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AFEHC : articulos : La elaboración de una imagen y diplomacia incipiente. El primer litigio internacional de Costa Rica (1860-1863) : La elaboración de una imagen y diplomacia incipiente. El primer litigio internacional de Costa Rica (1860-1863)

Ficha n° 2509

Creada: 27 octubre 2010
Editada: 27 octubre 2010
Modificada: 27 noviembre 2010

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Autor de la ficha:

Carlos Humberto CASCANTE SEGURA

Editor de la ficha:

David DíAZ ARIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La elaboración de una imagen y diplomacia incipiente. El primer litigio internacional de Costa Rica (1860-1863)

A partir de 1857, el Gobierno de Costa Rica recibió una serie de reclamos pecuniarios de ciudadanos estadounidenses. Estas demandas se encontraban fundamentadas en los daños causados a personas y bienes de residentes en los alrededores de la ruta del tránsito. Los daños fueron causados durante la avanzada costarricense en territorio nicaragüense durante los meses de abril y diciembre de 1856, así como en la defensa de la ruta en 1857. La negociación y el arbitraje que llevaron a cabo los Estados Unidos y Costa Rica para finiquitar estas demandas brinda la oportunidad de analizar la relación entre política exterior y construcción de identidad durante ese periodo, asimismo, permite estudiar las características de la diplomacia costarricense de mediados del siglo XIX.
Palabras claves :
Política exterior, identidad, diplomacia, reclamaciones, relaciones Estados Unidos-Costa Rica
Autor(es):
Carlos Humberto Cascante Segura
Fecha:
Septiembre de 2010
Texto íntegral:

1A partir de 1857, el Gobierno de Costa Rica recibió una serie de reclamos pecuniarios de ciudadanos estadounidenses. Estas demandas se encontraban fundamentadas en los daños causados a personas y bienes de residentes en los alrededores de la ruta del tránsito. Los daños fueron causados durante la avanzada costarricense en territorio nicaragüense durante los meses de abril y diciembre de 1856, así como en la defensa de la ruta en 1857. Las acciones del ejército nacional se produjeron en un territorio donde la Compañía del Tránsito contaba con una serie de instalaciones en los puntos fundamentales de la ruta, así como los indispensables vapores, motivo por el cual Cornelius Vandervilt, poderoso empresario estadounidense, condueño de la Compañía, también estableció un reclamo dirigido a recuperar los daños y perjuicios causados contra sus bienes. La resolución de estas demandas, que recibieron la protección diplomática del gobierno de los Estados Unidos, se tornaría en el primer litigio internacional que enfrentaría la naciente República y también en su primer triunfo en este tipo de enfrentamientos.

2Este artículo pretende analizar dos componentes alrededor de este litigio. Por un lado, se estudiará el significado de este en la construcción de la imagen del Estado costarricense, tanto en el ámbito interno como en su relación con los Estados Unidos, durante el conflictivo periodo comprendido durante las décadas de 1850 y 1860. Por otro lado, se analizan las características del servicio exterior que inició el proceso de establecer dicha imagen dentro de los Estados Unidos, a partir de la línea de acción que se tomó al negociar y preparar este litigio.

3De tal forma, este trabajo se encuentra estructurado en cuatro partes, en el primero se analiza brevemente la relación entre identidad y política exterior, en el segundo se estudian el contexto y la visión que la élite política costarricense tuvo del conflicto, en tercero se establece una caracterización de la diplomacia costarricense de ese momento y en el cuarto se describe el resultado final del litigio.

Identidad y política exterior

4En las últimas décadas, la historiografía costarricense ha remozado la historia política mediante un proceso de análisis de la construcción del Estado durante el siglo XIX y XX. Una parte relevante de este análisis ha estado enfocado en estudiar el proceso de construcción de la identidad nacional1, en este sentido, los trabajos de Palmer2, Acuña3, Molina4, y Díaz5, han analizado el proceso de construcción y evolución de la identidad con diversos matices, que van desde la construcción a partir del proyecto de las elites políticas hasta la interacción de los proyectos de dichas elites con los grupos sociales subalternos.

5No obstante, la relación entre política exterior e identidad nacional no ha sido estudiada con tanto detenimiento por la historiografía costarricense. En esta línea debe señalarse algunos elementos establecidos por Acuña, en su trabajo sobre la construcción de la diferencia costarricense en las élites políticas durante los primeros setenta años del siglo XIX6. Asimismo, se destaca la investigación realizada por Ericka Gólcher sobre la participación de Costa Rica en las ferias mundiales a partir de 1862. De acuerdo esta investigación, la participación en estas actividades fue un mecanismo de las élites gobernantes para establecer una imagen del país ante el mundo, con especial énfasis en su producción de materias primas agrícolas, la laboriosidad y pureza racial de sus habitantes, así como su convivencia en un régimen de orden y progreso7.

6Por otro lado, en su estudio sobre las relaciones entre los Estados Unidos y Costa Rica, durante el periodo 1942-1956, Kyle Longley emplea el capítulo inicial de su trabajo para señalar la importancia de las percepciones compartidas para comprender las relaciones entre ambos países, estas percepciones se forman por la existencia de contactos en el ámbito intelectual y político de los diversos grupos con influencia en la elaboración de la política exterior. Para el caso concreto, Longley sostiene que a partir de principios del siglo XIX, se gestó una imagen de Costa Rica en los Estados Unidos, la cual fue reproducida por viajeros, empresarios y diplomáticos. Dicha imagen estaba compuesta por la laboriosidad de los costarricenses, la estabilidad de su gobierno y la carencia de cruces raciales. De acuerdo con Longley, dicha imagen será consolidada a finales del siglo XIX y principios del XX, por los propios costarricenses quienes comenzaron a tener mayor relevancia en la difusión de esta imagen en los Estados Unidos8.

7En el plano teórico, la relación entre el discurso de política exterior e identidad ha sido abordada con profundidad y en diversos enfoques por la literatura especializada en relaciones internacionales. En especial, ha sido un tema central en la teoría “constructivista9”. En términos generales, el constructivismo en la disciplina de las relaciones internacionales plantea que los actores dentro del juego internacional construyen su identidad a partir de los roles que establecen dentro de sus diversas relaciones. De acuerdo con Lahneman10, los estados en el ámbito internacional estructuran una identidad, que se funda sobre aquella imagen que sus autoridades pretenden introducir mediante sus discursos y acciones de política exterior (“rol declarado”), así como por aquellas características que le son asignadas por los otros actores internacionales (“rol asignado”). En esta línea, los grupos dirigentes de los estados pueden alcanzar distintos grados de éxito en elaborar una imagen que condicione su participación en el ámbito internacional, o bien, esta imagen puede ser construida desde afuera.

8Desde esta perspectiva, consideramos que la relación entre identidad y la política exterior puede ser planteada desde tres problemas distintos. El primero, consiste en determinar cómo la construcción de la identidad afecta la formulación de la política exterior. El segundo se concentra en determinar la forma en que el discurso de política exterior construye una imagen hacia el exterior del Estado, el cual se reproduce con el propósito de asumir un rol dentro de la sociedad internacional. El tercero, se encuentra dirigido a estudiar como los éxitos o fracasos de la política exterior contribuyen a la construcción de la identidad en el plano interno. De forma exploratoria intentaremos establecer estos problemas al analizar el caso de estudio.

Imagen y negociaciones diplomáticas. “Civilización” contra “barbarie”.

9La construcción de la imagen costarricense en el plano internacional, especialmente en los Estados Unidos, se produjo dentro de un panorama complejo. Pues si bien, como han estudiado Longley11 y Acuña12, desde las década de 1830 y 1840 una serie de viajeros y oficiales estadounidenses habían iniciado una difusión sobre la diferencia costarricense en relación con el resto de países de Centroamérica, basado en la idea de una pureza racial o la distribución de la tierra, las décadas de 1850 y 1860 no guardaron uniformidad respecto a la imagen costarricense.

10La percepción sobre la inferioridad de los países centroamericanos se incrementó durante la guerra contra los filibusteros. En efecto, durante esos años, se produjo toda una batalla ideológica en la cual se establecía dentro del continente americano la existencia dos razas confrontadas: la raza latina y la raza anglosajona. En tal sentido, dentro de la concepción del Destino Manifiesto, la superioridad de la raza anglosajona debía llevarla a imponerse a la raza latina, que se consideraba como una serie de pueblos inferiores divididos que debían ser sometidos, organizados y civilizados13.

11Si bien no existía acuerdo sobre la forma en que esta visión de la realidad debía imponerse, lo cierto es que estas ideas tuvieron una gran difusión dentro de los Estados Unidos14. En el caso específico de Costa Rica, una parte de la prensa estadounidense había atacado a su gobierno con motivo de las negociaciones de un ruta interoceánica, asimismo, de acuerdo con los informes de Felipe Molina y Bedoya, el público había recibido con frialdad las noticias sobre el triunfo costarricense en el enfrentamiento contra los filibusteros, por lo que el ministro costarricense en Washington realizó una serie de esfuerzos por cambiar dicha imagen, mediante la publicación de artículos periodísticos, así como con la reimpresión y difusión de su libro Bosquejo de la República de Costa Rica15.Igualmente, según ha analizado Acuña, la literatura filibustera del periodo, imbuida del Destino Manifiesto, presentó a los costarricenses como “sanguinarios, es decir, irrespetuosos de las leyes de la guerra, manipulados por los británicos, dirigidos por mercenarios y con malas intenciones respecto de Nicaragua16”.

12No contamos con la evidencia necesaria para determinar el efecto que tuvieron esas críticas sobre la imagen que del estado costarricense tenían las autoridades estadounidenses, pues para este artículo se analizó únicamente la correspondencia diplomática del periodo. Sin embargo, dos sucesos reclamados por el gobierno estadounidense contribuyeron a favorecer estas críticas. Por un lado el fusilamiento de los filibusteros ordenado por el presidente Mora con posterioridad a la Batalla de Santa Rosa y durante las operaciones en La Virgen, actos que, según informó Molina, fueron calificados por gobierno de los Estados Unidos como un “_barbarismo horrible_”, así como “la carnicería de la gente desarmada por las tropas de Costa Rica17”. Por el otro, el establecimiento de una serie de demandas realizados por ciudadanos estadounidenses que tuvieron eco en el gobierno de los Estados Unidos y que preocupan al gobierno costarricense18.

13La mayoría de estos reclamos se encontraban motivados en los supuestos daños sufridos por los demandantes a causa de las actuaciones del Gobierno costarricense durante el conflicto. Estos reclamos se presentaron de diversas formas y ante diferentes autoridades, entre ellos al Consulado de Estados Unidos en Costa Rica, a los consulados de Estados Unidos en Nicaragua, a Legación de Costa Rica en Washington, al Departamento de Estado y a la Secretaria de Relaciones Exteriores en San José. Dentro de perjuicios de los cuales fueron acusadas las tropas costarricenses se encontraban el ataque, secuestro o destrucción de propiedades, vapores, alimentos y otros bienes de los supuestos ofendidos, así como la exigencia de trabajos forzados a favor de las tropas costarricenses19.

14Tres nuevas acciones legales se interpusieron en los primeros meses de la administración Montealegre. Esta vez, dos de las demandas se basaron en los perjuicios ocasionados por los actos del Gobierno dirigidos a someter la intentona golpista del ex presidente Mora Porras, la cual tuvo lugar en setiembre de 186020, por otro lado, la tercera versaba sobre intento del señor Crisanto Medina de hacer valer sus supuestos derechos sobre una letras de cambio entregadas por el presidente Mora y el incumplimiento de un contrato para la formación de un banco.

15Según consta en el informe vertido por el secretario de Relaciones Exteriores, Francisco María Iglesias, en julio de 1861 al Congreso, no fue sino hasta el inicio de la administración de don José María Montealegre, a finales de 1859, que las autoridades del gobierno de Costa Rica empezaron a preocuparse por el monto que alcanzaban los reclamos, para ese momento aproximadamente un millón de pesos21. Sin embargo, este complicado asunto adquirió relevancia por la insistencia del Gobierno estadounidense mediante la actuación de su ministro residente, Alexander Dimitry, quien había presentado credenciales en setiembre de 1859 y había señalado la voluntad del gobierno estadounidense de replantear esa serie de reclamos22.

16El establecimiento de estos reclamos y la forma en que debían ser resueltos demostraban que las autoridades estadounidenses podían no concordar absolutamente con las percepciones descritas al inicio de este acápite, pero no parecían considerar a Costa Rica como una excepción dentro de los países centroamericanos y daban cierto crédito a las alegaciones establecidas en su contra. Incluso, según enfatizó el secretario de Estado americano, William H. Seward, en una reunión sostenida con Molina a finales de marzo de 1861, la intención de los Estados Unidos consistía en brindar a sus súbditos un tribunal con garantía de imparcialidad. Además, afirmó que gobierno estadounidense no apoyaría ninguna de las reclamaciones, puesto que el Departamento de Estado carecía de la capacidad para analizar cada uno de los reclamos planteados. No obstante lo cual, en algunas acciones los ciudadanos estadounidenses fueron representados por abogados patrocinados por el gobierno estadounidense23.

17La práctica de celebrar este tipo de negociaciones se había vuelto rutinaria para el gobierno de los Estados Unidos. De forma que, se había tornado en un mecanismo mediante el cual se protegía a aventureros estadounidenses inmiscuidos en las guerras civiles que experimentaban muchos países latinoamericanos. En tal sentido, las autoridades estadounidenses consideraban a los países latinoamericanos como pueblos “inferiores” o, en el mejor de los casos, como poco confiables. Así, para resolver estos reclamos, la política de los Estados Unidos fue la celebración de tratados de arbitraje, mediante los cuales se creaban comisiones mixtas que valoraban y resolvían los reclamos presentados por los ciudadanos estadounidenses. Dichas comisiones contaban con tres miembros, uno por parte de los Estados Unidos, otro por el país demandado y un tercero escogido por ambos comisionados24.

18Ese modelo fue seguido en el caso costarricense, de forma que el 24 de mayo de 1860, el ministro Dimitry presentó un proyecto de tratado arbitral al Secretario de Relaciones Exteriores, don Aniceto Esquivel25. El proyecto Dimitry fue la base para la negociación del arbitraje. Con el tal fin, el secretario interino de Relaciones Exteriores, Ascención Esquivel Sáenz nombró a los señores Francisco Yglesias Llorente y Manuel José Carazo Bonilla como representantes del Gobierno de Costa Rica. Además, el secretario Esquivel solicitó a don Luis Molina sus recomendaciones para la negociación.

19En este sentido, en una carta fechada el 19 de julio, Molina señaló que la mayoría de los estadounidenses en Nicaragua pertenecían al ejército filibustero, además, podía demostrarse como los demandantes se encontraba ligados a esa causa Centroamérica. Por ende, sostenía Molina, el convenio debía excluir como reclamantes a aquellas personas que formaron parte de este, o bien, habían colaborado en sus actividades. Asimismo, Molina indicó al Canciller la necesidad de incluir dentro de los asuntos que analizaría la comisión arbitral las demandas por indemnizaciones correspondientes a los daños causados por las huestes filibusteras a Costa Rica26.

20Por ende, en el plano jurídico la negociación versaba sobre la amplitud de las funciones de la Comisión, pero en el plano político versaba sobre la condición que debía atribuirse a Costa Rica en el conflicto y la definición de las acciones militares de Costa Rica como una guerra justa. Al final, se arribó a una situación intermedia en la cual toda demanda debía ser conocida por la Comisión, la cual debía definir la responsabilidad costarricense. Finalmente, en la siguiente reunión, celebrada el día 26, los representantes de ambos países acordaron que, sin importar el carácter o la causa del reclamo (artículo 1º), cualquier ciudadano estadounidense podría plantear su demanda ante este órgano, el cual estaría integrado por dos miembros, uno electo por cada gobierno, y en caso de no haber acuerdo en el dictamen de ambos el caso sería resuelto por un árbitro o tercero en discordia, quien sería seleccionado por los comisionados previo al inicio de los proceso, cuyos honorarios serían saldados por ambos gobiernos por partes iguales (artículo 8°). De no haber acuerdo sobre el nombre del tercero este sería elegido por el ministro de Bélgica en Washington27.

21Pese a la amplitud para la posibilidad de reclamos planteada por el artículo 1°, se logró establecer en la Convención que serían rechazados los reclamos de aquellas personas que se les probase su beligerancia en el bando filibustero28. Con tal precisión no se evitaría que los excombatientes filibusteros presentasen sus demandas, sin embargo, el párrafo pretendía establecer un criterio útil para que el comisionado costarricense desechase muchas de las reclamaciones interpuestas, pues se establecería que los actos realizados por las autoridades costarricenses se dieran como reacción a la injusta y atroz intervención de los filibusteros. Además, facilitaba la investigación y recolección de pruebas para la defensa costarricense, dado que se fijaba un punto básico de análisis de cada caso, la pertenencia o colaboración con el ejército filibustero. Además, exoneraba a Costa Rica de algunos crímenes de guerra cometidos por las tropas durante la campaña, dado que ningún filibustero o en su caso sus sucesores podrían emprender acciones por esta vía contra Costa Rica. Por ende, no podría establecerse contra Costa Rica acciones legales por violaciones al derecho de guerra en que incurrieron las tropas costarricenses, por ejemplo, el fusilamiento de los soldados filibusteros tras la batalla de Santa Rosa29.

22Finalmente, sin más contratiempos, los plenipotenciarios de ambos países firmaron la convención el 2 de julio de ese año. Ambos congresos aprobaron el tratado a mediados de 186030. Para el 12 de mayo de 1862, se habían presentado un total de 41 demandas, dos ellas se presentaron en conjunto. Asimismo, se presentaron cinco acciones más que fueron rechazadas de plano por no cumplir con los requisitos de forma31, por lo cual en el Cuadro 1 aparecen 34 personas.

23
Cuadro 1.- Reclamos presentados a la Comisión Mixta

24
_Reclamante _Motivo de la demanda _Lugar en que se produjeron los supuestos hechos _Monto (pesos)

George O. Lampson
Encarcelamiento ilegal y daños a la propiedad Puntarenas 70 000.00

William C. Hipp
No hay información - 30 000.00

Theron Wales
No hay información - 10 000.00

J. G. Kendrick
No hay información - 20 315.00

William See
No hay información - 550.00

J. T. Molone
No hay información - 215.00

John C. Mc Guigam
No hay información - 1459.00

Earl Flint
No hay información - 406.60

Wlliam D. Emenons
No hay información - 5181.90

John W. Borum
No hay información - 12 000.00

Claudio Curbello
No hay información - 10 000.00

Charles Davis
No hay información - 2 105.00

H. Zur Lippe & Co.
Destrucción de bienes San José 382 000.00

Isaac Harrington
Trabajos forzados Ruta del Tránsito32 20 000.00

Donato Mc Bean
Trabajos forzados Ruta del Tránsito 20 000.00

Mathew L. Masten
Trabajos forzados Ruta del Tránsito 20 000.00

William W. Wise
Trabajos forzados Ruta del Tránsito 20 000.00

Lyenan A. Hover
Detención ilegal Ruta del Tránsito 3 000.00

George H. Bowley & Co.
Saqueo de mercancías San Juan del Sur y Rivas. 72 199.48

John E. Hollembeck
Quema de hotel y otros bienes Castillo Viejo 12 157.00

Thomas Towsend
Quema de hotel y otros bienes Castillo Viejo 20 950.00

Michael y Peter Mullone
Homicidio y encarcelamiento Bahía de la Virgen 43 538.1333

Samuel S. Wood y A.C. Wood
Destrucción de bienes personales Castillo Viejo 2 079.25

Volney R. Bristol
- - 20 000.00

Thomas Gilmore
Detención ilegal Bahía de la Virgen 25 000.00

E. W. High
Encarcelamiento - 5 000.00

George M. Harras
Daños a botes Ruta del Tránsito 215.00

Fluwel Belcher
Encarcelamiento sin causa y pérdida de una mina de oro Moracia 66 540.00

Lester Bushnell
Lesiones Bahía de la Virgen 51 500.00

James Duna
Encarcelamiento, destrucción de casa y apropiamiento de algunas reses. San Carlos y la ruta del Tránsito. 6 807.00

Ca. Crisanto Medina & Son
Pago de letras de cambio y violación de contrato de banco San José 700 000.00

Accesory Transit Co.
Quema, toma y retención de vapores. Ruta del tránsito 493 542.00

John Vredenburgh
Trabajos forzados Ruta del tránsito 20 000.00

Charles Mahoney y esposa.
Trabajos forzados, sustracción de bienes y detención ilegal. Ruta del Tránsito 25 885.0034
Monto total 2 192 645,36

25Fuente: elaboración propia a partir del enviado por Luis Molina y Bedoya, el 17 de enero de 186335.

26Como puede apreciarse en este cuadro, existen dos tipos de casos: aquellos directamente vinculados a las acciones militares del ejército costarricense durante las acciones en diversos sitios de la Ruta del Tránsito, dentro de los cuales se destacan las detenciones y trabajos forzados. Por otro lado, aquellos casos en que ciudadanos estadounidenses, o al menos personas que se presumieron como tales, aprovecharon la amplitud de la Convención de 1860 para presentar sus reclamaciones bajo el patrocinio de los Estados Unidos. En este contexto, ¿qué significado tenía la celebración de un arbitraje para la elite costarricense?, ¿resultaba la resolución de este proceso arbitral una situación meramente pecuniaria?, ¿contribuyó un asunto claro de política exterior a la consolidación de la identidad que estaba conformando la elite? En este sentido, luego de explicar la actividad desarrollada para enfrentar el litigio, al finalizar su informe al Congreso, correspondiente a 1861-1862, el secretario Iglesias Llorente señalaba:

27“[…] La República no se ha visto humillada, ni el Gobierno ha dejado menguar el honor y dignidad nacional de que es guardián y depositario. Demos gracias a la Providencia, Arbitro Supremo de las Naciones, por los favores y protección que ha acordado a este pequeño país [36].”

28Es así como el litigio fue visto por las autoridades del Gobierno como un ataque que no solamente perjudicaba las finanzas públicas, sino como una afrenta a un país pequeño, que había actuado con justicia. Esta visión se consolidó aún más en el discurso oficial al conocerse el resultado del arbitraje, en el cual el árbitro, a pesar de no fallar todos los casos a favor de Costa Rica, dictaminó que la guerra en contra de Walker había sido justa de acuerdo con el Derecho de Guerra37. Así, en la informe de la Secretaria de Relaciones Exteriores de 1862-1863, al celebrar el exitoso resultado obtenido, el recién nombrado secretario, Julián Volio Llorente indicaba:

29“Aunque el origen de todos los reclamos formalizados ante el Gobierno de la Unión Americana, era del todo infundado, sin que hubiese uno solo de ellos que tuviese visos de justicia y de razón, sin embargo Costa Rica estaba desfavorablemente colocada en estas cuestiones, no sólo por el poderoso contendiente que ante sí tenía, sino también por que iban a decidirse en un punto lejano, fuera de su legítima influencia, mientras sus adversarios tenían un campo basto para sus maniobras, y mucha facilidad en los medios de defensa y ataque38.”

30La visión de Volio fue compartida por la Comisión de Relaciones Internacionales e Instrucción Pública del Congreso, que señalaba en contestación que:

31“De esta manera la Nación ha sido exonerada de una obligación injustamente exigida de cerca de de dos millones de pesos, que pesaba sobre su erario público, sobre su crédito y su libre movimiento. Pero no es esta la mayor ventaja. Igual beneficio le reporta el ejemplo de que aún el débil es dable sostener su derecho contra el fuerte, siempre que le asiste la justicia: el ejemplo de que el derecho de gentes es una verdad respetada por los que poseen el poder para quebrantarlo impunemente39 […].”

32Puede colegirse que el arbitraje representó la oportunidad para presentar y consolidar la imagen de un país “civilizado”, que se orientaba al “orden”, al “progreso” y actuaba de acuerdo con el “Derecho de Gentes”. Tal situación era significativa, dado que como pudo verse en el Cuadro N°1, la mayoría de los reclamos correspondía a actos que contradecían esa percepción y planteaban violaciones a las costumbres que conformaban el Derecho de Guerra. Además, como puede apreciarse en este diálogo entre el secretario Volio y el Congreso, el litigio se convirtió en un enfrentamiento entre la justicia y la injusticia, donde la pequeña Nación había demostrado su capacidad para manejar ese tipo de inconvenientes, gracias a que su causa era justa y apoyada en el Derecho. Desde esta perspectiva, el resultado contribuía a fortalecer la percepción interna de que a pesar de su debilidad y aislamiento, la República podía sobrevivir ante amenazas extranjeras.

33
h4. Una diplomacia incipiente. Preparativos para un litigio

34Una vez negociados los términos del arbitraje, se iniciaron las autoridades costarricense iniciaron los preparativos para enfrentar los reclamos. De acuerdo con la evidencia sobre el proceso, el manejo de estos preparativos estuvo a cargo de Luis Molina, quien se enfocó en cuatro puntos fundamentales: la contratación de un abogado de prestigio, la selección del tercero en discordia, el análisis y recolección de las pruebas de descargo, así como la búsqueda de una transacción con señor Silvanus Spencer. El manejo de estos asuntos brinda, como comentaremos más adelante, un acercamiento a los rasgos fundamentales de la diplomacia costarricense durante este periodo.

35La escogencia de un abogado con influencia en Washington no representaba un asunto menor. De acuerdo con la visión de Molina, parte de la labor diplomática en el caso consistía en contar con personas dentro diversos círculos, lo que permitiría establecer alguna influencia dentro de estos. Con esta idea en mente, Molina inició la búsqueda de un litigante con el prestigio suficiente para llevar adelante este proceso, para ello revisó los casos que se ventilaban en otras comisiones mixtas de arbitraje y recomendó la contratación del abogado James Mandeville Carlisle (1814-1877), quien ese momento se ocupaba de defender los intereses de Nueva Granada (actualmente Colombia) en un proceso similar40.

36Anteriormente, Carlisle, quien era nativo de Alexandria, Virginia, había ocupado el cargo de asistente del Comité de Elecciones de la Casa de Representantes en los inicios de la década de 184041, durante un tiempo fue socio del ex senador y ex secretario de Marina, George Edmund Bager42 y ejerció como abogado demandante en una serie de casos de algunos residentes en México contra el gobierno de los Estados Unidos a mediados de la década de 185043. Además de su experiencia en estos estrados, puede notarse que Carlisle mantenía una serie de contactos políticos indispensables para tener éxito en ese tipo de procesos judiciales.

37En setiembre de 1860, el Gobierno aceptó el consejo de Molina y Carlisle asumió la defensa costarricense, asimismo, nombró a Molina como su comisionado44. Molina y Carlisle iniciaron un profuso análisis de los casos, así como del material necesario para sostener la tesis costarricense de rechazar absolutamente todos los reclamos. Debido a que Carlisle se encontraba ocupado de la Comisión Mixta entre Nueva Granada y Estados Unidos, Molina asumió muchas de las decisiones de la defensa de las tesis costarricense, de tal forma, giró instrucciones claras para recabar los documentos necesarios en los archivos costarricenses, asimismo, solicitó la remisión de comisiones de investigación a territorio nicaragüense, donde debían recabarse testimonios y toda la documentación correspondiente a las acciones y los decretos emitidos durante el gobierno de Walker. Igualmente, fue de vital importancia recabar una serie de testimonios de ex funcionarios de la Compañía del Tránsito en Filadelfia y Nueva York sobre los acontecimientos acaecidos en Nicaragua y la participación de esta empresa en la guerra45.

38Una vez investido como comisionado, Molina dedicó sus esfuerzos para elegir al tercero en discordia de la Comisión Mixta. El representante costarricense barajaba como posibles candidatos al ministro España o al de Italia. Por tal motivo, consultó a los dos agentes sus posibilidades de intervenir como comisionados, de los cuales obtuvo una respuesta favorable. Asimismo, solicitó la opinión Carlisle, quien no se encontraba optimista respecto de ese punto, el abogado consideraba que el secretario de Estado se negaría a la presencia de un comisionado extranjero. A pesar de este inconveniente, ambos decidieron que la mejor opción correspondía al ministro de Italia, Giuseppe Bertinatti46.

39En la correspondencia enviada por Molina no existe una referencia clara y precisa de las razones para escoger al piamontés, salvo algunas referencias sobre un cierto grado de cercanía con el italiano, a quien en algún momento calificó de amigo47, y una buena relación de ese diplomático con las autoridades estadounidenses. Así, a finales de marzo de 1861, en una reunión celebrada con el secretario de Estado Seward, Molina planteó el nombramiento de Bertinatti como árbitro, a lo que Seward no se opuso, pero dejó esa decisión en manos del comisionado estadounidense48. El secretario Seward, en marzo de 1861, había designado como miembro de la Comisión Mixta a Calvin Husen49, no obstante, este murió en julio de ese año en la primera la batalla de Bull Run, razón por la que se nombró como comisionado a Benjamin F. Rexford. Según la percepción inicial de Molina, el nuevo comisionado era un hombre de buenas maneras y considerable fortuna lo cual favorecía cierta imparcialidad50. Sin embargo, Rexford se negó en un primer momento a aceptar un árbitro que no fuese estadounidense51. En este sentido, en el informe presentado por el secretario de Relaciones Exteriores al Congreso, consignó que Molina debió recurrir a personas de elevado rango e insistir con vehemencia para que finalmente se acogiera la propuesta de nombrar al Ministro italiano como árbitro52.

40Por otro lado, durante esos meses, Molina inició una serie de conversaciones con Silvanus Spencer, quien había presentado una reclamación por 3000 pesos fuertes53. Spencer constituía un puntal para las aspiraciones de la representación costarricense en el juicio, pues éste conocía la situación de la Compañía Accesoria y su relación de colaboración con el régimen de Walker, igualmente, había sido testigo presencial de la toma de los vapores, por consiguiente, podía referirse a la situación de los trabajos forzados que fueron reclamados por funcionarios de la Compañía contra el Gobierno costarricense. El problema fundamental radicaba, según describe la Memoria del Secretario de Relaciones Exteriores al Congreso en 1862, en que el presidente Mora, en pago a los servicios Spencer había prometido una cuantiosa suma de dinero, asimismo, en enero de 1859 le había entregado al estadounidense un pagaré por 3000 pesos, que no le fueron pagados por lo cual insistía en demandar al Gobierno costarricense54. El diplomático llegó a un acuerdo, mediante el cual el Gobierno costarricense pagaría una suma de 2000 pesos fuertes y el reconocimiento de Coronel ad honorem, Spencer renunció a sus pretensiones y declararía como testigo de la representación costarricense. Este acuerdo se alcanzó a finales de febrero de 1862, de forma tal que la declaración de Spencer fue utilizada a favor de los intereses costarricenses55.

41Estos preparativos nos permiten observar como la política exterior de esos primeros años fue encomendada a una diplomacia incipiente, que se basó exclusivamente en la habilidad de las personas escogidas para llevar a cabo estas misiones. En efecto, durante las décadas de 1850 y 1860 se encontraba integrada por apenas dos funcionarios diplomáticos, el ministro plenipotenciario en Washington y el ministro plenipotenciario en París, así como, 21 cónsules en algunas plazas comercialmente importantes, todos ellos, salvo por el caso de los Estados Unidos eran honorarios. Asimismo, todos esos funcionarios eran extranjeros y la mayoría residentes permanentes en el país donde fueron nombrados56.

42En el caso particular de los Estados Unidos, durante las décadas de 1850 y 1860, los asuntos de mayor relevancia de la política exterior fueron dejados a cargo primero de don Felipe Molina y Bedoya y luego, tras su muerte en 1855, en su hermano Luis. Los Molina y Bedoya eran miembros de la elite liberal guatemalteca, que tras la llegada al poder de Rafael Carrera fueron exiliados al resto de países de Centroamérica. Al llegar a Costa Rica, Felipe Molina rápidamente estableció relaciones con la elite costarricense, pues se desempeñó como miembro de la Sociedad Económica Itinerante, asimismo, fue redactor del periódico el Mentor Costarricense y fue profesor de inglés y francés en la Universidad de Santo Tomás. En el campo económico, formó parte de varias empresas comerciales y representó a varias casas comerciales. Su conocimiento de idiomas y topografía; así como su experiencia de viajero a diversos países motivaron que el Gobierno costarricense lo nombrase su representante diplomático de forma ininterrumpida desde 1848 hasta 1855, en los cargos Ministro Plenipotenciario en Nicaragua y luego Gran Bretaña, Francia y Washington57. Por otra parte, Luis Molina, quien se había graduado como licenciado en leyes, había ocupado altos cargos en Guatemala, en 1851 fue compelido a salir de ese país y ocupó cargos diplomáticos para El Salvador. No se registran en los estudios sobre Luis Molina estadías en Costa Rica, sino que en 1854 viajó a los Estados Unidos, donde entró al servicio del gobierno de Costa Rica por recomendación de su hermano58.

43En el perfil de ambos diplomáticos pueden notarse ciertas características relevantes para comprender al inicio del servicio exterior costarricense y los mecanismos mediante los que el país comenzó a actuar internacionalmente. En primer término, ambos mantenían una vinculación ideológica cercana con la élite costarricense, asimismo, la documentación estudiada demuestra que ambos eran vistos con un especial respeto por la clase política costarricense. Sin embargo, el nombramiento de ambos no se encontraba vinculado con lealtades directas con los cambios de gobierno en Costa Rica, propios de los enfrentamientos dentro de la élite política, durante las décadas de 1850 y 1860. En efecto, Felipe Molina murió en su condición de ministro plenipontenciario, mientras que Luis Molina se mantuvo hasta 1866, cuando renunció por desavenencias con secretario Volio. Esta continuidad permitió que se mantuviera en líneas generales la representación en Washington, lo que contribuía a sustentar la imagen de estabilidad política que las elites costarricenses pretendían proyectar en el exterior.

44En segundo término, los hermanos Molina contaban con conocimientos jurídicos, Felipe debido a la conducción de una serie de negocios comerciales a lo largo de su vida pública y privada, mientras que Luis contaba con estudios formales en la materia. Esta situación resultaba relevante, dado que uno de los temas centrales del Gobierno consistía en defender los derechos territoriales costarricenses, además, permitía brindar la imagen de un país respetuoso de la legalidad.

45Por último, los problemas de comunicación de la época y el mejor conocimiento de la realidad estadounidense y los contactos que consiguieron los Molina, les permitió no seguir una dinámica de informantes y ejecutores de instrucciones. Por el contrario, la dinámica de esos años de la diplomacia costarricense se orientó a que sus representantes tomaban decisiones con un alto grado de autonomía y consultaban aquellas cosas que resultaban indispensables, incluso en algunos casos, las recomendaciones enviadas al Gobierno tenían el carácter de instrucciones. Por su relevancia en este periodo, el caso en estudio es un buen ejemplo de cómo fue Luis Molina quien fijo las prioridades y los mecanismos para solventarlas.

La Comisión Mixta y sus resultados

46Una vez resultas los problemas referentes a la ratificación del tratado y el nombramiento del árbitro, la Comisión Mixta inició funciones a principios de febrero de 186259. Molina y Rexford organizaron la oficina de la Comisión mediante la contratación de un secretario, quien sería el encargado de ordenar y llevar un registro pormenorizado de todas las causas, así como, redactar las actas de ese órgano. Además, establecieron un plazo para recibir todas aquellas reclamaciones que habían sido presentadas a otras autoridades de los Estados Unidos hasta el 12 de mayo de 186260.

47Finalmente, el 15 de setiembre de 1862, los comisionados Molina y Rexton iniciaron el análisis de cada uno de los casos. Para ello, se concedía a los abogados de las partes de un lapso para presentar la prueba presentada y, posteriormente, un alegato de conclusiones. Para el 19 de noviembre de 1862, fecha en que los integrantes dieron por concluidos los trabajos de la comisión, se habían rechazado un total 13 reclamos por un valor de 544 233 pesos.

48En un total de 21 casos los comisionados Molina y Rexton no llegaron a un acuerdo. No obstante, la decisión tomada por Rexton de dar la razón a los reclamantes, el agente estadounidense redujo sustancialmente en 20 casos el monto solicitado por los demandantes (ver cuadro 2). Esta resolución demostraba el carácter temerario que tenían en su mayor parte estas acciones judiciales, que pretendían sacar provecho de un país más débil. El único caso en el cual Rexton mantuvo la pretensión inicial fue en el reclamo presentado por la Compañía Accesoria del Tránsito, empresa que había recuperado Cornelius Vanderbilt.

49Cuadro 2.- Reclamos enviados al árbitro José Bertinatti y resultado de la demanda

50
_Reclamante _Monto original del reclamo (dólares) _Monto determinado por el Comisionado Rexford (dólares) _Sentencia _Monto de la condena (dólares)

Isaac Harrington
20 000.00 1 000.00 Con lugar 1 000.00

Donato Mc Bean
20 000.00 1 000.00 Con lugar 1 000.00

Mathew L. Masten
20 000.00 1 000.00 Con lugar 1 000.00

William W. Wise
20 000.00 1 000.00 Con lugar 1 000.00

Lyenan A. Hover
3 000.00 500.00 Rechazado

George H. Bowley & Co.
72 199.48 33 312.00 Rechazado

John E. Hollembeck
12 157.00 7 269.75 Con lugar 7 269.75

Thomas Towsend
20 950.00 5 359.66 Con lugar 5 359.66

Michael Mulloney
43 538.13 5 500.00 Con lugar 5 000.00

Samuel S. Wood & son
2 079.25 627.93 Con lugar 627.93

Volney R. Bristol
20 000.00 800.00 Con lugar 800.00

Thomas Gilmore
25 000.00 800.00 Rechazado

E. W. High
5 000.00 500.00 Rechazado

George M. Harras
215.00 279.00 Rechazado

Fluwel Belcher
66 540.00 250.00 Con lugar 250.00

Lester Bushnell
51 500.00 5000.00 Rechazado

James Duvin
6 807.00 400.50 Rechazado

Crisanto Medina & sons
700 000.00 145 775.00 Rechazado

Accesory Transit Co.
493 542.00 493 542.00 Rechazado

John Vredenburgh
20 000.00 600.00 Con lugar 600.00

Charles Mahoney
25 885.00 2 419.80 Con lugar 1 296.80

Monto total
1 648 418.86 706 935.64 - 25 204.14

51Fuente: elaboración propia a partir del enviado por Luis Molina y Bedoya, el 17 de enero de 186361

52En esta etapa del proceso, los comisionados fueron los encargados de presentar los argumentos correspondientes al árbitro, quien una vez escuchados todas las reclamaciones decidió sobre cada uno de estos. De tal forma, el 31 de diciembre de 1862, Bertinatti emitió sus fallos arbitrales, el diplomático italiano declaró sin lugar nueve de las reclamaciones planteadas y concedió la razón a los reclamantes en doce casos. Estas sentencias provocaron una gran amargura en Molina, quien consideró que estas contravenían los derechos costarricenses. No obstante, a lo largo de las reclamaciones Bertinatti estableció de forma clara y precisa que Costa Rica tenía un derecho de guerra justa en el conflicto62.

53De los nueve casos rechazados, cinco fueron desestimados por falta de prueba que demostrase el dicho de los demandantes. Asimismo, dos fueron rechazados pues el gobierno de Costa Rica demostró que se trataban de combatientes filibusteros. En el caso de la Accesory Transit Co., de Cornelius Vanderbilt, existían dos demandas una por daños y la otra por el uso de los vapores. En cuanto a los daños a las instalaciones, Bertinatti dictaminó que estos habían sido producto de las acciones justas emprendidas por Costa Rica en la guerra, pues la Compañía había realizado actos de beligerancia a favor de los filibusteros. Además, dado que la Compañía alegó que no se trataba de la Accesory Transit Co. sino de una empresa distinta, el árbitro interpretó que de ser cierto, la primera no podría establecer un reclamo. En cuanto a los vapores, Bertinatti estableció que el reclamo fue interpuesto de forma extemporánea, no obstante lo cual, igualmente estableció que la toma de los vapores es una operación admitida por el Derecho de Guerra63.

54El caso de Medina, fue conyunturalmente muy importante, como lo demuestra el hecho de haber sido el único caso traducido originalmente al llegar a Costa Rica. En tal sentido, tanto el monto del reclamo, el ligamen de Medina con la administración de Mora y las implicaciones financieras de este, podían causar problemas a las autoridades gubernamentales. Sin entrar al fondo del asunto, el Caballero Bertinatti dictaminó que el caso debía desestimarse, pues durante el proceso se demostró que Medina había obtenido su ciudadanía estadounidense mediante la falsificación de una serie de documentos, por consiguiente, su reclamo no podía ser conocido por la Comisión Mixta64.

55Por otro lado, fueron estimadas 12 demandas. En su mayoría vinculadas con trabajos forzados de miembros de la tripulación de los vapores, donde el árbitro estimó que los demandantes no había realizado actos de beligerancia en contra de Costa Rica, sino que realizaban su trabajo normal dentro de los barcos. En tal sentido, al obligarlos el gobierno de Costa Rica a seguir navegando los vapores, existía la obligación de pagar el trabajo realizado, así como los daños y perjuicios causados por efectuar ese trabajo contra su voluntad65.

Consideraciones finales

56El litigio concluyó con un resultado sumamente favorable para el gobierno costarricense. No fue un resultado menor que de 2 192 645,36 demandados, se pagasen únicamente 25 204.14 pesos y que uno de los perdedores del caso fuese el poderoso Cornelius Vanderbilt. Empero, no contamos aún con la evidencia necesaria para determinar el peso que representó el triunfo costarricense en la consolidación de su imagen como país “excepcional” dentro de las elites políticas, económicas y científicas de los Estados Unidos, una visión muy difundida en la literatura historiográfica estadounidense, que será fundamental para comprender el desarrollo político del país a lo largo de su historia.

57Por consiguiente, el estudio de la política exterior y el servicio exterior en Costa Rica puede brindar algunas luces sobre la visión de las elites en torno al ámbito internacional que les rodeaba, así como las repercusiones de este en la estructuración del sistema político interno. Así, dentro del caso en estudio, un problema de índole internacional provocó que de forma coyuntural se transformase en un argumento más para señalar las faltas y deficiencias de los años finales del gobierno de Mora, al cual se acuso de no prestarle la atención debida al asunto. Más allá de esta situación, la evidencia de las discusiones sobre el litigio nos permiten entender como este funcionó para cimentar la percepción que las autoridades tenían la República que estaban construyendo. Además, dentro de ese grupo, el litigio permitió consolidar la idea de que la debilidad internacional podría ser contrarrestada con otros atributos existentes en la República y no con el retorno a la unidad con los países centroamericanos.

58Finalmente, debe señalarse que los resultados del litigio fueron producto de una diplomacia incipiente, dentro de la cual se destacaron los hermanos Molina y Bedoya, guatemaltecos con afinidad ideológica con las elites costarricenses y con gran habilidad para los negocios diplomáticos. Cómo continuó ese patrón, cómo cambio y cuáles fueron sus consecuencias son problemas que requiere de una investigación más profunda.

59Notas de pie de página

601 Véase David Díaz Arias y Víctor Hugo Acuña Ortega, “Identidades nacionales en Centroamérica: bibliografía de los estudios historiográficos”, en _ Revista de Historia_ (San José), Nº 45 (enero-junio de 2002), págs. 267-283.

612 Véanse Steven Palmer, “Sociedad anónima y cultura oficial: inventando la nación en Costa Rica, 1848-1900”, en: Iván Molina y Steven Palmer, Héroes al gusto y libros de moda: sociedad y cambio cultural en Costa Rica (1750–1900), (San José, Costa Rica: Editorial Porvenir y Plumsock Mesoamerican Studies, 1992), págs. 169-205; Steven Palmer, “Hacia la “Auto-inmigración”. Nacionalismo oficial en Costa Rica 1870-1930”, en Arturo Taracena y Joel Piel (Editores), Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica. (San José, Rica, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – FLACSO El Salvador, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995), págs. 75-85.

623 Véanse Víctor Hugo Acuña Ortega, “La invención de la diferencia costarricense, 1810-1870”, en Revista de Historia (San José), Nº 45 (enero-junio de 2002), págs. 191-228; Víctor Hugo Acuña Ortega, “Nación y clase obrera en Centroamérica durante la época liberal (1870-1930), en Iván Molina y Steven Palmer (editores), El paso del cometa. Estado, política social y culturas populares en Costa Rica (1800-1950), (San José, Costa Rica: Editorial Porvenir y Plumsock Mesoamerican Studies, 1994), págs. 145-165.

634 Véase Iván Molina Jiménez, Costarricense por dicha. Identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante los siglos XIX y XX, (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2002).

645 Véanse David Díaz Arias, “Invención de una Tradición: la fiesta de la independencia durante la construcción del Estado en Costa Rica, 1821-1871”, en Revista de Historia (San José), Nº 45 (enero-junio de 2002), págs.105-162; David Díaz Arias, “Construyendo un Estado Moderno: Política, estado e Identidad Nacional en Costa Rica, 1821-1914”. Serie Cuadernos de Historia de las Instituciones de Costa Rica, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005); David Díaz Arias, La Fiesta de la Independencia en Costa Rica, 1821-1921, (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2008).

656 Víctor Hugo Acuña Ortega, “La invención de la diferencia costarricense, 1810-1870”, pág. 211.

667 Véase Ericka Gólcher, “Imperios y ferias mundiales: la época liberal”, en Anuario de Estudios Centroamericanos (San José), Volumen 24, Nº 2, (1998), págs. 75-94.

678 Véase Kyle Longley, The Sparrow and the Hawk. Costa Rica and the United States during the Rise of José Figueres (Alabama, Estados Unidos: The University of Alabama Press, 1997), págs. 1-20.

689 Sobre un estado de la cuestión sobre el tema véase Joana Tidy, The Social Construction of Identity: Israeli Foreign Policy and the 2006 War in Lebanon, Working Paper Nº 05-08, (Bristol, Inglaterra, University of Bristol, 2008), págs. 10-22.

6910 Véase William J. Lahneman, “Changing Power Cycles and Foreign Policy Role-Power Realignments: Asia, Europe, and North America”, en International Political Science Review, Vol. 24, No. 1, (Sage Publications enero., 2003), págs. 97-111.

7011 Kyle Longley, The Sparrow and the Hawk, pág. 11.

7112 Víctor Hugo Acuña Ortega, “La invención de la diferencia costarricense”, págs. 211-212.

7213 Véase Carmen María Fallas Santana, “Destino Manifiesto y filibusterismo. La raza latina contra la raza anglosajona”, en Filibusterismo y Destino Manifiesto en las América (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2010), págs. 75-90.

7314 Véase Víctor Hugo Acuña Ortega, ““Walker en Centroamérica según la historiografía filibustera (1856-1860) (ficha : 1946)”:/index.php?action=fi_aff&id=1946 ”, en Boletín AFEHC N° 36, publicado el 04 junio 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*1946.

7415 Véase Clotilde Obregón Quesada, El río San Juan en la lucha de las potencias (1821-1860) (San José, Costa Rica, Editorial de la Universidad Estatal a Distancia, 1993), págs. 128-130.

7516 Véase Víctor Hugo Acuña Ortega, “Walker en Centroamérica según la historiografía filibustera (1856-1860)”, en Boletín AFEHC N°36, publicado el 04 junio 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*1946

7617 Clotilde Obregón Quesada, El río San Juan en la lucha de las potencias. Pág. 203.

7718 A.N.C.R. En Fondo Congreso Nº 5868. Informe del Secretario de Relaciones Exteriores y Educación al Congreso Nacional 1860-1861.

7819 A.N.C.R. En Fondo Congreso N° 5800. Informe del Secretario de Relaciones Exteriores y Educación al Congreso Nacional. Del 2 de junio de 1862.

7920 A.N.C.R. En Fondo Congreso N° 5800. Informe del Secretario de Relaciones Exteriores.

8021 A.N.C.R. En Fondo Congreso N° 5800. Informe del Secretario de Relaciones Exteriores.

8122 Registros de los jefes de misión de los Estados Unidos de América en la página web del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, dirección electrónica: http://www.state.gov/r/pa/ho/po/com/10459.htm Consultado el 21 de septiembre de 2006.

8223 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 36. Carta de Luis Molina al secretario de Relaciones Exteriores. 29 de marzo de 1861.

8324 Véase Enrique Lagos Valenzuela, “El arbitraje internacional en América”, en Anales de la Facultad de Derecho Vol. IV – (Santiago, Chile, enero – diciembre de 1938 – Nº 13 a 16) en dirección electrónica: http://www.analesderecho.uchile.cl/ Consulado el 1 de octubre de 2006.

8425 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 35. Actas de las reuniones Carazo, Iglesias – Dimitry.

8526 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 35. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores.

8627 El texto completo en A.N.C.R. Fondo Congreso. N° 7004. Expediente legislativo de aprobación de la Convención Carazo-Dimitry. 1860.

8728 El texto completo en A.N.C.R. Fondo Congreso. N° 7004. Expediente legislativo de aprobación de la Convención Carazo-Dimitry. 1860.

8829 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 35. Actas de las reuniones celebradas con motivo de la Convención Carazo-Dimitry.

8930 A.N.C.R. Fondo Congreso. N° 7004.

9031 Fondo Congreso Nº 6044, Informe del Secretario de Relaciones Exteriores y Carteras Anexas al Congreso Constitucional.

9132 Los hechos que se han calificado como acaecidos en la Ruta del Tránsito se refieren a aquellos que pudieron ocurrir en el curso del río San Juan o en el lago de Nicaragua.

9233 No se tienen datos sobre cuanto corresponde a cada uno.

9334 No se tienen datos sobre cuanto corresponde a cada uno.

9435 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, caja N° 40. Informe de Luis Molina del 17 de enero de 1863.

9536 A.N.C.R. En Fondo Congreso N° 5800. Informe del Secretario de Relaciones Exteriores.

9637 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, caja N° 40. Informe de Luis Molina del 17 de enero de 1863.

9738 A.N.C.R. Fondo Congreso. N° 6044. Informe del Secretario de Relaciones Exteriores y Carteras anexas del 11 de noviembre de 1863.

9839 Dictamen de la Comisión de Relaciones Exteriores é Instrucción Pública, al Congreso de 1863, en La Gaceta Oficial, Nº 246, semestre 9, 12 de diciembre de 1863, págs. 1-2.

9940 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 34. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 19 de setiembre de 1860.

10041 En este sentido ver las actas de las sesiones del 21 de julio de 1840 y del 16 enero de 1841, donde se fijan las dietas que por su trabajo debía percibir el abogado, estos documentos se encuentran en el portal electrónico “American Memory”, Journal of the House of Representatives of the United States, 1840-1841, en http://memory.loc.gov/cgi-bin/query/D?hlaw:3:./temp/~ammem_QEPH consultado el 21 de noviembre de 2006.

10142 Sobre las relaciones entre Carlisle y Badger ver portal electrónico de Manuscripts Department Library of the University of North Carolina at Chapel Hill Southern Historical Collection, Resumen de los documentos pertenecientes a George Edmund Bager.
En http://www.lib.unc.edu/mss/inv/b/Badger,George_Edmund.html Revisada el 6 de noviembre de 2006.

10243 Véase Acta del Senado del 26 de enero de 1854. En página electrónica de “American Memory”, Journal of the executive proceedings of the Senate of the United States of America, 1852-1855, en dirección electrónica:
http://memory.loc.gov/cgi-in/query/r?ammem/hlaw:@field(DOCID+@lit(ej00961)) (http://memory.loc.gov/cgi-in/query/r?ammem/hlaw:@field(DOCID+@lit(ej00961))))) Consultado el 6 de noviembre de 2006.

10344 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 34. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 19 de setiembre de 1860.

10445 Véase en este sentido, por ejemplo, las notas enviadas por Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores del 16 de febrero y 30 de marzo de 1861. En A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 36.

10546 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 36. Cartas de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 18 de febrero de 1862 y 28 de febrero de 1862. Giuseppe Bertinatti (1808-1801) fue una figura destacada de la sociedad italiana de esos días. Durante sus primeros años, en el Piamonte, había estudiado teología y se preparó para ser ordenado sacerdote, no obstante, debido a su cercanía con los círculos más liberales de la época (los carbonarios) no pudo alcanzar ese objetivo. Esa situación orientó al joven piamontés a dedicarse a la práctica del Derecho en Turín, posteriormente, viajó a París donde se especializó en Derecho Comercial, además, vivió por un corto tiempo en Inglaterra. En 1836, retornó a Turín y ocupó un cargo en el gobierno, sin embargo, pronto renunció a este. De 1837 a 1849 vivió entre Bruselas y París, donde colaboró con Vicenzo Gioberti, uno de las figuras liberales más reconocidas de la península Itálica, quien en 1848 fue electo como Jefe de Ministros del Reino de Cerdeña-Piamonte. Este nombramiento favoreció a Bertinatti, quien fue nombrado como funcionario diplomático en Bruselas, luego fue trasladado a Berna y posteriormente regresó a Torino a trabajar en las relaciones diplomáticas del reino piamontés con la Santa Sede. En 1854, fue nombrado cónsul del Reino de Cerdeña-Piamonte en Nueva York, pocos años después fue ascendido al cargo de Ministro en Washington. Cuando se produjo la unificación de la Península Itálica, en 1861, Bertinatti se convirtió en el primer Ministro de Italia ante el gobierno de los Estados Unidos, donde se mantuvo hasta 1867. Veáse la página electrónica de la Comune de Castellamonte, “Personajes históricos de la Comunne di Castellamonte”. En dirección electrónico: http://www.comune.castellamonte.to.it/Servizi-Cu/Biblioteca/Storia-Cas/Personaggi/Altri-pers/bertinatti/index.htm+giuseppe+bertinatti&hl*es&ct*clnk&cd=9 Consultado el 22 de noviembre de 2006.

10647 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja Nº 40. Carta de Luis Molina al secretario de Relaciones Exteriores y Carteras Anexas de Costa Rica. 17 de enero de 1863.

10748 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 35. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 29 de marzo de 1861.

10849 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 35. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 30 de marzo de 1861.

10950 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 35. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 20 de noviembre de 1861.

11051 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, Caja 35. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 18 de octubre de 1861.

11152 A.N.C.R. En Fondo Congreso N° 5800. Informe al Congreso.

11253 Silvanus Spenser era un marino aventurero, quien primero trabajó como contramaestre en un clíper norteamericano que navegaba la ruta Nueva York – Hong Kong. En esa travesía fue acusado de asesinar al capitán del barco, no obstante, en el juicio que se celebró en su contra fue absuelto por falta de pruebas. Una vez en libertad, en 1855, salió hacia Nicaragua donde fue contratado por la Compañía Accesoria como estibador en San Juan y, posteriormente, como contramaestre del vapor Machuca. Véase Alejandro Bolaños Geyer, William Walker, el Predestinado, (Missouri, Estados Unidos, Edición personal, 1992), Págs. 246 y 247.

11354 A.N.C.R. En Fondo Congreso N° 5800. Informe al Congreso.

11455 A.N.C.R. En Fondo Relaciones Exteriores, Caja #38. Carta de Luis Molina al Secretario de Relaciones Exteriores. 28 de febrero de 1862.

11556 Jorge Sáenz Carbonell, Historia Diplomática de Costa Rica, Tomo I, (San José, Costa Rica, Editorial Juricentro, 1996), p. 187.

11657 Clotilde Obregón Quesada, “Felipe Molina Bedoya. Correspondencia diplomática”, en Revista del Archivo Nacional (San José, Costa Rica, Archivo Nacional, enero-diciembre, 1988), pág. 158.

11758 Rafael Obregón Loria, Costa Rica y la guerra contra los filibusteros, (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan San María, Alajuela, 1991), pág. 332.

11859 A.N.C.R. Fondo Congreso N° 5800. Documentos adjuntos al informe del Secretario de Relaciones Exteriores y carteras anexas. Del 2 de junio de 1862.

11960 A.N.C.R. En Fondo Congreso N° 5800. Informe al Congreso.

12061 Elaborado a partir del informe enviado por Luis Molina. En A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, caja N° 40. Informe de Luis Molina del 17 de enero de 1863.

12162 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, caja N° 40. Informe de Luis Molina del 17 de enero de 1863.

12263 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, caja N° 40. Informe de Luis Molina del 17 de enero de 1863.

12364 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, caja N° 40. Informe de Luis Molina del 17 de enero de 1863.

12465 A.N.C.R. Fondo Relaciones Exteriores, caja N° 40. Informe de Luis Molina del 17 de enero de 1863.

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Carlos Humberto Cascante Segura, « La elaboración de una imagen y diplomacia incipiente. El primer litigio internacional de Costa Rica (1860-1863) », Boletín AFEHC N°46, publicado el 04 septiembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2509

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