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AFEHC : articulos : La Guerra de las Cien horas: La historia y el mito 40 años después : La Guerra de las Cien horas: La historia y el mito 40 años después

Ficha n° 2372

Creada: 27 marzo 2010
Editada: 27 marzo 2010
Modificada: 15 enero 2011

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Autor de la ficha:

Carlos PÉREZ PINEDA

Editor de la ficha:

David DíAZ ARIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La Guerra de las Cien horas: La historia y el mito 40 años después

El autor del ensayo considera que la memoria colectiva del conflicto armado entre Honduras y El Salvador en 1969 ha sido conservada de manera desigual en ambos países a través de tres vertientes: la académica, la mediática y la historia militar. A pesar de constatar la existencia de contradicciones y tensiones ineludibles entre las tres vertientes del recuerdo de la llamada Guerra de las Cien Horas, el autor propone una colaboración, basada en un diálogo respetuoso, entre académicos, cronistas mediáticos y militares para entender mejor los acontecimientos de 1969.
Palabras claves :
Memoria colectiva, Memoria académica, Memoria mediática, Militares, Nacionalismo
Autor(es):
Carlos Pérez Pineda
Texto íntegral:

1El presente ensayo propone una reflexión, en el marco del cuarenta aniversario del conflicto honduro-salvadoreño de 1969, sobre las diversas maneras en que el recuerdo de dicho acontecimiento ha sido conservado en la temporalidad. Haciendo particular énfasis en la memoria militar, el ensayo aborda también algunos de los problemas que es necesario considerar al integrar la perspectiva de la historia militar al análisis del conflicto.

2Las representaciones del conflicto entre Honduras y El Salvador forman, en diferentes grados de importancia, parte de la memoria colectiva en ambos países. Cuarenta años después del cese de fuego que finalizó el conflicto armado, es preciso hacer una revisión crítica de las versiones del conflicto producidas en ambos países, con el propósito de someterlas a un análisis que permita elaborar nuevas interpretaciones de tan importante episodio despojadas de sesgos nacionalistas.

3TRES VERTIENTES DEL RECUERDO1

4En los últimos cuarenta años, la guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador ha sido recordada de diferentes maneras y desde perspectivas distintas. Es posible identificar tres vertientes que han contribuido a mantener el recuerdo del conflicto hasta nuestros días:

51.- Los estudios académicos que, básicamente, han hecho énfasis solamente en los aspectos estructurales del proceso.

62.- Los medios de comunicación, creadores y difusores de la mayoría de los mitos populares vigentes sobre la guerra, orientados a la exaltación del heroísmo desplegado en la defensa de los intereses de la nación.

73.- La Historia Militar escrita por militares, en servicio activo o en condición de retiro, con una narrativa muy formalizada de los acontecimientos militares orientada a la exaltación de las virtudes patrióticas y profesionales de la institución castrense.

La memoria académica

8La Guerra de las Cien Horas es un acontecimiento que ha recibido escasa atención en los medios académicos de la región centroamericana. La literatura académica sobre el conflicto no es abundante y en ella los contextos socio-económicos del conflicto han recibido mayor atención que los aspectos socio-políticos. La guerra no ha sido considerada como objeto de investigación académica, como si el impacto de la misma en los contextos sociales y políticos que la originaron careciera de importancia. El enfoque de la obra en idioma español sobre el conflicto más conocida en los medios académicos centroamericanos, La Guerra Inútil, es eminentemente socioeconómico y pretende básicamente poner de relieve los condicionantes estructurales de la crisis que originó la guerra, como si el análisis socioeconómico, por sí solo, bastara para explicar la totalidad de un acontecimiento histórico restándole importancia a su elemento definitorio: la guerra2. En términos generales, la literatura académica del conflicto permite únicamente establecer los antecedentes de la confrontación y reconstruir el desarrollo de la crisis política que derivó en violencia interestatal en julio de 1969. Las interpretaciones académicas del conflicto han inspirado a ciertos actores a esbozar lo que podría ser considerada una contra-memoria de la guerra.

9¿EXISTE UNA CONTRA-MEMORIA DE LA GUERRA3?

10Las memorias nacionales de la guerra honduro-salvadoreña están constituidas por imágenes del pasado que no son el resultado de procesos de memoria caracterizados por la confrontación e impugnación. La memoria oficial de la guerra ha sido débilmente contestada e impugnada por versiones de izquierda, intelectual y estudiantil, que fundamentalmente han encontrado sus argumentos en la memoria académica del conflicto. La contra-memoria inspirada en el marxismo considera como única guerra justa e inevitable a la guerra de los explotados contra sus explotadores y, en consecuencia, concibe a la guerra de 1969 como un acto ilegítimo de violencia causado por una conspiración de las clases dominantes de ambos países para desviar la atención de las masas trabajadoras hacia problemas ajenos a sus intereses de clase. Los principales argumentos de una contra-memoria del conflicto de 1969 serían los siguientes: la guerra fue una contienda inútil entre oligarquías nacionales, los pueblos fueron engañados e instrumentalizados por las elites privilegiadas de ambos países, la guerra demostró la ineptitud y corrupción de los militares de ambos bandos; en el caso hondureño, la participación popular en la defensa de la soberanía salvó a la nación evitando una bochornosa derrota de los militares y, finalmente, el verdadero enemigo de ambos pueblos es el sistema capitalista que los mantiene en la miseria4. Los insurgentes armados salvadoreños y sus intelectuales orgánicos se limitaron, en la década de 1970, solamente a destacar la postura inconsecuente del Partido Comunista Salvadoreño (PCS) durante el conflicto de 1969 como una evidencia contundente de la necesidad de una alternativa revolucionaria armada sin mostrar mayor interés en una reinterpretación del conflicto como base de una contra-memoria, probablemente debido a que la institución militar tampoco había mostrado especial interés en perpetuar el recuerdo de la guerra.

11A pesar de cierto grado de difusión, discontinua en el tiempo y básicamente restringida a los medios académicos de los principales centros urbanos de ambos países, la existencia de un discurso alternativo de la guerra no ha alentado una lucha abierta en el espacio público por la posesión e interpretación de dicha memoria.

La memoria mediática

12El surgimiento de una sociedad mediática tiene un importante impacto en la creación y continuidad de las representaciones del pasado. La conmemoración de los acontecimientos de 1969 ha tenido un espacio privilegiado en los principales medios de comunicación, particularmente en los medios de prensa escrita.

13La memoria colectiva mediática, en el sentido de que es mantenida y transmitida por los medios de comunicación de masas, es una memoria coyuntural (conmemoraciones, aniversarios), ritualística, asociada a una narrativa que desprecia el rigor en el manejo de las fuentes, que exalta a la institución militar (defensora de los derechos humanos de sus connacionales víctimas de genocidio en territorio extranjero o defensora de la soberanía e integridad territorial vulneradas por el enemigo invasor) y al pueblo depositario de todas las virtudes morales. El desprecio a la fuente es un rasgo recurrente muy problemático de la construcción mediática de la memoria. Pareciera que el propósito principal de la memoria mediática no es informar ni buscar “la verdad” en los vestigios documentales del pasado (en una memoria colectiva potencial), sino “compartir” un recuerdo corregido y ajustado en el presente haciendo, en la mayoría de las veces, caso omiso de la prueba documental. En la memoria mediática predomina un elemento discursivo muy básico que simplifica la lectura de los orígenes y el desarrollo del conflicto para un consumidor que no se caracteriza por altos niveles de escolaridad.

14Los procesos de recepción de la memoria colectiva pueden desarrollarse de maneras muy complejas e inesperadas. Las representaciones del pasado creadas por los medios de comunicación, en especial por la prensa escrita pueden ser ignoradas, provistas con nuevos contenidos o entendidas en un sentido diferente al deseado. Asumir que los individuos y los grupos sociales integran una comunidad interpretativa que percibirá de manera similar las representaciones del pasado histórico producidas por los medios de comunicación y asumirá pasivamente una determinada identidad histórica es un presupuesto muy dudoso. La posibilidad de que textos, imágenes, monumentos, etc., construidos para generar identidades colectivas arraigadas en el pasado histórico de la nación, puedan ser consumidos por grupos demasiado pequeños y políticamente insignificantes o que tales representaciones puedan ser ignoradas u olvidadas rápidamente sin haber logrado configurar en grupos significativamente grandes de individuos los elementos de una memoria colectiva, es una posibilidad real que puede ser constatada haciendo referencia a casos importantes de memoria colectiva fallida como por ejemplo la memoria de la guerra de Corea en los Estados Unidos de América5. La memoria colectiva de la guerra de 1969, “la Guerra de Legítima Defensa” tal y como es denominada en el seno de la Fuerza Armada salvadoreña (FAES), también puede ser considerada actualmente como una construcción fallida, confinada institucionalmente dentro de las murallas de los cuarteles de la Fuerza Armada salvadoreña, debido fundamentalmente a que carece de valor de uso político en el presente6. La intensidad del recuerdo del conflicto con Honduras experimentó una tendencia decreciente a medida que las consecuencias de la ruptura definitiva de la unidad nacional se fueron manifestando en el tiempo hasta prácticamente desaparecer en el torbellino de la crisis política gestada en la década de 1970 con el fracaso del reformismo militar, la pérdida de legitimidad del autoritarismo castrense y el desarrollo de las insurgencias izquierdistas. La memoria del sangriento conflicto interno de las décadas de 1970 y 1980, todavía divida y antagónica, posee, por el contrario, un valor de tipo político recientemente constatado en la campaña electoral para elegir presidente de la república, diputados a la asamblea legislativa y alcaldes municipales, en la que poderosas fuerzas situadas a los extremos del espectro político nacional, activas en el presente y aparentemente interesadas en que la sociedad salvadoreña continúe en conflicto consigo mismo, han hecho uso de las representaciones de ese pasado para avanzar sus posiciones en la escena política7.

15A diferencia del olvido persistente que es la memoria salvadoreña de la guerra de 1969, la memoria hondureña, sobre todo en su vertiente mediática, es un recuerdo conmemorativo insistente que, inclusive, tiende a la sobresaturación con una colección de lugares comunes. Parece ser que la memoria de la guerra de 1969 ha fortalecido el sentimiento de identidad colectiva en Honduras en relación al vecino salvadoreño.

La memoria militar

16Tanto en El Salvador como en Honduras la historia de la guerra de 1969 ha sido objeto de atención por parte de militares, en servicio activo o en situación de retiro, y también por algunos pocos civiles con vínculos estrechos con los militares8. El libro más importante sobre las operaciones militares de la guerra de 1969 publicado en El Salvador es el de José Luis González Sibrián que se ha convertido en la única matriz historiográfica salvadoreña de dicha guerra. La obra de González Sibrián es un tanto difícil de clasificar ya que combina el discurso patriótico propagandístico del momento con una narrativa de los acontecimientos militares, de clara pretensión veritativa, que logra articular una versión histórica del acontecimiento. El relato de la guerra de González Sibrián, está basado en entrevistas a militares salvadoreños realizadas por el autor inmediatamente después de finalizada la guerra. Lamentablemente González Sibrián no consideró necesario publicar las correspondientes referencias de sus fuentes lo cual resta valor a su obra desde el punto de vista del rigor historiográfico. Hasta el momento, solamente ha sido posible localizar tres memorias publicadas de militares veteranos de la guerra, una de ellas en forma de relatos de corte más literario que histórico9 y la otras dos, demasiado breves, autocensuradas y carentes de información más relevante10.

17En El Salvador no existe, hasta donde se conoce, una historia oficial de la guerra contra Honduras de 1969 y la producción de narraciones sobre el tema no ha sido demasiado extensa en el seno de la institución militar. El Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA) ordenó, 32 años después de la guerra, una monografía sobre el conflicto “con el afán de hacer un reconocimiento histórico” y seleccionó a tres oficiales militares para su elaboración11. Algunos artículos sobre el tema han sido publicados en la Revista Docente del Comando de Doctrina y Educación Militar (CODEM12). El historiador militar Douglas Alcides Cornejo dedica una parte de su obra sobre la historia de la aviación militar salvadoreña a las operaciones aéreas de la guerra13. La mayoría de las obras de historia militar del conflicto publicadas contienen información importante sobre las operaciones militares desde la perspectiva salvadoreña aunque no está ausente la tendencia a ajustar la información a favor propio, como por ejemplo la insistencia en reclamar victorias aéreas sobre la Fuerza Aérea de Honduras (FAH) que en realidad nunca ocurrieron.

18La obra más importante de historia militar sobre el conflicto de 1969 ha sido publicada en Honduras hace tres años. El libro del coronel César Elvir Sierra14, militar que se integró al trabajo del estado mayor de las fuerzas armadas de Honduras después del ataque salvadoreño el 14 de julio, es una interesante obra general sobre el conflicto sustentada en información, primaria y secundaria, recolectada en Honduras, El Salvador y los Estados Unidos. Anteriormente había sido publicada una obra que trata sobre las operaciones aéreas de la Fuerza Aérea de Honduras (FAH) durante la guerra, y algunas memorias de veteranos continúan apareciendo publicadas de vez en cuando15.

19Las controversias relacionadas directamente con la guerra son numerosas y representan un serio desafío a los historiadores interesados en el tema. La más grande controversia acerca de la guerra de 1969 es la de los objetivos del ataque salvadoreño. El coronel César Elvir Sierra sostiene que El Salvador tenía viejas pretensiones territoriales sobre Honduras y que sus fuerzas armadas elaboraron un plan militar para convertir en realidad tales pretensiones a través de una campaña bélica relámpago que tenía como objetivo provocar el colapso total del Estado hondureño mediante la ocupación de su ciudad capital, de su principal centro económico y de su principal puerto en el mar Caribe16. El coronel salvadoreño Luis Lovo Castelar afirma, por el contrario, que la acción salvadoreña fue únicamente una operación militar de castigo con objetivos limitados debido a los atropellos cometidos contra los residentes salvadoreños en Honduras y considera erradas las versiones que interpretan a la guerra de 1969 como una campaña de conquista territorial17. El historiador guatemalteco especialista en temas de aviación en Centroamérica, Mario E. Overall, subraya que El Salvador simplemente carecía de las capacidades necesarias para emprender una campaña militar de conquista de Honduras en 196918.

20Otro aspecto controvertido es el de la dirección del esfuerzo principal del atacante. El coronel Elvir Sierra ubica el esfuerzo principal de la campaña salvadoreña en el oriente, en el llamado Teatro de Operaciones Oriental por los salvadoreños y Sur- Oriental por los hondureños, a pesar de que no queda claro como ha arribado a semejante conclusión ya que los militares salvadoreños reconocen que el esfuerzo principal fue en el Teatro de Operaciones Norte (TON) mientras que las operaciones en el oriente eran solamente una maniobra para distraer a la fuerza principal del enemigo. El general Fidel Torres, ministro de defensa salvadoreño durante el conflicto afirmó en una entrevista, concedida a la prensa antes de su fallecimiento, que el ataque en el oriente, en el TOO, era una maniobra diversionaria, “ellos nos esperaban por el oriente de nuestro país”, pero el ataque principal era en el TON19. El presidente salvadoreño Sánchez Hernández ha sido criticado precisamente por haber concentrado el esfuerzo principal sobre el TON20. Los autores de la monografía del EMCFA sobre el conflicto destacan también que el ataque en el TOO fue realizado
“(…) con el objeto de distraer a las fuerzas hondureñas y hacerles creer que el ataque principal sería por esa zona, y aliviar la presión que podría tener el Teatro de Operaciones Norte, que pretendía conquistar Nueva Ocotepeque”[21].

21La contraofensiva hondureña del día 16 de julio también es objeto de controversias. El coronel Elvir Sierra destaca a la contraofensiva hondureña del 16 de julio de 1969 como “la acción táctica más importante de la guerra librada hasta entonces22” afirmando además que la contraofensiva no era esperada por los “sorprendidos” salvadoreños “ni siquiera remotamente23”. De acuerdo con Elvir Sierra, ante la violencia del contraataque, los salvadoreños “se replegaban desordenadamente hacia su punto de partida en territorio salvadoreño” mientras las tropas hondureñas, por el contrario, avanzaban “plenos de coraje” al asalto de las posiciones ocupadas por el enemigo obligándolo a replegarse24. Los explosivos y los proyectiles de los cañones lanzados por los Corsarios del Comando Militar de Toncontín de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH) hacían salir de las colinas El Ujuste y Las Chiches a los “asustados y atemorizados soldados salvadoreños25”.

22Los autores de la monografía del Estado Mayor Conjunto de la FAES sobre el conflicto, aseguran por el contrario que los salvadoreños habían detenido su avance y tomado posiciones defensivas ante la posibilidad de un contraataque enemigo,

23“a las 16:00 horas del mismo día (15 de julio) los batallones recibieron la orden de establecer, aproximadamente unos seis kilómetros del límite fronterizo, una defensa en las alturas que dominaban ambos lados de la carretera cerca de La Arada, a inmediaciones de Langue, en territorio hondureño. Se estimaba que era muy probable un contraataque hondureño a fin de intentar recuperar el espacio conquistado26”.

24González Sibrián afirma que:

25“A las 18:00 horas del día 15 de julio, se reunieron los Comandantes de Batallón con el Estado Mayor del TOO a fin de hacer un análisis de la situación. Y la conclusión a la que se llegó en dicha reunión fue que al día siguiente 16, con toda seguridad habría un fuerte contraataque de la contraofensiva hondureña27” (sic).

26Cuando el ataque hondureño se inició en la madrugada del día 16, las tropas salvadoreñas estaban preparadas en sus posiciones defensivas según González Sibrián, quién afirma además que

27“Según los informes del Comandante del Teatro, podemos asegurar que el adversario estuvo muy lejos de hacer retroceder a nuestra tropa de sus posiciones defensivas, en virtud de que ni pudieron acercarse a las trincheras salvadoreñas28”.

28De acuerdo con González Sibrián:

29“A las 17.00 horas, los hondureños se convencieron de que todos los esfuerzos serían en vano, por lo que a la hora mencionada, silenciaron por completo sus baterías y los fuegos de fusilería. (…) según me cuenta el mismo Comandante del Teatro, las bajas salvadoreñas fueron insignificantes, si tomamos en cuenta la intensidad del fuego y la duración del mismo. Indiscutiblemente, esto se debió a las excelentes posiciones estratégicas escogidas.
En cambio el adversario tuvo tal cantidad de bajas, que se hizo necesario enterrar a los muertos en fosas comunes, y cuando éstas tampoco daban abasto, se hizo indispensable incinerarlos, para evitar alguna epidemia, ya que los cadáveres con el sol calcinante del trópico y expuestos a la voracidad de toda clase de insectos, se descomponen con mayor rapidez29 ”.

30Es sumamente difícil determinar que fue lo que sucedió ese día en el sur-oriente de Honduras sin contar con testimonios de protagonistas y con una documentación apropiada como, por ejemplo, los diarios de guerra de las unidades de ambos bandos involucradas en las operaciones. Lamentablemente ese tipo de documentación está, hasta el día de hoy, fuera del alcance del historiador civil y, por lo consiguiente, hay que tratar de interpretar las operaciones militares en base a lo que ha sido hecho público en entrevistas, memorias, monografías, etc. Aparentemente, la pasividad del alto mando salvadoreño concedió a los militares hondureños la posibilidad de organizar y ejecutar una contraofensiva el día 16 de julio en el oriente para cubrir la arriesgada operación de trasladar, a través de un puente aéreo, parte de la Guardia de Honor Presidencial a su amenazado frente occidental. El contraataque hondureño en el frente oriental obligó, probablemente a un costo muy considerable en bajas propias, a las tropas salvadoreñas a renunciar a uno de sus principales objetivos en ese teatro de operaciones, la ciudad de Nacaome30. Las versiones hondureñas hacen referencia al contraataque del 16 de julio en términos exageradamente triunfalistas a pesar de que sus resultados parecen haber sido bastante magros considerando que no alteró sustancialmente la línea de conquistas territoriales de los salvadoreños en dicho teatro31.

31Los ejemplos anteriores ilustran la extrema dificultad que significa establecer “la verdad” en los relatos de las memorias nacionales de la guerra de 1969. En realidad, no existe ninguna memoria nacional que no distorsione el recuerdo del pasado histórico a su favor. La historia de las operaciones de los grandes conflictos mundiales son todavía, en muchos casos, historias disputadas32. Las memorias hondureña y salvadoreña de la guerra son discursos nacionalistas que no se cruzan porque no están en diálogo, no son memorias que se interpelan mutuamente, tal y como quedó demostrado con el extraño silencio de los historiadores salvadoreños, militares y civiles, ante lo que probablemente es el acontecimiento bibliográfico más importante de la memoria hondureña de la guerra, la publicación de la obra del coronel César Elvir Sierra en el año 2006. Habrá que esperar para ver si el libro del coronel Elvir Sierra, que a juicio de este autor es un texto ineludible e imprescindible como fuente histórica, se convierte en matriz memorial de la guerra en su propio país, en el sentido que, en lo sucesivo, condicionará las formas de narrar esa historia en Honduras. La importante obra del coronel Elvir Sierra es un serio y ambicioso esfuerzo de interpretación de los acontecimientos de 1969 que, lamentablemente, no se aparta lo suficiente de la tradición de la “historia de bronce” característica de la historia militar patriótica y se limita a ofrecer una interpretación de la guerra que, básicamente, es un producto más elaborado y mejor documentado de la versión nacionalista hondureña de la guerra.

32En general, los trabajos de historia militar son relatos muy formalizados escritos de acuerdo a un patrón preestablecido en el que se hace referencia a la organización y características de las fuerzas contendientes, las acciones militares que, invariablemente, son ejecutadas con precisión por un número específico de unidades militares de acuerdo a órdenes precisas que las conducen al cumplimiento cabal de sus misiones, etc. El azar, las contingencias derivadas de las incertidumbres de la guerra, como por ejemplo, una interpretación incorrecta de la información disponible sobre el dispositivo del adversario, cálculos errados de los fuegos de la artillería, desobediencia de los mandos, actos individuales de cobardía, etc., están ausentes de este tipo de historia militar despojada de la caótica vitalidad de lo que constituye la más extrema de las actividades humanas.

33Algunos textos de historia militar del conflicto de 1969 están ilustrados con mapas en donde las líneas de los frentes están bien definidas. En realidad las líneas de los frentes no siempre estaban tan bien definidas como tales mapas sugieren. Las unidades militares estaban a menudo dislocadas en sectores de los frentes pero en pocos sectores formaban líneas ininterrumpidas. Las líneas de esos frentes deben ser consideradas como aproximadas ya que la mayoría de las veces las unidades solamente ocupaban ciertos puntos, pueblos, colinas, quebradas, desde donde mantenían vigilancia sobre el terreno entre dichos puntos. La historia militar formalizada necesita integrar al relato los testimonios personales de los protagonistas contenidos en diarios de guerra, memorias, entrevistas, etc., para ofrecer una interpretación más humana y veraz del conflicto. Otro de los problemas de la historia militar formalizada, y también de las representaciones mediáticas de la guerra, es el de la tendencia a explicar la guerra de 1969 básicamente por una causa única: una conspiración para desmembrar territorialmente al adversario, un caso de Genocidio, etc. La causa única, proclamada hasta la saciedad pero no debidamente investigada, o lo que el gran historiador francés Marc Bloch denominó “la superstición de la causa única” o “el monismo de la causa”, es un verdadero lastre para la explicación histórica que, por el contrario, reconoce la multiplicidad de causas y condicionamientos de los procesos históricos. Las guerras no son solamente enfrentamientos entre fuerzas militares sino conflictos entre sociedades y la guerra de 1969 demanda investigación que privilegie el contexto socio-político, el análisis en profundidad y la comparación, ya que

34“Las raíces de la victoria y la derrota deben ser buscadas a menudo lejos del campo de batalla, en los factores políticos, sociales y económicos que explican porqué los ejércitos están constituidos de determinada manera y no de otra y por qué sus líderes los conducen de la manera en que lo hacen33”.

35La calidad de las fuentes y su disponibilidad limitan el acceso al pasado. Las instituciones militares controlan celosamente las principales fuentes documentales primarias de la historia militar nacional en general y de la guerra de 1969 en particular y limitan en grados diversos el acceso a las mismas por parte de investigadores ajenos al ambiente castrense, especialmente investigadores académicos nacionales. Parece ser que ha existido demasiada predilección por una secretividad fundamentada en la desconfianza que inspira someter la memoria castrense de la guerra al examen de estudiosos civiles interesados en el acontecimiento. El ministro de defensa salvadoreño durante la guerra, el general retirado Fidel Torres, manifestó a un periodista costarricense, interesado en conocer la opinión del general acerca de la inexistencia de una historia oficial salvadoreña de la guerra, que él había “dado a conocer las operaciones en conversaciones en el ámbito castrense, en todos los cuarteles del país”, y que no consideraba “conveniente hacer el análisis fuera del ámbito castrense”. El general reconoció la existencia de secretos en operaciones militares de la guerra que “tal vez se hagan públicas alguna vez34 ”. No es posible escribir una historia más o menos definitiva de la guerra de julio de 1969 sin acceso a los archivos militares salvadoreños y hondureños, lo cual es, por el momento, sumamente difícil sino imposible para el historiador civil. Impedir el acceso a las fuentes militares de la guerra honduro-salvadoreña 40 años después del conflicto no tiene actualmente ninguna justificación válida.
Un aspecto que dificulta el cambio de la memoria castrense de la guerra radica en la forma en que dicha memoria está construida, en su pronunciada formalización que deja fuera de la misma a todo aquello que empañe el desempeño de los miembros de la institución militar35. Parece ser que más que establecer la verdad sobre tal o cual operación militar, a este tipo de historia formalizada le interesa el ejemplo moral de un pasado al que se hace referencia como fuente de tradiciones heroicas que deben inspirar a los miembros de la institución militar al comportamiento correcto en el presente y el futuro. Es la exaltación de la gesta heroica y el sacrifico del pasado que con su ejemplo une ese pasado con el presente y el porvenir de la institución militar. El entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada de El Salvador, general Álvaro Antonio Calderón Hurtado, autor del prólogo de la monografía de ese organismo sobre la guerra de 1969, documento calificado por el general como de “consulta y referencia doctrinaria”, subrayó que la experiencia de 1969 “(…) más que histórica tiene un valor didáctico para las nuevas generaciones de conductores a todo nivel36 ”.

36El destacado historiador militar británico Sir Michael Howard abordó hace muchos años la problemática del escepticismo y la desconfianza que rodea a los estudios militares en las esferas académicas en donde la historia militar es considerada como una manufactura del espíritu militarista cuyo principal valor de uso es la creación de mitos y la propaganda37. El mito, sin embargo, tiene un propósito práctico para el militar profesional y ha probado su sentido y su razón en las condiciones extremas de numerosas guerras como inspiración y sustento moral de los combatientes. Howard, que cuenta con un background militar y es veterano condecorado de la Segunda Guerra Mundial38, no considera al mito como producto de un uso abusivo de la historia militar sino como algo básicamente diferente a los productos de la historia académica que, por lo consiguiente, debe ser juzgado a partir de otros estándares. Aunque reconoce el peligro moral intrínseco de cualquier alteración intencional de la verdad, Howard subraya que, usualmente, dicha práctica no ha tenido propósitos deshonestos y que muchos trabajos excelentes, han sido producidos por talentosos representantes de ese tipo de historia militar39. La historia analiza y registra aspectos muy complejos de la realidad pasada incluyendo el mito, penetrándolo profundamente y desvelando probablemente lo que no debía ser desvelado. La labor investigativa del historiador interesado en temas militares puede tocar, fibras muy sensibles, nacionalistas y de lealtad institucional, al cuestionar los mitos más persistentes contenidos en la memoria castrense y mediática del conflicto, revelando a veces hechos que nos dicen algo de nuestras propias sociedades e instituciones que no siempre pueden ser del agrado de las personas y los grupos más comprometidos con la memoria oficial del acontecimiento.

37“Si esas investigaciones revelan que nuestras fuerzas en realidad no demostraron más coraje que las del enemigo ni mayor eficiencia que las de nuestros aliados, que los casos de conducción aparentemente brillante de las operaciones se debieron en realidad a suerte excepcional o que las reputaciones de los comandantes militares que participaron en la guerra a veces han sido groseramente infladas, es algo que debe formar parte de las expectativas en torno a tales investigaciones no obstante lo desagradable y extremadamente doloroso que necesariamente es todo proceso de desilusión. Para muchos de nosotros, el ´mito´ha devenido en parte tan indispensable de nuestro mundo que es angustioso sentirnos privados del mismo40 ”.

38Howard observa que el dolor de la desilusión es una necesidad del proceso de maduración de la sociedad democrática y expresa que los gobiernos deberían permitir que las historias oficiales de las guerras de la nación se conviertan en “historia propiamente dicha” y dejen de ser únicamente contribuciones a los mitos nacionales. La labor del historiador dedicado a la investigación del pasado militar producirá inevitablemente interpretaciones que no siempre serán compatibles con la mitología nacionalista pero eso no debe ser motivo de desconfianza en torno a una investigación que, a fin de cuentas, también beneficiará profesionalmente a las instituciones castrenses.

Conclusión

39La historia militar es un saber en la infancia del conocimiento en Centroamérica que debe ser ensanchado y profundizado mediante la investigación y el diálogo entre académicos, militares y cronistas mediáticos interesados en los pasados conflictos militares de la región.
En el caso específico de la guerra de 1969 entre El Salvador y Honduras debe establecerse una colaboración basada en el diálogo de las tres vertientes involucradas en la conservación de la memoria del conflicto sin pretender el sumergimiento de la una en la otra sino reconociendo y respetando la legitimidad de sus respectivas autonomías derivadas de propósitos diferentes que no pueden ser juzgados bajo los mismos parámetros. La memoria mediática comparte con la historia, “ciencia del tiempo y del cambio41”, la preocupación de anclar al presente en el pasado histórico y tal preocupación es, indudablemente, un buen punto de partida de un diálogo y una colaboración mutuamente provechosa. La memoria mediática del conflicto de 1969 señala no pocas veces pistas interesantes que deberían ser exploradas por una investigación histórica animada por nuevas preguntas y nuevos enfoques. Los medios de comunicación pueden ofrecer asimismo espacios para la publicación de artículos de contenido histórico escritos con rigor académico pero elaborados para un público amplio, una especie de historia popular. El periódico digital salvadoreño El Faro, con su sección “El Faro Académico”, coordinada por el prestigioso historiador Héctor Lindo Fuentes, es una muestra exitosa de colaboración entre las vertientes mediática y académica de la memoria colectiva histórica. Por otra parte, es sumamente difícil escribir buena historia militar desde la academia sin una colaboración con historiadores militares vinculados a las instituciones castrenses. El historiador académico que incursiona en una tradición que no es la suya tendrá, probablemente, dificultades en discernir la importancia de aspectos clave del arte militar y el impacto del uso de determinada técnica militar en tal o cual operación, por ejemplo, y necesitará de la colaboración del profesional de las armas interesado en la historia del pasado militar. El historiador de profesión militar vinculado a su institución debería esforzarse en desvelar lo que verdaderamente sucedió en la guerra de 1969 basado en la evidencia, la comparación y el análisis sin permitir que motivaciones de tipo patriótico-institucional introduzcan un grave sesgo en sus estudios.

40El diálogo, la colaboración y el intercambio entre las tres vertientes de la memoria colectiva del conflicto dentro de los dos países, y entre ambos países, es sin embargo, la única posibilidad de hacer historia militar cruzada orientada a la explicación de la guerra de 1969, importante punto de ruptura del desarrollo histórico de la región, sin ignorar los contextos sociales que la originaron. Es necesario trascender, mediante la investigación con rigor académico, las dos versiones nacionalistas, pues la Guerra de las Cien Horas no podrá ser entendida cabalmente sin una visión balanceada que integre críticamente a las dos memorias nacionales.

41Notas de pie de página

421 El término “vertientes del recuerdo” ha sido adoptado del trabajo del historiador costarricense Víctor Hugo Acuña sobre las memorias nacionales de la guerra contra los filibusteros americanos en Nicaragua. Víctor Hugo Acuña Ortega, _Vertientes del recuerdo. Historia y memoria de la guerra contra los filibusteros: Estados Unidos, Nicaragua y Costa Rica (siglos XIX-XXI) _, (San José: fotocopia, s.f).

432 Daniel Slutsky, & Marco Virgilio Carías, _ La Guerra Inútil. Análisis socioeconómico del conflicto entre Honduras y El Salvador_ (Costa Rica: Editorial Universitaria Centroamericana, 1971).

443 “La noción de ´contra-memoria´ hace referencia a memorias que difieren, y a menudo desafían, a los discursos dominantes”. Olick & Robbins, “Social Memory Studies”, pág. 216. La traducción del inglés es mía.

454 “La Guerra, pura demagogia”, Opinión Estudiantil No. 3, 1971. La contra-memoria de la guerra de 1969 ha tenido eco en círculos literarios de izquierda en América Latina como lo prueba la siguiente reflexión del escritor uruguayo Eduardo Galeano en su obra Memoria del Fuego que intenta poner de relieve la futilidad de la guerra.

46La llamada «guerra del fútbol»
Tiene por enemigos a dos pedazos de América Central, jirones de la que fue, hace un siglo y medio, patria única.
Honduras, pequeño país agrario, está dominado por los latifundistas.
El Salvador, pequeño país agrario, está dominado por los latifundistas.
El pueblo campesino de Honduras no tiene tierra ni trabajo.
El pueblo campesino de El Salvador no tiene tierra ni trabajo.
En Honduras hay una dictadura militar nacida de un golpe de Estado.
En El Salvador hay una dictadura militar nacida de un golpe de Estado.
El general que gobierna Honduras ha sido formado en la Escuela de las Américas, en Panamá.
El general que gobierna El Salvador ha sido formado en la Escuela de las Américas, en Panamá.
De los Estados Unidos provienen las armas y los asesores del dictador de Honduras.
De los Estados Unidos provienen las armas y los asesores del dictador de El Salvador.
El dictador de Honduras acusa al dictador de El Salvador de ser un comunista a sueldo de Fidel Castro.
El dictador de El Salvador acusa al dictador de Honduras de ser un comunista a sueldo de Fidel Castro.
La guerra dura una semana. Mientras dura la guerra, el pueblo de Honduras cree que su enemigo es el pueblo de El Salvador y el pueblo de El Salvador cree que su enemigo es el pueblo de Honduras. Ambos pueblos dejan cuatro mil muertos en los campos de batalla.

47Lamentablemente tales sobre-simplificaciones han reforzado la tendencia desafortunada a considerar el conflicto honduro-salvadoreño como un acontecimiento irrelevante, un teatro del absurdo que no merece la atención de la academia.

485 Wulf Kansteiner, “Finding meaning in memory: a methodological critique of collective memory studies”, en History and Theory 41 (2002), págs.192-193.

496 En los últimos años, la guerra contra Honduras ha sido objeto de conmemoración al interior de los cuarteles de la FAES, por ejemplo, el 17 de julio de 2001 nueve veteranos de la Guerra de las Cien Horas fueron invitados a una ceremonia, en la que recibieron un diploma como “expresión oficial de reconocimiento”, dentro de la sede del Destacamento Militar No.6 en la ciudad de Sonsonate, en donde “se erigió un monumento a los héroes de la Guerra de las Cien Horas”. El Diario de Hoy, “Sonsonate: veteranos de guerra fueron estimulados”, (17 de julio de 2001).

507 Los salvadoreños están probablemente muy lejos de una memoria compartida de la guerra interna de 1980-1992, esfuerzo que tendrá que transitar inevitablemente por una redefinición del “nosotros”.

518 Como el salvadoreño José Luis González Sibrián, autor de Las Cien Horas: La Guerra de Legítima Defensa de la República de El Salvador, (San Salvador: Tipografía Offset Central, 1972), y el hondureño Orlando Henríquez, autor de En el cielo escribieron la historia, (Tegucigalpa: Tipografía Nacional, 1972).

529 Luis Lovo Castelar, La Guardia Nacional en campaña: Relatos y crónicas de Honduras, (San Salvador: Editorial Lea, 1971).

5310 Rafael Alberto Paniagua Araujo, _ El Batallón Maldito. Memorias del mayor de infantería Rafael Alberto Paniagua Araujo. (Oficial S-1 y S-4 de la Plana Mayor del V Batallón de Infantería en la Guerra de las 100 Horas)_, (Santa Ana, 1973). Víctor Manuel Méndez y Reyes, (teniente). La Guerra que yo viví. Conflicto El Salvador-Honduras 1969, (San Salvador, 1972).

5411 Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA), Un conflicto en el corazón de América: La Guerra de la Dignidad Nacional. El Salvador-Honduras, 14-18 de julio de 1969, (San Salvador, 2001). Esta monografía calificada de “completa, doctrinaria y responsable” por el autor del prólogo, el General de División Álvaro Antonio Calderón Hurtado, entonces jefe del EMCFA, fue elaborada por tres oficiales militares seleccionados por dicho organismo, el coronel retirado Eliseo López Abarca, veterano de la guerra del 69, el teniente coronel Jorge Alberto Molina Contreras (Ministro de Defensa del gobierno de Antonio Saca) y el mayor Rommel Alberto Aguilar Nóchez.

5512 Leonel Flores Corcio, (Myr. y Lic.), “Reflexiones en torno a la Guerra de Legítima Defensa”, en Revista Docente XXI, (2005), págs. 64-69; Francisco Javier Flores Hernández, (Myr. Cab. DEM), “La guerra de los seis días y la guerra de las cien horas. Similitudes en su planificación y ejecución”, en Revista Docente XIII, (2001). .
fn13. Douglas Alcides Cornejo Escobar, Historia de la Fuerza Aérea Salvadoreña, (San Salvador: Concultura, 2002).

5614 César Elvir Sierra, El Salvador, Estados Unidos y Honduras. La gran conspiración del gobierno salvadoreño para la guerra de 1969. La historia militar y diplomática de la guerra de las 100 horas de 1969, (Tegucigalpa: Litografía López, 2006).

5715 Miguel Paz Reyes, Operaciones aéreas 1969, (Tegucigalpa: Departamento de Historia y Relaciones Culturales de la Comandancia General de la Fuerza Aérea Hondureña, 1984); Wilfredo Sánchez V.J, Ticante: Diario de la guerra honduro-salvadoreña, (Tegucigalpa: Graficentro Editores, 1988); Francisco Zepeda Andino, “Diario de Guerra Julio de 1969”, en _Revista Política de Honduras 12 (1999); Eloy Concepción Cruz Quiñonez, Memorias de un combatiente en el conflicto Honduras-El Salvador, (Concepción de María, Choluteca, 2009); Walter López Reyes, (general). Surcando los cielos tras la democracia en Honduras, (Tegucigalpa: Instituto Hondureño de Antropología e Historia, 2009).

5816 Elvir Sierra, El Salvador, Estados Unidos y Honduras, págs. 66-67. El historiador Thomas P. Anderson hace referencia al escritor hondureño Juan Ramón Ardón que también destaca en su libro Días de Infamia, (Tegucigalpa: imprenta Calderón, 1970), la supuesta pretensión salvadoreña de expandir su territorio a costa de Honduras. Puntos de vista similares aparecen en la obra clásica del conflicto en idioma español La Guerra Inúti.

5917 Lovo Castelar, La Guardia Nacional en campaña, (San Salvador: Editorial Lea, 1971), págs. 13-14.

6018 Mario E. Overall, “The 100 Hour War”, http://www.laahs.com/artman/publish/article_19.shtml , consultado el 27 de marzo de 2010.

6119 “El general Fidel Torres, un protagonista de la historia”, 30 de abril 2007, http://www.Centroamerica21.com

6220 “El ejército estaba al lado del pueblo y ambos presionaron a Sánchez Hernández, que hacía los mayores esfuerzos para resistir dichas presiones, creyendo que tenía capacidad para evitar el conflicto armado. Las presiones lo arrollaron y tuvo que ir a la guerra, no para ganarla sino que obedeciendo aquellas explosiones de amor propio, se lanzó el 14 de julio de 1969, sin plan ni objetivos definidos, hacia la zona montañosa del norte para conquistar una pequeña ciudad hondureña sin mayor trascendencia para el desarrollo del conflicto bélico, en tanto ordenaba la defensa en el oriente de la República, atrás del Río Goascorán, precisamente frente a la masa de las fuerzas adversarias, a las cuales debería haber atacado para lograr la decisión favorable contra ellas”. Mariano Castro Morán, (Tnte. Cnel.), Función política del ejército salvadoreño en el presente siglo (San Salvador: UCA Editores, 1989), págs. 231-232.

6321 Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA), Un conflicto en el corazón de América: La Guerra de la Dignidad Nacional. El Salvador-Honduras, 14-18 de julio de 1969, pág. 26.

6422 Elvir Sierra, _ El Salvador, Estados Unidos y Honduras_, pág. 242.

6523 Elvir Sierra, El Salvador, Estados Unidos y Honduras, pág. 231.

6624 Elvir Sierra, _ El Salvador, Estados Unidos y Honduras_, pág. 240.

6725 Elvir Sierra, El Salvador, Estados Unidos y Honduras, pág. 239.

6826 Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA), Un conflicto en el corazón de América, pág. 31.

6927 González Sibrián, Las Cien Horas, pág. 210.

7028 Gonzáles Sibrián, Las Cien Horas, págs. 210 y 212.

7129 Gonzáles Sibrián, -Las Cien Horas_, pág.212.

7230 Overall, The 100 Hour War, pág 17.

7331 Los medios de prensa hondureños destacaron con grandes rúbricas el supuesto éxito de la contraofensiva hondureña del 16 de julio. El corresponsal especial del diario El Día, Orlando Henríquez, reportó que las tropas salvadoreñas habían sido expulsadas de territorio hondureño “y de nuevo están en las posiciones allende la frontera, tras la Aduana del Amatillo, a cubierto, protegidos por las cercanas colinas, pero en territorio salvadoreño”. “Ejército salvadoreño se bate en retirada abandonando pertrechos”, El Día, (17 de julio de 1969). En realidad, los salvadoreños no cedieron el territorio conquistado y los hondureños, después de muchas horas de agotadores combates, suspendieron su ofensiva ante la resistencia enemiga.

7432 Las controversias sobre las operaciones de las dos guerras mundiales todavía están a la orden del día. Por ejemplo, 62 años después del acontecimiento histórico, los historiadores militares suecos Niklas Zetterling y Anders Frankson han demostrado, a través de investigación documental en archivos alemanes, rusos y americanos así como testimonios de sobrevivientes de ambos bandos, que los historiadores soviéticos exageraron el impacto estratégico de la operación de cerco de Korsun-Cherkassy, Ucrania en 1944. La principal fuente militar soviética sobre la batalla es un documento del estado mayor, que pese a no estar destinado al amplio público es notablemente propagandístico, con información errada sobre el enemigo alemán y explicaciones poco convincentes del curso de las operaciones. A pesar de su sesgo propagandístico Zetterling y Frankson utilizaron esa fuente con suma cautela y, afortunadamente, también tuvieron acceso a ciertos archivos rusos además de acceso irrestricto a los archivos militares alemanes. Niklas Zetterling & Anders Frankson. Tjerkassy 44: inringningen pa Ostfronten, (Suecia: Nordstedts Forlag, 2006).

7533 Michael Howard, “The Use and Abuse of Military History”, en Parameters XI: 1, págs. 9-14. La traducción del inglés es mía.

7634 “El general Fidel Torres, un protagonista de la historia”, http://www.Centroamerica21.com

7735 La formalización de la Historia Militar producida en los ámbitos castrenses obedece a principios básicos del arte militar que indudablemente también tienen fundamentos ideológicos.

7836 Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA), Un conflicto en el corazón de América, Prólogo.

7937 Howard utiliza la expresión “myth making” (creación de mitos), en el sentido de la creación de una imagen del pasado, mediante un meticuloso proceso de selección e interpretación, con el fin de producir o sustentar ciertas emociones o creencias. Michael Howard, “The Use and Abuse of Military History”, en Parameters XI: 1, págs. 9-14.

8038 Michael Howard (historian), Wikipedia, the free encyclopedia
http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Howard_%28historian%29

8139 Howard, “The Use and Abuse”, pág. 9.

8240 Howard, “The Use and Abuse”, pág. 10. La traducción del inglés es mía.

8341 Marc Bloch, Apología para la historia, (México: FCE, 1952) pág. 21.

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Para citar este artículo :

Carlos Pérez Pineda, « La Guerra de las Cien horas: La historia y el mito 40 años después », Boletín AFEHC N°44, publicado el 04 marzo 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2372

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