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AFEHC : articulos : Autobiografía y reconstrucción histórica en Sueños del corazón de Violeta Chamorro : Autobiografía y reconstrucción histórica en Sueños del corazón de Violeta Chamorro

Ficha n° 2248

Creada: 21 septiembre 2009
Editada: 21 septiembre 2009
Modificada: 10 octubre 2009

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Autor de la ficha:

Susy SANCHEZ RODRIGUEZ

Editor de la ficha:

Felipe ANGULO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Autobiografía y reconstrucción histórica en Sueños del corazón de Violeta Chamorro

Este artículo analiza la auto-bio-grafía de la primera presidenta electa de América Latina, Violeta Barrios de Chamorro. Una autobiografía oficial que, cumpliendo el papel de monumento textual, buscó perennizar su presencia en la historia nicaragüense. En la tarea de de-construir el discurso autobiográfico, hacemos uso de las nociones de genealogía, esgrimida por Foucault, así como el concepto de rizoma propuesto por Gilles Deleuze y Felix Guattari. Si la “voz oficial” cuidadosamente enhebrada en Sueños del Corazón sugiere una continuidad bien estructurada a través del tiempo, así como un árbol genealógico personal y familiar prestigioso, una metódica visualización de la misma desmonta esta narrativa oficial, apareciendo la emergencia de rizomas, ya sean degenerados o subversivos.
492
Palabras claves :
Autobiografía, Discurso, Genealogía, Rizoma
Autor(es):
Susy Sánchez
Fecha:
Septiembre de 2009
Texto íntegral:

1

introducción

2Este trabajo analiza la auto-bio-grafía de la primera presidenta electa de América Latina. En la Nicaragua de 1990 la oposición política a los Sandinistas liderada por una mujer, la reconocida viuda de Pedro Joaquín Chamorro, Violeta Barrios de Chamorro, triunfó en las elecciones. Casi al concluir su mandato presidencial, la gobernante decidió publicar sus memorias. Una autobiografía oficial que, cumpliendo el papel de monumento textual, perennizara su presencia en la historia nicaragüense. Como ella misma lo señaló: “Para el pueblo de Nicaragua he escrito este libro1”. El texto en general es un terreno fértil para un análisis histórico y literario. Es una narrativa que recopila y presenta un “texto autobiográfico” en el cual la vida es ficcionalizada, pero donde la ficción parte de lo real. Así se produce la ficcionalización de la biografía y la historización de la experiencia personal2.

3Nuestro análisis parte de la premisa según la cual la ficcionalización y la historización son dos procesos que pueden tener existencia propia, pero que hay circunstancias construidas en las que ambas convergen. En este proceso interactivo, un elemento esencial es la memoria. La memoria es discontinua, incompleta, múltiple y contradictoria3. Entones se entiende que la reconstrucción de un pasado atraviesa por un constante trajinar entre el ser y su posición en el universo, entre retóricas disquisiciones y el rescate de los más profundos avatares existenciales. La memoria en sí es un campo de batalla donde el presente se enfrenta al pasado, pero a su vez donde el pasado es utilizado para construir un modo de soñar el futuro4.

4Esta idea de memoria como elemento esencial en la (re) construcción auto-bio-gráfica guarda estrecha vinculación con el concepto de genealogía de Michel Foucault. Foucault en sus reflexiones sobre el concepto nietzschiano de genealogía, distinguió dos perspectivas definitorias. Estos son el Herkunft (el origen) y Enstehung (la emergencia). Foucault entendió por Herkunft la articulación del cuerpo con la historia: es decir la procedencia, el legado que se hereda. Mientras que Enstehung, por el contrario, denota el surgimiento o el ingreso de otras fuerzas en la escena histórica. En síntesis es una irrupción o erupción5. Foucault destaca “el tono grisáceo” de la genealogía, enfatizando “el ambiente de pergaminos enredados y confusos dentro del cual se desarrolla, y finalmente destaca el carácter palimpséstico de este discurso histórico-familiar6”.

5Por lo tanto, la noción de genealogía que seguimos en el análisis autobiográfico de Violeta Barrios de Chamorro, tiene un carácter transgresivo, enfatizando la discontinuidad y la subversión. Así la “voz oficial” cuidadosamente enhebrada sugiere una continuidad bien estructurada a través del tiempo. Sin embargo, una metódica visualización de la misma demuestra que la auto-bio-grafía es un palimpsesto. Siguiendo esta idea y asumiendo al mismo tiempo la autobiografía como metaforización de la historia personal-familiar, hallamos una estrecha conexión entre autobiografía-genealogía y rizoma. El paradigma rizomático planteado por Gilles Deleuze y Felix Guattari, propugna un conocimiento contestatario al paradigma arborescente. El rizoma subvierte el orden trazado por la metáfora arbórea, rompiendo la jerarquía pre-establecida. Como modelo interpretativo destaca la inexistencia de líneas de subordinación jerárquica, en el que cualquier otro elemento puede afectar o ejercer influencia. El rizoma carece de centro y ejerce resistencia contra el modelo jerárquico. El paradigma rizomático está regido por principios básicos como conexión, heterogeneidad, multiplicidad y ruptura a-significante7.

6Pretendiendo fusionar los conceptos esgrimidos, tales como autobiografía, genealogía y rizoma, este trabajo plantea que la autobiografía de Violeta Barrios de Chamorro patentiza el deseo por representar en círculos concéntricos la historia personal, familiar y nacional bajo el paradigma tradicional del “árbol genealógico”. No obstante, como se verá, a pesar de los esfuerzos desplegados por la narrativa de la protagonista en construir con precisión histórica un discurso genealógico, éste se diluye. Una lectura transversal del texto de-construye la genealogía tradicional preestablecida. Esta lectura demuestra que la narrativa “genealógica tradicional” en esencia es rizomática, presentándose pliegues y erupciones. Sueños del corazón pretende trazar una genealogía armónica, pero en realidad ésta es múltiple, contaminada y subversiva. Nuestro trabajo se inicia estableciendo la relación entre autobiografía y reconstrucción histórica, luego, teniendo como hilo conductor “el líquido sanguíneo”, presenta la invención de un árbol genealógico tradicional. Posteriormente, examina los pliegues de la arquitectura genealógica simbolizada en la casa familiar. Finalmente, nuestro trabajo concluye proponiendo una explicación de la emergencia de la realidad rizomática en la auto-bio-grafía a partir de la emergencia de un rizoma degenerado y otro subversivo.

Auto-bio-grafía y reconstrucción histórica

7María Soledad Fernández Utrera, al analizar los paradigmas de hibridación en el arte y la narrativa de la vanguardia española, señaló que “el yo viviente que reconstruye la memoria, la escritura, es un yo “polimorfo”; vegetal como un árbol infinitamente ramificable y complejo8”. En efecto, en Sueños del corazón, a través de los “reconocimientos” se visualiza la constitución de un árbol textual. Si bien la autobiografía presenta la autoridad de una voz, de forma explícita se anuncia que la escritura del libro es el resultado de la negociación de varias escrituras. La protagonista menciona a los artífices en la “fabricación del texto”:

8También deseo dar las gracias a Guido Fernández y Sonia por ayudarme a expresar mis sentimientos en palabras. Guido elaboró un primer borrador manuscrito en español, que fue ampliado por Sonia, quien a su vez proporcionó el contexto histórico para el libro con la ayuda de Cristiana. Luego, Sonia redactó en ingles y lo repasó conmigo, con Cristiana y Bob Bender jefe de edición de Simon &Schuster9.

9Este fragmento devela una hilvanada textualidad auto-bio-gráfica. Constatamos la multiplicidad de protagonistas cobijados en la sombra del árbol que tiene como figura protagónica a Violeta Barrios de Chamorro. Es la historia de una persona, pero que ha sido elaborada, escrita y traducida por otros autores. Los verbos que denotarían una escritura genealógica de carácter palimpséstico serían: producir, aumentar y traducir/escribir. La versión en español fue “producida,” es decir, fue dictada en español y luego editada. Posteriormente, esta primera ficción sufrió añadidos significativos, ya que “fue aumentada” y nutrida con la inclusión del “contexto histórico”. Se impone un proceso de reconstrucción histórica obligada, que puede ser tipificado como una prótesis fabricada, que se intercepta con la historia original. La vida personal que fue dictada y recreada, fue unida a la historia nacional rescatada de los archivos. No importaba solo narrar la historia de Violeta Barrios de Chamorro, o de la familia Chamorro; era necesario “reencontrar” e inscribir la vida personal en la historia de Nicaragua. El “contexto histórico” fue localizado en los archivos del periódico La Prensa, propiedad de la familia Chamorro desde 192610. Se entiende que la acumulación de evidencias fácticas otorgaría validez y legitimidad a la autobiografía. Posteriormente, la fabricación de la auto-bio-grafía significó el añadido de otro “parche,” cuando ésta fue traducida al inglés. Paradójicamente esta versión fue la que apareció primero, un año antes de la versión en español11. Por lo tanto, podemos argumentar que la autobiografía es un palimpsesto textual y un palimpsesto de memoria.

10Violeta Barrios de Chamorro es el resultado de un proceso de metamorfosis identitario en el cual la protagonista que “narra” su historia, sufre una serie de mutaciones y transformaciones, como ella misma lo asume y traza:

11Mi metamorfosis, de madre y esposa a viuda del líder sacrificado de la oposición, y finalmente, en febrero de 1990, a presidenta democráticamente elegida de un país, fue el resultado último de más de veinticinco años de lucha tenaz y desafiante contra una dictadura militar12.

12Ella tuvo una cadena amalgamada de identidades, en la que aparece el poder definitorio de las figuras patriarcales:

13Durante toda mi infancia y adolescencia, la gente solía decir que yo era una Barrios en todos los sentidos de la palabra, alta como mi padre, y con sus mismos ojos y pelo oscuros. Ahora que tengo ya casi setenta y siete años, y con mi pelo blanco, mis hijos me dicen que mi aspecto es exactamente igual al de mi madre13.

14Posteriormente, como consecuencia de su enlace nupcial con Pedro Joaquín Chamorro, periodista y prominente líder opositor de la dinastía somocista, Violeta Barrios experimentó una mutación radical que la marcó eternamente, como ella lo expresó:

15De este modo es como llegué a formar parte del intenso y refinado clan de los Chamorro, (….) Había entre ellos un aire de orgullo casi imperial y una obsesión por la política que parecía consumir a toda la familia. Todo eso contrastaba claramente con mi inocencia rural y la forma sencilla y espontánea con la que había vivido hasta entonces. (…) Fue entonces cuando dejé de ser Violeta Barrios, o, dicho más formalmente: Violeta Barrios Torres Sacasa Hurtado, y me convertí en Violeta Barrios de Chamorro14.

16Estos fragmentos presentan una genealogía personal que se reescribe. Primero ella es solamente Barrios, pero antes de ser incorporada al clan Chamorro, hay una afirmación hiperbólica de la familia. Ella menciona cuatro apellidos, cuando antes sólo mencionaba uno. Esta apropiación aristocrática de los apellidos de sus padres, sugiere la mimetización del apellido Sacasa. Tanto su madre como ella también eran parte del clan de los Sacasa, quienes a su vez estaban emparentados con los Somoza a través del matrimonio Somoza-Debayle. La esposa del dicatdor Anastasio Somoza García era Salvadora Debayle Sacasa. Indudablemente, esta mimetización del apellido Sacasa resultaba lógica, ya que los Chamorro Cardenal eran los principales enemigos políticos del régimen somocista. Posteriormente, a consecuencia del asesinato de su esposo ocurrido en 1978, la protagonista en parte recuperó una identidad “momificada” y fue reconocida como Violeta Barrios de Chamorro. Esta identidad que implica trazos genealógicos presenta a un sujeto que se va construyendo en el proceso mismo de la escritura, ya que la vida narrada es siempre una interpretación de la experiencia personal, un sistema de significación sobre el que se monta la estructura narrativa.

17En 1990, el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro se auto-proclamó como el gobierno de la reconciliación nacional en Nicaragua. La autobiografía como monumento textual buscaba perennizar la reconciliación política experimentada durante su gobierno (1990-1997). Por lo tanto, la autobiografía tenía la misión de demostrar que Violeta Barrios de Chamorro estaba destinada a ser lo que fue. Tanto su historia personal y familiar la habían preparado para liderar el desafío que tuvo que enfrentar. Ella encarnaba un legado, un linaje bio-político. Por ello el texto autobiográfico presenta paréntesis históricos de la vida personal de la protagonista que son usados para puntualizar la capacidad reconciliadora de la Presidenta. El clímax de esta predestinación genealógica y bio-política lo constituye la celebración de su matrimonio con Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, acontecido en 1950:

18En cierto sentido, mi boda constituyó algo así como un acontecimiento social. Se podría afirmar que fue un encuentro de reconciliación, porque en la misma mesa se sentaron granadinos y leoneses, los dos bandos opuestos en las guerras civiles que habían ensangrentado el país desde la independencia. Pudieron brindar por la felicidad de Pedro y por la mía propia sin terminar a golpes unos con otros ni restregándose las heridas15.

19Este fragmento demuestra cómo la autobiografía en tanto ficción y escritura incorpora a la historia como imaginación. La protagonista construye una alianza simbólica entre el gobierno de reconciliación nacional que lideró a partir de 1990 y su enlace nupcial ocurrido 40 años antes. A todas luces su unión con Pedro Joaquín Chamorro es convertida en evento histórico nacional. La autora construye una geografía imaginaria de armonía y paz social. No obstante, se perciben las disputas y rivalidades entre la Conservadora Granada y el León Liberal. Si bien la autora ficcionalizó el matrimonio como símbolo de la primera reconciliación nacional ocurrida en Nicaragua, la alusión a las guerras sangrientas entre Conservadores y Liberales no es una metáfora inventada. Está ampliamente documentado que desde los primeros años de la vida nacional Nicaragua vivió en una secuencia incesante de conflictos entre conservadores y liberales. Por lo tanto para mediados del siglo XX, tiempo en el cual Violeta Barrios contrajo matrimonio, ambos partidos habían protagonizado luchas encarnizadas por el poder, con caudillos autoritarios que no dudaban en derrocar al partido en el gobierno. Para 1950, Nicaragua era gobernada por Anastasio Somoza García, quien tenía el mando supremo desde 1936. Los Somoza así como parte de los Sacasa y los Zelaya eran liberales. En contraste, los Chamorro y los Cardenal representaban las familias más selectas del conservadurismo en Nicaragua. De no haber sido por la dictadura somocista, Pedro Joaquín Chamorro, esposo de Violeta Barrios de Chamorro, hubiera sido Presidente de Nicaragua. Ya otros Chamorro habían ocupado el sillón presidencial en el siglo XIX. En 1950 Violeta Barrios, desde este momento Violeta de Chamorro, pasaba a integrar las filas del Partido Conservador, no tanto por militancia política, sino por matrimonio.

20Asimismo, como la protagonista lo admite, casarse con Pedro Joaquín Chamorro redefinió su concepto de familia. Desde ese momento y secundando los ideales políticos de su esposo, llegó a considerar “como mi gran familia” a todos los nicaragüenses. En este contexto ella emerge como la madre de Nicaragua16. En términos de Ana Patricia Rodríguez, esta auto-representación amplificada de la protagonista sería una estrategia memográfica para inscribirse en la historia, un Yo que lucha por autorizarse y transforma la escritura autobiográfica en una práctica política, porque no sólo es una persona o un personaje político, en términos simbólicos y subliminales, ahora la protagonista asume y se auto-representa como la encarnación de la nación17. Ya Lorraine Bayard de Volo ha enfatizado la proyección de una imagen maternal de Violeta Chamorro capaz de lograr la paz para Nicaragua a través de las páginas de La Prensa. El ser una gran madre y haber experimentado en carne propia el sacrificio le configuraban un aura de superioridad política18. Por lo tanto, desde esta perspectiva, la auto-representación de la protagonista como la madre de Nicaragua, hace posible circunscribir este texto autobiográfico como un intento de convertirse en ícono textual fundacional, ya que busca un enlace simbólico con las generaciones futuras. La protagonista debía construir, concatenar y revelar una genealogía que la legitimara en el presente pero que en especial redimensionara su figura hacia el futuro.

La sangre como destino manifiesto: la invención de un árbol genealógico

21En esta parte del trabajo nos apropiamos del proyecto político norteamericano conocido como “el destino manifiesto” en el siglo XIX, con la finalidad de explicar el proceso de invención de un árbol genealógico en Sueños del corazón. Foucault señala que el Herkunft es el equivalente a la filiación ancestral a un grupo, basado en lazos de sangre, tradición o clases sociales, incluyendo asimismo la raza. En efecto, en el discurso de Violeta Barrios de Chamorro se identifica la importancia simbólica de la sangre, del linaje. Una sección que muestra el paradigma “arbóreo” usado en el texto autobiográfico es la dedicatoria que dice:

22A mi difunto esposo,
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal,
y a mi nieto Marcos Tolentino, quienes
me enseñaron una lección de amor y coraje que
no olvidaré jamás, y a mis nietos,
Valentina, Sexto Pedro Joaquín, Sergio Antonio, María Andrea,
Violeta Margarita, Fadrique Damián, Mateo Cayetano,
Cristiana María, y Antonio Ignacio, Luciana Fernanda,
Andrés Eugenio, para que algún día se sientan
inclinados a contribuir, en la medida que sea, a ayudar
a Nicaragua a ser tan libre y hermosa como sus abuelos
desearon que fuera.

23 El texto citado amalgama el pasado y el futuro. El árbol genealógico comienza por el patriarca asesinado, Pedro Joaquín Chamorro, el cual está unido con otro héroe familiar, el nieto que murió de cáncer, llamado Marcos Tolentino. Ambos son los eslabones iniciales en la narración de la vida oficial de la primera presidenta de Nicaragua. Pero inmediatamente, hay un viraje trascendental. El texto se refiere a los nietos. Formalmente hay un quiebre generacional. La protagonista no menciona con nombre propio a sus cuatro hijos en este momento. A continuación se inicia el desfile de los nietos. Sin embargo, cabe indicar que la ubicación de los mismos en el árbol genealógico está en función al estricto orden de los hijos. Los hijos constituyen una generación que es eludida, pero que a la vez se convierten en mediadores de una nueva generación futura. Los primeros nietos mencionados son la progenie del hijo mayor Quinto Pedro Joaquín, luego los de Claudia Lucía Cayetana, después los de Cristiana y finalmente los de Carlos Fernando, el menor de los Chamorro Barrios. La única hija directamente mencionada es Cristiana María y el esposo de ésta, Antonio Lacayo.

24 Los momentos narrativos más trascendentales que reflejan el afán por la construcción de un árbol genealógico están plasmados en el primer capítulo del libro. Aquí, se enfatiza y valoriza el simbolismo de la sangre como encarnación del linaje, un proceso que tiene claras connotaciones eugenésicas, pretendiendo remarcar la herencia hispana de la familia Chamorro Barrios, tal como lo revela el siguiente fragmento:

25Tanto Pedro como yo somos descendientes de hombres que ocuparon los escalones más altos de la estructura social de Nicaragua, que todavía subsistía cuando yo nací el 18 de Octubre de 1929. La nuestra era una clase dominante de criollos de origen europeo (hijos de españoles nacidos en América) en la que el nacimiento determinaba el estatus. Éramos terratenientes y generales, los patrones de los labradores ladinos; es decir mestizos, de blanco e indio, la mayoría de los cuales procedían de las tribus indias Nahualt o Chorotega19.

26La autora enfatiza su ascendencia europea y la hegemonía económica y social de su familia. En forma paralela, ella construye una barrera étnica y social infranqueable. Si bien la autobiografía reconoce el pasado indígena de Nicaragua, representado por los chorotegas y los nahualt, a quienes incluso llegó a distinguir como civilizados a los primeros y a los nahualt como dictatoriales, la autora destaca la diferencia entre los indígenas y la sangre española que ella encarna. No hay posibilidad de hibridez, en un país en el que la mayoría de la población se ve y se asume como mestiza20. La presidenta de la reconciliación de Nicaragua es blanca y procede de una familia que siempre tuvo un rol hegemónico sobre los ladinos, es decir los mestizos. Violeta Barrios era descendiente de Francisco Sacasa, un español que llegó a Nicaragua a mediados del siglo XVIII. De acuerdo a los relatos familiares de la protagonista, Sacasa tuvo una participación estratégica en la defensa de Nicaragua contra los piratas ingleses, viviendo posteriormente en Granada. Sin embargo, el bisabuelo de la protagonista, Francisco Sacasa y Méndez, decidió alejarse de los conflictos bélicos e instalarse en la ciudad de Rivas. Del hermano de éste, Juan Bautista Sacasa, su hijo y su nieto también llegaron a convertirse en presidentes de Nicaragua21. Posteriormente, se anuncia con claridad el destino manifiesto de Violeta Barrios de Chamorro. Ella encarna una simbiosis biológica, política y social que la predispusieron para liderar un proceso de transformación en el país de Rubén Darío, construyendo una legitimidad histórica entre la independencia política de Nicaragua, sus lazos familiares y su futuro político:

27(...) nací en el seno de una familia de hombres que habían dirigido los movimientos secesionistas de 1811 contra la Corona española y combatido en la guerra de Independencia de 1821: estaba llamada a cumplir los sueños republicanos de mis antepasados. El día que conocí a Pedro, un apasionado defensor de la libertad que había jurado a cualquier costo redimir a Nicaragua de la tiranía de los Somoza, mi destino quedó sellado. (…) En dos ocasiones he sido llamada para contribuir a derrotar dictaduras: primero, como figura simbólica de la revolución contra Anastasio Somoza Debayle, el adversario de toda la vida de Pedro; y luego como dirigente de la oposición contra los sandinistas, mis antiguos compañeros que habían traicionado la revolución22.

28La construcción simbólica de un vínculo entre la lucha por la independencia y su destino político, permite la sedimentación de la legitimación de sus luchas contra las dictaduras en Nicaragua. En este contexto, la protagonista que está reescribiendo su pasado desde un futuro impuesto, necesita un soporte material que albergue el derrotero histórico vivido. La casa familiar se convertirá en el lugar ideal que ayude a preservar la memoria.

La arquitectura genealógica de lo cotidiano: la casa familiar

29En el texto escrito por Foucault sobre genealogía e historia, el autor plantea que el análisis genealógico permite la disociación del Yo, su reconocimiento y la detección de las recurrencias, no en orden de trazar la curva gradual de la evolución, sino para aislar las diferentes escenas en las que los protagonistas asumen diferentes roles. Así la genealogía también debe definir aquellas instancias o instantes en los que los protagonistas estuvieron ausentes23. Esta precisión de Foucault se relaciona con un espacio doméstico, privado, de profundo simbolismo, como es la casa familiar. Como vimos en las páginas anteriores, Violeta Barrios de Chamorro le adscribió a su casamiento un aura fundacional. A través del espacio habitado y construido que simbolizó la casa familiar, una vez más observamos el afán de la protagonista por construir un espacio doméstico fundacional. La casa de los Barrios ubicada en la provincia de Rivas, supuso a su vez un rompimiento con la tradición, pues rompió con la homogeneidad reinante en Rivas. Esta residencia fue construida el mismo año en que nació la protagonista y fue representativa, debido a la modernidad y novedad arquitectónica que desplegó. La residencia familiar resultó ser un híbrido, ya que encarnó la tradición española y la norteamericana24. Después del matrimonio, ella se trasladó a la casa de la familia Chamorro Cardenal en Managua, la ciudad capital de Nicaragua, lo que significó un trance problemático. No obstante el ímpetu de la protagonista por construir una casa fundacional para su familia, sufrió demoras y retrasos, consecuencia de las vicisitudes políticas que tuvo que enfrentar, como la prisión de su esposo en reiteradas ocasiones durante los años 50. En 1956, Violeta de Chamorro encontró un terreno ideal para la construcción de su residencia familiar ubicado en Las Palmas, por aquel entonces un “campo de algodón en las afueras de Managua, lleno de serpientes”. A pesar de ello, en junio 1963 se mudaron a la casa de las Palmas25.

30En forma complementaria, la misma construcción de este espacio arquitectónico revela una materialidad donde cada objeto tiene una historia, una genealogía, tal como se evidencia en el siguiente enunciado:

31La madera para construir en las Palmas fue la de las ceibas de Amayo. Las columnas las compré a un antiguo edificio de León. No pretendo afirmar que sean de museo. Pero sí son especiales. Tiene una sala que nosotros llamamos “corredor de piedras”, porque está construida con piedras del Gran Lago. (…) Los muebles de la casa fueron apareciendo poco a poco. Una parte de los mismos, como las sillas del comedor, las heredamos de doña Margarita. Otras cosas, como la mesa de trabajo de mi abuelo Manuel Joaquín Barrios, las traje yo de la casa de mi mamá. La limpié y la pusé en la oficina de Pedro26.

32Esta noción de casa familiar que se convierte en espacio fundacional de la historia de Nicaragua se conecta con la concepción genealógica de Foucault. Violeta Chamorro convierte su casa familiar en un museo, donde siguiendo a Foucault los fragmentos tratan de ser articulados de manera coherente27. La casa como entidad física destapa detalles intrínsecos de la narrativa genealógica tradicional. Toda la madera y las piedras empleadas en la construcción de la mansión, al igual que sus propietarios tenían ancestros, un historial, una experiencia vivida, un punto de origen geográfico que fue demarcado. Cada objeto debía poseer un sello de distinción, una cualidad especial, que le posibilitase ser el soporte material de la casa familiar de los Chamorro Barrios. Este valor especial e incalculable hizo posible que formaran parte de un “museo”. En efecto, como la protagonista lo alude, la mansión familiar rompe con la función de ser un espacio doméstico privado. La casa estaba destinada a convertirse en un museo, por la preeminencia histórica de los personajes que albergaría. Claramente, este diseño procede de una escritura que desde el futuro sabía lo que acontecería. Será la casa de Pedro Joaquín Chamorro, mártir de las libertades públicas y de la primera mujer nicaragüense en convertirse en Presidente.

33Asimismo esta asociación entre casa familiar y museo, puede ser considerada como una construcción heterotrópica. De acuerdo a Foucault, los espacios heterotrópicos son “perturbadores” ya que marcan diferencias entre las palabras y las cosas. En el pasado narrado la protagonista estaba construyendo su casa familiar, sin embargo desde el futuro impuesto, esta casa ya es imaginada como museo. Esta sinuosa intersección entre un pasado material y un futuro idealizado nos atreve a definir la casa familiar como un espacio heterotrópico enmascarado. El deseo de la protagonista, muestra que, por más que se auto-represente como una mujer que sigue la tradición, ella personalmente se encarga de subvertirla. La casa-museo es una heterotropía que rompe la tradición. Hasta aquí hemos presentado las herramientas a las que apeló la protagonista en el proceso de inventar un pasado jerárquico, y que le permitieron legitimar un destino manifiesto. Enseguida, explicaremos la emergencia del paradigma rizomático.

La sangre como subversión: la erupción rizomática

34En esta parte presentamos el arquetipo rizomático que caracteriza la narrativa de Violeta Barrios de Chamorro. Al inicio de este trabajo señalamos que el concepto genealógico foucaultiano significaba erupción o irrupción, el rompimiento de una visión lineal de la historia. Asimismo, hacíamos referencia a que esta concepción estaba íntimamente relacionada al paradigma rizomático. Este paradigma enfatiza la existencia de sistemas caóticos, inciertos, que desafían las jerarquías y contraponen la multiplicidad a la unidad tradicional. Los principios rizomáticos que nos interesa destacar son el principio de conexión, es decir que cualquier punto del rizoma puede estar en contacto con cualquier otro; y el principio de ruptura, ya que el rizoma es un esbozo que debe ser trazado continuamente, porque puede seguir direcciones insospechadas. Siguiendo estos principios, hallamos dos rizomas destacados en el texto autobiográfico analizado: el primero es el rizoma degenerado, constituido por los Somoza, pero el más significativo es el rizoma subversivo encarnado por su hijo Carlos Fernando.

El rizoma degenerado : Los Somoza

35La sangre como símbolo evolutivo, también encarna la degeneración, la cual revela una connotación eugenésica de la sociedad. Resulta interesante constatar la transformación de la valoración de la sangre, ya que de vehículo de transmisión del linaje pasó a encarnar la degeneración. Este fenómeno trata de ser ocultado o al menos se evita un contacto o alusión. En este texto autobiográfico, el rizoma degenerado está representado por los Somoza, denominada por Pedro Joaquín Chamorro como “la estirpe sangrienta”. Esta dinastía se gestó a fines de los años 20 y se apropió de Nicaragua en las siguientes cinco décadas. En la autobiografía de Violeta Barrios de Chamorro, la protagonista pone de manifiesto su aversión a “sus parientes” negados, los Somoza-Debayle.

36Anastasio Somoza García contrajo matrimonio con Salvadora Debayle Sacasa, una pariente lejana mía con la que nunca tuve la menor relación, y con la que tengo lazos sanguíneos a los que me hubiera gustado poder renunciar. Mostrando grandes dosis de audacia política, Somoza García se introdujo en el campo político. (…) Su credencial más importante era la de poseer algunos conocimientos del idioma inglés, aprendido en los barrios bajos de Filadelfia. Pero por sus venas corría la sangre indómita de Bernabé Somoza, un señor bandolero de la guerra que había aterrorizado al país durante la presencia de don Fruto Chamorro hasta ser finalmente capturado y ahorcado, lo que puso fin a una carrera realmente sangrienta28.

37Como podemos observar, el vínculo sanguíneo sale a relucir en el texto citado. Sin embargo, la protagonista se encarga de romper los tradicionales lazos de parentesco. La esposa de Somoza García, es negada. A pesar de compartir el apellido Sacasa, la protagonista construye un muro que las divide. Son parientes pero no se conocen. Comparten vínculos familiares, pero no son parte de una familia, porque están casadas con hombres que pertenecen a clanes contrarios. En este aspecto, se aprecia la mutación en el uso de los ancestros. Se ha producido una disyunción. En un inicio, para demostrar el origen blanco, o la procedencia europea si era necesario, recordar, nombrar y destacar a un Sacasa como héroe fundacional de una dinastía. Pero, cuando uno de los integrantes de este árbol genealógico imaginado forma parte de una dinastía asumida como opresora, entonces el ancestro desaparece. Se trata de borrar alguna huella que signifique vinculación, que sugiera incluso la posibilidad de contaminación. En seguida la protagonista traza la carrera política y comercial de Anastasio Somoza. Un militar que como líder del Partido Liberal a inicios de los años 30 había desmontado el poder político de los Conservadores –entre ellos a los Chamorro Cardenal– en Nicaragua. Llama la atención el énfasis que pone la protagonista en reconocer como único mérito el conocimiento del inglés que poseía Anastasio Somoza García. En efecto, Somoza García había estudiado en los Estados Unidos. Tanto él como su esposa y sus hijos eran perfectos bilingües. Este énfasis en el inglés de los Somoza se entiende porque si bien la autora enfatizó que entendía todo en inglés, y que podía pronunciar oraciones largas, la protagonista siempre usó intérprete.

38Tratando de explicar la presencia de este rizoma degenerado hallamos que la protagonista construye y reproduce la clásica dicotomía entre civilización y barbarie. De este modo, los Chamorro se perfilan como civilizados y los Somoza como bárbaros. El reconocimiento de la cualidad civilizada de los Somoza, de hablar inglés, es ensombrecido con el énfasis en el autoritarismo y represión de su régimen. La explicación a esta especie de antropofagia social es la sangre degenerada que circula por sus venas. La autora hace hincapié en un bandido apellidado Somoza que asoló Nicaragua durante el gobierno de Fruto Chamorro, un antepasado de su esposo que gobernó Nicaragua a mediados del siglo XIX. Esta actitud frente a los Somoza ejemplifica que el árbol genealógico era más imaginación que realidad. El rizoma es una realidad elocuente, que por más que se trate de ocultar, éste emerge. Este fragmento nos ayuda a entender la mimetización del apellido Sacasa en la primera parte del texto autobiográfico, después de haberlo enaltecido. Como desde la perspectiva de la protagonista, la sangre fue asumida como vehículo imperecedero de civilización, ésta no podía verse contaminada con la alusión a parientes que compartieran el mismo tronco en común29. Así, al anular el vínculo familiar entre ella y la esposa de Somoza García, ella misma descompuso el árbol genealógico recreado. El síntoma de la barbarie, en este caso la degeneración representada por los Somoza, era un cáncer que contaminaba la sociedad. Por ello se hacía necesaria su extirpación, con la finalidad de allanar el camino evolutivo hacia la civilización. Si bien el rizoma degenerado pudo ser extirpado, hay otro rizoma que no puede ser sometido a este proceso.

Un rizoma subversivo: su hijo Carlos Fernando

39El carácter múltiple y contestatario del rizoma adquiere un tono subversivo en la figura de su hijo Carlos Fernando. Si recordamos, en la dedicatoria que encabeza el texto autobiográfico, la protagonista no mencionó a sus cuatro hijos. La explicación a este silencio es lo acontecido durante la Revolución Sandinista. Desde su mirada y según la estructura formal y textual de la obra, 1979 significó un antes y un después en la vida de la protagonista. Ese año se produjo un terremoto social que trastornó la tradición, lo heredado.

40El país estaba en un estado de agitación total. Las puritanas normas sociales que habíamos heredado de nuestros antepasados españoles, que exigían un nivel mínimo de buenas maneras y comportamiento entre los sexos experimentaron un giro radical. Al igual que Fidel, los jóvenes revolucionarios se dejaban crecer el pelo y la barba (…) Las muchachas se rebelaron también contra la imagen femenina que les habían impuesto sus madres. Lucían, asimismo, atuendos militares y botas de combate30 .

41La Revolución Sandinista significó una ruptura tormentosa con el legado hispano-colonial. La dictadura somocista había desaparecido, pero durante su existencia, a pesar de la represión, los Chamorro y Cardenal pertenecían al círculo de los intelectuales conservadores que en su afán de oponerse al régimen de Somoza, se convirtieron en los paladines culturales de Nicaragua31. Este grupo político validó el auspicio y reconocimiento cultural a la madre Patria, España, para criticar al gobierno de los Estados Unidos que era el principal socio político de sus enemigos, los Somoza32. Por ello, se entiende que la protagonista sintiera mancillado el bagaje moral y cultural de su país. La revolución del 79 desmontó esta herencia. La revolución desnudó crudamente que el árbol genealógico imaginado como fuerte e incorruptible, había sucumbido, remeciendo crudamente los cimientos de su propia familia. La revolución dividió a la familia Chamorro, y la familia quedó secuestrada por la misma.

42Claudia, embarazada de su tercer hijo, trabajaba en la Dirección de Comunicaciones de la Casa de Gobierno. En ausencia de Pedro, los sandinistas se habían convertido en su referencia política. Cristiana seguía en La Prensa, incómoda con las tensiones (…) Carlos Fernando se había convertido en el director de Barricada, lo que exigía que, además de dirigir el periódico, se asegurara de que todos los periodistas siguieran la línea política del partido, posición que enfrentaría su hermano mayor, Pedro Joaquín, en La Prensa33.

43Indudablemente, el símbolo más palpable de la revolución en la familia fue el hijo menor, Carlos Fernando, quien de acuerdo a la protagonista “estuvo cegado por el sandinismo. Era como si le hubieran puesto una camisa de fuerza ideológica que en algunas ocasiones lo llevó a discusiones fortísimas con su hermano mayor, que deseaba el pluralismo democrático para Nicaragua34.” Carlos Fernando Chamorro se desempeño como director del periódico Barricada, el órgano oficial del Frente Sandinista para la Liberación Nacional desde 1979 hasta 1990. Sin embargo la narrativa maternal de Violeta Chamorro lo presenta como un hijo inmaduro que fue seducido por los Sandinistas. Contra las normas católicas de su madre, Carlos Fernando tuvo una “compañera” llamada Denise, que Violeta Chamorro presenta como “futura esposa de mi hijo” con la que procreó dos hijos.

44En el caso específico de Carlos Fernando, debemos indicar que su figura simbólica como rizoma trasgresor, no hizo erupción con la Revolución. Ya desde su nacimiento significó un desafío para la protagonista. El niño y la madre tenían un problema de compatibilidad sanguínea, conocido como Rh- tal como la narradora lo presenta:

45Al parecer, mis glóbulos blancos contenían anticuerpos contrarios a los de mi hijo. Durante el embarazo, nuestra sangre se había mezclado y ahora mis anticuerpos estaban matando a Carlos Fernando. Inmediatamente se organizó una transfusión de emergencia. Nunca olvidaré el espectáculo. Primero, bombearon sangre de refresco en el cuerpo de Carlos Fernando y luego lo colgaron de cabeza abajo, suspendido de los tobillos como cuando se lleva una gallina al mercado35.

46Así como Carlos Fernando se recuperó, y sobrevivió cuando apenas comenzaba a vivir, después de la victoria de su madre se casó con “su futura esposa” y se produjo una reconciliación familiar. Pocos años después en 1994 dejaría la dirección de Barricada.

Idea final

47Llegando al final de nuestro periplo, podemos argumentar que inicialmente el texto pretende ser más histórico que ficción, pero con el transcurso de las páginas, al ritmo que las experiencias van sedimentándose, el texto autobiográfico se vuelve más ficción que imaginación histórica. La historia de Violeta Chamorro es un diálogo imaginado genealógicamente pero que reconstruido es rizomático. Si bien en un inicio la autora presenta un texto que pretende listar los méritos bio-genealógicos de un desempeño político presente, la misma escritura devela incongruencias y contradicciones. Estos en principio pueden ser vistos como pliegues. Pero a medida que el lector devora las páginas de la historia contada, encuentra que la narrativa, así como la protagonista, ambos sufren transformaciones. En esta dirección, como lo indicamos al inicio de nuestro trabajo, Foucault propone rastrear lo que ha sido excluido, las omisiones deliberadas, lo prohibido que acompaña la historia monumental, la producción del discurso controlado, el orden del discurso. En virtud a ello, podemos decir que el texto autobiográfico de Violeta Barrios de Chamorro de Nicaragua es un buen intento por mimetizar la realidad rizomática de las estructuras familiares y nacionales en Centroamérica, bajo una cubierta “genealógica tradicional,” pero que leída transversalmente es fácil descubrir rizomas degenerados y encubiertos.

48Notas de pie de página

491 Violeta Chamorro, Sonia Cruz de Baltodano, Guido Fernández y Andrés Linares, Sueños del corazón: memorias (Madrid: Acento, 1997), pág. 10.

502 Para la reflexión sobre el papel de la escritura en relación a la historia, el uso del pasado y la ficción nos han sido de mucha utilidad los siguientes textos: Fernando Ainsa, Reescribir el pasado: historia y ficción en América Latina (Mérida, Venezuela: CELARG, 2003); Ana Rosa Domenella, Laurette Godinas y Alejandro Higashi, escribir la historia desde la novela de fin de siglo (México: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Filosofía, Biblioteca de signos 17, 2002); sobre la voz femenina y las autobiografías véase Aileen Schmidt, Mujeres excéntricas: la escritura autobiográfica femenina en Puerto Rico y Cuba (San Juan, Puerto Rico: Ed. Callejón, Colección en fuga, 2003), pág. 33.

513 Françoise Lionnet, Autobiographical Voices: Race, Gender, Self-Portraiture (Ithaca: Cornell University Press, Reading women writing, 1989), pág. 115.

524 Hugo Achugar, “Introducción”, en Hugo Achugar, Sonia D’Alessandro, María del Carmen Hernández y Susana Poch, La fundación por la palabra: letra y nación en América Latina en el siglo XIX (Montevideo: Universidad de la República, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Departamento de Publicaciones, 1998), pág. 16.

535 Michel Foucault, “Nietzsche, Genealogy, History”, en Michel Foucault, Language, Counter-Memory, Practice: Selected Essays and Interviews (Ithaca, N.Y.: Cornell University Press, 1977), pág. 145.

546 Priscilla Meléndez, “Genealogía y escritura en Balun-Canan de Rosario Castellanos”, en MLN 113: 2 (1998), pág 339. Veáse tambien sobre la relación entre autobiografía y genealogía el libro de Isolina Ballesteros, Escritura femenina y discurso autobiográfico en la nueva novela española (New York: P. Lang, American university studies, v. 207, 1994).

557 Silvio Gallo, “Conocimiento y transversalidad”, en http://www.bu.edu/wcp/section/TheoKnow.html , consultado el 21 de septiembre de 2009.

568 María Soledad Fernández Utrera, Visiones de estereoscopio: paradigma de hibridación en el arte y la narrativa de la vanguardia española (Chapel Hill: U.N.C. Dept. of Romance Languages, North Carolina studies in the Romance languages and literatures, no. 272, 2001), pág. 119.

579 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 9.

5810 Véase una interesante reflexión sobre el papel de los archivos en la reconstrucción histórica en Helen M. Buss y Marlene Kadar (eds.), Working in Women’s Archives. Researching Women’s Private and Archival Documents (Toronto: Wilfrid Laurier University Press, 2001), pág. 115; este texto define al archivo como un escenario complejo de representaciones, así como incompleto, ya que revela en sí piezas o fragmentos de información.

5911 En la contraportada de Sueños del corazón (1997) se señala: “Este libro ha sido escrito originalmente en inglés. La autora ha aportado a la traducción castellana algunos giros y expresiones propias de Nicaragua.” La versión en inglés apareció en 1996, bajo el título Dreams of the Heart: The Autobiography of President Violeta Barrios de Chamorro of Nicaragua (New York: Simon & Schuster).

6012 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 17.

6113 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 47.

6214 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 74.

6315 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 73.

6416 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág.74.

6517 Ana Patricia Rodríguez, “Memorias del devenir: Belli, Cardenal y Ramírez recuentan la historia”, en Istmo: Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos 3 (Beatriz Cortez y Ricardo Roque Baldovinos eds., enero-junio 2002); http://www.denison.edu/collaborations/istmo/n03/articulos/devenir.html , consultado el 21 septiembre de 2009.

6618 Lorraine Bayard de Volo, Mothers of Heroes and Martyrs: Gender Identity Politics in Nicaragua, 1979-1999 (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001), pág. 157.

6719 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, págs. 18-19.

6820 Jeffrey Gould, To Die in This Way: Nicaraguan Indians and the Myth of Mestizaje, 1880-1965 (Durham NC: Duke University Press, 1998): en este interesante libro, el autor demuestra cómo el gobierno de Somoza manipuló los censos para hacer disminuir la presencia indígena en Nicaragua, “sentimiento” compartido por los conservadores. Ya a mediados de los años 50, los nicaragüenses asumían que su país era el más mestizo de toda la región centroamericana.

6921 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, págs 22-23.

7022 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 18.

7123 Foucault, “Nietzsche, Genealogy, History”, pág. 143.

7224 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 40.

7325 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, págs. 86 y 107.

7426 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 107.

7527 Beth Lord, “Foucault’s museum: Difference, representation, and genealogy”, en Museum and Society 4:1 (2006), pág. 11.

7628 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 32.

7729 Sobre conceptos como degeneración y extirpación, véase los siguientes artículos: Sara Castro-Klaren, “A Genealogy for the ‘Manifesto Antropofago’, or the Struggle between Socrates and the Caraibe’, en Nepantla: Views from South 1:2 (2000), págs. 295-322; Rocío Silva Santisteban, “Persistencia de la barbarie. Las prácticas periféricas canonizadas por el centro: exclusión y basurización desde América Latina”, en Hueso Humero 42 (2004), págs. 108-140.

7830 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 233.

7931 Leonel Delgado Aburto, Márgenes recorridos: apuntes sobre procesos culturales y literatura nicaragüense del siglo XX (Managua, Nicaragua: Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, 2002), págs. 18-19.

8032 Michel Gobat, Confronting the American Dream Nicaragua Under U.S. Imperial Rule (Durham: Duke University Press, American encounters/global interactions, 2005), págs. 221-222.

8133 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 236.

8234 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares, Sueños del corazón, pág. 236.

8335 Chamorro, Cruz de Baltodano, Fernández y Linares,Sueños del corazón, pág. 85.

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Para citar este artículo :

Susy Sánchez, « Autobiografía y reconstrucción histórica en Sueños del corazón de Violeta Chamorro », Boletín AFEHC N°42, publicado el 04 septiembre 2009, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2248

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