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AFEHC : diccionario : GUIRAOLA Y CASTRO, Agustín de : GUIRAOLA Y CASTRO, Agustín de

Ficha n° 2377

Creada: 05 abril 2010
Editada: 05 abril 2010
Modificada: 06 abril 2010

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

GUIRAOLA Y CASTRO, Agustín de

Discriminación de un funcionario real por tratar de corregir procedimientos administrativos anómalos que afectaban al fisco.
558
Cargo o principal ocupación:
Escribano de Cámara de la Audiencia de Guatemala
Casó:

1No se casó.

Nació:
Ciudad de La Laguna, en la isla de Tenerife.
Murió:
el 01 de junio de 1771 en Santiago de Guatemala,
Padres:

1Don Gabriel de Guiraola y doña Antonia de Castro y Orta, vecinos de la ciudad de La Laguna, Tenerife, Canarias.

Resumen:

1Don Agustín de Guiraola y Castro vivió la época de transición de la administración pública hacia la implantación del sistema ilustrado de gobierno, que consistió en la reforma del aparato estatal colonial en América.

2La importancia y la permanencia de los bloqueos y disfunciones de la administración pública tenían la atención especial de las autoridades en la metrópoli. Se trataba de eliminar completamente la elección de funcionarios foráneos, en el entorno local, con el fin de garantizar fidelidad. La constatación de gran cantidad de abusos, planteaba la necesidad de que los funcionarios llegados de la península fueran integrados a la sociedad local, sin embargo, existía un desfase entre la norma colonial, que pretendía ser más rigurosa, y la práctica administrativa que se modificaba demasiado lentamente.

3Guiraola y Castro era natural de la ciudad de La Laguna, de la isla de Tenerife, en Islas Canarias. Salió de su lugar de origen en 1741 en compañía de su padre. Se radicó en Santiago de Guatemala y desde aquel año, hasta 1758 no ejerció ningún oficio ni ejercicio mecánico que le impidiera poder ejercer cualquier empleo por superior que fuera. Antes de llegar a Guatemala se dedicó a aprender a leer y escribir y realizó actividades conexas con la lectura y escritura.

4En 1758 obtuvo el cargo de Escribano de Cámara de la Real Audiencia, Mayor de Gobierno y Guerra, que era un oficio vendible y renunciable, por la renuncia que en él hizo don Domingo Antonio Ortiz. Pagó a la Corona por este cargo 9,000 pesos.

5Desde los primeros años de ejercer sus funciones de secretario de la Audiencia se vio envuelto en dificultades y pleitos que minaron su endeble salud. El 5 de junio de 1760 se dirigió al oidor decano y juez pesquisidor, don Juan Antonio Velarde y Cienfuegos, para manifestarle que el alcalde mayor de San Salvador, don Bernabé de la Torre que estaba suspendido de su cargo, maliciosamente y con constantes equivocaciones le inició sumaria en el gobierno superior, acusándolo de ser su enemigo capital. Según Guiraola, don Bernabé estaba coligado en causarle perjuicios con los miembros del cabildo de San Salvador; además de acusarle de haber inducido testigos en su contra y faltado a la confianza de lo que se operaba en la pesquisa contra él, de la cual Guiraola fue escribano. En el reconocimiento de las mercancías que Bernabé tenía en una tienda, éste se opuso a mostrar los libros, pero Guiraola procedió a incautarlo todo.

6Guiraola seguía la tendencia de que los funcionarios reales no debían tener lazos e interacciones sociales con la población de los lugares donde ejercían sus funciones administrativas. La actitud e ideas de este secretario explican las graves acusaciones en su contra y las situaciones que le tocó vivir.

7En una sesión que tuvieron el presidente de la Audiencia, don Alonso Fernández de Heredia y el escribano Guiraola para tratar asuntos de cuentas del oficial de Omoa, realizada el 16 de marzo de 1765, el presidente le dijo al escribano que por haber hecho y remitido al rey diferentes proposiciones apoyadas en argumentos que no reconocían el mérito de su persona, había perdido el concepto que poco antes se formó del escribano, de su conducta e inteligencia en el Supremo Consejo y vía reservada, pues se le había concedido un empleo de Contador de Cuentas, y todo se suspendió por el envío de dichas representaciones.
Estas representaciones que Guiraola envió a la Corte volvieron anotadas en los márgenes por el baylio frey Julián de Arriaga y dirigidas al capitán de navío don Joaquín de Aguirre y Oquendo.

8Guiraola consideró inapropiado que el señor presidente Heredia hubiera abierto los pliegos que venían rotulados para su sucesor, el Sr. don Joaquín Aguirre de Oquendo, que murió en Zacapa cuando iba a tomar posesión de la presidencia de la Audiencia, la gobernación y la capitanía general del Reino de Guatemala, y ser uno de ellos un informe que había hecho Guiraola contra el Presidente Heredia.
El contenido de los informes de Guiraola al rey plasmaron los perjuicios que sufría la Real Hacienda por el abandono y desordenado método administrativo y de control de las cajas reales matrices de Santiago de Guatemala y sus subalternas de Sonsonate y Comayagua. Además afirmó que los desfalcos constantes se producían por el descuido o resistencia que tenían los oficiales reales en dar cuentas, el desorden de papeles de la Contaduría y el desconocimiento sobre si había caudales existentes, o si tenían cuentas por pagar (alcances); todo esto a causa de la confusión con que se remitían las noticias y daban las expresadas cuentas. Para evitar estos desórdenes que daban lugar a muchos actos de corrupción propuso que sería muy conveniente que el rey ordenara establecer un Tribunal como el de México o un contador principal.

9Las transgresiones del presidente admiraron a Guiraola, pues aunque tuviera la facultad de reconocer tales documentos remitidos por el Consejo al difunto Joaquín de Aguirre, no era de creer que las pudiera mostrar a otras personas, tal como lo hizo, pues la desgracia los condujo a sus manos.

10Por lo tanto, Guiraola se encontró en una situación embarazosa por los documentos que tenía el presidente y que hablaban mal de éste, remitidos por el rey al difunto Joaquín de Aguirre, para que le informara reservadamente sobre las denuncias que Guiraola presentó.

11En carta del 30 de noviembre de 1765, Guiraola pidió al rey que le concediera la merced de ser protegido en todo acontecimiento que le pudiera ocurrir como consecuencia del contenido de los informes que envió a la Corte. Anteriormente había solicitado al presidente de la Audiencia que le permitiera colocar una persona en su oficio, por el notorio estado decadente de su salud, pues necesitaba de cura con extensión del ánimo, para lo cual pidió que se le permitiera toda la libertad que es necesario para eso, sin que se le presionara para que asistiera a su oficio que podía servir como lo había hecho, mientras tanto conseguía el restablecimiento y tranquilidad que necesitaba para despachar, pues aunque por la gracia de Dios no estaba falto de juicio, tal y como se le quería comprobar, pero se sentía atribulado por los acontecimientos que había pasado.

12El rey Carlos III manifestó que en las cartas del 18, 27 y 31 de marzo de 1766 Guiraola y Castro le informó que de la apertura de pliegos que realizó don Alonso Fernández de Heredia, por fallecimiento de su sucesor don Joaquín de Aguirre y Oquendo, salió a luz el informe que Guiraola había hecho, el cual fue publicado a los oficiales reales, sus parientes y “personas de carácter”. Esto le provocó a Guiraola un recelo de recibir algún atropello por parte del dicho presidente, por lo cual se asiló en el convento de predicadores de Santiago de Guatemala, el 22 de marzo de 1766, para prevenir las vejaciones y violencias a que estaba expuesto por no retractarse de los informes que en diferentes ocasiones había dirigido, sindicando la conducta del nominado presidente, por lo que concluyó suplicando, que si viniesen contra él algunos siniestros se desatiendan mediante ser producidos de la venganza, respecto de parecerle tiene dadas pruebas de fiel vasallo, y que por comunicar estos avisos padece las extorsiones que experimenta su casa y familia, privado de sus empleos … Agregó Guiraola que en su oficina dejó más de dos mil pesos de renta anual que le producía su cargo y solicitó que se trasladara a otro lugar, con un cargo honroso.

13El 15 de enero de 1767, el fiscal Felipe Romana dijo que contra Guiraola no había causa ni motivo alguno para molestarlo, y si por lo que expresó temía ser agraviado se le debía proteger y amparar por los Tribunales Superiores, y el presidente de la Audiencia podía concederle la libertad que desea para el reparo de su salud.
A pesar de la parsimonia que caracterizó la vida de Guiraola, éste tuvo algunos contactos con el sistema financiero de la ciudad de Santiago de Guatemala, pero para su desgracia con muy malas consecuencias. El 07 de enero de 1763, el señor Dr. don Francisco José de Palencia , deán de la Catedral, provisor y vicario general y gobernador del arzobispado y administrador de rentas del convento de la Concepción, dio mil pesos a renta pupilar, por un año, a don Agustín de Guiraola y Castro, como principal deudor y don Estanislao Croquer como su fiador, cargado a la escribanía de Cámara. Cuatro años después, el 06 de febrero de 1767, Estanislao Antonio Croquer extendió un recibo a don Agustín, por 37 pesos y 4 reales de réditos del préstamo, cuyo principal y sus réditos corría a cuenta de Croquer, quien los percibió de Guiraola. El principal, mil pesos, y los réditos fueron entregados por Guiraola a su fiador Croquer, sin ningún documento que lo amparara.

14Don Agustín renunció, el 30 de abril de 1771, a los oficios de Escribano de Cámara de la Audiencia, Corte y Real Cancillería de la ciudad de Santiago de Guatemala, Mayor de Gobierno y Guerra en su distrito, en primer lugar en don Antonio López Peñalver, en segundo lugar en don Francisco Chamorro, hijo de don Francisco Ignacio Chamorro, regidor de la ciudad, y en tercer lugar en el escribano real José Sánchez de León. Ratificó la renuncia el 18 de mayo de 1771.

15El 17 de mayo de 1771, don Agustín extendió su testamento. Dijo que estaba enfermo de algunos achaques que desde hacía tiempo que lo aquejaban y presentía que le quitarían la vida, pero se encontraba en su entero acuerdo, uso y ejercicio de sus sentidos y potencias, y con deseos sinceros de estar prevenido para su muerte. Agregó que había dejado por heredera a su madre, y por el fallecimiento de ésta, a sus hermanos doña Lorenza, doña Antonia y don Bartolomé. Algunos de sus bienes eran vestidos, hebillaje de oro, espadín, ropa blanca y menajes pequeños, “correspondiente a la decencia” de su persona. Plata labrada, de uso y servicio, de la que daría razón su criada Margarita.
Valuó su oficio en 14,000 pesos, de acuerdo con lo que había devengado en el ejercicio y actuación de su cargo, el cual estaba grabado con varios créditos, de acuerdo con los instrumentos que otorgó; de lo que estaba enterado su oficial mayor don Francisco Antonio de Guzmán, y su yerno don José Sánchez de León, escribanos reales. Mencionó los 1,000 pesos que debía al convento de la Concepción y que había pagado a su fiador don Estanislao Antonio Croquer.
Es pertinente hacer la observación de que si el escribano José Sánchez de León era su yerno, es obvio que tuvo alguna hija, de la cual no se menciona ningún dato en los documentos consultados, tampoco los de la madre.

16Guiraola y Castro tenía acreedores a los cuales debía las siguientes cantidades: A don Nicolás Velasco y don Francisco Delgado, oficiales reales de Cuba, 30 pesos a cada uno; Manuela Delgado, vecina de Cuba, 75 pesos. Don Gabriel de Artiaga, vecino de Veracruz, 125 pesos; Mariano Rogel, 10 pesos y 4 reales; al nevero don Guillermo, 4 pesos; al Dr. y maestro don Juan de Batres, 40 pesos, más 200 pesos del alquiler de la casa donde vivía. A don José Plazaola, 40 pesos. Don José Sánchez de León, 50 pesos.

17El 27 de mayo de 1771, Guiraola y Castro desde su lecho de enfermo dijo que desde que asumió la presidencia el difunto señor Mariscal de Campo don Pedro de Salazar, comenzó a sufrir la escribanía de cámara de su cargo, “un visible perjuicio en la desigualdad del despacho” y se le dio casi todo el trabajo a don Andrés Guerra Gutiérrez, “sin observarse la debida partición en los negocios de Gracia, Justicia, Capitanía General, Patronato y Hacienda,” por lo que dejó de percibir más de 8,000 pesos, y que para mantenerse tuvo que contraer deudas, de las cuales todavía pendía a la fecha.

18El 01 de junio de 1771, el escribano José Manuel de Laparte dio fe y certificó que estando en la casa donde vivía don Agustín de Guiraola y Castro, un poco más de las tres de la tarde observó que don Agustín estaba en agonía y al breve rato expiró, luego se vistió y amortajó con el hábito de San Francisco, y se tendió el cadáver en un féretro para llevarle a la iglesia de San Francisco en donde se le daría sepultura.

19Después de su muerte se recibió una real cédula enviada al presidente y oidores de la Audiencia de Guatemala. El rey dijo que don Agustín de Guiraola le informó, en cartas del 25 de junio de 1769 y 20 de agosto de 1770, que por reales cédulas de 10 de mayo de 1766 y 14 de febrero de 1769, mandó al presidente de la Audiencia le permitieras el uso de su oficio y le tuviera por “bueno y leal vasallo”, y que como a tal no se le causara el menor agravio, sino por el contrario, se le contribuyese y asistiese con todas las dependencias radicadas en su escribanía que correspondía a ellas y se le pagaran las cantidades de acuerdo con lo establecido, con la finalidad de que “libre de zozobras pudiese, con toda tranquilidad desempeñar sus respectivas obligaciones”. Sin embargo, el presidente no había cumplido con las órdenes reales, porque proveía lo que correspondía a sus facultades al escribano don Andrés Guerra Gutiérrez, sin observar la práctica regular legalizada de repartir los negocios de Gracias, Justicia, Guerra y Patronato entre ambos escribanos. También el rey dijo que Guiraola se encontraba en una situación deplorable, pues no tenía con qué mantenerse ni tenía qué vender pues ya había vendido varios muebles de su propiedad para pagar el alquiler de la casa donde vivía.

20El rey reiteró su extrañeza por la falta de cumplimiento de las cédulas de 10 de mayo de 1766 y de 14 de febrero de 1769, por parte del presidente y la Audiencia, por las cuales se mandó y ordenó que se tuviera por escribano de cámara reconocido públicamente al dicho Guiraola, así como por “bueno y leal vasallo”, sin que se le molestara ni vejara, dejándolo libre en el uso y ejercicio de su escribanía.
Doña Antonia Bernarda de Castro y Dorta, viuda de don Gabriel Guiraola y Méndez, vecina de la ciudad de San Cristóbal de la Laguna, Tenerife, Canarias; dijo que su hijo la instituyó por su única y universal heredera de todos sus bienes, y para la recaudación de ellos confirió poder a don José González Betancourt, vecino de la misma ciudad de San Cristóbal. Este apoderado nombró a don Juan Fermín de Aycinena sustituto en el poder y representación de la madre de Guiraola. Esta sustitución se hizo en la ciudad de Veracruz, el 9 de enero de 1781. A su vez, don Fermín de Aycinena , en la Nueva Guatemala de la Asunción, el 11 de julio de 1782, sustituyó el poder que tenía para la recaudación de los bienes de Guiraola y Castro en don Juan José de Medina, procurador del número de Audiencia de Guatemala. Este poder fue aprobado por la Audiencia el 19 de julio de 1782, se le dio el pase el 27 de julio del mismo año.

21El 28 de agosto de 1781, Manuel Fernández de Córdova, procurador de las causas del monasterio de la Concepción, solicitó al juez de Bienes de Difuntos de la Audiencia de Guatemala que los señores don José Sánchez de León y don Miguel de Molina, albaceas de don Agustín de Guiraola y Castro, pagaran los mil pesos que se le dieron a éste a usura pupilar con sus “réditos corridos y que corrieron, hasta su efectiva paga”.

22Es menester acotar que a pesar de la discriminación que sufrió don Agustín de Guiraola por parte de los presidentes de la Audiencia, familiares y amigos de éstos y algunos compañeros de trabajo, no estuvo completamente solo, sus interrelaciones sociales se dieron en el ámbito creado por sus coterráneos y algunos pocos amigos.

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