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AFEHC : articulos : Lectura crítica de la “Memoria sobre el fomento de las cosechas del cacao” del canónigo Antonio García Redondo : Lectura crítica de la “Memoria sobre el fomento de las cosechas del cacao” del canónigo Antonio García Redondo

Ficha n° 2106

Creada: 28 diciembre 2008
Editada: 28 diciembre 2008
Modificada: 06 julio 2010

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Gustavo PALMA MURGA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Lectura crítica de la “Memoria sobre el fomento de las cosechas del cacao” del canónigo Antonio García Redondo

El ensayo del canónigo Antonio García Redondo, publicado a finales del siglo XVIII, en plena crisis económica provocada por la caída de los precios del añil en los mercados internacionales, representa un esfuerzo original – la concepción de una primera reforma agraria - para buscar una solución a los efectos negativos de una economía organizada alrededor de una sola producción. Sin embargo, mas allá de los términos y de la buena voluntad de su autor, uno puede sentir en el proyecto el realismo de un hombre que vivía en condiciones sociales privilegiadas y la presión social de su entorno – hacendados-. Invitamos en este trabajo a leer estos documentos con cautela para tomar en cuenta los límites del discurso del “mundo intelectual” al final de la época colonial.
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Palabras claves :
Economía, Agricultura, Ideología, Cacao, Reforma agraria, Ilustración
Autor(es):
Christophe Belaubre
Fecha:
Diciembre de 2008
Texto íntegral:

1En la economía de antiguo régimen y a fortiori del sistema colonial hispanoamericano, la fuente más importante de la riqueza era la agricultura, siendo el comercio y las actividades artesanales formas de ingresos complementarios. A finales del siglo XVIII, por lo menos 800,000 personas, sobre un poco más de un millón de habitantes que había en el Reino de Guatemala, se dedicaban al cultivo de la tierra – en particular al cuidado del “milagroso” maíz y de los frijoles – permitiendo a los demás nutrirse de manera correcta. Esta porción del Imperio español era un mundo fundamentalmente agrario, que ha sido a final de cuentas poco estudiado1, un mundo precario, con pocas herramientas de trabajo y sin ningún tipo de manuales técnicos que hubieran permitido aumentar los rendimientos. Era también un mundo que se insertaba más y más en el mercado europeo con diversas producciones locales que alimentaban un fuerte comercio interregional. El Reino contaba dos o tres cultivos industriales – sobre todo el añil y el tabaco -, los cuales garantizaban a los campesinos ingresos superiores2. En el periodo estudiado estos cultivos – en particular los arbustos de añil del que se extraía un tinte muy cotizado en Inglaterra y Cataluña para el teñido de textiles – sufrieron una grave crisis debido a la competencia de las Indias orientales. Desde más de tres décadas el producto estaba alimentando los círculos comerciales entre la “madre patria” y la Ciudad de Guatemala asegurando una cierta prosperidad a la región pero este cambio de coyuntura afectó directamente un sistema precario poco preparado para soluciones alternas. Se detuvieron las exportaciones y los mismos comerciantes carecieron de fondos para seguir importando mercancías europeas3.

2Este pésimo contexto económico representaba un verdadero desafío para las autoridades locales, desafío que los miembros de la recién creada Sociedad de Amigos del País de Guatemala supieron aprovechar para justificar aún más su utilidad en la sociedad colonial. La “elite intelectual” de la ciudad, concentrada alrededor del grupo motor encabezado por el Oidor Jacobo de Villa Urrutia, promovió soluciones alternativas a la crisis del añil. Curiosamente los Socios se concentraron en la elaboración de informes sobre un producto que había conocido en el pasado un gran éxito en el comercio exterior: el cacao4. Curiosamente se podía imaginar que los reformadores de la época iban a buscar soluciones novedosas con otros productos como la grana, el lino, el árbol de China o el café o con la modernización de la industria textil. El cacao llamaba la atención y estaba más en el recuerdo del periodo de la Conquista, cuando los pueblos del Soconusco y de la Costa del Pacífico estaban bajo influencia azteca por el excelente cacao que allí se producía5. Era un producto cultivado y cosechado colectivamente en plantaciones de los indígenas, ingerido en abundancia por la elite en toda “Mesoamérica”, popularizado durante la colonia y entonces consumido por la mayoría de la población. A falta de oro, los españoles lo aceptaban como tributo y lo utilizaban para alimentar sus intercambios comerciales. A principios del siglo XVIII, en plena crisis debido a la producción venezolana o ecuatoriana, el cacao seguía representando la mitad del dinero recaudado en los pueblos indígenas por concepción de tributo: los cuales alcanzaban entonces 286 923 pesos, o sea 78,5% de los ingresos de la Real Hacienda6. Francisco García Peláez da una producción de 100 000 cargas a finales del siglo XVI, de 25 000 a finales del XVII y de 15 000 a principios del siglo XVIII, descenso drástico que se debió a la competencia del cacao cultivado en otras zonas del Imperio.

3Este interés en el cacao no era completamente fortuito o ideado por un intelectual nostálgico del pasado. En realidad la región centroamericana en aquella época formaba un todo irrigado por múltiples canales de información y se sabía muy bien que desde 1750 la región de Rivas en Nicaragua actual, vivía un periodo de prosperidad debido al cacao7. La demanda interior y el mercado europeo dejaban buenas ganancias: los comerciantes de Tegucigalpa desembolsaban, por ejemplo, 40.000 pesos – 35 pesos por tercio de cacao – para abastecer su mercado en cacao producido en León8. En 1741 había en el Valle de Matina 144 propiedades donde se cultivaban el cacao con un total de 189.869 árboles9. El dinámico comerciante de la Ciudad de Guatemala José María Peinado, desde 1794 buscaba el puesto de Alcalde Mayor de Sonsonate para poder volver a introducir el cacao en aquella zona10. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la elite ilustrada del Reino, el cacao no representó la alternativa esperada: ni los incentivos fiscales ni las nuevas plantaciones que se hicieron en el Soconusco o el territorio de Escuintla, Suchitepéquez y Chiquimula devolvieron al Reino de Guatemala su prosperidad de la segunda mitad del siglo XVII11.

4A pesar de este fracaso económico nos queremos centrar sobre los escritos de los “intelectuales” que influyeron en la adopción de dichas medidas en particular sobre el ensayo del joven canónigo Antonio García Redondo publicado en Guatemala en 1798, ensayo titulado: Memorias sobre el fomento de las cosechas del cacao y otros frutos de la tierra. El documento, que tuvo el honor de una segunda edición en el correo mercantil N° 32 de Madrid el 21 de abril de 1800, es bien conocido de los historiadores12. Uno de los primeros historiadores Guatemaltecos Francisco García Peláez lo cita ampliamente en 1852 considerando el trabajo como útil para conocer el mundo ladino en la época colonial13. Era un juicio ya acertado. Si Julio Pinto Soria lo cita en su análisis sobre los pasos que hicieron transitar “Centroamérica de colonia a estado nacional” sólo enfoca el hecho que García Redondo, español recién llegado, se cuida de denunciar el problema del desequilibrio en la tenencia de la tierra14. En la “Historia General de Guatemala” Jorge Luján Muñoz y Horacio Cabezas Carcache consideran que “en este librito el Padre García Redondo realizó una dura crítica, de hecho la primera y más radical efectuada hasta entonces, al sistema colonial del régimen de tierras, del cual mostró sus efectos negativos y sugirió su completa transformación” pero la naturaleza misma de la reforma esta a penas presentada. En realidad únicamente el historiador Bernardo Belzunegui Omarzábal, en su tesis de doctorado, dedica un largo capitulo al ensayo proponiéndolo como un trabajo de síntesis para entender el “Pensamiento Económico y Reforma agraria en el Reino de Guatemala15”. Aunque se trata de una lectura profunda y metódica, que privilegia la comparación con otros ensayos, su óptica es claramente la de un historiador de la economía deseoso de sacar elementos de comprensión del ideario ilustrado frente a la situación agraria vivida al final del periodo colonial.

5Planteamos aquí una nueva lectura del ensayo moviendo el foco de observación para abordarlo desde una nueva perspectiva más crítica. García Redondo – y sus colegas que conformaban un grupo de poder – no escogió la temática de la tierra y de la producción agrícola por casualidad : es de suponer que estaba plenamente consciente que en un país eminentemente agrario, todo cambio en torno a la tenencia de la tierra, producción y utilización de la mano de obra campesina, podría tener fuertes incidencias en la configuración sociopolítica. Escogió dicha temática porque quería dibujar los principales rasgos de una sociedad colonial distinta. En sí la “fuente” representa un elemento de imposición de una nueva cultura donde los actores sociales son pensados según criterios construidos intelectualmente. De hecho es necesario observar la fuente detenidamente en sus múltiples acepciones lo que proponemos en una primera parte. En la segunda parte buscamos en las palabras y conceptos empleados cómo un intelectual logra dibujar una realidad social parcialmente ficticia con la idea “escondida” de fomentar una nueva sociedad basada en un sistema agrario reformulado.

Microanálisis de la fuente en sí

6Si nos referimos solamente al documento éste se terminó de redactar el 13 de agosto de 1798 en Chimaltenango y menos de un año después, el 20 de junio de 1799, una junta de “cacao” de la Real Sociedad Patriótica de Guatemala decidió imprimirlo16. Pocos meses después, la misma Sociedad era disuelta por el monarca. La historiadora Elisa Luque Alcaide afirma que el fiscal del Consejo de Indias consideró la memoria de García Redondo como “despreciable” sobre todo porque se proponía que se derogara la ley que prohibía vivir a blancos y mestizos entre los indios17. En fin, parece que el Consejo de Indias hizo un balance de las actividades de la Sociedad a partir de diferentes impresos incluyendo, la memoria del canónigo, pero no fue tanto su ensayo el que provocó la decisión de supresión sino el ensayo del fraile Antonio José Muro18.

7Hemos trabajado a partir de una fotocopia – se supone sacada del original aunque no lo podemos confirmar – que se encuentra conservada en la biblioteca de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala. Bernardo Belzunegui Omarzábal desafortunadamente no nos dice claramente dónde localizó el documento que utilizó, aunque es muy probable que haya sido en el Archivo General de Indias19. Esta falta de información sobre el “entorno” de la fuente representa una limitación: primero el documento que tenemos a la mano no menciona ningún tipo de información sobre alguna censura que hubiera pasado antes de publicarse, lo cual nos sorprende en un periodo marcado por la actividad sostenida de una Inquisición deseosa de limitar la entrada de los impresos. Es posible que García Redondo haya tenido el apoyo directo del oidor Jacobo de Villa Urrutia que estaba entonces en capacidad de publicar casi lo que él quería20.

8Cabe mencionar primero que el testimonio es el de un eclesiástico, es decir, un miembro de una casta reducida que puede interpretar y entonces alterar una realidad vivida. El autor es bien conocido: fue un hombre ilustrado, conservador en sus interpretaciones sociales, más abierto en el campo de las novedades económicas. Se movía dentro de un círculo de gente bastante reducido, – muchos españoles aunque estaba bien aceptada por los criollos -, aunque abierto a influencias europeas, en relación regular por medio de numerosas cartas con España. Salvo su travesía del Atlántico (una aventura en sí) no le conocemos ningún viaje en las distintas provincias del Reino de Guatemala desde su llegada a la capital, en 1779, hasta su fallecimiento en 1834. No le conocemos tampoco otros trabajos sobre la misma temática como lo demuestra muy bien Bernardo Belzunegui Omarzábal, pues él tuvo muy poco qué ver con la redacción de las famosas Instrucciones a los diputados enviados a las Cortés de Cádiz de 1810. Ambos datos permiten decir que la tierra y sus problemas representan más que todo un pretexto para “concretizar” su ideario social que un tema de investigación científico que lo hubiera acaparado durante muchos años.

9No cabe duda que se trata de un observador cuidadoso, honesto – un hombre cuyo trabajo es pensar – y podemos considerar también que no disponía de la formación académica necesaria para entrar en un campo de la ciencia tan alejado de su ideario moralizador y de su condición de privilegiado21. Además el historiador que analiza este tipo de ensayo topa rápidamente con la imprecisión del vocabulario utilizado: García Redondo no se toma nunca la pena de definir ciertos conceptos que usa a saciedad sin que sepamos exactamente lo que hay detrás. Otro detalle que podemos subrayar es la ausencia de la “voz indígena” por la ignorancia total de García Redondo del idioma de los mismos y por su ausencia total de relación con el mundo indígena – nunca fue párroco en un curato de la diócesis sino que permaneció toda su vida en la capital. Ni siquiera el autor nota la contradicción de sus posturas intelectuales a pesar de su clara conciencia que “el Indio ha sido, y aun es el único Agricultor de nuestras Americas22”. No cabe duda que el autor comparte el nuevo discurso de moda en el siglo XVIII que tiende a una “valorización de las antiguas culturas indígenas” y que motivó distintos viajes de exploración de las ruinas de Palenque23.

10Creemos que este trabajo se hizo por distintas razones, algunas evidentes y otras más ocultas. La primera está claramente expuesta en las primeras líneas: se trata de buscar la manera de volver a introducir el cacao en el Reino de Guatemala, el cual tuvo su auge pero estaba casi abandonado en el siglo XVIII a pesar de las buenas voluntades de los socios de la Real Sociedad. La segunda no está claramente expuesta aunque se vislumbra de la primera pues se trata de buscar una solución alterna a la crisis del añil debido al aumento de la competencia sobre dicha producción a nivel internacional24. Otra motivación, aunque no se presenta como una finalidad, es que el autor quiere implementar en el sistema colonial un nuevo modelo económico y social donde la iniciativa privada tendría más espacios. En fin, pudo haber motivaciones personales de carrera: no hay que olvidar que el autor está inmerso en una sociedad de “Gentes de letras”. Aunque no se trata de un cuerpo organizado, “los que escriben” son pocos y se distinguen aun más cuando alcanzan el nivel de la publicación impresa. La circulación de su ensayo (que bien pudo publicarse con más de 100 ejemplares, y no sabemos si se ha podido conservar un original en alguna biblioteca centroamericana) le aseguraba un cierto prestigio en una sociedad colonial que posiblemente no conocía ningún tipo de “bohemia literaria25”.

11Además de lo que decíamos sobre la falta de competencia del autor en el campo de la agronomía, el ensayo nos informa sobre cómo ha trabajado el autor: García Redondo escribió en base a cuatro estudios de campo realizados por socios de la Sociedad aunque solo se cita el trabajo del cura licenciado Ponciano Garrote (llamado erróneamente Manuel Garrote en el impreso de la Tercera Junta). Se les pidió sencillamente “una razón de las causas del atraso del cacao, y medios de fomentarlo”. Tenemos entonces un ensayo redactado por un hombre que conoce muy mal las realidades de terreno porque no las vivía, que se tomó muy pocas veces la pena de salir de la ciudad de Guatemala26, que construyó un trabajo según cuatro testimonios haciendo “un breve resumen, ó análisis de dicha memorias” mencionando sólo a uno por su carácter de licenciado y quizás por la calidad del trabajo enviado. Otro socio que pudo haber dado buena información es el cura de Tonalá Dr. Don José de León y Goicoechea cuyo nombre aparece como informante en el tercer impreso que da cuenta de las actividades de la Sociedad27. También es de suponer que detrás de él estaba un verdadero grupo de trabajo compuesto a paridad de hacendados y de intelectuales. El impreso de la “Segunda Junta” menciona el papel jugado por el hacendado Francisco de Arce28. Su informe – que infelizmente no conocemos – fue recibido con mucha cautela quizás porque no correspondía con los fines políticos defendidos por los socios: “Pero un análisis menudo del discurso de el Sr. Arce no es oportuno en este lugar, ni deberá hacerse por el Secretario, hasta que la Junta haya puesto fin á sus discusiones, y prestado su sanción la Sociedad á los informes de ella y de sus vocales29”. Según Bernardo Belzunegui Omarzábal, los comerciantes Gregorio Urruela y Juan Antonio Araujo realizaron un ensayo en 1791 para buscar la manera de desarrollar las cosechas del cacao30. En fin, pensamos también que el hacendado José María Peinado pudo haber jugado un rol motor porque se interesó en casi todos los temas que tocaron al fomento de la agricultura: lino, seda,…. El impreso nos informa que el trabajo final fue sometido a una Junta que logró imponer unos cambios. Es posible que García Redondo no haya dicho todos los puntos de cambios y las adiciones que tuvo que aceptar antes de tener el permiso de publicación31.

12A pesar de sus limitaciones, el texto merece un análisis en detalle primero porque se trata, talvez, de uno de los primeros documentos de este tipo redactado en Guatemala. No se trata de un texto de ley que quiere fijar los grupos sociales en categorías formales, sino un trabajo suscitado por un ambiente intelectual renovado que, a pesar de la autocensura que caracteriza al autor, se escribió con un cierto grado de libertad y de consenso. Este cuadro de escritura permite cuestionar los silencios numerosos en un ensayo de este tipo que quiere dar a conocer los problemas del mundo campesino. Entre las líneas del ensayo se vislumbra que más allá del retórico bien público, el autor persigue la realización de un sueño: la creación de un mundo colonial “occidentalizado”, uniforme, orientado hacia el incremento de la producción agrícola para el beneficio de las actividades comerciales de unos pocos.

Los numerosos silencios del ensayo

Aunque el ensayo de García Redondo pretende el fomento de la agricultura en el Reino de Guatemala es un trabajo que deja de lado muchos aspectos esenciales de los procesos productivos en las zonas rurales.

13Primero el espacio geográfico contemplado está muy poco descrito y la estructura agraria sobre la que todos pretenden fomentar el cacao, no se conoce sino por los pocos testimonios recaudados. Sin embargo, la Gazeta de Guatemala publicó un informe que subrayaba que la provincia de Suchitepéquez tenía una producción con un valor de 176.200 pesos, incluyendo cerca del 80 % para el comercio32.

14Otro aspecto que carece de análisis es el problema de los rendimientos y de los cultivos básicos para la población. Toda la reflexión está orientada hacia el fomento de los cultivos a intereses especulativos sin tomar en cuenta las incidencias que podría tener el acaparamiento de nuevas tierras sobre las tierras dedicadas al maíz. No hay ni una palabra sobre las condiciones de vida de la población rural. Sin embargo se nota, en diferentes argumentos, que el alza demográfica del siglo XVIII está provocando una presión sobre las tierras baldías y los ejidos. García Redondo se propone, por ejemplo, que muchos ejidos estén desmontados. Esta “solución” no contempla que estas tierras sean de mala calidad para el cultivo o de acceso delicado. La tierra valía más que todo por su cercanía a las vías de comunicación y a las ciudades, villas o puertos por eso se buscó con tanta esperanza el fomento del cacao en Trujillo33. El bloqueo técnico no favorecía grandes extensiones de tierras cultivadas. Las técnicas de laboreo eran rudimentarias hasta tal punto que, por ejemplo, no se utilizaba el arado movido por bueyes sino que se trabajaba mayoritariamente con azadones34. En realidad la ley de las subsistencias, tal y como ha sido formulada por Malthus, se estaba aplicando tanto en Guatemala como en Europa y es muy posible lo que producían las tierras recuperadas no compensaban satisfactoriamente el aumento de la población. ¿Cómo explicar el increíble aumento de pobres, mendicantes y ladrones en la capital en las vísperas de la Independencia? Jacobo de Villa Urrutia decía de la provincia que “gran parte de sus hijos no tienen con qué subsistir35”. En el campo, la traducción concreta de la debilidad de la producción agrícola se hace más sensible durante las epidemias. García Redondo bien pudo mencionar la epidemia de tabardillo que se desató en las tierras altas de Guatemala precisamente cuando escribía su ensayo (1796-1799). George Lovell cita el testimonio de un Alcalde Mayor que consideraba que los que se recuperaban tenían pocas esperanzas de sobrevivir, ya que “muchos de los infelices naturales morirán por falta de alimentos y remedios36”.

15Además García Redondo quiere insistir más que todo en las tierras ejidales -fuente de todos los males que afectan los indígenas – pero no menciona la propiedad privada de la tierra. Los españoles, criollos, mestizos e indígenas con mayor poder adquisitivo podían comprar tierras a la Corona a través de los mecanismos de la denuncia y subasta, así como mediante la composición. Este incremento de las grandes haciendas a pesar de la defensa enérgica en este campo del común de los indígenas está complementado ocultado37. Julio Pinto Soria, ha puesto énfasis en el hecho que García Redondo se cuida de denunciar la injusta posición de los terratenientes pero este silencio es bastante sorprendente si se toma en cuenta que la Gazeta de Guatemala no deja de lado el obstáculo que representaba el latifundio en el fomento de la agricultura38. La posición de superioridad de los españoles [o criollos] – se olvida también de los empobrecidos – está claramente justificada en una frase que cae como una sentencia: “El Español por su clase, circunstancias y nuestra constitución, tiene, merece y exige superiores respetos [39]”.

16Tampoco se entra en el problema de la mano de obra que el cacao requiere: las condiciones de trabajo de los indígenas que lo cosechaban sólo se aborda alusivamente. Uno busca en vano algunas líneas que hubieran podido denunciar los tratamientos injustos que la población nativa enfrentaba cotidianamente. Claro que García Redondo no desconoce la coacción que se da en las haciendas: su intento de modificar tales prácticas aparece bien tímido en relación con las apuestas humanas40. Su idea es que los indios que cultivaban 25 cuerdas quedaran exentos de “ir en mandamiento a las haciendas de españoles y ladinos41”. En realidad se siente detrás de muchas alegaciones el peso de los terratenientes que formaban parte de la junta de cacao que había trabajado en la síntesis presentada por García Redondo . Por ejemplo, “los indios sirvientes en haciendas” no estaban contemplados en la implementación de una ley que obligaba a todos los indios tributarios a cultivar una parcela de diez cuerdas, eso para que las haciendas no estuvieran nunca en posición de debilidad en el mercado del trabajo.

17Su condición de eclesiástico limitaba seguramente su libertad de expresión, pero es elocuente que no haya ni una alusión al problema de los censos que representaban una carga enorme sobre la tierra y la producción agrícola. Las tierras de las cofradías, a menudo administradas y cultivadas colectivamente, a veces directamente en beneficio del cura y de la Iglesia, tampoco aparecen en el ensayo.

18En fin, es de notar que los escritos de García Redondo reflejan bien la mentalidad de la elite colonial en la medida que apuestan, a finales del siglo XVIII, en el cacao como habían apostado a finales del siglo XVII en el añil sin planificar complementariedades a los mismos. Es una perspectiva cerrada y conservadora: quieren seguir comerciando cómodamente con la metrópoli y acumular riqueza lo más rápidamente posible.

Cuando las palabras construyen un nuevo “ordo” colonial

Su construcción del mundo ladino

19A pesar de las barreras erigidas entre las distintas capas de la sociedad colonial – en particular entre indios y españoles -, barreras interiorizadas por García Redondo, la categoría de los ladinos está plenamente reconocida bajo su pluma hasta tal punto que se pide un derecho de vecindad para ellos:

20Se les asegurará el derecho de vecindad en donde residen, o donde les acomode establecerse. No podrán ser expelidos bajo ningún arbitrio ni pretexto, y solo si en los casos que señalan nuestras leyes para cualesquiera otro vasallo, con la justificación debida, y por los tribunales a quienes corresponde imponer semejantes penas42.

21Aun más, su análisis acepta las evoluciones propias de un periodo colonial que vio un acercamiento siempre más fuerte entre el componente ladino y el español por lo menos en la relación a la tierra que ambos estaban cultivando directamente:

22“ (…) Sin embargo esta regla no es tan general, que dejen de verse algunos de estos [los ladinos], y aun Españoles Europeos aplicarse a la Agricultura con éxito y mejor ejemplo43 (…) ”.

23En realidad este “retorno” a la tierra de ambas capas sociales se explica por las condiciones de la economía colonial, las cuales al crecer la población durante todo el siglo XVIII no permitían mantener un sistema de casta rígido que hubiera permitido a los ladinos y a los españoles vivir sobre el trabajo de los indios. El ensayo va incluso más allá de un planteamiento social, dando como adquirida la consolidación del grupo ladino, sino que pide cambios sustanciales a la legislación colonial para facilitarle el acceso a la tierra:

24“Convengamos en que los ladinos serán utilísimos en los pueblos bajo todos respectos siempre que se les conceda en ellos : una existencia civil, y no precaria como hasta aquí han tenido para este es forzoso que al derecho de vecindad se les añada el de poder adquirir propiedades, y bienes raíces ; ya haciendo propias en todo rigor las tierras que desmonten ; ó las que estén enteramente abandonadas dentro los ejidos de los pueblos ya comprando a los Indios las que estos les quieran vender44 (…)”.

25Se desprende del ensayo una visión conservadora de la sociedad colonial, aunque el autor demuestra una capacidad de observación de las realidades de su tiempo. Conservadora porque está convencido que los Indios están en su lugar como trabajadores del campo lo cual garantiza la armonía social. El Español pertenece a un grupo (ordo) y tiene tareas prioritarias (Ministerium): “El Español, ni puede, ni tiene necesidad de serlo durante el estado presente de las cosas45”. Es una interpretación ingenua, pues García Redondo debía saber muy bien que los españoles y criollos pobres y obligados a trabajar la tierra eran numerosos. Sin embargo es un tipo de representación de la sociedad común, compartida por el resto de la elite intelectual del siglo XVIII (y quizás del XIX) que muestra la imposición de los preceptos religiosos y la fuerza de la ideología conservadora en los textos más liberales de la época.

Una visión instrumentalizada del mundo indígena

26Aunque García Redondo toma cierta distancia con los “tópicos racistas” más comunes de la sociedad colonial46, tópicos que siguen fuertemente arraigadas en la sociedad contemporánea guatemalteca, sus análisis dejan entrever una visión del mundo indígena parcial que acepta el “principio” de la indolencia natural de los indígenas, su incapacidad natural a guardar su dinero y de su aceptación de la miseria económica47. La idealización franciscana que hacía del pobre un intercesor privilegiado está completamente ausente: al contrario, el pobre indio está visto como un peligro social y el mercantilismo que suele preñar el universo mental de la élite, los lleva sistemáticamente a pensar la “ociosidad” con ojos muy negativos. No hay el menor esfuerzo por conocer la cultura de los pueblos indígenas sometidos por la Conquista, y menos por tomar en cuenta la propia historia de los mismos pueblos marcada por la imposición de una cultura occidental durante cerca de tres siglos. Se deduce de la mayoría de sus argumentos la “clásica” superioridad de la civilización española y se busca la manera de “Españolizar al indio” siempre a nombre de una finalidad “progresista” puesto que se trata de alcanzar la igualdad legal. Aunque hoy en día seguimos careciendo de datos para medir el grado de aculturación de la población indígena en las vísperas de la Independencia, García Redondo está convencido que la población indígena de Guatemala sigue en el estado “pupilo” con sus “trajes, costumbres, idiotez y rusticidad”. Decir de un indígena que no está “aculturado” porque sigue prefiriendo vestir con sus “trajes” y no con los tejidos de los españoles es evidentemente poco satisfactorio. No cabe duda que el autor, junto con otros “ilustrados” de la época, instrumentalizan una realidad social que primero menosprecian y segundo desconocen. El modelo que quieren imponer es el de las provincias de San Miguel, Santa Ana o San Salvador donde “los indios se confunden con el resto de las otras castas”. Se trata de una visión muy reducida del universo cultural indígena que no quiere observar un mundo indígena que, en algunas zonas debía haber interiorizado y asimilado los valores y modelo de los europeos. Además Nathan Wachtel ha mostrado que ninguna ley general, con valor universal, permitía de pasar de un polo al otro48“. Quizás lo más interesante de esta parte del ensayo es la misma insistencia en querer presentar el indígena como “atrasado” y convencer paulatinamente a la Corona que el fomento del cacao en las zonas indígenas debe pasar por un cambio radical de la organización agraria, lo cual resulta falso debido a la falta evidente del vínculo orgánico entre crisis y productividad del mundo indígena. Es interesante sobre este punto señalar que García Redondo está al tanto de la mala coyuntura internacional que provocó la caída de la producción de cacao, pero es un tema que no le interesa desarrollar49. Hay entonces en el proyecto de García Redondo una idea subyacente y estructurante: se puede aprovechar el periodo de crisis para imponer un nuevo sistema económico basado en la división de las inalienables tierras ejidales, solución impuesta y pensada para el “bien” de los indígenas. No está contemplado que esta “solución” podría provocar revueltas aun más fuertes que las que el Reino solía vivir por problemas de recaudación de tributos. Una vez más el autor demuestra una gran ignorancia del terreno social que trabaja y un menosprecio evidente hacia el mundo indígena utilizando sistemáticamente una retórica paternalista para justificar su deseo de reforma. El juicio negativo hacia el sistema colectivo de posesión de la tierra de los indígenas no está tampoco fundado en ningún tipo de datos económicos. Pero esto no lo es todo: pues se abre la puerta a la requisición de las tierras de los indígenas, en particular “las que estén enteramente abandonadas dentro de los ejidos de los pueblos”. Se busca soluciones concretas para acelerar el proceso de ventas de las tierras colectivas: las ventas de los indígenas deben hacerse sin ninguna de las formalidades y resguardo exigidos por las Leyes de Indias y la primera venta de tierras hecha por los indios no adeudaría alcabala. Los riesgos de expoliación de los pueblos indígenas son grandes porque este grado de libertad que García Redondo promovía podría ser muy exitoso: traduciéndose en un descenso rápido de la propiedad colectiva sin que el común de los indígenas esté en capacidad de sacar de las ventas el justo precio de sus tierras. Para que los indígenas estuvieran en capacidad de comprar nuevas tierras había también que hacer una búsqueda de soluciones técnicas de financiamiento. La primera solución intenta devolver a los indígenas el goce de los fondos de comunidades, desviado principalmente en beneficio de los españoles y criollos por medio de préstamos a una tasa generosa de 5 %. Esta parte del proyecto es seguramente una de las más ambiciosas e interesantes puesto que estos fondos representaban grandes cantidades de dinero que serían entonces devueltos a las comunidades en beneficio exclusivo de ellas, pero se percibe allí las resistencias de los sectores más conservadores de la sociedad colonial, pues está previsto imponer mecanismos para reducir el impacto de la medida, para los que tuviesen grandes cantidades de dinero:

27“El Reintegro debería hacerse, conforme fueran cumpliendo los tiempos por que están respectivamente tomados, a usura pupilar, y concediendo esperas en plazo, únicamente a los que tuviesen grandes cantidades a fin de evitar los perjuicios que se podrían ocasionar con un pronto y absoluto reembolso50”.

28Apenas formuladas, las medidas de “acompañamiento”, que debían en teoría permitir a los indígenas que sacasen provecho de la reforma, se topaban con la hipocresía o la ingenuidad de García Redondo quien confiaba que el Alcalde Mayor podía jugar un papel en la mejora de la administración de las cajas de comunidad.

Conclusiones

29El canónigo fue uno de los hombres claves que fomentaron la difusión de las Luces en la Capitanía General de Guatemala, realidad que pudimos demostrar en un estudio anterior. Sin embargo la reforma agraria que planteó – es quizás complicado darle la total autoridad intelectual sobre la obra debido al papel jugado por el grupo de trabajo que se escondió detrás de él – sí era profunda y a la altura del desafío que el sistema colonial hispano-americano enfrentaba a finales del siglo XVIII, representa un buen ejemplo de la ambigüedad del movimiento de difusión de las Luces en América Central, ambigüedad que, de una cierta manera, anuncia el singular proceso pacífico de Independencia que va a conocer la región.

30El nuevo régimen de tenencia de la tierra que se quería implementar iba obligatoriamente a socavar el sistema colonial, pero tal cual como estaba pensada la reforma sus consecuencias iban a ser forzosamente negativas, en particular para la población indígena al dejarla prácticamente indefensa, sin poder jurídico especifico, para oponerse a unas poblaciones española y criolla más ricas y mejor formadas que solían acaparar las tierras en venta51.

31Leyendo a veces entre líneas, se puede ver que el fomento del cacao y la crisis del añil aparecen como pretextos para imponer una reforma agraria influenciada por un ideario liberal que Bernardo Belzunegui ha subrayado al pretender que García Redondo pudo haber leído los trabajos de Smith, Jovellanos, Sisternes y de Pereira52. Además al atacar duramente a la propiedad colectiva de los indígenas, los reformadores hacían el juego de un grupo ladino bien establecido en las tierras bajas de Suchitepéquez, donde se debía ampliar las tierras dedicadas al cacao, que buscaba una mejor integración al sistema colonial. Por otra parte, muchas ideas planteadas por García Redondo ocultan la situación vivida por los indígenas, en particular se silencia las consecuencias de la imposición de la normatividad colonial. Como lo dice Gustavo Palma Murga “los agotadores trabajos agrícolas comunes, las jornadas laborales obligatorias que debían cumplir fuera de los pueblos, las celebraciones religiosas con ocasión de las fiestas patronales, la existencia de normas y tradiciones consuetudinarias, entre otros, fueron elementos y factores a partir de los cuales se tejieron identidades y solidaridades locales que les cohesionaron en la adversidad que para ellos significaba vivir bajo dicho régimen53“. El documento y las peculiares condiciones de su elaboración y los términos mismos de la reforma, nos hacen pensar que implícitamente se admite que el mundo indígena a finales de la época colonial se encuentra estancado y sometido tal como lo ha sido desde el periodo de poblamiento de América Central. Es una reforma que niega la posibilidad que una parte del mundo indígena haya sido “occidentalizado” por tres siglos de régimen colonial, una parte indígena que se adaptó a la situación cuando no sacaban algunos beneficios del sistema, una parte que hubiera estado en capacidad de negociar según sus intereses una reforma agraria para incrementar la productividad. Tal como estaba pensada dicha reforma iba a beneficiar a los grupos sociales criollos y ladinos en detrimento de los indígenas, orientación que el siglo XIX iba confirmar desesperadamente.

32Notas de pie de página

331 Contamos algunos buenos estudios a nivel de cada Estado, unos pocos ensayos a nivel centroamericano pero los estudios regionales siguen siendo muy escasos. El estudio de Juan Carlos Zarazúa sobre la región del Oriente de Guatemala, a fines del siglo XVIII, es bastante pionero.

342 Se hizo un manual técnico para facilitar el cultivo del añil después de la visita del botánico José Mariano Moziño: Tratado del xiquilite y añil de Guatemala. Dedicado a su Real Sociedad Económica por… Botánico de la Real Expedición de Nueva España). Con notas puestas por el socio mencionado Dr. Fr. José Francisco Goycoechea. Año de 1799. [Manila). Imprenta Filipina. Por la Sociedad Económica de las Islas. (2) + 92 pp. ver también a Héctor Gómez Vázquez, Viaje interminable de un naturalista. (México: Academia Mexicana de Ciencias / Instituto Politécnico Nacional, 2005).

353 Las quiebras se multiplicaron en el rango de los comerciantes de la Ciudad de Guatemala: véase Christophe Belaubre, ]“La tesorería diocesana y la familia Rubio, un ejemplo de proceso de integración social via la Iglesia (ficha : 1126)”:/index.php?action=fi_aff&id=1126 , in “Las redes sociales frente a los ambiguos recursos del poder: Iglesia, Justicia, Diplomacia y Asociacionismo cultural, siglos XVI-XX”, coordinado por Michel Bertrand y Gabriela Dalla Corte, Tierra Firme, Revista de Historia y Ciencias Sociales, abril-junio, Nº 78, Año 20, Vol. XX, 2002.

364 Casi todos los informes de actividades de la Sociedad publicados entre 1797 y 1799 otorgan un capítulo al cacao.

375 Según Janine Gasco, las listas de tributo informa que ocho pueblos de Soconusco (Mapastepec, Soconusco, Acapetahua, Huixtla, Huehuetán, Mazatán, Coyoacán y Ayutla) pagaban a los aztecas un tributo anual de 200 cargas de cacao, equivalentes a 5,000 kilogramos. Janine Gasco, “La Provincia de Soconusco desde la Conquista hasta 1700”, in Historia General de Guatemala, (Guatemala : Sociedad de los Amigos del País).

386 Héctor Pérez Brignoli, Historia General de Centro América, Tomo 3, Capitulo 1, Juan Carlos Solórzano Fonseca, (Madrid: Comisión del V Centenario, FLACSO), pág. 22.

397 Véase Germán Romero Vargas, Las Estructuras sociales de Nicaragua, (Managua, Nicaragua: Editorial Vanguardia, c1988), págs. 227, 252. Cita un documento en AGI, Guatemala 593 : se renombraba en la región alrededor de Rivas 294 haciendas con 694.446 cacaguatales. Las haciendas que disponían de más de 5000 cacaguatales eran a penas 40 pero disponían de 54 % de los árboles. Según la sección de capellanías del archivo de la curia de la Ciudad de León, el coronel de milicias Francisco Joseph Cabezas tenia en la Villa de Nicaragua, en 1784, una hacienda propia de cacaotal nombrada Buenavista que valía más de 20000 pesos y solo tenia un gravamen de 2000 pesos.

408 Luis Pedro Taracena Arriola, Ilusión minera y poder político, La Alcaldía Mayor de Tegucigalpa. (Tegucigalpa: Ediciones Guaymura, 1998), pág. 108.

419 Juan Carlos Solórzano Fonseca, “ Une petite province coloniale : Le Costa Rica” dans Des Indes occidentales à l’Amérique Latine” à Jean-Pierre Berthe, textes réunis par Alain Musset et Thomas Calvo, (Paris : ENS editions, 1994), pág. 122.

4210 AGI, Guatemala 478. Informe de José Maria Peinado. (1794)

4311 Gaceta de Guatemala, Tome VII, Nº 195, fol. 54,56, ver el articulo sobre el cacao : «todavía existen monumentos de cuando los barcos del Perú y Panamá frequantaban [sic] el puerto de Sonsonate y extraían anualmente los 10 y 12 mil zurrones. Como 4 o 5 mil salían en cabezas de indios para el resto de este Reyno».

4412 BNG, Gaceta de Guatemala, Tomo V, N° 211 del 6 de julio de 1801.

4513 Véase en particular el capitulo sobre los pueblos ladinos: Francisco García Peláez, – Memorias para la Historia del Antiguo Reino de Guatemala -, redactadas por el ilustrísimo Señor Doctor Francisco García Peláez, (Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, 1973), pág. 160-161.

4614 Véase Julio Cesar Pinto Soria, Centroamérica de la colonia al estado nacional (1800 – 1840) (Guatemala: Editorial Universitaria de Guatemala, 1986).

4715 Véase Bernardo Belzunegui Omarzabal, Pensamiento Económico y Reforma agraria en el Reino de Guatemala, 1797-1812, (Madrid : Comisión Interuniversitaria Guatemalteca de Conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América), 1992, págs. 299-373.

4816 La junta se componía del Oidor Jacobo de Villa Urrutia, del fraile Antonio Goicoechea, del comerciante don Sebastián Melón, del fraile Mariano José López Rayón, que actuaba como censor, del licenciado José Tomas de Zelaya, del cura de la Congregación de San Felipe Neri, José Siméon Cañas y por último del secretario Antonio Juarros.

4917 Ver Elisa Luque Alcaide, La Sociedad Económica de Amigos del País de Guatemala , (Sevilla: Escuela de Estudios hispano-americanos de Sevilla, 1962), pág. 61. La autora cita un informe que se elevó al rey el 3 de junio de 1800 conservado en AGI, Guatemala, 650.

5018 Christophe Belaubre y Rodolfo Esteban Hernández Méndez, « El canónigo Antonio García Redondo y los orígenes de la independencia centroamericana: un acercamiento de su influencia pública a partir del concepto de redes sociales », Boletín AFEHC Nº 3, publicado el 04 diciembre 2004.

5119 Menciona el legajo siguiente: AGI, Guatemala 529 donde hay unas “Adiciones a la memoria del Sr. Magistral Dr. D. Antonio García Redondo sobre el fomento del cacao y otros ramos de agricultura, etc. Nueva Guatemala, 25 de enero de 1800.

5220 Sabemos que fue Comisario de la Inquisición en 1804 por lo menos.

5321 Véase Christophe Belaubre y Rodolfo Hernández Méndez, ““El canónigo Antonio García Redondo y los orígenes de la independencia centroamericana: un acercamiento de su influencia pública a partir del concepto de redes (ficha : 359)”:/index.php?action=fi_aff&id=359 ” op. cit..

5422 Antonio García Redondo, op. cit., fol. 3.

5523 Véase la Gaceta de Guatemala num. 54, tomo II, 26 de marzo de 1798; “Sobre la religión de los antiguos mexicanos”.

5624 Véase José Antonio Fernández Molina, Pintando el mundo de azul. El auge añilero y el mercado centroamericano, 1750-1810 , (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2003).

5725 Véase Roger Chartier, L’ordre des livres. Lecteurs, auteurs, bibliothèques en Europe entre XIV° et XVIII° siècle, (Aix-en-Provence, 1992).

5826 No quiere decir que no haya hecho algunos viajes en Antigua Guatemala o en los pueblos indígenas por una afirmación suya que revela un cierto conocimiento de estado de los caminos: “También debería servirle [se habla del Alcalde Mayor] de un gran merito el establecimiento (fol. 15) de posadas, y mesones en los pueblos de transito, en especial en los de camino real. Es una lastima ver los trabajos que pasan los caminantes, que ni con el dinero hallan lo que necesitan en muchos pueblos, de que resultan graves, y aun gravísimos inconvenientes, tanto al caminante como al indio, de quien la fuerza suele sacar lo que no se entrega de grado.” Antonio García Redondo, op. cit. , fol. 14-15.

5927 Tercera Junta publica de la Real Sociedad Económica de Amantes de la Patria de Guatemala celebrada el día 9 de diciembre de 1797 (Nueva Guatemala, por don Ignacio Beteta, 1798) conservado en AGI, Guatemala 529.

6028 Véase “(…) presentó en la Junta de 28 de Abril el informe que le estaba pedido sobre esta materia. En él toca algunas de las causas que han motivado la expresada decadencia, y propone para su remedio los arbitrios que le han dictado su observación, y la práctica que tiene como hacendado, de la calidad de los territorios, y de la buena ó mala disposición de sus habitantes. Véase la Segunda Junta Pública de la Real Sociedad Económica de Amantes de la Patria de Guatemala (en La Imprenta de la Viuda de Don Sebastián de Arévalo año de 1797).

6129 op. cit.

6230 Véase Bernardo Belzunegui Omarzábal, Pensamiento Económico, pág. 336.

6331 Antonio García Redondo, Op. cit. , fol. 16. Nota N° 4. La Junta encargada del examen de ésta memoria ha creído más justo el cinco por ciento, y que del aumento anual incluso el monte de la usura de lo repartido se dedujese el diez y seis por ciento, ocho para el Alcalde mayor, ocho para los Justicias.

6432 Gazeta de Guatemala, Tome VII, n° 295, fol. 56.

6533 Véase la “Segunda Junta Pública” op. cit.

6634 Véase Gaceta núm. 13. Tomo 1, 8 de mayo de 1797 donde se dice que tampoco se conocía el trillo y el trillado se hacía a base de pisadas y de yeguas y potros. Ver Elisa Luque Alcaide, La sociedad económica, pág. 28.

6735 Elisa Luque Alcaide, La sociedad Económica, pág. 48. En el “Discurso sobre las utilidades que puede producir una Sociedad Económica en Guatemala”.

6836 George Lovell, Conquista y cambio cultural. La Sierra de los Cuchumatanes de Guatemala. 1500-1821, (CIRMA: Antigua Guatemala y PLUMSOCK MESOAMERICAN STUDIES: South Woodstock, 1990), pág. 184.

6937 Sobre los pleitos provocados por la expansión de la gran hacienda véase en esta página el artículo: Palma Murga Gustavo, Índice General del Archivo del Extinguido Juzgado privativo de Tierras depositado en la escribanía de Cámara del Supremo Gobierno de la República de Guatemala, Segunda parte que comprende el índice alfabético General , CIESAS et CEMCA, Guatemala, 1991.

7038 En la Gaceta Núm 36, Tomo 1 del 9 de octubre de 1797 se reproduce una carta de “El Patriota Forastero” dice respecto al latifundio que es causa de la mendicidad y que ésta es tanto mayor, cuanto los grandes propietarios “abarcando mas, son en menos número”.

7139 Antonio García Redondo, op. cit., fol. 18.

7240 En las Cortes de Cádiz, el presbítero Don Fernando Antonio Dávila hablará más claramente del problema de los malos tratamientos que los jueces infligían a la población nativa: «Bien notorio es a todos, que el cacao de Soconusco es el mejor que se conoce; pero los subdelegados y jueces de aquel Partido, solo atentos a su interés personal a mantener en la opresión a los naturales, y a molestar a los párrocos han sido causa de que se vean tan deteriorado las sementeras de cacao (...)». Ver AGI, Guatemala 974 (1813).

7341 Antonio García Redondo, Op. cit. fol. 14-15.

7442 Antonio García Redondo, op. cit., fol. 11.

7543 Antonio García Redondo, op. cit., fol. 4

7644 Antonio García Redondo, op. cit., fol. 10.

7745 Antonio García Redondo, op. cit., fol. 4

7846 Hay algunos ejemplos de estos tópicos en la Gazeta de Guatemala por unos hacendados que escriben a los editores en términos elocuentes. Se afirma que quienes defienden a los indios son chapetones que no le conocen pero que por solo haber nacido en España “ya se lo saben todo”. Véase Gazeta de Guatemala N° 25, Tomo 1, 24 de julio de 1797 citado por Elisa Luque Alcaide, La Sociedad Económica, pág. 153.

7947 Antonio García Redondo, op. cit. fol. 6-7 ; “(…) Añadamos á ésto otra verdad, y és, que si el desaliento y pobreza, producen la desesperación, esta la ociosidad, y la ociosidad los demás vicios, estos viceversa mantienen tenazmente, y arraigan digámonos así la ociosidad a términos de hacer grata la misma miseria y de que nada sea capaz de sacarla de su inacción. He aquí por que no irán nunca, sino forzados à trabajar à las Haciendas, por la misma y aun mayor razón de que no lo quieren hacer de su cuenta, que les importaría mucho mas”. Véase también op. cit. “ el carácter del indio hace mayor esta necesidad, pues rara vez guarda y siempre gasta en proporción de lo que gana”.

8048 Véase Nathan Wachtel, « L’acculturation » in Jacques Le Goff et Pierre Nora (ed.), Faire de l’histoire, t.1, Nouveaux problèmes, (Paris : Gallimard, 1974).

8149 Antonio García Redondo, Op. cit., fol. 5 “(…) Se cego de repente este manantial de riquezas: México dejo de consumir nuestros cacaos : los de Guayaquil y Caracas ocuparon su lugar por tan baratos, cuanto inferiores al nuestro, que ya no pudo costear su exportación ni entrar en competencia aquellos iban por mar, los nuestros por tierra y atravesando 400 leguas de camino en mucha parte fragosisimos. Para utilizar en ellos nuestros comerciantes, debían venderlos en el 6. tanto de su capital este comercio ya no pudo subsistir, y la provincia se perdió con la agricultura que la enriquecía (…).”

8250 Antonio García Redondo, Op. cit, fol. 18 nota 7.

8351 Bernardo Belzunegui Omarzábal calculó que de las compras de tierras de composición efectuadas por particulares el 61 % fueron realizadas por españoles o criollos los cuales representaban entre el 4 y 5 % de la población a lo cual hay que añadir los 36 % de ladinos. Véase Bernardo Belzunegui Omarzábal, Pensamiento Económico, op. cit., pág. 483.

8452 Véase Bernardo Belzunegui Omarzabal, Pensamiento Económico, pág. 338-339, 486.

8553 Gustavo Palma Murga, La problemática agraria en Guatemala hoy: algunos apuntes históricos para su comprensión in Boletín de la AFEHC, N° 39, diciembre de 2008.

86

Para citar este artículo :

Christophe Belaubre, « Lectura crítica de la “Memoria sobre el fomento de las cosechas del cacao” del canónigo Antonio García Redondo », Boletín AFEHC N°39, publicado el 12 diciembre 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2106

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Comentario enviado el Wednesday 15 de April de 2009 por Christophe BELAUBRE

Existe otros impresos del periodo que, una vez analizado, podrían ayudar a entender como se ha pensado esa reforma agraria a finales de la epoca colonial. por ejemplo:

Antonio Larrazábal, Apuntamientos sobre la agricultura y comercio del reyno de Guatemala…Real Consulado en Junta de Gobierno de 20 de octubre de 1810, (Nueva Guatemala: Manuel Arévalo, 1811).

Valerio Ignacio Rivas, Informe que dio al supremo poder ejecutivo el Agrimensor general del Estado Valero Ignacio Rivas en el espediente que instruyo en la asignacion de tierras que de orden del mismo supremo poder ejecutivo fue a hacer al pueblo de Santa Maria Chiquimula del departamento de Totonicapam en que se manifiesta las causas de la decadencia de la agricultura y los remedios que pueden llevarla al mas alto grado de opulencia ; y se da a luz de espensas del mismo Rivas a beneficio de la agricultura, (Guatemala : Imprenta de Lorenzana, 1836).

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