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AFEHC : articulos : ¿Brazos o ciudadanos? La colonialidad de la nación en Guatemala : ¿Brazos o ciudadanos? La colonialidad de la nación en Guatemala

Ficha n° 2497

Creada: 10 octubre 2010
Editada: 10 octubre 2010
Modificada: 26 octubre 2010

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Autor de la ficha:

Gustavo PALMA MURGA

Editor de la ficha:

Xavier CUENIN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

¿Brazos o ciudadanos? La colonialidad de la nación en Guatemala

En el proceso de consolidación del proyecto estatal liberal de finales del siglo XIX, sus promotores se plantearon una serie de retos que tenían que ver con una gran interrogante vinculada con los cambios económicos que entonces se consolidaron. Pregunta que tenía que ver con el aparente dilema sobre cómo combinar las necesidades que planteó el nuevo modelo agroexportador con la administración eficiente de la población pero, sobre todo, de la indígena en términos de su eficaz inclusión dentro de ese entramado. Las respuestas que para ello se fueron construyendo pasaban por identificar los mecanismos que –al menos dentro del discurso político entonces promulgado- se debían poner en funcionamiento dentro de una perspectiva y proyecto de modernidad y civilización, según éstos eran entendidos por quienes llevaron a cabo tales procesos. Frente al reclamo de la población indígena para poder acceder, de manera concreta, al ejercicio de la ciudadanía, la respuesta estatal se enfocó en el desarrollo de una serie de estrategias y dispositivos que dieron como resultado la racialización de la población con el propósito de justificar su inclusión forzada dentro de ese proceso. Para ello se acudió tanto a la construcción de una discursividad política como a un entramado jurídico que llevó a considerar a dicha población como brazos indispensables para sustentar y desarrollar esos propósitos civilizadores.
Autor(es):
Juan Pablo Gómez Lacayo y Gustavo Palma Murga
Fecha:
Septiembre de 2010
Texto íntegral:

1

El ruego de ser tratados “como meros ciudadanos”:

2En un telegrama enviado por un grupo de indígenas del pueblo de Todos Santos al presidente de la república en octubre de 1918 se quejaban de los abusos de que eran víctimas por parte de habilitadores y caporales que operaban en esa localidad –contratados por finqueros de la zona cafetalera-, los cuales se sintetizan de la siguiente manera1:

3registran nuestros hogares y se llevan despiadadamente a nuestras mujeres e hijos sin permitir siquiera hacer bastimento para comer en el camino, cometiendo otros actos de barbarie2.

4En la premura y desesperación en que se encontraban – decían estar refugiados en El Quiché, huyendo de tales extorsionadores- solicitaban la pronta intervención presidencial para resolver esa situación. Y como argumento central de su petición, exponían al gobernante que:

5Recurrimos a usted para rogarle se sirva ordenar seamos tratados como meros ciudadanos…

6Este breve testimonio nos parece elocuente en la medida en que se produce en un contexto político fuertemente marcado por el ejercicio autoritario del poder. Estrada Cabrera se vería próximamente obligado a abandonar la presidencia del país luego de largos años de gobierno dictatorial. Llama la atención que estos campesinos indígenas estén reivindicando ante el gobierno de turno el ejercicio de un derecho al que, en principio y debido a las restricciones que lo regulaban, difícilmente accederían. Y, de igual manera, y ante la gravedad de los abusos denunciados en su telegrama, es posible constatar que el modelo finquero – iniciado en las postrimerías del siglo anterior- había desarrollado una significativa fuerza al extremo que le permitía incursionar de manera tan violenta en esos hogares localizados a una gran distancia del núcleo cafetalero situado en la boca costa.

7¿Cuáles fueron los razonamientos que permitieron que tales abusos se cometieran con impunidad? ¿Mediante qué mecanismos se obligaba a esa población a trasladarse a la zona cafetalera? ¿Qué sentido tiene el reclamo que ellos hacen al buscar amparo en la ciudadanía para eludir tales abusos? ¿Cuál era el estatus implícito del que querían escapar a partir de tal reivindicación? Estas preguntas nos llevan a uno de los temas, probablemente, más importantes durante el último tercio del siglo XIX: la necesidad de contar con brazos seguros para los trabajos agrícolas.

8En este artículo trataremos de aportar algunos elementos de problematización sobre uno de los ejes más importantes en torno a los cuales se construyó la racionalidad económica cafetalera: la población trabajadora. Racionalidad que se fue consolidando al mismo tiempo que se estaban sentando las bases para el desarrollo de un proyecto de nación que, en principio, decía aspirar a la “civilización y el progreso” del país. En tal sentido, nos interesa evidenciar cómo, y desde los discursos dominantes, fue mucho más importante razonar sobre cómo asegurar la economía, que sentar las bases para la existencia de un modelo de nación en el que las diferencias socioculturales no fueran menoscabadas en aras del modelo occidental civilizatorio implícito en ese proyecto. Lo que predominó, por tanto, fue una serie de estrategias políticas encaminadas a integrar a la población como población trabajadora, en calidad de brazos útiles para la finca, quedando relegada y postergada la reflexión sobre su integración en calidad de ciudadanos.

La reflexión en torno a cómo dar vida a un “cuadro de riqueza”

9Uno de los soportes del proceso de consolidación de la racionalidad económica cafetalera lo constituyó la reflexión sobre cómo transformar a la población en brazos para los trabajos agrícolas; reflexión que se produjo al interior de una mirada política cuya finalidad era realizar una proyección narrativa denominada un “cuadro de riqueza”.

10Cuatro eran, en esa reflexión, los elementos que constituían dicho “cuadro”: “inmensos y fértiles terrenos3”; un “clima que puede gozarse en un mismo punto de diferentes grados, según la situación del individuo4”; “abundancia de agua5”, y “la no escasez de brazos para el trabajo6”. En consecuencia, la fusión estratégica de estos cuatro elementos era la que “proporciona al agricultor ingenioso, un cuadro de verdadera riqueza positiva7”.

11La visualización y constitución de un “cuadro” fue una de las herramientas que caracterizó la tecnología política de estos años, para resolver una de las principales, sino la principal, necesidad: la producción de riqueza. En ese sentido, el reto para el pensamiento político fue la imposición de un orden en el que cada uno de los elementos constitutivos del cuadro ocupara un lugar y función determinada: desde elementos naturales como la tierra, el clima y el agua, hasta los elementos humanos fueron objeto del pensamiento político y quedaron susceptibles a las estrategias y proyecciones que éste pudiera ejercer sobre ellos.

12En una reflexión producida por Mariano Ospina8 en 1866 en torno a cuáles era las posibilidades reales con las que contaba Guatemala para participar exitosamente en el concierto de naciones civilizadas – a la manera europea- planteaba que:

13La riqueza y prosperidad de Guatemala, en el estado presente de las cosas, no puede venir del comercio, de la minería, de las manufacturas, ni del cultivo de las bellas artes ni de las bellas letras, sino de la agricultura9.

14Tal diagnóstico se completaba con una elaborada serie de argumentos mediante los cuales este autor sustentaba que ninguna de las actividades arriba mencionadas podía constituirse en eje promotor de la riqueza del país para, luego y con igual contundencia, añadir que:

15Lo que á un país conviene para prosperar no es producir todo género de objetos de consumo, sino consagrar toda su atención y todas sus fuerzas al objeto ú objetos para cuya producción está más favorecido por la naturaleza y por sus circunstancias sociales. (…) Favorecida por la naturaleza, Guatemala, de una manera muy notable, para la producción del cacao, del café, de la grana, del añil, y aun también de la caña, del tabaco y del algodón, es á la producción de estos objetos que debe dedicar todos sus esfuerzos. Sus legisladores, sus gobernantes, sus corporaciones, sus sociedades, sus establecimientos de enseñanza, y todo lo que en la sociedad tiene por fin excitar, desarrollar, dirigir y sostener los esfuerzos y las tendencias del país, deben preocuparse profundamente del objeto que está llamado a hacer la riqueza, y por consiguiente la prosperidad, el poder y la grandeza de la nación10.

16En tal sentido, y uniendo los planteamientos sobre el “cuadro de riqueza” al que aludimos anteriormente y las reflexiones de Ospina, tenemos que desde esa mirada política se habían identificado plenamente los diversos factores que se hacía necesario conjugar y disponer armoniosamente para alcanzar “la prosperidad, el poder y la grandeza de la nación.” De tal manera que lo que correspondía, luego de ese balance, era identificar los mecanismos y estrategias básicas, pero también los eventuales obstáculos, para encauzar hacia tan significativa meta tanto los elementos naturales como humanos.

17El principal obstáculo que fue inmediatamente identificado, en ese momento, fue denominado como el problema de la escasez de brazos. Identificado éste, se procedió a razonar e implementar las estrategias pertinentes para su superación.

Sobre la necesidad de reglamentar el trabajo

18Como ya se indicó, el imperativo de hacer de la agricultura la fuente de la riqueza nacional implicaba, por un lado, una política de “alianza indisoluble” entre elementos naturales y humanos; y por otro, la identificación de los obstáculos a enfrentar para su consecuente eliminación o modificación. ¿Cuáles fueron las consideraciones políticas que en ese momento se formularon con el propósito de superar los obstáculos para materializar ese “cuadro de riqueza”? En primer lugar, estaban aquellas que partían de reflexiones que apuntaban en la siguiente dirección:

19(…) creemos que la emisión de un reglamento general aplicable á todas las localidades de la República, no sería el medio más conveniente y acertado para cortar las dificultades, que con respecto al trabajo, experimentan los empresarios agrícolas. Estas dificultades son relativas y variables en las distintas localidades. En unas partes provienen de la escasez del número de trabajadores; en otras de la indolencia ó hábitos perezosos de estos; en otras de la inmoralidad de los mismos, y en otras, en fin, de la poca acción y solicitud de las autoridades administrativas ó de las autoridades judiciales11.

20En la cita anterior se destacan dos tipos de ataduras o dificultades para la consecución del mencionado modelo: la primera estaba relacionada con uno de los elementos constitutivos del cuadro de riqueza, el de la necesidad de contar con brazos para los trabajos. En cuanto a este aspecto, las dificultades tenían una doble naturaleza: una cuantitativa; es decir, referida al escaso número de de trabajadores para las labores agrícolas. Pero, además, destacaba otra dificultad de carácter cualitativo, referida a los hábitos e inmoralidad de éstos. Es decir, el problema de la escasez de brazos no estaba únicamente relacionado con la escasez de población sino que, también, con la falta de hábitos sobre una determinada forma de trabajo entre ellos. Mientras que la segunda dificultad se planteaba en términos de la inercia de las respectivas autoridades ante los problemas ya mencionados.

21Por su parte, Mariano Ospina, se refería de manera más específica a las dificultades de carácter cualitativo planteando que, para él, lo esencial de la discusión debía girar en torno a los “problemas relacionados con la condición humana de los trabajadores”:

22(…) no porque falten jornaleros, sino porque los hábitos de ocio y de pereza, la embriaguez, el poco ó ningún respeto a los contratos y compromisos contraídos, y la dificultad de hacer que éstos sean cumplidos, hacen que, siendo grande el número de hombres de trabajo que hay en todas partes, las empresas agrícolas marchen con dificultad, que no pueden recibir el desarrollo que los medios y aspiraciones de las empresas les darían, y que sufran grandes contrariedades especialmente en la época de las cosechas12.

23En esta reflexión de Ospina aparecen matizados los planteamientos arriba delineados. No se trataba, en concreto, de un problema de cantidad sino de calidad. Era evidente la existencia de suficientes brazos para la agricultura pero lo que hacía inútil tal ventaja era la falta de disciplina como de principios morales y éticos entre los trabajadores. Disciplina y moralidad que, evidentemente, tenían que ver con la escala de valores que articulaba el modelo de agricultura que se estaba estimulando en ese momento.

24Estas consideraciones sobre la calidad de la población estuvieron estrechamente vinculadas a otra, enlazada a su vez con uno de los ejes fundamentales del discurso político que entonces se estaba construyendo en torno a la manera de incidir sobre los problemas que enfrentaba la agricultura: la racialización de la población y el territorio. En relación con el primer problema –la población- se procedió, a partir de la aplicación de la perspectiva eurocéntrica según la cual la población mundial fue diferenciadamente clasificada a partir de la invasión europea a América, a identificar a la población indígena como una “raza inferior”. A partir de este patrón de poder se procedió a identificar a esta población como “naturalmente” trabajadora. Se produjo, entonces, la aplicación de un principio de semejanza entre jornalero e indígena, encarándose en los segundos los vicios antes mencionados:

25Bq. La verdadera llaga de la agricultura, el motivo de su estancamiento, es la falta que existe de fuerza de trabajo. El futuro ofrece muy malas perspectivas: hacen falta trabajadores, y con cada año que pasa, esta falta se hace más sensible. La población indígena no se ha reducido, pero se ha vuelto más reacia al trabajo en las fincas13.

26Al igual que en el pasado colonial, la mirada política se orientó nuevamente hacia la población indígena como la que, por naturaleza, debía ser conducida hacia el mundo del trabajo. Continuaba operando dicha racialización del trabajo al identificar jornaleros con indígenas, en un momento en el que se hacía necesario diseñar estrategias para resolver las necesidades de asegurar los brazos.

27Pero también operó un principio de racialización del territorio, a partir de convertir la ubicación territorial de dicha población en un problema político. Al localizarse ésta en lugares alejados de la finca no podían disfrutar de la “benéfica influencia disciplinaria y civilizadora” que ese espacio buscaba desarrollar sobre ellos:

28(…) los jornaleros están establecidos generalmente á mucha distancia de las fincas, en pueblos de indígenas, lo que hace que los obreros eludan fácilmente los compromisos contraídos, y que sea muy difícil conseguir que se les compela a cumplirlos14.

29La mirada política implícita en ese texto identifica dos elementos problemáticos que pesan sobre dicha población y que se hacía necesario resolver para incorporarla adecuadamente a esa maquinaria que aseguraría la riqueza del país: en primer lugar, se trata de la ubicación geográfica de la población indígena, asentada en la zona del altiplano; situación que, en segundo lugar, permitía que éstos pudieran escapar fácilmente de los compromisos laborales a los que estaban llamados. Circunstancias que no contribuían positivamente a la consecución de las metas que la economía se había planteado. De manera que, si en principio, ante la necesidad de asegurar brazos se naturalizó a la población indígena como población trabajadora, a ello le siguió la necesidad de la apropiación de los mismos, aspecto que dio surgimiento al problema del territorio. Problema, en la medida en que impedía una apropiación segura de trabajadores y, a la vez, el encauzamiento de éstos hacia una ética laboral finquera.

30Pero, y además de esa identificación genérica del territorio y la población también es posible identificar un discurso que evidencia cómo esa racialización operaba, además, en términos de la construcción de territorios concretos con el propósito de alcanzar la “alianza indisoluble” que se mencionaba anteriormente:

31La parte más feraz de la República y la mejor situada para la producción de frutos exportables es indudablemente la que vulgarmente se llama costa cuca, que comprende la falda meridional de la cordillera volcánica y es donde ha empezado a tomar gran desarrollo nuestra agricultura de exportación; pero aquel territorio está casi despoblado, y los brazos que han de trabajar en él se hallan situados en la meseta fría de la misma cordillera en donde la agricultura por la naturaleza de los productos de aquel clima no puede por ahora tener grande aumento. Hay, pues, una necesidad notoria de que una gran parte de la población de la tierra fría se traslade á la templada en donde están grandes empresas agrícolas, y en donde se establecerán cada día otras nuevas, á medida que haya brazos para llevarlas á efecto15 (…)

32De la lectura de las dos últimas citas se puede constatar cómo la raza funcionaba como principio elemental para hacer efectiva la “alianza indisoluble” entre territorio y población que, como se ha venido planteando, constituía el corazón de los razonamientos políticos durante estos años.

33En ese sentido, la raza funcionaba como principio de dos maneras: como principio de identificación y clasificación de la población trabajadora. Cuando la mirada política se fija en un territorio “feraz” y situado estratégicamente según el cuadro de riqueza, pero señala la ausencia de población trabajadora en el mismo, la raza funciona identificando la localización de la población que estaba destinada a trabajar en dicho modelo. Y la segunda, como principio de movilización y descentramiento: la “empresa agrícola” o la finca debía constituirse en el eje de atracción de la población indígena que hasta entonces había organizado su vida alrededor de sus comunidades de origen. Y como consecuencia de esa identificación y descentramiento, la raza se convertía en principio de distribución de lo viviente: el aseguramiento de los brazos, la modificación de las conductas de esa población, al igual que la eliminación de la distancia, tanto física como de hábitos de vida y de trabajo, y su encauzamiento en un dominio de utilidad y valor que estaba representado por la finca.

34Otro aspecto a destacar de la última cita es el que se refiere a la gestión política diferenciada sobre el territorio. El modelo agro-exportador también puede ser entendido como el resultado de un conocimiento relacionado con determinadas prácticas agrícolas, implicando una serie de saberes y prácticas culturales y simbólicas que al operar generaban un proceso de identificación diferenciada de los espacios en los que funcionaba. En consecuencia, la gestión política de las prácticas identificadas con el modelo agroexportador debía ser de estímulo y protección, mientras que todas aquellas que operaban fuera de ese modelo eran subalternizadas por ella. Se trataba, no sólo de una subalternización territorial sino, además, cultural y simbólica.

35En consecuencia, la necesidad de asegurar los brazos se tradujo en la necesidad o imperativo de fijar e integrar a la población indígena en la finca. “Nada es más favorable a una empresa agrícola –decía Ospina- que el tener establecidas en ella bastantes familias obreras, que suministren en todo tiempo el trabajo que la empresa requiere.” Y la manera como ello se ejecutó fue concibiendo y diseñando a la finca como el espacio donde concentrar la vida: “Y para conseguir esto lo más seguro es que las familias encuentren en la hacienda las ventajas que las determinen a establecerse y permanecer en ellas16.”

36En el fondo, era a esta finalidad a la que se apuntaba cuando se hablaba de la necesidad de reglamentar el trabajo: la finca no sólo debía ser un eje de atracción poblacional sino, más aún, un lugar de producción de vida. Y si recordamos el postulado enunciado párrafos arriba sobre que Guatemala era un país esencialmente agrícola y que, por lo tanto, había que proteger tal actividad, en consecuencia el objeto de protección era la vida que sustentaba la finca.

El dispositivo raza-trabajo agrícola y las formas jurídicas

37Fue a partir de ese régimen argumentativo que se elaboró un conjunto de disposiciones jurídicas, que se inició en 1876 con la Circular dirigida a los Jefes Políticos Departamentales, la que contenía una serie de disposiciones puntuales que evidencian la cristalización del dispositivo raza/trabajo en las formas jurídicas.

38El giro que efectuó la razón republicana mediante esta Circular fue trasladar la administración y reproducción de la sobrevivencia que el espacio comunal permitía al pueblo, a la finca. En ese sentido, destaca la mirada que la Circular dirigía de manera específica, a los “pueblos indígenas17” como el espacio que debía proveer los brazos necesarios para la agricultura. Lógica que se mantuvo en el Reglamento de Jornaleros de 1877, en el cual fue refuncionalizado el sistema de mandamientos como la estrategia para la apropiación de trabajadores, y en el que se proyectaba a la finca como un espacio de administración de la vida poblacional con sus propios instrumentos terapéuticos, civilizadores y de penalización.

39Luego, en la Ley de Trabajadores de 1894 emergió el que, probablemente, fue el punto central de problematización del pensamiento político en cuanto a este tema. Se trata de una ley que se enmarcaría en ese “período de transición” en el que se manifestó “preocupación” ante los abusos que estaba provocando el sistema de mandamientos. Pero, el fondo racional de la misma era que esos abusos ponían en “peligro” el éxito de la agricultura y la obtención de brazos. Es decir, el objeto de problematización era la efectividad de las estrategias puestas en marcha pero, no así, la finalidad ni tampoco la modalidad de integración política y el horizonte de vida que este pensamiento promovía.

40Hay que destacar que en los considerandos de esta ley el nivel de reflexión del pensamiento político-jurídico estaba orientado hacia los medios más oportunos para asegurar los brazos; medios que significaban, por un lado, procurar con mayor eficacia la obtención de brazos, su distribución en la finca y su permanencia en ella. Y por otro, medios que tuvieran la virtud de disminuir, en la medida de lo posible, los abusos que podían cometer las partes que entraban en la relación laboral y en la concretización de este modelo de vida: el finquero/patrón y el trabajador/colono o jornalero. El hecho de que esa reflexión insistiera en el nivel de los medios oportunos indica que a ésta no le interesaba problematizar las finalidades que el pensamiento político se había trazado, el fondo racional del modelo que se estaba produciendo.

41Por otro lado, también es importante enfatizar en el surgimiento de estrategias de estímulo/exención, las cuales se fundamentaban en una política de intervención para modificar el modo de reproducción en el que la población indígena se encontraba inmersa, centrado en la agricultura de subsistencia y sus específicas formas de propiedad, administración y gestión de la tierra; es decir de la complejidad inherente a su laboriosidad. Pero también de sus formas de reproducción cultural. Y, el resultado que se obtendría de esta intervención sería la producción de un nuevo indio: sujeto económico (en tanto tributario y propietario privado); castellanizado (en su vestir e idiomáticamente), y una cultura laboral remitida a la de brazo útil y productivo absorbido por la finca y su régimen disciplinario. Es decir, un indio útil, dócil, gobernable e integrado; funcional a ese nuevo orden de vida.

42Las disposiciones contenidas en la Ley de Trabajadores relativas a los estímulos para que la población hiciera de su vida una vida de trabajo en la finca, la muestran como espacio civilizador y productor de una nueva identidad social. Evidencian que la finca debía funcionar como un espacio que promovería y produciría intervenciones sobre la vida social, no sólo en el ámbito de la creación de una cultura laboral que le era imprescindible, sino que ese espacio también debía sostenerse a partir de los efectos de operaciones culturales.

43El pensamiento político que sobre este tema se construyó en las últimas décadas del siglo XIX continuó rigiendo durante las primeras del XX. La discusión y los cuestionamientos sobre los sistemas de apropiación de trabajadores giraron básicamente en torno a las estrategias que para éstos se implementaban, pero no sobre sus finalidades ni sobre el dispositivo raza/trabajo sobre el que estaba razonada su concreción.

44Mediante una tríada legislativa consistente en la supresión de anticipos y habilitaciones, una nueva Ley de Vagancia y un nuevo Reglamento de Jornaleros, y en el contexto de la crisis económica en la que se estrenó como gobernante, Ubico procedió a reorganizar y afinar los sistemas de control sobre la población del campo hasta entonces vigentes, con el propósito de hacerla más útil y productiva para las tareas de la agricultura de exportación.

45En ese sentido, y ante la supresión de las habilitaciones, la vagancia se constituyó en el pretexto para la formulación de una estrategia para asegurar ese camino y lugar de vida y trabajo indiscutible para la población. A diferencia del direccionamiento explícito contenido en la Circular de 1876, el Reglamento de 1877 y la Ley de Trabajadores de 1894, en las que se preconizaba como natural y necesario el tránsito de la población indígena del altiplano hacia la finca, en estas nuevas disposiciones la mirada ya no se dirigió de manera exclusiva hacia el pueblo –como espacio específico de reproducción de la raza- sino que ésta se amplió panópticamente, sustituyéndose por criterios de productividad.

46Dos aspectos interesa reiterar en cuanto a este conjunto de formas jurídicas: el primero, como ya se indicó, se relacionaba con el desarrollo de un pensamiento cuyo nivel de problematización se enfocaba en los medios que diseñaba, en las estrategias de poder que ponía en marcha pero, no así, en las finalidades políticas que se trazaba. Y el segundo es que esta legislación se cimentó, históricamente, en el dispositivo raza/trabajo agrícola que durante las tres últimas décadas del siglo XIX configuró el discurso en torno al trabajo agrícola, con el propósito de concretar el cuadro de riqueza como vía para dar sustento económico al proyecto político nacional entonces en proceso de conformación.

47En ese sentido, la manera mediante la cual se pensó y articuló la posibilidad de hacer realidad el “cuadro de riqueza”, así como de resolver los diversos problemas que en el camino se fueron encontrando fue a través la actualización de dispositivos coloniales que operaron sobre la población y el territorio en tanto bases y sustento del mismo.

48En términos del proceso histórico de construcción del Estado nación se impone la necesidad de documentar los diferentes componentes que fueron esenciales para que éste adquiriese viabilidad. Ello supone profundizar la reflexión crítica, pero sobre todo la investigación, en torno a todos aquellos ámbitos que, desde una perspectiva tradicional, se han centrado en una determinada institucionalidad política que, a priori, establece criterios de análisis y juicio a partir de una serie de componentes definidos desde un pensamiento fuertemente eurocéntrico.

49Nuestra apuesta analítica, por el contrario, se orienta a privilegiar la historización de las lógicas y espacios de integración que se produjeron localmente en ese proceso de construcción nacional. Desde esta perspectiva, la finca fue el espacio de integración poblacional más eficaz que predominó al momento de pensar y diseñar lugares concretos en los cuales dar vida al “cuadro de riqueza” que el proyecto estatal requería para su permanencia y consolidación. En esta trama la lógica de integración que se puso en marcha con respecto a la población fue la de actualizar su racialización como mecanismo de producción, apropiación y aseguramiento como brazos útiles y dóciles para la finca. Ésta fue, a grandes trazos, la lógica que predominó en cuanto al pensamiento político que diseñaba y daba viabilidad al proyecto de Estado nación y que, como sabemos, funcionó desde finales del siglo XIX y durante buena parte del siglo XX configurando así el horizonte de sobrevivencia y muerte en que se ha encontrado sumida la gran mayoría de la población del país.

50Desde esta perspectiva, la ciudadanía como lógica de integración política no fue un eje central y problematizador del pensamiento y las estrategias políticas durante estos años. Desde este pensamiento hegemónico fue mucho más importante asegurar todos los mecanismos necesarios para la oportuna disposición de los elementos que conformaban el “cuadro de riqueza” –tanto naturales como humanos-, que las estrategias dirigidas a la integración de la población como ciudadanos. En consecuencia, podríamos plantear que la demanda que los indígenas de Todos Santos plantearon al presidente de la república en 1918 para que se les tratara como “meros ciudadanos” no podía encontrar el mínimo eco en la racionalidad política predominante desde entonces.

51Y, ha sido contra el ejercicio de este poder que han emergido y se han estructurado diversas formas de resistencia, articuladas en torno a los mismos ámbitos de vida que ese poder ha invadido, planteándose como meta la defensa y lucha por una vida más allá de la sobrevivencia.

52Notas de pie de página

531 Los autores actualmente se desempeñan como investigadores en el Área de Estudios sobre Historia Local, de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala (AVANCSO). Este artículo constituye una apretada síntesis de la investigación que sobre discurso político y sujeto campesino: del liberalismo decimonónico al neoliberalismo contemporáneo ha organizado durante los últimos meses el trabajo del Área, la cual se encuentra en su etapa final.

542 “Diligencias seguidas en el departamento de Huehuetenango, por quejas de Pedro Carrillo, Luis Pablo, José María Pérez, Tomás Jiménez y Juan Jerónimo, originarios y vecinos de Todos Santos, de aquel departamento”, en Archivo General de Centroamérica, B, Leg 22215, Exp. 2289. Sección Fomento, año 1918.

553 “Informes del Inspector de Agricultura de Oriente”. En El Guatemalteco, Periódico Oficial. Guatemala, 11 de febrero de 1878.

564 “Informes del Inspector…”

575 “Informes del Inspector…”

586 “Informes del Inspector…”

597 “Informes del Inspector…”

608 Mariano Ospina fue miembro de una familia de empresarios colombianos que realizaron actividades económicas, políticas y legislativas en Guatemala entre 1863 y la década de 1880. Mariano Ospina y Pastor Ospina – hermano del primero-, fueron socios de la Sociedad Económica de Amigos del País, espacio desde el que redactaron artículos sobre economía, relaciones laborales, así como manuales sobre el cultivo del café y algodón, así como proyectos de códigos sobre las relaciones laborales agrícolas. Fueron también dueños de la finca cafetalera Las Mercedes, en la costa del pacífico guatemalteco, denominada como una de las más productivas y mejor manejadas en Centroamérica. Véase Stefania Gallini: “Empresarios antioqueños en la historia del café en Guatemala, 1863-1871,” en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No 33-2006. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá. Véase también Stefania Gallina, Una Historia ambiental del café en Guatemala. La Costa Cuca entre 1830 y 1902 , (Guatemala: AVANCSO, 2009).

619 “Agricultura”. La Sociedad Económica de Guatemala, en La Sociedad Económica de Guatemala, Tomo I, Entrega 3, abril de 1866.

6210 “Agricultura”. La Sociedad Económica de Guatemala…

6311 “Reglamento de Trabajadores” en El Progreso, Periódico Semanal. Guatemala, junio 28 de 1874.

6412 “Sociedad Económica”. Correspondencia de Mariano Ospina, Director de la Sociedad Económica de Guatemala, enviada al señor Ministro de Gobernación, en La Sociedad Económica, Periódico de Agricultura, Industria, Etc. Tomo II, No 6. Guatemala, 30 de septiembre de 1870.

6513 Opinión vertida por un finquero de Alta Verapaz, citado por J. C. Cambranes en Café y campesinos. Los orígenes de la economía de plantación moderna en Guatemala, 1853-1897, (Madrid: Catriel, 1996), pág. 167.

6614 “Sociedad Económica”. Correspondencia de Mariano Ospina, Director de la Sociedad Económica de Guatemala, enviada al señor Ministro de Gobernación, en La Sociedad Económica, Periódico de Agricultura, Industria, Etc. Tomo II, No 6. Guatemala, 30 de septiembre de 1870.

6715 “Sociedad Económica”. Correspondencia de Mariano Ospina,…

6816 “Sociedad Económica”. Correspondencia de Mariano Ospina, Director de la Sociedad Económica de Guatemala, enviada al señor Ministro de Gobernación, en La Sociedad Económica, Periódico de Agricultura, Industria, Etc. Tomo II, No 6. Guatemala, 30 de septiembre de 1870.

6917 “Sociedad Económica”. Correspondencia de Mariano Ospina,…

70

Para citar este artículo :

Juan Pablo Gómez Lacayo y Gustavo Palma Murga, « ¿Brazos o ciudadanos? La colonialidad de la nación en Guatemala », Boletín AFEHC N°46, publicado el 04 septiembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2497

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