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AFEHC : bibliografia : Casa, crisol y altar. De la hidalguía vasconavarra a la hacienda chiapaneca: Los Esponda y Olaechea, 1731-1821 : Casa, crisol y altar. De la hidalguía vasconavarra a la hacienda chiapaneca: Los Esponda y Olaechea, 1731-1821

Ficha n° 2517

Creada: 03 noviembre 2010
Editada: 03 noviembre 2010
Modificada: 29 diciembre 2010

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Autor de la ficha:

Ascensión BAEZA MARTÍN

Editor de la ficha:

Emilie MENDONCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Casa, crisol y altar. De la hidalguía vasconavarra a la hacienda chiapaneca: Los Esponda y Olaechea, 1731-1821

Trabajo de Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz sobre la poco estudiada clase dominante chiapaneca
632
Palabras claves :
Nobleza, Chiapas, Familia, Economía, Elite, Peninsulares
Categoria:
Libro
Autor:

Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz

Editorial:
Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
Fecha:
2009
Reseña:

1Con un conciso y simbólico título alusivo, según parece, al linaje de los individuos objeto de este estudio, a las tierras americanas, en cuya sociedad multirracial se integraron sin dejar atrás sus valores culturales, así como a sus anhelos de perpetuarse y conseguir cotas de reconocimiento social comparables con la divinidad, el doctor Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz nos ofrece en este libro la historia de los Esponda y Olaechea. Una familia de hidalgos de raíces vasconavarras, tal y como se define en el subtítulo, que durante casi un siglo del período colonial (1731-1821) y en el curso de tres generaciones dejó huella en Chiapas, provincia de la Capitanía General de Guatemala.

2Es sabido, que tanto el estudio de la emigración española al Nuevo Mundo y sus causas, ya en su aspecto general o en el de colectivos de un determinado lugar geográfico de la Península, en este caso el de los vascos y navarros, así como el tema de los grupos de poder coloniales, han suscitado el interés de muchos investigadores. Lo mismo ha ocurrido con los relativos al universo indígena de Chiapas, todo lo cual ha generado una amplia historiografía americanista al respecto. Así lo reconocen y reflejan el creador de este trabajo en la introducción1, y Laura Machuca, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS, México, en su elaborado prólogo a la obra2.

3Coincidimos con ambos acerca del reducido interés que hasta hace unos años ha despertado entre los investigadores el tema de las clases dominantes establecidas en las zonas periféricas del virreinato de Nueva España, en comparación con las de las áreas centrales. Sin embargo, las élites periféricas, cuya trascendencia era local o regional y que han sido consideradas por algunos historiadores como secundarias o de poco nivel confrontadas con las otras, fueron abundantes y desempeñaron un destacado papel dentro del sistema colonial. De ahí que este campo de investigación ofrezca grandes posibilidades de estudio y que el seguimiento que hace el doctor Gutiérrez de este grupo concreto suponga un avance en el conocimiento del impacto que produjeron en el territorio donde se asentaron, del entramado sociopolítico y económico que fueron consolidando junto con otras familias y, como él mismo comenta, de la sociedad peninsular.

Explica de forma convincente en la introducción, la elección de los Esponda y Olaechea para su estudio. Familia con la que, además de este volumen, resultado de su tesis doctoral en la Universidad del Pais Vasco, ha realizado otras importantes aportaciones que quedan registradas en la bibliografía y el prólogo. Alega que su interés por este clan se funda en que se destacó en su tiempo más que otros en su dinámica por la posesión de haciendas en territorio chiapaneco, dando con ello origen a su entrada y permanencia en los grupos de poder mercantiles de la zona, cuyas transacciones comerciales se expandieron hacia otros lugares del virreinato novohispano. Hecho que considera relevante, al existir entre estos colectivos de dentro y fuera de Chiapas determinados intereses que pudieron tener peso en el devenir político de Guatemala. Primero, hacia su independencia de España en 1821 y, más tarde, en septiembre de 1824, a su incorporación a la República Mexicana tras un referéndum.

4Este libro que nos presenta la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas se encuadra en una amplia cronología: 1731-1821. Con la fecha inaugural se quiere indicar la designación de gobernador de Soconusco (Guatemala) en la persona de Francisco de Olaechea, primer emigrante conocido de esta familia a América y, con la segunda, el fin de la fase colonial y advenimiento de la independiente. El período es importante ya que, como señala el autor, se llevaron a cabo muchas de las reformas de los Borbones en el régimen político y burocrático de sus dominios y se produjeron los movimientos de emancipación americana.

5No obstante, el eje central del estudio no gira en torno a la figura de Francisco de Olaechea, segundón de esta familia, del que sólo se facilitan algunos datos acerca de su penuria económica en sus primeros tiempos en Soconusco y enumera algunos de los cargos que ejercería en Centroamérica, sino en la de su hermano menor Sebastián y algunos de sus cinco hijos y nietos. Así pues, el verdadero arranque de la obra se fecha en 1751, cuando a Sebastián se le nombró alcalde del cabildo de Ciudad Real (Guatemala), tras su paso por Soconusco, de lo que poco se sabe. En cambio, sí se comentan otras de las actividades ejercidas por éste una vez instalado en Chiapas, como la de recaudador de tributos de laboríos de Ciudad Real y de alcabalas de Tuxtla.

6El trabajo está organizado en cinco capítulos que aglutinan variados temas. En el primero se indaga, desde la óptica de la prosopografía, en los orígenes geográficos y familiares de los Olaechea, — hidalgos carentes de fortuna de Vera de Bidasoa (Navarra) — y en los primeros lazos matrimoniales con miembros de los Esponda de procedencia vasca, todo lo cual se complementa con un pequeño recuento genealógico.

7Se muestra el progresivo ascenso socioeconómico y político desde Sebastián de Olaechea hasta su nieto Sebastián Esponda Olaechea en tierras chiapanecas. Y se hace, mediante un detallado análisis de las estrategias utilizadas por el primero, que repetirán las dos generaciones siguientes. Unas estrategias que estuvieron ligadas, en ciertos casos, a convenios matrimoniales o a la práctica de la endogamia. Así ocurriría con Josefa de Olaechea, casada con el primer alcalde de Tuxtla, Juan de Oliver, y con su hermana mayor María Gertrudis, esposa de su primo Salvador Esponda, ambas hijas de Sebastián de Olaechea y de Micaela de Michelena. A veces, los convenios fueron de otro tipo, como el que efectuaría el propio Sebastián en 1778, casi al final de su existencia, con el alcalde mayor de Tuxtla, Luis de Engrava, que le garantizaba a él y a sus herederos el buen curso de sus negocios mediante el repartimiento de productos a los pueblos.

8El acceso a cargos públicos en ayuntamientos, alcaldias mayores y gobiernos, donde no faltaron las discordias con otras autoridades; la compra de haciendas que les permitió entrar en los círculos mercantiles o el ingreso de algunos de ellos en los estamentos eclesiástico, religioso y militar, fueron otras de las trazas de este grupo para ir progresando. Tácticas, en definitiva, dirigidas a introducirse y mantenerse en las esferas de poder de la sociedad y a aumentar y preservar su patrimonio, las cuales responden, salvo determinados rasgos derivados de su cultura de procedencia y de las características del lugar donde se instalaron, a un prototipo de emigrante peninsular.

9Se destaca la figura de Basilio Antonio de Olaechea, hijo de Sebastián, que llegó a ser coronel de las milicias de Tuxtla, gobernador interino de Soconusco, juez subdelegado de tierras y alcalde mayor de Verapaz (Guatemala). También la de su sobrino, el abogado y electo diputado de Chiapas a las Cortes de Cádiz, Sebastián Esponda Olaechea. Carreras que no superaron otros miembros de la familia y que se vieron truncadas al sobrevenirles la muerte tempranamente. Pese a todo ello, el autor desvela que en la trayectoria de este grupo también hubo situaciones que pudieron empañar el buen nombre del mismo, como la supuesta deslealtad a la Corona de uno de los miembros de la tercera generación: el capitán de milicias Manuel Esponda Olaechea.

10Especialmente interesantes son los capítulos 2, 3 y 4 en los que se acomete con profundidad el estudio de las bases económicas y comerciales del grupo y sus estrategias en la transmisión de bienes, demostrando que las haciendas, el comercio y las capellanías (éstas bajo su doble aspecto, religioso y financiero) fueron medios de los que se valieron para obtener y preservar la riqueza y el poder. Todo ello se enmarca dentro del contexto geográfico de una región, Chiapas, que como consecuencia del sistema colonial, de la lejanía con México y de su propia geografía, sufrió un aislamiento externo e interno. Lo completa con mapas y cuadros que sirven de localización y muestra de lo que se expone en el texto.

11Observa el doctor Gutiérrez el interés de esta familia, sobre todo, en las dos primeras generaciones, por la compraventa de tierras y haciendas en Chiapas y de que esta actividad empleada, asimismo, por otras familias poderosas, favoreció las conexiones entre ellas, aunque también se produjeran litigios por su posesión. De igual manera, detecta la pericia del patrón, Sebastián de Olaechea, para adquirir haciendas situadas en áreas muy productivas, con abundante mano de obra indígena y bien conectadas con rutas comerciales ya constituídas (Tabasco y Oaxaca), como fue el partido de zoques. En la parte norte se producía cacao, y al sur, en Cintalapa y Jiquipilas, se criaba ganado mayor y se cultivaba añil, lo que les permitió tener una economía dversificada, controlar el trabajo de los indios y el abasto de carnes, así como dar salida a los frutos de sus latifundios en el mercado novohispano.

12Esta situación de superioridad económica les incentivó a ser prestamistas y fiadores. Pero el capital no se mantendría siempre en alza y, a finales del XVIII, esta familia tuvo que pedir préstamos y solicitar prórroga para redimir ciertos capitales, pese a que María Gertrudis de Olaechea, mujer piadosa, singular y avanzada para su tiempo, que había quedado como matrona al frente de los negocios al ir falleciendo los varones, procuró su aumento y conservación rodeándose para ello de una serie de compadres.

13En el capítulo 5 y último se analizan conceptos inherentes a la identidad de la nobleza peninsular, de la que se sintieron tan orgullosos esta familia, tales como hidalguía, honorabilidad e indivisibilidad, transmitidos por éstos a las generaciones posteriores. La explicación es útil para aclarar ciertos comportamientos y tácticas de la misma en orden a salvaguardar su patrimonio, pundonor y limpieza de sangre. Aunque, como demuestra el autor eficazmente en su exposición de los casos de José Ignacio de Madariaga, primo de uno de los Esponda, o del clérigo Esteban Vital de Olaechea, hijo de Sebastián, unido irregularmente a Marta Grajales con la que tuvo cinco hijos, no siempre estas pautas transmitidas por los progenitores fueron seguidas por algunos de los descendientes, lo cual pondría en peligro dichos valores y fueron la causa desencadenante de algún que otro litigio por cuestiones hereditarias.

14Se finaliza con la reflexión de un poemario laudatorio, incluido en el apéndice documental, realizado con motivo del enlace de María Gertrudis de Olaechea y su primo Salvador Esponda, en que se compara a éste y a su suegro con dioses y héroes mitológicos, quedando de manifiesto la imagen de grandeza que esta familia tenía de sí misma y proyectó al exterior. El máximo exponente de ello se patentiza con el hecho de que en la tradición oral indígena y mestiza de un pueblo de Copoya, al sur de Tuxla Gutiérrez, se vincule a María Gertrudis con la Virgen de Olaechea donada, al parecer, por ésta a los zoques. Del mismo modo, en Chiapa de Corzo se la relaciona con María de Angulo, rica dama española, muy altruísta y piadosa de la segunda mitad del siglo XVIII, que ayudó a la población chiapaneca en un momento de hambruna y enfermedad.

15Completan el trabajo unas cuidadas conclusiones; un apéndice documental con el testamento de María Gertrudis, contratos y otros papeles que nos amplían el conocimiento sobre el modo de actuar y pensar de esta familia; una escogida bibliografía y dos prácticos índices, toponímico y onomástico. Se insertan, además, a lo largo de esta obra, abundantes fotografías, la mayoría realizadas por el propio autor, que no sólo ilustran el texto sino que lo complementan, al recrear los personajes y espacios descritos.

16Si bien es cierto que Sebastián de Olaechea aparece como fundador de este grupo en Indias y generador de la fortuna familiar, echamos en falta más información sobre su hermano Francisco, personaje al que se dedica poco espacio y queda un tanto desaprovechado. Pudo ser clave, por su influyente posición, en los comienzos de aquel en Soconusco e, incluso, propiciar su decisión de asentarse en el noroeste de Chiapas, pues, como observa el autor, ambas eran regiones productoras de cacao.

17Sostiene el doctor Gutiérrez la idea de que Francisco de Olaechea accedió en 1731 a la plaza de gobernador de Soconusco y luego a la de gobernador interino de Costa Rica, por su condición de hidalgo3. Una hidalguía que gozaban de forma colectiva los habitantes vasconavarros merced a las Ordenanzas de Guipúzcoa (1397) y al Fuero Viejo de Vizcaya (1452)[4]. Sin embargo, con independencia de este posible mérito, el empleo lo obtuvo, realmente, por haberlo beneficiado, en su caso en 5.100 pesos, al igual que ocurrió con otros pretendientes a una plaza en Indias y que carecían de esa merced. Como es conocido, por esta época los cargos estatales funcionaron mediante el sistema de beneficio — distinto al de la compra — que tuvo su apogeo a finales del XVII y se mantuvo en el XVIII hasta la creación de las Intendencias, recurso utilizado por la Corona para acrecentar los casi siempre debilitados fondos del Erario5.

18Se echa de menos más testimonios acerca de las posibles redes de parentesco y paisanaje en España —extensivas luego a América— entre Francisco y Sebastián de Olaechea con su primo Martín de Huici y con Martín de Michelena. El primero era uno de los candidatos a sustituir a Francisco en la plaza de gobernador de Soconusco en caso de necesidad. El segundo, llegaría a ser suegro de Sebastián. Se sabe por los fondos del Archivo General de Indias de Sevilla, que tanto Huici como Michelena residían en Cádiz y que en calidad de comerciantes se les dio el pasaje por las mismas fechas y en la misma flota que a Francisco, residente también en Cádiz. Ello parece indicar que, antes de su marcha, existía ya entre ellos una vinculación y que tuvieran experiencia en el funcionamiento de los canales comerciales de Nueva España; circustancias que pudieron facilitar el camino a Sebastián en su trayectoria empresarial en Indias.

19Afirma el autor que Francisco viajó a América en 1732 y para ello se apoya en una información que se le ha facilitado y que corresponde a un documento de los fondos del citado Archivo6. Pero, en ese documento a quien se le da licencia para viajar a Nueva España es a su sobrino Basilio Antonio. Tampoco es exacta su versión, basada en una fuente bibliográfica, de que los niños Pedro Bautista y Pedro Antonio María fueron hijos de Francisco y su esposa Josefa Feduchi y Castillo7 ya que eran hijos de ésta y de su anterior marido, Alejandro Pedecina. Equívocos que en nada afectan la esencia de esta obra, ni el mérito del autor en el manejo de las fuentes documentales consultadas en archivos de México, Centroamérica y España, pero que podían haberse evitado con una consulta directa y más intensiva en el AGI.

20Estamos, pues, ante un buen trabajo que da nuevas luces sobre la historia de Chiapas y el papel que jugaron sus élites, rellenando algunos espacios vacíos de los que adolece la historiografía centroamericana. No es una obra cerrada, ya que abre nuevas vías para ahondar en el conocimiento de esta región y sus gentes, a través del estudio de otras familias destacadas de la zona. También, para escudriñar en temas puntuales, por ejemplo, las capellanías, como observa el autor. Es un libro, en definitiva, que por sus contenidos interesará no sólo a especialistas de ese área, sino a un amplio público amante de estas temáticas.

21Ascensión BAEZA MARTÍN.

221 Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Casa, crisol y altar. De la hidalguía vasconavarra a la hacienda chiapaneca: Los Esponda y Olaechea, 1731-1821, págs. 23-24.

232 Laura Machuca, prólogo de Casa crisol y altar, págs. 13-21.

243 Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Casa crisol y altar, págs. 42-43.

254 Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Casa crisol y altar, pág. 203.

265 Ángel Sanz Tapia, “Aproximación al beneficio de cargos políticos americanos en la primera mitad del siglo XVIII” en Revista Complutense de Historia de América nº24 (1998), págs. 147-176.

276 Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Casa crisol y altar, pág. 40, nota 5.

287 Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Casa crisol y altar, pág. 41.

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Fuentes :

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