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AFEHC : articulos : La independencia como problema : El Ateneo de El Salvador y la celebración del (Bi)Centenario : La independencia como problema : El Ateneo de El Salvador y la celebración del (Bi)Centenario

Ficha n° 2494

Creada: 10 octubre 2010
Editada: 10 octubre 2010
Modificada: 15 enero 2011

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Autor de la ficha:

Rafael LARA-MARTÍNEZ

Editor de la ficha:

Xavier CUENIN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La independencia como problema : El Ateneo de El Salvador y la celebración del (Bi)Centenario

“La independencia como problema” examina la producción intelectual de una organización cultural salvadoreña: el Ateneo de El Salvador, instituido en diciembre de 1912. Sin establecer distinciones de género literario, estudia la manera en que la poesía, la narrativa y el ensayo visualizan la independencia centroamericana y su corolario, la vida republicana durante las primeras décadas independientes. Los miembros fundadores del Ateneo describen la independencia como acontecimiento gratuito, sin voluntad popular ni determinación política seria. Anotan que la independencia carece de un proceso continuo que vincule el primer grito (1811) con la doble declaración final (1821 y 1823). Las guerras independentistas contra la metrópolis colonial se reducen al mínimo. Las sustituyen conflictos bélicos republicanos que convierten la nueva región independiente en “pirámides de calaveras que se alzan en las llanuras”. Por testimonios vividos, la conciencia pacifista radical de los primeros ateneístas denuncia guerras fratricidas sin más objetivo que el simple alcance del poder —“carnicerías humanas sin por qué ni para qué”— en los mismos sucesos históricos que nuestra actualidad celebra en apoteosis. “¿No veis cómo se matan hermanos con hermanos?”
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Palabras claves :
Historiografía, Independencia, Vida republicana, Fracaso de unión centroamericana, Ateneo de El Salvador, Pacifismo
Autor(es):
Rafael Lara-Martínez
Fecha:
Septiembre de 2010
Texto íntegral:

1Siempre se ha hermanado el ideal de la libertad con la sed de sangre de los vencedores1.

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Revista del Ateneo
Revista del Ateneo

Preámbulo

3“La independencia como problema” analiza la visión que los socios fundadores y primeros miembros de una organización cultural salvadoreña — el Ateneo de El Salvador (diciembre de 1912) — nos ofrecen de la doble independencia centroamericana: la primera emancipación de España (1821) y la segunda de toda potencia extranjera (1823). Igualmente, el ensayo reseña el enfoque de esta generación sobre la vida independiente del istmo. Este círculo olvidado de intelectuales celebra el primer centenario del primer grito de independencia (1811), así como el de la independencia con un mayor decoro que el nuestro. Mientras en la actualidad la pompa cívica dispone la conmemoración patria, los ateneístas y sus contemporáneos nos muestran una visión más trágica y reflexiva de la historia. Si la independencia ocurre por una simple contingencia, sin luchas populares ni resolución política firme, la vida independiente la dictan guerras fratricidas y matanzas que opacan toda ilusión de libertad. El artículo rescata la producción cultural de una generación olvidada, clave para nuestro presente que se apresta a festejar el segundo centenario (2011), a la vez que restituye una conciencia pacifista irreconocida. La propia existencia de esta generación pacifista la destierra una hegemonía liberal — una “instrucción cívica y moral práctica” gubernamental — que la considera “anti-patriótica2”. En la inventiva histórica liberal, “las ideas extremas de los partidos socialistas y antimilitaristas” que se arraigan en “las masas populares” menoscaban “el sentimiento innato, el dogma inmortal del amor a la patria3”. Igualmente se juzgarían los ideales indígenas comunales. En cambio, en “tiempos de paz”, para los reformadores, la disparidad entre “20.3% que absorbe al Cartera de Guerra y Marina” contra el “5.65% de la Cartera de Instrucción Pública” requiere construir un “equilibrio económico4”. “Aspiremos para que tengamos cada día menos necesidad de grandes ejércitos, los que, en realidad, no han tenido desde hace 90 años que somos independientes, más misión que la de destrozarnos entre hermanos5”. Más que una nación unida en su anhelo libertario, “La independencia como problema” rastrea las raíces de un país dividido a muerte desde sus comienzos fundacionales.

Del olvido cívico…

4Hacia la fundación del Ateneo de El Salvador sucede un “renacimiento intelectual” en el país6. “Después de un eclipse de varios años, debido al período de desorganización que hemos atravesado”, se percibe una “favorable oportunidad” para discutir la cuestión nacional de manera seria y razonada. Sus primeros socios creen que “el poder de la ciencia” sobrepasará las “estériles e infecundas luchas”, las políticas sangrientas7. La conciencia de un desastre histórico intenta revertir su esfuerzo hacia la labor conjunta de todos los “hombres de ciencia, de letras y de arte, que hasta ahora han vivido aislados”. “Bajo los nobles auspicios del Jefe de la Nación Salvadoreña”, Manuel E. Araujo (1911-1913, fechas de mandato presidencial), la utopía consiste en inaugurar un espacio público de expresión en el cual la discusión argumentada sustituya los conflictos armados. Desde “El Primer Certamen Literario del Ateneo de El Salvador”, una de las temáticas más reiteradas interpreta el sentido que posee la independencia centroamericana en ese principio de siglo8. La respuesta más tradicional la expone la conformación de una religión laica para uso del estado y cultura oficial. En esta línea conservadora, el panegírico reemplaza el pensamiento crítico que hace de la independencia un problema. Bajo la misma rúbrica clasifican varias poesías famosas que componen Patria de Francisco Gavidia, odas, biografías y discursos incluidos en los Juegos Florales del Centenario de la Insurrección de 1811 (1911) y El libro de los Juegos Florales (1921), al igual que la “Oda a Centroamérica” de Alfonso Espino9. A esta tendencia también pertenecen las semblanzas de los próceres, las loas a la libertad, los himnos (a la bandera) y un sinnúmero de trabajos que al reseñar “El Salvador a través de la historia” le prescriben el título de “hija predilecta de la Federación10”. Hay una exaltación de la patria — un ascenso glorioso a la libertad— sin más contrariedad que los célebres “sacrificios” de hombres ilustres, los próceres, y algunos de sus prosélitos populares.

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Ateneo de El Salvador, Certamen literario
Ateneo de El Salvador, Certamen literario

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!http://ress.afehc-historia-centroamericana.org/_images/_tn/tn150H_img00613.jpg()!:index.php?action=im_aff&id=613
Ateneo de El Salvador, Retrato de Colon11. El olvido cívico — lo que el civismo olvida en sus loas piadosas — es exigir razonamientos metódicos y antítesis que deduzcan sus flaquezas. En esta omisión surgen tres socios del Ateneo — Adrián M. Arévalo, José Dols Corpeño (primer presidente; pseudónimo de José Dolores Corpeño) y Abraham Ramírez Peña — con sus respectivas propuestas sobre la independencia como problema. A la convención republicana en boga, con atinada lucidez, los tres miembros no contraponen la invención de un nuevo mito de apoteosis. Si el civismo refiere una gesta heroica popular dirigida por próceres iluminados — José Matías Delgado, según la historia oficial, pero “al lado de los monárquicos” y sin “destacarse antes de la proclamación de independencia”— la historiografía marxista se vuelca a la búsqueda de prohombres populares de izquierda, Pedro Pablo Castillo, cual lo sugiere Alejandro Dagoberto Marroquín12. Ambas posiciones contrapuestas — historia conservadora oficial y revisión marxista — mantienen en común la idea de una proeza memorable por la fundación de la patria. En cambio, los ateneístas aducen la ausencia de todo proceso de independencia y, peor aún, un descalabro fratricida subsiguiente a la “fábula liberadora” de 182113. A diferencia de otras regiones de Latinoamérica, en El Salvador es imposible reconstruir un transcurso incesante de luchas independentistas. Entre el primer grito (1811) — el segundo intento abortado por lanzar otro grito de independencia (1814) — y su doble declaración final (1821 – independencia de España – y 1823 – independencia de toda potencia extranjera-) no existe una continuidad. Según los ateneístas, se presenta un hiato infranqueable, un dilatado letargo independentista sin líderes obvios ni voluntad popular. Entre esos siete a diez años de sopor (1811-1814-1821-1823), florece la indiferencia. El desmayo patriótico lo comprueban las escuetas “anotaciones cronológicas” que realiza los historiadores Francisco J. Monterey y Miguel Ángel García para los años 1815-182014. Acaso la idea de una lucha continua por la independencia sería un mito fundacional, republicano y liberal. La visión más trágica de los ateneístas — quizás más realista al recordar matanzas independientes cuyo año emblemático lo cifra 1863 — es irreconocida por una razón filosófica hegemónica, bastante tradicional. “En nuestro Estado no podemos admitir otras obras de poesía [e historia] que los himnos a los dioses y los elogios de los hombres grandes15”. El civismo habita “la ciudad del silencio y del olvido16”.

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Ateneo de El Salvador
Ateneo de El Salvador

…A la independencia como problema

José Dolores Corpeño

8Si no existe proceso de independencia y la libertad imprevista expresa “sed de sangre”, Dols Corpeño se pregunta por las razones del “espejismo de mil ochocientos veintiuno” y del “cauce sangriento [que] se abrió en tierra centroamericana” debido a esa “contingencia17”. He aquí resumida su posición crítica que el propio presidente en turno, Manuel E. Araujo caracteriza de “alta aristocracia del talento18”.

9“El espejismo de mil ochocientos veintiuno —asonada que «casualmente», sin un gesto heroico, saludamos como nacimiento de la Patria— [es una] ficción deslumbradora de soberanía [cuya] fatalidad [produjo] matanzas y debates fratricidas [en pueblos que] jugaban a la libertad, como jugar a las muñecas [con] sus manos manchadas de sangre. [Si deseamos testimonio vivo], fijemos los ojos en la huella triste que señala en los campos el paso de la discordia y de la matanza. Pidamos una palabra a esas pirámides de calaveras que se alzan en las llanuras19”.

10“Ya eran eco lejano los acontecimientos reseñados [de 1814] cuando vino intempestivamente el amanecer de la Patria soñada […] el acta de Independencia […] no sintetiza el ideal supremo de los próceres de 1811, porque no se adoptó la resolución firme y categórica de declarar la forma de Gobierno, sino que se dejó a la deliberación de un Congreso […] los hombres de 1821 no estaban posesionados de la doctrina republicana y abrigaban temor a la democracia. Tampoco era firme su propósito de libertad […] el espíritu monárquico vivía latente en la sociedad […] cuatro meses después tuvo Centroamérica su primera caída, al consumarse […] su anexión a México […] y guió ese atentado la aristocracia monárquica de Guatemala […] tras un violento forcejeo el 24 de junio de 1823 se logró sellar la segunda independencia [la cual] comprobaba la falta de unidad y la anarquía en los principios […] la Constitución Federal decretada el 22 de noviembre de 1824 [establecía] hermosas teorías [al lado de las cuales] los patriotas pusieron las bases de la anarquía […] al llegar como primer Presidente de Centroamérica, Manuel José Arce en abril de 1825 [se convirtió] en manzana de la discordia y quizás causa del sangriento desbarajuste […] es él ejemplo de la tiranía y la inconsecuencia [del] incremento del sangriento separatismo [seguido por la dictadura de] Mariano de Aycinena […] éste en su esfera y Arce en otra, sentaron el precedente de la guerra civil, de 1827 a 1829, una época horrenda20”.

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José Dolores Corpiño
José Dolores Corpiño

12Su visión trágica dibuja una tortuosa línea cronológica de eventos adversos. Nos conduce de una independencia accidental que llega de afuera sin un gesta heroica (1821), la recaída en la sumisión imperial mexicana (1822), la segunda independencia que titubea en sus principios políticos rectores (1823), la tiranía de Arce y Aycinena como preludio funesto al fratricidio separatista (1825-1829), el paréntesis caudillista de Francisco Morazán quien también se impone por la violencia guerrera en Gualcho (1828-1838), el ascenso de Rafael Carrera (1839), la sangrienta “agonía” morazánida en el Espíritu Santo y San Pedro Perulapán (1839) hasta la separación inevitable (1840-1842). Esta cronología la corona “nuestra decadencia” que “de pueblos de pensadores y patriotas” descendimos “a pueblo de bárbaros21”.

2. Abraham Ramírez Peña

13Por su parte, Abraham Ramírez Peña estropea la celebración del “Centenario del Primer Grito de Independencia (1811-1911)” al evocar los “estragos” bélicos del período independiente22. Mientras todos los intelectuales que inventan una religión laica se visten de gala para recitar loas a la patria, su postura pacifista les recuerda el sino trágico de la soberanía nacional. La cronología de Dols Corpeño — suspendida en el descalabro de Morazán (1840-1842) — Ramírez Peña la proyecta dos décadas después, la cual prosigue el sino fatídico de Centroamérica con las matanzas guatemaltecas y salvadoreñas, bajo el comando de Rafael Carrera y Gerardo Barrios (1863). El corolario “colateral” de la independencia son guerras fratricidas y despiadadas —“desastrosas carnicerías humanas […] en el transcurso de un siglo de vida revoltosa”— en las cuales con toda honra se descuartiza al enemigo, al “hermano” centroamericano23.

14«Estamos próximos a cumplir cien años de vida independiente, y ¿qué hemos hecho durante tanto tiempo? Destruirnos mutuamente […] ¿Cuál será el legado que el siglo viejo dejará al nuevo? El recuerdo de tantas guerras sangrientas en las cuales el hermano mató al hermano, el padre al hijo y el hijo al padre […] Nuestra historia patria [es] reseñas horripilantes de combates que fueron verdaderas matanzas. En el parte que el general Santiago González comunicó al ministro de la guerra el día 28 de febrero de 1863 se leen estos párrafos: “el campo de Coatepeque, al anochecer del día 24 de febrero era un vasto osario: el campo enemigo cubierto de cadáveres y heridos, el cielo ennegrecido por la pólvora, la desolación y la muerte por todas partes”. Más adelante dice: “La mortandad que sufrían las tropas guatemaltecas era espantosa” […] causaba verdadero horror el campo de Coatepeque a la vista no sólo del número de muerto, sino también por el estado de ellos: por todos lados se encontraban miembros humanos, ya una cabeza, ya un brazo, una pierna, hombres divididos en dos partes, estragos cauzados por nuestra artillería, que con tanto acierto dirigieron los oficiales Biscouby y Vassel dignos de recomendación24”.

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Fotografía de Ramírez Peña
Fotografía de Ramírez Peña

16Lo notable de la postura pacifista de Ramírez Peña contrasta con las posiciones más convencionales que — en defensa de valores liberales y unionistas clásicos— olvidan que 1863 representa una devastación. Si por convenio “patriótico” la matanza —que despedaza enemigos conservadores y separatistas— se percibe como “memorable jornada […] en que quedaron aniquiladas hordas impositoras”, parecería que todo valor ideal resulta inmune a la práctica social, a la violencia, por la cual se realiza25.

“Conquistar laureles inmarcesibles en los campos de Coatepeque” significa coronar al vencedor gracias a la mortandad del vencido mutilado26. Por ese acto de festejo ante el estrago guerrero, se empaña la permanencia absoluta del concepto de libertad que tanto se añora. El legado inmediato de esas masacres — la orfandad generalizada, el bandolerismo, la fechoría como medio de ascenso social y proveedora de servicios legales, la identidad nacional como disfraz — lo describe la mejor novela de Ramírez Peña, Cloto (1916).

17Las cifras de muertos en combate — sobre cuya “preciosa sangre […] como alfombra rojiza […] se celebra la victoria con la tradicional diana”— la estima el ensayo “El sitio de San Salvador en 1863” de Gilberto Valencia Robleto27. Carrera pierde unos “1600 hombres” el 22 de febrero; “al día siguiente […] más de 2300 bajas”; “el día 24, más fatídico para Carrera [se acumulan] cadáveres putrefactos de 5500 guatemaltecos”. Por esa matanza, se cumple “heroísmo y sagrado deber en aras de la patria” los cuales se festejan el “día 29 […] con banquetes y bailes […] ocho días de fiesta”. De sumar tales cifras totalizarían unos nueve mil cuatrocientos cadáveres en tres días, “viéndose doquiera los miembros de cuerpos; cabezas, brazos piernas, fragmentos de cráneo28”. Los estudios antropológicos posteriores ilustran la tragedia demográfica indígena que significan las guerras fratricidas las cuales se extienden por varias décadas del siglo XIX. La detallada monografía de Panchimalco que realiza Alejandro Dagoberto Marroquín ofrece información valiosa sobre los cambios poblacionales en ese municipio para los años 1807 y luego para 1860-189029. Estos únicos datos para el siglo antepasado obligan al antropólogo a contradecir tesis en boga relativas a «la famosa “consunción”» de “la población indígena […] causada por la política de los españoles a raíz de la conquista30”. Por lo contrario, las cifras de finales de la época colonial demuestran que “no hubo ningún déficit” poblacional hacia el final de ese período31. En cambio, el declive estadístico sólo puede documentarlo para el período que abarca de 1807 a 1860. Esta reducción demográfica la explica “el reclutamiento forzoso de la mayoría de los jóvenes [indígenas] en edad militar [cuyo] destino era servir de carne de cañón […] en las guerras fratricidas [lo cual] nos lo confirma la tradición [oral de] los ancianos del pueblo32”. En contraste con otras regiones de Latinoamérica, en El Salvador, la violenta vida independiente —“las guerras intestinas que abundaron tanto durante el siglo XIX”— ocasiona una disminución poblacional indígena más adversa que la provocada por la colonia33.

Adrián M. Arévalo

18Arévalo remata esta percepción crítica de una vida independiente sometida a masacres. Su novela histórica Lorenza Cisneros narra “el nuevo tutelaje que los nobles guatemaltecos quieren imponerle a mi Patria”, por lo cual se necesita una segunda independencia (1823) luego de la anexión al México monárquico34. Relata también el anhelo fallido que representa Francisco Morazán (1792-1842) el cual culmina en “la marcha al Oriente del Estado”, y “la tremenda carnicería” en la que “rodó el cuerpo de Jorge Llerena”, prometido de Lorenza35. “Morazán cayó porque quería la Unión a balazos36”. Ella y su padre —“Juan Vicente Cisneros, Jefe Supremo del Estado”— no conciben más alternativa que “sepultarse en el fondo del olvido37”. Emigran a una retirada población — quizás al mismo Perulapán o por el Espíritu Santo— “lejos de las bajas intrigas” capitalinas, luego de que “con la muerte de la Federación Centroamericana nace el reinado de los cuervos38” (1840). En el in-silio (exilio interior), “la hija del enemigo acérrimo de la tiranía” —prometida eterna del “Brigadier Jorge Llerena” — “llora sus esperanzas muertas39”. Este autor es el único que le concede a la mujer un papel activo en la política, incluso durante la guerra. Si enlutada Lorenza Cisneros se dedica a velar las tumbas de su padre y de su prometido, en El 63. Episodios Nacionales Histórico-Novelescos (1916), la fémina actúa como consejera, apoyo vital para el ejército de Barrios y, al cabo, al empuñar armas, personal militar diligente en la defensa de la capital salvadoreña liberal contra la invasión conservadora de Carrera. Sin embargo, como mentora íntima de Barrios, la mujer nunca logra una posición administrativa de prestigio. “Si en mi mano estuviera a Beatriz [de Dorantes] la nombraría Ministro general del gobierno que presido”, reconoce el mismo Barrios40. Aún para la causa liberal, la esfera política regente se halla reservada a lo masculino. Como combatiente ella muestra la misma crueldad que sus colegas del sexo opuesto, al quemar vivo al enemigo guatemalteco. En nombre de la autodefensa y de la república liberal, unos “veinte soldados” invasores arden borrachos en una cabaña41. El terror de los invasores lo combate la barbarie de las defensoras, cuyo hondo lamento expresa no consumir vivos a más guatemaltecos en las llamas.

19“Achicharrar a los malditos chapines que caigan en la trampa, cuando ya estén bien borrachos. — ¡Qué idea más peliaguda! […] saliendo bien la cosa, no importa como dices, pegarle fuego a la tal casa, que por cierto está bastante vieja, ya que sus llamas tostarán a unos veinte miserables. Qué lástima que no sean más […] momentos después, grandes llamas se alzaban esparciendo su luz siniestra por aquellos alrededores en donde los invasores había sembrado el terror y el espanto42”.

20Arévalo retoma la interpretación pacifista de Ramírez Peña al recordar la misma fecha emblemática del descalabro independiente en el istmo, 1863. En su segunda novela citada, El 63, la vida independiente se denomina “la danza macabra43”. Las guerras por la “misión unionista” —viceversa, por la separatista— concluyen en “fértiles campiñas [en Coatepeque], dando abundantes frutos, gracias a la sangre guatemalteca derramada en ellas de manera lastimosa44”. Todo ideal de unión y libertad se ahoga en la hecatombe, aun sea por autodefensa. “No es dable pasar rápidamente de la lucha [fratricida] a la unión pacífica y sincera45”. El proyecto unificado de nación lo asfixian disputas homicidas46. Tal cual lo confirma el testimonio de un soldado raso que lucha hasta el descalabro liberal, el verdadero ideal consiste en vengar la muerte de su padre y la tristeza de su madre al

21“matar, matar más, ¡matar siempre y sin misericordia el mayor número de enemigos! “Vengaré a mi padre –se decía a sí mismo el intrépido mancebo– ¡Oh sí! lo vengaré aunque me cueste la vida! ¡Pues qué! Haber fusilado al autor de mis días esos canallas! ¡un pobre viejo!”… en todas mis correrías logré matar veinte enemigos, herir cinco y hacer prisioneros seis. Por supuesto, los últimos fueron pasados por las armas; los heridos se murieron a la postre: por todos, pues, ¡sólo fueron treinta y uno los de mi cosecha! Estoy satisfecho: mi padre ha de haber visto desde el cielo que, si más se me hubieran puesto a tiro, me los soplo sin remordimientos para vengar cumplidamente la muerte que le dieron a él, al pobre viejo, ¡que ya a penas podía con la fe de bautismo47!…”.

22 Esa matanza afecta no sólo a dos países hermanos enemigos, sino a una misma nación dividida en posiciones políticas en pugna. “Es verdad que no sólo fueron guatemaltecos los que pusieron sitio a San Salvador, para derrocar al General don Gerardo Barrios y acabar con nosotros: la mayor parte de los sitiadores fueron salvadoreños y muy legítimos guanacos48”. Desde sus inicios, la nación salvadoreña se halla seccionada en bandos enemigos que se combaten a muerte. El ensayo de Valencia Robleto revela la división interna de la nacionalidad salvadoreña por la alianza del “Doctor Dueñas” con Carrera, quien cuenta con el apoyo de “todos los demás generales y notables de Santa Ana, Sonsonate, Santa Tecla […] los Guirola, Orellana, Duke, Gallardo, los Sol, Cáceres, Olivares, Alcaine, Liévano, Escalón, Dubón y los generales Choto”, así como por la traición del general Santiago González a cargo de Santa Ana49.

23“Caudillaje y tiranía” reinan “en el campo libre, campo de lucha de la codicia y de la desvergüenza humana, de la matanza y de los debates fratricidas50”. Ante la mortandad, en unión borgeana de los opuestos, no se sabe quién es traidor, quién es héroe. Y “la Gloria” republicana nos confiesa: “he visto sus manos manchadas en sangre. ¿Cuál es Caín? ¿Cuál es Abel? ¿Cuál es Judas? ¿Cuál es Jesús? —No sé… Profundo silencio51”. Lo insigne se confunde con lo villano, ceñidos ambos por una oscura violencia bajo la cual hechos y valores “son pardos” (proverbio popular, “de noche todos los gatos son pardos”, léase, “bajo la violencia generalizada, todos los valores son pardos”). Años antes que el Ateneo inicie el debate sobre la independencia, Alberto Masferrer (1901-1996) anticipa la perspectiva pacifista que no celebra ese evento sin recordar su legado trágico. Para el maestro, hay dos corrientes complementarias fluyendo de manera paralela: “ríos de oro y ríos de sangre”. La primera vertiente desemboca en el civismo y en la celebración heroica de las gestas por lograr la formación de la patria salvadoreña. La segunda se concentra en la herencia de guerras y matanzas post-independentistas. Si la autonomía política es un “bien”, una promesa dorada, la vida autónoma inaugura incesantes masacres que se legitiman en nombre de ideas abstractas tales como la unión, la libertad, la república, etc. Esta discrepancia entre los arquetipos ideales y la realidad histórica crea, según Masferrer, el fratricidio entre nacionalidades centroamericanas y la tiranía como forma de gobierno. Su resultado lo expresa la “faz revolucionaria de nuestra historia” en la cual el poder alterna por la lucha armada sobre el rival. Sea liberal o conservadora, la nación acaba en el militarismo que justifica el alcance de la libertad por la fuerza bruta.

Coda

241811 fue la primera y única epopeya [independentista]. Centro América se declaró independiente sin efusión de sangre, y es por eso que no figuran acontecimientos trágicos y épicos [en 1821]. El inmortal Padre Delgado se opuso a la incorporación de Centro – América a México [1822], enviando una columna de tropas a Santa Ana y Ahuachapán, poblaciones que quizás simpatizaban con aquella incorporación, habiéndose entablado un combate en el Espinal [donde] se derramó la primera sangre generosa centroamericana […] y empezaron nuestras fratricidas luchas52.

25Bastan esas tres breves anotaciones —Dols Corpeño, Ramírez Peña y Arévalo— para resumir un pensamiento crítico irreconocido. En este mes de septiembre cuando entonamos cantos gloriosos y cívicos a la patria —de nuevo, ataviados de etiqueta— recordamos que al menos tres intelectuales del cambio de siglo antepasado —seis, al añadir a Miguel Ángel García, Alberto Masferrer y Salvador Turcios R.— perciben en esta celebración carencia y olvido. Todos ellos nos revelan las apoteosis exageradas e irreverentes en un país recién fundado y sin proyecto unificado de nación. Celebramos gestas épicas independentistas sin documentarlas, a la vez que acallamos el fratricidio resultante. Acechada por una historia violenta, la conciencia de una generación olvidada nos exige una reflexión seria sobre su propio testimonio del siglo XIX, época que los procrea53. a violencia fundadora la viven como presencia continua, ya que a unas nueve semanas de la inauguración del Ateneo (1 de diciembre de 1913), asesinan a su mecenas, al “Gran Protector de las Letras Nacionales” Manuel E. Araujo, a cuya memoria se dispone dedicar un número entero54. A velar su memoria de “Gran Hombre y Mártir” se dedican un número entero de la revista y la edición de una voluminosa obra que recopila poesía, ensayo, discursos, cartas, etc. en su honor póstumo55. l oscuro homicidio “anunciado” —sin autor intelectual, aunque según el periodista y poeta salvadoreño Quino Caso (s/f) fue el propio presidente de Guatemala “Manuel Estrada Cabrera”— se alza como símbolo mortuorio central de esa década del doble centenario56 (1911-1921). u cuerpo yaciente se instituye como hado fatídico que ensombrece la ceremonia, al recordar la tragedia, los asesinatos individuales y en masa de las repúblicas independientes.

26Para múltiples intelectuales de la época, Araujo representa el espíritu unionista, la oposición a la intervención estadounidense en Nicaragua —que refrenda la verdadera independencia— y el ideal nacionalista que se opone al carácter privado de los servicios públicos como los ferrocarriles y la electricidad57 . Su muerte sella la disolución de esa triple alianza: unionismo-anti-imperialismo-nacionalismo. A este triángulo político, el Tesorero General de la República, José E. Suay añade una “obra económica” que aumenta “las rentas” del estado y amortigua la “deuda pública58”. Ante el féretro del “patriota, héroe y mártir” —“prócer mandatario”— los escritos empolvados de esa generación ateneísta evocan la falta de toda “cruzada libertadora [—sin] audacia de colocarse por sí el simbólico gorro frigio”— al igual que atestiguan el “paso de la discordia y de la matanza” en “carnicerías humanas” post-independentistas59. Hace un siglo, por esta recolección en florilegio —“flores que fenecieron sin huella”— el Ateneo se coloca en un sitio privilegiado dentro de la producción intelectual salvadoreña60. Lejos de todo mito y adulación, los primeros socios del Ateneo nos presentan diversas reflexiones sobre “la independencia como problema”. Otro miembro aludido, Salvador Turcios, aduce: “que la Independencia fue el resultado de la preparación y aptitud decidida del pueblo […] es un absurdo [sin documentación auténtica] la paradoja de la independencia” señala una “feliz contingencia […] sin partido autonomista [ni] aptitud decidida del pueblo61”. Su consecuencia más patente son “los sombríos territorios de nuestra Historia, del año 1821 al presente62”.

27Incluso las versiones más tradicionales que exaltan las glorias soberanas de la patria no olvidan el descalabro de las repúblicas independientes. El festejo queda obligado a reconocer un sino trágico y asesino que ensombrece toda celebración irreflexiva. “¿No veis cómo se matan hermanos con hermanos63?”.

28“En luchas fratricidas, Patria, después te aferras;
revoluciones ímprobas y criminales guerras
entre las fauces del terror!
Envilecieron tus republicanos fueros,
Nativas autocracias! Callaron los aceros,
En vez de hundirles su fulgor64!”.

29Un contemporáneo suyo lo secunda al afirmar que “la embriaguez de la victoria ofuscó el juicio de quienes habían conquistado el poder […] reclamando para el patíbulo la sangre fraternal65”. A principios del siglo XXI, es paradójico el encierro mental de la globalización. Hace un siglo contamos más versiones sobre un hecho histórico fundamental que en el presente democrático. Los ateneístas y sus contemporáneos demuestran un mayor decoro que el nuestro en el homenaje. Obsesionado por épica independentista, heroísmo y silencio de guerras independientes, la actualidad empaña toda versión que no apoye su predominio político. Para ello, a la víspera del segundo centenario del primer grito (1811-2011) — ¿de la única epopeya? — hay que olvidar toda aquella desconfianza que remuerda la conciencia histórica del primer centenario.

30“Pidamos una palabra a esas pirámides de calaveras que se alzan en las llanuras” recita una exigencia historiográfica que nuestra (pos)modernidad no ejerce aún66. Quizás el “temor a la democracia” —sin “firme propósito de libertad”— nos embarga desde 1821 hasta el presente67. Quizás…

Apéndice

Índice de batallas de El Salvador (1822-1885)

311. Batalla del El Espinal68, 12 de marzo de 1822. (1800-1900).
2. Batalla del Espíritu Santo69, 12 de marzo de 1822. (1800-1900).
3. Batalla de Gualcho70, 6 de julio de 1822. (1800-1900).
4. Batalla de Ramírez71, 1822.
5. Batalla de Gualcho72, del 24 de junio al 5 de julio de 1824.
6. Batalla de Mejicanos73, 14, 15 y 17 de agosto de 1824.
7. Batalla de Arrazola74, 23 de marzo de 1827.
8. Batalla de Milingo75, 18 de mayo de 1827. (1800-1900).
9. Batalla de Milingo76, 18 de mayo de 1827. (1800-1900).
10. Batalla de la Trinidad77, 11 de Noviembre de 1827.
11. Batalla de Santa Rosa78 (Guatemala), enero de 1828.
12. Batalla de Chalchuapa79, 1º de marzo de 1828.
13. Batalla de San Salvador80, 12 de marzo de 1828.
14. Batalla de Santa Rosa81, 21 de marzo de 1828.
15. Batalla de Gualcho82, 5 de julio de 1828.
16. Batalla de Mejicanos y la ciudad de San Salvador83, 31 de julio de 1828.
17. Batalla de Mejicanos84, 20 de septiembre de 1828.
18. Batalla de las Charcas85, 15 de marzo de 1829.
19. Batalla de San Salvador86, 23 de junio de 1830.
20. Batalla de Jocoro87, 14 de marzo de 1832.
21. Batalla de Jocoro88, 15 de marzo de 1832
22. Decreto de contribución directa de los ciudadanos a las arcas públicas, julio de 1832, y levantamiento del pueblo, octubre de 1832. Levantamientos indígenas de 1832 y 1833, producto de la lucha de clases, índice de descontento y subversión contra el orden feudal. Las masas no entendían la lucha entre liberales y conservadores89. San Martín contra Benítez90, 14 de marzo de 1833.
23. San Martín contra Morazán91, 23 de junio de 1834.
24. Rebelión de Carrera92, fines de 1937 y principios de 1838.
25. Batalla del Espíritu Santo93, 6 de abril de 1839.
26. Batalla de Potrero94, 31 de enero de 1840.
27. Ejército pacificador de Centro América y levantamientos contra Morazán95, septiembre de 1939.
28. Batalla de Guatemala96, marzo de 1840.
29. Entrada de Morazán97 a San José, 13 de abril de 1842 y derrota, septiembre de 1842.
30. Francisco Malespín invadió Guatemala en mayo de 184498.
31. Caída de León, incendiada, saqueada y ultrajada99, 22 de enero de 1845.
32. Jornada de Montero100, derrota de Malespín, 22 de febrero de 1845 quien se refugió en Honduras. El Salvador ataca a Honduras, 2 de junio de 1845.
33. Batalla de Obrajuelo101, 15 de agosto de 1845.
34. Luego del choque entre Eugenio Aguilar, hombre de ideas liberales, y el obispo Viteri y Ungo, en julio de 1846, el obispo se refugió en Honduras y planeó la revolución de 1º de noviembre de 1846 para invadir El Salvador102.
35. Batalla de la Arada103, 2 de febrero de 1851.
36. Rebelión en Nicaragua104, abril de 1854.
37. Batalla de Santa Rosa105, 21 de, marzo de 1856.
38. Batalla de Rivas106, 11 de abril de 1856.
39. Batalla de San Jacinto107, 14 de septiembre 1856.
40. Batalla de Masaya108, 11 de octubre de 1856. (1800-1900).
41. Batalla de Masaya109, 15 de noviembre de 1856. (1800-1900).
42. Batalla de Coatepeque110, 24 de febrero de 1863.
43. Batalla de Santa Ana111, librada los días 7, 8, 9 y 10 de abril de 1871.
44. Batalla de Pasaquina112, 1876.
45. Batalla de Pasaquina113 17 de abril de 1876.
46. Batalla de Santo Domingo114, San Vicente 1885.
47. Batalla de Chalchuapa115, 1885.
(Lista iniciada por Roberto Morán Geoffroy)

32La lista de cuarenta y siete batallas/guerras durante sesenta y tres años de vida independiente presupone un promedio de 1.34 (para 1824-1842, las estadísticas de Lindo (1991: 50-51, 54 y 56) son más drásticas: “2.1 batallas y 134 muertos por año”; “1286 edificios destruidos en 1828” y unos “52 meses de guerra” con un total de “87.900 meses por hombres en guerra” reclutados de “manera arbitraria”. Para los años siguientes, estima que “hubo guerras con los países vecinos en 1844, 1845, 1863, 1871, 1872, 1873, 1876, 1885 y 1890” (52); particularmente la de 1863 hizo que la exportación de añil descendiera a la “mitad de la de 1862” (115)). Este violento legado post-independentista se traduce en un estado de guerra permanente en el cual cada nueve-diez meses la sociedad debe movilizarse para enfrentar nuevos combates. Toda energía creadora que anhela un afán de libertad y de auto-gobierno se diluye en beligerancia fratricida. Esta tragedia combativa corroe tanto más el tejido social cuanto que se dirige contra hermanos vecinos, al igual que contra otros departamentos y ciudades salvadoreñas en desacuerdo con la posición hegemónica de la capital. Basta recordar que la única “jornada revolucionaria” exitosa —la del 5 de noviembre de 1811 en San Salvador— nos ofrece la imagen de un país dividido y en pugna, ya que ciudades importantes como San Miguel, San Vicente, etc. se oponen a la gesta independentista. Asimismo, las fuentes señalan el acuerdo de San Miguel, Santa Ana y Sonsonate a la incorporación con México luego de la independencia (Durán, 1961: 198). En general, los trabajos analíticos sobre la independencia del país hacen abstracción de este legado bélico como corolario inmediato de una independencia que llega de fuera y que carece de hondo arraigo en un proceso de lucha generalizado. Parecería que libertad significaría derecho a la batalla.

La victoria de Coatepeque

33Barrios u el Salvador reprendan
Las doctrinas del Hijo de María;
Y Carrera la hipocresía
La fanática y falsa Religión.
En Coatepeque, teatro sin prestigio
Sus contrarias falanges se avistaron
Y el preludio de guerra ejecutaron
Los estampidos roncos del cañón-

34El último domingo de febrero
Comenzaron las cruentas libaciones
Que hicieron de Carrera las legiones
Implorando el auxilio de Satán
El lunes San Pedro dirigieron
Los fuegos de su tren de artillería;
Más inútiles fueron todo el día
Los esfuerzos tenaces de su afán

35Las bombas incendiaron por la noche
Las enramadas secas de su cumbre
Sus flancos inundaba en roja lumbre
De innúmeros fusiles la explosión:
Y entonces aquel Cerro parecía
Con la cima de llamas coronada
De un volcán en magnífica erupción.

36De la noche a las nueve suspendieron
Los fuegos de morteros y cañones,
Y entonces las estrellas a millones
En el cóncavo azul resplandecieron
Las huestes de los beligerantes.

37___

38El sol del 24 de febrero
Resplandeció por fin sobre el Oriente,
Siempre adornando su radiosa fuente
La aurora de eterna claridad
Antes de acometer los invasores
Con sangre humana enrojecen la tierra.
Entonaron cual cántico de guerra
La Salve que es un himno de piedad
Y estas son, oh serviles, las falanges
Que vuestra saña al Salvador envía
A sostener la guerra más impía.
So capa de piedad y Religión
Que diría en los cielos San Bernardo
Al oír la efusión de su ternura,
Sirviendo al fanatismo y la impostora
Para emprender una matanza atroz?

39___

40Llega por fin el lance formidable,
Arrojando furiosos a la arena
Las balas destructoras
Del rifle matador parten silbando
y, cual campo de espigas,
Las huestes enemigas
En su curso fatal van derribando,
Las tropas retroceden
Al verse destrozadas,
bq. Mas cobran breve aliento
Y vuelven a la carga reforzadas.

41Así durante once horas
Sostúvose el combate encarnizado,
Y vióse en todas partes
(Cuadro fatal de muertes y horrores!)
Sangre humana brotando
En hirvientes y rojos surtidores,
En eco pavoroso,
Las almas compasivas aterrando,
Doquier allí resuenan,
Todo lo envuelven las columnas de humo
Y horrísona armonía el aire atruena.

42En medio de la lucha formidable
Del Salvador los hijos valerosos
Como ansia inexplicable
Miran la faz mudable
De la suerte y sus fuegos caprichosos,
Y dudan por instantes,
Sosteniendo la lid encarnizada,
Del éxito final de la jornada.

43Mas nunca el Salvado será vencido,
Que le asisten a una
La justicia inflexible de los Cielos,
De Morazán los irritados manes
Y de Barrios el Genio y la Fortuna
Con la mirada impávida y serena,
Al instante decisivo,
Por el frete y el flanco al unto ordena
Una carga terrible al enemigo
Y González a un tiempo y Bracamonte
De Barrios a la vez obedecieron
Y cual rayo cayeron
Sobre Carrera haciendo tal matanza
Que sus tropas perdieron
Hasta el último asomo de esperanza;
Y, vencidas entonces, destrozadas,
En todas direcciones
Huyen al fin dispersas y aterradas.

44Un himno de victoria
Del Salvador los hijos entonaron,
Y en sus sienes brillaron
Los rayos inmortales de la Gloria

45__*

46Los genios invisibles aquel día
Vieron también surgir por el Oriente
Dejando en pos de si brillante rastro,
Y desde aquel instante
El clarín de la fama
De Barrios por doquiera le proclama
La estrella afortunada y rutilante

47Antonio Aragón

48San Salvador, domingo 8 de marzo de 1863.

49Este fragmento del poema “La victoria de Coatepeque” de Antonio Aragón (San Salvador, domingo 8 de marzo de 1863) testimonia la matanza de tropas guatemaltecas gracias a la cual se produce un celebrado triunfo salvadoreño. Lo incluimos no por sus logros de factura poética sino por su relación histórica inmediata de los sucesos. Recalcamos cómo a la vez de denunciar la intervención guatemalteca —ideología religiosa que anhela “matanza atroz”— justifica en los mismos términos devotos —“justicia inflexible de los Cielos”— el exterminio que los salvadoreños realizan contra los invasores. Si “tales matanzas” fratricidas caracterizan la vida independiente del siglo XIX —honran la identidad patria, “himno de victoria”— no resulta asombroso que el istmo permanezca dividido por siglos.

Bibliografía

50Arévalo, Adrián M., Lorenza Cisneros, (San Salvador: Imprenta Nacional/Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1912-1913).

51Arévalo, Adrián M., El 63. Episodios Nacionales Histórico-Novelescos, (San Salvador: Imprenta “Arévalo”, 1916).

52Ateneo de El Salvador. Revista de Ciencias, Letras y Artes. Órgano del Centro del mismo nombre, 1912-1921, 1926 y 1944.

53Caso, Quino, El primero de los Araujo, (San Salvador: Tlatoani, s/f. Cortesía de Roberto Morán Geoffroy).

54Castro García, Alberto, Raza y patria, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1920).
Premiada con medalla de oro en el Concurso abierto por el Ateneo de El Salvador, a iniciativa de la Comisión de Festejos de la celebración de “La Fiesta de la Raza” en el CLXXVII aniversario del descubrimiento de América.

55Castro V., Rafael, Próceres. Documentos y datos históricos, (San Salvador: Tipografía Salvadoreña, 1911).

56Córdova, Enrique, Ricardillo, (San Salvador: Tipografía Ungo, 1961).

57Dols Corpeño, José, Patria, (San Salvador: Imprenta Nacional/Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1914).

58Dols Corpeño, José, y Salvador Turcios R. (Eds.). Libro Araujo – 9 de febrero de 1914, (San Salvador: Imprenta Nacional/Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1914).

59Durán, Miguel Ángel, Ausencia y presencia de José Matías Delgado en el proceso emancipador, (San Salvador: Dirección General de Publicaciones, 1961).

60El libro de los juegos florales (centenario de nuestra independencia, 15 de septiembre 1821 – 1921). (San Salvador, Estado de El Salvador, Centroamérica: Imprenta Nacional, 1921).

61García, Miguel Ángel, San Salvador. Desde la conquista hasta el año 1894. En lo político, social, ciencias, letras y bellas artes. 1546-1946. (Tomo I. San Salvador: Imprenta Nacional, 1952).

62Gavidia, Francisco, Obras, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1913).

63Gavidia, Francisco, Obras completas. (San Salvador: Ministerio de Educación, 1974).

64Guzmán, David J., Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica y social, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1914).

65Juegos Florales del Centenario de la Insurrección de 1811. Celebrados en San Salvador el día 3 de noviembre de 1911. (San Salvador: Tipografía “La Unión”, Dutriz Hermanos, 1911).

66Lindo Fuentes, Héctor, Weak Foundations. The Economy of El Salvador in the Nineteenth Century, (Berkeley: The University of California P., 1991).

67López Vallecillos, Ítalo, Gerardo Barrios y su tiempo, (San Salvador: Dirección General de Publicaciones, 1967).

68Marroquín, Alejandro Dagoberto, Panchimalco. Investigación sociológica, (San Salvador: Editorial Universitaria, 1959.

69Marroquín, Alejandro Dagoberto, Apreciación sociológica de la independencia salvadoreña, (San Salvador: Editorial Universitaria, 1974).

70Martínez Suárez, Francisco, Vida de José Matías Delgado, (San Salvador: Tipografía La Unión, 1911).

71Masferrer, Alberto, Ensayo sobre el desenvolvimiento de El Salvador, (San Salvador: Imprenta La República, 1901). (Segunda edición: San Salvador: Clásicos Roxsil, 1996).

72Monterey, Francisco, Historia de El Salvador. Anotaciones cronológicas, 1810-1842. Tomo I, (San Salvador: Editorial Universitaria, 1977).

73Platón, La República, (Madrid: Espasa-Calpe, 1973).

74http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/otrosautoresdelaliteraturauniversal/Platon/larepublica/index.asp

75Ramírez Peña, Abraham, Por la paz de Centro América. Estudio pacifista, (San Salvador: Centro Editorial Meléndez, 1910).

76Ramírez Peña, Abraham, Almas grandes; ensayo de novela regional, (San Salvador: Imprenta Meléndez, 1912).

77Ramírez Peña, Abraham, Cloto, novela, (Barcelona: Ramón Sopena Editor, 1916).

78Ramírez Peña, Abraham, Sucinta historia de los juegos florales; discurso. Octubre de 1919, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1920).

79Roque Baldovinos, Ricardo, “Un antecedente centroamericano de la literatura testimonial de finales del siglo XIX. El sargento Hernández de Miguel P. Peña”. En Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos, No. 16, enero-junio 2008. www.denison.edu/istmo. Periódico La Unión, No. 124, lunes 14 de abril de 1890, págs. 2-3.

80Suay, José E, La organización económica de El Salvador, (San Salvador: Imprenta Nacional, marzo-abril, 1911).

81Suay, José E, Estudio sobre la situación económica de El Salvador, presentado al señor Presidente de la República, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1912).

82Suay, José E, La obra económica del Dr. Manuel E. Araujo, Presidente de la República, 1º de marzo de 1911 – 4 de febrero de 1913. San Salvador: Imprenta Nacional, 1913 En J. Dols Corpeño y S. Turcios (Eds.), Libro Araujo, (Imprenta Nacional/Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1914), págs. 144-159.

83Turcios R., Salvador, Al margen del imperialismo yanqui, (San Salvador: Tallerer Tipográficos de Dutriz Hermanos, 1915).

84Valladares, Manuel, Biografías del doctor José Matías Delgado y general Manual José Arce, (San Salvador: Primer Premio de los Juegos Florales Centroamericanos Celebrados en San Salvador, el 3 de noviembre de 1911).

855 de noviembre. Segundo Certamen Literario del Ateneo de El Salvador, (San Salvador: Imprenta Nacional/Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1913).

86Notas de pie de página

871 J. Dols Corpeño, Revista del Ateneo, Año II, No. 14, diciembre de 1913 y 1914, pág. 71. David J. Guzmán, Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica y social, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1914), pág. 194. Para evaluar la importancia de “instrucción cívica y moral práctica”, considérese que todos los autores pacifistas que el presente artículo redescubre permanecen en el olvido del canon literario nacional. Pese a su ideal por recolonizar el país con población europea del Mediterráneo, a Guzmán lo honra el nombre del actual Museo Nacional de Antropología (MUNA), como si su anhelo por eliminar lo indígena y blanquear racialmente el país se hallaran a la orden del día, o, al menos, fuera de toda crítica.

882 David J. Guzmán, Comentarios, págs. 141 y 167.

893 José E Suay, La organización económica de El Salvador, (San Salvador: Imprenta Nacional, marzo-abril, 1911), págs. 7 y 10.

904 José E Suay, La organización, pág. 12.

915 Año 1, No. I, 1 diciembre de 1912, pág. 1.

926 Año 1, No. I, 1 diciembre de 1912, pág. 1. La utopía de una “Nación que pertenece a todos” por el “auxilio de la Ciencia” y del “Arte”, inaugura el Libro Araujo, 1914, pág. 10.

937 Año I, No. 12, octubre de 1913, págs. 381-382.

948 Francisco Gavidia, Obras completas, (San Salvador: Ministerio de Educación, 1974), págs. 241-376. Espino, poeta doblemente laureado, 1921; Año IX, No. 84, septiembre de 1921, págs. 1521-1526 y Año X, Nos. 85-87, 1921, págs. 1598-1601.

959 R. Merlos Salvador, Año VI, Nos. 57-68, enero-diciembre de 1918, pág. 1206; pero admite que “el Sol del Unionismo” implica “fresca sangre”, a saber “derramar la sangre” (1206-7), sin atreverse a asociar este hecho con matanzas que enturbian los ideales.

9610 José Dols Corpeño y Salvador Turcios R. (Eds.), Libro Araujo – 9 de febrero de 1914, (San Salvador: Imprenta Nacional, Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1914), pág. 10.

9711 Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia de José Matías Delgado en el proceso emancipador, (San Salvador: Dirección General de Publicaciones, 1961), pág. 13; Alejandro Dagoberto Marroquín, Apreciación sociológica de la independencia salvadoreña, (San Salvador: Editorial Universitaria, 1974), págs. 73-76.

9812 La independencia como “ficción deslumbradora”, “espejismo” y demás sinónimos, la defiende Dols Corpeño, 1914, pág. 10 y 14.

9913 El término lo aporta el título del trabajo de Francisco Monterey, Historia de El Salvador. Anotaciones cronológicas, 1810-1842. Tomo I, (San Salvador: Editorial Universitaria, 1977), pág. 49-60; lo secunda Miguel Ángel García, San Salvador. Desde la conquista hasta el año 1894. En lo político, social, ciencias, letras y bellas artes. 1546-1946. (Tomo I. San Salvador: Imprenta Nacional, 1952), pág. 307-308.

10014 Platón, La República, Libro X, 1973, pág. 289.

10115 Abraham Ramírez Peña, Almas grandes; ensayo de novela regional, (San Salvador: Imprenta Meléndez, 1912), pág. 99.

10216 José Dols Corpeño, Patria, (San Salvador: Imprenta Nacional, Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1914), pág. 14.

10317 “Alocución dicha el 3 de julio de 1913”, citado en José Dols Corpeño, Patria, pág. 3.

10418 José Dols Corpeño, Patria, pág. 14, 19, 26 y 36; ensayo laureado. Lo secunda García, 5 de noviembre (1914, pág. 49), “nuestras fratricidas luchas [comienzan en] El Espinal [con la oposición] de Delgado a la incorporación de Centro América a México”. La anexión la apoyan Santa Ana y San Miguel, departamentos salvadoreños que San Salvador debe obligar a aceptar la autonomía. Otros apologista de Delgado, Francisco Martínez Suárez, Vida de José Matías Delgado, (San Salvador: Tipografía La Unión, 1911), pág. 37, califica la batalla en “el hacienda El Espinal” de “la primera que se libró entre hermanos […] precedente de discordia, funesto para el porvenir”. Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, pág. 200, “primera acción sangrienta entre hermanos”.

10519 José Dols Corpeño, Patria, pág. 53-57, 60 y 64; Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, (San Salvador: Dirección General de Publicaciones, 1967), págs. 375-36, “Arce [de] carácter fuerte y caprichoso [y] de proceder violento, dictatorial”. En contraste, leemos la loa cívica de Próceres (Castro, 1911, pág. 75) para la cual Arce es “noble soñador, caballero andante de la libertad”.

10620 Sobre 1825-1829, véase: 5 de noviembre, 1913, pág. 27; véase también, No. 106, marzo de 1926, págs. 4103-4 que reproduce documento de 9 de mayo de 1829 acusando a Arce de hacer “la guerra […] destrucción y muerte” para perpetrarse en el poder lo cual señala “su hora triste” de benemérito a cuadillo, al igual que José Dols Corpeño, Patria, pág. 69. En contraste a la posición pacifista del Ateneo, pueden leerse los versos militaristas de uno de los fundadores de la literatura nacional salvadoreña, Francisco Gavidia (1974, pág. 255), los cuales invocan a la guerra, siempre “justa”. “¡Oh pueblo!, alza tu brazo/Y lucha y vence, o muere,/antes que profanadas e iracundas/huyan las santas sombras y nos dejen”.

10721 Juegos Florales, 1911 y Abraham Ramírez Peña, Por la paz de Centro América. Estudio pacifista, (San Salvador: Centro Editorial Meléndez, 1910), pág. 13.

10822 Abraham Ramírez Peña, Por la paz, págs. 95 y 182.

10923 Abraham Ramírez Peña, Por la paz, págs. 11-12 y 40-41.

11024 Juan Gomar, Año IV, No. 33, enero de 1916, pág. 620.

11125 Pedro Flores, Año VI, Nos. 57-68, enero-diciembre de 1918, pág. 1214.

11226 Año XXXII, No. 164, diciembre de 1944, págs. 50-64; cita en págs 51-52.

11327 El mismo autor evalúa en “más de 18.500 hombres” el ejército de Carrera que invade El Salvador en julio de 1863 (55). Sobre su “cuadro horripilante, sombrío, aterrador”, se erige “gloria y laureles inmarcesibles” de Barrios y sus generales (53 y 51).

11428 Alejandro Dagoberto Marroquín, Panchimalco. Investigación sociológica, (San Salvador: Editorial Universitaria, 1959), pág. 97-98.

11529 Alejandro Dagoberto Marroquín, _Panchimalco, pág. 97.

11630 Alejandro Dagoberto Marroquín, _Panchimalco, pág. 97.

11731 Alejandro Dagoberto Marroquín, _Panchimalco, pág. 98.

11832 Alejandro Dagoberto Marroquín, _Panchimalco, pág. 98. Este declive demográfico indígena Marroquín lo censura de su trabajo canónico sobre la independencia, el cual se concentra en elaborar una apología del pueblo salvadoreño mestizo (Apreciación, 1974). Marroquín concluye identificando la nación salvadoreña con una sola cultura y una raza, de suerte que su propuesta antropológica crítica se reviste de un sesgo biológico conservador. “En la medida en que crece y se desarrolla la cultura mestiza, más se aproxima la era de su triunfo con el cual El Salvador llegará a ser una auténtica república […] de hombres libres [sin] limitaciones mezquinas del interés económico o desigualdades provocadas por la distinta pigmentación de la piel” (1974, pág. 105). La emancipación salvadoreña sería un acto de unificación racial indo-hispano, antes que de orden estructural como lo pretende la teoría marxista clásica.

11933 Adrián M. Arévalo, Lorenza Cisneros, (San Salvador: Imprenta Nacional, Biblioteca del Ateneo de El Salvador, 1912-1913), pág. 20.

12034 Adrián M. Arévalo, Lorenza Cisneros, pág. 60. ¿Se trata de San Pedro Perulapán o Espíritu Santo, 1839?, “La sangre de San Pedro Perulapán y el Espíritu Salto en 1839”, la confirmaría José Dols Corpeño, Patria, pág. 67.

12135 Adrián M. Arévalo, El 63. Episodios Nacionales Histórico-Novelescos, (San Salvador: Imprenta “Arévalo”, 1916), pág. 40 y Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, pág. 374, “Morazán humill[ó] a los conservadores y desemboc[ó] en la dictadura”. Ambos autores se contraponen a la exaltación que Gavidia realiza de Morazán en su incitación militarista y en la loa de la acción guerrera, véanse los versos citados en la nota (20).

12236 Adrián M. Arévalo, Lorenza Cisneros, pág. 72.

12337 Adrián M. Arévalo, Lorenza Cisneros, pág. 73.

12438 Adrián M. Arévalo, Lorenza Cisneros, pág. 74.

12539 Adrián M. Arévalo, El 63, pág. 22.

12640 Adrián M. Arévalo, El 63, pág. 151.

12741 Adrián M. Arévalo, El 63, págs. 150-151.

12842 Adrián M. Arévalo, El 63, pág. 87.

12943 Adrián M. Arévalo, El 63, pág. 87.

13044 Conferencia de Paz Centroamericana, Washington, D. C., noviembre de 1907, Abraham Ramírez Peña, Por la paz, pág. 148.

13145 Si resulta cierto que “el cariño y estimación que el pueblo salvadoreño, principalmente el de la capital, profesó al General Barrios y a su esposa Adela, consistió en que para ellos no había distinción de clase”, sus presuntos descendientes traicionan los principios de igualdad al anhelar posiciones aristocráticas (Arévalo) en Ricardillo (1961) de Enrique Córdova, doña María de la Paz organiza una fiesta “para dar muestras de su gran linaje y deslumbrar a la concurrencia”, a quien atiende sentada en “sillones forrados de terciopelo rojo y brazos dorados. En la pared lucían dos retratos al óleo: el del General Barrios y el del fundador de la familia de la engreída doña María de Paz […] teniendo al lado un atril con el libro en letras azules que contenía el árbol genealógico”; Véase Enrique Córdova, Ricardillo, (San Salvador: Tipografía Ungo, 1961), págs. 81-82. Todos los ideales del liberalismo en Barrios se diluyen en sueños de ostentación conservadora de la familia Paz. La gesta republicana se reduce a la búsqueda de ascenso social de los sucesores, quienes deberían conservar su legado.

13246 Ricardo Roque Baldovinos, “Un antecedente centroamericano de la literatura testimonial de finales del siglo XIX. El sargento Hernández de Miguel P. Peña”, en Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos, No. 16, enero-junio 2008, http://www.denison.edu/istmo , s/p.

13347 Ricardo Roque Baldovinos, “Un antecedente centroamericano”, s/p. La saga militar de Barrios la restituyen documentos primarios que reproduce la Revista del Ateneo (Nos. 111-112, Año XIII, agosto-septiembre de 1926, págs. 4362-4390 y págs. 4429-4458): su viaje a Nicaragua a combatir contra William Walker (1856), el inicio de lucha por el poder a falta de enemigo común, el intento de insurrección contra el presidente salvadoreño Rafael Campo y la enemistad con Dueñas (junio de 1857), senador durante la presidencia de Miguel Santín del Castillo (febrero de 1858), el conflicto entre el poder laico y el religioso (septiembre de 1861), la misa de gracias y Te Deum en la capital luego de matanza de guatemaltecos en Coatepeque (1863), etc.

13448 No. 164, diciembre de 1944, págs. 55-57.

13549 José Dols Corpeño, Patria, pág. 19.

13650 José Dols Corpeño, Patria, pág. 30. Contrástese la posición pacifista de Dols Corpeño con la apología de Próceres ; véase Rafael Castro V.,Próceres. Documentos y datos históricos, (San Salvador: Tipografía Salvadoreña, 1911) que idealiza la acción de los fundadores de la patria en sus “virtudes” (79), “sin mancha” de crimen (83), ni pecado original. A la violencia generalizada, el civismo opone “un deber patriótico para que a su presencia se exalte mi fantasía” (79). Hay que olvidar toda violencia fundadora y acallar las víctimas de la historia.

13751 Miguel Ángel García (Año I, No. 12, octubre de 1913 y 5 de noviembre, 1913, págs. 46-48. De nuevo, de manera radical, la posición pacifista contrasta con la exaltación guerrera de Gavidia en su “Himno a la Bandera” (1974, pág. 257-268). En nombre de “la República”, para la visión militarista, toda matanza queda encubierta bajo el “grito ¡Libertad! [que] venció en los memorables/campos del Espinal”. Por su exaltación de “la Patria y la Bandera”, la obra de Gavidia se vuelve canónica, mientras la de los ateneístas queda en el olvido, al carecer de una religión laica para uso en las escuelas y en el gobierno.

13852 “Yo, en esa fecha [1863], era un niño de seis años”, asegura el testimonio ocular de la huída de Barrios, Arévalo, El 63, 1916, pág. 166; la intención testimonial se repite en las páginas 44, 62, 134 y 139. Al igual que Arévalo, Caso (s/f: s/p) justifica su afirmación como testimonio ocular: “quien escribe este relato se encontró en lugar privilegiado para ver y oír en forma directa […] tenía doce años de edad, decía, quien estas cosas relata, cuando llegó a la Dirección General de Policía su padre, don Saturnino Rodríguez Canizales”. De Arévalo a Caso hay una conciencia testimonial olvidada.

13953 El atentado a machetazos ocurrió el 4 de febrero; la muerte, el 9 de febrero de 1913.

14054 Año I, No. 6, 9 de abril de 1913 y Libro Araujo, 1914.

14155 El anuncio de su asesinato lo asienta el Libro Araujo, 1914, pág. 15

14256 Documentado por Suay, 1913, pág. 16 y secundado por Caso, s/f y Turcios, 1915.

14357 Suay, 1911, pág. 7 y 1913, pág. 7 y 17. La reducción de la deuda pública la confirma el Libro Araujo, 1914, pág. 30. El éxito fiscal de Araujo, Suay lo resume de la siguiente manera. “No hay Nación que esté en circunstancias de presentar los mismos resultados obtenidos en el lapso de un año, es decir: aumento en el producto neto de las rentas de $16.28%; una disminución en la deuda pública general del 9% más o menos. Si el doctor Araujo pudiera obtener iguales resultados durante los 3 años que le faltan de su período presidencial, habría obtenido […] nuestra autonomía financiera” ; véase José E Suay, Estudio sobre la situación económica de El Salvador, presentado al señor Presidente de la República, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1912), págs. 13-14. Su asesinato sellaría el fracaso de esa independencia económica que despega — luego de “21 años de esclavitud y de pasividad”— “el 1º de marzo de 1911”, siete meses antes de la celebración del primer centenario del grito de independencia (5 de noviembre de 1911) ; véase José E Suay, Estudio, pág. 9. “De manera espléndida, los festejos fueron “pagados con recursos propios de Erario, con un gasto de poco menos de $300,000” ; véase José E Suay, Estudio, pág. 11.

14458 Libro Araujo, 1914, pág. 7, José Dols Corpeño, Patria, pág. 11 y Ramírez Peña, 1910: 95; lo secunda Adrián M. Arévalo, Lorenza Cisneros, pág. 60, “tremendas carnicerías”.

14559 Parafraseamos versos náhuatl.

14660 Año I, No. 12, octubre de 1913, págs. 391-393.

14761 Salvador Turcios R., Al margen del imperialismo yanqui, (San Salvador: Tallerer Tipográficos de Dutriz Hermanos, 1915), pág. 28. Este autor ilustra una visión liberal republicana bastante hispanocéntrica. A la vez de denunciar “el imperialismo yanqui” (Año III, No. 30, octubre de 1915; véase también: Año IV, Nos. 35-36, marzo-abril de 1916) —“acción de patriota ferviente y luchador por el engrandecimiento de Centro América”— declara “ejidos” — tierras indígenas del común— causantes de “males y atraso de la industria agrícola”. “Como consecuencia de la extinción, el 2 de marzo de 1882, cuyo sistema hacía difícil obtener los beneficio de la mayor parte de los terrenos del Estado, ha entrado toda la propiedad raíz en el caudal de las especulaciones económicas. Por eso creemos que El Salvador es una de las Repúblicas de Hispano América que está menos expuesta a la conquista territorial por las razas extrañas [¿por la indígena?]. Resuelto el problema de los ejidos, que engendran los males y el atraso de la industria agrícola, como lo comprueba la Economía Política y Social, no es aventurado decir que se ha dado un gran halón en los destinos del país por la ruta indefinida del progreso” (Año I, No. 1, 1de diciembre de 1912, pág. 24). Acaso anti-imperialismo hispano y anti-indigenismo —eliminación de tierras ancestrales indígenas, concedidas por la propia corona española— correspondan a dos facetas complementarias de una misma línea liberal y republicana de pensamiento. Bajo la misma perspectiva —hispanismo de “raza ibero-americana”, sino anti-indigenista, al menos sin opción indigenista— podrían estudiarse las celebraciones del día de la raza, el 12 de octubre (Año III, No. 30, octubre de 1915; Año VIII, Nos. 73-74, junio de 1919-noviembre de 1920, Castro García, 1922, y Ramírez Peña, 1920). La exaltación de España —“evocación de un maravilloso canto épico”— deja muy poco lugar para lo indígena en ese día de la raza ; véase Alberto Castro García, Raza y patria, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1920), pág.7, así como número No. 96, octubre de 1926 dedicado íntegramente a “rendir homenaje a la Madre Patria”.

14862 Carlos Bustamante, poeta laureado, El libro, 1921, pág. 14.

14963 José Llerena, poeta laureado, El libro, 1921, pág. 22.

15064 Manuel Valladares, Biografías del doctor José Matías Delgado y general Manual José Arce, (San Salvador: Primer Premio de los Juegos Florales Centroamericanos Celebrados en San Salvador, el 3 de noviembre de 1911), pág. 36.

15165 José Dols Corpeño, Patria, pág. 36.

15266 José Dols Corpeño, Patria, pág. 54.

15367 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo I, 1950 y y Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, págs. 198-202. “Bautismo de sangre de la República; Véase Manuel Valladares, Biografías del doctor José Matías Delgado , pág. 19. “En el campo del Espinal quedó sembrada la semilla de la guerra civil”, Marure, 1877-1878, pág. 41.

15468 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo I, 1950. (San Salvador, Mayo de 1822 ; Véase Manuel Valladares, Biografías del doctor José Matías Delgado , pág. 69 y Durán, 1961: 207-208, “desorden, predaciones y temor”).

15569 Revista del Archivo Nacional, Honduras (1800-1900). (San Salvador, junio de 1822, Valladares, 1911, pág. 70).

15670 Villacorta, Dicccionario histórico de América Central (1800-1900). (Entre los pueblos de Guayabal y Guazapa, 14 de enero de 1823 y Mejicanos en febrero de 1823 ; Véase Manuel Valladares, Biografías del doctor José Matías Delgado , págs. 72-73 y Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, pág. 253).

15771 Revista del Archivo Nacional, Honduras (1800-1900).

15872 Diccionario histórico enciclopédico de El Salvador, (1800-1900). Arce en Nicaragua, 9 de enero de 1825 ; Véase Manuel Valladares, Biografías del doctor José Matías Delgado , pág. 79.

15973 Gaceta de El Salvador, Nª 54 , julio 9 de 1852.

16074 Memorias del General Manuel José Arce, y Modesto Barrios.

16175 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920. “La campaña bélica es un círculo vicioso”, Durán 1961: 356.

16276 Don Eustaquio Sierra de Sabana Grande, cuenta a Don Pascual Sandres los pormenores de la Batalla de Morazán a mediodía del 10 de noviembre de 1827 ; véase Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 39). (Morazán en Comayagua, 27 de noviembre de 1827; véase Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág.41. (1800.1900).

16377 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920.

16478 Gaceta del Gobierno de Guatemala, Mayo 3 1828. Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, pág. 358. (sitio a San Salvador, 1º de marzo de 1828; véase Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 41.

16579 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920.

16680 Boletín Oficial Nº 7 del 7 de junio de 1871. (6 de junio de 1828, Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, pág. 364). Véase abril de 1828, Morazán comisionó al Coronel José Antonio Márquez invadir El Salvador, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 41.

16781 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 50-51.

16882 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920. Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, pág. 365. Todo el mes de julio de 1828 se combatió en los alrededores de San Salvador ; véase Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 53.

16983 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920 y López Vallecillos, 1967: 58. (Entrada triunfal de Morazán a San Salvador, 23 de octubre de 1828 y 3 de diciembre marcha contra Guatemala, Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, págs. 369-370; Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 54). (Batalla de San Antonio, 9 de octubre de 1828, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 54).

17084 D. J. Guzmán, Revista del Círculo Militar, Nos. 61 y 62. (13 de abril de 1829, Morazán entra a Guatemala, Miguel Ángel Durán, Ausencia y presencia, págs. 371. Batalla de Guatemala, empezó el 5 de febrero de 1829, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 56-57.

17185 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920. (mediados de 1831, Arce estaba en Soconusco dispuesto a invadir el territorio centroamericano), Véase Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 68.

17286 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920. Morazán contra Cornejo, jefe salvadoreño, enero-febrero de 1829, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 70-71.

17387 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 74. (18 de marzo de 1832, toma de Santa Ana; 27-27 de marzo de 1832, La Chacra, toma de San Salvador, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 74-75.

17488 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 75-76, 80 y 93.

17589 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 81.

17690 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 83.

17791 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 95.

17892 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 99. (El pacto de amistad entre Nicaragua y Honduras llevó la guerra a El Salvador, 18 de enero de 1839, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 99). (Entrada de carrera a Guatemala con centenares [de] indígenas aguerridos, violentos, feroces y bárbaros [como] precursor de las guerrillas de Centro América, 13 de abril de 1839, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 102).

17993 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920.
fn94. Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 103-104. (Batalla de San Pedro Perulapán, 25 de septiembre de 1839). (Cabañas en Tegucigalpa, 13 de noviembre de 1839).

18095 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 105-107.

18196 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 127 y 129.

18297 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 147-148. (Insurrección de Barrios y Cabañas en San Miguel, 5 de septiembre; Malespín invadió Nicaragua, noviembre de 1844).

18398 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 151.

18499 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 151-152.

185100 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo III, 1920. Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 152.

186101 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 157-159.

187102 Villacorta, Diccionario histórico de América Central. . Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 162-163.

188103 Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 171.

189104 Miguel A. García, Estudio histórico de don J. R. Mora.

190105 Villacorta, Historia de América Central.

191106 J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños.

192107 Boletín de Noticias, Nº 20, octubre de 1856.

193108 Star and Herald, Wendy Album, 10 de diciembre de 1956. Guerra Nacional contra el filibustero William Walker, 1956-1957, Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, págs. 173-254. Barrios contra Campos, junio de 1857, presidente de El Salvador. Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, pág. 258-284.

194109 G. Barrios ante la Posteridad, Managua.

195110 Inserta en el Boletín Oficial, Nº 3.

196111 Diario Oficial, Nº 304 de Abril de 1876.

197112 Diario Oficial, Nº 389 del 19 de abril de 1876.

198113 Acción de Santo Domingo. J. A. Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Tomo 1, 1950.

199114 Diario Oficial, Nº 90 del 16 de abril de 1885.

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Para citar este artículo :

Rafael Lara-Martínez, « La independencia como problema : El Ateneo de El Salvador y la celebración del (Bi)Centenario », Boletín AFEHC N°46, publicado el 04 septiembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2494

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