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AFEHC : articulos : DERROTERO DE LA CIVILIZACIÓN: La letra impresa en Nicaragua: tradición y modernidad : DERROTERO DE LA CIVILIZACIÓN: La letra impresa en Nicaragua: tradición y modernidad

Ficha n° 2309

Creada: 06 febrero 2010
Editada: 06 febrero 2010
Modificada: 05 marzo 2010

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Autor de la ficha:

Miguel Angel HERRERA C.

Editor de la ficha:

Justin WOLFE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

DERROTERO DE LA CIVILIZACIÓN: La letra impresa en Nicaragua: tradición y modernidad

En los escribanos (amanuenses) o escribientes de periódicos y por tanto también lectores, sujetos representativos de la modernidad del siglo XIX, se encuentra el nuevo actor por excelencia, que marca la pauta en las orientaciones culturales e incide directamente en la conformación de una cultura política, muy marcada por el estrecho espacio que el Estado le permitió para desarrollarse. En las décadas de 1840-1860, el periódico representa el nuevo espacio en el que la cultura política ha de desarrollarse. Impresores, suscriptores y libreros, fueron factores importantes en la creación de una cultura protonacional con un marcado sesgo político partidarista que persiste aún hoy en día
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Palabras claves :
Periodismo, Espacio Público, Impresos, Modernidad, Tertulia
Autor(es):
Miguel Angel Herrera C.
Fecha:
Diciembre de 2009
Texto íntegral:

1

Introducción

2En los albores del siglo XX, el memorialista nicaragüense Francisco Ortega Arancibia a sus noventa años de edad hacía un recuento de su vida. Como si de una película se tratara, en su memoria iban pasando episodios y escenas de la tumultuosa vida política nicaragüense en el siglo XIX, y en uno de los cuadros de sus recuerdos se hacía presente la primer vez que vio una máquina de imprenta, ese sinónimo de progreso como un poco tiempo después habrían de serlo unos extraños artefactos que surcaban el lago de Nicaragua, los vapores cuyas calderas y torres habían sustituidos a las velas y que al igual del ferrocarril y el telégrafo, transformaron el paisaje de los territorios centroamericanos. Al evocar esta máquina de progreso, Ortega exclamaba:

3“Marchar …! La imprenta derrama luz que alumbra los ámbitos de la República, en cuyos los departamentos (sic) se editan periódicos que marcan a sus habitantes el derrotero de la civilización y de su verdadera felicidad1.”

4La imprenta en las primeras décadas del siglo XIX en Nicaragua, constituyó un jalón muy importante en el proceso de dotar a los nacientes Estados nacionales de una identidad, por medio de la difusión de sus leyes, reglamentos, normas y códigos. Como en toda América Latina del siglo XIX, la imprenta creó un nuevo espacio para las acciones políticas, sin embargo en la Nicaragua de la primera mitad del siglo XIX hubo de transcurrir un complejo proceso de transición entre la escritura privada (la de los manuscritos, las correspondencias familiares y las comerciales) y la escritura pública (periódicos, volantes, panfletos). En el presente artículo nos proponemos explorar el desarrollo de la escritura a través de la expansión del universo de la letra impresa en las sociedades nicaragüense y salvadoreña, sus relaciones con la imprenta y los periódicos, como espacio en los que se desarrolla el poder político, y las consecuencias que estos elementos tienen en la formación de los discursos literarios en Nicaragua y El Salvador en diferentes etapas del siglo XIX. En algunas prácticas de escrituras públicas como las desarrolladas en las sociedades urbanas del Virreinato de Nueva Granada, como Caracas y Bogotá, a finales del siglo XVII, el escribir tenía el significado de un acto civilizatorio o una confrontación abierta que los letrados usaban como instancia de autoridad2. En el Virreinato de Nueva España el publicista oxaqueño Carlos María de Bustamante desarrolló una escritura pública en las dos primeras décadas del siglo XIX, que tenía como finalidad la de “moralizar a la plebe3”. En Centroamérica la producción de impresos, desde los tiempos de la colonia, estuvo centralizada por Guatemala y en la temática de su producción predominó lo religioso, tal influencia prevaleció inclusive hasta en el siglo XIX, coexistiendo la palabra impresa del orden y la legitimidad con un sentido religioso, los sacerdotes muchas veces estaban al frente de las imprentas y periódicos. El consumo de la letra impresa tuvo un sentido sacralizado. Su radio de difusión trascendía los límites políticos-administrativos del estado, por ejemplo, no solamente se reproducían textos …:

5“Preceptos breves de Relijión, de moral y de virtud, escritos en verso de una manera clara y sencilla, acomodados a la capacidad de los pueblos, con el objeto de que queden impresos en la memoria, copiados de un periódico Mejicano (...) Aunque en el alcance al número 22 de este periódico se publicaron estos saludables consejos, son muy interesantes, y su importancia nos ha hecho repetirlos4.”

6La ciudad letrada era la principal destinataria de esta producción: curas, hombres dedicados a las profesiones liberales, funcionarios de la burocracia colonial, comerciantes; todos intermediarios o mediadores con el universo de la población que pertenecía a la cultura oral, aquellos para quienes la letra impresa no comunicaba nada y sin embargo tenían formas y medios propios de comunicación colectiva. En las sociedades centroamericanas, a partir de la tercera década del siglo XIX, y en particular en el Pacífico meridional centroamericano, la letra impresa sustituye a los actores políticos en el ejercicio de sus funciones públicas, cuando dibuja un nuevo esquema mediante la reproducción de los valores y conceptos amplificados por el poder que ella representa y las significaciones que le otorga a las leyes, normas y reglamentos que mayoritariamente difunde. La reproducción impresa de leyes y decretos en libros y periódicos delinea una nueva cartografía del poder. La elaboración de conceptos como deber, obligación, valor, autoridad, forman parte de la estructuración sobre la que se basan los organismos pre-políticos, que junto a los localismos, como los que persistieron en la sociedad del Pacífico nicaragüense en el siglo XIX, – por ejemplo – se constituyeron en un patrón de las estructuras de autoridad que otorgó identidad a las elites y cuyo poder, además de ser reproducido a través de imágenes por la letra impresa, fue legitimada por ésta. Existe un largo tránsito de la palabra impresa que legitima el poder político a la palabra creadora, cuyas prácticas encuentran el espacio necesario en los medios impresos y toman nuevas significaciones en los actos de lectura cotidiana que realiza la ciudad letrada, ésa que es organizada primero por el periódico y luego por el diario, contribuyendo a la secularización de nuestras sociedades. Política y palabra creadora se hacen presentes en el espacio público de la letra impresa, que representan los periódicos en Centroamérica, condicionándose debido a la expansión de la cultura impresa. En este sentido es necesario conocer los límites de la palabra impresa y su relación con el medio: la técnica que la produce y los lectores que, en tanto receptores, le otorgan nuevas significaciones por medio de su actuación pública. A través de la palabra impresa se reproduce el gusto literario y se difunden los primeros elementos de una estética creadora que ha de tener su punto culminante en el modernismo literario y que han de determinar a las modernidades en el istmo en el ocaso del siglo XIX. Una palabra impresa que transita de la gacetilla o nota periodística, retadora de poderes, a la crónica creadora de espejos e imágenes en el universo letrado que generan nuevas identidades.

7En esta primera etapa se asiste a la emergencia de un sujeto que sufre una extraña metamorfosis: los intelectuales religiosos se transforman en seculares en la medida en que asumen su papel de difusores de la letra impresa que dibuja el orden, ello les convierte en políticos, pero también son factores económicos que desde los periódicos construyen sus redes comerciales, y se convierten en miembros prominentes de la ciudad letrada que legitiman el poder político y construyen gustos literarios. De igual manera que en los albores de la Independencia, en la escritura de cartas se difundió una cultura literaria junto a la opinión política, a través de las redes de corresponsales que fueron creando factores de negocios como los comerciantes centroamericanos. Estos mantenían continua correspondencia entre sí, valiéndose del correo de posta o de las redes de transporte marítimo que a partir de la década de 1830 dinamizaron el comercio regional, incorporándose como un elemento decisivo en la difusión de la cultura impresa. Alan Touraine ha señalado que el actor en los tiempos modernos se define no por el lugar que ocupa en la organización social sino por la capacidad que tiene de modificar su entorno material y sobre todo social, influyendo en los modos de tomar decisiones, “en las relaciones de dominación y las orientaciones culturales5.”

8Este artículo se propone contribuir al debate de los estudios culturales centroamericanos, a través de una revisión crítica y problemática de la historia intelectual centroamericana en una de sus aristas más relevantes, el papel de la letra pública impresa en el desarrollo de nuevas significaciones políticas, el cual hasta el día de hoy ha sido estudiada teniendo como norte la búsqueda de su genealogía por medios cuantificables6.

La palabra impresa y el orden

9Algunos años después de finalizada la Guerra Antifilibustera, Salvador Sacasa, Prefecto de Granada, giraba una notificación a la Junta Municipal de Catarina, población situada a 22 kilómetros al oeste de Granada, la cual tenía por propósito ordenar la actividad ganadera, para ello exigía en primera instancia que presentaran la “relación jurada, libros y documentos que acreditan el cargo y la vara7”, como lo dispone el artículo 2o. del decreto de 9 de marzo de 1853. Dos elementos de la producción de ganado marcaron la identidad de las localidades y el sentimiento de pertenencia de los miembros de las comunidades populares. El primero es el decreto mediante el cual se organiza y reglamenta la legalización de la propiedad sobre ganado vacuno, caballar o mular, el cual debía ser certificado ante los Alcaldes. Se trataba de otorgarle identidad a la propiedad, entendiendo ésta como un hecho individual, toda vez que mandaba a garantizar “la propiedad de los individuos y el medio legal de adquisición8.” La ley indicaba que los alcaldes debían certificar las ventas y cumplir requisitos como: constatar señales, nombres de negociantes, fierros, etc. pero también regular el tráfico de ganado entre pueblos y los actos de ventas-compras en otros pueblos. El segundo elemento es el del régimen de propiedad de la tierra. La ley de 1852 establecía la concesión de tierras comunes o ejidos a los pueblos, sin embargo a pesar de la solemnidad con que la proclama expresaba este propósito: “Es de grande interés público el que todos los pueblos tengan tierras suficientes para pastos comunes y para la labranza9 (...)”, cabe preguntarse si las leyes ¿eran del conocimiento común de las gentes de pueblo?

10Cuando el “Gobierno Supremo” estableció, mediante decreto, la necesidad de legalizar a través de documento escrito toda actividad de compra-venta de ganado, estaba instaurando una nueva modalidad de adquisición no usual en el medio nicaragüense y estableciendo un nuevo tipo de relación, el anonimato de las relaciones contractuales, normal en toda relación mercantil, comenzaba a sustituir las vinculaciones personales; pero, ¿cómo eran vistos los asuntos legales por los sectores subalternos? En octubre de 1844, una rebelión de indígenas en Matagalpa cercó el asentamiento urbano y lo tomaron; entre muchas otras acciones destacan la mutilación de dedos que sufrió

11bq.“H. Gómez, Secretario vitalicio de los Alcaldes. Se los mutilaron los indios porque con ellos cogía la pluma para firmar lo que aquéllos creían contrario a sus intereses10 (...).”

12En el acto de escribir se encontraba el poder intangible que los letrados tenían sobre los demás miembros de la sociedad. En 1850, Francisco Castellón, jurista y caudillo político del Pacífico occidental en Nicaragua, desde su hacienda “Satoca”, anunciaba la renovación de su retiro de

13“los asuntos del foro” ante la Corte de Justicia, cumpliendo así con las leyes que lo demandaba, sin embargo no renunciaba a (…) la dulce satisfacción de poder ofrecer mis servicios a todas las personas, principalmente las desvalidas, que en privado necesiten consultar, como siempre, mis humildes opiniones sobre asuntos del foro11 (…)”.

14Fueron los profesionales liberales como los juristas, los letrados, quiénes tenían acceso a la lectura y escritura, y por tanto integraban un pequeño universo social, los que movilizaron a diversos sectores de las capas subalternas como los mestizos, ladinos e indígenas, en función de sus intereses particulares, enarbolando las banderas de la legalidad. En el discurso textual de los periódicos nicaragüenses de la primera mitad del siglo XIX, se encuentran los rasgos de sus lectores, un público muy reducido el de la ciudad letrada, con alguna posibilidad económica como para suscribirse al periódico. La suscripción dotaba al presunto lector de una identidad, la que procedía del sentido de pertenencia a una esfera social y económica que les diferenciaba de la mayoría de la población, el poder de la lectura se traducía en poder político. Sin embargo no siempre ocurría así y muchos de los caudillos y campesinos ricos que tomaron parte en las contiendas políticas, tenían un mayor arrastre o influencia entre la población que cualquier letrado. Los lectores del mismo eran, en primer lugar, los suscriptores y a ellos iba dirigido el mensaje o contenido de los periódicos. Como es el caso del Mentor Nicaragüense, que en su edición No. 19 del 5 de marzo de 1842, su editorial comenzaba llamando la atención de sus suscriptores:

15“Tal vez habrán extrañado algunos de los suscriptores de este periódico que nada hayamos dicho en él de la venida del General Francisco Morazán. Deseábamos tratar de ella en el número anterior; pero no teníamos datos ciertos sobre qué fundarnos: cuando reunimos algunos ya fue tan tarde, que no hubo tiempo para escribir; y debíamos decir tanto, que no lo permitía la cortedad del papel, a no ser que sólo se hubiera ocupado del enunciado asunto12.”

16Las limitaciones del espacio no fue el argumento que esgrimieron los redactores del Correo del Istmo para omitir publicar el decreto del Director del Estado de Nicaragua, en el que mandaba abrir causa contra Dámaso Sousa y Benito Rosales, sin presentar ninguna razón. El impresor redactó una nota en la que se excusaba de no haber publicado el mismo en su tiempo:

17“Este impreso debía haber salido el mes de septiembre, y no ha sido posible darlo antes de la fecha, por ocupaciones de la imprenta. León, noviembre 18 de 1850. El Impresor”

18La escritura adquiere con la letra impresa el valor de autoridad, ante un universo social mayoritariamente oral. Este valor se acrecienta cuando lo que se proyecta mediante las publicaciones son las leyes, decretos, reglamentos, todo aquello que norma y restringe la acción de quienes hasta entonces habitaban territorios bajo la mediación de sus prácticas comunales, tales como el consumo, las fiestas y el lenguaje gestual público de las manifestaciones religiosas como las procesiones y los bailes, además de los fervientes discursos enunciados por los “sacerdotes curas”. Es la letra pública impresa, más que la escritura privada de la correspondencia, la que en Centroamérica construye la cartografía simbólica que ha de segmentar los espacios socio-culturales de las etnias y las elites, transformándola en una nueva geometría del poder, la que emana del Estado nacional y que tiene el poder de transformar el espacio territorial, de una suma de la onomástica aborigen en un santuario laico, así: Namotiva trocó en Catarina; el volcán El Viejo en San Cristóbal; Nicaragua en Rivas, Masaya en San Fernando, etc. La letra impresa no solamente norma y reglamenta la acción de los actores, también dibuja regiones mediante una interacción con los lectores, quienes además escriben para los periódicos. Aproxima territorios, que estando vinculados por la actividad económica, profundiza en sus intereses comunes al producir sensaciones de simultaneidad en las acciones que se presentan en las zonas de emisión y recepción. Ello se puede advertir en el caso de un comerciante leonés quien cita a “un amigo de la ciudad de San Miguel” (El Salvador), y escribe a los editores de Rejistro Oficial, en León, para dejar sentada su posición en torno al problema con los “coquimbos”:

19“Remitido Señores Editores del rejistro oficial- Sirvanse UU concederme en su periódico el lugar que ocupen las siguientes líneas de una carta que, con fecha reciente, he recibido de un amigo de la ciudad de San Miguel. Amigo N.- Ningun placer es comparable con el que me ofrecio la lectura de su carta de 14, del proximo pasado Octubre es debido a ella que nos hayan dejado los temores que infundían en nosotros las noticias de un proximo sino efectuado rompimiento, entre ese departamento y el de Granada, nuestros coquimbos esperan esa época como la de su restablecimiento en Nicaragua13.-” (sic)

La imprenta

20La introducción de la imprenta en Nicaragua no implicó necesariamente la inmediata aparición de los periódicos, como tampoco la secularización de sus mensajes, la Iglesia a través de los sacerdotes detentó durante la primera etapa de su existencia la posesión del medio y la producción de sus mensajes. Tal es el caso de la imprenta que se instala en León, Nicaragua: “Reunida la Municipalidad en sesión extraordinaria convocada por el C. Jefe P.S. con asistencia de los representantes de esta ciudad de León con el grandioso e importante objeto de tratar asuntos interesantes al bien general, se acordó:

21...3º.- Que semanalmente se forme un periódico patentizando en él a los pueblos ideas de verdadero sistema para cuyo efecto se nombran a los CC. Presb. Darío Herradora, Fray Eleodoro Castrillo y Manuel Martínez Portillo.

224º.- Que se reitere la promulgación del bando en que se previene a los vecinos de la limpieza de solares y calles. Con lo que se concluyó esta acta que firman14.”

23La letra pública impresa que genera la imprenta en su primera etapa de existencia en Centroamérica, coexiste con las formas orales de comunicación colectiva, los periódicos o las gacetas son producidos con un sentido de hacer imperecedera la palabra impresa. Sus diversos ejemplares son numerados en forma consecutiva de modo que quien los posea, los pueda componer en un ejemplar en forma de libro, de esta manera el objeto comienza a poseer un valor económico importante en la vida cotidiana de quienes pertenecen a la ciudad letrada. De la misma manera que los artículos que expresan alguna posición política o que el editor juzga que puede ser interés del público lector, son concluidos con las iniciales “S.C.” –se continuará-. Las iniciales no correspondían a ningún autor, sino al sentido de continuidad que va produciendo la letra impresa y que genera expectativa por el siguiente número para continuar con la lectura. Las primeras décadas del siglo XIX en Centroamérica corresponde a la formación de un público lector que no está adaptado para una frecuencia diaria de la lectura. Antes bien, se encuentra acostumbrado a frecuencias irregulares, lo cual va a determinar un incipiente gusto formado por la prensa extranjera que, con frecuencia un poco más regular según fueran los medios de transporte, comenzaban a circular en la región y cuyos difusores eran los comerciantes de las ferias centroamericanas y los marinos europeos. La palabra impresa posee un valor similar o equivalente a la ley. El libro impreso que contiene las leyes adquiere un valor simbólico que reta a los textos religiosos sin entrar en contradicción con el poder eclesiástico, como lo muestra la siguiente disposición del Concejo Municipal de León:

24Bq. “Arto. 1º en que se dispone poner un tablado en la mitad de la plaza para promulgar la Constitución Federal de la República dada por la Asamblea Nacional Constituyente, con la pompa y aparato magestuoso, comisionado al efecto a los Regidores Domingo Martínez y Albino Balladares.
Arto. 6º. Se comisiona al Cn. José Altamirano para el aseo y limpieza de las calles por donde debe pasearse todo el vecindario con la Constitución15.”

25La Constitución es exhibida en procesión con la misma devoción religiosa con que se exponen los símbolos religiosos, en esa dualidad se desarrolla la cultura política de la primera etapa independiente en Centroamérica. En ocasiones estas formas de difusión del sistema simbólico mediante el cual se establece la comunicación entre la centralidad del poder político y la comunidad, se encuentra en la utilización reiterada del repique de campanas y la ejecución de dianas por parte de la banda municipal para expresar muestras de alegría o satisfacción ante determinados acontecimientos de la vida pública:

26“Reunida la Municipalidad en sesión extraordinaria convocada por el C. Jefe Político S. Con asistencia de los representantes de los barrios de esta ciuda, con el objeto de tratar sobre las comunicaciones que imparten las autoridades de Managua, y habiéndose visto que eran reducidas las unas a noticiar a estas autoridades el ataque dado por las tropas de Managua al cantón de Ramírez, y la retirada de éste en el día y hora que se expresa; y las otras, a pedir a este gobierno varios ramos de guerra, y con presencia de todo, se acordó:
1º.- Que por tan lisonjeras noticias se excite al Padre Vicario para un repique de solemne, batiendo la banda una diana.
...Adición. Se leyeron unos impresos del Estado libre del Salvador, los que siendo relativos a los ventajosos puntos que ocupan las tropas salvadoreñas sobre las de Guatemala, se acordó: Que se comunique su nota de remisión a los pueblos del departamento. Aquí las firmas16.”

27Las leyes y decretos de los gobiernos se comunicaban a la población por medio de bandos públicos, o bien se utilizaba la credibilidad de los sacerdotes y las concentraciones de población alrededor de las manifestaciones religiosas (misas, procesiones, etc.) Este es un legado cultural de la colonia al mundo de la cultura impresa en la época independiente. Serán las acciones de los políticos las que les otorgarán un nuevo significado a través del uso de la máquina impresora y las redes sociales que establece la lectura de lo que han de producir. La limitada capacidad de las máquinas impresoras, que implicaba un trabajo eminentemente manual, desde la composición de las maquetas con los tipos móviles para la impresión de las páginas, hasta el acto propiamente de la impresión gráfica, era una actividad en la que se combinaba el trabajo intelectual con el esfuerzo físico. De manera que la edición de un boletín de noticias, gaceta o cualquier publicación periódica en formato de cuatro páginas y dos pliegos de un octavo, era manejable para una sola persona, no así la publicación de un libro que podía tomar mucho tiempo más. después de dos años de haber sido aprobado y mandado a publicar. Dos años después de haber sido aprobado y mandado a publicar es publicado el Código Penal17, en julio de 1839. El proceso de producción era simple y los primeros impresores gráficos siempre realizaban el papel de redactor, editor, director e impresor. De manera que las equivocaciones, por ejemplo en la compaginación de los periódicos, estuviesen a la orden del día:

28“Nota de los editores.- Se ha advertido que desde el No. 24 se equivocó la compajinación, (sic) que realmente debe ser la que aparece en el presente18.”

29Las imprentas en Centroamérica, durante la tercera década del siglo XIX, eran muy elementales en cuanto a su técnica se refiere. El Bachiller Francisco Rafael Osejo solicita la compra de una imprenta, en una comunicación a su mando superior inmediato, “una imprenta de cilindro” con el fin de “facilitar el despacho del Mando Político19”. Esta solicitud de compra de una imprenta es contemporánea de las gestiones que se hacen en Nicaragua. En Costa Rica, los ciudadanos extranjeros fueron quienes importaron la imprenta al país20. La introducción de la imprenta en Nicaragua, en relación a Guatemala y El Salvador, fue tardía y una iniciativa estatal. El Ayuntamiento de León inició deliberaciones sobre la importancia de la compra de una imprenta en 1823 y concluyó en que era “… necesaria una imprenta”. En sus resoluciones decretan:

30“Arto. 1º en que se dispone comprar una media imprenta que importe $2500 para pagarla a plazos (…).
Arto. 2º Considerando que es urgentísima y de primera necesidad una imprenta en las actuales circunstancias del Estado, se nombra una comisión para deliberar arbitrios y hacerla venir a la mayor brevedad posible21.

31Finalmente no será sino hasta en 1830 en que se materializa la compra e importación de la misma. Bajo el mandato del consejero Juan Espinosa, la Asamblea Legislativa reunida en Rivas el 19 de enero de 1830, acuerda la compra de una imprenta al cónsul Pedro Miranda. Posteriormente en el gobierno de Dionisio Herrera, el 19 de diciembre de 1830, se dicta el reglamento de la imprenta comprada al cónsul Pedro Miranda, encargando su dirección a Tiburcio Bracamonte. José Zepeda, Jefe de Estado, funda el primer periódico oficial: El Telégrafo Nicaragüense, el 20 de agosto1835. En 1837, Francisco Valenzuela explota una imprenta en Masaya y también vende libros. La importación de diversas prensas por parte de financistas privados, evitó el monopolio pero convirtieron a la prensa periódica en órganos de propaganda. Un resultado de ello fue la transitoriedad del medio, que se refleja en los treinta periódicos que se editaron entre 1830 y 1849. Todos son publicados al ritmo de los cambios de gobierno22. El patrón de propiedad de los talleres de imprenta y el sentido de su producción, con una lógica política, ayudó reforzar las identidades y lealtades locales. Los impresores, al igual que los libreros y los editores, fueron factores importantes en la creación de una cultura nacional o más bien para la época que se estudia, protonacional. La importación de la imprenta en Nicaragua, en la década de 1820, representó un paso trascendental en las relaciones culturales de las comunidades que se asentaban en el Pacífico nicaragüense, que hasta entonces se regían por la circulación oral de las noticias que emanaban del Estado. Hacia 1825 es notoria la existencia de una conciencia en las elites políticas, de la necesidad que tiene el naciente Estado nicaragüense de poseer una imprenta, debido a:

32“ (…) las ventajas que resultarán a la Provincia con imprimir, circular y publicar sus conceptos según ocurran, y que no se ignoren las resoluciones del gobierno Representativo de la Asamblea de este Estado, y las que sucesivamente se comuniquen de la Federal que tiene tendencia con los gobiernos republicanos, invitando para que contribuyan a los Ayuntamientos de la Provincia23.”

33“Imprimir, circular y publicar sus conceptos según ocurran”, nos muestran un sentido de ampliación del dominio del espacio o territorio sobre el que se pretende ejercer poder político, también nos muestra la idea de simultaneidad o presencia en el mismo, que requiere el Estado para ejercerlo, mediante la difusión de las leyes y decretos. Tal es el poder de la palabra impresa. Según Benedict Anderson, el desarrollo de la imprenta, en tanto mercancía, fue la clave para generar ideas cargadas con un sentido de simultaneidad, lo cual hizo posible la existencia de “comunidades de tipo horizontal-secular24“. La simultaneidad no es un estado que se logra con el solo hecho de poseer el instrumento que hace posible la letra pública impresa, la máquina y sus operadores aún deben pasar por un proceso de secularización en coexistencia con el orden y el sentido religioso que tiene el sistema simbólico del poder político:

34“La Semana grande ocasionó que el periódico no saliera como debía el 11 del presente mes: este retraso ha dado lugar para insertar en él, el decreto gobernativo expedido en 13, y el manifiesto del Supremo Director de la misma fecha. Tal vez hubiera sido mas en orden dejar estas piezas para el número siguiente; pero como ellas son demasiadas interesantes, conviene mucho que llegasen a noticias de los Estados25.”

35La imprenta fue el otro instrumento del poder, junto con las armas, que siempre estuvo presente en los eventos políticos y las luchas internas por el poder, ello también incidió en la estabilidad de la letra pública impresa y su circulación entre el universo de lectores. Un seguimiento a los lugares de edición del Registro Oficial indica el carácter ambulatorio de las imprentas: León, Managua, Masaya; así como las imprentas que se sucedían en su impresión
gráfica: a partir del No.76 el Registro es editado en San Fernando, 4 de julio de 1846, en la Imprenta de Minerva:

36“Aviso. Con motivo de la traslación del Gobierno a esta ciudad; y de haberse demorado mucho el plantar en ella la imprenta, que se tenía contratada, ha sufrido considerable retraso la publicación de este periódico, lo que impide el que las noticias importantes no puedan darse oportunamente por que son de fechas posteriores a la que corresponde al mismo periódico. Deseando pues, cortar este mal, nos ha parecido conveniente interrumpir el orden de su fecha, dejando subsistente el del número. Imprenta Minerva26

37Hasta entonces las leyes y decretos de los gobiernos eran comunicados a la población por medio de bandos públicos, o bien se utilizaba la credibilidad de los sacerdotes y las concentraciones de población alrededor de las manifestaciones religiosas (misas, procesiones, etc.). Los curas además de lectores en soliloquios, eran también difusores del material que leían en sus homilías, y en ocasiones eran divulgadores de oficio del contenido de los periódicos, como es el caso de las recomendaciones que el Correo del Istmo de Nicaragua les hacía a “los padres curas”, para que orientaran a su feligresía con recomendaciones para brindar atenciones a los viajeros de la Ruta del Tránsito27. Los padres curas fueron los primeros difusores de las noticias de las comunidades, y junto con las mujeres pulperas son los antecedentes de la actual radio. Durante la colonia, probablemente hayan servido como medios de comunicación, por ello es que también aparecen vinculados a los medios escritos en su papel de editores y redactores. Este medio de difusión, el de la iglesia, permitió consolidar la transición del gobierno colonial, sin embargo, también marcó las ideas protonacionales que se difundieron durante la primera mitad del siglo XIX. El conocimiento de la ley fue muy importante para delimitar los territorios de los nacientes Estados-naciones, y la letra impresa fue el medio a través del cual no solamente se daban a conocer, sino que también se dibujaban territorios, fronteras y sujetos. La letra impresa tenía un significado de poder en las relaciones entre los Estados. Los capitanes de barcos fungían como correos de los impresos que intercambiaban los gobiernos, generalmente estos consistía en las leyes que publicaban. Estos eran portadores, además de las letras comerciales, de las noticias de interés para los comerciantes, también lo eran de los documentos mediante los cuales se materializaban las relaciones entre los Estados, los impresos tenían un alto valor en el lenguaje diplomático:

38“Adendum. No trae noticias de cosas políticas, por lo único que se dice, es que Carrera, tomó el Estado de Los Altos; pero no con veracidad, tampoco trae ningún papel público que acompañarle- vale Castro28

39Ante un retraso en la salida del Rejistro Oficial, periódico oficial del gobierno nicaragüense en la década de 1840, el editor se hacía una autocrítica pública sobre lo que debió hacer, o no, ante la interrupción del periódico y la ausencia en la publicación de unos decretos gubernamentales:

40“Tal vez hubiera sido mas en orden dejar estas piezas para el número siguiente; pero como ellas son demasiadas interesantes, conviene mucho que llegasen a noticias de los Estados29.”

41La divulgación de ideas protonacionales por medio de la prensa escrita, está precedida de la utilización de la palabra escrita para integrar socialmente a ciertos sectores de la comunidad: convites (invitaciones) a celebraciones privadas de las individualidades de la élite, tales como bodas, funerales, etc.; pero también la letra impresa sirvió para consolidar la secular confusión de las acciones privadas con las acciones públicas. Lo que interesa es que la gestión del gobierno no fracase por culpa del periódico y su editor. También se puede observar que la letra impresa constituyó un escalón muy importante en la socialización de las comunidades locales. Las imprentas y los periódicos fueron una expresión del desarrollo de lo urbano, es por ello que se encuentran frecuentemente en ciudades como León, Masaya y Granada: folletos y hojas sueltas publicados y “dejados en las puertas”, en los que no falta el patriotismo, anota el cronista, señalando el carácter urbano de la letra impresa, que circula debajo de las puertas de las casas de las viejas ciudades y se torna presente en las iniciales acciones políticas30. Hasta entonces la acción pública era prerrogativa de los hombres vinculados a los gobiernos o de los sacerdotes. La presencia de la imprenta permite una socialización de este ámbito de la vida de las comunidades, anteriormente ejercido solamente por los sectores en cuestión. Por medio de la prensa escrita y de la edición de libros, el universo de la letra amplió su radio de acción constituyéndose en una necesidad para un segmento de la población nicaragüense que trascendía los umbrales de las escuelas y se incorporaba a la Universidad de León o San Carlos de Guatemala. En Nicaragua demoró mucho el surgimiento de una prensa escrita que se constituyera como un espacio público. Las leyes de imprenta se encargaban de establecer los límites de la palabra impresa; y las leyes de policía, de imponer el orden a quienes escribiesen en contra del orden imperante. Escribir era necesario para poder acceder al mundo de la ciudad letrada. Leer no era lo suficiente. Saber escribir permite comunicarse entre pares, pero también proporciona habilidades que no se adquieren solamente con saber leer. En este Aviso, en el que Esteban Herrera ofrece dictar clases de dibujo, y que fue publicado por el Correo del Istmo, se advierte cómo la lectura y la escritura se encontraban siempre en la esfera del poder:

42“(…) el que suscribe se toma el honor de publicar su resolución de abrir una clase de dibujo en el local de la Merced, por la módica pensión de un peso mensual cada uno. Se dará principio el día 8 del corriente, en caso de haber por lo menos doce alumnos, ofreciéndose dicho ejercicio todos los días desde las 4 a las 5 de la tarde. Sólo se admiten jóvenes que sepan escribir, y los que deseen tomar parte podrán hallarme en el local mencionado31 (…)”.

43No se tienen a la vista evidencias acerca de que la utilización de la imprenta en Nicaragua, haya tenido un fin diferente a la impresión de hojas volantes, panfletos y boletines, todos de contenido político, tales como libros cuyo contenido fuesen de temáticas seculares o memorias administrativas de los gobiernos. Rubén Darío recuerda –en 1905- que en su infancia:

44“ ... el libro, como he dicho, era escaso en esos tiempos, y aún continúa siéndolo ahora32.”

45La escasa producción de libros ha de caracterizar la difusión de la letra impresa en Nicaragua, hasta el siglo XX33. El libro no solamente era un objeto de consumo, sino también un símbolo que destacaba socialmente a quien lo poseyera. El norteamericano William Wells, a su paso por Nicaragua en 1854, describe la biblioteca de Mariano Montealegre en Chinandega, y refiere que la misma se encontraba en la sala privada de la residencia, la que “parecía contener los valores más estimados de la familia.” con obras históricas y religiosas, “publicadas y empastadas en Barcelona34”. Más contundente es la observación de William Wells sobre el ansia de lectura de los alfabetos, lo que afirma la hipótesis del universo separado con respecto a la oralidad característica de la cultura popular, que tambien indica que los alfabetos sí se encontraban comunicados por medio de la letra impresa: “ …todo el que podía leía lo que se publicaba. La prensa hace sentir su influencia en Centro América35.” Dos décadas más tarde el consumo de libros de temática secular será una necesidad apremiante. Obras como el Quijote, las del autor Moratin, Las Mil y una Noches, la Biblia; los Oficios, de Cicerón; la Corina, de Madame Stael; y comedias clásicas españolas se encuentran en el inventario de un viejo armario, que un día leyera en una antigua casa de la Calle Real de León el niño Félix Rubén García Sarmiento36. La lectura fue hasta cierto punto un acto restringido para la gran mayoría de lecto-escritores, quienes se encontraban en los límites entre la posibilidad de ensanchar su conocimiento o ganar las indulgencias para el más allá. Es necesario recordar que la lectura de la Biblia era un acto prohibido en la Iglesia Católica y que acometer su lectura constituía una transgresión a las normativas morales de la vida social. Sin embargo en los criterios de los lectores transgresores existían muchas diferencias al respecto. Mientras Darío enumera y le coloca como una obra literaria, al igual que las Mil y una Noches, de las muchas que leyó en su precoz infancia, Pío Bolaños en sus memorias nos da a conocer una confidencia sobre las lecturas de su padre:

46“(…) y por sus conversaciones con nosotros me dí cuenta que también había leído la Biblia.”
El testimonio de Pío Bolaños muestra la escasa circulación de obras en el ámbito urbano, pero también presenta que el patrón de lecturas común entre las elites leonesa y granadina, no había cambiado mucho en la segunda mitad del siglo XIX, de ahí que la afirmación de la observación de Darío con respecto a la pobreza de la producción editorial fuese justa:

47“Mi padre era lector asiduo. Leía con frecuencia el Año Cristiano, libro que teníamos en casa, (…). Por otra parte, no era aficionado a leer novelas; pero sí, toda clase periódicos. Además, conservaba un ejemplar del Quijote de Cervantes, y otro, de la Guerra de Nicaragua, traducida del inglés al castellano, por don Fabio Carnevalini. Estas dos obras históricas, el Año Cristiano y el Quijote, eran sus lecturas favoritas, y asi mismo, como antes dije, los periódicos que circulaban entonces en Nicaragua. Frecuentemente y al conversar con nosotros citaba pasajes del Quijote, a fin de darnos alguna lección de moral o de bien decir. La educación que recibió mi padre no fue muy extensa. Tenía conocimientos de Aritmética, Gramática y Geografía37”.

48En la difusión de las obras y sus consiguientes lecturas tienen un papel muy importante los capitanes de barco, personajes ilustrados entre las gentes de la mar. Los tiempos de navegación entre los puertos centroamericanos eran compartidos entre el pasaje de las embarcaciones, ello se prestaba para el establecimiento de un contacto personal entre comerciantes, políticos y capitanes de barcos y también para la transmisión de ciertos patrones de consumo, como el de las lecturas. Para pasajeros solitarios como J.L. Stephens, quien viajó entre Acajutla y Puntarenas, la relación era directa con el capitán del barco:
“Yo era el único pasajero de camarote; pero, a más de los chinches que siempre infestan un buque viejo, yo tenía en mi camarote zancudos, arañas, hormigas y cucarachas. Sin embargo, no hay parte de mi viaje sobre la que yo pueda reflexionar con tan tranquila satisfacción como esta travesía en el Pacífico. Yo tenía a bordo a Gil Blas y a Don Quijote en el idioma original, y todo el día sentado bajo un toldo, compartía mi atención entre ellos y la gran fila de gigantescos volcanes que tachonan la costa38.” Resulta obvia la diferencia entre el placer del texto que, el norteamericano sostiene ante la lectura del Quijote, y el de la gran aula de dicterios y el orden por el “bien decir” que el granadino recuerda en las lecturas de su padre. Los impresos, tales como los periódicos y los libros, en el siglo XIX representan la escuela de adultos. Entre 1825 y 1867, la palabra impresa no tuvo el apoyo de medidas paralelas de parte del Estado, que incrementaran el consumo y generasen demanda de bienes impresos. La producción de libros fue inexistente. La producción continua de los periódicos suplantó la ausencia del libro. Las publicaciones misceláneas que predominan en la producción editorial hispanoamericanas, forman la competencia que con sus secciones fijas y publicidad comercial, periódicos ilustrados a la manera de la modernidad, moldean el gusto de los lectores. La escritura impresa no podía tener el carácter fundacional del orden normado en Nicaragua, porque adolecía del número suficiente de alfabetos, eran muy reducidos dentro de la elite y fuera de ella, así como la irregularidad de la frecuencia de publicación de los medios impresos. Los editores y articulistas también eran los protagonistas de los conflictos políticos y actores gubernamentales, más sin embargo no siempre marcaban el inicio o el fin de un periódico. La coyuntura económica y política están en el contexto de la transitoriedad de los mismos. Por tanto el periódico como escuela civilizatoria que a través de la letra impresa domestica la barbarie, no genera ni fija tradiciones. Los periódicos del Pacífico nicaragüense, hasta en el último tercio del siglo XIX tuvieron una vida efímera, un promedio de año y medio de duración, debido a que no se constituyeron como empresas comerciales y su principal anunciante siguió siendo el Estado. A diferencia de los que se establecieron en el Caribe de Nicaragua, a finales del siglo XIX, cuyas páginas estaban destinadas a comunicar u ofrecer servicios y mercancías, mediante textos que dibujaban una nueva geografía, desconocida para los mestizos del Pacífico. Los textos impresos en los periódicos del Pacífico no fijaron o marcaron el tiempo de las comunidades populares, por medio de la dinámica de su circulación. El carácter privado de ésta, es necesario recordar que solamente se distribuía entre los suscriptores quienes financiaban las ediciones, coadyuvó a que su mensaje no fijara tradiciones en la vida cotidiana de esas comunidades.

49A mediados del siglo XIX, la gran mayoría de las comunidades populares del Pacífico nicaragüense, estaban constituidas por sistemas culturales no centrados en una legalidad grafémica. Sus normas de cohesión grupal imaginaria se basaban en las prácticas de vida cotidiana, la cultura material que producían en su actividad diaria. El lenguaje gestual era un elemento constitutivo que les dotaba de identidad, de manera que los rituales colectivos de consumo o la cultura de trabajo39 fueron sustitutos del orden escriturado y les proveyeron de un espacio, el cual estuvo definido por la identidad propia que les caracterizó como comunidades orales. El periódico, en tanto escuela, también es un elemento de cohesión grupal de la elite letrada. La escritura es un ejercicio práctico de la escuela civilizatoria, por medio de la cual el poder domestica la barbarie y dulcifica las costumbres. Al igual que las tertulias literarias, en el siglo XIX hispanoamericano, se constituyeron en formas primitivas de conocimiento, difusión y creadoras y formadoras de juicios y gustos literarios, es posible que los grupos que giraron alrededor de los periódicos cumpliesen un papel similar en cuanto al desarrollo de un público lector. Asistimos al momento de expansión de la ciudad letrada que coincide con la formación del Estado Nación de las repúblicas centroamericanas. Hay una liberalización de la Iglesia Católica en cuanto al canon censor que le ha tocado cumplir en la etapa precedente. La existencia de una comunidad cultural o lectora es requisito indispensable para la existencia de una comunidad nacional, pues es a través del discurso mediante el cual se imagina como comunidad nacional. Las tertulias fueron espacios sociales en los que se difundió el discurso textual o los mensajes nacionales, por ello se convirtieron también en agente movilizadores de acciones colectivas. Las tertulias patrióticas, hacia 1821, ocupaban un lugar en la jerarquización de la ciudadanía y estaban reservadas para las municipalidades, eran administradas por los alcaldes constitucionales y su cantidad dependía del número de pobladores, sin embargo no podían ser más de cuatro.Las tertulias se encontraban bajo la advocación de las Municipalidades, y en especial de los alcaldes constitucionales. Se define como una asociación de ciudadanos que se reúnen para tratar “de todo género de materias políticas”, como las medidas de interés general que tomen las autoridades u organismos correspondientes, e indicar los inconvenientes de las que se hayan adoptado. El pertenecer a una tertulia en alguna medida daba preeminencia a sus integrantes, por sobre los demás miembros de la comunidad. Esto se muestra en la existencia de un libro de matrícula. La tertulia era un espacio político en el que los ciudadanos podían participar debatiendo públicamente sobre temas que solamente estaban dispuesto a ser discutidos en los espacios institucionales del gobierno oficial. El orden mediante el cual se regían las tertulias muestra un especial interés en otorgarle cierto rango de institución oficial en el que los ciudadanos debaten.

50Sin embargo en la tertulia estaba presente la censura:

51“Los Censores revisarán los discursos que se hubiesen leído: harán sobre la materia y estilo en que estén concebidos todas las observaciones convenientes; y las presentará a la tertulia en la sesión siguiente. El examen será más serio y más escrupuloso respecto de los discursos que se destinen a la prensa40.”

52Las tertulias tenían una frecuencia y un límite en su funcionamiento, se reunían dos veces por semana y tenían una duración de tres horas, de 7 a 10 de la noche. Este rígido esquema de funcionamiento cambió en la medida en que se fue difundiendo la letra impresa. Las tertulias hacia 1850 eran actividades mucho más libres que las anteriormente citadas. Jerónimo Pérez regresa a su ciudad para fundar un periódico – La Tertulia -, “para continuar la propaganda de los principios republicanos comenzados por la prensa” y un centro de enseñanza41. Los integrantes de las tertulias eran consumidores de la palabra impresa y la difundían entre aquellos miembros que no sabían leer, pero que sin embargo tenían capacidades de más para actuar y encontraban en las reuniones de tertulia, una forma de sociabilizar con un carácter político más desarrollado que cualquier otra esfera o escena de la sociedad nicaragüense de esa época, de la misma manera que las tertulias de Guatemala, Bogotá, Caracas o Santiago sirvieron de escenario para la formación de los líderes independentistas42. Las tertulias en el Pacífico nicaragüense contribuyeron a desarrollar nuevos actores políticos dentro de la generación siguiente a la Independencia, quienes asumieron la política nicaragüense y centroamericana de la última parte del siglo XIX. Si el actor no se define por el lugar que ocupa en la organización social sino porque modifica su entorno social y material, transformando relaciones de dominación y orientaciones culturales. En los escribanos (amanuenses) o escribientes de periódicos y por tanto también lectores, sujetos representativos de la modernidad del siglo XIX, se encuentra el nuevo actor por excelencia, que marca la pauta en las orientaciones culturales e incide directamente en la conformación de una cultura política, muy marcada por el estrecho espacio que el Estado le permitió para desarrollarse. En las décadas de 1840-1860, el periódico representa el nuevo espacio en el que la cultura política ha de desarrollarse. Impresores, suscriptores y libreros, fueron factores importantes en la creación de una cultura protonacional con un marcado sesgo político partidarista que persiste aún hoy en día43 .

Notas de pie de página

531 Véase Francisco Ortega Arancibia, Cuarenta años de historia, (Managua: Colección Banco de América, 1974), pág. 510.

542 Véase Julio Ramos citado por Graciela Montaldo en Ficciones culturales y fábulas de identidad en América Latina. (Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 1999), pág. 28.

553 Véase Roberto Castelán Rueda, “Introducción” a La Fuerza de la palabra impresa. Carlos María de Bustamante y el discurso de la modernidad. (México: Fondo de Cultura Económica/Universidad de Guadalajara, 1997), pág.19. Aún han sido estudiadas las relaciones intelectuales del mundo novohispano con el centroamericano, durante la última etapa de la colonia era muy común la circulación de textos novohispanos en Centroamérica.

564 Véase en Rejistro Oficial #69, León, sábado 16 de mayo de 1846, pág. 290. Toribio Medina hace un recuento bibliográfico de los impresos producidos allí entre 1660 y 1800, en los que resulta evidente el sesgo religioso de sus contenidos. Cfr. Op. Cit. págs.1-344.

575 Alain Touraine, Crítica de la modernidad (Madrid : Ediciones Temas de Hoy., 1993), pág. 268.

586 Este artículo ya había sido elaborado antes de mi lectura de Elìas Josè Palti y su obra La Invención de una legitimidad. Razón y retórica en el pensamiento mexicano del sglo XIX. (Un estudio sobre las formas del discurso político.) (México : Fondo de Cultura Económica, 2005).

597 Prefecto de Granada a Junta Municipal de Catarina, Año 1860. Legajo # 34. Archivo Municipal de
Granada.

608 Archivo IHNCA-UCA, J. L. Pineda. Decreto No. 329. Managua, 22 de octubre de 1852.

619 idem

6210 Francisco Ortega Arancibia, Cuarenta años… , pág. 109.

6311 Archivo IHNCA-UCA, Correo del Istmo Nº 56. León 7 de noviembre de 1850. Trimestre 7º.

6412 Mentor Nicaragüense. No. 19 del 5 de marzo de 1842.

6513 Registro Oficial No.90. Santiago de Managua. Sábado 21 de noviembre de 1846, pág. 377. “Coquimbo” es el término con que se denominaba a los seguidores de Francisco Morazán en todo Centroamérica. El nombre proviene de la embarcación que utilizó Morazán en su viaje de regreso de Suramerica a Centroamérica.

6614 Libro de actas Municipales de León, año 1829. Acta de 25 de febrero, fol. 27.

6715 Acta de 8 de febrero de 1825. folio 8. Libro de actas del Ayuntamiento de León, año 1823 in Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (RAGHN). Tomo 1, No.1 (1936).

6816 Libro de actas Municipales de León, año 1829”. Acta de 28 de febrero. Folio 28 in RAGHN Tomo II,
No.1 (1937), págs. 45-46.

6917 La Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua considera que es el primer libro “que se formó en Nicaragua”. Véase “La Imprenta en Nicaragua”, en RAGHN, tomo VIII, No. 2, Managua, agosto de 1946, págs. 98-99.

7018 Registro Oficial. León, sábado 10 de enero de 1846, pág. 218.

7119 Documento citado en El Bachiller Osejo de Chéster Zelaya. (Editorial Costa Rica, San José, 1971). T. I, pág. 207.

7220 En los documentos del Archivo Nacional de Costa Rica que se han consultado, sobre todo los manifiestos de carga en los informes del movimiento marítimo de la Capitanía de puerto de Puntarenas, Costa Rica, no hay indicios de que las embarcaciones registren maquinaria de impresión gráfica entre la carga que transportan.

7321 Acta de 26 de marzo de 1823. El mismo al folio 52. idem pág. 51. Libro de actas del Ayuntamiento de León, año 1823 in RAGHN, Tomo 1, No.1 (1936), págs. 45-46.

7422 “La Imprenta en Nicaragua”, in RAGHN, tomo VIII, No. 2, Managua, agosto de 1946, págs. 98-99.

7523 Art. 2º.acta del 4 de marzo de 1825.

7624 Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. (México: Fondo de Cultura Económica, 1993), pág. 63.

7725 Registro Oficial. No. 64. León, 11 de abril de 1846. pág. 270.

7826 Registro Oficial. No.79. Santiago de Managua. Sábado 5 de setiembre de 1846, pág. 331.

7927 El director de este periódico fue el padre Paul, quien lo edita con un sentido moderno: secciones bien definidas, contenidos seculares, noticias de las ciudades y de los puertos, trascendiendo las páginas sueltas de todas las anteriores publicaciones que solamente publicaban leyes y decretos.

8028 Archivo Nacional Costa Rica, Castro a Sr. Ministro General. Marzo 2 de 1840. Serie Guerra, #4550. Fol.14.

8129 Registro Oficial, No. 64. León, 11 de abril de 1846, pág. 270.

8230 William Wells, Viajes y exploraciones por Honduras. (San José: EDUCA, 1982), pág. 76.

8331 Correo del Istmo, Nº 42. León, agosto 1º de 1850.

8432 Rubén Darío, El Viaje a Nicaragua er Intermezzo tropical, (Madrid: Biblioteca Ateneo., 1909). Reproducción facsimilar del Ministerio de Cultura. Managua, 1982. pág. 55.

8533 En la década de 1980, el gobierno nicaragüense creó la Editorial Nueva Nicaragua. Por primera vez en la historia de Nicaragua hubo un programa de difusión masiva de la literatura nicaragüense y universal.

8634 William Wells, Exploraciones y Aventuras en Honduras. 1857. 3a. ed., (EDUCA. San José, 1982), pág. 545. Según Rama (pág. 248) los autores latinoamericanos a comienzos de siglo se quejaban de la escasez de libros, impresos en España, en el reducido medio del continente. En orden ascendente, Londres fue la primera plaza en donde se creo el gusto y el consumo de los libros como bienes culturales, en los que los autores españoles y americanos publicaban. Carlos Rama en Historia de las relaciones culturales entre España y América Latina. Siglo XIX. (México: Fondo de Cultura Económica, 1982), pág. 242.

8735 Véase William Wells, Exploraciones… pág. 76.

8836 Véase Rubén Darío, Autobiografía. Madrid, 1920, pág. 11.

8937 Véase Pío Bolaños, Obras. (Managua :Colección Banco de América, 1977), pág. 390.

9038 Véase John L. Stephens, Incidentes de viajes por Chiapas y Centroamérica. Tomo I. (San José: EDUCA.,
1978), pág. 311.

91Fn39. Véase Miguel Angel Herrrera C. “Frac, Tiste y Poder”, in Revista de Historia, IHNCA-UCA. Managua, 1997; y “El impacto de la actividad transístmica en la comunidad de bogas y marineros”. Tesis para optar al título de Magister Scientae en Historia. Universidad de Costa Rica.1997.

9240 Guatemala, 8 de agosto de 1823. Archivo Histórico de la República de Nicaragua. José Dolores Gámez. Imprenta Nacional. Managua, 1896. págs. 162-166.

9341 Ortega Arancibia, op. Cit., p.119

9442 Carole Leal Curiel, “Tertulia en Dos Ciudades: Modernismo Tardío y Formas de Sociabilidad Política en la Provincia de Venezuela” in Los espacios públicos en Iberoamérica. Ambigüedades y problemas. Siglos XVIII-XIX. François -Xavier Guerra et al. (México: Fondo de Cultura Económica, 1998), pág. 183.

9543 Alan Touraine, Crítica a la Modernidad, (Madrid, 1993), pág. 268.

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Para citar este artículo :

Miguel Angel Herrera C., « DERROTERO DE LA CIVILIZACIÓN: La letra impresa en Nicaragua: tradición y modernidad », Boletín AFEHC N°43, publicado el 04 diciembre 2009, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2309

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