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AFEHC : articulos : Demencia Nefanda: Estudios sobre la homosexualidad en Guatemala del siglo XVII al XXI : Demencia Nefanda: Estudios sobre la homosexualidad en Guatemala del siglo XVII al XXI

Ficha n° 2536

Creada: 11 diciembre 2010
Editada: 11 diciembre 2010
Modificada: 23 diciembre 2010

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Autor de la ficha:

Johann Estuardo MELCHOR TOLEDO

Editor de la ficha:

Dario Aquiles EURAQUE MENDEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Demencia Nefanda: Estudios sobre la homosexualidad en Guatemala del siglo XVII al XXI

Estudios sobre la homosexualidad en Se persigue realizar una aproximación histórica al fenómeno de la homosexualidad en Guatemala desde el siglo XVII al XXI, a través de la lectura psicoanalítica de orientación lacaniana, de cinco casos: 1)Agustín de Vargas de doce años, aprendiz de Pedro de Liendo de veinticinco años, presentado al oidor de la audiencia, el señor doctor García de Carvajal Figueroa, en Diciembre de 1611; 2) don Juan Joseph Quintanilla, acusado de inquietar a la torpeza de la sodomía a dos jóvenes de la ciudad de Santiago de Guatemala en 1765; 3)“Delito nefando y otros excesos cometidos por José Victoriano Ambrosio contra Joaquín” en 1806; 4) José Miculax Bux, “El Estrangulador” en 1946 y 5)el caso de Jared, en pleno siglo XXI. Estas líneas buscan ser el desencadenante de un tema invisibilizado y prohibitivo en una sociedad silenciada en su deseo de memorizar a eros, su ser sujeto sexual, para nuestro caso homosexual. La historia de la sexualidad en Guatemala aún es incipiente, por ello nuestro aporte está encaminado a servir de excusa para la discusión y elaboración de una rememorarnos en el cuerpo de aquello que decidieron como objeto de amor a otro par, y que fueron marginados, etiquetados de locos, de una locura que no puede ser nombrada (nefanda), una demencia que va encaminada a sacar de la memoria, a aquellos que se atreven a seguir su deseo en vez del deseo del Otro de la Cultura y sus comités de ética de todos los tiempos.
Palabras claves :
Homosexualidad, Sexualidad, Demencia, Cultura
Autor(es):
Carlos Seijas y Johann Melchor
Fecha:
Diciembre de 2010
Texto íntegral:

1Se persigue realizar una aproximación histórica al fenómeno de la homosexualidad en Guatemala desde el siglo XVII al XXI, a través de la lectura psicoanalítica de orientación lacaniana, de cinco casos: 1)Agustín de Vargas de doce años, aprendiz de Pedro de Liendo de veinticinco años, presentado al oidor de la audiencia, el señor doctor García de Carvajal Figueroa, en Diciembre de 1611; 2) don Juan Joseph Quintanilla, acusado de inquietar a la torpeza de la sodomía a dos jóvenes de la ciudad de Santiago de Guatemala en 1765; 3)“Delito nefando y otros excesos cometidos por José Victoriano Ambrosio contra Joaquín” en 1806; 4) José Miculax Bux, “El Estrangulador” en 1946 y 5)el caso de Jared, en pleno siglo XXI. Estas líneas buscan ser el desencadenante de un tema invisibilizado y prohibitivo en una sociedad silenciada en su deseo de memorizar a eros, su ser sujeto sexual, para nuestro caso homosexual. La historia de la sexualidad en Guatemala aún es incipiente, por ello nuestro aporte está encaminado a servir de excusa para la discusión y elaboración de una rememorarnos en el cuerpo de aquello que decidieron como objeto de amor a otro par, y que fueron marginados, etiquetados de locos, de una locura que no puede ser nombrada (nefanda), una demencia que va encaminada a sacar de la memoria, a aquellos que se atreven a seguir su deseo en vez del deseo del Otro de la Cultura y sus comités de ética de todos los tiempos.

2Cum masculo non commisceberis coitu femineo quia abominatio est1.
(Levítico 18:222) Qui dormierit cum masculo coitu femineo uterque operati sunt nefas morte moriantur sit sanguis eorum super eos.
(Levítico 20:133). An nescitis quia iniqui regnum Dei non possidebunt nolite errare neque fornicarii neque idolis servientes neque adulteri, neque molles neque masculorum concubitores neque fures neque avari neque ebriosi neque maledici neque rapaces regnum Dei possidebunt.
(1 Corintios 6:9-104)

3En Guatemala, la homosexualidad es un tema invisibilizado y socialmente prohibitivo, por lo que rescatar su “memoria” ha sido una tarea compleja mas enriquecedora; sin embargo, la información ha sido escaza y ha llegado a nosotros de formas extrañas, por no decir curiosas y anecdóticas5. El primer documento que se encontró en el Archivo General de Centro América (AGCA) sobre Quintanilla loco apareció buscando datos sobre otras investigaciones y parecía más un caso de locura, que la homosexualidad. Encontrado este documento, se procedió a revisar sistemáticamente los períodos del Imparcial de los meses de marzo a julio de 1946 en la Hemeroteca Nacional, el AGCA en la sección de causas civiles y criminales y el archivo histórico del Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA). Luego se solicitó autorización al Archivo General de Tribunales (AGT) para consultar el caso Miculax. Se tuvo que presentar fotocopia del carné de colegiado activo y una exposición de los motivos para los cuales se iba a realizar esta investigación. Fue concedido el permiso y se consultaron las piezas de que consta el caso. De ahí se obtuvo la información necesaria para este artículo. También se tuvo referencia a que hay algunos datos sueltos en las revistas de la policía en el AGCA, pero como no hay personal que atienda la sección periódicos no se pudo consultar. Luego se transcribieron los documentos obtenidos del periodo colonial y se revisó posteriormente dichas transcripciones. Finalmente, se logró conseguir el testimonio de un amigo que quiso dar a conocer su experiencia en este estudio. Cada caso fue publicándose poco a poco en diferentes Congresos y Encuentros de historiadores, con excepción del último que es inédito.

4En América y específicamente en América Latina el tema de la homosexualidad está comenzando a ser explorado desde la Sociología en los trabajos de Jacobo Shifter Sikora, De ranas, a princesas. Sufridas, atrevidas y travestidas6 y Ojos que no ven7. Así como desde la historia en el volumen especial de la revista Ethnohistory8 en el que se trabajan temas como Queer Nahuatl: Sahagún’s Faggots and Sodomites, Lesbians and Hermaphrodites de Pete Sigal y “Heran Todos Putos”: Sodomitical Subcultures and Disordered Desire in Early Colonial Mexico de Zeb Tortorici, entre otros. En Guatemala, se pueden mencionar los trabajo que hemos realizado como el caso de Pegan a un niño… en Santiago de Guatemala9, La locura de la homosexualidad: El caso de don Juan Joseph Quintanilla10, Entre cajas, chichas y zanjas: Delito nefando y otros excesos cometidos por José Victoriano Ambrosio contra Joaquín Morales11 y Del Padre Bruto al Padre Gozador: Miculax el De-genes-radros12. También, se encontró el libro inédito e inacabado de Manuel Rubio Sánchez titulado Pecado nefando13, el cual se encuentra resguardado en el archivo histórico de CIRMA, donde indicaron que los trabajos del historiador Rubio, serán editados por ellos. El trabajo del historiador Rubio Sánchez es muy diferente al nuestro, en primero lugar por la hermenéutica y en segundo, por los casos.

5El abordaje histórico de la conducta humana, a través de la letra plasmada en los documentos de archivo y el decir del joven entrevistado, nos dio la excusa para adentrarnos en la investigación de la homosexualidad, en este caso, masculina, en el trascurso de aproximadamente cuatro siglos, en lo que hoy es Guatemala. Al contar con un caso por siglo, corremos el riesgo de la generalización, y claro al contar con casos de hombres, pues del panpsiquismo, ambos pecados atribuidos a Freud. El argumento, que en ningún momento es una defensa, pues no hay nada que defender, sino una exposición de metodología, es que si tuviésemos más casos los incluiríamos, es lo que hay, por el momento. Lo interesante de tomar como línea de análisis el psicoanálisis de orientación lacaniano, para el abordaje del texto histórico es que nos planteamos en la configuración de sujeto y su deseo, en este caso del sujeto homosexual, y su deseo que como bien se pudo apreciar, colisiona con el discurso impuesto por el Otro, la cultura, su tiempo, la sociedad, que calla aquello que son ellos mismos, en cuanto sujetos desean y por ende buscan construir a través de su ser sexuado una sociedad tal como se las han legado sus ancestros, basada en la familia, y todo aquello que la violente debe, en la medida de lo posible, ser borrado.

6Permítansenos unas palabras en cuanto al por qué el psicoanálisis de orientación lacaniano14. Uno de los psicoanalistas más famosos de la segunda mitad de este siglo – tal vez el psicoanalista más famoso después de Freud – lo es el francés Jacques Lacan. A lo largo de su carrera, Lacan va a pasar de un romance casi ciego con la historia a un odio casi visceral hacia la misma. Ese cambio, creo, nos puede ayudar a responder a las preguntas antes planteadas. En su Discurso de Roma de 1953, Lacan concluyó que de lo que se trata en un psicoanálisis es de rememoración, vale decir, de historia: “el análisis no puede tener otra meta que el advenimiento de una palabra verdadera y la realización por el sujeto de su historia en su relación con un futuro15”.

7A lo que se apunta el psicoanálisis hoy día no es al “recurso engañoso de la historia16”. Sino por un lado, a la lógica de la repetición, a aquello que insiste, a lo que, está buscando decir lo indecible termina por repetir un fallo, producir algo e introducir, de paso, la diferencia. Por el otro, el psicoanálisis apunta justamente a aquello que se ubica en las antípodas de las continuidades –a la sorpresa, a la discontinuidad, al azar; a eso que Lacan – utilizando el par aristotélico- llama tyché ; la irrupción inesperada de un real que siempre se escabulle y que está más allá, que corta e interrumpe el automaton, el retorno, la insistencia.

8Tómese al de paradigma 1806, curiosamente 140 años de diferencia, en la línea histórica, sin embargo, la conducta mostrada por Victoriano en el siglo XIX emula la de José Miculax Bux, en el silgo XX. Miculax y Victoriano estrangulaban a sus víctimas mientras las penetraban, en búsqueda de un plus de goce, de algo que sobre en el placer; esto, además de hablarnos de dos sujetos producto de su tiempo, nos habla de una sociedad génesis de estos desórdenes, el primero es producto del traslado de la ciudad de Guatemala, y el otro de la Revolución. El sujeto es fruto de su lenguaje, de su inconsciente, que da testimonio del trascurrir del ser guatemalteco. La historia se repite, y parece que los problemas sociales son los mismos. Esto motiva a realizar otros estudios referentes a ambas sociedades para comprenderlas y hacer notar qué aspectos tienen en común.

9De esta forma, al interesarse, por tanto, en aquello que repite y aquello que sorprende, el psicoanálisis piensa hoy la historia que se narra (eso que Freud llamaba la “novela familiar de los neuróticos17”) como un obstáculo al proceso terapéutico. La historia entendida como continuidad oculta. La historia tranquiliza, completa lo imposible de decir, cubre y tapona con la realidad la emergencia de lo real, disfraza con historias los olvidos, tapa los desgarrones del pasado en el presente, y se transforma en una de las resistencias más poderosas frente al análisis.[18] En consecuencia, si el proceso analítico se estructura en función de eso que Lacan llamó la “dirección de la cura” no puede contentarse con estimular o crear las condiciones para la historización. Por el contrario y más allá de toda empresa y tentativa historicista, el psicoanalista de nuestros tiempos, si bien reconoce la narración como parte fundamental de un análisis, sabe que es imprescindible no quedarse ahí, sabe que la meta se ubica más allá de la novela familiar, se ubica en la deconstrucción de los hechos narrados. En este vuelco del psicoanálisis es que se propone encontrar un punto de contacto con la historiografía contemporánea y, si lo quieren, tender un punto de intercambio y diálogo- intercambio del que, estamos seguros, más de una disciplina saldrá enriquecida.

10Aún queda mucho trabajo por realizar, sirvan estas hojas, como la llama que encienda el deseo de los investigadores de todos los campos, a que a partir de la historia, se dé la génesis de análisis que permitan enriquecer y ampliar estos casos, que a la vez que individuales, aglutinan al ser humano, en cuanto a que todos hemos amado, hemos sufrido, hemos llorado y reído, en síntesis, hemos sido uno en nuestro deseo, la búsqueda de cada uno, del otro en nosotros. Que la historia nos muestre la verdad y el psicoanálisis sirva de vía regia, hacia el descubrir de uno mismo, en este caso uno-mismo-histórico, todos somos sujetos del lenguaje, sujetos de la historia y toda historia es colectiva, la historia somos todos.

11Agradecemos la colaboración recibida por parte de la directora del AGCA, Ana Karla Ericastilla, por su colaboración; a Oscar Haussler por la transcripción del documento de principios del siglo XVII; a Thelma Porres del archivo histórico de CIRMA ayuda en la búsqueda de algunos periódicos de El Imparcial y documentos referentes a la homosexualidad; a todas las personas que nos han ofrecido su apoyo, en contra de todas las que se han manifestado en contra o han preferido no dar opinión.

Los avatares de Eros

12Al mirar cualquier libro de texto de historia, podríamos creer que ninguna sociedad celebró el amor entre hombres, que jamás un pintor, un poeta o un papa abrieron su cama o su corazón a otro hombre. Las pruebas del amor homosexual fueron discretamente suprimidas, como se hizo con griegos y romanos, o rápidamente destruidas, como se viene haciendo en la actualidad con las muestras de arte inca y maya que se han hallado recientemente. El resultado de este engaño ha sido una polarización innecesaria de la sociedad y un sufrimiento, jamás reconocido, padecido por las personas que se enamoran de otras de su mismo sexo19.

13Libres de censuras, los antecedentes históricos revelan que la realidad es exactamente la contraria: que el instinto del amor entre hombres es una constante universal. Lo único que varía es la actitud de la sociedad. Todas las culturas han regulado el amor entre hombres tejiendo diferentes rituales más o menos elaborados. Incluso algunas han intentado, sin éxito, hacerlo desaparecer.

14En general, el amor entre hombres formaba parte del tejido social y religioso. Desde las ciudades-estado de la antigua Grecia o desde Roma y sus emperadores (entre otros, Trajano y Adriano) hasta los chamanes siberianos o los sanadores de dos espíritus de los indios norteamericanos o los miembros de las tribus africanas, pasando por los emperadores o los eruditos chinos, gente de todo el mundo entendía y respetaba la existencia de la vulnerabilidad del hombre frente a la belleza de otros hombres. Se aceptaba que con matrimonio o sin él había hombres que se enamoraban de otros hombres, que soñaban con ellos, escribían sobre ellos, luchaban por ellos y se acostaban con ellos. Habitualmente entendían que los niños quedaban fuera del juego del amor en la misma medida en la que también las niñas quedaban fuera de él20.

15En la antigua Grecia, el amor entre hombres era análogo en multitud de aspectos a los matrimonios de la época; se consideraban igual de importantes en la vida del individuo y encontraban su sitio en el marco de la mitología griega. Era la piedra angular de una tradición cultural en cuyo seno nacieron hace 2,500 años la democracia, el teatro, la filosofía, las matemáticas, la historia… Se consideraba que el amor masculino sacaba a la luz las mejores cualidades de un joven, particularmente su hombría y su valor. En la guerra, los soldados solían pelear codo con codo con sus amados, como en el famoso Batallón Sagrado de Tebas; con posterioridad, bajo el mando de Alejandro Magno y su amante Hefestión, los griegos conquistaron todo el mundo conocido. Pero Grecia tampoco era Utopía; la prostitución y la violación, a menudo acompañadas de la esclavitud, eran moneda corriente.

16En Japón, los aprendices de samurai solían emparejarse con guerreros mayores para ser formados en las artes del amor y de la guerra y el shogun tenía, además de sus concubinas, multitud de amantes masculinos, sus “nanshoku,” inmortalizados por los pintores y escritores shunga, que inmortalizaron el “shudo,” el camino de los efebos. Igualmente inmortalizaron la dureza de las vidas de los “tobiko”, jóvenes actores itinerantes de teatro kabuki, que debían trabajar para el público sobre el escenario durante el día y satisfacer a sus clientes en la cama por la noche.

17En los países musulmanes, famosos poetas árabes e iraníes, tales como Hafiz i-Shirazi y Abu Nuwas loaron y maldijeron a la vez las bellezas de los jóvenes (a los que a veces emborrachaban para seducirlos). Los hombres santos sufíes, desde la India hasta Turquía intentaron encontrar a Alá en la belleza de jóvenes imberbes. Los escritores inmortalizaron historias de amor homosexual en Las Mil y Una Noches. Hubo artistas tales como Riza i-Abassi, que deleitaron a reyes y príncipes con miniaturas y caligrafías persas exquisitamente trabajadas. Los censores se revolvieron contra estas historias de amor entre hombres, pero éstas eran celebradas por hombres de todos los extractos de la sociedad, desde califas a porteadores, y todos deseaban ser servidos por “chicos de juventud eterna, tan bellos como las perlas” cuando llegasen al paraíso.

18En América del Norte y en Siberia, ya en la Edad de Piedra, las tradiciones chamánicas reconocían los poderes espirituales singulares de estos hombres y mujeres atraídos por el amor homosexual, como vemos en la tradición de los amerindios de los hombres de dos espíritus, que sobrevive aún hoy en día.

19En el occidente pre-moderno, el amor entre hombres sobrevivió prácticamente oculto y sólo salía a la superficie cuando los amantes tenían la desgracia de verse descubiertos o cuando artistas suficientemente resueltos para mofarse de las convenciones osaban mencionarlo. Multitud de artistas o músicos o poetas describieron el amor entre hombres, pero siempre de forma oculta. Miguel Ángel, por ejemplo, adornó la Capilla Sixtina con espléndidos desnudos masculinos. Shakespeare, que cantó a su amado en sus sonetos; Blake, quien se revolvió contra los clérigos que “con zarzas atan mis alegrías y mis deseos,” Withman cantó al cuerpo eléctrico. La lista de celebridades, artistas, hombres de Estado, personalidades de la Iglesia, caballeros y villanos que sintieron la atracción del amor hacia otros hombres sólo o junto con el amor hacia mujeres es infinita21.

Pegan a un niño… en Santiago de Guatemala

20La violencia como manifestación ante la diferencia, es el eje conductor del presente análisis, en el cual abordaremos el caso de Agustín de Vargas de doce años, aprendiz de Pedro de Liendo de veinticinco años, presentado al oidor de la Rejal Audiencia, el señor doctor García de Carvajal Figueroa, en Diciembre de 1611. Para tal, se tomará como texto conductor el ensayo de Sigmund Freud Pegan a un niño: aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales, de 191922. Es la cuidad de Santiago de Guatemala la localidad en la cual se desarrolla este caso. Una ciudad española insertada en el nuevo mundo, una ciudad inmersa en la España del siglo XVII, cuyos valores están embebidos del cristianismo con una férrea doctrina en la cual se sabe que: Cum masculo non commisceberis coitu femineo quia abominatio est (Levítico 18:22)[23] y Qui dormierit cum masculo coitu femineo uterque operati sunt nefas morte moriantur sit sanguis eorum super eos (Levítico 20:13)[24]. Y en la que las palabras de Pablo resuenan en sus mentes: An nescitis quia iniqui regnum Dei non possidebunt nolite errare neque fornicarii neque idolis servientes neque adulteri, neque molles neque masculorum concubitores neque fures neque avari neque ebriosi neque maledici neque rapaces regnum Dei possidebunt (1 Corintios 6:9-10) [25]. Tal es el caso de Agustín de Vargas, hijo de la viuda Juana de Torres. Agustinillo [sic.] es sorprendido “subiéndose por detrás” de Peruchillo mulato por Catalinilla indiezuela, quien le informó a su amo, Pedro de Liendo, quien con unas varas de membrillo lo azotó en la espalda y las nalgas, poniéndolo como “un San Lázaro”. En estas breves líneas se deja esbozado el trabajo a realizar, analizando un caso de homosexualidad, presentado no por ello, sino por los azotes proporcionados por el pintor a su aprendiz26.

21La perversión nos concierne a todos, si como Lacan nos indica el deseo pasa por vías perversas. No es malo recordarlo, en un momento en que el término “perversión” ha perdido por completo su corrección política. Nada que decir, desde el psicoanálisis, contra cualquier forma de combatir la segregación y promover el respeto – si es una forma efectiva de hacerlo. Pero recordar el valor de este término incómodo puede ser útil para evitar que nos cuelen, en el mismo paquete, una mercancía que no podemos aceptar: una “naturalización” del deseo que tiende a dividir la humanidad en razas sexuales biológicamente determinadas.

22Hay que decir que esta biologización de la homosexualidad ha producido ya un número significativo de textos, entre los que destacan los de Richard Isay, proveniente de las filas del psicoanálisis, pero que las abandonó precisamente por su experiencia clínica de la homosexualidad como destino natural, que, según él, demostraba lo errado de las tesis freudianas. Es de esperar, por lo tanto, una considerable producción de literatura en una gama que va desde la terapia cognitiva y los márgenes del psicoanálisis hasta los manuales de autoayuda.

23Cualquier cosa menos aceptar dos de los elementos más fundamentales en la vida humana, la contingencia y la decisión (insondable, impredecible, incalculable) del sujeto. No olvidamos, por supuesto, la presencia de ciertos determinantes, pero aunque el sujeto puede tener, a veces muchas opciones, otras veces muy pocas, siempre elige. Desde el psicoanálisis, considerar al sujeto responsable de su decisión con respecto al deseo no nos lleva precisamente a culpabilizarlo, sino a un verdadero respeto. Poner de relieve lo específico de la posición del sujeto perverso es darle el lugar que le corresponde. Ignorarlo sólo puede conducir a una consideración poco informada, y por lo tanto falsa – sea quien sea en cada caso la víctima del engaño.

24La perversión es, por su propia “naturaleza” y desde muchos puntos de vista, un reto. El perverso reta a su Otro, le devuelve el muerto de su propia alienación, aunque sea pagando un precio que en el fondo ignora. Así era cuando el Otro era el de un discurso más o menos religioso sobre el padre y su ley. Así es ahora que los papeles se invierten y el Otro y la ley adquieren formas crecientemente democráticas. El psicoanálisis ha de encontrar su forma de hablar de estos temas, y también su forma de abordarlos en su propia práctica, ahora que las condiciones han cambiado.

25Este cambio de las condiciones, entra las cuales destacan la normalización de la perversión en lo social, tienen un efecto paradójico, y es que las consultas al analista por parte de sujetos “no heterosexuales”, “queer” según una denominación corriente en USA, se han multiplicado. Ello no se debe tan solo a la mayor visibilidad de las distintas opciones sexuales y a la generalización de la psicoterapia, con sus límites cada vez más confusos. A medida que la represión social disminuye, el sujeto se encuentra cada vez más confrontado a la realidad de su síntoma, sin excusas. El fantasma vive muy bien en el terreno de la transgresión. Cuando ésta se acaba, llega la hora del síntoma, como quien dice la hora de la verdad.

26Pero en este encuentro, el psicoanalista no siempre está bien situado, de entrada, en lo que se refiere a los sobreentendidos que se ciernen sobre su posición. No hay que olvidarlo: una de las visiones más extendidas del psicoanálisis lo confunde con un familiarismo más o menos delirante que le impone, a una humanidad que se siente cada vez más liberada de antiguos yugos, el estrecho esquema del complejo de Edipo.

27Es esencial, pues, dejar clara desde un principio la posición del psicoanálisis: ni reivindicación del padre, ni denuncia del goce. Pero tampoco promoción de una psicología del yo que ignora la realidad sexual del inconsciente (esta ignorancia es el terreno natural de la psicoterapia), ni participación fascinada como espectador (horrorizado, dividido o cómplice, da igual) en el relato de las particularidades del goce del sujeto.

28La división clásica en tres estructuras clínicas fundamentales (neurosis, perversión, psicosis) no debe producir la ilusión de una distribución simétrica entre estos tres términos. Quizás sea innecesario señalarlo, pero en la discusión concreta de los casos, algunas preguntas u observaciones parecen reclamar entre la neurosis y la perversión una división semejante a la que existe entre la neurosis y la psicosis, pero en el registro de la conciencia moral. Parece esperarse del perverso una ausencia de sentimientos de culpa. Hay que decirlo: se trata de la visión fascinada del neurótico, que imagina al perverso como un ser sin límites de ninguna clase. Por ejemplo – por referirnos a un ejemplo concreto – se renuncia al diagnóstico de perversión debido a un recuerdo infantil en el que el sujeto relata su sufrimiento moral por una escena en la que presenció un grave accidente de un hermano y su responsabilidad pudiera haber estado implicada. Pero la práctica nos recuerda que no es en este tipo de cuestiones, al fin y al cabo, genéricas, donde debemos centrar nuestra búsqueda de criterios. La diferencia en los fenómenos es muchas veces sutil. Ello no justifica renunciar a una distinción neta, cualitativa, pero desde luego no nos permite recurrir a cualquier expediente para establecerla.

29La posición inversa sería igualmente errónea: disolver lo específico de la perversión y abordarlo en una versión del psicoanálisis que, al ignorar la realidad sexual, sería como cualquier psicoterapia, o sea, equivalente a una intervención en el registro del yo. Para el psicoanálisis, la posición del sujeto con respecto al deseo y la ley, en su anudamiento, es crucial.

30¿Cómo situarnos para distinguir la posición específica del perverso en relación con dos cuestiones fundamentales como son la castración y el fantasma? ¿Cómo orientarse en el eje del síntoma?
Hay una serie de referencias fundamentales de Lacan para situar la problemática de la perversión, en sí misma y en sus consecuencias para la clínica de las neurosis, desde el punto de vista de las “vías perversas del deseo”: el Seminario IV,[27] “La relación de objeto” (el señuelo fálico y análisis de “Pegan a un niño”), el Seminario V,[28] “Las formaciones del inconsciente” (afinidad del deseo con la marca y modalidades de la identificación con el falo, sutileza de la dialéctica entre vínculo amoroso e identificación, complejidad de la relación con el padre como agente de la castración y del llamado “Edipo invertido”), “Kant con Sade” (división del Otro a costa de la identificación con el objeto, cuya consistencia de fetiche se pone de manifiesto; reversión que revela la otra cara del fantasma, en la que el Otro pasa de dividido por el goce a gozador sin ley) y “Juventud de Gide” (efecto mortificante de la relación con el deseo de la madre no mediada por la castración).

31Sin duda, hay muchas otras indicaciones que se podrían establecer, tanto en estas referencias como en otras, pero con estas pocas nos bastan para inscribir la problemática de la perversión en el campo general del abordaje del deseo en su relación con la ley.

32La orientación que queremos destacar en los Seminarios IV y V puede resumirse así: sólo la relación sutil del sujeto con la castración puede orientarnos en un campo resbaladizo como el del deseo29. El objeto del fantasma participa siempre hasta cierto punto de la naturaleza del fetiche, y sólo su correlación con la castración introduce una diferencia substancial entre su abordaje por parte del neurótico y por parte del perverso. Corolario: no fascinarse con los laberintos del complejo de Edipo, sino interpretarlos desde la función de la castración, y buscar una versión fetichizada del falo que a veces está muy disimulada – aun cuando más no sea porque está delante de nuestras narices.

33Otra orientación, de entre las que se pueden extraer del escrito “Kant con Sade”, sugiere que el sujeto perverso remite al otro imaginariamente su alienación, pero a costa (y hay que dar todo su peso a esta expresión) de una identificación con un objeto cuya consistencia de fetiche adquiere diversas modalidades en función del goce que está en juego. De ahí el interés de la expresión “fetiche negro” para buscar la especificidad del objeto cuando el goce adquiere un acento cruel. La identificación que está en juego tiene como efecto una alienación redoblada que se oculta. Corolario: esa división imaginaria que el sujeto se complace en ver reflejada en el otro corre una cortina sobre las consecuencias mortificantes de la identificación con un objeto que, si vela la castración, también vela quién es el verdadero amo que tira de los hilos de la escena del fantasma.

34En cuanto a la enseñanza que Lacan extrae de Gide y la orientación que de ella deducimos, nos bastará con remitirnos alusivamente a una frase del Seminario “Las formaciones del inconsciente”, en la que se habla de ciertas “formas de entre las menos humanamente constituidas del dolor de la existencia”.

35Por supuesto, la cuestión de la homosexualidad se sitúa en el centro del debate actual sobre las perversiones, su reconocimiento social, la nueva presentación de sus síntomas. En la misma medida en que se avanza hacia el reconocimiento, el sujeto se ve confrontado más directamente a las paradojas propias de su posición en lo que se refiere al deseo sexual y el amor. El síntoma encuentra un terreno mucho más claro donde formularse, y el hecho de que en la presentación de la demanda tenga un peso creciente el síntoma hace todavía más necesario tener criterios claros para diferenciar distintas modalidades de homosexualidad: la propiamente perversa y la que no lo es.

36En cualquier caso, la presencia del síntoma y de la angustia en el primer plano de la demanda de tratamiento en un sujeto homosexual no ha de conducir necesariamente al diagnóstico de neurosis. Por otra parte, la formulación cada vez más corriente de la demanda de tratamiento en el eje de la relación sintomática con el partener sexual, cuestión actual donde las haya, se aproxima a un terreno preferente de la presentación del síntoma en el sujeto perverso. Pero hay síntomas y síntomas, y la angustia tampoco es siempre la misma. Ciertamente, la normalización de la perversión, junto con la promoción de diagnósticos como la “depresión,” la “agorafobia” o los “ataques de pánico” se pueden aliar para producir un efecto de confusión notable.

37Así, un homosexual, netamente perverso, sufría de ataques de angustia en lugares públicos cada vez que se sentía el posible destinatario de una mirada sutilmente inquisitiva. Él tenía completamente asumida desde hace años su condición sexual, que incluso reivindicaba sin renunciar a algunos signos externos claros aunque no llamativos, y en consecuencia no podía poner como excusa de sus síntomas una explicación que en otro tiempo hubiera acariciado – la vergüenza, el temor al rechazo. Ello le obligaba a asumir como síntoma lo que en otras circunstancias hubiera puesto a cuenta de la sociedad.
Pero la figura del Otro que se asoma detrás del afecto de angustia tiene matices propios en el caso de la perversión. En el camino de la efectuación de su deseo, sostenido inevitablemente por el fantasma en un tramo de su recorrido, el sujeto perverso puede tropezar con la angustia, en la medida en que más allá de su escenario se dibuja la figura de un Otro sobre cuyo goce decidido no cabe duda, y puede en algunos casos traspasar el límite. Digamos que más allá del “Qué vuoi?” aparece una respuesta mucho más inequívoca que la que teme el neurótico.

38Por otra parte, existen otras vías abiertas para la constitución de un síntoma, que puede llegar a ser analítico, en el sujeto perverso. Está uno tentado de usar el término de estragos (aunque en un sentido específico) para ciertos efectos acumulados de la efectuación del fantasma, que toman la consistencia de síntoma por poco que de ellos pueda extraerse la marca de la repetición y una zona de opacidad allí donde el sujeto intentaba sostener la ilusión de una certeza sin sombras y un dominio sin límites.

39Una joven homosexual, que se presenta como la defensora por excelencia de las mujeres, consulta porque las condiciones de su elección de goce (“una mujer desvalida”) se han vuelto en su contra tan pronto la debilidad de la otra ha revelado ser de puro semblante, una forma de dominio inesperadamente sofisticada. Incapaz de asumir lo que por otra parte ya sabe, se lanza a una carrera alucinante tratando de recuperar, mediante la obtención del consentimiento que precisamente se le niega, una certeza que se tambalea. El resultado se acerca, en su comportamiento, a una forma de acoso de aquella chica que dice no haber decidido su orientación amorosa. El grado de obsesión que acompaña a este comportamiento tiene consecuencias graves a todos los niveles – renunciamos a una descripción pormenorizada, pero la fenomenología es impactante y el sufrimiento indudable.

40La primera paradoja que se le plantea es que, siendo ella el adalid de las mujeres, se vea arrastrada a una conducta en la que se pone de manifiesto una violencia que contraviene sus principios. No tardará mucho en relacionar esto con una serie de fantasías masturbatorias, muy antiguas, en las que el sujeto presencia las exacciones de las que es víctima una mujer.

41Pero el viraje decisivo se da cuando puede poner esto en relación con una pesadilla infantil en la que la madre es víctima de maltratos, ante la pasividad del padre, por parte de un personaje masculino cuyos rasgos físicos se conservan muy claramente en el recuerdo y evocan la enigmática figura del fetiche negro. Su identificación con una peculiar versión del verdugo no se le escapa. Por otra parte, hay que decirlo, el impacto que produce este descubrimiento, siendo grande, no supera a la decisión con que el sujeto asume sus consecuencias.

42El siguiente punto crucial en este trayecto analítico es cuando se descubre que las quejas de la madre disimulaban la posición de una falsa víctima, que es en realidad quien dirige la escena en la ignorancia del resto de actores. ¿Cuál es la verdadera naturaleza de este Otro materno que se adivina imponente detrás de una indefensión de pacotilla? Un ser capaz (fantasmáticamente) de decidir hasta el sexo de sus hijos, propietario incluso de sus cuerpos, de tal forma que ni siquiera las convenciones más comunes sobre lo que se debe o no se debe hacer se aplican a su caso. Irónicamente, en el mismo momento en que el sujeto decide ser un súper falo exento de castración se limita a realizar un deseo materno, identificándose, en un primer tiempo, con un niño que es un verdadero fetiche y que se sitúa más allá de los límites de la diferencia sexual. Es en un segundo tiempo cuando esta identificación adquirirá la consistencia del fetiche negro, tan pronto el sujeto integra en él como un elemento decisivo el sufrimiento materno por causa del falo.

43El problema, llegado a este punto del trayecto analítico, se plantea en términos de la pérdida de goce por la certeza fantasmática a la que se debe renunciar. Dicho de otra manera, el sujeto ya no puede creer tanto en su fantasma, y ello se traduce en una pérdida efectiva de goce, porque certeza fantasmática y goce van aquí estrechamente unidos. En este caso, la trampa es una trampa construida por el sujeto, pero con los elementos impuestos por el Otro materno.

44Obviamente, nadie renuncia al goce que extrae de su fantasma si no se ve empujado a ello por el sufrimiento del síntoma. Quizás el sujeto perverso sea mucho más claro en este punto que el neurótico. En el caso de esta joven, la transferencia con el psicoanálisis y una apuesta decidida del sujeto hacen el resto.

45Llama la atención una de las consecuencias más inmediatas y concretas del cambio de posición del sujeto: junto con la certeza perdida, al menos en algunos grados y en algunos momentos, se modifica considerablemente la apariencia física, que a veces de dulcifica de forma notable. Puede decirse que el semblante fálico encarnado pierde algo de una dureza que llamaba la atención desde un primer momento como rasgo característico. No se trataba sólo de una indefinición con respecto a los semblantes femenino y masculino, sino de algo más allá de esta diferencia y con una consistencia imaginaria, por decirlo así, más sólida.

46Esa modalidad del semblante fálico se acompañaba al principio de una denuncia sistemática de la parada masculina y de una reacción rechazo cuando alguien ponía de relieve, como quiera que fuese, los caracteres sexuales femeninos de su cuerpo. Por supuesto, no hay en esta dulcificación de la apariencia nada que pueda interpretarse como una “feliz” asunción de la posición femenina – no seguiremos los pasos del encontronazo de Freud con su joven homosexual -, sino una muestra de la correlación directa entre la certeza fantasmática y el grado de realización imaginaria de la identificación con un falo fetichizado.

47Hay también consecuencias notables en la relación del sujeto con su partener, es decir una pareja estable que sólo cumple en un grado muy discreto las condiciones de goce exigidas por el fantasma, y con la cual el aspecto amoroso de la relación pasa a ocupar decididamente el primer plano. Así, la pérdida de goce efecto de la operación analítica toma la forma de su humanización, y lo que el sujeto pierde abre la puerta a una recuperación posible en el plano del amor, así como también del deseo, aunque esto último constituye todavía un esbozo. El acceso a la escala invertida del deseo está pendiente de la prosecución de la tarea analítica. Antes, el sujeto tendrá que comprobar hasta qué punto cierto falo embalsamado, más allá de la castración, es verdaderamente mortífero para su deseo.

El caso de don Juan Joseph Quintanilla

48 No hay mejor manera para conocer una época, que indagar en los archivos, escarbar en sus curiosidades; no en los grandes eventos, más bien en los menudos, en aquello que a los ojos de los grandes compiladores no marcan el devenir de una civilización; en esos pequeños vericuetos de la vida cotidiana, en los que van surgiendo los que en buen chapín decimos trapitos sucios, y que nos enseñan que en todos lados y en todos los tiempos se cuecen y se seguirán cociendo habas. Por ello, y con el fin de presentar un cuadro de la vida cotidiana, acerca de cómo se afrontaba en la Colonia casos que aún a la fecha se consideran de rechazo social como lo es la homosexualidad, se trae en el marco de este Coloquio Universos Coloniales, el caso de don Juan Joseph Quintanilla30, acusado de “inquietar a la torpeza de la sodomía” a dos jóvenes de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala. Dicho abordaje permite a la vez de un acercamiento a lo homosexual, contrastar desde de nuestra escopía sigloveintiunence, la visión que de dicha conducta se tenía hace más de trescientos años.

49 El caso fue presentado ante el alcalde ordinario de primer voto, don Joseph González Robes31, el doce de septiembre de mil setecientos sesenta y cinco. El acusado (reo), fue llevado, por el alcalde del barrio de la Candelaria don Francisco Gómez, bajo la acusación de Manuel Sales y Anselmo Vázquez quienes indicaron que andaba dicho español “inquietándolos a la torpeza de la sodomía”, por lo que fueron a buscar al don Francisco Gómez para que lo llevaran ante el alcalde de la ciudad, a lo cual éste acepto ya que le pareció “loco, falto y balbuciente”. Don Juan Joseph Quintanilla declaró que lo que quería era instarlos a la brujería ya que esto es muy común en el reino, así que lo quería ejercitar sin prejuicio. Aunque se le aclaró que lo que iba a realizar era pecado, éste dijo que en lo que hacía no había malicia, porque Dios por sus justos juicios puede mandar a cada uno lo que corresponde. Finalmente, se decide recluirlo en el Hospital Real de San Juan de Dios, haciéndole saber al prior que lo custodien como loco y para que no de mal ejemplo en las calles públicas; resolución que don Juan Joseph Quintanilla acepta con el fin de huir de una posible audiencia ante la inquisición en el Virreinato de Nueva España32.

50 Locura es el veredicto, la locura que se puede entender bajo el concepto de la psicosis. En su Seminario III, Lacan dice: La psicosis corresponde a lo que siempre se ha denominado y sigue denominándose locura, no hay razón para negarse el lujo de esta palabra33. De este modo lejos de verla como un término despectivo, se valora sus resonancias poéticas, aprueba su uso, con la condición de que se le asigne el sentido preciso de psicosis. La psicosis es definida como una estructura caracterizada por la operación de de la forclusión. En dicha operación, el Nombre-del-Padre- no es integrado en el universo simbólico del psicótico (es forcluido). Con el resultado de que en el orden simbólico queda un agujero. Hablar de de un agujero en el orden simbólico no equivale a decir que el psicótico no tiene inconsciente; por el contrario en la psicosis el inconsciente esta preste pero no funciona. De modo que la estructura psicótica resulta de una cierta disfunción del complejo de Edipo, una falta en la función paterna; más específicamente, en la psicosis la función paterna se reduce a la imagen del padre (lo simbólico es reducidos al imaginario).

51 De lo anterior se deja entrever que la homosexualidad no es una psicosis, no es locura, es más bien una perversión. Según la definición de Freud34, era perversión toda forma de conducta sexual que se desviaba de la norma de cópula genital heterosexual35. Sin embargo, esta definición es problematizada por las propias ideas de Freud sobre la perversión polimorfa de la sexualidad humana, que se caracteriza por la ausencia de un orden natural dado de antemano. Lacan supera este impasse de la teoría freudiana al definir la perversión, no como una forma de conducta, sino como una estructura clínica36. La perversión no es simplemente una aberración en la relación con criterios sociales, una anomalía contraria a las buenas costumbres, aunque este registro no esté ausente ni es algo atípico según criterios naturales, es decir que menosprecie en la mayor o menor medida la finalidad reproductiva de la unión sexual, es otra cosa en su estructura misma37. Una estructura perversa sigue siendo perversa incluso cuando los actos asociados con ella sean socialmente aprobados. Por lo tanto, Lacan considera que la homosexualidad era una perversión incluso cuando se la practicaba en la antigua Grecia, donde era ampliamente tolerada. Esto no se debe a que la homosexualidad o cualquier otra forma de sexualidad sea naturalmente perversa, por el contrario a la naturaleza perversa de la homosexualidad depende por completo de que infringe os requerimientos normativos del complejo de Edipo. La neutralidad del analista le prohíbe tomar partido respecto es esas normas; más bien que defenderlas o atacarlas, el analista trata sólo de exponer su incidencia en la historia del sujeto.

52 La perversión, se distingue de las otras estructuras clínicas por la operación de la renegación. El perverso reniega la castración; percibe que la madre carece de falo, y al mismo tiempo se niega a aceptar la realidad de esa percepción traumática. Así mismo, la perversión es también un modo particular que tiene el sujeto de situarse en relación con la punción ya que el sujeto se sitúa como objeto de la pulsión, como el medio para el goce del otro. El perverso no realiza su actividad para su propio placer, sino para el goce del gran Otro, encuentra goce precisamente en esta instrumentación, en trabajar para el goce del otro38.

53Es el deseo de esta intervención puntualizar sobre la cuestión de la homosexualidad, ya que se sitúa en el centro del debate actual sobre las perversiones, su reconocimiento social, la nueva presentación de sus síntomas. En la misma medida en que se avanza hacia el reconocimiento, el sujeto se ve confrontado más directamente a las paradojas propias de su posición en lo que se refiere al deseo sexual y el amor. El síntoma encuentra un terreno mucho más claro donde formularse; y el hecho de que en la presentación de la demanda tenga un peso creciente el síntoma hace todavía más necesario tener criterios claros para diferenciar distintas modalidades de homosexualidad – la propiamente perversa y la que no lo es.

54En cualquier caso, la presencia del síntoma y de la angustia en el primer plano de la demanda de tratamiento en un sujeto homosexual no ha de conducir necesariamente al diagnóstico de neurosis. Por otra parte, la formulación cada vez más corriente de la demanda de tratamiento en el eje de la relación sintomática con el partener sexual, cuestión actual donde las haya, se aproxima a un terreno preferente de la presentación del síntoma en el sujeto perverso.

55Pero hay síntomas y síntomas, y la angustia tampoco es siempre la misma. Ciertamente, la normalización de la perversión, junto con la promoción de diagnósticos como la “depresión”, la “agorafobia” o los “ataques de pánico” se pueden aliar para producir un efecto de confusión notable. Así, se puede mencionar el caso de un homosexual, netamente perverso, que sufría de ataques de angustia en lugares públicos cada vez que se sentía el posible destinatario de una mirada sutilmente inquisitiva. Él tenía completamente asumida desde hace años su condición sexual, que incluso reivindicaba sin renunciar a algunos signos externos claros aunque no llamativos, y en consecuencia no podía poner como excusa de sus síntomas una explicación que en otro tiempo hubiera acariciado – la vergüenza, el temor al rechazo. Ello le obligaba a asumir como síntoma lo que en otras circunstancias hubiera puesto a cuenta de la sociedad.

56Pero la figura del Otro que se asoma detrás del afecto de angustia tiene matices propios en el caso de la perversión. En el camino de la efectuación de su deseo, sostenido inevitablemente por el fantasma en un tramo de su recorrido, el sujeto perverso puede tropezar con la angustia, en la medida en que más allá de su escenario se dibuja la figura de un Otro sobre cuyo goce decidido no cabe duda, y puede en algunos casos traspasar el límite. Digamos que más allá del “Qué vuoi?” aparece una respuesta mucho más inequívoca que la que teme el neurótico. Por otra parte, existen otras vías abiertas para la constitución de un síntoma, que puede llegar a ser analítico, en el sujeto perverso. Está uno tentado de usar el término de estragos (aunque en un sentido específico) para ciertos efectos acumulados de la efectuación del fantasma, que toma la consistencia de síntoma por poco que de ellos pueda extraerse la marca de la repetición y una zona de opacidad allí donde el sujeto intentaba sostener la ilusión de una certeza sin sombras y un dominio sin límites.
La cuestión es ¿por qué ahora, hombres y mujeres homosexuales manifiestan un deseo de normalizarse? ¿Por qué reivindican el derecho al matrimonio, la adopción y la procreación médicamente asistida? ¿Qué ha pasado desde hace no digamos 300 años, sino más bien 30 en la sociedad occidental, en la sociedad guatemalteca, para que sujetos alternativamente calificados de sodomitas, invertidos, perversos o enfermos mentales deseen ahora no sólo ser reconocidos como ciudadanos con todas las de la ley, sino adoptar el orden familiar que tanto contribuyó a su infelicidad39 ? Por qué ese deseo de familia, siendo que la homosexualidad siempre fue rechazada de la institución del matrimonio y la filiación, al extremo de convertirse, con el paso de los siglos, en el gran significante de un principio de exclusión.

57En 1973, la revista Recherches publicó un número especial titulado “Trois milliards de pervers” (“Tres mil millones de perversos40”). Contra toda clase de prejuicios, filósofos, escritores y psicoanalistas reivindicaban para los homosexuales un derecho a la diferencia, y señalaban: “La maquinación homosexual rompe con cualquier forma de adecuación posible a un polo parental identificable (...). Decimos simplemente que, entre algunos otros, el homosexual puede ser, puede convertirse en el lugar de una gran ruptura libidinal en la sociedad, uno de los puntos de surgimiento de la energía revolucionaria deseante de la cual sigue desconectada la militancia tradicional. No perdemos de vista, empero, que también existe una locura de asilo infinitamente desdichada, o una homosexualidad infinitamente vergonzosa y miserable” (entre los firmantes estaban Gilles Deleuze, Michel Foucault, Jean Genet, Félix Guattari).

58Los signatarios se erigían en los herederos de la larga historia de la raza maldita, magníficamente encarnada, a sus ojos, por Oscar Wilde, Arthur Rimbaud y Marcel Proust. La singularidad de un destino, aunque fuera el de la anormalidad, les parecía preferible al hundimiento en la monotonía de una vida académica y sin brillo. Apelaban a “nuestros amantes, los bereberes”, contra toda forma de opresión familiar, colonial y sexual.

59La familia era entonces impugnada, rechazada, declarada funesta para la expansión del deseo y la libertad sexual. Asimilada a una instancia colonizadora, parecía transmitir todos los vicios de una opresión patriarcal: prohibía a las mujeres el goce de su cuerpo, a los niños el de un autoerotismo sin trabas y a los marginales el derecho a desplegar sus fantasmas y prácticas perversas. Edipo era visto en esos días, junto con Freud, Melanie Klein y Lacan, como el cómplice de un capitalismo burgués del cual era preciso liberarse so pena de volver a caer bajo el yugo del conservadurismo. El antiedipismo (apoyado en la obra El anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, de Deleuze y Guattari41) hacía furor, apoyado, por otra parte, en la gran tradición de los utopistas o libertarios que, de Platón a Campanella, habían soñado con una posible abolición de la familia.

60En nuestros días, los interesados juzgan obsoletas esas opiniones, e incluso hostiles a la nueva moral civilizada en búsqueda de norma y familiarismo recuperado. Pues parece claro que el acceso tan esperado a una justa igualdad de derechos en materia de prácticas sexuales –para las mujeres, los niños, los homosexuales– tienen como contrapartida, no la proclamación de una ruptura con el orden establecido, sino una fuerte voluntad de integración a una norma antaño deshonrosa y origen de persecuciones.

61Al mismo tiempo, jamás fue el sexo tan estudiado, codificado, medicalizado, expuesto, medido, peritado. Las numerosas investigaciones y pericias contemporáneas sobre la familia o su situación tienen como corolario nuevos estudios sexológicos acerca de las parejas y los acoplamientos más sofisticados. Las descripciones prosaicas de las distintas prácticas florecen en el lugar de una palabra sobre el sexo, rebelde o íntima. También confirman el enorme interés que nuestra época presta hoy a una forma inédita de pornografía que podemos calificar de puritana, visto que presenta una clasificación fría, minuciosa y casi botánica de las diferentes exhibiciones del sexo: en la literatura, la pintura, el arte cinematográfico.

62Asociado a ese fenómeno, el gran deseo de normatividad de las antiguas minorías perseguidas siembra el desorden en la sociedad. Todos temen, en efecto, que no sea otra cosa que el signo de una decadencia de los valores tradicionales de la familia, la escuela, la nación, la patria y sobre todo la paternidad, el padre, la ley del padre y la autoridad en todas sus formas. En consecuencia, lo que perturba a los conservadores de todos los pelajes ya no es la impugnación del modelo familiar sino, al contrario, la voluntad de someterse a él. Excluidos de la familia, los homosexuales de antaño eran al menos reconocibles, identificables, y se los marcaba y estigmatizaba. Integrados, son más peligrosos por ser menos visibles. Todo sucede como si hubiera que rastrear en ellos lo inefable, lo idéntico o la diferencia abolida. De allí, el terror del final del padre, de un naufragio de la autoridad o de un poderío ilimitado de lo materno, que ha invadido el cuerpo social en el momento mismo en que la clonación parece amenazar al hombre con una pérdida de su identidad.
Sin orden paterno, sin ley simbólica, la familia mutilada de las sociedades posindustriales se vería, dicen, pervertida en su función misma de célula básica de la sociedad. Quedaría librada al hedonismo, la ideología de la “falta de tabúes”. Monoparental, homoparental, recompuesta, deconstruida, clonada, generada artificialmente, atacada desde adentro por presuntos negadores de la diferencia de los sexos, ya no sería capaz de transmitir sus propios valores. En consecuencia, el Occidente judeocristiano y, más aún, la democracia republicana estarían bajo la amenaza de la descomposición. De allí, la evocación constante de las catástrofes presentes y venideras: los profesores apuñalados, los niños violadores y violados, los automóviles incendiados, los suburbios librados al crimen y la ausencia de toda autoridad42.

63De tal modo, y con respecto a la familia, nuestra época genera un trastorno profundo, uno de cuyos reveladores sería, el deseo homosexual, convertido en deseo de normatividad, en el momento mismo en que los poderes del sexo parecen estar más extendidos que nunca en el corazón de una economía liberal que tiende cada vez más a reducir al hombre a una mercancía.

64Ahora bien, trayendo de vuelta el caso de don Juan Joseph Quintanilla, el loco más bien perverso, quien más que perverso prefirió ser loco, nos permite comprender esta exploración a lo homosexual, en nuestra cotidianidad permitirnos adentrarnos en un poco trascendental hecho para la historia del Reino de Guatemala, mas vital para entender esa nuestra Guatemala, esa que nunca cambia, esa del día a día, en la que vemos a Quintanillas entre nosotros siendo juzgados, apresados y finalmente etiquetados de locos, desviados, anormales; la Guatemala colonial, cristiana, católica y romana que llevamos dentro y que vela la comprensión de nuestro par, del otro, que a la vez se refleja en nosotros mostrando esa inserción que tanto el cristianismo medieval como el capitalismo de nuestra globalización- católica, nos niega un acercamiento al sujeto.

65Tal como en el colonialismo del Siglo XVIII, nuestro “colonialismo” del Siglo XXI, mantiene una moral anoréxica, desentendida del sujeto y sumergida en los semblantes, esa que se permite el buen cristiano, de embaucar al prójimo, de dominarlo, reducirlo a cosa, a objeto, de engañar y desterrar de su inconsciente toda la ética del sujeto, paleándolo con la pastilla de la confesión u hoy en día de las tantas terapias que pululan en el mercado, pues así como una buena confesión lo eximia al peculus colonial dejándolo imaculus, ahora las flores de Bach, la aromaterapia y hasta la cristoterapia nos eximen de nuestro más grande peculus, haber cedido en nuestro deseo, siguiendo el del discurso del amo, que nos manda a hacer al prójimo lo que no queremos que nos hagan a nosotros, y sintiéndonos recompensados con un apetitoso combo terapéutico que nuestro actual amo, nos dice nos dará felicidad; ergo: gocemos tachando a los demás, borrándolos, metiéndolos en el armario, tapándonos los ojos, los oídos y la boca, dejando que el gran Otro juzgue a aquellos abominables hombres y mujeres de todos los tiempos.

Entre cajas, chichas y zanjas: Delito nefando y otros excesos cometidos por José Victoriano Ambrosio contra Joaquín Morales

66Nuestro abordaje consiste en un análisis histórico-psicoanalítico-fenomenológico; sobre la base de un documento de archivo denominado Delito nefando y otros excesos cometidos por José Victoriano Ambrosio contra Joaquín43. Se tomó este enfoque ya que es a partir de los hechos que ocurren en la cotidianidad histórica que podemos entender al ser humano y sus circunstancias. El hecho está dado en medio de una crisis económica de mediados del siglo XIX, lo que provocó el surgimiento de la descomposición social que se ve reflejada en la conducta de sus vecinos y sobre todo de los más vulnerables que eran finalmente los que iban a los juzgados.

67Para el presente artículo nuestra exploración del tema “nefando” de la homosexualidad, nos lleva al año 1806 en la Nueva Guatemala. Nos encontramos ante un caso de sodomía, en un contexto en el que el Reino de Guatemala pasaba por una crisis económica provocada por la interrupción del comercio con España causado por la Guerra Napoleónica. En una urbe a medio construir y debilitada por la inversión que se había hecho en el traslado de la ciudad.

68Una madre angustiada acude a la casa del Marqués de Aycinena, quien plácidamente dormía. Luego de ser despertado para acudir a escuchar la denuncia de Catalina Rojas, quien le expone al atónito Marqués el caso de su hijo Joaquín Morales, a quien un mozo le había cometido “el pecado por detrás”, además de haberle realizado otros excesos, como embriagarlo con chicha y robado su ropa, que consistía en una chaqueta de cotín, una camisa de manta y calzones de crea, mencionando también el hurto de una culebrita de juguete y una piedra para hacer fuego.
Joaquín comentó que había solicitado permiso a su progenitora para ir a dormir a Escuintla con Don Domingo Carbonel. En vez de eso se quedó a dormir entre los cajones de la Plaza Mayor, en la que pernoctaban los jóvenes que ayudaban a los vendedores del mercado. En ese lugar Joaquín conoció a José Victoriano Ambrosio quien lo invitó a la casa de Don Joaquín Rivas en Amatitán. Camino a dicho lugar Victoriano le ofrece refrescar su garganta con un poco de chicha y aguardiente en la chichería de Chico en el barrio del incienso y se “atarantaron”. Ya atarantados tomaron camino a la casa de don Joaquín Rivas, al llegar ahí Victoriano le dijo a Joaquín que para poder dormir en ese lugar debían ir a traer una mula en un potrero más allá de la garita de Chinautla. Fueron al despoblado hasta llegar a unas zanjas, entre una y otra Victoriano tenía pensado completar su plan. Primero se quitó la hebilla para amarrarle las manos por detrás, y le dio un “pescozón”, tomándolo por el “pescuezo”. Ofreciéndole su clemencia le dijo “ya no te pego más como nos forniquemos”.[44] Ya boca abajo le quitó la camisa y los pantalones y le introdujo el “miembro” tres veces. Pero Joaquín le pidió que lo soltara pues necesitaba “regir del cuerpo”; a lo que Victoriano aceptó soltándolo. Luego de “cumplida la diligencia”, Victoriano le dijo “ahora lo verás c…..”, le enrolló el cuello con un bejuco con un palo para estrangularlo. Joaquín dijo que en su corazón ofreció visitar al Señor de Esquipulas y llevarle una “candela de a libra”. Por el abuso sufrido, Joaquín le comentó al Marqués, que perdió la vista y luego se desmayó.

69Al despertar se encontraba desnudo en la zanja sólo con un sombrero. Caminó a la casa más cercana, en la ciudad, en donde un grupo de señoras le ofrecieron una “chamarrita”. Se escandalizaron de que un hombre le hubiera cometido el pecado por detrás y lo había ahorcado. Todo por andar atarantado.

70Como hemos visto en el caso que nos corresponde nos encontramos no sólo ante un sodomita clásico, es decir, aquel pecado atribuido a los habitantes de una antigua ciudad mitológica y bíblica, cuya única falta real fue la de ser descorteces con los extranjeros, pues como nos dice el libro de Sabiduría 19:15: “Los de Sodoma fueron castigados por haber recibido a los extranjeros como enemigos45”. Por lo que haremos referencia a Victoriano no como sodomita, sino como dirían hoy los psicofantes de lo políticamente correcto: un hombre que tenía relaciones sexuales con hombres, léase un homosexual, un gay, no un sodomita. La homosexualidad estaba vista desde el psicoanálisis como una perversión, por el hecho literal de hacer algo de forma diferente a lo que la cultura denomina normal, es decir el coito, el acto carnal sólo podría hacerse como dios manda, es decir entre un hombre y una mujer, y solamente en el diálogo de un pene y una vagina, con el único fin de la reproducción, todo lo demás era pecado.

71El problema de Victoriano fue su brutalidad, o digámoslo como nuestro manuscrito, por su atarantamiento. En vez de seducir a Joaquín, lo obligó a unirse carnalmente con él, a lo que el joven mancebo dada las circunstancias reaccionó como una damisela vienesa, de esas que Freud llamó histéricas, cegándose ante tal atrocidad y luego sufriendo un desmayo en el momento en que Victoriano procedió a satisfacer su varoniles necesidades.

72El acto perverso pues estriba únicamente al hecho de cometer el pecado por detrás. El patrón conductual de Victoriano nos muestra la rudeza con la que llevaba a cabo sus actos, pues necesitaba abusar físicamente de sus víctimas, seguramente porque esto le proporcionaba más placer que el acto carnal en sí mismo. Esto nos lleva ya no sólo a una perversión sino a lo que los clínicos denominarían psicosis. La perversión y la psicosis al unirse en un diagnóstico psicológico nos llevan a pensar en Victoriano como un asesino más que en un homosexual, pues las normas sociales que se manejaban para la época lo nombran como un criminal no como homosexual, por la violencia física con la que atacaba a sus objetos de deseo.

73Los médicos a cargo de la evaluación, los doctores, Cirilo Flores, Isidoro Soto y José Tomás Caseros; en su lógica obtusa no logran ponerse de acuerdo, ya que su método es la de comparar el diámetro del objeto abusado con el del objeto de abuso. Es decir, el ano de Joaquín y el pene de Victoriano. Creando la proctología dialéctica; convirtiéndose en dignos representantes de lo que Umberto Eco, denomina la Facultad de Trivialidad Comparada, cuyo departamento adscrito es el de Tripodología Felina, o el de Adyanta Impossibilita, v.g. Urbanística Gitana, Hípica Azteca, Morfemática del Morse, Historia de la Agricultura Antártica, Historia de la Pintura de la Isla de Pascua, Arte Xinca del siglo XIX, escultura ferrosa Maya, Instituciones de la Revolución, Dinámica Parmenídea, Fundamentos de Oligarquía Popular, Historia de las Tradiciones Innovadoras, Sibarítica Espartana46.

74Solamente Isidoro Soto efectuó un procedimiento in acto, en el cual pide a Joaquín que tome la posición en la que fue agredido por Victoriano, dándose cuenta que al estar en posición vertical y con las manos atadas por detrás, era técnicamente imposible que Victoriano lo penetrara, no por el diámetro de los objetos de goce sino por lo real del acto. Este hecho nos muestra que el dictum cartesiano de que el sentido común es el menos común de los sentidos se cumple en cuanto que no es el conocimiento médico el que le permite al Dr. Soto dictaminar que no hubo penetración, puesto que Joaquín no dobló las piernas; argumentado desde una posición naturalista en vez de escolástica.

75El objeto de deseo del deseo de Victoriano, es decir Joaquín, tal como nos lo cuenta Hipólito López, “fue usado como si fuera mujer”. Dentro de la estructura lingüística “ser usado” nos lleva a la lógica de los objetos de deseo dentro del grafo lacaniano, en el que los sujetos en la lógica de la castración son reducidos a pedazos a satisfacción de los apetitos; mientras que “como si fuera una mujer” nos remite al il n’y a pas de rapport sexuel47, que nos indica, no hay relación entre los sexos. La mujer busca amor, el hombre sexo. El estado de “uso” de Joaquín reside en que era objeto de deseo de un “hombre”, Victoriano, y no necesariamente hacia el goce otro en la hiancia de la forclusión paterna en la que se puede extrapolar la solicitud de sentirse amado por parte de Joaquín. Residiendo un dejo de formulación sobre el deseo femenino, expresado en el ¿qué desea ese otro de mi? Que Joaquín pudo expresar en el hecho de aceptar la invitación a tomar Chicha y luego viajar con Victoriano. ¿Joaquín deseaba ser amado? ¿Amado como una mujer? ¿O deseaba ser fornicado?… ¿Cómo una mujer? A una mujer se le puede cometer el “pecado por detrás”, puesto que finalmente si de alguna parte somos todos iguales es del culo, tal como diría Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut en El nuevo desorden amoroso48, en cambio EL “uso” de una mujer es desde la construcción social masculina para tener hijos, o desvistiendo la pulcritud legal del matrimonio, el uso de la mujer es el del goce masculino, ya que el síntoma de todo hombre es una mujer. Desde la lógica de la relación entre los sexos, es la mujer la que es llamada con su cuerpo a “definir” qué es ser hombre, mientras que la cultura creada por “el hombre” es la llamada a “definir” el qué es ser mujer. Los hombres necesitan de las mujeres, de sus usos, para poder inscribirse como tal. Ahora bien, en la lógica de la relación sexual ¿para qué necesita un hombre a otro hombre? En toda relación hay una posición masculina y otra femenina, independientemente de los sexos de la pareja, por lo que uno debe asumir alguno de los roles. Un hombre necesita a otro no-mujer. Mientras que la polaridad masculino-femenino, le permite encontrar-se en el orden simbólico en el que se inscribe la función de la fórmula edípica: Amor es dar lo que no se tiene a quien se toma por lo que no es. Un hombre busca en otro la relación de espejo imaginaria que nos proponían los griegos como plenitud en el amor, encontrarse con otro-otro, con la otredad que termina siendo uno, el uno mismo, el sí mismo, su mismisidad49. Hegelianamente hablando esa idad que da esencia a lo masculino, vendría a ser esa misma masculinidad, en espejo, verse y amarse como Narciso, en el reflejo de una ilusión.

76Joaquín fue usado como una mujer en cuanto cumplió el papel histórico de las féminas: dar placer al otro, a su no-si-misma, al estrago, al hombre; que no desea otra cosa más que eso, eso que los hace a todos iguales: ¿Volverlas madres? No… necesariamente, pues antes de hacerlas madres, deben, bíblicamente hablando… conocerlas. Así Victoriano pudo conocer a Joaquín, como si fuera una mujer.

77El análisis histórico de la vida cotidiana nos permite encontrar en el uso, desuso y abuso del lenguaje, la forma en que los incipientes vecinos de la Nueva Guatemala, vivían su día a día. Desde el cómo expresaban su cotidianidad, sus miedos y preocupaciones, hasta el consumo de bebidas embriagantes, y el manejo de sus pasiones. Patrones que siguen vigentes en el hecho de que los hoy ciudadanos de las Repúblicas Centroamericanas siguen necesitando del uso y abuso de bebidas alcohólicas para manejar los malestares del alma,[50] el malestar de la cultura, de esa cultura globalizante y globalizadora que nos mata el deseo y nos convierte en objetos de goce del Otro, que Kantianamente nos impone un imperativo imposible, el imperativo del padre gozador: Consume a los otros como quieras que te consuman a ti mismo.

78La conducta mostrada por Victoriano nos hace recordar, el patrón adjudicado históricamente a José Miculax, quien en 1946 fue capturado, acusado y sentenciado a muerte por la violación y asesinato de 13 niños. Miculax al igual que Victoriano estrangulaba a sus víctimas mientras las violaba porque decía que le daba más placer. De esta forma nos hace pensar en un desorden social por el que atravesó Guatemala en diferentes momentos y su fruto son estos dos “pintorescos” personajes, que estrangulan y violan niños: Victoriano y Miculax. Uno producto del traslado, el otro de la Revolución. En el siguiente apartado estudiaremos con más detenimiento del caso Miculax.

79Podemos afirmar en la línea de nuestros trabajos a los que en su conjunto hemos llamado “demencia nefanda”, término que nos permite explorar que tanto la sociedad como los sujetos que tenían que resolver sus problemas cotidianos, encontraban opciones fuera de lo socialmente establecido para poder realizarlas, que nos muestra el estado de descomposición en el que se encontraba el inconsciente social de la Nueva Guatemala, sumida en la pobreza y el caos de una ciudad que buscaba reconstruirse de un exilio políticamente concebido para desbaratar el poder de la iglesia, hecho que ha sido estudiado por intelectuales como George Steiner, en su libro Nostalgia de Absoluto,[51] nos plantea que una vez se desestabiliza la noción de absoluto que llenaba la doctrina y práctica de la Santa Madre Iglesia, siempre Católica, siempre Apostólica y siempre Romana, llevaba a los sujetos, a esos que no tenían más opción que acatar lo que los oligarcas mandaban, ellos debían obedecer como hegelianos esclavos ante su amo: con amor y diligencia. A menos que se dejaran fornicar, socialmente, claro. Como dirían los chapines: “se la metieron” como a Joaquín. ¿Tres veces? Con el traslado de la ciudad de Guatemala, la Independencia y la Federación.

Del Padre Bruto al Padre Gozador: Miculax el De-gene(s)-rad®o(s)

80Corre el segundo año de gobierno, de quien en boca del pueblo, será recordado como “el mejor presidente de Guatemala”: El Dr. Juan José Arévalo Bermejo. Son “los años dorados de la democracia”, es el año de 1946, y Guatemala resurge de la dictadura de “El General”, el primero, Don Jorge Ubico. Durante un corto período de tiempo, en ese año, empiezan a desaparecer niños, uno tras otro van sumando trece, hasta que el viernes 26 de abril a las once horas con diez minutos, es capturado, José Miculax Bux, “El Estrangulador”. Una vez en manos de la ley, José confiesa que no son trece, sino quince sus víctimas. “El degenerado”, “la Bestia Estranguladora”, tal como lo nombran los diarios52, ha caído, el pueblo clama por justicia; la cual será cumplida un 17 de julio, del año 1946, cuando José es fusilado y luego decapitado. Desde ese día Miculax, ha pasado a ser parte de un historia que no termina de encontrar su significación, en una nación, en la cual se debate si cumplir o no la pena de muerte a los criminales, en la que desaparecen niños todos los días, y todos los días son encontrados, muertos, estrangulados, ultrajados y violados, como un día lo hicieran José y su hermano Mariano. Guatemala está a las puertas de una nueva era, el periodo del 45 al 51 quedarán en la memoria del desmemoriado pueblo, como una época feliz, donde todo era posible, donde la educación normal se cristalizaba, las humanidades resurgían… pero no como la época en la que un pequeño indígena de 21 años de edad y escasos metro 45, violó y asesinó a 15 niños. El caso Miculax, nos permitirá explorar a través de sus vericuetos históricos, una época que estaba por dar muerte a su padre, a su moribundo y cansado Padre-de-la-horda-primitiva, para posicionar en el trono al nuevo Padre, al Padre-Gozador. Europa terminaba su segunda guerra, y Guatemala comenzaba a sentir los terribles embates de la mitad del siglo XX, que trajo consigo una Nueva Guatemala, la de la Nueva Guatemala de la Asunción del Padre Gozador, y con ello el derrumbamiento de los valores modernos, dando lugar a una época en la que, como dijo Shakespeare en boca de Hamlet: el resto fue silencio.

81El caso que trataremos en el presente artículo, busca explorar a un personaje complejo, y a una época compleja. “El degenerado” Miculax, viene a ser en la historia de Guatemala, el único caso de un asesino en serie, que además tiene la peculiaridad de que su objeto de goce eran niños, que luego de abusarlos sexualmente les daba muerte. Es tal el asombro que provocó en el 1946 las constantes noticias de niños desaparecidos y luego encontrados muertos, que desató una ola de pánico entre los ciudadanos. Al caer Miculax y su cómplice, la presión sobre el incipiente sistema democrático que tenía a su cargo del doctor Juan José Arévalo, les llevó a crear la llamada “Ley Miculax53”, que les permitió sin mayores pruebas que la de un atormentado psiquiatra, bajo la presión de perder su empleo, demostrar que el acusado estaba en total uso de sus facultades mentales, y con ello, el juez pudo dictaminar en unas cuantas semanas el veredicto de culpable y la sentencia de muerte por fusilamiento, de una forma tan veloz que comparado con los casos de hoy en día en la que violadores y secuestradores acusados a muerte llevan hasta 15 años en prisión sin que el estado cumpla la sentencia de muerte decretada. El informe del Psiquiatra Miguel F. Molina54, es una pieza fundamental que nos hace ver lo complejo del caso, y el cual debe leerse por completo para tener una mejor comprensión de los factores sociales imbricados en el mismo, pero por razones de espacio solamente citaremos el resumen: José Miculax Bux no es un alienado, sino un perverso instintivo con reacciones de conducta antisocial, y criminal, cuya peligrosidad, está suficientemente demostrada por la multiplicidad misma del número de sus asesinatos. Para finaliza, me permito exponer que, según mi criterio, conviene no obrar con precipitación en caso que el veredicto judicial sea condenatorio a la pena capital, pues sería destruir al único testigo sobreviviente de los crímenes perpetrados por Mariano Macú Miculax, que es el peor de los dos, y si éste lograra escapar del castigo que merece, sería una burla para la sociedad que tanto ha sufrido con la terrible maldad de éstos criminales.

82Mariano fue condenado a 30 años y José fusilado. ¿Qué nos queda de esto? Nos permanece la sugerente hipótesis que la sociedad guatemalteca, ladina, volcó sobre José, el más vulnerable de los dos acusados, todos sus fantasmas, y para saciar su “sed de justicia”. Los tribunales vieron bien, condenarlo a muerte por fusilamiento, porque era un “monstruo”, un degenerado, o bien como hemos sugerido en el titulo, un de-genes-raros: un Indio Perverso Pedófilo y asesino, en pablabas de los reporteros del Imparcial: Una Bestia Estranguladora. Es por ello que el juez Rafael Baguer S., para poder contar con evidencia de la culpabilidad de José, procedió a pedir un informe psiquiátrico del mismo a Carlos Federico Mora, a Héctor Aragón y a Manuel Arias, todos se excusaron y por ello recayó sobre Miguel F. Molina rendir el informe. Las preguntas realizadas por el juez Baguer fueron las siguientes55:

831) Es cierto que la Sexología admite la existencia de dos tipos de homosexuales a) los congénitos constitucionales u homosexuales propiamente dichos; y b) los de perversión adquirida o pederastas.
2) Es cierto que el homosexual congénito tiene aversión, absoluta hacia la mujer.
3) Es cierto que el pederasta puede llegar a prescindir por completo de la mujer realizando el acto sexual sólo con individuos de su mismo sexo.
4) Es cierto que los homosexuales masculinos, de cualquiera de los dos tipos pueden ser activos o pasivos, pero casi nunca practican ambas modalidades de perversión.
5) Es cierto que la perversión sexual (pederastia) se adquiere por lo común en la pubertad o adolescencia.
6) Es cierto que para un adulto se pervierta sexualmente en dicho sentido se requiere que viva por mucho tiempo privado de acceso a las mujeres.
7) Es cierto que un hombre haciendo vida normal con la mujer sino está privada de acceso a ella, no es concebible dentro de lo conocido por la ciencia que trata de realizar el coito en personas de su mismo sexo.

84No expondremos en el presente apartado las respuestas dadas en esa época, consideramos que para ello sería necesaria una exploración más detallada. Nuestro interés es dejar, un breve análisis de José Miculax Bux desde un abordaje psicoanalítico lacaniano, para con ello dejar líneas para tratar de entender lo complejo que fue para la Guatemala de los años cuarenta, solventar un caso tan circunstancial e ininteligible. Para tratar este tema, conviene situar de entrada lo que nos parece ser el eje vital del funcionamiento mental perverso y precisamente el de las perversiones así llamadas penales: los mecanismos perverso-narcisistas. ¿Por qué subrayar los mecanismos perverso-narcisistas? Porque atraviesan todas las perversiones sexuales y son un componente estructural de los delincuentes violentos y sexuales, lo cual los hace particularmente virulentos. Entendemos como agresiones sexuales (otro término acuñado desde hace poco) la violación, la pedofilia, el incesto, el exhibicionismo, el voyerismo, el acoso sexual, como así el forzar un partenaire a participar a una sexualidad colectiva, el proferir obscenidades por teléfono y otras formas de invasión sexual de la intimidad. Difieren de las otras agresiones penales no sólo porque la sexualidad física entra en juego, si no por su carácter psicopatológico en donde el dominio de la víctima aparece como un importante objetivo del paciente. Se ha asociado ello a la predación en zoología: es entonces sensato hablar de individuos predadores.

85Un perverso-narcisista trata de restaurar su narcisismo a expensas del narcisismo de otra persona. Adopta hacia ésta una actitud de desprecio y humillación tanto como de expoliación, de utilización. Dicho de otra manera, busca servirse de esta última como de un instrumento para llegar a sus objetivos, subrepticiamente, sin que esta última pueda percibirlo. Por estar animado de un sentimiento de envidia intenso, el perverso anhela asimismo nutrirse del entusiasmo, espontaneidad, vitalidad del otro.

86Desde el punto de vista clínico, es justo distinguir las perversiones sexuales de las morales o de comportamiento (mitomanía, sadomasoquismo moral, cinismo, estafa, juego patológico, cleptomanía, etc.), aun cuando cohabitan la mayoría de las veces en un mismo paciente. Pero ciertos pacientes que tienen una práctica perversa sexual pueden evitar la derivación moral, como si toda la « corriente transgresiva » se vertiera allí, en lo sexual, lo cual es menos grave.

87Comprender los delitos sexuales implica reconocer la red en la que se inscribe el paciente, su familia, sus amigos. Para el tratamiento, los allegados juegan un papel mayor; ellos tienen que evolucionar y cambiar igualmente. Esto es esencial en lo que concierne la prevención de la recaída, cuyo riesgo está siempre presente. Una interfantasmatización familiar tormentosa y una dimensión transgeneracional traumatizante son en este sentido aspectos cuyo análisis se revela insoslayable.

88En cuanto al papel del traumatismo en la infancia de estos pacientes, que han vivido abandonos, temores, violencias de orden moral, la noción misma de parentesco termina por ser ultrajada. Las privaciones y pérdidas precoces provocan en todos los casos anhelo de venganza, imposibilidad en servirse adecuadamente del pensamiento y repliegue narcisista. Ciertas formas particulares de traumatismo infantil merecen ser igualmente señaladas: (a) Traumatismos por exceso de excitación, en donde la sensualidad supera la posibilidad de metabolismo del psiquismo infantil, generalmente en un contexto de acoso moral; (b) Traumatismos por mensajes ambiguos, es decir cuando uno de los padres castiga y el otro lo desaprueba. El trabajo clínico nos conduce a reflexionar sobre ciertas cuestiones éticas: ¿Quién es más culpable? El problema del mal existe. Siempre hay alguien que es mas “retorcido” y tramposo que los otros y que justamente quiere mostrarse puro y noble. De todas maneras nuestra postura es poco cómoda; la contra-transferencia nos conduce a enternecernos y a veces a amar a la gente aunque sea un monstruo. Volveré luego sobre este tema importante. Cuando mas avanzamos en nuestra reflexión mejor se precisa la idea que perversiones sexual y moral están implicadas. Se necesitan recíprocamente. El perverso sexual necesita manipular para imponer, atraer y poseer al otro. Anhela por la demás convencer a los demás, incluso al terapeuta como si hiciera propio este lema: “Si somos numerosos es porque tenemos razón.” El proselitismo busca confirmar la desmentida del funcionamiento patológico y la afirmación del carácter superior de su comportamiento. La pedofilia es el ejemplo mismo de una sexualidad al servicio del dominio y la predación, aquellas que se ejercen sobre un chico. Ejerce igualmente cierto dominio sobre la sociedad, que reacciona creando asociaciones, movilizando la prensa, cambiando periódicamente el dispositivo legal.

89Tentemos una definición. La pedofilia es la búsqueda y realización de un acto sexual por un adulto sobre un niño o adolescente, de al menos cinco años menor. El acto puede ser parcial o con penetración. En un 60%, las pedofilias son heterosexuales, en un 30%, homosexuales, el 10% restante son mixtos. En su gran mayoría son hombres. La recidiva es frecuente después de la condena. Encontramos pedófilos que utilizan la seducción para ligarse con la víctima, otros que actúan por sorpresa. En todos los casos el acto es asimilado a una violación, pues la noción de consentimiento, placer o participación de la víctima no es admitida, tratándose de una criatura, y que no tiene el desarrollo biológico como para realizar un acto sexual, y si lo ha alcanzado después de la pubertad, la disparidad mental y la utilización de la inocencia están de cualquier forma presentes. Mismo si hay complicidad, no se trata de reciprocidad. El perverso y su víctima viven una relación asimétrica, esgrimen argumentos distintos. Ciertos casos se agravan por el exhibicionismo, la toma de films, la obligación de prostitución, el sadismo sexual (ligaduras, suspensión) y otras violencias físicas que van hasta el asesinato.

90Los pedófilos encuentran chicos entre sus allegados, amigos y familiares (en cual caso se trata ya de incesto) o en instituciones, escuelas, campamentos, turismo sexual. Entre los pedófilos encarcelados unos 75% conocían a la víctima. Cantidad de estos pacientes se ocupan habitualmente de niños, baby-sittings, maestros, educadores, y parecen tener una sensibilidad particular para comprenderlos, y dicen mismo amarlos. Idealizan en cierta manera la infancia, de la que no parecen haber salido, no necesariamente porque la hayan vivido con felicidad sino por el contrario por guardar la impresión de no haberla vivido verdaderamente. En el plano de la sensualidad, estos pedófilos parecen estar atraídos por la piel, la cabellera, el perfume, la gestualidad de los chicos, al mismo tiempo que aborrecen los signos dérmicos del adulto, pelos, barba, transpiración, signos desarrollados por el intenso aflujo de la pubertad, de las hormonas sexuales, como ustedes saben… ¿Horror de la pubertad? ¿Esperanza de una infancia eterna? De hecho lo infantil no resulta así sino aún más degradado.

91Otros casos aparecen como inadaptados socialmente, un odio envidioso se confunde en estos últimos con la desesperación. Tampoco es raro que los psicópatas encarcelados por otros delitos hayan cometido agresiones sexuales (20 a 40% de la población encarcelada en Francia, según las estadísticas).

92Las víctimas de las violencias sexuales en el contexto de la pedofilia se viven regularmente “ensuciadas”, pasan de la perplejidad a la rabia. Sufren tanto en su cuerpo como en su alma al haber confiado en el adulto que presentaba este acto sexual como corriente, “necesario a la formación sexual”, engañadas por imaginar que el adulto las valorizaba al querer compartir su sexualidad con ellas. Mientras que el chico espera seguridad y sostén de la parte de los adultos y que su organismo y su psiquismo no están aún preparados como para compartir una actividad sexual, está confrontado abruptamente a los excesos “apasionados” de los adultos. Las actividades de juego y fantasía propias a su edad corren el riesgo de frenarse masivamente, incluso el desarrollo psicosexual. Este es un caso como tantos otros en que la sexualidad actuada interfiere con la sexualidad psíquica, que es el factor central del desenvolvimiento. El narcisismo resulta complejamente alterado: son chicos que se viven en la omnipotencia, por haber vivido una experiencia en donde un adulto les mostró interés por ellos y dejó aparecer sus propias flaquezas. Luego tendrán dificultad en aceptar no ser dueños de los grupos en los que se manejan y toleran mal, llegando a la arrogancia, mismo a la insolencia, que hayan otros rivales y un jefe. En los casos más neuróticos, una fobia del mundo tiñe, cuando estas tendencias son reprimidas, el comportamiento social. Otro factor es una importante fuente de decepción, incluso de desesperación. El hecho que los padres no hayan reaccionado, visto nada, incluso echado sospechas al chico de mitomanía. Se revelan así como consintientes, solidarios entre adultos. Esto deja desarmado a este último, dándole el sentimiento de ser un juguete entre las manos de los adultos. En el incesto este factor se agrava cuando uno de los padres puede permanecer ciego ante el abuso del otro o que lo tolera. Tal es el caso de ciertas madres anestesiadas, inhibidas, y en gran conflicto con sus cónyuges. A veces pudieron haber abandonado psicológicamente a su marido, lo cual reavivó en él la huella de antiguos abandonos. Viene entonces el hombre a querer atacar la dignidad de la madre en su función misma y mostrar que él es capar de atraer al niño o la niña, haciendo de este último un cómplice en el conflicto que lo enfrenta con su mujer. La sexuación aparecerá como superior a los cuidados maternos o la ternura. Incluso el padre, todopoderoso, “previsor” y “anticipador”, pudo ocuparse del cuidado infantil desde muy temprano en lugar de la madre, que fue excluida, y al mismo tiempo se excluyó. En otros casos, por el contrario, se trató de un padre ausente que no tuvo acceso al lactante y que no vivió entonces la experiencia de la familiaridad regresiva de lo mismo con lo mismo en el contacto diario: ello hubiera permitido consolidar las diferencias entre lo narcisista y lo objetal, entre la ternura y la sexualidad. La potencialidad destructora de tales conductas no deja dudas; ella está marcada por rivalidades masivas entre los sexos. Al final, el orden del parentesco queda totalmente trastocado. Como en tantos casos de malos tratos, la situación se juega a varios: bajo la bandera del sexo rey, que pasa por la utilización de la diferencia sexual, de la superioridad de lo fálico, el envilecimiento y el vasallaje aparecen al cabo del éxtasis prometido. Sin embargo, los pedófilos suelen ser corteses y saber adaptarse a sus interlocutores para evitar irritarlos, aunque llaman la atención la falta de consistencia y la actitud “dulzona”, “melosa”. Dirán con frecuencia que pertenecen al mismo universo que los chicos. Al examen psicológico, los pedófilos se mostrarán inauténticos y baladíes. Sus propósitos son estereotipados. Durante el acto sexual hubo poco placer, más bien goce en poder humillar, asustar, denigrar, en tener el chico a su merced. Es así como la dimensión perverso-narcisista se hace tanto más evidente. Ello es común en los tres tipos de padres incestuosos: el del padre autocrático, muy negador y armado de una lógica racionalizadora; el del padre abandónico, que necesita mucho del apuntalamiento del ambiente y que en la cárcel se deprime, y el caso intermedio, fuertemente manejador. Cierto número de pedófilos han sido ellos mismos víctimas de abusos sexuales, aun cuando conviene precisar que este caso no constituye el de la mayoría (sólo el 30%)[56]. Es una herida difícil de cerrar. Los pedófilos “no violentos” dicen haber sufrido, en general, abusos basados en la seducción, mientras que la pedófilos “violentos” se refieren a abusos traumáticos acompañados de susto. El ultraje experimentado ha perturbado el orden de las cosas. Ello autoriza el acto, la búsqueda repetidora de la sensación, ello es cierto, pero también poder en fin entender por qué. Además de las complicidades en las familias de pedófilos y incestuosos, que llevan no sólo a silenciar y admitir los actings out, sino también a entregar al chico a las fauces de la fiera, la mitología familiar es rica y particularmente animada por un pensamiento ideológico al que el perverso contribuye con su retórica. Algunas de estas piezas ideológicas tienden a proteger la familia: se dice que hay que conservar la unidad; protegerse del exterior, esconder los defectos y aberraciones, defender el honor, en aras de los cuales el destino del chico pasará a segundo plano. Denunciar sería como “traicionar la ley unitaria de la familia”; decir a extraños que el padre es un vicioso sería como “destruir los valores colectivos”. Esto nos introduce en el punto siguiente, que es el de la ideología perversa.

93La clínica de la pedofilia y el incesto se presenta polimorfa. Hemos avanzado al precisar las condiciones del dominio y de su correlato, la predación. Aparece con nitidez el atraigo fetichista de partes del cuerpo del chico, signos exclusivos de lo infantil, que el paciente trata de aislar en detrimento del ser humano que los posee. No es de extrañarnos esta vecindad con el fetichismo, que es un tanto el paradigma de las perversiones, su modelo y motor, como Sigmund Freud lo descubrió en 1927. Cuando estudiamos la pedofilia observamos así la importancia del clivaje y de la desmentida, como en el fetichista. Convienen recordar dos otros aspectos, la voluptuosidad y la impostura. Estas últimas son específicas de las perversiones mientras que el clivaje y la desmentida se manifiestan en otras estructuras. Para Freud, la impostura es consecutiva de la desmentida, de allí que el paciente tiende no sólo a discurrir sino que también trata construirse teorías que encuadren con su práctica57. El perverso resulta ser por ello un teórico, un ideólogo. Ciertas observaciones me orientaron hacia la idea que tal vez no solamente se trataría de una defensa sino que el pensamiento jugaría un papel organizando la práctica perversa misma. Así es como estudié en los distintos cuadros cómo se desarrolla esta teorización, una teoría sexual, una locura privada, que subsiste en el adulto y que trata él de verificar. El anhelo del paciente ¿no sería aquí el de violar la inocencia y mostrar que cumple así una misión superior? Pero ¿qué entendemos por violación de la inocencia? Sería el anhelo de captar y acaparar esta inocencia, dominarla y al mismo tiempo aniquilarla. El perverso parece reprochar al inocente su inocencia. “¡No debes creer en ella, ni tienes que idealizar la pureza ni confiar en nadie!” El perverso no puede tampoco concebir la felicidad o el bienestar. Inocencia, frescura, idealización del ser querido o de una causa no tendrían un lugar en este mundo, que es corrupto, según él. Este es su “credo cínico”. Entonces violar una inocencia sería como hacer justicia; contribuir al reequilibrio del mundo. Luego, al mostrar el paciente, por su acción, que la inocencia es una trampa, se atribuye una obra de misionero. Denigrar sería una postura justa. Su religión sería en fin una religión de lo abyecto.

94Observamos en consecuencia que postula una moral invertida: la impostura sería creer en lo blanco y puro. Es por ello por lo que el paciente se propone denunciar que, detrás de lo blanco, puro y noble, hay siempre algo negro, impuro e indigno. Predica igualmente el envilecimiento, ya que cada ser humano sería vil pero lo ignora. Ensaya hacer descubrir a su víctima aquello que tiene de no inocente, es decir de anhelo transgresivo, y desarrollarlo. La única verdad es el goce. A parte de los pedófilos, otros perversos buscan personas más o menos perdidas y marginales proponiéndoles ser su guía y amo. Es como una enseñanza, por la que tiende a probar que el otro posee una fuente ignorada e inagotable de goce y de cuyas satisfacciones privarse sería una pena, incluso un sacrilegio. Para alcanzarlas, se justifican privaciones y excesos. Entre el pedófilo y su víctima, será el descubrimiento en el niño de placeres que no supo permitirse y de anhelos que no quiso confesarse. La idea de sacerdocio aparece como esencial. El perverso sería un preceptor de esta religión invertida. No es de extrañarnos en suma que tantos pedófilos sean educadores.

95Por lo tanto la fragilidad de muchos perversos es la dependencia que les predispone a buscarse una víctima. A veces sacude a esta víctima, diciéndole: “Debes admitir que gozas.” Ciertos asesinatos son realizados en tales circunstancias, bajo amenazas insistentes como para que la víctima confiese que le gustó ser violada. El crimen tiene lugar, en otros casos, como en Gilles de Raïs luego de una decepción: al constatar que el rostro del chico no es tan perfecto como lo pensaba. Este es considerado culpable al haber desmantelado el mito narcisista infantil. El criminal se considera un “justiciero”. ¿De todo esto, hay una conclusión a sacar? Por su naturaleza misma, la perversión induce a pensar que se trata de una experiencia excepcional. Corremos el riesgo de caer en la trampa y pensarlo. Nos vivimos “al margen de la verdadera” vida sexual, “clásicos”, “fuera de moda”. Más tarde pensamos que el perverso se inventa él mismo molinos de viento. Dicho de otra manera, que es él quién está al margen de la vida. Este doble movimiento reproduce la idolatría fálica y su caída. La evolución de las curas dependerá de nuestra posibilidad en hacer trabajar estas fantasías. Ello implicará superar cierta curiosidad, un poco voyeurista. Queda a nuestro entendimiento hacer el distingo entre escoptofilia y mirada al servicio de la verdad. Entonces el paciente podrá tener el sentimiento de ser escuchado allí donde siente su palpitar y estará mejor dispuesto a librarnos su queja íntima, siempre viva.

96Con las anteriores líneas, dejamos solventado lo espinoso del caso Miculax, y no con ello insinuamos que se le debería haber absuelto, sino más bien, que en una sociedad silenciada por “el General”, el único, Ubico; encontrarse en su época “dorada” de la democracia, con una serie de crímenes que los enfrentaba con una realidad que negaban, la de la violencia y la sexualidad desordenada. El padre de una época había muerto, y con él la ley, la del Padre de la Horda Primitiva, y daba nacimiento a la nueva época del Padre Perverso, ese que nos invita a Gozar, a darle rienda suelta a nuestras pasiones, y lo que hizo la justicia fue callar, matar a Miculax, fusilarlo y luego decapitarlo. Y desde entonces el resto fue silencio.

Santa Locura

97En este apartado presentamos la narración de un joven y la búsqueda de sí mismo y su sexualidad en una Guatemala, heredera de los prejuicios y conflictos que hemos visto en los casos anteriores.
Erase una vez, en la ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, un niño. Un niño, uno más de ese cada vez más creciente estadístico que año a año engrosa el rubro de familia desintegrada. Su padre los había abandonado y su madre muy pronto le siguió las huellas corriendo hacia el norte en búsqueda de la tierra prometida, en donde los ríos son de leche y los árboles dan miel. Su abuela fue la elegida por el destino para darle un hogar a quien no tenía uno, y quien lo buscó en todas partes y en ninguna. Jared58, lo nombraremos, por su virtud: la piedad.
Jared era un niño un tanto diferente a los demás niños, era más sensible, no gustaba de los juegos de golpes e insultos, pasaba largas horas confeccionando vestidos para las muñecas de sus amigas, los cuales les vendía. Pero más que el dinero él soñaba con un día confeccionar los vestidos más hermosos para las muñecas más hermosas. Su ídolo: María Callas. Quería ser cantante, actor, bailarín, modista, expandir su arte y sus sentimientos en un mundo de guerra. Jared, nace en la década de los ochenta, en el momento más crudo del mal llamado conflicto armado, pues Guatemala atravesaba una guerra civil, entre los grupos militares que gobernaban y la guerrilla que buscaba derrocarlos. Lo curioso es que los que se derrocaban eran los mismos militares, unos a otros.

98En ese marco, Jared pasa sus tardes estudiando, haciendo vestidos y escuchando música clásica. Su vocación artística lo hace unirse a una comunidad cristiana contemporánea, la cual le ofrece al ahora joven adolescente, la oportunidad de expandir sus múltiples talentos en su seno. Jared fue un ejemplo de la parábola de los talentos, en vez de enterrarlos, los sacó y explotó al máximo, era muy feliz desarrollándose. Un miembro de la comunidad, rápidamente notó las virtudes de Jared. El recatado compañero, vio en el joven aprendiz algo más que arte, vio un negocio. Seduciéndolo hizo que Jared se vendiera, lo llevaba a las calles del centro histórico para ser subastado, como un esclavo del siglo XVI, un esclavo sexual. Jared confiaba en su maestro, confiaba en su comunidad, por eso lo hacía. Jared buscaba amor, el amor del padre que no conoció, el amor de la madre que lo abandonó. Su compañero se lo cambió por sexo en la calle.

99Jared estaba muy confundido, por lo que fue con su director espiritual para que le ayudara a entender qué le estaba pasando, si lo que hacía estaba bien o no. Su líder, lo envío como se hace ahora, no a la hoguera por sodomita, no a flagelarlo, no al exilio; lo envió a leer. Le dijo que él le iba a ayudar a curarlo de su enfermedad, que iban a trabajar juntos ese “problema” para que pudiera ser “normal”; le obsequió un libro para que le ayudara. Y efectivamente le ayudó, Jared encontró en las páginas que deberían de haberlo sacado del terrible pecado que estaba cometiendo, su subjetividad, su ser ahí: ser homosexual. Se percató que le gustaban los hombres, los hombres que gustan de hombres y es más los que “lucen” como hombres. Por lo que la experiencia del prostituirse no fue finalmente tan desagradable como podríamos pensarlo desde la cultura. Pues para él era una forma de encontrar “amor” y que le pagaran por ello.

100Jared se dejó entonces envolver por el encanto de la vida que llevaba, su arte en la congregación y su pasión en las calles. Al poco tiempo la comunidad lo citó y los líderes de la misma al constatar que Jared no se arrepentía de sus “errores”, decidieron excomulgarlo. Al no contar con el espacio del arte, Jared se desenfrenó en la vida de la calle. Dejó sus estudios, vivió de casa en casa, que no eran su casa. Era inquilino de noches de “amor” vendido y comprado.
Gracias a una amiga que el destino le brindó Jared hizo de la casa de ella su hogar y de la familia de ella su familia. A ella la llama Madre y a sus hijos sus hermanos y hermanas. Jared decidió no abandonar su arte, su voz, y con la ayuda de su “nueva” mamá, ingresó en la escuela nacional de música, participa en actividades culturales como coros, teatro y ópera. Ya no hace vestidos, pero Jared es joven y aún le queda mucho camino por andar. Hace algunos pocos años, Jared se reencontró con la madre venida del paraíso del norte, ella ha sabido aceptarlo como es, aunque no se involucra en su vida, al menos no tanto como Jared quisiera.

101La vida ha sabido darle a Jared una familia que lo ame, y él ha sabido abrirse el espacio para expresarse. Jared es un ejemplo de los muchos jóvenes homosexuales que viven su sexualidad abiertamente, en una sociedad que no quiere saber de ellos, que los niega y los esconde; los estereotipa, convirtiéndolos en una divertida rareza que ameniza reuniones o permite el desahogo homofóbico de una sociedad neocolonialista que no ha sabido resolver sus diferencias, encontrando sus similitudes.

Conclusiones

102Cuando en Guatemala se habla de los marginados, se piensa inmediatamente en los indígenas, en las mujeres, en los niños, y por supuesto en los pobres. Pero es muy poco probable que a los legisladores y expertos humanistas, les pase por la mente que los homosexuales, hombres y mujeres sean grupos marginados. Desde que tienen que vivir una doble vida, y esconderse ante los reproches de los otros que los marcarían como fenómenos, como desviados. Cuando en las parejas heterosexuales es pan de cada día, el maltrato a las mujeres y a los hijos, el alcoholismo y la infidelidad, por poner algunos de los “problemas familiares” como le llaman los psicólogos. Son en todo caso características históricas de la familia clásica heterosexual basada en el patriarcado, tema que es demasiado extenso para el objetivo que perseguimos en estas páginas, pues nuestro interés no es estudiar a la familia, sino evidenciar, con los casos aquí expuestos, desde sus experiencias fenomenológicas el “ser homosexual” en una cultura como la guatemalteca. Jared es la excepción entre nuestras “historias”, ya que tuvo la oportunidad de que sus experiencias le permitieran vivir, entender y aceptar su sexualidad, como es de esperarse a muchos a su alrededor pudo violentarlos, pues es obvio, es una regla básica del grupo humano: lo diferente asusta y hay que destruirlo.

103A todos nos han enseñado que la homosexualidad es mala, que por eso Dios destruyó Sodoma y Gomorra, y cuentos así. Mientras que si hacemos una apropiada lectura de la Biblia nos dice que Dios castigó a Sodoma y a Gomorra por no ser hospitalarios con los extranjeros. Esos temores infundados, que erróneamente nos han “enseñado” en el colegio, la congregación religiosa a la que pertenecemos y sobre todo en la familia. El terrible temor que sienten los hombres ante la homosexualidad es lo que Freud llamaba la homosexualidad latente en el varón. Muchos lo han malentendido como que Freud dijo que todos “somos” homosexuales. Aunque sí hay parte de cierto en esto, el punto no es todos “somos”, la homosexualidad se escoge, se escoge tanto como la heterosexualidad, pero a los hombres nos enseñan a temerle a lo femenino, a eso que los homosexuales no temen demostrar, tanto hombres como mujeres.

104Le tememos a lo diferente porque nos damos cuenta que no es tan diferente, y que la vivencia de cada caso la podemos compartir, en la medida que todos somos seres atravesados por el lenguaje, atravesados por la cultura, finalmente seres humanos.

105Los cinco casos expuestos son solo el inicio de los muchos que aún faltan por contar, pero que quienes se han significado como homosexuales aún temen revelar, precisamente porque se sienten marginados, sin voz, en una sociedad que caya y con ello hace síntoma de cada uno de nosotros, un síntoma que como todo lo inconsciente se volverá contra nosotros.

106Creemos que como humanos, como miembros de una comunidad, de una misma tierra, la del maíz, da la tierra, es nuestros es nuestro deber tenderles la mano y ser su voz, ser su rostro para que poco a poco, cuanto mejor de golpe, vayan saliendo del closet, como se dice comúnmente, para exigir de los otros, sus hermanos, igualdad ante la ley, igualdad ante los demás, como hijos de la misma madre y del mismo padre. Tomemos pues, a metáfora la historia de Jared, esa “Santa Locura”, en el sentido de que un santo es aquel que nos deja un mensaje, para que éste produzca un cambio profundo en nosotros en nuestro ser más íntimo, así pues: ¿Qué mensaje te ha dejado a ti?

Fuentes

Documentales

107AGCA. A1.15, leg. 411, exp. 8633. Agustín de Vargas golpeado por Pedro de Liendo. Corregimiento del Valle. 29 de diciembre de 1611.
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Archivo General de Tribunales (AGT) Caso Miculax. Juzgado 4to de 1era Instancia Penal, Guatemala, 1946.

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108El Imparcial, varios números (marzo a julio de 1946).

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110Notas de pie de página

1111 Los textos Latinos están tomados de la versión Vulgata y la Traducción al castellano se toma de la versión Reina Valera de 1995.

1122 No te acostarás con varón como con mujer; es abominación.

1133 Si alguien se acuesta con otro hombre como se hace con una mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos: sobre ellos caerá su sangre.

1144 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

1155 Para el caso de construir el hilo histórico sobre la homosexualidad en Centro América está el caso presentado por Darío A. Euraque “Sexualidad Masculina y Homofobia en la Historia de Honduras: Las pistas disponibles”_VII Congreso Centroamericano de Historia, Mesa Género e Historia_( Tegucigalpa, Honduras, 19 al 23 de Julio de 2004) y sobre la sexualidad en general, el de Omar A. Valladares, El amancebamiento como delito sexual en la Alcaldía Mayor de Tegucigalpa en el Siglo XVII (Tegucigalpa: SCAD, 2009).

1166 Jacobo Shifter. De ranas a princesas. Sufridas, atrevidas y travestidas, (San José, Costa Rica. Editorial ILPES, Instituto latinoamericano de Prevención y educación en Salud, 1998).

1177 Jacobo Shifter. Ojos que no ven… Psiquiatría y Homofobia (San José, Costa Rica, Editorial ILPES, 1998).

1188 Ethnohistory 54, 1 (Winter 2007) by American Society.

1199 Carlos Seijas y Johann Melchor, “Pegan a un niño… en Santiago de Guatemala.” Memoria virtual del V Encuentro Nacional de Historiadores (Guatemala, 2005).

12010 Carlos Seijas y Johann Melchor, “La locura de la homosexualidad: El caso de don Juan Joseph Quintanilla”. Memoria del IV Encuentro Nacional de Historiadores, (Guatemala, 2003).

12111 Carlos Seijas y Johann Melchor. “Entre cajas, chichas y zanjas. Delito nefando y otros excesos cometidos por José Victoriano Ambrosio contra Joaquín Morales”. IX Congreso Centroamericano de Historia (San José, Costa Rica. 21 al 25 de julio de 2008).

12212 Carlos Seijas y Johann Melchor, “Del Padre Bruto al Padre Gozador: Miculax el De-genes-radro.” Memoria virtual del VIII Congreso Centroamericano de Historia (La Antigua Guatemala. 10 al 14 de julio de 2006).

12313 Archivo histórico de CIRMA, Manuel Rubio Sánchez. Pecado nefando Inédito.

12414 Boris Berenzon Gorn en su ensayo “Historia y Psicología: Un Recuento,” en Revista de Historia, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, No. 129 (Julio- Diciembre, 2001), pp. 7-30, muestra la relación que existe entre el discurso histórico y el psicoanálitico; dando un nuevo potencial a la interpretación del pasado. Berenzon propone una minuciosa revisión de la historiografía que surge en la década de 1980 llamada psicohistoria y representada en revistas como Psicohistory Review. El autor señala nuevas formas de enfrentar el discurso interdisciplinario entre el psicoanálisis freudiano y la historia.

12515 Jacques Lacan. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1 (México: Siglo XXI, 1971), págs. 246 y 290.

12616 Que proporciona una continuidad de los acontecimientos y por ello confirma al sujeto en sus certidumbres y le otorga una soberanía de la conciencia. Orvañanos, María Teresa. “El psicoanálisis entre la Historia y la estructura”, en Morales Ascencio, Helí (ed), El laberinto de las estructuras, (México: Siglo XXI, 1997).

12717 Sigmud Freud. “La novela familiar de los neuróticos”, Obras completas Volumen IX (Buenos Aires: Amorrortur, 1976), págs. 213-219.

12818 Véase el libro de Mario Elkin Ramírez, Clío y psyque: Ensayos sobre historia y psicoanálisis, (Medellín: La Carreta. 2005).

12919 La homosexualidad como tal era construida lo que representaba una amenaza potencial al proyecto de diferenciación por la cual funcionaban el colonialismo y el poder blanco. Al mismo tiempo la uniformidad homosexual pintada en mucho del orientalismo homoerótico (que aparece como una promesa de reciprocidad y una unión de amantes) a veces funciona no para subvertir el imperio sino para proveer subrepticiamente un terreno en el cual la distinción imperialista en realidad puede tener lugar. Como Robert Aldrich nota en su tratado reciente sobre el colonialismo y homosexualidad, las “proclividades homosexuales” de europeos en ultramar “condujeron a la oposición al colonialismo tanto como la promoción de expansión, a relaciones mutuamente beneficiales, tanto como a explotación”. Véase Robert Aldrich, Colonialism and Homosexuality (Londres: Routledge, 2003).

13020 Louis Crompton Homosexuality & civilization, (Massachusetts: Harvard, 2003).

13121 Otro ejemplo de ello es el estudio de Robert McKee Irwin, “The Famous 41: The Scandalous Birth of Modern Mexican Homosexuality,” Gay and Lesbian Quarterly, 2000 6 (3), págs. 353-376, en el que explica cómo el 17 de noviembre 1901 la policía allanó en la Ciudad de México una fiesta privada y arrestó a los cuarenta y un hombres en la asistencia, la mitad de ellos vestidos de mujer. “La pelota de los 41”, como llegó a ser conocido, rápidamente se convirtió en el escándalo del año, inspirando a más de un mes de la presentación de informes estridentes, y notas de prensa a menudo extravagantes, un aluvión de corridos y poemas, algunos ilustrados con grabados de José Guadalupe Posada; editoriales vociferante y sermones, y varias narraciones de ficción del evento, incluyendo una novela. A través de todo este clamor el partido ganó gran importancia simbólica en México como el número 41 se vino a significar la homosexualidad masculina. Tal vez lo más importante, el evento inició el primer debate significativo de personas del mismo sexo las relaciones sexuales en México desde la época colonial y preguntas planteadas acerca de la sexualidad, la masculinidad y la mexicanidad misma que aún se debaten casi un siglo después. Como Carlos Monsiváis ha señalado, la vinculación del mismo sexo era un tema tan completamente ausente del discurso público en el México del siglo XIX que las descripciones sobre los hombres compartir las camas o se abrazan desnudos podría estar relacionado con el libre de controversia.

13222 Sigmund Freud. “Pegan a un niño: aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales (1919)” Obras Completas, (Madrid: Biblioteca Nueva. 1999).

13323 No te acostarás con varón como con mujer; es abominación.

13424 Si alguien se acuesta con otro hombre como se hace con una mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos: sobre ellos caerá su sangre.

13525 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

13626 AGCA. A1.15, leg. 411, exp. 8633.

13727 Jacques Lacan, El Seminario, Libro IV: La Relación de Objeto (Buenos Aires: Paidós. 2001).

13828 Jacques Lacan El Seminario, Libro V La formaciones del inconsciente (Buenos Aires: Paidós. 1999).

13929 Jacques Lacan El Seminario.

14030 AGCA, A2.2. leg. 147, exp. 2734, 12 de septiembre 1765. Carlos Seijas. y Johann Melchor, “La locura de la homosexualidad: El caso de don Juan Joseph Quintanilla” Revista Cultura de Guatemala Volumen II de Universos Coloniales, Universidad Rafael Landívar, 2005.

14131 Don Joseph González Robes era alcalde de la Ciudad de Santiago de Guatemala, y por tener el ayuntamiento de dicha ciudad a su cargo el Corregimiento del Valle, su alcalde tenía las funciones del Corregidor, es decir la administración de la justicia.

14232 La trascripción completa del documento de éste caso se encuentra en Pedro de Liendo azota a su aprendiz Agustín de Vargas .

14333 El Seminario. Libro III, Las Psicosis (Buenos Aires: Paidós. 1984), pág. 67.

14434 Sigmund Freud. Tres ensayos de una teoría sexual 1905 OC. T. VII, (Buenos Aires: edit. Amorrotu, 1976), pág. 115.

14535 Carta a Fliess del 6 de diciembre de 1896, Correspondencia de Sigmund Freud, T. II, (Madrid: Biblioteca Nueva, 1997), págs. 211, 212.

14636 Jacques Lacan, El Seminario, Libro X, La angustia (Buenos Aires, Paidós, 2005), pág. 117.

14737 Jacques Lacan, El Seminario, Libro VII. La ética del psicoanálisis (Buenos Aires: Paidós. 1989).

14838 Jacques-Alain Miller, Elucidación de Lacan. Charlas brasileñas, EOL Colección Orientación Lacaniana, (Buenos Aires: Paidós, 1998), pág. 271.

14939 En el Anexo F puede apreciarse una interesante carta redactada para cuestionar la visión de los sodomitas desde la óptica bíblica por un radioescucha del programa de Laura Schlessinger. Es interesante elaborar en torno a los argumento que aparecen cada uno más paradójico que el anterior.

15040 Dossier “Trois milliards de pervers. Grande encyclopédie des homosexualités”, Recherches mars 1973.

15141 Guilles Deleuze y Félix Guattari, El anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, (Barcelona, Paidós, 1999).

15242 Eric Berenguer, _ “El reto de la perversión”_, Freudiana: Revista psicoanalítica de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, Nº 26, 1999, págs. 95-102.

15343 AGCA. A2.2, leg. 216, exp. 4500. Año 1806.

15444 AGCA. A2.2, leg. 216, exp. 4500. Año 1806, fol. 5.

15545 Libro de la Sabiduría 19:15 de La Biblia (versión Vulgata y la traducción al castellano de la versión Reina Valera. 1995).

15646 Umberto Eco, El péndulo de Foucault, (Barcelona: Debolsillo. 2002) y otros ejemplos actuales.

15747 Jacques Lacan, El Seminario. Libro XVIII: De un discurso que no fuese semblante, (Buenos Aires: Paidós. 2009). La traducción sería “no hay relación entre los sexos” o bien la más común “no hay relación sexual”.

15848 Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut, El nuevo desorden amoroso, (Barcelona: Anagrama. 1996).

15949 En filosofía, se entiende por mismidad la idea que apela a la unicidad del ser y no a la condición que adquiere por el hecho de devenir, como sugiere, en cambio, el concepto de ipseidad. Desde la perspectiva de la identidad, la mismidad es aquello que no fluctúa en el proceso que va, por ejemplo, de la semilla al árbol. En otras palabras, mientras la mismidad alude a la dimensión estructural del ser, a lo que perdura a pesar del tiempo, la ipseidad, tal como la concibe Jean-Paul Sartre en El Ser y la Nada, apunta a la determinación de la esencia en su existir. “Una imagen es un acto, y no una cosa”, sostiene el intelectual francés. Sin embargo, dicho contrapunto es dialéctico, ya que precisamente la esfera estructural del ser sólo es reconocida a partir de su trayectoria. En Heidegger, la mismidad (Selbstheit) es tratada de forma expresa en el parágrafo 64 de Ser y tiempo y vinculada con la noción de cuidado (Sorge). Para entonces, el filósofo alemán ha caracterizado al Dasein como cuidado, una totalidad unitaria de momentos: el cuidado es “la articulación de la totalidad del todo estructural” (pág. 355) de “el anticiparse-a-sí-estando-ya-en (un mundo) en-medio-de (los entes que comparecen dentro del mundo)”. Ante esta multiplicidad de momentos, es necesario hacer referencia a aquello que permite que el Dasein siga siendo “uno”. Así, como sucede con la resignificación que Heidegger hace de varios de los términos de la “tradición”, la unidad precisa mostrarse desde el ámbito fenomenológico. La mismidad se opone a la comprensión de un “yo” o un “sí-mismo” tradicionalmente concebidos desde la ontología sustancialista que lo entiende como realidad: “presencia” o “acompañar constante”. Ahora bien, en el ámbito fenomenológico, la relación de la mismidad con el cuidado no es un momento más que se agregara al cuidado sino que, más aún, la expresión “cuidado de sí” es tautológica: todo Dasein es cuidado de sí-mismo. La diferencia fundamental de la mismidad y el cuidado con la noción sustancialista del yo se basa en que el cuidado es “intencional” –no en el sentido husserliano, pero sí basado en éste-, pues no es posible que haya ningún sí-mismo que no esté vinculado a un mundo. El “yo pienso algo” se traduciría como un “yo-soy (o estoy)-en-el-mundo”. El yo no puede ser sujeto aislado que acompañe nuestras representaciones (como afirmaría Kant). El decir fenomenológico del yo, precisamente por la intencionalidad, no puede apuntar a otra cosa que a los entes que rodean al Dasein, lo cual, a su vez, fomenta la equivocada interpretación que parte de los entes y que oculta la peculiaridad de su modo de ser. Martin Heidegger, Ser y tiempo trad. Jorge Eduardo Rivera, (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2002), parágrafo 64, págs. 335-341.

16050 Julia Kristeva, Las nuevas enfermedades del alma, (Madrid: Cátedra. 1995).

16151 George Steiner, Nostalgia de Absoluto, (Madrid: Siruela. 2005).

16252 El Imparcial varios números de marzo a julio de 1946.

16353 Recopilación de Leyes de la República de Guatemala, Tomo 65, Decretos Nos. 234 y 235 págs. 687-690.

16454 El Imparcial 21 de Junio de 1946.

16555 Archivo General de Tribunales (AGT) Juzgado 4to. de 1era Instancia Penal, Guatemala, Caso Miculax 1946.

16656 André Ciavaldini, Résultats généraux de l’étude française sur les agresseurs sexuels. Psychiatrie française. No. 4. 1999, págs. 7-21.

16757 Sigmund Freíd, Correspondencia de Sigmund Freud, Carta del 26-06-1910 T. III, edit., (Madrid: Biblioteca Nueva, 1997), pág. 177.

16858 Jared es un personaje bíblico, hijo primogénito de Malaleel y padre de Henoc. Aparece en el Génesis, donde se dice que vivió 962 años, siendo, por lo tanto el hombre más longevo de la Biblia, exceptuando a su nieto Matusalén (de quien se dice que vivió 969 años). Génesis 5, págs.15-20.

169Anexo A : Pedro de Liendo azota a su aprendiz Agustín de Vargas AGCA, A1.15, leg. 411, exp. 8633, año 1611-1609 Guatemala, De oficio por querella de Juana Gutiérrez viuda vecina de esta ciudad de Guatemala. Pedro de Liendo pintor sobre aver açotado a Agustín de Bargas muchacho aprendiz hijo de la señora Juana Gutiérrez

170Anexo B : Quintanilla Loco. Causas civiles y criminales. AGCA. A2.2 Legajo 147 Expediente 2734. Corregimiento del Valle, 12 de Septiembre 1765. Quintanilla Loco

171Anexo C : Causa criminal contra José Victoriano Ambrosio por abuso sexual a Joaquín Morales., AGCA. A2.2, leg. 216, exp. 4500. Año 1806

172Anexo D : Archivo General de Tribunales (AGT), Juzgado 4to de 1era instancia penal, Guatemala, Caso Mixulax

173Anexo F : La carta a Laura Schlessinger sobre la homosexualidad

Para citar este artículo :

Carlos Seijas y Johann Melchor, « Demencia Nefanda: Estudios sobre la homosexualidad en Guatemala del siglo XVII al XXI », Boletín AFEHC N°47, publicado el 04 diciembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2536

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Comentario enviado el Wednesday 12 de January de 2011 por Ruben SOLARES

Para mayor detalle del caso Miculax, consultar http://www.tesis.ufm.edu.gt/pdf/3070.pdf
Tesis de Jorge Marroquín
ANALISIS LOGICO DE DECLARAR INCONSTITUCIONAL EL DELITO DE VIOLACION EN LA LEGISLACION GUATEMALTECA POR RAZON DE SEXO

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