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AFEHC : articulos : Incursiones contra el comercio colonial: evidencias para el Pacífico centroamericano, 1570-1825 : Incursiones contra el comercio colonial: evidencias para el Pacífico centroamericano, 1570-1825

Ficha n° 2529

Creada: 27 noviembre 2010
Editada: 27 noviembre 2010
Modificada: 05 marzo 2011

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Autor de la ficha:

Jorge LEÓN SÁENZ

Editor de la ficha:

Elizet PAYNE IGLESIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Incursiones contra el comercio colonial: evidencias para el Pacífico centroamericano, 1570-1825

Este artículo relaciona datos sobre las incursiones –de corsarios, de piratas y de buques de guerra de potencias enemigas al imperio español –en el Pacífico y el Caribe de Centroamérica entre aproximadamente 1580 y 1825− con información de unas 1400 travesías de comercio realizadas en ese mismo período. Se distinguen diferentes épocas y tipos de incursiones, así como su razón de ser. Y se discuten algunas de las consecuencias de esas incursiones y sus efectos en el comercio colonial de la región.
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Palabras claves :
Comercio, Epoca colonial, Corsarios, Rutas, Pacífico centroamericano, Movimiento marítimo
Autor(es):
Jorge León Sáenz
Fecha:
Diciembre de 2010
Texto íntegral:

1

Contexto del comercio colonial y su evolución

2 El alza de la actividad comercial a nivel mundial gestada en el siglo XV, ocurrida primero en algunas partes de Europa, llevó a una reactivación de los intercambios entre ciudades y países que solo era comparable con la situación diez siglos antes, cuando el comercio prosperó bajo el imperio romano. La reactivación comercial revivió primero a través del establecimiento de ferias donde se reunían los mercaderes en partes de Italia y ciudades del norte de Europa y posteriormente, fue fuertemente impulsada por los descubrimientos de nuevas rutas y de grandes tierras pobladas, liderados por Portugal y España1. El crecimiento de la demanda por bienes producidos fuera del entorno inmediato europeo, se centró inicialmente en las especies y ciertos tipos de telas y bienes lujosos, llevó a que se incorporaran gradualmente a esta nueva economía comercial, grandes partes del mundo recién abiertas por las exploraciones de finales del siglo XV e inicios del XVI.

3 En la América española, las primeras cinco décadas de 1492 hasta 1532 se centraron en la conquista y el saqueo de las grandes civilizaciones indígenas. El comercio de bienes – de origen europeo para el consumo de la nueva población española dominante – tomó a partir de la década de 1540 gran impulso, al descubrirse las minas de metales preciosos − plata y en menor medida de oro− en Nueva España y Perú. La exportación de estos metales a Europa dominó el comercio colonial con España durante los siguientes dos siglos, hasta después de 1750 cuando las exportaciones de otros productos americanos como añil, cacao, cueros y azúcar, comenzaron a competir en importancia con la plata y el oro. Hacia las décadas de 1810-1820, al llegar a su fin el imperio español en América, los productos americanos no metálicos finalmente superaron en valor a los metales preciosos.

4 Esta predominancia de la plata y el oro, como productos americanos, generó en los países que rivalizaban con España, una gran apetencia por hacerse de estos metales de una forma u otra, ya que en la economía de esa época eran considerados los mayores símbolos de poder: con ellos no sólo se compraban los objetos preciosos y de uso corriente, sino también se financiaban las guerras entre las naciones. Eventualmente, a través del comercio entre países, las otras potencias marítimas europeas como Inglaterra, Holanda y Francia lograron captar la mayor parte de los metales que llegaron a España en los siglos XVI-XVIII, debido a la ventaja en la producción de bienes manufacturados que producían y vendían a España y a sus colonias, a cambio sobre todo de plata.

5 Sin embargo, desde época temprana de la colonización española en América, tanto los estados rivales de España como individuos por su cuenta, buscaron maneras de arrebatar los productos americanos enviados a Europa violentamente y sin tener que comerciar. Así comenzó en América desde la década de 1570 una serie de incursiones de corsarios, de piratas y hasta de expediciones militares de otros países, dirigidas tanto a capturar botín, como a interrumpir el comercio regular español.

6 La gran importancia para la corona española de recibir de manera no interrumpida las remesas de plata y oro americanos, llevaron a que se estableciera el sistema de Flotas y Galeones cuya primera reglamentación formal se dio en 15742. Con estas flotas organizadas por el gobierno español a través de la Casa de Contratación de Sevilla, los barcos que conducían el tesoro de la corona y también de particulares eran buques fuertemente armados – galeones − que pertenecían al rey. El sistema de flotas de América a España fue efectivo en conducir la mayor parte del tesoro sin permitir que fuera capturado. En una única ocasión fue tomada la flota española por fuerzas enemigas en América, ocurrida en 1628 cuando en la costa norte de Cuba una flota holandesa tomó a la flota que se dirigía a España. En la larga historia de las flotas a España – se suspendieron hasta 1740 −, fueron más severamente afectadas por las tormentas que hundieron varias flotas y muchos navíos de estas, que por los ataques.

7 Mucho más efectivos fueron los ataques realizados a lo largo de los tres siglos de la colonia, por parte de diferentes fuerzas hostiles a barcos aislados del comercio americano. Estos ataques comprendieron no solo barcos, sino también a puertos e incluso ciudades cercanas a las costas, y fueron el sustento de un temor real a veces y en otros de leyendas de piratas, que asolaban las costas del Caribe y el Pacífico de América.

8 Entre las propias posesiones españolas en América surgió desde el siglo XVI, un intercambio comercial más o menos regular, que aunque menos visible que el comercio transatlántico realizado con España, no por ello fue de poca importancia para las poblaciones coloniales, especialmente en el Mar del Sur. Este comercio surgió a pesar de prohibiciones y limitaciones a este, contenidas en la legislación comercial española que privilegiaba el consumo de productos originados en España imponiéndolo a través del monopolio comercial establecido al interno del imperio.

9 Con el crecimiento de la población, especialmente a partir de la recuperación del siglo XVIII, después de la desastrosa caída de la población indígena de los dos siglos anteriores, ocurrió en América colonial, una creciente demanda de bienes tanto de lujo como de consumo popular, que estimularon el comercio de ambos. Por un lado, la demanda de bienes de consumo fue atendida por el aumento de producción y el comercio proveniente de diversas regiones del imperio colonial tales como: telas de Quito, de Perú, de México y de Guatemala; vino y aguardiente del Perú; trigo de Chile; cueros del Río de la Plata; cerámica de México; cacao de Costa Rica, Nicaragua, Venezuela y Guayaquil; añil de El Salvador; cobre de Chile y otros que generaron así un comercio significativo por mar y por tierra entre las diversas colonias.

10 En cuanto al mercado americano de consumo de productos de lujo, estos eran en parte cubiertos con importación de Europa a través de España, o en el caso de tejidos de seda y porcelana de origen asiático, sus demandas eran satisfechas por el comercio transpacífico realizado por medio del célebre Galeón de Manila entre Filipinas (donde se acopiaban los productos de Oriente) y Acapulco en Nueva España, de donde se redistribuían al resto de América colonial. El comercio entre las colonias fue entonces amplio en cuanto al tipo de productos intercambiados, aunque en cuanto a volumen y valor fueron siempre menores que el comercio trasatlántico con España.

11 Para atender la demanda de los bienes manufacturados que no se producían en América, el comercio español, muy decaído en los siglos XVI y XVII, comenzó a repuntar en la segunda mitad del siglo XVIII con las reformas borbónicas a la industria y el comercio, lo cual permitió aumentar la cantidad de productos enviados a los mercados americanos. Sin embargo, para entonces el comercio de otros países, principalmente a través del contrabando organizado de otras potencias europeas, que había tomado auge a inicios del siglo XVIII, era el que abastecía buena parte de la demanda colonial.

12 La importancia creciente del comercio de contrabando, controlado por comerciantes ingleses sobretodo pero también holandeses y franceses, cambió las realidades políticas de esas potencias, que pasaron de buscar botín y de interrumpir el comercio colonial como habían hecho en los siglos XVI y XVII, a estimular cada vez más su propio comercio con las colonias españolas. Este comercio, aunque ilegal desde el punto de vista del gobierno español, permitía obtener grandes ganancias, pero sin los riesgos que la violencia de las incursiones podía causar a sus presuntos clientes en las colonias españolas. Los comerciantes que se dedicaban al contrabando como los ingleses en Jamaica o los holandeses en Curazao, se convirtieron entonces en enemigos de los piratas y otros que interrumpían el comercio marítimo regular, especialmente en el Caribe. La gestión de los comerciantes que impulsaban el contrabando, sirvió para que las marinas nacionales de Inglaterra – la más poderosa del mundo – reprimieran cada vez más la piratería común y esta fue gradualmente perdiendo fuerza en América durante la última parte del siglo XVIII.

13 Esta creciente relación comercial se dio de comerciante a comerciante, donde unos vendían productos europeos principalmente, que no pagaban los altos impuestos de aduana que cobraba el gobierno español, ahorrándose así ese costo, y los comerciantes españoles o criollos que compraban los bienes de contrabando más baratos y podían luego venderlos con ventaja en los mercados coloniales. Esta situación se justificó como una en la que ambos comerciantes y muchos consumidores ganaban y solo la hacienda colonial se veía perjudicada.

Distinguiendo entre diversas formas que tomaron las incursiones contra el comercio

14 Los relatos históricos hacen mención de que en las incursiones de los siglos XVI a XIX participaron corsarios, piratas, filibusteros, bucaneros así como expediciones navales hostiles y de pueblos autóctonos enemigos de los colonos españoles. Sin embargo, en la mayoría de casos se hace referencia de manera general a todos estos como “piratas” aunque ese término es inexacto y contribuye a distorsionar en muchos casos la naturaleza del largo conflicto entre España y sus rivales.

15 La falta de precisión al caracterizar a los actores cuando se tratan las incursiones contra las colonias españolas, ha servido para crear dos imágenes contrapuestas: las de los “piratas” como seres casi heroicos que se batían con los españoles y otras autoridades; y la de los piratas como seres crueles que robaban y mataban sin piedad. La primera prima en mucha de la literatura y aún de la historia escrita en inglés, puesto que muchos fueron de origen inglés, o cuyos relatos publicados como el de Esquemeling (un holandés) fueron traducidos y difundidos en inglés. Otro punto de vista, refleja como los veían los habitantes de las colonias del Caribe y del Pacífico españolas, que viviendo en paz, de repente eran atacados por enemigos, sea por razones de política imperial, por religión o por comercio. Estos habitantes tenían buenas razones para considerar a todos aquellos que los atacaban como “piratas’, pero en realidad en ese término comprendían a muy diversos tipos de incursión y de atacantes.

Los corsarios.

16 Cuando se realizaron las primeras incursiones en el Pacífico en la segunda mitad del siglo XVI, estas fueron realizadas por ingleses con patentes de corso de la corona inglesa, por lo que su designación correcta es la de “corsarios”, no de piratas. Las patentes de corso se originaron en el siglo XIII como un medio de hacer la guerra en el mar a un país enemigo, destruyendo su comercio por medio de barcos y marinos del país cuyo gobierno les otorgaba un derecho de atacar al enemigo, la llamada patente de corso3. Bajo el sistema de corso, por lo general a los corsarios correspondía retener la mayor parte de la “ganancia” obtenida de saquear barcos y puertos y una parte menor la recibía el soberano o gobierno que extendía dicha patente. El vínculo oficial con una nación que los convertía en parte del estado de guerra de esa con España, daba a los corsarios un estatus legal, que para los habitantes de las colonias era difícil distinguir de los verdaderos piratas, pero que significaba que aquellos debían respetar ciertas reglas que los piratas no seguían sobre el trato de prisioneros y la distribución de los bienes capturados4.

17 Los corsarios franceses primero, y luego ingleses fueron los protagonistas principales de las incursiones de los siglos XVI y XVII, aunque también hubo incursiones de corso en menor medida en los siglos XVIII y XIX. Sus primeras correrías contra los españoles las realizaron en aguas europeas, capturando naves españolas cerca de la costa de ese país. Los buenos resultados de esas incursiones y el conocimiento de que los metales preciosos se estaban extrayendo en América, los llevó a cruzar el océano Atlántico, realizando incursiones en el Caribe desde época tan temprana como 1519. Sin embargo, fue a causa de las guerras entre España y Francia en las décadas de 1530 a 1550 que se activó de manera importante el corso en el Caribe. Por otra parte, la lejanía y el escaso conocimiento sobre el paso por el extremo sur de América del Atlántico al Pacífico, hizo que los primeros corsarios – los ingleses Oxenham y Drake − sólo llegaran al Mar del Sur muchos años después, entre 1575 y 1579.

Los bucaneros y filibusteros.

18 El término de “bucanero” se refería a un conjunto de individuos principalmente de origen francés que se establecieron a principios del siglo XVII en ciertas islas o partes de islas en el Caribe sobre las cuales el gobierno español no ejercía un verdadero dominio, aunque las reclamaba como propias5. Los bucaneros se consideraban hombres libres que no respondían a gobierno alguno, por lo que las autoridades españolas buscaron expulsarlos, primero de la isla de San Cristóbal y luego de partes de La Española a donde se dirigieron. Este continuo asedio hizo que perdieran su forma de vida original, convirtiéndolos en seres desarraigados y violentos que comenzaron a asaltar barcos y comunidades en el Caribe, actuando bajo el nombre de “hermanos de la costa” o de “filibusteros6 ”. Estos establecieron hacia 1620, su base en la Isla de Tortuga frente a la costa norte de La Española y posteriormente también se establecieron en Jamaica, que contenía poca población española y luego fue ocupada en 1655 por los ingleses. Individuos de varias nacionalidades se fueron uniendo en pequeños grupos con líderes elegidos por ellos mismos, que los conducían en incursiones para abiertamente saquear las colonias españolas. Aunque los términos bucanero y filibustero han sido utilizados por varios autores a menudo sin diferenciar entre ellos, es claro entonces que fueron los llamados filibusteros, los que se dedicaron con más fuerza a atacar al comercio y a las poblaciones caribeñas.

19 Aprovechando las varias guerras de la segunda mitad del siglo XVII entre España y las potencias rivales de Inglaterra, de Holanda y en menor grado de Francia, los filibusteros o “freebooters” como se designaban en inglés, se convirtieron en grandes depredadores de las colonias españolas en las décadas de 1660 a 1690. Estas incursiones se continuaron realizando bajo la protección de patentes de corso, pero en la década de 1690 los filibusteros franceses de Isla Tortuga y los ingleses de Jamaica se vieron envueltos en las guerras entre ambas naciones, que los enfrentaron unos con otros. Así, el saqueo de Jamaica realizado en 1694 por fuerzas francesas apoyados por filibusteros de Isla Tortuga debilitó la unidad entre los corsarios7.

20 La utilidad de los filibusteros-corsarios como instrumento de política de las potencias en guerra por el control de los mares, también se vio diluida poco a poco en la medida que dichas potencias fueron estableciendo sus propias marinas de guerra8. Poseer una marina de guerra profesional permitía a los gobiernos actuar directamente en situaciones bélicas, sin tener que depender de corsarios privados, cuyo actuar a menudo no podía ser controlado, especialmente cuando actuaban a medio mundo de distancia. La imposición de la autoridad de los gobiernos de las grandes potencias aún en lugares remotos del Caribe, fue dejando a los filibusteros sin bases y restándoles su libertad de actuar.

21 El comienzo del fin de los filibusteros ocurrió a partir de 1685, cuando Francia nombró un gobernador para Isla Tortuga y limitó el corso, y luego entre 1691 y 1695, cuando España ocupó y destruyó las posiciones de los filibusteros en la costa de La Española frente a Isla Tortuga. En 1697 con el Tratado de Ryswick que puso fin a la Guerra de 9 años entre Francia y los aliados –Inglaterra, España y Holanda−, se establecieron restricciones al corso, las cuales fueron implementadas de manera mucho más estricta con la firma del Tratado de Utrecht en 1713, que dio fin a la Guerra de la Sucesión Española.

22 La creciente importancia del comercio marítimo por el Atlántico y en especial en el Caribe enfrentaba el alto riesgo de continuar con los estragos de los corsarios, y llevó a las potencias firmantes en Utrecht a terminar con el apoyo al tipo de corsario-filibusteros que tanto marcaron las últimas décadas del siglo XVII. Muchos de estos al no poder adaptarse a una vida sin asaltos y motines, se convirtieron propiamente en los piratas sin ley del siglo XVIII.

Piratas.

23 El oficio de pirata, es decir del que roba sin autorización legal o pretensión de ello, es antiquísimo y perdura hasta el presente. De hecho en América durante los siglos XVI y XVII existieron piratas, es decir bandas de individuos sin ley que atacaron barcos aislados para robarlos. Estos sin embargo, comparados ante las más famosas correrías de los corsarios y filibusteros mencionados, tuvieron poco protagonismo y efecto sobre el comercio. Después de Utrecht, con el corso oficial limitado por reglas más estrictas, fueron los piratas los que ganaron notoriedad en ataques principalmente a naves aisladas, ya que no tenían ahora la capacidad de atacar puertos y ciudades. Otro cambio importante era que estos piratas atacaban a naves de cualquiera de las naciones que navegaban por el océano. Esto incentivó a que las marinas de las potencias navales como España con sus guardacostas e Inglaterra con su Royal Navy o Marina Real, se dedicaran a perseguir y eliminar a estos piratas. La actividad de estos fue así cada vez más restringida, debiendo ocultarse en sitios remotos lejos de las principales rutas marítimas. Los efectos de esta piratería, si bien fueron molestos en ciertas partes, no tuvo mayor consecuencia para el comercio marítimo que se encontraba en gran auge durante el siglo XVIII. A pesar de un cierto grado de romanticismo en libros sobre la piratería de esa época, en realidad la mayor parte de quienes se dedicaron a esto tuvieron vidas cortas y poco exitosas.

Expediciones navales
En los períodos de guerra entre las potencias marítimas, sus marinas militares desempeñaron un papel crecientemente importante en atacar el comercio y las posesiones enemigas, tanto para causar daño interrumpiendo el movimiento marítimo, como también para apoderarse de riquezas y productos de sus rivales. Las expediciones navales estaban formadas por barcos y marinos militares, que obedecían a un plan de ataque previamente elaborado, y eran acompañados por tropas regulares que se encargaban de hacer conquistas en tierra.

24 En el caso de la América española, desde finales del siglo XVII tuvieron lugar algunos ataques de este tipo, pero estos afectaron más al comercio de la región en los siglos XVIII y XIX. Las expediciones navales causantes de más daño a las colonias españolas fueron la del Almirante francés Pontis que tomó Cartagena en 1697 con ayuda de filibusteros; la captura de Portobelo por el inglés Vernon en 1739; la del Almirante inglés Anson en el Pacífico en 1741-42; y la toma de La Habana por los ingleses en 1762. El territorio centroamericano, en este período sufrió directamente la toma por los ingleses del fuerte de Omoa en 17799 y la expedición al río San Juan realizada en 1780.

Pueblos autóctonos enemigos de las colonias españolas.

25 Un caso particular de guerra local que afectó al comercio regional en la costa del Caribe fue la llevada a cabo por un extenso período por los indios moscos y los zambos-moscos10. Estos dos grupos étnicos deseosos de mantener su independencia de los españoles, desarrollaron una relación especial con los ingleses provenientes de Jamaica, que les permitió estar fuera del control español a la vez que otorgaron a los ingleses concesiones para extraer madera y facilitaron el contrabando inglés en toda la costa centroamericana, hasta Bocas del Toro. A pesar de su escaso número, los dos grupos fueron un constante peligro para las poblaciones españolas y de otros indígenas en el Caribe, tomando cosechas (cacao) y esclavos que vendían a los comerciantes ingleses venidos de Jamaica. Los productores de cacao de Matina en Costa Rica y las autoridades españolas de Nicaragua y Costa Rica, estuvieron en zozobra desde 1676 hasta 1803, debido a sus periódicos ataques.

Efectos de las incursiones sobre el comercio marítimo

26 Lo relatado anteriormente presenta por una parte, el desarrollo del comercio marítimo en la América española entre los siglos XVI e inicios del XIX, y por otra, las distintas formas en que intrusos de diferente naturaleza realizaron incursiones contra dicho comercio. Surge de la información comentada la pregunta de qué significativos fueron los efectos de estas incursiones sobre el desarrollo del comercio regional entre las colonias españolas. A manera de generalización, algunos autores han señalado una respuesta que indica que estos tuvieron un efecto profundo y prolongado:

27No hay pueblo centroamericano o del Caribe que no haya sufrido, a lo largo de los tiempos, la acción más o menos constante, más o menos violenta de la piratería en sus distintas formas de presentarse11

28En un período de… dos siglos y medio, los piratas y corsarios aterrorizaron a las colonias y sembraron luto en las aguas de América. El valor de los tesoros robados y de los daños causados… alcanzó cifras estratosféricas que ocasionaron graves perjuicios a la Corona española y a los comerciantes12...

29 Sin embargo, para dar una respuesta coherente a dicha pregunta es necesario revisar evidencias tanto del comercio marítimo como los principales incidentes causados por las incursiones. Además, para poder analizarla se requiere de algunas hipótesis sobre como debió desarrollarse la relación comercio-incursiones en distintos momentos del ciclo colonial, para luego plantear información que permita cuantificar magnitudes en ambos aspectos y así poder concluir sobre los posibles efectos.

30 La tarea, se reconoce, es muy ambiciosa si se tratara de cubrir un período de tres siglos y de analizar los efectos de las incursiones sobre todo el comercio del continente. Interesa por tanto para este trabajo concentrar el análisis de lo ocurrido solo en una porción de esa vasta área de la América colonial: aquella más cercana a Centroamérica y a las rutas comerciales que unían a esta con las demás colonias españolas del Pacífico. El siguiente mapa define el área general cubierta por este análisis:

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Los circuitos del comercio marítimo colonial por el Pacífico: Puertos y rutas marítimas principales Siglos XVI-XIX
Los circuitos del comercio marítimo colonial por el Pacífico: Puertos y rutas marítimas principales Siglos XVI-XIX

32 Aún esta es una vasta área del océano Pacífico, definida aquí como aquella ubicada a lo largo del litoral correspondiente entre aproximadamente los 25 grados Norte y los 20 grados Sur: desde el Golfo de California hasta la costa sur de Perú. Incluso en ocasiones, los efectos se sintieron aún más al sur, hasta la isla de Chiloé cerca de los 45 grados sur. Aunque el tráfico marítimo que más interesa es el realizado entre las colonias de la costa americana del Pacífico, por su vínculo comercial y de las incursiones, también se hace necesario incluir en algunos períodos los efectos sobre el comercio transpacífico entre Nueva España y Filipinas13.

33
Información utilizada para establecer la magnitud del comercio y las rutas

34 Para establecer la magnitud del comercio y sus fluctuaciones a lo largo del período de interés, no existen series estadísticas de largo plazo de las importaciones y exportaciones realizadas a través de los puertos de San Blas, Acapulco, Acajutla, El Realejo, Puntarenas, Panamá, Guayaquil, Callao y Arica, que fueron los principales involucrados en el comercio regional por el Pacífico centro-meridional. Para estimar dicho comercio, se ha recurrido a un conjunto de bases de datos sobre el movimiento de naves entre Centroamérica, Perú y México, las cuales cubren casi tres siglos del período colonial desde aproximadamente 1530 hasta 182514.

35 Abajo se presentan algunos aspectos de investigación relevantes sobre como se obtuvieron los datos contenidos en estas bases de información.

36 La fuente principal de información sobre el movimiento de naves, fueron los permisos de salida y entrada de barcos otorgados en esos puertos por las autoridades coloniales, que a través de esos no solo controlaban el movimiento marítimo sino que también cobraban impuestos de puertos e indirectamente verificaban las cargas de los barcos sujetos al pago de impuestos de aduanas o alcabalas. Estos permisos de salida o entrada eran llenados al zarpar o entrar cada barco y luego reportados a los oficiales de la real hacienda más cercana para su uso en el cobro de impuestos. La calidad y cobertura de este tipo de información dependía de lo consecuentes y veraces que eran los oficiales en cada puerto, y esta condición de honestidad debió ser muy variable de funcionario a funcionario y de puerto a puerto. Los datos de cada autorización de salida o entrada a un puerto, incluían el puerto actual, el puerto de destino o origen, el nombre y capacidad de la nave, el nombre de su maestre o capitán, a menudo una indicación del tipo o volumen de carga transportada y de sus propietarios.

37 Los datos de movimiento de naves fueron obtenidos de una variedad de fuentes, la mayor parte secundarias, pero también de documentación primaria en archivos de la región15. Esta información fue sistematizada y organizada en archivos de datos divididos por períodos y por el tipo de datos que contenía cada uno16. En la base de datos originalmente se recopilaron los movimientos para cada año del período pero para este análisis, se decidió que los datos se agruparan por quinquenios para facilitar el manejo de los mismos.

38 Las principales rutas del comercio marítimo por el Pacífico se establecieron desde época temprana del período colonial, como resultado del proceso de conquista. La presencia española en el Pacífico inició en 1513 con la llegada de Balboa a la costa panameña, y Panamá se convirtió desde 1519 en el puerto principal desde el cual se desplazaron los exploradores por vía marítima, primero al norte hasta Nicaragua por Castañeda y González Dávila (1519-1524). Este movimiento al norte se encontró hacia 1530 con los españoles dirigidos por Cortés y Alvarado, que una vez lograda la conquista de México se encaminaron al sur por tierra para ocupar Guatemala y Honduras. La exploración oceánica hacia el sur de Panamá, inició desde 1524 y para 1531, Pizarro y Almagro comienzan la conquista del Perú, culminando con la fundación de Lima en 1535 y de su puerto, denominado primero Puerto de la Ciudad de los Reyes y luego como a El Callao. Otros puertos establecidos cercanos a la línea ecuatorial en el Pacífico que comenzaron a participar en el incipiente comercio desde cerca de 1540 fueron Paita y Guayaquil.

39 Por su parte, hacia el norte en la costa del Pacífico, además de Panamá, se había establecido desde 1529 el puerto de la Posesión, luego conocido como El Realejo en Nicaragua y para 1537 el puerto de Huatulco en el sur de México, que fuera más tarde sustituido (1575) por el de Acapulco, más al norte y cercano al centro de México. Otros puertos menores en este período en la Audiencia de Guatemala, fueron los de Iztapa, Acajutla y Caldera. El tráfico marítimo principal sin embargo, se concentró entre Acapulco, El Realejo, y Panamá al norte y los puertos de El Callao, Paita y Guayaquil al sur. Estos fueron los principales puertos del Pacífico durante la segunda mitad del siglo XVI, y las rutas marítimas que los unieron fueron las más utilizadas por los barcos del comercio.

40 La prohibición temprana de comercio entre México y Perú (1573) y la mayor integración del virreinato de Nueva España con el comercio transatlántico, llevó a que de manera paulatina durante el siglo XVII, el peso del comercio marítimo por el Pacífico se trasladara a las rutas del sur, surgiendo El Callao como el puerto dominante en el comercio por mar. El descubrimiento de las minas de plata en Potosí y en otras partes de los Andes, generó desde mediados del siglo XVI un significativo aumento en el comercio del virreinato del Perú, donde el consumo de bienes suntuarios y otros de origen europeo estimuló un gran aumento del movimiento marítimo. Los productos traídos de Europa eran vendidos en la gran feria de Portobelo en el Caribe de Panamá a mercaderes peruanos, que luego los trasladaban por tierra a Panamá de donde eran embarcados principalmente a El Callao, de donde eran distribuidos al resto del Virreinato.

41 Las rutas del comercio marítimo al norte de Panamá, es decir con Guatemala y México, fueron de menor envergadura a partir de la segunda mitad del siglo XVI, respecto a las mantenidas con Perú. Las prohibiciones repetidamente reiteradas por la corona española al comercio entre los países de la costa del Pacífico, fueron un estorbo pero no dejaron de realizarse, durante los siglos XVII y XVIII. Aunque su monto era reducido, fueron importantes para el comercio regional de cacao, añil, telas y otros productos y se movían por vía marítima.

42 Durante el siglo XVIII y hasta la independencia, las rutas marítimas por el Pacífico americano se mantuvieron según lo descrito, aunque con algunas notables excepciones. La principal de estas fue la pérdida de importancia de Panamá como puerto intermedio entre el comercio del Atlántico proveniente de Europa y el Pacífico, especialmente con Perú. La apertura de la ruta del Cabo de Hornos como vía comercial hacia 1710-1720, llevó a que se comenzara a preferir esta y progresivamente se utilizara cada vez menos la vía del istmo de Panamá. La cancelación de las flotas a partir de 1740, llevó a que se terminara igualmente la feria de Portobelo y cesará casi todo tráfico por Panamá.

43 La apertura de la ruta por el Cabo de Hornos, redirigió no solo el tráfico marítimo intercontinental Atlántico-Pacífico, sino que favoreció el crecimiento del tráfico regional en el sector más austral del Pacífico entre Perú y Chile, desarrollado con el suministro por parte del segundo de trigo, vino y otros productos a Perú que fue convirtiendo a Valparaíso en un nuevo puerto importante en la región. El tráfico directo de este con Centroamérica, fue sin embargo limitado a algunas frutas secas y de metal de cobre. Una nueva ruta establecida en el norte, en el último cuarto del siglo XVIII, fue aquella entre California y México, luego extendida hasta Perú y Chile, donde de la primera se exportaba a las demás sebo y cueros. El comercio transpacífico también evolucionó al abrirse una ruta Cádiz-Manila vía El Callao, pero esta por internarse en el océano oriental no tuvo mayor incidencia sobre el tráfico en las inmediaciones de Centroamérica.

44 Además de estas rutas comerciales legítimas entre los puertos del Pacífico, durante buena parte del siglo XVIII y las primeras dos décadas del siglo XIX, existió un tráfico de contrabando que en ocasiones fue muy grande y alteró significativamente el comercio “legal” regulado por el gobierno español. El movimiento comercial realizado primero por barcos franceses (1698-1725) por el Cabo de Hornos hasta El Callao, y por los ingleses a partir del permiso obtenido por el Tratado de Utrecht para que la South Seas Company suministrara esclavos a las colonias españolas (1713-1739) y de paso contrabandeara a través de Panamá grandes cantidades de mercadería, son temas de gran importancia para analizar el crecimiento del comercio en el Pacífico, pero se sale del marco del presente estudio. También lo es el posterior desarrollo del contrabando bajo el llamado “comercio con neutrales” ocurrido entre 1793-1815 con la entrada en Guerra de España primero aliado a Francia contra Inglaterra, y luego aliado con Inglaterra contra la Francia revolucionaria.

45 Centrando entonces el análisis en el comercio regional por el Pacífico centro-meridional, es decir, teniendo a Centroamérica en el centro de esa región, es necesario justificar porqué al medir los efectos de las incursiones de corsarios, piratas y otros, nos refiramos a las actividades de estos en una área del océano mucho mayor, cubriendo desde Acapulco hasta el sur del Perú e incluso Chile.

46 En el litoral de este gran océano bordeando el Pacífico americano −11,000 kilómetros entre los puertos extremos− la población total antes del siglo XVIII en esta región era escasa y los mercados reducidos a los grandes centros de consumo como Lima y Potosí[17]. Debido a esto, el tráfico anual de barcos era limitado como veremos adelante, y el número total de navíos involucrados era también pequeño. Los puertos referidos anteriormente de la región actuaban como puntos nodales de una red de comercio de gran extensión y muy dependientes unos de otros debido a su reducido número.

47 Estos puertos eran servidos por naves que a menudo debían realizar travesías de miles de kilómetros de norte a sur y viceversa, y cuyo punto principal de partida y llegada era El Callao. Cuando ocurría una incursión que atentaba contra el comercio en una parte del litoral Pacífico, de forma rápida el comercio en otras partes sufría también los efectos. Esto debido al corto número de naves que operaban en el océano. Así, a finales del siglo XVI posiblemente no navegaban mucho más de 50 naves en esta parte del Pacífico; y durante el siglo XVII el número total no pasó de unos 100 barcos, alcanzando unos 120 recién hacia 1700. Posteriormente y basados en datos del puerto de El Callao que era por mucho el puerto principal de la región, se estimó que durante el resto del siglo XVIII el número total no cambió significativamente, aunque sí es probable que el tamaño medio de las naves hubiera aumentado y la frecuencia de viajes también, haciendo que no fuera necesario un aumento en el número de naves para atender el creciente comercio marítimo regional. Hacia el final de período colonial, en El Callao se registró el mayor número de naves basadas en ese puerto, por lo que se puede suponer que el movimiento marítimo debió llegar a su punto máximo hacia 1818 cuando tal vez llegó a contar con unas 200 naves en total y luego a causa de las guerras de independencia, este número disminuyó drásticamente18.

48 Se puede entonces argumentar que una incursión bélica podía tener un impacto grande sobre el comercio regional si llegaba a interferir una ruta marítima importante, o si obligaba a cerrar uno o más de los puertos principales. Esta interferencia resultaba de que los atacantes capturaran un número de navíos significativo –y esto en el Pacifico como se notó arriba no requería de tomar más de un puñado de barcos – o capturaran y cerraran al comercio un puerto por un período extenso. Ambas situaciones ocurrieron en la región como se verá más adelante.

Las incursiones significativas contra el comercio del Pacífico centro-meridional

49 El recuento de las acciones bélicas contra las colonias españolas del Pacífico entre 1575 −cuando se registró la primera de estas− y 1825, cuando concluyeron las guerras de independencia, muestra que tuvieron lugar unas 30 incursiones. En el Atlántico y en el Caribe en particular, el número de incursiones fue mucho mayor y comenzaron antes que en el Pacífico, pero como se indicó, estas no son analizadas en este trabajo19.

50 Las principales incursiones ocurridas en la región del mar desde Acapulco hasta el sur del Perú para los siglos XVI a XIX se muestran en el Cuadro 1 a continuación. Los datos fueron primero presentados por Gerhard hasta el año 174220 y han sido completados con información de las bases de datos de la investigación sobre comercio marítimo a que se hizo referencia arriba.

51Cuadro 1. Principales incursiones contra el comercio en el Pacífico 1575-1821

52
_ Fecha _ Tipo de incursión _ Magnitud de la interferencia al comercio

1575-77
Corsario inglés Oxenham cruza el istmo de Panamá y ataca naves en las costas de Perú. Mínima pues en dos años solo toma 2 barcos y es capturado por barcos españoles.

1578-79
Corsario inglés Drake atraviesa el Estrecho de Magallanes y durante un año captura naves y ataca puertos, antes de salir a Oriente Grande pues toma Valparaíso y Arica, ataca El Callao y Huatulco, tomando 6 naves, una con $ 900,000.

1587
Corsario inglés Cavendish atraviesa el Estrecho de Magallanes y ataca naves de Centroamérica a México Grande pues tomó 6 naves, incluyendo un galeón de Manila con su carga.

1593-94
Corsario inglés Hawkins entra por el Estrecho de Magallanes y ataca puertos en Chile y Perú. Mínima, tomó 4 naves, pero fue capturado en Atacames por la Armada del Mar del Sur.

1599-
Flota de comercio holandesa al mando de Mahu y Cordes toma Chiloé, intenta sin éxito establecerse y parte a Oriente. Mínima, solo en Chiloé y una de sus naves se rindió a los españoles.

1600
Corsarios-comerciantes holandeses van Noort y Lint cruzan el Estrecho de Magallanes y toman unas pocas naves entre Valparaíso y El Realejo antes de partir al Oriente. Mínima, aunque se extendió hasta Centroamérica solo tomó 5 naves pequeñas. Fracasó en cuanto a comercio.

1614-15
Flota corsaria holandesa de van Speilbergen cruza el Estrecho y ataca desde Valparaíso hasta Acapulco, batiendo una armada española frente a Cañete. Mínima, aunque logró hundir dos barcos que los atacaron y tomaron otros 3, antes de partir a Oriente.

1623-24
Flota corsaria holandesa de l’Hermitage entra por el Cabo de Hornos, atacando El Callao y tomando Puna y Guayaquil, hicieron un intento ante Acapulco antes de salir a Oriente. Limitada a pesar de la extensión de sus ataques y la toma de 8 naves.

1643
Expedición holandesa de Brouwer se establece en Valdivia con intento de atacar Perú pero fracasan y regresan a Recife. Ninguno.

1669-70
Corsario Narborough inglés intenta establecerse en el sur de Chile, sin éxito. Ninguno.

1671
Corsario inglés Morgan atraviesa el Istmo, toma la ciudad de Panamá con gran botín y hacen incursiones hasta Isla Taboga. Muy grande por la importancia de la función de entrepuerto de la ciudad y toma de 4 naves.

1680-81
Corsarios ingleses Sawkins y Sharp cruzan Istmo de Panamá por Darién y atacan desde Chile hasta Acapulco incluyendo Centroamérica y Costa Rica antes de pasar al Caribe Muy grande. Se estimaron pérdidas por $ 4,000,000 y la pérdida de entre 14 y 25 naves.

1684-87
Diversos grupos corsarios ingleses (Cook, Davis, Townley, Swan, Dampierre y luego franceses (Grogniet, de Lussan) atacan desde Chile hasta México de manera constante, tomando Esparza, Nicoya, Puerto Nuevo, León, El Realejo, Granada y Guayaquil, antes de cruzar el istmo al Caribe. Período de mayor crisis. Se paralizó durante un tiempo el comercio del istmo. Unos 18 barcos fueron tomados. Fracasaron sin embargo en tomar la Flota de Perú y su cargamento de plata.

1704-05
Corsarios ingleses Dampierre y Clipperton entran al Pacífico atacando naves entre Panamá, Golfo de Nicoya, Amapala y Ecuador antes de ir al Oriente en enero 1705. Mínima. Tomaron 8 naves pero todas pequeñas con carga de poco valor.

1709-10
Corsario inglés Rogers entra al Pacífico, ataca costa de Perú y toma Guayaquil y tomando al norte atacó a los galeones de Manila frente a Cabo San Lucas, Baja California. Luego fue a Oriente. Limitado sobre el comercio regional. Tomó unas 5 naves. Su gran éxito fue la captura de un galeón con $ 2,000,000, aunque un segundo galeón escapó.

1713-14
Corsario inglés Clipperton (Sharpe) atacó Paita, Galápagos y Panamá, perdió una de sus naves en combate en el Golfo de Panamá y otra en Bahía Banderas, Nueva España. Limitado. Fueron tomadas 7 naves del comercio. Las dos naves corsarias fueron capturadas con su tripulación.

1719-21
Corsarios ingleses Clipperton y Shelvocke atacan entre Galápagos, Panamá, Nicoya, Amapala, Juan Fernández, Chiriquí. Luego pasaron a Oriente. Mínima. En casi 2 años tomaron solo 3 naves. Intento de atacar el galeón de Manila fracasó.

1737
Comerciante Anders holandés llegó a la costa de Perú con contrabando, pero echado de allí logró vender parte en Panamá y El Realejo. Este y casos aislados anteriores de contrabando por ser aislados fueron de poca repercusión.

1740
Flota inglesa al mando del Almirante Vernon atacó sin éxito Cartagena pero toma Portobelo y Chagres, cortando el comercio al Atlántico. Aunque no en el Pacífico, fue significativa al estar relacionada con la siguiente.

1741-42
Flota inglesa del Almirante Anson atacó desde Valparaíso, Paita (tomó el puerto), Golfo de Panamá y hasta Acapulco de donde pasó a Oriente. Limitada. Tomó 6 naves del comercio y hundió 5 en Paita. Su gran éxito fue capturar en las Filipinas el galeón de Manila con $ 1, 500,000.

1805-06
Corsarios-balleneros ingleses de Duck doblan el Cabo Hornos y atacan naves y saquean Pisagua y San Blas en México antes de salir a Islas Sandwich. Mínimo. En esta correría tomaron 15 naves pequeñas y fueron perseguidos por la fragata española Astrea.

1816
Corsarios argentinos Brown y Bouchard realizan ataques desde Chiloé a Callao Nulo.

1818-19
Corsarios argentinos atacan desde Panamá hasta California, saquean Taboga y atacan naves frente a Acajutla y en El Realejo. Los corsarios chilenos estuvieron activos entre 1817 y 1821, pero concentraron actividades entre el norte de Perú y Chile. Mínimo. Unas 6 naves del comercio centroamericano son tomadas o quemadas en el plazo de un año de corso. El tráfico español entre El Callao y Panamá se mantuvo hasta 1820.

53 El Cuadro 1 reúne información sobre las 23 incursiones más notables. Como se observa, estas no se distribuyen de forma uniforme en el tiempo y difieren según las diversas naciones de donde se originaron: En el último cuarto del siglo XVI son todas de corsarios ingleses; luego entre 1599 y 1643 son todas de corsarios holandeses, en casi todos los casos formando verdaderas flotas; entre 1680 y 1721, la época de mayor interferencia al comercio, las incursiones corresponden casi solamente a corsarios ingleses. Después de ese año, en el siglo XVIII el ritmo de incursiones disminuye significativamente, y corresponden principalmente a acciones realizadas por fuerzas navales inglesas durante la Guerra de la Oreja de Jenkins entre 1740 y 1742 y luego una última correría de corso inglés durante las Guerras napoleónicas en los primeros años del siglo XIX. Por último, se cierra el ciclo con los ataques de corsarios argentinos enviados a quitar a los españoles el control del océano para asegurar la independencia de los países americanos.

54 De la tercera columna del cuadro anterior se puede deducir que las épocas en que las incursiones tuvieron mayor impacto fueron dos: entre 1578-79 y 1587; y en 1671-1687, siendo esta última cuando los efectos negativos para el comercio llegaron a su máximo. En los demás casos, solo en los correspondientes a 1710 y 1742 ocurrieron incursiones con impacto directo significativos, mientras que en los demás tuvieron efectos mínimos o nulos.

55 Este conjunto de incursiones incluidas en el Cuadro1 se contrastará a continuación con el flujo del movimiento marítimo en los períodos correspondientes para buscar establecer la relación entre estas dos variables. Los datos correspondientes al tráfico marítimo registrado por el Pacífico centro-meridional, se presentan en el gráfico 1, para los años 1530 hasta 1825 es decir prácticamente 3 siglos. Los datos aparecen por quinquenios, observándose una variación significativa a los largo del período.

56 Es importante señalar que los datos de movimiento marítimo no siguen un patrón definido en los tres siglos registrados. La información presentada muestra una gran actividad marítima en el quinquenio de 1541-1545, la cual luego no se vuelve a repetir hasta el final del período colonial21. Después de ese pico en 1541-45 descendió hasta 1590. Siguió luego un período de expansión desde 1590 a 1625, bajando luego y llegando a un mínimo entre 1655 y 1665. Este período de bajo movimiento parece ser un reflejo de la reducción en la producción de metales preciosos –plata en particular– a partir de 1630, que ha sido señalado como indicador de un período de crisis económica en la región22.

57 Posterior a 1670, se inicia un periodo extenso de altos y bajos cíclicos en el movimiento marítimo registrado, con una tendencia secular al alza como se observa en el Gráfico 1. El tráfico de naves involucradas en transportar bienes y personas entre los puertos de Centroamérica, Panamá y el virreinato del Perú, aumenta gradualmente después de 1710 pasando de unas 20 naves registradas por quinquenio hasta unas 30 a 40 en los quinquenios de 1735 a 1770. La baja posterior a 1770 puede ser real o causada por un subregistro, y en todo caso a partir de 1790 vuelve a aumentar el movimiento de naves, llegando en al menos dos quinquenios (1806-10, 1816-20) a 60 o más buques.

58

Movimiento marítimo registrado entre 1541 y 1820
Movimiento marítimo registrado entre 1541 y 1820

59

Una comparación entre los datos de incursiones incluidas en el Cuadro 1 y los de movimiento marítimo del Gráfico 1
Una comparación entre los datos de incursiones incluidas en el Cuadro 1 y los de movimiento marítimo del Gráfico 1

60En el Grafico 2 se presenta una comparación entre los datos de incursiones incluidas en el Cuadro 1 y los de movimiento marítimo del Gráfico 1 −incluyendo datos sólo a partir de 1550−.

61 Se puede observar en este Gráfico 2, claramente los picos de incursiones −línea delgada discontinua− y su concentración en determinados períodos. Al comparar estos con los datos de movimiento marítimo −línea ancha continua−, en varios casos el movimiento marítimo cae en los períodos quinquenales donde ocurren las incursiones (1596-1605 y en el período más crítico de 1670-1699, en 1715-1720 y en 1740-45), pero no siempre ocurre esta relación entre mayores incursiones y menor movimiento en todos los períodos. En parte esto se puede atribuir a que las incursiones no tuvieron el mismo éxito, siendo algunas de estas un fracaso para sus iniciadores.

Conclusiones

62 Las incursiones contra el comercio marítimo fueron múltiples pero espaciadas a lo largo de 250 años y concentradas en ciertos períodos. Es decir, no fueron un impedimento constante al comercio sino sólo en ciertos momentos en los cuales las expediciones adquirieron mayor violencia.

63 Analizando el caso del comercio y las incursiones en el litoral Pacífico de América, en lo referente a Centroamérica, se puede señalar que el comercio de esta, era relativamente marginal, y se integraba al resto de los circuitos comerciales regionales a través del puerto de El Callao, que ocupó el punto central en el comercio en el Pacífico en los siglos XVI a XIX.

64 Los momentos en que ocurrieron las incursiones con efectos sustanciales sobre el comercio en el Pacífico centroamericano, fueron relativamente pocos: entre 1578-79; en 1671-1687 −cuando los efectos negativos para el comercio llegaron a su máximo−; en 1710 y en 1742. Todas estas ocasiones coincidieron con guerras abiertas y otros conflictos entre España y las potencias marítimas que le hacían competencia: Holanda, Francia e Inglaterra. La última etapa durante la cual el comercio regional en el Pacífico estuvo interrumpido, fue en 1816-1821 cuando recibió ataques de barcos corsarios bajo bandera de los estados insurgentes sudamericanos.

65 La protección ofrecida por la lejanía de las costas del Pacífico americano y la falta de información sobre el paso del Atlántico al Pacífico por el extremo austral de Sudamérica, fue un efectivo elemento que desalentó las incursiones. Esto resultó de suma utilidad para proteger al comercio regional, ya que el gobierno español no tenía los recursos para construir fortificaciones importantes en los puertos principales del Pacífico ni para establecer una eficiente Armada del Mar del Sur para protegerse de las incursiones.

66 La época más crítica de incursiones a finales del siglo XVII, coincidió con un momento de especial debilidad del imperio español, y los corsarios –en algunos casos verdaderos piratas– lograron sus mejores resultados. La creciente presencia, a partir de mediados del siglo XVII en el Caribe de colonias de otras naciones y el crecimiento del comercio de estas, aunque fue un reto para España que trataba de mantener la ficción de que todo el territorio americano le pertenecía, significó por otra parte, que la guerra de corso comenzara a afectar los intereses comerciales de otras naciones y se generaron presiones para acabar con este instrumento de guerra. Con el propósito de limitar los daños de los corsarios se suscribieron los tratados de Ryswick (1697) y de Utrecht (1713) en los cuales las demás potencias marítimas aceptaron poner coto a la actividad corsaria, siendo España la mayor beneficiada de estos acuerdos diplomáticos.

67 Los efectos de las incursiones se buscaron identificar a través de la reducción en el tráfico marítimo en los litorales debido a pérdidas de naves por causa de las incursiones y ataques a los puertos. De los más de una veintena de ataques registrados, la gran mayoría mostraron alguna reducción en el comercio en el corto plazo, pero solo unos pocos causaron realmente grandes daños en el Pacífico americano.

68Se concluye entonces que:

69a.Las incursiones de distinta índole tuvieron un efecto inmediato en el comercio por el Pacífico, pero no un impacto duradero, con base en el análisis de las estadísticas de movimiento de naves en el Mar del Sur.

70b.Otros factores como el contrabando tal vez tuvieron aún mayor efecto sobre el comercio que las incursiones, al ser más constantes, menos notado pero más pernicioso para el comercio “legal” o autorizado por el gobierno español.

71Notas de pie de página

721 Véase Fernand Braudel, Civilization and Capitalism, Volume II The Wheels of Commerce, (Berkeley: University of California Press, 1992), págs. 125-137.

732 Véase Joseph Veitía Linage, Norte de Contratación de las Indias Occidentales, (Buenos Aires: Comisión Argentina de Fomento Interamericano, 1945), pág. 512.

743 “Un corsario fue un buque privado armado que operaba durante tiempos de guerra en contra del comercio del enemigo. Estos buques recibían una patente de corso, que los autorizaban a tomar presos durante tiempos de guerra, y que les servía tanto como certificado oficial de represalia como de garantía de buen comportamiento”. Hamish I. Stewart Stokes y Claudio Cabello Pizarro, Los Corsarios en la Historia Chilena.

754 El término “privateer” utilizado comúnmente en inglés para referirse a los corsarios, enfatiza claramente la naturaleza privada de las incursiones, pero que debido a la protección del gobierno que concedía la patente de corso, era a menudo organizada como una empresa en la que capitalistas o incluso funcionarios de las cortes europeas invertían y se repartían eventualmente las ganancias de los barcos y poblaciones saqueadas. En la segunda mitad del siglo XVII, con la ocupación de Jamaica por los Inglaterra, fue posible para los corsarios obtener patentes de corso de los Gobernadores locales, lo que llevó a la proliferación de corsarios que con el tiempo se convirtieron en simples piratas, una vez las potencias marítimas decidieron restringir el uso del sistema de corso en el siglo XVIII.

765 El nombre de bucanero proviene aparentemente de “boucan”, unas parrillas que utilizaban para asar carne de los animales a que se dedicaban a cazar, especialmente ganado vacuno salvaje traído a esas islas por los españoles y que luego se escaparon y en estado salvaje se reprodujeron en grandes números. Los cueros de estos animales eran vendidos a comerciantes para obtener otros productos que necesitaban los bucaneros. Francisco Mota, Piratas en el Caribe, (La Habana: Ediciones Casa de las Américas, 1984), pág. 100.

776 Mota, Piratas en el Caribe, págs. 100-101.

787 David Marley, Pirates: Adventurers of the high seas, (Londres: Cassel Group, 1995), págs. 120-121.

798 Cuando fuerzas francesas atacaron Cartagena en 1697, la Marina utilizó como aliados a un gran número de filibusteros de Isla Tortuga, pero una vez logrado el propósito de rendir ese gran puerto, la gran mayoría del botín quedó a los militares profesionales y a los filibusteros sólo les quedó una parte tan reducida que volvieron a tomar la ciudad para exigir un nuevo rescate. Obtuvieron algún botín adicional, pero la flota francesa regresó a Francia y dejó a los barcos filibusteros a merced de una flota inglesa que los atacó y hundió a varios de estos. Mota, Piratas en el Caribe,págs. 131-132; Marley, Pirates: Adventurers of the high seas, págs. 122-128.

809 Víctor Cruz, et al, Fuerte de San Fernando de Omoa: Época colonial, (Tegucigalpa: Instituto Hondureño de Antropología e Historia, 1985), págs. 68-70.

8110 Germán Romero Vargas, Las sociedades del Atlántico de Nicaragua en los siglos XVII y XVIII, (Managua: Fondo de Promoción Cultural BANIC, 1995), págs. 122-126, 301.

8211 Mota, Piratas en el Caribe, pág. 7.

8312 Guillermo Bustillo, El Golfo de Fonseca: Región clave en Centroamérica, (Tegucigalpa: Editorial Guaymuras, 2002), pág. 77.

8413 Esta ruta recorrida por el célebre “Galeón de Manila” funcionó entre 1565 y 1815, y por la riqueza de los cargamentos legales e ilegales que transportaba, era un elemento importante en el comercio de Nueva España, y aunque prohibido por la corona, también los bienes que transportaba llegaban a Guatemala y el Perú. Ver por ejemplo: Carmen Yuste, coordinadora, Comercio marítimo colonial: Nuevas perspectivas y últimas fuentes, (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1997) y F. Benítez et al, El Galeón del Pacífico. Acapulco-Manila 1565-1815, (México: Instituto Guerrerense de Cultura, 1992). Este comercio entre Nueva España y Filipinas siguió una ruta al norte de Centroamérica por lo que en pocas ocasiones mantuvo una relación comercial directa con esta región. Sin embargo, en sus orígenes algunos de los primeros galeones fueron construidos en El Realejo, y a menudo los productos de Asia descargados en Acapulco, acababan en los hogares centroamericanos.

8514 Parte de la base de información sobre movimiento marítimo fue elaborada en el marco del Proyecto de investigación No. 806-97-284, “El comercio marítimo entre Centroamérica y Perú, 1750-1840”, realizado bajo auspicio del CIHAC/UCR entre 1997 y 2000. Una porción de los resultados de esa base se publicaron como Jorge León, “Bases de datos del Proyecto sobre el comercio entre Centroamérica y la Costa del Pacífico de América del Sur 1700-1850”, en Revista de Historia 43 (2001), págs. 385-402.

8615 Las principales fuentes de información secundaria utilizadas para establecer las bases de datos sobre movimiento marítimo fueron: Manuel Rubio Sánchez −pionero en la región en la búsqueda de información sobre puertos y comercio centroamericanos– en sus tres libros: Comercio de y entre las provincias de Centroamérica, Tomo I, (Guatemala: Editorial del Ejercito); Historial de El Realejo, (Managua: Fondo de Promoción Cultural-Banco de América, 1975), e Historia del puerto de la Santísima Trinidad de Sonsonate o Acajutla, (San Salvador: Editorial Universitaria,1977). Para los puertos fuera de Centroamérica, las fuentes secundarias principales incluyen: Miguel Maticorena Estrada, ”Navíos españoles entre Panamá, Nicaragua, Puerto Viejo, Paita y El Callao 1531-1544” en Actas del Primer Simposio de Historia Marítima y Naval Iberoamericana, (Lima: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, 1993); Guillermo Lohmann Villena, Historia Marítima del Perú, Siglos XVII y XVIII, Tomo IV (Lima: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, 1975); William Borah, Early colonial trade and navigation between México and Perú, (Berkeley: University of California Press, 1954); Ostwald Sales Colín, El movimiento portuario de Acapulco: El protagonismo de Nueva España en la relación con Filipinas 1587-1628, (México: Plaza y Valdés, 2000); María del Carmen Mena García, La sociedad de Panamá en el Siglo XVI, (Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 1984); y Patrick Werner, “La actividad marítima en Nicaragua 1539-1543”, en,_ Revista de Historia_, 43 (2001). Múltiples otras fuentes secundarias aportaron informaciones parciales. Otras fuentes de información secundaria fueron periódicos como La Gaceta de Lima; El Mercurio Peruano; La Gaceta de Guatemala. Las fuentes primarias fueron documentos del Archivo Nacional de Costa Rica y de la Revista del Archivo Nacional, documentos del Archivo General de Centroamérica (Guatemala), y del Archivo de la Nación de Perú.

8716 Bajo el Proyecto No. 806-97-284 se formaron 20 bases de datos. Seis de estas contienen información del movimiento marítimo anual y de estas se utilizaron cuatro correspondientes a 1530-1580, 1580-1630, 1630-1705 y 1705-1821 para naves en el Pacífico.

8817 Recién hacia 1800, producto de la revolución demográfica iniciada en el siglo anterior, fue que la población de la región del Pacífico americano se acercó a los 5 millones de habitantes, cifra que se duplicó en los 50 años siguientes. Ver Jorge León, “De la otra costa: comercio y comunicaciones marítimas entre Centroamérica y la costa oeste de Sudamérica (1700-1850)”, en Derroteros de la Mar del Sur 6 (1998), pág. 105.

8918 Para estimaciones del número de barcos navegando en la región, véase Jorge León, ”Los astilleros y la industria marítima en el Pacífico americano Siglos XVI a XIX”, en Diálogos Revista Electrónica de Historia, 1 (3) 2009.

9019 A manera de reseña solamente se puede indicar que las primeras incursiones de corsarios en el Caribe las señala Mota, Piratas en el Caribe, pág. 23 tomaron lugar hacia 1524 en La Española y 1537 en Cuba. En Centroamérica las primeras incursiones identificadas corresponden a ataques al Puerto Caballos en la costa norte de Honduras hacia 1572 y desde entonces hasta 1698 se reportan al menos unos 30 ataques de corsarios y piratas en costas centroamericanas. Posterior a esta fecha y coincidente con la vigencia de los ya mencionados Tratados de Ryswick y Utrecht los ataques corsarios europeos se redujeron pero en su lugar aparecen ataques continuos a asentamientos costeros y tierra adentro de los indios y zambos mosquitos. Hay al menos 28 incursiones de los mosquitos en Nicaragua y Costa Rica incluyendo Bocas del Toro, registradas entre 1699 y 1803, en algunos casos apoyados por fuerzas inglesas, pero la mayoría de las veces sin estas. Hubo además ataques de fuerzas militares inglesas durante la Guerra de la Oreja de Jenkins (1739-1745), que en 1739 llevó a la captura de Portobelo y Chagres, efectivamente cerrando el tráfico a través del istmo de Panamá y la destrucción del Fuerte de San Fernando en Matina en 1742; posteriormente durante la Guerra de los Siete Años, fuerzas inglesas de Jamaica atacaron en 1761 el Río San Juan, llegando a tomar el Fuerte de la Inmaculada o Castillo Viejo en Nicaragua.

9120 Véase Peter Gerhard, Pirates of the Pacific 1575-1742, (Lincoln: University of Nebraska Press, 1990), pág. 240; y base de datos del Proyecto No. 806-97-284, “El comercio marítimo entre Centroamérica y Perú, 1750-1840”.

9221 El gran movimiento de este quinquenio coincide por una parte, con la consolidación del gobierno español en Perú y la eliminación de los movimientos de insurrección en ese virreinato, y por otra parte en esa década ocurre el descubrimiento de las minas de plata de Potosí, que señalan el inicio de la producción en gran escala de ese metal y su exportación a España. Ambos aspectos podrían explicar el aumento muy grande de personas y bienes que llevaron a ese pico de más de 100 naves en el quinquenio finalizado en 1545.

9322 Véase Earl Hamilton, El tesoro americano y la revolución de los precios en España 1510-1650, (Barcelona: Editorial Crítica, 1934/2000), págs. 44-49. La tesis de que el siglo XVII fue de crisis en América como en España ha sido disputada, pues hay evidencias de que en ciertas partes de América dicha crisis no ocurrió, al menos en ese período. Ver por ejemplo, Ruggiero Romano, Mecanismo y elementos del sistema económico colonial americano siglos XVI-XVIII, (México: El Colegio de México-Fondo de Cultura Económica, 2004).

Para citar este artículo :

Jorge León Sáenz, « Incursiones contra el comercio colonial: evidencias para el Pacífico centroamericano, 1570-1825 », Boletín AFEHC N°47, publicado el 04 diciembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2529

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