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AFEHC : articulos : ¿Dónde está el Manifiesto de la historia intelectual? : ¿Dónde está el Manifiesto de la historia intelectual?

Ficha n° 2186

Creada: 23 mayo 2009
Editada: 23 mayo 2009
Modificada: 09 enero 2011

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Autor de la ficha:

Juan BLANCO

Editor de la ficha:

Marta Elena CASAÚS ARZÚ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

¿Dónde está el Manifiesto de la historia intelectual?

El ensayo es un intento de situar y problematizar las investigaciones desarrolladas en Guatemala en el ámbito de la historia intelectual. Se inicia con un esfuerzo de indagación acerca de la situación de las humanidades en la actualidad. Esta visión panorámica al ámbito de las humanidades es desarrollada a partir de las propuestas teóricas del filósofo alemán Peter Sloterdijk. En base a dichas propuestas, se establece, de forma a penas introductoria, los aspectos fundamentales que constituyen, por lo menos a nivel teórico, la historia intelectual. Después de establecer dichos elementos de identificación de este complejo disciplinario, se procede a presentar y problematizar el trabajo de los principales intelectuales que desarrollan su labor académica, pero no exclusivamente, en el ámbito de la historia intelectual en Guatemala: José Cal, Marta Casaús, Bienvenido Argueta, entre otros. Finalmente concluimos con un intento de auscultación de las motivaciones intrínsecas de estos intelectuales guatemaltecos en la preferencia de sus temáticas de investigación.
Palabras claves :
Historia intelectual, Humanidades, Nación, Modernidad, Posmodernidad
Autor(es):
Juan Blanco
Fecha:
Junio de 2009
Texto íntegral:

1
h4. Introducción

2En los últimos años se ha venido desarrollando, en el ámbito intelectual guatemalteco, especialmente en el campo que concierne a los humanistas y algunos cientistas sociales, un vivo interés en la investigación histórica a la luz de la llamada historia intelectual. Este fenómeno académico investigativo indaga, de forma preferencial, a los pensadores guatemaltecos liberales de finales del siglo XIX y los pertenecientes a la primera mitad del siglo XX, desarrollando las particulares propuestas de construcción teorética de los imaginarios de nación ofrecidos por éstos. Este movimiento inquisidor se desenvuelve con mucho ímpetu académico y convoca a un gran número de los principales intelectuales del país. Últimamente los trabajos de Marta Elena Casaús Arzú han establecido un modelo particular de referencia en el abordaje de los movimientos intelectuales del pasado, determinando un paradigma de orientaciones para el decurso de la actividad investigativa. Por su parte, los trabajos de teoría de la historia, que provienen del historiador José Cal, le ofrecen un tinte más especulativo a dicha labor académica. El proyecto de una historia intelectual se llena cotidianamente de académicos que vierten sus energías en el mismo.

3Sin embargo, en este adherente movimiento, así nos parece, se extraña la claridad de objetivos macros a partir de los cuales las tareas pudieran ser concebidas. Una fundamentación teórica de esta actividad requiere un cuidadoso análisis interpretativo que vislumbre las necesidades, apenas manifiestas, de los intelectuales comprometidos con este proyecto, una interpretación que inquiera y dé razón de sus objetos de estudio, sus elecciones y el porqué de las mismas, y otros elementos que le brinden unidad y sentido a esta actividad intelectual. Intuyendo este vacío evidente en dicho movimiento aventuraremos, muy superficialmente, una propuesta cuya finalidad es arrojar luces entorno a esta nueva realidad académica. Una pequeña propuesta que ilumine el sentido tomado por estos intelectuales contemporáneos es lo que aquí nos ocupa. La búsqueda nos llevaría finalmente a dilucidar un intrínseco manifiesto de la historia intelectual que dé razón de las condiciones que hacen posible dicha tarea y que apenas se asoma en las obras más reconocidas de los intelectuales guatemaltecos en dicho campo de estudio. Por otro lado, esta misma búsqueda nos llevará a una particular crítica de las motivaciones que rigen los estudios alrededor de la historia intelectual guatemalteca y de los ámbitos particulares de selección que son preferidos para su comprensión.

4El presente trabajo se desarrolla a través de una dinámica que va de lo general a lo específico de lo que aquí nos ocupa. Debido a ello iniciamos nuestra indagación a partir de una visualización, un tanto general, de la situación de las humanidades en la actualidad. Esta visión panorámica al ámbito de las humanidades se hará a partir de las propuestas teóricas del filósofo alemán Peter Sloterdijk. La opción por las propuestas teóricas de este autor tienen una doble intención; por un lado, sus propuestas nos ofrecen un conjunto complejo de necesidades históricas de las humanidades; por otro, sus afirmaciones son un llamado de atención ante las aspiraciones del quehacer de las humanidades, ante los anhelos aparentemente nobles de las mismas y la realidad de sus esfuerzos. Luego de dar noticia de estas propuestas, intentamos establecer de forma apenas introductoria los aspectos fundamentales que constituyen, por lo menos a nivel teórico, la historia intelectual. Luego de establecer dichos elementos de identificación de este complejo disciplinario, procedemos a presentar, en forma muy breve, a los principales intelectuales que desarrollan su labor académica, pero no exclusivamente, en el ámbito de la historia intelectual. Finalmente cerramos nuestro ensayo con un intento de auscultación de las motivaciones intrínsecas de estos intelectuales guatemaltecos a la luz de lo expuesto tanto en el primer apartado como en el segundo.

La situación general de las humanidades: el problema sloterdijkano

5Antes de dar inicio a nuestra labor propuesta se hace necesario realizar una revisión, un tanto superficial, y quizá muy tendenciosa, de la situación contemporánea de las humanidades. Para ello trataremos de sintetizar la polémica perspectiva que sobre la labor de las humanidades ha desarrollado el filósofo alemán Peter Sloterdijk. La elección de este pensador se vuelve pertinente ya que con sus teorías instaura, nuevamente, el debate acerca de las pretensiones sociopolíticas de los humanistas. Sus comentarios y reflexiones son un intento de auscultar los propósitos históricos de este tipo de disciplinas académicas. Si bien sus reflexiones no giran alrededor de un intento de exultación de las humanidades, sí evidencian un honesto compromiso con la comprensión de los alcances y límites que dichas disciplinas tienen en la actualidad; una actualidad en la que el discurso humanista aún no encuentra los medios necesarios para su expresión. Sus desafiantes ideas hacen posible que nosotros, los humanistas, reflexionemos acerca del peligro de nuestras buenas intenciones.

6Peter Sloterdijk es uno de los pensadores alemanes de nuestro tiempo que realiza una desafiante presentación de la situación de las humanidades y la función de las mismas en la configuración del hombre en cada uno de sus pretéritos o presentes contextos. Durante mucho tiempo las humanidades han realizado las más diversas funciones en la administración tanto del espíritu humano, como de las instituciones que generan las condiciones de posibilidad que, en cada época, le permiten al hombre desenvolverse, planificarse o hacer uso de él. En esta situación los humanistas realizan también el trabajo de adiestramiento del hombre en vistas a la adecuación del mismo a las instituciones históricas existentes. Sin embargo, este papel conformador de hombre – papel que juegan los humanistas en las sociedades donde están insertos -, genera una problemática actual que desafía el rol que éstas tienen. Sloterdijk en uno de sus más cortos textos, pero profundo por el alcance y perspectivas que dan qué pensar, a saber Normas para el parque humano1, realiza una aguda crítica a la labor de las humanidades, dando inicio con una estratégica referencia a los modos de comunicación y transmisión de los mensajes elaborados por ellas, estrictamente limitados a los libros, y mediados por el lenguaje escrito, que se convierte, al fin y al cabo, en “cartas dirigidas a unos amigos2”.

7El conjunto de conocimientos que los humanistas se han transmitido generación tras generación, manteniendo la dinámica de emisor y receptor trans-temporales a lo largo de los siglos, ha permitido crear una tradición escrita que genera maneras comunes de establecer foros de comunicación a distancia que hacen posible el establecimiento de grupos de trabajo y reflexión que asumen ideas proyectadas, proyectos insinuados, y aventuras teóricas que nacen demasiado pronto y que encuentran sus incubadores en tiempos futuros, o ideas que tuvieron auge en su momento y declinaron luego y que son resucitadas en otros tiempos. Este modo de proceder y establecer vínculos lleva a Sloterdijk a mostrar una primera idea en referencia a una de las características fundamentales del humanismo:
bq. En el núcleo del humanismo así entendido descubrimos una fantasía sectaria o de club: el sueño de una solidaridad predestinada entre aquellos pocos elegidos que saben leer3.

8El humanismo, según Sloterdijk, tiene varios objetivos por cumplir y algunos cumplidos. Estos objetivos pendientes son, en ocasiones, procesos de integración de anhelos antiguos con los que las sociedades vuelven a identificarse según las circunstancias y urgencias históricas. Entre la variedad de proyectos humanísticos expuestos por el filósofo alemán resulta muy ilustrativo y sintomático las pretensiones tomadas por dichos proyectos hacia finales del siglo XIX. Dichos proyectos, cuyos propósitos desarrollados en Europa giran en torno a la configuración de los Estados nacionales, tenían como finalidad última el implementar técnicas de inspiración para la conformación y cohesión de las jóvenes naciones. Este humanismo se dedica a dicha tarea cuando asume un cariz pragmático y creador de imaginarios de nación. Sloterdijk nos lo refiere de la siguiente manera:
bq. Allí donde […] el humanismo se volvió pragmático y programático, como en los siglos XIX y XX con las ideologías liceístas de los Estados nacionales burgueses, el ejemplo de la sociedad literaria se amplió hasta convertirse en la norma para la sociedad política4.

9Podemos decir que esta labor intelectual de los humanistas de los siglos XIX y XX no sólo se desarrolló en Europa pues también en las nóveles naciones recién independizadas del continente americano, sobre todo en los períodos históricos en que los poderes del liberalismo determinaban el modo de llevar a cabo la organización política, se desarrolló una labor similar. El objetivo era también el de la conformación de espacios de comprensión de sí mismo, espacios que permitieran identificar a un Estado establecido con las características de la nación y que, como consecuencia directa, en los Estados complejos en que no existía una homogenización cultural de los diferentes grupos que lo conformaban conllevó a la anulación de las diferencias a favor de la conformación de la única nación de tinte liberal e ilustrada y, por ende, de inspiración occidental.

10Este rol político que Sloterdijk destaca del trabajo humanístico hace patente la tarea ideológica de estos pensadores del hombre. Estos impulsos arquitectónicos que hacen de las humanidades una escuela de formación y creación del hombre vuelven políticamente complejos sus mensajes que son utilizados en sus determinados momentos de aparición o que tienen que aguardar a ser reasumidos en tiempos futuros. Estas propuestas arquitectónicas de los marcos teóricos de referencia constituyen configuraciones de sentido que en el siglo XIX desafiaban las estructuras políticas en pro de las identidades nacionales que favorecieran a nuevos grupos de poder o contrapoder surgentes. Sloterdijk realiza una denuncia del humanismo burgués de aquellos años que pugnaba por la instauración de las ficciones que llegarán a ser conocidas como naciones modernas. Estas ficciones sólo pueden ser transmitidas y justificadas por los humanistas que hacen posible la comprensión y sintonía de los individuos a nuevos proyectos políticos.

11Sin embargo, lo que en los dos últimos siglos se presentaba como la tarea del humanismo burgués comienza a llegar a su ocaso5 ya que

12La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ha pasado, porque ya no se puede sostener por más tiempo la ilusión de que las macroestructuras políticas y económicas se podrían organizar de acuerdo con el modelo amable de las sociedades literarias6.

13Los viejos tiempos del humanismo son comprendidos hoy en día como elaboraciones ficcionales al servicio de los proyectos de la burguesía. Estos discursos que ofrecieron los humanistas eran mediados por intelectuales que otorgaban marcos de interpretación en pro de peculiares intereses sociales y, generalmente, de reducidos y oligárquicos grupos. Este proyecto burgués de los humanistas, que muchos negarán y habrán negado, comienzan a ser denunciados por aquellos eternos problematizadores de lo ya asumido y consagrado, instaurando un conocimiento cauteloso de las “buenas” humanidades.

14Pero esta labor de creación de espacios de referencia y comprensión se asienta en los supuestos a los cuales el humanismo apela como forma de orientación de su actividad, con un credo que da razón de sus formas de comunicación y educación:

15Forma parte del credo del humanismo el convencimiento de que los hombres son “animales sometidos a influencia” y que es por ello indispensable hacerles llegar el tipo correcto de influjos7.

16Esta autoconciencia de la funcionalidad del humanismo le otorga autoridad a su labor. La creencia de que el hombre es conformable ejerce en el humanismo un influjo importantísimo que permite la justificación de sus aspiraciones de liberación, construcción, creación del hombre nuevo, etc. Pero esta confianza en las fuerzas educadoras del humanismo está llegando a su fin. Los medios literarios que antes establecían comunidades de significación están perdiendo el poder de influjo que anteriormente tenían. Los nuevos medios de comunicación de masas están desarrollando nuevas formas educativas, desplazando las tendencias mediáticas que configuraban el espíritu del hombre. Sin embargo, en medio de esta situación de crisis y desilusión de los proyectos humanistas decimonónicos, sus representantes se vuelven poco críticos hacia sí mismos y prefieren esconderse en el elitismo intelectual a sabiendas que siempre conforman un club cerrado de elegidos, formados en el arte de la arquitectura de ficciones de imágenes del hombre.

17Esta serie de problemáticas que devela las reflexiones sloterdijkanas pone en alerta la autoconciencia del humanismo contemporáneo. Un humanismo que ha tenido como misión la conformación del hombre, la exposición del deber ser de los individuos en su época. Pero estas pretensiones orientativas del humanista develan hoy consecuencias peligrosas por el hecho de estar, en ocasiones sin saberlo ni pretenderlo, al servicio de las instituciones del poder o al servicio del poder anhelado por los intelectuales, poder que sólo puede ser realizado mientras las conciencias de los hombres de su tiempo sean educadas o “influenciadas” por sus discursos.

18Esta panorámica se constituye como un reto o llamado de atención al quehacer humanista actual. Un quehacer que en aras de la conformación de imaginarios de nación o de ficciones identitarias pretenden ser los portavoces de los proyectos de vinculación social. Estos proyectos, sin embargo, se vuelven peligrosos ya que la manipulación y amansamiento de los iletrados corre el riesgo de estar al servicio de las más crueles causas o intereses de reivindicación del poder de los intelectuales humanistas con ayuda de las masas debidamente “influidas”. Este es, pues, un panorama sombrío para la labor humanista.

¿Qué es la historia intelectual?

19El panorama actual de las humanidades, tal como es descrito por Sloterdijk, manifiesta una actitud de discernimiento ante las propias posibilidades que los proyectos humanistas ofrecen en pro de la domesticación del ser humano en los particulares espacios de convivencia social. La crisis de sentido y objetivo de las humanidades, en cuanto se refiere al modo de constituirse como propuesta de configuración del ser humano del siglo XXI, es un síntoma más de la debacle presente en las propuestas intelectuales de la modernidad tardía. Los responsables, empero, de dicha crisis no es ninguna especie de sistema que no valora los aportes de las humanidades. Este crisol de la teoría humanista proviene de sus más ilustres representantes, pues sólo quien conoce su oficio puede vislumbrar sus defectos y propósitos.

20El síntoma de la actualidad se constituye alrededor de la desilusión de las propuestas totalitarias que pretendían la solución de los problemas políticos, económicos y sociales y que la razón humana se consideraba capaz de solventar. La desconfianza ante las posibilidades de la razón – entendida como el mecanismo privilegiado de la ilustración moderna que guiaría al hombre a su plena realización – hace que los caminos que antes se consideraban seguros para la construcción de la humanidad plena se vuelvan borrascosos. Estas sombras que la soberbia racionalidad occidental pretendía iluminar se han vuelto cada vez más oscuras. La realidad contextual se niega a ser aprehendida directa y definitivamente por los mecanismos del conocimiento intelectual monodisciplinar. Aquellas pretensiones de las disciplinas llamadas científicas, consistentes en ausculturar las leyes inmanentes tanto de la naturaleza como de la sociedad, caen, cada vez con mayor ímpetu, en una incredulidad desbordante.

21Ante esta situación de crisis epistemológica u política de las ciencias humanas, aparece, como alternativa para solventar dicho descrédito, la peculiar idea que gira alrededor de la creencia según la cual entre mayor sea el número de disciplinas que aborden el mismo problema más certera será la comprensión del fenómeno a estudiar. Esta confianza inter-disciplinar pareciera ser el reflejo de la convicción democrática occidental: entre mayor sea el número de los que están de acuerdo sobre una situación determinada, mayor probabilidad habrá de poseer de ser lo verdadero. Esta confianza en la mayoría simple, que a nivel político las democracias facultan, comienza a subyacer en las pretensiones interdisciplinarias del abordaje de los temas. Dicha confianza es comprensible a partir del prejuicio de nuestra época según la cual “resulta legítima la preocupación de que todo poder y todas las formas legítimas de expresión proceden de las mayorías8”. Esto puede muy bien ser aplicado para el caso de la inter-disciplinariedad a la que se aboga en nuestro contexto intelectual y no sólo a la participación de las masas en los juegos del poder político. Se habla de integralidad del análisis, de estudios holísticos, ya que al considerar que “una” sola disciplina ya no es capaz de proporcionar las transparencias del problema abordado, dos o más tendrán, quizá, mayor posibilidad. Esta es la situacionalidad en la cual surge y se inserta lo que ha venido a llamarse historia intelectual. Este fin de la autotransparencia en la descripción y explicación de los problemas abordados por las ciencias humanas rigen el panorama actual y, a partir de él, podemos darnos una idea de los motivos y condiciones de posibilidad del surgimiento, dentro de la monodisciplina conocida como historia, de la multidisciplinaria historia intelectual.

22La historia ha vuelto a pensarse a sí misma. En este cavilar sobre sí, la historia se percata del engaño de sus pretensiones y llega a la conclusión que

23no hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que haya un punto de vista supremo, comprensivo, capaz de unificar todos los restantes9.

24La historia se disuelve, y una debilidad constitucional se apodera de la misma. Este ocaso de la historia hace posible, dentro de sí misma, una infinidad de propuestas diversas, autopercatadas de sus limitados alcances. La historia intelectual es una de estas propuestas débiles, pues reconoce que la búsqueda de la transparencia de los fenómenos de investigación es una ocupación ilusoria.

25La historia intelectual es un engendro académico que únicamente es posible en la situación epocal contemporánea. Aquella problematización acerca del papel de las humanidades que Sloterdijk sugería, sumada a la actual crisis monodisciplinar antes mencionada, hacen posible la eclosión de esta compleja faceta disciplinar a la que nos referimos. Para José Sazbón la historia intelectual tiene entre sus predecesores a la historia de las ideas en el ámbito de lo meramente histórico; sin embargo, la historia intelectual no se orienta y conduce a través del quehacer meramente historiográfico o a partir de los clásicos procedimientos de las ciencias históricas, sino que utiliza herramientas del conocimiento que provienen de otras disciplinas humanísticas. De este modo, la historia intelectual es un conjunto disciplinario que se auxilia, para su labor, de los aportes teóricos y metodológicos de las otras disciplinas humanas: la filosofía, la antropología, la pragmática, entre otras. Es por lo anterior que la “historia intelectual no se siente inclinada a aceptar confines precisos al ámbito de su competencia10”. Esta aperturidad de fronteras que caracteriza a la historia intelectual le otorga las más ricas posibilidades para la realización de sus labores propuestas.

26La historia intelectual, entonces, es una muestra de la actual debilidad de las fronteras disciplinarias. La amalgama de disciplinas que le ofrecen horizontes teóricos y metodológicos de referencia se presenta como un síntoma significativo de la actual crisis de las identidades fijas de las diferentes disciplinas humanas. A esto se refiere Clifford Geert en su obra Conocimiento local11 cuando describe la situación a la que están expuestas las ciencias humanas y que califica como “la actual confusión de variedades del discurso12”, como una “desprovincialización intelectual13”.

27Para el grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de México, en lo que se refiere a la historia intelectual, ésta tiene afinidades con muchas de las ciencias humanas actuales: la pragmática, el análisis del discurso, la semiótica, la hermenéutica, la simbólica social, la lingüística, antropología, sociología y la historia cultural misma. La historia intelectual se presenta, de esta manera, como una disciplina de confluencias teórico-metodológicas, como una amalgama disciplinar multiforme, “hospitalaria a enfoques diversos14”. Pero si éstas son las vertientes disciplinares que le constituyen y le caracterizan como tal, sus ámbitos de investigación no dejan de emular tal ampliación de sus marcos de interpretación. Todo esto hace evidente en ella la presencia de la multiplicidad de géneros que le constituyen.

28Tomando en cuenta las propuestas de José Sazbón y el proyecto de historia intelectual llevada a cabo por un grupo multidisciplinario e interinstitucional y propiciado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México15, podemos establecer un listado con los principales temas de interés e investigación que la historia intelectual, hasta ahora – y este hasta ahora se constituye como un referente común a las diferentes disciplinas que se independizan de las ya constituidas –, plantea en este nuevo conjunto disciplinar:

29_ a. Estudio de las propuestas y prácticas de pensadores, científicos e intelectuales.

30_ b. Estudio de las comunidades intelectuales que pensadores, científicos e intelectuales conforman como medio para su actividad intelectual.

31_ c. Estudio y análisis de la producción discursiva y conceptual según el contexto de origen, es decir la significación de los mismos en las esferas de acción en que aparecen insertos.

32_ d. Estudio de las prácticas interpretativas de los intelectuales en cada uno de sus determinados contextos.

33

  • e. Comprensión del significado, contextualización y producción social de los discursos, conceptos y proyectos creados por los intelectuales.

34Esta pequeña lista de los principales temas de interés de quienes desarrollan su labor académica dentro de la historia intelectual nos proporciona una panorámica general de sus objetos de estudio, también nos evidencia la amplia configuración de sus límites de investigación. Debido, precisamente, a esta amplitud de frontera es que la amalgama disciplinar encuentra un refugio seguro en la historia intelectual. Este complejo disciplinar que muestra lo endeble de sus límites y la riqueza de sus alcances hace que quienes se dediquen a la misma excursionen en las diferentes ciencias humanas que hacen posible la comprensión exhaustiva, aunque no por ella abarcable de forma definitiva, de las situaciones propuestas a estudio y análisis.

35La historia intelectual es una oportunidad de apertura a las propuestas multidisciplinarias que sólo es posible gracias al debilitamiento de la historia. Estas nuevas perspectivas y los amplios objetos de indagación hacen que este campo de las humanidades sea más prudente en sus intenciones de orientación de la vida del hombre. Sus resultados no son ya ediciones terminadas con un sentido unívoco de la realidad. No. Lo que ahora sucede con la historia intelectual es precisamente la estructuración, a modo de ensayos interpretativos de los temas antes mencionados, de perspectivas de análisis y comprensión que se saben efímeras, que tienen la conciencia del para mientras, que reconocen el paulatino desarrollo de la comprensión del espíritu humano y dejan a un lado los deseos de transparencia última de sus temas de investigación.

36Lo anterior es, por ende, lo que podemos com-prender por historia intelectual. Sin embargo, este prender es bastante sutil debido a la misma dinámica de las propuestas de este ámbito del saber. En medio de todo ello surge todavía una breve cuestión. La cuestión fundamental gira entorno a la profesión del historiador intelectual: ¿quiénes se dedican a dicha labor? ¿La historia intelectual es una labor de historiadores? Lo que los profesionales de la historia pudiesen aportar a este conjunto disciplinar será de gran valor, pero no confundamos. La historia intelectual se niega a convertirse en propiedad exclusiva de los historiadores. Me atrevo a afirmar que en definitiva la historia intelectual no es labor exclusiva de historiadores, y cuando éstos desarrollan dicha labor ya no parecen tales, sino que manifiestan una hibridez multidisciplinar particular que les vuelve competentes para este nuevo campo de indagación. Ésta, consideramos, es una característica fundamental de la historia intelectual, “una” historia – entre tantas – sin exclusividades profesionales.

La historia intelectual en Guatemala: los aventureros más recientes

37En los últimos años la historia intelectual ha mostrado, entre los humanistas guatemaltecos, sobre todo los historiadores profesionales, un vivo interés alrededor de esta nueva manera de abordar campos específicos de la historia nacional16. La labor de historia intelectual en Guatemala está desarrollada principalmente por dos grupos que, dentro del complejo disciplinario mismo, tienen características particulares: un grupo, quizá la mayoría, se dedica a elaborar trabajos de historia intelectual realizando investigaciones que abordan objetos de interés delimitados al ámbito guatemalteco, es decir, desarrollan investigaciones historiográficas de la época de interés sin dejar constancia de los principios teóricos que inspiran su labor; por otro lado, el segundo grupo, los menos, se dedican no sólo a realizar trabajos que podemos ubicar en el ámbito de la historia intelectual, pues también elaboran propuestas teóricas alrededor de dicha temática.

38Entre los intelectuales que podemos situar en el primer grupo se encuentra una de las intelectuales que mayor interés ha mostrado sobre el tema y quizás, nos atreveríamos a afirmar, sea la representante de la historia intelectual más conocida que todos asociarían inmediatamente con dicho complejo disciplinario en los últimos años, nos referimos a Marta Elena Casaús. Sus trabajos se han convertido en una especie de hito en este ámbito multidisciplinario. Sus textos nos muestran el modo particular que en Guatemala la historia intelectual se desenvuelve. Por otro lado, sus trabajos están redactados a modo de ensayos históricos en los cuales se intenta comprender los contextos, conceptos, influencias, proyectos políticos que el conjunto de intelectuales de una época determinada presentan. Esta historia intelectual, llevada a cabo por Casaús, se desarrolla alrededor de intelectuales guatemaltecos, teniendo sus investigaciones como objetivo principal desentrañar las propuestas políticas, pedagógicas, económicas, etc., de los mismos. Esta característica particular –la referida a la preferencia del estudio de intelectuales en sus investigaciones– le otorgan un tinte peculiar a su quehacer investigativo. Es necesario también establecer que los intelectuales que Casaús estudia son intelectuales de frontera, es decir, intelectuales cuyos trabajos teóricos fueron propuestas no oficializadas por los gobiernos de turno de la época, gobiernos que también tenían sus propios intelectuales y publicaciones oficiales; además, estos intelectuales de frontera elaboración propuestas políticas alternativas frente a las propuestas comunes de sus épocas. Esta preferencia en sus objetos de investigación hace de los resultados de Marta Casaús Arzú un claro intento de rescate histórico de los grupos intelectuales que, aunque creativos en sus proposiciones, no lograron llevar a cabo, tal como ellos hubiesen querido, sus proyectos sociales y políticos.

39Dentro de esta particular manera de llevar a cabo la tarea de la historia intelectual están también historiadores tales como Enrique Gordillo Castillo, Artemis Torres y Regina Fuentes, que coinciden con la dinámica expuesta por Marta Casaús Arzú en sus investigaciones, pero que en sus publicaciones se extraña los intentos de reflexión teórica alrededor de la historia intelectual. Por lo tanto, los elementos que unifican las propuestas y formas de investigación de este primer grupo es, por un lado, el interés manifiesto por aquellos intelectuales del pasado, sus contextos y productos en una época determinada y, también, la ausencia de especulación teórica que den razón de sus expectativas y elecciones. Sin embargo, los esfuerzos realizados por este grupo han significado un primer intento de rescate de los intelectuales de frontera pertenecientes a la historia guatemalteca.

40Existe un segundo grupo de intelectuales que desarrollan una labor crítica en el ámbito de “la” historia, grupo que no puede dejarse absorber por lo aquí entendido por historia intelectual, pues también tienen injerencia en otras perspectivas teóricas tanto de la disciplina histórica como de las humanidades en general. Este grupo presenta una forma más profunda y compleja en el abordaje de sus objetos de estudio. Sus trabajos de investigación no sólo giran alrededor de objetos históricos concretos de estudios, es decir, sus esfuerzos no se limitan a repetir formatos de investigación ya propuestos anteriormente. No, sus esfuerzos también giran en torno a la formulación de propuestas teóricas que problematizan y dejan asentadas las premisas de comprensión y análisis de los campos en los cuales se inserta la investigación. Este grupo, entonces, hace énfasis en establecer sus fuentes de comprensión de tal modo que se vuelven accesibles sus supuestos teóricos, demostrando con ello un compromiso intelectual con la disciplina histórica.

41El más sobresaliente de este grupo es, sin duda alguna, José Cal Montoya. Sus esfuerzos teóricos están insertos en las propuestas de teoría de la historia tanto de la llamada historia cultural así como de la historia conceptual. Algunos de sus escritos representan un claro aporte teórico al ámbito histórico en general, compartiendo sus fuentes interpretativas, sus particulares lecturas, sus influencias teóricas, estableciendo dominios de acción y delimitando, en la medida de lo posible – y sólo en esta medida ya que, como hemos determinado anteriormente, los límites disciplinarios cada vez son menos claros, de tal modo que las fronteras disciplinarias se diseminan a medida que el investigador se muestra más creativo y fecundo –, sus objetos de indagación. Este caso representa, así parece todavía, un caso excepcional en el campo de la investigación histórica en Guatemala en los últimos años, pues el compromiso teórico que presenta en sus escritos nos motiva a reconocer en él a un intelectual de convicciones epistemológicas específicas. José Cal se dedica a realizar sus esfuerzos de investigación entorno a la historia conceptual17 y la historia cultural18, como ya hemos mencionado; sin embargo, nosotros lo ubicamos en el marco de la historia intelectual debido a dos razones fundamentales. La primera, para José Cal la historia intelectual constituye una de las cuatro ramas de la historia cultural (junto a la historia de las prácticas culturales, historia del arte y la historia de la música19) y por lo tanto, con este esfuerzo, podemos situarlo como uno de sus más fecundos teóricos. Pero además, y este es el segundo elemento, José Cal sitúa a uno de sus trabajos de investigación dentro del grupo de investigaciones referentes a la historia intelectual y no en alguno de los otros campos que constituyen el macro proyecto de historia cultural; por esto mismo lo consideramos uno de los miembros del grupo de la historia intelectual, y uno de los más importantes teóricos de ésta.

42Otro de los representantes de los esfuerzos teóricos alrededor de la historia intelectual lo constituye Bienvenido Argueta. Este académico desarrolla esfuerzos en el ámbito de la historia intelectual desde el marco de la educación y la filosofía. La forma en que Bienvenido Argueta desarrolla sus esfuerzos históricos demuestra la fecundidad multidisciplinaria que cabe reconocer en la historia intelectual. Sus propuestas20, también a modo de ensayo, representan una oportunidad diferente a los antes mencionados, ya que desarrolla esfuerzos de historia intelectual fuera de la competencia estrictamente histórica, lo cual le confiere una manera de abordar sus objetos de estudios desde un campo de comprensión no sólo historiográfico, sino también hermenéutico-filosófico que le hace posible establecer, y dejar constancia, de las estructuras generales del sentido de las propuestas de una época determinada.

43Estos son entonces los principales representantes de la historia intelectual en Guatemala actualmente. Es posible que estos académicos no se reconozcan dentro del complejo disciplinario al que aquí nos hemos referido; sin embargo, la familiaridad con las características que hemos constatado como constituyentes de la historia intelectual, nos dan razón suficiente para incorporar a la misma a estos académicos contemporáneos.

Los objetos de estudio de la historia intelectual en Guatemala

44En este apartado, un tanto conclusivo, nos proponemos determinar los horizontes de interés que normalizan e inspiran la labor de los intelectuales guatemaltecos que se dedican a la historia intelectual. Lo que aquí se propone es un breve ensayo problematizador en relación a los temas elegidos, a las preferencias epocales de indagación y a la situación actual de dichos intelectuales en Guatemala. Estas problematizaciones las desarrollamos en forma generalizada alrededor de lo que aquí nos interesa: la historia intelectual. Si bien lo que proponemos no puede delimitarse al conjunto de los intelectuales que hemos mencionado con anterioridad, sí hace referencia a los elementos que cohesionan a dicho grupo. Este esfuerzo final realiza, tácitamente, una síntesis interpretativa de la situación de las humanidades que proponíamos a la luz de las reflexiones sloterdijkanas y la idea de la historia intelectual aquí presentada, encarnada por los académicos antes mencionados. Lo repetimos, lo expuesto no puede generalizarse para cada uno de los intelectuales mencionados; de todas maneras, lo que proponemos se muestra como una clara manifestación de la conciencia implícita de grupo que les cohesiona en sus respectivas labores en las postrimerías de la modernidad.

45La búsqueda de los intelectuales guatemaltecos contemporáneos tiende, en gran medida, a la configuración de imaginarios de referencia y construcción de la identidad guatemalteca a partir del recurso consistente en la revisión de los autores creativos y propositivos del pasado, centrándose en los intelectuales que desarrollaron su obra y plasmaron sus principales planteamientos teoréticos tanto en la literatura, el ensayo o por medios periodísticos durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, con especial énfasis en la vertiente liberal de dicha época, vertiente que desarrolla, entre otras cosas, el imaginario de la nación. Esta insistencia investigativa alrededor de este período en concreto, hace evidente una tácita necesidad de la búsqueda actual de la propia identidad retroyectándose hasta aquellos siglos. ¿Qué motivos pueden mover a los intelectuales contemporáneos en sus pretensiones de sistematizar las experiencias intelectuales del s. XIX, sino las preocupaciones similares de aquellos años, a saber: la configuración de una “idea” referida al “ideal” del “ser guatemalteco”? ¿Qué similitudes, políticas, económicas, culturales, entre otras, podemos contrastar entre la presente época y aquel pretérito período del pensamiento que pone gran interés y énfasis creativo en la creación de la nación? ¿Acaso la necesidad de la configuración de “esferas21” que acompañaba la labor de los intelectuales de los siglos XIX y XX se muestra en nuestro días nuevamente pertinente para los humanistas guatemaltecos de inicios del siglo XXI? ¿Es esta tendencia indagatoria del pasado cultural decimonónico suficiente para encontrar un referente identitario en la construcción del “ser guatemalteco”? ¿Por qué sistematizar los vestigios de la intelectualidad guatemalteca de aquellos siglos sino por la necesidad sentida de elaborar propuestas para la construcción de esferas de significación que nos posibiliten y delimiten un espacio vital en el cual nos sintamos seguros? ¿Una revisión intelectual, por parte de los contemporáneos, sería suficiente para comprender el presente o proponer un futuro deseado por los intelectuales decimonónicos, deseo que, nuevamente, se vuelve urgente hoy en día? ¿Desde dónde recibimos la motivación de esta nueva actitud? ¿Qué eventos históricos nos impelen a doblar esfuerzos en esta tarea? ¿Por qué se ha vuelto significativa la “_vestigiofilia_” de los humanistas contemporáneos en su búsqueda de la configuración de la nación? ¿Acaso consideran que dicho proyecto nació demasiado pronto para que madurase? ¿Podemos ahora realizar lo antes irrealizable?

46Las construcciones de sentido tienen puntos de partida que arrancan de situaciones previas ya sea en su revisión y en la prosecución de proyectos truncados que en épocas futuras pueden ser llevados a cabo. ¿Acaso buscamos proyectos que “nacieron póstumos” en el tardío siglo XIX? ¿Qué esperamos encontrar? ¿Qué deseamos encontrar? ¿Cuál es el horizonte de posibilidades que se intuye en esta búsqueda? ¿Acaso nos enfrentamos con un nuevo impulso a lo propio? ¿Este “propio” deberá ser recreado con las propuestas decimonónicas y de inicios del siglo veinte? ¿Quién o qué nos instó a dirigir la mirada al pasado y precisamente a este particular momento histórico? ¿No sigue siendo esta es una sospecha un proyecto criollo, y posteriormente burgués pero en todo caso monocultural, el que precisamente se desarrolla en aquella época y al que hoy en día se vuelve la mirada con un talante de nostalgia? ¿Nuevamente nos impulsa la crisis emancipatoria? ¿Nos hemos quedado sin referentes? ¿Nos hemos atrevido a experimentar con nosotros mismos? ¿Por qué alberga esperanza esta labor?

47Es posible que los proyectos en perspectiva de metarrelatos políticos acaecidos en el siglo XX nos hayan defraudado y desilusionado definitivamente. Durante la década primaveral de los años cuarentas el ideal de nación a construir estaba claro, pues se aclimataban cálidas ilusiones de democracia y justicia social. Luego, el despertar violento de aquella ilusión que finalizó por la acusación a comunismo y con la destrucción imperialista de aquel ideal. Sin embargo, aquella nueva situacionalidad imperialista, al menos ofrecía la posibilidad de un estar en contra de como actitud política y así anhelar las semillas de aquel proyecto truncado. ¿No es acaso cierto que nadie volvería la vista al pasado buscando referentes si están claros los proyectos presentes? Posteriormente, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la misma Guerra Fría ofrecía nuevas posibilidades, otorgaba proyectos a los cuales asirse, luchas a las cuales incorporarse, enemigos a quienes derrotar y misiones de nación por cumplir. La compañía problemática del enemigo nos ponía en la dinámica de la esperanza. Su sola presencia motivaba a la ilusión de destruirlo, existía un proyecto. La finalización de la Guerra Fría y, por ende, el fin del financiamiento que haría posible lo anhelado, daba paso a nuevas realidades y complejidades en el quehacer político guatemalteco. Los acuerdos de paz de los años noventas acumularon un sueño y truncaron otros, asesinaron a los enemigos y nos permitieron albergar una nueva esperanza que el tiempo, por decirlo de algún modo, se encargó de sacrificar en honor de la contemporaneidad y los compromisos previamente asumidos entre los grupos de poder, compromisos que tienen siempre mayor prioridad que algún tipo de documento de buena voluntad.

48La eclosión de una nueva situación histórica, ahora sin enemigos públicamente reconocidos, que antaño motivara a la contraposición, y que se presenta como alternativa a una esperanza que ha ido fracasando, hace evidente que las búsquedas más apasionadas están en vistas de la construcción de medios de aclimatación. Las esferas se han roto y necesitamos reinventar algunas y crear otras. Pero, ¿por qué volver la mirada precisamente a los finales del siglo XIX y a los inicios del XX? ¿Por qué inquirir en aquellos proyectos liberales de nación? ¿Manifiesta esta tendencia la contraposición a algo? ¿Cuáles son los referentes que nos han decepcionado? ¿Por qué volver la mirada al ombligo de este modo? ¿Qué les motiva? ¿En dónde está el nuevo manifiesto de dicha actividad? Algo es seguro: aparece un sentimiento de la ausencia de una esfera de significación y a partir de este sentimiento dilucidan la tarea de elaborar una. El fin de los metarrelatos parece afectar ya a Guatemala, ha dado inicio la construcción de una nueva revisión de sí mismo. Experimentamos con nosotros mismos la idea de un nuevo sujeto: ¿en algún momento fuimos algún tipo de sujeto? ¿De qué nos hemos cansado ya?

49Pero esta búsqueda de quiénes somos, queremos o debemos ser a partir de la comprensión del pasado ¿no manifiesta una neurosis retrospectiva de talante psicoanalítica? ¿La vestigiofilia se manifiesta como el síntoma de los intelectuales contemporáneos? ¿Las búsquedas prospectivas han finalizado? Comprendiendo el pasado podemos comprender el futuro, pero ¿no podemos desvincularnos de la metodología causal?

50Estas propuestas que nos encaminan a asir las comprensiones y proyectos pretéritos se nos presentan, por lo menos para algunos, como convenientes. ¿Esto ha sido posible porque hemos escuchado el llamado retrospectivo de lo que podemos ser? ¿Hemos justificado suficientemente nuestra vía? ¿Nos encaminamos hacia donde creemos ir solamente porque nuestros maestros lo hacen? ¿Qué nos mueve en el presente? ¿El futuro o el esnobismo preteriológico?

51¿Se ha aventurado ya una justificación que fundamente la opción por el pasado en búsqueda de algo presente que es ausente? La necesidad de referencia a los fundadores, para algunos antropólogos, es un elemento particular del ser humano, sobretodo de aquellos que quieren hacer prevalecer la identidad y el poder22 ¿Qué herencia creemos nos pertenece? ¿Qué necesitamos reivindicar y ante quién o quiénes?

52Aquellos intelectuales decimonónicos y los que a inicios del siglo XX desarrollaban su labor académica andaban en búsqueda de la configuración de una esfera de sentido en una realidad novedosa que instaba a ser transformada, pero sobre todo recreada, una realidad que era precisamente ellos mismos y sus proyectos enraizados en la posibilidad de ensayar consigo y de apropiarse así de nuevas posibilidades. La única diferencia que establece una gran brecha entre los intelectuales que vuelven su mirada al proyecto liberal de los siglos XIX y XX en el siglo XXI y aquéllos, ahora objeto de investigación histórica, consiste básicamente en la ausencia contemporánea de protagonismo político por parte de los intelectuales ¿Es por ello que tan ansiosamente necesitan aprender a ser un intelectual con poder real? ¿Es un anhelo de los contemporáneos elaborar proyectos de aquel tipo? Sin embargo, si encontramos lo que buscamos ¿qué medios tenemos para facilitar nuestros experimentos? ¿O simplemente consideramos que el aporte gira alrededor de la sistematización de aquellas propuestas políticas?

53¿Buscamos inspiración para un nuevo proyecto pues ya nos casamos de los referentes externos? ¿Cuál es el manifiesto de la historia intelectual en Guatemala? ¿ Una sombra se extiende en Guatemala? ¿Es una sombra en penumbras? ¿Nos revela algún síntoma acaso el que nos refiramos precisamente al proyecto liberal de los siglos XIX y XX? ¿Queremos finalizar el proyecto de nación del criollo? ¿Es el único viable? La desesperanza nos acompaña, la creatividad nos lleva a revisarnos el ombligo, ¿podemos perdernos en él?

54¿Que los intelectuales contemporáneos se interesen por sus colegas de los siglos XIX y XX es razón suficiente para declarar el rol necesario del intelectual en la sociedad? ¿El interés por aquéllos de parte de los contemporáneos no consiste en reivindicar un protagonismo desplazado, o por lo menos siempre anhelado? ¿La oblación al pasado es la oblación a sí mismo? Que los intelectuales estudien a los intelectuales es una reflexión de lo que son ante lo que intentaron ser y no han logrado. De este modo mantienen vivo los lazos de comunicación intelectual del club de las humanidades.

55¿Sigue vigente el ideal de nación? En nuestros tiempos, vertientes que divergen en las perspectivas de negación del ideal de nación están en boga apoyando las posibilidades de proyectos multinacionales que implican el reconocimiento de parcialidades autónomas, es decir construcciones débiles de lo propio, débiles en el sentido de la apertura a la posibilidad de la manifestación del otro en tanto que construcción de la propia noción de sí. Este interés contemporáneo entre los intelectuales guatemaltecos por los intelectuales liberales del pasado despierta sospechas debido a las pretendidas asunciones del rol perdido en la sociedad. Esta búsqueda del papel del intelectual pretérito es un indicio de la crisis del humanista contemporáneo que ya nos señalaba Sloterdijk: por un lado, una comunión a distancia con los mensajes enviados por aquéllos; por otro, la prosecución de un proyecto de nación truncado. Empero aquí, con dicha pretensión, surge la polémica ya que las posibilidades de organización social no giran únicamente alrededor de la idea de nación criolla, pues también, como posibilidad política, se asoman nuevas propuestas de integración con reconocimiento del otro, una integración que no pretende la homogenización, sino la participación de los miembros involucrados a partir de sus peculiares estilos de vida que son reconocidos en plenitud y no como ideales a resolver en el futuro. En Guatemala “el problema del indio” a inicios del siglo XX gira precisamente en torno a la incorporación de aquél a la nación monoculturalmente homogénea. Esta idea de incorporación es la que se vuelve posible sólo si pensamos a partir de la configuración de una nación dentro de un Estado, el Estado Nación; en la perspectiva multinacional esta supuesta incorporación no se presenta como una solución a un problema histórico en el cual el “otro” podría estar comprendido en su particular paradigma esférico de integración, sino que insta a la creación de nuevas formas de articular un Estado multinacional23.

56¿Acaso no estamos realizando una lectura exhaustiva de los pensadores fuertes con principios racionales ilustrados? ¿No significó nada la posmodernidad? ¿Estamos en búsqueda, a estas alturas, de configurar una modernidad postergada, una modernidad que solamente quedó vislumbrada y sugerida en aquellas generaciones de intelectuales decimonónicos y de inicios del siglo anterior, modernidad que ha traído consecuencias nefastas? ¿Es absolutamente necesario para llegar a ser posmodernos haber vivido modernamente? ¿Es esto lo que motiva profundamente al intelectual guatemalteco en nuestros días? ¿Es el proyecto de la historia intelectual una propuesta reanudativa de la modernidad? El manifiesto de la historia intelectual parece consistir en la resurrección, con un cuerpo glorioso, de la modernidad extraviada que aún sigue pendiente y que en estado criogenésico nos aguarda latente en los escritos de aquellos intelectuales liberales de finales del siglo XIX… ¿Deseamos vivir, hasta ahora, nuestro propio siglo de las luces? ¿Acaso los conceptos de abordaje y comprensión del pasado no habla más de nuestro presente?

57Antiimperialismo y nacionalismo […] se opusieron a la política partidista… abogaron por un discurso ético-moral […] búsqueda de la verdad, la belleza y la justicia […] salvadora y regeneradora de la humanidad […] podemos afirmar que tanto la red de intelectuales europeos como la de latinoamericanos compartían una serie de rasgos de afinidad […] compartían la pasión por la escritura, el arte, las ciencias y eran conscientes de que, a través del manejo de la prensa y el discurso nacional e internacional, estaban forjando una opinión pública y ejerciendo un enorme poder en la sociedad24.

58Necesitamos una investigación de ubicación del manifiesto de la historia intelectual. Una investigación que no está en los trabajos específicos bajo los rubros de la historia intelectual, pues sólo puede ser encontrada en la reflexión teórica de la experiencia investigativa. He aquí la nueva tarea para la historia intelectual, por lo menos la guatemalteca: saber más de sí.

Notas de pie de página

591 Veáse Peter Sloterdijk, Normas para el parque humano (Madrid: Siruela, 2001).

602 Sloterdijk, Normas para el parque humano , pág. 22.

613 Sloterdijk, Normas para el parque humano , pág. 23.

624 Sloterdijk, Normas para el parque humano , pág. 25.

635 Ver Sloterdijk, Normas para el parque humano , págs. 27-28.

646 Sloterdijk, Normas para el parque humano , pág. 29.

657 Sloterdijk, Normas para el parque humano_, págs. 32-33.

668 Veáse Peter Sloterdijk, El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna (España: Pre-textos, 2005), pág. 9.

679 Gianni Vattimo, La sociedad transparente, (Barcelona: Paidós, 1990), pág. 76

6810 José Sazbón, Un capítulo abierto de historia intelectual: El régimen discursivo del Manifiesto pág. 1. Disponible en versión pdf: http://www.fhuce.edu.uy/public/actio/num2/contenido.html Consultado el 15 de febrero de 2007.

6911 Clifford Geertz, Conocimiento local, (Barcelona: Paidós Ibérica, 1994)

7012 Geertz, Conocimiento local, pág. 32

7113 Geertz, Conocimiento local, pág.36

7214 Sazbón, Un capítulo abierto…, pág. 5

7315 Este es un programa titulado Ensayo e historia intelectual, en donde participan investigadores de diferentes instituciones internacionales tales como: Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos (CCYDEL); miembros de la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad Autónoma de México; la Universidad Nacional de Quilmas (Argentina); e investigadores del Colegio de México. Dicho programa está disponible en: http://www.ccydel.unam.mx/ensayo/histintel.htm .

7416 En la sección “Bibliografía de referencia” se le ofrece al lector una serie de trabajos pertenecientes al campo de la Historia intelectual. Agradezco a Regina Fuentes el haberme facilitado dichas referencias.

7517 Podemos mencionar por los menos dos trabajos en los que José Cal desarrolla propuestas teóricas en el campo de la historia conceptual. Uno de estos trabajos es “La historia conceptual como filosofía política. Breve reseña desde la historiografía de la filosofía”, en Intuición. Revista semestral de filosofía. No. 2. (Julio-Diciembre 2004), págs. 101-123. El segundo de sus trabajos se titula “Hacia una comprensión provisional del concepto moderno de Historia en Reinhart Koselleck. Perspectivas desde la Historia conceptual”, en Estudios. Revista de Historia, Antropología y Arqueología. Instituto de Investigaciones Históricas, Arqueológicas y Antrológicas, USAC, (Anuario 2005), págs. 109-120[...] habitar un lugar sutil común [...] ser-en-esferas constituye la relación fundamental para el ser humano” ( Veáse pág. 51), lo que en Heidegger significaba el “ser-en-el-mundo” (Veáse pág. 52)

7622 Todavía parece actual la siguiente afirmación Harris: “Al aumentar la población, la riqueza heredable y la competencia intrasocial entre los diversos grupos de parentesco, la gente tiende a prestar una mayor atención a los parientes muertos concretos y recientes con el fin de legitimar su derecho de herencia de tierra y otros bienes”. Marvin, Harris, Nuestra especie, (Madrid: Alianza Editorial, 2004). Si a esta afirmación cambiamos la palabra “pariente” por “colega”, lo afirmado anteriormente toma mucha significación para el trabajo de los historiadores intelectuales.

7723 Estas son las propuestas de Kimlicka. Véase Will Kimlicka, Ciudadanía multicultural, (Barcelona: Paidós Ibérica, 1996).

7824 Marta Elena Casaus Arzú y Teresa García, Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920) , (Guatemala: F&G Editores, 2005), págs. 2-3.

Bibliografía de referencia

79Argueta, Bienvenido, “La ciencia como discurso de poder: hacia una crítica del positivismo guatemalteco de finales del siglo XIX y principios del XX”, Intuición. Revista semestral de filosofía, No. 2, (Guatemala: Palo de Hormigo. Julio-Diciembre 2004), págs. 135-163.

80Arroyo Calderón, Patricia, El largo siglo XX en Guatemala y Latinoamérica. Mujeres, guerrillas y élites intelectuales como agentes del cambio social, (Guatemala: USAC-CEFOL- IPGH, 2002).

81Cancino, Hugo (coord.), Los intelectuales latinoamericanos entre la modernidad y la tradición. Siglos XIX y XX, (España: AHILA, 2004).

82Cal, José, “Hacia una comprensión provisional del concepto moderno de Historia en Reinhart Koselleck. Perspectivas desde la Historia conceptual”, en Estudios. Revista de Historia, Antropología y Arqueología, (Guatemala: IIHAA, USAC, Anuario 2005), págs. 109-120.

83—————. “La historia conceptual como filosofía política. Breve reseña desde la historiografía de la filosofía”, en Intuición. Revista semestral de filosofía, No. 2. (Guatemala: Palo de Hormigo, Julio-Diciembre 2004), págs. 101-123.

84Casaus Arzú, Marta Elena y García, Teresa, Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-192), (Guatemala: F&G Editores, 2005).

85Casaús Arzú Marta y Manuel Pérez Ledesma (eds.), Redes intelectuales y formación de naciones en España y América Latina 1890-1940, (Madrid: UAM, 2004).

86Casaús Arzú, Marta Elena y Óscar Peláez Almengor, Historia Intelectual de Guatemala, (Guatemala: UAM, CEUR-USAC, AECI, 2001).

87Fuentes Oliva, Regina, “La figura de José Miranda como impulsor de las redes espiritualistas de Masferrer en Guatemala”; Ponencia presentada en el Primer Encuentro de Historia de El Salvador realizado en la Universidad del Salvador, del 22-25 de Julio de 2003.

88_____ “La eclosión del espiritualismo durante el gobierno de Lázaro Chacón en Guatemala”; Ponencia presentada en el VII Congreso Centroamericano de Historia, realizado en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras del 19-23 de julio de 2004.

89_____ “La construcción de la nación guatemalteca, un proyecto educativo (1926-1931)”; Ponencia presentada al XIV Congreso Internacional AHILA, realizado en Castellón, España del 20-24 de septiembre de 2005.

90_____ “La construcción de la nación guatemalteca a través de la Educación (1926-1931)”; Ponencia presentada al V Encuentro Nacional de Historiadores, realizado del 29 de noviembre al 2 de diciembre de 2005, en la Universidad del Valle de Guatemala.

91_____ “Las redes sociales en el gobierno de Lázaro Chacón”; Ponencia presentada al VIII Congreso Centroamericano de Historia, realizado del 10-14 de julio de 2006 en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Antigua Guatemala.

92_____ “Las redes intelectuales de la década del 20 y su proyecto educativo”; Ponencia presentada al XI Encuentro Nacional de Investigación Educativa: Historia de la Educación en Guatemala, realizado el día 28 de septiembre de 2006 en la Universidad Rafael Landívar, Guatemala.

93Geertz, Clifford, Conocimiento local, (Barcelona: Paidós Ibérica, 1994)

94Guerra, François-Xavier y Annick Lempérière et. al., Los espacios públicos en iberoamérica. Ambigüedades y Problemas. Siglos XVIII y XIX, (México: Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, Fondo de Cultura Económica, 1998).

95Quijada, Mónica y Jesús Bustamante, Élites Intelectuales y Modelos Colectivos. Mundo Ibérico (siglos XVI-XIX), (Madrid: CSIC, 2002).

96Harris, Marvin, Nuestra especie, (Madrid: Alianza Editorial, 2004).

97Kimlicka, Will, Ciudadanía multicultura, (Barcelona: Paidós Ibérica, 1996)

98Marín Hernández, Juan José, et al., La historia cultural en Centroamérica: Balance y perspectivas, (Guatemala: Centro de Estudios Folklóricos, 2006)

99Sloterdijk, Peter, El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, (España: Pre-textos, 2005)

100—————, Esferas I, 2ª. Edición, (Madrid: Siruela, 2003)

101—————, Normas para el parque humano, (Madrid: Siruela, 2001)

102Vattimo, Gianni, La sociedad transparente, (Barcelona: Paidós, 1990).

Para citar este artículo :

Juan Blanco, « ¿Dónde está el Manifiesto de la historia intelectual? », Boletín AFEHC N°41, publicado el 04 junio 2009, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2186

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