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AFEHC : articulos : Las ventas y las vendedoras. Mercados, espacios públicos y orden urbano “moderno” en el Salvador, 1944-1948 : Las ventas y las vendedoras. Mercados, espacios públicos y orden urbano “moderno” en el Salvador, 1944-1948

Ficha n° 1999

Creada: 10 agosto 2008
Editada: 10 agosto 2008
Modificada: 15 septiembre 2010

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Autor de la ficha:

Claudia PONCE PRUD'HOMME

Editor de la ficha:

Sajid Alfredo HERRERA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Las ventas y las vendedoras. Mercados, espacios públicos y orden urbano “moderno” en el Salvador, 1944-1948

Este artículo intenta esbozar, a partir del tamiz de un periódico salvadoreño de la década del 1940, denominado La Tribuna, los imaginarios y las prácticas de las ventas en El Salvador de mediados del siglo XX. Por esos años, aunque el país se había librado del régimen martinista, no sólo se continuó experimentando la represión militar sino también una expansión urbana. Con ella, las voces de “modernizarla”, pero sobre todo, “higienizarla” se hicieron cada vez más fuertes. Esta cruzada demandaba la necesidad de construir mercados en las ciudades con el fin de “purificar el espacio público”. De ahí, entonces, que la mirada periodística sobre el problema de las ventas ambulantes hiciera también suyo “el sueño modernizador”. Desde una interesante combinación de enfoques (historia de género, de las ideas, social y cultural), el artículo nos muestra, a partir de la perspectiva de La Tribuna, las múltiples relaciones sociales construidas entre los diversos actores involucrados en esta dinámica modernizadora de los espacios públicos: vendedoras, alcaldía, gobierno central, comerciantes, policías, cobradores, etc. Relaciones sociales que no pusieron de manifiesto una dominación completa por parte de los hombres sobre las mujeres o de las autoridades sobre las vendedoras; más bien, mostraron una constelación de luchas, negociaciones y solidaridades.
Palabras claves :
Mercados, Espacios públicos, Periódico, Ventas ambulantes
Autor(es):
Claudia Ponce
Fecha:
Agosto de 2008
Texto íntegral:

1Este artículo busca acercarse a las vendedoras de los espacios públicos en El Salvador entre junio de 1944 y diciembre de 1948, sujeto de historia no estudiado hasta ahora en el país.

2El objetivo es insertar a las vendedoras y sus prácticas en un marco amplio, el estructurado por las relaciones que desarrollaron las vendedoras con otros grupos sociales y las generadas por estos grupos hacia estas mujeres entre 1944 y 1948. De esta manera, se plantean la siguiente interrogante: ¿Cuáles son las relaciones sociales entre las vendedoras y las autoridades, de cara a las medidas modernizadoras: orden e higiene en San Salvador entre 1944 y 1948?

3Para ello, se han seleccionado todas aquellas noticias del periódico La Tribuna, publicado durante el período de estudio, que abarcan de forma directa o indirecta la actividad de las ventas en los mercados o en los espacios públicos (calles, aceras, plazas, parques, etc.). Se ha deconstruido cada una de las noticias y se han vaciadas en un cuadro, en el que se han clasificado sus elementos con el objetivo de identificar diferentes tipos de términos y contabilizar la frecuencia de su uso.

4En un primer momento, se ha estudiada la ideología de las representaciones sobre las ventas y las vendedoras en la cual se basaban los periodistas de La Tribuna con el fin de clarificar los campos de interés de los diferentes autores.

5En un segundo momento, se han identificado a los actores más mencionados en los artículos de La Tribuna, vinculados con las vendedoras y las ventas. El objetivo es discernir a los actores que influían sobre las prácticas de estas mujeres.

6Para terminar, se han analizado los tipos de relaciones que construyeron las vendedoras para mantener sus prácticas frente al orden urbano, defendido tanto por las autoridades como por los mismos periodistas.

El periódico La Tribuna: interés y límites para acercarse al objeto de estudio

7Es difícil caracterizar la línea editorial del periódico, ya que se observó una gran inestabilidad de los directores, asimismo del perfil político de ellos y del grado de coacción estatal entre 1944 y 1948. Se distinguen cuatro momentos que marcaron bifurcaciones en la orientación política del periódico. El de Pedro Geoffroy Rivas y el de sus sucesores críticos con el poder político (del 26 de junio de 1944 al 27 febrero de 1946), único momento de libertad de expresión y marco en se fundó La Tribuna bajo la dirección de Pedro Geoffroy Rivas1, un intelectual que se manifestaba comprometido con las aspiraciones democráticas y de justicia social expresadas fuertemente en aquella época. Al parecer en este momento el periódico tenía las características internas y externas más favorables para producir noticias y artículos sobre “lo popular” y “lo social” y para que se enfocara en sujetos sociales como las vendedoras de los mercados y de las calles.

8A partir de 1946, ocurrió una ruptura en la orientación del periódico. Hugo Lindo (del 1 de marzo de 1946 al 20 de julio de 1946), y su rechazo al comunismo marcó una postura más aceptable para el General Castaneda Castro. Una parte del equipo de redacción cambió y uno de los dueños del periódico se volvió el gerente del diario. El periódico se ajustaba al control estatal.

9Hugo Lindo, como su sucesor, y aún más, José Quetglas (del 29 de septiembre de 1946, al 1 de abril de 1948), que tuvo la dirección más larga del diario, defendieron una postura que creían auténtica, hasta crítica en ciertos momentos, pero que acataba las reglas de control a la libertad de expresión impuestas por el General Castaneda Castro. Ya no buscaban como en el primer año de La Tribuna la defensa del espacio de libertad de expresión total en el cual se fundó el diario. Definitivamente, este ajuste interno a la presión externa pudo provocar un cambio de escritura en ciertas noticias sociales que el General Castaneda Castro podía considerar como de índole política.

10Los últimos cuatro meses de La Tribuna marcaron la culminación del control de Castaneda Castro sobre este periódico. Al volverse el jefe de Estado el accionista mayoritario del periódico, el pequeño margen de libertad desapareció. Con los dos últimos directores, Alberto Rivas Bonilla y Francisco Espinosa (del 30 de junio de 1948, al 11 de diciembre del mismo año). La Tribuna se transformó en una herramienta de difusión de los discursos del General Castaneda Castro.

¿Continuación de un modelo agro exportador monopólico?

11Cuando se lanzó el proyecto periodístico de La Tribuna, en junio de 1944, la sociedad salvadoreña estaba en un momento muy peculiar de su vida política, un momento de libre expresión a raíz de la caída del general Martínez, (…) resultado de una oposición fundamentalmente urbana, que incluía tanto a sectores populares como de la clase dominante, así como reunía a intelectuales y a militares disidentes2.

12Si La Tribuna nació en un contexto de apertura política, este ambiente favorable fue muy breve. Rápidamente, los diferentes periódicos y las organizaciones políticas o gremiales contemporáneas tuvieron que ajustarse a un ambiente que retornaba al control y a la represión. De hecho, entre el Golpe de Estado del 21 de octubre de 1944, que promovió el jefe de la policía, el Coronel Osmín Aguirre y Salinas para evitar la elección democrática de Arturo Romero, y el Golpe de Estado del 14 de diciembre de 1948, que derrocó a Salvador Castaneda Castro por su intención de reelegirse, un periódico crítico como La Tribuna podía expresarse mientras no fomentara un complot concreto en contra del gobierno militar.

13El régimen de Castaneda Castro (1944-1948), al igual que su elección, fue autoritario y en la misma línea del modelo político y socio económico desarrollado por el general Martínez3. La sensibilidad social del gobierno se limitó a un discurso sin ninguna concretización seria y más adelante represiva con las organizaciones obreras4.

14Hay que entender estos cuatro años bajo la idea de un continuismo político que se inscribía en los lineamientos impuestos por el “martinato”: el coronel Osmín Aguirre como el general Castaneda Castro se esforzaron por hacer callar y reducir el movimiento democrático de mayo-octubre de 1944, a un simple movimiento de expresión sin capacidad de amenazar al régimen. Lograron poner entre paréntesis lo que en su momento fue una verdadera ruptura política, que durante unos meses permitió el desarrollo de prácticas y expresiones políticas inéditas.

15Sesenta años después, el historiador puede proponer, por lo menos, dos interpretaciones básicas sobre estos meses de 1944, muy poco estudiados, marcados por el multipartidismo y el dinamismo de varios gremios de profesionales.

16La primera interpretación es la que se lee hasta ahora en la historiografía, es un momento entre paréntesis y, por ende, que ocupa sólo unas frases o párrafos, casi sin darle mayor tratamiento, aparece a menudo, más o menos borrado en estudios que escogen una duración de, por lo menos, quince, treinta o más años. La brevedad de su tiempo parece borrar lo inédito y toda su potencialidad5”.

17A esta primera trampa muy peligrosa para el historiador debida a la corta duración, se agrega una segunda también muy común: la teleología. El conocimiento a posteriori del fracaso final del “movimiento democrático” de 1944 parece explicar la relativización de los acontecimientos por la historiografía de El Salvador.

18Esa primera tesis reduce estos meses de 1944 a un intento fracasado, a un brote sin futuro, borrando las consecuencias “posibles” que se desarrollaron a raíz de este periodo. En esta perspectiva, la idea principal que se atribuye a los gobiernos de Osmín Aguirre y de Castaneda Castro es solamente la del continuismo del gobierno del General Martínez. Pero, ¿Cómo articular continuismo político y derrocamiento sin regreso del General Martínez? ¿Sólo es una cuestión de rechazo a la persona de Martínez? Borrar o reducir 1944 a un simple momento sin futuro no permite responder a este cambio político.

19Entre 1944 y 1948, los debates que procedían de los años veinte6, tanto en el ejército como en la clase media urbana y en la burguesía, se multiplicaron y se expresaron abiertamente para cuestionar el modelo cafetalero “tradicional” y reflexionar sobre las ventajas de un proyecto de desarrollo diferente que se basaría en la industrialización del país y que sería capaz de dar más empleos a una población nacional creciente.

20De esta forma, se llega a la segunda tesis posible que busca articular la ruptura de 1944 con el continuismo político que siguió hasta diciembre de 1948. Si se considera 1944 como una ruptura y no como un paréntesis, se pueden interpretar, a nivel de economía política, los gobiernos de Osmín Aguirre y de Castaneda Castro, no solo como una continuidad sino como una última resistencia del modelo político y socio económico orientado hacia el monopolio de la caficultura, como un último esfuerzo por parte del grupo de los cafetaleros conservadores frente a propuestas que se sintetizaban bajo los términos de “modernización”, “democracia”, “participación ciudadana”, “industrialización”, “diversificación agrícola”, y otros.

Defensa periodística de un orden urbano limpio y fluido.

21La preocupación más visible de los periodistas de La Tribuna era “la modernidad” de la ciudad, cuando trataban las prácticas de ventas en los espacios públicos y en los mercados. Los análisis tanto cuantitativos como cualitativos, revelan esta idea. Independientemente de la época política del diario, ya fuera una postura democrática, crítica, pragmática u oficialista, la “modernidad” urbana era el horizonte anhelado por los periodistas de La Tribuna. En todos los períodos, el término “modernidad” se encontraba en primero o segundo lugar, después de “la higiene”, siempre asociado a la idea de modernidad.

22Durante la época crítica del diario, entre 71 recurrencias que aludían a la ideología y a los valores de los periodistas, 19 se referían a la “modernidad” y 21 a “la higiene”; en la época de Hugo Lindo, 33 recurrencias entre 72 se referirían a esta misma “modernidad”, mientras que se observaban 27 frecuencias sobre 41 durante la dirección de José Quetglas; y 12 sobre 26 durante el período del oficialismo. Las prácticas de ventas eran observadas a través de esta utopía urbana en marcha. Así se podía leer: el “mercado de carnes que tanto ha necesitado San Salvador como ciudad moderna7”.

23Para llegar a la realización de este sueño, la herramienta imprescindible en la mayoría de los artículos era “la higiene” y la política: “el higienismo”: Así, se leía el “Mercado de Carnes de esta capital, edificio que reunirá todas las condiciones de amplitud y de higiene que se ha hecho sentir como una necesidad para el mejoramiento sanitario capitalino8”.

24Para definir e identificar las expresiones básicas de la higiene y del higienismo en los discursos periodísticos y por la difícil accesibilidad de estudios centroamericanos sobre el tema, se han utilizado análisis europeos de tipo general. La síntesis y definición que es bastante clara sobre la higiene es la de la historiadora y filósofa de las Ciencias, Claire Salomon-Bayet, en su libro sobre Pasteur y la revolución pasteuriana: La higiene depende de una vieja, muy vieja historia: conservar la salud más que curar la enfermedad y constatar con Celse “optima medicina est non uti medicine. Las dos definiciones del siglo XVIII, que usa la misma autora complementan esa primera idea general: en La Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, la higiene era el uso de las cosas que sirven a la conservación de la salud mientras que Rousseau comentaba que la única parte útil de la medicina es la higiene; aunque la higiene sea menos ciencia que virtud. La templanza y el trabajo son las dos verdaderas medicinas del hombre: el trabajo aguza el apetito y la templanza lo impide abusar de ello9.

25El historiador de la medicina, Jacques Léonard va más allá de la definición de “higiene” y permite entender el vínculo entre “higiene” e “higienismo”. Escribe:

26sin ser una ciencia positiva, la higiene se presenta como un discurso sobre el bienestar material y psicológico. Esta “medicina política” para la salud pública es igual que la economía política para la prosperidad pública; y los dos están relacionadas; al conocer bien la desdicha biológica que produce la miseria, ciertos médicos se vuelven economistas, demógrafos, filósofos. Se puede llamar “higienismo” a ese espíritu ambicioso, que al poner la conservación de la vida y de la salud de las poblaciones, se aventura en todos los rumbos en nombre del bien público10. Lo que el mismo autor precisa más adelante: Intermediario entre saber y virtud, el humanismo (de los higienistas), a la vez utilitario y modelo, ocupa el terreno, seduce a los elites, provee una ideología de sustitución a los que las protestas sublimes ya no satisfacen11.

27Sin embargo, a la manera de Rousseau, los historiadores Lion Murard y Patrick Zilberman recuerdan lo indeterminado y lo vago de la higiene social: la disciplina (de la higiene social) flota, no fijada (…). En la confluencia de la medicina y de la sociología, la higiene solo se afirma como metodología de la acción administrativa gracias a una indeterminación epistemológica. Más, su eficiencia se nutre de su carácter vago (…). Economía sanitaria, Medicina sociológica o Sociología medical, “una medicina aplicada a las sociedades” siempre se mostrará idéntica en su cara colectiva así como en su finalidad operacional12 (…)”.

28A través de La Tribuna, las ventas estorbaban; los productos de las calles y de las plazas lucían peligrosos para la salud y de vez en cuando delictuosos. Las “manos sudorosas”, “sucias” y/o “contaminadas13” de las vendedoras de las calles preocupaban a los periodistas de La Tribuna; también los objetos ocupados para las ventas, como “en vasitos de cartón, cuyo interior no es acaso ensuciado por ellas o en cucuruchos de barquillo, que se comen a la par del contenido, sin desperdiciar uno solo de los gérmenes que pueden abrigar14”. La “revolución bacteriológica” o “pasteuriana” se veía en marcha en los años cuarenta: un periodista de La Tribuna tachaba a las ventas alimenticias de las calles, de “auténticas almacigues de bacterias mortíferas” y a las vendedoras de “mujeres acostumbradas a una venta descuidada y antihigiénica15. También, la “alerta microbiana”, argumenta para “renovar las prácticas de limpieza16”, era una idea permanente en los artículos de los periodistas. Más aún, en La Tribuna, las metáforas e imágenes sobre la higiene y los microbios abarcaban temas sociales y políticos. Lo que no era una excepción en aquella época17.

29Las propuestas del periódico y de la alcaldía, eran precisas y detalladas: utilizar pajilla para las bebidas, prohibir el papel para envolver las frutas, ocupar envases de plásticos, entre otras. Así, en una acta municipal de San Salvador de 1946, se puede leer este debate: el regidor Ticas presenta la siguiente moción, que “en otras partes del mundo hay personas que andan por las calles ofreciendo mercancías expuestas en cajas de material plástico, transparente, lo que bien podría permitirse aquí, pues pagarían impuestos y las vendiusias (sic) estarían en lugar aseado, higiénico, y a salvo de la contaminación18”; la municipalidad acordó, declararla sin lugar, “porque fomentaría las ventas ambulantes por las calles que es lo que se está tratando de suprimir19”.

30Este higienismo se estructuraba entre la ventilación, la nitidez de los suelos y la claridad, elementos que se veían en los principales países industriales desde el siglo XIX. En esta utopía en marcha, las ventas se consideraban como verrugas en el imaginario de los periodistas. Sin embargo, se reitera que de estas prácticas, lo rechazado eran los objetos urbanos producidos por las vendedoras, considerados como feos y ocupando demasiado espacio.

31Una gran parte de los comentarios periodísticos criticaba las prácticas de ventas afuera de los mercados, en los espacios públicos. Si bien este tema no era nuevo, la frecuencia de éste y de las críticas daban énfasis a un crecimiento de las tensiones entre las vendedoras y las autoridades puestas en escena por los periodistas.

32Sin embargo, se tiene que insistir en que las críticas de los periodistas se limitaban a la misma postura que las autoridades políticas, locales y centrales: había que limitar la extensión de las ventas – muy poco se hablaba de la densidad de estas – limitar pero no aniquilar o suprimir totalmente. La utopía del orden urbano moderno parecía ajustarse a una constante: la presencia de las ventas en las ciudades. Aún más, los artículos que cuestionaban la legitimidad de la labor de las vendedoras eran muy escasos. Solo eran visibilizadas, en ocasiones muy escasas, cuando eran criticadas. Esto lleva a concluir que las mujeres vendedoras eran consideradas como una presencia social “normal” – si, la normalidad era la invisibilización de un grupo popular entre otros grupos – en una ciudad cada vez más popular. Lo que deseaban los periodistas era que la práctica urbana tradicional de las ventas y la ocupación de un espacio, fuera “fluida” en el marco de un paisaje urbano simbólico. Esto era el blanco de los comentarios de los periodistas, que en la mayoría de casos justificaban las acciones de las autoridades.

33Esta preocupación por la fluidez en la ciudad, y por ende la aplicación estricta de la limitación del espacio ocupado por las ventas, se leía, por ejemplo, en numerosos artículos sobre San Salvador, como el siguiente: “El tramo de la Cuarta Calle Poniente que pasa frente a la Casa de los Juzgados y los mercados municipales, se mantiene materialmente congestionado de vendedoras y compradores. A tal grado que los automóviles que se aventuran por esa vía, tardan a veces hasta diez minutos en cruzar diez metros, eso sin descontar las posibilidades de serios percances.” Se proponían dos soluciones al problema, primero “desplegar a las vendedoras ambulantes hacia el callejón del Calvario y otros sitios adecuados, con esto el tránsito de peatones quedaría reducido casi solo a la gente que entra y sale de los mercados”. Segundo, “desviar el tránsito de automóviles hacia otras calles, siquiera entre siete de la mañana y cinco de la tarde20”.

34Excepcionalmente se lee una u otra crítica a la cultura de “las señoras del mercado21”. En estos casos, el lenguaje de estas mujeres era criticado como violento y ofensivo. Se percibe una crítica no tanto a las prácticas de ventas, sino a las mujeres vendedoras. Sin embargo, estas críticas de los periodistas, hombres, eran muy limitadas, quienes pertenecían a un grupo social de cultura letrada y con más recursos económicos.

35Cuando los periodistas trataban de aspectos muy peculiares de las vendedoras, por ejemplo, de su condición socio-económica, los comentarios se volvían positivos. Desvinculadas de sus prácticas, las mujeres vendedoras eran representadas de manera positiva, contradiciendo la crítica de una cultura “no civilizada” – en el sentido propuesto por Norberto Elias22 –. Como trabajadoras, que respaldaban a la economía familiar, las vendedoras eran representadas de manera positiva, conformando un grupo popular entre otros. En este sentido, no eran un “problema” urbano.

Actores sociales relacionados con las prácticas de ventas: una cuestión institucional desde La Tribuna_

36Las vendedoras de los mercados y de las calles, sobre todo en la ciudad de San Salvador y las formas de sus prácticas fueron evolucionando conforme se fue analizando la configuración de las relaciones de poder entre las vendedoras y otros actores. En La Tribuna casi sólo se destacaron los actores institucionales, sin duda los más visibles, probablemente por una mayor atención, por parte de los periodistas hacia las instituciones y los grupos más influyentes de la ciudad. Aparte de referencias a algunas compañías privadas que administraban ciertos mercados, se han observado muy pocas alusiones acerca de actuaciones de instituciones privadas y de individuos en relación con las prácticas de ventas.

37En las noticias que abarcaban a las vendedoras y las ventas, los periodistas se concentraban en las actuaciones no sólo de los representantes políticos y administrativos de la alcaldía, es decir, a nivel local, sino de las actuaciones a nivel nacional, de parte de la Dirección de Sanidad, de ciertos ministerios y hasta del Presidente de la República. Este apartado, primero, se propone identificar a los interlocutores de las vendedoras, visibilizados por los periodistas, que influían en las expresiones estructurales de las prácticas de estas mujeres: en la ubicación, en el espacio ocupado, en la arquitectura de los puestos, en la densidad de las ventas, en la presentación y la prohibición de ciertos productos. Obviamente, quedan invisibilizados los actores y las relaciones sociales que están fuera de las instituciones, que, de momento no es posible alcanzar a través de las fuentes escritas23.

Las prácticas de ventas: un asunto de la alcaldía. La importancia del mercado

38En el apartado titulado “ Pavimentar, drenar, ventilar ” del libro clásico, El perfume o el miasma: el olfato y lo imaginario social. Siglos XVIII y XIX, Alain Corbin escribe:

39La estrategia sanitaria que se estructura, no reviste ahora el carácter episódico de aquella que se desplegaba cuando hacía estragos la epidemia; pretende la permanencia, opera una síntesis, coordina sus decisiones dentro de una perspectiva edilicia. “El invento de la cuestión urbana”, el triunfo del concepto funcional de la “ciudad máquina”, incitan al “aseo topográfico”, inseparable del “aseo social” que manifiestan la limpieza de la calle y el arreglo de los sitios de relegación24.

40En las noticias sobre las ventas y las vendedoras en El Salvador, el actor más mencionado por los periodistas es una institución: la alcaldía. Cualquiera sea el periodo político de La Tribuna, esta institución como ente, sus representantes y funcionarios son los más citados. En el periodo de Pedro Geoffroy Rivas y sus sucesores, en un año y medio, fue mencionada 39 veces, en la época de Hugo Lindo, que duró 7 meses, 55 veces se hacía referencia a la alcaldía, en las época de acomodamiento – de un año y medio – y luego del oficialismo – de 4 meses –, se citó 26 y 23 veces respectivamente. Al tomar en cuenta la variación de las direcciones del diario, se observa un mayor interés por esta institución local por parte de los periodistas que escribieron en la época crítica de La Tribuna que en el resto de períodos. Se verá más adelante que esto puede ser entendido como un cambio de atención a favor de la actuación del poder central en detrimento del poder local, a partir de la época de José Quetglas hasta el oficialismo de Alberto Rivas Bonilla y de Francisco Espinoza.

41Cuatro campos de acción en torno a las ventas se relacionan con la alcaldía. Según el orden decreciente del número de frecuencias: la construcción o remodelación de un mercado, el control del espacio público, la atribución de los puestos de ventas y la recolección de la basura. De esta manera, se observa que se vuelven a encontrar los dos puntos en que se fijan los periodistas: tener una ciudad limpia y ordenada, es decir higienizar, y ordenar el tráfico.

42El mercado, era el símbolo de este orden tan deseado por los periodistas, independientemente de la orientación que tuviera la redacción del diario en cada período. Representaba “la obra de progreso” por excelencia en los años cuarenta. Cuando se anunciaba la creación de un mercado de manera muy común, el periodista agregaba al sustantivo “mercado”, el adjetivo “moderno”. De hecho, el mercado estaba contemplado como una panacea ante los dos males urbanos más señalados por los periodistas: la falta de ordenamiento de los espacios públicos – calles y aceras – y la falta de higiene. Respecto a la primera preocupación, el mercado se veía como un medio de ordenamiento del espacio ya que permitía quitar las ventas, que se consideraban como desorden en la ciudad, ante lo cual la solución era encerrarlas en un espacio preordenado. El mercado se volvía un elemento del ordenamiento urbano, un medio para mejorar el paisaje céntrico de valor bastante simbólico y para contribuir a una mejor fluidez de los flujos peatonales y de vehículos. Se recuerda que según Alain Corbin :

43Desde el descubrimiento de Harvey, el modelo de circulación sanguínea induce, dentro de una perspectiva organicista, el imperativo del movimiento del aire, del agua, de los productos mismos. (…) El reconocimiento de las funciones de la circulación, subraya Jean-Claude Perrot, guía la mutación de las representaciones urbanas25 (…).

44Respecto a la preocupación de la higiene, los periodistas consideraban que la construcción de un mercado, de un edificio según normas higiénicas “internacionales”, y administrado por una institución privada o pública permitía el control de la suciedad producida por las ventas, tarea que anteriormente correspondía a los vendedores, ahora considerados como incapaces de administrarla. En breve, el mercado era un medio para imponer un control espacial e higiénico generado por una institución, es decir, a partir de otro grupo social a los vendedores.

45Lo anterior refleja el traspaso de la utopía urbana, inalcanzable en aquella época, a un espacio más reducido, que tenía el tamaño ideal para establecer el orden social soñado: geométrico, limpio y, sobre todo, controlado desde el ámbito espacial, social e higiénico por un grupo social considerado como responsable de dichas funciones. Se necesitaban no sólo mercados, sino que estos estuvieran limpios, lejos de la descripción apocalíptica que hacía un periodista de La Prensa Gráfica, 10 años antes del inicio de La Tribuna: “Ruidos sordos y zumbidos misteriosos se oyen en el interior de los mercados. Cuando ya los puestos de ventas han quedado solos y las sombras de la noche los cubren por completo. Son los millares de ratones y de cucarachas que van saliendo de sus escondrijos para tomar por asalto los comestibles que se venderán al público al siguiente día26”.

46En el periodo de bonanza económica, sobre todo a finales del año 1946, la referencia a este modelo se multiplicaba claramente en las portadas del diario La Tribuna y sobre todo, en la sección de “_La Tribuna_ en el Interior del País”. Existe una larga lista acerca de la difusión de este elemento de la ciudad, necesario para la modernidad urbana y modelo-miniatura del nuevo orden urbano: en San Salvador, se dio seguimiento a la construcción del mercado de carnes hasta su finalización y al lanzamiento del proyecto del mercado de frutas de La Tiendona en el barrio Concepción; en Santa Tecla se inauguraba un rastro y se proyectaba la ampliación del antiguo; también, se seguía la construcción de un rastro en Soyapango para la aglomeración de San Salvador, de mercados en San Miguel, Berlin e Ilobasco, mientras se multiplicaban las solicitudes y peticiones de subsidios para construcción de mercados en La Unión, Jucuapa, Chalchuapa, Jayaque, Chalatenango, San Vicente, Izalco, Santa Ana (que también pedía la remodelación del mercado antiguo), Chinameca (para la construcción de la sección de carnes en el mercado municipal) y en Cojutepeque, para la ampliación del mercado.

47Esta importancia dada al mercado como una respuesta al problema de las ventas en los espacios públicos explica que las alcaldías, sus representantes y sus funcionarios tengan la mayor cantidad de frecuencias, independientemente de la dirección y la orientación del diario. A la alcaldía se le citaba casi siempre de manera favorable, cuando se trataba del financiamiento de la construcción de mercados, de la realización de obras, del mejoramiento de la administración de los mercados, en cuanto al espacio, a la higiene y a lo social. Tres elementos que se pueden leer a través de tres artículos: uno, la cuestión del flujo de vehículos en relación con las ventas en las calles: “amplios y modernos mercados (…) con los cuales se resolverá definitivamente el problema de las ventas ambulantes”; dos, la cuestión de la higiene: “Con tal subsidio se procederá dentro de poco a la construcción de ese mercado de carnes que tanta falta ha estado haciendo para el prestigio de San Salvador y que será por su higiene y por su limpieza inmaculada como una vajilla de porcelana china recién salida de los hornos. Allá las vendedoras de carne tendrán que ser aseadas, pero muy aseadas27.”; y para terminar la cuestión de la comodidad, con el proyecto municipal de construcción de un mercado se logrará “brindar a las locatarias seguridad y comodidad”.

48Este interés en el mercado era tan importante para las autoridades locales que se veía, en la época estudiada, el traslado de la administración de los mercados a la municipalidad. En el caso de San Salvador, se podía leer en las actas municipales de 1945: “El señor alcalde da cuenta con el oficio remitido por el señor Director General de Sanidad, Dr. Manuel Adriano Vilanova, quien (…) hace consideraciones sobre el estado de salubridad del edificio en que funciona el establecimiento llamado Mercado de la Compañía, presentando un aspecto muy feo, mal oliente y sucio, estimando que debería demolerse o incendiarse para suprimir de una vez por todas las anomalías que ofrece, y construir un edificio para mercados que llene las necesidades y exigencias de la sanidad moderna y como tiene noticia que la Compañía ha dejado de pagar o no paga puntualmente sus obligaciones a la municipalidad, cree oportuno que se den los pasos necesarios para que el mercado en referencia, pase al poder del gobierno municipal cuanto antes28, (…)”.

Las prácticas de ventas: el papel de la policía municipal

49Cuando se trata el tema de las ventas y de las vendedores, se encuentra a la policía municipal, como segundo actor que intervenía en estas prácticas, después del alcalde y de sus empleados. Excepto en el caso de la dirección de José Quetglas en que la policía municipal se mencionó solo 3 veces. En las noticias sobre las ventas y los vendedores de los mercados y de las calles en 20 meses, durante el periodo crítico de La Tribuna, se observa un promedio de aproximadamente una frecuencia por mes. Entre una ó dos veces al mes en la época iniciada por Hugo Lindo y en la época oficialista del diario. En síntesis, si la policía municipal era el segundo actor más mencionado en las noticias sobre las ventas y los vendedores, su presencia era limitada29.

50Los periodistas de La Tribuna mencionaban a la policía cuando se buscaba imponer el orden municipal, que requería una presencia policíaca en una parte del espacio urbano o el uso de la fuerza, ya sea para controlar o reprimir a los vendedores, mientras que la alcaldía –alcalde, administradores de mercados y/o representante de la delegación municipal de sanidad– se mencionaba sobre todo en los momentos de negociación. Así, los periodistas dibujaban una división de las funciones entre la alcaldía y la policía municipal, a pesar de que las acciones de ésta dependían de la alcaldía30.

51La primera función de la policía municipal, claramente, era el control del espacio urbano. La cita más expresiva sobre este tema se encontró en un artículo titulado “Sin resolver el problema de las vendedoras callejeras”, en el cual se leía: “Los señores agentes de la policía municipal que son los encargados de buscar un mejor ordenamiento de los puestos callejeros, tropiezan en su labor con una obstinada resistencia de parte de las vendedoras”. Así, el ordenamiento del espacio público se articulaba entre la política a largo plazo de construcción de mercados y la limitación espacial diaria de los objetos urbanos no deseados. Se insiste: en los años cuarenta, la policía municipal limitaba los objetos urbanos y las prácticas no deseados y a la vez buscaba reconquistar estos espacios, de hecho, considerados como perdidos por la alcaldía.

52Otra noticia sobre el centro de San Salvador escrita en el periodo oficialista del diario, es particularmente clara: “En la dirección municipal nos manifestaron que los señores agentes tienen órdenes estrictas de no molestar a las vendedoras, su tarea reside en hacerles ver la necesidad de no ampliarse demasiado, al grado de llegar hasta interrumpir el tránsito. Por otra parte, cada calle tiene un espacio para determinado número de vendedoras y cuando este ha sobrepasado no queda más remedio que desalojarlas.” A partir de éste comentario periodístico, se observa que el espacio se encuentra en la médula de la acción policíaca con las ventas y las vendedoras. El periodista plantea que la policía municipal mide su intervención en función de dos criterios: el respeto de un límite espacial de las ventas y una densidad límite de vendedoras por espacio supuestamente atribuido. Respecto a ese último punto, es interesante observar una noticia acerca de la lucha contra la densidad de las ventas, los periodistas no la justificaban por una cuestión sanitaria sino solamente por una cuestión espacial31. Esto no concuerda con la interpretación de Alain Corbin, cuando escribe:

53“A los lugares donde se hacinan los hombres converge la atención de los higienistas; éstos imponen la urgencia de una acción global que regule. (…) La tienda de campaña del soldado, el bajel, el hospital y la cárcel, se han vuelto los laboratorios donde se experimenta la desodorización futura del espacio privado32.

54Una vez más, en las prácticas de las vendedoras era el espacio ocupado el que se encontraba en el centro de la acción policíaca.

55La segunda función de la policía municipal era la que el título de una noticia, que trataba de la Tiendona, sintetizaba muy bien: “Sucio Lugar”; y el periodista precisaba en la nota: “hacían del conocimiento de la policía sobre este asunto33”. La higiene urbana, tan deseada por los periodistas, estaba a cargo de una institución poco especializada, la policía municipal, responsable de luchar contra “la suciedad”. Esta función se expresaba también por la responsabilidad de la policía municipal en contra de “lo adulterado”, de los productos peligrosos para la salud de los consumidores. Así, se leía en “la campaña de orden y salud pública” del alcalde de San Salvador, que se consideraba que “muchos son los accidentes dolorosos sufridos por las personas que se deslizan sobre la suciedad en plena calle; que muchos son los accidentes automovilísticos ocurridos a los peatones que obstaculizados por las vendedoras callejeras en sus tránsito por las aceras, caminan a media calle con perjuicio de su propia seguridad y de los motoristas (…) cuya habilidad varias veces de nada ha servido en el sobrevenimiento de un accidente originado por ese desorden que prevalece. Sin embargo, no se quiere atender la parte razonable y lógica de una campaña iniciada34 (…)”.

56Para terminar esta reflexión sobre la policía municipal y las ventas en los mercados y espacios públicos, es interesante observar que la seguridad de las personas solo ocupa un tercer lugar en las preocupaciones. Por ejemplo en relación a la seguridad de las vendedoras la única noticia que trata sobre esto se debe a una petición de ellas: “los pequeños negociantes piden ayuda” ya que “los mercados capitalinos siguen siendo refugios de locos y de numerosos muchachos vagos35”. En los años cuarenta, las ventas no parecen relacionadas a la peligrosidad, a la delincuencia. Si hay tensiones, conflictos entre la policía municipal y las vendedoras, el único delito era la cuestión de la ocupación del espacio. Este último punto será estudiado en el apartado siguiente que trata de las relaciones entre vendedoras y autoridades.

57La tercera y cuarta función de la alcaldía, más mencionadas por los periodistas de La Tribuna, eran la atribución de los puestos en los espacios públicos y la recolección de la basura, funciones relacionadas con las presentadas anteriormente. Se vuelve a encontrar la doble función tanto de la alcaldía como de la policía municipal, como defensores de un orden espacial e higiénico, último elemento que analizó de manera magistral Alain Corbin a través de su tesis sobre “la purificación del espacio público” y “las estrategias de la desodorización36”.

58Para terminar con las intervenciones de la alcaldía en las prácticas de ventas en los mercados y en las calles, hay que mencionar más precisamente a los actores de la administración directamente en contacto con las vendedoras: los cobradores de las rentas y los administradores en los mercados. En varias noticias, los conflictos se generaban entre vendedoras y cobradores o a veces con el administrador del mercado.

59Así, sobre las relaciones conflictivas en el mercado de Santa Ana, se podía leer en La Tribuna, durante la dirección de Pedro Geoffroy Rivas: “Desde que el mercado es mercado, hace unos 57 años aproximadamente y se introdujeron en el establecimiento aquellos personajes siniestros que se llaman cobradores, verdaderos verdugos de la pobre gente que allí se gana la vida y que buenas rentas deja al municipio con su trabajo, se han venido derramando lágrimas de parte de esas laboriosas personas que de una y de otra forma contribuyen a enriquecer la vida y a sostener nuestros organismos. Indudablemente estos individuos pertenecen a los rangos superiores de la sociedad, a los insustituibles o a los necesarios puestos que se vienen desoyendo los clamores del público que ahí trabaja y que da, no quita por mantenerlos en sus puestos. Hoy son los señores matarifes los que se quejan de un señor cobrador del departamento de carnes, y ayer fueron las campesinas con los cobradores de canastos y siempre y a menudo aquella gente suplica, se queja y de repente llora mientras los señores cobradores pasean su omnipotencia por amplio mercado, riéndose de tanto prójimo que vive pegado al trabajo para que ellos se mantengan en una especie de holganza (...) Preguntamos: vale más un empleado secundario que tantas personas que se quejan y ayudan al municipio37 ?”

60Crítica contra los cobradores que se podía leer también en las actas municipales de San Salvador: “El regidor don Carlos Grijalva informa que se constituyó en el Mercado Municipal nº 2, con el fin de enterarse de la buena marcha de aquel establecimiento, y que de las informaciones seguidas se dio cuenta del mal servicio que prestan los cobradores, pues una de las locatarias le declaró que había pagado 10 días de atraso de sus cuotas diarias y que no le habían entregado todos los tiquetes correspondientes, por lo que hizo en el momento observaciones a uno de los cobradores; pero que en realidad, estima que el responsable por no tener bien organizado el servicio de dicho mercado es el Jefe del Departamento, por lo cual pide que se le cancele el nombramiento; y la municipalidad, tomando en cuenta las razones que expone el regidor Grijalva, acuerda: de conformidad, facultándose al señor alcalde para que nombre al sustituto38.”

61La postura crítica de La Tribuna en sus inicios permite discernir el nivel de conflictividad entre los empleados de los mercados y las vendedoras, por razones fiscales y también por los abusos de ciertos empleados que las vendedoras denunciaban. Se leía también en las actas municipales de aquella época el papel fiscal que tenía la alcaldía, por ejemplo, en un acta de 1944: “El señor alcalde da cuenta con el auto (sic) del Ministerio de Gobernación con relación a lo solicitado ante el señor Presidente de la República por varias personas que se dedican a la venta de frutas en los portales que quedan frente a los mercados municipales y plaza “Siete de Julio” de esta capital, contraída a que se les permita continuar exponiendo sus ventas en los puestos que actualmente ocupan en los lugares mencionados, aduciendo en su apoyo, razones que a ellas les parecen justas; y la municipalidad acuerda: de conformidad, por de pronto, debiendo desocupar esos puestos las peticionarias el día 25 de los corrientes, por estar ya comprometidos con otras personas para la temporada de las fiestas agostinas39.”

La cuestión de las ventas de los espacios públicos y de los mercados: un asunto nacional

62Limitar las instituciones involucradas en la cuestión de las ventas urbanas, a la alcaldía y a la policía municipal, sería ocultar otras instituciones políticas de mayor jerarquía con las cuales las vendedoras supieron maniobrar. De hecho, si bien el poder municipal era el que intentaba organizar la funcionalidad urbana o por lo menos el paisaje simbólico del centro de la ciudad, tenía siempre que buscar el respaldo financiero del Estado para la edificación de los mercados necesarios para el ordenamiento espacial e higiénico de la ciudad. Así, se lee: “San Miguel erige un nuevo mercado. El gobierno le concede un subsidio de 100,000 colones (…) por no ser suficiente ya el que tiene en servicio (…) ya no es suficiente para dar cabida a las numerosas vendedoras, las cuales se sitúan en las calles, con perjuicio del libre tránsito (…) obra en construcción, que será de gran utilidad para la vida de aquella metrópoli40 ”.

63Al saber que la mayoría de las noticias que se han estudiado representan a la ciudad capital, se deduce que la presencia del gobernador departamental, del gobierno y hasta del Presidente de la República se mencionaba aún más en el diario capitalino. De esta manera, se tienen 35 referencias al gobierno y al presidente de la República. Así, se observaban 6, 11, 11 y 7 referencias por periodo. En el último periodo que duró cuatro meses, se mencionó 7 veces al presidente Castaneda Castro, mientras que se sólo se mencionó 6 veces en el primer año y medio del periodo crítico del diario.

64Desde este punto de vista, se ha observado que la orientación política de La Tribuna tuvo un papel importante en el aumento de las referencias al poder central, en la medida en que el periódico fue adoptando una postura de consenso y luego de oficialismo con el general Castaneda Castro. Se considera que se puede relacionar el aumento de las referencias al presidente a partir de la política de José Quetglas en la dirección del diario, mientras que durante la época de Pedro Geoffroy Rivas y sus sucesores críticos e inclusive Hugo Lindo, los poderes locales se mencionaban más y el poder central menos.

65Dos ministerios se mencionaban en las noticias de La Tribuna: el Ministerio de Gobernación y el de Fomento. Se relacionaban ante todo con la construcción y la administración de mercados que, como ya se vio, eran la clave urbanística para limitar la extensión de las ventas en los espacios urbanos. Así, por la destrucción del mercado de carnes de San Salvador, decidida por el alcalde por motivo de la construcción de uno nuevo, se leía: “Vendedoras del mercado están muy preocupadas: Y ayer se presentaron al ministerio para exponer su punto de vista41”. En otra noticia, “Locatarias del Mercado aclaran una petición, no han pagado tarifa que les cobra la compañía por ser considerada ilegal, las entrevistó el Ministro de Interior42 (…)”.

66Las vendedoras de las calles y de los mercados, conocían el papel desempeñado por estas dos instituciones. Estos contactos que no se pueden caracterizar como excepcionales, muestran tres ideas. Primero, el ordenamiento urbano no era sólo asunto del poder local, sino del poder central. Segundo, el plan de “modernización urbana”, que pasaba por la edificación de mercados, no sólo se lanzaba desde las alcaldías, sino que hacía parte de la política a nivel nacional. Tercero, la accesibilidad a estos ministerios – hasta de los ministros – por un grupo informal de mujeres muestra una relativización de la institucionalización de las relaciones sociales en El Salvador de los años cuarenta.

67En varias noticias se lee que las vendedoras iban a “quejarse” con los ministros y hasta con el presidente de la República. Se verá, más adelante, las vendedoras más que una relación institucional, habían logrado una de vecindad, de cercanía, con la esfera más alta del poder político central. El título de un artículo lo expresaba claramente: “El termómetro del asunto municipal. Locatarias al antiguo cuartel. El presidente promete lo contrario43” .

68Se puede interpretar la presencia del gobierno y hasta de su más alto representante, el presidente, por dos razones: primero, el papel institucional del gobierno central en el financiamiento de los proyectos de construcción de los mercados, también en el caso específico de San Salvador se puede entender por la preocupación del gobierno por el respeto al orden público en la ciudad capital; segundo, la ubicación del palacio nacional en el centro de San Salvador y la de la casa presidencial en las cercanías del centro. Se quiere insistir en esta informalidad, esta no institucionalización de las relaciones entre el poder político nacional y grupos de mujeres que nunca eran representadas como organizadas, ni en asociaciones, ni en gremios.

69Se termina esta identificación de los actores relacionados con las vendedoras de las calles y de los mercados, con una última institución: la llamada “Dirección General de Sanidad” muy a menudo asociada al “Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública”. Otra vez, se observa que no se mencionaba a un grupo social o de otro tipo, sino a una institución.

70Se considera que esta dirección era una institución de escala nacional y no de escala municipal y departamental, que también existían. Se deduce por dos razones: primero, el hecho de que cuando se mencionó una vez esta misma dirección a escala municipal, los periodistas hicieron la precisión; segundo, porque, como ha sido señalado en el párrafo anterior, siempre los periodistas asociaban a la “Dirección General de Sanidad”, al “Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública”, que era una institución que trabajaba con la Dirección Nacional Sanidad. A diferencia de la alcaldía y la policía municipal, esta institución era la única especializada en el tema de la higiene, función que los periodistas asumían como tal, cuando se escribía: “La Dirección General de Sanidad ha guardado ciertas medidas preventivas que los vendedores deben guardar, pero lamentablemente ellos las han olvidado, con gran perjuicio de la salud del pueblo que es quien a la larga, paga las consecuencias en carne propia”, ya que la Delegación General de Sanidad observaba que los “vendedores de sorbetes que ambulan por las calles de esta ciudad no guardan las debidas medidas de higiene que son garantías para la salud pública44 ”. En el título de un artículo en el cual se mencionaba esa institución, la higiene de tipo social se notaba: “Más aseo hay en las calles: Persiguen a vendedoras ambulantes45 ”.

71
Los silencios, en este caso manifestado en los autores ausentes de las representaciones, conllevan a muchas ideas e interpretaciones respecto a lo que los periodistas no consideraban “interesante”, se observa que las relaciones entre las vendedoras y sus proveedores no fueron mencionadas, excepto cuando se trataba de contrabando, como por ejemplo en una noticia sobre Santa Ana: “las autoridades deben iniciar una investigación para localizar los destazaderos clandestinos los cuales se suponen ubicados en algún cantón vecino a esta ciudad46 ”. De igual manera, muy pocas veces, los periodistas relacionaban a vendedoras y comerciantes que tenían almacenes en el centro de San Salvador o de las ciudades y pueblos “en el interior del país ”.

72En el primer periodo crítico de La Tribuna, sólo se leyó una noticia que aludía a la expresión y movilización de comerciantes formales ubicados en las calles adyacentes al mercado central y que reaccionaban frente al traslado supuestamente temporal, de las locatarias, a las calles de los alrededores, por reparaciones del mercado: “Por una disposición municipal. Como ya saben nuestros lectores, se ha creado un nuevo y molesto problema a raíz de haber salido del mercado las locatarias, para quienes a falta de una previsión práctica se instaló en las calles adyacentes. Todo muy bien, fuera de los verdaderos motines que allá se ven a diario, hay la protesta de los comerciantes que tienen pequeños expendios y que hoy se consideran bloqueados47 .” Esta noticia aislada recuerda que si la identidad de los comerciantes de tiendas céntricas se construía diferenciándose de las vendedoras de las calles y de los mercados, esa diferenciación era poco visible no sólo bajo la pluma de los periodistas de La Tribuna sino también bajo la de los dueños o representantes de casas de comercio que estaban establecidos en el centro de la capital y que escribían en los boletines de la Cámara de Comercio de El Salvador de aquella época, durante la cual no se leyó ningún artículo sobre el objeto de estudio48.

73De igual manera, en La Tribuna se habla muy poco de las relaciones entre los residentes del centro y las vendedoras de las calles. Una noticia como esta que relaciona ventas y viviendas es muy escasa: “Se celebra desde el viernes la fiesta de El Calvario, cuyo templo queda en las inmediaciones. Otros años, a cada puerta se le dejó la entrada respectiva. Hoy no. Frente a cada pieza fue colocado un fogón. Y el humo y el calor están sometiendo a suplicio a los pobres moradores49.”

74Respecto al enfoque periodístico, estos dos últimos elementos se pueden interpretar como una confirmación más, de que la economía y el comercio en los mercados y en las calles no llamaban la atención de los periodistas, sino la realización de la modernización de la ciudad.

La estrategia de resistencia de las vendedoras frente al orden social e higiénico urbano

75La escenificación producida por los periodistas a través de La Tribuna ha permitido enterarse que las prácticas de ventas en los espacios públicos y en los mercados eran asunto de las instituciones. De manera muy escasa, se mencionó a otros actores fuera de las instituciones. También se ha observado que no eran las mujeres vendedoras mayoritarias que interesaban a los periodistas, sino las prácticas de ventas en la ciudad, que consumían mucho espacio céntrico. Se presentaban las prácticas de ventas –no a las mujeres– como una mancha de arcaísmo en un proceso de modernización urbana en marcha50.

76Estas mujeres, en parte ocultadas por sus prácticas en las representaciones periodísticas y en los informes gubernamentales, sin embargo no se quedaron inmóviles y pasivas en el marco del proceso de modernización planificado por la alcaldía y el gobierno. Primero, porque sus prácticas de ventas en los espacios públicos y en los mercados no solo eran una estrategia comercial entre otras, sino la única, y más aún, no sólo una estrategia comercial, sino de subsistencia en una precariedad general, a nivel laboral, familiar y residencial, tanto para la mujer vendedora como para gran mayoría de la sociedad. Segundo, aunque las mujeres vendedoras no se oponían al proceso de modernización urbano impulsado desde los años veinte, dos elementos de sus prácticas eran el blanco de las críticas de las instituciones, ampliados por la prensa: la ocupación del espacio y la salubridad de los productos.

77Por sus prácticas, las vendedoras se encontraban en la lista de los problemas que los ediles y el gobierno del general Castaneda Castro se proponían solventar. En este apartado, se quiere presentar las respuestas colectivas que las vendedoras impulsaron en el marco de esa modernización urbana que se estaba llevando a cabo por las políticas locales y nacionales. Es decir, se propone identificar, a través de un periódico que apoyaba la modernización urbana, y por ende que cuestionaba las prácticas de las vendedoras en los espacios públicos, las estrategias de defensa de estas prácticas, ya fueran en los mercados o en otros espacios, única salvación para seguir practicando las ventas. Era una cuestión política.

Defensa de las prácticas de ventas de cara a las presiones de las autoridades políticas: obstinada resistencia de parte de las vendedoras

78Ventas tiradas, productos decomisados, mujeres multadas, asignadas a ciertos lugares; en peor de los casos, encarceladas por no acatar las ordenes de la policía municipal51, sin contar los abusos cometidos por los agentes de las autoridades y el primero de ellos, el cobrador52, en La Tribuna, los ejemplos eran numerosos en cuanto a la frecuencia y la violencia de las acciones de la policía municipal en contra de las vendedoras de las calles y de los mercados.

79A primera vista, el poder de las mujeres vendedoras, mayoritarias en los espacios céntricos de ventas, era muy limitado para influir y contrarrestar las coacciones públicas. De hecho, los periodistas presentaban a estas mujeres en una situación de reacción inmediata por lo que ellas consideraban como “atropellos”, “abusos” y/o “agresiones”. En ninguna noticia, entre 368 identificadas, los periodistas presentaron planes a mediano y largo plazo, propuestos por las mujeres vendedoras. Obviamente, el marco dictatorial y represivo de la mayoría del periodo de estudio, la escritura cada vez menos libre de los periodistas, al igual que su falta de interés por las preocupaciones de estas mujeres de “la clase pobre” –como escribió un periodista–, ocultaban la “utopía” comercial y urbana de las mujeres.

80Por la escritura periodística, las reacciones de las mujeres vendedoras parecían no poder superar una reacción epidérmica, inmediata, puntual y a lo mucho con un seguimiento visible en dos o tres noticias. Las lógicas a mediano y largo plazo – de ocupación del espacio, de solidaridades familiares o de compadrazgo entre vendedoras, de estrategia comercial más allá del lugar de distribución de los productos – eran invisibles. Lo que la antropóloga Olivia Domínguez ha podido observar para el caso de México53: las formas de movilización de las vendedoras y el liderazgo en los movimientos de vendedoras hoy en día, no se leía en el periódico entre 1944 y 1948 y todavía muy poco y de manera muy partidaria en la actualidad, para el caso de El Salvador.

81A pesar del poder de las autoridades políticas, de la escasez de los elementos sobre este tema socio-político y de miradas periodísticas que acumulaban prejuicios sociales y de género, agudizados por el sueño modernizador, este estudio no se puede conformar con una explicación simplista: las autoridades políticas masculinas dominaban a mujeres vendedoras, sometidas por ser mujeres pobres. Ello es posible clarificarlo desde la “micro-física” del poder ya definida por Michel Foucault.

82Si las relaciones eran indudablemente asimétricas entre las mujeres vendedoras y los hombres que representaban las instituciones decididas a actuar sobre las prácticas de ventas en los espacios públicos y en los mercados – el cobrador, el inspector de víveres, el policía, el administrador del mercado, el alcalde, el ministro y el presidente –, la gran mayoría de las representaciones periodísticas no presentaban a mujeres sometidas y obedientes. Al contrario, como lo escribía el alcalde de San Salvador, diez años antes del periodo de estudio: “En otros lugares pueda que suceda todo lo contrario. Nuestras vendedoras de víveres y chucherías no son, por cierto, unas mansas corderas que se dejen llevar fácilmente a donde queramos que vayan. Están dominadas por la fuerza de la costumbre y a ella se someten en los casos en que lo que se proyecta hacer a favor del ornato y de la comodidad pública, las favorezca a ellas especialmente. Hay precedentes que hablan con demasiada elocuencia para que todavía intentáramos llamarnos a nuevos engaños54.”

83Como lo analiza la antropóloga Olivia Domínguez cuando estudia al caso de las vendedoras del centro de México, la defensa del espacio de venta, así como la protección de los bienes vendidos eran las dos prioridades de las vendedoras entre 1944 y 1948, en El Salvador. Si La Tribuna no permite identificar las tensiones y/o las solidaridades entre vendedoras, si bien los periodistas sólo prestan atención en la diferencia de espacios –entre calles y mercados– y a veces identificaban recelos entre las locatarias del mercado y las vendedoras de las calles, a pesar de la superficialidad de las miradas, se identifican reacciones individuales y colectivas de cara a acciones exteriores a las vendedoras.
Frente al tráfico cada vez más numeroso en la capital y más peligroso para las vendedoras ubicadas en las banquetas de las aceras y vendiendo hacia la calle, frente al higienismo y sobre todo a una lucha por el espacio cada vez más represiva de parte de las autoridades, durante toda la época estudiada, no se vio un momento total de la dominación de las autoridades y de la sumisión de las vendedoras, sino una dominación incompleta, negociada, discutida y de lucha por el espacio y los productos, ¿Sumisión pero de quién? ¿Cuándo? Sí, las vendedoras reconocían a las administraciones pero no más allá de la defensa de sus prácticas, necesarias para vivir.

Diversas tácticas de defensa

84Se observa una capacidad de movilización, de expresión, un conocimiento de los actores políticos y una organización de las acciones por una parte de las vendedoras que interferían con los actores políticos que querían influir en las prácticas de ventas. Aunque los periodistas de La Tribuna no permiten distinguir de manera precisa a las vendedoras que se movilizaban, el perfil social de ellas, en comparación con las que no lo hacían – por ejemplo, si eran urbanas o campesinas, si se solidarizaban por motivo del espacio, el tipo de comercio… – se han identificado varias tácticas de defensa sobre todo del espacio, que era el elemento de la práctica más disputado.

85Si se observan los cuatro periodos, claramente se distingue una ruptura entre los dos primeros y los dos últimos. Los periodos iniciados por Pedro Geoffroy Rivas y Hugo Lindo, entre 1944 y 1947, presentaban varias movilizaciones de vendedoras, mientras que los períodos de José Quetglas y del oficialismo no dedicaban espacio a este tipo de tema. Esta diferenciación permite considerar el periodo iniciado por Hugo Lindo no como un periodo de ruptura sino de transición, cuando todavía se presentaban dinámicas sociales que podían contradecir los discursos de las autoridades políticas.

Las movilizaciones de las vendedoras contra las presiones de la alcaldía: Cuando nos van a dejar en paz

86Ya ha sido presentado varias veces: las violencias y las vejaciones ejercidas por la policía municipal en nombre de la alcaldía eran cotidianas. Más que la higiene tan defendida en los discursos institucionales y periodísticos, el espacio era la motivación principal de estas agresiones. Frente a las prohibiciones de las prácticas de ventas en ciertos espacios, a los productos decomisados y al cobro de rentas por el uso del espacio, las vendedoras no fueron pasivas.

87El primer elemento visible de la reacción de las vendedoras era la capacidad colectiva de movilizarse para visitar alguna autoridad. El mejor ejemplo de este tipo esta dado por una serie de noticias que aparecen con motivo de varias movilizaciones de las locatarias del Mercado nº 2 en San Salvador, debido al cierre de éste para realizar obras de albañilería, entre abril y julio de 1946. Este ejemplo es muy interesante, ya que los periodistas proporcionaban estimaciones acerca de la cantidad de las vendedoras movilizadas. Así, el 3 de abril de 1946, “más de 200 locatarias del Mercado Municipal nº 2 se han dirigido al Alcalde Municipal, en el sentido de que al actual inspector del Mercado Municipal nº 2 don Salvador Payés, no le sea aceptada la renuncia que a raíz de los últimos sucesos presentó a consideración del Consejo Municipal”. El 13 de abril, eran 500 las vendedoras de carne que “invadieron el local de la Alcaldía Municipal”. El 6 de abril, “un grupo numeroso de señoras han elevado protesta enérgica a causa de que anteayer fue cerrado aquel establecimiento (Mercado Municipal nº 2), causándoles muchos prejuicios55 ”. El 24 de mayo, eran 600 las locatarias del Mercado nº 2, que “desfilaron por las principales calles de San Salvador para protestar” por el cierre del mercado y la falta de realojamiento por parte de la alcaldía. Hay que esperar el 4 de junio, dos meses después de iniciado el conflicto, para ver a las locatarias “contentas”, hasta el punto de enviar “un voto de agradecimiento56 ”.

88Con este ejemplo, se observa no sólo lo numeroso de la movilización, sino también la duración del movimiento que se extendió casi dos meses, iniciado con el cierre del mercado y terminado con la apertura de un “mercado provisional”, ubicado en el ex cuartel de infantería. Frente a la decisión de cierre del Mercado nº 2 y sin realojamiento en un mercado durante dos meses, se observaron a través de las noticias, diferentes estrategias de resistencia de parte de las vendedoras, a pesar que tenían que conformarse con vender en las calles adyacentes al mercado. Al inicio de este problema para las vendedoras, el periodista comentaba: “El problema de las locatarias que sufre la intemperie del sol en plena calle aún permanece sin solución y todo hace advertir que las autoridades municipales les han vuelto la espalda57 ”.

89La primera etapa de la estrategia consistió en negociar con el alcalde. Las vendedoras del Mercado nº 2 fueron a expresar su rechazo por el cierre repentino del mercado y a proponer una solución de realojamiento al alcalde: “aprovechan esta oportunidad para sugerir a las autoridades que por lo menos se les permita refugiarse aunque sea en los corredores de la casa de los juzgados58 ”. Seis días más tarde, el 12 de abril, se podía leer “ayer (...) cerca de 500 vendedoras de carne invadieron el local de la Alcaldía Municipal, con el objeto de manifestarle al señor Alcalde, general Avendaño, que ellas en manera alguna están dispuestas a ocupar el local que dejará el primer Regimiento de Infantería59 ”. El alcalde no había aceptado la propuesta de la casa de juzgados y hacía visitar el ex cuartel de infantería a un grupo de vendedoras60. Se observa y recalca el tipo de relación conflictiva y no institucionalizada del encuentro de las vendedoras con el alcalde, por la “invasión” de la alcaldía por parte de ellas.
Frente a la propuesta del alcalde, es interesante leer detenidamente los comentarios del periodista que aludían a las reacciones de las vendedoras. Primero, excepcionalmente, el periodista identificó a una mujer vendedora, la señora Mazini que expuso las decisiones del grupo: “Y según nos manifestara la señora Mazini, están dispuestas a hacer un “competo61” para que allí (en el ex cuartel de infantería) se alojen las que alegan que están desamparadas”. Muy probablemente, estamos en presencia de una porta voz, quizá una lideresa del movimiento. Segundo, esta estrategia organizativa era flexible y bastante abierta, ya que aceptaba una posible división del grupo de vendedoras62. Tercero, es interesante observar que, en éste caso, los argumentos de las vendedoras eran de tipo económico y jurídico: el traslado al cuartel las llevaba a un lugar con poco tránsito de personas, entonces poco comercial y que, además, no respetaba la “ley de inquilinato” que, según la Sra. Mazini, amparaba a los puestos en los mercados63.

90Frente a la negación del alcalde, ciertas vendedoras decidieron cerrar sus puestos de carnicería64, pero sólo por un día, con esto se puede deducir la debilidad de los recursos de las vendedoras para presionar a la autoridad municipal. Así, por ejemplo, una estrategia como el paro no aparece mencionada en los días siguientes por los periodistas.

91Esta conflictividad en las relaciones entre alcaldía y vendedoras era generalizada. El carácter no negociado de las decisiones de la alcaldía provocaba siempre una reacción de las vendedoras, que quizá el alcalde consideraba insignificante pero que para nada se podían calificar de “sumisión” de parte de ellas. Hay que leer los comentarios de las vendedoras que, muy de vez en cuando, los periodistas reportaban en el diario. Cuando la alcaldía cortó la luz en el mercado de cocinas, ubicado en el Mercado Central de San Salvador, la reacción registrada por el periodista fue: “Las locatarias del mercado de cocinas han puesto el grito en el cielo. (…) No saben las locatarias porque razón la alcaldía les ha suspendido el servicio de luz, pero ellas aseguran que pagan sus impuestos puntualmente. También se quejan de que la escoba de los barrenderos municipales hace tiempo que no presenta su cara en el mercado de cocinas65.” Todavía en la época de la dirección de Hugo Lindo, se podía leer la capacidad de expresión de las vendedoras y su táctica de negociación con la alcaldía.

92La argumentación era sencilla y eficaz: ellas cumplen, y si no cumplen; en realidad, la alcaldía tampoco, ya que no da los servicios requeridos. Así que el corte de luz, como represalias de parte de la alcaldía, no tiene sentido por el hecho de que no tiene moral para hacerlo. Esa argumentación permite observar que las vendedoras consideraban a la alcaldía como una administración que le debía servicios y no como un poder de tipo político.

En la búsqueda de contrapoderes

93Cuando la negociación con la alcaldía no resultaba, las vendedoras no se conformaban con este único diálogo. Buscaban contrapoderes al alcalde y entablaban negociaciones con los poderes políticos más altos del país.

Ir a la sede de La Tribuna: la mediatización del desacuerdo

94“Ayer ya para cerrar la presente edición estuvo un nutrido grupo de señoras locatarias de los cuatro mercados municipales para manifestarnos su absoluto desacuerdo con la disposición del Jefe de la Comuna de retirar de su cargo al profesor Peña Martínez, administrador General de Mercados Municipales66.” “En la primera página de LA TRIBUNA de ayer, aparece la queja de algunas señoras del Mercado Municipal No. 2, por estar siendo éste desentejado67”; “Con motivo de un comerciante en pequeño que fue capturado sin causa justificada por un agente de la policía municipal”, el comerciante se queja de este agente en el periódico68. Varios ejemplos, entre 1944 y 1946, de Pedro Geoffroy Rivas hasta Hugo Lindo, señalan que para las vendedoras de los mercados y de las calles, dirigirse a la prensa, en este caso a La Tribuna, hacía parte de la estrategia de resistencia de ellas, primero, contra las presiones sobre el espacio, segundo, contra los abusos de los agentes de la policía municipal o de los cobradores en los mercados.

95De esta manera, el “ir a denunciar al periódico”, era la primera etapa en el proceso de discusión con la alcaldía, con el objetivo de mediatizar el objeto de desacuerdo por parte de las vendedoras. La argumentación se basaba en la denuncia de violencias, abusos y falta de racionalidad o de justicia de parte de la alcaldía o de algún empleado de la institución. Por medio del periódico, las vendedoras llamaban la atención de los lectores y sobre todo ampliaban la difusión del problema. La segunda etapa era la movilización en contra de la alcaldía. En caso de no haber solución, el problema era llevado al nivel del poder central, tercera etapa de su estrategia.

96Hay que señalar que en el primer periodo de La Tribuna, el de Pedro Geoffroy Rivas y de sus sucesores “romeristas”, defensores del espíritu de abril de 1944, se observa la confianza que tenían las vendedoras en el uso de éste diario para defenderse contra presiones municipales. De hecho, a pesar de una utopía compartida por una “ciudad moderna, limpia y ordenada” con los periodistas de las épocas siguientes, fue el único periodo del diario en el que se leyó una oposición de fondo a la estrategia de higienización de la alcaldía, denunciando las faltas de ésta: la construcción de mercados y la colocación de basureros en la ciudad. En breve, el artículo publicado durante la época de la dirección de Pedro Geoffroy Rivas, decía “sí”, a la modernidad, sostenida por la alcaldía, pero, a la vez, se negaba a apoyar la estrategia represiva de la institución sin contraparte urbanística, es decir sin ninguna inversión municipal68. Esa defensa de las vendedoras frente a la alcaldía por parte de La Tribuna puede explicar el uso de este periódico por esas mujeres hasta el periodo de José Quetglas, en junio de 1947.

97De la misma manera, esa confianza de las vendedoras en La Tribuna podía ser de tipo político durante la época todavía democrática, en la cual dirigía Pedro Geoffroy Rivas, en agosto de 1944. Así, el diario defensor de Arturo Romero presentó que un administrador del Mercado Central, “pasando la libertad” de las vendedoras había ordenado “que quitara de los puestos de aquellas laboriosas mujeres los adornos de papel rojo y blanco con que se distingue el partido romerista, adornos que habían sido colocados con motivo de una visita del candidato al establecimiento”. Ellas protestaron y él fue despedido69.

98Llamar al Presidente de la República o a uno de sus ministros

99En una primera interpretación, se pensaba que solo las vendedoras de la capital acudían a los poderes centrales, por una accesibilidad privilegiada al Palacio Nacional y a la Casa Presidencial. El viaje de las vendedoras migueleñas a la Casa Presidencial para arreglar su desacuerdo con el alcalde70 obligó a este estudio, a matizar dicha interpretación y a considerar el llamado al Presidente de la República y a sus ministros como parte de un proceso de negociación generalizado para contrarrestar decisiones municipales y no solo como una costumbre capitalina debida a una relación de vecindad.

100Las vendedoras de los mercados y de los espacios públicos llamaban al ministro del interior o al presidente por algún desacuerdo con la alcaldía, debido: primero, a la actitud de la policía municipal, segundo, a una decisión administrativa que afectaba la vida en los mercados o en las calles, tercero, por una cuestión fiscal.

101Si se retoma el caso del cierre del Mercado nº 2 de San Salvador, que obligó a más de 380 vendedoras a establecerse durante dos meses en las calles vecinas del mercado, estas mujeres fueron a exponer su desacuerdo con el alcalde, ante el Presidente de la República, después que habían negociado sin éxito con la alcaldía y que habían denunciado en la prensa un desalojamiento sin realojamiento.

102Las vendedoras de los mercados capitalinos también dirigían sus denuncias sobre las decisiones municipales al ministro de interior, por razones administrativas: “Las vendedoras estuvieron ayer en el despacho del Ministro de Interior a efecto que interponga su valiosa influencia a favor del citado Administrador General de Mercados71”. Lo que provoca que “el Presidente de la República ha manifestado al Jefe de la Comuna la conveniencia de que dicho Administrador General continúe” y resulta que “las vendedoras queremos hacer público nuestro agradecimiento a las autoridades superiores que nos dan su apoyo moral en nuestra inconformidad72”. En este caso, la estrategia de utilizar el poder ejecutivo a nivel nacional, como contrapoder frente a la alcaldía, fue útil a las vendedoras para arreglar un desacuerdo administrativo.

103Hay que subrayar que esta práctica de llamar al ministro de interior y al presidente no era solo de las vendedoras de los mercados, sino que era también de las vendedoras de las calles. Sin embargo, a diferencia de las movilizaciones, a veces largas, de las vendedoras de los mercados, las vendedoras de las calles no se movilizaban por estar fuera de los mercados y sus movilizaciones eran muy puntuales, ya sea, debido a una expulsión o a la prohibición del uso de un espacio.

104Al igual que para las vendedoras de los mercados, las vendedoras de las calles eran más visibles durante el periodo de Pedro Geoffroy Rivas y de sus seguidores. En los tres casos, las vendedoras llamaban al ministro del interior para “quejarse” y “protestar” por la política municipal de lucha contra “las ventas callejeras”. El 15 de septiembre de 1944, en la época de Pedro Geoffroy Rivas, se podía leer una noticia muy documentada sobre las “quejas” que presentaron las vendedoras de las calles al Presidente de la República. En esta noticia, demandaban justicia. Denunciaban atropellos y se consideraban víctimas de “ciertos agentes de la Policía Municipal”. Hicieron circular una hoja suelta que rezaba: “CUANDO NOS VAN A DEJAR EN PAZ”, donde se denunciaban varios atropellos, comparando estos agentes municipales a los que ejercían para los “tiempos de Martínez”, por “conducir a empellones a las vendedoras” y “votar sus mercaderías”. Como ya se ha visto, La Tribuna de Pedro Geoffroy Rivas comentaba que “las autoridades estaban obligadas a solucionarles sus problemas y no la Policía73”.

105
El 21 de agosto de 1945, todavía en la época de Pedro Geoffroy Rivas, se podía leer otro encuentro con el ministro de interior: “Sugieren estas señoras al señor Ministro doctor Jovel: que se les deje para mientras en el Callejón Cañas donde hoy se encuentran. Y que luego se les acomode en el antiguo local del Almacén Escolar nos dicen (…) Viera señor ¡que local más chulo para un mercadito! Si el señor Ministro nos dejará allí resolvería nuestro problema. Somos mujeres pobres y sin embargo la policía nos persigue como si fuéramos bandidos…. Haga algo por nosotras… que provisionalmente se nos deje en ese callejón (…) que luego se resuelva el caso de forma que no nos cause ningún daño”. Lo que los periodistas de La Tribuna apoyaban, al terminar el artículo con la frase, “Nos parece una petición razonable y digna de atenderse74 ”.

106Casi tres semanas después, el 9 de septiembre de 1944, una noticia mencionaba que vendedoras de las calles habían presentado una disposición al ministro del interior quejándose contra el alcalde de esta capital “por las disposiciones que se relacionan a la prohibición de establecer ventas en dichos lugares”, ya que “las vendedoras hacen ver al señor Ministro la situación angustiosa en que se encuentran y protestan al mismo tiempo por las detenciones de que vienen siendo víctimas, calificándola como un espectáculo bochornoso que no está acorde con los principios de libertad de trabajo en actividades que son lícitas y que constituyen el único patrimonio para la subsistencia de las mismas vendedoras y sus hijos. (…) Se le pide al ministro ordene al señor alcalde que se les deje en los mismos lugares mediante el compromiso de dejar acceso libre para los establecimientos75 ”.
Para terminar, hay que señalar que varias veces, desde el inició del periódico hasta el final de la dirección de Hugo Lindo, se podían leer denuncias dirigidas al ministro del interior o al presidente, de parte de las vendedoras de los mercados en contra de las que estaban ubicadas en las calles adyacentes al mercado. Así, en la época de una escritura todavía crítica de parte de La Tribuna, se leía: “Un grupo como de cien locatarias del Mercado Municipal nº 2 de esta capital se presentaron ayer al Ministerio del Interior en actitud de protesta por la competencia ruinosa que desde hace algunos días han venido siendo víctimas de parte de algunas vendedoras que burlando las leyes han dado de situarse en el exterior del mercado aprovechado las ventas que en una forma arbitraria efectúan en las calles. (…) El número de locatarias perjudicadas con la anuencia de permitir ventas en plena vía pública excede de cuatrocientas que están dispuestas a que se ponga fin a semejante anomalía76.”

107Las vendedoras de los mercados y de las calles habían entendido que el alcalde era subalterno del ministro del interior y del presidente de la república, a pesar de que estaba designado por este último. Lo que demuestra un conocimiento político bastante desarrollado por parte de las vendedoras, que servía para su capacidad de movilización, sobre todo, a las vendedoras de los mercados. De hecho, a través de La Tribuna, no se pudieron observar movilizaciones por parte de las vendedoras de las calles tan extensas como en el caso de las primeras.

Conclusión

108Se puede concluir que a las vendedoras de las calles y de los mercados, por sus prácticas comunes, por las representaciones que las asociaban y por su solidaridad puntual, no era posible entenderlas sólo desde los poderes institucionales. Primero, porque estas instituciones se enfocaban en las prácticas urbanas de las vendedoras y no en ellas, lo que no permitía entenderlas a través de los discursos institucionales y normativos. Segundo, porque las estrategias de poder que desarrollaban las vendedoras eran diversas, frecuentemente impulsadas por ellas mismas y no creadas por los agentes institucionales. Tercero, la informalidad de las vendedoras, ya que en ninguna noticia, fueron presentadas bajo el nombre de una asociación o de un gremio, no significaba la ausencia o la incapacidad de organización de parte de ellas. Al contrario, de esta informalidad resulta la necesidad de acercarse a modos de organización no institucionalizados.

109Se puso énfasis en la capacidad de las vendedoras de los espacios públicos y de los mercados de usar varios modos de comunicación y de relación formales, a pesar de ser un grupo considerado como informal. Así, se identificó el uso del diario La Tribuna como un primer medio para reaccionar a presiones modernizadoras, a menudo defendidas por el mismo periódico. Los periodistas no expresaron una crítica en contra del uso de este canal de expresión. También se observaron los diálogos con la alcaldía, con los ministros y hasta con el presidente. La negociación no se quedaba en la calle o en el mercado, sino que se trasladaba a los lugares de poder formal. ¿Permanencia de un Estado tradicional y patriarcal frente a un movimiento de mujeres pobres? ¿Capacidad de presión de un grupo de mujeres que ocupaban un espacio simbólico y que sabían usarlo para negociar con las instituciones céntricas? ¿Relaciones de vecindad? Habría que estudiar más a fondo la forma y la función de estas relaciones en el marco –hay que recordar– de un Estado dictatorial y represivo. Sin olvidarse de la elección del conflicto que siempre se generaba como una reacción colectiva, ya sea por una presión de la policía para limitar la extensión de las ventas o por una transferencia desequilibrada o desordenada de vendedoras de las calles hacia un mercado.

110Notas de pie de página

1111 En junio de 1944, Pedro Geoffroy Rivas regresaba de México donde se había graduado en Derecho. Tenía una experiencia política como militante del Partido Comunista y había escrito dos libros de poemas: Rumbo en 1934 y Canciones en el Viento, en 1936. Carlos Gregorio Flores, Biografías de escritores salvadoreños, (San Salvador: Editorial Libertad, 1994), págs. 70-71. Esta pequeña biografía en aquel contexto de aspiraciones liberales y democráticas, después del Martinato, hacen pensar que al primer director de La Tribuna, los dueños de la “sociedad anónima” lo habían escogido por su libertad de tono y su postura política – ¿vanguardista? –, Pedro Geoffroy Rivas “ continuando así su labor en pro de la causa revolucionaria (…)”. Julián de Cuscatlán, Historia del periodismo salvadoreño, (San Salvador: Exposición continental del periodismo, 1960), págs. 29.

1122 Mario Samper, “El significado social de la caficultura costarricense y salvadoreña: análisis histórico comparado a partir de los censos cafetaleros”, en Héctor Pérez Brignoli y Mario Samper (compiladores), Tierra, café y sociedad, (San José: FLACSO-Programa Costa Rica, 1994), págs. 207.

1133 Mario Samper, Op. Cit, p. 207. Juan Mario Castellanos, El Salvador 1930-1960, (San Salvador: DPI, 2001), pág. 161.

1144 Ibídem, pág. 170.

115fn5.Véase Paul Veyne, Comment on écrit l´histoire, (Paris: Édition du Seuil, 1971). Traducción personal.

fn6. Véase Carlos Gregorio López Bernal, “Años de bonanza y crisis; desilusiones y desencantos. 1924-1931”, en La República, (Tomo II. San Salvador: Banco Agrícola Comercial, 2000), pág. 375. fn7. “Se construirá un mercado de carnes en esta capital”, La Tribuna, 13 de febrero de 1945, Año I, pág. 1.

1168 “Moderno mercado de carnes se va a construir”, La Tribuna, 5 de julio de 1944, Año I, No. 9, pág. 6.

1179 Claire Salomon-Bayet, Pasteur et la Révolution pasteurienne, (París: Payot, 1986), pág. 63. Traducción personal.

118
fn10. Jacques Léonard, La médecine entre les pouvoirs et les savoirs, (París: Aubier, 1981), págs. 149-150. Traducción personal.

11911 Ibídem., pág. 169.

12012 Lion Murard y Patrick Zylberman, L’hygiène dans la république. La santé publique en France ou l’utopie contrariée (1870-1918), (París: Fayard, 1996), pág. 70. Traducción personal.

12113 “Grave problema sanitario: Las ventas callejeras de alimentos y bebidas V”, La Tribuna, 3 de julio de 1944, Año I,
No. 7, pág. 4.

12214 Ibídem.

12315 “Más aseo hay en las calles: Persiguen a vendedoras ambulantes”, La Tribuna, 28 de agosto de 1944, Año I, No. 53, pág. 1-2. y “Noticias de Santa Ana. Demandan más higiene a unos vendedores ambulantes”, La Tribuna, 11 de febrero de 1945, Año I, pág. 7.

12416 Georges Vigarello, Histoire des pratiques de santé. Le sain et le malsain depuis le Moyen Âge, (París: Seuil, coll. Points Histoire, 1999), pág. 258.

12517 Ibídem, pág. 258.

12618 Archivo Municipal de San Salvador, Acta No. 35, 18 de noviembre de 1946, numeral 9, pág. 206.

12719 Ibídem.

12820 “La cámara curiosa: de compradoras y de vendedoras”, La Tribuna, Miércoles 24 de noviembre de 1948, pág. 1.
fn21. “Casos y cosas/Lo que se ve y lo que no se ve: Las carretillas fruteras”, Op. Cit.

12922 Leer Natalie Heinich, Norbert Elias. Historia y cultura en occidente, (Bueno Aires: Nueva Visión, 1999).

13023 Probablemente, sólo la historia oral podrá permitir la identificación de los mismos.

13124 Alain Corbin, El perfume o el miasma. El olfalto y lo imaginario social. Siglos XVIII y XIX, (México: Fondo de Cultura Económica, 1987), pág. 105.

13225 Alain Corbin, Ob. Cit., pág. 107.

13326 “Uno de nuestros redactores fue invitado especialmente por el Inspector de víveres municipal de los mercados de esta ciudad, para que se enterara personalmente de los trabajos de saneamiento y limpieza que se llevan a cabo en los centros comerciales referidos, desde hace 3 días para acabar con los millones de bichos que merodean en los edificios referidos. De las 5 de la tarde en adelante, es decir, cuando los mercados quedan ya solos, van saliendo debajo de las tablas, de las ranuras de las paredes y puestos de venta, millares de cucarachas que ensucian todo lo que se encuentra a su paso. Aquello da asco y terror. El mercado se llena de ruidos sordos, de zumbidos misteriosos; parece como si arrastraran por el pavimento numerosos cueros resecos o como que volaran fantasmas. Los nervios se ponen en tensión si no supiera uno de lo que se trata, saldría corriendo en la creencia de que son fantasmas los que ocasionan los ruidos. A medida que las sombras de la noche se posesionan de los mercados, van aumentado los ruidos y por fin se asoman tantas cucarachas, que uno se pregunta si estará soñando. Es increíble el número de animales que viven en el mercado.
Uno de los inspectores que acompañó al redactor durante la inspección le dijo: Eso no es nada, acérquese aquí y vea. Levantó un viejo bramante que cubría un canasto con ramas de ocote: allí había que ver el cucarachero que permanecía inmóvil, esperando la ocasión propicia para salir. Los agentes atacaron con sus bombas Flit a los bichos, que rodaban muertos por el pavimento; pero pronto salían más y más. Aquello era interminable. Las cucarachas se multiplicaban, mejor dicho, se centuplicaban rápidamente como por encantamiento”. “Ruidos sordos y zumbidos misteriosos se oyen en el interior de los mercados”, La Prensa Gráfica, 19 de febrero, No. 7013, págs. 1 y 4.

13427 “El alcalde rinde las gracias: Por el subsidio que el gobierno le otorgó: Para mercado nuevo de carnes”, La Tribuna, 2 de septiembre de 1944, Año I, No. 58, pág. 1.

13528 Archivo Municipal de San Salvador, Acta No. 19, 4 de julio, 1945, numeral 19, pág. 331.

13629 Lastimosamente, no se ha podido encontrar en el actual Cuerpo de Agentes Municipales (CAM) fuentes anteriores a los años sesenta.

13730 Unos cinco meses después del cierre de La Tribuna, se podía leer este comentario: “El señor alcalde somete a consideración del concejo, la designación del lugar donde situar las ventas que acostumbran a establecer las comerciantes durante la Semana Santa y expone que, en lo personal, su opinión es la de que no debe permitirse las ventas en las calles y plazas públicas, especialmente las céntricas, por razones de higiene y ornato públicos, pero que es el concejo quien lo resuelve; y la municipalidad acuerda: facultar al señor alcalde para que resuelva lo anterior”. No se cita un fragmento entre 1944 y 1948, ya que no se encontró uno tan explícito. Archivo Municipal de San Salvador, Acta No. 3, 1º de abril de 1949, numeral 3, p. 223, y numeral 11, p. 226.

13831 Los periodistas de La Tribuna no parecían justificar la cuestión de la lucha contra la densidad, en ese caso de las vendedoras, por una razón sanitaria como en Europa a inicios del siglo XX: Enfermedad de falta de aire y de luz, enfermedad de la oscuridad, la tuberculosis es hija de la aglomeración, de “todas las aglomeraciones cualquier sea su naturaleza”, cuarteles, cárceles, barcos o edificios. Combinada con las medidas sobre el medio físico-químico, la observación cifrada del medio humano en cuanto a su distribución espacial enriquece el rubro de un elemento morfológico – el amontonamiento como variable histórica – por proporcionar un seguimiento diacrónico del estado de salud. (…) El acento se desplaza de la suciedad hacia la densidad (…). Lion Murard y Patrick Zilberman, Ob. Cit., pág. 75-76.

13932 Alain Corbin, Ob. Cit., pág. 121.

14033 “Sanidad Social y salubridad. Sucio Lugar”, La Tribuna, 30 de septiembre de 1948, pág. 2.

14134 “Curiosa carta del Alcalde: Cómo Jeremías clama y apostrofa contra todos”, La Tribuna, 23 de septiembre de 1944, Año I, No. 75, 2ª Sección, pág. 2.

14235 “Locos peligrosos y vagos perjudican en los mercados”, La Tribuna, 20 de agosto de 1946, Año III, No. 586, pág. 1.

14336 Alain Corbin, Ob. Cit., pág. 116-121.

14437 “Los eternos clamores de las gentes del mercado”, La Tribuna, 8 de septiembre de 1944, Año 1, No. 63, pág. 5.

14538 Archivo Municipal de San Salvador, Acta No. 4, 15 de abril de 1944, numeral 10, pág. 312.

14639 Archivo Municipal de San Salvador, Acta No. 7, 5 de julio de 1944, numeral 16, pág. 154.

14740 “San Miguel erige un nuevo mercado. El gobierno le concede un subsidio de 100,000 colones”, La Tribuna, Miércoles 27 de octubre de 1948, pág. 1.

14841 “Vendedoras del mercado están muy preocupadas: Y ayer se presentaron al ministerio para exponer su punto de vista”, La Tribuna, 17 de agosto de 1944, Año I, No. 44, págs. 1 y 4.

14942 “Locatarias del Mercado aclaran una petición, no han pagado tarifa que les cobra la compañía por ser considerada ilegal”, La Tribuna, 11 de febrero de 1947, Año III, No. 729, págs. 1 y 6.

15043 “El termómetro del asunto municipal. Locatarias al antiguo cuartel. El presidente promete lo contrario”, La Tribuna, 11 de abril de 1946, Año II, No. 480, págs. 1-2.

15144 “Noticias de Santa Ana. Demandan más higiene a unos vendedores ambulantes”, La Tribuna, 11 de febrero de 1945, Año I, pág. 7.

15245 “Más aseo hay en las calles: Persiguen a vendedoras ambulantes”, La Tribuna, 28 de agosto de 1944, Año I, No. 53, págs. 1-2.

15346 “Información santaneca. Venden carne clandestina”, La Tribuna, 15 de febrero de 1945, Año I, pág. 5.

15447 “Protestan los comerciantes. Afectados por una disposición municipal”, La Tribuna, 27 de febrero de 1946, Año II,
No. 443, pág. 8.

15548 Se consultaron todos los boletines de la Cámara de Comercio de El Salvador entre 1940 y 1948. Sin embargo, dos años después del período de estudio, en 1950 se podía leer el papel que desempeñaban los dueños de tiendas contra “las ventas callejeras” en el centro de San Salvador: “El señor alcalde da cuenta: que existiendo la conveniencia de mantener vigilancia permanente, por un periodo determinado en los portales y lugares adyacentes a estos inmediatos a la Plaza 14 de Julio, de donde fueron desalojadas las vendedoras de frutas y otros, a fin de que no sean ocupados nuevamente por vendedoras, ya que no solamente es inconveniente para el libre tránsito de las personas y vehículos, sino que es perjudicial para la higiene y el ornato público, y muy especialmente para los comerciantes establecidos en dichos sitios, por cuanto que obstaculizan la entrada de sus clientes y perjudican los intereses del comercio, algunos propietarios de negocios de estos sectores espontáneamente ofrecieron su cooperación para pagar un número de agentes de Policía Municipal que ejerzan esa vigilancia, y con fecha del 29 del mes anterior se permitió convocar ante su despacho a varios de esos comerciantes, los que al conocer el proyecto, estuvieron completamente de acuerdo y se comprometieron a prestar a la municipalidad su cooperación económica, consistente en aportar el valor de las planillas que cubren el sueldo diario de dos colones cincuenta centavos, para cada uno de los 6 agentes de Policía Municipal destinados a hacer servicio de vigilancia por los portales antes mencionados y lugares adyacentes, durante los meses comprendidos del 1º de septiembre al último de diciembre del corriente año; que anticipándose a esta junta algunos de los referidos comerciantes han aportado dinero en efectivo por la cantidad total de 414 colones, la cual está en depósito de la Tesorería Municipal; (…) y la municipalidad acuerda: aprobar lo actuado por el señor alcalde y las comisiones referidas y aceptar la donación que se hace”. Archivo Municipal de San Salvador, Acta No. 15, 13 de septiembre de 1950, numeral 1, p.133. ¿Alianza nueva entre municipalidad y comerciantes de la capital en el nuevo contexto de la junta revolucionaria? Hay que investigarlo. Lo cierto es que no se mencionó antes ni en estas mismas actas, ni en La Tribuna.

15649 “Casas bloqueadas en el Calvario. Vieron con desprecio una queja”, La Tribuna, 27 de enero de 1946, Año II, No. 417, pág. 1 y 4.

15750 Las prácticas de ventas en las calles no eran las únicas evidencias del fuerte contraste entre el discurso higienista de las autoridades políticas y la realidad. Durante el periodo crítico de La Tribuna, hasta los periodistas del diario a favor del mismo orden higiénico que la alcaldía, recordaban al alcalde que la lucha contra las ventas callejeras no se podía llevar a cabo sin la construcción de más mercados. Aún más, la falta de basureros en las calles y en el mercado central de San Salvador era reconocida por los periodistas y por la administración del mercado central capitalino: “(...) es que mientras no exista un mercado adecuado a las necesidades de la ciudad, ni usted ni nadie tiene derecho a impedir que las vendedoras se sitúen en las calles, portales, aceras y demás sitios públicos. Nadie ha dicho que el hecho de que se coloquen en tales sitios sea una demostración de que no existe espacio en los mercados. Pero el hecho cierto, indiscutible, que nadie puede negar, es el de que aquí no existen mercados y que en los chiqueros a que usted da tan pomposo nombre ya no queda espacio para una venta más. Si el público arroja basura, cáscaras, papeles, etc. en las calles, es porque la Municipalidad no se ha ocupado jamás de colocar un humilde bote para la basura en ninguna calle de la ciudad.” “Los errores del Alcalde”, La Tribuna, 23 de septiembre de 1944, Año I, No. 75, pág. 3. De igual manera, en una nota del jefe de tren de aseo del mercado central de San Salvador, al Señor Ministro, se podía leer: “Acerca de la falta de barriles necesarios para depositar la basura producida en el mercado, por que solo hay 3 barriles, “motivo por el cual tienen que arrojarse al suelo las basuras”, constituyendo esto mal aspecto en pleno centro de la ciudad, y que ya alguna vez La Prensa se ha ocupado de ello. No omito, manifestar, que antes de que ese mercado pasara a manos del Gobierno, la cantidad de barriles que allí habían eran trece.” Archivo General de la Nación: Fondo “Mercados”, 1940.

15851 “las autoridades locales no la dejan ganarse honradamente la vida, pues ponen innúmeros obstáculos para que ella pueda vender su mercancía. Cuatro veces, por reincidente, dice que ha sido llevada a la cárcel de mujeres, pero que ella no puede acatar las ordenes de las autoridades debido a que es impedida y a que tiene que dar de comer a una niña suya de corta edad”. “Autoridades locales no dejan trabajar mujer impedida de ambas manos”, La Tribuna, 24 de junio de 1947, Año III, No. 830, págs. 1 y 4.

fn52. “si las pobres locatarias no tienen inmediatamente como pagar su cuota diaria, el alarga la mano, y toma de las ventas ya un peine, ya una pasta dentifrica ya cualquier cosa de aquellas canastas.” “Un cobrador del mercado que da que hacer”, La Tribuna, 14 de marzo de 1945, Año I, pág. 5.

15953 Olivia Domínguez, “El comercio en la vía pública desde la perspectiva de género. Las vendedoras y lideresas en las calles de la ciudad de México”, en Alejandra Massolo (Compiladora), Una mirada de género a la ciudad de México (México: UAM-A y RNIO, 2004), págs. 115-183.

16054 “Los propósitos del Alcalde en relación con los mercados”, La Prensa Gráfica, 13 de enero de 1934, No. 6951, pág. 1.

16155 “Locatarias en apoyo de buen empleado”, La Tribuna, 3 de abril de 1946, Año II, No. 473, pág. 1.

16256 “Protestan por cierre de Mercado Número 2. No avisaron con anticipación”, La Tribuna, 6 de abril de 1946, Año II,
No. 476, págs. 1 y 7.

16357 “Contentas las locatarias en el nuevo mercado”, La Tribuna, 4 de junio de 1946, Año II, No. 52?, pág. 1.

16458 “Terminó el interés por las locatarias”, La Tribuna, 5 de abril de 1946, Año II, No. 475, pág. 7.

16559 “Protestan por cierre de Mercado Número 2. No avisaron con anticipación”, Op. Cit

16660 “La Casa de los Juzgados pasará al viejo cuartel”, La Tribuna, 13 de abril de 1946, Año II, No. 482, págs. 1 y 4.

16761 “El cuartel a la orden del alcalde. Para que se alojen las locatarias”, La Tribuna, 27 de marzo de 1946, Año II, No. 467, pág. 1.

16862 “competo” era un caliche que significaba “acuerdo”. Ya no es muy usado hoy en día.

16963 El periodista daba la cifra de 382 vendedoras de carne afectadas por el traslado al cuartel, y de 60 que aceptaban la medida. “Aunque nos ahorquen no pasamos al cuartel”, La Tribuna, 12 de abril de 1946, Año II, No. 481, págs. 1 y 4.

17064 “La Casa de los Juzgados pasará al viejo cuartel”, La Tribuna, 13 de abril de 1946, Año II, No. 482, págs. 1 y 4.

17165 “A última hora se nos comunica que varias carniceras han dispuesto cerrar sus negocios hasta que el asunto no sea solucionado favorablemente en beneficio de sus intereses”. Ibídem.

17266 “Locatarias se quejan por la suspensión de alumbrado”, La Tribuna, 7 de mayo de 1947, Año III, No. 798, págs. 1 y 4.

17367 “Locatarias desean la no remoción del administrador general de mercados”, La Tribuna, 6 de mayo de 1947, Año III, No. 797, págs. 1 y 5.

17468 “No maltrata a locatarias”, La Tribuna, 24 de febrero de 1946, Año II, No. 441.

17569 “Se considera ultrajado por un agente municipal”, La Tribuna, 2 de agosto de 1944, Año I, No. 33, pág. 1.

17670 “En una larga y mal escrita carta que aparece en otro lugar de esta edición, el señor Alcalde municipal de esta mártir Capital se lamenta de la falta de cooperación de la prensa, los gremios, el estudiante, el público en general, en fin, para su propósito, entre otras “permanecer dentro de la conveniencia de mantener el aseo de la ciudad” ¡qué sintaxis, Dios mío! Pero el público no quiere atender “la parte razonable y lógica de una campaña iniciada”. Y encima de que no lo atienden resulta que “nada menos los diarios LA TRIBUNA Y LA PRENSA GRAFICA, están en lloriqueos, con el trillado estribillo de defender a las pobrecitas mujeres y presentar tendenciosamente a las autoridades como verdugo de ese sector de trabajadoras”. (...) es que mientras no exista un mercado adecuado a las necesidades de la ciudad, ni usted ni nadie tiene derecho a impedir que las vendedoras se sitúen en las calles, portales, aceras y demás sitios públicos. Nadie ha dicho que el hecho de que se coloquen en tales sitios sea una demostración de que no existe espacio en los mercados. Pero el hecho cierto, indiscutible, que nadie puede negar, es el de que aquí no existen mercados y que en los chiqueros a que usted da tan pomposo nombre ya no queda espacio para una venta más. Si el público arroja basura, cáscaras, papeles, etc. en las calles, es porque la Municipalidad no se ha ocupado jamás de colocar un humilde bote para la basura en ninguna calle de la ciudad.” “Los Errores del Alcalde”, La Tribuna, 23 de septiembre de 1944, Año I, No. 75, pág. 3.

17771 “Destituido el administrador del mercado”, La Tribuna, 17 de agosto de 1944, Año I, No. 44, pág. 6.

17872 “Las quejosas estuvieron en Casa Presidencial en donde expusieron detalladamente el motivo de su visita a esta ciudad. (…) El señor Alcalde ha triplicado el monto de los sobre impuestos de tal suerte que siendo esto excesivamente crecidas ocasionan graves perjuicios a las locatarias. Por otra parte, actualmente ya no hay estabilidad en los puestos de venta, pues éstos ya no están matriculados como antes. Además, agregan las locatarias que los servicios de agua están pésimos en la metrópoli oriental, siendo imposible por consiguiente higienizar el mercado.” “Hacen viaje especial a esta ciudad para exponer acuerdo a autoridades”, La Tribuna, 26 de febrero de 1947, Año III, No. 742, págs. 1 y 2.

17973 “Locatarias desean la no remoción del administrador general de mercados”, La Tribuna, 6 de mayo de 1947, Año III, No. 797, págs. 1 y 5.

18074 Ibídem.

18175 “Quejas de mujeres: La han presentado ante el señor Presidente”, La Tribuna, 15 de septiembre de 1944, Año I,
No. 69, págs. 1 y 5.

18276 “.. somos pobres y se nos persigue como a bandidos”, La Tribuna, 21 de agosto de 1945, Año II, No. 282, pp. 1 y 2.

18377 “Contra alcalde presentan queja las vendedoras. Piden justicia a las altas autoridades”, La Tribuna, 9 de septiembre de 1945, Año II, No. 299, pp. 1 y 4.

18478 “Protesta de vendedoras. Se quejan contra una competencia ruinosa”, La Tribuna, 14 de septiembre de 1945, Año II, No. 303, pp. 1 y 4. Subrayado personal.

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Para citar este artículo :

Claudia Ponce, « Las ventas y las vendedoras. Mercados, espacios públicos y orden urbano “moderno” en el Salvador, 1944-1948 », Boletín AFEHC N°37, publicado el 04 agosto 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1999

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