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AFEHC : articulos : Las visitas pastorales en la diócesis de Guatemala: transgresiones y vida cotidiana en 1803. : Las visitas pastorales en la diócesis de Guatemala: transgresiones y vida cotidiana en 1803.

Ficha n° 2466

Creada: 07 septiembre 2010
Editada: 07 septiembre 2010
Modificada: 07 septiembre 2010

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Autor de la ficha:

Adriana RODRÍGUEZ DELGADO

Editor de la ficha:

Paul LOKKEN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Las visitas pastorales en la diócesis de Guatemala: transgresiones y vida cotidiana en 1803.

El principal objetivo de las visitas pastorales fue y sigue siendo, vigilar el correcto funcionamiento de una jurisdicción eclesiástica. A través de estas visitas se puede conocer la cotidianidad de una sociedad determinada, en este caso en particular, la de españoles, mestizos, negros y mulatos que integraron la diócesis de Guatemala en 1803, bajo la potestad del arzobispo Luis Peñalver y Cárdenas. Uno de los aspectos a destacar en este tipo de documentación son las transgresiones de índole moral, es decir, aquellos pecados o “vicios” en que incurrieron tanto clérigos como feligreses, entre los que destacan la embriaguez y el concubinato. En efecto, el amancebamiento fue la transgresión más frecuente entre los habitantes de la diócesis de Guatemala, además del incumplimiento del precepto pascual. Por otro lado, las faltas referidas –embriaguez y concubinato- no fueron las únicas que cometieron los párrocos. Aparte de los constantes abusos que perpetraron contra la población indígena, los informes también nos dicen que incurrieron en comportamientos libertinos, así considerados para la época, como fue la asistencia a bailes y a juegos de azar como los dados o naipes, por lo que descuidaban las labores propias de su ministerio sacerdotal. En resumen se puede decir, que las visitas pastorales representaron, para la Iglesia católica, un importante mecanismo de control de una sociedad sacralizada como lo fue la guatemalteca en el periodo colonial y en buena parte del siglo XIX. Si lo que se buscaba era el control de los individuos, que mejor que los informes de visita, los cuales entre otras muchas cosas, dan cuenta de los pecados cometidos, no sólo de la feligresía, sino también de los clérigos encargados de las parroquias que constituían la diócesis de Guatemala.
Palabras claves :
Visitas, Diócesis, Clérigos, Feligreses, Transgresiones
Autor(es):
Adriana Rodríguez Delgado
Fecha:
Septiembre de 2010
Texto íntegral:

1Las visitas pastorales son informes redactados por la Iglesia católica cuyo objetivo primordial fue y hasta la fecha sigue siendo, vigilar el correcto funcionamiento de la misma, así en lo espiritual como en lo material, en todos los territorios del entonces virreinato de la Nueva España, en este caso en particular, la diócesis de Guatemala a principios del siglo XIX1.

2Informes que resultan de una riqueza invaluable, ya que a través de ellos se puede vislumbrar la historia no sólo del ámbito espiritual, sino también del económico (fábrica de iglesias, bienes de cofradías, emolumentos, obvenciones, etc.); del social (relaciones pluriétnicas entre los diversos grupos que constituían la sociedad guatemalteca, movilidad poblacional); del educacional (instauración de escuelas y sistema de enseñanza implementado en la época); del moral (conductas deshonestas que en la documentación se denominan “vicios” como por ejemplo la embriaguez o el concubinato), y hasta de la esfera política (relación entre autoridades eclesiásticas y civiles, secularización de parroquias, entre otros). Y es precisamente en el campo de la moral católica y como está permeaba la cotidianidad de los individuos de la Guatemala colonial, donde se centra este trabajo.

3En efecto, basándome en esta parte de las visitas pastorales mi interés se dirigió a un aspecto al parecer poco estudiado de la cultura colonial guatemalteca, las transgresiones de tipo moral: “pecados” o “vicios” en que incurrieron tanto clérigos como feligreses, desviaciones consideradas como conductas deshonestas por la Iglesia católica, toda vez que ponían en entredicho la propia fe y moral cristiana.

La vigilancia de la diócesis

4Se entiende por visita, la obligación impuesta a los prelados de visitar y vigilar sus diócesis2. No obstante que la normatividad (Concilio de Trento) estipulaba que la planeación de las visitas corría a cargo del prelado, lo cierto es, que la mayoría de las veces, los datos consignados en ellas fueron producto de los clérigos, seculares y regulares, encargados de las parroquias.

5Las visitas se dividen en ad limina y pastorales. Las primeras hacen referencia a la visita de los obispos a “los umbrales de los Apóstoles”, eran los informes sobre el estado y gobierno de las diócesis y arquidiócesis, que se debían entregar al vaticano cada dos años. En el caso americano estos informes se debían entregar, en un primer momento, cada diez años, pero Benedicto XIV en 1740 redujo el lapso de tiempo a cinco años3.

6Por su parte, las visitas pastorales fueron y siguen siendo4, investigaciones sobre el estado general que guardan las diócesis o arquidiócesis. Como parte de éstas se realiza tanto la visita a las cosas ( visitatio rerum ), esto es, edificios, mobiliario, imágenes, archivos, etc., así como la concerniente al desempeño de los clérigos ( visitatio hominum ); información que tiene por objeto remediar los males que aquejan una jurisdicción determinada.

7La temporalidad de estas visitas es muy variada, dependerá de cada prelado, algunos especialistas aseveran que la frecuencia de las visitas dependerá de las necesidades financieras de la jerarquía eclesiástica5. Situación que queda de manifiesto en los documentos que integran algunas de las visitas pastorales que se llevaron a cabo en el territorio de la diócesis de Guatemala, el historiador Mario Humberto Ruz nos dice al respecto, que “…las urgencias económicas llegaron a provocar excesos de parte de algún diocesano guatemalteco poco escrupuloso6…”.

8En el caso concreto de las visitas pastorales de la diócesis de Guatemala que se emplearon en el proyecto Etnología y memoria eclesiástica. Religiosidad, moral, poder y economía en el Obispado de Guatemala (1557-1947), en la segunda mitad del siglo XVII, de la visita de 1646 pasaran 24 años para que se tenga registro de la siguiente visita en 1670, posteriormente la frecuencia de las visitas fue de entre seis y cuatro años, hasta finalizar el siglo.

Para el siglo XVIII la asiduidad de las visitas fue de cada año, máxime cuatro años para que se llevasen a cabo. Mismo patrón se repitió para la primera mitad del siglo XIX, después de 1865 pasaran veintidós años para que se ejecutara la subsecuente visita de 1887. Ya en el moderno siglo XX, las visitas se realizaron cada año hasta llegar a 1917, fecha de la última visita que se tiene documentada7.

9Como se menciono con anterioridad, las visitas pastorales no sólo registran el proceder espiritual y moral de los clérigos – seculares y regulares -, sino también el comportamiento, lícito e ilícito, de la feligresía, que para este caso en particular, se trató de españoles, mestizos, indios, mulatos y negros.

10Para la época a la que nos referimos (1803) las visitas pastorales de la diócesis de Guatemala cubren casi la totalidad del territorio guatemalteco, algunos poblados de la Sierra Madre del estado de Chiapas en México y la actual República de El Salvador8.

11Aunque Guatemala fue erigida en Obispado el 18 de diciembre de 1534 por el papa Paulo III – y elevada a metropolitana en 1743 por Benedicto XIV -, el primer registro que se tiene de una visita pastoral es del año 1557, sin embargo, de acuerdo a las investigaciones del historiador Mario Humberto Ruz, no se tiene la certeza de que ésta haya sido la primera en realizarse. La documentación que se trabajó en el proyecto antes mencionado, comienza con la visita del obispo Bartolomé González Soltero en el año 1646 y termina en 1917 con las visitas del arzobispo fray Julián Raymundo Rivero y Jacinto. Documentos que se resguardan en 61 cajas, de las cuales, de la número 1 a la 57 son las visitas propiamente dichas de 1646 a 1917, y de la caja 58 a la 61 se comprende la serie denominada Miscelánea, la cual contiene información variada, abarcando una periodicidad de 1609 a 1981.
Para los años 1802-1804 correspondió realizar la visita canónica al VII arzobispo, doctor don Luis Peñalver y Cárdenas9 (1749-1810). Peñalver era natural de La Habana, en cuya Universidad obtuvo el grado de doctor, fue provisor y vicario general del obispado de Cuba y obispo de Luisiana. Ya como arzobispo de Guatemala (1800-1806), erigió los curatos de Mataquescuintla, San Pedro Perulapam, Xilobasco y la Antigua Guatemala. Asimismo, otra de sus primeras acciones como prelado fue proporcionar a la ciudad de Guatemala de escuelas para niñas; en términos generales se considera que la administración de su diócesis se caracterizó por ser centralizada y ordenada10.

12 Antes de que se llevara a cabo la visita, el prelado (Peñalver y Cárdenas) envió una circular11 a todos los curas de la jurisdicción para que tuvieran listos los documentos que debían presentarle: libros de administración, fábrica, cofradías, pliegos matrimoniales y un informe que debía realizar el cura o coadjutor del lugar, con noticias tales como la administración eclesiástica, la descripción física de la parroquia y sus bienes, la situación económica de ésta, la conducta moral de los feligreses, entre otros. El informe estaba compuesto de 15 capítulos:

131°.- Con objeto de facilitar la pronta conclusión de la visita, tendrá [el] cura [que] preparar un índice de las iglesias, capillas y oratorios que haya en su distrito.
2°.- Número de las cofradías de cada pueblo, sus festividades, fondos y estado. De las fiestas de fundación particular y misas que por estas razones son a su cargo.
3°.- Inventario de las alhajas, ornamentos, muebles bienes de las iglesias y capillas, con distinción de lo perteneciente a cada una.
4°.- Relación de las capellanías que obtiene el cura y sus ministros, de las que hay en el distrito de la parroquia, memorias, cargas de misas que tienen y sus poseedores.
5°.- Minuta de los eclesiásticos residentes en el territorio, su destino, nombre del sacristán, sus emolumentos y razón de quien lo nombra.
6°.- Asiento de sepulturas de cada parroquia e iglesia.
7°.- Padrón del número de la feligresía con distinción de pueblos y en cada uno de ladinos [e] indios, varones, hembras, párvulos, adultos.
8°.- El cuadrante jurado de los ingresos que tiene cada año el beneficio, con distinción de ramos y cargas y razón del arancel por donde se gobierna.
9°.- Las cuentas de la fábrica de la iglesia por el sujeto a cuyo cargo corra, a fin de que con arreglo a lo que acordemos con el ilustrísimo vice-párroco real, determinemos lo que sea de justicia.
10°.- Nota de los que no han cumplido con el precepto pascual este año, de los públicos pecadores, l[os] que viven en voluntario divorcio.
11°.- Otra de los juramentos que contengan instituciones o legados píos, que no estén cumplidos por sus albaceas.
12°.- Relación de las escuelas de uno y otro sexo, nombre de sus maestros, número de escolares, parteras y su instrucción en administrar el bautismo.
13°.- Límites de cada parroquia; nombres de aquellos con quienes confina por los diversos vientos.
14°.- Si hay convento u hospicio de religiosos, sus nombres y soliciten una relación de las obras pías, sus fondos y cargas.
15°.- Finalmente, para nuestro recibo prepararan un alojamiento sin adorno pero aseado, el alimento suficiente aunque sin profusión y prohibimos se exija con este motivo contribución alguna de los pueblos ni tampoco bagajes, que satisfaremos por arancel, en el concepto de que para no ser gravoso; la familia que nos acompaña será corta12.

14Además del informe realizado por el párroco, también contamos con un interrogatorio llevado a cabo por el prelado don Luis Peñalver y Cárdenas (ya estando en la visita propiamente dicha) dirigido a los feligreses, mismo que se aplicaba a cinco personas de la comunidad13, que generalmente eran las justicias del lugar, esto es, alcaldes mayores y regidores, ya fueran indios, mestizos, o bien, mulatos como el caso de Miguel Gerónimo de 49 años de edad y José de los Reyes Cárcamo, de 45 años, quienes habían sido alcalde y regidor, respectivamente, del pueblo de San Jacinto, en la provincia de San Salvador. Asimismo, se interrogaba a españoles, siempre y cuando se hallaran en el curato, éstos regularmente eran los dueños de las haciendas de la comarca14.

15 El interrogatorio tenía por objeto dilucidar la conducta del cura, coadjutor y demás eclesiásticos que se encontraran avecindados en el curato, no sólo en lo que respecta al oficio de su ministerio sacerdotal: celebración de la misa, administración de sacramentos, impartición de la doctrina cristiana, cobro justo de obvenciones y emolumentos, entre otros aspectos; sino también en el diario acontecer de su existencia, es decir, si mostraba una o varias conductas licenciosas. Las visitas registran como las más frecuentes: la embriaguez, el concubinato y la asistencia a bailes y juegos prohibidos.

16 En cierto modo este cuestionario se convirtió en una forma de autodefensa de la feligresía ante los abusos de su o sus párrocos, principalmente entre los indígenas, quienes siempre fueron los más explotados, ya que no sólo tenían que soportar el cobro excesivo de tributos y el servicio personal15, sino que además fueron objeto de toda clase de vejaciones: improperios, golpes, extorsión, acoso y abuso sexual, etc., maltratos que se perpetraron desde los inicios de la evangelización. Así, es usual encontrar en la documentación las quejas que interponían los indios contra su párroco por maltratos “de palabras y obras”; el mayor inconveniente fue que las visitas no se hicieron con regularidad, a pesar de que la legislación tridentina determinaba que el obispo debía realizarla cada año, o a lo sumo, cada dos; pero cuando se llevaban a cabo, los indios no dudaron en manifestar los abusos de los que eran objeto.

17 Igualmente, se preguntaba a los testigos sobre la moral de los feligreses, si había públicos pecadores, herejes, supersticiosos, idólatras, en fin, todas aquellas conductas que significaban una transgresión a las normas impuestas por la Iglesia católica, no hay que olvidar que todavía en los albores del siglo XIX la vida de todo individuo, desde el nacimiento hasta la muerte, seguía estando tutelada por la Iglesia.

18 Los expedientes trabajados, permiten detectar dos tipos de faltas, la primera tiene que ver con los propios eclesiásticos, esto es, curas, coadjutores y presbíteros, quienes principalmente incurrieron en abusos de autoridad y quebrantamiento del orden sacerdotal. La segunda categoría la conforman las infracciones que cometió la gente del pueblo, en este caso en particular, indígenas y ladinos, siendo las más usuales: la inobservancia del precepto pascual, el amancebamiento y la embriaguez.

La visita pastoral de 1803

19Es importante aclarar que para este análisis sólo retomo la visita realizada a 20 pueblos durante el año de 1803: curatos de Esclavos y Cuajiniquilapa, San Cristóbal Tutiapa, Nuestra Señora de la Asunción Mita, San Pedro Metapán, San Esteban Texistepeque, San Juan Nahuizalco, San Andrés Apaneca, Nuestra Señora de la Asunción de Ahuachapán, San Pedro Conguaco, San Miguel Petapa, Nuestra Señora de las Mercedes de Sansaria, San Agustín de la Real Corona, Nuestra Señora de la Concepción de Tocoy, San Cristóbal Acasaguastlán, San Gerónimo Nejapa, San Antonio Ateos, San Silvestre Guaimoco, Nuestra Señora de Dolores Izalco, San Nicolás Tonacatepeque, y San Salvador y sus anexos, por considerar que esta visita es una de las que más datos aporta sobre la cotidianidad (incluidas las transgresiones) de los pobladores de la diócesis de Guatemala a principios del siglo XIX, así clérigos como feligreses.

La transgresión al ministerio sacerdotal

20Conforme a lo promulgado por el III Concilio Provincial Mexicano, las principales funciones de un párroco fueron: predicar la palabra de Dios los domingos y días festivos, administrar los sacramentos, visitar a los enfermos inmediatamente que fuesen llamados, instruir a los indios y esclavos sobre el sacramento de la eucaristía, dedicarse a la oración, servir ex officio al altar, entre otras, puede decirse que, esencialmente dichas funciones no han tenido cambios profundos. Tareas que además frecuentemente eran transgredidas16, por ejemplo, en la parroquia de San Juan Nahuizalco los habitantes del lugar reportaron que por culpa del cura, Joaquín Mariano Cáceres, habían muerto siete personas sin confesión17.

21 Otro caso fue el del cura y el coadjutor de la parroquia de San Pedro Conguaco, llamados Pablo Manuel Huerta18 y Manuel Alvarado respectivamente, de éste último se dice que no quiso ir a la hacienda de un tal Alfaro, a la confesión de un indio que murió sin ella, todo porque no le trajeron avío. Ambos eclesiásticos fueron acusados de descuidar la iglesia y de no oficiar en la Cuaresma en el pueblo de Jalpatagua (anexo a la parroquia), inclusive los vecinos del lugar mencionaron que tuvieron que buscar otro párroco para ejecutar tal celebración19.

22 Caso particular fue el que se suscitó en el curato de Esclavos, donde el clérigo Serapio Figueroa fue multado con 100 pesos por desaseado, ya que en la visita al templo, éste se encontró lleno de cucarachas, los manteles del altar sucios, los purificadores inmundos y hasta “el cuerpo de un Jesús difunto era la mesa para situar los ornamentos, muy indecentes y poco aseados20”. Figueroa fue prevenido para que en su nueva asignación, la parroquia de Mataquescuintla, cumpliera con sus deberes, de lo contrario se le amenazó con instruirle procedimiento criminal.

23 En las visitas es frecuente encontrarse con clérigos concubinarios, es decir, aquellos que mantenían una “torpe amistad” con mujeres solteras, casadas o viudas, de cualquier calidad étnica, no obstante las restricciones que había al respecto, como por ejemplo, el Sínodo prohibía que en territorios de indios, el clérigo tuviera indias a su servicio; sin embargo, encontramos que de continuo había mujeres molenderas y tortilleras al servicio del cura de una parroquia. Esto tal vez se deba a la ambigüedad de la propia legislación, ya que por un lado la Recopilación de Leyes de Indias, en la ley XXXXIII, título XII del libro VI, prohíbe que se repartan indios a los curas o doctrineros, paradójicamente la ley I del mismo titulo y libro permite el servicio personal en el que los indios –hombres y mujeres- recibirán remuneración por su trabajo o servicios.

24 En la documentación encontramos que en cuatro de las 20 parroquias visitadas, los curas vivían en concubinato y hasta se decía que tenían hijos con tales mujeres. En San Juan Nahuizalco, Joaquín Mariano Cáceres mantenía relaciones con Juana María Moxica, quien vivía frente a la casa parroquial, ambos procrearon tres hijos, y aparentemente Cáceres había bautizado a algunos de ellos.

25En Nuestra Señora de la Asunción de Ahuechapa, José Bernardo de Orellana21 vivía con una de sus criadas llamada Felipa, a quien tenía habitando en una hacienda propiedad suya, al parecer también tenían hijos, aunque no se menciona cuántos.

26 En San Pedro Conguaco, tanto el cura como su coadjutor estaban amancebados. El primero, Pablo Manuel Huerta, con doña María Rafaela Grajeda, soltera, y el segundo, Manuel Alvarado, con Josefa Enríquez, igualmente soltera. Ambos clérigos tenían hijos con estas mujeres.

27 Y por último, en San Nicolás Tonacatepeque, el clérigo Mariano Villa Corta22 cohabitaba con Manuela Cocina, mujer soltera que vivía con su padre José Cocina. En este caso no hay noticia de hijos.

28 Aunque la legislación marcaba diferentes penas para los clérigos concubinarios, por ejemplo:

29[...] si son beneficiados, despues de la primera admonición sean privados de la tercera parte de los frutos del beneficio; despues de la segunda de todos estos y suspendidos de la administración del beneficio, y despues de la tercera depuestos y destituidos para siempre; pero si no son beneficiados, sean castigados conforme á su contumacia, con pena de cárcel, suspension de orden, inhabilidad para obtener beneficios y otras penas al arbitrio del obispo23 [...].

30Sanciones que no fueron debidamente ejecutadas. Así, el cura de Tonacatepeque solamente fue apercibido para que en la exacción de derechos se arreglara al arancel vigente y cumpliera con la predicación de la doctrina en el pueblo de Soyapango. Por otra parte, en el caso de Nahuizalco se menciona que la información sería remitida al provisor para la revisión de la causa, mientras tanto se prevenía al cura se retirase de cualquier exceso escandaloso.

31“Como del informativo secreto de visita de esta parroquia de San Juan Bautista de Nahuizalco y documentos agregados, resulta que don Joaquín Mariano Cáceres, su cura, no predica, se le han muerto algunos feligreses sin sacramentos por su culpa, maltrata a los indios con castigos, usa con inmoderación de licores hasta perturbarse, que en este estado ha tomado el copón con la divina majestad y paseado el pueblo sin objeto, que vive en torpe amistad con Juana Moxica, soltera, que habita inmediatamente a la casa parroquial donde entra y con quien tiene hijos; cuyos defectos no pudiendo corregirse por el orden paternal del juicio de visita, le hicimos cargo y negando otros, es preciso purificar la verdad para con su audiencia determinar en justicia; a este preciso objeto debía mandar y mandó su señoría ilustrísima que se compulse testimonio del citado informativo y documentos con otro de este auto y se pase al señor provisor gobernador del arzobispado, para la determinación que según su estado convenga, dejándose previamente precavida la comunicación con la Juana Moxica y el que se retire cualquiera otro exceso escandaloso24”.

32Otra de las faltas cometidas por los eclesiásticos era la asistencia a saraos25 y la practica del juego, a pesar de saber que de ninguna manera les era permitido mantener este tipo de conductas disolutas:

33[...] los eclesiásticos llamados á tener al Señor por su herencia, deben arreglar de tal modo su vida y conducta, que en sus vestidos, su porte exterior, sus pasos, sus discursos, y en todo lo demás nada aparezca que no sea serio, modesto y religioso, evitando aun las leves faltas que en ellos serían muy notables, para que sus acciones impriman en todo respeto y veneración. Mas como es justo que á este respeto se emplee tanta mayor solicitud, cuanto es mayor el honor y ventajas que de ello reportará la Iglesia de Dios, el santo concilio ordena que todo lo que de antemano ha sido saludablemente prescripto por los soberanos pontífices y santos concilios, bien sea sobre la honestidad de vida, la buena conducta, la decencia en los vestidos, y la ciencia necesaria en los eclesiásticos, ó sobre el lujo, los espectáculos, los bailes, juegos de azar y otros, y en fin acerca de cualquier suerte de desórdenes, y negocios seculares de que deben abstenerse26 [...].

34Habitualmente se encuentran las quejas de la feligresía con respecto al comportamiento libertino de sus párrocos, ya que éstos, sin ningún reparo, asistían a bailes, así como también organizaban y concurrían a juegos de azar (dados o naipes), por lo que descuidaban las labores propias de su ministerio sacerdotal. Tal fue el caso de José del Castillo, cura beneficiado del pueblo de San Jacinto, provincia de San Salvador, quien celebraba fandangos en su casa con la concurrencia de “gente de baja ralea”, además de que organizaba juegos prohibidos (no se menciona cuáles, pero sí que los ejercitaba27).

35 Juan José Coello, quien fungió como cura beneficiado de la parroquia de San Antonio Ateos, no administraba los sacramentos y no predicaba la doctrina cristiana por dedicarse a jugar a los dados, tanto en Ateos como en el pueblo de Guaimoco28. Del mismo modo, el cura de la parroquia de San Gerónimo Nejapa, Manuel Ignacio Sánchez, jugaba unos cinco o seis pesos en las festividades del pueblo, cantidad bastante considerable para la época29.

36 De igual forma, la documentación revela que ciertos curas eran dados a la embriaguez provocada por su gusto por el de vino, aunque no dudamos que hayan sido empleadas otras bebidas como la chicha30 y el aguardiente o chinguirito, éste último introducido en los pueblos indios como medio de intercambio por los comerciantes ladinos.

37 Un caso digno de mencionar es el del ya citado Joaquín Mariano Cáceres, cura de la parroquia de San Juan Nahuizalco, quien era un ebrio empedernido, que de continuo escandalizaba a los vecinos del pueblo con sus borracheras. Según la declaración de Cristóbal Saavedra, vecino de Sonsonate:

38[...] le consta que el padre cura de Nahuizalco, don Joaquín Mariano Cázeres, se ha enviciado en la embriaguez, pues lo ha hallado infinitas ocasiones en su casa ebrio y muchas ocasiones escandalizando y maltratando a los indios; otras veces lo ha encontrado camino de Ahuachapam, ebrio, cayéndose de la bestia en que iba. Oyó que habrá dos años que por causa de la embriaguez estuvo como loco, de cuya resulta salió como loco con la divina majestad por las calles31.

39A través de los testimonios de los vecinos del pueblo de Nahuizalco se percibe la angustia de lidiar con un individuo que no tenía un mínimo de respeto por la Iglesia, y a quien además, tenían que andar persiguiendo por todo el lugar para convencerlo de que se controlara32.

Del incumplimiento del precepto pascual hasta el amancebamiento y la embriaguez de la feligresía.

40Por lo que respecta a las faltas que perpetraron los feligreses, el amancebamiento fue la transgresión más frecuente entre los habitantes de la diócesis de Guatemala, porque en el interrogatorio que llevaba a cabo el arzobispo y que se menciono anteriormente, se da cuenta de ello, desafortunadamente sólo se proporcionan nombres, los cuales por sí solos no dicen nada, sino véase la relación siguiente:

41Relación de amancebados de la parroquia de San Salvador33

42José Mariano Batres con doña Cayetana N., casada
Juan Palma con doña Josefa Alegría, casada
Don José Díaz de la Serna, soltero con Tiburcia Peña, soltera
Juan Santos, casado con Ramona Moreno, soltera

43Otra infracción fue el incumplimiento del precepto pascual. Una de las disposiciones tridentinas fue (y sigue siendo) el cumplimiento de este canon, para ello, los clérigos estaban obligados de advertir a sus feligreses de realizar la confesión anual en el tiempo de la Cuaresma, el plazo iba del miércoles de ceniza a la octava de Corpus34, los indios también debían ser advertidos de la obligación de confesar todos sus pecados una vez al año. Sin embargo, una de las constantes quejas de los clérigos fue la desobediencia a tal precepto, por ejemplo, el cura de Nuestra Señora de la Asunción Mita relataba:

44[...] que en 1801 cuando se hizo cargo del curato, mucha gente no había cumplido con el precepto anual desde hacía siete u ocho años, inclusive que muchos huyeron a los montes por no empadronarse y por ende, no recibir la doctrina cristiana35.

45En la documentación regularmente aparecen listas nominales de todos aquellos que incumplían este mandato36, no tanto por el precepto de la confesión, sino por no quedar empadronados y así evitarse la sobrecarga de tributos.

46 Para la época a la que me refiero, la embriaguez fue vista como un vicio y una violación a la moral pública, ya que a decir de las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, era la causante de todos los males sociales. Esto mismo opinaba el cura de la parroquia de San Agustín de la Real Corona, Tomás Calderón, quien decía que:

47[...] el pecado que domina es el de la embriaguez entre indios y mulatos, en tanto grado que en las juntas hay pendencias, heridas, hasta muertes, se quedan sin misa el día de fiesta partidas enteras de hombres por estar ocupados y entretenidos en la bebida, comienza esto desde los alcaldes indios para abajo37.

48Para este clérigo, la solución al problema de la ebriedad sería la introducción de dos o tres jueces en el pueblo, para que mediante la acción de la justicia se evitara el desorden que provocaban las bebidas embriagantes.

Consideraciones finales

49Sucintamente se han mencionado las diferentes transgresiones que aparecen en las visitas pastorales de la diócesis de Guatemala de 1803, de las cuales podemos decir, que principalmente fueron infracciones perpetradas por hombres, así religiosos como laicos, las mujeres sólo fueron mencionadas en los listados nominales del incumplimiento al precepto pascual, en las relaciones de personas amancebadas y como las compañeras de los curas concubinarios, esto tal vez se deba a la concepción que se tenía de la mujer, esto es, siempre relegadas a un segundo término con respecto al hombre. En efecto, para la época a la que nos referimos, en un mundo regido por hombres, fueron éstos quienes establecieron el papel que debían desempeñar las mujeres (de todas calidades), esto es, qué era lo propio de su sexo y como debían conducirse38.

50En cuanto a las faltas delinquidas por la clerecía guatemalteca, especialmente las registradas en los documentos empleados, éstas posiblemente se debieron a que la mayoría de los religiosos habían sido ordenados al margen de lo previsto por las leyes canónicas, es decir, sin apenas formación alguna, sin haber sido examinados previamente, sin haber realizado ejercicios espirituales, etc39. Aptitudes que influyeron de sobre manera para que no cumpliera debidamente con su ministerio eclesiástico.

51 Otro de los aspectos que llama mucho la atención es la pasividad de la autoridad eclesiástica, en este caso el arzobispo don Luis Peñalver y Cárdenas, con respecto a las desviaciones cometidas por su grey, salvo en los casos que ya vimos donde la información sería mandada al provisor, y en lo tocante a juego prohibidos, en donde Peñalver y Cárdenas prescribió como castigo la imposición de ejercicios espirituales y además ordenó que: “...todos los curas de este partido se abstengan del juego de la suerte o de dados, aunque lo hagan pocas veces y en corta cantidad40.”

52 Esta pasividad tal vez tenga su explicación en la propia legislación del derecho canónico, la cual estipulaba que:

53Aunque los obispos deben castigar los delitos de sus súbditos clérigos y especialmente de los sacerdotes a los cuales puso Dios para que fueran ejemplo de vida a otras personas; sin embargo, están muy obligados a mirar por el honor del orden sacerdotal y a conducirse prudentemente en el castigo de los delitos de los clérigos para no exponerse con la demasiada publicidad de él a ser ellos mismos despreciados junto con aquel con quien fungen el ministerio divino. Por lo cual este Sínodo establece y manda que las causas graves de los clérigos de esta provincia se agiten y terminen secretamente, tanto en el modo de proceder como en el de reducir a prisión a los culpados41...

54Tal vez la legislación tenía razón, al decir que los clérigos eran un ejemplo de vida para su feligresía, si a falta de ética religiosa el clérigo transgredía las normas, por qué el individuo común y corriente, hombre o mujer, no iba a violar las reglas impuestas por la Iglesia católica42.

55A través de los ejemplos mencionados en este trabajo se puede decir, que las visitas pastorales representaron, para la Iglesia católica, un importante mecanismo de control de una sociedad sacralizada como lo fue la guatemalteca en el periodo colonial y en buena parte del siglo XIX. Si lo que se buscaba era el control de los individuos, que mejor que los informes de visita, los cuales entre otras muchas cosas, dan cuenta de los pecados cometidos43, no sólo de la feligresía, sino también de los clérigos encargados de las parroquias que constituían la diócesis de Guatemala.

56Para terminar sólo me resta decir que la información obtenida de las Visitas Pastorales de la diócesis de Guatemala en los albores del siglo XIX, es un claro ejemplo de la riqueza que albergan los archivos eclesiásticos como en este caso el Archivo Arquidiocesano de Guatemala, los cuales no sólo representan la memoria de la vida de la Iglesia, sino que también constituyen una fuente inagotable de conocimiento para todos los estudiosos de las Ciencias Sociales, ya que a través de sus acervos se puede vislumbrar, entre otras cosas, el diario acontecer de una época y de una sociedad determinada, baste como ejemplo el presente trabajo.

57BIBLIOGRAFÍA

58Fuentes:

59AHAG, Visitas Pastorales, t. 38, fs. 1-222, 1802-1803.
AHAG, Visitas Pastorales, t. 39, fs. 1-375v, 1803-1804.

60Obras Contemporáneas:

61III Concilio Provincial Mexicano, Barcelona: Imprenta de Manuel Miró y D. Marsá, 1870.
Justo Donoso, Instituciones de derecho canónico, París: Librería de Rosa, Bouret y Cía., 1852.

62Obras Modernas:

63Adriaan C. Van Oss, Catholic colonialism. A parish history of Guatemala 1521-1821, Cambridge, New York & Melbourne: Cambridge University Press, 1986.
Domingo Juarros, Compendio de la historia del reino de Guatemala 1500-1800, Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1981.
Dora Dávila Mendoza, Hasta que la muerte nos separe. El divorcio eclesiástico en el arzobispado de México, 1702-1800, México: COLMEX/ IBERO/ Universidad Católica Andrés Bello, 2005.
Jesús García Añoveros, “La realidad social de la diócesis de Guatemala”, en Revista Mesoamérica, 1 (1980), págs. 104-173.
Kathy Waldron, “Los pecadores y el obispo en la Venezuela colonial: la visita del obispo Mariano Martí, 1771-1784”, en Asunción Lavrin (coord.) Sexualidad y matrimonio en la América hispánica, siglos XVI-XVIII, (México: CONACULTA/Grijalbo, 1991), págs. 173-196.
María Milagros Cárcel Ortí, “Las visitas pastorales”, en Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, LVIII (1982), págs. 713-726.
Mario Humberto Ruz Sosa (coord.), La Memoria eclesial guatemalteca. Visitas pastorales I, México: UNAM-IIF, 2002.
La Memoria eclesial guatemalteca. Visitas pastorales II, México: UNAM-IIF, 2002.
Sergio Navarrete Pellicer, La flor del aguardiente, México: INAH, 1988.
Obras Electrónicas:
Christophe Belaubre y Stephen Webre (editores), Diccionario biográfico centroamericano, en http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*lst&type*diccionario , Toulouse, AFEHC, 2010.

64Notas de pie de página

651 Trabajo presentado y publicado en el CD de las memorias del XII Congreso Latinoamericano de Religión y Etnicidad: Cambios culturales, conflictos y transformaciones religiosas. Bogotá, Colombia, 7 al 11 de julio de 2008. Es pertinente aclarar que este articulo es resultado de la labor paleográfica que se llevó a cabo de las visitas pastorales de la diócesis de Guatemala, que resguarda el Archivo Histórico Arquidiocesano “Francisco de Paula García Peláez” de Ciudad de Guatemala, como parte del proyecto titulado Etnología y memoria eclesiástica. Religiosidad, moral, poder y economía en el Obispado de Guatemala (1557-1947), que fue auspiciado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), la Universidad Nacional Autónoma de México y el Arzobispado Primado de Guatemala, y cuya dirección estuvo a cargo del Dr. Mario Humberto Ruz Sosa.

662 Se entiende por diócesis el territorio que el Papa confiaba a un obispo para que lo rigiera pastoralmente con la cooperación de los presbíteros.

673 Véase Mario Humberto Ruz (coord.), La memoria eclesial guatemalteca. Visitas pastorales I, (México: UNAM-IIF, 2002), pág. 13.

684 Ya que son una obligación de la Iglesia católica, según lo estipula el Código de Derecho Canónico vigente (cánones 396-398).

695 Véase María Milagros Cárcel Ortí, “Las visitas pastorales”, en Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura LVIII (1982), pág. 715.

706 Mario Humberto Ruz, La memoria eclesial guatemalteca, pág. 13. Por citar un ejemplo de cobros excesivos en la ejecución de las visitas pastorales, consúltese las realizadas en tiempos del prelado fray Mauro de Lareategui y Colón en el vol. II de esta citada obra.

717 Véase el Índice de visitas que aparece en Ruz, La memoria eclesial guatemalteca, págs. 59-101.

728 Mario Humberto Ruz, La memoria eclesial guatemalteca, pág. 23.

739 AHAG, Visitas Pastorales, t. 38, 1802-1803 y t. 39, 1803-1804.

7410 Para mayor información sobre los datos biográficos del arzobispo Peñalver y Cárdenas véanse la obra de Domingo Juarros, Compendio de la historia del reino de Guatemala 1500-1800, (Guatemala: Piedra Santa, 1981), y el Christophe Belaubre, “Luis Peñalver y Cárdenas” en Diccionario biográfico centroamericano, Christophe Belaubre y Stephen Webre (edits), http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*596 , creada el 15 de diciembre de 2004, consultada el 7 de septiembre de 2010.

7511 Carta pastoral de 4 de diciembre de 1802. Cabe mencionar que Peñalver y Cárdenas implementó una nueva técnica de comunicación entre los párrocos de su diócesis (la carta cordillera).

7612 AHAG, t. 38, fs. 3-3v.

7713 Por lo regular eran cinco testigos, pero si se daba noticia de alguna falta grave se interrogaba a más vecinos.

7814 De las visitas analizadas (tomos 38 y 39 del AHAG) ubicamos como haciendas de españoles a la de Nuestra Señora de la Asunción Mita con 600 vecinos, Nuestra Señora de las Mercedes de Sansaria con 465 residentes, San Cristóbal Acasaguastlán con 324 moradores, en las de San Pedro Metapán y San Agustín de la Real Corona la población total contando españoles y ladinos era de 1948 para las haciendas del primero y de 517 para las del segundo.

7915 En lo concerniente al tema de los abusos de la clerecía guatemalteca en agravio del sector indígena, remito al lector a la obra de Adriaan van Oss Catholic Colonialism. A parish history of Guatemala 1524-1821, específicamente el apartado tres de la misma, Parish finance: the tithe and its alternatives, págs. 79-108.

8016 A excepción de los curas y coadjutores de las parroquias de San Cristóbal Jutiapa, San Pedro Metapán, San Esteban Texistepeque, San Andrés Apaneca, San Miguel Petapa, San Agustín de la Real Corona, San Cristóbal Acasaguastlán, San Silvestre Guaimoco, Nuestra Señora de Dolores Izalco y San Salvador, quienes salieron bien librados del juicio de visita.

8117 AHAG, t. 39, f. 204v.

8218 Hijo natural de Thomasa Sánchez de Guzmán, fue cura propio del beneficio de Conguaco, en abril de 1806 renunció a él; para enero de 1814 aparece como elector de la parroquia de San Sebastián en la junta electoral del partido de Guatemala. Agradezco al historiador Christophe Belaubre esta información, lo mismo que los datos que aparecen en las notas 21 y 22.

8319 AHAG, t. 39, f. 263.

8420 AHAG, t. 39, f. 113v.

8521 Originario del pueblo de San Agustín de la Real Corona, provincia de Chiquimula, hijo de Juan de Orellana y María de Morales.

8622 Fue nombrado cura de Tonacatepeque el 22 de octubre de 1790 por fallecimiento de José Tiburcio Arrazola, y murió siéndolo el 1º de enero de 1822.

8723 Justo Donoso, Instituciones de derecho canónico, (París: Librería de Rosa, Bouret y Cía., 1852), pág. 203.

8824 AHAG, t. 39, fs. 226-226v.

8925 El sarao era una reunión nocturna donde había música, baile y diversión.

9026 Justo Donoso, Instituciones, págs. 201-202.

9127 AHAG, t. 39, f. 15.

9228 AHAG, t. 39, fs. 127-127v.

9329 AHAG, t. 38, f. 107.

9430 Chicha: nombre común para referirse a gran variedad de bebidas fermentadas de origen prehispánico, que se obtienen no sólo del maíz sino también de frutas silvestres. Sergio Navarrete Pellicer, La flor del aguardiente, (México: INAH, 1988), pág. 99.

9531 AHAG, t. 39, f. 208v.

9632 Un ejemplo más sobre este tema se puede ver en la persona de Nicasio Ugalde, párroco del curato de San Juan Alotenango, cuya embriaguez y concubinato salió a la luz pública a raíz de la visita que le realizó el arzobispo Peñalver y Cárdenas el 27 de noviembre de 1804. Véase Johann Estuardo Melchor Toledo, “Nicasio Ugalde” in Diccionario Biográfico Centroamericano, Christophe Belaubre y Stephen Webre (editores), en http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*683 , creada el 5 de agosto de 2005, consultada el 7 de septiembre de 2010.

9733 AHAG, t. 39, f. 323.

9834 III Concilio Provincial Mexicano, (Barcelona: Imprenta de Manuel Miró y D. Marsá, 1870), pág. 199.

9935 AHAG, t. 39, fs. 160-160v.

10036 Una de las listas más largas fue la que presentó el cura de San Esteban Texistepeque, en la cual se registra un total de 873 individuos (hombres, mujeres, españoles, indios y mulatos) que incumplieron con el precepto pascual.

10137 AHAG, t. 39, f. 323.

10238 Respecto al tema de la subordinación femenina en el periodo colonial existe una extensa bibliografía, se recomienda al lector revisar los trabajos de Asunción Lavrin, Ruth Behar, Noemí Quezada, Pilar Gonzalbo, Richard Boyer, Martha Few, entre muchos otros.

10339 Jesús García Añoveros, “La realidad social de la diócesis de Guatemala”, en _ Mesoamérica_, 1 (1980), pág. 130.

10440 AHAG, t. 39, f. 316.

10541 III Concilio, págs. 82-83.

10642 Situación que no solamente se presentó en la diócesis de Guatemala, lo mismo ocurrió en distintas partes del territorio americano, por ejemplo, Mariano Martí en la visita que hizo a su diócesis de Venezuela en 1771, relata que uno de los principales males que aquejaba, tanto a clérigos como a la feligresía, eran las conductas pecaminosas: adulterio, concubinato, embriaguez, etc. Véase Kathy Waldron, “Los pecadores y el obispo en la Venezuela colonial: la visita del obispo Mariano Martí, 1771-1784”, en Asunción Lavrin (coord.) Sexualidad y matrimonio en la América hispánica, siglos XVI-XVIII, (México: CONACULTA/Grijalbo, 1991), págs. 173-196.

10743 “Las relaciones de visita pastorales constituyen, en general, un mar de pecados…”. Dora Dávila Mendoza, Hasta que la muerte nos separe. El divorcio eclesiástico en el arzobispado de México, 1702-1800, (México: COLMEX/IBERO/Universidad Católica Andrés Bello, 2005), pág. 69.

108

Para citar este artículo :

Adriana Rodríguez Delgado , « Las visitas pastorales en la diócesis de Guatemala: transgresiones y vida cotidiana en 1803. », Boletín AFEHC N°46, publicado el 04 septiembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2466

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