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AFEHC : diccionario : MARTICORENA, Juan Bautista : MARTICORENA, Juan Bautista

Ficha n° 2134

Creada: 23 marzo 2009
Editada: 23 marzo 2009
Modificada: 28 mayo 2013

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

MARTICORENA, Juan Bautista

El itinerario de un próspero comerciante nativo de navarra, que alcanzó un alto poder social entre 1790 y 1810 y que fue vinculado por matrimonio con la familia Aycinena .
381
Palabras claves :
Comercio, Familia, Ayuntamiento, Alcalde Primero
Cargo o principal ocupación:
Comerciante, Alcalde Segundo de la Ciudad de Guatemala (1797), Alcalde Primero (1801 y 1805)
Casó:

1Doña María Josefa Aycinena, hija del Marqués de Aycinena y de Micaela de Nájera

Nació:
11 de diciembre de 1761 en la Villa de Echalar, Navarra
Murió:
En 1824 en la Ciudad de Guatemala
Padres:

1Don Francisco Marticorena y doña Maria Felipa Laurnaga, sus abuelos paternos Pedro José de Marticorena y Graciosa de Echenique y sus maternos, don Juan Miguel de Laurnaga y Josefa de Gortari

Resumen:

1
Aunque tenemos muy pocos datos sobre su infancia y periodo de formación hay que señalar los nombres de sus padrinos de nacimiento: Juan Martin de Goyeneche y Catalina de Irribaren, familia que estuvo siempre muy cercana a los Marticorena. Por ejemplo el ensayo de Lara Arroyo sobre las redes comerciales de los Marticorena (véase http://nuevomundo.revues.org/index3213.html ), publicado en la revista Nuevo Mundo Mundos Nuevos, menciona entre los socios de la familia un paisano llamado Francisco de Irribaren posiblemente aparentado con Catalina. Entre los influyentes vecinos de Echalara había un don Juan De Iribarren, rector de la ciudad que gestionó la limpieza de sangre de Juan Bautista.

2La experiencia americana del navarro empieza cuando tocó tierra en el puerto de Veracruz en marzo o abril de 1782. Se había embarcado en la próspera ciudad de Cádiz a su cuenta y riesgo en el navío San Cristóbal alias el Dragón con un cargamento de mercancías evaluado por la aduana en 57.107 reales de vellón. No se trataba de una salida improvisada sino un nuevo golpe comercial pensado dentro de una estrategia colectiva por una familia enteramente dedicada al comercio ultramarino desde que sus dos hermanos Juan Vicente, radicados en Cádiz, y Juan Miguel, en Lima, hubieron fomentado un complejo juego comercial a escala atlántica. El viaje de Juan Bautista debía servir para fortalecer la organización.

3Poco tiempo después estaba en Guatemala – por lo menos en 1786 cuando dió su fianza a un préstamo del comerciante Lorenzo Jiménez Rubio – para iniciar sus actividades comerciales las cuales resultaron, sin duda, muy provechosas. Gustavo Palma Murga, al mencionar la casa Marticorena en su tesis doctoral, la ubica entre las diez familias más activas en la venta de mercancías por medio de notarios (216.555 pesos de mercancías vendidas entre 1778 y 1817). Sus éxitos comerciales, su amplia red social – que incluía una relación privilegiada con la familia Micheo – y su nacimiento en Navarra fueron las claves que abrieron las puertas de la pudiente casa Aycinena: celebró, en 1794, a la edad de 33 años, un clásico e interesado matrimonio aristocrático con María Josefa Aycinena hija del Marqués, una “niña” de 18 años “con opción al Mayorazgo”. El matrimonio lo obligó a tramitar la acreditación de su nobleza lo que se hizo por medio de su hermano radicado en Cádiz.

4En este período tenemos un hombre maduro que va a incrementar paulatinamente su influencia en la capital del Reino: por ejemplo, Juan Bautista Irisarri , uno de los comerciantes más activos a finales del siglo XVIII, lo nombró su albacea testamentario.

5En cuanto a convicciones e ideario de Juan Bautista tenemos este pequeño comentario que apuntó al dar su opinión sobre el reo José Cerilio Morga: “(…) gusta solo de la libertad y de estar entregado a la vida pereza de los que sirven en los conventos de los religiosos que batiendo una tasa de chocolate y haciendo uno o otro mandado, llenan sus obligaciones y les queda tiempo libre para retozar y dormir y artarce con las sobras del refectorio”. Aunque la crítica no está dirigida directamente a los religiosos, se nota muy bien ciertas ideas ya desarrolladas en contra de la vida monacal tal cual se practicaba en el antiguo régimen. A pesar de su intimidad social con los sectores más conservadores de la sociedad colonial, su adhesión al liberalismo económico es probable. Socio activo de la Sociedad de los Amigos del País, asumió la tarea ingrata de tesorero. Su apertura “comercial” no implicaba que hubiera tenido una influencia en el campo de las ideas “revolucionarias” pues adquirió, por ejemplo, en 1800, una esclava nombrada Petrona Regalao Monzón de 11 años, originaria de Palencia hija de José Mariano y Margarita Josefa Monzón en 200 pesos, y en 1816 la esclava, oriunda de Anís, María Casimira, hija de Basilia Antonia González, por 100 pesos.
De su alianza con el grupo Aycinena, Juan Bautista sacó los provechos distribuidos parsimoniosamente por la Iglesia: por ejemplo la responsabilidad de administrar los fondos de las religiosas del monasterio de Santa Clara. En 1805 el capital total que administraba bajo la forma de censos alcanzaba más de 130.000 pesos. A cambio de este servicio – que podía resultar oneroso – la Iglesia Institucional le facilito préstamos: sacó 1.000 pesos del convento de San Francisco en 1798, hipotecando entonces la casa de su morada ubicada en la esquina opuesta a la Iglesia del Beaterio de Santa Rosa. En 1813, como síndico del convento Santa Clara firmó ante notario el acto de venta de los edificios arruinados en Antigua Guatemala a don José Ríos Betancurt por la cantidad de 1.000 pesos. La Alianza con los Aycinena estaba atada por el bien y por el mal, por lo cual es posible que en 1799, al formar el Marques de Aycinena, el doctor José de Aycinena , Cayetano José Pavón, Tadeo Piñol y Manuel Jose Pavón, una Compañía para invertir en la Mina de los Encuentros en términos del pueblo de Gotera, haya perdido parte de los 55.000 pesos que se prestaron al testamento de Domingo Sanchez Espino… la inversión minera era una actividad comercial arriesgada en Guatemala.

6En todo caso, al envejecer decidió invertir sus bienes en la compra de tierras: le fue rematado, en 1807, un terreno llamado el Llano de la Culebra. Se trataba de por lo menos 2 caballerías ubicadas en los alrededores de la Nueva Capital, valuada en 730 pesos por caballería, según fuentes citadas por Antonio Batres Jáuregui. Se interesó en la vida económica del Hospital de San Juan de Dios al formar parte de la hermandad de la Caridad, actividad que no estaba desinteresada porque su nombre aparece también en la contabilidad del Hospital como uno de los surtidores del chocolate consumido, con más de 500 pesos en 1813.

7 Durante la década de 1810-1820 Juan Bautista casi desapareció de la vida pública para dar el espacio a dos hermanos suyos que trajo seguramente directamente de Navarra en 1803: Miguel Jacinto y José Maria. Estaba enfermo cuando redactó su testamento en septiembre de 1823 y nombró como sus herederos a los que “son del difunto suegro primero Marquez de Aycinena Juan Fermín, en las de los muchos beneficios que debo a la casa y por manifestarlo por algún modo mi reconocimiento”. Parece que su esposa no le dio progenitura.

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