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AFEHC : bibliografia : Memorias del dolor. Consideraciones acerca de las Comisiones de la Verdad en América Latina : Memorias del dolor. Consideraciones acerca de las Comisiones de la Verdad en América Latina

Ficha n° 2441

Creada: 21 junio 2010
Editada: 21 junio 2010
Modificada: 24 abril 2013

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Autor de la ficha:

David DíAZ ARIAS

Editor de la ficha:

Laura MATTHEW

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Memorias del dolor. Consideraciones acerca de las Comisiones de la Verdad en América Latina

Comisiones de la Verdad y la Verdad de las Comisiones: Una lectura del libro Memorias del Dolor de Ignacio Dobles Oropeza
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Palabras claves :
Memoria, Comisiones de la Verdad, Juicios, Justicia
Categoria:
Libro
Autor:

Ignacio Dobles Oropeza

Editorial:
Editorial Arlekín
Fecha:
2009
Reseña:

1Al explorar parte del proceso de construcción de la narrativa histórica presente en los informes de las Comisiones de la Verdad de Argentina, Chile y Guatemala, el historiador estadounidense Greg Grandin — quien formó parte de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala — ha indicado lo problemático del actuar de esas instituciones. Dice Grandin: “Las Comisiones de la Verdad son cuerpos contradictorios y curiosos. A menudo hacen crecer la esperanza simbolizada por los Juicios de Núremberg, pero, sin embargo, operando dentro de las pobres posibilidades políticas que existen a través de la mayoría del mundo de la post-Guerra Fría son raramente acompañadas por procesos legales y a menudo no tienen autoridad para emplazamientos legales o sanciones. En lugar de servir como instrumentos de justicia, su valor es visto, en palabras de la Comisión Sudafricana de la Verdad y la Reconciliación, en su habilidad para construir un ‘puente histórico’ entre ‘un pasado profundamente dividido de sufrimiento incontable’ y un ‘futuro fundado en el reconocimiento de los derechos humanos1’”. Esta condición tan particular del accionar institucional de las Comisiones de la Verdad, toca parte de la yaga sobre las que están fundadas. Pero solo una parte. La consideración de las particularidades de las tareas que cumplieron las Comisiones de la Verdad involucra un acercamiento pormenorizado de las posibilidades y los límites sociales, políticos y culturales sobre los que se fundaron esas instituciones. Esto es parte de lo que ha hecho Ignacio Dobles en su libro: Memorias del dolor. Consideraciones acerca de las Comisiones de la Verdad en América Latina.

2Ignacio Dobles ha escrito un libro fundamental. Esta afirmación merece un comentario más claro y detallado. Dobles ha escrito un libro fundamental, porque el tema del que trata el libro es central para entender Latinoamérica en el presente que vive y en el futuro que sus sociedades desean construir. Al explorar las Comisiones de la Verdad en América Latina, es posible escuchar del autor ese grito constante hacia la necesidad de mirar esas instituciones si es que realmente queremos, como latinoamericanos, pensar nuestros pasados y nuestros dolores más allá de lo institucional. El grito de Dobles, del cual hablaré más adelante, es un intento intelectual, civil y humano por no dejar que las experiencias que motivaron las Comisiones de la Verdad sean simplemente historia muerta. De hecho, en su grito intelectual, Dobles quiere evitar que esas experiencias mueran dos veces. Por eso, este libro, desde su temática, es fundamental. Pero también es fundamental este libro, por la manera en que el autor ha pretendido, con ganas, contribuir al debate de los estudios de y sobre la memoria a nivel mundial.

3En efecto, en toda la primera parte del texto comentado, es decir, en unas 150 páginas o siete capítulos, Dobles ha desarrollado una interesantísima discusión con una serie de trabajos teóricos sobre la memoria. El autor, psicólogo de profesión y por convencimiento, tiene una meta particular en esa primera parte del texto; la de enfrentar una tradición analítica que ha visto y entendido a la memoria desde la individualidad, es decir, como una producción del individuo. Aquí radica uno de los principales aportes teóricos de Dobles en esta primera parte; la de dejar claro —o más o menos claro— que la memoria se produce en un entramado social y no simplemente en el individuo. Esta posición teórica tendrá una vital trascendencia en la segunda parte del texto ya que si Dobles ha convencido al lector, y creo que lo hace certeramente, de que la memoria no es solo un producto individual, entonces nuestra posición como lectores de la segunda parte es transformada de simples espectadores a actores del proceso. Me explico mejor; al inspeccionar las Comisiones de la Verdad que se fundaron en América Latina al final del siglo XX utilizando la posición de la memoria como una producción social, Dobles ha hecho al lector encarar la circunstancia de que no puede menos que sentir el peso de su propia responsabilidad —y la de su sociedad— en la conceptualización que esas Comisiones hicieron sobre el pasado de dolor latinoamericano de las décadas de 1970 y 1980. Este viraje, quizás planeado o no por el autor, es central ya que le otorga al texto una posición política que no necesariamente es explícita en otras obras sobre la memoria en América Latina en particular y en el mundo en general.

4Además, el discurrir de las venas teóricas en esta primera parte del texto, hace ver por un lado el trabajo arduo de lectura y entendimiento por el que pasó el autor —y con ello ha ofrecido todo un manantial para beber a los interesados en hacer estudios sobre la memoria— y, por otro lado, deja en evidencia que a pesar de que la producción sobre la memoria ha sido amplia y profusa, no existe un consenso claro acerca de qué posición teórico-analítica específica puede plantarse frente al problema de la memoria del dolor. Es más, la contribución que hace Dobles desde la psicología al incorporar una discusión sobre Freud y el judaísmo y algunas anotaciones de Ignacio Martín-Baró me han parecido muy enriquecedoras de una discusión que generalmente ha dialogado más con la filosofía y la antropología que con el psicoanálisis, por lo menos en los estudios históricos.

5El libro de Dobles, repito, es fundamental para el ciudadano común de América Latina y es especialmente fundamental para los científicos sociales latinoamericanos. Tengo la impresión de que uno de los tipos de trabajos sobre la memoria que han imperado en una parte de la producción científico-social latinoamericana, han partido de una posición inspirada por los planteamientos teóricos de Pierre Nora en la introducción a sus Lieux de Mémoire2 (1984-1992), y que, por tanto, han anotado que la memoria, en tanto es conceptualizada como opuesta a la Historia, no es capaz de hacer otra cosa con el pasado más que manosearlo. Quizás para contrastar esta posición (aunque él realmente no la discute), Dobles ha recuperado una posición analítica que parte en gran medida de la tradición de historia oral promovida por el historiador italiano Alessandro Portelli3, y que vislumbra la relación de la historia y la memoria en términos más complejos, lo cual le ha permitido a algunos historiadores vislumbrar el papel y el peso de la memoria en la construcción del pasado (aunque sea un pasado manoseado) tanto en forma individual como colectiva4. Dobles profundiza en esa discusión, pero sin caer en las premisas posmodernas que arrojan el estudio del discurso a un horizonte sin límites y más bien criticando esa posición al plantear la posibilidad de encontrar una verdad detrás de los discursos. Esto es importante especialmente para alguien como yo que ha leído el libro de Dobles como historiador. Creo que el texto de Dobles, al discutir de frente y tan honestamente con esa historia preocupada por las jerarquías del conocimiento de la memoria y, al mismo tiempo, al enfrentar la centralidad discursiva de la posmodernidad, ha invitado a los historiadores latinoamericanos a re-beber de la fuente de la historia oral que tan buenos trabajos produjo hace décadas y que hacía brillar la presencia del ser humano en sus páginas. Por eso, no me extraña que la solución teórica que Dobles propone al final de su texto, tenga por eje central la visión sobre la historia de Walter Benjamin. Pero volveré a eso en un rato.

6La segunda parte del libro de Dobles es inquietante. Son otras 150 páginas o siete capítulos más de fluir investigativo, perceptivo, humano y político. El asunto a analizar son las Comisiones de la Verdad y su trabajo, tanto en un plano de la ética y la moral como en otro plano del análisis del tipo de narrativa histórica explicativa que esas instituciones crearon en países como Argentina, Guatemala, Uruguay, El Salvador, Chile y Perú. Tengo la impresión de que Dobles ha llegado a una posición un poco pragmática: el trabajo de las Comisiones no fue completo; pero lo que se hizo, en el marco de un choque de intereses de diversas fuerzas políticas, al menos, sirvió para construir una narración histórica de lo que había pasado. Pero luego encuentro que a Dobles esa solución, aunque pragmática, le parece limitada. Por eso, tengo la sensación que al final del texto, el autor vuelve por sus fueros y se plantea nuevamente ese asunto de la funcionalidad de las Comisiones y es por eso que recurre a Benjamin. Dobles, ya lo apunté, grita constantemente en este libro para plantear una posición política acerca de la verdad a develar y él parece sugerir que esa verdad, aunque no de forma maniquea, está en las víctimas y en los sectores pobres de las sociedades latinoamericanas. Aquí es donde encuentro que Dobles tiene finalmente un problema con la manera en que las Comisiones resolvieron su trabajo y con la forma en que el trabajo de esas comisiones fue recibido por políticos y grupos interesados en que no se hiciera nada con esas narrativas de la verdad, ni con esas memorias del dolor. Dobles, creo, ha partido de la primera parte del texto en la búsqueda de una verdad en las memorias del dolor que le permita a estas sociedades latinoamericanas lidiar con el dolor, o, al menos, darle un motivo presente al mismo. Pero en la segunda parte se ha topado con que finalmente el trabajo de las comisiones no logró terminar de darle sitio a esas memorias en la geografía de la esperanza de América Latina. Términos como reconciliación, perdón e impunidad pesan mucho en los reportes de esas Comisiones y en maneras que no necesariamente persiguen el ideal de Dobles, es decir, el de perdonar sin olvidar. De ahí que el autor vaya a Benjamin. Al ir a Benjamin, creo, Dobles ha partido en la búsqueda de una manera de poder encajar a la memoria y a la historia de forma tal que ambas sirvan en la liberación de las sociedades latinoamericanas. Ese es el grito final de Dobles en este libro, según mi lectura. Y es un grito válido y necesario al que quisiera hacer eco con la siguiente reflexión.

7Comparto con Dobles la idea de que Benjamin ofrece posibilidades para el acercamiento al análisis de la memoria y de la historia. En la doceava propuesta de sus Tesis de Filosofía de la Historia (1939), Benjamin nos ofrece una posible respuesta a la manera en que la historia podría cultivarse para la vida. Así, después de citar a Nietzsche (“Necesitamos de la historia, pero la necesitamos de otra manera a como la necesita el holgazán mimado en los jardines del saber”), Benjamin reinterpreta la forma en la que aquél filósofo alemán había visto la funcionalidad que tenía la historia para otorgarle la oportunidad de vivir a la humanidad, deteniendo el tránsito de una vida moderna que apuesta por el continuum. Roxana Kreimer ha precisado muy bien esa interpretación de Benjamin:

8La historia monumental, aquella que se nutre de la fuerza para el cambio en el ejemplo a imitar, en ‘la posibilidad de que lo que alguna vez fue sublime vuelva a serlo’ para Benjamin representa la transformación que suscita una lucha de clases que debe abrevar en el recuerdo y en el dolor por los antepasados esclavizados y no en la imagen menos vigorosa de los descendientes liberados. Benjamin invierte la flecha progresista disparada al futuro por la socialdemocracia alemana, que en su opinión ha desarticulado la fuerza de la clase obrera sepultando las injusticias pasadas en nombre de un futuro incierto. El Angelus Novus vuelve su rostro hacia el pasado; querría despertar a los muertos y recomponer la ruina de catástrofes que se amontonan a sus pies. Justamente la historia monumental tipificada por Nietzsche y en la que se inspira Benjamin es la historia que hace presente las desgracias de otros tiempos al hombre que sufre y tiene necesidad de consuelo: no es ésta una historia de doblegamiento y conformismo, no se trata de la conservación ni de la veneración de la historia anticuario sino de la combinación de lo que Nietzsche denomina historia crítica, una historia que juzga y condena las iniquidades del pasado, con una historia monumental que obra a favor del cambio como remedio contra la resignación5.

9De acuerdo con Benjamín en su tesis 14: “La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no está constituido por el tiempo homogéneo y vacío, sino por un tiempo pleno, ‘tiempo—ahora’”. Entre otras cosas, la historia que se escribe debe interesarse por hacer capaz al presente de encontrar la funcionalidad del pasado en su transformación, es decir, de provocar en la búsqueda del pasado una sensibilidad que le permita al lector de la historia sentir lo que aquélla presenta, de una forma tal que lo transforme en su visión del presente. O dicho en términos de Benjamin, el historiador debe brincar al pasado como un tigre6. Creo que eso es lo que Dobles ha tratado de hacer en su libro al explorar esas memorias del dolor. Es posible, con ese dolor, parir las ansiadas sociedades justas que deseamos ver nacer en nuestro continente. Este libro, en sus exploraciones teóricas y analíticas, descubre sendas para poder mirar al pasado terrible del que parte el trabajo de las Comisiones de la Verdad, con el objeto de volver visibles las posibilidades de creación a partir del dolor. Por eso comparto con Alexander Jiménez (escritor del prólogo de la obra comentada) la idea de que este es un libro que promete cambiar las sensibilidades de algunos grupos de esta parte del mundo. Y por eso, y por lo señalado, creo que es un libro fundamental que será muy bien recibido por la comunidad académica latinoamericana.

10David Diaz Arias, Universidad de Costa Rica.

11Notas de pie de página

121 Greg Grandin,“The Instruction of Great Catastrophe: Truth Commissions, National History, and State Formation in Argentina, Chile, and Guatemala” in The American Historical Review, Vol. 110, No. 1 (February 2005), págs. 46-67.

132 Pierre Nora, “Between Memory and History: Les Lieux de Mémoire”, in Representations, No. 26 (Spring 1989), págs. 7-24.

143 Alessandro Portelli, “What makes oral history different?”, in Robert Perks y Alistair Thomson (editores), The Oral History Reader (London: Routledge, 2004), págs. 63-74; Alessandro Portelli,The Death of Luigi Trastulli and Other Stories: Form and Meaning in Oral History (New York: New York State University, 1991).

154 Por ejemplo: Daniel James, Doña María’s Story: Life History, Memory, and Political Identity (Durham: Duke University Press, 2000) y Jeffrey L. Gould y Aldo Lauria-Santiago, To Rise in Darkness: Revolution, Repression, and Memory in El Salvador, 1920-1932 (Durham and London: Duke University Press, 2008).

165 Roxana Kreimer, “Nietzsche, autor de ‘Funes el memorioso’. Crítica al saber residual de la modernidad”, in Annick Louis (et. al.), Jorge Luis Borges: intervenciones sobre pensamiento y literatura (España: Paidós Ibérica, 2000), págs. 189-197.

176 Walter Benjamin, “Tesis de filosofía de la historia”, in ídem, Angelus Novus (Barcelona: Edhasa Sur 1970).

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Fuentes :

http://editorialarlekin.com/

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