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AFEHC : articulos : Antropología y colonialismo interno David J. Guzmán, entre “poder supremo” y “capital” : Antropología y colonialismo interno David J. Guzmán, entre “poder supremo” y “capital”

Ficha n° 2510

Creada: 27 octubre 2010
Editada: 27 octubre 2010
Modificada: 19 enero 2011

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Autor de la ficha:

Rafael LARA-MARTÍNEZ

Editor de la ficha:

Xavier CUENIN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Antropología y colonialismo interno David J. Guzmán, entre “poder supremo” y “capital”

“Antropología y colonialismo interno” revisa la obra de David J. Guzmán (El Salvador, 1846-1927), el fundador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Agrícolas, Artes Industriales, Comercio Nacional y Exterior (1903) y editor de los Anales, Órgano Oficial del Instituto del Mismo Nombre (1903-1911). El artículo examina la manera en que los Anales someten todo saber objetivo y artístico a un valor comercial. La publicación periódica olvida también la población indígena que habita los territorios que explora, ya que considera sus lenguas más cercanas a “balbuceos simiescos” que a una expresión cultural humana. El ensayo describe la percepción que la misma revista oficial ofrece de la mujer y del indígena, la primera destinada al hogar y el segundo a la desaparición. Por último, el ensayo ilustra los ideales demográficos de Guzmán, los cuales sugieren introducir población europea mediterránea en El Salvador para blanquear racialmente a sus habitantes originales y lograr un progreso moderno. En la actualidad, el nombre de Guzmán sirve de emblema a la mayor institución de antropología en el país, el Museo Nacional de Antropología (MUNA). Hacia la segunda década del siglo XXI, toda crítica de ese momento fundador de la antropología salvadoreña parece imposible, como si la “ciencia del hombre” estuviera predeterminada a repetir un saber utilitario, a excluir a la mujer y al indígena, y a promover la inmigración neo-colonial. En su defecto, la antropología salvadoreña debe encubrir sus orígenes colonialistas para visualizarse como piedra angular de un gobierno de izquierda hacia el cambio.
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Palabras claves :
Historia de la antropología, Historia intelectual salvadoreña, Indigenismo, Museografía
Autor(es):
Rafael Lara-Martínez
Fecha:
Septiembre de 2010
Texto íntegral:

1Desde Comala siempre…

2La ciencia asociada con el capital está al abrigo de toda contingencia. Todo lo supera el capital y la ciencia1.

Introducción

3Mientras en México, Europa y EEUU se cuestiona el manejo ideológico de las ciencias sociales, en El Salvador aún no se discute con amplitud la sumisión del saber positivo a designios políticos y financieros nacionales. Sabemos que la crítica no la inicia el radicalismo de los sesenta. Anticipando las dudas de toda una generación, el iniciador de la antropología estadounidense y contribuyente a la mexicana y salvadoreña —Franz Boas (1858-1942)— denuncia el servicio político de la ciencia a los intereses imperiales de su propio país2. La censura que en Europa y EEUU cobra un sentido de crítica al colonialismo, en México se percibe como colonialismo interno. Los países independientes no suprimen los actos coloniales. En cambio, sustituyen el centro rector el cual — en vez de situarse en metrópolis de ultramar — lo localizan en las nuevas capitales y gobiernos centrales dominados por grupos criollos y mestizos. Más que ciencia objetiva, la antropología se vuelve modalidad del poder político hegemónico. Estudia la historia y actualidad de las “otras culturas” para someterlas al beneficio económico del estado y de un grupo étnico particular. Se trata de imponerles la explotación comercial de los recursos naturales y humanos a todas las naciones, lo cual se justifica en términos de progreso por el mercado global. Para ello, según preceptos salvadoreños, es necesario reconducir la educación integral de los países hacia rumbos pedagógicos y técnicos inexistentes. Por una “educación nacional práctica”, hay que “ensanchar los estudios universitarios para obtener industriales, agrónomos y mecánicos diplomados en vez de títulos universitarios que pretenden formar la parte dirigente de nuestra sociedad […] teóricos sin ocupación ni beneficio3”. Efectivamente, el saber científico debería sustituir la ideología de cuartel y la pasión poética, ambas improductivas. A inicios del siglo XXI, no nos preguntamos si en El Salvador ocurre una utilización ideológica similar de la ciencia, en provecho de una minoría política, financiera y racial dominante. Nos sorprendería que, por “justicia poética”, en el país se logren aplicaciones equitativas del conocimiento y diseminación educativa general. En cambio, la cuestión a dilucidar ilustra la manera peculiar en que la racionalidad se vuelve política encubierta, es decir, reincide en la misma esfera de “pasión y ambición” que anhela reemplazar4. Para demostrar este capítulo olvidado, de escombros polvorientos de bibliotecas extranjeras, rescatamos la fundación del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Agrícolas, Artes Industriales, Comercio Nacional y Exterior (1903), al igual que el pensamiento del editor de los Anales, Órgano Oficial del Instituto del Mismo Nombre (1903-1911), David J. Guzmán (1846-1927). La constitución del Museo y la reflexión guzmaniana nos revelan una idea de la ciencia que justifica el quehacer ideológico de una generación. La creencia generalizada arguye que innova una política progresista y liberal fundada en modelos objetivos y cuantificables, los cuales ponemos a prueba de la crítica actual. Por esta labor de arqueología del pensamiento excavamos principios fundacionales de la antropología salvadoreña y de su órgano máximo de expresión, el Museo Nacional, luego Museo “David J. Guzmán” y ahora Museo Nacional de Antropología (MUNA5). Primero, el artículo indaga la manera en que los Anales someten todo saber objetivo y artístico a su valor comercial, olvidando el papel central de la palabra para los seres humanos de los territorios que explota. En seguida, expone la dinámica entre lo propio y lo ajeno que vuelca la identidad nacional hacia la imitación de lo extraño. Posteriormente, desglosa la visión que ese mismo “órgano oficial” proyecta de la mujer e indígena como destinada al hogar, la primera, y a la desaparición, el segundo. Por último, el ensayo explicita el ideal demográfico de Guzmán, el cual sugiere importar población europea del Mediterráneo para completar el progreso y la modernización del país por medio de un blanqueo racial. Estas cuatro aristas —saber utilitario de productos en comarcas ‘deshabitadas’, identidad sometida a lo ajeno, exclusión de mujer e indígena, inmigración neo-colonial— demuestran la dificultad de la reflexión antropológica salvadoreña por dialogar con la diversidad étnica nacional. No nos asombra que el ideario de Guzmán no instaure instituciones indigenistas que le concedan derecho al habla y expresión cultural a los habitantes nativos. Sorprende que su doctrina continúe oculta sin crítica cultural que la denuncie hasta el siglo XXI. El despliegue museográfico de sus resultados pretende crear espacios urbanos de distinción social —para un “público selecto”— y comercialización de productos, más que abrir el razonamiento intercultural entre los sectores sociales más dispersos.

David J. Guzmán y los Anales del Museo Nacional

4Tal cual lo expresa el epígrafe inicial resulta evidente que el fundador del Museo Nacional y editor de los Anales, David J. Guzmán, no cree en la neutralidad desinteresada ni objetiva de las ciencias naturales6.

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 epígrafe de los Anales del Museo Nacional
epígrafe de los Anales del Museo Nacional

6Por lo contrario, la antropología, botánica, geología, sismología, zoología, etc. obedecen a dictados de la “suprema” administración gubernamental, primero, y de las necesidades industriales, comerciales y financieras del país, en seguida. La ciencia sirve “al capital” que hace que todos los preceptos éticos y científicos graviten bajo su órbita, como si se tratara de una implacable ley de la gravedad. Positivamente, habría que superar “la apatía de los gobiernos pasados y las etapas revolucionarias” para recolectar “plantas indígenas” e iniciar su “estudio racional”, lo cual crearía “fábricas en grande de productos químicos y medicinales7”. La revolución industrial salvadoreña presupondría un examen y utilización minuciosos de todos los recursos naturales. Al estudio de la naturaleza y de lo humano, el Museo Nacional no procede con un propósito neutral e imparcial. Más bien, le concierne establecer un catálogo razonado de artículos nativos que se presten a uso práctico y explotación comercial. Si la fundación del Museo se debe al encomiable convencimiento del estado por definir los intereses nacionales, su muestrario responde a una utilidad mercantil. Las exposiciones despliegan sólo aquellos frutos que poseen una aplicación provechosa. Los que se venderían en el extranjero son aquellos especímenes vegetales y animales que merecen especial interés técnico. Se impulsan “exploraciones científicas” alrededor del territorio nacional; pero, estas incursiones en el campo sólo recolectan lo que resulta financieramente ventajoso. La ciencia —natural y antropológica— es instrumento anodino de la expansión del capital y de un fin utilitario de lucro. Esta sumisión operativa, Guzmán la juzga necesaria para el desarrollo auto-sustentado del país. El saber científico y la política los domina una utilidad práctica y rentable. La función de artistas y escritores se equipara a la de administradores de empresas en búsqueda de distribuir productos salvadoreños valiosos hacia el extranjero. “La expansión de intelectualidad y negocios” consiste en “conocer los mercados que brindan más facilidad y mejores rentas8”. La cultura y sus resultados se evaluarían por su potencial de volverse mercancías en un mercado cada vez más globalizado. Hay que “dar a conocer en el exterior” —en el mercado global, diríamos ahora— “todo cuanto El Salvador tiene de rico, de explotable, de útil al progreso9”. Por esta razón comercial, se escriben múltiples reseñas sobre técnicas de explotación del bálsamo —de su resina medicinal y madera— sin percatarse que en la región costera que lo abriga existe una población indígena particular10. Las “exploraciones científicas” en territorio nacional resaltan la riqueza mercantil de los productos naturales, a la vez que desdeñan a la población indígena que vive en esa comarca y cultiva las cosechas a negociar.

La evolución lingüística

7A nivel lingüístico, por ejemplo, los Anales ni siquiera ofrecen un somero vocabulario de términos náhuat y el editor, por su parte, no rebasa la transcripción de breves muestras que cita de viajeros extranjeros de mediados del siglo XIX11. Es obvio que los idiomas indígenas se hallan más allá de cualquier comercialización. Carecen de valor monetario y la antropología salvadoreña puede ignorarlos. No hay experiencia con el otro, ser-con (_Mit-Sein_) el otro. No se le reconoce derecho a la palabra —a una _lingüisticidad, verbum y ratio_— tan expresiva y lógica como la hispana. Por lo contrario, las breves reseñas de su idioma se intercalan como informes de su inferioridad. Guzmán establece una cronología lingüística que del “imperio de la barbarie” —África y luego Amerindia— se eleva hacia “los idiomas [que] representan progreso y destino de la humanidad”, los europeos12. Su repartición evolutiva presupone la existencia de contemporáneos primitivos más cercanos a los simios que a los seres humanos. Las quasi-lenguas africanas de carácter animal se expresan por simple “mímica” o, de ascender al sonido lo hacen por “graznido” grosero, “sonidos guturales”, “balbucencia de un gorila” y por lo “discordante y desagradable”. Así se afianza la apropiación de los recursos de un continente, sin incomodarse por el más mínimo sentido de justicia hacia sus pobladores originales. La incapacidad del propio Guzmán por transcribir los idiomas extranjeros —incluso los indígenas salvadoreños— la sustituye un juicio estético que remite hacia lo brusco e insoportable todo lo que no es europeo. A la precedente caracterización de los idiomas africanos le prosigue la del pipil salvadoreño cuya “pronunciación pueril” lo restituía a escala post-simiesca, pero carecía aún del refinamiento adulto del español. La lenga náhuatl —acaso la más avanzada en América— la juzga con “pocas voces abstractas para expresar ideas metafísicas”. Tal vez todos esos idiomas se hallan destinados a la desaparición, ya que sólo ciertas lenguas selectas —las europeas— señalan el provenir humano del progreso. A sus hablantes se les augura la explotación total de todos los recursos naturales del orbe. Según Guzmán, la ciencia lingüística sería aliada servil del colonialismo al reconocer —en quienes ahora merecen derechos humanos— especímenes sin logos, sin verbum ni ratio, entes simiescos que pronto se extinguirían. “El lenguaje de los pueblos se ha producido lentamente y no ha aparecido en todas las épocas desde la aparición del hombre13”. El desconocimiento de Guzmán sobre fonología, gramática y semántica de las lenguas no-occidentales lo suplen sus prejuicios racistas que disfraza de ciencia. Interesa apropiarse de “plantas indígenas” y recursos naturales sin ningún miramiento por la población —indígena también— que habita los territorios en cuestión.

La antropología, ciencia natural

8Más que del zoon logos ejon —animal dotado de lenguaje— Guzmán y sus contemporáneos derivan su concepto de antropología de las ciencias naturales. En su tajante positivismo consideran al “hombre químicamente” —“agrupación molecular de materia”— a la vez que aciertan en confirmar asuntos bíblicos14. “La fibra más sensible de nuestro corazón quizá formaba parte ha mucho tiempo de la organización de un vegetal de un país lejano”, se aseguraba en el primer número15. Nuestros más nobles sentimientos y creencias se perciben como vegetales espiritualizados que de la digestión se alzan hacia las artes. Empero, tampoco prevalece un espiritualismo materialista que se intuiría en el párrafo precedente. Más bien, las lenguas indígenas permanecen sin transcripción ni logos declarado, ya que los Anales no acceden a su estudio. El verbo y razón nativas — que enuncian su interioridad e intervienen en la vida en común — quedarían ocultos por varias generaciones hasta el presente. La esfera literaria salvadoreña jamás logra un diálogo idiomático serio con las literaturas indígenas que trascienda la esfera hispano-céntrica de su expresividad. Hacia el despegue del siglo XXI, no existe una sola antología bilingüe que recolecte su legado milenario. Para el saber utilitario, sólo los productos a comerciarse en el mercado exterior merecen exámenes detallados.

Dinámica entre lo propio y lo ajeno

9Si Guzmán anhela “poner a Centro América en el camino de su transfiguración” civilizadora — “proteger la agricultura, artes e industrias nacionales”— una paradoja económica afirma que este propósito sólo se logra al emular lo extraño. Hay que “copiar los modelos que nos ofrecen las grandes industrias” para que “dejemos de ser tributarios del extranjero en muchos artículos16”. Por un insólito juego especular, la identidad nacional modernizante la deriva de la capacidad por absorber lo ajeno. A Guzmán y su generación los afecta un sentimiento de inferioridad, ya que una falta constituye lo salvadoreño por defecto al compararse con lo moderno: Europa y EEUU. Salvar la brecha del retraso sería quehacer de la ciencia, la cual ayudaría a inculcarle al espíritu racial de “origen español” los “dones tan frecuentes entre los ingleses y los yankees17”. “Tiempo es ya que imitemos el ejemplo de los anglo-sajones, que fríos razonadores se han consagrado a las artes útiles y a la explotación de las riquezas naturales tan prodigiosamente esparcidas por todos los ámbitos de nuestra América tropical18. Pero “nuestra ardiente imaginación” se entrega sólo a “las bellas artes y la poesía” que la educación técnica lograría trasvasar en ideal práctico de progreso hacia “nuestra raza” embelesada en la contemplación estética sin utilidad. La contradicción se acentuaría de advertir que la producción nacional no aspira a abrir un mercado interno de consumo. Ante todo, anhela ampliar su distribución global. La explotación de los vastos recursos naturales del trópico depende de que los productos salvadoreños alcancen alta estima en el extranjero.

10“Lo nuestro” y lo regional obedecen a modelos foráneos “progresivos” y a un régimen comercial globalizado. Los Anales no se cansan de repetir “se venden en Europa muy bien […] sirven en Europa y Estados Unidos19”.

11La identidad nacional la rige la utilidad comercial que a un “arte práctico” salvadoreño se le concede en las metrópolis. Sólo importa de lo propio aquello que lo ajeno le depara un alto valor de cambio y consumo. Para el progreso, se requiere incluso el plagio de lo extranjero. Se necesitan “imitadores en nuestro país20”. Una identidad nacional moderna implica “asimilar nuevos elementos de vida y de prosperidad”, con el objetivo de no “rebajarse al nivel de los pueblos africanos21”. Situados en el justo centro — entre lo primitivo-africano y lo civilizado-blanco — lo hispano corre el peligro de deslizarse hacia la “rara fealdad” y “nivel moral desgraciadamente bajo” de lo zambo y negro o bien, por la ciencia, elevarse hacia lo prístino y racialmente blanco22. No otro es el desafío desarrollista y racial que enfrentan Guzmán y su generación al promover globalización industrial de El Salvador. Así, resuelven un doble problema: modernización interna y depuración externa de la imagen de El Salvador que enturbia la existencia de una población indígena.

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Reglamento
Reglamento

Omisiones

13La más notable omisión la revelaría una perspectiva indigenista y de género, sin utilidad monetaria. Las actividades científicas y lucrativas el fundador del Museo las percibe como exclusivas de hombres con un distintivo carácter cultural: hispano-europeo. Si para la mujer los Anales imaginan la creación de una moderna “Escuela de Economía Doméstica” —en su meta de cumplir la misión patriótica en el hogar— “vencido desde la conquista”, para el indígena se vislumbra su “impotencia” y “degeneración23”. Describimos una breve reseña sobre el sitio que se le depara a la mujer, encerrada en el recinto doméstico, al igual que el desplazamiento histórico del indígena hacia lo pretérito y moribundo. Aún sin ofrecer un índice exhaustivo y estadísticas sobre autores y temáticas de los Anales, aseguramos la ausencia (casi) total de escritoras y presencia de una mirada hispano-céntrica que vuelve lo indígena exótico. Resulta prueba irrefutable que la racionalidad técnica la realizan sólo los “hombres de ciencia24”.

1. Género

14La distinción educativa de los géneros es preocupación mayor del pensamiento guzmaniano. Desde la publicación de la obra premiada De la organización de la instrucción primaria de El Salvador, exige que el “Supremo Gobierno” edite un “Libro del Hogar” para cultivar a la mujer “en todas sus obligaciones y deberes25”. “Un servicio doméstico inteligente y bien dirigido” presupone que el propio “señor Ministro de Instrucción Pública” aplique el rigor de la ciencia en la formación técnica de la mujer para cuidar “el santuario del hogar26”. Parece inútil que la fémina ocupe “las funciones sociales más honoríficas” si “se descuidan los quehaceres domésticos”. Como legislador, Guzmán no imagina la posibilidad de compartir un trabajo administrativo cotidiano. Más bien, su proyecto científico de nación se enfoca hacia el “cumplimiento [estricto] de esas obligaciones” que le pertenecen de lleno al eterno femenino. “Las labores domésticas […] debe la mujer hacendosa desempeñarlas en cuanto su tiempo se lo permita y lo reclamen también las necesidades del hogar”. Negarse a ello significa —en el caso de la mujer, no del hombre— “necedad o pereza”. Para evitar toda negligencia mujeril, su proyecto de “organización de la instrucción primaria” incluye un capítulo intitulado “Enseñanza especial para niñas. Labores de aguja y elementos de economía doméstica”. La educación laica —“republicana y democrática”— recomienda “imprimir[le] a la [enseñanza] femenina el lado práctico que le conviene” según “el destino o influencia que la mujer tiene necesariamente que ejercer en el seno del hogar27”. No se le negaría “la pluma y el libro, pero “es necesario admitir, aunque parezca nimiedad, que la aguja, el tricot y el lienzo son una indispensable trinidad para el triple destino de hija, esposa y madre28”. Desde temprana edad, la escuela primaria debe forjar un carácter “natural” que racionaliza “la economía doméstica” como “ciencia especial de la mujer que está destinada a dirigir el gobierno interior de la casa29”. Por esta formación constante, “será la mujer del hogar, encargada de la ropa blanca, de los trajes de la familia, será costurera, modista, bordadora30”. La disparidad entre el hombre y la hembra la ensancha un “hado” liberal que requiere amoldar “desde la niñez […] a las futuras madres”, mientras la función paternal resulta tan irrelevante que pasa por el silencio. La figura masculina profesional se sobrepone a las “labores propias del sexo femenino”. Un destino primigenio guía las opciones democráticas que Guzmán imagina para El Salvador, ya que el gobierno de lo público y lo privado se lo asigna a una distribución sexual dictada por sino fatídico y natural. La categoría de género limita la visión evolucionista del autor. Su proyecto de utopía liberal lo cimienta una imposibilidad cerrada al arbitrio humano. La acción presente la funda una división sexual adquirida por nacimiento. Lo biológico funda la libertad, o su falta de ejercicio. Si sus Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica y social mitigan “la exclusión profesional que antes existía entre nosotros” reconociéndola como “injusticia”, reconoce que “el padre, esposo o hijo deben procurar para concurrir para el sostén de la familia”, ya que el hombre representa al “ciudadano [con] derechos y deberes que cumplir en los cargos públicos31”.

La belleza

15Aun si la misma reseña sobre “economía doméstica” incita al “espíritu serio y filosófico” —del hombre por supuesto— a considerar que “la mujer” no es el único objeto de placer estético, su “bella” presencia se requiere a la hora de evaluar una “exposición nacional”, como aderezo al talle de la “selecta sociedad32”. Si la nueva sensibilidad científica considera que “la belleza no sólo se encuentra en el rostro de las mujeres [sino] existe en todo lo que nos rodea”, el despliegue de resultados científicos necesita de su concurrencia. “Asistieron nuestras altas clases sociales de esta capital y departamentos, y en particular el bello sexo salvadoreño33”. La ciencia dejaría de proponer simples juicios analíticos, para endulzarse gracias a la distinción social que propone su ejercicio y exhibición, así como a los atractivos de recrear la mirada masculina ante “el bello sexo”. Frente al peligro que la mujer le dispute al hombre posiciones influyentes, al estado liberal le concierne asegurarse que la fémina cumpla “los sagrados deberes” de “hija, esposa y madre34”. En cronología evolutiva, estos quehaceres mujeriles no se visualizan como un simple trabajo. Representan una esfera que Guzmán y sus contemporáneos llaman un “arte”, la cual les reservan a conyugues y criadas.

Etnicidad

16La etnografía que exalta la noble descendencia “egipcia” e “israelita” de mayas, pipiles y aztecas, comprueba el agotamiento actual de cualquier otra raza y cultura centroamericana distinta de la española castiza o, en su defecto, de la europea y mestiza35. El estudio etnográfico del pasado es excusa para asentar el predomino político hispánico sobre otras culturas y razas centroamericanas “inferiores”. Lo indígena se visualiza siempre como “antigüedades […] precolombinas36”. Esta remisión de “artes y cultura de nuestros aborígenes —“primitiva raza”— hacia lo pretérito acentúa la modernidad progresiva de lo hispanoamericano37. Desde Guatemala se augura que “su decadencia posterior sabemos a qué debe atribuirse [al hecho de ser] razas vencidas y sujetas […] y así seguirán hasta que se confundan o se acaben38”. Entre los ideales modernizadores del Museo se conjeturan el acabamiento y supresión de lo indígena. El breve artículo “Etnología” resultaría suficiente para evaluar el lapso de racionalidad que separa las clasificaciones botánicas y zoológicas de las humanas39. Si fauna y flora Guzmán las observa bajo un prisma de creciente rigor taxonómico, a su conciudadano indígena lo imagina en contacto con el Mediterráneo antiguo. Por ficción crédula, desde la época prehispánica, existe ‘comercio global’ entre los egipcios y la Costa del Bálsamo en el Pacífico salvadoreño. Como siempre, según expresión ingenua, se recurre a ‘hechos’ que ‘hablan por sí mismos’ al demostrar semejanzas del Egipto antiguo con el continente americano. En lo que considera ‘cientificidad acertada’, Guzmán sólo expone la evidencia irrefutable con claridad necesaria. Mientras el estudio de plantas y animales útiles recurre a métodos químicos y biológicos modernos, el antropológico se conforma con leer La Biblia y documentos similares, para comprobar la antigua raigambre indígena en el Viejo Mundo. Así, los líderes indígenas participan en la construcción de la “torre de Babel” y viajan por Babilonia. Esconden “tesoros de la antigua gentilidad india” en el “Soconuzco”. “Las naciones que componen el imperio mexicano pertenecen a la descendencia de Nephtuin que sale de Egipto” y el paradigma de la civilización mesoamericana — los toltecas — “eran de la casa de Israel”, a quienes “el profeta Moisés sacó del cautiverio en que los tenía Faraón”. Prueba de esa liberación Guzmán la encuentra en “la intolerancia de Moisés” quien “quiso trasladar[los] a las riberas del mar Bermejo [golfo de California] que hoy es parte de la República Mexicana”. Las quimeras mitológicas — disfrazadas de ciencia — pueblan las teorías históricas de Guzmán. Bajo su perspectiva ‘científica’, la ficción novelesca ofrece hechos palpables. Las acusaciones que su espíritu de biólogo dirige contra escritores se revierten en espejeo hacia su escritura de la historia. “Creer que la Botánica, en el sentido literario, es una prosaica representación de la vida estética, es una ignorancia imperdonable a poetas y literatos40”. Esta correspondencia cultural podría juzgarse positiva —indígenas tan civilizados como egipcios, israelitas, etc.— si no fuera porque un determinismo geográfico — también teoría ‘científica’, por supuesto— demuestra que “la obra bienhechora” de la antigüedad clásica decae por la influencia del clima. Hasta los pueblos más desarrollados —“extranjeros del Norte de Europa, ingleses, alemanes, franceses, holandeses, etc.”— al “llegar a nuestros países robustos y brotando de vida por todo su cuerpo [hemos visto que] a[l] establecerse [en] las costas y a poco tiempo degenerar, palidecer, enflaquecer41…”. Acaso esa influencia climática —aunada al espíritu de conquista— hace que el despegue de la antropología salvadoreña visualice a los indígenas como “raza decadente” e informe, afectada también por un clima impío y sumisión colonial42. La caracterización guzmaniana culmina en el asombro que contrapone la gloria pretérita con la decadencia presente. “Qué contraste! Quién al meditar sobre las hermosas ruinas de sus antiguas ciudades podría reconocer en estos restos de aquella civilización el poder de una raza que yace sepultada en la noche del olvido”, cuyo único destino lo señala la consumación43. Al cabo, la historia prehispánica muestra una falta crasa de vigilancia intelectual la cual permite la publicación de largos artículos sin fundamento documental serio —“Los mayas descienden de los egipcios”— al lado de unas taxonomías biológicas rigurosas44. La ciencia natural le sirve al fundador del Museo Nacional de excusa para encubrir su ignorancia antropológica.

Migración neo-colonial

17Ante un “descalabro poblacional” indígena, el ideal demográfico de Guzmán implementaría una política migratoria que atraería colonos europeos “del Mediodía” —activos y laboriosos— para sustituir a los nativos, a sus ojos, soñolientos y decadentes. La figura racial europea haría del trópico, perezoso y durmiente, una utopía agrícola-industrial cuyo modelo nacional lo ofrece Bélgica45. El desarrollo no sólo lo dictaría la técnica ni la economía. Lo decretaría una transmutación racial y étnica del país. Las naciones independientes propiciarían una nueva “colonización que afiance su progreso”. Desde finales del siglo XIX, Guzmán recomienda que “la colonización e inmigración extranjera […] es una de las más sólidas y seguras bases en que debe apoyarse la prosperidad y desarrollo de la riqueza de estas florecientes y vírgenes comarcas de la América Central46”. A lo que la actualidad visualizaría como transferencia de capital y tecnología, científicamente, Guzmán agrega “la importancia de la inmigración en relación con el desarrollo de la riqueza pública47”. Obviamente, este traspaso demográfico sería selectivo, ya que “el europeo de Mediodía se hallará notablemente bien en nuestras latitudes, mientras que el negro africano llevará una existencia enfermiza48”. La antropología culmina con recomendaciones para que el gobierno promueva una vasta política diplomática por “la inmigración de activos e industriosos colonos49”. Guzmán comprueba que existen correlaciones directas entre raza — india-ladina/mestiza-blanca — y clase social, las cuales presuponen que, junto a un blanqueamiento, una “fusión de razas” fomentaría el desarrollo50. Más aun, la secuencia racial antedicha se corresponde con el transcurso evolutivo de la humanidad cuya prueba tangible, mencionamos, lo aporta el tránsito del balbuceo animal africano al logos europeo.

18Lo que la actualidad percibe en términos sociológicos estrictos —disparidad económica, pobreza y poder político— en Guzmán se reviste también de un carácter biológico-racial irremisible. El único “porvenir de la raza india” lo augura su disolución51. “La paz, trabajo y libertad” que el gobierno propicia por la creación de escuelas no bastarían para elevar la “raza india”. A este indiscutible quehacer gubernamental — que actualiza el “apostolado lascaciano”— es necesario añadir su “incorporación forzosa en el gran movimiento civilizatorio del siglo52”. El transvase biológico-racial — fusión con la raza criolla o con la ladina — resulta una acción tan necesaria como la educativa y social. Blanqueado, al indígena se le vaticina un progreso certero y creciente.

Conclusión

19Confinamiento de “la mujer hacendosa” en “labores domésticas” —del indígena en su grandeza pretérita— encaminaría al hombre hispano moderno hacia un progreso similar al de los países civilizados y pujantes: anglo-americanos y europeos. Acaso por la sumisión de la ciencia social a designios gubernamentales y comerciales, a diferencia de México y Francia, en El Salvador nunca se funda un “Colegio de Altos Estudios” con suficiente autonomía para conducir investigaciones científicas y antropológicas de largo alcance. La labor del Museo Nacional, los Anales y el pensamiento de Guzmán nos informan por qué razón en el país se vuelve tan difícil inculcar un pensamiento crítico laico, más allá del tributo que se profesa por los regentes del orden universal: “supremo estado” y “capital”. Imaginaríamos una exposición honesta del legado guzmaniano la cual enfrente a la audiencia actual a su visión evolutiva primaria de pueblos, razas y lenguas, al igual que al “destino doméstico” de la mujer, ya que su renombre resuena como fundador de la antropología salvadoreña y de la ciencia biológica.

20Por paradoja nacionalista, quien por décadas le otorga su nombre al actual Museo de Antropología (MUNA) carece de una visión en defensa del indígena y percibe sus costumbres como “antipatrióticas”, ya que promueven las “tierras del común” —autorizadas por la corona española — las cuales atentan contra el principio “eterno” de la propiedad privada, cuya “consecuencia necesaria” es la “idea” misma de “patria53”. Quizás este emblema caracterice la singularidad salvadoreña — al menos en la esfera antropológica — como país sin instituciones indigenistas sólidas. Su máximo lugar de expresión, para las culturas a las cuales representaría, lo patrocina el ideal anti-indigenista por disolverlo.

21Según los Anales del Museo Nacional, el objetivo de una institución tal jamás consistiría en abrir espacios para expresar una diversidad étnica nacional, la cual debe extirparse54. “El Museo Nacional no es un establecimiento destinado a coleccionar objetos curiosos [como la cultura indígena actual] o destinados a estudios teóricos sobre Ciencias Naturales o Biológicas, sino un centro destinado a dar las más grandes amplitudes a la riqueza nacional”; por eso, como en EEUU, lo patrocinarían “el Gobierno y los grandes propietarios y comerciantes55.

22En la actualidad, no nos extrañaría que el Museo Nacional de Antropología (MUNA) — continuador nominal del legado guzmaniano — sólo visualice al indígena en lo arqueológico — glorioso, pretérito y difunto — mientras, cara a cara, le niega a nuestros contemporáneos el derecho a la representación. A mediados del 2009, cuando todos los intelectuales de izquierda hablan de “cambio”, aún estamos a la espera de que instituciones oficiales inauguren un “arte de la conversación lograda” con los indígenas salvadoreños para que, al aproximarse a ellos, la nación alcance “algo común” con las minorías desdeñadas. El logro conjunto reconocería riqueza pluricultural de la nacionalidad salvadoreña, al igual que el derecho indígena a la autonomía y tierras ancestrales, cimiento de su expresividad artística y desarrollo regional.

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Anales del Museo Nacional
Anales del Museo Nacional

Bibliografía mínima de David J. Guzmán

24Guzmán, David J., Obras escogidas, (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2000). Carlos Castro (Ed.).

25—-. Especies útiles de la flora salvadoreña médico-industrial : con aplicación a la medicina, farmacia, agricultura, artes, industria y comercio, (San Salvador: Ministerio de Educación, Dirección de Publicaciones, 1980).

26—-. Nuevo método para leer y declamar correctamente: para Escuelas Primarias Superiores e Institutos de Enseñanza Secundaria y Normal ; complemento del Prontuario de elocución, estilo, declamación y elocuencia ; principios fundamentales de la palabra, (San Salvador: Revista del Ateneo, 1923).

27—-. Fitopatología; estudio de las enfermedades que afectan a las plantas agrícolas de el Salvador, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1919).

28—-. Laboratorio de patología vegetal : Parte primera, plagas de la agricultura, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1919).

29—-. Prontuario de alocución, estilo, declamación y elocuencia : Vade-mecum del orador salvadoreño. (San Salvador: [s.n.], 1915).

30—-. Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica y social, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1914).

31—-. Catálogo de los artículos del departamento tecnológico, (San Salvador: Museo Nacional “David J. Guzmán”, 1910).

32—-. Catálogo analítico y general de los objetos que el Salvador presenta en la Exposición nacional de 1904. San Salvador, 1904.

33—-. Cartilla de agricultura para uso de las escuelas primarias de la República, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1903).

34—-. Anales, Órgano Oficial del Instituto del Mismo Nombre. 1903-1911.

35—-. Reglamento del Museo Científico, Agrícola e Industrial de El Salvador, (San Salvador: Museo Nacional “David J. Guzmán.” 1902).

36—-. Catálogo oficial de los productos que la Republica del Salvador envía a la Exposición International de Paris de 1889 con un cuadro estadístico é historial de todas estas producciones por David J. Guzmán, (San Salvador:Imprenta Nacional, 1888).

37—-. Catálogo oficial de los productos que la República del Salvador envía a la Exposición Internacional de Paris de 1889, (San Salvador : Imprenta Nacional, 1888).

38—-. Catálogo oficial de los productos … con un cuadro estadístico é historial de todas estas producciones, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1888).

39—-. Concurso pedagógico de 1887 : De la organización de la Instrucción Primaria en El Salvador, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1886).
—-. Exposición Universal de Chile : Catálogo del Salvador, (San Salvador: Tipografía Nacional, 1875).

40Bibliografía complementaria

41Cerna Chavarría, Efraín.; Guzmán, David J.; Velásquez, José Humberto.
Materiales para el estudio de David J. Guzmán /. San Salvador: S/n, 1979.
González Casanova, Pablo. “Colonialismo interno [una redefinición]”. La teoría
marxista hoy, 409-434. http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/campus/marxis/P4C2Casanova.pdf

42Agradezco la invitación de la Fulbright a Washington DC, del 24-28 de junio de 2009, la cual me permitió consultar la Biblioteca del Congreso para concluir el presente artículo.

43Notas de pie de página

441 Anales del Museo Nacional, No 3, septiembre 1º de 1903, pág. 118.

452 Boas financia el viaje del antropólogo alemán Leonhard Schultze-Jena quien recolecta el ciclo mitológico más complejo en lengua náhuat: Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco, 1930-1935. Véase Stephen Whitfield, “Franz Boas: The Anthopologist as Public Intellectual”, Society, Vol. 47, (July 2010), págs. 279-373.

463 Anales, I. 2, agosto, 1903, pág. 39.

474 L. R., Anales, I. 1, julio/1903, pág. 2.

485 Si el propio MUNA que lleva el nombre de Guzmán se niega a organizar una sala al pensamiento anti-indigenista y racial de su autor intelectual, esta omisión da cuenta de la dificultad que tiene el siglo XXI por evaluar el legado de los clásicos y sus orígenes intelectuales.

496 Anales, I. 1, julio/1903, pág. 1. Véase: Ilustración I.

507 Anales, I. 2, agosto/1923, pág. 63.

518 Anales, II. 12, agosto, 1905, pág. 665.

529 Anales, I. 1, julio, 1903, pág. 37.

5310 Anales, I. 3, septiembre, 1903, pág. 81.

5411 David J. Guzmán, Apuntamientos sobre la topografía física de la República del Salvador, comprendiendo: su historia natural, sus producciones, industria, comercio e inmigración, climas, estadística &. San Salvador, (El Salvador: Tipografía de “El Cometa”, 1883), pág. 447. El náhuat o pipil es la lengua indígena más importante del país, hablada al occidente de El Salvador, precisamente en la Costa del Bálsamo cuyo producto agrícola a Guzmán le interesa exportar. No debe confundirse con el náhuatl o mexicano, hablado en el altiplano central de México. Pese a su parentesco cercano, ambas lenguas presentan diferencias radicales que hacen imposible la traducción inmediata. Por ejemplo, si el náhuat dice yéi púal (3 × 5), el náhuatl posee un término para ese número, caxtolli (15).

5512 David J. Guzmán, De la organización de la instrucción primaria en el Salvador, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1886), pág. 68-69.

5613 De la organización, 1886, pág. 69.

5714 Anales, I. 1, julio, 1903, pág. 15.

5815 Anales, I. 1, julio, 1903, pág. 17.

5916 Anales, I. 1, julio, 1903, pág. 17.

6017 Anales, I. 2, agosto, 1903, pág. 47.

6118 Anales, I. 2, agosto, 1903, pág. 73.

6219 Anales, I. 6, diciembre, 1903, pág. 146.

6320 Anales, I. 2, agosto, 1903, pág. 47.

6421 Anales, I. 6, diciembre, 1903, pág. 238.

6522 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 513.

6623 Anales, I. 7, 1904, pág. 294-298.

6724 Anales, I.4., octubre, 1903, pág. 161.

6825 Anales, I.4., octubre, 1903, pág. 161.

6926 Anales, I.4., octubre, 1903, pág. 161.

7027 David J. Guzmán, De la organización, 1886, pág. 99.

7128 Lugar citado.

7229 Lugar citado, pág. 100.

7330 Lugar citado.

7431 David J. Guzmán, 1914, págs. 86 y 88.

7532 Anales, I. 4, octubre, 1903, pág. 135.

7633 Anales, I. 10., diciembre, 1904, pág. 486.

7734 Lugar citado, pág. 295.

7835 “Etnología”, Anales, I. 3, septiembre, 1913, pág. 108-112.

7936 Anales, I. 7, 1904, pág. 286.

8037 Lugar citado y 317.

8138 J. Rodríguez Luna, Anales, 2. 14., septiembre, 1905, pág. 741.

8239 Anales, I. 3, septiembre, 1903, pág. 108-112.

8340 David J. Guzmán, _ Especies útiles de la flora salvadoreña médico-industrial : con aplicación a la medicina, farmacia, agricultura, artes, industria y comercio_, 1924, (San Salvador: Ministerio de Educación, Dirección de Publicaciones, 1980), pág. 8.

8441 Anales, I.3., septiembre, 1903, pág. 124.

8542 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 505.

8643 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 505.

8744 Anales, III. 17, julio, 1906, pág. 12-21.; III. 18, noviembre, 1906, pág. 81-85 y III. 19, marzo, 1907, pág. 158-163.

8845 Anales, marzo, 1906, 16, pág. 853.

8946 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 405.

9047 David J. Guzmán, 1883, pág. 417.

9148 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 407.

9249 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 417.

9350 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 516.

9451 David J. Guzmán, Apuntamientos, 1883, pág. 517.

9552 Lugar citado.

9653 David J. Guzmán, Comentarios sobre instrucción cívica y moral práctica y social, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1914), pág. 141 y 194.

9754 Véase Ilustración II, Reglamento del Museo Nacional.

9855 Anales, I. 3, septiembre, 1903, pág. 82.

99

Para citar este artículo :

Rafael Lara-Martínez, « Antropología y colonialismo interno David J. Guzmán, entre “poder supremo” y “capital” », Boletín AFEHC N°46, publicado el 04 septiembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2510

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