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AFEHC : bibliografia : ¿Todo bajo control? Conflictividades históricas en Patzún, Chimaltenango, 1821-1996 : ¿Todo bajo control? Conflictividades históricas en Patzún, Chimaltenango, 1821-1996

Ficha n° 2334

Creada: 28 febrero 2010
Editada: 28 febrero 2010
Modificada: 28 febrero 2010

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Autor de la ficha:

Jean PIEL

Editor de la ficha:

Emilie MENDONCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

¿Todo bajo control? Conflictividades históricas en Patzún, Chimaltenango, 1821-1996

Reseña y reflexión acerca del trabajo dirigido por Klaartje Brys y Maria Victoria García en la colección de Cuadernos de Investigación de Avancso, entre historia local y nacional.
531
Palabras claves :
Historia local, Agricultura, Guerra, Ejército, Indígenas, Guatemala, Ladinos
Categoria:
Libro
Autor:

AVANCSO

Editorial:
AVANCSO
Fecha:
2008
Reseña:

1Si el destino de Guatemala dependiera del número de estudios de sus realidades sociales en la gran tradición de los case studies norteamericanos, este país se hubiera convertido hace mucho tiempo en lo que soñaban los viajeros encantados del siglo XIX: el paí­s del quetzal y de la eterna primavera.

2Pero ésa no era la meta de estos estudios, dedicados ante todo a establecer el diagnóstico más detallado posible (de ahí su valor descriptivo, incluso a posteriori) de las comunidades rurales presentadas como indí­genas. Tanto la oligarquí­a pudiente guatemalteca como el Departamento de Estado estadounidense podí­an temer que dichas comunidades entraran a su vez (como, antes, las mexicanas) en un proceso revolucionario con motivo del intento de reforma agraria implementado por el presidente Jacobo Arbenz en 1953-54. En el ambiente de la Guerra Fría que entonces dominaba, la mayorí­a de estos estudios (y, más especialmente, los que publicaba el Seminario de Integración Social en Guatemala), sólo eran la primera etapa exploratoria de una estrategia más global de social change, promovida sobre todo por la administración Kennedy a principios de los años 1960. Aunque se destinaba fundamentalmente a luchar contra lo que se consideraba como un « peligro comunista » que amenazaba América Central, esta estrategia del social change compartía con los análisis marxistas la siguiente idea: luchar contra un enemigo exclusivamente en el ámbito ideológico y militar no era suficiente si, paralelamente, no se enfrentaba el subdesarrollo en el cual viví­a la mayorí­a de la población rural guatemalteca, un subdesarrollo que no podía sino empujarla a elegir las soluciones más radicales.

3Como otros tantos pueblos de Guatemala, en Patzún también se aplicó esta estrategia, lo que hace todaví­a más útil el presente estudio que acaba de publicar AVANCSO, puesto que, al intervenir después de que todo eso haya pasado, nos permite hacer un interesante balance. El primer mérito de este estudio es su capacidad para describir este municipio de manera sociológica y, sobre todo, su habilidad para hacerlo inteligible gracias a la explicación histórica, reconstruida tanto a raíz de archivos como de testimonios de actores sobrevivientes. Esto, de paso, nos permite averiguar una vez más los desfases entre la memoria escrita y la memoria oral. La primera, aun cuando es oficial en la mayorí­a de los casos, permite registrar hechos y datos, mientras que la memoria oral sólo conserva, acerca de los acontecimientos considerados como cruciales tales como el golpe de estado contra Arbenz en 1954, la reafirmación del control del ejército sobre el pueblo después del temblor de 1976 y las terribles represiones de los años 1981-1982, recuerdos más borrosos o, al contrario, tan vivos y dolorosos que están voluntariamente reprimidos o auto-censurados.

4Segundo mérito de este estudio: los beneficios que saca precisamente de este planteamiento histórico. Sin éste, esta monografí­a de un municipio guatemalteco, después de tantas otras de la misma í­ndole, se hubiera conformado, como demasiados estudios, con observar la oposición existente entre la mayoría indígena y la minoría de los ladinos que la explotaba y la despreciaba desde remotas épocas, y hubiera hecho de esta oposición un principio explicativo. En lugar de esto, gracias a su enfoque histórico, intenta explicar esta oposición no como un hecho natural, sino como el resultado (discutible) de un largo proceso. Así­, con toda la razón, las autoras sitúan el origen de la oposición ladinos/indí­genas en el apartheid instituido después de la Conquista entre la República de Españoles y la República de indios y sus reducciones. Y la agravación de la situación se remonta a la Independencia del país, cuando las nuevas leyes republicanas desembocaron en la expulsión progresiva de las antiguas comunidades indígenas heredadas del período colonial y entonces privadas de su existencia constitucional, de sus tierras comunales, y de una representación deliberativa dentro de los nuevos municipios. En efecto, creados para controlar, estos municipios fueron rápidamente dominados y monopolizados por las familias ladinas más influyentes, aliadas locales de los poderes centrales inspirados por la economí­a liberal, pero con prácticas polí­ticas dictatoriales ejercidas casi sin discontinuidad de 1871 a 1944.

5Sin embargo tres puntos hubieran merecido más explicaciones en esta reconstitución exitosa del génesis del racismo anti-indígena en Patzún y en Guatemala:

61/ ¿Mediante qué mecanismos estos petits blancs o asimilados (los ladinos), inicialmente excluidos por las Leyes de Indias de cualquier derecho de residencia en el seno de las reducciones indí­genas, finalmente consiguieron introducirse en ellas durante el período colonial, tanto en Patzún como en los demás lugares?

72/ ¿En qué medida, detrás de los abusos anti-indígenas de los regímenes dictatoriales que dominaron desde 1871 hasta 1944, podemos percibir la influencia de un capitalismo latifundista en búsqueda de una mano de obra flexible y barata? ¿Los indí­genas de Patzún también habrán sido sometidos masivamente a las deportaciones laborales hacia las plantaciones de la costa pacífica, primero bajo el régimen colonial de los mandamientos y luego bajo el régimen seudo-contractual de la habilitación? En la medida en que los ladinos se salvaban de estas obligaciones, estos mecanismos también debieron contribuir fuertemente a alimentar los rencores entre las dos comunidades en los siglos XIX y XX. ¿Habrá sido lo mismo en Patzún, especialmente cuando el dictador Ubico edicta su Ley de Vagancia que afecta a los campesinos sin tierra y sin protección clientelar (por casualidad, ¡indígenas!), considerados como culpables de delito de vagancia?

83/ Último punto: antes de que, a partir de los años 1950-1960, la Acción Católica y la Democracia cristiana se instalaran en Patzún, ¿no existían ya contradicciones serias dentro de la misma comunidad ladina – que queda presentada aquí, a pesar de todo, como una entidad todavía homogénea frente a la comunidad indígena? Y si es así, ¿cuáles serían estas contradicciones? ¿Explicarían lo que pasó después – y especialmente el hecho de que las primeras guerrillas organizadas en contra del orden establecido estuvieran aquí dirigidas primero por ladinos, y no por indígenas?

9El tercer mérito de este estudio (una de sus principales metas, claramente afirmada en la introducción y la conclusión), es el preguntarse si los objetivos desarrollistas aparentemente compartidos desde los años 1960 por los diferentes intervencionismos que, desde fuera, pretendieron barajar la situación en Patzún (la Acción Católica y sus asesores en social change después de 1960, las ONGs y movimientos evangelistas después del temblor de 1976, el ejército convertido a la doctrina « Seguridad y Desarrollo » después de 1982) no pretendían primero y ante todo lograr el progreso material y moral de sus habitantes, o mejor dicho el enrolamiento de las almas y cuerpos para evadir el riesgo de adhesión a la guerrilla de los civiles, cuyos comportamientos ya empezaban a evolucionar (hasta tal punto que desde 1872 se elegían alcaldes municipales indígenas entre los cuales el primero – en 1978 – fue sospechado de simpatías por el Partido Guatemalteco de los Trabajadores). De tal modo que, después de 1976, mientras los catequistas o « reborn » se reunían para convencerse de que el Espíritu Santo había bajado entre ellos o que el « Cristo es el Señor de Guatemala », el ejército iba tejiendo su red en Patzún, con sus espías y delatores, sus PAC (Patrullas de Acción Civil), sus Comités de Acción civil y luego, en 1982, su Comisionado Militar impuesto a la fuerza en lugar del Alcalde electo. Todo esto a costa, por supuesto (como fue el caso para el ejército francés durante la guerra de Argelia) de un ejercicio masivo y sistemático del terror, para sentar ejemplos. El balance en Patzún, cuando por fin se puede evaluar a raíz de los acuerdos de paz de 1996, oscilaría según las fuentes entre 100 y 300 muertos (de los cuales 30 a 90 cadáveres de torturados), 100 a 300 desaparecidos, el 85% de las infraestructuras de la cabecera y de las aldeas destruidas… y memorias traumatizadas por mucho tiempo por episodios parecidos al que acontece esa mañana de 1982 en la aldea de Xejolon cuando, por denunciación de una conivencia entre la población y las guerrillas, miembros de las PAC y militares reúnen a los habitantes, fusilan a unos veinte, separan a las jóvenes de menos de quince años para violarlas e incendian las casas antes de irse.

10Y con todo eso, ¿qué hay de los cambios sociales prometidos? Dejados a iniciativa y bajo responsabilidad de actores de aparente buena voluntad (promotores desarrollistas, civiles o militares; lí­deres cooperativistas; ONGs), pero bajo estrecho control del ejército, sobre todo despues de 1976, los cambios se dieron. Pero según un modelo tal que no se parecieran bajo ningún concepto a una revolución o siquiera a una reforma agraria que, al perturbar las tradicionales relaciones sociopolíticas de poder, haría la situación incontrolable, como en tiempos de Arbenz. Con lo cual los únicos verdaderos cambios se limitan al sector agrí­cola, y sólo se aplican a esta parte de la población que está de nuevo bajo el control directo de los militares. Se conforman con promover la transformación de los minifundios tradicionales de subsistencia, productores de maíz y frijol, en pequeñas propiedades productoras de culturas no tradicionales (frutas y verduras, particularmente brócoli y guisantes), que se comercializan en los mercados urbanos de consumo en plena explosión demográfica y mesocrática. En este juego de la transición dirigida y asistida hacia una agricultura comercial especulativa, y contra prejuicios racistas seculares, una parte bastante importante de los agricultores indígenas de Patzún – por lo menos los que no están en el punto de mira de los militares -, de manera individual o mediante nuevas tradiciones cooperativas, manifiesta cierta habilidad, puesto que consigue no sólo elevarse hasta una honesta mediocridad, sino que incluso, según las autoras, logra enriquecerse suficientemente para volver a comprar y beneficiarse de casi la mitad de las tierras que estaban antes en manos ladinas.

11Después de una guerra de más de cuarenta años (de 1954 a 1996) que alcanzó su clí­max de crueldad a principios de los años 1980, las teorías del social change que el ejército guatemalteco adoptó y adaptó después de 1976 en la “continuación de la guerra por la política“ (General Gramajo, 1986), acabaron siendo tanto más eficaces cuanto que habí­an sido concebidas para eso: poner el desarrollo al servicio de la seguridad, y no el contrario. ¿Cómo aparecen estas teorías, a posteriori, en el caso de Patzún? Como una ilustración ejemplar del dicho de Tancredo, el sobrino del Guepardo de Giuseppe di Lampedusa, quien declaraba, justo antes de ir a unirse a las camisas rojas de Garibaldi: « Es necesario que todo cambie, para que no cambie nada ». En efecto, ¿qué ha cambiado en Patzún desde los años 1950-1960? Pese a las destrucciones de la guerra, la población y el nivel de escolarización han seguido aumentando, igual que el producto municipal interior bruto, gracias a la reconversión de la pequeña agricultura a las culturas comerciales, un hecho digno de mencionar. Pero ¿qué pasa con la estructura global interna de los equilibrios y de la conflictividad de los poderes internos, eje principal anunciado en el subtí­tulo de esta monografí­a? Desde luego, la vieja oposición heredada del período colonial entre élite ladina y masa indí­gena ha menguado: algunos ladinos perdieron sus tierras, el monopolio del poder municipal, su arrogancia e incluso debieron abandonar la zona para emigrar hacia la ciudad, mientras una nueva élite emergente, antes indí­gena, ha prosperado y accedido a la alcaldía con el apoyo de un pequeño campesinado comercial y/o cooperativista, antes minifundista o proletarizado sin tierra (los colonos).

12Todo esto no impide que estos campesinos convertidos a esta nueva agricultura comercial estén a partir de entonces estrechamente dependientes de los dueños del mercado crediticio. Porque en esa Guatemala supuestamente “retornada a la democracia“ desde 1996, no es un secreto que la oligarquía empresarial y financiera, favorecida por la expansión del mercado interno promovida por las estrategias de social change desde 1960 (y desde entonces más rica y más dependiente que nunca del capital internacional globalizado), está en situación de atrapar el campesinado de Patzún en sus redes de control mercantil y bancario. En efecto después de las primeras euforias de las fundaciones de cooperativas y de contratos de arranque, el pequeño productor, para las siembras, el material, las herramientas y anticipos sobre ventas, tiene que acudir a los organismos de préstamo. Y ahí es cuando, por supuesto, queda asfixiado. Uno de ellos, entrevistado por la investigadora, dice así: « nos hemos convertido en meros colonos (meros trabajadores agrí­colas) en nuestras propias tierras ». Lo que significa que la vieja oposición entre ladinos e indígenas acabará siendo sustituida (si el proceso no ha empezado ya) por la oposición entre neo-ladinos (que antes eran indí­genas dichosos) y pequeños agricultores endeudados o neo-proletarizados, destinados en el futuro a emigrar hacia la ciudad, México y los Estados Unidos, si no cambia la situación.

13Con prudencia, las autoras formulan su tí­tulo como un interrogante. Al leer su trabajo, hay que admitir que tienen la razón: el preguntar si en el 2010, tanto para Patzún como para el resto de Guatemala, se puede decir que « todo está bajo control », no trae sino una respuesta, sin duda, incierta.

14 Jean PIEL ( Professeur émérite de l’Université Denis Diderot-Paris VII)

Fuentes :

http://www.avancso.org.gt/index_publicaciones.php?id*2&pub*162

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