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AFEHC : articulos : Correo del Istmo (León, Nicaragua. 1849-1850) y la construcción de redes sociales en el Pacífico centroamericano. : Correo del Istmo (León, Nicaragua. 1849-1850) y la construcción de redes sociales en el Pacífico centroamericano.

Ficha n° 2435

Creada: 13 junio 2010
Editada: 13 junio 2010
Modificada: 23 junio 2010

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Autor de la ficha:

Miguel Angel HERRERA C.

Editor de la ficha:

Patricia VEGA JIMÉNEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Correo del Istmo (León, Nicaragua. 1849-1850) y la construcción de redes sociales en el Pacífico centroamericano.

El Correo del Istmo de Nicaragua surge en una coyuntura particular, el establecimiento de una ruta transístmica en el Estado de Nicaragua, de la que fue promotor. El artículo indaga sobre la circulación del periódico Correo del Istmo (…), León, Nicaragua, 1849-1850, y la construcción de redes sociales a partir de la relación que establece el editor con los suscriptores, distribuidores y lectores en la región centroamericana, la corresponsalía que mantiene con los periódicos de la región centroamericana, y el eco que su opinión tiene en éstos.
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Palabras claves :
Prensa, periodicos, redes sociales, ruta transístmica
Autor(es):
Miguel Ángel Herrera C.
Fecha:
Junio de 2010
Texto íntegral:

1
El autor agradece a Patricia Alvarenga au paciente e indulgente lectura a este texto.

2A Carlos Vicente, Luis Alberto y Ròger Antonio, con Leòn en la memoria.

Introducción

3En 1849 comienza a operar en el istmo nicaragüense la ruta del tránsito, utilizada por los pasajeros que se movilizaban entre la costa este y oeste de los Estados Unidos y viceversa, esta movilización de hombres y mujeres de diversas nacionalidades fue una de las consecuencias de “la fiebre del oro” que tuvo lugar en California. La ruta, en sus orígenes, atravesaba todo el territorio de la región pacífica comprendida entre El Realejo y Granada, comunicándola con el mar Caribe a través del lago de Nicaragua y el río San Juan. Por medio del establecimiento del servicio de transporte utilizando diligencias y animales de monta, como mulas y caballos, la ruta del tránsito de pasajeros enlazó los territorios del pacífico nicaragüense permitiendo una comunicación más ágil entre los centros poblacionales que albergaban a las ciudades de León, Granada, Masaya, Chinandega, Managua y Rivas, e incorporó los puertos de San Juan del Norte y Bluefields, en la costa del Caribe, a la actividad económica de las ciudades antes citadas. En ese mismo año comienza a circular en la región el Correo del Istmo de Nicaragua, una publicación periódica que promovía la actividad del tránsito y cambió la manera de hacer prensa en el Pacífico nicaragüense, así como su escritura y su lectura.

4En el presente artículo exploramos el desarrollo de las redes de suscriptores que teje el periódico. La importancia de estudiar las redes en este caso, se debe a que los suscriptores son los primeros lectores –además de sostén económico, también son difusores de la cultura letrada- y a través de ellos se puede observar el desarrollo de la escritura en tanto expansión del universo de la letra impresa. Esta expansión no puede ser vista desde el limitado marco de los estados nacionales en formación, sino a través del intenso intercambio existente entre las sociedades nicaragüense, salvadoreña, costarricense, guatemalteca y mexicanas, por ello hacemos referencia de otras publicaciones centroamericanas que son contemporáneos al Correo del Istmo (…). Las relaciones de la cultura letrada con la imprenta y los periódicos, con las redes de lectores, tampoco pueden ser obviadas en este análisis, en tanto forman el espacio en que se desarrolla el poder político. Una consecuencia que tiene esta expansión es la formación de los discursos literarios en Nicaragua y El Salvador en diferentes etapas del siglo XIX.

5En algunas prácticas de escritura pública desarrolladas en las sociedades urbanas del mundo colonial español, tal es el caso de las ciudades del Virreinato de Nueva Granada, como Caracas y Bogotá, a finales del siglo XVIII, el escribir tenía el significado de un acto civilizatorio y también representaba una confrontación abierta al poder colonial, que los letrados usaban como instancia de autoridad1. En el Virreinato de Nueva España el publicista oaxaqueño Carlos María de Bustamante desarrolló una escritura pública en las dos primeras décadas del siglo XIX, que tenía como finalidad la de “moralizar a la plebe2”.

6Moralizar equivale a “civilizar” a una “plebe” que es integrada por mestizos e indígenas pobres, habitantes en la periferia de los mundos urbanos del Pacífico nicaragüense. Durante la primera mitad del siglo XIX, a ellos se les asigna un desconocimiento de conceptos tales como deber, obligación, valor, autoridad; la elaboración de éstos forman parte de los decálogos, a cuyo alrededor se estructuran los organismos pre-políticos que, junto a los localismos persistentes en la sociedad nicaragüense en el siglo XIX, se constituyeron en un patrón de las estructuras de autoridad que otorgó identidad a las elites y cuyo poder, además de ser reproducido a través de imágenes por la letra impresa, fue legitimado por ésta.

7En Centroamérica desde los tiempos de la colonia la producción de impresos estuvo centralizada en Guatemala y lo religioso predominó en la temática de su producción, tal influencia prevaleció inclusive hasta en el siglo XIX, en que conceptos como orden y legitimidad contienen un sentido religioso cuando son difundidos por la palabra impresa. Los sacerdotes estuvieron al frente de las imprentas y periódicos, como es el caso del Correo del Istmo de Nicaragua que era dirigido por un religioso, imprimiéndole un sentido sacralizado al consumo de la letra impresa. Durante la primera mitad del siglo XIX la palabra impresa que difunde el orden y la legitimidad debe coexistir con un discurso que fija un sentido religioso a estos conceptos, tales como “moral” y “virtud”, los cuales son publicitados no sólo por los periódicos centroamericanos sino también por los hispanoamericanos. En un periódico mexicano que para la época circulaba en Centroamérica se lee:

8“Preceptos breves de Relijión, de moral y de virtud, escritos en verso de una manera clara y sencilla, acomodados a la capacidad de los pueblos, con el objeto de que queden impresos en la memoria, copiados de un periódico Mejicano
(…)
Aunque en el alcance al número 22 de este periódico se publicaron estos saludables consejos, son muy interesantes, y su importancia nos ha hecho repetirlos.”

9La ciudad letrada era la principal destinataria de esta producción: curas, hombres dedicados a las profesiones liberales, funcionarios de la burocracia republicana, comerciantes; todos intermediarios o mediadores con el universo de la población que pertenecía a la cultura oral, aquellos para quienes la letra impresa no comunicaba nada y sin embargo tenían formas y medios propios de comunicación colectiva.

10A partir de la tercera década del siglo XIX en las sociedades centroamericanas y en particular en el Pacífico meridional centroamericano, la letra impresa no sólo apoya sino que también se impone a los actores políticos en el ejercicio de sus funciones públicas. Esta se utiliza para reproducir los valores y conceptos, amplificados por el poder que ella representa. El periódico a través de sus páginas impresas dibuja un nuevo esquema en las relaciones de poder entre el estado y la sociedad, mediante la reproducción de las significaciones que le otorga a las leyes, normas y reglamentos que mayoritariamente difunde. La reproducción impresa de leyes y decretos en libros y periódicos delinea una nueva cartografía del poder.

El Correo del Istmo de Nicaragua

11En ese mismo año de 1849 comenzó a circular en León, la capital del Estado, el periódico CORREO DEL ISTMO DE NICARAGUA. Su lema, una cita de Ovidio: Hic ocus est Gemini Janua vasta Maris (De dos mares aquí está la vasta puerta), alude a la condición transístmica del territorio en donde se encontraban asentadas las mayores ciudades del país y revela el verdadero sentido de la misión del periódico: movilizar recursos en torno a la actividad de transporte de pasajeros, y estimular la actividad productiva, que habría de prestar los servicios que dicha ruta demandara. Para realizar estas tareas el periódico contaba con una sencilla división del trabajo, un director que también hacía el papel de editor, seleccionando el material redactado que debía ser publicado: colaboraciones de los suscriptores, noticias publicadas en periódicos extranjeros que eran de algún interés para la población en la región, comunicados del gobierno, leyes, decretos y reglamentos para normar la vida del país, consejos para la vida de hogar, anuncios comerciales, registros del arribo y zarpe de barcos en los puertos nacionales y sus orígenes y destinos. Su director, el Padre Manuel Paul3. La impresión gráfica se realizaba en los talleres de Pedro Argüello en la misma ciudad de León.

12La publicación del Correo del Istmo (…) cambió la concepción de hacer prensa periódica en Nicaragua. Hasta entonces, los periódicos eran las gacetas oficiales cuyos contenidos se reducían a la reproducción de las leyes y ordenanzas emitidas por el gobierno central, de algún discurso del Director del Estado en alguna ocasión memorable, de los avisos acerca de los arribos o salidas de las embarcaciones de los puertos, de los precios de los productos agrícolas en el mercado de los puertos de la región y europeos, y de alguna gacetilla sobre la incipiente vida política o algún consejo práctico sobre la producción o la higiene personal. En las páginas del Correo del Istmo (…) las leyes y ordenanzas son las menos y la vida cotidiana de las comunidades comienza a ser dibujada a través de un incipiente discurso textual que toma cuerpo en las pequeñas páginas del periódico, y comienza a tener vida pública debido al avance en el dominio del lenguaje que se manifiesta en la redacción de notas cada vez más extensas, como la interpelación que realiza a los comerciantes para que realicen inversiones y brinden servicios:

13“¿Eres Comerciante?
¿Y porqué no avisas al público sobre lo que deseas vender, comprar, etc.? Es de admirar, que, activándose tanto el comercio no haya (...) avisos, ya que el comercio se descuida de avisar, el Correo tomará (...)”

14No obstante este periódico4, a diferencia de los anteriores que fueron editados y publicados por los gobiernos de turno, tuvo un carácter oficial y reconocido como tal por el Gobierno del Estado de Nicaragua, también publicaba remitidos de interés público y documentos oficiales del estado, tales como decretos, cuadros informativos sobre importaciones y exportaciones, estados de las finanzas públicas, decretos y leyes, de casas de comercio publicando las ofertas de sus mercancías, los cuales son publicados junto con los avisos de artesanos, profesionales e intelectuales, gentes de saber que ofrecen sus servicios como se puede apreciar en el siguiente aviso:

15“Pedro Porras natural de Costa Rica y residente en esta ciudad, gravador y ensayador de metales, deseoso de ser en alguna manera útil al país filantrópico en que vive, principalmente a las personas consagradas al descubrimiento y elaboración de minas, ofrecen a cuantos carezcan de conocimientos para valorar la legitimidad de los metales que aquellas encierran; reconocerlos y calificarlos gratuitamente5 (...)”

16El primer número de Correo del Istmo (…) salió el 1ro. de mayo de 1849 y su frecuencia de publicación fue quincenal, exceptuando las ediciones extraordinarios, llamadas “alcances”. Su publicación concluyó el 24 de mayo de 1851 (fecha cercana a su desaparición). En este lapso de tiempo fueron publicados 84 números y cinco alcances (suplementos), que totalizan 360 páginas aproximadamente, cada edición constaba de cuatro páginas en formato de un octavo de pliego. Sus páginas están numeradas consecutivamente con el objeto de constituir una colección que tomase forma de libro. Hasta entonces, la división del trabajo en la producción de la prensa periódica del litoral del Pacífico en Nicaragua era inexistente, la misma persona que redactaba alguna nota, era la encargada de componer las páginas, levantar las galeras, imprimirlas y encuadernar la publicación. Quien desempeñaba tales menesteres era denominado editor y en el periódico objeto de este artículo tal función era asumida por el director.

17En el Correo del Istmo de Nicaragua los anuncios comerciales y los escritos que los lectores hicieren publicar, estaban sujetos a tarifas estipuladas por el editor, lo mismo que la correspondencia recibida de particulares, quiénes tenían interés en publicarlas, debían de pagar al periódico. Aunque no se tienen referencias documentales directas sobre el proceso de edición del periódico, una lectura al mismo nos advierte que en su elaboración intervenían varias personas: poseía una diagramación, que partía desde el encabezado con el logo del periódico, la ubicación de los textos y las notas más importantes, el uso de viñetas, bigotes y barras (elementos de tipografía muy avanzados en Centroamérica para su época) permitía ensanchar el reducido espacio de sus cuatro páginas y crear una ilusión de amplitud a los textos publicados.

18El editor también mantenía una correspondencia con sus pares en la región, lo que le permitía el intercambio sistemático de información sobre la vida política y económica en Centroamérica, de manera de poder construir imágenes de las virtudes y fortalezas del país que nombraba y daba a conocer en sus textos impresos, un dibujo del litoral del Pacífico centroamericano en Nicaragua como el que nos ofrece en el siguiente fragmento:

19“(…) en Nicaragua hay también mucho que envidiar, pues tiene su cacao, su añil, su tabaco, frutos precioso que se cultivan en abundancia: su comercio en actividad; hacen que no estén ociosos los buenos caminos interiores y los excelentes puertos que posee sobre el Atlántico y sobre el Pacífico; en cuyo tráfico se emplean millares de brazos, (...) de los que se ocupan en las pingües cosechas del algodón y de los granos para el consumo de los habitantes, y aún para estraerse a los otros países.
(...) y en una población de más de 300 mil habitantes, no hay nada homogéneo (...) (el del departamento Meridional y el de Chinandega), donde se cosecha el cacao y el algodón, el pueblo cual es también agricultor y al miswmo tiempo industrioso (el de Masaya, donde se siembra el tabaco, y se trabaja toda obras de cordelería, siembros de paja6, etc.)”.

20Las imágenes no solamente se construían desde la redacción del Correo (…) y a través del dibujo del redactor en su escritura, también surgían en las páginas de las publicaciones en los demás países de la región. La salida del primer número del Correo (…) fue motivo de un efusivo saludo en sus pares centroamericanos:

21“Suscrición (sic) al Correo del Istmo de Nicaragua en San Salvador.

22Han llegado a esta capital los tres primeros números de este nuevo periódico que se publica en León cada quince días. Su elegancia, corrección y programa le van dando en el Estado un distinguido crédito. Se avisa pues a los señores que deseen obtenerle, que el infraescrito se halla encargado de la suscrición: el precio es el de veinte reales al año por trimestres adelantados, y los números sueltos se venden á un real. San Salvador, junio 25 de 1849. Tomás Ayón7.”

Incluso en ocasiones llegaba a polemizar con muchos de ellos sobre temas que afectaban los intereses de las elites nicaragüenses. Después del gobierno, quienes más utilizan las páginas impresas del periódico son los comerciantes y gentes de saber que dirigen sus escritos al medio para su publicación suscribiéndola o de manera anónima, en la que emiten críticas o expresan su idea del progreso como en el siguiente anuncio:

23“Aviso.
El joven Don Pedro Francisco de la Rocha coronó sus brillantes tareas el día 9 del que rije, recibiendo el capelo y borlas de Dr. en Medicina, con todo el brillo que era de esperarse. Un amigo de la civilización8.”

24
El contenido siempre será un asunto de interés colectivo o gremial. La correspondencia es dirigida a los editores del periódico, quienes generalmente no contestan, o se limitan a publicarla pero absteniéndose a comentarla. Estas son las únicas formas mediante las cuales el público lector compuesto por actores políticos se manifiesta a través de su escritura. En la siguiente carta de un comerciante que suponemos salvadoreño, éste expresa su descontento por el nombramiento de gobernador en San Miguel:
bq. “Como en todas partes, no faltan en este departamento dos partidos: y como hay que prever la gobernación, ambos han trabajado con mucho calor, porque se coloque en el destino a una persona que les sea afecta, y favoresca sus intenciones, yo creo que esto más que otra causa, ha motivado la venida a esta ciudad del honrado y pacífico Presidente Aguilar (...)
(...)
Lo digo a UU. Por si tienen a bien insertarlo en el periódico para que llegue a noticia del Presidente Aguilar. Un comerciante9”.

25En esta primera etapa se asiste a la emergencia de un sujeto que sufre una extraña metamorfosis: los intelectuales religiosos se transforman en seculares en la medida en que asumen su papel de difusores de la letra impresa que dibuja el orden, convirtiéndose en agentes políticos, pero también como agentes económicos que desde los periódicos construyen sus redes comerciales, y se convierten en miembros prominentes de la ciudad letrada que legitiman el poder político, a la vez que en sus discursos textuales comienzan a ser constructores de gustos literarios. El medio moderno representado en el periódico coexiste con la tradición oral. Un caso particular en esta época se encuentra en el Padre Agustín Vijil, quien según los testimonios de su época practicaba la oratoria en el púlpito y su palabra era capaz de movilizar a importantes sectores de la población indígena en Masaya, en el período previo a la Guerra Antifilibustera.

26De igual manera que en los albores de la Independencia, en la escritura de cartas se difundió una cultura literaria junto a la opinión política y a través de las redes de corresponsales se fueron creando factores de negocios como los comerciantes centroamericanos. Estos mantenían continua correspondencia entre sí, valiéndose del correo de posta o de las redes de transporte marítimo que a partir de la década de 1830 dinamizaron el comercio regional, incorporándose como un elemento decisivo en la difusión de la cultura impresa. En el estudio de las redes de suscriptores, el análisis de la correspondencia de los lectores con el periódico debe tener un papel de primer orden en la investigación sobre el tema, debido a que es en ella en donde encontramos no sólo las temáticas o agendas del periódico, sino también el desarrollo del discurso literario de la región y la construcción de un incipiente gusto literario el cual estará mediado por el poder de la religión y el deseo de sujetarse a las normas de la lengua10. Un cartel que promociona los textos que se encuentra a la venra en la librería del señor Ienfante, en León, nos muestra esta mediación:

27“Avisos.- En la tienda del Sr. Iefante se venden los libros, cuyo título es como sigue – Biblioteca de Predicadores, obra novísima, y la primera que se ha visto en León. Bergier, Diccionario Enciclopédico de Teología, 11 tomos y buenas láminas.- San Ligorio, Teología Rural en 6 tomos 8º- El Hombre Apostólico, del mismo autor.- La Sagrada Biblia de Amat.- Gramática Francesa de Chantreau.- Sermones de Lacordaire.- Ejercicios de San Ignacio.- Irdizos, Ceremonias de la Misa.- Glorias de María, de San Ligorio.- Novísimo Diccionario Latino de este año de 1850. Larraga, Moral, novísimo. Compendio de Gramática Castellana11.”.

28La letra impresa no solamente norma y reglamenta la acción de los actores, también dibuja regiones mediante una interacción con los lectores y quienes además escriben para los periódicos; aproxima territorios que, estando vinculados por la actividad económica, profundizan sus intereses comunes al producir sensaciones de simultaneidad en las acciones que se producen en las zonas de emisión y recepción. Esas sensaciones nos muestran el espacio por el cual se expande la letra impresa, al igual que las ideas que difunden los periódicos y que son multiplicadas a través de la red de suscriptores y corresponsales esparcidos en la región centroamericana, tal y como lo muestra la siguiente nota del periódico salvadoreño La Unión:

29“A última hora.
Nos ha saludado el Correo del Istmo de Nicaragua, con un elocuente y erudito artículo, alusivo a nuestros escritos sobre nacionalidad; celebramos muchísimo la identidad de nuestras ideas con los redactores de aquel acreditado periódico, tanto en el fondo de la cuestión, como en la manera de tratarla sin inculpar zaherir, ni injuriar á nadie, que es lo que la UNION se propuso desde en su prospecto. Teníamos ya en la imprenta el material completo de este número, pero hemos suspendido mucha parte de él, para dar lugar á este artículo, que hace honor a sus autores12.”

30La reproducción de materiales de otros periódicos de la región centroamericana y del Caribe, expandió la geografía de la cultura impresa: temas y problemas de la región, estuvieron a la orden del día en la agenda del periódico y crearon un sentido de simultaneidad entre la ciudad letrada centroamericana nunca antes experimentado por los lectores. Estos nuevos sentidos del espacio regional fueron construidos por los periódicos de la época que circularon en Centroamérica.

La distribución de los periódicos: el correo de posta

31¿Cuál es la infraestructura sobre la que se construye la red de suscriptores y se difunde la cultura impresa? En la difusión de la palabra impresa por todo el ámbito regional no se puede obviar la existencia de un sistema de correos que permita la circulación del periódico. La existencia de un servicio de correos heredado de la época colonial, entre Guatemala y Costa Rica y que funcionaba por medio de postas, permitió la comunicación entre las principales ciudades del Pacífico centroamericano en la primera mitad del siglo XIX, tales como Quezaltenango, Ciudad Guatemala, Sonsonate, San Salvador, San Miguel, Choluteca, Tegucigalpa, León, Granada, San José y Cartago. El transporte marítimo también coadyuvó a esta comunicación, toda vez que los capitanes de barcos formaban parte de un sector muy importante de la ciudad letrada13.

32Los correos tuvieron un papel muy importante en la construcción del Estado. Eran los portadores de las leyes y decretos de los gobiernos, quienes los hacían llegar a los lugares más recónditos del territorio. También eran los transportadores por excelencia de los periódicos, donde se reproducían estas leyes. Los correos de posta dependían en mucho de la situación de los caminos y la disponibilidad del ganado mular y caballar. Su implementación era un negocio particular que el proveedor brindaba el servicio tanto del Estado como de las personas individuales. En el caso de Nicaragua, la extensión territorial y el crecimiento de las poblaciones del norte demandaron una expansión de la red de correos durante la segunda mitad de la década de 1840:

33“Se hallan establecidos ya cuatro correos mensuales del departamento setentrional a esta ciudad: dos salen del Ocotal, el uno el 6, y el 21 el otro, y duran aquí treinta y seis horas, y los otros dos salen de Matagalpa el 7 y 22, y dilatan el mismo tiempo14”.

34Los capitanes de barcos fungían como correos de los impresos que intercambiaban los gobiernos, generalmente estos consistían en las leyes que publicaban. Estos eran portadores, además de las letras comerciales, de las noticias de interés para los comerciantes, también lo eran de los documentos mediante los cuales se materializaban las relaciones entre los Estados. Los impresos tenían un alto valor en el lenguaje diplomático:

35“Adendum.
No trae noticias de cosas políticas, por lo único que se dice, es que Carrera, tomó el Estado de Los Altos; pero no con veracidad, tampoco trae ningún papel público que acompañarle- vale Castro15”.

36Los capitanes eran portadores de cartas, libros, periódicos –“papeles públicos” que contenía noticias de allende la mar, las que depositaban o entregaban a las autoridades estadales de los puertos a que arribaban. Sin embargo, los correos también se vieron involucrados en el control de la palabra impresa por medio de la censura y la violación de la correspondencia. Para la prensa periódica centroamericana del siglo XIX, este es un tema crucial a través del cual construyen la legitimidad de la palabra impresa. Hacia 1850, en León corría de manera insistente el rumor de que los administradores de correos interceptaban la correspondencia privada. La libertad de imprenta, a como se le denominaba lo que hoy conocemos como libertad de expresión, pasaba por rechazar la censura a través del control del correo de posta. El Correo del Istmo (…) niega tal versión, y para ello se basa en la honestidad de los correos:

37“Verdad es, que se nos ha exijido otra prueba, so pena de ser reputados por infames; pero creemos haber cumplido con exhibir la que teníamos. Afírmese lo que se quiera, esto se nos ha dicho Y LO QUE SE DICE debe ser mucho peso para nuestros gratuitos adversarios, puesto que no dan ellos otra prueba, para asegurar lo contrario16.”

38La censura no solamente se produce por el control del correo, sino en las autolimitaciones que se imponen los editores y el recurso del tiempo de publicación del tema o noticia, recuérdese que el periódico objeto de este estudio era publicado con una frecuencia quincenal. Ante una causa que el Director del Estado de Nicaragua manda abrir contra el comerciante y suscriptor del periódico Dámaso Souza y también contra Benito Rosales, el Correo del Istmo (…) esgrime el argumento de falta de coordinación en la fecha de salida de la publicación a causa del retraso en la imprenta. El impresor redactó una nota en la que se excusaba de no haber publicado el mismo en su tiempo:

bq.“Este impreso debía haber salido el mes de septiembre, y no ha sido posible darlo antes de la fecha, por ocupaciones de la imprenta. León, noviembre 18 de 1850. El Impresor”

39El sentido del espacio y la construcción de una simultaneidad no sólo dependen de las imágenes que se producen en la escritura, sino también en la organización que se estructura para producir el periódico y garantizar su circulación en la frecuencia determinada, es decir, que pueda circular sin contratiempos y lo más extenso posible. No obstante, siempre se dependía de los imponderables que pudiesen tener los correos de posta, a como lo reseña esta nota del Correo del Istmo (…) en la que muestra el radio de acción que tenía su palabra impresa:

40“Problemas en las estafetas del tránsito dieron origen a que el periódico no llegase a los puestos de distribución en Costa Rica17.

41La frecuencia con que el periódico circulaba y el cumplimiento de su compromiso con los suscriptores fueron creando la necesidad de lectura en el público ya acostumbrado a esperar por él. Una necesidad que trasciende la particularidad del Correo del Istmo (…), pues como lo observaba el norteamericano William Wells en 1854 al comentar el estado de la prensa en general:

42“Al juzgar por los numerosos artículos que salía en el periódico y por los varios folletos y hojas sueltas publicados y dejados en las puertas, no faltaba patriotismo. (…). La prensa hace sentir su influencia en Centro América18.”

43Las discusiones que se realizaban en las reducidas nota a través de un agresivo discurso textual en los periódicos de la época, conduce a Wells a afirmar que éstos no carecen de “patriotismo” y que “Desde el Presidente al más pobre vagabundo, todo el mundo podía expresar sus ideas sobre la situación del país19”.

Los suscriptores

44La prensa periódica al igual que todos los tipos de publicaciones impresas en la primera mitad del siglo XIX en Centroamérica, dependió en mucho del carácter de la propiedad de la imprenta. A diferencia de Costa Rica, en donde la imprenta fue una cuestión de estado y por tanto éste su primer propietario, para esa misma época en Nicaragua la imprenta es un negocio particular que presta servicios y se los vende al estado20. El principal servicio que presta el Correo del Istmo de Nicaragua en 1849 ya no será la reproducción de leyes y ordenanzas emanadas desde el estado, sino la promoción del eje principal de su política, en este caso la divulgación noticias sobre la actividad transístmica y ofrecer su contribución a la movilización de la población en función de forjar condiciones para el funcionamiento de la actividad transístmica de pasajeros con destino a Estados Unidos.

45El Correo del Istmo de Nicaragua contribuyó a la formación de una opinión pública y de valores propios de su época. Eduardo Carcache, uno de los suscriptores del Correo (…), también fungía como representante de Nicaragua en Estados Unidos, y en una carta al periódico fechada el 30 de mayo de 1850, avisa sobre los movimientos de vapores oceánicos en función de organizar la eficiencia del tránsito, también comunica el arribo de los vaporcitos de río, a remolque, cuya capacidad de carga “(…) equivale a treinta piragüas y calan menos agua, a pesar de tanta carga.” Acerca de las ventajas que se obtendrán con el tráfico de pasajeros, Carcache afirmaba:

46“De este modo vamos a tener inmigración de hombres activos que nos traerán las industrias y las artes: tendremos visitadores de todas las naciones: se aumentarán muchos recursos: nuestras cosas adquirirán más valor, valor real y efectivo: tendremos en fin dinero (…) digo tendremos inmigración porque mucha gente tiene los ojos fijos en Nicaragua y aún muchos han salido ya21.”

47En el discurso textual de los periódicos nicaragüenses de la primera mitad del siglo XIX, se aprecian los rasgos de sus lectores. Se trata de un público muy reducido el de la ciudad letrada, con alguna posibilidad económica como para suscribirse al periódico. La suscripción dotaba al presunto lector de una identidad, la que consagraba el sentido de pertenencia a una esfera social y económica que les diferenciaba de la mayoría de la población, el poder de la lectura se traducía en poder político. Sin embargo no siempre ocurría así y muchos de los caudillos y campesinos ricos que tomaron parte en las contiendas políticas, tenían un mayor arrastre o influencia entre la población que cualquier letrado. Los lectores del mismo eran, en primer lugar, los suscriptores y a ellos iba dirigido el mensaje o contenido de los periódicos. Esta doble condición de los lectores deviene de las antiguas prácticas de consumo de la letra impresa: la perennidad que se expresa en la publicación de un nombre equivale al sentido religioso de la eternidad. No había manera de construir omisiones sobre los acontecimientos en la vida de las sociedades centroamericanas de la época Esto fue una práctica más limitada en las publicaciones anteriores al Correo del Istmo (…). Como es el caso del Mentor Nicaragüense, que en su edición No. 19 del 5 de marzo de 1842, su editorial comenzaba interpelando a sus suscriptores para alcanzar sus indulgencias:

48“Talvez habrán extrañado algunos de los suscriptores de este periódico que nada hayamos dicho en él de la venida del General Francisco Morazán. Deseábamos tratar de ella en el número anterior; pero no teníamos datos ciertos sobre qué fundarnos: cuando reunimos algunos ya fue tan tarde, que no hubo tiempo para escribir; y debíamos decir tanto, que no lo permitía la cortedad del papel, a no ser que sólo se hubiera ocupado del enunciado asunto22.”

49En el caso de los suscriptores del Correo del Istmo (…), el objetivo de movilizar a la población alrededor de esta política de promoción de la ruta del tránsito se produce por el dominio de la lectura que poseen los suscriptores y por la capacidad de ampliación que tiene la letra impresa. La lectura, en una sociedad de cultura oral como la del Pacífico nicaragüense, era un acto colectivo que formaba parte de las tertulias que llenaban una importante parte del tiempo de ocio de todos los sectores de la sociedad23. En la década de 1870, Thomas Belt24 encontró un lector solitario en algún pueblo camino a Estelí. Para comprender el real sentido de lo que Wells expresa en sobre la importancia de los periódicos y la formación de un público lector en Centroamérica, es necesario historizar la lectura y la escritura, y especialmente el material de lectura que estaba disponible a la población letrada tanto por medio de las escuelas, así como en los circuitos públicos: publicaciones impresas que circulan en el mercado, colecciones de las bibliotecas privadas. Esa necesidad de lectura está estrechamente relacionada con el cambio de las temáticas religiosas a las profanas así como la organización de una comunidad letrada a través de la lengua escrita25.

50Entre los suscriptores del periódico se encuentran comerciantes extranjeros como el inglés Tomas Manning, el francés Pedro Rouhaud, el alemán Gustavo Baumhavar, el francés Carlos Thierrat, quienes tenían negocios a lo largo de toda la ruta del tránsito entre el Caribe y el Pacífico. Religiosos como los Presbíteros Leonardo Moreana, José María Argeñal, Francisco Quijano; quienes como párrocos tenían auditorios cautivos en donde difundían además de la fe religiosa, las noticias del país y la fe en el porvenir. Comerciantes regionales como Mariano Salazar, que mercaba entre León, San Miguel y San Salvador; o, Mariano Montealegre con intereses en el Pacífico occidental nicaragüense y el Valle central costarricense. Intelectuales como Juan Eligio de la Rocha. Miembros prominentes de los centros urbanos de León y Granada, que combinan las actividades agrícolas con el comercio en la ciudad, como Hilario Herdocia, Rafael Salinas, Joaquín Pérez, Luis Rivas, Pedro Alemán; Domingo Alemán; Salvador Icaza; Domingo Lacayo; J. María Sarria; J. Dolores Martínez; Lic. Lino César; José María Mantilla26. Tomás Ayón, estadista nicaragüense que hizo carrera pública en Nicaragua y en El Salvador, fue el corresponsal y distribuidor del Correo del Istmo (…) en San Salvador. El comerciante herediano Rafael Moya, lo era en el Valle Central de Costa Rica.

51Los suscriptores, que también fungen como corresponsales, son los encargados de multiplicar la capacidad de difusión de los mensajes impresos y de generar un incipiente gusto por el texto escrito que tenga sentido literario. Tal fue el caso de Adolfo Marie, quien entre sus múltiples ocupaciones se encontraba una: ser corresponsal en San José, Costa Rica del Correo del Istmo de Nicaragua, y de La Unión, periódico de política, artes, literatura y variedades en San Salvador. Marie escribe desde San José una presentación27 de M. de Lamartine, el Prefacio al folleto publicado en Costa Rica, en el que lo ubica como intelectual y lo define como alguien que no tiene patria sino “injenio”:

52“Hay unos pocos hombres, tan felizmente nacidos, que, ya en la literatura, ya en las artes, ya en las armas, cosechan laureles y triunfos en el mismo umbral de su carrera, van adelante sin descanzar nunca de la gloria, y no dan un solo paso en la vida que no sea un paso hacia la inmortalidad.
La celebridad de estos injenios no se encierra en los horizontes patrios, ni en los estrechos linderos de algunas nacionalidades, ni aún en los límites de un continente, sino que se estiende por toda la tierra, penetra en todos los ambientes que la humanidad respira, y se infliltra, por decirlo así, en la civilización universal.
Para ellos no hay Pirineos, ni columnas de Hércules. El dedo de Dios conduce a esos espíritus alados por encima de los confines de lugar y tiempo, que son el no más allá de las inteligencias inferiores. Y aludiendo aquí al sublime concepto de uno de ellos, diremos que esas organizaciones verdaderamente aguileñas, cerniéndose en las altas rejiones del pensamiento o del poder, alcanzan a medir el mundo con sus miradas y á recorrerle con su vuelo, apresandole por la fuerza de sus pasiones o ideas28.”

53Los suscriptores fueron difusores además del poder que representaba la palabra impresa en tanto ley, de un incipiente gusto por el texto literario que abriría nuevos universos geográficos, construiría nuevos sentidos de vida, secularizándola en sociedades que transitaban entre el mundo colonial presente y el porvenir republicano. Para ello se sirvieron del pasado helénico y latino, que les permitió fundamentar su idea de orden. El porvenir se lo dejaron a la reflexión sobre el lenguaje escrito con el que fueron creando conciencia de un nuevo sentido de la vida que solamente la literatura podía proporcionar.

Notas y citas

541 Julio Ramos citado por Graciela Montaldo, in Ficciones culturales y fábulas de identidad en América Latina, (Rosario : Beatriz Viterbo Editora, 1999), pág. 28

552 Roberto Castelán Rueda, “Introducción” a La Fuerza de la palabra impresa. Carlos María de Bustamante y el discurso de la modernidad, (México: Fondo de Cultura Económica/Universidad de Guadalajara. México, 1997), pág. 19. Aún han sido estudiadas las relaciones intelectuales del mundo novohispano con el centroamericano, durante la última etapa de la colonia era muy común la circulación de textos novohispanos en Centroamérica.

563 Véase E.G. Squier, Nicaragua. Sus gentes y paisajes. Traducción de Luciano Cuadra. EDUCA. San José, 1970. Véase también Mauricio Pallais Lacayo, Catálogo de la Exposición Treinta años de periodismo en Nicaragua. 1830-1860, (Managua: Instituto Centroamericano de Historia, Universidad Centroamericana., 1971).

574 El Correo del Istmo de Nicaragua. No. 52, León, octubre 10 de 1850.

585 El Correo del Istmo de Nicaragua, No. 57, León, noviembre 14 de 1850.

596 El Correo del Istmo de Nicaragua, No. 77, León, abril 3 de 1851.

607 La Unión (Periódico de Política, Artes, Literatura y Variedades), San Salvador, julio 1° de 1849, N° 2.

618 El Correo del Istmo (…). No. 74, León, marzo 31 de 1851. Trimestre 8º.

629 Registro Oficial, No. 70, León, Sábado 23 de mayo de 1846, pág. 295.

6310 El periódico tuvo una edición de ochenta y cuatro números, con diversos alcances o suplementos. La colección del periódico que fue consultada en Nicaragua, es una versión en fotocopia que se encuentra en la Biblioteca “Roberto Incer Barquero” del Banco Central de Nicaragua.

6411 El Correo del Istmo de Nicaragua, No. 57, León, noviembre 14 de 1850. Trimestre 7º.
fn12. La Unión (Periódico de Política, Artes, Literatura y Variedades. San Salvador, agosto 15 de 1849. No. 5. pág. 19.

6513 Véase Miguel Angel Herrera C. , “Gentes de la mar. Marinos y Comerciantes en el Pacífico central mesoamericano. 1830-1860” in Revista de Historia, No. 43, enero-junio 2001. Escuela de Historia, Correo del Istmo de Nicaragua, No. 57, León, noviembre 14 de 1850, Universidad Nacional. Centro de Investigaciones Históricas de la América Central, Universidad de Costa Rica.

6614 in Registro Oficial #68, León, sábado 9 de mayo de 1846, pág. 283.

6715 Castro a Sr. Ministro General. Marzo 2 de 1840. Serie Guerra, #4550. Fo.14. Archivo Nacional Costa Rica.

6816 Correo del Istmo de Nicaragua, No. 63, León, diciembre 26 de 1850. Trimestre 7º.

6917 Correo del Istmo de Nicaragua, No. 73,. León, marzo 6 de 1851. Trimestre 8º.

7018 William V. Wells, Exploraciones y aventuras en Honduras. 1857. 3ª. ed. EDUCA. San José, 1982 p.76

7119 William V. Wells,. Idem

7220 Patricia Vega Jiménez, De la Imprenta al Periódico. Los inicios de la comunicación impresa en Costa Rica, 1821-1850 . (San José: Editorial Porvenir, 1995) ; Iván Molina Jiménez, El que quiera divertirse. Libros y sociedad en Costa Rica. 1750-1914, (San José , Editorial UCR. , 1995).

7321 El Correo del Istmo de Nicaragua. No. 39. León, julio 11 de 1850. Trimestre 5º.

7422 Mentor Nicaragüense, No. 19 del 5 de marzo de 1842.

7523 Véase Miguel Angel Herrera C, “Un nuevo espacio político: la prensa escrita. Nicaragua 1830-1867” in Memorias del IV Simposio Panamericano de Historia, (México: Instituto Panamericano de Geografía e Historia. México, 2001), págs. 75-94.

7624 Thomas Belt, El Naturalista en Nicaragua, (Managua, Edición del Banco Central de Nicaragua, 1970).

7725 Tal y como lo afirmamos en nuestro trabajo “Un nuevo espacio político: la prensa escrita. Nicaragua 1830-1867” : Una década más tarde, hacia 1880, el consumo de libros de temática secular será una necesidad apremiante en la comunidad de lectores. Obras como el Quijote, Las Mil y Una noches, los Oficios de Cicerón, la Corina de Madame Stael, la Biblia y las comedias clásicas españolas, se encuentran en el inventario de un viejo armario, que en una antigua casa de la Calle Real de León, es el principal material de lectura del niño Félix Rubén García Sarmiento. Véase Rubén Darío, Autobiografía, Madrid, 1920, pág. 11.

7826 El Correo del Istmo de Nicaragua, Nº 3, León, junio 1º de 1849.

7927 Adolfo Marie, La Unión. (Periódico de Política, Artes, Literatura y Variedades), San Salvador, 31 de agosto de 1849.

8028 Adolfo Marie in La Unión. (Periódico de Política, Artes, Literatura y Variedades), San Salvador, octubre 15 de 1849. N°9, pág. 36.

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Para citar este artículo :

Miguel Ángel Herrera C., « Correo del Istmo (León, Nicaragua. 1849-1850) y la construcción de redes sociales en el Pacífico centroamericano. », Boletín AFEHC N°45, publicado el 04 junio 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2435

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