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AFEHC : diccionario : DEL CASTILLO, Juan : DEL CASTILLO, Juan

Ficha n° 2516

Creada: 02 noviembre 2010
Editada: 23 diciembre 2010
Modificada: 02 noviembre 2010

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Stephen WEBRE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

DEL CASTILLO, Juan

Facetas humanas de un médico español que incursionó y prosperó en la economía colonial de Guatemala.
631
Cargo o principal ocupación:
Médico
Casó:

1Mariana de Arteaga

Nació:
Granada, España. Se ignora la fecha.
Murió:
El 17 de noviembre de 1629 en Santiago de Guatemala,
Padres:

1Juan del Castillo y Mariana de Estrada, vecinos de Granada, España

Resumen:

1Hasta ahora no se sabe cuándo llegó a Guatemala el médico y cirujano y boticario Juan del Castillo. Sin embargo, en la segunda década del siglo XVII ya incursionaba en el mercado de bienes raíces. En noviembre de 1614 compró unas casas con sus solares, donde funcionaba una tenería, situadas en el barrio de Santa Lucía. Además, ya gozaba de prestigio social al punto que la viuda de Miguel Archila, Francisca Méndez, le tenía suficiente confianza y lo nombró su albacea, junto con Gabriel Eguizábal, en el testamento que otorgó en mayo de 1616.

2Es probable que antes de llegar a Guatemala estuviera de paso en México, o bien radicó allí por algún tiempo, cuando el platero Diego de la Hoz le entregó 25 pesos para que costeara un pleito en la ciudad de Guatemala, en cuyas diligencias no realizó ningún esfuerzo.

3Juan del Castillo era originario de la ciudad de Granada, España. Hijo legítimo de Juan del Castillo y Mariana de Estrada , vecinos de la misma ciudad. Después que falleció su padre, su madre contrajo matrimonio con un escribano de la ciudad de Granada, Luis Vaca de Morales. Tenía una hermana radicada en Granada, Ana de Castillo, casada con Diego Ramírez.

4No se tiene conocimiento dónde y cuándo obtuvo los títulos de médico y cirujano y boticario, y sus respectivas licencias para ejercer. Lo cierto es que tenía una botica en su casa de habitación situada en la calle “del Colegio” que conduce a la plaza mayor. Esta casa era propiedad del convento de la Concepción, a quien se la alquilaba por 150 tostones anuales.

5No está demás aclarar que en los inicios de la época colonial, las boticas se establecieron en edificaciones contiguas de las casas de habitación. Los reglamentos de su funcionamiento que llegaban de España se adaptaban a la conveniencia del dueño. Los boticarios podían ejercer sus tareas si tenían los conocimientos necesarios y suficientes de física, química, botánica y biología. Quienes realizaban estos estudios podían obtener la licencia para establecer una botica y ejercer la profesión de boticario. En 1628 se estableció el Protomedicato en la ciudad de México, cuyo objetivo era el control del ejercicio, la enseñanza de la medicina, la vigilancia de la higiene y la preparación de los remedios.

6Se supone que para Castillo el ejercicio de su profesión no fue muy rentable, tanto por la poca confianza en los médicos, por parte de algunas personas, como por la pobreza de los necesitados de atención a sus enfermedades, quienes le entregaban en prenda algunos objetos de uso cotidiano y bestias, mientras le pagaban las curaciones y medicamentos, tales como ropa de uso personal, camas, aretes, imágenes religiosas, telas y sortijas.

7Cuando redactó su testamento tuvo que identificar a sus pacientes y familiares y las cantidades que le debían. Así, curó a la mujer de Marcos Ramírez, que vivían a 3 ó 4 leguas de la ciudad; y había yo de poner medicinas y lo necesario, e ir a su casa hasta que sanase, como lo hice algunos días y con mi estudio y medicinas y diligencia que puse estuvo luego buena, con que pretendieron excusarse de la paga, y si no sanara tan presto yo corría el riesgo de ir muchas veces tan largo camino y gastar muchos ducados en medicinas; con que hallo justificada la deuda y se me debe pagar por entero, y con todo eso, por amor de nuestro señor, quiero y mando que se cobre sólo la mitad y de la otra mitad hago suelta, por la dicha razón.

8Por la curación de otra mujer, su marido le dio en prenda … un macho [que] está ejecutado por su cuenta, ... mando que si quisiere dar la mitad, que son ciento y veinte y cinco tostones que me daba, se lleve el macho y lo demás se perdone, y si no viniere en ello se siga la causa y se cobre.

9Castillo dio al platero Alonso Sánchez de Tocina una sortija de oro para que le incrustara una piedra morada que también le había dado. Además, Sánchez le debía la cura de un brazo de un hijo suyo que le quebró un toro, y puse las medicinas, que por lo uno y por lo otro merecía más de cien tostones por haber gastado más de cuarenta de medicinas y duró la soldadura de los huesos dos meses; mando se cobren sesenta tostones y la sortija, descontándose de lo dicho la hechura, si la hiciere.

10Nuestro personaje incursionó en la economía de la época de diferentes maneras; realizó gran cantidad de operaciones comerciales con diversas mercancías y personas, así como transacciones financieras, sin abandonar su profesión de médico y boticario.

11En el mercado crediticio y los bienes raíces fue un agente dinámico. Como ya vimos, en 1614 compró unas casas con sus solares y una tenería asentada en ellas. En 1619 vendió, en 1,365 tostones, un “sitio de estancia”que había comprado al Hospital Real. En su testamento manifestó que tenía varias deudas por el interés no pagado de varios censos impuestos sobre la casa donde vivía y otra que había comprado, y sobre una estancia y un potrero que ya había vendido.

12En abril de 1623 vendió dos esclavos, un hombre de 40 años de edad y una mujer de 35 años, a un vecino de la villa de Jerez de la Choluteca. El precio fue de 1,575 tostones, pero no se pagó el total en reales (efectivo), sino se trocaron por 138 reses vacunas valoradas en 7½ tostones cada una, y los 540 restantes al contado. Dos meses después compró otros dos esclavos negros, Sebastián de 34 años y su mujer María Bran de 30 años, en 1,450 tostones. Aunque fue beneficiosa la reposición de la servidumbre, su inversión fue fallida porque estos negros se fugaron de su casa a Comayagua, donde fueron capturados por el ex teniente de alcalde mayor de Tencoa. Castillo, un año después de la compra, se vio obligado a otorgar un poder a Pedro de Varela, dean de la catedral de Comayagua y Comisario de la Santa Cruzada, y al mercader Francisco Hernández para que vendieran a estos negros fugados.

13Siempre con la mira puesta en la obtención de ganancias, Castillo formó una compañía con Tomás Benítez. El objetivo era explotar económicamente la botica que poseía Castillo. El aporte de éste fue su botica y un negro esclavo que serviría en ella. Benítez, como boticario examinado, aportó su conocimiento en el ramo y la gestión administrativa del negocio. Se convino en que las ganancias se dividirían en tres partes; las dos primeras serían una para cada socio y la tercera para cubrir los gastos de la alimentación de ambos y de las demás personas de la casa de Castillo, donde viviría Benítez, así como el pago del alquiler de ella. Este negocio no produjo lo suficiente para cumplir con las expectativas iniciales pues en el juicio de bienes difuntos, que se le instruyó a Castillo después de su muerte, se le cobraron 472 tostones, 172 del arrendamiento y 300 de los réditos atrasados.
Su matrimonio tampoco fue afortunado, económicamente hablando. Casó con Mariana de Arteaga, hija de Andrés Díaz, vecino de Santa Olaya (¿?), y de María de Arteaga.

14Mariana de Arteaga se casó tres veces. En el primer matrimonio, con Eugenio Sánchez, tuvo dos hijos, Diego Ruiz de Arteaga y Ana de Rojas. El segundo matrimonio fue con Alonso Rojas y Durán. El tercero con Juan del Castillo, con quien no tuvo hijos ni bienes gananciales porque ella no llevó dote, por lo que su marido no tuvo dinero suficiente para invertir y obtener ganancias comunes, sino solamente pudo sostener, a ella y sus hijos, con el fruto de su trabajo.
Cuando Mariana enfermó, ésta empeñó unas joyas en 100 pesos que le dio a su marido para que pagara al escribano ante quien otorgó su testamento y para que realizara gastos extraordinarios de su enfermedad. Castillo y su mujer tenían una gran cantidad de mercaderías en una tienda situada en la casa donde vivían. Una parte de ellas era de Julio Corleto, por cantidad de mil tostones. Estas mercaderías las tomaron a consignación para venderlas. También al mismo Corleto le debían 150 tostones por cierta cantidad de mercaderías que les había dado fiadas por 18 meses.

15Castillo fue curador ad bona, es decir, administrador y cuidador de los bienes del menor Alonso de Rojas, hijo de Mariana y de su segundo marido, así como albacea de su mujer junto con Juan de Montiel. Unos meses antes de morir, Castillo demandó a Ana de Rojas y a su marido Juan de Contreras Guzmán por la cantidad de 1,200 pesos que correspondían al valor de los alimentos que había dado, durante su tutoría, a Alonso de Rojas, quien en 1629 ya era cura de la Compañía de Jesús.

16En el testamento que otorgó, ante el escribano público Pedro de Caviedes el 20 de octubre de 1629, consignó que su madre le tenía guardados 500 ducados (alrededor de 689 pesos) de su legítima paterna, es decir, de la porción de la herencia de su padre que por ley le correspondía como hijo.
Los bienes de más valor que dejó fueron 4 casas, la botica y los instrumentos de cobre, así como las drogas que en ella había; dos niños esclavos negros, de 8 y 12 años de edad; 26 botijas de aceite, una de vinagre y dos de miel; 36 varas de ruan; varios instrumentos de plata, y especialmente 100 libros, en romance y en latín, de diversas temáticas, de los cuales mandó que se le entregaran, los que estaban en latín, a su sobrino José, hijo de su primo Melchor del Castillo.
Castillo dijo que todos los bienes que tenía eran “castrenses y cuasi castrenses”, es decir, obtenidos por haber prestado servicio militar y por el ejercicio de su profesión de médico y cirujano. También declaró que la botica que tenía era bien de entidad, es decir, de valor y que si se remataba en almoneda podría venderse con gran pérdida, así que recomendó venderla, al fiado o al contado, completa pero con seguridad.

17Tal parece que no estuvo de acuerdo con el segundo matrimonio de su madre, ni tenía confianza en su cuñado. Una de sus últimas determinaciones fue que si en caso su madre ya hubiera fallecido cuando se enviaran a Granada sus bienes de Indias, no se le diera nada a los herederos de ella, sino que los regresaran a sus albaceas nombrados en Guatemala. Y de sus legítimas, paterna y materna, se cobrara todo y se remitiera a los mismos albaceas, con excepción de los 500 ducados que se le darían a su hermana Ana, con la condición de que no entraran en poder de Diego Ramírez, su marido, sino que se invirtieran en bienes seguros y que los réditos los disfrutara ella, y el principal quedara en pie para sus herederos, de tal manera que el dicho Ramírez no los pudiera distribuir ni enajenar.
Nombró por sus albaceas a Melchor del Castillo, su primo, y Alonso de la Madrid. En este punto mostró cierta irresolución comprensible por los efectos de su enfermedad, pues el 17 de noviembre de 1629 estando enfermo en cama en su juicio, dijo que en su testamento había nombrado por albacea, tenedor y administrador de sus bienes a Melchor del Castillo. Sin embargo, pocos días después de otorgar su testamento, y por haberse enojado con Melchor revocó ese nombramiento y lo hizo, por medio de otro codicilo, en el capitán Cristóbal de Salazar y Alonso de Miranda. Sin embargo, en dicha fecha revocó tal determinación y nombró de nuevo por su albacea, tenedor y administrador de sus bienes al mismo Melchor del Castillo, tal y como lo hizo en su testamento, y le dio el poder legal para el efecto.

18Su relación con los religiosos del convento de la Merced es un punto que no puede pasar desapercibido. Hay varios aspectos muy interesantes en esta relación.
En su testamento designó 6,000 tostones para la fundación de una capellanía que se rezaría en aquel convento. En el codicilo del 17 de noviembre manifestó que por la particular devoción que tenía a dicho convento, y por el cuidado que los religiosos de él tendrán de encomendarle a nuestro señor, si fuere servido llevarle de esta enfermedad, dijo que los 6,000 tostones para la fundación de la capellanía, se dieran de limosna, para las obras de la dicha casa y necesidades del dicho convento, los que podían gastar por medio del comendador que estuviera a cargo. Este codicilo sirvió de respaldo al procurador del convento de la Merced para pedir y exigir, muy de mañana el día 18 de noviembre, al Juzgado de Bienes de Difuntos que se hiciera el inventario oficial de los bienes de Castillo, para su posterior almoneda.

19Por otro lado, Castillo dijo que había dejado por heredera a Mariana de Estrada, su madre, y que como última voluntad quería que, cuando ella falleciera fuera su heredero el mencionado convento. No pudo firmar este codicilo por la gravedad de su enfermedad.

20Ese sábado 17 de noviembre, a las doce de la noche falleció Juan del Castillo ya siendo fraile y religioso profeso de la Orden la Merced, en su casa donde vivía situada en los portales de la plaza mayor.

21Unas horas antes de su fallecimiento había hecho profesión de obediencia, pobreza y castidad a Dios, a la Virgen, al reverendo fray Juan Zebrian, maestro general de la Orden de la Merced, y al comendador del convento de esa Orden, fray Bartolomé de las Casas, de la ciudad de Guatemala, así como a todos los prelados que fueran, de que sería obediente durante toda su vida a la norma de San Agustín y las constituciones de la dicha Orden.

22Juan del Castillo manifestó un especial sentimiento amoroso a su mujer al punto de pedir que lo enterrasen en la misma tumba donde ella fue sepultada, en la capilla de Jesús Nazareno del convento mercedario. Como médico, su afecto se hizo patente con algunos enfermos que atendió, pues en su testamento ordenó que no se cobraran las deudas de recetas dadas a personas pobres y que no podían pagar. Su benevolencia también se manifestó con su ahijado de dos años de edad, en 1629, llamado Pascual, hijo de María sirviente suya. Le asignó 100 tostones, que sus albaceas debían colocar a censo seguro para que cuando fuera de edad competente tuviera algún principio para buscar su vida. No debía entregarse el dinero a su madre, a quien legó 20 tostones y 6 piernas de manta para pañales, y otras prendas de vestir.

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