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AFEHC : articulos : Espejos y reflejos de Guatemala: Manuales de geografía a finales del siglo XIX : Espejos y reflejos de Guatemala: Manuales de geografía a finales del siglo XIX

Ficha n° 2201

Creada: 06 junio 2009
Editada: 06 junio 2009
Modificada: 11 julio 2009

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Autor de la ficha:

Emilie MENDONCA

Editor de la ficha:

Gustavo PALMA MURGA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Espejos y reflejos de Guatemala: Manuales de geografía a finales del siglo XIX

En este artículo se propone el estudio de diferentes manuales de geografía publicados durante las primeras décadas de la Reforma Liberal, época en la que florecen textos escolares y reflexiones pedagógicas. Mientras que los manuales de historia, varias veces estudiados, construyen un pasado común, los de geografía se esfuerzan por dar a conocer el país del que tratan. En el marco más general de una reflexión sobre la construcción de identidades, el presente texto se centra más precisamente en la doble función del libro de geografía, dar a conocer y dar motivos de apego, para luego interrogarse sobre las características de la imagen de Guatemala transmitida a los jóvenes alumnos.
Palabras claves :
Manuales de geografía, Reforma Liberal, Pedagogía, Libros
Autor(es):
Emilie Mendonça
Fecha:
Junio de 2009
Texto íntegral:

1

Introducción

2Productos de épocas determinadas, de sociedades y culturas específicas, los manuales escolares constituyen una fuente de información prolija para el historiador. Destinados a ayudar al docente en su trabajo diario de enseñanza, estos libros de texto no sólo son herramientas que desarrollan los programas y métodos educativos vigentes: elaborados por intelectuales, con el objetivo de formar a una nueva generación, nos ofrecen a la vez la representación que tiene la élite de su propio pasado, y la visión de la sociedad ideal que quisiera modelar mediante la escuela. El abanico de libros de historia, de geografía, de moral, de instrucción cívica, de economía doméstica o de lectura permite por lo tanto adentrarse en la historia intelectual de Guatemala y la construcción del imaginario común del que participa.

3Inscrito en la línea de trabajos como los de Magda Leticia González Sandoval1, o los llevados a cabo dentro de los proyectos del CIRMA2, este texto no pretende sino ser un avance de nuestra investigación de tesis doctoral: “Construcción del sistema educativo e identidad nacional guatemalteca”. Puesto que, pese a la abundancia de textos de geografía publicados entre 1870 y 1900, en muy pocas oportunidades han sido estudiados—al contrario de los libros de historia que siempre reciben la mayor atención— nos concentraremos aquí en los manuales de geografía publicados en Guatemala durante las primeras décadas de la Reforma Liberal, y en las representaciones de Guatemala que proporcionan. En efecto, si en los programas dictados por la Secretaría de Instrucción Pública Historia y Geografía van de la mano, los manuales tratan sólo de una de las dos asignaturas. Cuando los de historia tienden a dar la imagen del pasado nacional que conciben las élites intelectuales y que quieren transmitir, los de geografía ofrecen al joven alumno, y al historiador, un reflejo del país en que vive. Pero ¿qué tipo de espejo pueden ser estos manuales? Y ¿qué imagen de Guatemala se va construyendo y transmitiendo a través de estas obras? Tales son las preguntas que guiarán este corto estudio, en el que, después de un breve panorama de la producción de manuales de geografía, estudiaremos las diferentes funciones de estos textos y las visiones de Guatemala que nos ofrecen.

h4. Una abundante y variada producción

4La parquedad de los estudios sobre los libros de texto de geografía sorprende tanto más cuanto que éstos son por lo menos tan abundantes como los manuales de historia. En efecto, cuando se cuentan unos cinco manuales de historia de Guatemala o de Centroamérica publicados a finales del siglo XIX (sin contar las reediciones), y uno de historia universal, llegamos a ubicar doce textos de geografía. Algunos tratan de geografía descriptiva y/o universal: en estos casos, los autores no pretenden describir específicamente la zona centroamericana, sino darle al alumno nociones de cosmografía y geografía, y un conocimiento detallado de los cinco continentes, cuyas características físicas están listadas (clima, relieve, hidrografía, población, etc). Autor de tres manuales, con sus Elementos de cosmografía y geografía física, y dos libros de Curso de geografía política y descriptiva, para primaria y secundaria3, Vicente Rivas, junto con Salvador Escobar y su Geografía descriptiva4, dedica varios capítulos a la América Central dentro del conjunto general de sus obras.

5Otros se concentran en el área centroamericana, y ya en 1874 aparece el primer texto de geografía centroamericana, obra de Roderico Toledo, Geografía de Centroamérica5. Pocos años después, Darío González publica sus Lecciones de geografía6, en las que propone nociones generales de geografía y geografía de Centroamérica. El prolijo autor salvadoreño volverá a tratar esta materia en un Compendio de Geografía de Centro-América publicado en 1881, y con un Nuevo curso de geografía de la América Central editado por lo menos cinco veces7. De hecho, abundan las Geografías de Centroamérica, puesto que también encontramos el manual de Salvador Saravia, Geografía Elemental de Centro-América, para uso de las escuelas primarias8, y el texto redactado por el misterioso F.L., Lecciones de geografía de Centro América9. También habría que añadir la Geografía de Centro América de José María Cáceres10, citada entre el corpus de los investigadores del CIRMA.

6En comparación con esta multitud de libros enfocados en el área centroamericana, sólo puede sorprender la escasez de manuales específicamente dedicados a Guatemala. Hasta el día de hoy, sólo hemos encontrado el libro de texto de Francisco Gavarrete, Geografía de la República de Guatemala, cuya primera edición data de 186011. Pese a las reediciones de dicho libro, habrá que esperar hasta 1899 para que se publique una nueva Geografía de Guatemala, nacida de la pluma de Salvador Escobar12.

7La diversidad de temas — geografía universal, descriptiva, física, política, centroamericana o guatemalteca — se conjuga con una variedad de formas y estatus. Por formas entendemos la riqueza de las ilustraciones, o su ausencia: las dos ediciones de F.L. en 1893 y 1896, editadas respectivamente por Antonio Partegás y Manuel Mejía Bárcenas, están así ricamente ilustradas, con fotograbados y grabados que evocaremos más adelante. El mismo editor Mejía Bárcenas también es responsable de unas ediciones ilustradas de los manuales de Vicente Rivas y Darío González, según consta en artículos publicados en el Diario de Centroamérica por la Academia de Maestros y en el prólogo de la edición de 1902 de la Geografía de la América Central de González13 que critican precisamente la calidad de estas ilustraciones. En los demás manuales que hemos llegado a consultar, no se propone ninguna ilustración salvo los mapas de Guatemala en las ediciones de 1860 y 1874 de Gavarrete.

8En cuanto al “estatus”, nos referimos aquí al carácter oficial o no de estos manuales. Cabe insistir en el hecho de que no todos fueron usados en las escuelas primarias, o por lo menos no fueron declarados manuales oficiales. En efecto, sólo Roderico Toledo, Darío González, Salvador Escobar y Vicente Rivas tienen el honor de ver sus trabajos elegidos por la Secretaría de Instrucción Pública. Lo cual no significa que los demás no hayan sido manejados en las escuelas, pero hasta el momento no disponemos de información suficiente para aclarar este punto. De hecho, tal vez existan más manuales de los que hemos citado aquí, puesto que este trabajo de recensión está basado tanto en los trabajos de Magda Leticia González Sandoval y del CIRMA como en nuestros propios hallazgos en la Biblioteca Nacional de Guatemala, y las fuentes documentales — prensa y documentos oficiales — de la época. Cruzando las diferentes fuentes, intentamos elaborar una lista de los manuales existentes durante las tres primeras décadas de la Reforma liberal, y esperamos que sea lo más exhaustiva posible. Sin embargo, en el presente trabajo nos limitaremos a evocar los libros de Vicente Rivas, Salvador Escobar, Roderico Toledo, Francisco Gavarrete, Darío González y F.L., por una sencilla razón práctica: son los manuales que hasta ahora hemos podido consultar, con lo cual nuestras reflexiones y conclusiones sólo podrán ser parciales.

Las diferentes funciones del manual de geografía: conocer y amar

Proponer un retrato científicamente elaborado

9Pese a esta diversidad de manuales, oficiales o no, sobre Centroamérica o sobre Guatemala, encontramos en ellos rasgos idénticos, entre ellos la voluntad de ofrecer al público un trabajo científico de descripción del país. Cabe recordar que estas publicaciones llegan en un período en el que todavía faltan por conocer varias características del territorio guatemalteco y centroamericano: como lo subraya J. Arias de Blois en un trabajo sobre la historia censual de Guatemala, todavía en los años 1880 se carece de una cartografía exacta del país, lo cual dificultó el trabajo de los empadronadores14. De hecho, basta recordar que en 1894 todavía se organizan exploraciones destinadas a mejorar el conocimiento del país15, para subrayar la voluntad del gobierno y de los círculos científicos de llegar a un conocimiento exacto del territorio y sus potenciales; una voluntad que se traduce también en los múltiples trabajos estadísticos llevados a cabo por la Secretaría de Fomento o incluso la de Instrucción Pública, otra señal de este deseo de conocer mejor para gobernar mejor.

10Los autores de nuestros manuales de geografía expresan claramente su deseo de producir un texto científico, cuya exactitud y seriedad no puedan ponerse en duda. En la tercera edición de su Geografía de la República de Guatemala, de 1874, Francisco Gavarrete precisa así lo siguiente:

11“La presente tercera edicion de la GEOGRAFÍA DE LA REPÚBLICA DE GUATEMALA, se encontrará cuidadosamente revisada, corregida y considerablemente aumentada con datos importantes, que contribuyen á dar un conocimiento mas exacto del pais bajo todos puntos de vista científicos16 ”.

12El giro científico de la obra supone una puesta al día constante del texto que el autor pone de realce: los “datos exáctos recientemente adquiridos17 ” que aportan tanto el texto como el mapa que lo acompaña deben proporcionarles al maestro y al alumno la obra más completa y exacta posible. El mismo autor explica su método y justifica la sinceridad y la ética que lo obligan a confesar su incertidumbre respecto a ciertos datos. No todos los autores se toman la molestia de explicitar en su introducción el carácter científico de su trabajo, pero éste se trasluce en el mismo contenido de los manuales. En efecto, en todos los textos que hemos leído, se impone el tono neutral de la descripción científica, reforzado por la abundancia de enumeraciones y listas. Al carecer de verbo y sujeto, la enumeración no puede sino ser neutral, objetiva y científica. A estas listas de lagos o ríos, de ciudades, de animales, de plantas o de minerales, se añaden cuadros estadísticos como los de las producciones de América Central, o las tablas de repartición de la población guatemalteca por departamento, que encontramos tanto en el trabajo de Darío González como en el de Roderico Toledo18. También abundan las definiciones de todo tipo, destinadas a caracterizar los relieves, animales, producciones, instituciones… En pocas palabras se trata de describir la realidad circundante bajo todos sus aspectos, como lo indican los mismos títulos de algunas de estas obras, “geografías descriptivas”. La de Salvador Escobar propone así para cada continente las mismas categorías — superficie, altitud, longitud, latitud, población, lagos, ríos, puertos, volcanes, montañas, etc —, en las que se enumeran los elementos correspondientes.

13Aun cuando el método didáctico elegido no es el de la sencilla y exacta descripción, se trasluce la exigencia y la precisión científica. Vemos así cómo Francisco Gavarrete, usando en su Geografía de Guatemala el método catequístico, contesta a preguntas sencillas con informaciones muy detalladas: el alumno aprenderá que se encuentran muchos lagos en Guatemala, pero que se destacan siete de ellos, cuya situación exacta, superficie y aspecto pormenoriza el libro. Incluso se puede notar que la edición de 1874 de esta obra publicada por primera vez en 1860 propone más detalles que las anteriores, puesto que en la primera edición, por ejemplo, no se daban la latitud y longitud de cada puerto, ciudad o lugar19. La precisión científica se combina así con los nuevos descubrimientos para proponer manuales cada vez más precisos, fieles reflejos de la realidad circundante que permitirán al alumno conocer su propio país.

14En esta medida, los autores de nuestros libros, todos centroamericanos, tienden a corregir y rendir justicia a su tierra, estudiada con demasiada ligereza e inexactitud por los literatos europeos, si creemos a Escobar, quien escribe en la introducción de su obra que los manuales importados de Europa se conforman con reproducir informaciones antiguas que no toman en cuenta los progresos y adelantos que ha conocido América en los años recientes20. Roderico Toledo viene a confirmar este deseo presente entre los autores de manuales de geografía de restablecer la verdad, puesto que en la introducción de su Geografía de Centro-América, escribe a propósito de las Repúblicas centroamericanas: “Estos países son muy poco conocidos tanto en lo físico, como en lo social y político, y las obras geográficas que de ellos tratan, por lo comun, apenas dicen algo de verdad y de interes que merezca mencionarse21 ”. Dicho esto, no sorprenderá al lector que el mismo autor venga a combatir y corregir los prejuicios de algunos sobre Centroamérica, por ejemplo respecto a la fauna:

15“Se creia y se ha escrito que Guatemala y toda la América central, estaba poblada de animales feroces, dañinos y venenosos, que hacían inhabitables estos países, consideraciones debidas á su situacion geográfica, á sus climas ardientes, á sus selvas vírgenes y al escaso número de sus habitantes; mas todo lo contrario sucede, ni en los mamíferos, ni en las aves, ni en los réptiles, se encuentran esos grandes animales del Asia, del África ó de la América misma, que son tan temibles22”.

16Al restablecer así la verdad, lo cual parece lógico en estudios cuya seriedad científica es proclamada por sus autores, éstos no sólo pretenden proporcionarles al maestro y a sus alumnos informaciones exactas y recientes, sino que también ambicionan dar a conocer al extranjero la verdadera Centroamérica:

17« Nada omite de lo que en el particular pueda instruir á la juventud de las escuelas; tiene en cuenta la necesidad de hacer conocer al extranjero nuestras fuentes de riqueza, nuestra admirable posicion para el comercio por ambos mares y las risueñas esperanzas que para un feliz porvenir se derivan de los múltiples cultivos á que se prestan nuestras feraces tierras23 ”.

18En estas líneas, el periodista del Pensamiento, cuyo artículo sirve de introducción a una reedición de las Lecciones de geografía de Darío González, nos da a conocer otra función del manual de geografía: no sólo se trata de ofrecerle al maestro y al estudiante un libro de apoyo para las lecciones impartidas, sino que también puede servir para promover el país en Europa o Norteamérica, con la esperanza de atraer a estas costas a comerciantes y empresarios.
Al asumir el papel de promotor, ¿el autor no se arriesgará entonces a salir de su función neutral y objetiva de científico?

Exaltar el territorio propio

19Pese a esta voluntad de exactitud, la voz neutral del científico se deja a veces llevar hacia tonalidades más personales, especialmente al describir la naturaleza americana, y más precisamente centroamericana. Tanto Vicente Rivas en su Curso de geografía política y descriptiva como Darío González en sus Lecciones de geografía nos muestran un continente americano exuberante caracterizado por riquezas naturales y bellísimos paisajes:
bq. “La naturaleza parece haberse complacido en ostentar en el americano suelo una grandeza y vigor extraordinarios. Ahí se encuentran, en efecto, la más prolongada cadena de montañas; volcanes de los más elevados y temibles; las corrientes de agua más extensas y caudalosas; las más bellas cataratas; los más vastos depósitos de agua dulce conocidos; los más frondosos bosques é inmensas pampas cubiertas siempre en exuberante verdura24”.

20Superlativos y adjetivos vienen a poner de realce el carácter extraordinario del continente, en el sentido más literal de la palabra. Fuera de lo común, América aparece como la tierra de los extremos, como lo muestra Darío González en la primera lección que le dedica:

21“El aspecto físico de la América es grandioso y bello. Desde la Tierra del Fuego hasta el estrecho de Behering, se extienden llanuras espaciosas y valles fértiles; inmensas soledades y áridos desiertos; cordilleras gigantescas, como la de los Andes, y volcanes temibles. El suelo está regado por grandes lagos y ríos caudalosos, que se concentran y precipitan en estupendas cataratas, como la del Niágara. Por todas partes se contemplan bosques seculares de una vegetacion vigorosa y exuberante, compuestos de plantas útiles; prados deliciosos donde se producen á un tiempo los frutos de todas las zonas, cerros y colinas de abundantes riquezas minerales. Un cielo casi siempre despejado, plantas y animales raros, peculiares al continente, numerosas tribus de indios aun salvajes, monumentos derruidos y restos preciosos de antiquísimas civilizaciones, son rasgos característicos que completan la fisonomía de la naturaleza americana25”.
Lógicamente, como parte de este continente caracterizado por su belleza y riqueza, la América Central también disfruta de esta naturaleza exuberante y extraordinaria. Así, F.L. describe la abundancia de riquezas, de alimentos, las maderas “riquísimas” o las numerosas producciones26. Vemos cómo Roderico Toledo, en el capítulo que dedica a Centro-América, respeta las mismas categorías que en las lecciones anteriores sobre Asia, Europa o África: posición, límites, extensión, superficie, costa, golfos, bahías, cabos, penínsulas, islas, montañas, volcanes, planos, ríos, lagos, clima, aspecto general, animales domésticos, animales monteses, aves, reptiles, insectos, peces, moluscos, producciones, maderas, maderas de tinte, sustancias medicinales, minerales, raza, idioma, religión, población y división administrativa. Pero aunque sigue la misma organización que para las demás áreas estudiadas, con el tono siempre neutral de la enumeración y de la descripción científica, el autor suelta de vez en cuando un adverbio o un adjetivo, por los cuales las montañas ya no sólo son inmensas sino “majestuosas”, y por pinceladas se va dibujando un retrato ya no sólo fiel sino laudatorio de la realidad centroamericana. La constancia más explícita de esta descripción ya no tan científica como elogiosa es la inserción de un párrafo introductorio, inexistente en los demás capítulos, titulado “aspecto general”:
“Pocos paises hay que presenten un aspecto mas agradable que la América Central. Sus innumerables fuentes de riqueza no esplotadas aun, permanecen, con algunas escepciones, casi en el mismo estado primitivo que la Naturaleza dio á este suelo privilegiado. En efecto ella ha dibujado con los mas vivos colores, el paisage material mas armonioso y seductor que presentarse pueda ante la imaginacion del hombre. Bosques sombrios, inmensas malezas, elevadas serranías cubiertas de terno verdor, multitud de hermosos rios y torrentes, que forman graciosas cataratas y pintorescos lagos, gigantescos precipicios, hondas cavernas y espaciosas grutas; y todo este conjunto de bellezas naturales armonizado con el alegre canto de mil pájaros de brillantes plumas, con los bramidos de multitud de fieras que acechan en sus guaridas, y la gran variedad de otros animales que habitan las selvas y montañas, hacen de este territorio, junto con la diversidad de sus ricos productos animales, vejetales y minerales, un pais encantador27”.

22Vemos cómo aquí también superlativos y adjetivos vienen a subrayar la extrordinaria realidad centroamericana: todo es gigantesco, bello, inmenso, diverso. Ante tal espectáculo, los autores de manuales no pueden sino salir de su neutralidad para subrayar la belleza de la región, y acabar exaltando el continente y el país en el que viven ellos y los alumnos y maestros que los leen.

23El manual de geografía se presenta ante todo como el resultado de un trabajo científico destinado a hacer conocer el país a los jóvenes alumnos, así como a los extranjeros que pudieran venir a enriquecer estas tierras. Pero en cuanto empieza a mezclar esta objetividad con el irresistible deseo de corregir errores, eliminar prejuicios y promover la tierra querida, el autor abandona la sacrosanta objetividad científica, con lo cual el lector sólo puede preguntarse si finalmente la imagen del país que se le da es un reflejo fiel de una realidad encantadora o un espejismo destinado a suscitar amor y aprecio en los jóvenes corazones y mentes extranjeras, como nos llevan a pensar las evocaciones del estado de adelanto y progreso de Guatemala o de su población.

¿Reflejos o espejismos? Las imágenes de Guatemala

País de progreso

24Hasta ahora hemos visto cómo la zona centroamericana, y más precisamente Guatemala, se construye en la mirada del alumno como un paraíso terrenal donde los extremos cohabitan y la belleza reina. Pero no podemos olvidar que la descripción de la fauna, de la flora y de los recursos naturales y características físicas (relieve, hidrografía, etc) sólo constituye un elemento del cuadro propuesto al lector. A través de las enumeraciones y descripciones de los puertos, de los edificios públicos, de las ciudades y pueblos, se va elaborando una imagen completa de Guatemala. El anónimo F.L. en su Geografía de Centroamérica nos pinta así un cuadro de la capital guatemalteca como verdadero faro del país:

25« Guatemala es la ciudad más bella y populosa de laAmérica Central. Como centro de los negocios comerciales afluyen de todos los pueblos de la República y de las otras de Centro-América los capitalistas más fuertes y los agricultores más importantes a verificar sus transacciones. En la ciudad residen los más hábiles artistas, industriales y artesanos, y en ella se encuentran también los mejores establecimientos de instrucción pública, de comercio y banca. Tiene la capital un gran número de edificios suntuosos28 ».

26Volvemos a encontrar aquí las hipérboles y los superlativos que caracterizaban las descripciones de la naturaleza centroamericana, y que no faltan ni en las demás lecciones, ni en los demás manuales. En efecto, en el mismo libro el autor insiste en el desarrollo de las redes de ferrocarriles o de telégrafos, en los flamantes edificios, en los parques y calles empedradas. Otros tantos rasgos de un país encaminado hacia el progreso. Incluso en la temprana obra de F. Gavarrete se puede ver cómo los detalles añadidos contribuyen a dibujar esta Guatemala urbana. Cuando en 1860 la descripción de la capital se limitaba a la siguiente indicación: “[tiene] muchos edificios públicos y es la residencia de los Poderes Supremos de la República”, la respuesta dada en 1874 a la misma pregunta enumera las iglesias, palacios, cortes de justicia, municipalidad, universidad, teatro, etc. Sin connotaciones ni comentarios, la mera lista de edificios se inscribe en la pintura cada vez más detallada de una ciudad moderna. Roderico Toledo aborda el capítulo de geografía política con evocaciones de la situación comercial e industrial del país, antes de aludir al estado del ejército y de la ley militar, al desarrollo de la instrucción pública o de las vías de comunicación. La descripción del estado de adelanto de dichos ramos lleva al autor a subrayar el papel esencial del Gobierno actual en estos avances, al mismo tiempo que le permite criticar a los gobiernos conservadores anteriores a la Reforma Liberal. Sin multiplicar los ejemplos, podemos así ver cómo, sin citar directamente a Carrera o a su sucesor Cerna, R. Toledo les echa la culpa del estado de atraso del país:

27“Las revoluciones intestinas, la falta de organización en la hacienda pública y mas que todo carencia de método en los tiempos pasados, han sido las causas del poco ó ningun incremento que se ha dado a ese ramo de vital importancia para el país. Es de esperarse que habiendose removido las causas de que hemos hecho mencion, el Gobierno prestará su decidido apoyo al mejoramiento de las ya establecidas y á la construccion de otras nuevas que como la del Norte, imperiosamente reclaman el comercio y agricultura del país29 ”.

28Si se critican a veces los gobiernos conservadores, resulta que describir el estado de Guatemala equivale a enaltecer al gobierno actual y a los bienhechores reformadores de 1871. El mismo Toledo, hablando de las redes de comunicaciones, escribe: “Esta es una de las muchas mejoras que ha llevado á cabo la Administracion actual, cuyas inmensas ventajas estan palpando ya los diferentes pueblos que se encuentran hoy enlazados por medio de hilos telegráficos30 ”.

29Verdadero eco de estas líneas, los grabados y fotograbados de la edición de 1893 de la Geografía de F.L. cuentan con treinta ilustraciones de la ciudad de Guatemala: la Escuela Politécnica, el Instituto Nacional, la Escuela de Derecho, el Teatro Colón, la Catedral, el Hospital Militar, el Acueducto de Pinula, vistas del Parque Central, y otras tantas imágenes de esta Guatemala urbana en la que florecen los edificios e instituciones modernos gracias a la Reforma. Antigua, Quezaltenango, con sus calles empedradas, sus parques, centros penitenciarios, hospitales e institutos también se incorporan a este reflejo agradable de un país moderno. Paradójicamente, los rostros que aparecen entre las ilustraciones de esta edición son únicamente rostros indígenas: entre los doce retratos, encontramos así una “India de la Antigua”, en traje típico, como los Indios de San Pedro, la Indígena de Mixco,… Frente a los centelleos del progreso, se alza el rostro indio de Guatemala, borrado de la edición siguiente de la misma obra, probablemente por razones editoriales como hemos señalado en una publicación anterior31. ¿El espejo del manual será deformante respecto a esta “problemática” cuestión de la parte indígena de Guatemala?

La borrosa imagen del indígena

30Si por un lado los manuales de geografía tienden a insistir en los progresos alcanzados por Guatemala gracias a las diversas reformas implementadas por los liberales, otros aspectos por otro lado aparecen como minimizados. Así, sin que quede absolutamente olvidada, la cuestión de la población, y más precisamente de los rasgos indígenas del pueblo guatemalteco, reciben un tratamiento diverso según las obras. En los manuales de geografía descriptiva universal, Rivas ni siquiera evoca la cuestión de la población centro-americana o de su composición. En cuanto al trabajo de Escobar, resulta interesante ver cómo el autor simplifica la situación étnica guatemalteca. En efecto, en su Geografía descriptiva, el autor divide la población entre tres grandes razas —blanca, negra e indígena— de las que salieron mestizos, mulatos y zambos, antes de dar las proporciones de estas poblaciones en los distintos países americanos. Los indígenas son así la población mayoritaria en Alaska, Guatemala, Venezuela, Bolivia, Perú y Ecuador, mientras que en México, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Paraguay y Chile, son los mestizos los más numerosos32. Pero cuando entra en detalles, el autor presenta una visión muy reducida de la diversidad étnica guatemalteca. Así, cuando en México se hablan el azteca, el otomí, el zapoteca, el misteca, el maya y el popoluca, en Guatemala sólo se habla quiché. Cuando las tribus guatemaltecas son sólo tres — los lacandones, los mayas y los quichés—, se da la lista de las veintiuna tribus que pueblan México, e incluso en Honduras, país con menor proporción de indígenas, se cuentan cuatro tribus. La compleja situación étnica guatemalteca queda por lo tanto simplificada en exceso, con la evocación de las principales etnias, lo cual contrasta con los detalles dados acerca del vecino México.

31Acerquémonos ahora a los manuales dedicados más específicamente a Centroamérica y Guatemala: las Lecciones de Geografía de Darío González ofrecen datos estadísticos en los que aparecen la superficie de cada república centroamericana, la población total y la densidad poblacional. Sólo entonces pasa a evocar la composición étnica de dichos pueblos: los indios representarían así el 150‰ de la población total del Istmo, los mestizos el 400‰, mientras que los blancos y criollos sólo serían el 45‰, y los negros33 el 5‰. Después de estos datos generales, el autor propone una lista de las principales tribus indígenas que han sobrevivido a la época de la conquista, basándose en los trabajos de Bancroft, referencia reconocida en aquel entonces. No se olvida de los idiomas, proporcionando informaciones con frases sencillas y descriptivas: “El idioma nacional es el castellano. Se hablan entre los indios muchos dialectos de las lenguas maya y mejicana, entre otros el quiché, cakchiquel, zutugil, pipil ó naguat, que es un dialecto del mejicano, y otros34 ”. La cuestión de la población es finalmente tratada con la misma neutralidad que el resto de las lecciones relacionadas con geografía política, sin que el autor abandone el rigor científico que seguirá usando en las páginas que dedica a la historia centroamericana.

32Roderico Toledo, después de informaciones generales sobre la población centroamericana, también intenta dar datos numéricos de repartición étnica, pero no puede sino confesar que sólo son aproximaciones, puesto que todavía no existe un censo de población fidedigno.
Los manuales de Francisco Gavarrete y F.L. son finalmente aquéllos en los que los indígenas están más presentes, ya que ambos autores organizan su trabajo sobre Guatemala de la misma manera: unos capítulos introductorios seguidos por estudios de cada departamento de la república. Con este motivo, describen el departamento, su población, su actividad económica, y no pueden sino comentar, cuando se da el caso, la importante presencia indígena. Así, F. Gavarrete, aunque no dedica ninguna línea a la repartición étnica de la población en sus primeras lecciones, sí da constancia de la presencia india en el departamento de Atitlán por ejemplo, donde se encuentran varios pueblos, como el de Palín, “pueblo grande de indios bastante industriosos35 ”, y evoca en otras páginas la ciudad de Escuintla, que cuenta “como 12.000 habitantes, de los cuales tres cuartas partes son indios36 ”. Abundan los ejemplos de estas inserciones descriptivas que sólo pretenden informar al lector de que Quezaltenango, Sololá, Cobán o Totonicapám son zonas con alta proporción de indígenas37. Casi veinte años más tarde, estas mismas áreas aparecen como las más indígenas en la obra de F.L., con evocaciones quizá más diversas. En efecto, Gavarrete se conformaba con indicar que tal o cual zona contaba con alta presencia indígena, y a lo sumo comentaba su participación en la industria local, o la presencia de ruinas antiguas. F.L., primero, dedica una parte de sus capítulos introductorios a la repartición étnica, como lo hicieron antes Darío González o Roderico Toledo. Más adelante, en los capítulos dedicados a la república guatemalteca, evoca la presencia indígena bajo diversos aspectos. Así, alude al indio al evocar la fabricación de huipiles en tal o cual pueblo, o al explicar el nombre maya de un lugar. Con lo cual, aún cuando no dice claramente que los indígenas pueblan estas zonas, lo deja suponer por este tipo de indicaciones, de la misma manera que la descripción de las ruinas de Tikal o de Ixcún se refieren al pasado glorioso de indios probablemente todavía presentes en estos territorios. Y cuando se trata de dar informaciones sobre la población indígena presente en ciertos pueblos o ciudades, el lector descubre pueblos muy distintos del estereotipo del indio inclinado hacia la embriaguez o la pereza: “pacífico y sencillo”, con “pocos vicios38 ”, el indio de la Baja Verapaz es tan virtuoso como los de Santa Catarina Iztahuacán (Sololá) que “tienen la particularidad de no tolerar entre ellos la embriaguez39 ”. La imagen del indio “degenerado” no aparece, y deja lugar a la de un buen salvaje, industrioso y tranquilo mientras no se le perjudique. Pero, si el indio presentado por F.L. no padece los esterotipados defectos que se le atribuyen a menudo, y pese a que el autor no dude en precisar que ciudades tan importantes como las de Totonicapám o San Pedro Sacatepéquez son mayoritariamente indias, tiende a matizar la influencia de esta presencia indígena, como en el caso del departamento de la Alta Verapaz:

33« Tiene el departamento 93.407 habitantes, en su mayor parte indígenas, que conservan su idioma, sus vestidos y sus costumbres. Hay sin embargo, particularmente en Cobán, una numerosa colonia de europeos de distintas nacionalidades, que cada día se ensancha más, á consecuencia del atractivo que les brinda la riqueza de los productos y la fertilidad de los terrenos de aquella privilegiada sección de la República40 ».

34El lector atento se preguntará en este caso si el autor intenta aquí minimizar esta impresionante presencia indígena cuando insiste en la presencia de una colonia de inmigrantes europeos, y del mismo modo se asombrará ante la descripción de Cobán, en la que por primera vez se presenta la herencia indígena como un defecto:

35« Sus habitantes primitivos, casi todos indígenas, no le dieron un trazo arreglado, ni construyeron edificios notables, de modo que la ciudad se extienda una legua de E. à O., no teniendo en su parte más ancha más de 800 varas41 ».

36La ciudad fue mal concebida por los indios que la crearon, pero, dichosamente, está dotada con edificios notables: « nada de particular presentan los templos fabricados por los indígenas hace más de dos siglos; pero sí es digna de mención la casa conventual42 ». ¡Qué diferencia con las “antiguas y suntuosas ruinas del Reino del Quiche43 ” que evocaba el autor en el capítulo dedicado a ese departamento!

37La voluntad científica de proponer al lector una fiel imagen de la realidad guatemalteca obliga a los autores de manuales a evocar la presencia indígena: pero, como acabamos de ver, varían las modalidades. Lo mínimo consiste en pormenorizar la repartición étnica de la población guatemalteca o centroamericana según los libros, sin que dé lugar a comentarios acerca del carácter de los indígenas o de su modo de vida. En los trabajos de F. Gavarrete y F.L., la misma organización del libro, con un capítulo para cada departamento, lleva los autores a indicar la presencia más o menos importante de los indios en el pueblo, la ciudad o el departamento estudiado. Y aún cuando quisiéramos distinguir entre los comentarios de F.L. un intento de restarle importancia a la influencia indígena en el departamento de la Alta Verapaz, lo que no deja lugar a dudas es el hecho de que no se presenta al indígena como un lastre para un país encaminado hacia el progreso y la civilización. El indígena presentado por los diferentes manuales es un buen salvaje, dedicado a la artesanía, miembro de la masa anónima e uniforme de “indios”. Esta idea de que hay que civilizar al indígena y regenerarlo para que ya no atrase el proceso de modernización el país está omnipresente en la prensa de la época, y la volvemos a encontrar en el famoso trabajo de Batres Jauregui de 1893, así como en las conclusiones del Congreso Pedagógico Centroamericano de 1893, entre otras fuentes. Con lo cual resulta algo sorprendente no hallar ningún comentario al respecto en manuales presentados como reflejos exactos de la realidad contemporánea. En vez de aparecer como se los considera en la Guatemala decimonónica, masa arrastrada en una sociedad que quisiera progresar más rápido, los indios no son más que figurantes en segundo término dentro un cuadro alabador, en el que no pueden manchar la imagen reluciente de una tierra bendecida por sus dotes naturales y metida ya en la era del progreso.

Conclusión

38Quizá alcancemos aquí los límites de la doble función del manual de geografía: por un lado los autores se esfuerzan por ser científicos objetivos que dan a conocer un país a sus jóvenes habitantes, con los datos más exactos y recientes, adoptando la voz del sabio neutral. Pero por otro lado, al querer suscitar amor y aprecio en los ojos del lector, sea alumno guatemalteco o comerciante extranjero, estos autores no pueden sino abandonar el puesto del observador imparcial para poder poner de relieve los aspectos más apreciables del mundo centroamericano – y tal vez para esconder o atenuar los lados menos gratificantes, como la preponderente presencia indígena. Obviamente el libro de geografía intenta inscribir a los alumnos en una realidad espacial que va más allá del pueblo o del departamento que conocen, para despertar en ellos la conciencia de pertenecer a una entidad más grande, el Estado, y quizá incluso la patria o la nación — sin que nos detengamos aquí sobre la patria grande o chica, Centroamérica o Guatemala, según los manuales. Pero no sólo se quiere dar a conocer esta realidad, sino que se intenta suscitar el amor por ella. Ahí es cuando el instruir se convierte en un convencer y promover, con la inevitable deformación más o menos transcendente de la realidad observada. Presentar la mejor cara del país, significa en efecto proponer un espejo deformante al lector, donde se refleja una Guatemala del progreso, y en la cual los indígenas, si bien presentes, sólo aparecen en trasfondo, como un “problema” momentáneamente esfumado. De ahí que los libros de texto de geografía que hemos estudiado hasta ahora no sean meros espejos, sino espejos deformantes, o mágicos, en los que sólo se reflejan los más bellos rasgos de Guatemala, casi un espejismo.

Notas de pie de página

391 Magda Leticia González Sandoval, Die Darstellung der nationalen Geschichte in den guatemaltekischen Schulbüchern (1871-1944), en Mikael Riekenberg, editor, Politik und Geschichte in Argentinien und Guatemala (Frankfurt: Mein, 1994), págs. 243-258.

402 Hemos sabido de la existencia de un proyecto de investigación de CIRMA sobre manuales escolares guatemaltecos de los siglos XIX y XX. Por lo que sabemos, no ha sido publicado aún y sólo hemos conseguido información sobre la bibliografía utilizada por el equipo de investigadores.

413 Vicente Rivas, Elementos de cosmografía y geografía física (Nueva York: Appleton y Cía, 1889); Curso de Geografía política y descriptiva, para uso de las escuelas primarias (Guatemala: Tipografía Cordón, 1895); Curso de geografía política y descriptiva. Destinado a los alumnos de los Institutos y Escuelas Normales (Guatemala: Tipografía G. Arguedas, 1913).

424 Salvador Escobar, Geografía descriptiva. Obra declarada de texto para las escuelas (Guatemala: Librería y papelería de Antonio Partegás, 1886).

435 Roderico Toledo, Geografía de Centro-América (Guatemala, 1874).

446 Darío González, Lecciones de Geografía (San Salvador: Imprenta nacional, 1878).

457 Darío González, Compendio de Geografía de Centro-América. Para uso de los colegios y escuelas primarias (Guatemala: Librería y Papelería de Emile Goubaud, 1881); Nuevo curso de geografía de la América Central (San Salvador: Tipografía La Luz, 1902), 5ª ed.

468 Salvador Saravia, Geografía Elemental de Centro-América, para uso de las escuelas primarias (Nueva York: Appleton y Cía, 1896).

479 F.L., Lecciones de geografía de Centro América (Guatemala: Librería y papelería de Antonio Partegás, 1893, 3e ed.; Oakland California: Manuel Mejía Bárcenas/Pacific Press Publishing, 1896, 4e ed.).

4810 José María Cáceres, Geografía de Centro América (Paris: Garnier Hermanos, 1896).

4911 Francisco Gavarrete, Catecismo de geografía de la República de Guatemala, para el uso de las escuelas de Guatemala (Guatemala: Imprenta de la Paz, 1860); Geografía de la República de Guatemala (Guatemala: Librería y Papelería de Emile Goubaud, 1874).

5012 Salvador Escobar, Geografía de Guatemala (Guatemala: Tipografía Nacional, 1899).

5113 Diario de Centroamérica (22 de marzo de 1897), pág. 2; y Darío González, Nuevo curso de geografía de la América Central (San Salvador: Tipografía La Luz, 1902), pág. 4.

5214 Jorge Arias Blois, Historia censual de Guatemala, en Jorge Luján Muñoz, editor, Economía de Guatemala, 1750-1940: antología de lecturas y materiales (Guatemala: USAC, 1980), págs. 170-186.

5315 Véase la Memoria de la Secretaría de Instrucción Pública presentada en 1895 (Guatemala: Tipografía Nacional, 1895), pág. 100.

5416 Gavarrete, Geografía de la República, pág. 3. La ortografía de las citas en este artículo respeta los textos originales.

5517 Gavarrete, Geografía de la República, pág. 4.

5618 González, Lecciones de geografía, págs. 130-144 y 117; Toledo, Geografía de Centro-América, págs. 149 y 155.

5719 Gavarrete, Geografía de la República, pág. 50 y ss.

5820 Escobar, Geografía descriptiva, pág. II.

5921 Toledo, Geografía de Centro-América, introducción.

6022 Toledo, Geografía de Centro-América, págs. 128-129.

6123 González, Lecciones de geografía, pág. 9.

6224 Rivas, Curso de geografía, pág. 22.

6325 González, Lecciones de geografía, págs. 71-72.

6426 F.L., Lecciones, pág. 10 y ss.

6527 Toledo, Geografía de Centro-América, §368, pág. 111.

6628 F.L., _Lecciones_pág. 27.

6729 Toledo, Geografía de Centro-América, pág. 171.

6830 Toledo, Geografía de Centro-América, pág. 172.

6931 En diciembre de 2008 presentamos en el seminario del C.I.R.E.M.I.A. una ponencia titulada “Des indiens effacés, l’Indien censuré? L’image des « naturales » dans les Lecciones de geografía de Centroamérica et autres manuels illustrés », centrada en dos ediciones del manual de geografía de F.L., y las variaciones en las imágenes propuestas en estos dos volúmenes. Publicación pendiente, asequible de momento en línea: http://ciremia.univ-tours.fr/MENDONCA%20Emilie%2013-12-2008.pdf

7032 Escobar, Geografía descriptiva, pág. 47.

7133 González, Lecciones de geografía, pág. 90.

7234 González, Lecciones de geografía, pág. 90.

7335 Gavarrete, Geografía de Guatemala, pág. 69.

7436 Gavarrete, Geografía de la República, pág. 73.

7537 Gavarrete, Geografía de la República, pág. 88.

7638 F.L., Lecciones, pág. 57.

7739 F.L., Lecciones, pág. 99.

7840 F.L., Lecciones, pág. 61.

7941 F.L., Lecciones, pág. 62.

8042 F.L., Lecciones, pág. 62.

8143 F.L., Lecciones, pág. 103.

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Para citar este artículo :

Emilie Mendonça, « Espejos y reflejos de Guatemala: Manuales de geografía a finales del siglo XIX », Boletín AFEHC N°41, publicado el 04 junio 2009, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2201

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