Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('54.157.3.92', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : diccionario : SABALJÁUREGUI, Juana María de : SABALJÁUREGUI, Juana María de

Ficha n° 2515

Creada: 02 noviembre 2010
Editada: 24 diciembre 2010
Modificada: 02 noviembre 2010

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 0
Total de visitas : 200 (aprox.)

Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Información:

El campo "Fuentes" esta en acceso restringido e reservado a los colaboradores del diccionario biográfico centroamericano

Para colaborar contactar los editores

Publicado en:

ISSN 1954-3891

SABALJÁUREGUI, Juana María de

Vicisitudes privadas y públicas de una viuda de funcionario público
630
Cargo o principal ocupación:
Ama de casa
Casó:

1José Melchor de Ugalde, tesorero de la Real Hacienda en Sonsonate

Nació:
Se ignora
Murió:
Mixco, Guatemala; se ignora la fecha.
Padres:

1Juan de Sabaljáuregui y María Ana Marín de Valenzuela

Resumen:

1Cuando el tesorero de la caja de Sonsonate y administrador de Correos, José Melchor de Ugalde, murió repentinamente e intestado en octubre de 1770 dejó a su viuda una serie de dificultades por resolver ante las autoridades locales de Guatemala. La inconstancia en la actualización de las cuentas de los cargos públicos que desempeñó Ugalde, dio lugar a que doña Juana María de Sabaljáuregui fuera acosada por los burócratas que supuestamente defendían los intereses reales y acusaran al difunto de desfalco a la Real Hacienda, por lo que le embargaron todos sus bienes. También la viuda fue apremiada por las personas con quienes su marido tuvo negocios.

2Una de las principales contiendas legales que libró la familia de doña Juana fue el pleito que su madre, doña María Ana (Mariana) Marín de Valenzuela, emprendió con la justicia real para recuperar una casa de su propiedad que fue embargada entre los bienes del difunto Ugalde. Esta casa estaba situada en la calle “ancha” que llamaban “de Gálvez” y que conducía al convento de Santo Domingo de la ciudad de Santiago de Guatemala. Doña Mariana Marín, viuda de don Juan Antonio Sabaljáuregui, había comprado esta casa a los herederos de don Domingo Samayoa y la reedificó con la finalidad de donarla a su hija legítima, doña Juana.
Doña Juana era conocedora de los trámites burocráticos y procedimientos legales de las actividades comerciales de su tiempo, pues su marido en 1765, le otorgó un poder general para que lo representara en las transacciones mercantiles que tenía en el comercio local, de México, Perú y España. De igual manera se asoció con don Ramón de Lupategui, en una compañía de comercio, unos meses antes que falleciera su marido.

3Por lo tanto, a casi un año de enviudar pudo desenvolverse sin ninguna dificultad en el ámbito legal. Se acostumbró a recibir notificaciones y presentar escritos sobre conformidad y alegatos de las cuentas que presentaron los socios, deudores y acreedores de los bienes familiares. Especialmente en el juicio de cuentas que enfrentó contra don Juan de Montes de Oca, el cual principió después que ella analizó las cuentas que presentaron los señores don José Piñol y don Juan Montes de Oca; estuvo de acuerdo con las que presentó el primero, pero no así con las del segundo, quien no las justificó con recibos y órdenes correspondientes y que, además, había incluido varias partidas de mercaderías que supuestamente le había entregado a ella, o emitidas por su orden, de las cuales doña Juana no tenía conocimiento. Montes de Oca había hecho un regalo al hijo de Ugalde y Sabaljáuregui y luego, en este juicio de cuentas, lo colocó como mercadería dada a Ugalde y, por lo tanto, sujeto de cobro y pago.

4En este litigio de bienes de difunto se manifiestan las relaciones comerciales que su marido tuvo con los mercaderes pudientes de Santiago de Guatemala, tal como don Juan Fermín de Aycinena, de las cuales doña Juana formaba parte.
En marzo de 1775, doña Juana presentó las cuentas de la gestión de su marido en la administración de la Renta de Correos. Para hacerlo tuvo muchas trabas y dificultades porque el administrador de esa institución no le proporcionaba diligentemente los documentos legalizados que ella requería para hacer el desglose de los ingresos y egresos del Correo, a pesar que en repetidas ocasiones el presidente de la Audiencia había instado al dicho funcionario que le entregara todos los comprobantes de “cargo y data”, para hacer la liquidación.
La vida cotidiana de doña Juana, como viuda de un funcionario real, siguió sin sobresaltos y atendiendo las necesidades de su casa, la crianza y educación de sus hijos y realizando transacciones propias de su condición social. Le había sido concedida una pensión por viudez de 333 pesos y 3 reales anuales, equivalente a la tercera parte del sueldo del marido en el cargo de Tesorero de la Real Hacienda.
Así, a instancias suyas, en 1778 cuando ya la nueva ciudad de Guatemala estaba establecida, le fue conectada a su casa una paja de agua por un pago a la Real Hacienda, y no al Ayuntamiento, de 21 pesos por la conexión y 4 pesos por la abertura en el depósito, y una contribución anual a censo enfitéutico.
En octubre de 1785, compró una esclava negra nombrada Juana María, de cinco años de edad y bautizada en el pueblo de Amatitlán, hija natural de la esclava llamada Luisa propiedad del Marqués de Aycinena, en 100 pesos. Un mes después dio prestados tres mil pesos a su hermano don Bernardo Domínguez, quien le otorgó un documento a su favor ante el escribano Antonio Santa Cruz.
Ya de avanzada edad, en febrero de 1791, doña Juana otorgó un poder a su hijo José Melchor de Ugalde para que pudiera realizar cobros a las personas que le debían. Esa misma potestad se la concedió al Administrador General de la Renta de Correos de la Nueva Guatemala, don Juan Miguel de Izaguirre, un mes después.

5Por una decisión desafortunada, doña Juana pasó momentos de angustia cuando le fue abierto un Juicio de Ejecución por deudas a la Real Hacienda. En una ocasión, se encontraba enferma en su casa de Mixco y le comunicó al mencionado administrador de la Renta de Correos, Izaguirre, cuando éste iba hacia Escuintla, que necesitaba dinero.

6El hermano de doña Juana, don Bernardo Domínguez, le debía a ésta 1,200 pesos. Así que a instancias de Izaguirre doña Juana redactó una breve carta requiriendo a su hermano el pago de la deuda o una parte de ella, para poder pagar la deuda que tenía a la Renta de Correos de 1,200 pesos; y dado que Izaguirre iba a Escuintla bien podía entregar la nota al deudor quien, a la sazón, se encontraba en aquella población.

7Dos semanas después de escribir la nota, doña Juana bajó a la ciudad de Guatemala y se enteró que su hermano no pagó ni un real a Izaguirre; así que fue con don Pedro Gómez, administrador interino de la Renta de Correos, a recuperar la esquela; pero éste no la entregó porque dijo que la había perdido. Doña Juana le aclaró a Gómez que la deuda que se mencionaba en la nota era imaginaria, y que no le debía ninguna cantidad a Izaguirre ni a la Renta.

8La breve carta llegó a manos de Gómez por medio de Izaguirre, quien se la entregó para que realizara las diligencias pertinentes y conseguir que Domínguez pagara dicha cantidad, o bien le diera la cantidad suficiente para la compra de los alimentos de doña Ignacia, hija de doña Juana, que se encontraba en ese tiempo en el convento de las Beatas. Izaguirre no le explicó a Gómez el verdadero sentido de la esquela, pero le dijo que a pesar de la deuda de doña Juana a la Renta de Correos le siguiera pagando su pensión, cosa que no hizo Gómez, sino que presentó una demanda contra doña Juana por esta deuda al fisco.
En diciembre de 1792, cuando doña Juana fue llevada al tribunal reconoció que había escrito la esquela. Luego, el presidente de la Audiencia, Bernardo Troncoso, mandó que se requiriera el pago de la supuesta deuda, y como ella dijo que no tenía dinero se le inició el procedimiento judicial de embargo y venta de sus bienes para cubrir la deuda. Previo a la ejecución, doña Juana ofreció en pago un escaparate con espejos, con su mesa y dos tibores grandes de losa de China, que no fueron aceptados pues se consideró que no cubrían ni el pago de las costas procesales.

9Cuando se le embargaron los bienes a doña Juana se estimó que no cubrían el valor de la supuesta deuda, y el defensor de la Renta de Correos sugirió que se le embargara la casa que ella poseía y que estaba situada en la calle que conducía al convento de Santo Domingo, en la Antigua Guatemala, que se había reconstruido con techo de teja en un terreno de 20 varas de ancho por 60 varas de largo.
Para demostrar que la deuda que dio lugar al embargo era ficticia, doña Juana recurrió a sus amistades, quienes atestiguaron a su favor cuando se les interrogó sobre el asunto. Estos amigos fueron el presbítero don Manuel del Castillo; don Antonio Clavería y su mujer Manuela Marroquín; don Manuel de Salazar, el maestro don Vicente González y doña Jacoba de Cárdenas, mujer de don Juan Miguel Izaguirre.

10En su oportunidad, en septiembre de 1793, el presidente de la Audiencia falló y declaró que no había lugar a la aplicación del remate de los bienes de doña Juana y revocó el mandamiento de ejecución, el desembargo de la casa mencionada y ordenó que se le devolvieran todos los bienes incautados; y por haberse fingido deudora a la Renta de Correos se le condenó en el pago de las costas del proceso.

11Como hemos visto, ya en el ocaso de su vida doña Juana no tenía suficiente liquidez. Esto se corrobora con el hecho de que antes de morir en su casa de Mixco había dado 250 pesos a su amigo don Antonio Clavería para la compra de varios animales. Una semana después, Clavería le manifestó que esa cantidad no era suficiente para comprar las 40 mulas que le había pedido. Para completar la cantidad de dinero requerido por Clavería, no se sabe la cantidad total, doña Juana vendió “unas ventanas” que tenía en su casa. Previamente, para obtener los mencionados 250 pesos doña Juana había vendido unas pulseras de perlas. De estas transacciones fueron testigos sus criadas María Felipa Morales, de 38 años; Manuela Musia Estrada, de 22 años; Antonia Martínez, mayor de 50 años; vecinas de Guatemala; y Gregoria Parejo, vecina de Villanueva de Petapa, también mayor de 50 años de edad.

12Después de la muerte de doña Juana sus herederos don Salvador Baños, marido de doña María Ignacia de Ugalde, y don José Melchor de Ugalde solicitaron al alcalde ordinario de la ciudad de Guatemala, en septiembre de 1796, que se les recibiera información (presentación de pruebas por medio de testigos) de la situación en que se encontraban aquellas mulas para pedir que se pusieran en depósito seguro. Esto lo decidieron por cuanto consideraron que Clavería era “notoriamente vago”, sin bienes y con mala fe, lo que demostró al no darles noticia de la existencia de tales bestias, y porque ya solamente había 20 mulas, las que se encontraban en el paraje llamado El Frutal, colindante con Villa Nueva de Petapa.

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.