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AFEHC : diccionario : DEL PUERTO, Francisco : DEL PUERTO, Francisco

Ficha n° 2512

Creada: 29 octubre 2010
Editada: 29 octubre 2010
Modificada: 29 octubre 2010

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Paul LOKKEN

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

DEL PUERTO, Francisco

Distribución de los bienes que produjo un español, con sus actividades comerciales y de estanciero en la provincia de Chiquimula de la Sierra, Honduras y Yucatan.
Cargo o principal ocupación:
Tratante
Casó:

1Soltero

Nació:
provincia de Guipúzcoa, señorío de Vizcaya, en España.
Murió:
5 de noviembre de 1626 en Chiquimula de la Sierra, Guatemala
Padres:

1Juanes del Puerto (casado en segundas nupcias) y María Domínguez de Arrazuvia

Resumen:

1El pueblo de Chiquimula de Sierra era la cabecera del corregimiento del mismo nombre, en el cual hacia 1620 existían 20 pueblos y hasta unos ochenta estancias de ganado y labores con una población de cerca de veinte y cinco mil habitantes entre indios, más de 80 % y el resto unas centenas de criollos y gachupines con unos pocos miles de negros, mulatos, pardos, zambos, viviendo de cultura de subsistencia. Los indigenas cosechan algo de cacao mientras los otros habitantes criaban más que todo ganado y mulas, producían cueros y cebo, se dedicaban al comercio y contrabando, a la explotación de bosques, de carbon y brea. Francisco del Puerto, natural de la provincia de Guipúzcoa del Señorío de Vizcaya, quien llegó al pueblo de Chiquimula de la Sierra por el año de 1608. Dejó en su tierra natal a dos hermanos, Juanes y Domenja; los tres fueron hijos legítimos de Juanes del Puerto y María Domínguez de Arrazubia (Arrazuvia).
Francisco murió intestado el 5 de noviembre de 1626 en el pueblo de Chiquimula .

2Juan Guillén, residente en el pueblo de Chiquimula, inició en septiembre de 1627 un pleito contra los bienes de Del Puerto. Según Guillén, sin duda interesado de sobreestimar sus servicios, cuando Francisco del Puerto llegó a Chiquimula de la Sierra era “(...) tan pobre que no tenía doscientos pesos de caudal ”. Y porque no conocía aquella región, le “ pidió y rogó (...) que se encargara de tratar y contratar por él, prometiéndole la debida recompensa ”. Guillén empezó a comerciar con el pequeño caudal de Francisco, “ procurando ropa al crédito para acrecentar el trato y caudal ”. Atendió los asuntos del difunto y dejó de realizar sus propias actividades que le dejaban ganancias y utilidades, según sus propias palabras. Así que Guillén, su mujer Antonia de Morales Meló, sus criados de servicio y esclavos, hombres y mujeres, ocuparon todo su tiempo para ayudar a Del Puerto, bajo la disposición, orden y asistencia de su mujer, “(...) vendiendo y comprando ropa y otras cosas, a cambio de cacao y rescatándolo con la dicha Morales, y con dinero y otras especies, tanto en la plaza como por las calles y de casa en casa ”.

3Amasaban harina y hacían y vendían pan y bizcocho (cebolla seca); también vendían maíz, quesos, tasajo y legumbres en el pueblo de Chiquimula de la Sierra y otros de la jurisdicción. Comerciaban con cacao, alrededor de entre 80 y 100 cargas. Guillén hizo cuatro viajes, con sus criados y mozos, a la ciudad de Gracias a Dios y Tencoa, en Honduras. Llevaba mercaderías y traía mulas y otros objetos de aquellos lugares, los que vendía en Guatemala. Le ayudó con fidelidad, de tal manera que con las mulas y el cacao que iba comprando se acrecentaron los bienes del español. De esta manera colaboró durante 12 años con Del Puerto y éste pudo pagar 15 mil pesos que debía, y guardar otro tanto. Todo esto con la ayuda de Guillén, su mujer, criados y esclavos. Quienes también hacían y cosían ropa blanca.

4Desconsolado, Juan Guillén dijo que a pesar de todos los servicios que dieron a Francisco del Puerto para que hiciera su fortuna, éste no les dio “ cosa alguna, aunque siempre les prometía que les daría una gran recompensa ”. A él le dio un vestido de paño de la tierra y otro a su mujer, ambos de poco valor; y les aseguró y prometió que les daría una estancia en pago por lo que le habían ayudado. Guillén avaluó su trabajo durante aquellos 12 años en mil tostones anuales, por lo menos, y presentó la demanda por 12,000 tostones.

5Para comprobar todo lo que expuso, Guillén presentó a 18 testigos entre los que estaban varios empleados y deudores del difunto, así como familiares, amigos, ahijados y compadres suyos, de diversos oficios, profesiones, etnias y grupos sociales. Había un cura, un dueño de hacienda, negros libres, mestizos, mulatos y españoles.

6Cuando Francisco del Puerto murió inesperadamente ejercía el cargo de teniente de Receptor y Depositario General de las Condenaciones de Penas de Cámara y Gastos de Justicia. Dejó gran cantidad de deudores y acreedores, que patentizan la complejidad de sus actividades mercantiles.

7Entre los deudores había mestizos, indios, mulatos, negros y españoles. Fue fiador de los indios del pueblo de Ipala, por los rezagos de tributos que debían al rey. A un mulato libre, oficial de herrero, le vendió una fragua, con todas sus herramientas y aperos. La mayoría de deudas fueron por mercaderías a consignación, préstamos personales, venta de ropa al fiado a sus empleados, por 1,072 tostones. A estos últimos se les concedió, por parte del juzgado de Bienes de Difuntos, una prórroga de ocho meses para el pago de las deudas, con consentimiento de la parte de los herederos del dicho difunto.

8Lo curioso y poco conocido de estos casos hace necesario su mención. Diego de Chávez,su esclavo mulato, solicitó espera para el pago de la deuda, justificó su solicitud por su pobreza e imposibilidad para pagarla. Dijo que esa cantidad la había recibido en ropa, por parte de Del Puerto, cuando “(...) _trabajaba en la recua_” de éste. Asimismo, solicitó su libertad para poder trabajar y con su sueldo ir pagando la dicha deuda. Gabriel de Chávez, negro libre, también recibió ropa cuando trabajaba con el difunto contando cargas de cacao, enviando gente a cortar hierba de xiquilite y otros servicios personales suyos. Juan de Avilés era oficial de sastre; acumuló su deuda por la ropa que recibió y se comprometió a pagarla por partes y desquitándola con su trabajo de hechura de jubones y vestidos que le hacía al difunto y a sus criados. Estaban presos en la cárcel del pueblo.
Había otros deudores, de pequeñas cantidades, tal como el escribano publico Diego Ruiz de Arteaga,los hermanos Gaspar y Juan Lobo, dueños de su estancia en termino de Ipala , Diego e Isabel de Castro etc. Juntos debían más de 500 tostones.

9Además de las transacciones que hacía con respaldo legal también realizaba tratos solamente de palabra, amparado en el prestigio y conocimiento de la otra parte. Tal fue el caso de Juan Antonio Moreno quien le envió una carta a Del Puerto el 30 de junio de 1626 donde le manifestó que su padre, Alonso Gómez Moreno, le era aficionado a Del Puerto, por su buen nombre. Juan Antonio era padrino de Juan de Lemus, otro deudor que vivía en Mita. Dijo Moreno: “(...) si hubiera comodidad de hacerme merced de una carga de cacao y unas mantas patis y unos guaipiles de San Pedro Oxiotes y naguas de Chiapa y diez tostones de cera de Yucatán, todo monta con el cacao cien tostones, Vm. me la haga, que la paga será en tinta entregada al dicho o en Mita (...)”.

10Entre sus bienes se encontraron una estancia de ganado mayor, valuada en 2,100 tostones y situada en Quezaltepeque, de la jurisdicción de Chiquimula. Tres casas, una con techo de teja y dos con techo de paja, que estaban situadas en el pueblo cabecera del corregimiento. También había varios libros: Aritmética de Moya, de medio pliego; Historia Pontifical y Católica; Redención, pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo; Flos Sanctorum ; Historia de la Gran China; Vida de San José; Historia Pontifical y Católica. Además de varios lienzos pintados con motivos religiosos, unos con sus marcos.

11Aunque Francisco no se casó sí tuvo descendencia con dos mujeres solteras, las que tuvieron una hija cada una. La primera hija, Catalina, la tuvo con Francisca de Coronado. A esta doncella la reconoció como hija suya y la recluyó en el beaterio de Santo Domingo de la ciudad de Santiago de Guatemala, en donde le enviaba todo lo necesario para su vida. Francisco trató de casarla, cuando ya estaba en el beaterio, con Francisco Xirón, por medio y con intervención del rico mercader Alonso Tamariz de Aguilar, vecino de la ciudad de Santiago, a quien escribió al difunto unas cartas sobre el asunto.

12La segunda hija la engendró en María de Vargas, mujer principal residente en su hacienda que tenía en el pueblo de Ipala era bisnieta del conquistador de Guatemala, Juan Lobo y de su muger Elvira de Vargas; por medio de Miguel Mateo, procurador del número de la Real Audiencia, entabló demanda a los bienes del dicho Francisco. La hija se llamaba Mariana, Mariana del Puerto “la Chapetona”. María de Vargas presentó testigos como prueba de que Mariana era hija natural de Francisco del Puerto. En este pleito, Vargas pidió que se le dieran 6,000 pesos y el residuo de los bienes del difunto servirían para la dote de Mariana. María de Vargas era mujer noble y principal, hija legítima, de padres y abuelos nobles, hidalgos notorios y reconocidos. Cuando se conocieron, Vargas era doncella y Francisco del Puerto le ofreció matrimonio, y en este lance tuvo amistad y comunicación con ella, por lo cual resultó preñada. En agosto de 1627, Mariana tenía aproximadamente cuatro años de edad. Esta niña fue reconocida por Francisco como hija suya, y de acuerdo con los testigos “ (...) tuvo cuidado de hacerle criar, acudiendo con lo necesario, así para ella como para la dicha su madre, en ratificación de la palabra que antes y entonces y siempre le dio de casarse con ella ”.

13Vargas argumentó que si Francisco del Puerto no la hubiera persuadido de que se casaría con ella, pudo haber tenido la oportunidad de casarse bien, pues hubiera hallado muy buenos partidos para casamiento. Vargas perdió esta oportunidad por la seducción que le hizo Del Puerto. Por lo tanto, con lo menos que podía resarcirse el daño era que de los bienes de Francisco se le dieran 6,000 pesos, para que ella pudiera elegir estado, según su calidad, así como para su subsistencia y la dote de su hija. Pidió eso porque no sabía de la existencia de los herederos forzosos del difunto, así como de la otra hija, Catalina. Desde la villa de Zarauz, provincia de Guipúzcoa, España, en abril de 1628, Joanes y Domenja del Puerto, hermanos de Francisco del Puerto, comenzaron los trámites para obtener los bienes de su hermano, nombrando para ello un representante.
En Santiago de Guatemala, en noviembre del mismo año, el juez general de Bienes de Difuntos declaró que los hermanos de Francisco eran herederos legítimos, y que les pertenecían “ (...) todos los bienes y herencias y derechos y acciones que quedaron y pertenecieren al dicho difunto. Y como a tales pertenecerles todo el remanente de sus bienes y hacienda ”.
Por último, en 1629 se hizo un balance parcial de los gastos del juicio, el cobro y pago de las deudas y el remate de los bienes. Resultó que las deudas a favor del difunto ascendíeron a 20,646 tostones y 3 reales. La cantidad de deudas del difunto fue de 6,748 tostones y 1 real. Así que el líquido fue de 13,898 tostones y 2 reales. A las hijas naturales, Mariana y Catalina, les correspondió 2,316 tostones, equivalente a la sexta parte de los bienes líquidos. A cada una le tocó 1,158 tostones. A los procuradores también les tocó su parte; a Miguel Mateo, curador ad lítem de Mariana del Puerto, por gastos del pleito y alimentos, 200 tostones. A Juan Martínez de Ferrera, curador ad lítem de Catalina del Puerto, 200 tostones a cuenta. Posiblemente quien menos disfrutó de sus esfuerzos y el producto de su trabajo fue el mismo Francisco del Puerto, quien por infortunio murió inesperadamente y no dejó designada la distribución de sus bienes, tal y como hubiera deseado.

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