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AFEHC : avances : Forjando sujetos útiles para la nación: La instrucción primaria en El Salvador a finales del siglo XIX y principios del XX : Forjando sujetos útiles para la nación: La instrucción primaria en El Salvador a finales del siglo XIX y principios del XX

Ficha n° 1997

Creada: 10 agosto 2008
Editada: 10 agosto 2008
Modificada: 10 agosto 2008

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Autor de la ficha:

Julian GONZÁLEZ TORRES

Editor de la ficha:

Sajid Alfredo HERRERA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Forjando sujetos útiles para la nación: La instrucción primaria en El Salvador a finales del siglo XIX y principios del XX

En el presente ensayo, y bajo el marco conceptual de M. Foucault, el autor analiza un conjunto de discursos sobre la instrucción primaria en El Salvador, a finales del siglo XIX y principios del XX. En dicho análisis se pone en evidencia el “espíritu” disciplinario de la educación primaria de la época como una de las características de los proyectos educativos modernos que se intentaron impulsar en el país. El fin último era producir individuos útiles, sanos de cuerpo y alma, para el progreso socio-económico y político que se proponía alcanzar. Y no podía ser de otra forma, a juicio de los contemporáneos, si de lo que se trataba era de construir ciudadanos aptos para las instituciones republicanas y democráticas.
Texto íntegral:

1

2Los maestros, todos los días deben obligar á los niños á hacer ejercicios moderados y bajo su vigilancia. Deben siempre establecer orden en estos ejercicios: la marcha debe tener la forma de la militar: el salto ha de subordinarse á un sistema; lo mismo debe decirse del baile; y en cuanto á la calistenia, solo reinando el orden se pueden hacer los graciosos movimientos y las evoluciones que la constituyen.
Lejos de reputar las horas de recreo como tiempo perdido é inútil, deben los maestros aprovecharlas para darles á los alumnos la educación física que necesitan y considerar la dirección de los ejercicios como una de tantas clases de la escuela y como una de sus principales é importantes obligaciones.

3Francisco Esteban Galindo
Político e intelectual liberal salvadoreño, siglo XIX.

Introducción

Inspirado en la idea foucaultiana de «sociedad disciplinaria1», éste breve ensayo tiene como propósito principal exponer la manera en que la educación en El Salvador, a finales del siglo XIX y principios del XX, articuló un conjunto de discursos2 que emprendió la tarea de forjar individuos útiles a la república. El tan ansiado progreso que los gobiernos buscaban requería de manos laboriosas, mentes prácticas, cuerpos sanos, jóvenes amantes de la patria, indios “civilizados”, etc. De ahí que la escuela se convirtió en el lugar idóneo para preparar a los nuevos ciudadanos que la era del progreso demandaba. La estructura del ensayo comprende tres momentos. Primero desarrollaré un conjunto de notas aclaratorias sobre el enfoque, el método y las fuentes que he utilizado en mi investigación. Luego pasaré a explicitar aquellos discursos educativos en los que se plasma de modo evidente el interés por formar personas útiles, sanas de cuerpo y alma, para el proyecto modernizante de la nación. Finalmente, elaboraré unas consideraciones o conclusiones finales.
Notas preliminares
Sobre el enfoque de estudio.

4Intento aplicar la tesis foucaultiana en torno a las nuevas estrategias de poder que adoptaron las sociedades modernas. Estrategias que se aplicaron con mucho éxito en el hospital, la cárcel, el cuartel y la escuela. En las primeras paginas de Vigilar y castigar Foucault afirma que a finales del siglo XVIII y principios del XIX el castigo como función teatral, como espectáculo, fue desapareciendo en Europa. El énfasis en las penas se fue orientando a «reformar», «corregir» o «curar» a los individuos. En palabras del filósofo francés:

5El castigo ha pasado de un arte de las sensaciones insoportables a una economía de los derechos suspendidos. Y si le es preciso todavía a la justicia manipular y llegar al cuerpo de los justiciables, será de lejos, limpiamente, según unas reglas austeras, y tendiendo a un objetivo mucho más “elevado”. Como efecto de esta nueva circunspección, un ejército entero de técnicos ha venido a relevar al verdugo, anatomista inmediato de los sufrimientos: los vigilantes, los médicos, los capellanes, los psiquiatras, los psicólogos, los educadores3. (…). Desaparece, pues, en los comienzos del siglo XIX, el gran espectáculo de la pena física; se disimula el cuerpo supliciado; se excluye del castigo el aparato teatral del sufrimiento. Se entra en la era de la sobriedad punitiva4.

En efecto, desde la perspectiva foucaultiana, con la supresión del suplicio público surge la cárcel, como institución moderna. Ésta se ocupará ahora de «corregir» el alma del condenado. Ha desaparecido el castigo del cuerpo, pero ahora los mecanismos del poder se han volcado sobre el «alma» del sujeto5. En ese contexto que el autor describe, «un ejército entero de técnicos», surgirán también los mecanismos disciplinarios en las escuelas, en los centros de enseñanza. Es a partir de esta idea que pretendo desarrollar mi trabajo. En el análisis de las fuentes utilizadas iré haciendo referencia a la idea del disciplinamiento de los sujetos. h6. Sobre el tema de estudio.

6Este trabajo es de carácter introductorio o aproximativo. En ningún momento pretendo aportar una visión global de lo que fue la realidad educativa en El Salvador a finales del siglo XIX y principios del XX. Esto por diversas razones. Entre otras, porque elaborar una investigación global sobre dicho tema supondría delimitar, por lo menos, cuatro áreas de investigación, según la enseñanza de aquella época: (1) instrucción primaria, (2) educación media, (3) enseñanza universitaria6 y (4) formación técnica especializada. De ahí que en este somero estudio me ocuparé de aquellos discursos implicados en el ámbito de la instrucción primaria. Además, dejo de lado la tarea de realizar un análisis más preciso y detallado de lo que, en última instancia, significó la praxis propiamente institucional de la educación para los intereses modernizantes de la república salvadoreña.

En su libro La economía de El Salvador en el siglo XIX, Héctor Lindo-Fuentes afirma que:

7Aun descontando la calidad de la educación, es difícil evitar la conclusión de que el sistema educativo fracasó como motor del crecimiento económico, menos aún del desarrollo. Por el contrario, contribuyó a perpetuar las desigualdades heredadas del período colonial. La brecha enorme entre los educados y los marginados de la educación, entre los ricos y los pobres, se estaba solidificando7.

Sin afán de restarle credibilidad a esa conclusión de Lindo-Fuentes, lo cierto es que el discurso de la educación, específicamente en el campo de la instrucción primaria, tuvo especial relevancia en el proyecto de configurar una nación moderna, desarrollada. En este punto en cuestión, mi ensayo se decanta más hacia el trabajo de Carlos Gregorio López Bernal, Tradiciones inventadas y discursos nacionalistas: el imaginario nacional de la época liberal en El Salvador, 1876-19328. En dicho estudio López Bernal destaca la importancia que tuvieron los intelectuales de la época en la articulación de un discurso que cifraba las esperanzas del progreso de la nación en la educación del pueblo. Dice el autor al respecto:

8Los intelectuales salvadoreños estuvieron muy identificados con el pensamiento modernizante del grupo dominante. (…). El trabajo de esa intelectualidad abarcó desde la educación9, el periodismo, la historia, la investigación científica hasta la literatura. A pesar de la diversidad, el denominador común fue el peso del pensamiento europeo, que los llevo a compartir la fe en el progreso, así como el rechazo a la tradición cultural indígena, considerada como muestra de atraso, y en consecuencia, un freno al desarrollo. (…). La importancia de estos hombres, no reside en su número, si no en el peso que su pensamiento tuvo para justificar y promover el proyecto que el grupo en el poder impulsaba10.

Sin dejar de reconocer la desigualdad social de la que habla Lindo-Fuentes, López Bernal enfatiza el papel de los intelectuales en la construcción de una sociedad moderna. Además, el libro de Carlos Gregorio rescata la importancia que los intelectuales y funcionarios de la república, que a veces eran los mismos, le dieron a la formación cívica en las escuelas. El autor señala que para las elites salvadoreñas fue necesario inculcar “el amor a la patria y la veneración de sus próceres desde los primeros años de la infancia. Esta tarea debía ser encomendada a la escuela11.” h6. Sobre las fuentes estudiadas.

9Los textos que fundamentan este trabajo son variados. En general, me he apoyado en revistas especializadas en el tema de la educación; libros dedicados a la instrucción pública y algunos textos que versan sobre las normas disciplinarias en las escuelas. Al final de mi ensayo presento la especificación de las fuentes consultadas, que básicamente están ubicadas entre 1887 y 1924. En otras palabras, en este estudio voy a centrarme en la instrucción primaria en El Salvador, en el período que va de 1887 a 1927.

Antes de pasar al desarrollo del cuerpo del trabajo, quiero citar nuevamente el estudio de López Bernal. Este historiador salvadoreño aborda una cuestión que resulta relevante para nuestro tema de investigación. Retomando los estudios de Benedict Anderson12, señala lo siguiente:

10Anderson otorga particular importancia a la expansión del capitalismo y al desarrollo de la imprenta, en tanto que posibilitaron el desarrollo de una imagen de “comunidad en anonimato”, la cual permitió concebir la nación aislada de las desigualdades sociales y lucha de clases. Los periódicos son considerados como un medio idóneo para proyectar la imagen de una comunidad imaginada13.

Dos cosas quiero destacar al respecto. En primer lugar, la afirmación de Carlos Gregorio encaja muy bien en nuestro estudio, ya que al realizar un análisis más o menos exhaustivo de los principales periódicos y revistas de la época, resulta evidente la importancia que los medios impresos tuvieron en la propagación de una idea común de nación, de patria. En segundo lugar, como conclusión de lo anterior, esa «imagen de una comunidad imaginada» en los medios impresos de El Salvador tendió a invisibilizar las contradicciones y desigualdades sociales, especialmente en el campo de la educación. No obstante, queden estas ideas sólo mencionadas, ya que no nos ocuparemos de ellas.

Forjando sujetos útiles para la nación: La instrucción primaria en El Salvadora finales del siglo XIX y principios del XX

Un ensayo desde Michel Foucault
A continuación expongo lo que considero un ensayo de fundamentación. Se trata de la presentación de cuatro ideas principales tomadas de cuatro textos de Foucault. En primer lugar, quiero citar unas palabras que dijo allá por 1977:

11El caso de la penalidad me convenció de que el análisis [del poder] no debía hacerse en términos de derecho precisamente, sino en términos de tecnología, en términos de táctica y de estrategia, y es esta sustitución de un esquema jurídico y negativo por otro técnico y estratégico lo que he intentado elaborar en Vigilar y castigar y utilizar después en la Historia de la sexualidad14.

En el marco de su interés por estudiar el poder, Foucault aquí nos habla de la «sustitución de un esquema jurídico y negativo por otro técnico y estratégico». En efecto, en Vigilar y castigar el filósofo francés hace una lectura más positiva del poder. Pone su aguda mirada en las nuevas técnicas de poder que van ganando espacio en las sociedades europeas. En otras palabras, el poder no solamente se manifiesta a través de relaciones jurídicas, sino también en la cuidadosa organización y vigilancia de la formación militar, o en la distribución de las actividades del escolar, por mencionar sólo dos ejemplos. Este nuevo modo de analizar el poder resulta de fundamental importancia para este trabajo. En segundo lugar, quiero comentar un texto de Foucault en el que deja en claro la importancia que va a cobrar el cuerpo humano para las nuevas estrategias del poder. El texto dice así: Ha habido en el curso de la edad clásica15, todo un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder. Podrían encontrarse fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa16, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican. El gran libro del Hombre-máquina ha sido escrito simultáneamente sobre dos registros: el anatomo-metafísico, del que Descartes había compuesto las primeras páginas y que los médicos y los filósofos continuaron, y el técnico-político, que estuvo constituido por todo un conjunto de reglamentos militares, escolares, hospitalarios, y por procedimientos empíricos y reflexivos para controlar o corregir las operaciones del cuerpo. Dos registros muy distintos ya que se trataba aquí de sumisión y de utilización, allá de funcionamiento y de explicación: cuerpo útil, cuerpo inteligible17. «Cuerpo útil», ésta idea es clave para comprender el análisis que pretendo desarrollar en este trabajo. En el contexto de esa «era de la sobriedad punitiva» de la que nos ha hablado anteriormente, el cuerpo humano será el objeto primordial del poder. En otras palabras, la función principal del poder consistirá en producir sujetos útiles, productivos para la sociedad. Como constataremos más adelante, esta idea estuvo muy presente en los intelectuales de El Salvador de finales del siglo XIX y principios del XX. Ciertamente, Foucault hace la siguiente aclaración: “No es la primera vez, indudablemente, que el cuerpo constituye el objeto de intereses tan imperiosos y tan apremiantes; en toda sociedad, el cuerpo queda prendido en el interior de poderes muy ceñidos, que le imponen coacciones, interdicciones u obligaciones. Sin embargo, hay varias cosas que son nuevas en estas técnicas18.” A continuación se dedica a explicitar en qué han consistido esas novedades. Sin embargo, debido al carácter ensayístico de este trabajo, no me detendré en dicha cuestión. Lo importante aquí es tener en cuenta que se desencadenó un conjunto de técnicas con el objetivo de crear cuerpos dóciles, sujetos útiles. En tercer lugar, justamente cuando Foucault está explicando lo novedoso de las nuevas técnicas del poder, nos ofrece una idea de lo que son las disciplinas:

12A estos métodos [«escala de control», «objeto de control» y «la modalidad»] que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad, es a lo que se puede llamar las “disciplinas”. (…). El momento histórico de la disciplina es el momento en que nace un arte del cuerpo humano, que no tiende únicamente al aumento de sus habilidades, ni tampoco a hacer más pesada su sujeción, sino a la formación de un vínculo que, en el mismo mecanismo, lo hace tanto más obediente cuanto más útil, y al revés19.

Con esta idea de «disciplina» operaré en el presente ensayo. Además, nótese que cuando Foucault insiste en que se trata de una disciplina que no busca «hacer más pesada» la «sujeción» del cuerpo, de nuevo, está haciendo énfasis en el rostro positivo del poder. Por otro lado, veremos más adelante cómo algunos discursos sobre la educación en El Salvador abogaron por un «control minucioso de las operaciones del cuerpo», aun durante aquellos momentos que son de recreo para los escolares. Finalmente, en cuarto lugar, el propio Foucault resume la función y el objetivo de las disciplinas en los cuerpos. Así lo expresa el autor:

13En resumen, puede decirse que la disciplina fabrica a partir de los cuerpos que controla cuatro tipos de individualidad, o más bien una individualidad que está dotada de cuatro características: es celular (por el juego de la distribución espacial), es orgánica (por el cifrado de las actividades), es genética (por la composición de fuerzas). Y para ello utiliza cuatro grandes técnicas: construye cuadros; prescribe maniobras; impone ejercicios; en fin, para garantizar la combinación de fuerzas, dispone “tácticas”[20].

Por supuesto, un trabajo más completo, más elaborado, tendría que analizar las técnicas de educación en la instrucción primaria siguiendo esa clasificación («cuadros», «maniobras», «ejercicios» y «tácticas») que establece Foucault. También: tendría que estudiar la construcción de individualidades de acuerdo a esas características («celular», «orgánica» y «genética») que el autor establece. Mientras tanto, baste decir que este trabajo está especialmente interesado en sacar a la luz aquellos discursos relativos a la instrucción primaria en los que se exige la formación de sujetos útiles al progreso que la república de El Salvador anhelaba, a finales del siglo XIX y principios del XX.
Forjando cuerpos útiles desde la instrucción primaria
El discurso modernizante en la instrucción primaria
En 1883 el gobierno salvadoreño convocó a un concurso para participar en la redacción de una obra que tratara ampliamente el tema de la instrucción primaria. Así iniciaba la convocatoria:

14El presidente de la República del Salvador, á sus habitantes, Sabed: que el Poder Legislativo ha decretado lo siguiente: La Cámara de Senadores de la República del Salvador, CONSIDERANDO: Que la educación primaria es base verdadera en que se debe fundar el progreso de un país; y que todas las naciones civilizadas, á ella le deben sus progresos en costumbres, artes é ilustración21, DECRETA: Artículo 1°. —Se convoca un concurso de ciudadanos competentes, á fin de que escriban una obra sobre los principios, métodos, materias y programas más adecuados para la enseñanza primaria de la República22.

El primer lugar lo ganó Francisco Esteban Galindo, con su libro Elementos de pedagogía, mientras que el segundo lugar quedó en manos de David J. Guzmán con su obra titulada De la organización de la Instrucción primaria en el (Sic) Salvador. Llama la atención que aun cuando el concurso se convocó en 1883, la obra ganadora no se publicó sino hasta 1887. No obstante, queda claro el interés por mejorar la enseñanza escolar de la época. Ese mismo año (1887), “el ilustre presidente [General Francisco Menéndez] hizo venir (…) una misión de maestros colombianos para modernizar nuestro sistema educativo. Es el primer gran intento salvadoreño de ponerse al día de corrientes pedagógicas en boga en países más avanzados23.” El órgano de difusión de estos expertos en educación fue la revista La Nueva Enseñanza. En el editorial del primer número, titulado “Ideas y propósitos”, se declara lo siguiente:

15En las páginas de esta Revista procuraremos reunir los mejores y más modernos datos sobre sistemas de enseñanza; los textos más bien recibidos y aceptados en otros países; las noticias referentes a las reformas que aquí se establezcan y a los progresos que aquí se alcancen; y pasando de lo puramente didáctico y oficial, a la región del arte y de la ciencia, procuraremos también presentar muestras de lo que han escrito y escriben grandes pensadores y eminentes moralistas24.

Uno de los temas que constantemene se abordó fue el de los métodos de enseñanza. En términos generales, se consideró que había llegado la hora de abandonar la metodología lancasteriana y adoptar los métodos de Pestalozzi25. Se argumentaba que de continuar con el método de Lancaster, difícilmente se conseguiría despertar la inteligencia de los niños, así como también el arte del raciocinio. Por esto, Rengifo Núñez, uno de los intelectuales traídos por el gobierno, aconsejaba que en las escuelas debía procederse “(…) siempre de lo empírico a lo racional, de lo concreto a lo abstracto, de lo simple a lo compuesto, de lo definido a lo indefinido, de lo conocido a lo desconocido, etc26.,” Esta forma de enseñar, se creía, permitiría a los infantes desarrollar la habilidad de la observación y la capacidad de análisis. Lo cual, en última instancia, encajaba con los intereses progresistas de la nación. Por ello se promovió la enseñanza objetiva. Al respecto se decía:

16La Enseñanza Objetiva tiene por objeto despertar y desenvolver las facultades intelectuales de los niños y formar su parte moral por medio de conversaciones familiares, propuestas por el maestro, acerca de los objetos que los rodean. La observación es, pues, lo que se pretende cultivar con ella; y en este concepto, todo cuanto los niños ven debe ser asunto de descripción o análisis, á fin de que se acostumbren á comparar, á deducir y á formar juicio propio de las cosas. (…). Enseñar a pensar, a raciocinar al discípulo, es y debe ser el caballo de batalla de la enseñanza moderna y ninguna materia más aparente para ello que la Enseñanza Objetiva27 (…).

Encontramos, pues, un acentuado interés en que la instrucción primaria debía preparar a los niños en el uso de su inteligencia. Se critica duramente el abuso de enfoques memorísticos, puesto que dichos métodos entorpecen las habilidades del educando. En agosto de 1887, en un número de La Nueva Enseñanza se afirma que uno de los principales errores en la educación ha sido “enseñar a los hombres a imitar o repetir, más bien que a pensar28.” Otro ejemplo lo encontramos en el Reglamento de la Escuela Normal de Señoritas, decretado por el Supremo Poder Ejecutivo en 1889. Ciertamente, se trata de un conjunto de normas dirigido no a niñas de escuelas primarias, sino a señoritas que serán futuras maestras de escuela. No obstante lo que se expresa en el artículo 30 de dicho reglamento está en sintonía con lo que venimos argumentando. Así reza el texto:

17Aun cuando ya se ha anunciado, se repite, que los estudios de la Escuela Normal y Anexa serán absolutamente prácticos, aplicables en lo posible a los usos comunes de la vida, debiendo los profesores, en consecuencia, establecer los mejores métodos conocidos e materia de la enseñanza, a fin de que los conocimientos que inculquen, en vez de favorecer únicamente la memoria, desenvuelvan la inteligencia y acostumbren a las alumnas, en todo caso, a hacer uso del libre ejercicio del entendimiento29.

Uno de los periódicos más importantes del último cuarto del siglo XIX fue La Discusión. Como «Órgano de las clases de derecho teórico y práctico» en él se daban cita catedráticos de la Universidad de El Salvador. En este sentido, es un medio muy importante, ya que a través de él podemos tener contacto con el pensamiento jurídico y filosófico de los académicos de la época. En 1880 se afirmaba en dicho periódico que: “Al ser humano no le basta poseer simplemente las verdades y los conocimientos que se le comunican: quiere saber las causas y las razones que les sirvan de fundamento y comprobar por sí mismas sus relaciones: quiere tener por guía su propio raciocinio y emplear sus entendimiento en todo género de investigaciones30.” Dando un salto tremendo, encontramos ideas similares en la Revista de la Enseñanza, Órgano oficial del Ministerio de Instrucción Pública. Teófilo Gratwohe, en un artículo titulado “Hablad menos y enseñaréis más” manifestaba lo siguiente: “El maestro debe limitarse a hablar lo indispensable, debe enseñar ideas y nociones y no palabras; en consecuencia, no debe tratar de inculcar a sus discípulos sus propias ideas, nociones y sentimientos, sino despertarlos en ellos, induciéndolos a su percepción y descubrimiento. Debe enseñar pensando y observando, haciendo pensar y observar31; el resultado del trabajo intelectual, deben expresarlo los alumnos, en su lenguaje propio, y no el maestro32.” Por supuesto, esa ardua tarea modernizadora de la educación se enmarcó dentro de los ideales progresistas de la república. Si la nación salvadoreña quería avanzar en su proceso civilizador debía dar pasos importantes en el ámbito de la instrucción pública. Así explicaba esto Francisco Estaban Galindo: “Si la cultura de un pueblo se designa con el nombre de civilización, ha de ser la educación individual lo que hace los hombres civilizados y ha de marcar en consecuencia una etapa en el progreso histórico la creación del arte de civilizar al niño33.” El mismo David J. Guzmán veía en la modernización de la educación la vía indiscutible para sacar al pueblo de El Salvador del atraso cultural. Escribía allá por 1914 lo siguiente: “Los pueblos que no han sentido el aleteo de las ideas, ni admirado el esplendor del trabajo; los pueblos que viven sumidos en el ocio, la pereza y la indolencia, son los pueblos salvajes, pobres, hambrientos, sin cultura, que carecen de lo más necesario y que viven arrebatándose las subsistencias y matándose para saciar el hambre34.” Además, éste intelectual salvadoreño estaba convencido que la educación primaria y media debía complementarse con una formación práctica, de manera que se produjeran individuos útiles para el desarrollo del país. Así lo expresaba el autor:

18Es fuera de duda que hay ya en nuestra pequeña República una plétora de abogados, médicos, bachilleres, latinistas y otras personalidades del género, que han hecho verdadera invasión en el estado social de nuestro país; cuando los nuevos rumbos que señala la educación pública en los países que tienen el poderío del mundo, es crear sabios prácticos, maestros de escuela, agricultores, industriales, comerciantes, hombres en acción que deben darle a nuestro país el puesto que se merece, como agentes capitales de la producción y por ende, del bienestar público35.

Hay un hecho que merece una pequeña reflexión. Ciertamente, la mayoría de discursos en torno a la educación, en general, y a la instrucción pública, en particular, expresan abiertamente la necesidad de modernizar los métodos y los contenidos de la enseñanza. En última instancia, cultivar el pensamiento para contribuir al progreso de la nación. Lo interesante es que mientras David J. Guzmán, por ejemplo, a inicios del siglo XX aboga por “crear sabios prácticos”, en periódicos como La Discusión encontraremos más una tendencia hacia la formación humanista. Por ejemplo, al final del texto “La educación de la mujer en El Salvador”, citado anteriormente, se dice que “para llenar tal vacío [de formación en el uso del propio entendimiento], creemos que debieran establecerse en la escuela normal de instituciones y en las superiores ó de segundo orden, cátedras de Filosofía y Derecho natural”. El objetivo era modernizar la enseñanza para contribuir al progreso de la república. No obstante, en los ejemplos señalados encontramos diferencias en torno a cómo mejorar la formación en la escuela primaria, los institutos de educación media, y los centros de formación superior. En general, se propagó una especie de “conciencia nacional” según la cual si se quería estar al nivel cultural de sociedades avanzadas la educación primaria debía mejorarse cuantitativa y cualitativamente. Por supuesto, como bien ha concluido Lindo-Fuentes, ello no significa que, efectivamente, en la práctica la educación primaria haya mejorado sustancialmente a nivel nacional. Mucho menos que se haya convertido en un bien asequible para la mayoría. Pero aun cuando mucho de ese espíritu progresista sólo se haya quedado en el papel, lo cierto es que nos permite entrever el tipo de subjetividad que se buscó forjar desde las escuelas públicas. En el siguiente apartado analizaré un conjunto de discursos en los que queda plasmada la necesidad de educar a los cuerpos, de disciplinar a los sujetos. h5. Educando al cuerpo, «fabricando» sujetos útiles Michel Foucault ha dicho que “la disciplina es una anatomía política del detalle36.” En efecto, cuando uno echa un vistazo a los discursos en torno a la instrucción primaria, puede apreciarse un interés disciplinario que se ocupa hasta de los detalles más pequeños de los escolares. Para 1888 se considera que los niños deben iniciar la educación primaria a la edad de seis años y concluirla una vez que hayan cumplido los catorce. Con la educación se persigue lograr “(…) buenos ciudadanos, útiles, honrados, laboriosos y sanos de cuerpo y de espíritu, capaces tanto de defender sus derechos como de cumplir sus deberes37.” En este contexto la educación en la higiene jugará un papel de primera importancia. La escuela se concibió como el lugar en el que el niño sería instruido en los cuidados higiénicos del cuerpo. En la revista La Escuela Salvadoreña encontramos la siguiente afirmación: “El deber del instructor es, además, recordar de cuando en cuando a sus alumnos los beneficios de la vacuna, y mostrarles los peligros de la viruela38 (…)”. Además, sobre el uso de las faldas o enaguas, el autor del mismo texto se expresa de la siguiente manera: “Sin estar demasiado apretadas, la higiene exige que no estén muy sueltas, como en la época de los miriñaques. La enagua será de tejido más compacto para el invierno que para el verano39” En este mismo número de la revista encontramos el artículo “La Higiene de la Casa de Escuela”, escrito por el Doctor Jules Delobel. Este autor sostiene lo siguiente:

19Al ser recibido un alumno en un establecimiento de instrucción, la Escuela, ya sea del Estado, ya de un particular, toma a su cargo al mismo tiempo que la educación de este alumno, la protección de su vida y de su salud. Moralmente establece un contrato con la familia que le ha confiado esta doble dimensión. Debe hacer del alumno un hombre instruido y vigoroso, y no puede ni debe faltar a las obligaciones que dicho compromiso le impone40.

Siempre en La Escuela Salvadoreña, pero en una edición de 1927, aparece un artículo titulado “La escuela al servicio de la higiene”. La autora de dicho escrito es Doña Cora Mañers, Jefe del Departamento de Educación Sanitaria de Chile. Ciertamente, al ser un texto foráneo es discutible qué tan relevante resulta para nuestro estudio. No obstante, refleja a cabalidad la preocupación por la higiene en la instrucción pública. En un apartado sostiene lo siguiente: “La base de la educación higiénica en la escuela y el secreto del éxito por ella obtenido, está en que familiariza al niño con los hábitos de higiene, interesándolos de tal modo en el problema de la salud41, (…)”. Si volvemos a las ideas del intelectual David J. Guzmán, encontraremos también en sus escritos una clara preocupación por la higiene corporal. En 1914 escribía lo siguiente: “(...) el escolar debe usar vestidos limpios e higiénicos, como ya se ha dicho, bañarse con frecuencia, limpiarse la dentadura con líquidos desinfectantes y aromáticos, recortarse y asear las uñas, etc42.” A la par de la preocupación por que el niño aprendiera normas de higiene, también estuvo muy presente el interés por cuidar el cuerpo a través del ejercicio. El ganador, Francisco Esteban Galindo, del concurso que abriera en gobierno en 1883, escribió lo siguiente:

20Los maestros, todos los días deben obligar á los niños á hacer ejercicios moderados y bajo su vigilancia. Deben siempre establecer orden en estos ejercicios: la marcha debe tener la forma de la militar: el salto ha de subordinarse á un sistema; lo mismo debe decirse del baile; y en cuanto á la calistenia, solo reinando el orden se pueden hacer los graciosos movimientos y las evoluciones que la constituyen. Lejos de reputar las horas de recreo como tiempo perdido é inútil, deben los maestros aprovecharlas para darles á los alumnos la educación física que necesitan y considerar la dirección de los ejercicios como una de tantas clases de la escuela y como una de sus principales é importantes obligaciones43.

A lo largo de su obra, dividida en cuatro secciones, encontramos métodos, instrucciones, consejos y pautas sobre cómo desarrollar la educación moral del niño, el cuidado del cuerpo y, por supuesto, su formación académica. En el marco del interés por la higiene y el buen funcionamiento del cuerpo, resulta interesante el hecho de que algunos intelectuales llegaron a asociar fenómenos de orden psicológico y moral con las condiciones geográficas. Ejemplo de esto es el siguiente texto de Atilio Peccorini:

21En nuestros países tropicales, a donde nuestros órganos se debilitan constantemente por la intolerancia de la latitud, y como consecuencia por el rigor del clima, es natural que nuestros órganos funcionen mal desde el ambiente. En ello se deben buscar los gérmenes de nuestros males físicos, base y soporte de nuestros defectos funcionales, o fisiológicos, y aun de los trastornos de orden puramente psicológico y moral44.

El planteamiento que veíamos en el apartado anterior respecto a mejorar la educación en la línea de cultivar la razón y las habilidades del entendimiento, se junta ahora con el interés de forjar cuerpos vigorosos, sanos de cuerpo y alma. En el siguiente texto podemos observar cómo se establece la correlación entre el orientar los sentidos hacia la observación científica y la conservación de un cuerpo sano, enérgico, vigoroso:

22Nuestro deber evidente es el de conservar intacto y aumentar el tesoro de nuestra energía intelectual. Pero esta energía puede debilitarse. Así como el cuerpo, el espíritu también se hace pesado, lento, blando, perezoso, y es bien pronto incapaz de una vida activa si no se le ejercita con un trabajo regular y perseverante. El espíritu ocioso cae en una apatía análoga a la en que viven los salvajes que, sólo excitados por un deseo intenso o la inminencia del peligro, hacen un esfuerzo de observación y reflexión; observación y reflexión muy fugitivas y sin precisión, pues la exactitud sólo se adquiere por el hábito de un trabajo minucioso. Sí; si tú no haces esfuerzos incesantes para mirar, para escuchar, para discernir las diferencias delicadas, las formas, los colores, los sonidos, los pesos, etc.; tus sentidos no adquirirán ni vigor, ni nitidez45.

Quiero finalizar este ensayo abordando un tipo de fuentes que requieren una especial aclaración. Me refiero al Plan de estudios y programas de clases y de examen del Instituto Normal Central de Varones, publicado en San Salvador en 1918. Y al Reglamento de la Escuela Normal de Señoritas, decretado por el Supremo Poder Ejecutivo en 1889. La aclaración es la siguiente: Se trata de discursos que no versan sobre los métodos y contenidos de la instrucción primaria, sino que tratan temas concernientes a la formación de maestras y maestros para la instrucción primaria. Específicamente, se trata de documentos que reglamentaban la vida estudiantil de las escuelas o institutos normales de El Salvador46. Pero dado que se trataba de la reglamentación disciplinaria de los que serían los maestros de educación primaria, puede darnos una idea del tipo de disciplinamiento que luego aplicarían a los niños y niñas de las escuelas. Veamos algunos textos. En primer lugar, en el artículo 12 del Reglamento de la Escuela Normal de Señoritas, se establece lo siguiente: “Es absolutamente prohibido que las alumnas internas salgan á bailes públicos ó privados, se presenten en exhibiciones de carácter popular, ó celebren veladas públicas, en que de algún modo se pueda relajar la circunspección que el Establecimiento necesita47” El orden disciplinario prohíbe el “relajamiento” de las normas, por ello debe prohibírsele al cuerpo todo tipo de actividad (“bailes”, “exhibiciones de carácter popular”) que pongan en peligro el claustro. Además, en el artículo 14 se estipula que será función de la Directora: “Dirigir y vigilar a las alumnas internas y externas, tanto en las horas de estudio como en las de descanso, a fin de que el orden, la decencia y la cultura general tengan por base una disciplina seria y bien entendida, fundada en el respeto mutuo y en el cumplimiento severo del deber48”. Por otro lado, en 1924, la directora de la Escuela Normal de Maestras, Juana Puch, en un Informe presentado al Consejo Técnico del gobierno se expresaba en los siguientes términos:

23Uno de mis mayores cuidados ha sido el de mantener una buena disciplina en este Centro de Enseñanza. La mayor parte de los fracasos del maestro en el arte de educar, tiene su origen en la poca atención que le presta al buen régimen disciplinario; y, a efecto de que las maestras que se preparan hoy conozcan por experiencia propia las ventajas de una disciplina bien entendida, nada he querido escatimar para mantener en constante actividad las energías juveniles, para que las educandas sientan, amen y practiquen el bien, y del mismo modo más tarde hagan sentir, amar y practicar el bien a la niñez, de cuya educación se han de ocupar49.

Como podemos ver, la directora deja claro que buena parte de la vigilancia del régimen disciplinario tiene que ver con el hecho de que se están preparando a las maestras de la niñez salvadoreña (“de cuya educación se han de ocupar”). Finalmente, quiero hacer una breve referencia, y un pequeño comentario, a unos textos del Plan de estudios y programas de clases y de examen del Instituto Normal Central de Varones (1918). Una de las asignaturas que debían cursar los alumnos del instituto era Cultura Física. En la explicación de los contenidos de dicha materia encontramos lo siguiente: “idea directriz para desarrollar el programa, ampliando el espíritu de la gimnasia sueca: vencer las dificultades de la lucha por la vida, con provecho individual y social, infundiendo salud, fuerza, destreza, resistencia al trabajo, compensando los daños del sedentarismo, aprendiendo a obtener del mínimo de trabajo el máximo de producto útil, y poco a poco asegurando las cualidades físicas y morales que forman al hombre de acción50, (…)”. También debían cursar la asignatura Moral, Cívica y Constitución. Durante el segundo año de estudios, de tres que comprendía la formación de maestro, el primer conjunto de contenidos de dicha materia llevaba por título: “Deberes para consigo mismo”. En primer lugar, se abordaban los “Deberes para con el cuerpo”. En este punto se lee lo siguiente: bq. 1. —Demostrar que los seres sin vigor sólo pueden arrastrar una vida miserable, una vida de esclavos. —El sistema nervioso como productor de energía. —Por qué debemos conservar intacto nuestro sistema nervioso. —Cómo conseguirlo. 2. —Por qué debemos cuidar nuestra piel. —Necesidad de que la suciedad sea intolerable. —Hacer ver que la falta de limpieza es lo que más separa a las personas. —Papel social del agua y del jabón. —Importancia de la educación física51. A continuación el profesor tenía que continuar con el tema “Deberes para la inteligencia”. En este apartado de la asignatura se establecía lo siguiente:

249. —Hacer ver que aun estando inmóvil, en el silencio y la obscuridad, se desperdician las fuerzas vivas de la atención, si no se sabe gobernar enérgicamente el vuelo de los pensamientos. —Necesidad y trascendencia de libertar nuestro espíritu de la tiranía y del automatismo. —Convencer que nuestra libertad consiste en rehusar la atención o acordarla52.

Para finalizar, podemos comprobar, por última vez, la tremenda importancia que se le concedió a la higiene en la educación. En la asignatura de Pedagogía se les debía enseñar a los normalistas lo siguiente:

2535. —Limpieza y barrido. —Cuál es el mejor sistema de barrido. —Por qué no deben hacer el barrido los escolares. 36. —El crecimiento del niño. —Causas que pueden influir. —Influencias sociales. —Necesidad e importancia de determinar la talla y el peso medio del escolar salvadoreño. 37. —Higiene del cuerpo y limpieza individual. —Higiene del vestido. —Higiene alimenticia. —Higiene del sueño. —Educación física. 38. —Higiene intelectual53.

Ciertamente, como ya se aclaró más arriba, son documentos que registran los contenidos de la formación de maestros. Pero eso no impide analizar en ellos el reflejo del espíritu disciplinario de la época. Resulta claro que la educación primaria se pensó en función de los ideales de progreso de las elites en el poder. Héctor Lindo-Fuentes no se equivoca cuando afirma que, en última instancia, la educación se quedó corta en abonar al tan ansiado progreso de la república. No obstante, este pequeño ensayo de aproximación nos muestra la importancia que tuvieron los discursos sobre la educación en torno a la construcción de nuevas subjetividades. En otras palabras, en los textos que hemos expuesto puede apreciarse la función disciplinaria que adoptó la instrucción primaria a finales del siglo XIX y principios del XX. Por supuesto, al ser éste nada más que un ensayo queda mucho por profundizar, interpretar y aclarar.

Conclusiones

En primer lugar, inspirado en la idea foucaultiana de «sociedad disciplinaria» he intentado esbozar un pequeño marco teórico en el que rescato cuatro ideas importantes para Michel Foucault: (1) el carácter positivo del ejercicio del poder; (2) el cuerpo como objeto de nuevas técnicas del poder; (3) la disciplina como “fábrica” de sujetos obedientes y útiles; y (4) la construcción de subjetividades desde el poder. En segundo lugar, he procurado demostrar que a finales del siglo XIX y principios del XX se desencadena en El Salvador un discurso modernizante en torno a la instrucción primaria. Se promovió desde el gobierno, junto con diversos intelectuales, el cultivo del raciocinio en los niños y las habilidades de observación y de análisis. Se quiso dejar en el pasado los tradicionales enfoques memorísticos. Esto empalmaba con las visiones progresistas de las elites en el poder. En tercer lugar, se ha podido apreciar el enorme interés por educar niños higiénicos, vigorosos, sanos de cuerpo y alma, y vigilantes del orden moral. En artículos de periódicos y revistas, en textos de pedagogía y en reglamentos disciplinarios podemos constatar el tremendo deseo de forjar individuos útiles a la nación, al progreso que la patria anhelaba. Aun cuando muchas de esas ideas sólo quedaron plasmadas en el papel, lo cierto es que dichos discursos permiten rastrear qué tipo de subjetividades se fueron construyendo desde las aulas. En cuarto lugar, valga decir de nuevo que éste trabajo es solamente una primera aproximación al sistema de la educación primaria en El Salvador, a finales del siglo XIX y principios del XX. Aún queda mucho por investigar. Uno de los temas pendientes, por ejemplo, es la relación entre la educación primaria y el cultivo de una conciencia amante de la patria en los niños. De esto hay mucho para investigar en los archivos que se han revisado.

BIBLIOGRAFÍA

Fuentes primarias54
Periódicos y revistas

26Periódico La Discusión (1880)
Revista La Nueva Enseñanza (1887, 1888, 1889)
Revista de la Enseñanza (1916)
Revista La Escuela Salvadoreña (1923, 1924, 1927)

Libros

27Galindo, F. E., Elementos de pedagogía, Imprenta Nacional, San Salvador, 1887.

28Guzmán, D. J., Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica social, Imprenta Nacional, San Salvador, 1914.

29Plan de estudios y programas de clases y de examen del Instituto Normal Central de Varones, San Salvador, 1918.

Bibliografía general

30
Aguilar Avilés, G., Lindo-Fuentes, Hector, Un vistazo al pasado de la educación en El Salvador. El sistema escolar en El Salvador en el siglo XIX, (FEPADE, San Salvador, 1995).

31Díaz, E., La filosofía de Michel Foucault, Biblos, Buenos Aires, 2005.

32Foucault, Michel, Vigilar y castigar, Siglo XXI, México D. F., 1978.

33Foucault, Michel, Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1992.

34García Morales, “Profesoras normalistas en Veracruz durante el Porfiriato”, en Ulúa 2, Revista de Historia, Sociedad y Cultura, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, julio-diciembre, 2003.

35Guzmán, D. J., Obras escogidas, Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2000.

36Lindo-Fuentes, Hector, La economía de El Salvador en el siglo XIX , Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2002.

37López Bernal, Carlos Gregorio, Tradiciones inventadas y discursos nacionalistas: El imaginario nacional de la época liberal en El Salvador, 1876-1932, Editorial e Imprenta Universitaria, San Salvador, 2007.

notas de pie de página

381 Véase Michel Foucault, Vigilar y castigar, (Siglo XXI: México D. F., 1978).

392 Ciertamente, me inspiro en la obra Vigilar y castigar de Foucault para analizar los procesos disciplinarios de la enseñanza en El Salvador a finales del siglo XIX y principios del XX. No obstante, la categoría de «discurso» no la utilizo en un sentido estrictamente foucaultiano, sino en un sentido lato, es decir, como escrito o tratado en general.

403 El énfasis es mío.

414 Michel Foucault, Vigilar y castigar …, op. cit., págs. 18-22.

425 Escribe Foucault al respecto: «Si no es ya el cuerpo el objeto de la penalidad en sus formas más severas, ¿sobre qué establece su presa? La respuesta de los teorizantes —de quienes abren hacia 1760 un periodo que no se ha cerrado aún— es sencilla, casi evidente. Parece inscrita en la pregunta misma. Puesto que ya no es el cuerpo, es el alma. A la expiación que causa estragos en el cuerpo debe suceder un castigo que actúe en profundidad sobre el corazón, el pensamiento, la voluntad, las disposiciones. Mably ha formulado el principio, de una vez para siempre: “Que el castigo, si se me permite hablar así, caiga sobre el alma más que sobre el cuerpo.”», op. cit., pág. 24.

436 Respecto a esta área, puede verse el siguiente estudio de Sajid Herrera: “La Universidad frente a la Modernidad: esencia, función y misión de la Universidad en El Salvador, siglos XIX-XX” en Carmen García (Editora), Pensadores y forjadores de la Universidad Latinoamericana, (UNESCO-IESALC, Caracas, 2008), págs. 637-675.

447 Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2002, pág. 124.

458 Editorial e Imprenta Universitaria, San Salvador, 2007.

469 El énfasis es mío.

4710 Carlos Gregorio López Bernal, op. cit., pág. 80. El énfasis es mío.

4811 Carlos Gregorio López Bernal, op. cit., pág. 137.

4912 Principalmente su obra Comunidades imaginadas, FCE, México D. F., 1993.

5013 Carlos Gregorio López Bernal, op. cit., pág. 19.

5114 Véase Michel Foucault, Microfísica del poder, (La Piqueta, Madrid, 1992), pág. 154.

5215 Entiéndase: siglos XVII y XVIII. Véase Esther Díaz, La filosofía de Michel Foucault, (Biblos, Buenos Aires, 2005).

5316 El énfasis es mío.

5417 Michel Foucault, Vigilar y castigar…, op. cit., pág. 140.

5518 Michel Foucault, Vigilar y castigar…, op. cit., pág. 140.

5619 Michel Foucault, Vigilar y castigar…, op. cit., pág. 141.

5720 Michel Foucault, Vigilar y castigar…, op. cit., pág. 172.

5821 El énfasis es mío.

5922 F. E. Galindo, Elementos de pedagogía, Imprenta Nacional, San Salvador, 1887, pág. V

6023 G. Aguilar Avilés, Hector Lindo-Fuentes, Un vistazo al pasado de la educación en El Salvador. El sistema escolar en El Salvador en el siglo XIX, (San Salvador : FEPADE, 1995), pág. 19.

6124 Revista La Nueva Enseñanza, 14 de mayo de 1887, pág. 3.

6225 Véase G. Aguilar Avilés, H. Lindo-Fuentes,… op. cit., pág. 19.

6327 Revista La Nueve Enseñanza, 1 de noviembre de 1888, pág. 1.

6428 Revista La Nueva Enseñanza, 31 de agosto de 1887, pág. 27.

6529 Revista La Nueva Enseñanza, 15 de enero de 1889.

6630 “La educación de la mujer en El Salvador”, periódico La Discusión, 15 de mayo de 1880.

6731 El énfasis es mío.

6832 Revista de la Enseñanza, julio de 1916.

6933 F. E. Galindo, Elementos de pedagogía,… op. cit., pág. XIII.

7034 D. J. Guzmán, Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica y social, Imprenta Nacional, San Salvador, 1914.

7135 D. J. Guzmán, “Educación práctica”, en Obras escogidas, Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2000, págs. 427-428.

7236 Michel Foucault, Vigilar y castigar…, op. cit., pág. 143.

7337 Revista La Nueva Enseñanza, 15 de junio de 1888.

7438 “Higiene del Escolar”, adaptación del Dr. J. Delobel, Revista La Escuela Salvadoreña, 1923, pág. 100.

7539 Ibídem, pág. 104.

7640 Ibídem, pág. 124.

7741 “La escuela al servicio de la higiene, Doña Cora Mañers, Revista La Escuela Salvadoreña, 1927. pág. 66.

78fn42 D. J. Guzmán, Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica y social,… op. cit., pág. 9.

7943 Francisco Esteban Galindo, Elementos de pedagogía, op. cit., pág. 8.

8044 “Disciplina psicológica y moral. Para adquirir firmeza, actividad, resolución y dominar la apatía. Exposición de las ideas del profesor Vernay”, Revista de la Enseñanza, enero de 1916, pág. 16.

8145 Julio Payot, “Curso de moral. Deberes para consigo mismo. (La inteligencia conserva intacta tu energía intelectual)”, Revista de la Enseñanza, enero de 1916, p. 61. El énfasis es mío.

8246 A finales del siglo XIX y principios del XX, en varios países de América Latina surgieron las Escuelas Normales, centros de enseñanza donde se formaban los profesores que las repúblicas demandaban. Sólo por señalar un ejemplo, véase: S. García Morales, “Profesoras normalistas en Veracruz durante el Porfiriato”, en Ulúa 2, Revista de Historia, Sociedad y Cultura, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, julio-diciembre, 2003.

8347 Revista La Nueva Enseñanza, 15 de enero de 1889.

8448 Ibídem.

8549 Revista La Escuela Salvadoreña, 1924, pág. 163.

8650 Plan de estudios y programas de clase s y de examen del Instituto Normal Central de Varones, San Salvador, 1918, pág. 64.

8751 Ibídem, pág. 78.

8852 Ibídem, pág. 79.

8953 Ibídem, pág. 125.

9054 Todas estas fuentes se encuentran en la sección de Colecciones Especiales de la Biblioteca “P. Florentino Idoate, S.J.” de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, San Salvador, El Salvador, Centroamérica.

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