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AFEHC : articulos : Geodemografía inquisitorial : espacio y población en la nomenclatura del Santo Oficio de la Nueva España durante el siglo XVI : Geodemografía inquisitorial : espacio y población en la nomenclatura del Santo Oficio de la Nueva España durante el siglo XVI

Ficha n° 2028

Creada: 20 septiembre 2008
Editada: 20 septiembre 2008
Modificada: 25 septiembre 2008

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Autor de la ficha:

Pedro MIRANDA OJEDA

Editor de la ficha:

Ana Lorena CARRILLO PADILLA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Geodemografía inquisitorial : espacio y población en la nomenclatura del Santo Oficio de la Nueva España durante el siglo XVI

El establecimiento del Tribunal del Santo Oficio transfirió a la Nueva España una nueva modalidad jurisdiccional. Estas jurisdicciones se convertirían en espacios que primarían la vigilancia de las prácticas desviadas, según el discurso inquisitorial, con la intención de estrechar una compleja red diseminadas en el territorio colonial. Así, en el último tercio del siglo XVI comenzaría la tarea de introducir las llamadas comisarías como órganos instrumentos eficaces de control social. No obstante hubo circunstancias variopintas que entorpecieron la aplicación efectiva del proyecto.
Palabras claves :
Comisarías, jurisdicciones, burocracia, siglo XVI, Santo Oficio
Autor(es):
Pedro Miranda Ojeda
Fecha:
Septiembre de 2008
Texto íntegral:

1

Introducción

2El establecimiento del Tribunal del Santo Oficio transfirió a la Nueva España una nueva modalidad jurisdiccional. Estas jurisdicciones se convertirían en espacios que primarían la vigilancia de las prácticas desviadas, según el discurso inquisitorial, con la intención de estrechar una compleja red diseminadas en el territorio colonial. Así, en el último tercio del siglo XVI comenzaría la tarea de introducir las llamadas comisarías como órganos instrumentos eficaces de control social. No obstante hubo circunstancias variopintas que entorpecieron la aplicación efectiva del proyecto.

La red inquisitorial de penetración colonial

3La pretendida intervención inquisitorial en todos los ámbitos sociales significaba una irrestricta vigilancia lograda mediante la introducción de comisarías. La distribución del distrito inquisitorial de la Nueva España, mediante las comisarías, fue una tarea muy compleja planteada desde las instrucciones de fundación del Santo Oficio, firmadas en 1570, cuando se decidió que:

4“ (…) las ciudades, cabezas de Obispados y los lugares puertos de mar tendréis en cada uno de ellos un comisario eclesiástico1”.

5Las instrucciones orientaban hacia la introducción de comisarías en una cantidad significativa de poblaciones novohispanas con dichas características. Por supuesto, la institucionalización del Tribunal del Santo Oficio no significaba su actividad inmediata, antes tenían que resolver problemas operativos y funcionales que auxiliaran en el desempeño de una maquinaria organizativa que proyectara extenderse hacia todo el distrito inquisitorial. En esta medida, era primordial el nombramiento de funcionarios de distintas jerarquías y niveles; en el ámbito local figurarían en primer plano los comisarios. La trascendencia de su nombramiento radicaba en que las comisarías orquestaban el funcionamiento inquisitorial. Es decir, las comisarías gobernarían localmente las actividades gracias a la lectura de los edictos de fe y a la generación de denuncias, ambas sustancias fundamentales de los procesos inquisitoriales. En este sentido, la creación de comisarías del territorio colonial debía coincidir con la necesidad de ubicarlas en una posición estratégica y servir como anclas de vigilancia que favorecieran el control de la sociedad novohispana.

6Así, durante el siglo XVI, con la intención de cubrir la totalidad de la geografía colonial, el Santo Oficio desarrolló un programa de fundación de comisarías. La penetración, sin embargo, se efectuó de manera gradual y lenta, fracasando en su empeño por cristalizar una verdadera cobertura, incapaz de favorecer un efectivo control religioso y social. En los primeros años después de la fundación del Santo Oficio, los inquisidores nombraron comisarios casi exclusivamente en las capitales diocesanas y puertos importantes. En esta decisión destacan dos consideraciones importantes: los problemas burocráticos del tribunal en el siglo XVI y la jurisdicción del Tribunal del Santo Oficio como problema espacial.

Los problemas burocráticos del tribunal en el siglo XVI

7A menudo se ha acusado a la institución de personificar un lastre administrativo, con escaso interés por las tareas cotidianas e indiferencia de los funcionarios inquisitoriales para encargarse de los asuntos de su competencia. A diferencia de los tribunales españoles, donde un número relativamente grande de autoridades autorizadas se encargaban de los asuntos propios de sus funciones2, en el Tribunal del Santo Oficio de México las tareas capitales estaban destinadas a dos inquisidores. Aun cuando tenían la responsabilidad de nombrar de funcionarios, redactar edictos de fe, atender la variopinta problemática del distrito, estudiar denuncias, ejecutar las fases de los procesos inquisitoriales, organizar y presidir los autos de fe, etc. Con frecuencia se advierte una capacidad efectiva para responder y lograr ejecutar satisfactoriamente complejas tareas. No puede dudarse que la abundancia de funciones también haya ocasionado innumerables obstáculos o provocado el rezago de decisiones importantes, aun cuando los consultores y calificadores, fiscal y notarios contribuían en el auxilio de determinadas actividades.

8El análisis documental acerca de la administración inquisitorial revela que, a pesar de las adversidades y el volumen de obligaciones, el funcionamiento institucional logró un desempeño importante porque cimentó durante el siglo XVI las bases de la configuración inquisitorial. Aun cuando en la documentación puede advertirse que hubo múltiples solicitudes para el nombramiento de comisarios, familiares y notarios, sin respuestas de parte de los inquisidores, que puede interpretarse como incapacidad, ignorancia, desinterés o impotencia en el ejercicio de sus responsabilidades, también puede explicarse desde otro punto de vista. En los años siguientes a la implantación del tribunal, las tareas se concentraron en la atención del asunto más urgente, la necesidad cardinal de manifestar su presencia ante la sociedad. La abrumadora burocracia se amparó en el desarrollo de una administración que contribuyera a aliviar el funcionamiento del tribunal, según las condiciones del momento y atendiendo necesidades y urgencias diarias e inmediatas. Los inquisidores comprendieron a la perfección que la efectividad de una institución como el Santo Oficio, cuyo funcionamiento dependía de la estrecha colaboración de la misma sociedad, no podía operar sólo por decreto sino que era preciso desarrollar una serie de estrategias orientadas a familiarizar su imagen. A pesar de la magnificencia y solemnidad de los eventos preparados durante la lectura de los edictos de fe, estos tenían un alcance limitado como enunciados públicos. La acción representativa y pública de mayor repercusión del concierto inquisitorial era el auto de fe. Sin duda alguna, el auto de fe tenía una impronta y un significado fundamental en el quehacer inquisitorial, cuya hechura permitiría que el público advirtiera la relevancia del Santo Oficio3. Por este motivo, como nunca volvería a ocurrir, hubo autos de fe durante los años 1574, 1575, 1577 y 1579.

9La realización, casi consecutiva, de cuatro autos de fe generales donde se impuso sentencia de numerosos reos también permite explicar la eficacia de la administración recién instaurada. La presunta negligencia o falta de atención a las solicitudes para formar nuevas comisarías o para nombrar familiares y notarios, se diluye en el papel. Con acciones los inquisidores justificaban que, ante la complejidad de una administración, había prioridades y, por lo tanto, la burocracia tenía que operar favoreciendo la solución de las complicaciones más inmediatas. Además, la enorme cantidad de reos procesados en los autos de fe destacaron que las comisarías existentes tenían el potencial para nutrir al tribunal con suficientes procesos. Esto también significó que ante el enorme cúmulo de denuncias, el tribunal tenía que desestimar ciertas solicitudes porque no podían atenderse ni administrativa ni procesalmente. De tal manera que en el siglo XVI la política administrativa acerca de las comisarías sería su formación cuando se considerara urgente, eliminando las intenciones de aquellas provisiones que pretendían arrogarse el prestigio institucional o rehusando solicitudes de comisarías que presumiendo delitos mayores solo subscribían delitos menores. El nombramiento de nuevos comisarios solo contribuiría a saturar la capacidad de maniobra y de operación del tribunal. Así, esta situación evitó en buena medida un desmedido programa de creación de comisarías, como sucedería en el siglo XVII cuando la geodemografía obligaría a fragmentar los distritos de las comisarías y, a menudo, en lugares apartados.

La jurisdicción del Tribunal del Santo Oficio como problema espacial

10El diseño del espacio inquisitorial durante el siglo XVI operó según las particularidades de la Nueva España. Con la intención de aprovechar la organización eclesiástica existente, en las cabeceras de las sedes diocesanas se formaron las primeras comisarías. La integración de una red de comisarías en los obispados también se definió por criterios geodemográficos porque éstas abarcaron tanto el espacio como la población ahí localizada; hubo preferencia, por supuesto, en establecerlas en los lugares con mayor concentración de población no india. La fundación de comisarías en las capitales diocesanas, ante el auge demográfico de algunas localidades agricultoras españolas, comenzó a manifestar su fracaso en el mismo siglo XVI a partir del escaso interés por las visitas de distrito. Las rupturas del orden en aquellas localidades sin comisario irrumpieron en el mundo colonial sin que ninguna autoridad inquisitorial procurara contrarrestarlas. No obstante, este fracaso no puede atribuirse a las autoridades del Santo Oficio novohispano.

11El distrito del Tribunal del Santo Oficio incluyó los arzobispados de México y Santo Domingo, obispados de Tlaxcala, Guadalajara, Guatemala, Nicaragua, Antequera, Michoacán, Chiapas, Yucatán, Santiago de Cuba, Puerto Rico, islas de Jamaica, Trinidad y Margarita, además de las islas Filipinas. Desde la real cédula de su fundación, la Corona española reveló un profundo desconocimiento de los territorios coloniales debido a que presumió que la reducida población no india no sería un inconveniente serio para ocuparse de todo el territorio. En este sentido, desde mi punto de vista, la variable demográfica de los tribunales españoles significó la medida utilizada para fijar las dimensiones del distrito novohispano. A finales del siglo XVI, salvo el tribunal de Valladolid, con una extensión de 89,873 kms.2, la mayoría tenía en promedio unos 30,000 kms.2 de extensión4.

12Las dimensiones de los tribunales españoles revelan que la complejidad de las actividades inquisitoriales no permitía jurisdicciones demasiado extensas, estimulándose de esta manera la constitución de distritos de mediana extensión que facilitara el control efectivo de la sociedad. Esta política corresponde, por ejemplo, con las múltiples quejas de los inquisidores de Valladolid por las enormes dimensiones del distrito, originando que se seccionaran en los distritos de Calahorra (1521) y de Galicia5 (1574). La política aplicada en los tribunales españoles, pues, fue irreconciliable con la desplegada en la Nueva España porque el tribunal no podía operar sin enormes consecuencias funcionales. Una hipótesis plausible que explica las causas que orillaron a la Corona a delimitar fronteras tan amplias estriba en su profunda ignorancia de sus territorios coloniales. Precisamente, en la década de 1570 fue cuando comenzaron a prepararse una serie de cuestionarios destinados al conocimiento de la geografía de las Indias y que, más tarde, serían conocidas como las relaciones geográficas.

13Así, la variable demográfica justifica la decisión de establecer un distrito inquisitorial de unos 2,000,000 de kms.2, que incluía 85 poblaciones con 52,500 habitantes blancos y 91,000 negros, mulatos y mestizos6. Los referentes peninsulares, por supuesto, no tenían parangón con la situación existente en la Nueva España, cuya eventual actividad se reduciría a la minoría de la población. La variable demográfica sería, por lo tanto, el factor de configuración territorial. La potencial actividad contra los sujetos no indios, a la sazón 143,500 habitantes, describe una relación demografía-distrito respecto los tribunales españoles: la mayoría incluso tenía jurisdicciones con poblaciones superiores. El estimado demográfico no sólo descubría la escasa comprensión de la situación novohispana sino también soslayaba el grave problema de la dispersión de la población. Salvo las ciudades y puertos, la mayoría de no indios vivía en numerosas villas, pueblos, reales de minas, a menudo situados a distancias considerables de los centros urbanos y en lugares de complicado acceso.

14El desconocimiento geográfico de un mundo apenas conocido, con comunicaciones frecuentemente obstaculizadas por la amplia diversidad de medios naturales, continentales e insulares, numerosos sistemas montañosos e hidrográficos, además de que en el siglo XVI había una deficiente e insuficiente red de caminos y rudimentarios medios de transporte, fue decisivo en la definición del distrito novohispano. El problema se intensificaba con las acentuadas diferencias regiones con un territorio heterogéneo tanto geográfica como demográficamente. Los desiertos, selvas y bosques tropicales, marismas, montañas, barrancas, llanuras, ríos, islas, zonas de alta precipitación pluvial o de aridez casi desértica, climas inhóspitos, etc. son características que revelan las diversidades provinciales. Al mismo tiempo, la concentración de población no india en las provincias del centro contrastaba con la escasez de población en las fronteras coloniales; la distribución de pueblos y villas en ciertas comarcas artesanales, agrícolas y mineras difería de aquellas cuyos climas y tierras solían ser poco propicias para el desarrollo económico. La complejidad territorial y las diferencias de la densidad demográfica contribuyeron a su vez a que construcción y ramificación de los caminos fuera desigual y que, a menudo, las distancias entre ciudades, villas, puertos, pueblos, reales de minas o asentamientos, significaran un esfuerzo severo, antes de superar los difíciles limitaciones de los caminos.

Las comisarías del Santo Oficio durante el siglo XVI

15La extensión del distrito de la Nueva España albergó serios problemas estructurales y funcionales, aun cuando administrativamente cumplía con una suerte de experimento para comenzar un programa gradual de penetración local, desde las capitales diocesanas hacia lugares cuyas demandas ampararan la fundación de comisarías. Dado el presunto control de sus fronteras eclesiásticas y la necesidad de posicionarse en todo el territorio colonial, la estrategia de las comisarías diocesanas constituyó la respuesta más apropiada porque, al mismo tiempo, concentraba la mayor cantidad de habitantes no indios. En el campo administrativo, los comisarios privilegiaron la localización urbana como su exclusivo ámbito de actividades. La lectura de los primeros edictos de fe estimuló una enorme cantidad de denuncias y, por lo tanto, ni la atención ni las visitas destinadas a los restantes lugares con población no india constituyeron una prioridad de sus responsabilidades. Así, cuando las dimensiones de las jurisdicciones diocesanas representaron un serio obstáculo para el funcionamiento efectivo de las comisarías, la comisaría logró compensar la vigilancia de las fronteras mediante la capitalización de información útil para el tribunal. En este sentido, las comisarías cumplieron con sus funciones desde que se instalaron en los obispados de Yucatán (Mérida7, 1571), Tlaxcala (Puebla8, 1571), arzobispado de México (México9, 1572), obispados de Guadalajara (Guadalajara10, 1572), Michoacán (Pátzcuaro11, 1572), Nicaragua (León12, 1572), Antequera (Antequera13, 1572), Guatemala (Guatemala14, 1573) y obispado de Chiapas15 (Chiapa, 1577), además de los puertos de Veracruz-San Juan de Ulúa16 (1572) y Acapulco17 (1581). Aún con la lenta penetración en ciertas regiones, se descuidaron jurisdicciones importantes como el arzobispado de Santo Domingo y los obispados de Santiago de Cuba, Puerto Rico, islas de Jamaica, Trinidad y Margarita. La preocupación, por supuesto, se concentró en los territorios continentales.

16La importancia geodemográfica, determinante en la elección de la cabecera de comisaría, se explica en el obispado de Michoacán. Cuando la comisaría se instaló en el obispado en el año 1572, la élite habían estimulado el crecimiento tanto económico como demográfico de Pátzcuaro porque ahí residían los poderes, sin embargo a raíz del nombramiento de Valladolid como nueva capital, sus ventajas se redujeron con intensidad. De tal suerte que en pocos años la población se había reducido de manera considerable. Esta situación orilló a las autoridades eclesiásticas a tomar la decisión de trasladar en 1580 la sede del obispado y, en consecuencia, la comisaría, a la nueva capital político-administrativa. Valladolid, a raíz de estos cambios, experimentaría un rápido aumento demográfico y reforzaría su capital político, económico y religioso18.

17En su primera década de existencia, ante las dificultades en la organización funcional- estructural eclesiástica y a procesos de evangelización inacabados en algunas provincias, además de un distrito inquisitorial demasiado extenso, orilló a los inquisidores a favorecer el establecimiento de comisarías en lugares distintos a las capitales de las diócesis. De manera que amparó a aquellas con mayores preocupaciones demográficas, por lo general continentales y con mayor comunicación con la capital novohispana. Los puertos de la Nueva España, Veracruz y Acapulco, por supuesto, también motivaron la creación de comisarías debido a su naturaleza: puntos de entrada de personas, ideas y literatura con potenciales rupturas del orden sancionado. A finales de siglo XVI florecía la importancia política, económica, religiosa y social de la Nueva España; en cambio, la antiguo prosperidad de las Antillas comenzaba a desplomarse y, por lo tanto, los inquisidores tenían poco interés en sus plazas, salvo la ciudad de La Habana con un enorme potencial económico.

18Las solicitudes, desde el obispado de Santiago de Cuba, para nombrar a un comisario fueron comunes a finales del siglo XVI. De modo que la comisaría de La Habana19 se estableció en 1599. Desde su fundación hubo una serie de conflictos y una férrea resistencia local. La Habana, con frecuencia amenazada por piratas, tenía una importancia capital para el Santo Oficio porque, como se ha mencionado, en su calidad de puerto de entrada a las Indias, numerosos barcos atracaban con mercancías e individuos que merecían vigilarse. No obstante, ahí coincidían poderosos juegos de intereses económicos. Las actividades inquisitoriales ahí realizadas estaban en manos de las autoridades diocesanas que intervenían en los procesos, secundando el interés económico. Cuando se estableció la comisaría de inmediato comenzaron los conflictos20. La conflictiva situación incidió gravemente en su funcionamiento, orillando a cejar en su intento por afianzar la comisaría. La preocupación de los inquisidores, ante la necesidad de nombrar un comisario, se observa en la correspondencia de la época21. A pesar del ambiente negativo de parte de la élite económica y eclesiástica, la comisaría se estableció en forma definitiva22 en 1604. En los años siguientes la campaña de desprestigió contra el comisario continuó con la misma intensidad23.

19Casi tres lustros antes, en 1585, la jurisdicción inquisitorial de la Nueva España también se había desplazado más allá de sus territorios continentales24. El importante tráfico de especias y artículos suntuosos desde los puertos de oriente, gracias a la ubicación geográfica de las Filipinas, favorecían el comercio interoceánico, de tal suerte que las islas se convirtieron en una plaza fundamental de la Nueva España. Estas circunstancias también motivaron el florecimiento económico, demográfico y político de Manila. Así, después logró fortalecerse la administración política y diocesana, consolidándose al mismo tiempo el proceso de evangelización por la ardua labor de las distintas órdenes mendicantes dispersas en todo el territorio insular. Los problemas de distancia entre la comisaria filipina y la Nueva España se advertirían desde los primeros años de administración. A pesar del nombramiento de un comisario en Manila, las preocupaciones del fuero inquisitorial no disminuyeron debido a la consolidación de las regiones y obispados colindantes. De tal manera que con el objetivo de descentralizar la actividad de la capital, a finales del siglo, se creó la comisaría25 de Cebú (1600). Aun cuando aparecerían otras comisarias en el siglo XVII, la disyuntiva de operar en condiciones muy adversas, a mediados del siglo, las autoridades insulares impulsaron una iniciativa para establecer un Tribunal del Santo Oficio en Filipinas. El proyecto fracasó después26.

La ruptura de las comisarias según el modelo diocesano

20A partir de la última década del siglo XVI, las comisarías dejaron de corresponder con las capitales diocesanas. Las antiguas unidades eclesiásticas se diluyeron por la problemática generada; así, la nueva política tuvo implicaciones importantes porque la creación de comisarías se desplazó al orden demográfico, según las necesidades sociales, procurando desconcentrar las funciones realizadas por un comisario en un amplio territorio. De esta manera se pretendía lograr una mayor cobertura del espacio inquisitorial. La ruptura del modelo comenzaría a manifestar la lenta fragmentación de los territorios diocesanos. La funcionalidad de los comisarios en sus respectivas jurisdicciones a menudo suele criticarse por su escasa efectividad, sin considerar las distintas condiciones que afectaban su desempeño.

21Los problemas advertidos en las jurisdicciones de los obispados estimularon un programa orientado a organizar comisarías con jurisdicciones menos extensas. Así, en algunas diócesis aparecieron comisarías con territorios donde el comisario tuviera la capacidad para operar y controlar su territorio. Esta clase de distribución contribuyó a la formación de comisarías en ciertas villas, pueblos y reales de minas, respondiendo a las demandas presentadas por ciertos lugares. La naturaleza de la administración inquisitorial comportó una meticulosa burocracia que, en muchos casos, desanimó el interés por el oficio27. Los eclesiásticos locales y, en ocasiones, los diocesanos fueron claves en la decisión de los inquisidores para establecer comisarías en determinados lugares.

22En esta nueva concepción del territorio inquisitorial se fundaron comisarías en lugares cuya atracción demográfica transformó la dinámica social. Las fronteras coloniales gradualmente, desde mediados del siglo XVI, habían comenzado a extenderse hacia el septentrión, desplazando a las poblaciones indias ahí establecidas, con el objetivo de que las expediciones lograran localizar yacimientos de minerales. La fundación de reales de minas en estas regiones sin colonizar estimuló una inmediata concentración de blancos, mestizos, mulatos, esclavos negros, etc. y una dinámica muy estrecha entre gente proveniente de condiciones sociales y geográficas muy diferentes. La riqueza generada en estos asentamientos provocó una inmigración significativa. Esta situación no fue exclusiva de las regiones argentíferas del centro-norte sino también del centro de la Nueva España donde se descubrieron minerales. De tal manera que, ante la ausencia de autoridades inquisitoriales, proliferaran numerosos vicios, prácticas y comportamientos contra el orden sancionado. Ante estas circunstancias fue necesario nombrar comisarios en Zacatecas28 (1594), Sultepec (1595), Minas de San Luis29 (1596), Minas de Topia30 (1598) y Taxco y minas31 (1600) para controlar las conductas y comportamientos desviados.

23La minería no fue la única causa de auge demográfico sino también hubo lugares que aprovecharon su ubicación estratégica para consolidarse gracias al desarrollo de la agricultura o las actividades textiles. El florecimiento económico y demográfico potenciaron las actividades contrarias al orden inquisitorial, de tal suerte que los inquisidores también fundaron comisarías en Texcoco32 (1597), Otumba33 (1591), Ichapempa34 (1592) y Valladolid, en el valle de Comayagua, Honduras35 (1593). El desorden estructural de los primeros años, producido por la inexperiencia de los funcionarios se fue estabilizando y conforme consolidaban su práctica inquisitorial, lograron extender las comisarías hacia nuevos territorios.

La geodemografía como unidad de análisis espacial y jurisdiccional

24Los valores demográficos y espaciales son claves para la comprensión de la jurisdicción. Desde este punto de vista es relevante un decreto que, firmado en 1570, declaró a los habitantes nativos exentos de la autoridad inquisitorial. La esfera de jurisdicción inquisitorial comprendía a las personas de origen blanco, mestizo o de mezcla. Los indios no pertenecían a la justicia inquisitorial. En el nivel conceptual es importante considerar estos rangos, población y espacio, para precisar la que denomino geodemografía inquisitorial: análisis de la relación de procesos y fenómenos sociales (comportamientos, actitudes y pensamientos: prácticas) y su repercusión en determinada población, con localización en cierto territorio. Es decir, la estructura social y étnica de las poblaciones evoluciona y desarrolla una dinámica social de prácticas cotidianas propias de su entorno. No obstante, éstas pueden desviarse del orden sancionado por el aparato inquisitorial y, por lo tanto, pertenecer al ámbito de la jurisdicción inquisitorial debido a distintas causas: ignorancia del amplio concepto de pecado, simulación de la realidad ortodoxa, no discernir conflicto al realizar una práctica flagrante, interpretación flexible de la sexualidad, alteración deliberada del orden, introducción de literatura prohibida o inserción de nuevos sujetos sociales que producen cambios. En este mismo sentido el factor geográfico desempeña un papel decisivo en el desenvolvimiento de las prácticas en la medida que el control social definido desde las comisarías inhibiría la proliferación de determinadas conductas en tanto los funcionarios puedan desplegar sus actividades en la jurisdicción a través de las llamadas visitas de distrito36. Estas visitas son importantes porque pueden contribuir a limitar ciertas dinámicas sociales, a su vez que constituyen un elemento fundamental de la jurisdicción. Las mismas “Instrucciones del Ilustrísimo Señor Cardenal, Inquisidor General, para la fundación de la Inquisición en México”, establecían:
(5)
bq. (B). Item, ha de haber […] libro donde se asentarán por su abecedario los comisarios y familiares que hubiere en el distrito, y la designación de los títulos que se les dieren, con día, mes y año, y los Inquisidores que lo proveyeron; y en este libro, en la cabeza de él, se pondrán los lugares que hay en el distrito, poniéndoles por su veredas y orden que se podía tener en visitarlos, declarando los que son cabezas de provincias, obispados ó abadías, añadiendo ó mudando, conforme á lo que por tiempo sucediere37.

25Esto significa que la jurisdicción tenía un territorio definido por los lugares de residencia no india localizados ahí, aun cuando suele particularizarse en la cabecera, a menudo se amplifican por los innumerables asentamientos. Así, la visita de distrito coincide con los lugares de residencia de todos los potenciales infractores del orden. De ahí que ante la imposibilidad de establecer dónde se producían comportamientos que, desde el punto de vista de las formas de convivencia, contravenían las tendencias de la ortodoxia, era necesario realizar visitas de distrito en toda la jurisdicción. Sin embargo, en el análisis de la distribución de las residencias no indias, como ciudades y puertos, con poblaciones mayores, también se incorporan villas, pueblos y reales de minas, con poblaciones menores, y a menudo, en el caso de las rancherías y asentamientos irregulares o temporales, con poblaciones reducidas a unos cuantos individuos. En este sentido, es necesario analizar la diferenciación entre el mundo urbano y el rural en la medida de que es fundamental establecer el grado de movilidad y de importancia que los comisarios brindaban a los lugares según su ubicación y localización en el plano de la jurisdicción.

26El espacio inquisitorial, urbano y rural, define estructuras geodemográficas muy complejas. Ambos espacios poseen características particulares que determinan y condicionan las fronteras jurisdiccionales. Según el concepto geodemográfico, la jurisdicción sería:

271. El espacio urbano fue por antonomasia el territorio del comisario de la Nueva España38. En el espacio urbano, existía un predominio de la población no india y, a menudo, había una separación espacial con los indios, identificados según barrios. El principal problema para atender a la población bajo jurisdicción inquisitorial residía en que las fronteras – aunque tampoco debe descartarse que la eficiencia del funcionamiento de la comisaría respondía a las responsabilidades y al compromiso del mismo comisario, sobre todo respecto a la lectura de los edictos de fe y a la realización de las visitas de distrito –, no se circunscribían a los barrios no indios sino que se ampliaba a los indios puesto que de ahí solía haber población de origen no indio (mestizos, negros, pardos, mulatos, etc.). Esto no significaba una conformación jurisdiccional determinada por los barrios indios sino que dependía de las distinciones raciales y de su localización. Según esta apreciación existen dos criterios para establecer ciertos focalizaciones en la jurisdicción: a) aquellas unidades residenciales constituidas por familias de completa ascendencia no india (negros, mulatos, pardos, mestizos, etc.) y, b) aquellas localizaciones que en las unidades residenciales, gracias a las mezclas raciales entre indios y no indios, tenían descendencia no india; es decir, aun cuando en una unidad residencial predominaban los indios, alguno o algunos miembros de la familia no tenían esta filiación y, por lo tanto, la jurisdicción inquisitorial se focalizaba a estos sujetos. Entonces, la complejidad para delimitar la frontera del mundo urbano era muy difusa, sobre todo en los barrios considerados de indios.

282. En el mundo rural, existía el predominio de la población india y, aunque en ocasiones, había separaciones barriales, esta no distinguía clasificaciones raciales sino exclusivamente de carácter residencial. De ahí que la complejidad de la jurisdicción también sea mayúscula. Así, a pesar que desde los primeros años coloniales, las autoridades reales procuraron la separación residencial de los no indios con los indios, como sucedía en las ciudades, en los pueblos de finales del siglo XVI se advierten importantes contingentes de personas de una descendencia racial no india. La reiterada introducción de negros significó una parcela importante en la reconformación étnica al interior de los pueblos indios porque, a partir de entonces hubo matrimonios y relaciones extramaritales que favorecieron la aparición de las llamadas mezclas. Esta misma situación ocurría con los denominados mestizos, hijos de españoles e indias o viceversa, que nacían de violaciones, uniones ilegítimas o amancebamientos. La descendencia de las relaciones de indios con no indios contribuyó al crecimiento de una población no india afincada en los pueblos. Desde finales del siglo XVI, en los pueblos indios había una población no india importante, a pesar de que hubo numerosos intentos por evitar que negros y mulatos, cohabitaran en ellos39. Estas intenciones fracasaron rotundamente y las estadísticas demográficas revelan una presencia significativa de grupos raciales no indios. Este fracaso también se observa en los muchos españoles con residencia en los barrios indios y de negros de las ciudades. En la provincia de Yucatán, por ejemplo, el gobernador trató sin éxito prohibir la convivencia de españoles, mestizos, negros y mulatos en los pueblos indios.[40] En este sentido, la inexistencia de las distinciones según calidad étnica que definieran los barrios orilló a que la jurisdicción inquisitorial se determinara por unidades residenciales y por localizaciones particulares. Esta característica, compartida por la mayoría de las poblaciones indias, fue la causa de la enorme complejidad para entender la jurisdicción inquisitorial. Así, se deduce que las fronteras de una jurisdicción no estaban ceñidas a un lugar sino a las personas y a su origen étnico, a las unidades residenciales y a su localización focalizada.

29En la medida que ciertas unidades residenciales indias tenían modelos familiares compuestos (indios-no indios), la jurisdicción inquisitorial tenía fracturas que generaban dimensiones de espacialidad distintas tanto en las ciudades como en los pueblos. Es decir, en una unidad residencial podía haber una o más personas sujetas a dicha jurisdicción, mientras que el resto de la unidad gozaba de exención. De esta manera, la jurisdicción estaba constituida por múltiples unidades residenciales no indias y, al mismo tiempo, de focalizaciones fragmentadas y dispersas. La intensa dinámica sociodemográfica colonial intervino en la redefinición incesante de las unidades residenciales y de las focalizaciones. El análisis de la estructura demográfica revela la existencia de complejos procesos que relaciona movimientos espaciales de redistribución con variables propias del movimiento natural de la población, así como cambios en las clasificaciones étnicas y espaciales de residencia. Así, cuando la unidad residencial india sufrió modificaciones debido su disgregación (mortalidad, emigración o cambios domiciliares por matrimonio) e integración de nuevos núcleos familiares en la misma unidad residencial (natalidad, matrimonio), éstas podían perder si antigua ascendencia india y convertirse en unidades residenciales no indias. Ante esta situación, el control de las comisarías en sus jurisdicciones cada día se volvía más complejo y difuso. Esta delicada situación socioétnica dificultaría los límites de la jurisdicción inquisitorial porque a menudo ni los mismos involucrados tenían conocimiento de su propia pertenencia étnica, una razón de mezcla indefinida que desencadenó no pocos conflictos y confusiones para determinar a la autoridad competente41.

Consideraciones finales

30El extenso territorio y la complejidad étnica de la Nueva España son factores clave para comprender el funcionamiento del Santo Oficio. Las dificultades para definir las jurisdicciones, en razón de una condición étnica determinada, pueden advertirse como los primeros síntomas de una dificultosa observancia hacia el interior de la jurisdicción organizada a partir de las comisarías. Esta situación que comenzó a dibujarse a finales del siglo XVI se agudizaría en los siglos siguientes y el control ejercido por la Inquisición se haría cada vez más difuso.

Siglas y Fuentes

31AGN Archivo General de la Nación. México, D.F.
AHN Archivo Histórico Nacional. Madrid, Esp.

Bibliografía

32Alberro, Solange. Inquisición y sociedad en México. México: Fondo de Cultura Económica, 1993.

33Alonso López, Eugenio A. “Mohínas de la Inquisición”, en http://www.jayikislakfoundation.org/prize/200201.html, 2005.

34Contreras, Jaime. “Las modificaciones estructurales”, en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet (eds.). Historia de la Inquisición en España y América. I. El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984, págs. 1156-1176.

35Contreras, Jaime y Jean Pierre Dedieu. “Estructuras geográficas del Santo Oficio en España”, en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet (eds.). Historia de la Inquisición en España y América. II. Las estructuras del Santo Oficio. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1993, págs. 3-47.

36Cook, Sherburne F. y Woodrow Borah. Ensayos sobre historia de la población: México y el Caribe. México, Siglo XXI Editores, 1978.

37Domínguez Ortiz, Antonio. El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. Madrid, Alianza Editorial, 1988.

38Escandell Bonet, Bartolomé. “Las adecuaciones estructurales: establecimiento de la Inquisición en Indias”, en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet (eds.). Historia de la Inquisición en España y América. I. El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984, págs. 713-730.

39Escandell Bonet, Bartolomé. “Estructura geográfica del dispositivo inquisitorial americano”, en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet (eds.). Historia de la Inquisición en España y América. II. Las estructuras del Santo Oficio. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1993, págs. 48-60.

40Espejo-Ponce Hunt, Marta. Colonial Yucatan: Town and region in the seventeenth century. Philosophy Dissertation doctor in history. Los Angeles: University of California, 1974.

41García Ivars, Flora. La represión en el Tribunal inquisitorial de Granada, 1550-1819. Madrid, Akal Universitaria, 1991.

42Gerhard, Peter. Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000.

43“Instrucciones del Ilustrísimo Señor Cardenal, Inquisidor General, para la fundación de la Inquisición en México”, en Genaro García. La Inquisición en México. Documentos inéditos o muy raros para la historia de México. Publicados por… México: Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1906, pags. 215-247.

44López de Cogolludo, Diego. Historia de Yucatán. México: Academia Literaria. 1957

45Maqueda Abreu, Consuelo. Estado, Iglesia e Inquisición en Indias. Un permanente conflicto. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000.

46Martínez Rosales, Alfonso. “Los comisarios de la Inquisición en la ciudad de San Luis Potosí, 1621-1820”, en José Luis Soberanes Fernández (coord.). Memoria del III Congreso de historia del derecho mexicano (1983). Universidad Nacional Autónoma de México: México, 1984, pags. 409-429.

47Medina, José Toribio. Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México. México: CONACULTA, 1991.

48Méndez, María Águeda. Catálogo de textos marginados novohispanos. Inquisición: siglo XVII. Archivo General de la Nación (México). México: El Colegio de México, Archivo General de la Nación, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997.

49Miranda Ojeda, Pedro. “Hacia una tipología de las comisarías del Santo Oficio en la Nueva España. Organización y configuración geodemográfica, siglos XVI-XVII”, en Historias, núm. 64, mayo-agosto 2006a, págs. 55-72.

50 Miranda Ojeda, Pedro. “El espacio inquisitorial. El problema de la urbanidad de las comisarías del Santo Oficio en la Nueva España, siglos XVI-XVIII”. Ponencia presentada en el 52 Congreso Internacional de Americanistas. Pueblos y Culturas de las Américas: Diálogos entre globalidad y localidad. Sevilla, España, 17-21 de julio 2006b.

51Miranda Ojeda, Pedro. “Las comisarías del Santo Oficio. Funciones y funcionarios en la estructura inquisitorial de Yucatán, 1571-1820”, en Desacatos. Revista de Antropología Social. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. México: núm. 25, septiembre-diciembre 2007a, págs. 163-190.

52Miranda Ojeda, Pedro. Las comisarías del Santo Oficio de Mérida y Campeche. Configuración geodemográfica y sociedad en el prisma inquisitorial (1571-1820). Campeche: Gobierno del estado de Campeche, 2007b.

53Miranda Ojeda, Pedro. “Las sanciones de la fe. Los autos de fe y la aplicación de penas del régimen inquisitorial en el México colonial”, en Contribuciones desde Coatepec, núm. 14 (enero-junio 2008), págs. 61-83.

54Sales Colín, Ostwald. “La Inquisición en Filipinas: el caso de Mindanao y Manila, siglo XVII” en Noemí Quezada, Martha Eugenia Rodríguez y Marcela Suárez (eds.). Inquisición novohispana. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2000, págs. 266-270.

Notas de pie de página

551 “Instrucciones…”, 1906: 244.

562 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. (México: Fondo de Cultura Económica, 1993), pág. 30.

573 Acerca de la relevancia y el papel fundamental de los autos de fe, véase Miranda Ojeda, Pedro. “Las sanciones de la fe. Los autos de fe y la aplicación de penas del régimen inquisitorial en el México colonial”, en Contribuciones desde Coatepec, núm. 14 (enero-junio 2008), págs. 61-83.

584 Jaime Contreras y Jean-Pierre Dedieu. “Estructuras geográficas del Santo Oficio en España”, en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet (eds.). Historia de la Inquisición en España y América. II. Las estructuras del Santo Oficio. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1993, pág. 10; Domínguez Ortiz, 1988: 151.

595 Jaime Contreras y Jean-Pierre Dedieu. “Estructuras geográficas…”, págs. 10, 43.

606 Antonio Domínguez Ortiz, El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. Madrid, Alianza Editorial, 1988. Los graves problemas funcionales del territorio también son analizados en Bartolomé Escandell Bonet, “Las adecuaciones estructurales: establecimiento de la Inquisición en Indias”, en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet (eds.). Historia de la Inquisición en España y América. I. El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984), págs.
53-55.

617 Diego López de Cogolludo, . Historia de Yucatán. México: Academia Literaria. 1957: Lib. VII, Cap. II; “Nombramiento del comisario del Santo Oficio para Yucatán, Cozumel y Tabasco a favor de Cristóbal de Miranda, deán de la catedral de Mérida”, Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Inquisición, vol. 84, exp. 30.

628 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

639 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

6410 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

6511 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

6612 “Nombramiento del comisario del Santo Oficio en Nicaragua a favor del deán Pedro de Posso”, AGN, Inquisición, vol. 212, exp. 15.

6713 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

6814 María Águeda Méndez, Catálogo de textos marginados novohispanos. Inquisición: siglo XVII. Archivo General de la Nación (México). (México: El Colegio de México, Archivo General de la Nación, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997).

6915 “Carta de fray P. obispo de Chiapas, felicitando a la Inquisición por el nombramiento del maestro Bermejo para comisario del Santo Oficio. Chiapas”, AGN, Inquisición, vol. 83, exp. 3.

7016 “Nombramiento a favor de Francisco López de Rebolledo para comisario del Santo Oficio en Veracruz”, AGN, Inquisición, vol. 74, exp. 3.

7117 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

7218 Peter Gerhard, Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821. (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000), págs. 359, 361.

7319 Alonso López, Eugenio A. “Mohínas de la Inquisición”, en http://www.jayikislakfoundation.org/prize/200201.html , 2005. Consultado el 20 de septiembre de 2008.

7420 José Toribio Medina,. Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México. México: CONACULTA, 1991, págs.178-180.

7521 “Informa sobre asuntos tal como envío de una misiva al Tribunal del Santo Oficio en Sevilla en la cual se plantea la necesidad de nombrar un comisario para la ciudad de La Habana”, Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), Lib. 352, R 01, ff. 275-276.

7622 “Ordena que se tenga buena correspondencia con el virrey en lo relativo al nombramiento, en la ciudad de La Habana, de comisarios y familiares sobre las denuncias que han interpuesto hombres contra curas que los han solicitado”, AHN, Lib. 352, R. 01, ff. 297-298.

7723 “Relación de cartas remitidas a la Inquisición de México: Relación de carta acusa recibo de las quejas del obispo de Cuba acerca de como el comisario de la ciudad de La Habana se extralimita en sus funciones”, AHN, Lib. 352, R. 01, ff. 315-317; “Relación de cartas remitidas a la Inquisición de México: comunica sobre las quejas del obispo de la isla de Cuba contra Fray Francisco Carranzo, sacerdote franciscano y comisario en la ciudad de La Habana para dicho tribunal de México”, AHN, Lib. 352, R. 01, ff. 319-321.

7824 María Águeda Méndez, Catálogo de textos .

7925 María Águeda Méndez, Catálogo de textos.

8026 Ostwald Sales Colín, “La Inquisición en Filipinas: el caso de Mindanao y Manila, siglo XVII” en Noemí Quezada, Martha Eugenia Rodríguez y Marcela Suárez (eds.). Inquisición novohispana. (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2000), págs. 266-270; Pedro Miranda Ojeda, “Hacia una tipología de las comisarías del Santo Oficio en la Nueva España. Organización y configuración geodemográfica, siglos XVI-XVII”, en Historias, núm. 64, (mayo-agosto 2006), págs. 55-72. 56-57.

8127 En la provisión de una comisaría era necesario cumplir con la solicitud de ser una persona mayor de cuarenta años, prudente, ejemplar en erudición y costumbres, además de su probado celo religioso. El perfil característico de su genealogía y limpieza de sangre debía coincidir con su origen cristiano viejo y su ejemplar genealogía familiar (Pedro Miranda Ojeda, “Las comisarías del Santo Oficio. Funciones y funcionarios en la estructura inquisitorial de Yucatán, 1571-1820”, en Desacatos. Revista de Antropología Social. (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. México: núm. 25, septiembre-diciembre 2007), pág. 180). Según su condición y la moral social debía ser representante de una recta conciencia, principios, obediente, sumiso, fiel, dedicado y reverente con el tribunal, además de ser vecino de la ciudad. Al mismo tiempo debía ser avizor, enérgico, cauto, discreto, sigiloso y confiable, sin inclinaciones por las murmuraciones (Alfonso Martínez Rosales, “Los comisarios de la Inquisición en la ciudad de San Luis Potosí, 1621-1820”, en José Luis Soberanes Fernández (coord.). Memoria del III Congreso de historia del derecho mexicano (1983). Universidad Nacional Autónoma de México: México, 1984, -ág. 410).

8228 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

8329 Pedro Miranda Ojeda, “Hacia una tipología de las comisarías del Santo Oficio en la Nueva España. Organización y configuración geodemográfica, siglos XVI-XVII”, en Historias, núm. 64, (mayo-agosto 2006), pág. 59.

8430 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 86

8531 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 86.

8632 AGN, Inquisición, vol. 237, ff. 301-302.

8733 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

8834 Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México. , pág. 85.

8935 “Nombramiento expedido por Alonso Mexia, arcediano de la catedral y comisario del Santo Oficio, a favor de Jerónimo Paulo”, AGN, Inquisición, vol. 213, exp. 15.

9036 Un análisis detallado acerca de las visitas de distrito puede consultarse en Jaime Contreras, “Las modificaciones estructurales”, en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet (eds.). Historia de la Inquisición en España y América. I. El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984), págs. 1174-1176 ; Flora García Ivars, La represión en el Tribunal inquisitorial de Granada, 1550-1819. (Madrid, Akal Universitaria, 1991), págs. 94-158.

9137 “Instrucciones…”, 1906: 225-247 (sin cursivas en el original).

9238 Acerca de este problema véase Bartolomé Escandell Bonet, “Las adecuaciones estructurales”, pág. 721; Pedro Miranda Ojeda, “El espacio inquisitorial. El problema de la urbanidad de las comisarías del Santo Oficio en la Nueva España, siglos XVI-XVIII”. Ponencia presentada en el 52 Congreso Internacional de Americanistas. Pueblos y Culturas de las Américas: Diálogos entre globalidad y localidad. Sevilla, España, 17-21 de julio 2006.
.

9339 Pedro Miranda Ojeda, Las comisarías del Santo Oficio de Mérida y Campeche. Configuración geodemográfica y sociedad en el prisma inquisitorial (1571-1820). (Campeche: Gobierno del estado de Campeche, 2007).

9440 Marta Espejo-Ponce Hunt, Colonial Yucatan: Town and region in the seventeenth century. Philosophy Dissertation doctor in history. Los Angeles: University of California, 1974, pág. 97, 206, 208.

9541 Acerca de los conflictos generados por la competencia de jurisdicciones véase Consuelo Maqueda Abreu, Estado, Iglesia e Inquisición en Indias. Un permanente conflicto. (Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000).
.

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Para citar este artículo :

Pedro Miranda Ojeda, « Geodemografía inquisitorial : espacio y población en la nomenclatura del Santo Oficio de la Nueva España durante el siglo XVI », Boletín AFEHC N°38, publicado el 04 octubre 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2028

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