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AFEHC : diccionario : DÍAZ, Josefa : DÍAZ, Josefa

Ficha n° 2429

Creada: 28 mayo 2010
Editada: 28 mayo 2010
Modificada: 28 mayo 2010

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

DÍAZ, Josefa

Ascenso económico de una parda libre, que de criada llegó a poseer una fortuna en bienes raíces.
Cargo o principal ocupación:
Criada
Casó:

1Se ignora.

Nació:
Se ignora.
Murió:
31 de agosto de 1756, en la ciudad de Santiago de Guatemala
Padres:

1Se ignora.

Resumen:

1Es interesante conocer la forma cómo algunas mujeres lograron cambiar de estatuto económico, personal, utilizando diversos procedimientos que demuestran su habilidad y el conocimiento de ciertos aspectos de las personas con las que se relacionaban. El caso que ahora nos ocupa muestra a grandes rasgos las peculiaridades de este ascenso económico que pudo realizar una parda libre que, de su condición de criada, logró amasar una fortuna considerable en propiedades inmuebles, a tal punto que era respetada dentro de su comunidad, aún entre algunos españoles.

2Josefa Díaz tuvo tres hijos: Pantaleón Callejas, Lázaro y Lucas Díaz. Los dos primero fueron habidos en legítimo matrimonio, el último fue hijo natural. Tuvo dos hermanos: Nicolás Díaz, pardo libre de 64 años de edad, e Isabel Díaz, también parda libre de 74 años, en 1757.

3El 01 de septiembre de 1756 se empezó a realizar el inventario de los bienes de Josefa Díaz, que falleció intestada el 31 de agosto, por el alcalde ordinario don Pedro Cabrejo Fernández. Pantaleón Callejas, hijo y heredero de Josefa, compareció el 29 de octubre de 1756 ante Cabrejo Fernández y presentó varios documentos sobre la propiedad de las casas que poseía su madre.

4A raíz de esta documentación se estableció que Josefa tuvo siete casas: i) la casa grande donde vivía Josefa, con techo de teja, en el mismo sitio existía otra casa con techo de paja; (ii) una casa con techo de teja que construyó en un sitio que compró del censo de 250 pesos del reverendo Juan Bautista de Peñuelas, de la Compañía de Jesús, y del Br. Don Juan de Quintana, presbítero, quienes eran los dueños del principal del censo, el cual fue redimido el 13 de abril de 1733; (iii) casa con techo de teja que también construyó Josefa en un sitio que compró a Diego Jovel; (iv) casa con techo de teja que Josefa reconstruyó de la que compró a don Juan López Barroso, situada en la calle ancha de San Jerónimo, hacia el arco de Santa Lucía. Esta casa la donó a su hijo Pantaleón. (v) Otra casa contigua a la anterior. (vi) Una casa contigua a la que habitaba Josefa que compró para su hijo Lázaro, y en 1756 pertenecía a la hija de éste, Manuela Callejas que estaba casada con Juan Leonardo de Avelar. (vii) Otra casa adjunta a la casa grande que le fue cedida por doña Francisca Javiera Álvarez de Toledo, para los hijos de Josefa Antonio Martín (falleció a los 14 años) y Lucas Díaz, el 28 de junio de 1717. Esta casa fue donada, con anuencia de Josefa y Lucas, a la hija de Pantaleón, Bárbara Micaela.

5Por lo tanto, al momento del inventario solamente se le adjudicaron en propiedad cuatro casas, las cuales fueron valuadas en 10,450 pesos y 5½ reales. El total de sus bienes ascendió a 10,881 pesos y 1½ reales, al agregar el valor de 6¼ onzas de perlas, valuadas en 430 pesos y 4 reales. Se dijo que Lucas estaba loco, sin embargo, el Dr. Pedro de Palacios y Cóbar, decano y catedrático de Prima de la Universidad de San Carlos, dijo que no era locura sino una especie de desaprensión, por lo que se le nombró curador ad bona. Este hecho es muy significativo, por cuanto de allí devienen las posibilidades económicas de Josefa. No hay que olvidar que Lucas era hijo natural. El contador de Tribunales (en una biografía posterior diremos cuáles fueron las atribuciones de este cargo, así como su origen en el Reino de Guatemala) hizo la partición de los bienes entre los herederos, los gastos realizados en el funeral y sus honorarios. A Pantaleón Callejas, Lucas Díaz y Manuela de Betancourt (hija de Lázaro Díaz) les tocó partes iguales.

6No se precisa la fecha, pero se indica en la documentación que Josefa quedó viuda y sumamente pobre, sin facultades, pues su marido no dejó ningún bien. Al quedar viuda, el padre de Lucas Díaz la recogió y la fomentó y mantuvo con grande decencia, en tal modo que ella era la que disponía y corría con todas las acciones y manejo de lo que el padre de Lucas tenía. Tanto así que este individuo desconocido para nosotros le confirió facultades tan amplias que le permitió disponer de dinero para la compra de casas, muebles y otros bienes raíces, con la finalidad de que las disfrutara ella, durante su vida, y después su hijo Lucas. Josefa era dueña de un alfalfar, que tuvo que haber vendido, pues no apareció entre sus bienes.

7El aumento de posibilidades de Josefa permitió que ayudara y habilitara a los hijos de su matrimonio, que se hallaban en suma decadencia. A Lucas, su padre lo quería mucho y, como se dijo, le dio amplias facultades a su madre para que siempre tuviera caudal para que se mantuviera con decencia. Todos los bienes que Josefa tuvo fueron ministrados por el padre de Lucas, más el dinero que consumió. Todo esto era conocido por todo el vecindario de la ciudad de Santiago.
En 1748 Josefa era criada del reverendo maestro fray Pedro Melian de Betancourt, religioso de la Orden de San Francisco. En una ocasión este fraile mandó a Josefa darle 50 pesos en efectivo, 12 varas de ruan, 2 cortes de naguas tabaqueras de China, 12 sillas y un escritorio a doña Juana Manuela Moreno, viuda de don Juan Melian de Betancourt. Sin embargo, Josefa no entregó el mandado sino solamente le informó a doña Juana que no podía darle los 50 pesos porque los utilizó en algunos gastos de casa, pero se los pagaría luego que los tuviera. Fray Pedro de Betancourt dejó una casa, con escritura de compraventa, a sus sirvientes en remuneración y agradecimiento por su trabajo. Josefa realizó varias transacciones comerciales. Le vendió una casa a doña Sebastiana de Torres y Figueroa, vecina de Guatemala. Asimismo, compró un esclavo llamado Blas Enríquez, quien se fugó en 1746.

8A pesar de su poder económico, Josefa no era bien vista por toda la población de Santiago. Don Luis Gallardo otorgó una fianza a Josefa por una casa de Lucas. Se llegó el tiempo de cancelar la fianza y por orden superior se ordenó su cancelación. Pero Josefa se escondía cuando el escribano receptor llegaba a su casa para notificarle la resolución superior. El apoderado de Gallardo pidió que Josefa fuera lanzada de la casa. Dicho apoderado, Manuel Huertas, consideró que Josefa era de genio altanero y desvergonzado, y que la denuncia de tales personas traía aparejada la ejecución para asegurar el valor del bien que fue afianzado, cuando era manifiesto el ánimo fraudulento de quien lo poseía.
Como en estos casos ocurrían muchos fraudes —siguió diciendo Huertas— se corría el peligro de que los deudores se hicieran de mejor condición al solicitar fiadores. El Lic. Francisco Orozco Manrique de Lara, oidor decano y alcalde de corte de la Audiencia, decretó el 31 de agosto de 1743 que Josefa dejara libre y desembarazada la casa, con exhibición de lo corrido de alquileres; si en caso no lo hiciera sería lanzada de la casa y se le sacarían sus prendas a la calle, por la deuda de alquiler, sin admitir excusa; esto por su contumacia. El 18 de septiembre de 1743, el escribano real Manuel Vicente de Guzmán dio fe que desde el día de la orden de lanzamiento había buscado a Díaz, pero no la había podido localizar, por andarse escondiendo, ni valer, ni aprovechar los recados que le había dejado. El 19 de septiembre, se procedió al lanzamiento. No se menciona de cuál de las casas fue echada.

9El 16 de diciembre de 1732, Josefa Díaz, viuda, residente en Santiago de Guatemala, pidió al Ayuntamiento de la ciudad que le vendiera medio real de agua, de Pompotic, de la caja que se acababa de construir en el arco del atrio de la Merced para que desde allí se pudiera llevar por la cañería, por donde conducía otra que le pertenecía. Este medio real lo solicitó a censo enfitéutico, que estaba dispuesta a reconocer con prontitud. Expresó que tenía “diferentes casas” y el agua la necesitaba para una de ellas. El 01 de febrero de 1733, el fontanero Diego de Porras dio fe que en la caja del arco del convento de la Merced había suficiente agua, de la que se podía disponer sin perjuicio de los demás interesados, por lo cual no se le ofrecía inconveniente para la venta. El 03 de marzo de 1733, a Josefa se le concedió el medio real de agua, con las calidades, y 400 pesos a censo que había solicitado.

10El 02 de diciembre de 1735, Josefa pagó 25 pesos por habérsele alzado las calidades con que se le vendió el medio real de agua de Pompotique, a censo enfitéutico. Las calidades de que se habló se referían a que los desagües que desfogaban a la calle debían ser subterráneos.

11La casa de Díaz, donde se usaría el agua, estaba situada en el barrio San Jerónimo, en la calle ancha de Santa Lucía. De lo cual debía pagar 20 pesos de réditos al año. Las condiciones para la concesión fueron que podía vender ni disponer de otra manera, a la que le fue concedida, sin autorización del Cabildo.

12Josefa poseía seis pajas de agua a censo enfitéutico, que se hallaban repartidas en varias casas. Esta cantidad de agua se distribuía por medio de la caja de San Jerónimo.

13Josefa introdujo una paja de agua por la cañería de la ciudad e hizo la suya para tomarla de una de las dos cajas que tenía el arquillo situado junto a sus casas, y por haber sido sin licencia del Ayuntamiento y haber causado perjuicio al agua de la comunidad, fue preciso el cerrarle su cañería, más no por esto se le privó del dominio de la paja, pues se quedó con ella en sus casas…

14Fue demandada por el Ayuntamiento por utilizar agua sin título durante 25 años.
Como se puede apreciar, Josefa no era una mansa paloma, pues aún con su familia actuó de manera desconsiderada y prepotente, al punto que se negaba a cumplir con lo establecido en una escritura de donación de la casa que otorgó a Bárbara Micaela Callejas, su nieta. Por la justicia ordinaria se mandó que se enajenara a Josefa de la casa donada. Pero el escribano receptor tuvo problemas para localizarla, pues se escondía cuando llegaban a notificarla. Así que para cumplir con la orden se descerrajaron las puertas y un maestro herrero fabricó nuevas llaves y le fueron entregadas a Bárbara Micaela en señal de posesión. Josefa se oponía a la entrega de la casa por la ingratitud con que se han portado y decadencia de bienes a que había llegado por causas de la familia de Pantaleón y sus otros hijos, pues le robaban y la trataban violentamente.

15A pesar de la actuación de las autoridades Josefa insistía en no entregar la casa. Había sellado las puertas, por dentro, con adobe y lodo y expulsaron a los habitantes de ella que entraban por una puerta “falsa”. Esta casa estaba situada en la calle ancha que llamaban de Santa Lucía.

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