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AFEHC : articulos : La Masonería y el Gobierno de Rafael Zaldívar (1876-1885) : La Masonería y el Gobierno de Rafael Zaldívar (1876-1885)

Ficha n° 1976

Creada: 03 agosto 2008
Editada: 03 agosto 2008
Modificada: 17 enero 2011

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Autor de la ficha:

Roberto VALDéS

Editor de la ficha:

Sajid Alfredo HERRERA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La Masonería y el Gobierno de Rafael Zaldívar (1876-1885)

El artículo examina el debate periodístico generado en San Salvador a raíz de la “Gran Fiesta Masónica” que los miembros de la Logia “Excélsior 17” ofrecieron el 27 de agosto de 1884 al Sr. Presidente, Doctor Rafael Zaldívar, por su feliz retorno al país, luego de un viaje de varios meses que lo llevó a visitar algunos países de Europa y los Estados Unidos. Este debate entre los periódicos La República y el Diario del Comercio (ambos pro-masónicos), y El Católico (anti-masónico) revela la existencia de un conflicto largo, profundo y complejo que atraviesa toda la administración de Rafael Zaldívar, pero permite examinar con mayor precisión la naturaleza de las contradicciones que provocó el proceso de gestación del actual Estado salvadoreño, proceso en el que católicos y francmasones jugaron un rol determinante. Se trata, por tanto, de un conflicto que va más allá del simple conflicto Iglesia-Estado, que es el que hasta ahora ha sido estudiado por los investigadores, pero sin considerar lo que el autor denomina, el “factor masón”.
Palabras claves :
Periodismo, Fiesta Masónica, Logia, Conflicto, Iglesia-Estado
Autor(es):
Roberto Armando Valdés Valle
Fecha:
Agosto de 2008
Texto íntegral:

1
h4. “Gran fiesta masónica”

2 En la noche del miércoles 27 de agosto de 1884, la Logia masónica “Excelsior 17” de San Salvador tuvo una “tenida” o reunión, en honor al Presidente de la República, Dr. Rafael Zaldívar, a la que también asistió su muy caritativa y apreciada esposa, Sara de Zaldívar1. Había varios motivos para celebrar. El más inmediato era festejar el feliz retorno de Zaldívar al país, luego de un viaje por varios países de Europa. Tal como lo formuló uno de los periódicos de la capital, La República, se festejaba “por su feliz llegada al suelo patrio que tanto le debe en su carácter de gobernante y de propagandista de las ideas modernas2”.

3Zaldívar había ingresado a San Salvador el domingo 17 de agosto luego de una ausencia de un poco más de 4 meses3 que lo había llevado a lugares como Francia, Inglaterra, España. A juicio de las reseñas publicadas tanto en algunos periódicos del país, como de Francia y España, el viaje había sido un rotundo éxito, es decir lleno de banquetes, reconocimientos oficiales y académicos. Por ejemplo, el Gobierno de Francia le nombró “Gran Oficial de la Orden de la Legión de Honor4”, y durante su estancia en España, su Majestad el Rey Alfonso XII lo recibió el día 22 de junio con un gran banquete en el que se le concedió “La Gran Cruz de Carlos III” y un día después, el 23 de junio, asistió a la Real Academia Española, donde fue nombrado, junto con uno de sus más cercanos colaboradores, el General y Doctor Luciano Hernández, miembros Académicos de la misma5.

4Claro que cuando se hizo pública la intención de Zaldívar de viajar a Europa, las motivaciones habían sido un tanto distintas: proporcionar al exhausto Presidente la oportunidad de recuperar su quebrantada salud, luego de “ocho años de trabajos administrativos6”. Pero ahora que había regresado, nadie parecía recordar los motivos originales del viaje. Más bien casi todos los sectores de la sociedad, artesanos, comerciantes, niños y niñas de escuelas públicas, hospitales de caridad, no deseaban quedarse atrás y se esforzaron cada uno a su modo y según sus posibilidades, en ofrecerle un reconocimiento como los que había recibido en el viejo continente.

5Es en este contexto que debe entenderse la celebración ofrecida por la Logia “Excelsior 17”. El periódico La República calificó esta “tenida” como una “Gran Fiesta Masónica”, y quizá sí lo fue, si se toma en cuenta que el Supremo Consejo de la masonería centroamericana designó como representante especial para la ocasión, al guatemalteco Juan Padilla y Matute, quien al parecer también había acompañado a Zaldívar en su viaje a Europa7; por su parte, los masones guatemaltecos enviaron como representante de la hermandad a Domingo Rodríguez Castillejo. No se dispone de la lista completa de los masones que asistieron al acto, pero sí de los principales oradores, según la reseña publicada en La República. Ellos fueron: el “Venerable Maestro”, León Dreyfus, un importante comerciante de la capital, y los muy reconocidos oradores y académicos, el Dr. Rafael Reyes y el ya mencionado, General y Doctor, Luciano Hernández; en representación de los masones de Santa Tecla, participó el Sr. José Salazar. Dada la solemnidad y lo sentida de la reunión, La República incluso llegó a afirmar que: “hace mucho tiempo que no habíamos presenciado ceremonia tan hermosa y al mismo tiempo tan enternecedora8”. Padilla y Matute, en nombre del Supremo Consejo, ofreció a Zaldívar “una espada de honor” con la siguiente inscripción: “El Supremo Consejo de Centro-América á Rafael Zaldivar”, y según la descripción ofrecida de la misma, se trataba de una espada “notable no solo por los preciosos metales empleados en su fabricación, sino también por el mérito artístico de los adornos de la empuñadura, de la hoja y de la vaina9”.

Una fiesta muy controversial

6Ya se insinuó que no sólo los masones festejaron o saludaron el feliz retorno de Zaldívar al país, también lo hizo la Iglesia salvadoreña. De acuerdo con otro importante periódico de la capital, El Católico, al sólo desembarcar en el puerto de la Libertad el 17 de agosto, el Dr. Zaldívar recibió un telegrama de bienvenida de parte del Sr. Obispo, Luis Cárcamo, y de todo el Cabildo Eclesiástico, y al día siguiente, a las 9 de la mañana, el “Muy Ilustrísimo Señor Provisor y Vicario General” de la Diócesis, Miguel Vecchiotti, el Cabildo Eclesiástico, algunos sacerdotes y varios seminaristas, se encaminaron hacia el Palacio Presidencial para saludar personalmente al Sr. Dr. Zaldívar “en nombre del Ilmo. Señor Obispo y de toda la Diócesis10” El Sr. Vecchiotti le manifestó al Presidente en un breve discurso que “la Iglesia Salvadoreña se congratulaba cordialmente por los felices resultados de su viaje á Europa, los cuales no podrían dejar de refluir en bien de la Diócesis y de los intereses religiosos de la patria11”. Y en una especie de comentario editorial, El Católico, en su edición del 24 de agosto, dedicó las siguientes expresiones por el “feliz regreso a la patria” del Dr. Zaldívar:

7“El Católico” tiene el honor de saludar al Sr. Presidente de la República, Dr. Don Rafael Zaldivar, por las importantes demostraciones de aprecio que ha recibido en el exterior, por su feliz regreso a la patria y por la ovación que la Capital y las otras poblaciones de la República le han tributado al recibirle. Ese entusiasmo que el Sr. Dr. Zaldivar ha inspirado en todas partes, prueba con elocuencia que los centros más civilizados han hecho justicia á sus cualidades, y que la patria agradece dignamente al que la representa con honor antes las otras naciones. Quiera el Sr. Presidente aceptar nuestra sincera congratulación y nuestros ardientes deseos por la felicidad de su administración12.

8Estos últimos saludos y comentarios tan afectuosos por parte de El Católico fueron publicados unos días antes de la realización de la “Gran Fiesta Masónica”, el 27 de agosto. Pero como en tantas otras ocasiones anteriores, las ideas, las actividades y proyectos políticos de los masones generaron un gran malestar al interior de la Iglesia, pues intentaban poner en cuestión el poder y la influencia que ésta tenía sobre la sociedad salvadoreña, y esta celebración no fue la excepción. Pocos días después de la “tenida”, El Católico publicó un artículo en el que se lamentaba profundamente de la fiesta en honor de Zaldívar y lanzaba importantes dudas sobre las verdaderas intenciones de los masones y sobre la supuesta simpatía y cercanía de Zaldívar hacia la masonería.

9Los periódicos han publicado la fiesta masónica y los discursos pronunciados en ella, que la Lógia n° 18 hizo al Señor Presidente13, con el pretesto de su regreso al país, y con el motivo verdadero de escudarse con él ante la opinión pública. Regalar una espada al Gobernante, cuyo carácter principal y cuya gloria más brillante es la paz, no nos parece muy propio. Hacerle aparecer como obrero de esta Lógia, llamarle nuestro Jefe, nuestro caudillo, cuando el Dr. Zaldivar no ha querido incorporarse en esta Lógia, ni se ha presentado en ella, sino cuando lo han comprometido á recibir sus obsequios, no lo juzgamos muy exacto. Decirle en aquellos momentos de júbilo, como lo hizo el Hermano Orador interno, que, cuando naufragó de las tempestades de la vida, buscasteis un apoyo, allí estará á vuestro lado la fraternidad masónica… no lo creemos muy oportuno. Hay cosas que se espresan mejor con los hechos, que con las palabras. Exhibir al Jefe de un gran pueblo que casi unanimente rechaza á la masonería, como Jefe de la misma masonería, y atribuir á Él todas las empresas y acciones de la Lógia, no nos parece muy político y desinteresado14.

10Al parecer, pues, los masones con mucho orgullo atribuían a Zaldívar el honroso puesto de ser Jefe de la masonería salvadoreña. Y era una opinión que también compartía el redactor de La República:

11No estábamos ayer bien informados, cuando participamos á nuestros lectores que dicha solemnidad se limitaba á la entrega de una espada de honor al señor Doctor Zaldivar. Su objetivo tenía mayor alcance; extendíase á felicitar al Jefe de la masonería y del Estado, por su feliz llegada al suelo patrio15....

12Parafraseando los argumentos de El Católico, resultaba un escándalo y políticamente peligroso que los masones se hayan atrevido a llamarlo su “Jefe y Protector”. El escándalo residía en afirmar que Zaldivar era masón, cuando a juicio de este periódico, hasta entonces el Presidente no había aceptado incorporarse a logia alguna; en segundo lugar resultaba políticamente peligroso atribuirle a Zaldívar, en tanto Presidente de todos los salvadoreños, la jefatura de un movimiento que era rechazado por la mayoría de los ciudadanos de la República.

13A raíz de esta celebración, se va a desencadenar un debate muy interesante entre El Católico y otros periódicos de la Capital afines a los masones, a sus ideas y proyectos. Va a ser una auténtica prueba de fuerza entre estos periódicos, que permite contemplar una faceta muy importante del proceso político salvadoreño durante la Presidencia de Zaldívar.

14En primer lugar, y contrario a la opinión de El Católico – para quien los salvadoreños de plano rechazaban y repudiaban el movimiento masónico -, La República afirmaba tajantemente que el pueblo salvadoreño sí miraba con simpatías a los masones, incluso llega a sostener que los masones “se confunden” con el pueblo salvadoreño:

15Bajo este punto de vista, la manifestación masónica tiene también alta importancia para nosotros, pues viniendo después de los festejos y regocijos públicos y significando, como aquellos, un aplauso y una voz de aliento al declarado protector de toda tendencia liberal y progresiva, indica que los masones se confunden con el pueblo, tan amigo del Doctor Zaldivar, Jefe de la masonería salvadoreña, y que, por consiguiente, no se puede dudar ya de la popularidad de que goza en el Salvador dicha institución, durante tanto tiempo y tan injustamente combatida por la Iglesia y sus ignorantes secuaces16.

16En segundo lugar, para El Católico había algo muy llamativo y sospechoso en el tema de la espada: ¿A qué venía un regalo de tal naturaleza? ¿Cuál era el significado que los masones le atribuían a ella? ¿Para qué podría necesitar Zaldívar una espada? o ¿contra quién podría utilizarla? Finalmente, El Católico se preguntaba, ¿a qué venía esa alusión “_cuando naufragó de las tempestades de la vida_?” ¿Se refería quizá al exilio que Zaldívar padeció luego de la caída del gobierno de Francisco Dueñas en 1871? ¿Fueron acaso los masones quienes finalmente alejaron a Zaldívar de la perniciosa influencia “servil” de Dueñas? Son puntos e interrogantes que El Católico de manera insistente pedirá ser aclaradas.
Una primera respuesta no se hizo esperar. El Diario del Comercio publicó un artículo titulado, “Inútiles esfuerzos de “El Católico” contra la masonería. Falsedad de sus asertos17”. Sin embargo, a juicio de El Católico, aunque muchas cosas se abordaron o se discutían en ese artículo, se dejó de lado las principales: la supuesta jefatura y caudillaje de Zaldívar sobre la masonería y el tema de la espada. Así, según El Católico en el artículo del _Diario del Comercio_…

17No se dice una sola palabra acerca de la propiedad del regalo, ni de la oportunidad del ofrecimiento de apoyo en el naufragio; ni de la exactitud de los títulos, querido hermano, Jefe, caudillo; ni de la acertada política y noble desinterés de presentarle ante la opinión como el mejor y más activo masón. Creemos que, por consiguiente, ésta puede llamarse DISCUSIÓN TERMINADA18.

18 Pero la discusión no terminó. Como para echar más leña al fuego, La República en su edición del sábado 30 de agosto no sólo insistió en presentar a Zaldívar como masón y Jefe de la masonería salvadoreña, ahora le añadió –quizá un tanto exageradamente- ser “jefe y protector de la masonería centro-americana19”; y por su parte, el Diario del Comercio publicó un nuevo artículo titulado “Lo relativo a la espada. A los R.R. de ‘El Católico’”. Pero una vez más, El Católico consideró que el articulista del Diario del Comercio no daba una respuesta contundente a sus interrogantes fundamentales:

19Decimos contestación á una parte, porque nuestro suelto trata de los cuatro puntos siguientes: la impropiedad del regalo; la inexactitud de llamarle nuestro Jefe, nuestro caudillo; la inoportunidad de hablarle de naufragio, en los momentos de una fiesta; finalmente de lo impolítico e interesado de exhibirle como masón ante la opinión pública. Como la contestación se refiere solo a lo relativo á la espada, decimos que contesta solo á una parte del suelto20.

20 El artículo más bien, para desconcierto de El Católico, vuelve a retomar los viejos y trillados temas sobre el carácter fanático y anti-progresista que los “liberales” le atribuían a la Iglesia, temas como el papel de la Inquisición fueron una vez más destacados para desvirtuar o descalificar el punto de vista de la Iglesia, aun cuando a juicio de El Católico sobre esos temas ya se había ofrecido suficientes explicaciones en el pasado y sobre todo en los números del ya extinto periódico católico, La Verdad. Más bien, todo parecía ser una estratagema del articulista del Diario del Comercio para evadir lo esencial; pero en esta ocasión, El Católico no estaba dispuesto a caer en la trampa:

21Bq. ¿Qué tienen que ver la matanza de San Bartolomé, los asesinatos é incendios de Vezieres, las hogueras de la Inquisición, las espadas de Monfort, del Duque de Guisa, de Carlo-Magno, de los caballeros andantes, el ritual romano de bendiciones, la proscripción de los protestantes en tiempo de Francisco I°, las Dragonadas, las excomuniones, &, &, &, con la propiedad del regalo que la Logia Exelsior de San Salvador hizo al Señor Presidente Zaldivar? Eso, á nuestro juicio, no es probar; sino confesar claramente que, á falta de verdaderos argumentos, se apela al recurso de iniciar otras y muchas y muy diferentes cuestiones, para dejar la que no se puede sostener. No las contestaremos, porque ya se le ha contestado al mismo articulista repetidas veces desde que comenzó á citarlas, tanto en La Verdad por el ilustrado Padre Rodríguez, cuanto en este periódico21.

22Es más, ahora El Católico ampliaba sus interrogantes a otros aspectos no cuestionados antes, pero igualmente candentes, como el tema de la conformación, autoridad y legalidad del Supremo Consejo masón centroamericano que se había dignado obsequiar la espada a Zaldívar.

23Ella (la espada) procede del Supremo Consejo Centro-Americano, que, por muy pomposo que sea su nombre, nadie puede apreciarlo, ni respetarlo, sin antes conocerlo. ¿Quién es ese Supremo Consejo Centro-Americano?... ¿Qué individuos lo forman?... ¿Dónde están sus credenciales?... ¿Cuáles son sus poderes y atribuciones?... ¿Cuál es su objeto, sus medios, sus fines, la extensión de su autoridad22, &. &?

Seguían, pues, sin abordarse de manera directa los puntos medulares de la discusión, como el tema de la espada, pero también la relativa a si Zaldívar era o no masón. El Católico insistía en que Zaldívar no lo era, y a su juicio, era algo indirectamente insinuado por el articulista mismo del Diario del Comercio :

24No terminaremos sin dar al Señor colaborador de “El Diario del Comercio” las más expresivas gracias, por habernos suministrado un dato muy importante, sobre el modo ó los términos en que el Señor Presidente Zaldívar debe reputarse miembro de la Logia Excelsior de San Salvador. No es porque él se haya presentado á ella, ni porque él lo haya solicitado, ni menos porque se haya sujetado á la autoridad de esta, sino porque ella le ha proclamado y por aclamación se lo ha apropiado. La comunicación que ha revelado el articulista dice, “OS DEBE PROCLAMAR, Y OS PROCLAMA UNO DE SUS MIEMBROS MÁS EMÉRITOS Y EMINENTES”. Esto prueba por lo menos, que es más ardiente y más desinteresado el amor de la Logia Excelsior por el Señor Presidente del Salvador, que del Señor Presidente por la Logia Excelsior: lo que creemos será muy grato a la inmensa mayoría del pueblo salvadoreño23”.

Rafael Zaldívar y los masones: ¿Simpatía o pertenencia?

25La discusión entre estos periódicos capitalinos sobre la identidad masónica de Zaldívar había llegado a un punto crítico. ¿Quién decía la verdad sobre la pertenencia o no de Zaldívar a la Logia Excelsior?: ¿_El Católico_ o el Diario del Comercio? En su Historia de la masonería salvadoreña (publicada en 1962), Francisco J. Ponte Rodríguez sostiene que Zaldivar sí estaba afiliado a la Logia “Excelsior 17” dos años después de haberse fundado la misma.

26Una labor de sano proselitismo permitió que la nómina de miembros integrantes de la Respetable Logia Excelsior número 17 aumentase con personas de gran prestigio social. En muy breve tiempo, al cabo tan sólo de dos años, figuraban afiliados el médico Rafael Zaldívar, grado 33, a la sazón presidente de la República de El Salvador24.

27Ahora bien, en base a los mismos datos proporcionados por Ponte Rodríguez, esta logia fue constituida el 10 de abril de 1882 y comenzó a sesionar el 25 de ese mismo mes y año25, aunque hay que destacar que la “Carta Patente” de constitución de esta Logia, citada por el mismo Ponte Rodríguez, establece la fundación el 22 de marzo de 188226. En cualquier caso, estos datos históricos permite concluir que para el 27 de agosto de 1884 ya habían pasado los dos años desde su fundación y entonces resulta plausible pensar que Zaldívar sí fuera miembro activo de la Logia “Excelsior” al momento del homenaje.

28Pero esto no prueba de ninguna manera que Zaldívar haya ingresado a la masonería hasta 1882; primero porque la primera Logia formalmente conocida en El Salvador, la Logia “Progreso” fue establecida el 21 de septiembre de 187127, y Zaldívar regresó al país en 1876. En segundo lugar, indicios de la presencia de masones en territorio salvadoreño se pueden detectar con alguna seguridad desde tiempos de la presidencia de Gerardo Barrios (1861-1863), si tomamos en cuenta la siguiente correspondencia que J. S. Bulnes envía a José María Cáceres, ambos funcionarios públicos al final del gobierno de Barrios:

29S. D. José M. Cáceres.

30Ccia. Union.
ALGDADO

31Querido H.

32La situación de Barrios es horrible, yo lo se; salva a tu pobre familia de el cataclismo que le espera si permanece en ese lugar; no te hagas ilusiones y aprovecha los consejos de tus hh.:

33L.C.L: q.m.s.c

34J. B28

35De esto podría deducirse que tanto J. Sebastián Bulnes como José María Cáceres eran por entonces miembros activos de la masonería. También existen evidencias “someras” – hasta ahora – de que esta presencia e influencia de la masonería se mantuvo durante la administración de Francisco Dueñas (1863-1871). Por un lado, no se debe olvidar que Luciano Hernández fue un importante colaborador del gobierno de Dueñas, y tampoco se puede pasar por alto que el redactor de El Constitucional, el periódico oficial durante la presidencia de Dueñas, era el masón de origen cubano Tomás Manuel Muñoz29, quien no ocultaba su lenguaje marcadamente masónico en algunos de los editoriales que escribía para El Constitucional. Al respecto vale la pena citar aquí parte del editorial que se publica a propósito de la instalación de las sesiones de la Asamblea Legislativa, correspondiente al año 1869, en plena presidencia de Dueñas:

36El Grande Arquitecto del Universo concederá á los Legisladores la inteligencia que se necesita para ir mejorando la obra que hoy conocemos, en la cual todos nos hallamos mancomunados, porque a ellos se les ha concedido la investidura de tutores y defensores de los intereses del país30.

37Toda esta evidencia hace difícil pensar que la masonería tuvo sus orígenes más remotos en El Salvador con la fundación de la “Logia Progreso” en 1871, y también hace difícil pensar que los fundadores de esta logia iniciaran su vida masónica el mismo día de la creación de la misma; más bien, es muy probable que se hayan iniciado en los secretos de la Sociedad Secreta con los masones que ya residían en el país, o es muy probable que algunos de ellos se hayan afiliado a logias de otros países durante sus viajes por Europa, por Nueva Granada (Colombia), o quizá por Costa Rica, donde desde 1865 se había establecido la primera logia. De hecho, en su edición del 20 de mayo de 1883, _l Católico_ratifica que la masonería de San Salvador “depende inmediatamente” de la de Costa Rica31. Como se sabe, Zaldívar realizó parte de sus estudios de medicina en Europa, y luego de la caída del gobierno de Francisco Dueñas, en 1871, se radicó en Costa Rica, donde fue protegido por el presidente Tomás Guardia, miembro destacado de la masonería de aquel país32. Por otro lado, que los fundadores de la Logia “Progreso” hayan iniciado su vida masónica fuera de El Salvador no es extraño, pues ese fue exactamente lo que ocurrió, por poner un ejemplo cercano, con el fundador de la masonería costarricenses, el sacerdote católico Francisco Calvo, quien se afilió a una logia durante su estancia en Perú, y luego al retornar a Costa Rica se decide a fundar el primer Taller del país.

38Para los efectos que interesa, la Masonería se establece en Costa Rica formalmente en enero de 1865, por medio de la fundación de la Logia Caridad nº 26, con dependencia jurisdiccional del Gran Oriente Neo-Granadino. Del grupo fundacional, se desprende un total de 10 extranjeros, 9 de origen europeo y un chileno, y 2 costarricenses, incluyendo al promotor de tal fundación, el Pbro. Francisco Calvo. No está claro cuántos miembros de esa logia habían sido iniciados en logias de otras jurisdicciones masónicas —Calvo lo fue en Perú—, y cuántos fueron iniciados en Costa Rica, especialmente a través de su fundador33.

39Pero volviendo al caso de Zaldívar, resulta muy llamativo que desde los mismos inicios de su mandato, allá por 1876, parte de su equipo de gobierno estuvo formado por masones o ciudadanos que con toda seguridad eran miembros activos de la(s) Logia(s) del país, como señala Ponte Rodríguez:

40El doctor Rafael Zaldívar, quien entonces asumía las riendas del poder como supremo mandatario del país (1 de mayo de 1876), iba a regir su conducta oficial por los postulados democráticos que practicábanse en el taller masónico, y bien secundado en esto por el Venerable hermano Adán Mora, de inmediato comisionó a los distinguidos masones José Presentación Trigueros, Hermógenes Alvarado Andino y Manuel Olivares, todos jurisconsultos sobresalientes, para reformar las leyes patrias en sentido liberal, debiéndose a ellos aquél cuerpo jurídico que se conoce por “Codificación del doctor Ulloa”, nombre que recibió por ser éste quien revisara la obra de los tres juristas34.

41Además de esta lista de masones “distinguidos”, hay que añadir los nombres de Manuel Delgado, Antonio J. Castro, Rafael Reyes, Pedro Meléndez, Juan José Cañas, Esteban Castro, David Castro, Francisco Esteban Galindo. Todos ellos en algún momento u en otro de la larga presidencia de Zaldívar ocuparon puestos importantes en su gobierno –fueron protagonistas decisivos en el intento de introducir las así llamadas “reformas liberales”-, y todos ellos pertenecían a alguna logia masónica del país.

42Ahora bien, ¿cómo probar la pertenencia de estos personajes a las filas de la masonería, cuando existe tan poca información sobre las acciones y miembros de esta sociedad en El Salvador del siglo XIX? Hasta el momento, de dos maneras. Basados en el libro de Ponte Rodríguez sobre la historia de la masonería en El Salvador, que proporciona una gran cantidad de nombres de masones salvadoreños de los siglos XIX y XX; sin embargo, la lista no es completa, porque no registra, por ejemplo, los nombres de Luciano Hernández o de Francisco Esteban Galindo. Pero basados en la evidencia interna que ofrecen periódicos de la época, como La República, se puede confirmar que al momento de realizarse la gran fiesta masónica (1884), pertenecían a la Logia “Excelsior” tanto Rafael Reyes como Luciano Hernández; y que hacia 1883 estaban inscritos a la Logia “Caridad y Constancia” de Santa Tecla, Juan José Cañas y Francisco Esteban Galindo. Por su parte, León Dreyfus califica a los acompañantes de Zaldívar a Europa como “hermanos”. De acuerdo con la edición del miércoles 9 de abril de 1884 del Diario Oficial, es decir al iniciar su viaje, entre los miembros de la comitiva figuraban, además de Luciano Hernández, Joaquín Méndez, José Leonard y Juan Padilla Matute35. Y en la Memoria del Ministerio del Interior de 1884, se confirma que acompañaron a Zaldívar en su viaje Luciano Hernádez, José Leonard, Joaquín Méndez, pero se agregan los nombres de Carlos Molina, Pablo Spilsburi y Ezequiel Moreno36. Por lo tanto, habría alguna razón para suponer que tanto Joaquín Méndez como José Leonard, Carlos Molina, Pablo Spilsburi y Ezequiel Moreno eran masones, aunque sus nombres no aparecen tampoco en el libro de Ponte Rodríguez.
Es mi convicción que, en la medida en que se profundicen los estudios sobre la masonería salvadoreña, se irá ampliando la lista de sus miembros, y se irá comprobando de manera más contundente la presencia e influencia de éstos tanto en la administración de Zaldívar (1876-1885), como también en la de Santiago González (1871-1876) y en la de Francisco Menéndez (1885-1889); y creo que esos estudios seguramente comprobarán que la influencia de la Francmasonería se extendió no solamente al ámbito político, sino también al económico, al cultural y al académico.

43Mientras tanto, toda la evidencia apunta a que el Presidente Zaldívar buscaba deliberadamente, durante sus viajes y en los momentos fundamentales de su presidencia, verse rodeado de miembros de la masonería salvadoreña, y en muchas ocasiones de los miembros más radicales y anticlericales de ésta, como eran por ejemplo Rafael Reyes, Antonio J. Castro, Francisco Esteban Galindo y Luciano Hernández. Un par de ejemplos más sobre esta “debilidad” del Señor Presidente por los masones. Zaldívar realizó una visita oficial a la parte occidental del país entre los meses de agosto y octubre de 1883. Durante su visita a Santa Ana, el Diario Oficial informaba en su edición del 29 de agosto que el Presidente fue acompañado, además de varios Ministros, por la comisión de Instrucción Pública – un elemento estratégico en su plan de gobierno – que estaba formada totalmente por masones bastante anticlericales: Antonio J. Castro, Manuel Delgado, Rafael Reyes y Juan Padilla Matute37; y hacia el 10 de octubre, cuando Zaldívar visitó el departamento de La Libertad, La República ofrece el siguiente listado de acompañantes del Presidente, muchos de ellos masones, algunos mucho más anticlericales que otros:

44Le acompañan los señores Ministros Gallegos, Meléndez y Mora, el Subsecretario señor Castro, los magistrados señores Trigueros y Valenzuela, el Tesorero general don Manuel Andrade, los señores Leonard, general Menéndez, Padilla, J. Méndez, Hernández, Niebecker, Reyes y algunas otras personas de esta capital y de la Nueva San Salvador. Es de esperarse que esta visita, como las demás, será provechosa para el departamento de La Libertad38.

45Y en todo caso, la “gran fiesta masónica” no era la primera vez que los masones ofrecían públicamente un homenaje a Zaldívar. Durante su visita oficial a Santa Tecla, en el mes de octubre de 1883, realizó las siguientes actividades oficiales: inspeccionó tanto el Colegio de Jóvenes que regentaba el Presbítero F. Sandoval, como el Colegio de Niñas de Teresa Imery, el Hospicio y “otros establecimientos públicos”; luego el General Manuel Esteves y Juan José Cañas (masón) le ofrecieron un almuerzo en casa de Cañas, por la noche fue invitado a cenar en nombre de la Municipalidad en casa de Ángel Guirola, y al parecer durante la cena el gremio de artesanos también se acercó y prorrumpieron en “vivas y aclamaciones entusiastas”. Pero también, señala la nota de La República, que la Logia “Constancia y Caridad”, a la que pertenecía Juan José Cañas y Francisco Esteban Galindo, le ofreció una “entusiasta” demostración de aprecio”. Esto ocurrió el 11 de octubre y tuvo lugar en la sede de la Logia “Caridad y Constancia”.

46Además de estas demostraciones de aprecio, dadas al aire libre, el señor Zaldívar recibió también otros, no menos entusiastas ni merecidos por parte de los herdel respetable taller de la vecina ciudad. Excusado es decir que entre los agasajos que ha recibido el señor Presidente, los del señor gobernador don Matías Castro Delgado y demás autoridades locales no les han ido en saga á los tributados por los SS. de La Caridad y Constancia y demás vecinos de Santa Tecla39.

47Todo parece indicar que durante la reunión en el Taller de Santa Tecla, los masones pidieron a Zaldívar una gracia especial para el Hospital de Santa Tecla (¿quizá un aumento al presupuesto?), pero Zaldívar decidió conceder esa gracia a todos los Hospitales del país, incluyendo al Hospicio de la capital. Esta decisión llena de generosidad y filantropía por parte de Zaldívar desbordó las expectativas de los masones de Santa Tecla, por lo que decidieron hacer público su agradecimiento al presidente mediante un desplegado – diría yo “descomunal”- en el Diario Oficial que ocupaba una página completa de la edición, algo totalmente inusual para la época, y se anunció la entrega de una medalla especial para Zaldívar. Este desplegado de la Logia “Constancia y Caridad” se publicó en la edición del miércoles 24 de octubre de 1883 y reza lo siguiente:

48A L G D G A DU
Vall de Santa Tecla, Octubre 21 de 1883, EV
Al S V P del R S Rafael Zaldívar
Presidente de la República
SFU
S y M Q H
La Resp Log “Caridad y Constancia” n° 18, establecida en este Vall, se ha impuesto con indecible satisfacción del acuerdo dictado por Vuestro Gobierno, con fecha 20 de este mes, a favor de cuatro Hospitales y del Hospicio Central de la República.
Medidas como esa, que tienden al alivio de la humanidad doliente y de la inocencia huérfana, son altamente conformes con los principios de nuestra Sagr Inst, y merecen el aplauso de todos los hombres.
En este acuerdo vemos cumplida la promesa que nos hiciste, en la ten de 11 de octubre corriente, en que visitasteis nuestro Tall y hallamos colmados nuestros deseos, pues lo que os pedimos para el Hospital de este vall lo habeis estendido á otros de la República y al Hospicio de esa capital, que vos, mejor informado y atento á sus necesidades, habeis querido favorecer con el aumento de sus rentas.
Nuestra Ord, Vos lo sabeis, abarca con su amor la humanidad entera, y á ella se dirigen sus altos fines, y ella es el objeto de sus ideales. Los Mas no reconocemos fronteras para amar al hombre, y lo que habeis acordado en bien de los indicados establecimientos, y obsequiando mas allá de sus exigencias los deseos de este Tall es un hecho consumado en pro de la Mas universal y que os enaltece en la consideración de todos los HH extendidos sobre la faz de la Tierra.
Como Gobernante habeis llenado una grata función administrativa.
Como Mas habeis cumplido con vuestro deber.
En el primer concepto os habeis hecho acreedor á la gratitud de la Resp Log En cuya representación os rendimos las gracias.
En el segundo concepto, vuestra conducta merece la aprobación y los parabienes de VVHH
La Resp Log para conmemorar vuestra visita, tan fecunda en bienes para la humanidad doliente y para la inocencia huérfana, y como un estímulo para los mas constituidos en autoridad en el mundo prof, ha acordado mandar a batir y obsequiaros una medalla de oro con inscripciones relativas al hecho de beneficencia que la ha motivas.
Ella será para el Gobernante el símbolo de nuestra gratitud; para el h la prenda de nuestro cariño.
Por la Resp Log
Las luces del Tall40.

49La entrega de la medalla se fijó para el 24 de octubre, fecha en que el Presidente Zaldívar cumplía cuarenta años. Y, según reporta La República, entre las muchas muestras de felicitación y cariño que recibió Zaldívar ese día, como las del Obispo Luís Cárcamo, recibió también el saludo y la medalla de la Logia “Caridad y Constancia” de manos del Doctor Francisco Esteban Galindo:

50El Sr. Dr. Galindo, al terminar su brindis, presentó al señor Presidente la medalla con que premia su beneficios a favor de la humanidad desvalida la Logia “Caridad y Constancia” de la Nueva San Salvador41.

51Pero volviendo a la “Gran Fiesta Masónica” del 27 de agosto de 1884, luego del regreso de Zaldívar de Europa, el Venerable Maestro, León Dreyfus, había recibió a Zaldívar como a un verdadero hermano masón. La República reprodujo el discurso de Dreyfus, en el que una vez más el periódico respetó toda la simbología gráfica que caracteriza a los textos masónicos. A continuación algunos fragmentos de este discurso de Dreyfus:

52Quer H Rafael Zaldívar:
La Resp Log Excelsior había acordado, antes de vuestra partida para Europa, obsequiaros con un banquete, como demostración de sus sentimientos de agradecimiento por lo mucho que os debe.
Esta reunión, esta fiesta que os dedican vuestros hermanos, es muy pálida comparándola, con los honores merecidos, que se os han tributado en el extranjero y en vuestra patria.
Es la expresión de la gratitud de vuestros hermanos por los muchos servicios que les habéis prestado; es una fiesta fraternal por lo alta que habéis puesto nuestra institución, por la protección decidida que le habéis dispensado, desde el día en que unos fervorosos obreros (Los Tall y P hh Padilla y Carazo42) tuvieron el feliz pensamiento de establecerla entre nosotros.
Sobre todo, quer her Es una fiesta de la humanidad y de la caridad, personificada en Vos. Jamás la desgracia ha tocado vuestro corazón sin que en el acto se abra vuestra mano. Jamás una idea de filantropía ha sido sugerida, sin encontrar en vos, no solamente poderoso apoyo, sino también los recursos para llevarla á buen fin…
Tanto á vos como á los hh que os acompañaron, os felicito, cordialmente, por haber regresado á la patria y os doy á nombre de esta resp Log la mas sincera bienvenida, agradeciéndoos sobremanera y congratulándome por vuestra presencia en el Tall43.

53Según La República, El Gran Maestro Dreyfus habría comentado durante la celebración que cada vez que Zaldívar atendía a las reuniones del Taller, se obtenía un importante beneficio tanto para el país como para la Logia. Prueba de ello había sido la ocasión en la que se acordó la creación del “Asilo Sara”. Esta reunión habría tenido lugar el 21 de diciembre de 1883, durante el llamado “banquete solsticial de invierno”, una importante celebración masónica a la que asistieron los miembros más destacados de esta Logia. En el portal de Internet del “Asilo Sara” se encuentra la siguiente reseña de aquel banquete en la que se decidió su creación:
bq. A fines de 1883 reunidos los miembros de la Logia Masónica Excélsior # 17 de San Salvador, con motivo de celebrar el banquete Solsticial de invierno, empezaron a tratar asuntos ajenos a la masonería. Entonces, H. León Dreyfus Grado 33 dando paso a la idea de caridad con un breve y sentido discurso, para atraerse así la atención hacia el dolor y la desgracia de los ancianos inválidos y mujeres indefensas. Solicitó a los presentes una ayuda material y mensual para organizar con ello una casa de asilo donde mendigos e inválidos encontrasen habitación, alimentos, cuidado personal, medicinas y distracción para hacerles llevadero su desamparo. Este discurso mereció todo el apoyo de los presentes quienes contribuyeron hasta suscribirse dos mil colones. A continuación se organizó una Junta Directiva para que se hiciera cargo de la obra. En dicha reunión estuvo presente el Sr. Rafael Zaldívar, Presidente de la República en ese entonces, quien al regresar a su hogar refirió a su esposa Sra. Sara de Zaldívar, la obra que habían decidido emprender; ella queriendo tomar parte en tan hermosa idea, ofreció su casa de campo para el asilo. Dicho ofrecimiento fue aceptado. El arquitecto Lazzarini se ocupó de las construcciones necesarias para alojar a los futuros asilados44.
También en la misma página web del “Asilo Sara” se publica la lista de las personas que conformaron la Primera Junta Directiva de la institución, a los que se le podría catalogar como masones, dado que hasta 1904 la responsable última de la dirección del Asilo recayó sobre esta Sociedad. La Junta Directiva estuvo, pues, conformada por las siguientes personas: Presidente: Dr. Otto Von Niebecker; 1er. Vocal: Don Tomás G. Palomo; 2do. Vocal: Sr. Gustavo D´Aubuisson; 3er. Vocal: Sr. Joaquín Pérez; Tesorero: Don Arturo Bustamante; Síndico: Dr. Emeterio Salazar; Secretario: Sr. Hermógenes Alvarado; Presidente Honorario y perpetuo: Sr. León Dreyfus.
Todo este movimiento filantrópico se había desencadenado a raíz de la visita de Zaldívar a la Logia en diciembre de 1883; ahora, durante la “Gran Fiesta Masónica” del 27 de agosto de 1884, correspondía a la Logia Excelsior ser beneficiada por la acción filantrópica de Zaldívar: la creación de una biblioteca, “incorporada á la Logia”, para el esparcimiento no sólo de los hermanos masones, “sinó también sus familias y hasta los profanos”. De hecho, la nota indica que durante la misma fiesta se inició la colecta de fondos para la construcción de la biblioteca, a la que el Presidente contribuyó con $ 1,000 pesos, y para el final de la reunión se habían recaudado ya 2,400 dólares45.
h4. Una interpretación alternativa: Zaldívar, mero instrumento del movimiento masónico internacional.
Que los masones se sintieron muy identificados con el proyecto reformista impulsado por Zaldívar, se desprende una vez más de la reseña que La República publica sobre la “gran fiesta masónica”:

54Ayer vimos reunidos al derredor del Doctor Zaldívar á las personas mas ilustradas y mas independientes de esta sociedad y de la de Santa Tecla. Por otra parte, los caballeros pertenecientes á la orden46 y domiciliados en Santa Ana, Sonsonate, San Miguel, & &, se han adherido á la ovación dispuesta en honor del señor Zaldívar con el entusiasmo que merecen los servicios que éste ha prestado á la gran causa de la redención humana47...

55Y a continuación el texto pasa a señalar cuáles han sido “los servicios” concretos que Zaldívar ha prestado a la “gran causa de la redención humana”, que no son otras que las principales reformas llamadas tradicionalmente “modernizantes” o “liberales” o “tardío liberales” que forjaron un Estado completamente secularizado en El Salvador: matrimonio civil, secularización de los cementerios y de la enseñanza, expulsión de los jesuitas, disolución de las tierras ejidales y comunales.

56Por otra parte, los caballeros pertenecientes á la orden y domiciliados en Santa Ana, Sonsonate, San Miguel, & &, se han adherido á la ovación dispuesta en honor del señor Zaldívar con el entusiasmo que merecen los servicios que éste ha prestado á la gran causa de la redención humana ora combatiendo francamente prácticas supersticiosas y perjudiciales á la sana educación del pueblo, ora prohibiendo la enseñanza religiosa en las escuelas del estado; ya arrancando al clero la gabela del matrimonio y de los entierros, ya contribuyendo, en fin, de acuerdo con su ilustre aliado el General Barrios (Rufino), á que los nefandos jesuitas fueran expulsados de sus últimas madrigueras en la América-Central, quedando así el Estado libre de las perniciosas ingerencias de los taimados conspiradores contra todo lo que no sea sumisión servil á la corte de Roma48.

57Pero, ¿podría considerarse esta pertenencia o afinidad de Zaldívar como una especie de sometimiento a los dictados y deseos de los masones? A juicio de un artículo publicado por El Católico tres años después de la caída de Zaldívar (1888), esa había sido precisamente la estrategia de los masones salvadoreños, y en realidad era la estrategia utilizada por la Francmasonería en cualquier parte del mundo:

58Esta secta, proscrita y repudiada de todas partes, razgado el disfraz que la cubriría, busca su último baluarte á los pies de los Gobiernos que tienen la desgracia de dejarse sorprender por sus astucias; Gobiernos á quienes tanto adula mientras los explota, cuanto más vilmente los traiciona, cuando los hace caer impopulares, por disposiciones masónica que les obliga á adoptar49.

59Sin embargo, 5 años antes (1883), durante la administración de Zaldívar, esa no parecía ser la verdad. Era más bien todo lo contrario: Zaldívar estaba tratando de dominar a la Logia “Excelsior”, como en su tiempo lo había hecho Napoleón, según El Católico -; y la prueba de esto, en el caso de Zaldívar, estaba en la aprobación “oficial” que en marzo de 1883 hizo el Gobierno de las Constituciones de la Logia “Excelsior”:

60El decreto del Gobierno que aprueba los reglamentos de la logia Excelsior n° 17, es a nuestro humilde juicio, 1° el triunfo del Gobierno sobre la masonería; 2° no produce á la Excelsior la utilidad que esperaba; y 3° le causa graves males50.

61 Esta acción del gobierno de Zaldívar se publicó en el Diario Oficial, en la edición del 12 de mayo de 1883, y en el texto se lee lo siguiente:

62Ministerio de Gobernación y Fomento.
Rafael Zaldívar, Presidente de la República del Salvador.
Considerando:
Que no encontrándose en el Reglamento interior de la Logia “Excelsior número 17”, ninguna disposición que se oponga á las leyes que rigen en la República,

63Decreta:
Artículo único.- Apruébase los treinta y tres artículos que contiene el citado Reglamento.
Dado en el Palacio Nacional: San Salvador, Marzo 26 de 1883.

64Rafael Zaldívar.

65El Ministro de Gobernación
Adán Mora51.

66Procede entonces el Diario Oficial a publicar la totalidad del Reglamento. No es el momento de entrar en el análisis de esta acción gubernamental, y del evidente choque de interpretaciones que el acto generó, aunque tampoco se trataba de una acción totalmente insólita, como pensaba El Católico, pues el gobierno la había realizado a favor de otras organizaciones no masónica; sólo se trae a colación para mostrar una vez más la disputa que generaban las acciones de Zaldívar respecto de la masonería y cómo ambos bandos (Iglesia y Masonería) encontraban suficientes argumentos para sentirse los verdaderos beneficiarios de las políticas del Presidente. Pero, ¿quién decía la verdad?

67Volviendo al artículo de 1888, a tres años de la caída de Zaldívar, las cosas ahora se miraban de manera distinta: era evidente para El Católico que fueron los masones quienes, al final, se terminaron imponiendo a Zaldívar, se aprovecharon de su influencia, de sus homenajes, de sus regalos para sacar provecho y ventajas para beneficio de la Sociedad y de sus miembros (empleos, edificios, leyes favorables, etc.) y para elaborar e implementar leyes que atacaban a la Iglesia católica (uno de los objetivos fundamentales de la masonería, según percibía todo el mundo católico de entonces), pues era innegable que medidas como la secularización de los cementerios, el matrimonio civil, la enseñanza laica, le recortaba a la Iglesia su poder o su margen de maniobra o de influencia; pero resultaban ser medidas demasiado impopulares, según El Católico, dado el carácter profundamente católico del pueblo salvadoreño.

68La Masonería de San Salvador tributó al doctor Zaldívar las adulaciones más humillantes, las alabanzas más pomposas, los elogios más exagerados; le dió banquetes, le pronunció discursos, le regaló medallas, le extendió diplomas, le obsequió espadas y vainas: todo esto, solamente mientras pudo explotarlo, obteniendo de él empleos para los hermanos, edificio para su templo, dinero, honores, impunidad, protección, leyes favorables á ella y hostiles á la Iglesia. Pero cuando aquel Mandatario, desprestigiado por esas mismas leyes impopulares, cayó del poder, ¿quienes son, sino los mismos masones, los que más han hablado, escrito y trabajado contra su protector; los que más censuran lo nueve años, los que más condenan al que ayer casi adoraban como semi-dios?[52]

Algunas interrogantes ineludibles

69Desde cualquier punto que se le mire, no deja de ser muy llamativo que hacia 1884 El Católico se atreviera a lanzar dudas con tanta vehemencia sobre la afinidad y pertenencia de Zaldívar a la masonería salvadoreña. Y es que, si era tan cierto, como proclamaban los masones, que el Presidente no sólo era miembro de la Logia “Excelsior”, sino además el Jefe de toda la masonería salvadoreña y centroamericana, ¿cómo se atrevía entonces El Católico a desmentir un hecho tan palmario? ¿Por qué se atrevía a poner en duda algo que podía ser fácilmente refutado y demostrado por los masones? ¿No era mucho arriesgar? ¿No era exponerse inútilmente a una burla pública? ¿No se ponía en duda la credibilidad misma de El Católico ante sus lectores y ante todo el pueblo católico del país? ¿Acaso no bastaba que el Presidente Zaldívar hiciera pública su pertenencia a la Logia y Jefaturas masónicas que se le atribuían, sea a través del Diario Oficial o de La República, para zanjar toda la discusión? Al parecer, Zaldívar nunca lo había hecho, y quizá de esa aparente ambigüedad o distancia del Presidente se aprovechaba El Católico para lanzar sus cuestionamientos.
Pero, ¿había razones para pensar que Zaldívar guardaba alguna distancia de los sectores masones más radicales y que guardaba alguna afinidad con la Iglesia salvadoreña? Ciertamente las hay. Quizá para escándalo o vergüenza de la historiografía liberal más recalcitrante, nunca se debe olvidar que Zaldívar ocupó importantes cargos durante la presidencia de Francisco Dueñas. Fue embajador en importantes misiones en Europa, fue presidente de la Asamblea, y cuando Dueñas salió al exilio en 1871, Zaldívar también lo hizo, junto con el General Luciano Hernández, quien también fue muy cercano al presidente Dueñas y justificó o explicó en el Diario Oficial en tiempos de Dueñas, El Constitucional, las razones de la caída del gobierno de Gerardo Barrios53.

70Pero hay más. Según reportó la Gaceta Oficial en su edición del 22 de septiembre de 1876, el ex – presidente Dueñas regresó a El Salvador el 19 de septiembre, luego de un exilio de 4 años impuesto por el gobierno de Santiago González54. Dueñas fue recibido en el Puerto de La Libertad por el Ministro de Gobernación y Zaldívar lo visitó personalmente al día siguiente en Santa Tecla, donde Dueñas había fijado su residencia55. Unos días después, el 4 de octubre, Zaldívar saluda a Dueñas en nombre de la Nación por su cumpleaños56; la acción se repetirá un año después, en 187757, y una vez más en 187858. Durante las celebraciones del cumpleaños de Dueñas en 1877, la Gaceta Oficial reportó que Dueñas fue visitado tanto por el Obispo, como por el entonces Embajador de Nicaragua, y futuro Presidente, Adán Cárdenas, y los brindis principales en su honor estuvieron a cargo de Zaldívar y de Luciano Hernández59. Y para mayor escándalo de los historiadores liberales radicales, la Gaceta Oficial reportó, en su edición del 23 de junio de 1878, que Dueñas había regresado al país luego de un viaje de dos meses por Guatemala. Todo parece indicar que al final de su estancia Dueñas fue homenajeado con un banquete por el Presidente Justo Rufino Barrios. ¿Qué motivaciones podía tener Justo Rufino Barrios para darle a Dueñas –a “Fray Francisco Dueñas”- semejante atención? No hay respuesta clara a este hecho insólito. No obstante, una entrada del Diario Íntimo de Enrique Guzmán, correspondiente al 3 de agosto de 1878 – menos de dos meses después del regreso de Dueñas -, recoge el siguiente dato igualmente sorprendente: ¡Barrios pretendía que Dueñas sucediera a Zaldívar en la Presidencia!

71Ha venido del Salvador Andrés García: Acabo de verle… Me asegura que Barrios piensa hacer a Dueñas Presidente del Salvador en el próximo período; pero que Fabio Morán quiere ser Presidente también y que actualmente es quien dispone de los cuarteles60.

72La Gaceta Oficial de El Salvador, dando cuenta del retorno de Dueñas al país, no duda en calificar al expresidente como “hombre de Estado, publicista eminente, distinguido repúblico en la América Central”, y añade que Zaldívar se desplazó al Puerto de La Libertad para recibirlo personalmente a su llegada61.

73Pero volviendo a 1876, luego de que Zaldívar asistiera personalmente a saludar a Dueñas el 4 de octubre, volvió el 15 de ese mismo mes y año a Santa Tecla para felicitar a la esposa de Dueñas por su cumpleaños. El 14 de noviembre de 1876, la Gaceta Oficial reportó que Dueñas, junto con el Ministro de Instrucción Pública López, había representado a Zaldívar en el acto de premiación de un Colegio, pues Zaldívar se encontraba enfermo. Y el 21 de octubre de 1877, Dueñas participó en el Banquete que ofreció Zaldívar en honor de Adán Cárdenas, en el que participó con un “brindis-discurso62”.

74¿No eran estas señales que la Iglesia salvadoreña podía interpretar como favorables a su causa luego del turbulento período de Santiago González, durante el cual propiamente se decretó la expulsión de los jesuitas y la expulsión de varios obispos y otros religiosos? ¿Acaso no fue durante el período de González que se aprobó la secularización de los cementerios, el matrimonio civil? En ese sentido, ¿no parecía que con Zaldívar las cosas prometían regresar al lugar a donde las había dejado el gobierno de Dueñas? Ciertamente así lo pensaba la Iglesia, según lo interpreta el historiador eclesiástico salvadoreño, Jesús Delgado:

75Desde las primeras pláticas que el Obispo tuvo con al designado Presidente Zaldívar, se dio cuenta de que también él era de la opinión de que las leyes eclesiásticas emitidas por González eran injustas, pero no podía abolirlas de un plumazo, pues, para ello había trámites contemplados por la Constitución. Sin embargo, comenzó a aliviar las tensiones del Gobierno con la Iglesia en todos aquellos aspectos que estaban a su alcance63.

76En ese sentido, también cabe pensar que unos años después, cuando Zaldívar empiece a implementar sus políticas más pro-masónicas, especialmente la laicización de la educación, la Iglesia salvadoreña llegará a la conclusión de que Zaldívar progresivamente se había ido dejando manipular por los sectores más radicales de la masonería, representada en intelectuales como Rafael Reyes, Antonio J. Castro, Esteban Castro, Francisco Esteban Galindo, entre otros, quienes en su momento también habían participado en el gobierno del Mariscal González. Si esto era así, resultaba razonable pensar y esperar –y quizá orar a Dios- para que Zaldívar se arrepintiera de las medidas que estaba implementando y que tanto daño le seguía causando a la Iglesia.

77Resulta muy curioso que todavía a inicios de 1879, otro periódico de San Salvador, La Nación, no sabía a ciencia cierta a dónde ubicar políticamente a Zaldívar, si entre los conservadores, los liberales o los muy liberales64. ¿En qué momento se comienza a distanciar Zaldívar definitivamente de Dueñas y su liberalismo más católico? Es claro que hasta principios de los años 1880 Zaldívar hizo muy poco por revivir el proyecto político que había iniciado Santiago González. Al parecer el distanciamiento definitivo entre Zaldívar y Dueñas se produjo hacia 1883, cuando se descubrió su participación en el intento de golpe de Estado impulsado por Francisco Menéndez y Manuel Gallardo. Sin embargo, hacia mediados de 1880, Rafael Reyes iniciaba en El Cometa la publicación de un largo ensayo histórico sobre la revolución de 1871 que derrocó a Dueñas. Al parecer, el texto fue redactado originalmente en 1877, es decir en el momento en el que Dueñas recibía todos los elogios antes descritos por parte de Zaldívar. Pero la imagen que nos da Reyes de Dueñas es más bien la de un déspota, apegándose así a la historiografía liberal tradicional que vio en Dueñas un instrumento de la Iglesia y de los conservadores65. No obstante, estas discrepancias en las interpretaciones respecto de la figura de Dueñas tiene su importancia, pues permite perfilar ciertas diferencias fundamentales al interior de la misma masonería:

78Bajo el punto de vista político era triste el estado de cosas en el Salvador al expirar el año de 1870. El Gobierno del Doctor Dueñas, nacido en 1863 bajo los auspicios de las bayonetas guatemaltecas, ejercía en la sociedad un despotismo calculado. Varios ramos de la administración pública estaban monopolizados, i bajo el sistema de contratas eran esplotados por las personas mas allegadas al gobierno. Al Cuerpo Legislativo no concurrian ya hombres de corazón é interpretes del sentimiento nacional, sino solamente adeptos á la persona del presidente, quien los hacia elegir por medio de los comandantes generales i gobernadores de departamento… La prensa independiente no existía; en su lugar habia periódicos costeados por el gobierno encargados de interpretar la opinión pública, naturalmente a favor del órden de cosas existente. A todo esto hai que agregar que el Doctor Dueñas estaba para hacerse elegir por segunda vez, con cuya conducta ponia mas á las claras su intencion de perpetuarse en el poder… El Dr. Dueñas, hombre práctico en los negocios i conocedor de la situación, procuraba ocultar su ambición i moderar aquel despotismo con su cararcter suave i conciliador, encomiando los beneficios de la paz i haciendo aparecer á su gobierno rodeado de todas las personas de órden i amantes de su patria66.

Hacia un determinación del papel jugado por la Francmasonería en la construcción del Estado salvadoreño entre 1871 y 1885.

79Todos estos elementos bastante desconcertantes obliga a hacernos otras interrogantes: ¿Qué papel jugó la masonería en la construcción del Estado salvadoreño durante el siglo XIX, desde el período de Gerardo Barrios, pasando por el de Dueñas, el de Santiago González y particularmente durante la presidencia de Zaldívar? ¿Cómo compaginar este pasado de Zaldívar tan cercano a Dueñas y a la Iglesia salvadoreña con su igualmente evidente cercanía con los sectores más radicalizados y anticlericales de la masonería? ¿Cuál era, pues, la verdadera naturaleza de la relación entre Zaldívar y los masones? ¿Existía más que una cierta afinidad entre ambos o se trataba de una descarada manipulación por ambas partes? Sin embargo, ¿es suficiente una afinidad para explicar la preponderancia y los privilegios que llegaron a tener los masones tanto dentro del gobierno de González como en el de Zaldívar? ¿Era por simple coincidencia que los hombres mejor preparados de entonces eran masones, y por eso se les ofrecía algunos empleos claves en el gobierno? O ¿Era que la Masonería como tal, es decir como corporación – o como sociedad secreta- estaba impulsando un complejo proyecto de transformación del país en consonancia con lo que otros masones estaban realizado en Europa y en América del Sur, y por lo tanto se trataba de un proyecto de largo alcance que traspasaba los límites temporales de una determinada administración? En definitiva, ¿fue Zaldívar nada más que un instrumento de los oscuros objetivos de la masonería internacional? O ¿Zaldívar en tanto que masón y Presidente no hacía más que prestar de manera muy consciente un importante servicio a la causa de la masonería porque creía firmemente en la necesidad de implementar estas transformaciones en el Estado salvadoreño? Ciertamente se trata de una problemática bastante compleja que lamentablemente hasta ahora no ha sido abordada.
Si volvemos nuevamente a la “Gran Fiesta Masónica” de 1884 y a la polémica que desató entre El Católico y La República, es claro que era mucho lo que ponía en juego El Católico al levantar importantes sospechas sobre la pertenencia de Zaldívar a la masonería, era mucho arriesgar. En ese sentido, es importante tomarle la palabra a El Católico, no en el sentido de si Zaldívar era o no masón, porque la evidencia apunta con bastante claridad a que sí lo era. Más bien, la audacia de El Católico invita a indagar sobre la manera de actuar – quizá bastante ambigua de Zaldívar – tanto frente a la masonería como frente al catolicismo. Quizá una investigación más profunda sobre su administración podría revelarnos una faceta muy interesante de su estilo de gobernar, estilo que de hecho le permitió mantenerse en el poder durante nueve años e impulsar importantes medidas políticas, culturales y económicas, algunas de la cuales sin lugar a duda afectaron a la Iglesia en sus intereses educativos, pero sin llegar a un rompimiento total y definitivo o al menos a un sometimiento total de la Iglesia, como había ocurrido en tiempos de Morazán, y como había ocurrido en el pasado reciente con el gobierno de Santiago González, quien además decretó la supresión del periódico católico La Verdad por unos tres meses. En este punto resulta mucho más claro que el gobierno de Santiago González parecía plegarse más a los dictados de los gobiernos guatemaltecos de García y Justo Rufino Barrios.

80Por otro lado, esta política anticlerical en Centroamérica no era ya cuestión del pasado, cosa de los turbulentos años 70. No hay que olvidar que durante la administración de Zaldívar, el presidente de Nicaragua, Joaquín Zavala, decretó en mayo de 1881 la expulsión de los jesuitas, y en Costa Rica ocurrió lo mismo bajo la administración del Presidente Próspero Fernández Oreamuno en 1884, cuando se ordeno la expulsión tanto de los jesuitas, como del Obispo Bernardo Augusto Thiel.

81Creo que no se debe subestimar las tensiones y polarizaciones que se generaban en el país cada vez que se trataba de implementaban nuevas medidas políticas que minaban el poder de la Iglesia, y que muchos inconformes miraban como responsables de las mismas a los “odiados” masones. En este contexto no se puede obviar también que en más de alguna ocasión se intentó dar golpe de estado al régimen de Zaldívar. Una de esas “asonadas” tuvo lugar en Santa Tecla el 16 de abril de 1883, y fue liderada directamente por el General Francisco Menéndez y el Doctor Manuel Gallardo – y de manera más discreta por su viejo protector Francisco Dueñas -. Pues bien, resulta muy significativo que los golpistas de entonces azuzaban la insurrección del pueblo de Santa Tecla con consignas como “muerte al Dr. Zaldívar y al General Barrios” o “viva la religión, mueran los herejes67” o, como reportó de manera más cruda el periódico La Discusión, las consignas fueron: “viva la religión, mueran los masones68”. De nuevo, algo muy similar ocurrió en Costa Rica en 1884, según reportó en su momento La República:

82Ha sido sofocada una conspiración que se fraguaba para derrocar al Gobierno. A la cabeza de los revolucionarios figuraban algunos individuos del clero. Se asegura que abrigaban los más siniestros y criminales propósitos contra los principales miembros del Gabinete y de la Logia masónica69.

83Repito, todo esto nos invita a indagar sobre el estilo de gobernar de Zaldívar, que quizá algunos intelectuales de la época pudieran calificar de traidor o de hipócrita, como al final lo hizo el mismo Justo Rufino Barrios y lo llevó a tomar la decisión de simplemente “barrer” a Zaldívar de la Presidencia de El Salvador. Pero, ¿no era más bien que Zaldívar buscaba deliberadamente mantener un equilibrio delicado tanto entre los masones como entre el clero? Si no fuera así, ¿cómo explicar entonces que hasta el último momento la Iglesia trató de estar en buenos términos con Zaldívar, de evitar que se le asociara tan claramente con los masones? Y esto lleva a preguntarnos hasta qué punto Zaldívar estaba totalmente de acuerdo con el proyecto liberal más radical que era impulsado por intelectuales masónicos como Manuel Delgado, Rafael Reyes, Antonio J. Castro, Hermógenes Alvarado, enemigos acérrimos e irreconciliables con la Iglesia desde tiempos de la Presidencia de Santiago González.

h4. Ausencia del “factor masónico”

84Como se ha podido apreciar, hace falta un estudio que analice con más detalle el delicado juego de tensiones y alianzas, de amores y de odios que generaron los movimientos políticos de Zaldívar durante todo este período de grandes cambios y tensiones en el país. Porque, insisto, si es cierto que Zaldívar estaba tan claramente identificado con los masones, ¿cómo explicar los intentos desesperados de El Católico por poner en duda esta supuesta vinculación del Presidente con los masones y sus proyectos políticos?
No ofrecer a El Católico el beneficio de la duda obliga a tomar como verdad indiscutible la visión negativa que sobre la Iglesia estableció la historiografía liberal decimonónica. Ahora, en cambio, se tiende a pensar cada vez más que esta historiografía construyó una visión y un juicio unilateral y distorsionado sobre el papel que jugó la Iglesia salvadoreña en el siglo XIX, una visión que responde más a la polémica que a la verdad de los hechos, como ha tratado mostrarlo Sajid Herrera:

85En este ensayo mostraré, haciendo uso en gran medida de las publicaciones periódicas y centrándome en ciertos períodos del siglo XIX, que el calificativo partidario de liberales y conservadores utilizado por algunos estudios de historia política en el siglo XX no explica la riqueza, variedad y matices con que las facciones decimonónicas se concibieron a sí mismas. A manera de hipótesis, en lugar de la lucha entre liberales contra conservadores, el siglo XIX experimentó una diversidad “partidaria” – centralistas, federalistas, liberales católicos, liberales anticlericales (católicos, masones), etc.-. Todos ellos coincidieron en la construcción de un régimen republicano, interpretándolo, en términos generales, como la asociación de ciudadanos basada en los principios de soberanía del pueblo, sufragio, división del poder, libertades civiles y políticas, virtudes cívicas, preceptos morales o religiosos…
... Estudios recientes han señalado lo inadecuado de continuar calificando a los líderes salvadoreños como simplemente “liberales” o “conservadores”. El régimen de Gerardo Barrios, a juicio de Adolfo Bonilla, más que liberal puede denominarse “absolutista” pues buscó la transformación sociopolítica del país a través del culto a su personalidad, la violencia a cualquier precio, utilizando el método del despotismo ilustrado. En cambio, estadistas como Francisco Dueñas, denominado “conservador”, fueron liberales constitucionalistas. Para Bonilla esa fue la división “partidaria” del liberalismo a partir de la década de 1840: absolutistas y constitucionalistas70.

86Tratando de recrear la perspectiva de los historiadores liberales del siglo XIX, el modo de proceder de El Católico, que buscaba crear dudas sobre la identidad masónica de Zaldívar, se podría explicar de la siguiente manera: se trata de un ejemplo más de cómo el partido “servil” o los conservadores, o los “nefandos jesuitas”, o las fuerzas oscurantistas y retrógradas que se agazapan detrás de los curas y religiosos, buscan obstaculizar por todos los medios posibles, legales e ilegales, honestos o inmorales, el verdadero camino del progreso, la ilustración, la independencia y la prosperidad económica de los pueblos centroamericanos.

87Sin embargo, insisto, si se le diera un voto de confianza a la visión de la Iglesia, y se pusiera por un momento entre paréntesis esta construcción historiográfica liberal-radical, o al menos si se tomara la molestia de leer la postura de la Iglesia sobre el proceso de reforma que se estaba implementando en el país, se abren las puerta para una investigación que permita profundizar aún más en la naturaleza de estas reformas liberales del siglo XIX y en el papel que jugaron los principales actores de este drama un tanto sentimental que someramente he tratado de describir: La Iglesia católica salvadoreña, los masones y, en medio de ambos, al Presidente Rafael Zaldívar.

88Y sin embargo esta influencia masónica no ha sido todavía destacada por los historiadores del proceso salvadoreño, con la excepción de Jesús Delgado. En efecto, los historiadores modernos salvadoreños coinciden en caracterizar a Zaldívar y a su gobierno como liberal a “secas”, contraponiéndolo con los llamados “conservadores”, entre los cuales estaría la Iglesia. ¿Es esta una clasificación que recoge fielmente la realidad de estos actores políticos? Ya he insinuado que parece ahora una clasificación insuficiente. Por otro lado, prácticamente nada se ha escrito sobre el papel de la masonería salvadoreña en este proceso de modernización “liberal”. ¿Por qué no se ha reparado en el papel de los masones? ¿Cómo explicar esta ausencia tan decisiva en la historiografía salvadoreña? ¿Qué ha impedido ver este “factor masónico” en la historia del país? En definitiva, ¿a qué se debe este vacío que a mi ver resulta decisivo a la hora de lograr una mejor comprensión del proceso político salvadoreño durante el último tercio del siglo XIX? A mi juicio, la respuesta es clara: porque no se ha prestado la importancia que merecen las ideas expuestas por la Iglesia católica en los periódicos católicos de la época, en las hojas sueltas y en las Pastorales y decretos de los Obispos; y no se les ha dado la suficiente importancia porque se ha terminado por aceptar de manera acrítica el prejuicio liberal de que la Iglesia y los sectores a fines a ella únicamente representaban los intereses de los sectores más retrógrados y fanáticos del país, sectores que se oponían a todo tipo de liberalismo, ilustración y progreso.

89En ese sentido, de las múltiples denominaciones que han recibido estas reformas quizá la menos utilizada, pero quizá la más reveladora, deberían ser las de “liberal-masónicas” o “masónica-liberal”. Esta es la expresión precisamente utilizada por la Iglesia y los periódicos católicos de la época. Así por ejemplo, La Verdad en su edición del 15 de enero de 1873 habla de “la revolución masónica liberal”:

90... dejaría lugar á pensar y decir, lo que han pensado y dicho algunos enemigos de Dios: -“muriendo Pío VII ya no habrá papa, muriendo Pío IX la revolución masónico-liberal triunfará[71]”.

91Siempre en La Verdad, en la edición del 8 de marzo se habla de “masonismo-liberal”:

92Al favor de esta tolerancia se desarrolla admirablemente el principio católico: periódicos destinados á la propaganda religiosa, congregaciones piadosas de personas de ambos sexos, institutos de beneficencia y tantas otras demostraciones prácticas de caridad evangélica, de las que el masonismo–liberal no dio una sola durante su largo y tenebroso reinado72.

93A mi parecer, pues, las expresiones “masonismo-liberal” o “liberalismo masón” establecen con mayor precisión el origen, objetivo y alcance de estas reformas, pues en el caso de El Salvador todo parece indicar que estas reformas fueron impulsadas en gran medida por la masonería salvadoreña. Como afirma Santiago Vilanova Meléndez en sus Apuntamientos de historia patria eclesiástica, una vez fundada oficialmente la primera logia en el país en 1871, la Logia “Progreso, “las principales personas del Gobierno y de la oposición se afiliaron á ella73”. Lamentablemente Vilanova Meléndez no da la lista de las personas que se incorporaron a esta logia, pero a poco que se revise el Boletín Oficial del período de González, saltan a la vista los nombres de Rafael Reyes, Antonio J. Castro, Francisco Esteban Galindo. Se sabe con certeza de la pertenencia masónica de el Vice-presidente, Manuel Méndez, a quién el Libro de razones de los acontecimientos principales llevado por la Diócesis de San Salvador en el año de 1872, calificó como “Mecenas protector (de la masonería) y su agente más decidido en el gobierno” (p. 23b), pero en ningún lado se afirma que el Presidente Santiago González fuera masón, como sí ocurre en el caso de Zaldívar.

94La aproximación al papel que jugó la Francmasonería en El Salvador durante los períodos de Santiago González y Rafael Zaldívar tiene que proceder de manera indirecta: partiendo de la lectura de los textos católicos en los que se refleja con más claridad la naturaleza profunda de las reformas iniciadas por González y luego impulsadas o continuadas por Zaldívar. Ciertamente, intelectuales “masónicos” como Rafael Reyes, como Francisco Esteban Galindo, o como Hermógenes Alvarado no se llamaban a sí mismo masones en sus escritos, no se identificaban como tales, y por eso pienso se ha escapado a la mayoría de los historiadores el “factor masónico”; pero para la Iglesia del siglo XIX era claro que quien estaba detrás de las reformas era precisamente esa “sociedad secreta”; por tanto, es la Iglesia la que certeramente los identifica como “masones” y como los auténticos sujetos de los cambios sociales y políticos que se estaban implementando. A mi juicio, se trata de una clave de interpretación que abre un nuevo camino para la investigación de las reformas “liberales” de El Salvador del siglo XIX.

95Ahora bien, si las reformas “masónico-liberales” comenzaron a implementarse a partir del gobierno del Presidente Santiago González (1871-1876), se continuaron y profundizaron durante la administración de Zaldívar (1876-1885) y se terminaron de consolidar de manera ya irreversible durante el período de Francisco Menéndez (1885-1889), ¿quiere esto decir que en el período de Menéndez continuaron ejerciendo los masones una influencia muy importante sobre el gobierno? Pero, ¿acaso la revolución de Menéndez no tenía como uno de sus objetivos acabar con la terrible influencia que los masones ejercieron durante la administración de Zaldívar? ¿Acaso no fue Manuel Gallardo uno de los principales aliados del General Menéndez al inicio de su mandato? Ciertamente hay que decir que durante el período de Menéndez la Iglesia tuvo la oportunidad de exponer con más amplitud y menos restricciones lo que pensaba sobre la masonería y sobre el papel que había jugando en la administración de Zaldívar; pero luego de un período de transición y de limpieza inicial en el que La Iglesia y El Católico ven como una posibilidad muy fuerte la reversión de las medidas masónicas con la elaboración de una nueva Constitución durante 1885 y 1886, la balanza se inclinó nuevamente hacia la masonería. Las pruebas están a la mano: hasta el presente la educación pública en El Salvador sigue siendo laica, los matrimonios civiles deben celebrarse antes del religioso, los cementerios públicos son administrados por las municipalidades, se extinguieron definitivamente las tierras ejidales y comunales.

h4. Notas de pie de página

961 Véase “Esta noche”, La República (350) 27 de agosto de 1884, pág. 2.

972 Véase “Gran fiesta masónica”, La República (351) 28 de agosto de 1884, pág. 1.

983 De acuerdo con la edición del miércoles 9 de abril de 1884 de el Diario Oficial (pag. 2) Zaldívar salió hacia el puerto de La Libertad el 10 de abril.

994 Véase “La República de El Salvador en la América Central”, Diario Oficial (358) viernes 5 de septiembre de 1884, págs. 1-2.

1005 Véase Diario Oficial (331) miércoles 30 de julio de 1884, p. 2, y (335) viernes 8n de agosto de 1884.

1016 “Manifiesto”, Diario Oficial (237) lunes 7 de abril de 1884, pág. 1, además véase “Acuerdo importante”, Diario Oficial (236) 5 de abril de 1884, pág. 1.

1027 De acuerdo con la edición del miércoles 9 de abril de 1884 Diario Oficial (pág. 2), es decir al iniciar el viajo, entre los miembros de la comitiva figuraban Joaquín Méndez, José Leonard y el guatemalteco Juan Padilla (quien fungía como Cónsul de Costa Rica en El Salvador). A esta lista se debe agregar el nombre de Luciano Hernández.

1038 “Gran fiesta masónica”, La República (351) 28 de agosto de 1884, pág. 1.

1049 “Esta noche”, La República (350) 27 de agosto de 1884, pág. 2.
fn10. “Saludos”, El Católico (169) 24 de agosto de 1884, pág. 272.

10511 Ibíd.

10612 “El Católico”, en El Católico (169) 24 de agosto de 1884, pág. 272.

10713 Se trata con toda seguridad de un error y debería decir “Excelsior 17”, pues no existen rastros de la existencia de una Logia “Excelsior” número 18 en El Salvador.

10814 “La masonería”, en El Católico (171) 7 de septiembre de 1884, pág. 287.

10915 “Gran fiesta masónica”, La República, (351) 28 de agosto de 1884, pág. 1; la cursiva es mía.

11016 Ibíd. Las cursivas son mías.

11117 Hasta el momento no se ha tenido acceso a los artículos publicados en el Diario del Comercio.

11218 “Discusión terminada”, El Católico (172) 14 de septiembre de 1884, págs. 295-296.

11319 “Documento masónicos”, La República (353) sábado 30 de agosto de 1884, pág. 2.

11420 “Hemos tenido”, El Católico (173) 21 de septiembre de 1884, págs. 304-305.
fn21. “Hemos tenido”, El Católico (173) 21 de septiembre de 1884, págs. 304-305.

11522 Ibíd., pág. 304.

11623 Ibíd., pág. 305. Mayúsculas en el original.

11724 Francisco J. Ponte Rodríguez, Historia de la masonería salvadoreña, (Sonsonate: Imprenta “Excelsior”, Sonsonate, 1962), pág. 29.

11825 Francisco J. Ponte Rodríguez, Historia de la masonería, pág. 29.

11926 Francisco J. Ponte Rodríguez, Historia de la masonería, pág. 91.

12027 Véanse Francisco J. Ponte Rodríguez, Historia de la masonería, pág. 23; también puede consultarse el número 56 de la Revista Shittah enero-marzo, 1952, págs. 6-7, en el que se confirma la fundación de la primera Logia en San Salvador el 21 de septiembre de 1871. La Revista Shittah fue el órgano de difusión oficial de la Gran Logia Cuscatlán.

12128 Miguel Ángel Gallardo, Papeles históricos, Volumen III (Primera Parte), (Santa Tecla: Tipografía Atlás, 1971), pág. 307. Deseo agradecer al Doctor German Cáceres, respetable miembro de la actual masonería salvadoreña, por darme a conocer la existencia de este importante documento.

12229 De acuerdo con Ponte Domínguez, Tomás Manuel Muñoz fue uno de los fundadores de la Logia “Progreso” en 1871; Francisco J. Ponte Rodríguez, Historia de la masonería, pág. 24 y 29.

12330 “Instalación y apertura del Congreso Legislativo de 1869”, en El Constitucional (65) jueves 14 de enero de 1869, p. 3. La cursiva es mía.

12431 “El decreto del gobierno”, El Católico (103) 20 de mayo de 1883, p. 155.

12532 Véase Ricardo Martínez Esquivel, “Composición socio-ocupacional de los masones del siglo XIX”, en Diálogos: Revista electrónica de historia, Vol 8 (2) agosto 2007-febrero 2008, disponible en: http://historia.fcs.ucr.ac.cr/dialogos.htm

12633 Miguel Guzmán-Stein, “Masonería, Iglesia y Estado: las relaciones entre el poder civil y el poder eclesiástico y las formas asociativas en Costa Rica (1865-1875)”, pág. 11; disponible en: http://www.hcentroamerica.fcs.ucr.ac.cr/cong/mesas/cong6/socAg.html

12734 Francisco J. Ponte Rodríguez, Historia de la masonería, pág. 27.

12835 Diario Oficial, miércoles 9 de abril de 1884, pág. 2.

12936 “Memoria del Ministerio del Interior” de 1884, Diario Oficial (70) lunes 23 de marzo de 1885, pág. 401.

13037 “No oficial”, Diario Oficial (199) miércoles 29 de agosto de 1883, pág. 825.

13138 “Viaje del Sr. Presidente”, La República (91) miércoles 10 de octubre de 1883, pág. 2

13239 “Visita oficial”, La República (93) viernes 12 de octubre de 1883, pág. 3.

13340 Diario Oficial (246) miércoles 24 de octubre de 1883, pág. 1020.

13441 “Las fiestas de ayer”, La República (102) jueves 25 de octubre de 1883, p. 2.

13542 En efecto, en su libro Historia de la masonería salvadoreña, Ponte Domíguez señala a Juan Rafael Carazo y a Juan Padilla Matute, entre otros masones, como los principales impulsores de la creación de la Logia “Excélsior” (págs. 28, 29 y 91).

13643 “Documento masónicos”, La República (353) sábado 30 de agosto de 1884, pág. 2.

13744 Véase la página oficial del Asilo Sara Zaldívar:
http://www.isri.gob.sv/asilo_sara_zaldivar_2003.htm

13845 “Gran fiesta masónica”, La República, (351) 28 de agosto de 1884, pág. 1.

13946 Es decir a la orden de los masones.

14047 “Gran fiesta masónica”, La República, (351) 28 de agosto de 1884, pág. 1; las cursivas son mías.

14148 “Gran fiesta masónica”, La República, (351) 28 de agosto de 1884, p. 1; las cursivas son mías.

14249 “La encíclica de León XIII contra la Masonería”, en El Católico, 12 de febrero de 1888, págs. 56-58.

14350 “El decreto del Gobierno”, El Católico (103) 20 de mayo de 1883, págs. 154-155.

14451 “Ministerio de Gobernación y Fomento”, Diario Oficial (110) sábado 12 de mayo de 1883, pp. 465-467.

14552 “La encíclica de León XIII contra la Masonería”, en El Católico, 12 de febrero de 1888, págs. 56-58.

14653 Luciano Hernández, “Lo que fue la administración de Barrios”, El Constitucional (5) 28 de noviembre de 1863, págs. 4-6.

14754 Véase Boletín oficial (66) sábado 3 de agosto de 1872, pág. 1. También se decretó en esa ocasión la expulsión de Manuel Gallardo, Rafael Campo, José López y del Canónigo Matías Orellana por haber incitado o promovido, a juicio del gobierno, una importante rebelión indígena en Cojutepeque que inició hacia el 9 de julio, rebelión que coincidió con la puesta en libertad de Francisco Dueñas quien desde abril de 1871 permanecía encarcelado en calidad de preso político. La liberación de Dueñas fue fijada para el 4 de julio, pero al solo recuperar su libertad fue nuevamente capturado y luego exiliado.

14855 “Por el vapor del 19 de septiembre”, Gaceta Oficial (103) viernes 22 de septiembre de 1876, pág. 431.

14956 “No oficial”, Gaceta Oficial (113) miércoles 4 de octubre de 1876, pág. 473.

15057 “No oficial”, Gaceta Oficial (228) viernes 5 de octubre de 1877, pág. 917.

15158 “Felicitación”, Diario Oficial (235) viernes 4 de octubre de 1878, pág. 970.

15259 “No oficial”, Gaceta Oficial (230) domingo 7 de octubre de 1877, pág. 926.

15360 Enrique Guzmán, “Diario íntimo”, en Revista Conservadora (4) Noviembre de 1960, pág. 60.

15461 “No oficial”, Diario Oficial (147) domingo 23 de junio de 1878, págs. 590-591.

15562 “No oficial”, Gaceta Oficial (243) martes 23 de octubre de 1877.

15663 Jesús Delgado, Sucesos de la historia de El Salvador: Historia de la Iglesia en El Salvador (1821-1885), (El Salvador C. A.Volumen II, Arzobispado de San Salvador, 1992), pág. 277.

15764 “Pues Señor”, La Nación (24) 6 de enero de 1879, p. 296.

15865 La primera entrega de este Ensayo aparecerá en el número 59 de El Cometa, correspondiente al 1 de junio de 1880, y continuará por entregas en los siguientes números (60) 15/VI/1880; (61) 1/VII/1880; (62) 15/VII/1880; (63) 1/VIII/1880; (66) 15/IX/1880; (67)1/X/1880; (70) 15/XI/1880; (71) 1/XII/1880; (73) 1/I/1881; 14/III/1881.

15966 Rafael Reyes, “Ensayo histórico sobre la revolución de 1871 en El Salvador”, El Cometa (59) 1 de junio de 1880, p. 481.

16067 “Más sobre los sucesos de Santa Tecla”, Diario Oficial (88) 17 de abril de 1883, págs. 379-380.

16168 “El motín del 16”, La Discusión (10) 24 de abril de 1883, pág. 1.

16269 “Costa Rica”, La República (397) miércoles 22 de octubre de 1884, pág. 2.

16370 Sajid Alfredo Herrera, “Liberales contra conservadores? Las facciones políticas en El Salvador del siglo XIX”, en Boletín AFEHC N° 34, disponible en:
http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*1836

16471 “Para que las verdades reveladas por Dios se conserven integras y puras, es necesaria la institución divina de una autoridad infalible que las enseñe e interprete”, La Verdad (79) 15 de enero de 1873, p. 2. La cursiva es mía.

16572 “Nueva Granada”, La Verdad (82) 8 de marzo de 1873, p. 4. Cursiva en el original.

16673 Santiago Vilanova Meléndez, Apuntamientos de Historia Patria Eclesiástica, San Salvador, Imprenta del Diario del Salvador, 1911, págs. 196. Sin embargo, Vilanova no da la lista de los personajes que se incorporaron entonces.

167

Para citar este artículo :

Roberto Armando Valdés Valle, « La Masonería y el Gobierno de Rafael Zaldívar (1876-1885) », Boletín AFEHC N°37, publicado el 04 agosto 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1976

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