Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('54.197.130.93', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : articulos : La cultura en Nicaragua: un balance de su desarrollo a finales del siglo XIX e inicios del XX : La cultura en Nicaragua: un balance de su desarrollo a finales del siglo XIX e inicios del XX

Ficha n° 2318

Creada: 15 febrero 2010
Editada: 15 febrero 2010
Modificada: 15 febrero 2010

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 1
Total de visitas : 3140 (aprox.)

Autor de la ficha:

Miguel AYERDIS

Editor de la ficha:

Justin WOLFE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La cultura en Nicaragua: un balance de su desarrollo a finales del siglo XIX e inicios del XX

Desde finales del siglo XIX se puede observar en la evolución del Estado nicaragüense preocupación por el diseño y/o elaboración de políticas públicas relacionadas con el fomento y/o promoción de la cultura en haras de fortalecer la institucionalidad, o gubernamientalidad --como señala Miller y Yudice--, dado que se designa un presupuesto mínimo para las nuevas expresiones organizativas que surgen y se establece un marco regulatorio de funcionamiento. No obstante, esas políticas obedecen a una concepción cultural elitista dado que a través de ese diseño se promueve más el consumo (promoción) de productos culturales que la producción y/o creación.
Palabras claves :
Estado, Cultura, Institucionalidad, Educación, Hegemonía
Autor(es):
Miguel Ayerdis
Fecha:
Diciembre de 2009
Texto íntegral:

1

2En la evolución del Estado nicaragüense y de las acciones gubernamentales (gobernabilidad) durante los últimos decenios del siglo XIX e inicios XX se observa un marcado interés por el establecimiento de políticas públicas dentro del campo cultural que contribuyeran a afianzar su institucionalidad. La mayoría de ellas sugieren ― siguiendo los aspectos que Yudice y Miller establecen para el análisis de las políticas culturales dentro del proyecto de nación ― orientaciones o preocupaciones estatales, entre las que se destacan las relacionadas con la financiación y la calidad de la participación ciudadana1. Otro aspecto importante a destacar es la naturaleza de las políticas públicas en materia cultural, la cual desde la concepción artística y literaria de poder, ha estado vinculada con una casta privilegiada que lo produce y un público exclusivo que lo consume (elite). Siguiendo a Wellinga, se puede decir que lo que prevalece antes y durante el período en estudio, al igual que en otros países de la región, es la necesidad de la difusión de la cultura entre los diversos sectores de la población, dentro de una concepción “democratizadora”, entendida como el proceso de apropiación individual o colectiva de “productos culturales” ya elaborados2.

3Dentro de esa perspectiva, la producción cultural quedaría reducida a grupos privilegiados, relacionados en su mayoría con el poder político3. Esa concepción estética busca afianzar jerarquías y diferenciaciones sociales, dentro de una concepción elitista, clasista, donde el público destinatario fundamental serían aquellos que estaban dentro del circuito cultural, es decir, que comparten intereses sociales, económicos y artísticos específicos4. Lo que se puede constatar durante este período, siguiendo la tónica del resto de países latinoamericanos, es la prioridad del diseño de las políticas culturales. Todas ellas buscan el afianzamiento de la “gubernamentalidad” (en el sentido que lo utiliza Miller y Yudice) a través del fomento de acciones culturales, cuya base se sustenta en la promoción educativa, cuido o resguardo de un patrimonio material con fines domesticadores. Pese al aparente desdén de los gobiernos de turno en relación con la cultura, los discursos oficiales de los mandatarios (y de los funcionarios públicos) reflejan una orientación de las políticas públicas, que apunta como prioridad el apoyo de los esfuerzos alrededor de la educación y de otros esfuerzos colaterales, enfatizando más en la promoción que en la producción cultural5. Eso significa que el Estado fomentaba un diseño educativo de promoción y socialización cultural diferenciada, entre campo y ciudad, popular y de elite, cuya justificación estaría dada por la lógica social estratificadora de tipo capitalista prevaleciente en las esferas de poder6. Lo anterior plantea que las políticas estatales en materia cultural estaban dirigidas a incidir, en gran medida, en el aparato institucional y en las expresiones culturales relacionadas con el cuido del patrimonio material tradicional, en los diversos campos de la creación y difusión artística, en las comunicaciones, en las formas de cultura popular y en las industrias culturales7. Además, que esas políticas sectoriales están determinadas o dependen de financiamiento, de configuración de mecanismos de acceso a la producción, difusión, apropiación artístico o cultural. Propuestas culturales como las retretas fomentadas desde el siglo XIX en todas las plazas públicas de las principales cabeceras departamentales, la Jura de la Bandera, las festividades darianas, los concursos literarios o artísticos, la fundación de academias, teatros, escuelas especializadas, ferias locales, e instituciones que resguardan materiales culturales tangibles, son expresiones de políticas culturales de factura colonial (antiguo régimen) y moderna. A continuación se hará un análisis histórico institucional de las iniciativas culturales que el estado venía administrando desde finales del siglo XIX con la finalidad de poner en perspectiva el estado cultural anterior a la llegada de los Somoza al poder.

La educación como proyecto cultural

4El uso del término y concepto de cultura es poco claro en la sociedad nicaragüense de finales del siglo XIX e inicios del XX8. Las noticias, artículos de opinión y viñetas publicitarias aparecidos en diarios y revistas de ese período, usan muy poco el término, y cuando lo hacen aluden a entidades o aptitudes generales. Cuando hablaban de alguna expresión o género artístico, lo hacían usando el nombre, es decir, “pintura”, “escultura”, “dibujo” (llamado “bellas artes) “poesía”, “representación dramática” o “teatral”, “cinematógrafo”. El vocablo más usado era el de “instrucción” o “educación”, el cual engloba la educación formal estatal y privada. La formación técnica ― vista siempre como compartimiento estanco dentro del sistema formal de educación ― era llamada “educación técnica” o manualidades. En el caso de las bellas artes y de la literatura, eran vistas como formas o expresiones de socializaciones sucedáneas o complementarias a la educación, pero independientes9. Los gobiernos de finales del siglo XIX e inicios del XX, influenciados por una visión positivista, diseñaron un modelo educativo que priorizaba la educación formal y fomentaba las llamadas profesiones liberales (Derecho, Medicina, Filosofía) y la educación técnica (Ingeniería, Arquitectura, Agrimensura, Teneduría de Libros, etc.). La creación del Ministerio de Instrucción Pública en el año de 1877, bajo la administración del Presidente Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, representa un paso importante en la formación de la elite local, inscrito dentro de las acciones estatales que buscaban enfrentar las demandas que el incipiente mercado interno imponía, además de legitimarse dentro de los nuevos valores de estratificación social marcados por las reglas de consumo mercantil apenas en ciernes10. El discurso oficial hegemónico de finales del siglo XIX planteaba que el sistema educativo tenía, entre otras finalidades, la de formar ciudadanos, dentro de una concepción moderna de nación11. El diseño educativo estructurado desde esa época, era básicamente para formar a las elites urbanas del país, principales sujetos de la condición de ciudadanía. Los principales institutos y escuelas de educación básica de mujeres y de varones, al igual que las facultades de educación superior, estaban localizadas en las tres principales cabeceras departamentales del país: León, Managua y Granada, las cuales concentraban la mayor parte de las actividades económicas, productivas y culturales, además de ser las de mayor crecimiento urbano, y de reunir a los sectores con mayor ingreso del país12. Como parte de las exigencias del modelo liberal oligárquico, el sistema educativo nacional a finales del siglo XIX e inicios del XX comienza a expandirse paulatinamente hacia las áreas rurales del país. Pese a que desde el decenio del ochenta de ese siglo, se establece la gratuidad de la educación primaria, esta medida no se cumplía a cabalidad. Según los informes elaborados por expertos y compartidos por las autoridades estatales, hasta el decenio del treinta, alrededor del 70% de la población en edad escolar se encontraba en el analfabetismo, y era superior el porcentaje en las zonas rurales13) (Tabla No. 1). Los esfuerzos del Estado por la ampliación de la cobertura educativa, apenas se hacía sentir en las cabeceras departamentales del interior del país y en aquellos municipios y comarcas de cierta importancia económica, productiva o estratégica (comunicaciones o transporte).

5Tabla No. 1. Porcentaje de letrados e iletrados en Nicaragua (1920 – 1954)

6
Fecha Población Total Población muestra Alfabetizados Analfabetos
_ _ _ _ Total _% _ Total _ %
_ 1920 (1) 652317 1276238 176921 27,75 1099317 72,25
_ 1940 (2) 829831 767094 284167 37,04 482927 62,96
_1950 (3) 854413 854413 294575 34,48 559838 65,52
_ 1954 (4) 1057023 599545 221656 36,97 377889 63,03

7(1) Población mayores de 10 años;
(2) Población mayor de 7 años;
(3) Población de 6 años y más;
(4) Población de 15 años a más).

8Fuente: (1) Censo General de |920, Oficina Central de Censo, Ministerio de Gobierno; (2) Estadística Boletín Mensual Tomo 2 No. 9 y 10 Febrero 15 1945; (3) Censo General de Población de la República de Nicaragua. Mayo 1950 vol. 17; (4) Memoria de Educación Pública Legajo No. 19 1953-54

9Para finales del siglo XIX e inicios del XX, el proceso de modernización del Estado y de la sociedad comienza a sentirse no sólo a través del incremento de las rentas del café, sino por los cambios en las formas de vida de la población de las principales ciudades del país. Además del ferrocarril y del telégrafo, se expande el sistema de telefonía y de energía eléctrica, así como el servicio de agua potable. El comercio se incrementa notablemente, en comparación con los decenios anteriores, aparecen incipientes cadenas de almacenes, casas importadoras de productos manufacturados y mecánicos, fábricas de materiales de construcción y embotelladoras. Proliferan los estudios fotográficos, sastrerías, y una que otra revista de moda se publicaría; la recreación y el ocio a través de la cultura visual (salas de cine) y de los paseos en bicicletas y automóviles; los deportes (béisbol, baloncesto, fútbol y boxeo) y el consumo de publicaciones periódicas (revistas y diarios), entre otras cosas, denotan esas transformaciones en la sociedad de principios de siglo XX14. La aparición de las escuelas nocturnas para obreros a principios del siglo XX, como respuesta a la demanda de personal cualificado se inscribe en ese proceso de transformación que vive la sociedad nicaragüense15. La necesidad de brindar educación a los obreros y artesanos de las áreas urbanas, al igual que a los trabajadores agrícolas y pequeños propietarios de tierras, buscaba ampliar la capacidad de disponibilidad de mano de obra, además del incremento del consumo de productos y de servicios manufacturados o importados. Los discursos presidenciales de principios del siglo XX evidencian cierta coherencia en cuanto a la importancia de la educación para alcanzar niveles de progreso material, cultural y crecimiento económico sostenido. Pese a los pocos recursos destinados a este rubro, y por consiguiente al poco avance alcanzado, las políticas públicas siempre harían énfasis en el fomento de la instrucción o educación formal y técnica (científica), sabiendo que es la única forma, decía el ministro Modesto Armijo en 1937, para “bregar por la civilización” y la “democracia16”. El 31 de diciembre de 1910, en el discurso de toma de posesión, el presiente Juan José Estrada externaba su preocupación en torno a la educación desde una perspectiva de mercado:

10“Será preocupación de mi gobierno el ramo de instrucción pública. Pero he de manifestarles que además de crear escuelas, voy a procurar favorecer principalmente las que nazcan espontáneas en el campo de una reconocida competencia; porque de esta manera, además de cumplir con el deber de extender la instrucción, se premia la iniciativa privada que es la mejor garantía para el buen resultado17”.

11Más adelante, el presidente Estrada reafirma y confirma la tradición de los paradigmas educativos sobre los cuales se debe sustentar el modelo de enseñanza si se quiere avanzar en el progreso:

12“El convencimiento de que la verdadera civilización viene de afuera y no es producto natural de los países, me ha conducido a considerar una necesidad: traer maestros competentes del extranjero para que vengan a ilustrarnos con sus conocimientos y experiencias18”.

13Hay conciencia en la necesidad de fomentar la enseñanza cívica y técnica. El gobierno de Emiliano Chamorro fundaría en 1917 la Escuela Nacional de Agricultura en la ciudad de Chinandega, con el fin de formar técnicos que “apliquen los métodos modernos de cultivo y movilización19”. También este gobernante haría una reforma curricular en la educación, incorporando a la formación educativa de los maestros, las prácticas artísticas. Además, introduciría los rituales patrióticos, conocidos como la Jura de la Bandera, el cambio de nombre del pueblo de Metapa por el del poeta Rubén Darío, dentro de un incipiente esfuerzo por estructurar un discurso y un imaginario identitario nacionalista, tomando en cuenta símbolos y episodios de la historia aglutinadores de una identidad aún dispersa20. Importante es destacar que en medio de la crisis política y económica que vive el país, las políticas de los gobiernos conservadores, en general, le darían continuidad a los programas impulsados durante el gobierno liberal de Zelaya, entre ellos, los relacionados con la educación. La nueva Constitución de 1911, en lo relacionado con la educación (título II, arto. 5), pese a tener una nueva redacción, en esencia preserva la libertad de culto contenida en la Constitución de 1905, con la salvedad hecha de que “no se opongan a la moral cristiana y al orden público21”. Las reformas educativas emprendidas por los gobiernos conservadores, contenidas en leyes y decretos, de 1911, 1915 y 1916, están dirigidas a la reglamentación y promoción de la educación formal (primaria y secundaria) y técnica, especialmente las destinadas a la mujer22. Una novedad de las políticas educativas en el segundo decenio del siglo XX, tal como lo señala Isolda Rodríguez, es la creación en 1914 de la renta escolar (reformada en 1917 con el título de “Ley creadora y reglamentaria del impuesto directo sobre el capital a favor de la instrucción pública23). Esta ley consistía en el establecimiento de impuesto a productos como el alcohol y el tabaco, con el fin de completar el presupuesto educativo, en un período de crisis económica y severas restricciones presupuestarias impuestas por los funcionarios norteamericanos que controlaban a través de la comisión mixta las finanzas del país. En el decenio del veinte y del treinta, las políticas educativas siguen su curso modernizador, tal vez no con el ritmo, sistematicidad y disponibilidad de recursos que en otros países del área centroamericana, pero sí con preocupación ante “una de las necesidades más vitales de la nación24”. Algunas políticas gubernamentales durante esta época revelan esa preocupación. Una de ellas es la contratación en febrero de 1920, por parte del gobierno de Emiliano Chamorro, del pedagogo norteamericano George T. Shoens, en calidad de “Consejero de enseñanza de la República de Nicaragua”, adscrito al Ministerio de Instrucción Pública25. La urgencia renovadora del sistema educativo durante los años veinte y treinta, y el peso que va teniendo el modelo cultural norteamericano en la sociedad nicaragüense, particularmente en la elite política y en sectores de la joven intelectualidad, puede explicar en parte el interés por el modelo educativo de ese país26. El informe presentado por el pedagogo Shoens, en diciembre de 1920 a las autoridades de Instrucción Pública, reconoce que las recomendaciones tienen como base el modelo organizativo norteamericano, donde “resume” el programa de High School “que podría muy bien adaptarse en Nicaragua27”. Para la educación primaria y normal, retoma experiencias sobre educación industrial y educación en el hogar del sistema educativo de Filipinas y Suiza28. Otra recomendación es la reestructuración del sistema administrativo de la Secretaría de Instrucción Pública, cuyo eje central es la interdependencia de las diferentes instancias, las cuales se agruparían en dos grandes áreas: la del Ministerio de Instrucción Pública (Ministro y Subsecretario) y la del Buró de Educación (Dirección General de Educación29). Algunas de las recomendaciones del pedagogo norteamericano fueron incorporadas al sistema educativo, especialmente al administrativo. Como antes se indicaba, la preocupación por mejorar el sistema educativo se enfrentaba — además de la carencia de recursos — a la escogencia de un modelo “exitoso” que contribuyera a los propósitos de desarrollo del país. Durante la estadía del pedagogo Shoens, la destacada educadora Josefa Toledo de Aguerri había sido enviada, en agosto de 1920, a Estados Unidos por el gobierno del general Chamorro ― como se dijo con anterioridad ― con el fin de conocer de cerca la experiencia educativa en los centros de estudios de ese país30. Es importante destacar el papel de doña Josefa en las iniciativas estatales en materia educativa, dado que ella representaba la conciencia de la educación en el país, y sus aportes a través de escritos y prácticas formativas (fundación de escuelas o enseñanza a generaciones de estudiantes) es esencial para la comprensión de la historia cultural durante la primera mitad del siglo XX. En marzo de 1929, el Dr. Juan Bautista Sacasa, Ministro Plenipotenciario de Nicaragua en Washington, por orientaciones del presidente José María Moncada, firma un contrato con los académicos y pedagogos residentes en Estados Unidos, la señora Juana Molina de Fromen y Gunnar Fromen31. La señora Molina trabajaría como Consejera educacional del gobierno de Nicaragua, y el señor Fromen, como profesor de Economía Política, Estadística e Idiomas. Su sueldo sería de 200 córdobas mensuales, desde el 31 de noviembre de 1929 hasta el 15 de julio de 1930. Durante los casi 8 meses de estadía en el país, ambos académicos se dedicaron a realizar talleres de pedagogía destinados a maestros, así como a impartir clases de educación física. La señora Molina era una apasionada de la pedagogía del norteamericano Dewey, y proponía dejar a un lado la enseñanza memorística, por la “pedagogía del hacer, de la acción”, de formar hombres prácticos32. A manera de conclusión es pertinente apuntar, que a partir de los últimos decenios del siglo XIX, se observa un progresivo interés entre los grupos que detentan el poder, por la configuración de una institucionalidad cultural formativa/educativa, debido, entre otras razones, a la necesidad de alcanzar la paz y el progreso material. Las exigencias en materia social y técnico generadas en gran parte por la dinámica de la economía agro exportadora y la creación de un incipiente mercado interno, llevaría a la elite al convencimiento de la necesidad de la creación, de manera progresiva, de las bases educacionales y culturales en general, convencidos de las implicaciones que este propósito tendría para la configuración consenso y hegemonía dentro del modelo de Estado en construcción.

Biblioteca, Museo y Archivo Nacional

14A principios del siglo XX, el Estado cuenta con instituciones que resguardan ciertas parcelas del patrimonio nacional. Creados en fechas distintas, a finales del siglo XIX: la Biblioteca Nacional (1880), el Archivo Nacional (1863, 1883, 1896) y el Museo Nacional (1897), son hijos de los esfuerzos de la elite política por construir el Estado-Nación, a como se venía haciendo en el resto de países o estados occidentales, teniendo como base las ideas positivistas de modernidad y universalidad aupadas por las concepciones liberales de la época33. Esas instituciones se hacían eco también de la necesidad de contar con una memoria que contribuyera a los esfuerzos que el Estado venía realizando en relación a la articulación de un relato histórico, centralizador, representativo de la nación. El diseño institucional privativo de la fundación de estos centros, estaría dada por una concepción excluyente, hegemónica, mediadora y justificadora de la diversidad étnica y cultural34. Esos esfuerzos institucionales esporádicos y discontinuos de políticas culturales emprendidos por el Estado, no tendrían la repercusión ni el eco que tal vez sí pudieron haber tenido en otros países del área, donde lo cultural y lo político se articulaban con mayor coherencia con la visión de nación entre la elite. Pese a cierta continuidad administrativa en el funcionamiento de estas instituciones (Biblioteca, Archivo y Museo Nacional) —estaban incorporadas al presupuesto del Estado— sus líneas de acción evidencian desconexión, desde el punto de vista orgánico, con los planes mediatos e inmediatos del gobierno central y con las acciones estatales en general35.

Archivo Nacional

15Como antecedente se puede señalar que el 14 de noviembre de 1863 el Presidente Tomás Martínez (1857-1867) emite un decreto presidencial donde se da a conocer la creación del Archivo General de Gobierno el cual estaría adscrito al Ministerio de Hacienda36. Situado inicialmente en Palacio Nacional, la institución carecería de una normativa clara que estableciera sus funciones, no obstante sus atribuciones, durante estos años iniciales serían las de administrar los archivos del ejecutivo. En abril de 1883 el Presidente Adán Cárdenas (1883-1886) sanciona un decreto presidencial donde se crea una oficina para el Archivo Nacional37. La novedad de este nuevo decreto es que además de reglamentar las funciones, define su naturaleza y fines como institución. La creación formal de una instancia estatal que ordena y resguarda títulos o documentos relacionados con transacciones mercantiles o de propiedad, se inscribe dentro del proceso de modernización institucional, de apertura comercial y comunicacional. Se debe de recordar que con desde el gobierno de Pedro Joaquín Chamorro Zelaya (1876-1879) comienza un proceso de reforma agraria que conllevaba la privatización de la tierra y el incentivo de la producción agro exportadora vinculada al café. El artículo primero es bien sugerente en cuanto a la jurisdicción o ámbitos a administrar por parte de la institución:

16“Componen el Archivo nacional: los libros, documentos y papeles correspondientes a los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial: los títulos de tierra expedidos a favor de Corporaciones, de Sociedades de cualquier carácter y de particularidades y cualquier otro documento que el Gobierno mande conserva en el establecimiento38”.

17Con el decreto emitido por el presidente Cárdenas, el Archivo Nacional queda bajo la jurisdicción del Ministerio de Instrucción Pública, anexándolo a la Biblioteca Nacional39. Según se desprende del reglamento, esta institución al estar adscrita a la Biblioteca Nacional ambas se encargarían de la catalogación, registro de documentos sin que se señale algún servicio público, aunque en el artículo 3º se deja la posibilidad de que cualquier persona puede “inspeccionar los documentos”, sin sacarlos de la institución40. Con la llegada de los liberales al poder, a finales del siglo XIX, el Archivo va a sufrir otra transformación, siempre en la búsqueda de adecuarlo al contexto cultural y político que vive el país. En julio de 1896, dentro de las políticas positivistas, modernizadoras, el presidente Zelaya emite un decreto presidencial, a través del cual crea una nueva institución estatal, denominada “Archivo General de la Nación41”. Uno de los propósitos era mejorar la atención estatal, proporcionando más recursos a la institución y centralizando las actividades que cumplía, ya que al estar adscrita a la Biblioteca Nacional, había dispersión de sus funciones, se desatendía la actividad documental en aras de la bibliográfica, por lo que se mantenía abandonado el Archivo42. Además, con la nueva reglamentación, se le imprimiría a la institución un carácter especializado (documental) e histórico. Este cambio de visión y misión haría que la nueva institución (Archivo General) pasara bajo la jurisdicción del Ministerio de Fomento43. El nuevo decreto de creación del Archivo General de la República, fue elaborado bajo la supervisión del historiador José Dolores Gámez por ellos tres aspectos se destacaban en el mismo como misión de la institución: la centralización de la documentación, el carácter histórico de la misma y la labor de difusión cultural. En este sentido, el artículo 2º del Archivo establece que el edificio con tres áreas: una donde “podrá concurrir toda clase de persona”, es decir para la visita del público; la otra para donde se “custodiarán todos los documentos del Archivo General; y la última donde “se establecerá el archivo judicial44”. Para 1930, el Archivo General de la Nación pasa al Ministerio de Instrucción Pública45. El terremoto de marzo de 1931 destruyó casi toda la colección del Archivo Nacional, poniendo en peligro la existencia de la institución. Algunos personajes notables con apoyo del gobierno hicieron un llamado público para reconstruir la colección del Archivo General de la Nación, haciendo recolecta de documentos en todo el país, e incluso a nivel internacional. El ministro de Instrucción Pública, Clodomiro Urcuyo, describe en el informe anual la situación de postración en que se encuentra esa institución, luego del terremoto:

18[El Archivo General] no consta más que de legajos que pudieron salvar del incendio. Se necesita rehacerlos, para lo cual es indispensable desarrollar una labor lenta (…) que demanda, además de gastos que no se encuentran en las partidas del presupuesto, principiando porque es exiguo el sueldo que devenga el empleado encargado del Archivo46”.

19Sin que se agote el tema, se puede observar que el Archivo Nacional o Archivo General de la Nación, pese al precario cuido, desde su fundación ha sido parte del proyecto cultual del Estado desde dos vertientes que se complementan. Una de ellas institucional, dado que al ser uno de los principales centros donde se resguarda la memoria material institucional, siguiendo a Rama, refuerza la estrategia legalista del ejercicio del poder de la elite. La otra es, como fuente para la construcción discursiva oficial desde la memoria histórica de la nación, la cual sería utilizada por historiadores como José Dolores Gámez, entre otros historiadores para construir uno de los primeros y más influyentes relatos de la nacionalidad.

El estado miserable de la Biblioteca Nacional

20Si bien la Biblioteca Nacional (1880), por sus características particulares de promotora cultural, era (y es) considerada un centro cultural, sus acciones institucionales seguirían siendo esporádicas durante el período en estudio. Su incidencia en la vida cultural era marginal, apenas proyectada por su oferta permanente de servicios de consulta bibliográfica. Un informe presentado en 1922 por el director de la biblioteca, Manuel Antonio Zepeda (1920-1923), da cuenta del “lamentable abandono” en que se encuentra47. No cuenta con un local propio y adecuado para las funciones de una biblioteca, los catálogos bibliográficos, mal copiados de México, Argentina y Uruguay, son deficientes en cuanto a la técnica, además de no contar con personal técnico calificado48. La asistencia total de usuarios entre julio y noviembre de ese año fue de 1,062 personas. El total de volúmenes con que contaba era de 7,265, además de 490 colecciones de publicaciones periódicas, y la única manera de ampliar la colección era por medio de canje con instituciones extranjeras49. En el informe anual de 1933 que envía Trini Medal, Directora de la Biblioteca, al ministro de Instrucción Pública, se quejaba de la carencia de presupuesto para hacer efectivos los compromisos de canje con instituciones o centros internacionales con quienes tienen convenios de esa naturaleza50. Pese a que no contaban con recursos para el envío de libros o revistas en calidad de canje, seguían recibiendo éstos de manera solidaria51. La biblioteca vivía de donaciones, tal como lo señala la directora en el informe de ese año, donde daba a conocer la ayuda recibida de países latinoamericanos, así como de la Unión Panamericana52. Luego, para sensibilizar a las autoridades de la importancia de esta institución y de la necesidad de destinarle más recursos, hace una relación comparativa de la cantidad de libros que el resto de bibliotecas nacionales de Centroamérica tenían con respecto a la de Nicaragua, siendo esta última la que cuenta con menos “piezas bibliográficas”: 62,000 Costa Rica; 20,000 El Salvador; 16,500 Guatemala; 23,000 Honduras y 10,000 Nicaragua53. La Biblioteca también organizaba conferencias y exposiciones artísticas en ocasión de las efemérides patrióticas. Esta acción institucional implementada por el director Manuel Antonio Zepeda, escritor y entusiasta promotor de la cultura, tenía la intención de estimular la asistencia de los estudiantes a la biblioteca, organizando conferencias o charlas sobre temas literarios o históricos54. En octubre de 1926, en ocasión del aniversario del descubrimiento de América, llamado “Día de la Raza”, se bautizaría uno de los salones de la Biblioteca con el nombre de “Salón Azul”, en homenaje a Rubén Darío. En esa ocasión se desveló un retrato al óleo hecho por el pintor Tránsito Sacasa55. Como se ha querido graficar en este bosquejo histórico de la Biblioteca Nacional, esta institución no escapaba de la condición precaria o casi abandono en que vivían el resto de instituciones culturales estatales durante los años anteriores a la llegada al poder de los Somoza. Pese a ello, su condición de centro de promoción cultural estatal era una referencia importante en la vida social y artística de la época. De hecho había un interés por promocionar a autores, escritores, artistas que promovieran la identidad nacional, por ello sus salones eran puestos a disposición para la celebración de efemérides que exaltaran los valores patrios. Además se organizaron secciones de autores nacionales, Galería de Próceres, y otras áreas documentales para motivar la asistencia de especialistas o de personajes notables al centro56.

Museo Nacional
Fundado en agosto de 1897, El Museo Nacional fue concebido como un proyecto que buscaba albergar una serie de colecciones de objetos antiguos encontrados en distintas épocas y que estaban en manos privadas; además, albergaría colecciones de animales disecados y de una variedad de plantas igualmente recolectadas por aficionados a la botánica y a la historia natural57. Adscrito desde sus inicios al Ministerio de Fomento, esta institución sería identificada desde comienzos del siglo XX como un proyecto quijotesco de una persona, el entusiasta y autodidacta don Dioclesiano Chaves58, quien a partir de 1904 sería su director, hasta su muerte, acaecida en 1936. Al igual que las otras instituciones, el Museo no disponía de un prosupuesto asignado, sino que dependía de las asignaciones del Ministro de Fomento y de la gestión del director de turno. El personal de la institución no pasaba de tres personas, incluyendo al director, a un bedel y a un asistente. Los informes anuales de esta institución reflejan la ausencia de planes a mediano y a largo plazos para la institución. Se percibe también la carencia de planes anuales, y, en general, se observa una institución que vegetaba en el abandono, aislada del resto de proyectos o iniciativas culturales que se venían desarrollando en el país59. El director Chaves o su hija Crisanta – quien asume la dirección del centro al fallecer don Dioclesiano — se quejaban con regularidad ante el Ministro, de las enormes carencias o limitaciones materiales en que vivía la institución, en relación con mobiliario y otros recursos, así como de la incomprensión del “público hacia el museo60”. Una estrategia utilizada por el director para ampliar las colecciones del museo y de su acervo bibliográfico fue enviar a instituciones extranjeras “duplicados” de especies de plantas, animales o insectos, y, a cambio, esas instituciones enviaban libros o catálogos de revistas especializadas61. Ese mecanismo de intercambio permitiría también que algunos prestigiosos especialistas en historia natural, etnólogos, arqueólogos y botánicos visitaran Nicaragua, tal fue el caso de Sapper y Lehmann.

Conclusiones preliminares

21Una de las dificultades en el proceso de institucionalización de los Estados en Nicaragua y en Centroamérica, ha sido la creación de una burocracia eficiente y un cuerpo legal efectivo. Las políticas públicas manejadas en muchos casos, de manera “improvisada” —en el mejor de los casos— ajustándose a las exigencias del nuevo orden internacional, buscaban crear un sentimiento de pertenencia colectiva a ese cuerpo abstracto que es la nación. En general, el proceso construcción histórica de la institucionalidad estatal, y en partícula lo relacionado con las políticas cultures, sigue siendo un aspecto al que todavía no se le ha dado la debida atención, por parte de los historiadores – tal es el caso de Nicaragua —que permita tener otra explicación alrededor de las dificultades, debilidades y fortalezas del Estado en la actualidad. Este breve trabajo es una introducción sucinta que busca poner en perspectiva el debate los esfuerzos estatales del gobierno de Nicaragua desde finales del siglo XIX, por darle una imagen de modernidad al estado con la creación de una serie de instituciones culturales. El contexto era propicio para esa urgente tarea de llenar vacíos burocráticos, legales e identitarios, dado el pragmatismo positivista que imperaba de la elite política e intelectual del país. El entusiasmo de los intelectuales y/o promotores nacionales por crear instituciones culturales a imagen y semejanza de la de los países del noroeste de Europa o Estados Unidos, era derrotado por la precariedad en el diseño de las políticas públicas y de los raquíticos presupuestos con que contaban los gobiernos de turno, quienes al final terminaban priorizando otros rubros.

notas de pie de página

221 El trabajo de Miller y Yudice tiene un enfoque de las políticas culturales como “marco de referencia”, de “creación” de ciudadanía; Véase Toby Miller, y George Yúdice, Política cultural, (Barcelona, España: Gedisa Editorial, 2004), pág. 13.

232 Klaas S Wellinga, Entre la poesía y la pared (política cultural sandinista, 1979-1990). (Ámsterdam: Thela Publishers 1994), pág. 16.

243 La idea de exclusividad de la cultura, la cual se expresaría en la necesidad de contar con un círculo de notables, intelectuales y promotores culturales sobre quienes recaería la labor cultural en el país, se puede observar en la presentación que hiciera el ministro Modesto Armijo en el informe anual del Ministerio de Instrucción Pública de 1937; Klaas S Wellinga, Entre la poesía. págs. 16-19.

254 José Joaquín Brunner, Políticas culturales de oposición en Chile. Materiales de discusión Núm. 78 (Santiago de Chile: FLACSO, 1985), pág. 6-8.

265 En este punto es importante destacar que si bien la elite intelectual y política producía rubros culturales que circulaban y se consumían, lo que más le interesaba no era ampliar la base productora del campo cultural, sino ampliar la base de consumidores y/o de receptores. Ese patrón se mantendrá, dado que la elite intelectual defenderá sus privilegios y su prerrogativa a dirigir la cultura, a dictaminar — como jueces — lo que debe entrar o no al canon.

276 Dentro de la concepción elitista de la cultura, se implementan programas educativos diferenciados para la ciudad y para el campo, para los estudiantes diurnos y los nocturnos, para colegios públicos y privados, con el fin de acentuar una clara jerarquización social y cultural, excluyente y discriminatoria. Ver los informes del Ministerio de Educación de los años treinta y cuarenta.

287 Manuel Antonio Garretón (coord), El espacio cultural latinoamericano (bases para una política cultural de integración) (Santiago: Chile, Fondo de Cultura Económico, 2003), pág. 30.

298 El vocablo “cultura” se asociaba a las actividades relacionada a las labores agrícolas de “cultivo”, y muy poco de manera analógica al proceso civilizatorio, de “gusto”, “educación” que las elites dominantes le darán y socializarán. Al respecto, Bourdieu explica de manera “científica”, esa relación, gusto-educación, y de la “cultura en el sentido de estado de lo que es cultivado y la cultura como acción de cultivar”. Pierre Bourdieu, La distinción. Criterios y bases sociales del gusto, (Madrid, España: Taurus, 2000), pág. 9.

309 Es interesante observar las publicaciones periódicas de la época donde muy poco se usa el vocablo cultura para designar el desarrollo de artístico y cultural de las personas o colectivos sociales. La mayoría de las veces al referirse a las expresiones artísticas nombran directamente el género artístico al que se refieren: “pintura”, “escultura”, “poema”, “novela”, “bellas artes”. Eso no significa que no lo usaran. Los mandatarios en sus discursos presidenciales muy poco usan el término cultura para referirse al desarrollo espiritual de la sociedad. Carlos Solórzano, en ocasión de su toma de posesión, al referirse al tercer aspecto de su programa de gobierno, el cual tiene que ver con la enseñanza pública, plantea que atenderá prioritariamente “la educación integral de las masas populares”, promoviendo la educación cívica en cada uno de los hombres y mujeres, y pide a los maestros a que “difundan las virtudes cívicas por la nación entera y se prepare así una vida colectiva que día a día eleve el nivel cultural del pueblo nicaragüense”.

3110 Acerca de la fundación del Ministerio de Instrucción Pública ya se da a conocer su organización, en el primer reglamento de Instrucción Primaria cuyo decreto está fechado el 20 de septiembre de 1877. Ver, reglamento de Instrucción Primaria, en Emilio Álvarez (comp.) Compilación de leyes de Instrucción Pública, 1876-1916 (Managua, Nicaragua: Tipografía Nacional, 1917), pág. 3-57.

3211 El texto útil para entender esos procesos de formación de ciudadanos a través del sistema educativo y de los textos escolares, es el trabajo de María Adelina Arredondo López, “La formación de los ciudadanos de la primera República Federal mexicana a través de los textos escolares (1824-1834)”, en Lecturas y lectores en la historia de México, coord. Carmen Castañeda García, et. al. (México D. F. México: CIESAS, El Colegio de Michoacán: Universidad Autónoma de Estado de Morelos, 2004), pág. 67-87,

3312 Véase Memoria del Ministro de Instrucción Pública de 1937, en la sección “Presentación”, 26-29 donde el Ministro Dr. Modesto Armijo hace alusión a esta situación.

34fn13.Véase W. W. Cumberland, Nicaragua: investigación económica y financiera (Managua, Nicaragua: Colección Cultural Banco de América, 1978) 41-47; Modesto Armijo hace un recuento histórico de la situación de la educación en Nicaragua, en el informe anual de 1937 del Ministerio de Instrucción Pública. Véase Memoria del Ministro de Instrucción Pública de 1937, “Presentación”.

3514 Véanse Miguel Ayerdis, Publicaciones periódicas, formas de sociabilidad y procesos culturales en Nicaragua (1884-1926) (Managua, Nicaragua: Banco Central de Nicaragua, 2004); también Victor Hugo Acuña Ortega, “Clases subalternas y movimientos sociales en Centroamérica”, en Tomo IV: Historia General de Centroamérica edit., Víctor H. Acuña O (Madrid, España: FLACSO, 1993).

3615 La educación nocturna para obreros empieza a implementarse en el último decenio del siglo XIX, con el gobierno de José Santos Zelaya. En febrero de 1906, el Congreso sanciona la reglamentación de las escuelas nocturnas, cuyo decreto es publicado en La Gaceta del 10 de marzo de ese mismo año. La Gaceta (en adelante se usará la abreviación G. O.) Nº 2778, 10-03-1906, pág. 10.

3716 Informe de Instrucción Pública de 1937, Ibid. También Cumberland, en su informe habla del monto del PIB que el gobierno destinaba a la Educación en los años veinte.

3817 Manifiesto del Presidente Juan J. Estrada ante Asamblea Constituyente en toma de posesión de la Presidencia de la República (Managua, 31 de diciembre de 1910), pág. 9-10.

3918 Ibid.

4019 La Escuela de Agricultura se mantuvo abierta por algún tiempo, se desconoce el impacto o beneficio de esta iniciativa en el sistema productivo del país. Mensaje del Presidente de la República, Emiliano Chamorro al Congreso Nacional, (15 de diciembre de 1917), pág. 10-13.

4120 Véase Miguel Ayerdis, “Las celebraciones de la Promesa de la bandera y Semana de la Patria o la invención del discurso de la nación (1941-1978)”, Revista de Historia (Nicaragua) N° 20-21 (2006), págs 137-153; también sobre los decretos que instituyen las celebraciones de la Jura de la bandera, G. O. Nº 198, 03-09-1917, 6; G. O. Nº 230, 13-10-1917, 5. La noticia periodística de El Diario Nicaragüense, titulada “Ciudad Darío” del 27 de febrero de 1920, da cuenta del júbilo de los pobladores de Metapa por el cambio de nombre del pueblo por el de Ciudad Darío.

4221 Antonio Esgueva, (comp.), Las constituciones políticas y sus reformas en la historia de Nicaragua, (Managua, Nicaragua: 2000, Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica/IHNCA, Universidad Centroamericana), Documento Nº 85, 87.

4322 Si bien los gobiernos conservadores sancionaron un nuevo reglamento y un nuevo programa educativo, en muchos aspectos retomaban el modelo implementado durante el gobierno liberal de Zelaya. Ver G. O. Nº 390, 23-11-1911; Para el Reglamento de Escuelas Primarias, G. O. Nº 31, 06-02-1915, 12; para el Plan de Estudios de Bachiller, G. O. Nº 132, 12-06-1916, pág. 8.

4423 Véanse Isolda Rodríguez, Historia de la educación en Nicaragua: Restauración conservadora (1910-1930), (Managua, Nicaragua: Hispamer, 2005), pág. 62; George T. Shoens, Informe sobre el sistema escolar vigente (Un estudio preliminar e indicaciones para su reorganización). (Managua, Nicaragua: Ministerio de Instrucción Pública, 1920), pág. 48-49.

4524 Sobre este tema ver la amplia presentación que hiciera el Ministro de Instrucción Pública, Dr. Modesto Armijo, y publicado en la Memoria del Ministro de Instrucción Pública 1937, donde hace un diagnóstico histórico de la situación de la educación en el país. Ver sección, “Presentación”, págs. 9-185.

4625 George T. Shoens, Informe sobre el sistema escolar, págs. 48-49.

4726 Véase Isolda Rodríguez, Historia de la educación, pág. 95; Victor Bulmer-Thomas, La Economía Política de Centroamérica desde 1920 (San José, Costa Rica, BCIE- EDUCA, 1989) págs. 8-11.

4827 George T. Shoens, Informe sobre el sistema escolar, págs. 48-49.

4928 George T. Shoens, Informe sobre el sistema escolar, págs. 52-69.

5029 George T. Shoens, Informe sobre el sistema escolar, pág. 54.

5130 Artículos publicados inicialmente en la Revista Femenina Ilustrada por entrega en 1920, compilados en forma de libro en 1926 con el título “Al correr la pluma: crónica de viaje para Revista Femenina Ilustrada”. Sobre su experiencia educativa entre 1907 y 1928, véase Josefa T. de Aguerri, Puntos críticos sobre la enseñanza nicaragüense (1907-1928), (Managua, Nicaragua: Imprenta Nacional, 1933).

5231 Memoria del Ministro de Instrucción Pública de 1929, “Exposición”, legajos Nº 6, 102 y Legajo N° 7, 167.

5332 Ibíd. Sobre la teoría pedagógica de Dewey, véase T. W. Moore, Introducción a la teoría de la educación, (Madrid, España: Alianza Editorial, 1983), pág. 59-61.

5433 Las filosofía positivistas y su impacto en las ideas de progreso, en Nicaragua y el resto de Centroamérica han sido poco estudiadas por los historiadores hasta hoy día. No obstante se sabe que muchos intelectuales y políticos liberales abrazaron con entusiasmos esa idea, dado que con ella se justificaban ciertas prácticas autoritarias, discriminatorias, al hacer suya la tesis de que “el crecimiento económico y la prosperidad tenían que preceder a la verdadera democracia”. Un estudio pionero sobre este tema para Centroamérica es el de Ralph Lee Woodwward, Jr. “Pensamiento científico y desarrollo económico en Centroamérica, 1860-1920”, RCPC (Nicaragua) N° 172-173 (junio-diciembre de 1981), pág. 72-86. Los decretos que fundamentan legalmente la constitución de la Biblioteca Nacional, entre otros, son: Decreto del 4 de marzo de 1871, mandando establecer bibliotecas nacionales. Ministerio de Hacienda, G. O. Nº 13, 01-04-1871, 7.; G. O. Nº 319, 26-08-1897, 1; la reglamentación de sus funciones están sustentadas en los decretos Nº 19, publicado en G. O. del 13-03-1875, 8; el decreto Nº 10 publicado en G. O. del 28-02-1880, 5; en el caso del Archivo Nacional, según el Boletín del Archivo Nacional, Nº 2, el presidente Tomás Martínez, emitió un decreto Presidencial, fechado 14 de noviembre de 1863, donde manda a crear el Archivo General de Gobierno. No se da cuenta si fue publicado en el diario oficial; para el año de 1883 se reglamentan las funciones del Archivo, ver decretos: Nº 16, en G. O. del 28-04-1883, 8; para el Museo Nacional: decreto Nº 319 publicado en G. O. 26-08-1897, 3; decreto Nº 437, G. O. 19-01-1898, 2.

5534 Renato Ortiz habla de patrón (Pattern) cultural opuesto a estandarización, en sociedades donde convergen y coexisten una diversidad de expresiones culturales en un contexto de hegemonización. Ver Renato Ortiz, Mundialización y cultura, (Bogotá, Colombia: Convenio Andrés Bello. 2004), págs. 39-41. También, Anderson plantea que la construcción de la Nación es un artefacto cultural creado por una clase particular. Benedict Anderson, Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo (México D. F., México: Fondo de Cultura Económica), pág. 21.

5635 El análisis del funcionamiento y proyección de la Biblioteca, del Archivo y del Museo Nacional indica, de manera general, ausencia de planes en el mediano y el largo plazos, y una desconexión con los planes nacionales en materia educativa y cultural del país. En los informes anuales del Ministerio no se especifica el monto destinado a cada institución, aunque sí se indican gastos relacionados con el salario e infraestructura.

5736 Véase Boletín Informativo del Archivo Nacional, Nº 2, (1983): pág. 4.

5837 G.O. Nº 16, 28-04-1883, págs. 137-138.

5938 Ibid; también véase Boletín Informativo del Archivo Nacional, pág. 4.

6039 Ibíd.

6140 G. O. Nº 16, 28-04-1883, pág. 137

62fn41 G. O. Nº 36, 19-07-1896, págs. 1-2; ver Boletín Informativo del Archivo Nacional, págs. 4-5.

63fn42 Ibid.

6443 Ibid.

6544 G. O. Nº 36, 19-07-1896, págs. 1-2.

6645 Véase Memoria de Instrucción Pública de 1930, “Exposición”, X-XI.

6746 Véase Memoria de Instrucción Pública de 1930, “Exposición” y Legajo Nº 9, pág. 12.

6847 Véase Memoria del Ministro de Instrucción Pública de 1922, Legajo N° 7, págs. 252-256.

6948 Informe de Instrucción, 1922, Ibíd.

70fn49.Véase Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1922, Legajo Nº 9, pág. 135.

7150 Véase Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1933, legajo Nº 9, pág. 110.

7251 Véase Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1933, Legajo Nº 9, pág. 112.

7352 Ibíd. Legajo Nº 9

7453 Ibid. Legajo Nº 9.

7554 Jimmy Alvarado Moreno, Historia de la Biblioteca Nacional “Rubén Darío” (Managua, Nicaragua: Instituto Nicaragüense de Cultura, 2001), págs. 53-54.

7655 Ver Nicaragua Informativa, “Día de América”, 18 de octubre 1926, 1.

7756 Alvarado, págs. 73-75.

7857 Una biografía de Don Dioclesiano Chaves, figura relevante en la fundación de esta institución, fue publicada en 1997 por el Instituto Nicaragüense de cultura; ver Orient Bolívar Juárez, Biografía: Dioclesiano Chaves, el naturalista de Nicaragua (Managua, Nicaragua: Nuevo Signo, Instituto Nicaragüense de Cultura, 1997).

7958 Ibíd. 23.

8059 La revista Suplemento Nº 156, del 15 de noviembre de 1936, a escasos veinte días de la muerte de don Dioclesiano, llama a las autoridades estatales a modernizar la institución, eligiendo a una persona con las calidades técnicas y científicas necesarias para llevar a cabo dicha tarea.

8160 Ver Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1918, Legajo Nº 5, pág. 87.

8261 Juárez, págs. 19-20; Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1926, Sección, “Museo Nacional”, págs. 57-61.

83

Para citar este artículo :

Miguel Ayerdis, « La cultura en Nicaragua: un balance de su desarrollo a finales del siglo XIX e inicios del XX », Boletín AFEHC N°43, publicado el 04 diciembre 2009, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2318

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.