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AFEHC : articulos : Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir : Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir

Ficha n° 2180

Creada: 19 mayo 2009
Editada: 19 mayo 2009
Modificada: 07 febrero 2015

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Autor de la ficha:

Regina FUENTES OLIVA

Editor de la ficha:

Marta Elena CASAÚS ARZÚ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir

La Sociedad Literaria «El Porvenir» fue un importante espacio de sociabilidad en las postrimerías de la Guatemala decimonónica. Inició su vida pública en mayo de 1877, a pocos años del triunfo del liberalismo, en la época que hoy conocemos como Reforma Liberal. Contó con el apoyo económico y logístico del gobierno del General Justo Rufino Barrios. Los intelectuales más importantes del momento participaron, e incluso algunos iniciaron su carrera literaria, en esta sociedad. Con el objetivo de crear lo que llamaron una «literatura nacional», fomentaron la producción y publicación de una gran cantidad de poesía, y ensayos científicos, históricos y literarios. Tuvieron como órgano de difusión el periódico quincenal “El Porvenir”. El objetivo de este trabajo es examinar, por medio de sus publicaciones, el imaginario nacional de este grupo de intelectuales orgánicos que construyeron, desde arriba, una nación ladina, elitista y occidental.
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Palabras claves :
Sociedad literaria, Redes sociales, Cultura, Intelectuales, Reforma Liberal
Autor(es):
Regina Fuentes Oliva
Fecha:
Junio de 2009
Texto íntegral:

1

Introducción

2La propuesta de este trabajo es hacer una reseña histórica de la Sociedad literaria «El Porvenir». Examinar dicha sociedad a sus miembros, los discursos que en ella se pronunciaron y los documentos que publicaron puede servirnos para aproximarnos al ambiente intelectual de la Guatemala de la Reforma Liberal. Los temas que se desarrollaron en los poco más de cuatro años de vida de la sociedad a los que hemos tenido acceso son muchos. En un trabajo exhaustivo habría quizá que extraer de ella varios capítulos. Uno que refiriera a la red de intelectuales que ella agrupó y su vinculación con el gobierno de Barrios y la Reforma Liberal. En cuanto a los temas desarrollados podríamos hacer otros tantos que trataran sobre teoría literaria, poesía, arte, historia, política, ciencias naturales, astronomía, psicología, etc., pues pretendieron abarcar en ella todas las ciencias. De los temas abordados por esta asociación, nos pareció relevante el imaginario de nación que reflejan estos intelectuales, todos liberales, y que les tocó vivir el período que hoy conocemos como la Reforma Liberal1.

3Así pues, nos ubicamos en 1877. Habían transcurrido apenas seis años desde el triunfo de la Reforma que otorgaba la victoria definitiva al liberalismo imponiéndose en el ámbito económico, social y cultural, luego de las luchas entre liberales y conservadores que ocuparon los cincuenta años posteriores a la independencia. Desde la perspectiva económica la Reforma Liberal supuso una importante reorganización de la propiedad de la tierra en torno al cultivo del café ya que éste imponía condiciones mucho más drásticas que la grana. Se expropiaron las mejores tierras para el cultivo del café tanto a la Iglesia como a las comunidades indígenas. Hubo también una reorganización de la legislación que restableció formas de trabajo forzado de la colonia como el decreto 177, conocido como el Reglamento de Jornaleros, las habilitaciones, las leyes contra la vagancia, etc. Esto permitió no sólo el cultivo del café propiamente dicho, sino el desarrollo de la infraestructura que éste requería como la construcción de caminos, puertos, el ferrocarril hacia el norte, así como también el desarrollo comercial y financiero. Desde la perspectiva social se transformaron todas las instituciones que antes habían estado en manos de la Iglesia como el control sobre los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones. Se estableció, por tanto, el matrimonio civil y el divorcio. El Estado tomó el control de la educación a través del desarrollo de las escuelas primarias, de la creación de los institutos de educación media y de la modernización de la Universidad. Todas estas ideas influenciadas por la ilustración fomentaban en la ciudad, un ambiente intelectual que privilegiaba la instrucción y educación como vías hacia la libertad, la modernidad y el progreso. La nueva ideología del gobierno facilitaba el desarrollo intelectual en la ciudad. García Granados restableció la libertad de imprenta y el 15 de octubre 1877, Barrios emitió un decreto que abolía la censura y reconocía el derecho ciudadano para criticar o manifestar su opinión al respecto de los actos gubernamentales y la conducta de los funcionarios de Estado2. Este tipo de acciones contribuyeron a dar impulso y un evidente desarrollo, por lo menos cuantitativo, de la prensa guatemalteca3. También el gobierno se preocupaba por publicar con fondos del Estado algunas publicaciones o reproducciones impresas4. Este mismo clima fomentaba el surgimiento de asociaciones inspiradas en las existentes en Europa y otras partes del mundo. En el siglo XIX y buena parte del XX, las sociedades literarias, academias científicas, ateneos, clubes e incluso las tertulias, constituían los principales espacios de sociabilidad en los que podemos encontrar a los intelectuales de la época reunidos con cierta regularidad exponiendo sus trabajos literarios, políticos, estudios e investigaciones científicas. Refiriéndose al caso mexicano Francisco Fernández apunta las diferencias entre estas asociaciones: “por academia se debe considerar aquella que posee un carácter tradicional y conservador de los cánones clásicos; por liceo, aquellos que se encuentran en la misma situación, pero sin ser tan estrictos, y por sociedades o agrupaciones, a aquellas simples reuniones literarias con o sin reglamento5”. En este mismo documento y citando a Jesús Gómez Serrano, Fernández cuestiona los frutos que de ellas se obtuvieron y califica sus objetivos como pretenciosos: “la labor de nuestros hombres de cultura se antoja estéril y superficial; estéril porque eran pocos los que tenían acceso a las nuevas ideas, y superficial porque en su conjunto los cambios parecen menores, casi imperceptibles. Sin embargo, esa es la manera en que habitualmente se gestan las grandes transformaciones6” . La importancia desde la perspectiva histórica y en este caso, desde la perspectiva histórico-intelectual es la de la construcción de contexto que nos permita reconstruir las redes de intelectuales y sus vínculos no sólo literarios sino políticos y sociales. A este respecto Marta Casaús apunta:

4La formación de asociaciones, clubs, logias masónicas, a través de las cuales se establecen vínculos estrechos, relaciones interpersonales e intelectuales que posteriormente generarán opinión pública y consensos entre diferentes elites intelectuales y políticas … desde la perspectiva de la opinión pública y de las redes sociales; cruzando ambas variables se podría analizar como un espacio vertebrador de la sociedad civil, un ámbito generador de opinión pública que va conformando una nueva comunidad de ciudadanos7.

Nacimiento de la Sociedad literaria «El Porvenir»

5En este sentido la Sociedad literaria «El Porvenir» constituyó en uno de esos espacios que se formaron en nuestro país y, por la magnitud de las personalidades que en ella se reunían, definitivamente uno muy importante. «El Porvenir» se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877 a impulso de quien fuera su primer presidente Vicente Carrillo. El objetivo principal de su fundación fue el de crear una «literatura nacional». Curioso objetivo sobre el que volveremos más adelante porque nos parece que tiene alcances mucho mayores que los de simplemente fomentar un espacio para la publicación de las obras literarias de los intelectuales que en ella se reunían. Los estatutos de la nueva sociedad fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia del gobierno de Barrios y, si bien es cierto, todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios de ella, es importante resaltar la figura de Lorenzo Montúfar, como el funcionario que mayor participación tuvo en la Sociedad. Montúfar figura durante toda la vida de la asociación como una especie de guía-protector de los más jóvenes. Sabemos que Montúfar, volvió a Guatemala durante el gobierno de Barrios. Venía de Costa Rica en donde había servido puestos ministeriales, además de haber sido Rector de la Universidad de Santo Tomás. Su amplia experiencia y su formación liberal lo convirtieron en un magnífico maestro para los intelectuales que empezaban su carrera. Las reuniones se realizaban semanalmente y participaban en ella todos los socios asistentes. A partir del mes de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada uno, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de «El Porvenir», lo cual nos muestra qué tan importante era esta asociación en la formación y desarrollo de los intelectuales orgánicos que fortalecerían el liberalismo en el país. A partir del mes de mayo la sociedad tuvo un órgano de difusión. Un periódico quincenal que llevó el nombre de “El Porvenir” y que se constituye hoy, nuestra fuente principal de acceso a lo que fue dicha sociedad8. El primer número se publicó el 20 de mayo y en este mismo se incluyó una lista de los socios que la componían.

6Distinguieron tres tipos de socios:

71. Los honorarios. Con el cual distinguían a personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres.
2. Los asistentes. Socios que concurrían con regularidad a las juntas.
3. Los corresponsales. Socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.

8Los honorarios y corresponsales también podían, si querían, asistir a las juntas que realizaba la sociedad. La junta directiva se componía de presidente vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero. En mayo de 1879 suprimieron los cargos de presidente y vice-presidente y eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos. Prácticamente desde su fundación organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional. En ellas reunían a la elite capitalina que llegaban para escuchar conferencias, interpretaciones artísticas, musicales, poesía, etc., como medio de difusión de sus labores.

Los intelectuales miembros de la sociedad «El Porvenir»

9Los nombres de quienes fueron miembros de la junta directiva, y los de los que publicaban con regularidad en el periódico, coinciden con las figuras que ya destacaban o que lo hicieron inmediatamente después, política e intelectualmente como miembros de la elite liberal decimonónica. Máximo Soto Hall nos aporta algunos datos de esta sociedad en la que él mismo no participó por ser un niño muy pequeño pero que sí lo hizo su hermano Marco Aurelio Soto9. Soto Hall clasifica los socios por edades. Entre los mayores, los que llama «sombras protectoras» estaban personalidades ya destacadas en Guatemala y más allá de ella. Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, Antonio Machado y José Milla. Los tres primeros citados coinciden con los que David Vela calificaba como grandes oradores de la época10. De ellos Montúfar fue quien tuvo participación más amplia en la Sociedad. Asistió a las reuniones, aportó documentos para discusión y publicación y de alguna manera los guió y protegió desde su posición de Ministro de Instrucción pública. A juicio de Vela, Montúfar destacó además de como orador, por su obra como abogado y su participación en la redacción de los códigos de Barrios, pero lo incluye, junto a Milla, entre los historiadores por sus siete tomos de la Reseña Histórica de Centro-América11. El padre Arroyo y Antonio Machado eran miembros del gobierno de Barrios. Arroyo era por esos años diputado a la asamblea nacional y consejero de Estado. Posteriormente fue ministro plenipotenciario y enviado extraordinario de Guatemala ante la santa sede. Vela dice de Arroyo que “con su habilidad obtuvo el convenio más liberal que hasta entonces había logrado Guatemala; pero fue improbado por el congreso, durante la administración del general Barillas12 “. En el segundo grupo ubicaba Soto Hall a los mayores de treinta años que ya empezaban a labrarse un nombre. Entre ellos Antonio Batres Jáuregui, Fernando Cruz, Salvador Falla, Ricardo Casanova y Estrada y Juan Fermín de Aycinena. De estos sólo dos de ellos aparecen en los registros, participando activamente en el periódico y como miembros activos. Antonio Batres Jáuregui fue vice-presidente de la sociedad «El porvenir» desde su fundación hasta noviembre de 1877. En el periódico de la misma encontramos algunas obras literarias de su autoría. El jurista y político Salvador Falla quien fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879. También colaboró ampliamente con sus publicaciones en el periódico. El último grupo de los que refiere Soto Hall, es el de los jóvenes, los que empezaban. Entre ellos menciona a Manuel Valle, Miguel Ángel Urrutia, Ramón A. Salazar, Juan Arzú Batres, Guillermo Hall y Domingo Estrada. Todos ellos eran o llegaron a ser intelectuales reconocidos en nuestro país y la mayoría ocupó cargos públicos en la administración del General Barrios. Manuel Valle era un joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras fundó el primer ateneo de Guatemala. Miguel Ángel Urrutia era secretario particular de Barrios. Ingresó a la sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía. El Dr. Ramón A. Salazar, médico y político fue Ministro de Instrucción pública unos cuantos años después, siempre durante el gobierno de Barrios y una década más tarde Ministro de Relaciones Exteriores. Fue también diputado en varias legislaturas. En ese momento aún era muy joven (25 años). Según David Vela, Salazar inició su carrera de escritor en las páginas de El Porvenir. Su obra es vasta y comprende trabajos literarios e históricos, además de numerosos artículos publicados en periódicos. Fue director del Diario de Centroamérica. Entre sus obras más importantes podríamos mencionar Historia del desenvolvimiento intelectual de Guatemala (1897) e Historia de los veintiún años – La independencia de Guatemala (1928). Fue secretario de la sociedad. Juan Arzú Batres, ingeniero. Fue director del Diario de Centroamérica. Padre del escritor José Arzú. Miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la española de la lengua. Ocupó diferentes puestos en la directiva de la sociedad. Domingo Estrada quien apenas contaba para ese entonces con 22 años. Hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por su influencia, Domingo también ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en al Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Estrada fue gran amigo de Martí y le dedicó varias páginas, quizá la más sentida fue cuando supo del fallecimiento del cubano. Ocupó diferentes cargos en la directiva de la sociedad y en la redacción del periódico. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta. Publicó asiduamente en el periódico. Muchos de sus artículos se encuentran firmados por el pseudónimo «Julius». Además de los referidos por Soto Hall es importante mencionar a Manuel Arzú y Saborío quien fungió como secretario, sub-secretario y vocal de la sociedad en diferentes momentos, además de haber ocupado el puesto de agente general de periódicos y miembro de la comisión de imprenta en el periódico de la misma. Arzú y Saborío – escribía bajo el pseudónimo de «Los dos fóscaris». Tuvo a su cargo en el periódico de la sociedad las reseñas de la actividad cultural, principalmente teatro y presentaciones musicales que deleitaban a la capital guatemalteca del momento. Vicente Carrillo, quien desempeñó el cargo de presidente de la sociedad de mayo a noviembre de 1877.

10También destacan entre sus miembros algunos extranjeros de paso por el país:Santiago Ignacio Barberena quien por esta época se encontraba en Guatemala estudiando en la Universidad. Fue el segundo secretario de la Sociedad (noviembre de 1877) y colaboró con una gran cantidad de artículos en el periódico de ella. Francisco Castañeda, salvadoreño. Escribió y dirigió algunos periódicos. Fue redactor del “Diario de Centroamérica”, diputado por El Salvador en la Constitución Federal de 1921. En el periódico de la sociedad publicó principalmente poesías. Francisco E. Galindo, abogado salvadoreño redactor y fundador de varias publicaciones periódicas en su país. En la sociedad, participa al principio como socio corresponsal y a su venida a Guatemala funge como vocal 3º. Escribe activamente en el periódico de la sociedad. Vino a nuestro país por problemas políticos con el régimen de Zaldívar y trabajó como inspector de educación primaria de Sacatepéquez. El Ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la sociedad como vocal 1º (noviembre 1877). En ese momento era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós Ingenieros Topógrafos. Trazó el Cementerio General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia. Hay en el periódico de la sociedad un par de artículos suyos incluyendo un poema. Por supuesto entre los extranjeros prominentes figura José Martí, quien ya aparece en la lista de socios asistentes que publicaran en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la sociedad13. Aunque publicó sólo un artículo en el periódico14 colaboró con la sociedad durante toda su estancia en Guatemala, pronunció un discurso en la primera velada que realizara la sociedad el 25 de julio de 1877, que fue el que, según Soto Hall, le valió el sobrenombre de «Dr. Torrente15» . De vuelta en México Martí se expresó en muy buenos términos de la sociedad: “[d]iscuten, proponen, reglamentan, dan veladas. Estos ejercicios de palabra, de discusión, de sociabilidad fortalecen el carácter, mejoran las uniones, acentúan la cultura16” .

La creación de una «literatura nacional»

11A través de las páginas de “El Porvenir” tenemos acceso a las inquietudes de una elite intelectual que intentaba conformar un imaginario nacional en un momento que consideraba clave. Para ellos el triunfo del liberalismo en el país, era una revolución, que llegaron a comparar con la Revolución Francesa. Deslumbrados por el desarrollo económico que prometía el cultivo del café y por los avances tecnológicos que significaban el progreso y la civilización, buscaban con apremio los elementos de cohesión que les permitieran construir una patria que pudiera elevarse a la altura de los modelos, principalmente europeos hacia los que tendían. El mismo nombre de la sociedad tenía implícito ese ideal moderno de progreso. El objetivo de la naciente sociedad literaria era la formación de una «literatura nacional». Y es interesante qué entendían por, y cuál era la función de esa «literatura nacional». Es decir, sus fines no eran solamente estéticos, tampoco hablaba simplemente de promover o difundir un trabajo literario, que sin duda existía y era reconocido. La finalidad de la sociedad giraba en torno a la creación de una literatura que estuviera unificada en sus ideales y objetivos. “Hojead las obras de los grandes prosistas y de los grandes poetas: ellos han creado la literatura y han formado su época a imagen y semejanza de sus grandiosas almas. Grande es, pues, la misión de la Literatura en el mundo y las sociedades literarias son semilleros de la civilización17”. La creación se refería, entonces, más que a crear una literatura, como si esta no existiese, a organizarla y orientarla hacia fines específicos de su imaginario elitista de nación, para que pudiera considerarse «literatura nacional»:

12hasta ahora no nos ha sido dado tener una literatura que lleve impreso el sello de nuestro carácter nacional y que sea el reflejo de las costumbres y don de ser de nuestra sociedad; porque los hombres que han dedicado su tiempo y su trabajo al cultivo de las bellas letras, han hecho esfuerzos aislados y sin combinación; y lo peor de todo, que olvidando, o más bien, despreciando nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestros hombres y cuanto constituye las bellezas, los encantos y los recuerdos de nuestra patria; para buscar en otras partes algo a que elevar un canto, han engendrado una especie de monstruo con la variedad de estilos y de escuelas18.

13Entonces, «literatura» entendida en un sentido amplio abarcaba también la historia y en ocasiones la filosofía. «Nacional» en un sentido estrecho se reducía a una elite que se pensaba a sí misma a partir de los modelos europeos a los que aspiraba. Y la educación como el principal mecanismo de civilización que era la condición fundamental para la formación de la nación o de la «patria». En el primer editorial del periódico “El Porvenir19”, Lorenzo Montúfar señala la importancia que los poetas han tenido a lo largo de la historia en la formación de las naciones. Para Montúfar, los poetas griegos y latinos contribuyeron con sus obras a la formación de sus naciones y luego hace referencia a los filósofos de la ilustración y su influencia en la revolución francesa. Siguiendo esa línea de pensamiento dice: “ya es tiempo de que Centro-América posea también la suya [su literatura], y se haga conocer en el exterior no solo por sus productos agrícolas sino también por sus poetas y literatos”.

14A este mismo respecto decía otro miembro de la sociedad:

15La América-Central carece de la página que todas las naciones civilizadas poseen para grabar en ella sus tradiciones y los hechos de las generaciones pasadas; carece de una literatura propia que revele sus costumbres, sus aspiraciones, el talento de sus hombres; que cante sus bellezas, que llore sus dolores, que transmita a las futuras generaciones con la melódica lira del poeta, el valor de sus héroes, el amor a la patria, a la libertad y a la gloria20.

16La literatura, la historia y la exaltación de elementos culturales, tenía la doble función de fomentar a lo interno el amor por la tierra y las costumbres y a lo externo dar a conocer la patria entendida como Guatemala en particular o como Centroamérica en general al resto del mundo. “[P]orque un pueblo sin literatura es un pueblo sin voz, un pueblo que está privado de hacerse oír en el concierto universal21”. Ahora bien esta nación, como señalábamos arriba, estaba entendida de manera muy estrecha en el sentido de una elite excluyente que se consolidaba a partir de la Reforma Liberal. Teresa García Giráldez analizando el debate nacional en esta época dice que “[l]a «nación cívica» incluyente dio paso a la «nación civilizada» excluyente de los elementos que no se adaptaran a ella22”. La nación era civilizada, culta, privilegiaba el trabajo y el desarrollo de la tecnología, vista como un el ideal, símbolo del progreso y civilización. Por ello, no encontramos en las páginas de “El Porvenir” ningún debate sobre el indígena ni su participación en la nación como los que llegará a haber más adelante. En este ideal de modernidad y progreso el indígena es prácticamente inexistente y cuando se le menciona, aparece más bien como un estorbo.

17Allí está la propiedad comunal, el ejido, consagrada casi exclusivamente a una desmadrada industria pecuaria; el ejido proindiviso, que deja el trabajo individual sin aliciente ni recompensa y por consiguiente nulificado.

18El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, … alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer23.

19Por supuesto, el sentido de ello, también era la justificación de las medidas económicas que liberaban para el sector cafetalero emergente toda la mano de obra necesaria. Y esa era la única cabida que tenía el indígena:

20No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con una alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave24.

21Lo nacional para estos intelectuales reivindica únicamente lo español, lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento25” invisibiliza a toda la población indígena de América considerando que el continente era únicamente la reunión de de dos razas: la inglesa y la española y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas y lograr con ello, según sus propias palabras: “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”. A Centroamérica, según él, le correspondía ser el brazo de unión entre la del norte y la del sur y debía aceptar de buena gana la dominación y la “conquista inevitable” del norte26. La civilización a la que aspiraban debía fomentarse a través de la educación. Entendida ésta como la educación formal de las escuelas, la educación de los niños que representaban el porvenir de la patria.

22El que no tiene cómo educar a su hijo, no lo educa, y en el niño se encierra el ciudadano, el legislador, el magistrado, y en la niña se alberga la esposa, la madre, como en la semilla se esconde la planta, como el madero encubre la estatua27.

23Pero también una educación que se extendiera a todos para crear ciudadanos que trabajaran por el progreso y desarrollo.

24la primera de las exigencias sociales es la educación popular, filtrada a través de todas las capas sociales, como la única que, iluminando el porvenir, podrá hacer llegar nuestra sociedad a su mejor y perfeccionamiento28.

25En esta educación extendida a todos los ciudadanos jugaba la literatura una función primordial. El teatro, novela, poesía, literatura sobre temas históricos o sobre costumbres eran indispensables para difundir ese imaginario que esperaban hacer llegar a todos los que conformarían esa nueva nación civilizada. Por lo tanto se esperaba que los temas sobre los que versaran estas composiciones fueran más allá de lo estético o recreativo y cumplieran una función moralizante.

26La novela y el teatro tienen por objeto poner de relieve los vicios y defectos de las sociedades; … retratando nuestras costumbres nos enseñan a corregirlas, que pintando los usos de la buena sociedad nos educan y finalmente, que poniendo héroes posibles de encontrar en la vida práctica, virtuosos y buenos nos muestran el premio de la virtud y el escarmiento del vicio29.

27Montúfar recalcaba el papel del teatro en la formación, difusión y sobre todo apreciación de la historia en otros países. Nuevamente la función moralizante sobre el contenido estético. “Preséntese al país lo que aviva sus recuerdos, lo que habla a su corazón, y el teatro no será ya muchas veces un cementerio a donde sólo se concurre a ver los adornos como se concurre a los panteones a mirar las formas de los mausoleos30”. Y así abundan los ejemplos de el papel crucial que esta literatura tenía en la creación de lo «nacional» y en la educación que llevaría al progreso, al desarrollo tecnológico y al porvenir como nación civilizada.

Un concurso infructuoso

28Como parte de la «creación» de lo nacional, nos parece relevante hacer alusión a un incidente interesante. En diciembre de 1879 el gobierno de Barrios encargó a la Sociedad «El Porvenir» convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la nueva Constitución. El 5 de enero de 1880 la sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Llegado el plazo se recibieron sólo trece composiciones. El jurado eligió los tres primeros lugares, como estaba estipulado, pero dictaminó que ninguna de ellas merecía el calificativo de Himno Nacional y quedó como un simple concurso literario. Los ganadores fueron Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío. El día de la puesta en vigor de la Constitución fue entonado un Himno dedicado a Guatemala, cuyo verso era obra de Salvador Barrutia, miembro de la sociedad, con música de Mateo Tizol. Desconocemos la verdadera razón por la cual no aceptan ninguna de las composiciones. Descartamos razones literarias, ya que reconocieron públicamente la calidad de todos los trabajos. Y tampoco parece que fuera por los contenidos, ya que éstos no difieren mucho ni del himno que entonan el día de la celebración, ni del que resultó favorecido diez y seis años más tarde, en otro concurso similar y que, con algunas modificaciones, sigue siendo el Himno Nacional de Guatemala. Pero, en una extraña explicación, adujeron que ninguno de los tres merecía la honra de llamarse el «himno nacional». La información con la que contamos de la Sociedad «El Porvenir» llega hasta el 19 de enero de 1882 con la publicación del No. 99 de su periódico. Entre este último número y el anterior hay casi dos meses de diferencia, se disculpan por el retraso pero no pueden referir las razones de él, sin embargo esperan poder retomar a partir de este número las publicaciones periódicas, sin embargo, eso no sucedió así.
Habría, como mencionaba al principio, muchos otros temas que podrían examinarse a la luz de lo que fue este espacio de sociabilidad de la elite intelectual guatemalteca de finales del siglo XIX. Evidentemente no fue el único, pero sí uno muy importante. De las páginas de su publicación periódica extraemos más de doscientos nombres de personas que fueron sumándose a lo largo de poco más de cuatro años, como miembros de ella. Algunos personajes que ya eran conocidos en los círculos intelectuales y políticos del país, otros empezaron su carrera literaria ahí, incluyendo los extranjeros que por diversas razones residían en Guatemala. De cualquier forma ofrece un elemento importante para la reconstrucción de la historia intelectual de ese momento.

Bibliografía

29Barrios y Barrios, Estudio histórico del periodismo guatemalteco (Época colonial y siglo XIX), (Guatemala: editorial universitaria, 2003).

30Cabedo Manuel, Salvador, Filosofía y cultura de la tolerancia, (Montreal: Universität Jaime I, 2006).

31Cañas Dinarte, Carlos, Diccionario de autoras y autores de El Salvador, (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2002).

32Casaus Arzú, Marta y Teresa García Giráldez, Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales 1820-1920, (Guatemala: F & G editores, 2005).

33De Gandarias, León, Jornadas periodísticas, etapas notables de la prensa guatemalteca, (Guatemala: Publicaciones del Diario de Centroamérica, sf.).
Hæussler Yela, Carlos, Diccionario general de Guatemala, 3 volúmenes, (Guatemala: s/e, 1985).

34Quezada Mérida, Max, Diccionario cultural de autores nacionales, (Guatemala: s/e, s/f.).

35Salazar, Gabriel y Julio Pinto, Historia contemporánea de Chile I: Estado, legitimidad, ciudadanía, (Santiago, LOM, 1999).

36Santacruz Noriega, José, Barrios, dictador (1876-1879), (Guatemala: Tipografía Nacional, 1996).

37Soto Hall, Máximo, La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí, (Guatemala: José de Pineda Ibarra, 1966).

38Torres Valenzuela, Artemis, El pensamiento positivista en la historia de Guatemala (1871-1900), (Guatemala: USAC, 2000).

39Vela, David, Literatura guatemalteca, 3ª edición, Tomo II, (Guatemala: Tipografía Nacional, 1985).

40Villamar Contreras, Marco, Apuntes sobre la Reforma Liberal, Colección Investigación para la docencia No. 5, (Guatemala: Facultad de Ciencias Económicas, USAC, 1971).

41El Porvenir, Periódico quincenal de la sociedad literaria del mismo nombre, Tomo I, Guatemala: Tipografía “El Progreso”, 1878.

42El Porvenir, Periódico quincenal de la sociedad literaria del mismo nombre, Tomo II, Guatemala: Tipografía “El Progreso”, 1879.

Notas de pie de página

431 Llamamos a este movimiento «reforma» y no «Revolución Liberal» con el fin de tomar posición en el debate que algunos historiadores guatemaltecos han tenido al respecto. No nos parece que haya habido cambios verdaderamente estructurales por los que se pudiera admitir dicho nombre. Véase Artemis Torres Valenzuela, El pensamiento positivista en la historia de Guatemala (1871-1900), (Guatemala: USAC, 2000), págs. 91-92. Marco Villamar Contreras, Apuntes sobre la Reforma Liberal, Colección Investigación para la docencia No. 5, (Guatemala: Facultad de Ciencias Económicas, USAC, 1971), págs. 3-5.

442 León de Gandarias, Jornadas periodísticas, etapas notables de la prensa guatemalteca, (Guatemala: Publicaciones del Diario de Centroamérica, sf.), pág. 38.

453 Según la recopilación que hace Catalina Barrios notamos que la producción periodística de los últimos treinta años del siglo XIX, casi cuadriplica toda la producción anterior desde la colonia hasta los primeros cincuenta años después de la independencia. Catalina Barrios y Barrios, Estudio histórico del periodismo guatemalteco (época colonial y siglo XIX), (Guatemala: Editorial Universitaria, 2003).

464 José Santacruz Noriega, Barrios, dictador (1876-1879), (Guatemala: Tipografía Nacional, 1996), pág. 324.

475 Francisco J. Fernández Martínez, Campo literario y campo de poder en el instructor, publicación científica, literaria y de filología. Periódico aguascalentense del siglo XIX, Universidad Autónoma de Aguascalientes, pág. 3, disponible en http://www.historiadoresdelaprensa.com.mx (consultado en marzo de 2009).

486 Jesús Gómez Serrano, citado por Fernández Martínez, Campo literario…, pág. 6.

497 Marta Casaús Arzú, “La creación de nuevos espacios públicos a principios del siglo XX: la influencia de redes intelectuales teosóficas en la opinión pública centroamericana (1920-1930)”, en Marta Casaús Arzú y Teresa García Giráldez, Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales 1820-1920, (Guatemala: F & G editores, 2005), pág. 71.

508 Todas las citas textuales al periódico “El Porvenir” conservan íntegra la redacción original pero se han corregido los errores de ortografía.

519 Máximo Soto Hall, La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí, (Guatemala: José de Pineda Ibarra, 1966), pág. 53 y ss.

5210 David Vela, Literatura guatemalteca, 3ª edición, Tomo II, (Guatemala: Tipografía Nacional, 1985). (1ª edición: Tipografía Nacional, 1948), pág. 307 y ss.

5311 David Vela, Literatura guatemalteca, págs. 99 y ss.

5412 David Vela, Literatura guatemalteca pág. 315.

5513 Domingo Estrada, “La revista guatemalteca”, en El porvenir, (Tomo 1, No. 22, 5 de abril de 1878), pág. 342.

5614 José Martí, “Poesía dramática americana”, en El porvenir, (Tomo I, No. 19, 25 de febrero de 1878), pág. 289.

5715 Máximo Soto Hall, La niña de Guatemala, pág. 67.

5816 José Martí, citado por David Vela, Literatura guatemalteca pág. 251.

5917 Alberto J. Galindo, “Discurso”, en El Porvenir, (Tomo I, No. 11, 20 de octubre de 1877), pág. 175 (énfasis añadido).

6018 Vicente Carrillo, “Discurso”, en El Porvenir,( Tomo I, No. 6, 6 de agosto de 1877), pág. 90.

6119 Lorenzo Montúfar, “El Porvenir”, en El Porvenir, (Tomo I, No. 1, 20 de mayo de 1877), pág. 1.

6220 Manuel Aguilar, “Discurso”, en El Porvenir, (Tomo I, No. 3, 20 de junio de 1877), pág. 42.

6321 Aguilar, “Discurso”.

6422 Teresa García Giráldez, “El debate sobre la nación y sus formas en el pensamiento político centroamericano del siglo XIX”, en Casaús Arzú y García Giráldez, Las redes intelectuales, pág. 37.

6523 Salvador Falla, “El Porvenir ¡Adelante!”, en El Porvenir, (Tomo I, No. 5, 24 de julio de 1877), pág. 65.

6624 Falla, “El Porvenir…”, págs. 66-67.

6725 Juan Arzú Batres, “La imaginación y el pensamiento”, en El Porvenir, (Tomo I, No. 4, 5 de julio de 1877), págs. 53-54.

6826 Un dato curioso es que el hijo de Arzú Batres, el escritor José Arzú, seis décadas más tarde, publicó en el periódico El Imparcial (el diario más importante de Guatemala para esa época) una serie de cartas a los «mayas» en donde decía sentirse su descendiente y les pedía perdón por todos los daños causados. Véase Marta Casaús Arzú, “De la incógnita del indio al indio como sombra: el debate de la antropología guatemalteca en torno al indio y la nación, 1921-1938”, en Revista de Indias, Vol. 65, No. 234, (2005).

6927 Salvador Falla, “Pan y luz”, en El Porvenir (Tomo I, No. 7, 21 de agosto de 1877), pág. 99.

7028 Salvador Falla, “Intereses económicos”, en El Porvenir (Tomo I, No. 12, 5 de noviembre de 1877), pág. 177.

7129 Juan Arzú Batres, “La novela”, en El Porvenir (Tomo I, No. 8, 6 de septiembre de 1877), pág. 114.

7230 Montúfar, “El Porvenir”, pág. 3.

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Para citar este artículo :

Regina Fuentes Oliva, « Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir », Boletín AFEHC N°41, publicado el 04 junio 2009, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2180

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