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AFEHC : articulos : Sin permiso ni perdón: huellas de periódicos extranjeros en la prensa salvadoreña de la primera mitad del siglo XIX : Sin permiso ni perdón: huellas de periódicos extranjeros en la prensa salvadoreña de la primera mitad del siglo XIX

Ficha n° 1980

Creada: 05 agosto 2008
Editada: 05 agosto 2008
Modificada: 17 enero 2011

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Autor de la ficha:

María TENORIO

Editor de la ficha:

Sajid Alfredo HERRERA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Sin permiso ni perdón: huellas de periódicos extranjeros en la prensa salvadoreña de la primera mitad del siglo XIX

En los inicios del periodismo impreso salvadoreño (1824-1850), los periódicos extranjeros sirvieron no solo como fuentes de noticias sobre el mundo exterior, sino que también enseñaron a la prensa local cómo ser periódicos, es decir, cómo ser parte de la misma familia de textos (formación discursiva). Ello implicó, además de una inserción de los medios impresos salvadoreños en las pautas internacionales de configuración periodística, una progresiva modernización del naciente periodismo en este país del Istmo. Este artículo sigue las huellas de la prensa foránea en títulos publicados en El Salvador entre 1824 y 1850 en periódicos como El Salvador regenerado o La Gaceta del Estado del Salvador. La circulación de ejemplares de otros países en ciudades salvadoreñas era signo de que el estado estaba en contacto con el mundo exterior. La prensa local era signo, entonces, de que el estado era parte de ese mundo.
Palabras claves :
Periodismo, Noticias, Impresos
Autor(es):
María Tenorio
Fecha:
Agosto de 2008
Texto íntegral:

1La ciudad de San Salvador vio la entrada de la imprenta y el nacimiento del periodismo de manera simultánea hacia mediados de 1824. La maquinaria y los útiles para imprimir, adquiridos por el gobierno del estado, contarían entre sus primeros frutos al Semanario Político Mercantil de San Salvador1, publicación sabatina de oposición a la prensa guatemalteca. Resulta evidente que el surgimiento de la prensa no hubiese sido posible sin el concurso de la tecnología: la historiografía insinúa que se buscó la forma de importar los instrumentos con el propósito de publicar un periódico2. Menos obvia resulta otra condición de posibilidad crucial también para el nacimiento y desarrollo del periodismo en el estado: la circulación y consumo de periódicos extranjeros. Estos llegaron a las ciudades salvadoreñas por tierra o por mar, en un tiempo cuando no había telégrafo ni otra forma de transmitir información a distancia, desde antes de que se imprimiera un periódico en El Salvador (y seguirían llegando después). Es cierto que sin tecnología los impresos periódicos no hubiesen sido “impresos”. Pero también lo es que sin consumo de prensa foránea, no hubiesen sido “periódicos”; es decir, no hubiesen sido ejemplares pertenecientes a una misma “formación discursiva” – entendida como una familia de textos que se impone a nuestro hábito3. Esto último interesa probar en este artículo que, para ello, sigue las huellas de los periódicos extranjeros citados o aludidos en las páginas de una muestra de periódicos salvadoreños aparecidos entre 1824 y 18504.

2Imagínese a un suscriptor de uno de los primeros periódicos locales en las primeras décadas de vida independiente en la ciudad de San Salvador: antes de arriesgar unos reales en esa compra, seguro habría leído o comprado impresos periódicos de otros lados, de Guatemala, de México, de Cuba, de Francia o de los Estados Unidos. Sabría qué esperar de un periódico. La producción periodística local tenía que responder a las expectativas de sus consumidores potenciales. Sostiene Roberto Schwarz que “(l)a novela ya existía en Brasil antes de que hubiera novelistas brasileños. Cuando estos aparecieron, naturalmente siguieron los modelos europeos, igual buenos o malos, que ya estaban arraigados en nuestros hábitos de lectura5”. Algo semejante ocurre con la prensa salvadoreña. Sus títulos y ejemplares apelaron, en un primer momento, a los lectores ya formados, aquellos que tenían gusto por los papeles foráneos para, en un segundo momento, procurar el fortalecimiento de la producción local.

3El temprano periodismo de El Salvador6 entró en la dinámica de una cultura impresa7 mucho más amplia para producir(se) un lugar propio en el espacio y en el tiempo, en la imaginación de los lectores y en el mercado. Para ello fue inevitable la imitación cultural. Utilizar papel venido de fuera. Emplear maquinaria importada. Tomar préstamos de periódicos foráneos, en contenidos y en formatos. Copiar títulos y géneros. Imitar la disposición de textos en columnas, el uso de grabados. En las ciudades del estado salvadoreño había que producir escritos legibles, en su discurso y en su materialidad, por quienes ya leían periódicos de fuera. Los impresos salvadoreños, si querían ser adquiridos y consumidos como periódicos, tenían que “parecer” periódicos: eso les enseñaba la prensa de fuera del estado a los nuevos periodistas y editores. A mantener el aire de familia.

4Este artículo está estructurado de la siguiente manera. En la primera parte se describen el formato y los contenidos de la temprana prensa salvadoreña de manera que los lectores se hagan una idea general sobre los textos que aquí se estudian. En la segunda parte se presentan los títulos extranjeros que dejaron huellas en la prensa estudiada, así como las formas de aparecer en calidad de fuentes de noticias internacionales. En la tercera parte se muestra cómo las relaciones de parentesco entre la prensa local y la extranjera van más allá del trasiego de noticias; la organización interna de un periódico o el título de otro están emparentados con los impresos que los preceden. La cuarta parte aborda otra dimensión de la que da testimonio la prensa estudiada: los periódicos extranjeros eran mercancías u objetos con valor comercial. La quinta y última parte reflexiona sobre el diálogo e intercambio entre los impresos salvadoreños y los foráneos: no solo la prensa extranjera viajó hacia el estado centroamericano que nos ocupa, también ejemplares locales salieron fuera del estado.

Formato y contenido de la temprana prensa salvadoreña

5 Un periódico es un objeto identificable a primera vista. Sea publicado en Caracas, en Moscú, en Nueva York, en Shangai o en El Salvador, podría apostarse que cualquier ciudadano –aunque no pudiese descrifrar los caracteres del código escrito – lo reconocería como ejemplar de la prensa. Ahora bien, al enfrentarnos con un impreso periódico de la primera mitad del siglo XIX, el reconocimiento no sería inmediato. Si bien los contemporáneos y los decimonónicos pertenecen a la misma formación discursiva y mantienen, en consecuencia, un aire de familia, los antiguos presentan sobresalientes diferencias, observables a primera vista, respecto de los contemporáneos. Aquí explico algunas de ellas tomando como referencia a la prensa salvadoreña de aquel entonces y de hoy.

6En primer lugar, aquellos constaban apenas de cuatro u ocho páginas y eran impresos en papeles de distintos tamaños (cuarto, octavo o folio8) y calidades; hoy día, los periódicos pueden alcanzar un ciento o más páginas, su soporte material es un tipo de papel estandarizado –conocido como “papel periódico”– y su tamaño, el tabloide. En segundo lugar, aquellos constaban de puras letras e incorporaban, muy escasamente, algún grabado, siempre todo en tinta negra; los de hoy, en cambio, integran fotos e ilustraciones a todo color. El contraste, como puede figurarse quien lee, es muy notorio.

7Pero, ¿dónde está el aire de familia? La clave está en la primera página. El título de la publicación en una tipografía mayor o diferenciable del resto de la página es común a los periódicos del siglo XIX y los de hoy. El lugar y la fecha de la publicación, el precio del ejemplar y el número de la edición son otros elementos comunes, aunque en los decimonónicos alguno de ellos puede faltar. Un atributo de esos periódicos antiguos que no se ve en los de hoy es la presencia de un epígrafe en la primera plana9. En suma, la pertenencia a una misma formación discursiva cambia con el tiempo, pero mantiene ciertos rasgos fijos que diferencian de otras familias de textos.

8 La temprana prensa salvadoreña, como parcela de la formación discursiva del periodismo escrito, tenía sus propios atributos de contenido. Favorecía, aunque no se agotaba en, los temas políticos y económicos. Incluía muchos textos de opinión y una que otra creación literaria. La noticia aparecía muchas veces comentada, menos pretenciosa de asepsia y objetividad que la nota periodística de hoy. En términos generales, divulgaba información sobre tres espacios geográficos: el estado, la región y el mundo.

9En primer lugar, del estado de El Salvador, la prensa daba cuenta de elecciones, arribo de barcos, ferias, catástrofes naturales, mejoras en los caminos y puertos, celebraciones religiosas, sentencias judiciales, reseñas sobre exámenes escolares y más. Como muchos de los seriados eran publicados con fines partidistas, es decir, con clara orientación política, no tenían mayor empacho en hablar mal de sus enemigos y bien de sus amigos. Quien en un periódico era “caudillo”, en otro era “tirano”. La prensa – no solo la oficial – solía incluir discursos de funcionarios de turno, piezas de correspondencia oficial, actas de gobierno, decretos, rendición de cuentas sobre labores de administración pública o presupuestos. Estos textos eran casi los únicos que venían firmados con nombre y apellido, los del funcionario de turno. Los nombres de editores y redactores, por el contrario, quedaban fuera de las páginas de la prensa, circunscritos al ámbito de la oralidad. Incluso los remitidos o notas enviadas por lectores, así como las poesías, solían únicamente llevar un seudónimo o las iniciales de sus autores.

10En segundo lugar, los periódicos estaban muy pendientes y muy al tanto de Centroamérica, que hasta 1839 formaba una sola nación, las Provincias Unidas del Centro de América, referidas comúnmente por el apelativo de “la federación”. Guerras, revueltas, exilios notables, reuniones entre poderosos, proyectos de desarrollo: esa era Centroamérica en los periódicos salvadoreños. Muchas veces los editores trataron el tema de la “nacionalidad” o conveniencia de la unidad política de Centroamérica. Los periódicos salvadoreños siguieron siendo federalistas incluso cuando ya no había federación.

11En tercer lugar, aquellos impresos incluían notas internacionales, a veces como las breves de hoy día, a veces con detalle e incluso con tono personal. Las fuentes del acontecer mundial no eran las agencias que hoy sirven noticias internacionales a los medios de comunicación. Periódicos de México, de Guatemala, de Estados Unidos o de Cuba entregaban el mundo a los papeles salvadoreños. De esas publicaciones extranjeras, sin pedir permiso ni perdón, se tomaban artículos completos o síntesis de los mismos para consumo local. Otra fuente eran cartas de viajeros que llegaban a manos de los editores. Entraban así las otras secciones de América – la actual América Latina –, los Estados Unidos y Europa, a veces China. El mundo conocido, el mundo civilizado. Ese mundo que se imaginaba con ayuda de los periódicos y del que, gracias a estos papeles, el estado del Salvador comenzaba a formar parte, ya independizado de España, en camino a convertirse en una república más del concierto de naciones. Si bien la variedad de contenidos de la prensa que aquí se estudia es más amplia que la reseñada en los párrafos anteriores, sirva para dar una idea sobre los asuntos que más ocupaban las páginas de aquellos impresos.

Redes de impresos y la práctica de la cita

12 El abanico de periódicos extranjeros que circuló en el estado del Salvador, según la evidencia de su temprana prensa, se extendía desde la cercana Guatemala hasta la distante Francia, como se observa en el cuadro 1. Entre 1824 y 1839, cuando estaba viva la federación centroamericana, se mencionan títulos de la prensa procedentes de seis países, siendo Colombia el más lejano hacia el sur y los Estados Unidos, hacia el norte. Los más citados en esos años fueron los mexicanos El Sol y El Cosmopolita. Entre 1839 y 1850, en la etapa republicana, la oferta de periódicos de fuera del estado se amplió, probablemente en consonancia con la “creciente apertura hacia el mundo exterior” que caracterizó al estado una vez fuera de la organización federativa10. La muestra salvadoreña de esa época menciona o comenta periódicos de diez países, con Chile como límite al sur y Francia al norte. En esos años, los más leídos fueron el guatemalteco la Gaceta Oficial y el nicaragüense El Correo del Istmo. Estos dos títulos se recibieron regularmente en el estado, convirtiéndose no solo en referencias estables sobre el mundo exterior, sino en objetos materiales familiares para los consumidores salvadoreños de impresos. Los demás títulos referidos en el cuadro 1 aparecieron una, dos o tres veces en la prensa local, lo cual habla de irregularidad ya sea en su arribo al estado o en su misma trayectoria de publicación.

13Los periódicos extranjeros que circularon en las ciudades salvadoreñas tuvieron valor informativo; proveyeron a la prensa de casi toda la información relativa a espacios geográficos de fuera del estado. Así la mayoría de notas internacionales resultaban ser copias textuales o refritas de textos publicados en impresos foráneos. Pero no solo ese tipo de notas, sino también artículos de interés general, comentarios e incluso textos de ficción, llegaron a las columnas de la prensa salvadoreña por vía del acceso y consumo de publicaciones de fuera11. La evidencia textual en los ejemplares revisados para este estudio muestra el predominio y la extensión de la práctica de la cita en aquellos años cuando no se había institucionalizado ni mundializado aun la compra de noticias a las agencias informativas12. El trasiego de discurso desde un periódico extranjero era protocolo del periodismo de aquel entonces: el precio pagado por tener un ejemplar foráneo en las manos permitía e invitaba a los editores no solo a leerlo y coleccionarlo, sino a usarlo como fuente para construir, a partir de una selección de sus textos, parte de la edición en que estaban trabajando.

14¿Cómo se materializaba el uso de la prensa extranjera como fuente de notas internacionales? A continuación se presentan algunos ejemplos que muestran las características de esta práctica.

Cuadro 1. Periódicos extranjeros mencionados o citados en una muestra de periódicos salvadoreños13 entre 1824 y 1850

15Para la etapa federal están mencionados en Semanario Político,Mercantil de San Salvador (1824), Gazeta del Gobierno (¿1827?), El Iris Salvadoreño (1836-37).
Para la etapa republicana temprana estan mencionados en Correo Semanario del Salvador (1840), El Amigo del Pueblo (1843), El Crepúsculo (1847) y La Unión (1849).

16
... Título (año de aparición) Procedencia (número de citas)
Etapa federal El Sol (1823), El Cosmopolita (1835) México (7)
.... Gazeta del gobierno supremo de Guatemala (1824), Boletín de Guatemala (¿1831?), La Estafeta (1832) Guatemala (4)
.... Le Courrier des etats unis (1828), Courrier de la Louisiane (1807) Estados Unidos (3)
.... Ministerial de Costarica (1836) Costa Rica (2)
.... Noticioso mercantil de la Havana (1818) Cuba (1)
.... Gaceta de Colombia (1821) Colombia (1)
... Total de citas en el período 18
Etapa republicana temprana El Tiempo (1839), Gaceta Oficial (1841), El Tambor (1843) Guatemala (28)
... Boletín del Pueblo (1843), Correo del Istmo (1849), La Integridad de Centro-América (1849) Nicaragua (10)
... Diario del Gobierno de la República Mejicana (1835), Courrier Francais (¿?), El Republicano (1846), La Revista (¿?), El Monitor Republicano (1844) México (7)
... El Faro Industrial (1841), Diario de La Habana (1812), Diario de la Marina (1844), La Aurora de Matanzas (1828) Cuba (7)
.... Courrier des Etats Unis (1828), American Advertiser (¿?), Le Franco Americain (1846), New York Chronicle (1849) Estados Unidos (6)
.... El Costaricense (1846) Costa Rica (4)
... Gaceta del Comercio de Valparaíso (1842), El Mercurio (Valparaíso, 1827) Chile (4)
... Belize Advertiser (¿?), El Observador (¿?) Belice (2)
... Journal des Debats (1805), Le Constitutionnel (1815) Francia (2)
... El Correo de Lima (¿?) Perú (1)
... Total de citas en el período 75

17Un primer ejemplo se toma de la segunda edición, fechada el 7 de agosto de 1824, del Semanario Político Mercantil de San Salvador14, donde un breve párrafo comunica que el Congreso Constituyente de Lima ha quedado disuelto al nombrarse como “dictador al libertador Bolívar15”. La fuente de tal información, el periódico mexicano El Sol, se consigna al inicio de la nota, luego de anunciar la ciudad a que se refiere: “_Noticias Americanas_. / Lima. / _Sol de México 26 de mayo_”. Este estilo de citación en el título fue muy frecuente en el primer semanario salvadoreño.
Un segundo ejemplo es el de la sección “Exterior”, que abrió la edición del 4 de junio de 1831 de la Gazeta del Gobierno16. Ahí se lee, en una redacción más cercana a la oralidad, que “las noticias siguientes son tomadas del correo de los Estados Unidos de New—York numero 103” y luego se da paso a los titulares “Varsovia 16 de diciembre”, “Franc-fort—Sur Vader”, “Berlin 19 de diciembre”, “Italia” y “Paris 31 de diciembre”. Al final de las dos páginas y media que ocupa la sección un paréntesis repite: “(Le Courier des etats unis—New—York numero 103)”. La amplia secuencia de notas internacionales, que abarca más de la mitad de esta Gazeta, refiere no extrañamente a ciudades y países europeos. Se trata de una selección hecha por los editores del periódico oficial, quienes tras leer Le Courrier des Etats Unis, habrán escogido unas cuantas notas para traducirlas e insertarlas en la publicación que tenían a cargo. Su apuesta para insertar notas sobre Varsovia, Berlín y París era que esos lugares geográficos distantes y sus ocurrencias habrían de resultar significativos o de volverse dicientes para la audiencia de su impreso.

18Un tercer ejemplo, esta vez tomado de la edición del 11 de diciembre de 1836 de El Iris Salvadoreño17, muestra otra forma de referir la fuente de información: el nombre del periódico mexicano El Cosmopolita entre paréntesis y en cursiva calzaba la nota titulada “Méjico” que negaba rumores sobre un oficial que tomaría “el mando del ejército sobre Tejas”.
Como se ve en los ejemplos anteriores, no había un protocolo estandarizado para dar la referencia de las fuentes impresas. Esto era así en el conjunto de la prensa de la época, pero también ocurría de una edición a otra de un mismo título. En el quincenario La Unión18 predomina la referencia al final del artículo, en cursiva y sin paréntesis, como ocurre en la edición del 1 de octubre de 1849, así: “_Del diario de la Marina_”. Sin embargo el mismo periódico usa ocasionalmente una fórmula más cercana a la oralidad, como es el caso del número del 10 de noviembre de 1849: “_En el no 50 de la Crónica periódico que se publica en Nueva York lemos el siguiente editorial_”. Para consignar noticias de fuera del estado se aceptaba incluso información de segunda mano, como revela esta notita aparecida al final de la edición del 15 de agosto de 1849 de La Unión:
bq. Leemos en algunos periódicos franceses que para el presente año estan anunciados dos cometas. Es el primero, uno que fué observado en Roma en agosto de 1844 por el difunto profesor Urio, cuyo período es de cinco años y algunos meses. El segundo, es el gran cometa de 1264 y 1566 cuyo período es de 291 años y siete meses19.
Al pie de la nota la referencia “_Del Monitor Republicano n. 1454_”, así en cursiva, indica que quienes han leído y citado la prensa francesa serían los editores del mexicano El Monitor Republicano20. De este habrán tomado el párrafo completo los editores de La Unión, citando la prensa francesa de segunda mano.

Relaciones de parentesco

19 Además de entregar información escrita sobre el mundo de afuera del estado, la prensa extranjera fue pieza clave del periodismo salvadoreño en la configuración material y formal de sus títulos y sus ejemplares. Tuvo valor modélico. Explica Bajtín que “(a)l elegir palabras en el proceso de estructuración de un enunciado, (...) (l)as solemos tomar de otros enunciados, y ante todo los enunciados afines genéricamente al nuestro, es decir, parecidos por su tema, estructura, estilo21”. Esto aconteció con la prensa salvadoreña respecto de la foránea: los periódicos de fuera les mostraron a los salvadoreños como ser, parecer e integrarse a una misma formación discursiva. La Unión, en su número inaugural del 15 de junio de 1849, justificó la apertura de una sección de literatura22 en sus columnas con esta explicación: “Casi en todos los periódicos mas recomendables de Europa y América tiene lugar un articulo de Literatura, y nosotros queremos hacer lomismo (sic) en la UNION, no por que se esperen grandes pensamientos ó composiciones, sinó por manifestar la literatura que hay ó que se desea haya en el pais23”. El gesto de “hacer lomismo (sic)” que los otros, posibilitado por el acceso a impresos extranjeros, permite hablar de prensa salvadoreña al lado de una prensa jamaiquina, costarricense y francesa como exponentes todas de una misma formación discursiva. Los periódicos salvadoreños se integraron, a partir de 1824, a la red de impresos que cruzaba las fronteras nacionales llevando y trayendo información en piezas materiales de gran semejanza.

20 El parentesco de muchos títulos de la prensa escrita en español en el siglo XIX hace que a primera vista no sea posible identificar de dónde procede un periódico. Entre los ‘patriotas’, ‘avisadores’, ‘crónicas’, ‘imparciales’ e ‘independientes’ surcaban el cielo los ‘cometas’, ‘rayos’ y ‘centellas’ mientras ‘la unión’ y ‘el progreso’ se abrían paso entre ‘semanarios’ y ‘correos’. Las ‘gacetas’ de esto o de aquello – a veces con la grafía ‘gazeta’ – abundaban en distintos puntos de la América Hispana. El Noticioso fue primero quiteño24 en 1824, luego costarricense y sansalvadoreño en 1844. El Crepúsculo vio la luz en Chile en 1843 y en el estado salvadoreño en 1847. La Miscelánea, otro título compartido por esos dos estados, salió dos veces en El Salvador, la primera en 1827 y luego en 1839, mientras en Chile apareció en 1845. Las Avispas las hubo en San Salvador en 1832 y posteriormente en Caracas.

21 Los cruces de nombres incluso pueden extenderse más allá de la prensa en castellano, como señaló molesta, el 24 de diciembre de 1847, la Gaceta del Gobierno Supremo del Estado del Salvador, en su artículo titulado “Balize” (sic):

22Nos ha llegado el primer número de un nuevo periódico, publicado en esta colonia [Belice] titulado “Los Tiempos Centro-americanos.” (...) el Editor (...) manifiesta que ha sido llamada su atencion sobre el titulo del periodico. En verdad que es llamable bajo dos aspectos: 1.º en dar adjetivo á los Tiempos, porque hasta hoi solo habíamos visto los Tiempos en ingles: The Times de Lóndres, ó los Tiempos en frances, Les Temps, ó El Tiempo solo, en Cadiz, y Guatemala; 2.º en continentarse un periódico de colonia inglesa25.

23Tiempo, ya en singular o en plural, era (y sigue siendo) un nombre periodístico por excelencia. La breve cita anterior nombra, como de pasada, cinco periódicos que usan ese sustantivo en su nombre propio: tres son europeos, dos centroamericanos. La coincidencia no se debe al azar o a la imaginación, sino a la circulación de periódicos en rutas que no se conformaban a las divisiones políticas ni a las fronteras. El mercado de los impresos periodísticos trascendía incluso las barreras lingüísticas. Inglés, francés y castellano eran las lenguas de la cultura impresa en El Salvador decimonónico.

Objetos de valor

24En un artículo titulado “Noticias Extranjeras”, fechado el 7 de julio de 1846, los editores de El Salvador Regenerado anuncian que extraerán “un párrafo de la Gaceta de Jamaica de 11 de octubre de 1838” y se disculpan con amargura ante sus lectores por tener que recurrir a la traducción de un escrito tan poco reciente: “razon para insertar este artículo de una Gaceta empolvada, es el ningun medio de adquirir noticias que nos han quedado, debido a que han cortado toda comunicacion oficial y comercial las guerras y asolaciones del pais26”. Acudir a esa “Gaceta empolvada” de siete años atrás fue posible porque dada la limitada oferta de impresos, explica Molina Jiménez, “la prensa de la época (...) era coleccionada y empastada27”. Los periódicos – fuesen locales o extranjeros – usualmente se guardaban y atesoraban, no se tiraban a la basura o destinaban al reciclaje como acontece ahora. Ya se agrupasen en un tomo en forma de libro o se conservasen sueltos, el valor de los impresos seriados correría en proporción contraria a su disponibilidad. Un periódico jamaiquino, escrito en inglés, no era de los usuales extranjeros que circulaban en el estado salvadoreño. En el artículo en cuestión, la rareza y la vejez del ejemplar se esgrimen como argumento para contrastar otros momentos de paz y estabilidad en que ha habido apertura y libre circulación de mercancías, incluidas entre estas las publicaciones impresas que han sido el medio favorecido para “adquirir noticias”. En este sentido, los periódicos extranjeros formaban parte del mercado de impresos que a partir de 1824 se nutre también con la oferta de las imprentas locales. Los periódicos foráneos, en tanto objetos y en tanto mercancías, entraban a las ciudades salvadoreñas por las rutas del sistema de correos y del comercio28. Los periódicos envejecían y envejecen en poco tiempo. Ese es uno de los rasgos propios de la formación discursiva de la prensa. Pero en aquellos tiempos su vida útil no se agotaba, como es usual el día de hoy, transcurridas veinticuatro horas de la fecha marcada en su cabecera. Su período de frescura dependía en buena medida de la distancia física que mediaba entre su lugar de procedencia y su lugar de consumo. Es claro que los ocho años que median entre la aparición del número 32 de El Salvador Regenerado y la edición anunciada de la gaceta jamaiquina rebasan cualquier período de viaje. Los editores del semanario oficial marcan claramente la ironía. Dos años después, los editores del salvadoreño El Crepúsculo29 comunicaron, con fecha 23 de septiembre de 1847, esta vez sin ironía, la noticia de un catastrófico huracán que destruyó en febrero la isla de Madagascar, posesión francesa en aquellos tiempos. La noticia, dijeron los editores, la “(l)eemos en Diario de la marina de 8 y 21 de Julio próximo pasado”. El cubano Diario de la Marina hizo pública la información en julio, cinco meses después del huracán. El salvadoreño Crepúsculo pudo servirla en sus páginas dos meses después del cubano y por vía de este. Esa novedad parece hoy tan dilatada que, más que en circulación de información, hace pensar en los años luz que tarda en llegar a la tierra el brillo de una estrella. Como observa François-Xavier Guerra para el período de 1808 a 1812 en la América Hispana, las noticias no solo llegaban de Europa de manera lenta, sino también en forma discontinua, fragmentada e incierta, lo cual es difícil de imaginar hoy cuando la información fluye tan rápida, continua y regularmente30. Eran aquellos otros tiempos, otras distancias: otro mundo.

25 La información, por llamarle con esa palabra abstracta, circulaba en papeles impresos o manuscritos, los cuales se transportaban por tierra a lomo de mula o por mar en buques de vela o, a partir de 1840, en embarcaciones de vapor, como explica Robert Taylor31. En su estudio sobre las relaciones comerciales entre Centroamérica e Inglaterra entre 1821 y 1851, afirma Naylor que los estados del istmo dependieron durante aquel período “de los paquebotes del Caribe para sus comunicaciones con los países europeos32”, lo cual explicaría la presencia de periódicos jamaiquinos y cubanos en el San Salvador de la década de 1840. Si bien los puertos del Atlántico habrán cargado con la mayor actividad comercial en la región, el estado salvadoreño contó con tres puertos propios en el Océano Pacífico para comunicarse con el mundo exterior, a saber: Acajutla, en el occidente; La Libertad, hacia el centro; y La Unión o Conchagua, en el extremo oriental33. Ya en octubre de 1824, la décimoprimera edición el Semanario Político Mercantil de San Salvador34 reporta la llegada de una “fragata mercante angloamericana” al “Puerto de la Conchagua, alias Union” cuyo capitán afirmó “que no trahe correspondencia ni papeles públicos”. Habrá sido costumbre ya, en aquel año cuando el estado recibió la tecnología de la imprenta, que los buques trajesen impresos o correspondencia entre otros efectos comerciales. Los periódicos de Estados Unidos, lugar de origen de la fragata “Comodoro Chauneey (sic)” que conducía cañones y fusiles, eran parte de la cultura impresa salvadoreña de la época.

26 Los periódicos foráneos fueron parte, como antes dije, del mercado local de impresos. Al menos tres títulos de fuera del estado se anunciaron en las páginas de la prensa salvadoreña, en la posición que eventualmente se dedicaba a “aviso(s)”, en la última página antes del pie de imprenta:
bq. (1) “En la tienda del C. [ciudadano] Nicolas Saldivar se reciben subscripciones al “Observador” y se venden numeros sueltos del mismo periodico”, decía La Tijereta35 el 16 de marzo de 1838.
(2) “El Sr. Carlos Dárdano del comercio de San Miguel, acaba de regresar de los Estados Unidos del Norte, en donde ha establecido mui buenas relaciones y trae encargo para servir á todos los que quieran suscribirse al periódico titulado Correo de los Estados Unidos, de manera que las personas que gusten hacerlo, pueden dirijirse á dicho Sr. por medio de cartas con la seguridad de que serán servidos puntualmente”, anunciaba la Gaceta del Gobierno Supremo en su edición del 29 de octubre de 1847.
(3) “Han llegado á esta capital los tres primeros números de este nuevo periódico que se publica en León cada quince dias. Su elegancia, correccion y programa le van dando en el Estado un distinguido crédito. Se avisa pues á los señores que deseen obtenerle, que el infrascrito se halla encargado de la suscricion: el precio es el de veinte reales al año por trimestres adelantados, y los números sueltos se venden á un real. San Salvador Junio 25 de 1849. Tomas Ayon”, publicaba La Unión36, el 1 de julio de 1849.

27Quizás fuese el Observador del aviso (1) un periódico beliceño citado en 1843 en la edición del 5 de octubre de El Amigo del Pueblo. Con certeza no puede saberse más que en 1838 estuvo a la venta en San Salvador en la tienda del señor Nicolás Saldívar. Las suscripciones a los otros dos periódicos datan de una década después: el Correo de los Estados Unidos, del anuncio (2), debe haber sido el que se publicaba en francés con el título Le Courrier des Etats Unis (1828) ; el nicaragüense Correo del Istmo (1849) era una novedad en aquel 1849 cuando fue ofrecido por Tomás Ayón, oriundo de Nicaragua37 y funcionario público en El Salvador y en su país de origen38. Una particularidad del aviso (2) es que ofrece la suscripción en un periódico capitalino desde la oriental ciudad de San Miguel. El señor Dárdano contemplaría servir el mercado de San Salvador, entre otros, al invitar a los interesados a enviarle cartas para solicitar la suscripción. El anuncio (3) firmado por Tomás Ayón, ofrecía el ejemplar suelto del impreso nicaragüense al mismo precio al que se vendía uno de La Unión, el periódico donde vio la luz este último anuncio.

Diálogo

28La prensa salvadoreña recibió más de lo que entregó en términos de alimentación de la red de impresos que circulaba por encima de las fronteras estatales o nacionales. Importó más impresos, más textos, más información y más letra de lo que exportó. Leyó con placer periódicos franceses; pero allá, del otro lado del Atlántico, no se habrán leído periódicos salvadoreños. El mercado de los impresos locales era mucho menor al de los impresos franceses. No era cuestión de meter un paquete de periódicos del estado en una goleta que iba para Francia: tenía que haber demanda de esos periódicos, una audiencia esperada, consumidores posibles, en esas latitudes para que tuviera sentido enviar esas mercancías hacia Europa. Cada ejemplar tenía un costo que alguien habría de asumir.

29Sin embargo, al igual que con los folletos y las hojas sueltas, los periódicos salvadoreños tenían lectores potenciales y efectivos en otras ciudades. Viajaban a ellas por el irregular sistema de correos, como dice el 19 de junio de 1840 el Correo Semanario del Salvador39: “De esta Ciudad salen para S. Miguel los correos ordinarios los días 7 y 21 de cada mes, allí toman las correspondencias de Costarrica, Honduras y Nicaragua que vengan para el Salvador, Guatemala, Quezaltenango & y (sic) que conduzcan los semanarios que salen de aqui todos los viernes”. No todo fue recibir: a la prensa del estado le tocó dar algo de sí en esta red de impresos, en la que circulaba por la región centroamericana e incluso un poco más allá, como hace constar la Gaceta del Gobierno Supremo del Estado del Salvador, en su edición del 20 de agosto de 1847, al citar una nota del Diario de la Marina de La Habana, Cuba, que dice: “Hemos recibido periódicos de San Salvador de fechas hasta el 4 de marzo, mas atrasadas que las que tuvimos estos dias de Guatemala (...). El Salvador Regenerado, periódico oficial del Estado de su nombre, inserta varias comunicaciones que han mediado entre el gobierno y el Sr. conde de Güeydon”. Más de cinco meses tardó ese El Salvador Regenerado, antecesor de la oficial Gaceta, en volver a tierras salvadoreñas citado en las páginas de un periódico cubano. Pero mientras el viaje a Cuba – y de vuelta al estado – no resulta común en la prensa revisada para este estudio, frecuentes son las alusiones a otros periódicos centroamericanos que leen impresos seriados salvadoreños. “Hemos visto un periódico del Salvador bajo este título [La Unión], que nos ha parecido interesante”, refiere un artículo que los editores de La Unión copian íntegro del Correo del Istmo, de Nicaragua. El asunto que trata, ya a diez años de disuelta la federación, es la nostalgia por una Centroamérica unida, tema muy frecuente en la prensa salvadoreña al que harían eco algunas publicaciones de otras naciones de la región. Contrario a lo que ocurría con la lejana y admirada Francia, sí se leían periódicos nicaragüenses en el estado, también se leían y se compraban periódicos salvadoreños en Nicaragua. Algunos años antes, El Amigo del Pueblo, insertó en las últimas páginas de su periódico el siguiente “Ojo al aviso”, en su edición del 5 de octubre de 1843:

30Deseosos los editores de este periódico de satisfacer la demanda de colecciones completas del mismo que de varios puntos de Nicaragua se les han hecho, han dispuesto reimprimir algunos números anteriores, de que ya no les quedan ejemplares.
Con el mismo objeto se ha aumentado el de los números que seguirán saliendo; y en cuanto lo permitan las ocupaciones de la imprenta, darán dos números por semana.
Entre tanto, los propios editores consignan aquí un testimonio de su agradecimiento por los aplausos con que se han recibido sus publicaciones en diversos puntos, y señaladamente en los departamentos de San Miguel, Tegucigalpa, Olancho, Leon y Granada, en los cuales saben que se ha dado un peso y doce reales por un número de este periódico. Su anhelo no es sino merecer los elojios y la favorable acojida de sus conciudadanos40.

31León y Granada, en Nicaragua; Tegucigalpa y Olancho, en Honduras; San Miguel, en El Salvador, eran las ciudades donde El Amigo del Pueblo se preciaba de circular. Merecer “la favorable acojida de sus conciudadanos” era hacerse lugar en su bolsillo, volverse uno de los objetos por los cuales se está dispuesto a pagar un precio en metálico. Eso ya se había logrado, celebran los editores en su aviso promocional: hubo ejemplares que se cotizaron tan alto que se pagó “un peso41 y doce reales” por un número, cuando el precio de venta en San Salvador era muchísimo menor, “de un real por cada número”.

32 En Centroamérica fue, no obstante, Guatemala la ciudad que mayor intercambio y diálogo en letra impresa tuvo con las ciudades salvadoreñas. El Semanario Político Mercantil de San Salvador era leído allí como hace constar el historiador guatemalteco Alejandro Marure: “A últimos de julio de 1824 apareció en San Salvador El semanario político mercantil. Este era verdaderamente un periódico de provincia, que no correspondió a su título y que, a excepción de algunas noticias oficiales que se insertaban en él, por lo demás no mereció aceptación ni crédito42”. Despreciado por la opinión de uno de los intelectuales de la época, el semanario hizo viaje hasta Guatemala, lo mismo que habrían de llegar quince años después otros periódicos como La Miscelánea, con varias columnas dedicadas a pelearse con el guatemalteco El Tiempo; o El Amigo del Pueblo, que pasó sus siete meses de vida en abierta pugna con la ampliamente leída y citada por la prensa salvadoreña Gaceta Oficial de Guatemala.

33 En síntesis, las publicaciones de fuera del estado convivieron íntimamente con los periódicos salvadoreños: fueron fuente privilegiada de noticias internacionales; fueron colegas en el diálogo y la disputa, en el caso de otros periódicos de la región centroamericana; fueron compañeros en el mercado local de impresos, en calidad de mercancías; fueron modelos, en su materialidad y en su discurso, de lo que debía ser y de como debía hacerse un periódico. Sin acceso a periódicos extranjeros, la prensa salvadoreña no habría siquiera sido, tampoco hubiese sido lo que fue.

Notas de pie de página

341 En Newspapers of Central America, MIC 993, 6A (New Orleans: Tulane U Howard-Tilton Memorial Library).

352 Véase Jorge Lardé y Larín, Orígenes del periodismo en El Salvador, (San Salvador: Ed. del Ministerio de Cultura, 1950), pág. 45.

363 Véase Michel Foucault, La arqueología del saber, (Buenos Aires: Siglo XXI Argentina, 2002), pág. 61.

374 Entre los títulos salvadoreños revisados para este estudio están el Semanario Político Mercantil de San Salvador (1824), Gazeta del Gobierno (¿1827?), El Iris Salvadoreño (1836-37), La Tijereta (1838), Correo Semanario del Salvador (1840), El Amigo del Pueblo (1843), El Salvador Regenerado (1845), El Crepúsculo (1847), Gaceta del Gobierno Supremo del Estado del Salvador en la República de Centro-América (1847), La Unión (1849) y El Albolario Plebeyo (1850). Entre paréntesis se indica el año de aparición de cada título.

385 Véase Roberto Schwarz, Misplaced Ideas: Essays on Brazilian Culture, (London: Verso, 1992), pág. 41.

396 En la primera mitad del siglo XIX no se había incorporado el artículo “el” al nombre del estado, que usualmente se escribía “estado del Salvador”, como se ve en títulos de varios periódicos.

407 Por cultura impresa se entiende la diversa serie de actos y de prácticas que contaron con la participación de piezas producidas con la tecnología de la imprenta. Véase Roger Chartier, The culture of print : Power and the uses of print in early modern Europe, (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1989), pág. 1.

418 Los formatos de la época eran los variables cuarto y octavo, los cuales resultaban de doblar la hoja o pliego de papel cuatro u ocho veces respectivamente. Véase Ricardo Elizondo Elizondo, “La Biblioteca Cervantina del Tecnológico de Monterrey” en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, 409 (2005), págs. 24-26.

429 La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, los dos periódicos con mayor tiraje de El Salvador actual, mantienen un epígrafe fijo en sus respectivas secciones editoriales.

4310 Véase Héctor Lindo-Fuentes, La economía de El Salvador en el siglo XIX, (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2002), pág. 175.

4411 Este fenómeno se dio en la prensa de otros países tales como México y Costa Rica. Véanse Manuel Chust, “Construir y difundir. La prensa en la formación del estado nacional mexicano, 1821-1835”, en Caravelle, 68 (1997), págs. 19-42 y Patricia Vega, De la imprenta al periódico: los inicios de la comunicación impresa en Costa Rica, 1821-1850, (San José, Costa Rica: Editorial Porvenir, Programa Latinoamericano de Periodismo, 1995), pág. 32.

4512 Las agencias internacionales de noticias cobraron importancia mundial hasta la década de 1850. Para una interesante lectura del papel monopolístico que estas agencias han tenido en el mundo, véase Jesús Timoteo Álvarez y Ascensión Martínez Riaza, Historia de la prensa hispanoamericana, (Madrid: MAPFRE, 1992).

4613 En la elaboración de este cuadro se usaron 114 ejemplares de la prensa salvadoreña fechados entre 1824 y 1850: 28 de esos ejemplares pertenecen a la etapa federativa (1824 a 1839) y los otros 86, a la republicana (1840-1850). Para las fechas de aparición de los periódicos extranjeros véanse Catalina Barrios y Barrios, Estudio histórico del periodismo guatemalteco: Período colonial y siglo XIX, (Guatemala: Don Quijote, 1997); Vega, De la imprenta al periódico; Jorge Eduardo Arellano, “Inicios del periodismo en Nicaragua (1830-1884)”, en La Prensa. El diario de los nicaragüenses (1 de marzo de 2004), http://www.laprensa.com.ni/archivo; Álvarez y Martínez Riaza, Historia de la prensa hispanoamericana; Library of Congress Online Catalog, en http://catalog.loc.gov/ ; y Catalogue Bn-opale Plus, Bibliothèque nationale de France, en http://www.bnf.fr/ .

4714 Véase Newspapers of Central America.

4815 En todas las citas textuales de periódicos del siglo XIX se respeta la grafía del original.

4916 Véase Newspapers of Central America.

5017 Véase Arturo Taracena Arriola, ed., Periódicos salvadoreños de la primera mitad del siglo XIX: edición facsimil, (San Salvador: Fundación Dr. Manuel Gallardo, 1996).

5118 Véase El Salvador: Periódicos del Siglo XIX [CD-ROM] (Managua: Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, Universidad Centroamericana, 2002).

5219 Véase El Salvador: Periódicos del Siglo XIX.

5320 El Monitor Republicano comenzó a publicarse en México en 1844 y continuó publicándose por varias décadas. Véase Álvarez y Martínez Riaza, Historia de la prensa hispanoamericana.

5421 Véase Mijail Bajtín, Estética de la creación verbal, (México: Siglo Veintiuno, 1999), pág. 277.

5522 Literatura o “letras humanas” era, según el diccionario de la Real Academia de 1843, el quehacer relacionado con los saberes académicos y las ciencias útiles, tales como las profesiones de jurista o teólogo. Véase Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española, en Diccionarios académicos (en línea), http://www.rae.es (Trabajo original publicado en 1843).

5623 Véase El Salvador: Periódicos del Siglo XIX.

5724 Para los nombres y fechas de aparición de estos periódicos véanse Álvarez y Martínez Riaza, Historia de la prensa hispanoamericana; Ítalo López Vallecillos, El periodismo en El Salvador: Bosquejo histórico-documental, precedido de apuntes sobre la prensa colonial hispanoamericana, (San Salvador: Editorial Universitaria, 1964); Lardé y Larín, Orígenes; y Vega, De la imprenta al periódico.

5825 Véase Gaceta del Gobierno Supremo del Estado del Salvador en la República de Centro-América, (San Salvador: Bib. Florentino Idoate, U. Centroamericana, 1847-1849).

fn26. Véase Taracena Arriola, ed., Periódicos salvadoreños.

5927 Véase Iván Molina Jiménez, La estela de la pluma: Cultura impresa e intelectuales en Centroamérica durante los siglos XIX y XX, (Heredia, Costa Rica: EUNA, 2004), pág. 32.

6028 La circulación y consumo de gacetas extranjeras en Nueva Granada (actual Colombia), a fines del siglo XVIII e inicios del XIX, tenía similitudes con lo que acontecía en El Salvador. Véase Renán Silva, “Prácticas de lectura, ámbitos privados y formación de un espacio público moderno. Nueva Granada a finales del Antiguo Régimen”, En François Xavier Guerra et al., compiladores, Los espacios públicos en Iberoamérica : ambigüedades y problemas: siglos XVIII-XIV, (México: Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos: Fondo de Cultura Económica, 1998).

6129 Véase Archivo General de la Nación, San Salvador, Impresos, 20 tomos.

6230 Véase François Xavier Guerra, “Forms of Communication, Political Spaces, and Cultural Identities in the Creation of Spanish American Nations”, en Sarah Castro-Klarén y John Charles Chasteen, eds., Beyond Imagined Communities: Reading and Writing the Nation in Nineteenth-Century Latin America, (Washington, D.C. : Woodrow Wilson Center P., 2003).

6331 Véase Robert Naylor, Influencia británica en el comercio centroamericano durante las primeras décadas de la independencia: 1821-1851, (Antigua, Guatemala: Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, 1998).

6432 Véase Naylor, Influencia británica, pág. 75.

6533 Véase Lindo-Fuentes, La economía.

fn34. Véase Newspapers of Central America.

6635 Véase Newspapers of Central America.

6736 Véase El Salvador: Periódicos del Siglo XIX.

6837 Véase Arellano, “Inicios del periodismo”.

6938 Véase López Vallecillos, El periodismo en El Salvador.

7039 Véase El Salvador: Periódicos del Siglo XIX.

7140 Véase El Amigo del Pueblo, (San Salvador: Bib. Florentino Idoate, U. Centroamericana, 1843).

7241 Un peso constaba de ocho reales. Véase Aldo Lauria-Santiago, Una república agraria: Los campesinos en la economía y la política de El Salvador en el siglo XIX , (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2003).

7342 Véase Alejandro Marure, Bosquejo histórico de las revoluciones en Centroamérica. Desde 1811 hasta 1834, tomo I (Guatemala: Ministerio de Educación Pública, 1960; trabajo original publicado en 1837), págs. 218-19.

Para citar este artículo :

María Tenorio, « Sin permiso ni perdón: huellas de periódicos extranjeros en la prensa salvadoreña de la primera mitad del siglo XIX », Boletín AFEHC N°37, publicado el 04 agosto 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1980

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