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AFEHC : bibliografia : Genocidio: ¿La máxima expresión del racismo en Guatemala? : Genocidio: ¿La máxima expresión del racismo en Guatemala?

Ficha n° 2303

Creada: 22 enero 2010
Editada: 22 enero 2010
Modificada: 22 enero 2010

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Autor de la ficha:

Yvon LEBOT

Editor de la ficha:

Emilie MENDONCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Genocidio: ¿La máxima expresión del racismo en Guatemala?

Nota crítica acerca del interesante nº4 de la colección Cuadernos del presente imperfecto, corto ensayo de Marta Elena Casaús Arzú sobre el racismo y sus manifestaciones en Guatemala.
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Palabras claves :
Racismo, Genocidio, Guatemala
Categoria:
Libro
Autor:

Marta Elena Casaús Arzú

Editorial:
F&G
Fecha:
2008
Reseña:

1Pocas veces se encuentra en América Latina una reflexión pertinente acerca de la cuestión del racismo en las sociedades correspondientes. La negación del racismo, muy presente en la población en general, es compartida por extensos sectores intelectuales. Y cuando se trata el tema del racismo, en la mayoría de los casos sólo se aplican a la realidad categorías elaboradas a priori, sin análisis de las relaciones sociales y de las experiencias vividas. Por lo tanto resulta estimulante leer el corto ensayo que la socióloga e historiadora Marta Elena Casaús Arzú dedicó a la cuestión del racismo y de sus vínculos con el genocidio perpetrado en Guatemala en los años 1981-1983.

2Marta Casaús, guatemalteca, profesora de Historia de América en la Universidad Autónoma de Madrid, dedicó varias obras a la cuestión del racismo. El mérito de ésta estriba en que nos propone una síntesis del resultado de sus investigaciones y reflexiones.

3Al contrario de los que sólo ven en el racismo una herencia y supervivencia del pasado colonial, la autora afirma de entrada la modernidad del racismo y de su manifestación paroxística en el genocidio. Como otros genocidios recientes (el de los Judíos por los Nazis, o los de Rwanda o de Bosnia), la empresa de destrucción que sufrieron los indígenas guatemaltecos a principios de los ochenta, durante el conflicto armado interno, se llevó a cabo con lógicas y medios modernos. La crueldad y el horror de las masacres, que distan de ser manifestaciones de un supuesto “estado salvaje”, son la expresión de un racismo encarnado por un poder, instituciones y hombres de hoy.

4Sin embargo, como historiadora, Marta Casaús no olvida las raíces históricas del racismo y del genocidio. Propone un análisis « histórico-estructural » de algunos de los momentos más fuertes y de sus significados: la segregación y la discriminación de las « castas indígenas » bajo la Colonia (curiosamente, la « destrucción de las Indias » en tiempos de la Conquista no recibe trato especial); la voluntad de borrar la « mancha india » dentro de la construcción del Estado nacional después de la Independencia y más especialmente bajo los regímenes del liberalismo autoritario (finales del siglo XIX, inicios del siglo XX); la violencia anti-indígena del Estado oligárquico-militar de los años 1960-1980.

5En estos dos últimos períodos, el racismo resulta claramente identificado con formas de modernización autoritarias y excluyentes. La primera se inspira en el positivismo y sus variantes tales como el darwinismo social y el racialismo espenceriano. Antes de dar una imagen literaria y folclórica del Indio guatemalteco, Miguel Ángel Asturias estuvo entre los portavoces del asimilacionismo homogeneizador y del « blanqueamiento » de la nación. A este respecto, las páginas que dedica Marta Casaús a los intelectuales de la « generación de los años 1920 » y al historiador y « antropólogo » Carlos Samayoa Chinchilla son edificantes.

6El racismo agresivo y defensivo del poder oligárquico-militar de la segunda mitad del siglo XX alcanzó un clímax al principio de los años 1980 con la multiplicación de las masacres de la población civil, cuyas víctimas fueron en mayoría indígenas. La crisis del modelo de modernización autoritaria y de la dominación racista, añadida a la voluntad de quebrar el movimiento de emancipación indígena y de impedir su posible articulación con el movimiento armado, son elementos que explican la violencia extrema de esta represión. En esta fase, la Iglesia Pentecostal, en plena expansión, estaba vinculada con ese modelo de modernización autoritaria; abogaba por la liquidación de la tradición maya, pero sobre todo estaba compitiendo con las neo-comunidades católicas progresistas y fue utilizada para destruirlas: la lógica genocida se alimentó con una dimensión de depuración religiosa.
En su análisis del paso del racismo a la violencia genocida, Marta Casaús sigue fiel a su perspectiva histórico-estructural, al mismo tiempo que subraya el peso de los actores, de las lógicas y de los imaginarios que motivan sus conductas: « el Indio como amenaza pública » (p. 54), « el miedo a una rebelión del Indio » (p. 57), « el hecho de que el indígena pasara de ser objeto a ser sujeto de su propia historia y se incorporara a la vida política de forma masiva a través de organizaciones revolucionarias » (p. 57) .
Las modalidades de la incorporación de un importante sector indígena al conflicto armado en la Guatemala de los años 1970-1980 fueron objeto de interpretaciones diversas. David Stoll, en su obra Between Two Armies in the Ixil Towns of Guatemala (New York : Columbia University Press, 1993), las ve más que todo como el resultado de manipulaciones, de provocaciones y de coacciones cruzadas ejercidas tanto por los guerrilleros como por los militares, todos externos a las comunidades, lo que lleva el autor a considerar la guerrilla al menos tan responsable como el poder del desastre causado por el conflicto. Como lo indica el mismo título de la obra, Stoll establece entre estas dos fuerzas una falsa simetría, indefendible frente a un análisis de los actores y autores intelectuales de las masacres, puesto que la casi-totalidad de éstas fueron cometidas por militares y civiles bajo sus órdenes. En un texto reciente, De Iximché a Iximché. El recorrido reciente de las luchas indígenas (Guatemala : F&G editores, 2008), Miguel Ángel Sandoval, ex-dirigente del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), sostiene que existía una misma mirada por parte del movimiento indígena y de las organizaciones revolucionarias, por lo menos a partir de la declaración de Iximché (1980).

7En La guerra en tierras mayas (México: Fondo de Cultura Económica, 1997), mostré cómo, mediante rupturas más que por continuidades, ciertos sectores del movimiento indígena — el cual era esencialmente un movimiento de base, de emancipación económica, social y cultural, de rechazo al racismo y de protestantismo ético — convergieron con el movimiento revolucionario cuya lógica era político-militar y guiada por el objetivo de la toma del poder de Estado. El miedo a que la rebelión indígena se convirtiera en una insurrección armada revolucionaria masiva — es decir la confluencia de dos miedos, el miedo a la « amenaza india » y el miedo a la « amenaza comunista » — incitó el poder a llevar una guerra contra-insurreccional y genocida, contra organizaciones de guerrilla y, más profundamente, contra la población civil implicada en el movimiento de emancipación indígena.

8¿Qué hay del racismo, hoy en día, en el período del pos-conflicto? ¿Qué efectos han tenido los Acuerdos de Paz?
Marta Casaús cita encuestas que dejan pensar que el racismo no ha perdido vigor, inclusive entre las élites. La progresiva toma de conciencia del fenómeno no se ha traducido por su desaparición sino por una relativa mutación, por una mezcla de determinismo biológico y de estereotipos culturales. Los progresos discontinuos y limitados del movimiento indígena y de sus aliados producen efectos contradictorios o ambivalentes: por una parte, frenan la manifestación pública del racialismo biológico, e incitan a los secuaces del racismo a expresarse sólo en ámbitos privados o a darles a sus ideas un aspecto más cultural; por otra parte, ciertos sectores de las clases medias, hasta ahora indiferentes o tolerantes, ven como una amenaza el que los Mayas accedan a responsabilidades institucionales de nivel nacional, aunque sea en poco número y en puestos secundarios.

9Yvon Le Bot
Centre d’analyse et d’intervention sociologiques (CNRS/EHESS), Paris.

Fuentes :

F&G Editores, Colección Cuadernos del presente imperfecto
http://www.fygeditores.com/fgpresenteimperfecto.htm

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