se plantea la posibilidad de que Costa Rica pueda establecer una línea de tránsito siempre y cuando se oiga el voto consultivo de Nicaragua antes de ratificar el contrato que se celebre.

El segundo contrato Webster-Mora.

44 Como hemos visto, en las conversaciones entre Cañas y Juárez el primero de ellos planteó la posibilidad de que el contrato Webster-Mora que se iba a discutir ya no tuviera efecto por incumplimiento de Webster. Esto se confirmó muy pocos días después, el 16 de julio, cuando Webster y Mora firmaron un nuevo contrato en el cual aparece involucrado Charles Morgan, el gran rival de Vanderbilt en la ruta del tránsito.

45 Lo que sucedió entre los meses de enero y julio de 1857 en Washington y Nueva York en relación con esta materia es complicado y controversial y aquí intentaremos esbozar apenas algunos aspectos fundamentales. Vamos en primer lugar a dar a conocer la versión que el propio Webster dio a Luis Molina, probablemente a principios del mes de junio45. Webster reiteró a Molina que antes de salir hacia Costa Rica, a fines de 1856, había visto a Vanderbilt repetidas veces y, como obraba de acuerdo con él, entonces el magnate le había dado carta blanca para que girase contra él si Costa Rica se apoderaba de los vapores del tránsito.

46 Indicó también Webster que en Costa Rica halló una “repugnancia insuperable” para entrar en contratos con Vanderbilt. Por eso, cuando regresó a Nueva York le pareció prudente mantenerse distanciado de él pero sin romper totalmente las relaciones. Envió entonces a su secretario Young Anderson para que hablara con Vanderbilt quien se manifestó muy satisfecho con lo practicado y ofreció pagar la letra que, contra su nombre, había girado Webster al empresario Medina. Pero, después Vanderbilt cambió de opinión y no quiso pagar por lo que Webster tuvo que hipotecar una propiedad para respaldar la letra. Además, Anderson se convirtió en su enemigo y en agente de Vanderbilt y apareció otro reclamo de alguien apellidado Kirpatrick, que él negó.

47 Expresó además Webster que al querer Vanderbilt y Morgan hacer valer sus respectivos contratos y asegurarse el apoyo del Gobierno Federal, le pareció clara la necesidad de elegir entre los dos para salvar su compañía. Dio entonces preferencia a Morgan porque no despertaba en Costa Rica tanta aversión como Vanderbilt, tenía mayores derechos y contaba con la protección del gobierno de los Estados Unidos. Además, Morgan tenía influencia en el Gobierno, mientras que Vanderbilt estaba desacreditado.

48 La otra versión que se conoce es muy diferente y se basa también en la correspondencia de Luis Molina. Para empezar, a fines de mayo el propio Vanderbilt le aseguró a Royal Phelps, cónsul de Costa Rica en Nueva York, que Webster era un pícaro a quien jamás le había dado crédito pues no lo conocía ni recordaba haberlo visto. A lo anterior se unieron los reclamos de Medina y Kirpatrick, las malas referencias que dio Young Anderson y las dudas sobre la existencia de la casa financiera con que trabajaba Webster46.

49 La documentación que conocemos nos aclara que desde fines de enero de 1857 llegó Webster a Nueva York. Apareció también en esa época Young Anderson, Secretario de Webster, quien intentó comprar armas para Costa Rica; sin embargo, el 3 de abril le comunicó a Molina que no había podido hacerlo porque no había encontrado dinero donde se habían prometido millones47. Vino luego la ruptura de Anderson con Webster y también la de Vanderbilt con Webster, si es que alguna vez estos últimos tuvieron relación. Entonces Webster se vinculó con Morgan y Garrison. Ya a principios de junio este último aspecto está muy claro pues Molina consiguió una entrevista para Webster con Lord Napier, representante británico en Washington. Poco después Napier recibió de nuevo a Webster quien fue acompañado por Garrison. Además, Webster puso en comunicación a Molina con Garrison el cual le confirmó el arreglo que habían hecho. También, a solicitud de Webster, Molina se reunió con Napier quien no desaprobó la alianza del primero con Garrison, pero planteó serias dudas48.

50 Como se aprecia, en principio la actitud de Molina hacia Webster y Garrison fue bastante positiva y se dejó influir de tal forma que llegó a afirmarle a Lord Napier que el contrato de Webster contaba con el asentimiento de Nicaragua, y también aseguró al Subsecretario de Estado de los Estados Unidos que Costa Rica había contratado el privilegio del tránsito de acuerdo con Nicaragua. En esto Molina actuó a ciegas pues cuando leyó por primera vez el contrato, que le facilitó el propio Webster, ya había tenido lugar su entrevista con Napier y, posiblemente, con el funcionario norteamericano.

51 Sin embargo, ya para el 19 de junio Molina envió una extensa carta a Costa Rica con la intención de esclarecer su posición en el grave asunto y ponerse a cubierto de posibles cargos de omisión o ligereza por haber dado a Webster las ya comentadas cartas de finales de 1856. Consideraba que Webster había sorprendido y comprometido al Gobierno y complicado el asunto del tránsito, e hizo un detallado análisis del contrato del 4 de diciembre de 185649.

52 Surge aquí una pregunta importante: ¿Cuál era el papel de Vanderbilt hacia el mes de junio en este complejo asunto? Queda claro que todos los planes tramados por este empresario a finales de 1856 ya no tenían vigencia. No logró un acuerdo con Irisarri, no recuperó las pertenencias de la Compañía del Tránsito que le había encargado a Spencer y ya no tenía la posible relación con Webster. Parece que en esta época hubo un intento de arreglo entre Vanderbilt y Morgan y sobre las razones del fracaso cada quien dio su versión. Garrison, socio de Morgan, expresó a Molina que prefirió entrar en arreglos con Webster pues los derechos de Vanderbilt no valían nada. Este último declaró que en junio Morgan y Randolph le ofrecieron los privilegios del tránsito pero rehusó la oferta para proteger a los accionistas de la vieja compañía50. Existe también una versión según la cual a mediados de 1857 Vanderbilt envió a Young Anderson, antiguo secretario de Webster, a negociar un contrato de tránsito con Costa Rica, pero Mora se inclinó por Webster51.

53 Lo que sí está documentado es que a principios de junio un grupo de más de treinta empresarios encabezados por Vanderbilt ya había presentado un memorial al Presidente de los Estados Unidos pidiéndole su protección para exigir a Nicaragua cinco o seis millones de pesos por daños y perjuicios a los tenedores de bonos de la Compañía del Tránsito. Copia de ese documento le fue entregada a Molina por Irisarri y revela una faceta más del complejo asunto que tratamos52.

54 El 16 de julio de 1857 Juan Rafael Mora ratificó un nuevo contrato que había firmado ese mismo día el Ministro de Hacienda, Rafael G. Escalante, con Webster e Israel Chapman Harris, yerno de Morgan. Como ya vimos, el contrato había sido negociado por Webster con Morgan desde hacía bastantes semanas y cuando se firmó en Costa Rica ya se conocían tanto las críticas de Molina a Webster como sus objeciones al primer contrato. Además, era bien conocido el papel que había jugado la empresa de Morgan en el transporte de filibusteros, aunque en esto no se diferenciaba en nada en la de Vanderbilt antes de perder su derecho a manos de Walker.

55 En este segundo contrato Costa Rica concedió por cincuenta años el derecho exclusivo de tránsito por agua y tierra desde punta Castilla, en el océano Atlántico, a lo largo del río San Juan y el lago de Nicaragua, hasta el río Sapoá y la bahía de Salinas o también de La Virgen a San Juan del Sur. Está también dicho gobierno de acuerdo en que los empresarios gocen de los terrenos que tuvieron Morgan y Garrison en San Juan del Sur y La Virgen. Para asegurar el derecho exclusivo de tránsito que aparece en el artículo primero del contrato, y se reitera en los tres siguientes, Costa Rica se comprometió a obtener de Nicaragua el traspaso de los derechos que tuviese en la ruta del tránsito o bien que diera su adhesión al contrato.

56 Mediante los artículos quinto y sexto Costa Rica estableció que los propietarios de los muebles e inmuebles de la ruta del tránsito eran Morgan y Garrison. Aquí tenemos un cambio fundamental pues, como ya vimos, en el primer contrato celebrado con Webster Costa Rica había reconocido que los enseres de dicha ruta eran de la Compañía del Tránsito, o sea de Vanderbilt. De varios beneficios que recibiría Costa Rica por el contrato que comentamos, el de interés inmediato era un préstamo por quinientos mil pesos, de los cuales doscientos cincuenta mil pesos serían entregados a más tardar el 25 de setiembre53.

57 El último párrafo del artículo dieciséis dice así: “Los arriba mencionados Webster y Harris, que se creen con derecho al tránsito, el primero por concesión de Costa Rica y el segundo por parte del Gobierno de Nicaragua, han convenido en arreglar amistosamente los derechos opuestos al tránsito, uniéndose para celebrar la presente contrata y no obstante que el gobierno de Costa Rica desconoce derechos adquiridos a la propiedad del tránsito, tanto los que alega el señor Webster, como los de Charles Morgan e hijos, de cuya casa dicho Harris es socio, tanto por que la contrata no fue cumplida, como porque el Gobierno de Costa Rica no puede reconocer los derechos54.”

58 Interpretamos que Webster y Harris se asociaron para reunir en una sola empresa los derechos opuestos al tránsito que habían concedido, por un lado, Mora a Webster el 4 de diciembre de 1856 y, por otro lado, Walker a Morgan. Sin embargo, se hace la aclaración de que Costa Rica no acepta ninguno de los dos contratos citados, el de Webster porque no fue cumplido y el de Morgan porque Nicaragua no reconoció los derechos de Costa Rica.

59 Tal posibilidad explicaría la insistencia con que se plantea en el segundo contrato Webster-Mora el monopolio de la línea de tránsito, pues cuando se uniera dicho contrato con el de Morgan en Nicaragua este empresario tendría dicho monopolio. Sin embargo, en el artículo once todas esas intenciones se echan por la borda porque se establece que si Nicaragua niega la adhesión entonces Costa Rica permitiría, por dos años el uso del camino entre los puertos de La Virgen y San Juan del Sur, el cual corría por territorio nicaragüense. En resumen, si Nicaragua no aprobaba el contrato Costa Rica de forma unilateral cedería terrenos de ese país por cierto tiempo.

60 Como es sabido, este contrato que firmó Mora fue muy criticado. Como expresó Luis Molina en una fuerte nota del 17 de setiembre, se comprometió el buen nombre y el crédito de Costa Rica y también la posición a la que se había elevado por sus propios esfuerzos para la conclusión de la guerra nacional. Señala que la opinión pública se había mantenido a favor aún después del primer contrato porque se consideraba que a Mora le habían tendido un lazo del que no había podido librarse. Agrega luego: “Pero cuando en vez de esto se la ha visto proceder, en la calma de la paz y con pleno conocimiento de causa, a la renovación de aquel contrato, la opinión de la gente sensata se ha pronunciado en contra con tanta severidad55.”

61 También el Secretario de Estado pidió a su Agente Especial en Centro América que investigara el asunto pues le habían llegado reportes de que el Gobierno de Costa Rica planeaba apropiarse de una parte del territorio de Nicaragua y convertir la guerra para expulsar a los filibusteros en una guerra de conquista. Señaló que Costa Rica nunca había reclamado jurisdicción sobre el río San Juan sino el dominio de su ribera derecha y libre navegación en el mismo. Afirmó también que la ruta de comunicación interoceánica tenía que estar en manos de Nicaragua56. La nota citada hace referencia a un pasado anterior a 1846, cuando Costa Rica y Nicaragua no habían radicalizado sus posiciones y entonces Costa Rica no pretendía derechos sobre el río San Juan y Nicaragua tampoco pretendía territorios al sur de dicho río. Se recoge también en la nota la posición adoptada por Webster y Crampton en 1852, cuando consideraron que la ruta interoceánica tenía que estar en manos de un sólo país.

62 Las cosas se comenzaron a complicar porque el 5 de agosto el gobierno de Costa Rica decidió no aprobar el convenio de límites firmado por Cañas y Juárez pues argumentó que no satisfacía las demandas de indisputable justicia que había sostenido el país. Al mismo tiempo hizo votos por la amistad entre ambos pueblos y propuso a Nicaragua la aprobación del segundo tratado Webster-Mora el cual prevendría de nuevas incursiones de piratas mediante algunas cláusulas del documento Al final de la nota que comentamos, el Ministro de Relaciones Exteriores expresó que Costa Rica estaba determinada a mantenerse en posesión del Castillo Viejo por la fuerza de las armas pero sólo para defender a Nicaragua de nuevas incursiones filibusteras, pues estaba convencida de que la presente debilidad de ese país no le permite hacer una defensa tan vigorosa como la ofrecida por Costa Rica.

63 ¿Cuál aspecto del tratado de límites Cañas-Juárez no satisfizo a Costa Rica? En esos días se encontraba en San José William Carey Jones, Agente Especial de los Estados Unidos en Centro América, quien informó al Secretario de Estado, el 3 de agosto, que Costa Rica aún no había confirmado el tratado porque daba a Nicaragua derechos en la bahía de Salinas y ese era el más apropiado término en el Pacífico del tránsito por Nicaragua57.

64 En otra nota del mismo día 5 de agosto se le envió a Cañas una copia del contrato firmado el 16 de julio y se le pidió que procurara la adhesión de Nicaragua la cual recibiría la mitad de los productos del tránsito “…a condición de que se deduzcan de ella los gastos incurridos por la primera en la guerra a la que se lanzó para salvar a la segunda de la horda filibustero que la oprimía…” Mientras, Costa Rica adelantaría 100.000 pesos a pagar en febrero de 1858. Se indicó en la misma nota que si el gobierno de Nicaragua se negaba a tal negociación, Cañas le haría saber que el de Costa Rica “…celebrará los contratos que crea convenientes respecto al tránsito sin esperar la aquiescencia del de Nicaragua, ya que se ha obstinado en negarse a un arreglo que el mutuo interés de los dos países hace no solamente justo sino también indispensable58.” Aquí de nuevo se insiste en la carga económica que ha representado a Costa Rica la guerra contra los filibusteros y se plantean los recursos generados por la ruta del tránsito como un medio para resolver tal situación. A la vez, se reitera la intención unilateral de Costa Rica si no consigue el apoyo de Nicaragua.

65 A mediados de agosto las cosas se complicaron aún más cuando Cañas se encontró con la sorpresiva noticia de que Nicaragua ya había firmado un convenio de tránsito con la Atlantic and Pacific Canal Company o Compañía del Canal cuyos capitalistas más importantes eran H. G. Stebbins y Joseph White. Esta compañía había perdido importancia después de que Vanderbilt había desistido de la construcción del canal. El 19 de junio de 1857 Antonio José de Irisarri, firmó en Washington el contrato con el señor Anderson, representante de dicha empresa59. La ratificación de este tratado, el 27 de julio, por el diunvirato de Martínez y Jerez es desconcertante porque muy pocos días antes Cañas y Juárez habían firmado el tratado de paz donde, como ya vimos, en el artículo octavo cada parte se compromete a oír el voto consultivo de la otra antes de ratificar contratos que, según se desprende del contexto, se refieran a la ruta del tránsito.

66 Cañas se indignó y en una dura nota del 15 de agosto se quejó de haber sido informado muy tardíamente de tal ratificación. Expresó que dicho convenio prohibía a Nicaragua cualquier otra negociación sobre la materia y el único asunto que a él le detenía en ese país era la sanción del contrato hecho por Costa Rica con Webster y Harris. Protestó porque supuso buena fe en el gobierno de Nicaragua, el cual le había ofrecido suspender toda negociación en relación con el tránsito hasta que Costa Rica estuviera libre del compromiso que había contraído antes (el primer contrato Webster-Mora) y no había encontrado inconveniente en hacer efectivo el último compromiso. En determinado momento expresó Cañas que por culpa de la ratificación del tratado de Irisarri las relaciones entre Costa Rica y Nicaragua se podían ver perturbadas y dar como resultado una guerra entre ambos países60.

67 El tratado de tránsito firmado por Nicaragua significó la muerte del segundo tratado Webster-Mora. Como era imposible que Nicaragua aprobara tal documento, Morgan no giró los 250.000 pesos que, de acuerdo con el artículo once, Webster y Harris tenían que entregar en San José a más tardar el 25 de setiembre, lo que determinó la anulación del convenio. Los resentimientos fueron mutuos. Molina se sintió agraviado por la forma en que Irisarri tramitó el contrato sin que él se diera cuenta y el mismo sentimiento embargó a Cañas en Nicaragua. Por su parte, los nicaragüenses sintieron temor de las negociaciones y actitud de los costarricenses y esto se puso de manifiesto ante la amenaza de una nueva agresión filibustera.

68 Con gestiones poco diplomáticas Costa Rica intentó recuperar el fuerte de San Carlos para organizar la defensa, pero se encontró con la oposición de Nicaragua que le declaró la guerra el 19 de octubre. No hubo enfrentamientos y la paz se alcanzó el 8 de diciembre del mismo año 1857. Ese día Costa Rica aprobó el tratado de límites que habían firmado Cañas y Juárez el 6 de julio y poco tiempo después se llegó al tratado definitivo, conocido como Cañas-Jerez, del 15 de abril de 1858, que recoge los tres principios generales planteados desde 1852 por Daniel Webster y John F. Crampton61.

69 Los mismos acuerdos del 8 de diciembre abrieron la posibilidad para la venta de los vapores capturados por Costa Rica y el 12 de febrero ya había sido firmado un contrato para la venta de los mismos. ¿Con quiénes negoció Costa Rica esta vez? Nada menos que con Webster como representante de Vanderbilt. Como complemento, el 22 de marzo Costa Rica y Nicaragua firmaron un convenio mediante el cual la primera concedió a la segunda 30.000 pesos que representaban la tercera parte de la venta hecha a Webster como agente de Vanderbilt62. Aquí no terminan las sorpresas de la relación entre Webster y Vanderbilt pues el 8 de marzo el activo personaje firmó un contrato de tránsito con Gregorio Juárez en representación de Vanderbilt. Tal contrato tendría efecto si la Compañía del Canal no cumplía con su compromiso de abrir el tránsito63.

70 Haremos finalmente una breve referencia a la conocida respuesta que envió Vanderbilt a Cañas el 5 de agosto de 1857. La parte esencial dice así: “Creo que usted difícilmente tendrá suficiente población en los Departamentos de Rivas, Guanacaste y Río San Juan, para el propósito de una organización separada64.” Esa carta fue sin duda conocida por Scroggs cuando investigó en los archivos del Departamento de Estado para su obra publicada en 191665. Fue publicada por William R. Mannig en 1934 y ha sido citada por diversos investigadores.

71 El problema principal que plantea esta nota es que no se conocen otros documentos anteriores o posteriores con los cuales relacionarla. Podría estar vinculada con las intenciones de anexión a Costa Rica que presentaron los granadinos a Cañas el 21 de mayo. Sin embargo la nota contiene tres importantes diferencias: se refiere a Rivas y no incluye Granada, se plantea la creación de una organización separada y no la unión de una parte de Nicaragua a Costa Rica y, por último, involucra el área del río San Juan que formaba parte del protectorado británico de la Mosquitia.

72 Por el tema y por involucrar a Vanderbilt y a los ingleses tal vez la nota se pueda relacionar con la enviada por Irisarri a Molina el 2 de abril de 1857 donde pone al descubierto lo que el denomina “el secreto de Vanderbilt” Consiste en que los Estados Unidos exigirían a Nicaragua el pago de algunos millones por los perjuicios causados a la Compañía del Tránsito. Como no había dinero entonces se propondría la compra del istmo de Nicaragua por parte del gobierno norteamericano que a su vez pagaría a la Compañía del Tránsito. Expresa Irisarri que Inglaterra no se opondrá a este negocio y agrega: “Vanderbilt debe tener en esto la mayor parte, pues no hace la menor diligencia de entrar en arreglos con Nicaragua, antes bien escusa el tratar de la materia66.”

Consideraciones finales.

731. En diversos temas tratados en este trabajo las fuentes no permiten llegar a conclusiones definitivas. Las versiones de los historiadores norteamericanos que hemos consultado se basan con frecuencia en informaciones periodísticas de la época que usualmente reflejan puntos de vista e intereses opuestos. Se viven años de tensiones, previos a la guerra civil, y la opinión pública aparece dividida en quienes están a favor o en contra de la esclavitud, de las autoridades federales, de la política exterior o de personajes como Vanderbilt, Morgan y Walker.

742. También el estudio del tema se dificulta porque en el complejo mundo financiero de la época los empresarios cambian constantemente de planes, actúan con sigilo y se acomodan a las circunstancias de acuerdo con sus intereses económicos. Por ejemplo, Vanderbilt a fines del año 1856 negocia con Irisarri para recuperar sus derechos en la vía del tránsito, luego intenta un acuerdo con Morgan, después planea una demanda contra Nicaragua y a principios de 1858 lo encontramos de nuevo negociando la concesión del tránsito. Además, una versión señala que a lo largo del período estudiado estuvo recibiendo dinero de los empresarios de la ruta del tránsito en Panamá para que no les hiciera la competencia en Nicaragua67.

753. Consideramos que el objetivo fundamental de los contratos era obtener recursos de la vía del tránsito para ayudar a financiar la costosa campaña militar contra los filibusteros. Sin embargo, la actitud adoptada por Costa Rica en ambos contratos fue unilateral y revela poca prudencia. Aunque en los dos casos se plantea el compromiso de buscar la adhesión de Nicaragua, también se hace ver en varias oportunidades que se harán cumplir los contratos aún sin el acuerdo de ese país, pese a las consecuencias que esto implicaba.

764. Si bien diversas disposiciones de los contratos se referían a territorios en disputa donde, desde el año 1846, Costa Rica y Nicaragua mantenían posiciones muy diferentes, otras afectaban de manera clara puntos que sin lugar a dudas pertenecían a Nicaragua. Esto se aprecia en el primer contrato cuando Costa Rica decide que tiene derecho a tomar posesión del fuerte de San Carlos para garantizar el contrato y defender el tránsito. También en el segundo contrato vemos que Costa Rica otorga por dos años un permiso para usar el camino entre La Virgen y San Juan del Norte auque Nicaragua niegue su adhesión al mismo.

775. Parece que en el primer contrato firmado en diciembre de 1856, donde se reconoce que los vapores pertenecen a la Compañía de Tránsito, se procuraba coordinar con las negociaciones que en ese momento realizaba Vanderbilt con Irisarri para recuperar sus derechos en Nicaragua. Por ello Webster afirma a Molina que trabajó de acuerdo con Vanderbilt. Sin embargo, no sólo el magnate rechazó tal relación sino que ese primer contrato no establece un vínculo inequívoco con el citado empresario. Es más bien un documento que podía ser negociado libremente, como lo intentó Webster con Vanderbilt y luego lo concretó con Morgan, aunque implicó una nueva negociación con Costa Rica. Con más claridad aparece tal idea de coordinación en el segundo tratado, pues Morgan pretendía unir la concesión obtenida en Costa Rica al derecho que poseía en Nicaragua por cesión de Walker. Sin embargo, esa no era una condición indispensable pues en el artículo decimoprimero Costa Rica se compromete de manera unilateral si Nicaragua niega su adhesión al contrato.

786. Los contratos Webster-Mora se relacionan con las cuestiones limítrofes entre Costa Rica y Nicaragua porque se referían a una zona en disputa entre ambos países. Las gestiones iniciadas por Costa Rica para la aprobación del primer tratado llevaron a la necesidad de definir previamente la línea limítrofe y las bases de tal arreglo le fueron planteadas a José María Cañas el 8 de abril de 1857. Ese es un antecedente fundamental para el tratado limítrofe Cañas-Juárez del 6 de julio de ese año, tratado que se convirtió en el principal documento de referencia para el tratado de límites definitivo celebrado por Costa Rica y Nicaragua el 15 de abril de 1858 y conocido como Cañas-Jerez. Tal convenio se complementó con tratado Pacheco-Matus de 1896 que permitió el amojonamiento del límite, como se aprecia en el mapa adjunto.

79

tratado
tratado

80Notas de pie de página

811 Véanse Paul Woodbridge, Los contratos Webster-Mora, (San José: Editorial Costa Rica, 1968). Clotilde Obregón Quesada, El río San Juan en la lucha de las potencias (1821-1860), (San José: Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1993).

822 Todas las fuentes primarias inéditas que se utilizan se encuentran en el Archivo Nacional de Costa Rica (ANCR). La mayoría pertenecen al fondo del Ministerio de Relaciones Exteriores y se encuentran en cajas en orden cronológico y en copiadores. Por ello las referencias a esas fuentes se abreviarán con los términos caja y copiador. El autor agradece al Dr. Rafael Arce la elaboración de los mapas que acompañan este trabajo.

833 El tema es ampliamente desarrollado en: Luis Fernando Sibaja, El cuarto Viaje de Cristóbal Colón y los orígenes de la provincia de Costa Rica, (San José: Editorial de la Universidad Estatal a Distancia, 2006).

844 Véase Luis Torres de Mendoza, _Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista, y organización de las antiguas posesiones españolas en América y Oceanía_”. Tomo XVI. (Madrid: 1864-1884), pág. 533.

855 Véase Domingo Juarros, Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala , T.I, 3 ed. (Guatemala: Tipografía Nacional, 1936), pág. 44.

866 ANCR, Relaciones Exteriores, copiador Nº 238. En adelante la nota se iniciará con el término copiador.

877 Revista de los Archivos Nacionales, año I, n.9-10, julio-agosto, 1937, págs. 448, 462, 463 y 467.

888 Véase Rafael Obregón Loría, De nuestra historia patria (3). Costa Rica en la Federación, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1968), pág. 135-136.

899 Revista de los Archivos Nacionales, año III, n.5-6, marzo-abril, 1939, pág. 330.

9010 El documento se reproduce en: Luis Fernando Sibaja, y Chester Zelaya, La Anexión de Nicoya, (Segunda edición. San José: Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1980), págs. 157-159.

9111 Véase Jorge León Sáenz, Evolución del comercio exterior y del transporte marítimo de Costa Rica. 1821-1900, (Colección Historia de Costa Rica. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1997), pág. 328.

9212 Véase Clotilde Obregón Quesada, Costa Rica y Nicaragua: los tratados de 1846, (Proyecto: Historia de las Relaciones Internacionales. Universidad de Costa Rica, Escuela de Historia y Geografía, 1978), págs. 27-34.

9313 Caja Nº 12. Nicaragua. Gobiernos Extranjeros, f. 2.

9414 Véase Clotilde Obregón Quesada, “Felipe Molina Bedoya. Correspondencia Diplomática” Revista del Archivo Nacional, año LII, n.1-12, 1988, pág. 234.

9515 Clotilde Obregón Quesada, “Felipe Molina Bedoya….”, pág. 206.

9616 Clotilde Obregón Quesada, “Felipe Molina Bedoya….”, págs. 234-240.

9717 El contrato se reproduce en: William R. Mannig, Diplomatic Correspondence of the United States Interamerican Affairs 1831-1860. v.III. (Washington: Carnegie Endowment for International Peace, 1933), pags. 361-366.

9818 Véase David Folkman, La ruta de Nicaragua. (Traducción de Luciano Cuadra. Managua: Fondo de Promoción Cultural, Banco de América, 1976), pág. 49.

9919 Caja 22, Correspondencia de Felipe Molina, fs.39 y 43.

10020 Véase Luis Fernando Sibaja, Nuestro límite con Nicaragua, (San José: Comisión Nacional de Conmemoraciones Históricas, 1974), págs. 161-171 y 219.

10121 Copiador Nº 9, fs.1-7.

10222 Los detalles del conflicto entre los empresarios y una versión de la forma en que fue inducido Walker a enfrentarse a Vanderbilt aparece en: Albert Z. Carr, “El mundo y William Walker”, Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, N° 51, dic. 1964, págs. 68-70.

10323 Caja Nº 29, correspondencia de Luis Molina, f.104.

10424 Caja Nº 27, Correspondencia de Luis Molina, fs.20, 35, 36 y 46.

10525 Caja 26, Estados Unidos, f.45. Lo que se conserva es una copia emitida en Nueva York el 28 de junio de 1861.

10626 El contrato se reproduce en: Paul Woodbridge, “_Los contratos_…”, págs. 45-55. Un ejemplar original se encuentra en el Archivo Nacional de Costa Rica. Relaciones Exteriores, Convenios y Tratados, Nº 1325. Fue donado en 1995 por Paul Woodbridge.

10727 Véase Lorenzo Montúfar, Walker en Centro América. (Alajuela: Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2000), págs. 531.

10828 Véase William O.Scroggs, Filibusteros y financieros. La historia de William Walker y sus asociados. 2 ed. (Managua: Fondo de Promoción Cultural, Banco de América, 1975), págs. 282-283.

10929 Caja Nº 29, 1857, Correspondencia de Felipe Molina, fs.8-9v.

11030 Ibid., f.76.

11131 William O.Scroggs, “ Filibusteros ... ”, pág. 164.

11232 William O.Scroggs, “ Filibusteros ... ”, pág. 283.

11333 William O.Scroggs, “ Filibusteros ... ”, pág. 79.

11434 Lorenzo Montúfar, “ Walker …”, pág. 532.

11535 El contrato se reproduce en: Paul Woodbridge, “ Los contratos ...”, págs. 45-55.

11636 Copiador Nº 9, f.22.

11737 Caja 29. Nicaragua, fs.11-11v.

11838 Copiador Nº 9, f.27v.

11939 Ibid., fs. 29-29v.

12040 Véanse Francisco Ortega Arancibia, Cuarenta años (1838-1878) de Historia de Nicaragua. 3 ed. (Managua: Colección Cultural Banco de América, 1975), págs. 358-362. Jerónimo Pérez, Obras históricas completas. (Managua: Colección Cultural Banco Nicaragüense, 1993), págs. 321, 558 y 563.

12141 Paul Woodbridge, “_Los contratos_…”, págs. 71-74. El documento original de la respuesta de Cañas se encuentra en: ANCR, Guerra, Nº 4754, fs.8 y 9.

12242 Caja 29, Nicaragua, fs.94-95.

12343 NCR Congreso 5199, fs.5-6v. El documento se reproduce completo en: Luis Fernando Sibaja, y Chester Zelaya, La Anexión de Nicoya. Segunda edición. (San José: Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1980), págs. 160-162.

12444 ANCR Congreso 5199, fs.7-8v.

12545 Caja 29, Correspondencia de Luis Molina, fs., 255-263. Aunque el documento no tiene fecha, no es difícil relacionar su contenido con otros documentos como el que envió Molina a Lorenzo Montúfar el 5 de junio de 1857. ANCR Congreso 5199, fs.76v. y 88-94v.

12646 ANCR Congreso 5199, fs.75, 76, 77 y 82.

12747 ANCR Congreso 5199, f.53.

12848 ANCR Congreso 5199, fs.88v. y 258-263v.

12949 ANCR Congreso 5199, fs.260v. y 103-105.

13050 ANCR Congreso 5199, f.261v. William O.Scroggs, “_Filibusteros_…”, pág.166.

13151 David Folkman, La ruta de Nicaragua..., pág. 168.

13252 Caja 29, Correspondencia de Luis Molina, f.98v.

13353 El tratado se reproduce completo en: Paul Woodbridge, “_Los contratos_…”, págs. 59-70.

13454 Paul Woodbridge, “_Los contratos_…”, págs. 69-70.

13555 Paul Woodbridge, “_Los contratos_…”, pág. 28.

13656 William R. Mannig, “_Diplomatic Correspondence_…”, págs. 95-98.

13757 William R. Mannig, “_Diplomatic Correspondence_…”, pág. 589.

13858 Copiador Nº 9, fs.30-32.

13959 William R. Mannig, “_Diplomatic Correspondence_…”, pág. 592.

14060 William R. Mannig, “_Diplomatic Correspondence_…”, pág. 523.

14161 Los últimos aspectos tratados se desarrollan en Luis Fernando Sibaja, Del Cañas-Jerez al Chamorro-Bryan. Las relaciones limítrofes entre Costa Rica y Nicaragua en la perspectiva histórica. 1858-1916. (Alajuela: Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2006), págs. 38-51.

14262 Relaciones Exteriores, Convenios y Tratados, Nº 742. Caja 29, 1857, Nicaragua, f.26.

14363 Caja 29, Nicaragua, f.39.

14464 William R. Mannig, “_Diplomatic Correspondence_…”, pág. 638. Paul Woodbridge, “_Los contratos_…”, págs. 85-86.

14565 William O.Scroggs, “_Filibusteros_…”, pág. 371.

14666 Caja 29, Correspondencia de Felipe Molina, f.52.

14767 Albert Z. Carr, “El mundo y William Walker”…, págs. 70-101.

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Para citar este artículo :

Luis Fernando Sibaja Chacón, « Filibusteros, financieros y cuestiones de límites entre Costa Rica y Nicaragua. », Boletín AFEHC N°36, publicado el 04 junio 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1926

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