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AFEHC : articulos : Representar e imaginar Centroamérica en el siglo XIX. : Representar e imaginar Centroamérica en el siglo XIX.

Ficha n° 2496

Creada: 10 octubre 2010
Editada: 10 octubre 2010
Modificada: 09 enero 2011

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Autor de la ficha:

Xavier CUENIN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Representar e imaginar Centroamérica en el siglo XIX.

La referencia a Centroamérica como región ha sido permanente desde la Independencia hasta los proyectos de integración desarrollados desde los años 1950 con el Mercado Común Centroamericano. En el siglo XIX, el tema de la unión es omnipresente en las representaciones y los discursos políticos a tal punto que es integrado en los mismos símbolos nacionales y que se impone como un referente obligado a pesar de los sucesivos fracasos de los proyectos de reunificación. En efecto, debido a las dificultades para apropiarse el pasado y presentar la Independencia como un mito de origen, los constructores de las identidades nacionales de fines del siglo XIX se enfocan en el periodo de la Federación y sobre todo en la dimensión geográfica del istmo. Estos elementos, comunes a todos los países de la región, son de esta manera apropiados por los diferentes Estados al tiempo que las referencias a Centroamérica se complejifican hasta principios del siglo XX como lo muestra la voluntad del Partido Unionista Centroamericano de Salvador Mendieta de construir la unión regional y ya no de tomarla como una evidencia.
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Palabras claves :
Símbolos nacionales, Identidades nacionales, Unionismo, Partido Unionista Centroamericano (PUCA), Representaciones de Centroamérica, Francisco Morazán
Autor(es):
Xavier Cuenin
Fecha:
Septiembre de 2010
Texto íntegral:

1 La referencia a Centroamérica como una región ha sido permanente desde el fracaso de la Federación en 1838 hasta la actualidad1. De hecho, los intentos por reconstituir la unidad regional siguen existiendo a través de los proyectos de integración desarrollados desde los años 1950 con el Mercado Común Centroamericano. De esta manera, a lo largo del siglo XIX, el tema de la unión estuvo omnipresente en las representaciones y los discursos políticos a tal punto que estuvo integrado en los mismos símbolos nacionales y que se impuso como un referente obligado a pesar de los sucesivos fracasos de los proyectos de reunificación.

2 La recurrencia y frecuencia de éstos, 13 entre 1842 con el primer intento de reconstrucción de la unión después de la disolución de la Federación y 1921 con el último intento de reunificación política, demuestra por sí misma la permanente actualidad de la perspectiva unionista durante el siglo. Esta aparente paradoja que opone la realidad de los hechos, es decir los múltiples fracasos de los intentos unionistas, y las representaciones políticas caracterizadas por la vivacidad del ideal unionista nos hace interrogarnos sobre el porqué de tal permanencia. Un elemento de respuesta está en la cultura política de las elites de la región, una cultura política estructurada por la referencia al periodo federal por una parte y al istmo como promesa de desarrollo y de potencia por otra. Pero esta centralidad del tema unionista supone también una diversidad y evolución de las imágenes de Centroamérica según factores tan diversos como las opciones políticas, los intereses económicos y, por supuesto las dimensiones geográfica y cronológica.

3 Para estudiar la diversidad de estas representaciones con mayor claridad se pueden diferenciar varias dimensiones del imaginario centroamericano que, aunque siempre conviven, se afirman con grados diferentes según las épocas. Por esto insistiremos primero sobre las razones de la preeminencia de la dimensión geográfica a partir de la Independencia, para después analizar la politización progresiva de la referencia a Centroamérica en el marco de las construcciones nacionales de finales del siglo XIX lo que nos llevará finalmente a insistir sobre el enriquecimiento y diversificación de las referencias a Centroamérica a principios del siglo XX en el marco del proyecto unionista del Partido Unionista Centroamericano (PUCA) de Salvador Mendieta.

La preeminencia de la dimensión geográfica.

4 En 1823, cuando después de la separación con México que significó la Independencia absoluta de las Provincias del antiguo Reino de Guatemala, el Congreso Constituyente le da un nombre a la estructura estatal correspondiente al Reino de Guatemala, los diputados optan por la denominación de “Provincias Unidas del centro de América” que se convertirá en “República Federal de Centro-América2”. Más allá de la aparente evidencia de tal elección, podemos subrayar el hecho de que este nombre no remite ni a la historia ni a elementos culturales traduciendo las dificultades encontradas para identificar a la región más allá de la dimensión geográfica

5 De hecho, la preeminencia de la dimensión geográfica en la identificación de la región es antigua. Ya durante la colonia se usan casi exclusivamente nombres de carácter geográfico para designar el Reino de Guatemala como “istmo de Darién” o “istmo de Panamá”. Esta asimilación con el carácter geográfico remonta al viaje de Balboa hasta el Pacífico en 15133 que inicia una serie de viajes para encontrar una ruta fluvial entre el Atlántico y el Pacífico y se mantiene hasta la Independencia. De esta manera, la nueva denominación de Centro-América marca una continuidad en la identificación geográfica pero también la enriquece con una dimensión geopolítica refiriéndose a la centralidad estratégica, económica y política que tiene que otorgarle a la región su situación.

6 Esta identificación con la dimensión geográfica que conlleva un proyecto político se traduce también por la integración de estas referencias en los símbolos entonces forjados para identificar la República federal y adoptados en agosto de 1823. Éstos se refieren explícitamente a la condición ístmica como lo demuestra el escudo de armas de la República federal (documento 1) en el que aparecen varios elementos geográficos como los cinco volcanes cuyo número remite a los cinco Estados constituyentes de la República federal, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. También aparecen los dos océanos remitiendo a la condición ístmica presentada por lo tanto como fundamento de la identidad centroamericana.

7 Asimismo, estos elementos de identificación son inmediatamente retomados en los cinco Estados e integrados en los escudos de armas de los cinco Estados lo que se confirma después de la disolución de la Federación. De esta manera, los escudos nacionales adoptados a finales del siglo XIX (documento 2) cuando se construyen identidades nacionales separadas, mantienen las mismas referencias. Los volcanes aparecen en cuatro de los cinco escudos, los del Salvador, de Honduras, Nicaragua y Costa Rica así como la referencia a la centralidad marcada por la expresión “América Central”. Es aún más revelador el hecho de que los dos océanos aparezcan en estos mismos escudos. En el caso de El Salvador, esta referencia es aún más interesante si se toma en cuenta el hecho de que este Estado no tiene apertura sobre el Atlántico. Esta constatación traduce tanto la dificultad para encontrar otros elementos de identificación como la apropiación por todos los Estados de la condición ístmica como destino geográfico.

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Documento 1. Escudo de armas de la República federal
Documento 1. Escudo de armas de la República federal

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Documento 2. Escudos de armas de Nicaragua y Costa Rica
Documento 2. Escudos de armas de Nicaragua y Costa Rica

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13 En efecto, la centralidad de la referencia geográfica y su relación con la condición ístmica y el proyecto de canal se mantienen durante todo el siglo como lo demuestran los mapas de la región elaborados en el siglo XIX. El primer punto interesante aquí es que la gran mayoría de éstos son mapas de la región y que han sido producidos por extranjeros. Entre los 56 mapas de la región que hemos consultado, sólo tres han sido producidos por centroamericanos, dos lo han sido en Guatemala y uno en Nicaragua lo que remite a la importancia de la identidad atribuida por el extranjero a los países de la región. De hecho, aparece claramente que desde el extranjero se concibe a la región como un conjunto, como un todo sino homogéneo por lo menos coherente. Esta constatación es confirmada por los hechos diplomáticos y por ejemplo el hecho de que las potencias europeas nombren durante el siglo XIX a cónsules no para cada país sino para toda la región como el más famoso de ellos, el cónsul general de Inglaterra nombrado en 1833, Frederick Chatfield. De la misma manera, en 1856, para el filibustero William Walker, el control sobre Nicaragua es sólo el primer paso para controlar toda la región lo que resume por la fórmula “five or none” demostrando que en su imaginario la región es un conjunto.

14 Otro elemento que aparece al estudiar los mapas del siglo XIX es que la gran mayoría de ellos son producidos en relación con el proyecto canalero como el mapa de William V. Wells elaborado en 1856 (documento 3) que detalla los lugares estratégicos para poder abrir un eventual canal interoceánico. Este hecho permite insistir en el hecho de que la dimensión ístmica y su carga geopolítica cobran gran importancia en la visión de la región remitiendo al destino que tiene que asumir la región según los constructores de las identidades nacionales a finales del siglo XIX, él de ser el centro de los intercambios mundiales.

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Documento. 3 Central America. W.V. Wells, Fotografía personal. 2001
Documento. 3 Central America. W.V. Wells, Fotografía personal. 2001

16 Otro punto de interés revelado por el estudio de los mapas del siglo XIX es el hecho de que, después de la disolución de la Federación, esta dimensión ístmica es apropiada por cada uno de los cinco Estados como el de Costa Rica representado por primera vez como Estado independiente en un mapa (documento 4) realizado en 1849 por Felipe Molina Bedoya en su Bosquejo de la República de Costa Rica4. El autor del mapa detalla de esta manera más los litorales que el interior realzándolos con el color rojo e insiste en la estructura este-oeste es decir en la relación entre los dos océanos es decir que, en este primer mapa de Costa Rica, se apropia la dimensión ístmica con la voluntad de apropiarse el proyecto canalero.

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Documento 4. Mapa de Costa Rica. Felipe Molina Bedoya. 1851
Documento 4. Mapa de Costa Rica. Felipe Molina Bedoya. 1851

18 Estas reflexiones permiten sacar unas conclusiones acerca de la centralidad de la dimensión geográfica en la identificación de la región. Primero aparece que la identidad de la región construida a partir de la Independencia por los actores de la región e influenciada por el exterior, se fundamenta sobre todo sobre una dimensión geográfica, la de istmo. Un segundo punto es el hecho de que esta identificación geográfica es apropiada en toda la región y en cada uno de los Estados, incluso algunos que no tienen esta doble apertura como es el caso del Salvador o que se mantienen relativamente alejados de los proyectos unionistas como es el caso de Costa Rica. Estas constataciones son esenciales en la medida en que la insistencia sobre la geografía como fundamento de la identificación da una imagen de la región, incluso después del fracaso de la Federación en 1838, como un todo coherente y sobre todo un conjunto que no hay que crear porque es natural, porque aparece como una evidencia.

La politización de las imágenes de Centroamérica a finales del siglo XIX.

19 Los imaginarios centroamericanos cambian a finales del siglo XIX en el marco de las construcciones nacionales que se asientan en toda la región. Por una aparente paradoja, la referencia a Centroamérica no desaparece ni siquiera se reduce con estas construcciones y ésto porque la perspectiva centroamericana o unionista está integrada a los proyectos nacionales.

20 El primer elemento que resalta en esta época es que las elites liberales, que son las que se encargan de la construcción de las identidades nacionales a partir de los años 1870-1880, son animadas por una cultura política estructurada por la referencia al periodo federal, es decir al periodo de la unión. En efecto, como lo demuestra el estudio de los discursos de 15 de septiembre en la región durante el periodo llamado liberal, la referencia a la Federación tiende a reemplazar la referencia a la Independencia como momento de fundación de las naciones centroamericanas. En efecto, además de la dificultad para recuperar el pasado pre-hispánico y el pasado colonial que también se encuentra en el resto de América latina, se agrega aquí la dificultad para recuperar la memoria de la Independencia y esto por dos razones. Por una parte, la declaración de la Independencia ha sido hecha por las elites tradicionales identificadas con los conservadores. De hecho, en gran parte de los liberales de finales del siglo XIX se desarrolla una memoria negativa de la Independencia de 1821 que aparece como un proceso únicamente político que no ha desembocado en cambios sociales. Así es que esta Independencia incompleta es presentada más bien como una promesa de revolución social como lo subraya Fernando Cruz en su discurso del 15 de septiembre de 1871: « La revolución política fue obra de una palabra y de un momento: la revolución social es una larga y laboriosa tarea5. » Por otra parte, la Independencia ha sido proclamada en la capital del antiguo Reino de Guatemala acusada durante la Federación por los otros Estados de ser centralista. De hecho, legalmente esta proclamación sólo concernía Guatemala y se hicieron proclamas separadas en los otros Estados. Finalmente, la Independencia ha sido un proceso pacífico lo que quita los términos de una oposición con la metrópoli y la ocasión de una catalización alrededor de un personaje que encarne la lucha independentista como Bolívar.

21 Este triple obstáculo hace que la referencia a la Federación se imponga como momento de revolución social complementando y realizando la revolución política de 1821, incluso en los discursos de 15 de septiembre aprovechando por ejemplo la coincidencia con la muerte de Francisco Morazán, el gran caudillo unionista que emergió durante la guerra civil de 1826 a 1829 y tomó la capital controlada por los conservadores, el 15 de septiembre de 1842. De esta manera, en 1882, en San Salvador, las festividades del 15 de septiembre se organizan alrededor de la inauguración de una estatua de Morazán y Álvaro Contreras empieza su discurso glorificando la figura de Morazán: « Estamos en presencia de la personificación en bronce del primer héroe centroamericano6. » De hecho, se puede subrayar aquí que esta estatua precede cualquier estatua dedicada a próceres de la Independencia. De esta manera el periodo de la Federación, es decir de la unión centroamericana se impone como momento de cristalización de los valores nacionales, lo que mantiene el ideal unionista vivo, le da gran prestigio y al mismo tiempo lo llena de un contenido político liberal remitiendo a la lucha contra las elites tradicionales de Ciudad de Guatemala.

22 Así es que se va estableciendo una equivalencia para las elites liberales entre Unión y términos como libertad y República. Estas mismas elites son las que construyen los símbolos nacionales y de hecho, estudiando los libros de historia y de geografía de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, aparece que son los mismos intelectuales los que escriben las primeras historias y geografías nacionales y las historias y geografías de Centroamérica. Esto crea una ambigüedad permanente entre las identificaciones nacional y regional que se encuentra también en los lugares de memoria forjados en esta época, que sean personajes o acontecimientos. Es el caso por ejemplo en Costa Rica con la cristalización alrededor del personaje de Juan Santamaría, héroe anónimo de la llamada “guerra nacional” contra las tropas del filibustero William Walker. En efecto, como lo demuestra el monumento erigido en San José en 1891 (documento 5) para celebrar esta campaña, aquí, el término nacional remite a Centroamérica, es decir que el heroísmo atribuido a Juan Santamaría y por extensión a Costa Rica es presentado como benéfico para toda la región. Aquí Costa Rica encarna la Independencia de la región.

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Documento 5. Monumento a la campaña nacional. San José, Costa Rica
Documento 5. Monumento a la campaña nacional. San José, Costa Rica

24 Esta misma ambigüedad entre las escalas de identificación se traduce en el momento de designar los símbolos nacionales como ocurre con el personaje de Francisco Morazán. El caudillo unionista es el objeto de un culto por parte de los liberales de toda la región y, en todos los países se piensa en presentarle como héroe nacional7. En los años 1880 se le celebra tanto en San Salvador donde una estatua suya es erigida en 1882 como en Tegucigalpa donde otra es inaugurada en 1887 y, en menor medida en San José donde un parque tiene entonces su nombre. La insistencia sobre este personaje trae ambigüedad en la medida en que encarna el unionismo. Esta ambigüedad es, de hecho, tema de polémica en Guatemala por ejemplo donde se desata una cruenta polémica en 1892 cuando el gobierno del liberal José María Reyna Barrios celebra el centenario de su nacimiento organizando conmemoraciones y mandando hacer una estatua representándole. Esta intensa polémica se desarrolla en la prensa entre los conservadores a través de Agustín Mencos Franco y los liberales encabezados por el historiador Lorenzo Montúfar. Sin insistir en los términos de esta contienda se puede subrayar el hecho de que los argumentos de los conservadores son entonces que Morazán ha sido enemigo de Guatemala al haber tomado en 1829 la capital y que, por lo tanto, no se le puede celebrar como héroe nacional cuando los liberales insisten en el liberalismo de Morazán que encarna para ellos los valores de libertad, República, y progreso social.

25 Es interesante notar que el Morazán celebrado en los otros países para este centenario es muy diferente. De esta manera, en su biografía de Francisco Morazán publicada en 189.. y redactada para celebrar el centenario del nacimiento de Morazán, Eduardo Martínez López en El Salvador insiste no tanto en el liberalismo del caudillo unionista sino en su lucha contra los que designa como la “nobleza” o “aristocracia” de Guatemala. De esta manera, esta biografía redactada después de la campaña unionista encabezada por Justo Rufino Barrios y sentida como un intento de anexión en El Salvador, no duda en criticar duramente incluso a los liberales guatemaltecos como Mariano Gálvez. La construcción de una imagen de Morazán diferente a la de los liberales guatemaltecos culmina en el libro segundo de la biografía donde afirma que “El pueblo salvadoreño fue el único fiel a Morazán. Morazán pertenece a El Salvador8.”

26 El ejemplo de las imágenes forjadas sobre el personaje de Morazán en los diferentes Estados muestra que la insistencia sobre este personaje no implica que esto signifique que los valores del unionismo representados por el caudillo sean compartidos en todos los países de la región. De hecho conviven aquí varias imágenes de Morazán. Cuando los liberales guatemaltecos enfatizan el Morazán liberal, los Salvadoreños enfatizan su lucha contra el centralismo guatemalteco y los Hondureños sus orígenes hondureños. En otros términos, el personaje de Morazán es objeto de una nacionalización, de una apropiación como lo es el proyecto unionista. Lo mismo ocurre con la énfasis puesta en Costa Rica sobre la campaña nacional permitiendo poner de relieve el papel de Costa Rica como garante de la lucha por la Independencia, como realización de los valores centroamericanos.

27 Esta tendencia a la apropiación de la imagen de Centroamérica a nivel político se traduce así por una nacionalización del unionismo que hace que los intentos de reunificación aparezcan al final del siglo XIX más bien como una excusa para encubrir las pretensiones de extender el dominio de uno de los países sobre todo el istmo. Esto es lo que ocurre con la tentativa unionista del salvadoreño Gerardo Barrrios en 1862, con la campaña unionista de Justo Rufino Barrios en 1885 que es percibida por los otros países como una tentativa anexionista, o con la República Mayor de Centroamérica impulsada por el gobierno nicaragüense de José Santos Zelaya cuando Nicaragua se está afirmando como una de las mayores potencias de la región. En resumidas cuentas, el énfasis sobre la Federación en el marco de las construcciones nacionales lideradas por los liberales de la región es debida sobre todo a la dificultad de encontrar otros momentos de cristalización de la identidad nacional. En cambio, esta insistencia sobre el periodo de unión no significa que se presente un sólo unionismo en la región sino que esta perspectiva tiende a ser apropiada, nacionalizada. De esta manera la unión estructura la cultura política de las elites de finales del siglo XIX lo que alimenta el unionismo a la vez que hace imposible su realización.

El enriquecimiento del imaginario centroamericano a principios del siglo XX

28 La visión de Centroamérica cambia, se diversifica y se enriquece paulatinamente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX como lo revela la acción y discurso de nuevas generaciones de unionistas representados por los jóvenes que fundan el Partido Unionista Centroamericano (PUCA) en 1899. En efecto, el proyecto del PUCA que desemboca en el último intento de unión política en 1921, no es sólo un proyecto fallido sino el inicio de un enriquecimiento de la visión que se tiene de Centroamérica y de los procedimientos para reconstituir la unión como lo demuestran las obras del fundador del PUCA, Salvador Mendieta y sobre todo sobre su Enfermedad de Centro-América publicada entre 1912 y 1927.

29 Esta obra se enmarca en la corriente ensayista positivista latinoamericana9 que, partiendo de la constatación de las deficiencias y de los fracasos de los Estados latinoamericanos los designa como “enfermedades” para calificar el estado de estos organismos frenados en su desarrollo. Entre estas obras se encuentran el Manual de patología política del argentino Agustín Álvarez en 1899, El continente enfermo del venezolano César Zumeta en 1899, Enfermedades sociales del argentino Manuel Ugarte en 1905, Pueblo enfermo del boliviano Alcides Arguedas en 190910. De esta manera, Salvador Mendieta designa como explicación de los problemas de desarrollo la desunión de la región y propone como solución incentivar un nuevo unionismo.

30 En efecto, Salvador Mendieta parte de la constatación que los proyectos unionistas anteriores siempre han sido proyectos gubernamentales, lo que llama “un esfuerzo burocrático para restablecer la unión11” y que, por ende, dependían de los gobiernos de cada país que son los que más tenían que perder en un proceso de unión. Por esta razón Mendieta pretende inaugurar una nueva era preparando la unión incentivando primero un sentimiento centroamericano entre la población.

31 En efecto, según los miembros del PUCA, Centroamérica ya no es una evidencia, un dado geográfico como lo habíamos visto antes sino que Centroamérica, aunque exista como expresión geográfica, tiene que ser construida política y cívicamente. De esta manera, con esta toma de conciencia, se enriquece el significado de lo que es Centroamérica en varios sentidos.

32 La imagen de Centroamérica se enriquece primero a nivel político. En efecto, el unionismo del PUCA se desarrolla en un contexto de lucha contra los gobiernos liberales autoritarios como el de Estrada Cabrera en Guatemala. De esta manera, los unionistas identifican explícitamente la unión como una manera de crear un nuevo espacio político para debilitar las elites tradicionales.

33 De hecho, al analizar el periodo llamado conservador, y la dominación de Rafael Carrera en Guatemala, Salvador Mendieta precisa que “Carrera y los criollos linajudos eran incapaces de dominar a Centro-América, pero sobradamente capaces de dominar a Guatemala y ejercer así una hegemonía incontrastable sobre los cuatro otros Estados, especialmente sobre los vecinos de Honduras y el Salvador12.” es decir que para Mendieta, cada Estado corresponde a un área de dominación de la elites tradicionales. En esta misma perspectiva, opone los Estados separados que asientan los caciquismos y la unión que encarna la “República de verdad13”, es decir que representa la escala en la que se podrán conseguir garantías y libertades para los ciudadanos, pluralismo y alternancia en el gobierno y separación de los poderes, es decir la democracia.

34 Otro elemento de enriquecimiento de la imagen de Centroamérica concierne la política exterior. La afirmación de este proyecto unionista se hace en el contexto del creciente intervencionismo estadounidense. En sus escritos, Salvador Mendieta se detiene mucho en el análisis de este intervencionismo y hasta le consagra un libro, El unionismo en la política transaccionista de Nicaragua14. De hecho, este es el periodo no sólo de la apertura del canal de Panamá sino también el periodo en el que Estados Unidos se impone como el árbitro en la política centroamericana con el Tratado de Washington en 1907 e interviene directamente en Nicaragua en 1912 con el desembarco de 2700 marines en el Puerto de Corinto.

35 En este contexto se reafirma la creencia, ya expresada a principios de la vida independiente, que Estados pequeños no pueden ni ser respetados ni ser reconocidos en el extranjero. De esta manera se hace énfasis en la guerra nacional contra los filibusteros para demostrar que los cinco Estados separados son débiles pero que se pueden defender estando unidos y se insiste en la “Patria Grande” contra la “Patria Chica” o “fracciones” o “secciones” como los denominan los unionistas. La Unión sería entonces la condición necesaria para tomar un lugar de importancia en el concierto de las naciones como lo afirma el mismo Salvador Mendieta para concluir La enfermedad de Centro-América: “Pensándote así y sintiéndote así, no te aísles en el estéril patriotismo aldeano: mundialízate en todo momento y mundializa a Centro-América, tu patria bendecida que sintetizará a todas las patrias en el centro de la tierra y para el bien de la humanidad15.”

36 Este enriquecimiento de la imagen de Centroamérica tiene hondas consecuencias en la medida en que Centroamérica ya no aparece como una evidencia sino que queda por construir. Por ello los unionistas del PUCA y sobre todo Salvador Mendieta proponen acciones para construirla y fundarla sobre bases sólidas

37 Primero, los unionistas piensan en una reorganización administrativa de la región para darle más coherencia y para que la entidad centroamericana no se asiente sobre los gobiernos de los Estados. Así es que pretenden dividir Centroamérica en 20 secciones. Un elemento interesante de esta división es que, al considerar que el hecho de que los cinco Estados hayan tenido apertura marítima ha hecho que se hayan desarrollado mirando más hacia el exterior que relacionándose entre sí, los unionistas piensan crear secciones que llaman “mediterráneas”, es decir dentro de las tierras sin que tengan apertura marítima.

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Documento 6. Portadas de dos obras de Salvador Mendieta que traducen Dos maneras de crear la unión centroamericana: el proyecto de reorganización administrativa de Centroamérica y el tratado de educación cívica centroamericana
Documento 6. Portadas de dos obras de Salvador Mendieta que traducen Dos maneras de crear la unión centroamericana: el proyecto de reorganización administrativa de Centroamérica y el tratado de educación cívica centroamericana

39 Además, los unionistas del PUCA pretenden crear un sentimiento nacional, una ciudadanía centroamericana a través de la publicación de textos de historia centroamericana, de educación cívica (como el tratado escrito por el propio Salvador Mendieta en el marco de un concurso organizado en 190916), la creación de asociaciones estudiantiles, la educación política de los obreros y la incorporación de las mujeres en la política.

40 Estos dos ejemplos muestran que por primera vez con el proyecto unionista del PUCA, Centroamérica no es concebida como una evidencia sino como una región que queda por crear alimentando dinámicas económicas, políticas, cívicas y sociales.

Conclusión

41 Estas reflexiones sobre la evolución y diversidad de las imágenes de Centroamérica nos llevan a formular dos conclusiones. Por una parte, nos parece que el proyecto unionista del PUCA es el principio de un enriquecimiento de la imagen de Centroamérica que tiene prolongaciones hasta la actualidad. De hecho, desde los años 1950, las políticas de integración pretenden empezar creando intereses comunes para después ir hacia una integración política. Es de notar que si bien estas políticas son sobre todo económicas, exceden este ámbito y fundamentan proyectos culturales en el sector educativo por ejemplo con la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana que funciona sistemáticamente desde 1994 y que se ha traducido por la realización de proyectos como la Historia del Istmo Centroamericano17 publicada en el año 2000 o en el ámbito social con la implicación creciente del sector empresarial y de Organizaciones No Gubernamentales y asociaciones que intervienen a nivel regional.

42 Por otra parte, nos parece importante concluir con reflexiones más generales sobre el acercamiento histórico y las relaciones entre contexto material y cultura. A través del ejemplo de las imágenes de Centroamérica, su conformación y sus consecuencias materiales, lo que aparece es que la cultura política, el imaginario, tienen eficiencia histórica, es decir que la cultura no sólo es producto del contexto sino que influye directamente sobre los acontecimientos, sobre el actuar político. De esta manera, la identidad regional centroamericana, si bien aún no ha sido plenamente asumida por los habitantes del área, se ha quedado vivaz a lo largo de los dos últimos siglos y ha alimentado numerosos proyectos como traducción de la importancia que toma el imaginario centroamericano en la cultura política de las elites en el poder.

43Notas de pie de página

441 Este artículo procede de reflexiones presentadas en el módulo IHEAL-UCR en la UCR, San José, Costa Rica del 4 al 8 de mayo de 2009.

452 Véase Margarita Silva Hernández, “EL nombre de Centroamérica y la invención de la identidad regional » in José Carlos Chiaramonte y Carlos Marichal, Aimer Granados (compiladores), Crear la nación. Los nombres de los países de América latina, (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2008), págs. 239-256.

463 Véase Margarita Silva Hernández, “EL nombre de Centroamérica…”, pág. 241.

474 Felipe Molina Bedoya, Bosquejo de la República de Costa Rica, (Alajuela, Costa Rica : Museo Históricocultural Juan Santamaría, 2001).

485 Fernando Cruz, Discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1871, (Guatemala: Imprenta de Luna, 1871), 16 págs, In Misceláneas de la Biblioteca Cesar Brañas.

496 Álvaro Contreras, “Discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1882 en nombre del poder Ejecutivo del Salvador”, in Rómulo E Durón, Honduras Literaria. Tome I, (Tegucigalpa: Editorial Universitaria. 1996), págs. 323-332.

507 Xavier Cuenin, “La conmemoración del centenario del nacimiento de Morazán y las ambigüedades de la construcción nacional en Guatemala” in Revista electrónica de Historia ,2008. ISSN 1409- 469X
http://www.novenocongreso.fcs.ucr.ac.cr , consultado el 10 de octubre de 2010, pág. 2180-2196.

518 Eduardo Martínez López, Biografía Francisco Morazán. (Tegucigalpa, Honduras, 2da. edición, 1930), pág. 257.

529 Véase Margarita Silva Hernández, “Salvador Mendieta y la unión centroamericana (1879-1958)” in http://shial.colmex.mx/textos/Salvador_Mendieta_1.pdf , consultado el 10 de octubre de 2010.

5310 Jean-Marie Lemoguedec (coord.), L’Amérique hispanique au XXè siècle. Identités, cultures et sociétés, (Paris, PUF, 1997), pág. 17.

5411 Salvador Mendieta, La enfermedad de Centro-América, (Barcelona:Tipografía Maucci, 3 tomos de 1912 a 1927)

5512 Salvador Mendieta, La enfermedad de Centro-América, Tomo 2. Diagnóstico y orígenes de la dolencia,. (Barcelona:Tipografía Maucci), pág. 255.

5613 Salvador Mendieta, La enfermedad de Centro-América, Tomo 3. Terapeútica, (Barcelona: Tipografía Maucci), pág. 550.

5714 Salvador Mendieta, Alrededor del problema unionista centroamericano. Tomo 1. El unionismo en la política transaccionista de Nicaragua_, (Barcelona, Tipografía Maucci, 1934), 584 págs.

5815 Salvador Mendieta, La enfermedad de Centro-América, Tomo 3. Terapeútica. (Barcelona: Tipografía Maucci). pág. 678.

5916 Salvador Mendieta, Educación cívica centroamericana, (Managua, Nicaragua : Talleres Nacionales), 162 págs.

6017 Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana, Historia del istmo centroamericano, (San José, Costa Rica, CECC. 2 tomos).

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Para citar este artículo :

Xavier Cuenin, « Representar e imaginar Centroamérica en el siglo XIX. », Boletín AFEHC N°46, publicado el 04 septiembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2496

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